¡Qué trabajen los bobos!
por
Benjamín Gavarre
¡QUE TRABAJEN LOS BOBOS! © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0
bengavarre@gmail.com
El Arte del Desapego (O cómo auditar la existencia)
Vivimos atrapados en un guión que no escribimos. Nos despertamos a las seis de la mañana, nos apretamos la corbata, nos embutimos en zapatos rígidos y salimos a Viaducto a pelear por un espacio en el tráfico, todo con el único fin de pagar la mensualidad de las cosas que acumulamos para demostrar que somos exitosos. Nos convencieron de que la productividad es una virtud y que el descanso es un pecado.
Pero, ¿qué pasa cuando el empleado más recto, el auditor más implacable y el monje de la normatividad corporativa decide auditar los términos y condiciones de su propia vida?
¡Qué trabajen los bobos! no es una obra sobre la apatía; es una farsa elegante sobre la lucidez maniática. Pipo no se ha vuelto loco; simplemente ha decidido que si el mundo exterior se rige por el descaro y el sofisma, él tiene el derecho soberano de declarar un embargo moral absoluto sobre su fuerza de trabajo, quitarse los zapatos y ver qué pasa cuando decide, finalmente, soltar las riendas y volar. Su esposa Engracia y su cuñado Ildefonso representan la resistencia de un sistema adicto al consumo y a las apariencias, dos fuerzas que chocarán de frente contra la desconcertante e inamovible paz de un hombre sentado en un sofá vacío.
Esta es una comedia minimalista para recordar que, a veces, la resistencia más inteligente no consiste en pelear contra la maquinaria... sino en sentarse a ver cómo se cae a pedazos mientras esperas que llegue la pizza.
— Benjamín Gavarre
PERSONAJES:
- PIPO (35s):
Exauditor de Procesos. Brillante, calculador y con una paz mental que raya
en lo místico. Viste un traje formal de diseñador impecable, pero está completamente
descalzo. Su aparente locura es, en realidad, un plan maestro de
depuración personal.
- ENGRACIA (30s): Su
esposa. Una mujer atrapada en la rueda de la fortuna del consumismo de la
colonia Roma, las apariencias sociales y las tarjetas de crédito al
límite.
- ILDEFONSO (20s tardíos):
Hermano menor de Engracia. Parásito profesional de alta gama. Usa un
lenguaje de "bienestar espiritual" y "desapego
cuántico" para justificar su absoluta hueva y vivir a expensas de los
demás.
ESPACIO:
La sala
de un departamento de diseño minimalista y elegante en la colonia Roma, Ciudad
de México. Al inicio, la estética es impecable: muebles de diseñador nórdico,
un par de plantas exóticas bien cuidadas y grandes ventanales. En la segunda
parte, el desprendimiento es absoluto: el espacio queda completamente vacío,
revelando una belleza arquitectónica limpia y despojada.
ACTO
ÚNICO
ESCENA 1:
La Declaración del Embargo
(Lunes,
7:30 AM. La luz de la mañana entra bellamente por el ventanal. PIPO está
sentado en el centro de un costoso sillón gris en perfecta postura de loto.
Viste un traje negro corte italiano impecable, corbata perfecta, pero está
DESCALZO. Tiene los ojos cerrados y una sonrisa de satisfacción absoluta. No
hay ruidos, solo una atmósfera de museo).
(Entra
ENGRACIA corriendo, taconeando con fuerza, visiblemente estresada, poniéndose
un arete de diseñador y cargando una bolsa de marca).
ENGRACIA
¡Pipo, por el amor de Dios, muévete! El tráfico en Viaducto ya es un
estacionamiento. Tu jefe llamó tres veces al teléfono fijo; dice que si no
estás en la junta de las ocho con el reporte de la auditoría anual, te va a
levantar un acta administrativa. ¡¿Por qué no te has puesto los zapatos?!
PIPO
(Sin abrir los ojos, con voz pausada y musical)
No hay zapatos, Engracia. Los dejé ayer por la tarde en la estación del Metro
Insurgentes. Un acto de caridad peatonal. Las suelas ya no tocan mi suelo.
ENGRACIA
¡¿Dejaste tus Oxford de piel de becerro italiano en el Metro?! ¡Pipo, nos
costaron tres meses sin intereses en la preventa de otoño! ¡¿Te volviste loco?!
¡¿Y tu celular?! Te estuve marcando todo el trayecto desde el vestidor.
PIPO
Mi celular... está experimentando una transición de estado sólido a ceniza
orgánica. Lo olvidé en un bar de la Condesa. O mejor dicho, él me olvidó a mí.
Rompí todas las hojas del guión, Engracia. He decidido cambiar el palacio de la
autoexplotación por el callejón de la sagrada hueva.
ENGRACIA
(Dejando caer la bolsa en el suelo, horrorizada)
¿El guión? ¡¿De qué carajos estás hablando?! Pipo, aterriza. Tienes treinta y
ocho años, eres el Auditor de Procesos más temido del corporativo, no eres un
poeta de Coyoacán. ¡Tenemos la hipoteca de este departamento! ¡Las
mensualidades de las cremas dermatológicas! ¡La membresía del club de yoga
multinivel!
PIPO
(Abre los ojos, llenos de una lucidez fría y brillante)
Llevo diez años auditando la eficiencia de esa empresa. Diez años persiguiendo
contadores que metían facturas de sus vacaciones como viáticos de
representación. Fui el monje de la normatividad. Iba a trabajar con influenza y
cubrebocas para no fallarle al Excel. ¿Y todo para qué? Para pagar una
membresía de yoga a la que no vas porque estás muy estresada por el trabajo que
usas para pagar el yoga. El contrato social se ha roto. Me declaro en Embargo
Moral Permanente. No vuelvo a la oficina.
ENGRACIA
¡¿Y cómo vamos a vivir?! ¡¿Nos va a mantener el gobierno?! ¡Nos van a quitar el
departamento, Pipo! ¡El banco nos va a embargar a nosotros!
PIPO
Si no posees nada, Engracia, el banco no tiene jurisdicción sobre tu
existencia. He decidido aplicar la auditoría definitiva: el vaciado absoluto.
(Desde el
pasillo emerge ILDEFONSO, vistiendo una bata de seda japonesa, despeinado,
sosteniendo una taza de té de matcha).
ILDEFONSO
Por favor... es imposible conectar con mi abundancia matutina con estos gritos
de escasez. Engracia, dile a tu esposo que le baje tres rayitas a su vibración
baja. Cuñado, me estás arruinando mi lento despertar, mi alineación de chakras
financieros.
PIPO
(Sonríe con una amabilidad casi aterradora)
¡Ah, el catalizador del ecosistema! Pasa, Ildefonso, toma asiento en el vacío.
Puesto que yo ya no voy a salir a vender mis horas de vida a un corporativo
cínico, y dado que ustedes dos son amantes del alto consumo y las marcas
francesas, les tengo una propuesta de rediseño existencial: el desapego
radical.
ILDEFONSO
¿Desapego? Suena súper zen. Yo siempre le digo a mis seguidores en redes que
hay que soltar lo que no sirve...
PIPO
(Se levanta con parsimonia, descalzo, impecable)
Exacto. Así que vamos a soltar. Tienen tres días para deshacerse de
absolutamente todo lo que decora, afea y estorba en este espacio. Vendan el
sofá, las televisiones, las lámparas de diseñador, tus bolsas, tus batas de
seda. Líquidenlo todo. Si quieren seguir disfrutando de este techo, el tributo
de la venta cubrirá los gastos. Si no... la puerta está muy amplia. ¡A volar!
ESCENA 2:
El Imperio del Vacío
(Han
transcurrido dos semanas. El departamento ha sufrido una metamorfosis radical y
estética: está completamente vacío. No queda un solo mueble, ni una
alfombra, ni un cuadro. Las paredes blancas y el piso de madera lucen
impecables, amplios, casi espectaculares. Solo hay tres cojines blancos en el
centro del suelo).
(Al
abrirse el telón, PIPO está sentado en su cojín en postura de meditación. Viste
el mismo traje impecable, descalzo. Su rostro es la estampa de la paz
espiritual. ENGRACIA e ILDEFONSO están sentados en los otros dos cojines.
Visten ropas de manta blanca, sencillas, también descalzos. Al principio se les
ve exhaustos pero intentando mantener una fachada de iluminación espiritual).
ILDEFONSO
(Respirando hondo, con los ojos cerrados)
Siento... siento cómo el prana del espacio vacío limpia mi colon... Sí,
definitivamente el minimalismo extremo expande el aura. Ayer puse en mi feed: "Vivir
sin objetos es poseer el universo". Tuve tres mil likes, cuñado.
ENGRACIA
(Con la voz débil, visiblemente desnutrida y ojerosa)
Sí, mi amor... al principio vender la pantalla gigante y mis bolsas nos dio un
subidón de energía increíble. Pagamos el mantenimiento del edificio, liquidamos
las tarjetas... es hermoso no deberle nada a nadie. El vacío es... purificador.
(Pausa. Se agarra el estómago que le ruge ruidosamente). Pero Pipo...
llevamos cuatro días comiendo únicamente lechuga orgánica, manzanas que
compramos con lo último de la venta y tomando agua de la llave filtrada.
PIPO
(Sin abrir los ojos)
El hambre es solo una notificación del cuerpo físico, Engracia. Ignora la
alerta. Disfruta de la ligereza. ¿No sientes cómo flotas?
ENGRACIA
(Perdiendo la paciencia)
¡No floto, Pipo, me estoy desmayando! ¡Ya no hay nada más que vender! El clóset
está vacío. Cocinamos la última lechuga en una vaporera que le vendimos ayer al
vecino de abajo por cincuenta pesos. ¡Ya no es posible vivir del aire! ¡Extraño
el sabor del sodio! ¡Extraño los carbohidratos procesados!
ILDEFONSO
(Abriendo los ojos, desesperado)
A mí ya se me entumecieron las nalgas de estar sentado en este piso de madera
importada. El desapego cuántico está padrísimo para un retiro de fin de semana
en Tepoztlán, Pipo, pero esto ya es un campo de concentración espiritual.
Intenté dar mi taller de "Caminata de Alta Costura" en el Parque
México y me dio un bajón de presión a los diez minutos por falta de glucosa. El
asfalto me ganó.
ENGRACIA
(Poniéndose de pie con dificultad, tambaleándose)
Pipo, tu exjefe vino otra vez hoy en la mañana. Estaba llorando en el pasillo,
te lo juro. Dice que la empresa se está hundiendo en un fraude multimillonario
porque nadie sabe auditar los procesos como tú. Te ofreció el triple de tu
sueldo anterior, bonos en dólares y chofer. ¡Pipo, por favor! Ponte unos
zapatos, regresa a la oficina y cómprame una hamburguesa con papas. ¡Te lo
ruego!
PIPO
(Abre los ojos, sonriendo con una superioridad intelectual aplastante)
¿Regresar a la matrix corporativa? ¿Volver a usar zapatos de piel que
aprisionan mis dedos y corbatas que estrangulan mi libre pensamiento? Qué
absoluta falta de visión macroeconómica. Yo ya gané el juego, Engracia. Mi
embargo moral es permanente.
ENGRACIA
(Silencio tenso. Mira a Ildefonso. Luego mira a Pipo con una mezcla de rabia
y decepción absoluta).
Se acabó. Hasta aquí llegué. Yo fui educada para el estatus y el confort, no
para ser una monja budista en la colonia Roma. Conpermisito, Pipo, pero yo me
voy. Me voy a casa de mi mamá. Ella sí cree en el capitalismo y tiene el
refrigerador lleno de comida de verdad.
ILDEFONSO
(Poniéndose de pie de un salto, acomodándose la ropa de manta)
Sí, la verdad yo también te pido una disculpa, cuñado, pero tu vibración ya
mutó en tiranía dietética. Ya le mandé mensaje a una seguidora de mi podcast
que vive en Las Lomas; tiene un PH enorme y necesita urgentemente que le alinee
el feng shui de su terraza. Ya tengo nueva víctima... digo, nuevo proyecto de
sanación integral. Ahí te ves.
ENGRACIA
Te dejas la casa vacía, Pipo. Quédate con tu iluminación de piso laminado.
¡Vámonos, Ildefonso!
(ENGRACIA
e ILDEFONSO caminan dignamente hacia la puerta, descalzos, y salen del
departamento azotando la puerta. El eco del azote resuena con fuerza en las
paredes vacías. Se hace un silencio absoluto, pacífico y maravilloso).
ESCENA 3:
El Dictamen Final
(PIPO se
queda solo en el centro de la sala vacía. No se mueve durante unos segundos.
Disfruta el silencio. De pronto, su postura mística se rompe y se relaja.
Suelta una carcajada limpia, profunda y triunfal. Se estira deliciosamente en
el suelo).
PIPO
(Para sí mismo)
Auditoría concluida con éxito. Limpieza de parásitos: cien por ciento de
efectividad.
(PIPO
mete la mano en el bolsillo oculto de su saco de diseñador y saca su única,
verdadera y más preciada posesión: un SmartPhone de última generación,
reluciente e impecable. Lo desbloquea con una sonrisa maquiavélica. Entra a
su aplicación bancaria).
PIPO
(Leyendo la pantalla con deleite)
A ver... inversiones... renta fija... ¡Ah, la hermosa poesía de los CETES y
los fondos de inversión indexados! Rendimiento anual compuesto garantizado.
Sin deudas, sin tarjetas, sin mensualidades de cremas dermatológicas, sin
cuñados vividores... y el departamento ya está completamente pagado. El plan
funcionó a la perfección.
(Pipo da
un par de toques en la pantalla de su teléfono. Abre una aplicación de entrega
de comida a domicilio. Teclea rápidamente).
PIPO
Una pizza familiar de tres quesos... masa gruesa... y una Coca-Cola original de
dos litros. Fría, como mi estrategia. Enviar.
(Guarda
el teléfono. Se acuesta por completo en el piso de madera, boca arriba, con los
brazos abiertos y los pies descalzos apuntando al techo. Con el teléfono en la
mano, activa el sistema de bocinas ocultas del departamento. De inmediato,
empieza a sonar la canción "Volar" a todo volumen, inundando el
espacio acústico perfecto de la sala vacía).
PIPO
(Canta feliz, flotando en su propia gloria, mientras espera su pizza)
"...y las riendas soltar, y sentir que tus suelas apenas están tocando el
suelo... ¡Y volar!"
(Pipo
sonríe a la cámara con una paz absoluta y millonaria mientras la música sube de
volumen).
FADE OUT
/ TELÓN FINAL
¡QUE TRABAJEN LOS BOBOS! © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0