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lunes, septiembre 15, 2025

El Oso. Antón Chéjov.
















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EL OSO


ANTON CHEJOV

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Abordar a Chéjov requiere ese equilibrio exacto entre la farsa técnica y la profundidad psicológica.

El Oso (1888) es, en esencia, una "bromita" (como el autor la llamaba) que esconde una crítica feroz a las máscaras sociales del duelo y la masculinidad tóxica de la época.



Introducción: El Duelo de las Máscaras

Antón Chéjov solía referirse a sus obras cortas como "vaudevilles" o "chistes en un acto". Sin embargo, bajo la superficie de la comedia física de El Oso, subyace una de las disecciones más agudas sobre la hipocresía emocional. La obra nos presenta a dos personajes atrapados en sus propios roles performativos: Elena Popova, la "viuda profesional" que ha convertido su luto en un altar de autoinmolación, y Gregorio Smirnov, el terrateniente misógino que oculta su vulnerabilidad tras una coraza de rudeza y deudas.

El genio de Chéjov reside en la transformación: el odio no se disuelve, sino que se transmuta en una pasión eléctrica. La pistola, que según la famosa máxima del autor debe dispararse si aparece en el primer acto, aquí subvierte su destino: el duelo de muerte termina en un beso, demostrando que la línea entre la furia y el deseo es tan delgada como un pagaré vencido.




EL OSO

De Antón Chéjov



PERSONAJES:


  • ELENA IVÁNOVNA POPOVA: Viuda joven, dueña de una finca, que vive un luto exagerado.

  • GREGORIO STEPÁNOVICH SMIRNOV: Terrateniente de mediana edad, rudo y desesperado por deudas.

  • LUCAS: El viejo y fiel mayordomo de Elena.


ESCENARIO:

La sala de estar en la casa de campo de Elena. La decoración es elegante pero opresiva, marcada por la presencia del luto.





ESCENA I


(Elena está sentada, con los ojos fijos en una fotografía. Lucas la observa con preocupación).

LUCAS: No está bien, señora... Se está arruinando la vida. La mucama y la cocinera salieron a recoger frutos; hasta la gata sabe lo que es bueno y pasea por el jardín cazando pajaritos. Pero usted... ¡encerrada como en un convento! Hace un año que no cruza ese umbral.

ELENA: (Con melancolía impostada) Y nunca saldré, Lucas. ¿Para qué? Mi vida terminó. Él está en su tumba y yo me enterré entre estas cuatro paredes. Ambos hemos muerto.

LUCAS: ¡Escúcheme! Nicolás murió, es la voluntad de Dios, que en paz descanse. Pero ya fue suficiente. Uno no puede llevar luto un siglo entero. Mi mujer también murió; lloré un mes y bastó. Pero usted se olvidó de los vecinos, no recibe a nadie... Vivimos como arañas, sin ver la luz. ¡Hasta mi libreta se la comieron las ratas! El distrito está lleno de caballeros, de oficiales... ¡bomboncitos puros! Y usted, joven y bella, desperdiciando su salud. La belleza no es eterna, señora. En diez años querrá lucirse ante los oficiales, pero será tarde.

ELENA: (Firme) ¡Te pido que no vuelvas a hablarme de eso! Desde que murió Nicolás, la vida perdió valor. Juré no quitarme el luto hasta la tumba. Que su sombra vea cuánto lo quería... Aunque él fuera injusto conmigo, cruel y... hasta infiel. Yo seré fiel hasta el final. Le mostraré que sigo siendo la misma que cuando él vivía.

LUCAS: En vez de hablar así, debería ir a caminar al jardín o mandar a ensillar a Toby para visitar a los vecinos.

ELENA: (Aterrada) ¡Ah! ¡Él amaba tanto a Toby! Siempre iba en él a casa de los vecinos. ¡Y cómo lo guiaba! ¿Recordás? ¡Toby, Toby! Ordená que hoy le den doble porción de avena.

LUCAS: Sí, señora. (Se oyen campanillas que llaman bruscamente a la puerta).

ELENA: ¿Quién es? ¡Decile que no recibo a nadie!

LUCAS: Enseguida, señora. (Sale).


ESCENA II

(Elena sola, frente al retrato de su esposo).

ELENA: Vas a ver, Nicolás, cómo sé querer y perdonar. Mi amor se extinguirá con mi vida. ¿No te da vergüenza? Yo, tu fiel mujercita, bajo candado... y vos... me engañabas, me hacías escenas, me dejabas sola semanas enteras...


ESCENA III

(Entra Lucas, agitado).

LUCAS: Señora, hay alguien que pregunta por usted. Dice que es urgente.

ELENA: ¿No le dijiste que no recibo a nadie desde la muerte de mi esposo?

LUCAS: Se lo dije, pero no escucha. Dice que es un asunto de suma importancia.

ELENA: ¡Dije que no re-ci-bo!

LUCAS: ¡Es un monstruo, señora! Insulta, se abalanza... ya entró al comedor.

ELENA: (Irritada) Está bien, decile que pase. ¡Qué falta de educación! ¿Por qué perturban mi paz? Tendré que recluirme en un convento... sí, un convento.


ESCENA IV

(Entra Gregorio Smirnov, seguido de Lucas).

GREGORIO: (A Lucas) ¡Estúpido, hablas demasiado! ¡Burro! (A Elena, con una reverencia tosca) Señora, tengo el honor de presentarme: teniente de artillería retirado, terrateniente Gregorio Smirnov. Me veo obligado a molestarla por un asunto de suma importancia.

ELENA: (Seca) ¿Qué desea?

GREGORIO: Su difunto esposo me quedó debiendo mil doscientos rublos por la compra de avena. Como mañana debo pagar los intereses en el Banco Agrario, necesito que me devuelva ese dinero hoy mismo.

ELENA: ¿Mil doscientos? Si Nicolás tenía esa deuda, se le pagará. Pero hoy no tengo el dinero disponible. Pasado mañana vuelve mi administrador y se le pagará. Además, hoy se cumplen siete meses de la muerte de mi esposo y no estoy en condiciones de hablar de dinero.

GREGORIO: Y yo estoy en tal estado que, si mañana no pago, ¡me embargan el campo!

ELENA: Pasado mañana recibirá su dinero.

GREGORIO: Lo necesito hoy.

ELENA: ¡Pero qué voy a hacer si hoy no tengo!

GREGORIO: ¿Es su última palabra?

ELENA: La última. Definitiva.

GREGORIO: ¡Muchas gracias! ¡Y luego quieren que conserve la sangre fría! Vengo de recorrer setenta kilómetros, de dormir en el suelo de un figón, mis deudores se esconden... ¡y usted me recibe con "estados de ánimo"! ¿Cómo no voy a enojarme?

ELENA: Fui clara: cuando regrese mi administrador, usted cobrará.

GREGORIO: ¡No vine a ver a su administrador! ¿Para qué diablos necesito yo a un administrador?

ELENA: Caballero, no estoy acostumbrada a esas expresiones ni a ese tono. No lo escucho más. (Sale rápidamente).


ESCENA V

(Gregorio solo).

GREGORIO: ¡Por favor! ¡"Estado de ánimo"! ¿Y mis acreedores? ¿Qué quieren, que escape en globo? ¡Nadie me paga porque soy un trapo! ¡Soy demasiado delicado! Pero esperen... ¡De aquí no me muevo hasta que cobre! ¡Qué rabia tengo! Me tiemblan las coyunturas. (Grita) ¡Mozo!


ESCENA VI

(Entra Lucas).

GREGORIO: ¡Traeme agua o un refresco! (Lucas sale) ¡Qué lógica de mujer! "No se siente dispuesta"... Por eso odio hablar con mujeres. Me dan escalofríos. Ver una de esas poéticas criaturas me da calambres en las pantorrillas. ¡Ganas de pedir socorro!


ESCENA VII

(Entra Lucas con agua).

LUCAS: La señora está enferma y no recibe.

GREGORIO: ¡Fuera! (Lucas sale) ¡Enferma! Me quedo aquí un año si es necesario. No me vas a conmover con tu luto y tus hoyuelos. (Hacia la ventana) ¡Fermín, desengancha! ¡Nos quedamos! Dale avena a los caballos. (Se aparta de la ventana) El calor es insoportable y tengo estas faldas negras con sus nervios. Me duele la cabeza. (Grita) ¡Mozo! ¡Traé vino! (Lucas entra, sirve y murmura; Gregorio lo calla y sigue bebiendo).


ESCENA VIII

(Elena entra con la vista baja).

ELENA: Señor, ya no soporto los gritos. Le pido categóricamente que no perturbe mi tranquilidad.

GREGORIO: Págueme y me voy.

ELENA: Ya le dije que no tengo el dinero hoy. Espere a pasado mañana.

GREGORIO: Y yo le dije que si no pago mañana, me ahorro.

ELENA: ¡Pero no tengo! ¿Qué quiere que haga?

GREGORIO: Me quedaré aquí sentado. ¿Cree que hablo en broma?

ELENA: ¡No grite! ¡Esto no es un establo!

GREGORIO: ¡Usted no sabe comportarse ante damas!

ELENA: ¡Usted es un grosero! La gente decente no habla así.

GREGORIO: ¡Ah! ¿Quiere que le hable en francés? (Sarcástico) "Madame, je vous prie...". ¡Señora, he visto más mujeres que usted gorriones! Me batí tres veces a duelo por ellas, abandoné a doce y nueve me abandonaron a mí. Fui un galán, un papagayo de la emancipación... ¡pero ya no me engañan! Ojos negros, labios rojos, suspiros... ¡ya no doy un cuarto por eso! Miras a una semidiosa y por dentro hay un cocodrilo vulgar. ¿Fieles? Solo las viejas y las feas. Es más fácil encontrar un cuervo blanco que una mujer constante.

ELENA: (Sarcástica) ¿Y el hombre es el fiel? ¡Qué novedad! Mi esposo, el "mejor de los hombres", me engañaba a cada paso. Encontré su cajón lleno de cartas de amor. Me dejaba sola, derrochaba mi dinero... ¡Y yo le fui fiel! ¡Incluso ahora, enterrada entre estas paredes!

GREGORIO: (Ríe) ¡Luto! ¡Trucos poéticos para que algún cadete pase y piense en la "misteriosa Tamara"! Se enterró viva, pero no se olvidó de empolvarse la nariz.

ELENA: (Indignada) ¿Cómo se atreve? ¡Váyase!

GREGORIO: Deme mi dinero.

ELENA: ¡No le doy ni un centavo!

GREGORIO: (Se sienta) Pues no me muevo.

ELENA: ¡Lucas! Sacá a este señor.

LUCAS: (Tímido) Señor, por favor...

GREGORIO: (Salta) ¡Te voy a hacer polvo!

LUCAS: (Se desploma) ¡Ay, me siento mal! ¡Agua!

ELENA: ¡Usted es un oso! ¡Un neandertal! ¡Un monstruo!

GREGORIO: ¿Cómo dijo? ¿Usted cree que por ser una "criatura poética" puede ofender impunemente? ¡La desafío!

ELENA: ¿A batirnos? ¡Con mucho gusto! En casa están las pistolas de mi esposo. Enseguida las traigo. ¡Qué placer meterle una bala en esa cabeza de piedra! (Sale).

GREGORIO: ¡La voy a matar como a una gallina! ¡Pero qué mujer! Enrojece, le brillan los ojos... ¡Acepta el reto! Es la primera vez que veo algo así. No es una cosa fofa; es fuego, pólvora. ¡Hasta da lástima matarla! Me gusta... ¡definitivamente me gusta!


ESCENA X

(Elena entra con las pistolas).

ELENA: Aquí están. Pero antes, enséñeme a disparar. Nunca tuve una en la mano.

LUCAS: ¡Dios mío, perdónanos! Voy por el jardinero. (Sale).

GREGORIO: (Examinándolas) Son de triple acción, magníficas. Sosténgala así... (Aparte) ¡Qué ojos tiene! Deberá levantar el gatillo, apuntar... ¡la cabeza atrás! Estire el brazo.

ELENA: Vamos al jardín. Es incómodo aquí.

GREGORIO: Vamos. Pero sepa que tiraré al aire.

ELENA: ¿Se acobardó? ¡No me quedaré tranquila hasta que le parta la cabeza!

GREGORIO: No es miedo. Es que... usted me gusta.

ELENA: (Indignada) ¿Qué le gusto? ¡Tenga la bondad de salir!

(Silencio tenso. Se miran).

GREGORIO: Escuche... ¿sigue enojada? Yo también estoy furioso, pero... ¿tengo la culpa de que me guste? Estoy casi enamorado.

ELENA: ¡Aléjese! ¡Lo detesto!

GREGORIO: ¡Qué mujer! Caí en la trampa como una laucha. Soy noble, tengo renta, buenos caballos... ¿Quiere ser mi mujer?

ELENA: ¡A batirse! ¡Lo desafío!

GREGORIO: (Se arrodilla) ¡La amo como a nadie! Abandoné a doce, pero a ninguna quise así. ¿Sí o no? (Se levanta para irse).

ELENA: Espere... No es nada. Váyase... ¡No, espere! ¡Lo detesto! No se vaya... ¡Ay, qué enojada estoy! (Tira el revólver) Esta porquería me acalambró los dedos. ¿Por qué no se va?

GREGORIO: Adiós.

ELENA: Sí, váyase... ¡Pero espere! No se acerque...

GREGORIO: (La toma por la cintura) Me enamoré como un chiquilín. Mañana tengo que pagar los intereses...

ELENA: ¡Fuera esa mano! Yo lo... detesto... lo... desafío...

(Se funden en un largo beso).


ESCENA XI

(Entra Lucas con un hacha, seguido del jardinero y el cochero. Al verlos, se detienen estupefactos).

LUCAS: ¡Dios mío!

ELENA: (Bajando los ojos, sin soltar a Gregorio) Lucas... que hoy no le den avena a Toby.

TELÓN








Otra edición:

El Oso 

Antón Chéjov


Personajes:

Elena, terrateniente
Gregorio, terrateniente
Lucas, mayordomo de Elena.


La escena transcurre en la sala de la finca de Elena.


Lucas- No está bien señora… No está haciendo más que arruinarse la vida… La
mucama y la cocinera salieron a recoger frutos silvestres. Toda criatura viviente está
alegre, hasta la gata sabe lo que es bueno; pasea por el jardín y caza pajaritos…
mientras que usted, ¡todo el día en su cuarto, como en un convento… y ningún placer!
Pero, ¡en serio, ya va para un año sin salir de la casa!
Elena- Y nunca voy a salir… ¿para qué? Mi vida ya está terminada. Él está en su tumba
y yo me enterré entre estas cuatro paredes… Ambos hemos muerto.
Lucas- ¡Así es! De verdad, mejor no la escucho… Nicolás se murió y muerto está. Es la
voluntad de dios… que en paz descanse… ya lo lloró. Ahora basta. Todo tiene su
límite…uno no anda llorando y de luto un siglo entero… Mi mujer también murió a su
tiempo… ¿y qué? Lloré un mes entero y para ella es bastante. Pero, ¿pasarse llorando
un siglo? Nadie vale tanto. Se olvidó de todos sus vecinos… No va a visitarlos, ni deja
que ellos vengan aquí. Vivimos, con perdón, como arañas, no vemos ni la luz del día,
mi libreta se la comieron las ratas… si no hubiese en los alrededores buena gente lo
comprendería, pero todo el distrito está lleno de caballeros.
Muy cerca de aquí hay un regimiento. Allí los oficiales, ¡un bomboncito puro! Uno no
se cansa de mirarlos. Y en los campamentos, todos los viernes hay baile y casi todos los
días la banda militar hace música… ¡mi señora! Joven, bella, regalando su salud…no le
falta nada para vivir a gusto… ¡Pero la belleza tampoco nos la dan para una eternidad!
Pasarán unos diez años y usted misma tendrá ganas de pasearse como un pavo real por
delante de los señores oficiales y echarles tierras a los ojos, pero… ya será tarde.
Elena- ¡Te pido el favor de no volver a hablarme nunca de esas cosas! Desde que murió
Nicolás, la vida para mi perdió todo valor. Te parece que estoy viva, pero eso es sólo lo
que te parece… juré no quitarme el luto hasta la tumba y no ver mas la luz del día…
¿Me oíste? Que su sombra vea cómo yo lo quería…Sí, sé que no es un secreto para vos
que en ocasiones él era injusto conmigo. Cruel. Y… y hasta infiel. Pero yo voy ser fiel
hasta la tumba. Y le voy a mostrar cómo sé querer. Allá verá que yo sigo siendo
exactamente la que era cuando él vivía.
Lucas- En lugar de hablar así sería mejor que vaya a pasear por el jardín, o que enviara
a ensillar a Toby y vaya a visitar a sus vecinos.
Elena- ¡Ah!
Lucas- ¡Señora, mi señora! ¿Qué le pasa? ¡Que dios la proteja!
Elena- ¡Él quería tanto a Toby! Siempre iba con él a casa de los vecinos. ¡Y qué
maravillosamente guiaba! ¿Recordas? ¡Toby, Toby! Ordena que hoy le den doble
porción de avena.
Lucas- Si, señora.
Se oyen las campanillas que llaman bruscamente.
Elena- ¿Quién es? ¡Decile que no recibo a nadie!
Lucas- Si, señora. (Sale)



II

Elena, sola

Elena- Vas a ver, Nicolas, cómo sé querer y perdonar… Mi amor se extinguirá junto
con mi vida, cuando deje de latir mi pobre corazón, ¿y no te da vergüenza? Yo, tu fiel
mujercita, me encierro bajo candado y te soy fiel hasta la tumba… y vos… ¿no te da
vergüenza? Me engañabas, me hacías escenas, me dejabas sola durante semanas
enteras…


III

Elena y Lucas


Lucas- Elena, hay alguien que pregunta por usted. Quiere verla…
Elena- ¿Pero no le dijiste que desde el día de la muerte de mi esposo no recibo a nadie?
Lucas- Se lo dije, pero él no quiere escuchar. Dice que es un asunto de mayor
importancia.
Elena- ¡Yo no re-ci-bo!
Lucas- Se lo dije, pero… ¡es un monstruo!.. Insulta y se abalanza hacia adentro… ya
está en el comedor…
Elena- Está bien. Decile que pase... ¡Qué mal educados! (Lucas sale) ¡Pero, qué cargosa
es esta gente! ¿Qué quiere de mí? ¿Por qué perturban mi tranquilidad? Parece que
tendré que recluirme en un convento (suspira); si… en un convento…


IV
Elena, Lucas y Gregorio.


Gregorio-¡Estúpido, te gusta hablar de más!..¡Burro!.. Señora, tengo el honor de
presentarme: teniente de artillería retirado, terrateniente Gregorio Smirnov. Me veo
obligado a molestarla por un asunto de mayor importancia.
Elena- (Seca) ¿Qué desea?
Gregorio- Su difunto esposo, al que tuve el honor de conocer, me quedó debiendo dos
pagarés, por mil doscientos pesos. Como mañana tengo que pagar los intereses en el
Banco Agrario, le agradecería a usted, señora, si me devolviese ese dinero hoy mismo.
Elena- ¿Mil doscientos?.. ¿Y de qué es esa suma que mi esposo le ha quedado
debiendo?
Gregorio- Me compraba la avena.
Elena- (A Lucas) Entonces, Lucas, no olvides decir que le den a Toby doble porción de
avena. (Lucas sale) (A Gregorio) Si Nicolás tenía una deuda con usted, ni qué decir
tiene que yo le pagaré; pero, perdóneme, hoy no tengo el dinero disponible. Pasado
mañana volverá de la ciudad mi administrador y ordenaré que se le sea pagado lo que se
le debe; pero mientras tanto no puedo complacerle… Además, hoy se cumplen siete
meses de la muerte de mi esposo y estoy en tal estado de ánimo que no me siento
dispuesta para ocuparme de asuntos de dinero.
Gregorio- Y yo ahora estoy en tal estado de ánimo que si mañana no pago los intereses,
tendré que salir volando ¡Me van a embargar mi campo!
Elena- Pasado mañana recibirá su dinero.
Gregorio- Necesito el dinero hoy, no pasado mañana.
Elena- Perdóneme; hoy no puedo pagarle.
Gregorio- Y yo no puedo esperar hasta pasado mañana.
Elena- Pero, ¡Qué voy a hacer si hoy no tengo!
Gregorio- ¿Entonces no puede pagar?
Elena-No puedo…
Gregorio- ¡Humm!.. ¿Es su última palabra?
Elena- La ultima.
Gregorio-¿Definitivamente?
Elena-Definitiva.
Gregorio- Muchas gracias, entonces ¡Después quieren que yo conserve sangre fría!
Acabo de encontrarme en el camino con el recaudador fiscal, quien me preguntó: “Pero,
¿por qué está usted siempre enojado, Gregorio Smirnov?”. Dígame, por favor, ¿Cómo
no me voy a enojar? Necesito ese dinero a muerte… ayer salí de mi casa apenas
amaneció, visité a todos mis deudores, ¡y no hubo uno que pagara su cuenta! Me cansé
como un perro. Tuve que dormir quién sabe dónde, en el figón de un judío, al lado de un
barril de vino…Por fin, después de hacer setenta kilómetros llego aquí, esperando
cobrar, ¡y me recibe con estados de ánimo! ¿Cómo no voy a enojarme?
Elena- Me parece que lo dije bien claro: en cuento mi administrador regrese de la
ciudad, usted cobrará.
Gregorio- ¡No vine a ver a su administrador, sino a usted! ¿Para qué diablos, con perdón
de la palabra, necesito yo a su administrador?
Elena- Perdóneme, caballero no estoy acostumbrada a esa insólita expresiones ni a ese
tono. No lo escucho más. (Sale rápidamente)


V
Gregorio, solo

Gregorio- ¡Por favor! ¡Estado de ánimo!..¡Hace siete meses que murió su marido! Pero
yo, ¿Tengo que pagar los intereses o no? El administrador se fue a quién sabe dónde,
pero, ¿Qué quiere que haga? ¿Escapar de mis acreedores volando en globos? ¿O salir
corriendo y estrellarme la cabeza contra la pared? Voy a ver a Lopez, no está en casa.
Martínez se esconde. Walger está enferma de cólera. Y ésta… ¡el estado de ánimo! ¡Ni
un solo canalla me paga y todo porque los mimé demasiado, porque soy un trapo! ¡Soy
demasiado delicado con ellos! Pero esperen, ¡ya van a ver quién soy! ¡No voy a permitir
que se juegue conmigo! ¡De aquí no me muevo hasta que no me pague! ¡Brrr!.. ¡Qué
enojado que estoy! ¡De la ira me tiemblan las coyunturas y se me corta la
respiración!..¡Uff, dios mío, hasta dan vértigos! ¡Mozo!




VI
Gregorio y Lucas


Lucas- (Entrando) ¿Qué quiere?
Gregorio-¡Traeme un refresco o agua! (Lucas sale) Pero, ¡Que lógica! Uno necesita el
dinero, está por ahorcarse, y ella no paga porque, fíjense, “no se siente dispuesta a
ocuparse de asuntos de dinero…” ¡Una verdadera lógica de mujer, lógica de faldas!
Justamente por eso nunca me gustó ni me gustará hablar con mujeres. A tal punto me
enfurecen esas faldas, me dan escalofríos. Me basta ver de lejos a una de esas poéticas
criaturas para que de rabia me den calambres en las pantorrillas. Soy capaz de ponerme
a gritar y pedir socorro…



VII
Gregorio y Lucas.


Lucas- (Entra con un vaso de agua) La señora está enferma y no recibe.
Gregorio-¡Fuera! (Lucas sale) ¡Esta enferma y no recibe! Ni falta que hace…Aquí me
quedo sentado hasta que me devuelva el dinero. ¿Vas a estar enferma una semana? Me
quedo una semana… ¿Vas a estar enferma un año? Me quedo un año…Cobraré lo mío,
queridita…No me vas a conmover con el luto y con los hoyuelos en las mejillas…
(Grita, a la ventana) ¡Fermín, desengancha, por ahora no nos vamos! ¡Me quedo!
Deciles en el establo que le den avena a los caballos. ¡Animal, otra vez el de la
izquierda se te enredó con la rienda! “No es nada…” ¡Te voy a dar, no es nada! (se
aparta de la ventana) El calor es insoportable, nadie paga, pasé una mala noche y ahora,
para colmo, ¡esas faldas negras con sus estados de ánimo! Me duele la cabeza… ¿Qué
hago, tomo vino? A lo mejor… (Grita.) ¡Mozo!
Lucas- (Entrando) ¿Qué quiere?
Gregorio- Dame una copita de vino. (Lucas sale.) ¡Uff! ¡Esto sí que se llama figura!
Todo lleno de polvo, Las botas sucias, sin lavar y sin peinar… A lo mejor esa señora me
tomó por un delincuente…Es un poquito falto de educación presentarse así en una
sala… Pero no me importa… No estoy aquí en calidad de visitante, sino de acreedor, y
para los acreedores el traje no está prescrito…
Lucas- (entra y sirve vino) Es demasiado lo que usted se permite, señor…
Gregorio- ¿Qué?
Lucas- Yo… nada…en realidad…
Gregorio-¿Con quién estás hablando? ¡Te callas!
Lucas- (Para si) ¡Nos cayó el diablo!.. ¡Qué desgracia lo ha traído! (Sale.)
Gregorio- ¡Ay, que enojado estoy! ¡Tan enojado que me parece que podría reducir a
polvo el mundo entero!.. ¡Hasta me dan vértigo!.. (Grita) ¡Mozo!


VIII
Elena y Gregorio.

Elena- (Entra con la vista baja) Distinguido señor, en mi soledad ya hace tiempo que me
he desacostumbrado a oír la voz humana, y no soporto los gritos. Le pido
categóricamente que no perturbe mi tranquilidad.
Gregorio- Págueme mi dinero y me voy.
Elena- Ya le dije en castellano que ahora no tengo el dinero disponible. Espere hasta
pasado mañana.
Gregorio- Y yo también le dije en castellano que necesito dinero, no pasado mañana,
hoy. Si no me paga hoy, mañana tendré que ahorcarme.
Elena- Pero, ¿Qué voy a hacer si no tengo dinero? ¡Qué cosa!
Gregorio- ¿Entonces no me pagará ahora? ¿No?
Elena- No puedo.
Gregorio- En ese caso me quedaré aquí sentado hasta que cobre… ¿Me va a pagar
pasado mañana? ¡Excelente! Me quedaré así sentado hasta pasado mañana. ¡Así,
sentado!..Yo le pregunto: ¿tengo que pagar mañana los intereses o no?.. ¿O usted cree
que estoy hablando en broma?
Elena- ¡Distinguido señor, le pido que no grite! ¡Esto no es un establo!
Gregorio- Yo no le pregunto sobre establos, sino si tengo que pagar mañana los
intereses o no.
Elena- ¡Usted no sabe comportarse delante de damas!
Gregorio- ¡Si que sé comportarme delante de damas!
Elena- ¡No, no sabe! ¡Usted es un mal educado! La gente decente no habla en esa forma
con una dama.
Gregorio-¡Ah, qué cosa! ¿Cómo quiere que le hable, entonces? ¿En Francés o qué?
Madame, je vous prie…” ¡Que feliz me siento de que usted no me pague!.. ¡Ah,
perdón por haberla molestado!.. ¡Qué lindo tiempo el de hoy! ¡Ese luto le queda tan
bien!
Elena- No tiene ninguna gracia y es grosero.
Gregorio- “¡No tiene ninguna gracia y es grosero!” ¡No sé comportarme delante de
damas! Señora, vi más mujeres en mi vida que usted gorriones ¡Tres veces me batí a
duelo por mujeres! ¡A doce abandoné! ¡Nueve me abandonaron a mí! ¡Ni más ni
menos! Hubo una época en que era un galán, era pura miel, salían perlas de mi boca, les
hacia reverencias, amaba, sufría, suspiraba mirando la luna, me derretía, me quedaba
helado… Amaba con pasión, rabiosamente, en todas las formas, ¡que el diablo me lleve!
Parloteaba como un papagayo sobre la emancipación femenina, dilapidé media fortuna a
causa de mis tiernos sentimientos, pero ahora… “su humilde servidor”… ¡Ahora no me
van a engañar! ¡Basta! Ojos negros, ojos apasionados, labios rojos, hoyuelos en las
mejillas, la luna, el murmullo…tímidos suspiros... por todo esto, señora mía, ¡ya no doy
ni un cuarto! No me refiero a los presentes, pero todas las mujeres sin excepción son
unas remilgadas, unas chistosas, unas rencorosas, mentirosas hasta la médula
mezquinas, malas, de lógica irritante, y, en lo que respecta esto, ( Señala su cabeza),
perdóneme la franqueza, cualquier gorrión puede darle puntos de ventaja al mejor
filosofo con faldas. Contemplando a una de esas poéticas criaturas:
gasa…éter…semidiosa… un millón de encantos… Pero, al mirar el alma, un cocodrilo
vulgar y silvestre. ¡Lo más indignante de todo es que este cocodrilo, vaya a saber a
saber por qué, se imagina que es un chef d`oeuvre, que las emociones tiernas son su
privilegio y monopolios! ¡Pero, qué diablos, que me cuelguen de un clavo cabeza abajo
si la mujer sabe querer a alguien, aparte de a sus perritos falderos! ¡En el amor no sabe
hacer otra cosa que llorisquear y quejarse! ¡Allá en donde el hombre sufre y se sacrifica,
todo el amor de ella se expresa solamente en el menearse de la cola de su vestido y en
cómo trata de atraparnos por la nariz lo más fuerte que puede! Usted tiene la desgracia
de ser una mujer, de modo que ¿ha visto alguna vez en su vida una mujer que sea
sincera, fiel y constante? ¡No, no la ha visto! Fieles y constantes, solo son las viejas y
las feas. Más fácil le será encontrar una gata con cuernos o un cuervo blanco, que una
mujer constante.
Elena- Permítame. Entonces, según su criterio, ¿Quién es fiel y constante en el amor?
¿El hombre?
Gregorio- ¡Claro que el hombre!
Elena- ¡El hombre! (Con risa sarcástica) ¡El hombre, fiel y constante en el amor! ¡Qué
novedad! Pero, ¿Qué derecho tiene usted a decir semejante cosa? ¡Los hombres, fieles y
constantes! Ya que estamos en eso, le diré que de todos los hombres que conocí y
conozco, el mejor de todos era mi difunto esposo… Lo quería apasionadamente, con
todo mi ser, como solo puede querer una mujer joven e inteligente; le di mi felicidad, mi
juventud, mi vida, toda mi fortuna…Respiraba con él, lo hice mi dios, como una
esclava, y…y, ¿qué? Él, el mejor de los hombres, me engañaba a cada paso en la forma
más vergonzosa. Después de su muerte encontré en su escritorio un cajón lleno de cartas
de amor, y durante su vida… Me da horror el solo recordarlo… Me dejaba sola durante
semanas enteras, les hacia la corte a otras mujeres ante mis ojos, me engañaba,
derrochaba mi dinero, se reía de mis sentimientos…Y, a pesar de todo eso, yo lo quería
y le era fiel…Más aún: él murió, pero todavía le soy fiel y constante. Me enterré para
siempre entre cuatro paredes y no me quitaré el luto hasta la tumba…
Gregorio- (Con risa despectiva) ¡Luto!.. No sé por quién me toma usted. ¡Como si yo no
supiera por qué usa usted ese dominó negro y se entierra entre cuatro paredes! Pero,
claro, ¡es tan misterioso, tan poético! Pasará por su finca algún cadete o poeta, mirará la
ventana y pensará: “Acá vive la misteriosa Tamara, que por amor a su esposo se enterró
entre cuatro paredes” ¡Ya conocemos esos trucos!
Elena- ¿Qué? ¿Cómo se atreve usted a decirme eso?
Gregorio- Usted se enterró viva y sin embargo no se olvido de empolvarse.
Elena- Pero, ¿Cómo se atreve usted a hablarme en esa forma?
Gregorio- No grite, por favor. No soy su administrador. Permítame llamar las cosas por
su nombre. No soy mujer y estoy acostumbrado a decir mis opiniones sin rodeos… ¡Así
que no grite!
Elena- Yo no grito. ¡Usted es el que grita! Haga el favor de dejarme en paz.
Gregorio- Deme mi dinero y me voy
Elena- No se lo doy
Gregorio- Sí que me lo dará.
Elena- Bueno, para que se enoje, no recibirá ni un centavo. Puede dejarme en paz.
Gregorio- No tengo el placer de ser su esposo o su novio. Así que, por favor no me
hagas escenas (Se sienta). No me gusta.
Elena-¿Se sienta usted?
Gregorio-Si, me siento.
Elena-¡Le pido que se retire!
Gregorio- Devuélvame el dinero… (Para sí mismo) ¡Uff, que enojado estoy, qué
furioso!
Elena- ¡No quiero hablar con descarados! ¡Salga! (Pausa) ¿No se va?... ¿No?
Gregorio- No.
Elena- (Llamando) ¡Lucas! (Este entra) Haga salir al señor
Lucas- (Se acerca a Gregorio) Señor, haga el favor de marcharse cuando se lo piden.
Aquí no tiene nada que…
Gregorio- (Salta) ¡Callate! ¿Con quién estás hablando? ¡Te voy a hacer polvo!
Lucas- ¡Dios mío y todos los santos! (Se desploma en un sillón) ¡Ay, me siento mal,
mal! ¡Se me corta la respiración!
Elena - Pero, ¿donde está Rosa? ¡Rosa! ¡Rosa!
Lucas- Todos se fueron a buscar frutos silvestres…No hay nadie en la casa… Me siento
mal...Agua…
Elena- (A Gregorio) ¡Salga inmediatamente!
Gregorio- ¿No querría usted ser mas cortés?
Elena- ¡Usted es un Homo Sapiens, un neandertal, un oso bruto, un monstruo!
Gregorio- ¿Cómo? ¿Qué dijo?
Elena- ¡Dije que usted es un oso, un monstruo!
Gregorio- ¡Permítame! ¿Qué derecho tiene usted a ofenderme?
Elena- Sí, lo ofendo… ¿y qué? ¿Cree que le tengo miedo?
Gregorio- ¿Y usted cree que por el hecho de ser una “criatura poética” tiene derecho a
ofender impunemente? ¿Si, eh? ¡La desafío…
Lucas- ¡Padre mío y todos los santos!... ¡Agua!
Gregorio- …a batirnos!
Elena- ¿Porque usted tiene puños fuertes y los pulmones de un toro cree que le tengo
miedo? ¿Eh? ¡Monstruo!
Gregorio- ¡En guardia! No permito que nadie me ofenda, y me tiene sin cuidado que
usted sea una mujer, un ser débil.
Elena- (Tratando de cubrir los gritos de él con los suyos) ¡Oso, oso, oso!
Gregorio- ¡Ya es tiempo de deshacerse de esos prejuicios de que solo los hombres están
obligados a pagar por sus ofensas! Si hay igualdad de derechos, hay igualdad de
deberes. ¡La desafío, en guardia!
Elena- ¿Quiere que nos batamos? ¡Con mucho gusto!
Gregorio- ¡Ahora mismo!
Elena- ¡Ahora mismo! En casa quedaron las pistolas de mi esposo… Enseguida las
traigo (Va a salir apresuradamente y se detiene) ¡Con qué placer meteré una bala en su
cabeza de piedra! (Sale)
Gregorio- ¡La voy a matar como a una gallina! ¡No soy un chico ni un cachorro
sentimental! ¡Para mí no existen criaturas débiles!
Lucas- ¡Señor mío!.. (Se arrodilla) ¡Hágame el favor, tenga piedad de mí! ¡Váyase!
¡Me asustó a muerte y ahora encima quiere batirse!
Gregorio- (Sin escucharlo) ¡Batirse! ¡Esto sí que es la igualdad, la emancipación! ¡Aquí
los dos sexos son iguales! ¡La voy matar por principio! Pero, ¡Que mujer! (Imitándola)
¡Meteré una bala en su cabeza de piedras!..” ¡Que mujer! ¡Enrojece, los ojos le
brillan!... “Acepto el reto” ¡Palabra de honor, la primera vez en mi vida que veo una
mujer así!
Lucas- ¡Señor mío, váyase y rezaré por usted eternamente!
Gregorio- ¡Esta sí que es una mujer! ¡Esto sí que lo entiendo! ¡Una verdadera mujer!
¡No es una cosa fofa, sino fuego, pólvora, cohete! ¡Hasta da lástima matarla!
Lucas- ¡Señor, padre santo, váyase!
Gregorio- Decididamente me gusta. ¡Definitivamente aunque tenga hoyuelos en las
mejillas, me gusta. Sería capaz de perdonarle le deuda… Y hasta la rabia se me apagó…
¡Estupenda mujer!



X
Los mismos y Elena.

Elena- (Entra con las pistolas) Aquí están las pistolas… Pero antes de batirnos, tiene
que enseñarme a disparar. Nunca en mi vida tuve una en la mano.
Lucas- ¡Dios mío, sálvanos y perdónanos!... Voy a buscar al jardinero y al cochero…
¡De donde nos cayó esta desgracia! (sale.)
Gregorio- (Examinando las pistolas) Mire…Existen varias clases de pistolas… Las que
tiene usted son de triple acción, magnificas... ¡Cuestan por lo menos noventa pesos el
par! Deberá sostenerla así… (Aparte) ¡Que ojos, que ojos! ¡Es una mujer incendiaria!
Elena- ¿Así?
Gregorio- Si, así… Después usted levanta el gatillo… apunta así… ¡La cabeza un poco
para atrás! Estira bien la mano… Pero lo principal es no ponerse nerviosa y apuntar sin
apuro… Trate de que la mano no tiemble…
Elena- Bien… Es incomodo batirse dentro de la habitación. Vayamos al jardín.
Gregorio- Vamos. Pero sepa que tirare al aire.
Elena- ¡Lo único que faltaba! ¿Por qué?
Gregorio- ¿Por qué?...Porque… ¡Es asunto mío!
Elena-. Se acobardó, ¿no? ¡Aaah! ¡No, señor mío, no ande dando vueltas! ¡Ahora
sígame! No me quedaré tranquila hasta que le parta la cabeza… ¡Esa cabeza que odio
tanto! ¿Se acobardó?
Gregorio- Si.
Elena- ¡Miente! ¿Por qué no quiere batirse?
Gregorio- Porque… Porque usted me gusta
Elena- ¡Que yo le gusto! ¡Y se atreve a decir que le gusto! (Señala la puerta) Tenga la
bondad.
(Gregorio deja la pistola sobre la mesa, toma su sombrero e inicia el mutis; en la puerta
se detiene. Durante medio minuto ambos guardan silencio, mirándose el uno al otro;
después, con paso indeciso, se acerca hacia Elena)
Gregorio- Escuche… ¿Está usted enojada todavía?.. Yo también estoy diabólicamente
furioso; pero comprenda… no sé cómo expresarlo…El caso es que… vea… es una
historia, por decirlo así… (Grita) ¿Tengo yo la culpa de que usted me guste?.. Usted me
gusta Yo… yo estoy casi enamorado.
Elena- Aléjese de mí. ¡Lo detesto!
Gregorio- ¡Dios mío, qué mujer! ¡Nunca en mi vida vi algo parecido! Soy un hombre
perdido, aniquilado. Caí en la trampa como una laucha.
Elena- ¡Apártese o tiro!
Gregorio- ¡Tire! ¡Usted no puede saber que dicha será morir bajo la mirada de esos
divinos ojos, morir de una bala disparada por esa aterciopelada manito!... ¡Me volví
loco! ¡Piénselo y decídase enseguida, porque si salgo de aquí no nos veremos nunca
más! ¡Decídase!... soy noble, un hombre decente, tengo una renta anual de diez mil
pesos, mis caballos son excelentes… ¿quiere ser mi mujer?
Elena- (Indignada, agita la pistola) ¡A batirse! ¡Lo desafío!
Gregorio- Me volví loco… No entiendo nada… (Grita) ¡Mozo, agua!
Elena- (grita) ¡En guardia!
Gregorio- ¡Enloquecí, me enamoré como un chico! (oprime la mano de ella, que grita de
dolor) ¡Yo la amo! (Se arrodilla) ¡La amo como amé a nadie! ¡Abandoné a doce
mujeres, nueve me abandonaron a mí, pero a ninguna quise tanto como a usted!... Perdí
el orgullo… ¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza! Hace cinco años que no me enamoro.
Lo había jurado. Y de pronto me enamoro como un cretino… Yo pidiendo su mano (A
ella) ¿Sí o no? ¿No quiere?... ¡No importa! (Se levanta y va rápidamente hacia la
puerta).
Elena- Espere…
Gregorio- (Se detiene) ¿Y?
Elena- No es nada. Váyase… Pero, espere… ¡No váyase, váyase! ¡Lo detesto! No… No
se vaya… ¡Ah, si usted supiera que enojada estoy. (Tira el revólver sobre la mesa) Esta
porquería me acalambró los dedos ¡Por qué no se va? ¡Fuera!
Gregorio- Adiós.
Elena- Si, si, váyase… (Grita) Pero, ¿adónde va? ¡Espere! Será mejor que se vaya. ¡Ah,
que rabiosa que estoy! No se acerque, no se acerque… ¡Retírese!
Gregorio- Me siento furioso conmigo mismo… Haberme enamorado como un chiquilín.
Se me puso la piel de gallina. (Brutalmente) ¡La amo! ¿Por qué me habré enamorado de
usted? Mañana tengo que pagar los intereses (La toma por la cintura) No me lo voy a
perdonar nunca.
Elena- ¡Fuera esa mano! Yo lo… detesto ¡Lo… desafío! (largo beso)


XI
Los mismos y Lucas.


Lucas- ¡Dios mío!
Elena- (Bajando los ojos) Lucas, que hoy no le den avena a Toby.



TELON