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2/9/21

Albarello Pablo. TRÍPTICO PAREJAS: Vacación, Último set, Perro amor explota.

 




Tríptico parejas



(Vacación, Último set, Perro amor explota)



Pablo Albarello



Nota: el presente texto fue adaptado y exhibido por streaming online en el portal Alternativa Teatral.



Esta obra ha sido publicada para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización dirigirse a pablo_albarello@e-pol.com.ar o palbarello@argentores.org


 

I  

Vacación  

Personajes:                                     

Mariela  

Nico  

  

Interior de un baño, Nico está en la ducha enjabonándose y Mariela  del otro lado de la cortina, ante el espejo, se saca el maquillaje.  

MARIELA (llorosa): Lo pienso y no lo puedo creer.  

NICO: Bueno, aflojá, Mari.  

Corriendo la cortina y mirándole el pene.  

MARIELA: Haceme el favor, volvé a mirarlo.  

NICO: No puedo.  

MARIELA: ¡Miralo, Nico!  

NICO: No puedo. Me da impresión.  

MARIELA: Ah, ¿te da impresión? ¿Te da impresión? ¿Y a mí, no me da impresión?  

Tiempo.  

NICO: Bueno, Mari, pongámosle onda.  

MARIELA: ¿Pongámosle onda? Y decime, ¿cómo hacemos? ¿cómo le ponemos onda a esto?  

NICO: Y yo qué sé. Pasan cosas peores.  

MARIELA: ¿Por ejemplo?  

NICO: No sé… Que hubiera vuelto sin nada, por ejemplo.  

MARIELA: ¡Ay, cállate, qué decís!  

NICO: ¡Bueno, entonces, Mari, te pido por favor que hablemos de otra cosa! (entrando en crisis) ¡Vos no parás, no parás y yo no quiero ponerme más nervioso de lo que estoy!  

Mariela descorre de nuevo la cortina, le acaricia la cara.  

MARIELA: Tenés razón, amor, perdóname.  

NICO: No perdóname vos, me descontrolé. Ya está. Vamos a tranquilizarnos los dos y vas a ver que vamos a encontrarle una solución.  

Tiempo. Con resquemor Nico comienza a estudiar su pene, lo observa, lo mueve para un lado y para otro.  

NICO: Es raro, ¿sabés?, es como tener… MARIELA: No es Nikito.  

NICO: Evidentemente, no es Nikito.  

MARIELA: Lo que no entiendo es cómo tardaste veinticuatro horas en darte cuenta. Explicame, ¿cómo alguien tarda un día entero en darse cuenta que hay una parte de su cuerpo que no es suya?  

NICO: No sé, Mari.  

MARIELA: ¿Anoche cuando llegamos no te bañaste?  

NICO: Sí, pero uno se baña como con piloto automático. Anoche estaba cansadísimo, la verdad que no me fijé.  

MARIELA: Volvé a llamar. NICO: Ya llamé tres veces  

MARIELA: ¡Llamá cuatro!  

NICO: Pero ahora me estoy bañando, Mari.  

Tiempo.  

NICO: Yo no quería ir.  

MARIELA: ¡Ahí está! Ya sabía que en algún momento iba a llegar: “Yo no quería ir”, por ende  ¿de quién es la culpa?  

NICO: Nadie es culpable de nada, Mari. Es un comentario, nada más…Pero reconocé que sos vos la de esas fantasías.  

MARIELA: Ah, claro, porque el señor nunca fue a un club swinger y es la depravada esta la que lo obliga. ¡Con la harpía esa seguro que no ibas!  

NICO: Con Alicia…  

MARIELA: ¡No la nombres!  

NICO: Con ´la harpía esa´ era distinto.  

MARIELA: ¿Y por qué era distinto?  

NICO: Teníamos muchos problemas. ¡Mari, no tiene sentido que ahora nos pongamos a hablar de mi ex!  Lo que te digo es que yo con nuestra vida sexual estoy contento.  

MARIELA: ¡Sí, seguro!  

NICO: A ver, amor, toda pareja tiene sus temporadas altas y sus temporadas bajas, es como con el turismo. Y eso no quiere decir nada. Además decís “el señor nunca fue a un club swinger” como si yo fuese todos los sábados. Con “la harpía esa” fui una sola vez.  

MARIELA: Suficiente. Por lo tanto no vengas ahora con que yo soy la pervertida.  

NICO: ¿Y cuándo dije que vos eras una pervertida?  

MARIELA (suspirando): Okay.  

NICO: Okay.  

MARIELA: Quisimos los dos.  

NICO: Quisimos los dos.  

Tiempo. Mariela lucha con lo que tiene que decir, desde el otro lado de la cortina  

Nico espera hasta que ya no puede.  

NICO: ¿Qué hay?  

MARIELA: Otra cosa que no me entra en la cabeza: ¿cómo alguien puede ir a un lugar como ese y venir con el miembro de otro, Nico? (lloriquea) ¡Sólo a vos te pasan esas cosas, sólo a vos!  

NICO: Bueno, no fue a propósito.  

MARIELA: Por favor, necesito que lo repases de nuevo: nosotros entramos…  

NICO: Entramos y en el living estaba el matrimonio ese tan agradable de  

Necochea.  

MARIELA: Yolanda y César.  

NICO: Yolanda y César. Tomamos una copa, después vos tomaste otra copa y te sentaste con el marido en uno de los sillones y yo con la mujer. Después… empezó a pasar lo que tenía que pasar, y… ¿Te tengo que describir con lujo de detalles, Mari?  

MARIELA: No, no, hasta ahí ya lo sé. Yo estaba con el tal César, nos besábamos, pero cuando en un momento miré para tu lado habían desaparecido.  

NICO: La mujer, en un momento me dice “dejémoslos solos”, me agarra de la mano y pasamos a la habitación de al lado.  

MARIELA: ¿Y?  

NICO: Y ahí sí que se puso picante.  

MARIELA: ¿Qué había?  

NICO: ¡Mucha gente, Mari! Eran dos camas king-size con mucha gente. Todos en bolas, no se entendía qué cosa era qué ni a quien pertenecía, ¿me entendés?  

¡Era un despelote!  

MARIELA: ¿Cuántos había?  

NICO: Qué se yo, diez, doce.  

MARIELA: Una vergüenza.  

NICO: Más bien una orgía.  

MARIELA: ¿Y?  

NICO: ¿Y qué?  

MARIELA: ¡Y dale, seguí!  

NICO: Entonces la chica esta, Yolanda, al principio no quería, después empezó a querer, al final entramos en esa vorágine y hasta ahí sé.  

MARIELA: ¿Cómo “hasta ahí sé”?  

NICO: Claro, no sé cuántas veces, ni con quién, ni por dónde. Entré como en un lockout, en una nebulosa, nunca me pasó algo así. ¿Qué querés que te diga?  

MARIELA: ¿QUÉ QUÉ QUIERO QUE ME DIGAS? UNA SOLA COSA QUIERO  

QUE ME DIGAS: CÓMO PUEDE SER QUE HAYAS PERDIDO TU PITO Y HAYAS VUELTO CON EL PITO DE OTRO, NICO. ¡ESO QUIERO QUE ME  

DIGAS!  

NICO: Bueno, pará que vas a despertar a papá y a los chicos.  

Tiempo.  

MARIELA: ¿Cómo podés ser tan insensible? Nico, ¿cómo podés ser tan frívolo?  

NICO: ¿Por qué decís eso?  

MARIELA: No es cualquier parte de tu cuerpo, hablamos de Nikito (lloriquea)  

NICO: Bueno, Mari...  

MARIELA: Yo había establecido una relación, vos me conocés, soy de encariñarme. Había una familiaridad, una empatía, yo le hablaba…  

NICO: ¿Le hablabas?  

MARIELA: Le hablaba mentalmente, es una forma de decir. Yo sabía lo que a él le gustaba, él sabía lo que me gustaba a mí.  

NICO: Ya lo sé, amor.  

MARIELA: Y a vos te parece que así como así yo puedo reemplazarlo por otro (descorre de golpe la cortina y lo señala, acusadora) A ver, ese que tenés ahora, ¿cómo se llama? ¿Cuáles son sus hábitos? ¿Cómo se levanta, cómo se despereza en la mañana, qué le gusta? ¿Vos lo sabés?  

NICO: No.  

MARIELA: Y bueno, yo tampoco.  

Tiempo. Le da el celular  

MARIELA: Tomá, llamá de nuevo.  

NICO: Pero ¿me puedo terminar de duchar?  

MARIELA: ¡No, no podés! Tenés que llamar a ese lugar, Nico, esto tenemos que solucionarlo ya.  

Nico llama a desgano.  

NICO: Hola, sí, ¿Sweet Temtation?... Buenas, señor, quiero hacerle una consulta: anoche mi señora y yo asistimos a una reunión. ¿Por casualidad no quedó algo olvidado?... (a Mariela) Me pregunta algo como qué.  

MARIELA: ¡Y decile!  

NICO: Como un pene, señor, algo como un miembro masculino. Es que luego del encuentro, vio como es este deporte, hay mucha fricción, deporte de contacto,  

jejeje.  

MARIELA: ¡No seas pelotudo!  

NICO: Es que estoy nervioso, para relajar, Mari (al celular) Perdón, señor, le decía que luego del encuentro no me di cuenta y me vine con el pene de otro, ¿me comprende?... Sí, sí, claro, vaya.  

MARIELA: ¿Qué dice?  

NICO: Que se fue a fijar. ¿Puedo terminar de bañarme? Me voy a enfriar.  

MARIELA: ¡No señor, vos lo perdiste, vos lo encontrás!  

NICO: Ufa (tiempo, espera) Hola, sí señor… ¿A qué hora fue? Y esto fue a la noche (a Mariela) ¿A qué hora fuimos?  

MARIELA: Once.  

NICO: A las once…. Ah, de anoche nada… Ah (a Mariela) Dice que tiene dos prótesis de glúteo y tres consoladores pero que son del grupo de la tarde (al celular) Okey, muchas gracias, señor... Si no le molesta... Okey, adios, muy amable (a Mariela) Me dijo que si llega a llamar alguien preguntando por su miembro va a tomarle el número y que yo lo vuelva a llamar en dos o tres días.  

MARIELA: ¡Dos o tres días, Nico!  

NICO: Y bueno, ¿qué querés que haga el tipo?  

MARIELA: Qué te pase el listado de la gente que participó de la orgía esa y listo. NICO: Pero no seas ingenua, ¿vos te crees que la gente que va deja sus datos personales? (le alcanza el celular) ¡Tomá el teléfono! Ahora por favor dejame terminar de bañarme.  

Tiempo.  

NICO: Mari.  

MARIELA: ¿Qué?  

NICO: El calefón está en tres, ¿no?  

MARIELA: Sí, ¿por qué preguntás?  

NICO: No sé, es raro, el agua no está demasiado caliente pero sin embargo… MARIELA (corre la cortina y mira): ¡Ay, no seas asqueroso!  

Mariela vuelve al espejo.  

NICO: Sí, sí, el nuevo se está desperezando, estamos inaugurando la primera erección y te digo que… ¡Jo jo jo, guau, mirá esto, Mari, mirá esto! ¡Por Dios!  

Mariela vuelve a correr la cortina, queda impactada, se vuelve al espejo.  

NICO: ¡Jo jo jo, sí que es distinta, es bien distinta!  

MARIELA: Bueno, s-sí, no sé, Nico, creo que es bastante más… Más proactiva, más decidida, ¿no?… ¡Qué calor que está haciendo en este baño!  

NICO (en la suya, juega con su pene): ¡Jo jo jo! ¡Toin, toin! ¡Cuidado que voy a cruzar! ¡Permiso! ¡Toin toin! ¡Pasa el patrullero! ¡Atención! ¡Tiruuuriruuuriruuu! ¡Es tremenda!  

Mariela comienza a desmaquillarse a velocidad y a deshacerse con apuro de los trozos de algodón sucios, excitada.  

MARIELA: ¡Shhht, bajá la voz! Hagamos algo, Nico, seamos prácticos, ¿en cuánto dijiste que tenías que volver a llamar al lugar ese?  

NICO: Me dijo en dos o tres días.  

MARIELA: Quien dice tres, dice cuatro. Escuchá esto: pensándolo bien dejemos el drama y tomémoslo como una vacación, ¿qué te parece? Una breve vacación. Y en las vacaciones, ¿uno que hace?  

NICO: No sé, ¿qué hace?  

MARIELA: Uno sale de la rutina, Nico. Uno se permite probar lo nuevo, lo nunca experimentado. Vive sus fantasías.  

NICO: Sus fantasías secretas. Tal cual.  

MARIELA: ¿Cuánto te falta?  

NICO: Me enjuago y estoy.  

MARIELA: Dale. Yo cierro con llave por los chicos, pongo las sábanas de raso, cubro el velador con el pañuelo y te espero.  

NICO: ¡Seeee!  

MARIELA: Desnudita.  

NICO: ¡Seeee! ¡Una vacación! ¡Seeeee!  

Mariela sale. Nico cierra el agua de la ducha, se mira el pene, sonríe.  

APAGÓN  



II  

  

Último set  

  

Personajes:  

Hugh  

Delfina  

  

  

Tribunas de ‘court’ central, se está jugando un partido de un torneo internacional de tenis. Sentados, DELFINA y HUGH, los padres del tenista. La pareja gira la cabeza a izquierda y derecha siguiendo el juego. HUGH viste equipo de tenista, DELFINA por momentos hace cuentas frenéticas en una calculadora. Escuchamos el off de los golpes acompañados por los “¡ufff!” del tenista, de su contrincante ruso y aplausos.  

HUGH (tono de entendido): Un mix de trabajo y resistencia, con rutinas específicas de velocidad, preferiblemente en cancha y sin pelota…  

DELFINA (abstraída en la calculadora): Me llevo dos, ocho por tres veinticuatro, dividido seis, más doce…  

HUGH: Una labor de incentivación, para que el propio jugador se concientice y observe su rendimiento…  

DELFINA: Cinco por tres, me llevo seis, cero al conciente…  

HUGH: Descubrir el instante en el que se puede exigir y en el que uno debe  

decidir un descanso (perdiendo convicción) Y… ejem, y  por su puesto subir a la  

red.  

DELFINA (reaccionando): ¿Qué dijiste?   

HUGH: Dije “y por supuesto subir a la red”  DELFINA: ¿Qué, no está subiendo?  

HUGH: ¡Sí que está subiendo!...  

DELFINA: ¡Pero dudaste!  

HUGH: ¡No dudé!  

DELFINA: ¡Dudaste, Hugh, dijiste ‘y por supuesto subir a la red’ y dudaste!  

HUGH: ¡Delfina, te pido por favor!  

Pausa, giran la cabeza a izquierda y derecha.  

DELFINA: ¡Explicame!  

HUGH: No dude, lo que pasa que hoy...   

DELFINA: ¿Hoy? ¿Hoy? ¡Hablá!  

HUGH: No lo veo enfocado. Está otra vez plantado en el fondo…  

DELFINA: Si vos dijiste que jugara en el fondo (Pausita, vuelve a hacer cálculos, se escucha el off de los golpes) Así lo terminás confundiendo.  

HUGH: ¡No digas pavadas!  

DELFINA: Me confundís a mí, no lo vas a confundir a él.  

HUGH: Él sabe.  

DELFINA: Él no sabe, él es un chico: en setiembre cumple diecisiete.  

HUGH: ¡Delfina, please! (intentando amabilidad) Estoy intentando analizar el partido, encontrar alguna variante que nos favorezca.   

Giran la cabeza a izquierda y derecha, ella vuelve a hacer cálculos frenéticos.   

DELFINA: Trescientos dividido tres, por cuatro… ¡No, Hugh, no hay caso, no cierra por ningún lado! ¿Qué vamos a hacer? (de golpe se bate el pelo, mira hacia el frente): ¡Ahora sí! ¡Nos están tomando de nuevo, sonreí, ponete derecho!   

HUGH: ¡Dejame en paz!  

DELFINA: Tendrías que haberte puesto algo más presentable: la chomba blanca con el pantalón de hilo. ¡Te digo que nos están enfocando!    

HUGH: ¡Delfina, calmate!   

Delfina hace sonrisitas frenéticas a la cámara, hace mohines, simula sorpresa, de golpe aplaude.  

HUGH: ¡QUÉ HACÉS ANIMAL!   

DELFINA (espantándose): ¡Ay! ¿Qué pasó?   

HUGH (comienza a hacer los movimientos de los golpes): ¡Con el movimiento acompañá la pelota! ¡Tenés que buscar la paralela! ¡Por el amor de Dios! ¡Si parece enyesado!  

DELFINA: No hablés así, me angustiás. ¿Qué vamos a hacer, Hugh, qué vamos a hacer? Hace ocho meses que no gana (vuelve a la calculadora) Son ciento ochenta mil dividido doce, me llevo tres, cero al conciente…. No llegamos a dieciseis mil dólares mensuales, hay que solventar los vuelos, los hoteles (se desespera) ¡La hipoteca, Hugh, vamos a perder la casa del country!  

HUGH: ¡Shtt, pará, pará! (su rostro deja entrever que el tenista está mejorando, se incorpora) ¡Bien, Ramiro, bien! ¡Llevá el ritmo! ¡Bien!… Ahora tirá la paralela, el passing, bien Ramiro!... ¡Pelotealo! ¡Hora sí, aprovechá que está a la defensiva!… ¡Dale con drop, ves que podés!… ¡Vamos con el drive, bien Ramiro! ¡Ahora repetí el paralelo!  

DELFINA (aplaude): ¡Ay qué divino!  

HUGH (entusiasmo “in crescendo”): ¡Mové las piernas, bien! ¡El brazo extendido, cruzala! ¡Bien Ramiro! ¡Huevo, Ramiro! ¡Dale que no sabe! ¡Dale que es ruso!  

DELFINA: ¡Muy bien, hijo!  

HUGH (al contrincante): ¡Ruso botón, comunista! ¡Huevo, Ramiro, huevo Ramiro! (empieza a cantar) Oooooh / Ruso sos botón / sos botón, sos botón / ruso sos botón…  

DELFINA (atónita): ¡Hugh!  

HUGH (descontrolado): ¡Ruso, compadre / la concha de tu madre… / ruso, compadre / la concha de tu madre… Argentina, Argentina, Argentina… DELFINA: ¡HUGH! (lo agarra de un brazo) ¡Basta! ¡El papelón que estás haciendo: estamos saliendo en todo el estadio! ¡Emprolijate ese pelo y sentate, haceme el favor!  

HUGH (volviendo en sí): ¡No sé que me pasó, se me debe haber bajado el azúcar en sangre, perdoname! (pausita, se deprime) ¡Abandono, Delfina! ¡No puedo más!   

DELFINA: No digas eso, por favor (recuesta la cabeza de HUGH en su hombro) Vení. Estás estresado, eso es lo que pasa.  

HUGH: Por momentos mejora, pero enseguida se cae. Ya no sé que hacer. Miralo, da vergüenza (se agarra la cabeza, está al borde de la crisis)  

DELFINA (incorporándose, al tenista): ¿Rami, baby, qué sucede?… Rami tu padre tiene razón ¿Estás desconcentrado? Vamos hijo, estás raro, yo sé que te pasa algo… No seas chiquilín, Rami… Es necesario que te comuniques… Recordá que somos un equipo Ramiro y en todo equipo lo que prima es la franqueza… Si callás no estás siendo sincero y eso es muy molesto…   

HUGH: Dejalo, Delfina.  

DELFINA (exasperándose): Indica que no agradecés todos los esfuerzos que hace tu padre, todos los esfuerzos que hago yo. Rami, te pido que reveas tu actitud. No tenés ningún derecho, es estúpido, es necio (cada vez más alterada) Además quiero recordarte que hubo un acuerdo, Ramiro: vos tenías que ganar…   

HUGH: Dejalo.  

DELFINA: Es ingrato tener que recordarte todo lo que nos debés. Sin nosotros serías un pobre chico sin futuro, sin una carrera (sacada) Te estás comportando como un imbécil, como un mocoso consentido, un semi-analfabeto que lo único que sabe hacer es pegarle a una triste pelotita, y no lo voy a permitir.  ¿Me escuchás? (agarrándose la cabeza) ¡No te soporto, ya no puedo escucharte:  

“¡Ufff!” ¡Ufff! ¿Qué sos, un perro, una especie de oso salvaje? Ni siquiera te expresás como un ser humano. ¡DESAGRADECIDO! ¡MARICÓN!  

HUGH: ¡Delfina, pará!   

DELFINA (en un ataque de nervios): ¿Es que no entendés? ¡Vamos a perder todo!    

HUGH: No es para tanto…  

DELFINA: ¿Hugh, qué somos sin él? ¿Pensaste alguna vez qué sos vos sin él?  

¡Culpa de esa bestia sos un pobre tipo, un fracaso!  

HUGH: Bueno, no hay que dramatizar, es nuestro hijo, mi amor…  

DELFINA: ¡Das pena, sos un cero a la izquierda! Te disfrazás de tenista, das instrucciones todo el tiempo como si supieras.  

HUGH: Sos demasiado dura con él. Hay que hacer de tripas corazón, mi amor…   

DELFINA: ¿Sabés cómo se burlan de vos en el circuito? ¡Es tan vergonzoso! ¡Sos casi un imbécil!  

HUGH: No deja de ser nuestro hijo. Calmate.  

DELFINA (furiosa): ¡No me calmo nada! Estamos en la ruina, se acabó Sydney, se acabó Roland Garrós, nuestro sueño de vivir en Miami. El año que viene va a decidir por sí mismo, me dijo que odia el tenis.  

(Pausa, giran la cabeza a izquierda y derecha, se escucha el off de los golpes acompañados por los “¡ufff!” del tenista y de su contrincante) HUGH: Puedo retomar mis clases de paddle.   

DELFINA: ¡No digas pavadas!  

HUGH: Era buen profesor.  

DELFINA: Tenías tres alumnos.  

HUGH (se incorpora, de golpe soñador): ¡No hay que tenerle miedo al cambio, Delfina!   

DELFINA: Ya no podría volver a ser pobre.  

HUGH (se acerca, cariñoso): Volver a comer polenta…  

DELFINA (le causa gracia): Arroz con aceite, con galletas marineras…   

HUGH: Tomar el 71 hasta la casa de tu madre en Villa Adelina… DELFINA: ¡Estás loco, olvidalo!  

HUGH (se incorpora, la invita a seguirlo): ¡Dale! Tomémonos el próximo vuelo, volvamos a casa, armemos las mochilas y vámonos a Sierra de la Ventana en el Expreso Chevallier.  

DELFINA (ilusionándose): ¿Como cuando éramos novios?  

HUGH: Con los borceguíes, las bolsas de dormir. Un tiempo mágico. Podemos recuperarlo Delfina, yo siento que seguimos siendo los mismos.  

DELFINA: ¿Te parece?  

HUGH: ¿Qué nos ata? Sólo hay que animarse…  

DELFINA (encantada): ¡Estás loco, Hugh, por eso te quiero!  

HUGH: Dejemos a este desnaturalizado.  

DELFINA: Qué ni siquiera es nuestro hijo.  

HUGH: Es verdad, había olvidado que era adoptado. ¡DESAGRADECIDO!  

DELFINA: ¡MARICÓN!  

HUGH y DELFINA salen abrazados. Los ‘ufff’ del tenista y de su contrincante ruso se transforman en un único ‘ufff’ estirado del hijo, de suplica ante el abandono.  

APAGÓN  

    

  

  

  

  

III  

  

Perro amor explota  

                                                                                             

Personajes:  

Miguel  

Begoña  

  

Miguel y Begoña discuten en lo que puede ser un living/comedor de departamento, él acaba de levantarse (está en chancletas, camiseta musculosa, pantalón pijama), ella de llegar (aún tiene el tapado y una cartera en las manos) Sobre la musculosa Miguel tiene puesto un chaleco con cargas de explosivos y un display con una luz titilante que hace las veces de detonador. Begoña lo observa con una expresión gélida, Miguel se rasca la cabeza, ella de golpe lo lleva ante un espejo.  

ELLA: Mirate.  

ÉL: Me miro.  

ELLA: ¿Y?  

ÉL: No sé, Begoña, tengo sueño. ¿Qué tengo que ver?  

ELLA: ¿Miguel, a vos te captaron?  

ÉL: ¡Ay, por favor!  

ELLA: A vos te lavaron el cerebro, es evidente, te captaron.  

ÉL: ¡Cortala con eso!  

ELLA: Bueno, entonces explicame.  

ÉL: ¿Y qué querés que te explique?  

ELLA: Cómo alguien puede venir lo más choto y decir “conseguí trabajo, me contrataron de Hombre Bomba”.  

ÉL: Es un trabajo.  

ELLA: No es un trabajo.  

ÉL: Un empleo como cualquier otro y…  

ELLA: ¡No es un empleo como cualquier otro! ¡No es un empleo como cualquier otro! ¿Me ves cara de idiota a mí? ¡Es un… es… (busca las palabras, lloriquea) es un delirio, Miguel! ¡Un completo delirio!   

ÉL: Begoña, te pido un favor, si querés que hablemos primero respirá hondo y tranquilizate.  

ELLA: Me tranquilizo, okey, me tranquilizo y respiro (aspira y expira burlona) Fijate cómo respiro.  

ÉL: Perfecto.  

ELLA: Y ahora necesito que me digas algo y quiero que seas absolutamente sincero: Miguel, ¿vos sos un infiltrado?   

ÉL: Nada que ver…  

ELLA: ¿De esos mártires qué están con la yihad islámica? ¿Esos enfermos que quieren inmolarse por Alá y se excitan con setenta y dos vírgenes desnudas que le esperan en el paraíso? ¡Calentón! ¡Asqueroso! ¿Sos fundamentalista musulmán?  

ÉL: ¡No! ¡Basta! ¡Por favor! Estás histérica. Sentate un momento, vení (la lleva hasta una silla) Mi amor, yo soy argentino, me gusta el dulce de leche, además soy católico, monogámico, estoy enamorado de vos y vamos a casarnos.  

ELLA: ¿Y entonces?  

ÉL: Que no tiene que ver nada con la política, ni con la religión, ni con orgías sexuales. Ya te dije. Que esto es un empleo, un trabajo. ¿Es tan difícil de entender?  

ELLA (señalando el chaleco): Mientras hablamos, por lo menos podés tener la delicadeza de sacarte esa dinamita.  

ÉL: C4  

ELLA: ¿Qué decís?  

ÉL: Que no es dinamita, que son panes de C4, es un explosivo plástico.  

ELLA (burlona): Ah, discúlpame.  

Tiempo. Begoña espera que Miguel se saque el chaleco pero este no lo hace.  

Ella: ¿Y?  

 ÉL: Es que no puedo sacármelo.  

ELLA: ¿Por qué no?  

ÉL: Lo tengo que llevar puesto las 24 horas, por lo menos durante los primeros seis meses, eso dice el contrato.  

ELLA: ¡Ay, Miguel, hacia dónde va el mundo!  La sociedad está enloqueciendo, ¿no?  

Tiempo, Begoña se incorpora, camina por la habitación mientras lucha con sus pensamientos.  

ELLA: Vos perdóname, pero no puedo asimilar esto. Querría, pero es imposible, no puedo.  

Miguel  se aproxima para abrazarla.  

ELLA: ¡Me da impresión, no te me acerques!  

ÉL (deteniéndose): ¡Okey, okey, tranquila! Mi amor, es una gran oportunidad. Me pagan en una semana lo que con el taxi ganaba en un año.  Hacé las cuentas:  

cancelamos la fiesta de casamiento cash y en cinco años tenemos el departamento.  

ELLA: ¿Cinco años? (lloriquea) ¿Pensás que yo voy a soportar esto cinco años?  

ÉL: Por ahí menos.  

ELLA (temblando): ¡Cómo “por ahí menos”, qué insinuás, que estás diciendo…!  

ÉL: ¡Pará! ¡Tranquila! Lo que quiero decir es que a los cuatro años te ofrecen dejar el trabajo de calle y podés optar por las oficinas.  

ELLA: ¡Ah, mirá vos! (tiempo) ¿Y quiénes son? ¿Quién ofrece este tipo de trabajos?  

ÉL: Es una empresa belga de radiadores y telefonía móvil. Le vio la beta comercial, compró los derechos y ahora ofrece el servicio para toda Latinoamérica y países del Caribe.  

ELLA: ¿Un servicio para explotar gente, Miguel?  

ÉL: ¡Uf!  

ELLA: Uf, ¿qué? Un servicio que consiste en meterse en un lugar lleno de inocentes, ancianos, niños, amas de casa, perros y hacerlos saltar por el aire convertidos en relleno de empanadas.  

ÉL: ¡Sos tan negativa!  

Tiempo.  

ELLA: ¿Y te tomaron así como así?  

ÉL: Me hicieron un test psicofísico, te piden secundario completo, y les interesa el tema del sobrepeso.   

ELLA: ¿Cómo el sobrepeso?  

ÉL: No sé, qué no tengas sobrepeso. Parece que la grasa corporal en el momento de la explosión absorbe la onda expansiva achicando el poder de estrago, y creo que también se les complica con los talles de los chalecos. Begoña, te pido por favor, ¿podemos parar unos minutos con el interrogatorio? ¿Por qué no te sentás un momento? ¿Te hago un te?  

ELLA: Tengo el estómago hecho una piedra.  

ÉL: Sos dramática.  

Suena el celular de Begonia, lo saca de la cartera.  

ELLA: Hola… Sí, papá… Sí, claro, yo voy, pero no creo que Migue pueda…  

ÉL: ¿La cena de tu viejo? Decile que voy, ¿cómo no voy a ir?  

ELLA (a Miguel): Shht (al celular) Está todo brotado y tiene miedo que sea varicela… Sí, obvio que es un peligro… Okey, te paso para que lo saludes.  

Begoña  amenaza a Miguel  con la mirada y le tiende el celular.  

ÉL: Hola, Ernesto, cómo le va… Sí, pero son apenas unas ronchitas. En una de esas me doy una vuelta para la hora del café… Begoña le arranca el teléfono.  

ELLA: Está diciendo disparates, papá, debe ser la fiebre… Sí, yo estaré tipo nueve… Dale, un beso,chau (guarda el celular) ¿Vos sos idiota?  

ÉL: ¿Qué tiene? Yo me llevo genial con tu viejo.  

ELLA: ¿Y pensás que voy a dejar que vayas con eso 

ÉL: Begonia, yo no me voy a avergonzar de mi trabajo, es una actividad honesta, no le robo nada a nadie.  

Tiempo. Begonia lloriquea.  

ELLA: Miguel, por lo menos, ¿sabés lo que te espera? ¿Cuál es tu expectativa… de vida? ¿Alguien te lo dijo?  

Él: Eso se maneja  

ELLA: ¿Qué querés decir?  

ÉL: Qué acá no es como en Oriente Medio, es todo más dialéctico, más conversado.  

ELLA: ¿Y eso qué significa?  

ÉL: Que es negociable, acá los Hombres Bomba no se detonan casi nunca.  

ELLA: ¡“Casi nunca”! (Se suena la nariz) Miguel, ¿y nuestro casamiento? ¿Pensaste en nuestro casamiento? ¿Te parece que con esto vos y yo podemos planearlo? Me habías prometido que en la iglesia ibas a vestir chaquet. ¿Y ahora?  

¿Vas a llevar ese espantoso chaleco de C44, J28, o como se llame?  

ÉL: No te prometo nada, pero puedo preguntar.  

ELLA: ¿Y cómo manejamos lo de mamá?   

ÉL: Con tu viejo tengo onda, pero a tu vieja yo nunca le caí.  

ELLA: ¡Es que le servís los argumentos en bandeja, Miguel!  Mamá es hipertensa, el viernes tenemos que ir a ver el salón, si te ve con eso la tenemos que internar.   

Además,  ¿quién nos va a querer alquilar un lugar? ¿Y pensaste en los invitados?  

A riesgo de saltar por los aires, ¿vos creés que van a querer venir?  ¿Y cuando tengamos hijos, Miguel? ¿Pensás que te voy a dejar acercarte? ¿Qué vas a poder alzarlos? ¿Vos vas a ir así a las reuniones de padres del jardín? ¿A los actos del Día de la Bandera? ¡Dale, hablá! ¡Decí algo!  

ÉL (reaccionando): ¡Pará, Begoña! ¡Por favor! ¡Pará!   

ELLA (llorando): Yo quería que me acompañaras en el parto.  

ÉL: Y te voy a acompañar, obvio que te voy a acompañar. Pero no me hostigues más. Son demasiadas cosas y no tengo todas las respuestas. Las iremos resolviendo a medida que surjan. Vos me conocés, yo soy  un tipo proactivo, que tira para adelante y con cada cosa que hago imagino lo mejor para nosotros.   

Cuando apareció esto te juro que se me abrió la cabeza. Me dije “es justo lo que necesitamos para afrontar este momento”. Es una empresa nueva que viene a cubrir un nicho de mercado importante, mal que te pese en este país hay mucha gente que necesita hacer explotar a otra, y si no lo ofrecés vos, va a venir otro a ocupar tu lugar. Seguramente van a abrir subsidiarias en la Región, y eso significa que se va a necesitar mucha gente, y gente con experiencia. Si yo puedo superar esta primera etapa y no me detono, las posibilidades son infinitas. ¿Es así o no es así?  

ELLA (cambiando): Puede ser.  

ÉL: ¡No puede ser, es así! Yo te lo aseguro, mi amor.  

ELLA: ¿Vos querés decir que con el tiempo podrías aspirar a un cargo directivo, a una gerencia?  

ÉL: Es muy probable.   

ELLA: Con casa acá y en el exterior y una entrada digamos…  

ÉL: ¡Alta, muy alta, Bego! Incluso con la posibilidad de transformarme en accionista. Vamos a poder viajar, vivir donde se nos ocurra, de la manera en que se nos ocurra.   

ELLA: Yo siempre tuve una fantasía…  No, es una pavada, me da vergüenza.  

ÉL: Dale, decilo.  

ELLA: Retomar mis clases de piano y tener un piano de cola blanco en un balcón terraza y hacer cócteles e invitar a mis amigas de pilates.  

ÉL: Y los vamos a hacer, mi amor, lo vamos a hacer.  

Tiempo, Begoña pasa del entusiasmo al ensimismamiento.  

ÉL: ¿Qué pasa?   

ELLA: No, olvidalo. No voy a poder. No puedo vernos en un futuro juntos, es mucha presión.  

ÉL: No te entiendo. ¡Dios, no entiendo a las mujeres! ¿Qué es lo que quieren?   

ELLA: Lo que quieren las mujeres, no, Miguel, en todo caso que es lo que quiero yo. Vos me conocés, soy discutidora, me gusta cuestionar, y siento que a partir de este momento no voy a poder ser yo misma. No vamos a poder tener una discusión relajada.   

ÉL: ¿Discusión relajada?   

ELLA: Relajada, suelta, sabés a lo que me refiero. ¿Y si en algún momento discutimos y te enfurecés?   

ÉL: Yo nunca me enfurezco.  

ELLA: ¡Sí que te enfurecés, sí que te enfurecés!  ¿Querés que te de ejemplos?  

Vos parecés tranquilo, pero no sos una persona de buen carácter, Miguel.   

ÉL: ¿Y a cuenta de qué estamos hablando de mi carácter? (lo descubre) ¿Ah, vos querés decir…? ¿Vos creés que yo sería capaz… de detonarnos?  

ELLA: La violencia de género es una realidad.  

Tiempo.  

ÉL (cambiando, sonríe): No lo puedo creer.  

 ELLA: ¿Qué no creés?   

ÉL: Desde que llegaste, toda esta puesta en escena…  ELLA: ¿Qué puesta en escena?  

ÉL: Esta actuación para decirme que hay otro.  

ELLA: ¡Qué decís! ¡No hay otro!  

ÉL: Hay otro. Hace un tiempo que estás distante, está muy claro, Begoña,  

¿conociste a otro?  

 ELLA: ¡Eso es una estupidez! Puedo estar preocupada, algo estresada por la salud de mamá, por lo de la boda, pero nada que ver. No hay otro, Miguel. Lo que pasa es que pienso, pienso  y no le veo salida, cada vez que vayamos a discutir yo voy a tener la duda y me voy a reprimir, ¿comprendés? Y  cuando te sientas deprimido, ¿lo pensaste? O cuando tengas una discusión con el auto en la calle, o en las reuniones de consorcio.   

ÉL: Yo no mezclo. El trabajo es una cosa, la vida personal es otra.  

ELLA: Hasta que se mezclan, Miguel, son cosas que no se controlan, no sabés. Y yo voy a estar todo el tiempo con el corazón en la boca, pensando, temiendo lo peor. No voy a poder soportarlo (tiempo)  Mirá, anoche estuve investigando por Google y me enteré de cosas terribles. ¿Sabías que el año 2004, en Bagdad, una Mujer Bomba haciendo el amor con su marido, tuvo un orgasmo y explotó?  

ÉL: Fue el único caso registrado.  

ELLA: ¡Habrá sido el único, pero sucedió!  

ÉL: Fue una falla eléctrica, a partir de ese caso comenzaron a utilizarse detonadores digitales y no volvió a pasar.  

ELLA: Es inútil, Miguel, olvidalo. Si seguimos hablando las cosas van a empeorar.   

ÉL: Begoña, por favor, si no hay otro, como decís, y te creo, nosotros nos amamos.  

ELLA: Pero no alcanza.   

ÉL: Por favor, mi amor, nos conocemos, estamos bien, nuestra pareja ha llegado a una etapa de madurez. Hoy por primera vez íbamos a ir juntos a la cena de tu papá.  

ELLA: ¡Ni se te ocurra aparecer! ¡Prometelo!  

ÉL: Okey, lo prometo, no voy. Pero lo que digo es que acá está en juego algo mucho más importante: Begoña, vos y yo somos una sociedad unida por un sentimiento profundo, somos una pareja.  

Begoña alza el tapado y la cartera y comienza a salir.  

ÉL: ¡Por favor!  

ELLA: No puedo, Migue, no puedo. Habíamos superado lo de tu eyaculación precoz y ahora esto. Te empeñás siempre en complicarlo todo, Chau, perdoname.  

ÉL: ¡Begoña!  

Begoña sale. Miguel queda mortificado.   

ÉL: ¡Es injusto!  ¡Es muy injusto!  

De golpe tiene un ataque de ira. Patea las sillas, golpea violentamente la mesa con los puños, se golpea el pecho.  

ÉL: ¡Por qué! ¡La puta madre, por qué! ¡Por qué!    

De repente comienza a sonar una alarma y se paraliza la luz intermitente en el display del chaleco. Miguel toma conciencia de que se activó  la carga explosiva ÉL: ¡¡¡A la mierda!!! ¡¡¡A LA MIERRRRRRDA!!!  

APAGÓN. RUIDO DE EXPLOSIÓN  

  

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