El pájaro
azul
(Versión editada)
El Pájaro Azul (1908), de Maurice Maeterlinck, no es solo una obra de teatro infantil; es una de las piezas más profundas del simbolismo universal.
🎭 Introducción: La Búsqueda de lo Invisible
El Pájaro Azul es una fábula filosófica que nos invita a mirar más allá de lo evidente. Maeterlinck, ganador del Premio Nobel, escribió esta obra para recordarnos que los seres humanos vivimos rodeados de maravillas que no vemos porque tenemos "el alma dormida".
Acompañar a Tyltyl y Mytyl es, en realidad, acompañarnos a nosotros mismos en la búsqueda de la Felicidad (el Pájaro Azul). Lo fascinante es que la obra no termina con la captura del pájaro, sino con una lección sobre la generosidad y el presente.
✨ El Diccionario de los Símbolos
Para entender esta obra a fondo, hay que leer entre líneas. Aquí están los símbolos clave:
1. El Pájaro Azul (La Felicidad/La Verdad)
Es el símbolo central. Representa algo inalcanzable si se busca por egoísmo.
Dato curioso: Cada vez que los niños atrapan un pájaro en sus viajes (en el Pasado o en la Noche), este muere o cambia de color. Esto significa que la felicidad no puede ser "atrapada" ni forzada; solo existe cuando es libre y auténtica.
2. El Diamante (La Percepción del Alma)
Es el regalo del Hada. Al girarlo, Tyltyl puede ver "el alma de las cosas".
Simboliza la iluminación espiritual. Nos dice que todo —el pan, el agua, el fuego— tiene una esencia viva. El mundo no es aburrido; nosotros somos los que a veces no sabemos mirar.
3. El Perro y la Gata (Lealtad vs. Misterio)
Son la personificación de nuestra relación con la naturaleza:
El Perro (Tylo): Representa la lealtad ciega y el amor incondicional. Es el único que no necesita el diamante para amar al hombre.
La Gata (Tylita): Representa el lado salvaje, independiente y conspirador de la naturaleza. Ella teme que el hombre lo sepa todo porque perdería su libertad.
4. La Luz
Es la guía. No es solo "iluminación física", sino sabiduría. Es la única que acompaña a los niños hasta el final porque la búsqueda de la verdad siempre debe estar guiada por la claridad mental.
🧠 Tres Grandes Lecciones Filosóficas
El País del Recuerdo: Maeterlinck nos dice que "los muertos no mueren" mientras alguien piense en ellos. La memoria es un puente vivo, no un cementerio.
El Reino del Porvenir: Una visión poética de la preexistencia. Todos venimos al mundo con una misión (un invento, un pensamiento, incluso una enfermedad). Nadie nace "vacío".
El Final en la Cabaña: Es el golpe de gracia de la obra. El Pájaro Azul siempre estuvo en la jaula de su casa, pero solo pudieron verlo después de haber recorrido el mundo. La felicidad es una cuestión de perspectiva, no de distancia.
🕯️ Mi "toque personal" sobre la obra
Lo que más me gusta de este texto es que trata al público (especialmente a los niños) con una inteligencia asombrosa. No les oculta que existe la Muerte, la Enfermedad o la Guerra (todas encerradas en el Palacio de la Noche), pero les enseña que la Luz y el Amor Materno son fuerzas mucho más poderosas.
Es una obra que te deja con una sensación de paz, recordándote que, si hoy te sientes un poco triste, quizás solo necesitas "girar el diamante" y ver el azul en las cosas pequeñas de tu casa.
PERSONAJES
(Dramatis Personae)
Los Protagonistas (Los Niños)
Tyltyl: El niño, valiente y buscador.
Mytyl: Su hermana pequeña.
La Familia
La Madre Tyl.
El Padre Tyl.
La Abuela Tyl y El Abuelo Tyl (En el País del Recuerdo).
Los Hermanos fallecidos: Pierrot, Roberto, Juanita, Magdalena y Paulina.
Los Acompañantes (Objetos, Animales y Elementos)
La Luz: Guía espiritual de los niños.
El Perro (Tylo): La lealtad absoluta.
La Gata (Tylita): El misterio y la traición.
El Pan: Personificado como un hombre obeso y servil.
El Azúcar: Un ser empalagoso y diplomático.
El Fuego: Espíritu voluble y colérico.
El Agua: Espíritu llorón y desgreñado.
La Leche: Espíritu tímido y blanco.
Entidades Mágicas y Cósmicas
El Hada Beryluna: (Que también es la Vecina Berlingot).
La Noche: Guardiana de los secretos y los males.
El Sueño y La Muerte: Los hijos de la Noche.
El Tiempo: El anciano guardián del umbral del Porvenir.
El Reino del Porvenir (Niños Azules)
El Hermanito por nacer: Futuro hermano de Tyltyl.
El Rey de los Nueve Planetas.
Los Enamorados: Un niño y una niña que no quieren separarse.
Niños Azules (1° al 10°): Inventores y futuros hombres.
Los Guardianes: Figuras angélicas del palacio.
Las Dichas y Alegrías
El Amor Materno: La más bella de las alegrías.
Las Grandes Alegrías: Ser Justo, Ser Bueno, El Trabajo Concluido, Pensar, Comprender y Amar.
Las Dichas de la Casa: La Salud, El Aire Puro, Amar a los padres, Correr descalzo por el rocío.
Los Más Groseros Goces: Ser Rico, Ser Propietario, La Vanidad Satisfecha, Beber sin sed, Comer sin hambre, No Saber Nada, No Hacer Nada.
El Mundo Real
La Niñita de la Vecina: (La que se cura gracias al pájaro).
ACTO I
CUADRO PRIMERO: LA CABAÑA DEL LEÑADOR
Escenario: El interior de una cabaña de leñador; sencilla y rústica, pero no miserable. En la chimenea de consola languidece un fuego de astillas. Se ven utensilios de cocina, un armario, una artesa, un reloj de péndulo, ruecas y una fuente. Sobre la mesa, una lámpara encendida.
Al pie del armario, a cada lado, duermen acurrucados un Perro y una Gata con el hocico bajo la cola. Entre ellos resalta un gran pilón de azúcar envuelto en papel blanco y azul. En el muro cuelga una jaula redonda con un pájaro dentro. Al fondo, dos ventanas con postigos cerrados; al pie de una de ellas, un escabel. A la izquierda, la puerta de entrada con una gruesa aldaba; a la derecha, otra puerta y la escala que sube al granero. También a la derecha hay dos camitas de niño con ropa cuidadosamente doblada sobre sillas a la cabecera.
(Al levantarse el telón, Tyltyl y Mytyl duermen profundamente. La Madre Tyl los arropa por última vez, contempla su sueño y hace una señal de silencio al Padre Tyl, que asoma la cabeza por la puerta. Ella apaga la lámpara y salen de puntillas. La escena queda a oscuras un instante hasta que una luz suave comienza a filtrarse por las rendijas de los postigos. De pronto, la lámpara de la mesa se enciende sola. Los niños despiertan y se incorporan en sus camas).
Tyltyl: ¿Mytyl?
Mytyl: ¿Tyltyl?... Dime, ¿ya es Nochebuena?
Tyltyl: Todavía no, es mañana. Pero el Niño no traerá nada este año.
Mytyl: ¿Por qué?
Tyltyl: Oí a mamá decir que esta noche solo irá a casa de los niños ricos.
Mytyl: ¡Oh!
Tyltyl: ¡Bah! Mamá olvidó la lámpara... Tengo una idea: ¡vamos a levantarnos!
Mytyl: Pero está prohibido...
Tyltyl: No hay nadie, no pasará nada. (Se acerca a la ventana).
Mytyl: ¿Qué es eso que brilla tanto?
Tyltyl: Son las luces de la fiesta.
Mytyl: ¿Qué fiesta?
Tyltyl: La de enfrente, en la casa de los niños ricos. Es el árbol de Nochebuena. ¡Vamos a abrir la ventana!
Mytyl: ¿De verdad podemos?
Tyltyl: ¿Escuchas la música?
(Los niños corren a la ventana, trepan al escabel y empujan los postigos. Una claridad vibrante inunda la habitación. Miran hacia afuera con fascinación).
Tyltyl: ¡Se ve todo!
Mytyl: (Apretujándose en el escabel) ¡Yo no veo nada!
Tyltyl: ¡Está nevando!... ¡Mira, allí hay dos coches de seis caballos! (Le hace un huequito).
Mytyl: ¿Qué hacen? ¿Por qué hacen tanto ruido?
Tyltyl: ¡Es la música!
Mytyl: ¿Y qué es eso que cuelga de las ramas? Parece oro...
Tyltyl: ¡Son los juguetes! Sables, fusiles, soldados...
Mytyl: ¿Y muñecas? Dime, ¿no hay muñecas?
Tyltyl: Eso es una tontería, no les divierte.
Mytyl: ¿Y qué es todo eso que hay alrededor de la mesa?
Tyltyl: Pasteles, frutas, tartas de crema...
Mytyl: De eso comí yo una vez, cuando era chiquita.
Tyltyl: Yo también. Es mejor que el pan, pero casi nunca nos dan.
Mytyl: ¡La mesa está llena! ¿Por qué no se lo comen ya?
Tyltyl: Porque no tienen hambre.
Mytyl: (Estupefacta) ¿Qué no tienen hambre? ¿Cómo es posible?
Tyltyl: Porque comen cuando quieren.
Mytyl: (Incrédula) ¿Todos los días?
Tyltyl: Eso dicen.
Mytyl: ¿Se lo comerán todo? ¿No nos darán nada?
Tyltyl: ¿A quién?
Mytyl: A nosotros.
Tyltyl: No nos conocen.
Mytyl: ¿Y si se lo pedimos?
Tyltyl: No se puede, está prohibido... ¡Mira! ¡Ya les dan los pasteles! ¡Los están tocando! ¡Comen, comen, comen!
Mytyl: (Contando pasteles imaginarios) ¡A mí me han dado doce!
Tyltyl: ¡Pues a mí cuatro veces doce! Pero voy a darte algunos...
(De pronto, tocan a la puerta. Tyltyl se asusta).
Tyltyl: ¿Qué es eso?
Mytyl: (Aterrada) ¡Es papá!
(La aldaba se levanta sola con un chirrido. La puerta se entorna y aparece una Viejecita vestida de verde con caperuza roja. Es jorobada, coja y tuerta; su nariz y mentón casi se tocan mientras se apoya en un bastón. Es, sin duda, un Hada).
El Hada: ¿Tienen aquí al Pájaro Azul?
Mytyl: Tyltyl tiene un pájaro.
Tyltyl: Pero no puedo darlo.
El Hada: ¿Por qué?
Tyltyl: Porque es mío.
El Hada: Ciertamente, es una razón. ¿Dónde está? (Tyltyl le señala la jaula. El Hada se pone las gafas). No me gusta; no es lo bastante azul. Tendrán que ir a buscarme el que necesito.
Tyltyl: Pero yo no sé dónde está.
El Hada: Yo tampoco. Por eso hay que buscarlo. Es para mi nieta, que está muy enferma.
Tyltyl: ¿Qué tiene?
El Hada: No se sabe con certeza; simplemente quiere ser dichosa.
Tyltyl: ¡Ah!...
El Hada: ¿Saben quién soy yo?
Tyltyl: Te pareces un poco a la vecina, Madame Berlingot...
El Hada: (Irritada) ¡De ningún modo! No hay relación alguna... ¡Qué abominable comparación! Soy el Hada Beryluna. No perdamos tiempo, deben partir enseguida.
Tyltyl: ¿Vendrás con nosotros?
El Hada: Imposible, dejé la olla de frijoles en el fuego. Vístanse rápido... (Los niños obedecen con torpeza). Ayudaré a Mytyl.
Tyltyl: No tenemos zapatos.
El Hada: No importa. Les daré un sombrero maravilloso. ¿Dónde están sus padres?
Tyltyl: (Señalando la puerta) Allí, durmiendo.
El Hada: ¿Qué hacían antes de que yo llamara?
Tyltyl: Jugábamos a comer pasteles.
El Hada: ¿Tienen pasteles? ¿Dónde? (Mira hacia la ventana). ¡Pero si son los otros los que comen!
Tyltyl: Sí, pero como uno lo ve todo...
El Hada: ¿No les tienes envidia?
Tyltyl: ¿Por qué?
El Hada: Porque se lo comen todo y no te dan nada.
Tyltyl: No, porque ellos son ricos... ¡Es tan lindo en su casa!
El Hada: No es más bonito que en la tuya.
Tyltyl: ¡Uh! Aquí es oscuro, pequeño y no hay pasteles.
El Hada: ¿Cómo me ves tú? (Tyltyl calla). ¿Soy bonita o fea? ¿Joven o vieja? ¿Tengo la nariz ganchuda y me falta un ojo?
Tyltyl: ¿Quién se lo sacó?
El Hada: (Indignada) ¡No me falta nada! ¡Insolente! Es más hermoso que el otro: grande, claro y azul como el cielo. Es curioso lo que pasa con los humanos... desde que las hadas murieron, ya no ven nada y ni siquiera lo sospechan.
(Saca un sombrerito verde con un diamante).
Tyltyl: ¡Oh! ¡Qué lindo sombrero! ¿Qué es eso que brilla?
El Hada: Es el Gran Diamante que permite ver. Al girarlo de derecha a izquierda, se ve el alma de las cosas: la del pan, del vino, del azúcar... Si le das otra vuelta, ves el Pasado; y con una más, el Porvenir. Es práctico, silencioso y maravilloso.
Tyltyl: Papá me lo quitará.
El Hada: No podrá verlo mientras esté en tu cabeza. ¿Quieres probar?
(Le pone el sombrero).
El Hada: Ahora, gira el diamante...
(En cuanto Tyltyl gira el diamante, ocurre una transformación prodigiosa. El Hada se convierte en una joven y bella princesa. Los muros de la cabaña brillan como zafiros transparentes; los muebles resplandecen; la mesa de madera parece de mármol y el reloj sonríe mientras suena una música celestial. De la artesa escapan las Almas de los Panes —hombrecillos empolvados de harina— mientras el Fuego, un ser vestido de bermellón y azufre, sale del hogar riendo a carcajadas).
Tyltyl: ¿Quiénes son ellos?
El Hada: Las Almas de los Panes.
Tyltyl: ¿Y ese que huele tan mal?
El Hada: ¡Chitón! Es el Fuego, y tiene muy mal genio.
(De pronto, el Perro y la Gata se transforman en humanos con máscaras de sus respectivos animales. El Perro se abalanza sobre Tyltyl con alegría desenfrenada, mientras la Gata se acicala con elegancia antes de acercarse a Mytyl).
El Perro: ¡Amo mío! ¡Al fin puedo hablar! ¡Te amo, te amo! ¿Quieres que haga un truco?
Tyltyl: ¡Tylo!
La Gata: (Con elegancia) Buenos días, señorita. Qué encantadora está usted hoy.
Mytyl: Buenos días, Doña Tylita. (La abraza).
(La transformación sigue: la Fuente canta y de ella surge el Alma del Agua, una joven de cabellos desgreñados que empieza a pelear con el Fuego. El pilón de azúcar crece y se convierte en un ser empalagoso y azulado: el Alma del Azúcar).
Mytyl: ¿Tienes dulces?
El Azúcar: Cada uno de mis dedos es un caramelo, pequeña.
(La lámpara cae y de su llama surge una virgen de belleza incomparable, vestida con velos de luz).
El Hada: Ella es La Luz.
(Se oyen golpes violentos en la puerta de los padres).
Tyltyl: (Asustado) ¡Es papá! ¡Nos ha oído!
El Hada: ¡Gira el diamante! (Tyltyl lo hace bruscamente). ¡Demasiado rápido!
(La magia se desvanece a medias; la cabaña vuelve a la normalidad pero el caos reina. Los panes lloran y el Fuego corre buscando su rincón).
El Hada: Escuchen bien: los que acompañen a estos niños morirán al final del viaje.
La Gata: ¿Y los que no vayan?
El Hada: Sobrevivirán solo unos minutos más.
La Gata: (Al Perro) ¡Rápido, volvamos a nuestras formas!
El Perro: ¡No! ¡Yo quiero acompañar a mi pequeño amo!
La Gata: ¡Imbécil!
El Hada: ¿Prefieren sus cajas vacías o buscar el Pájaro Azul con los niños?
Todos: (Menos el Perro y la Luz) ¡Nuestras cajas! ¡Mi artesa! ¡Mi tubo!
El Hada: (A la Luz) ¿Y tú, Luz?
La Luz: Yo los acompañaré.
El Perro: ¡Y yo también!
(Los golpes en la puerta son cada vez más fuertes).
El Hada: ¡Escapemos por la ventana! ¡Pan, toma la jaula!
(La ventana se ensancha como una puerta. Todos salen y la ventana recupera su forma original, cerrándose inocentemente. La habitación queda en silencio y penumbra mientras la puerta de los padres se abre lentamente).
TELÓN
ACTO II
CUADRO SEGUNDO: EL PALACIO DEL HADA
Escenario: Un salón de lujo deslumbrante. Columnas de mármol claro con capiteles de oro y plata, escalinatas majestuosas y pórticos que se pierden de vista.
(Entran por el fondo la Gata, el Azúcar y el Fuego, saliendo de la guardarropía del Hada. Lucen trajes suntuosos: la Gata viste seda negra con una gasa ligera; el Azúcar, un traje bicolor en blanco y seda pálida; el Fuego, un manto carmesí bordado en oro y un tocado de plumas multicolores. La Gata los conduce bajo un pórtico para hablar en secreto).
La Gata: (Susurrando) Por aquí... Escuchad bien. ¿Habéis oído al Hada? Dice que el fin de este viaje será también el fin de nuestras vidas. Debemos prolongar nuestra existencia tanto como sea posible.
El Pan: ¡Bravo! ¡Muy bien dicho!
La Gata: Escuchadme todos: animales, cosas y elementos. Nosotros poseemos un alma que el Hombre aún no comprende. Gracias a eso somos libres. Pero si esos niños atrapan al Pájaro Azul, el Hombre lo sabrá todo, lo verá todo, y seremos sus esclavos para siempre. ¡Debemos impedir que lo encuentren, aunque para ello corra peligro la vida de los niños!
El Perro: (Interviniendo con lealtad) ¡Eso es una estupidez! Solo existe el Hombre, ¡y punto! ¡Nuestra ley es obedecerle y hacer lo que él mande!
El Pan: (Cambiando de bando fácilmente) ¡Bravo! ¡Cierto también!
(Entran por la derecha el Hada Beryluna y La Luz, seguidas de Tyltyl y Mytyl).
El Hada: Niños, esta noche visitarán a sus abuelos. Es posible que el Pájaro Azul se esconda allí, en el Reino del Pasado...
Mytyl: Tengo mucha hambre.
Tyltyl: Yo también, tengo el estómago vacío.
El Hada: (Al Pan) ¡Pan! Abre tu traje turco y dales una rebanada de tu vientre.
(El Pan, con orgullo, desenvaina una cimitarra, abre su traje y corta dos rebanadas de su propio cuerpo para ofrecérselas a los niños).
El Azúcar: (Acercándose con una sonrisa melosa) Y yo les daré el postre.
(Con naturalidad, el Azúcar se rompe los cinco dedos de la mano izquierda y se los entrega como si fueran caramelos).
Mytyl: ¡Mira, Tyltyl! ¡Se rompe los dedos! (Chupa uno con deleite). ¡Qué rico! ¿Tienes muchos más?
El Azúcar: (Modesto) Todos los que quieras, pequeña. Siempre vuelven a crecer.
El Hada: Es hora de partir.
Tyltyl: ¿Viene La Luz con nosotros?
La Luz: No, pequeño; al Pasado no me han invitado.
Tyltyl: Entiendo... ¿Por dónde vamos?
El Hada: Por allí, hacia el País del Recuerdo. Cuando gires el Diamante, verás un gran árbol con un letrero. Pero no lo olviden: deben estar de regreso a las nueve menos cuarto. Si se retrasan, será peligroso. ¡Buena suerte!
CUADRO TERCERO: EL PAÍS DEL RECUERDO
Escenario: Una niebla espesa y blanca inunda el escenario. A la derecha, el tronco de una vieja encina con un letrero. La claridad es lechosa y difusa. Tyltyl y Mytyl aparecen al pie del árbol.
Tyltyl: Aquí está el árbol.
Mytyl: Pero no veo nada... ¿Dónde están los abuelos?
Tyltyl: Deben estar detrás de la niebla. Espera...
(La bruma comienza a dispersarse y evaporarse. La luz se vuelve cálida y transparente, revelando una casita de campo cubierta de enredaderas. Hay colmenas, flores en las ventanas y una jaula con un mirlo dormido. En un banco, frente a la puerta, el Abuelo Tyl y la Abuela Tyl duermen plácidamente).
Tyltyl: (Susurrando) ¡Son ellos!
Mytyl: (Aplaudiendo) ¡Sí! ¡Son ellos, son ellos!
(La Abuela Tyl se despierta, se despereza y mira al abuelo).
La Abuela Tyl: Viejo, creo que hoy veremos a los nietos.
El Abuelo Tyl: Seguro que están pensando en nosotros... pero todavía se sienten lejos. Me cuesta despertar.
La Abuela Tyl: ¡Te digo que están aquí! Siento que recupero mis fuerzas.
Tyltyl y Mytyl: (Corriendo hacia ellos) ¡Abuelitos! ¡Aquí estamos!
(Los abuelos intentan correr, pero sus movimientos son pesados hasta que los niños los alcanzan. Se funden en un abrazo lleno de alegría).
La Abuela Tyl: ¡Tyltyl! ¡Mytyl! ¿Cómo están su padre y su madre?
Tyltyl: Muy bien, abuela. Estaban durmiendo cuando nos fuimos. ¿Y ustedes? ¿Dónde estaban?
La Abuela Tyl: Aquí, siempre aquí, esperando que los vivos nos visiten. ¡Vienen tan poco!
Tyltyl: Pero... nosotros pensamos que estaban...
La Abuela Tyl: ¿Muertos? Solo estamos dormidos. Cada vez que ustedes piensan en nosotros, nos despertamos y volvemos a verlos.
Tyltyl: ¿Entonces no están muertos de verdad?
El Abuelo Tyl: ¡Qué tontos son allá arriba! Aquí se está muy bien.
Tyltyl: ¡No han cambiado nada! Están igual... hasta parecen más jóvenes. ¡Y todo está en su lugar!
Mytyl: ¡Mirad! ¡Es el viejo mirlo! ¿Aún canta?
(El pájaro se despierta y canta con fuerza. Tyltyl se queda boquiabierto).
Tyltyl: ¡Es azul! ¡Abuelos, es él! ¡Es el Pájaro Azul que busco! ¿Me lo dan?
La Abuela Tyl: Llevatelo, hijo. Aquí solo sabe dormir.
Tyltyl: (Metiendo al pájaro en su jaula) ¡Lo tengo! ¡Lo tengo!
(De pronto, la casa se llena de vida. Siete niños de diferentes tamaños —los hermanos fallecidos— salen de la casa corriendo).
El Abuelo Tyl: ¡Y aquí están los demás!
(Se produce un encuentro caótico y feliz: risas, gritos, abrazos y juegos entre todos los hermanos).
Tyltyl: ¡Pero qué bien se ven! ¡Tienen las mejillas coloradas!
La Abuela Tyl: Es que aquí no hay enfermedades ni preocupaciones.
(Dentro de la casa, un reloj da ocho campanadas. La abuela se estremece).
La Abuela Tyl: ¿Qué es eso?
El Abuelo Tyl: He perdido la costumbre de oír el tiempo... Han dado las ocho.
Tyltyl: ¡Cielo santo! La Luz me espera a las nueve menos cuarto. Es muy importante. ¡Debemos irnos!
La Abuela Tyl: ¡No! ¡Acabamos de servir la cena!
(Sacan una mesa al jardín y todos se sientan a comer entre risas y ruidos de cucharas. En medio de la alegría, Tyltyl se sirve demasiada sopa y la derrama, provocando quejas y risas de todos).
El Abuelo Tyl: (Dándole una palmada cariñosa en la mejilla) ¡Ten cuidado, muchacho!
Tyltyl: (Tocándose la mejilla, emocionado) ¡Abuelo! ¡Pegas igual que cuando estabas vivo! (Mira el reloj y se asusta) ¡Son las ocho y media! ¡Rápido, Mytyl!
Mytyl: ¡No llegaremos a tiempo!
Tyltyl: (Abrazando a todos a toda prisa) ¡Adiós abuelos! ¡Adiós hermanos! Volveremos pronto, ¡lo prometo!
(Los niños se alejan mientras la familia agita sus pañuelos. Lentamente, la niebla comienza a descender de nuevo, borrando la casita y apagando las voces. Tyltyl y Mytyl vuelven a encontrarse solos bajo la gran encina. Tyltyl levanta la jaula con esperanza).
Tyltyl: (Con voz triste y decepcionada) ¡Oh, no!... ¡Mira, Mytyl! El pájaro ya no es azul... ¡Se ha vuelto negro!
TELÓN
ACTO III
CUADRO CUARTO: EL PALACIO DE LA NOCHE
Escenario: Una sala de una magnificencia austera y sepulcral. Todo el templo —columnas, arquitrabes y losas— es de mármol negro, ébano y oro. La estancia tiene forma de trapecio, con gradas de basalto que se elevan hacia el fondo. Una claridad difusa, que parece brotar de las mismas piedras oscuras, ilumina el lugar.
(Al levantarse el telón, la Noche, una mujer de belleza sombría, está sentada en las gradas. A su lado, dos niños: el Sueño, que sonríe desnudo, y su hermana, la Muerte, cubierta de pies a cabeza por un velo).
La Noche: (Suspirando) ¡Señor, Señor! ¡En qué tiempos vivimos! No tengo un momento de paz. Desde hace años no entiendo al Hombre... ¿A dónde quiere llegar? ¿Es que acaso necesita saberlo todo?
La Gata: (Apareciendo entre las sombras) Lo sé, madre... Son tiempos duros. Estamos solas en esta lucha contra él.
La Noche: (Alerta) ¿Qué es ese ruido? ¿Viene alguien?
(Entran tímidamente Tyltyl, Mytyl, el Pan, el Azúcar y el Perro).
La Gata: (Fingiendo entusiasmo) ¡Por aquí, amito mío! He avisado a la Noche; está encantada de recibirlos.
Tyltyl: Buenos días, señora Noche.
La Noche: (Gélida) Aquí no existe el día.
Tyltyl: (Avergonzado) Perdón, no lo sabía... ¿Son sus hijos? Qué simpáticos se ven.
La Noche: Él es el Sueño. Está gordo porque duerme bien. A la otra... es mejor no nombrarla. La Gata dice que vienes por el Pájaro Azul.
Tyltyl: Sí, señora. ¿Dónde está?
La Noche: No lo sé, pequeño. Solo puedo decirte que aquí no lo he visto nunca.
Tyltyl: La Luz me aseguró que estaba aquí. Deme las llaves, por favor.
La Noche: No puedo entregar mis llaves al primero que llega.
Tyltyl: Tiene que dármelas. Si no, giraré el Diamante.
La Noche: (Resignada) Está bien... Aquí tienes la llave que abre todas las puertas de esta sala. Pero si te sucede algo, no será mi responsabilidad.
El Pan: (Temblando) ¿Es... es peligroso?
La Noche: Aquí están encerrados todos los males del mundo. Me costó siglos encadenarlos con ayuda del Destino.
El Pan: Y si algo sale mal... ¿por dónde huimos?
La Noche: No hay huida posible.
(Tyltyl abre la primera puerta. De inmediato escapan varios Espectros de formas extrañas. El Pan tira la jaula y corre a esconderse mientras la Noche intenta azotarlos con un látigo de serpientes).
La Noche: ¡Cierra rápido! ¡Se escaparían todos! Se aburren ahí dentro desde que el Hombre ya no los toma en serio. ¡Ayúdenme a meterlos!
Tyltyl: ¡Tylo, ayuda a la Noche!
El Pan: (Desde lejos) ¡Yo vigilo la salida, no se preocupen! (Huye en cuanto un espectro se le acerca).
(Tyltyl se dirige a la siguiente puerta).
Tyltyl: ¿Y aquí?
La Noche: Las Enfermedades. Casi todas están desanimadas; los médicos las tienen muy maltratadas. Entra si quieres, pero no encontrarás nada.
Tyltyl: (Entra y sale rápido) No, el Pájaro Azul no está aquí. (Va a la siguiente puerta).
La Noche: ¡Cuidado! Esas son las Guerras. Son más terribles y poderosas que nunca.
Tyltyl: (Abre apenas una rendija y retrocede aterrado) ¡Cierra! ¡Cierra! ¡Vienen hacia aquí! Son enormes... ¡Ellas no pueden tener al pájaro, se lo comerían! ¿Qué hay en esta?
La Noche: Las Tinieblas y los Terrores.
Tyltyl: (Asomándose) ¡Qué espantosas son! (Cierra y va a la siguiente). Esta es aún más oscura... ¡Qué frío hace! ¡Me arden los ojos!
La Noche: Es el Silencio. Pocos pueden soportarlo.
Tyltyl: (Con las manos heladas) Es terrible... ¿Y esta? ¿También es mala?
La Noche: No del todo. Aquí guardo las Estrellas que no tienen turno, mis perfumes, el rocío y las luciérnagas.
(Tyltyl abre la puerta de par en par. Bellas jóvenes —las Estrellas— inundan la sala bailando, acompañadas por el canto de mil ruiseñores. Es un momento de magia pura, pero pronto se desvanece y regresan a su encierro. Tyltyl llega a la gran puerta del fondo).
La Noche: (Gravemente) Esa no. No la abras.
Tyltyl: ¿Por qué? ¡Aquí debe estar el Pájaro Azul!
La Noche: Escúchame, hijo. He sido buena contigo, pero nadie que haya abierto esa puerta ha vuelto a ver la luz del día. ¡Desiste!
Tyltyl: Tengo que hacerlo.
(Tyltyl mete la llave. Un grito de pánico recorre la sala. Las puertas de bronce se deslizan y revelan un Jardín de Ensueño infinito. Entre estrellas y planetas, miles de pájaros azules vuelan en una atmósfera mágica de luz nocturna).
Tyltyl: (Deslumbrado) ¡Es el cielo! ¡Venid todos! ¡Están aquí! ¡Al fin los tenemos!
(Los niños corren al jardín y atrapan decenas de pájaros. Salen corriendo con las manos llenas, buscando a la Luz. La Noche y la Gata se quedan solas mirando hacia el jardín).
La Noche: ¿No se llevaron al verdadero?...
La Gata: No. El auténtico estaba demasiado alto. No pudieron alcanzarlo.
(El telón cae un momento. Ante él, entran Tyltyl, Mytyl y el Perro al encuentro de La Luz. Pero los pájaros que llevan en las manos están muertos, con las alas rotas y el color apagado).
Tyltyl: (Llorando) ¿Quién los mató? ¡Qué desgraciado soy!
La Luz: (Consolándolo) No llores, hijo mío. El que buscamos es aquel que puede vivir a plena luz. Pronto lo encontraremos.
CUADRO QUINTO: LA SELVA
Escenario: Un bosque antiguo bajo la luz de la luna. Se distinguen una Encina, un Haya, un Olmo, un Álamo, un Sauce y un Ciprés. Entra la Gata.
La Gata: (Saludando con una reverencia siniestra) ¡Salud, hermanos árboles!
Los Árboles: (En un susurro de hojas) ¡Salud!...
La Gata: ¡Hoy es nuestro gran día! Nuestro enemigo está aquí. Es Tyltyl, el hijo del leñador. Busca el Pájaro Azul para robar nuestro secreto. Si lo consigue, estaremos siempre a merced del Hombre. ¡Aquí vienen!
(Entran los niños y el Perro).
La Gata: (Melosa) ¡Amito mío! ¡Qué valiente eres! Me adelanté para preparar el terreno. Pero... ¿por qué trajiste al Perro? Es un traidor a la naturaleza.
Tyltyl: No quiso separarse de mí.
El Perro: ¡Yo te cuido, diosito!
La Gata: ¡Deberías darle unos buenos bastonazos! Es insoportable. ¡Rápido, gira el Diamante!
(Tyltyl gira el Diamante. Un estremecimiento recorre la selva. Los troncos se abren y surgen las Almas de los Árboles: el Olmo es gordo y asmático; el Tilo, jovial; el Sauce, quejumbroso; el Ciprés, trágico. Todos rodean a los niños con aire amenazante).
La Encina: (Un anciano ciego y majestuoso, apoyado en un bastón) ¿Quién es este niño?
Tyltyl: Soy Tyltyl, señor. He venido por el Pájaro Azul.
La Encina: ¡El hijo del leñador! Tu padre ha asesinado a seiscientos de mis hijos y a mil de mis primos. ¿Y te atreves a venir aquí?
Tyltyl: No fue su intención, señor... es su trabajo.
La Encina: Si este niño se lleva el secreto, el Hombre nos destruirá a todos. Es preciso que desaparezca antes de que sea tarde.
El Perro: (Enseñando los colmillos) ¡Cuidado con lo que dices, viejo estropeado!
La Gata: (Al oído de Tyltyl) Es mejor encadenar al Perro, amito. Si no, los árboles se enfadarán y no nos darán el pájaro. Mira, ahí viene la Yedra con sus lazos.
Tyltyl: Tylo, deja que la Yedra te ate. Es necesario.
El Perro: (Triste) Si tú lo pides, diosito... pero esta cuerda me estrangula.
(La Yedra amarra al Perro detrás de la Encina. Los árboles comienzan a gritar pidiendo venganza).
Los Árboles: ¡Muerte al Hombre! ¡A la horca! ¡Abusó demasiado de nosotros!
Tyltyl: (Sacando su cuchillo) ¡Atrás! No se acerquen.
Los Árboles: (Retrocediendo asustados) ¡El cuchillo! ¡El arma de hierro!
(La oscuridad aumenta. Los árboles, aprovechando que Tyltyl se tambalea, se lanzan sobre él. Mytyl grita de terror).
Tyltyl: ¡Ayuda! ¡Tylo! ¡Tylita, ayúdame!
La Gata: (Escondida) No puedo... me duele mucho una pata.
Tyltyl: ¡Son demasiados! ¡No puedo más!
(De repente, el Perro rompe sus cadenas y salta frente a Tyltyl, mordiendo y empujando a los árboles con una furia ciega).
El Perro: ¡Aquí estoy, diosito mío! ¡No tengas miedo! ¡Atrás, basura de madera!
(La lucha es feroz hasta que el horizonte empieza a iluminarse. Entra La Luz).
La Luz: ¡Tyltyl! ¡Gira el Diamante! ¡Rápido!
(Tyltyl obedece. Las almas de los árboles se lanzan dentro de sus troncos, que se cierran de golpe. La selva recupera su aspecto inocente y silencioso).
Tyltyl: (Jadeando) ¿Qué ha pasado? ¿Estaban todos locos?
La Luz: No, Tyltyl. Ellos son siempre así, pero el hombre no puede verlo. Te advertí que era peligroso despertar sus almas sin mi presencia.
La Gata: (Apareciendo cojeando falsamente) ¡Ay! ¡Qué daño me han hecho esos árboles salvajes!
La Luz: Basta de engaños. Tenemos que seguir. El verdadero Pájaro Azul aún nos espera.
TELÓN
ACTO IV
CUADRO SEXTO: EL CEMENTERIO
Escenario: Es de noche bajo una claridad lunar. Un cementerio rural con numerosas tumbas, cruces de madera y losas funerarias cubiertas de césped.
Mytyl: (Susurrando) ¿En dónde están los muertos?
Tyltyl: Aquí mismo, bajo el césped y bajo estas grandes piedras.
Mytyl: ¿Están ahí todo el año?
Tyltyl: Sí, siempre.
Mytyl: (Señalando las losas) ¿Esas son las puertas de sus casas?
Tyltyl: Así es. Dicen que solo pueden salir a medianoche.
Mytyl: ¿Salen aunque llueva?
Tyltyl: Si llueve, prefieren quedarse dentro.
Mytyl: ¿Y es bonita su casa?
Tyltyl: Dicen que es muy estrecha... y muy silenciosa.
Mytyl: ¿De qué viven ahí abajo?
Tyltyl: Comen raíces.
Mytyl: ¿Los veremos ahora?
Tyltyl: Sí, pero no hablan. No tienen nada que decir.
(Suenan los doce golpes de la medianoche. El silencio se vuelve pesado).
Mytyl: ¡No, Tyltyl! ¡No lo hagas! ¡Tengo miedo!
Tyltyl: Cierra los ojos, Mytyl.
(Tyltyl gira el Diamante. Sigue un minuto de inmovilidad aterradora. De pronto, las cruces vacilan, las sepulturas se entreabren y las losas comienzan a levantarse).
Mytyl: (Acurrucándose contra su hermano) ¡Ya salen! ¡Ya están aquí!
(Sin embargo, no aparecen esqueletos ni fantasmas. De las tumbas abiertas brota una eflorescencia delicada, como un vapor blanco y virginal que se transforma en una marea de flores maravillosas. El cementerio se convierte en un jardín nupcial bajo los primeros rayos del alba. El rocío brilla, las abejas zumban y los pájaros inundan el aire con himnos a la vida. Los niños, deslumbrados, caminan entre las flores buscando los restos de las tumbas).
Mytyl: (Buscando entre el perfume de las flores) ¿Pero... en dónde están los muertos?
Tyltyl: (Mirando el horizonte radiante) ¡No hay muertos!
CUADRO SÉPTIMO: LOS JARDINES DE LA DICHA
Escenario: Una terraza suntuosa de columnas de mármol y pesados paños de púrpura. La arquitectura recuerda la opulencia del Renacimiento. En el centro, una mesa colosal de plata cargada de manjares fabulosos, ánforas volcadas y cristales.
(Alrededor de la mesa, seres obesos y rubicundos —los Groseros Goces— comen, beben y aúllan entre risas brutales. Visten brocados y joyas, mientras esclavas les sirven brebajes espumantes bajo una luz roja y pesada).
La Luz: (Advirtiendo a los niños) Aquí habitan los Groseros Goces de la Tierra. Es poco probable que el Pájaro Azul esté con ellos, pero debemos buscar. No gires el Diamante todavía.
Tyltyl: ¿Podemos acercarnos?
La Luz: Sí. No son malvados, pero sí muy vulgares y maleducados. No acepten nada de lo que les ofrezcan, o podrían olvidar su misión.
Mytyl: ¡Pero mira esos pasteles! ¡Tienen tanta crema!
(Varios Groseros Goces se levantan pesadamente, sosteniéndose el vientre, y avanzan hacia los niños).
El Goce-de-ser-rico: ¡Bienvenidos! Soy el más importante de todos: el Goce-de-ser-rico. Les presento a mi yerno, el Goce-de-ser-propietario, y al Goce-de-la-vanidad-satisfecha.
Tyltyl: Gracias, pero buscamos el Pájaro Azul. ¿Sabe dónde está?
El Goce-de-ser-rico: ¿El Pájaro Azul? Eso no se come. Olvídalo. Mejor mira al Goce-de-comer-cuando-ya-no-se-tiene-hambre o al Goce-de-no-comprender-nada. ¡Vengan a la mesa!
(Mientras hablan, el Perro, el Pan y el Azúcar ya se han sentado a la mesa y devoran manjares junto a los Goces, perdiendo los modales).
Tyltyl: ¡Luz, mira! ¡Se han vuelto locos! ¡Tylo! ¡Ven aquí ahora mismo!
El Perro: (Con la boca llena) Cuando yo como, no tengo dueño. ¡Déjame en paz!
El Pan: ¿Quién te crees para darnos órdenes?
El Goce-de-ser-rico: ¡Llevémoslos a la mesa por la fuerza! ¡Que sean felices aunque no quieran!
(Los Goces rodean a los niños entre carcajadas brutales).
La Luz: ¡Tyltyl, gira el Diamante! ¡Ya!
(Tyltyl gira el diamante y la escena se transforma. La luz roja se vuelve pura y rosácea. Los Goces se desinflan como globos pinchados, sus máscaras caen revelando rostros horribles y lamentables. Huyen chillando hacia la Caverna de las Desdichas. El jardín se llena de figuras angélicas vestidas de aurora).
Tyltyl: (Asustado) ¡Qué feos eran! ¿En dónde estamos ahora?
La Luz: Contemplaremos a las Dichas que resisten la claridad de la verdad.
(Un grupo de niños pequeños y alegres aparece corriendo).
La Luz: Son las Dichas de los Niños. Y detrás vienen las Dichas de tu Casa.
La Dicha-de-tener-salud: (Adelantándose) ¡Hola, Tyltyl! ¿No me reconoces? Soy la Dicha-de-tener-salud. Y ellas son la Dicha-del-aire-puro y la Dicha-de-amar-a-sus-padres.
Tyltyl: ¿Viven siempre en mi casa?
La Dicha: ¡Claro! Tu casa está llena de nosotros, pero para vernos tienes que abrir bien los ojos.
(Aparecen entonces las Grandes Alegrías, figuras esbeltas y majestuosas).
Tyltyl: ¡Qué bellas son! ¿Quiénes son ellas?
La Dicha: Son las Grandes Alegrías: la Alegría-de-ser-justo, la Alegría-de-ser-bueno y la Alegría-del-trabajo-concluido. Y allá, en el fondo, envuelta en luz dorada... es la Alegría-de-amar.
Tyltyl: ¿Y esa que viene hacia nosotros? Me resulta tan familiar...
(Una mujer de una belleza sobrenatural y mirada dulce se acerca. Es el Amor Materno).
Amor Materno: ¡Tyltyl! ¡Mytyl! ¿No reconocen el amor de su madre?
Tyltyl: (Asombrado) Te pareces a mamá... pero eres mucho más hermosa.
Amor Materno: Porque aquí no hay cansancio. Cada una de sus sonrisas me quita un año de encima. Nada de esto se ve en casa, entre el trabajo y las prisas, pero aquí todo brilla.
Tyltyl: ¡Tu traje es de perlas y plata!
Amor Materno: No, hijo. Mi traje está hecho de tus besos, de tus miradas y de tus caricias. No hay madres pobres ni feas cuando aman a sus hijos.
Tyltyl: Mamá, no quiero volver. Quiero quedarme aquí contigo.
Amor Materno: Pero si ya estás conmigo. El cielo está en cualquier lugar donde nos abrazamos. Solo hay que saber mirar... ¿Quién te enseñó el camino?
Tyltyl: (Señalando) Ella... La Luz.
Amor Materno: ¡Hermanas, venid! ¡La Luz ha venido a visitarnos!
(Todas las Alegrías rodean a La Luz en un abrazo luminoso. Tyltyl las observa, confundido).
Tyltyl: Luz... ¿por qué están llorando si son tan felices?
TELÓN
ACTO V
CUADRO OCTAVO: EL REINO DEL PORVENIR
Escenario: Las salas inmensas del Palacio Azul, donde aguardan los niños que aún no han nacido. Es un espacio de perspectivas infinitas: columnas de zafiro, bóvedas de turquesa y baldosas de lapislázuli. Todo está bañado en un azul irreal y mágico.
(Por doquier, niños vestidos con túnicas azules juegan, trabajan o sueñan. Algunos construyen inventos futuros con herramientas de cristal. Figuras esbeltas y silenciosas —ángeles guardianes— caminan entre ellos. Tyltyl, Mytyl y La Luz entran a hurtadillas).
La Luz: Estamos en el Porvenir. Aquí viven los niños que esperan su turno para nacer. Es muy probable que el Pájaro Azul esté aquí, pues todo es de su color.
Tyltyl: (Maravillado) ¡Incluso el aire es azul! ¿Quiénes son esos gigantes silenciosos?
La Luz: Son los Guardianes. Vendrán a la Tierra mucho después que los hombres. No podemos hablarles, pero sí a los pequeños.
(Los Niños Azules se acercan con curiosidad, rodeando a los visitantes).
Los Niños Azules: ¡Mirad! ¡Niños vivos! ¡Vienen de la Tierra!
Un Niño Azul: (A Tyltyl) ¡Hola! ¿Qué es eso que llevas en la cabeza?
Tyltyl: Es mi sombrero... ¿Y tú, cuántos años tienes?
El Niño: Naceré dentro de dos años. Dime... ¿es divertido nacer?
Tyltyl: ¡Oh, sí! ¡Mucho!
El Niño: ¿Y las madres? Dicen que nos esperan a la puerta... ¿Son buenas?
Tyltyl: Son lo mejor que existe. Y las abuelas también, aunque se mueren demasiado pronto.
El Niño: ¿Morirse? ¿Qué es eso?
Tyltyl: Es cuando se van una noche y no vuelven más.
El Niño: (Observando a Tyltyl) ¿Qué tienes en los ojos? ¿Estás haciendo perlas?
Tyltyl: No... es solo un poco de agua. Se llaman lágrimas. Salen cuando uno llora.
El Niño: ¿Llorar? No conozco esa palabra. ¿Para qué sirve?
Tyltyl: Ya lo aprenderás... ¿Qué son esas alas azules que fabricas?
El Niño: Es mi invento. Cuando baje a la Tierra, llevaré conmigo "la cosa que hace feliz a los hombres".
(Otros niños se acercan presumiendo sus futuros logros: uno trae treinta remedios para alargar la vida, otro una luz desconocida, otro melones gigantescos).
Tyltyl: (Viendo a dos niños que se abrazan llorando) ¿Y ellos? ¿Son hermanos?
El Niño: No, son "Los Enamorados". El Tiempo se burla de ellos porque no podrán partir juntos. Se dicen adiós ahora porque en la Tierra se perderán.
(De pronto, un niño corre hacia Tyltyl y lo abraza con fuerza).
El Niño Viajero: ¡Tyltyl! ¡Hermano! Dile a mamá que ya estoy listo. Iré el año que viene. ¡Dile a papá que prepare la cuna!
Tyltyl: (Sorprendido) ¿Tú vas a ser mi hermano?
El Niño: Sí. Pero no me molestes mucho cuando sea pequeño. Llevo en mi saco tres enfermedades: escarlatina, tos ferina y rubéola.
Tyltyl: ¿Y después qué harás?
El Niño: Después... me iré.
Tyltyl: ¡Para eso mejor ni vengas!
(Un sonido cristalino y potente resuena en las bóvedas. Es la hora del cambio de turno. Las puertas de ópalo se abren y aparece el Tiempo: un anciano severo de barba blanca con una hoz en la mano. Una galera dorada espera entre los vapores de la Aurora).
El Tiempo: (Rugiendo) ¡A bordo! ¡Rápido! ¡Solo los que tienen su turno hoy! ¡A ti no te toca, vuelve dentro de diez años! ¿Y tú? ¿Vienes con las manos vacías? ¡Nadie baja a la Tierra sin un invento, un crimen o una misión! ¡Atrás!
(Los Enamorados se despiden entre gritos desgarradores mientras el Tiempo los separa a la fuerza).
El Tiempo: ¡Basta! ¡Se leva el ancla!
(La galera se aleja. Desde el abismo sube un canto celestial: son las Madres de la Tierra que reciben a sus hijos. El Tiempo se vuelve y descubre a los intrusos).
El Tiempo: (Furioso) ¡¿Qué hacéis aquí?! ¡Vivos en el Porvenir!
La Luz: ¡Tyltyl, corre! ¡Vámonos de aquí!
Escenario: Las salas inmensas del Palacio Azul, donde aguardan los niños que aún no han nacido. Es un espacio de perspectivas infinitas: columnas de zafiro, bóvedas de turquesa y baldosas de lapislázuli. Todo está bañado en un azul irreal y mágico.
(Por doquier, niños vestidos con túnicas azules juegan, trabajan o sueñan. Algunos construyen inventos futuros con herramientas de cristal. Figuras esbeltas y silenciosas —ángeles guardianes— caminan entre ellos. Tyltyl, Mytyl y La Luz entran a hurtadillas).
La Luz: Estamos en el Porvenir. Aquí viven los niños que esperan su turno para nacer. Es muy probable que el Pájaro Azul esté aquí, pues todo es de su color.
Tyltyl: (Maravillado) ¡Incluso el aire es azul! ¿Quiénes son esos gigantes silenciosos?
La Luz: Son los Guardianes. Vendrán a la Tierra mucho después que los hombres. No podemos hablarles, pero sí a los pequeños.
(Los Niños Azules se acercan con curiosidad, rodeando a los visitantes).
Los Niños Azules: ¡Mirad! ¡Niños vivos! ¡Vienen de la Tierra!
Un Niño Azul: (A Tyltyl) ¡Hola! ¿Qué es eso que llevas en la cabeza?
Tyltyl: Es mi sombrero... ¿Y tú, cuántos años tienes?
El Niño: Naceré dentro de dos años. Dime... ¿es divertido nacer?
Tyltyl: ¡Oh, sí! ¡Mucho!
El Niño: ¿Y las madres? Dicen que nos esperan a la puerta... ¿Son buenas?
Tyltyl: Son lo mejor que existe. Y las abuelas también, aunque se mueren demasiado pronto.
El Niño: ¿Morirse? ¿Qué es eso?
Tyltyl: Es cuando se van una noche y no vuelven más.
El Niño: (Observando a Tyltyl) ¿Qué tienes en los ojos? ¿Estás haciendo perlas?
Tyltyl: No... es solo un poco de agua. Se llaman lágrimas. Salen cuando uno llora.
El Niño: ¿Llorar? No conozco esa palabra. ¿Para qué sirve?
Tyltyl: Ya lo aprenderás... ¿Qué son esas alas azules que fabricas?
El Niño: Es mi invento. Cuando baje a la Tierra, llevaré conmigo "la cosa que hace feliz a los hombres".
(Otros niños se acercan presumiendo sus futuros logros: uno trae treinta remedios para alargar la vida, otro una luz desconocida, otro melones gigantescos).
Tyltyl: (Viendo a dos niños que se abrazan llorando) ¿Y ellos? ¿Son hermanos?
El Niño: No, son "Los Enamorados". El Tiempo se burla de ellos porque no podrán partir juntos. Se dicen adiós ahora porque en la Tierra se perderán.
(De pronto, un niño corre hacia Tyltyl y lo abraza con fuerza).
El Niño Viajero: ¡Tyltyl! ¡Hermano! Dile a mamá que ya estoy listo. Iré el año que viene. ¡Dile a papá que prepare la cuna!
Tyltyl: (Sorprendido) ¿Tú vas a ser mi hermano?
El Niño: Sí. Pero no me molestes mucho cuando sea pequeño. Llevo en mi saco tres enfermedades: escarlatina, tos ferina y rubéola.
Tyltyl: ¿Y después qué harás?
El Niño: Después... me iré.
Tyltyl: ¡Para eso mejor ni vengas!
(Un sonido cristalino y potente resuena en las bóvedas. Es la hora del cambio de turno. Las puertas de ópalo se abren y aparece el Tiempo: un anciano severo de barba blanca con una hoz en la mano. Una galera dorada espera entre los vapores de la Aurora).
El Tiempo: (Rugiendo) ¡A bordo! ¡Rápido! ¡Solo los que tienen su turno hoy! ¡A ti no te toca, vuelve dentro de diez años! ¿Y tú? ¿Vienes con las manos vacías? ¡Nadie baja a la Tierra sin un invento, un crimen o una misión! ¡Atrás!
(Los Enamorados se despiden entre gritos desgarradores mientras el Tiempo los separa a la fuerza).
El Tiempo: ¡Basta! ¡Se leva el ancla!
(La galera se aleja. Desde el abismo sube un canto celestial: son las Madres de la Tierra que reciben a sus hijos. El Tiempo se vuelve y descubre a los intrusos).
El Tiempo: (Furioso) ¡¿Qué hacéis aquí?! ¡Vivos en el Porvenir!
La Luz: ¡Tyltyl, corre! ¡Vámonos de aquí!
ACTO VI
CUADRO NOVENO: EL ADIÓS Y EL DESPERTAR
Escenario: El interior de la cabaña del leñador, igual que al principio, pero ahora la luz de la mañana la hace ver más fresca y hermosa.
Tyltyl: (Despertando) Luz... ¿estás bien? Estás pálida.
La Luz: Mi tiempo ha terminado, pequeño. Debo volver al silencio. El año ha concluido.
Tyltyl: ¡Pero no tengo el Pájaro Azul! ¡Le fallé al Hada!
La Luz: Hicimos lo que pudimos... Quizás el Pájaro Azul, tal como lo imaginamos, no existe. Pero recuerda: yo estaré siempre en cada rayo de sol, en cada vela encendida. No me olvides.
(El Pan, el Fuego, el Agua, el Perro y la Gata se despiden. El Perro Tylo se abalanza sobre los niños en un último ataque de muerdos y lametones de amor).
El Perro: ¡No quiero callarme! ¡Hablaré siempre! ¡Seré bueno, no robaré más comida! ¡Amo mío!
La Gata: (Esmaltada y fría) Os quiero... tanto como os merecéis.
(Todo se desvanece en una niebla. Tyltyl y Mytyl quedan dormidos en sus camas. Entra la Madre Tyl canturreando).
Madre Tyl: ¡Arriba, perezosos! ¡Es Navidad!
Tyltyl: (Frotándose los ojos) ¡Mamá! ¡Eres tú! ¡Qué guapa estás!
Madre Tyl: Pero bueno, ¿qué te pasa? ¿Estás enfermo?
Tyltyl: No... es que hemos visto tantas cosas. Vimos a los abuelos, y a los hermanos que murieron, y al Tiempo...
Madre Tyl: (Asustada) ¡Papá Tyl! ¡Ven rápido! ¡Los niños están delirando!
(Entra el Padre Tyl y, poco después, la Vecina Berlingot, que se parece asombrosamente al Hada Beryluna).
La Vecina: Buenos días... vengo a pedir un poco de fuego. Mi nieta sigue muy enferma; el médico dice que son los nervios, pero ella solo pide una cosa: el pájaro de Tyltyl.
Tyltyl: (Mirando su jaula) ¡Mi pájaro! ¡Mirad! ¡Es azul! ¡Mytyl, es completamente azul! ¡Estaba aquí todo el tiempo! ¡Es el Pájaro Azul que buscábamos!
(Tyltyl descuelga la jaula y se la entrega a la vecina con generosidad).
Tyltyl: Tenga, señora Berlingot. Lléveselo a su nieta. Quizás no sea el azul perfecto, pero es el más azul que existe.
(Minutos después, la Vecina regresa con una Niñita hermosa y radiante que camina por su propio pie, apretando al pájaro contra su pecho).
La Vecina: ¡Es un milagro! ¡En cuanto vio al pájaro, se levantó y echó a correr!
Tyltyl: (Intimidado por la belleza de la niña) ¿Es... es bastante azul para ti?
La Niñita: Sí, Tyltyl. Estoy muy feliz.
Tyltyl: He visto otros más azules en mis sueños... pero esos no se dejan atrapar.
(En un descuido, el pájaro se escapa de las manos de la niña y vuela hacia el horizonte).
La Niñita: (Llorando) ¡Se ha ido! ¡Se ha escapado!
Tyltyl: No llores... No pasa nada. Yo volveré a buscarlo.
(Tyltyl se adelanta hacia el público y habla directamente a los espectadores con una sonrisa).
Tyltyl: Si alguno de ustedes lo encuentra de nuevo... ¿querría devolvérmelo? Lo necesitamos para ser felices más tarde.
Escenario: El interior de la cabaña del leñador, igual que al principio, pero ahora la luz de la mañana la hace ver más fresca y hermosa.
Tyltyl: (Despertando) Luz... ¿estás bien? Estás pálida.
La Luz: Mi tiempo ha terminado, pequeño. Debo volver al silencio. El año ha concluido.
Tyltyl: ¡Pero no tengo el Pájaro Azul! ¡Le fallé al Hada!
La Luz: Hicimos lo que pudimos... Quizás el Pájaro Azul, tal como lo imaginamos, no existe. Pero recuerda: yo estaré siempre en cada rayo de sol, en cada vela encendida. No me olvides.
(El Pan, el Fuego, el Agua, el Perro y la Gata se despiden. El Perro Tylo se abalanza sobre los niños en un último ataque de muerdos y lametones de amor).
El Perro: ¡No quiero callarme! ¡Hablaré siempre! ¡Seré bueno, no robaré más comida! ¡Amo mío!
La Gata: (Esmaltada y fría) Os quiero... tanto como os merecéis.
(Todo se desvanece en una niebla. Tyltyl y Mytyl quedan dormidos en sus camas. Entra la Madre Tyl canturreando).
Madre Tyl: ¡Arriba, perezosos! ¡Es Navidad!
Tyltyl: (Frotándose los ojos) ¡Mamá! ¡Eres tú! ¡Qué guapa estás!
Madre Tyl: Pero bueno, ¿qué te pasa? ¿Estás enfermo?
Tyltyl: No... es que hemos visto tantas cosas. Vimos a los abuelos, y a los hermanos que murieron, y al Tiempo...
Madre Tyl: (Asustada) ¡Papá Tyl! ¡Ven rápido! ¡Los niños están delirando!
(Entra el Padre Tyl y, poco después, la Vecina Berlingot, que se parece asombrosamente al Hada Beryluna).
La Vecina: Buenos días... vengo a pedir un poco de fuego. Mi nieta sigue muy enferma; el médico dice que son los nervios, pero ella solo pide una cosa: el pájaro de Tyltyl.
Tyltyl: (Mirando su jaula) ¡Mi pájaro! ¡Mirad! ¡Es azul! ¡Mytyl, es completamente azul! ¡Estaba aquí todo el tiempo! ¡Es el Pájaro Azul que buscábamos!
(Tyltyl descuelga la jaula y se la entrega a la vecina con generosidad).
Tyltyl: Tenga, señora Berlingot. Lléveselo a su nieta. Quizás no sea el azul perfecto, pero es el más azul que existe.
(Minutos después, la Vecina regresa con una Niñita hermosa y radiante que camina por su propio pie, apretando al pájaro contra su pecho).
La Vecina: ¡Es un milagro! ¡En cuanto vio al pájaro, se levantó y echó a correr!
Tyltyl: (Intimidado por la belleza de la niña) ¿Es... es bastante azul para ti?
La Niñita: Sí, Tyltyl. Estoy muy feliz.
Tyltyl: He visto otros más azules en mis sueños... pero esos no se dejan atrapar.
(En un descuido, el pájaro se escapa de las manos de la niña y vuela hacia el horizonte).
La Niñita: (Llorando) ¡Se ha ido! ¡Se ha escapado!
Tyltyl: No llores... No pasa nada. Yo volveré a buscarlo.
(Tyltyl se adelanta hacia el público y habla directamente a los espectadores con una sonrisa).
Tyltyl: Si alguno de ustedes lo encuentra de nuevo... ¿querría devolvérmelo? Lo necesitamos para ser felices más tarde.