jueves, julio 02, 2026

El Cuarto de Servicio.

 





El Cuarto de Servicio



Sinopsis: Mayo en la Ciudad de México. En la azotea de una residencia de la colonia Del Valle, el calor es sofocante. Santiago, el hijo de los patrones, sube las escaleras de caracol con un vaso de mezcal en la mano para "visitar" a Sasha, la joven empleada doméstica. Utilizando un discurso de falsa empatía social y misticismo urbano, derriba los muros de la jerarquía para conseguir lo que quiere. Un retrato crudo sobre el abuso de poder, el clasismo y la facilidad con la que los privilegios restablecen su distancia tan pronto como el deseo queda saciado.


 



El Cuarto de Servicio

 


 

Personajes: 

  • Santiago (24 años): El "junior" de la casa. Viste ropa de marca informal, descalzo o en sandalias caras. Lleva un vaso de cristal cortado con mezcal. Su actitud es una mezcla de condescendencia "progre", falsa empatía y un absoluto sentido de propiedad sobre las cosas y las personas.
  • Sasha (20 años): Empleada doméstica originaria del estado de Veracruz. Viste una pijama de algodón gastada. Su postura es de encogimiento constante, con los ojos fijos en el suelo, entrenada para no incomodar con su presencia.

 


 


 

(La azotea de una casa vieja y pretenciosa en la colonia Del Valle, CDMX. Mayo. El calor es una presencia física que sofoca. En el centro del escenario, un cubo de concreto que simula el cuarto de servicio. Dentro hay una cama individual, un póster viejo de Timbiriche y un ventilador de pedestal de excelente calidad que gira en un silencio fantasmal. Fuera del cuarto se escucha el zumbido de los tinacos y, a lo lejos, el eco de la ciudad: el camión del fierro viejo, cláxones y ladridos. Santiago sube las escaleras imaginarias tambaleándose levemente. Toca la puerta con un ritmo juguetón pero imperativo).

 

Santiago: —Sasha... Ya sé que estás ahí adentro. Abre, que me estoy asando aquí afuera.

(Silencio. La puerta se abre apenas. Sasha lo mira con cautela a través de la rendija).

Sasha: —¿Joven Santiago? ¿Qué pasó? ¿Se puso mala la señora?

Santiago: (Entra empujando la puerta suavemente, sin esperar invitación) —No, mi jefa está roncando. Se tomó triples pastillas para dormir, ya sabes cómo es. Oye... no sé cómo no te derrites aquí arriba, Sasha. Lo bueno es que tienes el ventilador que te bajó mi papá de su oficina... Se nota que le caes bien al viejo. Allá abajo el aire acondicionado se descompuso y me acordé de ti. Pensé: "Pobre Sasha, allá arriba debe estar en el puro infierno".

Sasha: (Retrocede hasta quedar de rodillas sobre la cama, tratando de cubrirse con los brazos) —Sí, joven, pero uno se acostumbra. Disculpe... ya me iba a dormir. Mañana madrugo a las cinco para el desayuno de su papá.

Santiago: (Se sienta en la orilla de la cama, invadiendo por completo su espacio. Le extiende el vaso) —No te deberías de dormir todavía. Mira, te convido de mi mezcal... es del bueno, del que mi papá esconde en el ropero. Tómate un traguito. No me parece justo que tú te la pases aquí encerrada mientras nosotros estamos allá abajo. Eso de "los de arriba y los de abajo" es una pendejada, ¿no crees? En este cuarto todos somos iguales.

Sasha: —No sé de esas cosas, joven. Por favor, ya váyase a descansar. Si la señora lo ve aquí...

Santiago: —A mi mamá se la lleva la chingada con sus crisis, Sasha... Pero no te preocupes, yo te voy a cuidar. (Le acaricia el brazo con lentitud; ella se pone completamente rígida) Relájate, Sashita. Ni que te estuviera viendo tu mamá. Aquí adentro yo no soy el hijo de los patrones ni tú eres... la muchacha. Es más, aquí los dos estamos hechos de la misma carne. Somos dos almas gemelas que se juntan en el universo. Ven aquí...

Sasha: (Con la voz quebrada) —No, joven, por favor... Me van a poner de patitas en la calle. A mi familia le hace falta el dinero.

Santiago: —Nadie te va a correr, confía en mí. Ya sabes que me gustas... estas sábanas estorban. Vente conmigo.

(Santiago la jala hacia él y la besa a la fuerza, pero con una suavidad manipuladora. Sasha cede por completo, congelada por el peso de la jerarquía. La luz del cuarto comienza a bajar lentamente mientras el ventilador sigue girando. Se escucha un diseño de audio donde los ruidos de la ciudad ahogan el espacio).

(ELIPSIS VISUAL: La luz regresa gradualmente. Han pasado unos minutos. Santiago está de pie frente a un espejo manchado en la pared, acomodándose el cuello de la playera. Su tono ha pasado de la "empatía espiritual" a la frialdad de un jefe).

Sasha: (Abrazando sus rodillas contra el pecho, con la mirada perdida en el suelo) —Joven Santiago... ¿Mañana qué le voy a decir a su mamá cuando me mire a los ojos? Se me va a notar en la cara.

Santiago: (Sin voltear a verla, revisando su reloj de pulsera) —¿Qué se te va a notar? No hagas drama, Sasha. No pasó nada que no haya pasado antes. Algo me dice que mi papá ya te había explicado cómo funciona ese ventilador.

Sasha: (Avergonzada, esconde la cara entre las rodillas) —Yo... yo no...

Santiago: —Como sea. Mañana vienen mis amigos de la carrera a ver la final del torneo. Necesito las cervezas bien frías en la terraza y los Doritos con limón y salsa, ya sabes cómo me gustan, ¿sale?

Sasha: —Pero... ¿y lo que me dijo ahorita? ¿De que éramos iguales en el universo?

Santiago: (La interrumpe desde la puerta, con una sonrisa cínica) —Eso fue hace un rato, Sasha. El calor de la azotea marea a cualquiera. Ah, por cierto... te encargo que no dejes este vaso aquí. No quiero que huela a alcohol tu cuarto cuando suba la lavandera y empiece con los chismes. Lo lavas bien, porfa, es de los de cristal cortado de mi abuela.

Sasha: (Casi inaudible) —Sí, joven.

Santiago: —Ah, y otra cosa... sácale la mancha de grasa a mi sudadera gris, la de marca. La necesito para el viernes en la noche. Échale ganas, ¿va? Que descanses.

(Santiago sale y cierra la puerta con un golpe seco. Se escucha el eco metálico de sus pasos bajando la escalera de caracol. Sasha se queda inmóvil. Extiende la mano y toma el vaso de cristal cortado, sosteniéndolo contra su pecho como si fuera una condena. El ventilador sigue moviendo el aire caliente. El cuarto parece haberse encogido a la mitad. Oscuridad total).

 


 


 



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