Banco “Integridad”:
(lavado
y centrifugado)
Sinopsis
Bienvenidos a la gran farsa
del centenario. El Old Heritage Bank, la última joya de la "tradición
anglosajona" en una pequeña ciudad de Los Ángeles, celebra cien años de
supuesta integridad. Mientras el Director Arthur P. Wheaton se prepara para
leer su Memoria (escrita por su contable exhausto, Garrity), el caos estalla.
Una clienta de Malibú exige
un préstamo de tres millones de dólares para su perro, y una anciana, Nastasia
Higginbotham, insiste en depositar miles de monedas de un centavo, una por una.
Justo cuando Garrity pierde la razón y empieza a tirar el cobre al aire, el
Director Wheaton se entera de la verdad: su banco no es solo una
"joya," sino una "lavadora."
Resulta que el legendario
"Cartel de San Francisco" no es mexicano, sino un grupo de renegados
del Ku Klux Klan que, aliados con las mafias rusa e italiana, utilizan el banco
para lavar dinero. La reputación se desmorona y los Directivos huyen por la
ventana. Por si fuera poco, llega la noticia de una absorción hostil por la
corporación "Chino-Irlandesa" Sino-Hibernian. Wheaton y sus
empleados, asediados por una turba de clientes y los yernos de Nastasia que
quieren recuperar hasta el último centavo, deben decidir si defender su
"tradición" o unirse a la "limpieza" internacional.
P E R S O N A J E S
- ARTHUR P. WHEATON: Director del "Old Heritage Bank". Usa
un peluquín impecable y un pin de la bandera americana. Está obsesionado
con la "pureza" de su tradición.
- GARRITY: El
contable. Lleva 40 años sin vacaciones, usa zapatos ortopédicos y está a
punto de un aneurisma.
- TIFFANY:
Una clienta VIP (o la esposa del director) que busca un préstamo para su
"fundación de rescate de perros Huskies abandonados". No deja de
hablar de su viaje a Malibú.
- MRS. HIGGINBOTHAM:
Una anciana que parece sacada de 1920. "Débil e indefensa", pero
con una fuerza sobrenatural para molestar.
- EMPLEADOS Y CONGRESISTAS:
Todos vestidos de frac, listos para el brindis.
L U G A R
Un
despacho de lujo en un banco de una ciudad pequeña a las afueras de Los
Ángeles. Hay globos dorados con el número "100" y una placa que dice:
“Un siglo de valores anglosajones”.
GARRITY. — (Solo, golpeando una calculadora vieja) ¡Noventa y
nueve millones... cien millones! ¡Y me falta un centavo! Llevo tres noches sin
dormir, con la gota inflamada y escuchando el zumbido del aire acondicionado. Y
ahora el jefe quiere que el balance parezca "poesía financiera" para
el brindis. ¡Si entra alguien más, juro que uso el abrecartas para algo más que
para abrir sobres!
WHEATON. — (Entra radiante, ensayando un discurso ante el espejo)
"Amigos, ciudadanos... cien años de integridad. El Old Heritage Bank es el
último bastión de la decencia en esta ciudad..." (A Garrity) ¿Ya está el informe? ¡La Comisión de los
Cien Años entrará en diez minutos! ¡La reputación lo es todo!
GARRITY. —
La reputación se la va a llevar el diablo si no deja de entrar gente. Por
cierto, hay un rumor en la fila de la caja... dicen que el FBI está rodeando el
edificio por el Cartel de San Francisco.
WHEATON. — (Ríe a carcajadas) ¿El Cartel de San Francisco?
¡Tonterías! Los carteles son mexicanos, se visten de charros y salen en las
series. Nosotros somos un banco local, blanco y puro como la leche. ¡Es una
broma de la competencia!
TIFFANY. — (Entra como un torbellino, con un bolso minúsculo)
¡Arthur! ¡Cariño! ¡Felicidades! Tienes que darme ese préstamo de tres millones
ahora mismo. En Malibú me encontré a un chamán que me va a decorar la villa.
¡Ah, hola Garrity! ¿Por qué tienes esa cara de pepinillo en vinagre?
GARRITY. — (Apretando los dientes) Porque estoy contando...
números... señora.
MRS. HIGGINBOTHAM. — (Entra arrastrando una bolsa de arpillera que suena a metal)
¿Es aquí donde pueden ayudar a una pobre viuda? Soy Nastasia Higginbotham. Mi
difunto marido dejó una fortuna escondida y vengo a depositarla. (Empieza a vaciar miles de monedas de un centavo sobre la mesa de
caoba de Wheaton).
WHEATON. —
¡Señora! ¡Estamos en medio de un centenario! No podemos contar centavos ahora.
MRS. HIGGINBOTHAM. —
¡Soy una mujer débil e indefensa! He venido en autobús, me duelen las varices y
el café me dio acidez. Solo quiero depositar mi dinero. Cuenten, cuenten bien...
¡es mi derecho legal!
GARRITY. — (Gritando) ¡No hay derecho legal que me obligue a
contar cobre en medio de un colapso nervioso!
EMPLEADO. — (Entra pálido) ¡Señor Director! ¡Las noticias! Dicen
que el Cartel de San Francisco no es mexicano... ¡Son renegados del Ku Klux
Klan que se han aliado con la mafia rusa para los algoritmos y con la italiana
para la logística! ¡Y dicen que este banco es su lavandería principal!
WHEATON. — (Azarado) ¿KKK? ¿Rusos? ¡Pero si eso es un crisol de
razas criminal! ¡Imposible! ¡Nuestra tradición anglosajona prohíbe lavar dinero
con métodos extranjeros! ¡Nosotros usamos paraísos fiscales en las Bermudas,
como caballeros!
TIFFANY. —
¡Arthur, olvida a los rusos! El chamán dice que el préstamo debe ser en
efectivo... ¡Ay, mira qué monedas tan brillantes tiene la abuela!
EMPLEADO 2. —
¡Nuevo rumor! ¡El banco acaba de ser absorbido por la filial
"Sino-Hibernian"! ¡Somos propiedad de una corporación
Chino-Irlandesa!
WHEATON. — (Se lleva las manos a la cabeza) ¿Chino-Irlandesa? ¡Eso
es el fin! ¡Mezclar el té verde con el whisky en mis libros de contabilidad!
¡Nuestra identidad se ha perdido! ¡Garrity, quita esos centavos de ahí!
GARRITY. — (Fuera de sí, empieza a tirar las monedas al aire)
¡Cero! ¡Cero! ¡Todo es cero! ¡Soy capaz de un crimen! ¡Fuera de aquí, viejas
locas! (Empieza a perseguir a Tiffany y a la Sra. Higginbotham con el
ábaco en la mano).
MRS. HIGGINBOTHAM. —
¡Socorro! ¡Me quieren robar mis centavos! ¡Yerno! ¡Kevin! ¡Trae a los
muchachos!
(Entra la COMISIÓN DE
LOS CIEN AÑOS, señores muy serios con un jarrón de plata, justo cuando Wheaton
está tratando de esconder a la Sra. Higginbotham debajo del escritorio).
DIRECTOR DE LA
COMISIÓN. — "Querido Arthur... cien años de
transparencia..."
WHEATON. — (Llorando) ¡La comisión! ¡La reputación! ¡La ocupación!
¡Cerramos! ¡El banco cierra! ¡Váyanse a sus casas! ¡Somos chinos! ¡Somos
irlandeses! ¡Somos del cartel!
CLIENTE AGITADO. — (Entra corriendo) ¡Quiero mi dinero! ¡He oído que han
quebrado! ¡Denme mis 500 dólares! Solo necesito 500 para pagar el alquiler,
¡negociemos!
MRS. HIGGINBOTHAM. — (Desde el suelo) ¡Yo quiero mis monedas! ¡Devuélvanme
mis centavos uno por uno! ¡Contándolos delante de mí!
WHEATON. — (Delirando, mientras los empleados se pelean por el jarrón de
plata) "Una vez... sostenían dos amigos... una conversación muy
seria sobre lavado de dinero..." ¡Agua! ¡No quiero decir nada que no deba
decir!
(Entran los yernos de
la Sra. Higginbotham y una turba de clientes. La Comisión huye por la ventana
con el jarrón. Garrity cae desmayado sobre una montaña de centavos).
T E L Ó N