Stanislavski Un actor se prepara
Capítulo
V
Concentración
De La Atención
1
Realizábamos
hoy algunos ejercicios cuando, de repente, cayó una de las sillas que estaban a
lo largo de las paredes. Nos sorprendimos en un primer momento, pero luego nos
dimos cuenta de que alguien estaba levantando el telón. En tanto pensábamos
hallarnos en la «sala» de María, nunca imaginamos la posibilidad de que hubiera
un lado bueno o malo en el cuarto. En cualquiera de ellos nos hallábamos bien.
Pero abierta aquella cuarta pared con su grande y negro proscenio, se siente
que uno debe reajustarse constantemente. Se piensa en la gente que mira; se
busca ser visto y oído por ellos, y no por los que están con nosotros en el
lugar. No hace un momento, el director y su ayudante parecían un elemento
natural aquí en la sala, pero, ahora, transportados a la platea, se convierten
en algo muy diferente; el cambio nos afectó a todos. Por mi parte, sentí que
hasta que aprendiéramos a sobreponernos al efecto de aquel hueco negro, no
adelantaríamos una pulgada en nuestro trabajo. Paul, no obstante, confiaba en que
lo haríamos mejor con un ejercicio nuevo y estimulante. La respuesta del
director fué ésta:
—Muy
bien. Podemos probar. He aquí una tragedia que espero ha de apartar de vuestras
mentes el público.
«Se
desarrolla aquí, en este departamento. María está casada con Kostya, tesorero
de una organización pública. Tienen un nene encantador, al que su madre baña en
un cuarto, lejos del comedor. El marido está revisando papeles y contando
dinero. No es dinero suyo, sino sumas confiadas a su cuidado, recién traído del
Banco. Un alto de paquetes de billetes se ha desparramado sobre la mesa. Frente
a Kostya se halla de pie el hermano menor de María, Vanya, un pobre tipo de
débil mental, que lo ve rasgar las coloreadas envolturas de los paquetes y
tirarlas al fuego, donde se encienden con hermoso resplandor.
«Ya
está contado todo el dinero. María, cuando considera que el marido ha terminado
la tarea, lo llama adentro para que contemple al nene bañándose. El pobre
retardado, imitando lo que ha visto, tira algunos papeles al fuego, y como
descubre que los paquetes íntegros producen una llamarada mayor, con un
frenético deleite, los arroja todos al fuego, ¡los dineros públicos, recién
retirados del Banco por el tesorero! En ese momento vuelve Kostya y alcanza a
ver el último paquete en llamas. Fuera de sí, corre hacia el fuego y derriba de
un golpe al infeliz, que cae con un quejido, y, lanzando un alarido, saca del
fuego el último paquete a medio quemar.
«La
esposa, asustada, entra corriendo en el cuarto y ve a su hermano extendido en
el suelo. Trata de levantarlo, pero no puede. Al ver sangre en sus manos, pide
al marido que traiga agua, pero éste ni la escucha, de modo que ella misma va a
buscarla. Desde el otro cuarto se oye un grito desgarrador. El niño ha muerto,
ahogado en la bañera.
«¿No
les parece tragedia suficiente como para alejar al público de nuestras mentes?
Este
nuevo ejercicio nos conmovió con su renovado melodrama, y, sin embargo, nada
logramos.
—Evidentemente
—exclamó el director—, el magnetismo del público es más poderoso que la
tragedia que transcurre en el escenario. Puesto que es así, ensayemos de nuevo,
esta vez con el telón bajo.
Él
y su ayudante regresaron de la platea a nuestra sala, la que volvió a parecer
amigable y hospitalaria. Empezamos a actuar. Las partes tranquilas del
principio del ejercicio las hicimos bien, mas cuando llegamos a las partes
dramáticas, me pareció que lo que acababa de representar no era en modo alguno
adecuado, y quise hacer mucho más de lo que mis sentimientos podían expresar.
Este
juicio mío fué confirmado cuando el director dijo:
—Al
principio, actuaron correctamente, pero al final fingieron actuar, forzaron los
sentimientos, de modo que no pueden culpar de todo al hueco negro. Eso no es lo
único que obstaculizó la acción en el escenario, ya que con el telón bajo el
resultado es el mismo.
Con
la excusa de no molestarnos, nos dejaron ostensiblemente solos para representar
de nuevo el ejercicio. En realidad, fuimos espiados a través de un agujero del
telón y nos dijeron que esta vez habíamos estado mal y al mismo tiempo seguros
de nosotros mismos.
—El
error principal —dijo el director—parece residir en la incapacidad de
concentrar la atención, la que todavía no está preparada para el trabajo
creador.
2
La
lección de hoy se efectuó en el escenario de la escuela, pero el telón estaba
corrido y las sillas habían sido retiradas. Nuestra pequeña estancia se abría
ahora hacia la platea, lo que hizo que desapareciera toda su atmósfera de
intimidad, para convertirla en una ordinaria decoración teatral. Cables
eléctricos colgaban de la pared y corrían en varias direcciones con las
lamparillas dispuestas como para iluminar. Fuimos alineados cerca de las
candilejas. Todo estaba en silencio.
—¿Quién
ha perdido el taco del zapato? —preguntó de pronto el director.
Los
estudiantes examinaron preocupados el calzado propio y del vecino, cuando de
pronto el director interrumpió:
—¿Qué
acaba de ocurrir en el vestíbulo? —nos preguntó.
No
teníamos la menor idea.
—¿Quieren
decir que no notaron que mi secretario me trajo en este mismo momento algunos
papeles para firmar?
Ninguno
lo había visto.
—¡Y
con el telón corrido! El secreto parece bastante sencillo: A fin de olvidarse
del público, deben ustedes interesarse por algo en el escenario.
Eso
me impresionó, porque comprendí que desde el momento en que me concentrara en
algo situado detrás de las candilejas, dejaría de pensar en lo que sucede
frente a ellas. Recordé haber ayudado a un hombre a recoger clavos
desparramados en el escenario, cuando ensayaba mis pasajes de Otelo. Abstraído
entonces por el simple acto de recogerlos y en mi conversación con el hombre,
olvidé por completo el hueco negro de más allá de las candilejas.
—Ahora
comprenderán que un actor debe tener un punto de atención, y que este punto de
atención no debe estar en la sala. Cuanto más atractivo sea el objeto, más
concentrará la atención. En la vida real siempre hay múltiples objetos que
llaman nuestra atención, pero en el teatro, las circunstancias son diferentes y
estorban la vida normal del actor, por eso se hace necesario un esfuerzo para
fijar la atención. Se convierte en requisito el aprender nuevamente a mirar las
cosas en el escenario y a verlas. Ahora bien, en vez de aleccionarlos más sobre
eso, daré algunos ejemplos.
«Dejemos
que los puntos de luz, que dentro de poco se advertirán, los ilustren acerca de
ciertos aspectos de los objetos, familiares para ustedes en la vida ordinaria y
necesarios, por lo tanto, en el escenario.
Pocos
segundos más, y una luz se encendió sobre la mesa cerca de la cual estábamos
sentados. En la oscuridad ambiente esta luz era notoria y brillante.
—Esta
lamparita —explicó el director—, brillando en la oscuridad, es un ejemplo del
Objeto Más Cercano. Hacemos uso de él en los momentos de mayor concentración,
cuando es necesario recogernos en absoluta atención y evitar que se disipe en
cosas distantes.
Encendidas
nuevamente las luces, continuó:
—Concentrarse
en un punto de luz en completa oscuridad, es comparativamente fácil. Repitamos
otra vez, el ejercicio con la luz.
Pidió
a uno de los alumnos que examinara el respaldo de un sillón. En cuanto a mí,
debí estudiar la imitación de un esmalte sobre la superficie de una mesa. A un
tercero le asignó una porcelana, a un cuarto un lápiz, a un quinto un trozo de
cuerda, un fósforo a un sexto y así sucesivamente.
Paul
comenzó a desenrollar la cuerda, pero yo lo detuve, porque pensé que el
propósito del ejercicio era concentrar la atención y no actuar de modo que
debíamos examinar los objetos dados y pensar en ellos. Como Paul no estaba de
acuerdo conmigo, llevamos nuestra diferencia de opinión al director, que dijo:
—La
observación intensa de un objeto despierta, naturalmente, el deseo de hacer
algo con él. Esto intensifica a su vez la observación, y esta mutua reacción
interior establece un contacto más fuerte con el objeto de nuestra atención.
Cuando
volví al estudio del esmalte extendido sobre la superficie de la mesa, sentí el
deseo de levantarlo con algún instrumento agudo. Esto me obligó a mirarlo con
más atención. Mientras tanto Paul continuaba absorto en la tarea de desenredar
su cuerda. Todos los demás se ocupaban de otras cosas y observaban con atención
los variados objetos.
Finalmente,
el director dijo:
—Veo
que todos están capacitados para concentrarse en el objeto más cercano, tanto
en la luz como en la oscuridad.
Luego
mostró, primero sin luces y después con ellas algunos objetos a una distancia
moderada, y otros a mayor distancia. Debíamos construir alguna historia
imaginaria acerca de ellos y mantenerla en el centro de nuestra atención tanto
como nos fuera posible. Esto pudimos hacerlo cuando las luces principales se
apagaron.
Tan
pronto como fueron encendidas nuevamente, dijo:
—Miren
ahora a su alrededor con cuidado y elijan cualquier objeto, cerca o lejos, y
concéntrense en él.
Había
tantas cosas e nuestro alrededor, que al principio mis ojos corrían de una a
otra. Finalmente fijé la mirada en una figurilla sobre la repisa. Pero no pude
mantener la vista fija en ella por mucho tiempo, atraída por tantas otras cosas
del aposento.
—Evidentemente,
antes de poder determinar puntos de atención a cualquier distancia será
necesario aprender a mirar y a ver cosas en el escenario a cualquier distancia
—dijo el director—. Es difícil hacerlo frente a la gente y al arco oscuro del
proscenio.
«En
la vida ordinaria ustedes caminan, se sientan, hablan y miran, pero en el
escenario se pierden todas esas facultades. Se siente la proximidad del público
y cada uno se pregunta: "¿Por qué me miran?» Es menester, pues, enseñarles
nuevamente cómo hacer todas estas cosas en público.
«Recuerden
esto: todos nuestros actos, aún los más simples, tan familiares en nuestra vida
diaria, se vuelven forzados cuando aparecemos detrás de las candilejas, frente
a un público numeroso. Por eso es necesario que nos corrijamos nosotros mismos
y aprendamos de nuevo a caminar, movernos, sentarnos, o acostarnos. Es esencial
reeducarnos para mirar y ver en el escenario, para escuchar y oír.
3
—Escojan
ustedes algún objeto —nos dijo hoy el director, una vez sentados en el
escenario abierto—. Supongamos que toman como punto de observación aquel mantel
bordado, ya que su dibujo es digno de atención.
Lo
miramos con esmero, pero interrumpió:
—Eso
no es mirar. Es fijar la vista.
Disimulamos
la tensión de nuestras miradas, pero no lo convencimos de que veíamos lo que
mirábamos.
—Con
más atención —ordenó.
Todos
nos inclinamos hacia adelante.
—Todavía
es demasiado mecánica esa mirada —insistió—y escasa la atención.
Fruncí
el entrecejo y me pareció que con ello me mostraría sumamente atento.
—Estar
atento y parecer estarlo son dos cosas muy diferentes —dijo—. Hagan la prueba
ustedes mismos, y vean cuál es la verdadera manera de mirar y cuál es la
imitación.
Después
de tratar de mirar correctamente, conseguimos fijar la vista tranquilos,
buscando no forzar los ojos para mirar el bordado.
De
pronto soltó una carcajada y, volviéndose a mí, dijo:
—¡Si
pudiera fotografiarlo tal como está ahora! Nunca creí que un ser humano pudiera
doblarse en esa postura tan absurda. ¡Pero si los ojos se le están saliendo de
las órbitas! ¿Necesita tanto esfuerzo para mirar simplemente una cosa? ¡Menos,
menos! ¡Mucho menos esfuerzo! ¡Descanse! ¡Más! ¿Tanto le atrae esta tela que
debe inclinarse sobre ella? ¡Échese hacia atrás! ¡Mucho más!
Finalmente
consiguió reducir un poco mi tensión, pero aún así significó mucho para mí.
Nadie puede tener idea de este alivio, a menos que haya estado en un escenario
abierto, sintiéndose tullido por la tensión muscular.
—Una
lengua parlanchina o los movimientos mecánicos de pies y manos no pueden tomar
el lugar del ojo comprensivo. El ojo del actor que mira y ve un objeto, atrae
la atención del espectador y por lo mismo le indica lo que éste debe ver.
Recíprocamente, una mirada distraída deja que la atención del espectador vague
por el escenario.
Volvió
aquí a su demostración con las lámparas eléctricas:
—Les
he mostrado una serie de objetos como los que tenemos en la vida real. Dichos
objetos han sido vistos de la manera que un actor debe verlos en el escenario.
Les mostraré ahora de qué manera no deben ser mirados nunca, a pesar de que
casi siempre lo son. Les mostrare los objetos con los que la atención del actor
está siempre ocupada mientras se halla en escena.
Se
apagaron las luces otra vez, y en la oscuridad vimos pequeñas lamparillas
centelleando en torno. Las luces se prendían y apagaban por todo el escenario y
la platea. De pronto desaparecieron, y una luz fuerte se encendió sobre uno de
los asientos de la platea.
—¿Qué
es eso? —preguntó una voz en la oscuridad.
—Eso
es el Severo Crítico Dramático —dijo el director—. Concurre a un estreno a
cambio de un montón de gentilezas.
Las
pequeñas luces comenzaron nuevamente a centellear, luego se extinguieron y otra
vez se hizo visible una luz fuerte, ahora sobre el asiento del apuntador.
Habíase
apenas extinguido, cuando un pequeño, débil y reducido foco se encendió en el
escenario.
—Allí
está —dijo con ironía—la compañera pobre del actor, a la que éste presta muy
poca atención.
Acto
seguido, las pequeñas luces brillaron otra vez por todos lados y los focos
fuertes se encendían y apagaban a veces simultáneamente, y otras por separado;
una orgía de luces. Esto me hizo recordar la representación de Otelo, cuando mi
atención recorría todo el teatro y cuando sólo accidentalmente y en escasos
momentos podía concentrarme en algún objeto cercano.
—¿Está
claro que el actor debe escoger el objeto de su atención del escenario, la
obra, el papel y la decoración? —preguntó el director—. He aquí el difícil
problema que deben resolver.
4
Hoy
Rajmánov, el ayudante del director, nos notificó que a pedido del director,
tomaría su lugar en la clase práctica.
—Concentren
toda su atención —dijo con tono seguro y enérgico—. El ejercicio será como
sigue: Seleccionaré un objeto para que cada uno lo observe. Deberán estudiar su
forma, líneas, colores, detalles y características. Todo esto deberán
realizarlo mientras cuento hasta treinta. Luego se apagarán las luces, de modo
que no puedan ver el objeto, y luego los llamaré por turno para que lo
describan. En la oscuridad me dirán lo que la memoria visual de cada uno ha
retenido. Verificaré con las luces encendidas y compararé lo dicho con el
objeto. Escuchen atentamente. Voy a empezar: María, el espejo.
—¡Oh,
válgame Dios! ¿Es éste?
—Sin
preguntas innecesarias. En el cuarto hay un espejo, uno solo. El actor debe ser
buen adivinador.
«Leo,
el cuadro; Grisha, la araña; Sonya, el álbum de recortes.
—¿El
de cuero? —preguntó con su voz almibarada.
—Ya
lo señalé. No lo repito. El actor debe tomar las cosas al vuelo. Kostya, la
alfombra.
—Hay
varias —dije.
—En
caso de incertidumbre, decida usted mismo. Puede equivocarse, pero no titubee.
El actor debe tener presencia de ánimo. No se detenga a preguntar. Vanya, el
florero; Nicolás, la ventana; Dasha, la almohada; Vassili, el piano. Uno, dos,
tres, cuatro, cinco… —Contó despacio hasta treinta—. Apaguen las luces.
Fui
el primero que llamó:
—Usted
me indicó una alfombra y no pude decidirme al momento, de modo que perdí algún
tiempo…
—Sea
más breve y aténgase a su obligación.
—La
alfombra es persa. El fondo general es castaño rojizo. Un gran borde encuadra
los orillos… —Seguí la descripción hasta que el ayudante del director pidió:
—¡Luces!
Recordó todo mal. No retuvo la impresión. ¡Leo!
—No
pude percibir el tema de la pintura, porque está muy lejos y soy corto de
vista. Todo lo que vi fué un tono amarillo sobre un fondo rojo.
—¡Luces!
No hay rojo ni amarillo en la pintura. Grisha.
—La
araña es dorada. Un artículo barato. Con colgajos de vidrio.
—¡Luces!
La araña es una pieza de museo, una pieza del palacio imperial. Usted dormía
cuando se apagaron las luces. ¡Luces! Kostya describa su alfombra otra vez.
—Lo
siento, pero no sabía que me iba a pedir que lo hiciera de nuevo.
—Nunca
se siente sin hacer nada, ni un solo momento. Y les prevengo que los examinaré
dos o más veces, hasta que consiga la idea exacta de sus impresiones. ¡Leo!
Este
dio un grito de sorpresa y dijo:
—No
estaba observando.
Finalmente,
nos obligaron a estudiar los objetos hasta el último pormenor y luego a
describirlos. En mi caso, fui llamado cinco veces antes de hacerlo
satisfactoriamente. Este trabajo intenso duró casi una hora. Teníamos los ojos
cansados y la atención forzada. Hubiera sido imposible continuar con igual
intensidad. Por eso la lección fué dividida en dos partes, de media hora cada
una. Después de la primera parte, tomamos una lección de baile. Luego volvimos
e hicimos exactamente lo que habíamos hecho antes, con excepción del tiempo de
observación, que fué reducido de treinta segundos a veinte. El ayudante del
director recalcó que con el tiempo el permiso de observación sería reducido a
dos segundos.
5
El
director continuó hoy la demostración con las luces eléctricas.
—Hasta
ahora —dijo—nos hemos ejercitado con objetos en forma de puntos de luz. Ahora
les mostraré un círculo de atención. Consistirá en un sector completo, grande o
pequeño, e incluirá una serie de puntos independientes. El ojo puede pasar de
uno a otro de estos puntos, pero no debe ir más allá del límite indicado en el
círculo de atención.
Al
principio hubo una oscuridad completa. Un momento después, sobre la mesa cerca
de la cual estaba sentado, encendieron una gran lámpara, que proyectaba sus
rayos de luz sobre mis manos y mi cabeza, e iluminaba profusamente los pequeños
objetos diseminados sobre la mesa con reflejos multicolores. El resto del
escenario y de la sala estaban sumidos en la oscuridad.
—Este
espacio iluminado de la mesa —dijo el director—les ilustra un Pequeño Círculo
de Atención. Usted mismo, o mejor dicho, su cabeza y sus manos, sobre las que
cae la luz, son el centro de este círculo.
El
efecto que me produjo fué casi mágico. Todas las pequeñas chucherías de la mesa
atraían mi atención sin esfuerzo alguno de mi parte.
En
un círculo de luz, en medio de la oscuridad, se tiene la impresión de hallarse
solo. Me sentí más cómodo en este círculo de luz que en mi propia habitación.
En
un espacio tan pequeño como este círculo, puede concentrarse la atención en
examinar varios objetos en sus pormenores más complicados y ejercitarse también
en actividades más complicadas tales como la de precisar imágenes del
sentimiento y del pensamiento. Evidentemente el director comprendió mi estado
de ánimo, pues vino derecho al borde del escenario y dijo:
—Haga
inmediatamente un apunte sobre su estado de ánimo; es lo que llamamos Soledad
en Público. Está usted en público, porque estamos aquí todos nosotros. Está
solo porque lo separa de nosotros el pequeño círculo de atención. Durante
cualquier representación, ante público numeroso, pueden encerrarse siempre en
este círculo como un caracol en su concha.
Después
de una pausa anunció que nos mostraría un Círculo Medio; todo se obscureció; el
reflector iluminó entonces una superficie bastante amplia, con varios muebles,
una mesa, algunas sillas con algunos estudiantes sentados, una punta del piano,
la chimenea con un gran sillón en frente. Naturalmente no pudimos verlo todo en
seguida, pero debimos examinar la superficie parte por parte, objeto por
objeto: cada cosa dentro del círculo marcaba un punto diferente.
El
mayor inconveniente estaba en que la superficie máxima de luz que producía el
reflector, reflejaba medios tonos que caían sobre cesas fuera del círculo, así
que la muralla de obscuridad no aparecía impenetrable.
—Ahora
tienen el Círculo Grande —continuó. La estancia fué inundada totalmente de luz.
Las otras habitaciones estaban a oscuras, pero pronto encendieron lámparas
también en ellas. El director indicó—: Ese es el mismo Círculo Más Grande. Sus
dimensiones dependen del alcance de las miradas. Aquí, en esta habitación, he
extendido el círculo tanto como es posible. Pero si estuviésemos en una playa o
en un llano, el círculo sería limitado sólo por el horizonte. En el escenario,
esas perspectivas distantes son disimuladas por la pintura en el telón de
fondo.
«Tratemos
ahora de repetir los ejercicios recién realizados, salvo que esta vez tendremos
todas las luces encendidas.
Nos
ubicamos todos en el escenario a lo largo de la mesa, iluminados por la lámpara
grande. Yo estaba en el mismo lugar posterior y experimenté por vez primera la
sensación de estar solo en público. Ahora imaginábamos renovar este sentimiento
a plena luz, pero sólo mentalmente para alcanzar el círculo de atención.
Al
no lograrlo con nuestros intentos, el director nos explicó la causa:
—Cuando
hay un punto de luz rodeado de oscuridad —dijo—, todos los objetos dentro de él
atraen la atención, porque siendo invisible todo lo de afuera, no hay en ello
atracción alguna. Los contornos de ese círculo son tan evidentes y la sombra a
su alrededor tan sólida que no se siente el deseo de sobrepasar sus límites.
«Cuando
las luces están encendidas, el problema resulta completamente distinto. Como no
existe un contorno evidente para el círculo, están obligados a construir uno
mentalmente y a no permitirse mirar más allá de él. La atención debe ahora
reemplazar a la luz, manteniéndolos dentro de ciertos límites, y esto a pesar
del poder de atracción de toda clase de objetos visibles ahora fuera de él. Por
lo tanto, como las condiciones con el reflector y sin él son opuestas, debe
cambiarse el método para mantener el círculo.
Delineó
entonces la superficie precisada con una serie de objetos de la habitación.
Por
ejemplo, la mesa redonda delineaba un círculo, el más pequeño; en otra parte
del escenario, una alfombra algo más grande que la mesa que estaba sobre ella,
formaba un Círculo Medio; y la alfombra más grande del cuarto fijaba el Círculo
Grande.
—Tomemos
ahora todo el ambiente, vale decir, el Círculo Más Grande —dijo el director.
Hasta
aquí, todo lo que había ayudado a concentrarme fracasó y me sentí impotente.
Para
alentarnos, dijo:
—Tiempo
y práctica les enseñarán el modo de utilizar el método que acabo de sugerirles.
No lo olviden y, mientras tanto, les enseñaré otro ardid técnico que los
ayudará a gobernar la atención. A medida que el círculo aumenta, debe
ensancharse la superficie de la atención. Esta superficie, no obstante, puede
continuar creciendo sólo hasta el punto en que puedan retenerla toda, dentro de
los límites de la atención, encerrada por una línea imaginaria. Tan pronto como
su límite comience a vacilar, deben retroceder rápidamente a un círculo menor
capaz de ser abarcado por la atención visual.
«En
este punto hallarán a menudo dificultades. La atención se deslizará y
desvanecerá en el espacio. Deben atraerla nuevamente y dirigirla tan pronto
como sea posible a un solo punto u objeto, tal como, por ejemplo, la lámpara.
No parecerá tan brillante como cuando todo a su alrededor estaba oscuro y, no
obstante, poseerá el poder de atraer la atención.
«Cuando
hayan establecido el punto, rodéenlo con un pequeño círculo, con la lámpara
como centro. Agrándenlo luego a un Círculo Medio, que incluirá varios más
pequeños, cada uno de los cuales no será reforzado por un punto central, pero
si ese punto es necesario, escojan un nuevo objeto y rodéenlo con otro círculo
más pequeño. Apliquen el mismo método a un Círculo Medio.
Pero
a cada momento la superficie de nuestra atención se dilataba a tal punto que
perdíamos su control. Como todos los experimentos fracasaran, el director hizo
nuevos ensayos.
Después
pasó a otra fase de la misma idea.
—¿Han
notado que hasta ahora han estado siempre en el centro del círculo? —dijo—. Y,
sin embargo, a veces se encontrarán fuera de él. Por ejemplo —todo se
oscureció: luego fué encendida una luz en el techo de la habitación contigua,
arrojando una mancha sobre el mantel blanco y los platos—: Ahora están fuera de
los límites del pequeño círculo de atención. El papel que les toca es un papel
pasivo: de observación. Asi como la superficie de la luz se extiende y el área
iluminado en el comedor se ensancha, el círculo se agranda y agranda, y el área
de observación aumenta en la misma proporción. También pueden utilizar el mismo
método de escoger puntos de atención en estos círculos que se encuentran fuera
de ustedes.
6
Hoy,
cuando expresé mi deseo de no verme nunca fuera del círculo pequeño, el
director me respondió:
—Puede
llevarlo con usted dondequiera que vaya, en el escenario o fuera de él. Suba al
escenario y camine por él. Cambie de asiento. Condúzcase como si estuviera en
su casa.
Subí
y di algunos pases en dirección a la chimenea. Todo se oscureció; de algún
lugar surgió después la luz de un reflector, que se movía al mismo tiempo que
yo. A pesar del movimiento, me sentí tan cómodo en el centro de ese pequeño
círculo como en casa. Caminé de un lado al otro de la habitación, el reflector
me siguió. Fui basta la ventana y éste también se acercó a ella. Me senté al
piano, todavía con la luz. Esto me convenció de que ese pequeño círculo de
atención, que con uno se mueve es lo más práctico e importante que había
aprendido. Para ilustrarnos sobre su uso, el director nos contó un cuento hindú
acerca de un maharajá que, a punto de elegir un ministro, anunció que tornaría
únicamente aquel hombre que pudiera caminar sobre el borde de las murallas de
la ciudad, sosteniendo un plato, lleno de leche hasta el borde, sin derramar
una sola gota. Varíes candidatos vociferaron, se asustaron o, distraídos en
otras cosas, derramaron la leche.
“—Esos
—dijo el maharajá— no son ministros.
«Luego
vino otro, que no gritó ni se asustó, y a quien nada distrajo ni hizo apartar
la mirada del borde del plato.
«—¡Fuego!
—ordeno el comandante de las tropas.
«Dispararon,
pero sin resultado.
«—Ese
es un verdadero ministro —dijo el maharajá.
«—¿No
oyó usted los gritos? —le preguntaron.
«—No.
«—¿No
se dio cuenta de las tentativas que se hicieron para asustarlo?
«—No.
«—¿Oyó
los disparos?
«—No.
Yo vigilaba la leche.
Como
otra ilustración del círculo movible, esta vez en forma concreta, nos dieron a
cada uno un aro de madera. Algunos de estos aros eran más grandes, otros más
pequeños, de acuerdo con el tamaño del círculo que había que crear. Hallé más
fácil adaptarme a la idea de construir el círculo con series de objetos, y pude
decirme: desde la extremidad de mi codo izquierdo, pasando por el torso, hasta
mi codo derecho, incluyendo mis piernas, que se adelantan a medida que camino,
será mi círculo de atención. Comprendí que podría fácilmente llevarlo conmigo,
incluyéndome en él, y encontrar así la soledad en público. Hasta en el camino a
casa, en la confusión de la calle, bajo el sol brillante, encontré más fácil
llevar esa línea en torno mío y permanecer en ella, que en el teatro mediante
el recurso de las luces de los reflectores y el aro.
7
—Hasta
ahora nos hemos ocupado de lo que llamamos atención interior —dijo hoy el
director—. Vale decir referente a los objetos materiales que se encuentran
fuera de nosotros.
Luego
continuó explicando lo que se entiende por «atención interior», que se
concentra en cosas que vemos, oímos, tocamos y sentimos en circunstancias
imaginarias. Nos recordó lo que había dicho anteriormente sobre la imaginación
y cómo habíamos notado que el origen de una imagen dada era interno y que, sin
embargo, era proyectado mentalmente a un punto de nuestro exterior. Al hecho de
que veamos tales imágenes con visión interior, añadió que el mismo era propio
de nuestro sentido de oído, olfato, tacto y gusto.
—Los
objetos de la atención interior se esparcen por toda la esfera de actividad de
los cinco sentidos —dijo—. El actor vive en el escenario, dentro o fuera de sí,
una vida real o imaginaria. Esa vida abstracta ofrece una fuente inagotable de
material para nuestra concentración en atención interior. La dificultad para
valerse de ella está en el hecho de que es frágil. Las cosas materiales que en
el escenario nos rodean exigen esmerada atención, pero los objetos imaginarios
demandan un poder de concentración más disciplinado todavía.
«Lo
que he dicho sobre el tema de la atención exterior, en lecciones anteriores, se
aplica igualmente a la atención interior.
«La
atención interior es de particular importancia para el actor, porque gran parte
de su vida transcurre en la región de las circunstancias imaginarias.
«Fuera
de la labor del teatro, esta ejercitación debe hacerse en el marco de nuestros
vidas diarias. Para ese fin pueden valerse de los ejercicios que hemos
desarrollado para la imaginación, que son igualmente efectivos para la
concentración de la atención.
«Esta
noche, una vez que se hayan acostado y apagado la luz, ejercítense en repasar
el día completo y traten de incluir en lo posible todo pormenor concreto.
Cuando recuerden una comida, no lo hagan sólo con los alimentos, representen en
sus mentes vívidamente los platos en que fué servida y su distribución general.
«Recuerden
todos los pensamientos y emociones internas que la conversación durante la
comida les haya suscitado. Otras veces traten de revivir recuerdos de la
primera infancia. O bien hagan un esfuerzo por analizar minuciosamente las
casas, las habitaciones o los lugares donde les haya tocado estar, así como los
objetos individuales vinculados a esos lugares. Traten de recordar también, y
tan vivamente como les sea posible, no sólo a los amigos, sino a los extraños,
inclusive a gente que ha dejado este mundo. Esa es la única manera de
desarrollar un fuerte, agudo y sólido poder de atención interior y exterior.
Para lograrlo se requiere un trabajo prolongado y sistemático.
«La
labor diaria a conciencia significa que deben ser tesoneros, decididos y
pacientes.
8
En
la lección de hoy, el director dijo:
—Hemos
experimentado con la atención exterior e interior y hecho uso de los objetos de
modo mecánico, fotográfico y formal.
«Lo
hemos tenido que hacer con una atención arbitraria, intelectual en su origen.
Esto es necesario para los actores, pero no con tanta frecuencia. Es
particularmente útil para concentrar la atención que se ha perdido. La simple
mirada a un objeto ayuda a fijarla, pero no se la puede sostener por largo
tiempo. Para aprehender con firmeza el objeto cuando se actúa, se necesita otra
clase de atención, la que causa una reacción emocional. Deben tener algo que
los haga interesar por el objeto de la atención y que les servirá para poner en
movimiento todo el sistema creador.
«Naturalmente,
no es necesario dotar a cada objeto de vida imaginativa, pero es preciso ser
sensible a la influencia que sobre nosotros despierte.
Como
ejemplo de la diferencia entre la atención basada en el intelecto y basada en
el sentimiento, dijo:
—Miren
esta antigua araña. Data de los días del Emperador. ¿Cuántos brazos tiene?
¿Cuál es su forma, su diseño?
«Para
mirar esta araña han utilizado la atención intelectual exterior. Ahora quiero
que me digan esto: ¿les gusta? Si es así, ¿qué les atrae especialmente? ¿En qué
puede ser utilizada?
Se
dirán: esta araña pudo haber estado en la residencia de algún mariscal de campo
cuando recibió a Napoleón. O bien, pudo haber estado colgada en el propio
dormitorio del emperador francés cuando firmó la histórica acta sobre los
reglamentos del Teatro Francés en París.
«En
este caso, el objeto ha permanecido sin cambio, pero ahora se sabe que las
circunstancias imaginadas pueden transformarlo y acrecentar la reacción de la
emoción.
9
Vassili
dijo hoy que le parecía no sólo difícil, sino imposible pensar a un mismo
tiempo en el papel, los métodos técnicos, el público, las palabras del papel y
sugestiones, además de los varios puntos de atención.
—Se
sienten impotentes para encarar tal tarea —dijo el director—y. sin embargo,
cualquier prestidigitador en un circo no titubearía en manejar cosas mucho más
complicadas, arriesgando su vida al hacerlo.
«La
razón por lo que puede hacerlo es que la atención está formada por muchas capas
que no se interponen entre sí. Afortunadamente, el hábito torna automática gran
parte de la atención. El período más difícil está en las primeras etapas del
aprendizaje.
«Por
supuesto, si hasta ahora han creído que el actor cuenta sólo con la
inspiración, tendrán que cambiar de opinión. El talento sin trabajo no es nada
más que material en bruto sin pulir.
Siguió
luego una discusión con Grisha, acerca de la cuarta pared; se presentó el
problema de cómo fijar la vista en un objeto sin mirar al público. La respuesta
del director fué ésta:
—Supongamos
que están mirando esta cuarta pared inexistente. Está muy cerca. ¿Cómo
concentrar la mirada? Casi en el mismo ángulo que si estuvieran mirando la
punta de la nariz. Esta es la única forma en que puede fijarse la atención en
un objeto imaginario de esa cuarta pared.
«Y,
sin embargo, ¿qué es lo que hace la mayoría de los actores? Pretendiendo mirar
esa pared imaginaria, concentran la mirada en algo de la platea. Su ángulo de
visión es completamente distinto del necesario para mirar un objeto cercano.
¿Creen ustedes que el actor mismo, la persona junto a la cual actúa, o el
espectador, obtiene alguna satisfacción de semejante error fisiológico? ¿Puede
engañar con éxito a su propia naturaleza o a la nuestra, haciendo algo tan
anormal?
«Supongan
que el papel exige una mirada sobre el horizonte, en pleno océano, donde la
vela de una embarcación alcanza a verse todavía. ¿Recuerdan cómo deben fijar la
mirada para distinguirla? Deben mirar en líneas casi paralelas. Para llevarla a
esta posición, cuando están de pie en el escenario, deben trasladar mentalmente
la pared al lugar más recóndito de la sala y descubrir más allá de ella un
punto imaginario donde fijar la atención. Aquí de nuevo un actor fijaría, por
lo general, la vista como si estuviera mirando a alguien de la platea.
«Cuando,
con la ayuda de la técnica necesaria, aprendan cómo colocar un objeto en el
lugar exacto, cuando comprendan la relación entre la vista y distancia, no
habrá entonces para ustedes peligro de mirar hacia la sala, permitiendo a la
vista pasear por sobre los espectadores o bien detenerse hacia un sector. Por
el momento, vuelvan las caras a la derecha o a la izquierda, arriba o a los
costados. No teman que no les vean los ojos. Además, cuando sientan la natural
necesidad de hacerlo, hallarán que éstos se vuelven espontáneamente hacia un
objeto más allá de las candilejas. Cuando esto suceda, se hará natural,
instintiva y directamente. A menos que sientan esta necesidad subconsciente,
eviten mirar esa cuarta pared inexistente, o a la distancia, hasta que hayan
dominado la técnica con que puede hacerse.
10
En
nuestra lección de hoy el director dijo:
—El
actor debe ser un observador constante, no sólo en la escena, sino también en
la vida real. Debe concentrarse con todo su ser en cuanto atraiga su atención,
mirar un objeto, no como un transeúnte distraído, sino con penetración, porque,
de lo contrario, su método creador no resultará eficaz ni guardará relación con
la vida.
«Hay
personas dotadas por la naturaleza de poder de observación, al punto de que sin
esfuerzo alguno se forman una impresión bien definida de lo que ocurre a su
alrededor, en ellos mismos y en los demás. Saben también cómo escoger de entre
esas observaciones las cosas más significativas, típicas o llenas de colorido.
Cuando se oye hablar a esas personas impresiona constatar la cantidad de
pormenores que pierde aquél que no observa.
«Otras
son incapaces de desarrollar ese poder ni aun lo suficientemente como para
preservar sus propios y más simples intereses. ¡Cuánto menos capacitadas
estarán entonces, para hacerlo con el fin de estudiar la vida misma!
«El
término medio de las personas no tienen idea de cómo observar la expresión del
rostro, la mirada o el tono de voz, a fin de comprender el estado de ánimo de
las personas con quienes se habla. Ni logran captar las complejas verdades de
la vida, ni escuchan de modo que comprendan lo que oyen. Si pudieran hacerlo,
la vida sería para ellas mejor y más fácil, y la tarea creadora
inconmensurablemente más rica, más pura y más honda. Pero no se puede poner
dentro de una persona lo que ésta no posee: sólo se puede tratar de desarrollar
cualquiera sea la capacidad de que pudiera estar dotada. En el campo de la
atención, ese desarrollo exige una tarea enorme, tiempo, deseo de triunfar y
práctica sistemática.
«¿Cómo
podemos enseñar a personas que no saben observar a notar lo que la naturaleza y
la vida tratan de mostrarles? Primero debe enseñárseles a mirar, a escuchar y a
oír lo bello. Tales hábitos elevan y despiertan en sus mentes sentimientos que
dejarán hondas huellas en sus recuerdos emotivos. Nada en la vida es más
hermoso que la naturaleza y ella debiera ser objeto constante de atención. Para
empezar, tomen una pequeña flor, o uno de sus pétalos, una pequeña telaraña, o
el diseño de la escarcha en el vidrio de le ventana. Traten de expresar con
palabras aquello que determina ese placer de la contemplación. Este esfuerzo
induce a observar el objeto con más atención, con más eficacia, a fin de
apreciarlo y definir sus cualidades. Y no esquiven el lado más negro de la
naturaleza. Búsquenlo en los pantanos, en el Limo del mar, entre los insectos,
y recuerden que tras esos fenómenos yace escondida la belleza, así como a la
alegría sigue la tristeza. Lo que de verdad es hermoso nada puede temer de la
desfiguración, antes bien, esa misma deformidad a menudo acentúa y destaca la
belleza.
«Aprendan
a descubrir los dos aspectos de la belleza y sepan definirlos; aprendan a
conocerlos y a verlos. De otro modo, el concepto que se formen de la belleza
será incompleto, almibarado, acicalado y sentimental.
«Enfoquen
luego cuanto el espíritu del hombre ha producido en arte, literatura y música.
«En
el fondo de cada proceso de obtención del material creador para nuestro
trabajo, siempre se harán la emoción. El sentimiento, no obstante, no reemplaza
la inmensa cantidad de trabajo en lo que concierne a nuestros intelectos. Quizá
temen que los pequeños toques que la mente pueda agregar por cuenta propia
vayan a dañar el material tomado de la vida, pero no teman; a menudo esas
adiciones originales lo acrecientan en gran parte, siempre que sean sinceras.
«Permítanme
que les hable de una anciana que cierta vez vi empujando un coche de niño, por
una avenida. Dentro había una jaula con un canario. Probablemente la mujer
había colocado todos sus envoltorios en el coche para llevarlos a su casa con
más facilidad. Pero yo quise ver las cosas de modo distinto, y decidí que la
pobre anciana había perdido todos sus hijos y nietos y que lo único que le
quedaba era… ese canario. Por eso lo llevaba a dar un paseo por la avenida, de
la misma manera que lo había hecho poco tiempo antes con el nieto, ahora
perdido. Todo eso es más interesante y apropiado para el teatro que la verdad.
¿Por qué no podría guardar esa idea en el depósito de mis recuerdos? No soy un
censor con la responsabilidad de recoger los hechos exactos, sino un artista
que necesita material que despierte sus emociones.
«Después
de haber aprendido a observar la vida que los rodea y acercarse a ella por
medio del trabajo, se dedicarán al estudio del material emocional más
necesario, importante y vivido, fundamento de la facultad creadora. Me refiero
a aquellas impresiones que se obtienen del trato directo y personal con los
seres humanos. Ese material es difícil de obtener, porque en gran parte es
intangible, vago y sólo perceptible interiormente. No hay duda que muchas
experiencias espirituales se reflejan en nuestra expresión, en la mirada, en la
voz, en la conversación, en los gestos, pero aun así no es fácil percibir la
naturaleza íntima de otro, porque las personas rara vez abren las puertas de
sus almas y permiten a los demás verlas al desnudo.
«Cuando
el mundo interior de aquel que ustedes observen se les aclara a través de
actos, pensamientos e impulsos, sigan atentamente sus actitudes y estudien el
estado en que se encuentra. ¿Por qué hace esto o aquello? ¿Qué es lo que
piensa? Por lo general, no podemos llegar por medio de datos precisos a conocer
la vida íntima de la persona que estudiamos, y sólo lo hacemos mediante la
intuición. Trátase aquí del tipo más delicado de concentración de atención y de
poderes de observación que en su origen son subconscientes. Nuestro tipo común
de atención no tiene el alcance suficiente como para realizar el proceso de
penetrar en el espíritu de otra persona.
«Si
yo lea asegurara que la técnica habrá de conseguir tanto como eso, los estaría
engañando. A medida que progresen irán aprendiendo más y más formas con las que
estimular el subconsciente, para acrecentar ese poder creador, pero debemos
admitir que no es posible reducir el estudio de la vida interior de otro ser
humano a una mera técnica científica.
