Código Vamp
(Ocaso
en Torremolinos)
CÓDIGO VAMP
(OCASO
EN TORREMOLINOS)
Por
Benjamin Gavarre
Estimados espectadores, permítanme presentarles este sutil pero afilado
divertimento teatral. Viajamos a una playa neblinosa —digamos Torremolinos, o
quizás Brighton, si prefieren un toque más británico y plomizo— en los años
posteriores a 1975. Allí, la noche oculta a unos aristócratas de colmillos
desgastados y costumbres... digamos, arcaicas. El Conde Armando y su venerable
madre languidecen en sus sillas de tijera, aferrados a una gloria pasada tan
frágil como sus propios huesos, esperando ese envío de "tierra
estéril" que, francamente, uno prefiere no imaginar para qué sirve.
Sin embargo, la eternidad puede volverse terriblemente tediosa, y su
monótono menú está a punto de verse alterado. La irrupción de un descarado
repartidor proletario y la posterior llegada de un joven poeta empedernido
pondrán a prueba la paciencia —y el apetito— de nuestros antiguos señores. Lo
que sigue no es una tragedia de estacas y ajos, sino una farsa deliciosa; un
choque entre la decadencia pretenciosa que se niega a morir y la insolente
vitalidad de la juventud que se niega a ser consumida. Un portazo poético que
deja a los "comecarne" enfrentados a la más temible de las realidades:
su propia irrelevancia. Disfruten de este pequeño bocado de ironía y calidez.
Lady Vamp
PERSONAJES:
- CONDE ARMANDO: Vampiro anciano, decadente y exquisito.
- DOÑA VIRTUDES: Madre y servidora de Armando. Vieja como una
grieta en el tiempo.
- JUAN FLORES: Repartidor, proletario, desparpajado. Futuro
"Marqués de las Flores".
- CONDE ORO VIEJO: Vampiro húngaro,
patriarca, imponente.
- BLAS TORRESTORIJA: Joven apuesto, fino,
romántico empedernido.
- PRIMA BETTY: Joven vampiresa, inexperta y ambiciosa.
ESCENA
I
(Una
playa de Torremolinos, envuelta en niebla nocturna y la luz mortecina de una
farola. Corren los meses posteriores a noviembre de 1975. ARMANDO y DOÑA
VIRTUDES están sentados en sillas de tijera, bebiendo de cálices de cristal
cortado. Entra JUAN FLORES, sudando a mares, arrastrando un pesado y grueso
paquete cilíndrico envuelto en plástico negro. El paquete se le resbala entre
las piernas en una imagen repentinamente explícita. Juan lanza una sonrisa de
pura picardía al público).
JUAN
FLORES: (Limpiándose el sudor con la manga de su camisa de felpa).
Perdonen... ¿Conde epónimo del barrio de los Jerónimos? Traigo su encargo.
Llevo conduciendo el Vespino desde el puerto de Málaga, esquivando a los grises
en los controles. Es el paquete que pidieron de urgencia para el turno de
noche... (Se queja). Pesa como un muerto, con perdón de la
expresión. Tome, agárrelo por la base, que se ladea.
ARMANDO: (Ajustándose un monóculo con desdén). Ni se acerque,
proletario sin linaje. ¡No hemos pedido semejante envío! ¡Espero en cambio,
impaciente, un cargamento de tierra estéril!
JUAN
FLORES: Pues el albarán dice: "Para Uso Nocturno Profundo". Tierra
estéril para qué, si puedo preguntar... (Ante la indignación del Conde).
Bueno, bueno... Venga, fírmeme el cacharro. Si no entrego el bulto, me quitan
el jornal de la semana y tendré que vivir con las dos pesetas de la beca muy,
muy frugal de la Complutense. Vamos, cójalo, que yo mismo, si quiere, hago el
seguimiento de su arena... (Sonríe con intención
maliciosa). ¿Y esa arena es para jugar a la playita? ¿Se va a
enterrar hasta el cuello? ¿No le agrada la arena de la playa de aquí? ¿No le
agradan las muchedumbres, es eso? Piensa que Torremolinos se ha vuelto
demasiado turístico… ¿La arena estéril es para que no se le suban las hormigas?
O le molestan las colillas que siempre dejan los imprudentes.
DOÑA
VIRTUDES: (Golpeando el paquete con su bastón de empuñadura de plata).
¡Quita ese mamotreto de mi vista! ¡Tú no tienes clase! ¡No reflejas las buenas
costumbres! Eres vulgar y entrometido... ¡Hueles a barco, a marinero impúdico!
Seguro tú y tus compinches tienen actos… ¡innombrables! Mmmh.
JUAN
FLORES: (Pierde el equilibrio; el paquete le cae en el pie izquierdo y,
como en un pase de fútbol, lo patea hacia Doña Virtudes). ¡Me cago
en la mar salada!
(Da
saltos a la pata coja, choca contra la farola, la farola cae sobre la silla de
Armando, aplastando sus quebradizas piernas de vampiro viejo. Oscuridad total).
(Sonido
ensordecedor de una aguja rayando un vinilo de Los Bravos. Luces
estroboscópicas. Todo rebobina a cámara rápida: Juan Flores camina hacia atrás,
el paquete vuela de regreso a sus manos. Silencio).
[BUCLE
2]
(La
escena se reinicia, pero hay ligeros cambios. Juan Flores entra sudando con el
paquete entre las piernas, pero ahora tiene una sonrisa pícara y se mueve como
un vaquerito stripper, con un estilo desenfadado y cómico).
JUAN
FLORES: Perdonen... ¿Don Drácula? Traigo su encargo... un bulto lleno de
arena...
ARMANDO: (Interrumpiendo con un grito, poseído por un déjà vu).
¡Por fin, Juan Flores! ¡Mi arena estéril me hacía falta! ¡Te tardaste! ¡No te
toca propina! Eres vil y vulgar… aunque… me dan unas ganas terribles de
morderte el cuello. ¡Quiero tu yugular, acércate!
JUAN
FLORES: (Lo evade con un giro digno de pista de baile). Bueno,
bueno, no se me ponga estupendo, don Conde. Ni crea que me quiero convertir en
vampiro. Tendría que ser subordinado suyo, ser su esclavo... qué feo. No
usted... bueno sí, también, pero es que eso de que me muerda, no. No me gusta. (Se da la vuelta, murmurando). Malditos señoritos,
luegoluego se apuntan, lo quieren a uno porque se mueren de ganas, pero al
mismo tiempo te desprecian. Qué retorcidos... Para qué quiere la arena, me
pregunto… Hay mucha arena en la playa...
(Sale
del escenario arrastrando el bulto en una coreografía de stripper superpoderoso
e inatacable, escuchando música en sus audífonos. Oscuridad y sonido de disco
rayado).
[BUCLE
3]
(Las
luces vuelven a encenderse. La escena se reinicia. Ahora, junto a Armando y
Virtudes, está sentado el CONDE ORO VIEJO: un vampiro húngaro, poderoso, con un
traje de corte gitano y una vibra de realeza transilvánica. Llega Juan Flores).
JUAN
FLORES: Aquí está el paquete.
ARMANDO: Ah, muy bien. Es mi arena estéril, ¿cierto?
JUAN
FLORES: No lo sé, no tenemos permitido ver el contenido de los paquetes…
ARMANDO: (Fija su mirada en Juan, hipnotizándolo). Me gustaría
lanzarme sobre tu yugular, pero por lo pronto vas a ser un regalo…
JUAN
FLORES: (Luchando contra el trance) Ah, ustedes los señoritos
solo quieren aprovecharse de nosotros los jóvenes, quieren sangre fres…
(No
termina la frase porque DOÑA VIRTUDES se levanta y lo hipnotiza con un pase de
manos. Juan Flores queda sentadito en una silla, inmóvil, con la mirada
perdida. Breve transición de luces para denotar el paso del tiempo).
CONDE
ORO VIEJO: Soy Oro Viejo. Sangre de señores antiguos, poderosos señores feudales,
patriarca de los vampiros europeos.
ARMANDO: (Fascinado) ¡Un igual! ¡Un ser de alcurnia!
¡Acompáñenos a cazar, majestuoso señor, cacemos con nuestros halcones!
(Pasan
frente a ellos varios jóvenes y chicas hermosas en cámara lenta, exudando
sangre fresca y sensualidad).
JUAN
FLORES: (Aún hipnotizado, en su propio viaje) Pío, pío, pío…
¿soy un mirlo negro?
CONDE
ORO VIEJO: Qué muchacho tan encantador. Está diciendo tonterías y aun así…
ARMANDO: Es un simple… ¿Qué le parece la condesa rusa de allá?
CONDE
ORO VIEJO: Ella sí que es simple. Ya me aburrí. (Mira a Juan Flores, que, aún
en trance, se pone a bailar una suave coreografía de pastorcillo sexy).
¿Saben qué? Me llevo a Juan Flores. Resulta que me gustó. Tiene un no sé qué...
muy rústico.
ARMANDO: ¡Pero si es Juan Flores! ¡Es un pastor de borregos, un repartidor de
paquetes sin linaje!
CONDE
ORO VIEJO: Ahora es mi consorte. Ustedes quédense aquí con su amargura. ¡Vámonos,
Juanito!
(Oro
Viejo se echa a Juan Flores sobre la espalda, cargándolo como un costal
precioso, y salen de escena).
ESCENA
II
(Han
pasado algunas noches. El bucle se ha roto. Armando y Doña Virtudes están en
escena. Aparece BLAS TORRESTORIJA, un joven apuesto y fino, la antítesis
absoluta de Juan Flores).
BLAS
TORRESTORIJA: (Cortejando a Doña Virtudes con
exagerada devoción) ¡Madre del amor hermoso! ¡Qué silueta
geométrica, qué destape! Virtudes, necesito besarle ese cuello de alabastro…
¿Me permite tocar sus cabellos de plata? ¿Le puedo recitar poemas de Góngora?
(Doña
Virtudes se da la vuelta lentamente. Muestra sus arrugas de tres siglos, el
maquillaje cuarteado como una pared desconchada de un patio andaluz y una
sonrisa sin un solo canino auténtico. Entran Juan Flores y el Conde Oro Viejo).
JUAN
FLORES: ¡Sí sabes, Blas Torrestorija, que es una mujer mayor, ¿verdad?!
CONDE
ORO VIEJO: Don Blas es todo un caballero romántico, ¿pero elegir a Góngora? Qué
pesadez...
DOÑA
VIRTUDES: El chico muestra dotes de galanura y clase… todo lo que buscamos en un
joven amante. ¿No es cierto, Conde Oro Viejo?
CONDE
ORO VIEJO / ARMANDO: (A la vez, dudando)
Sin duda... no sé…
ARMANDO: Ah, bella Virtudes, tus dotes selectivas siempre me enardecen… Vamos,
mi joven amigo, te invitaré a conocer mis habitaciones…
BLAS
TORRESTORIJA: Ah, no estaba en mis planes conocerlo tan a
fondo, Conde Armando…
DOÑA
VIRTUDES: (Saca un reloj de bolsillo y lo balancea frente a la cara de Blas).
Estaré mayor, pero mírame a los ojos, Blas… Tu voluntad es mía... Mientras
pueda, soy la fiel servidora y procuradora de mi hijo, el Conde…
BLAS
TORRESTORIJA: (Por un momento parece
dominado, pero parpadea y se sustrae del lazo hipnótico). ¡No! Esto
es una emboscada… Todos ustedes son…
ARMANDO: Vampiros… Bueno, no todos. Aquí el muchachito sin clase es solo un
advenedizo, ¿no, Conde Oro?
CONDE
ORO VIEJO: Ya lo creo que no… Y te informo: desde la noche que pasamos juntos,
Juan Flores es el nuevo consorte. El Marqués de las Flores, para ustedes.
DOÑA
VIRTUDES: Siento náuseas. Creo que buscaré un tentempié yo misma… ¿Todavía es
tiempo, joven Blas?
BLAS
TORRESTORIJA: No perdono la traición. Búsquense una nueva y
joven celestina para sus sucios planes… un hechizo de juventud me hizo caer,
Doña Virtudes, pero ahora la veo: es usted vieja como una grieta en el tiempo.
CONDE
ORO VIEJO: Y más viejo soy yo, jovencito. No insulte a la dama.
BLAS
TORRESTORIJA: (A Juan Flores) Y
tú, amigo, ¿en qué te has convertido? Pareces una sombra en el agua, un cazador
dormido, un sinsentido de la juventud…
ARMANDO: Ya, ya, mi joven amigo. Ya nos dimos cuenta de que te gusta hablar y
decir cosas lindas, pero si no te vas a quedar para el placer, haz el favor de
marcharte…
JUAN
FLORES: (Con voz falsa y robótica) Yo estoy, con toda mi
voluntad, feliz de estar al lado del Conde… me ha nombrado Marqués del Oro…
BLAS
TORRESTORIJA: De las Flores, según oí y entendí… Bien… Les
deseo más juventud en sus próximos intentos… (Hace una reverencia teatral y
sale).
ARMANDO: Vete ya, niño pesado…
ESCENA
III
(Más
tarde. La PRIMA BETTY, una nueva y joven pariente de Armando, está ahora
engatusando a Blas, que ha regresado como mosca a la miel. Virtudes camina
intranquila, furiosa por haber sido reemplazada).
BLAS
TORRESTORIJA: Es usted tan bella, Betty. Me gustaría
perfumarle sus hermosos brazos, morder sus sonrojadas mejillas, besar sus
dulces y acaramelados labios…
BETTY: Joven Blas, es usted tan educado y apuesto.
DOÑA
VIRTUDES: (Desde una esquina) Ugh, creo que me va a dar un coma
diabético de tanto empalago.
(Entran
Juan Flores y el Conde Oro Viejo. Al parecer están peleados).
JUAN
FLORES: ¡No puedo estar de acuerdo contigo siempre! ¡No puedo asentir a todo,
todo el tiempo!
CONDE
ORO VIEJO: Tienes que entender que los vampiros no siguen la moral de los
mortales, Marqués…
DOÑA
VIRTUDES: (Frotándose las manos) Ah, qué gusto me da verlos en
pugna. Es una fortuna comprobar que no soy la única que sufre aquí…
(Entra
el Conde Armando).
ARMANDO: ¿Sufres, madre mía? No deberías… ya has hecho bien tu trabajo durante
mucho tiempo, muchísimo tiempo. Eres "una grieta en el cielo", como
diría tu bello galán… (Se dirige a Betty) ¿Ya está todo
listo?
BETTY: (A Blas) Mi amado suspirante, quisiera darte una prueba
de mi amor correspondido. Te regalaré un dije que me pertenece desde los
inicios de este siglo…
BLAS
TORRESTORIJA: Ah, no hace mucho, entonces.
BETTY: No, es cierto, yo soy joven… y tengo mis "nuevas ocupaciones"
desde hace poco…
ARMANDO: Bien, ya, mucho diálogo, a lo que vamos.
JUAN
FLORES: Amigo Blas, estás a punto de caer sin que tu voluntad lo controle en
una gran conspiración que huele a obviedad a kilómetros.
CONDE
ORO VIEJO: Ya, Marqués. Le he dicho claramente que no se meta en los asuntos de
los mayores…
ARMANDO: Betty, haz lo que debes hacer.
DOÑA
VIRTUDES: Pues parece que mi prima es tan torpe como joven.
BETTY: (Le muestra el dije a Blas en una obvia acción de control mental).
Por los abismos de Baal, por los muros de Mesopotamia, por las puertas del
castillo de Vlad, por los misterios de la vida lejos del sol… ¡atiende! Tú eres
parte de mí, harás mi voluntad, serás mi siervo, me obedecerás…
BLAS
TORRESTORIJA: (Con los ojos en blanco)
Tuyo soy.
JUAN
FLORES: ¡No lo hagas, Blas! Estarás como yo, sometido a una fuerza que quizá no
querías atender… Sí, lo digo ahora, Conde: no fui a tu habitación con toda mi
voluntad. ¡Y ahora soy testigo de otro engaño y no lo permitiré!
ARMANDO: ¡Tú calla, repartidor que huele a pobreza! Ya sabía yo que los
advenedizos siempre caen de espaldas…
BLAS
TORRESTORIJA: Soy tuyo, Betty, ordéname y obedeceré…
BETTY: Tendrás el honor de servir a mi tío. Ve a las habitaciones de Armando,
él te dará poder, y vida eterna… ve…
(En
ese momento, Doña Virtudes se abalanza y le arrebata el dije a su prima con un
alarido desgarrador).
DOÑA
VIRTUDES: ¡Nooooo! ¡Basta! ¡No puedo ver cómo otra ocupa mi lugar! ¡Esta mujer es
una arpía, Blas, solo quiere engañarte! ¡Juan Flores tiene razón: ese
desgraciado, infortunado y vil muchacho pobre tiene razón! ¡Vete! ¡Aléjate de
esta danza de los vampiros! Vete con Juan Flores, él te ayudará…
BLAS
TORRESTORIJA: (Saliendo del trance,
confundido) Yo... con el Marqués... pero, pero… el Conde Oro Viejo…
JUAN
FLORES: Su nombre lo dice todo, amigo… El Conde es tan viejo como sus tratos y
su compañía. Estar con él es estar muerto en vida, antes de vivir como un
muerto viviente… Vamos, amigo Blas… Dejemos a estos nobles cortesanos que tomen
el té juntos, y que sigan consiguiendo víctimas como tú o como yo. Por lo
pronto, nosotros nos salimos de este círculo infernal. ¡Vamos, vamos, mi noble
amigo!
(Juan
Flores toma a Blas del brazo y ambos escapan corriendo hacia la niebla).
CONDE
ORO VIEJO: (Le grita como maldiciendo) Has demostrado la calaña de la que ya me habían advertido, Juan Flores…
Tu título te queda grande, pero ahora es tuyo, nada puedo hacer… (Suspira) Me quedaré con mi amigo Armando… si es que no
tiene inconveniente…
DOÑA
VIRTUDES: Qué lindo. Yo me quedaría, pero creo que prefiero ver cómo se mueve la Luna
llena hacia el horizonte. Tal vez me quede despierta hasta el amanecer… no me
esperen si es que pensaban esperarme… Conde, hijo… Prima… (Sale con dignidad aristocrática, apoyada en su bastón).
ARMANDO: Ven, sobrina. Acompaña a estos viejos que bien pueden lograr todavía
una buena compañía para esta noche. Mira, tengo pensado…
DOÑA
VIRTUDES: (Regresa asomando solo la cabeza) ¡El colmo! No acaban
de ser humillados y rechazados, y ya están pensando en otro engaño… (Vuelve a salir).
ARMANDO: Solo había pensado en una buena noche con licores antiguos, madre…
estamos muy cansados, por lo pronto para… ya sabes… (Pausa perversa) … Pero si
no tienes reparo y quieres dejar la luna para otra noche, puedes venir a
acompañarnos… (Mira hacia la niebla) Miren. Miren todos. Acaban de
pasar volando esas dos odiosas almas jóvenes… Que la humillación que recibimos
hoy sea una lección para aceptar que el tiempo en que lográbamos lo que
queríamos sin piedad y sin castigo... ha pasado. Vamos. Tengo unas inmensas
ganas de perder el sentido.
(Armando,
Oro Viejo y Betty caminan lentamente hacia la oscuridad. Se escucha a lo lejos
el motor de un Vespino alejándose).
TELÓN