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19/6/16

CLITEMNESTRA O EL CRIMEN MARGUERITE YOURCENAR


CLITEMNESTRA O EL CRIMEN
MARGUERITE YOURCENAR


«Voy a explicarles señores jueces.... Tengo ante mí innumerables órbitas de ojos; líneas circulares de manos puestas en las rodillas, de pies descalzos descansando en la piedra, de pupilas fijas de donde mana la mirada, de bocas cerradas donde el silencio madura un juicio. Tengo ante mí audiencias de piedra. Maté a aquel hombre con un cuchillo, dentro de la bañera, con ayuda de mi miserable amante que ni siquiera era capaz de sujetarle los pies. Ya conocéis mi historia: no hay ninguno de vosotros que no la haya repetido veinte veces al acabar la copiosa comida, acompañada del bostezo de las sirvientas, ni una de vuestras mujeres que no haya soñado ser alguna vez Clitemnestra. Vuestros pensamientos criminales, vuestras ansias inconfesadas ruedan por los escalones y vienen a derramarse en mí, de suerte que una especie de horrible vaivén hace de vosotros mi conciencia y de mí vuestro grito.
Habéis acudido aquí para que la escena del asesinato se repita ante vuestros ojos un poco más rápidamente que en la realidad, pues os espera el hogar y la cena y sólo podéis dedicar unas cuantas horas a oírme llorar. Y en ese corto espacio de tiempo es preciso que no sólo mis actos, sino que también sus motivos estallen a plena luz, aun cuando para afirmarse han necesitado cuarenta años. Esperé a aquel hombre antes de que tuviera un nombre, un rostro, cuando aún no era sino mi lejana desgracia.
Busqué entre la multitud de los vivos a ese ser necesario a mis futuras delicias: miré a los hombres sólo como se mira a los transeúntes que pasan por la taquilla de una estación, para asegurarse que no son las personas que uno está esperando. Si mi nodriza me envolvió en pañales al salir de mi madre, fue para él; si aprendí a contar en la pizarra del colegio, fue para poder llevar las cuentas de su casa de hombre rico.
Para alfombrar el camino donde tal vez se posaría el pie del desconocido que haría de mí su sierva, tejí sábanas y estandartes de oro; de tanto afanarme, dejé caer de cuando en cuando en el blando tejido unas gotas de mi sangre. Mis padres me lo escogieron, y aunque él me hubiera raptado a espaldas de mi familia, yo hubiera seguido obedeciendo al deseo de mis padres, puestos que nuestros sueños de ellos provienen y el hombre que amamos es siempre aquel con quien sueñan nuestras abuelas. Le dejé sacrificar el porvenir de nuestros hijos a sus ambiciones de hombre: ni siquiera lloré cuando murió nuestra hija. Consentí en deshacerme en su destino como una fruta en una boca, para aportarle sólo una sensación de dulzura.
Señores jueces, vosotros lo conocisteis ya ajado por la gloria, envejecido por diez años de guerra, convertido en una especia de ídolo enorme desgastado por las caricias de las mujeres asiáticas, salpicado por el barro de las trincheras. Sólo yo estuve con él en su época de dios. Era muy dulce para mí llevarle, en una bandeja grande de cobre, el vaso de agua que derramaría en él sus reservas de frescor; era dulce para mí, en la ardiente cocina, prepararle los platos que colmaría su hambre y alimentarían su sangre. Era muy dulce para mí, entorpecida por el peso de la simiente humana, poner las manos sobre mi vientre hinchado donde fermentaban mis hijos. Por la noche, cuando volvía de la caza, yo me arrojaba con alegría sobre su pecho de oro.
Pero los hombres no están hechos para pasar toda la vida calentándose las manos al fuego del mismo hogar: partió hacia nuevas conquistas y me dejó allí, abandonada como una casa enorme y vacía que oye latir un inútil reloj. El tiempo pasado lejos de él se perdía, gota a gota o a chorros, como sangre desperdiciada, dejándome más pobre de porvenir cada día. Algunos soldados ebrios que venían con permiso me contaban la vida que él llevaba en los campamentos de la retaguardia. El ejército de oriente se hallaba infestado de mujeres: judías de Salónica, armenias de Tiflis cuyos ojos azules engarzados en sombríos párpados recuerdan el fondo de una gruta oscura, turcas pesadas y dulzonas como los pasteles en cuya composición entra la miel recibía cartas los días de aniversario; mi vida transcurría espiando por el camino el paso del cartero cojo. De día, luchaba contra la angustia; de noche, luchaba contra el deseo; sin cesar, luchaba contra el vacío, forma cobarde de la desgracia.
Pasaban los días uno tras otro por las calles desiertas como una procesión de viudas; la plaza del pueblo parecía negra con tantas mujeres de luto. Yo envidiaba a aquellas desgraciadas por no tener más rival que la tierra y por saber, al menos, que su hombre dormía solo. Yo vigilaba en lugar del mío los trabajos del campo y los caminos del mar; recogía las cosechas; mandaba clavar la cabeza de los bandidos en el poste del mercado; utilizaba su fusil para dispararle a las cornejas; azotaba los flancos de su yegua de caza con mis polainas de tela parda. Poco a poco, yo iba ocupando el lugar del hombre que me faltaba y que me invadía. Acabé por contemplar, con los mismos ojos que él, el cuello blanco de las sirvientas. Egisto galopaba a mi lado por los eriales; tenía casi la edad de ir a reunirse con los hombres; me devolvía la época de los besos entre primos perdidos en el bosque, durante las vacaciones de verano. Yo lo miraba menos como un amante que como a un niño que hubiera engendrado en mí la ausencia; pagaba sus gastos de guarnicioneros y caballos. Infiel a mi hombre, seguía imitándolo: Egisto no era para mí sino lo equivalente a las mujeres asiáticas o a la innoble Arginia.
Señores jueces, no existe más que un hombre en el mundo: los demás no son más que un error o un triste consuelo, y el adulterio es a menudo una forma desesperada de la fidelidad. Si yo engañé a alguien fue con toda seguridad al pobre Egisto. Lo necesitaba para percatarme de que hasta qué punto el que yo amaba me era irremplazable. Cansada de acariciarlo, subía yo a la torre para compartir el insomnio del centinela. Una noche, el horizonte del este empezó a arder tres horas antes de llegar la aurora. Troya ardía : el viento que volaba de Asia transportaba sobre el mar pavesas y nubes de ceniza; las fogatas de los centinelas se encendieron en las cimas: el monte Athos y el Olimpo, Elpindo y el Erimanto parecían hogueras; la lengua de la última llama se posaba frente a mí en la pequeña colina que desde hace veinticinco años me tapaba el horizonte.» Yo veía inclinarse la frente del vigilante, cubierta por el casco, para recibir el susurro de las olas: por el mar, en alguna parte, un hombre engalanado de oro se acodaba en la proa y cada vuelta de hélice lo acercaba más y más a su mujer y a su hogar ausente. Al bajar de la torre, cogí un cuchillo. Quería matar a Egisto, mandar lavar las maderas de la cama y el pavimento de la habitación, sacar del fondo del baúl el vestido que llevaba puesto cuando él se marchó, y suprimir finalmente aquellos diez años como si fueran un simple "cero" en el total de mis días.
Al pasar por delante del espejo, me detuve a sonreir; de repente, me vi y al verme me di cuenta de que tenía el pelo gris. Señores Jueces, diez años es mucho tiempo: es más largo que la distancia entre la ciudad de Troya y el castillo de Micenas; el rincón del pasado esta asimismo más alto que el lugar en donde nos encontramos, pues sólo podemos bajar y no subir las escaleras del Tiempo. Sucede como en las pesadillas: cada paso que damos nos aleja más de nuestra meta en vez de acercarnos a ella. En lugar de una mujer joven, el rey encontraría en la puerta a una especie de cocinera obesa; la felicitaría por el buen estado de los corrales y bodegas: sólo podía esperar unos cuantos besos fríos. Si hubiera tenido valor, me hubiese matado antes que el llegara, para no leer en su rostro la decepción, al encontrarme ajada. Pero quería, al menos, verlo antes de morir. Egisto lloraba en mi lecho, asustado como un niño culpable que siente llegar el castigo del padre; me acerqué y adopté mi voz más suavemente mentirosa para decirle que nada se sabía de nuestras citas nocturnas y que su tío no tenía ninguna razón para dejarlo de querer. Yo esperaba que, al contrario, él estuviera enterado de todo, y que la cólera y el afán de venganza me devolvieran un lugar en su pensamiento.
Para estar más segura de ello, entregué el correo, junto con las demás cartas, una anónima en donde exageraba mis culpas: afilaba el cuchillo que debía abrirme el corazón. Pensaba que tal vez me estrangularía con sus propias manos que yo tan a menudo había besado: por lo menos moriría envuelta en una especie de abrazo. Llegó por fin el día en que el barco de guerra atracó en el puerto de nauplion, en medio de una algarabía de vivas y fanfarrias; los terraplenes cubiertos de amapolas rojas parecían pavimentados por orden del verano, el maestro dio un día de asueto a los chicos del pueblo; tocaban las campanas de la Iglesia. Yo lo esperaba en el umbral de la Puerta de los Leones, una sombrilla rosa maquillaba mi palidez. Chirriaron las puertas del coche por la empinada cuesta; los aldeanos se engancharon al varal para ayudar a los caballos. Al volver un recodo, divisé, por fin, la parte más alta del coche, que asomaba por encima de un seto vivo, y advertí que mi hombre no venía solo. A su lado llevaba a la hechicera que él había escogido como parte del botín, aun estando algo estropeada por lo juegos de los soldados. Era casi una niña; unos hermosos ojos oscuros le llenaban el rostro amarillento y tatuado de cardenales. El le acariciaba el brazo para que no llorase. Le ayudó a bajar del coche, me besó con frialdad y me dijo que contaba con mi generosidad para tratar amablemente a la muchacha cuyos padres habían muerto. Apretó la mano de Egisto. El también había cambiado. Resoplaba al andar y su cuello enorme y colorado desbordaba del cuello de la camisa; su barba teñida de rojo se perdía por entre los pliegues de su cuello. Era hermoso, sin embargo, pero hermoso como un toro en lugar de serlo como un dios.
Subió con nosotros los escalones del vestíbulo que yo había mandado alfombrar de púrpura, para que no se notaran las manchas de su sangre. Apenas me miraba; en la cena, ni siquiera se dio cuenta de que yo había preparado sus platos favoritos; bebió dos vasos, tres vasos de alcohol. El sobre abierto de la carta anónima asomaba por uno de sus bolsillos. Le guiñó un ojo a Egisto y farfulló unas cuantas bromas de borracho sobre las mujeres que buscan consuelo. La velada, interminablemente larga, se prolongó aún más en la terraza infestada de mosquitos. Hablaba en turco con su compañera. Según parece, ella era hija del jefe de una tribu; al moverse, me di cuenta de que llevaba un hijo en su seno.¿Sería de él o de alguno de los soldados que la habían arrastrado riendo fuera del campamento y arrojado a latigazos de nuestras trincheras? Decían que poseía el don de adivinar el provenir. Para distraernos, nos leyó las líneas de la mano.
Entonces palideció y empezó a castañetear los dientes. También yo, señores jueces, conocía el provenir. Todas las mujeres lo conocen: siempre esperan que todo acabe mal. El tenía por costumbre tomar un baño caliente antes de irse a acostar. Subí a preparárselo: el ruido del agua que salía del grifo me permitía llorar en voz alta. Calentábamos con leña el agua del baño; el hacha que utilizábamos para cortar los troncos se hallaba tirada en el suelo; no sé por qué la escondí en el toallero. Durante un instante, pensé en disponerlo todo para simular un accidente que no dejara huellas, de suerte que la lámpara de petróleo cargara con las culpas. Pero yo quería obligarlo a mirarme de frente por lo menos al morir: por eso lo iba a matar, para que se diera cuenta que la lámpara de petróleo cargara con las culpas. Pero yo quería obligarlo a mirarme de frente por lo menos al morir: por eso lo iba a matar, para que se diera cuenta de que yo no era una cosa sin importancia que se puede dejar o ceder al primero que llega.
Llamé a Egisto en voz baja: se puso pálido cuando abrí la boca. Le ordené que me esperara en el rellano. El otro subía pesadamente las escaleras; se quitó la camisa; la piel, con el agua del baño, se le puso toda violeta. Yo le enjabonaba la nuca y temblaba tanto como el jabón que continuamente se me resbalaba de las manos. El estaba un poco sofocado y me mandó con rudeza que abriese la ventana, demasiado alta para mí. Le grité a Egisto que viniera a ayudarme. En cuanto entró cerré la puerta con llave. El otro no me vio, pues nos daba la espalda. Le dí torpemente un primer golpe que sólo le hizo un corte en el hombro; se puso de pie; su rostro abotargado se iba llenando de manchas negras; mugía como un buey. Egisto, aterrorizado, le sujetó las rodillas, acaso para pedirle perdón. El perdió el equilibrio y cayó como una masa, con la cara dentro del agua, con un gorgoteo que parecía un estertor. Entonces fue cuando le dí el segundo golpe que le cortó la frente en dos. Pero creo que ya estaba muerto: no era más que un pingajo blando y caliente. Se habló de rojas oleadas: en realidad, sangró muy poco. Yo sangraba más cuando di a luz a mis hijos. Después de morir él, matamos a su amante: fuimos generosos, si ella lo amaba. Los aldeanos se pusieron de nuestra parte y callaron. Mi hijo era demasiado pequeño para dar rienda suelta a su odio contra Egisto.
Han pasado unas semanas: yo hubiera debido tranquilizarme pero ya sabéis, señores jueces, que nunca acaba nada y que todo vuelve a empezar. Me he puesto a esperarlo otra vez y ha vuelto. No mováis la cabeza: os digo que ha vuelto. El, que durante diez años ni se dignó a tomar un permiso de ocho días para volver de Troya, ha vuelto de la Muerte. A pesar de que yo le corté los pies para impedirle salir del cementerio... Pero esto no evitó que él se deslizara por la noche en mi cuarto, llevando sus pies debajo del brazo, como los ladrones cuando cogen de este modo sus zapatos para no hacer ruido. Me cubría con su sombra; ni siquiera parecía darse cuenta que Egisto estaba allí. Después, mi hijo me ha denunciado en el puesto de policía, pero mi hijo es también un fantasma, el suyo, su espectro de carne. Yo creía que por lo menos en la prisión estaría tranquila, pero sigue volviendo: parece como si prefiriese mi calabozo a su tumba. Sé que mi cabeza acabará por rodar en la plaza del pueblo y que la de Egisto caerá cortada por el mismo cuchillo. Es extraño, señores jueces, se diría que ya me habéis juzgado otras veces. Pero tengo la experiencia suficiente para saber que los muertos no permanecen en reposo: me levantaré, arrastrando a Egisto tras de mí como a un galgo triste. Y erraré por las noches a lo largo de los caminos, a la búsqueda de la justicia de Dios. Volveré a hallar a ese hombre en algún rincón de mi infierno y gritaré de nuevo con alegría con sus primeros besos. Luego, me abandonará para irse a conquistar alguna provincia de la Muerte.
Ya que el tiempo es la sangre de los vivos, la Eternidad debe de ser la sangre de las sombras. Mi eternidad, la mía, se perderá esperando su regreso , de suerte que me convertiré en el más lívido de los fantasmas. Entonces volverá, para burlarse de mí, y acariciará ante mis ojos a la amarilla hechicera turca acostumbrada a jugar con los huecesillos de las tumbas. ¿Qué puedo hacer? Es imposible matar a un muerto..."

Seguidores

Benjamín Gavarre

INSTRUCCIÓN ACADÉMICA:


Licenciatura en Literatura Dramática y Teatro: UNAM. Facultad de Filosofía y Letras. Ciudad Universitaria. Promedio final 9.08 (UNAM 1981-85). Titulado en 1993 con mención honorífica. Tesis: Elementos del Teatro Surrealista y del Absurdo.


Maestría en Literatura Comparada, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM 2000-2002. Promedio de 9.25 (Obtuvo el grado con mención honorífica en junio 9 de 2005). El tema de la tesis es sobre la construcción de la imagen del personaje “Emperatriz Carlota” en la dramaturgia mexicana y francófona siglos XIX a XXI a partir de una perspectiva histórico-imagológica.



    1. IDIOMAS

  • Francés : IFAL, CELE. Diploma de dominio por el CELE

  • Inglés: Diploma de comprensión por el CELE (Centro de enseñanza de lenguas extranjeras, UNAM).



2) TRABAJO ACADÉMICO

  1. INVESTIGADOR

  • IIFL, UNAM. Becario en el proyecto sobre archivos de la Inquisición en la Nueva España: “La otra palabra”, a cargo de la Dra. Mariana Masera del seminario de Poéticas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, desde octubre de 1999 a octubre de 2002.

Ponente en el XIV Encuentro Nacional de Investigadores del Pensamiento Novohispano. UAZ. Zacatecas noviembre de 2001. Ponencia: “La selección de información en algunos procesos inquisitoriales del siglo XVII”. Moderador en el Coloquio “La otra palabra”, el 18 de abril de 2002.

  • Investigador y compilador de textos dramáticos en francés para la Antología de textos de letras modernas de la Facultad de Filosofía y Letras (2007).


        1. DOCENCIA EN TEATRO NIVEL SUPERIOR
  • EAT (Escuela de Teatro del INBA). Profesor suplente de Historia del Teatro I (1997)

  • PROFESOR EN LA UAM

      1. Como profesor interino: Historia del teatro, teatro de los Siglos de Oro Español. Narrativa modernista y naturalista. Año 2001

  • PROFESOR EN LA UNAM

—FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS. Licenciatura en literatura dramática y teatro. Profesor de asignatura: MORFOSINTAXIS Y COMENTARIO DE TEXTOS I Y II (Ahora llamada Análisis de textos I y II) (1999-a la fecha de hoy).

—FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS. Licenciatura en literatura dramática y teatro. Profesor de asignatura en la materia TEATRO VIRREINAL I y TEATRO IBEROAMERICANO II. (Desde 2003-1 a la fecha de hoy).

—FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS. Licenciatura en literatura dramática y teatro. Profesor de asignatura en la materia HISTORIA DEL ARTE TEATRAL I Y II (TEATRO GRIEGO, LATINO, MEDIEVAL Y RENACENTISTA) (Desde 2003-1 a la fecha de hoy).

—FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS. Licenciatura. Profesor de teatro de los Siglos de Oro español. Como interino. Semestre 2005-1.

OTRAS FUNCIONES EN LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS DE LA UNAM (Colegio de Teatro): Asesor de algunas tesis de licenciatura y una de maestría. Sinodal de muchas. Encargado de los exámenes extraordinarios de mis materias. Encargado de tutorías.


  • LITERATURA Y REDACCIÓN.

PROFESOR NIVEL MEDIO Y MEDIO SUPERIOR

UNAM dgire definitividad dictamen 10


  • Instituto María Isabel Dondé: profesor de literatura mexicana, universal, hispanoamericana y taller de redacción (1993-1994).

  • Universidad Latina: profesor de taller de redacción, investigación de campo, técnicas de investigación documental, taller de literatura universal y taller de clásicos hispanoamericanos. (1994-1996).

  • CLAM: Colegio Latinoamericano de México. Profesor de literatura mexicana y universal (1997-1999).



3) TRABAJO (NO ACADÉMICO):


      1. TRABAJO EDITORIAL

  • Editorial Vuelta: corrector de estilo, y al cuidado de distintas ediciones de novelas y libros de poesía (1989).

  • Letras y Palabras, servicios editoriales: diseñador de originales mecánicos para libros, revistas, folletos y tipografía en general; editor de revistas y folletos. Manejo de los programas de computación "Word Perfect", "Page Maker" y "Corel Draw" (1990-1992).

  • Revista Proceso (1995): corrector "free lance".

  • CITRU (Centro de Investigación teatral Rodolfo Usigli: corrector 1997-1998

  • FIC (Festival Internacional Cervantino): traductor francés-español (free lance) de folletos y fichas técnicas, 1990-93.

  • Editorial Santillana-Alfaguara-Nuevo México.

Elaboración de guías de lectura para las novelas Los años con Laura Díaz, de Carlos Fuentes y Cruz de olvido, de Carlos Cortés (1999-2000)


AUTOR (EN COLABORACIÓN CON Alberto Chimal et. al.) DE LOS LIBROS DE SECUNDARIA ESPAÑOL I Y ESPAÑOL II CONEXIONES. México. 2007. Editorial Alfaguara- Nuevo México. (Reeditado hasta la fecha de hoy)

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  1. COLABORADOR EN PUBLICACIONES PERIÓDICAS

(Cuento, Poesía, Crítica, Reseña).


  • Revista: Artes Escénicas (crítica teatral), con Josefina Brun.

  • Revista: El Faro (cuento, poesía, teatro), con Juan Coronel.

  • Periódico: El Día (en: El día de los jóvenes, cuento, poesía, reseña).

  • Periódico: El Economista (reseña de libros, críticas de obras de teatro).

  • Periódico: Uno más Uno (en: Sábado, poesía).

  • Revista de la Universidad de México (poesía).

  • Revista Tramoya: obra de teatro finalista en el concurso de dramaturgia "Emilio Carballido" (1996).

  • Colaboró como crítico teatral para la Revista Mexicana de Cultura del periódico El Nacional (coordinador editorial: Miguel Ángel Quemáin). (1998).

  • Colaborador de artículos sobre teatro para la revista Casa del Tiempo, de la UAM (1998 a la fecha).



CREADOR. TEATRO

  1. DRAMATURGO
  • Vístete Rápido (1984) (Publicada, revista El Faro).

  • Delirio 23 (1985) (Publicada, revista El Faro).

  • Amor Tal... (1986) (Representada Teatro Legaria).

  • La Fiesta de los Disfraces (I987) (Representada Teatro Santo Domingo).

  • En tres Cervantes te veas, adaptación e "Intermeses"(1990) Representada en el FIC 90.

  • Filus (1991) (Inédita).

  • Yo, el Peor de los Dragones (1993). Representada en el Museo del Chopo y en el Foro El ensayo (1995). Finalista en el concurso "Emilio Carballido". Publicada en la revista Tramoya de enero de 1996. Representada en una lectura dramatizada dirigida por Edoardo (sic) Alcántara durante el 50 aniversario de la EAT Escuela de Arte Teatral del INBA en el ciclo de lecturas de dramaturgos mexicanos de la segunda mitad del siglo XX. Representada en el Museo del Carmen en abril y mayo de 1998 bajo la dirección de Edoardo Alcántara. Obra elegida para el Festival de la Universidad de Monterrey, 2005 así como para el festival de la BILINGUAL FOUNDATION OF THE ARTS en Miami 2005

  • Sala de Espera (1997).

Becario del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, FONCA–CONACULTA. Trabajó en un proyecto de dramaturgia bajo el sistema Jóvenes Creadores (1996/1997).

  • Sala de Espera: Proyecto Coinversiones FONCA 1999 Dirección de Alejandro Ainslie. La Gruta. Instituto Cultural Helénico (1999)

  • Unidad Lupita, Versión libre del cuento del mismo nombre de Jaime Alfonso Martínez Sandoval. Dirección Rocío Carrillo. Producción IEDF (2005).

  • Gente de primera, melodrama didáctico. Estreno el 6 de julio de 2007 en el Instituto electoral del Distrito Federal.

Creador del BLOG DE DRAMATURGIA: www.dramavirtual.com (desde enero de 2008 a la fecha)



    1. DIRECTOR DE TEATRO
  • Amor tal..., de Benjamín Gavarre (Ciclo de Nuevos Directores Universitarios de la UNAM. Teatro Legaria, 1987).

  • La Fiesta de los Disfraces, de Benjamín Gavarre (Teatro Santo Domingo, 1988).

  • En tres Cervantes te veas. (Teatro Santa Catarina; Festival Internacional Cervantino, 1990).

  • Yo, el Peor de los Dragones, de Benjamín Gavarre. (Museo del Chopo, 1995).


    1. ACTOR
  • Hécuba, La Perra; basada en Hécuba y Las Troyanas, de Eurípides. Adaptada y dirigida por Hugo Hiriart (1982).

  • El Gato con Botas, de L.W. Tieck; adaptada y dirigida por J. J. Gurrola (1983).

  • Serpientes y Escaleras y Fisura, coreografías de Lydia Romero. Actor-bailarín invitado del grupo Cuerpo Mutable (1983).

  • Teatrísimo, serie de televisión dirigida por J.J. Gurrola. Programas: La Máquina de Sumar, de Elmer Rice; Un Hogar Sólido, de Elena Garro; La Cena del Rey Balthazar, de Calderón de la Barca (1983).

  • El Maravilloso Traje de Helado Crema, de Ray Bradbury. Dirección de Eduardo Ruiz Saviñón (1984).

  • Bodas de Sangre, de Federico García Lorca. Dirección, Rubén Paguagua (1985).

  • La Madre, de S.I Witkiewicz. Dir. Rocío Carrillo (86)

  • La Cueva de Salamanca, de Cervantes. Dirección, Raúl Zúñiga (Festival de Siglos de Oro, Taxco, 1986).

  • De cómo el señor Mockinpott logró liberarse de sus padecimientos, de Peter Weiss. Dir. Néstor López Aldeco (1987)

  • Infinitamente Disponible, creación colectiva del grupo Teatro de la Rendija (Teatro de la iglesia de Santo Domingo 1988).

  • Los Enemigos, de Sergio Magaña. (1988–90)

  • ¡Ah Cábala Vida! Espectáculo de Raúl Zúñiga (1990).

  • Los Desfiguros de mi Corazón, de Sergio Fernández. Dirección de Néstor López Aldeco (Foro sor Juana Inés de la Cruz, 1992-1993).

  • Asesino Personal, creación colectiva del grupo organización secreta, confabulación teatral. Idea original y dirección de Rocío Carrillo (Claustro de sor Juana, 1993; Salón México 1994). Nominada para la mejor obra de 1993, teatro de grupo, APT.

  • Pastorela Típica de Tepozotlán, dirección Raúl Zúñiga. Desde 1985 a 2004