LA LUZ QUE NUNCA FALTA
(SALTO CUÁNTICO DE AMOR ETERNO)
por GAVARRE BENJAMIN
Personajes:
· ANDRÉ: Filósofo.
· BEN: Actor.
ACTO ÚNICO
ESCENA CERO
(ESCENA DE APERTURA):
El Desfase Doméstico
(Un departamento cosmopolita. André limpia una estantería de libros. Ben
mira fijamente una lámpara de pie en un rincón junto al sofá).
BEN: André... ¿esa lámpara
siempre ha estado ahí?
ANDRÉ: (Sin mirar) Desde el
martes pasado. La compramos en la venta de garaje, ¿recuerdas?
BEN: No. El martes pasado
fuimos a comer con tus padres. Esa cena donde tu madre sonreía con la boca pero
me apuñalaba con los ojos.
ANDRÉ: Mi madre es una
profesional de la cortesía hipócrita. ¿Qué… ya no te gusta la lámpara que tú
escogiste?
BEN: No me gusta y no recuerdo
que la hayamos comprado.
ANDRÉ: (Se detiene, lo mira)
¿Demasiado estrés por el estreno? Ya cuando estés en temporada vas a recordar
que hasta pediste rebaja por tu dichosa lámpara Art Nouveau. Pero
mira que eres snob.
BEN: (Para sí mismo) No es el
estrés. Me estoy volviendo loco.
(La luz cambia bruscamente a un tono ámbar de cafetería antigua.
Entramos en el primer nudo).
ESCENA 1: La Serpiente que se muerde la cola (Librería-Café)
Ben está sentado en un sillón orejero, leyendo en voz alta con una
proyección teatral, ignorando que es un espacio público. André está a dos mesas
de distancia, tratando de concentrarse en un texto de Heidegger.
BEN: (Leyendo con intensidad)
"...porque en un mundo posible soy un artista del patinaje, pero en otro,
soy un botones mal pagado en un carísimo hotel de Cancún. Aquí, pues soy actor,
ya se sabe. ¿Qué es la realidad, sino un mal ensayo para un estreno que nunca
llega?"
ANDRÉ: (Sin levantar la vista,
cortante) Oye, actor… Bájale tres rayitas a tu estentórea voz... o es decir…
cállate, o habla quedito… No estás en la sala de tu casa, amiguito.
BEN: (Baja el libro lentamente.
Mira intensamente a André y no dice nada por cinco segundos).
ANDRÉ: (Incómodo por la mirada,
levanta la vista) ¿Qué? ¿Soy o me parezco?
BEN: (Se levanta con una osadía
eléctrica. Camina hasta la mesa de André y se sienta frente a él sin permiso).
De cerca tienes los ojos todavía más expresivos. Tienes ojos de enamorado.
ANDRÉ: (Pasmado, pero al final
halagado) Hasta crees… No será de ti, amigo.
BEN: Yo estoy seguro de que nos
conocíamos de otras vidas. En una tú eras un monje y yo el demonio que te
tentaba con fruta prohibida.
ANDRÉ: (Suelta una risita cínica)
Ah, qué manera tan poco original y qué pésimo seductor. Usar todo ese cuento
para saltarse el protocolo. Pero te la perdono... si nos vamos al muelle ahora
mismo a por un helado.
BEN: (Sonriendo triunfal) Me
gustaría. Uno de chocolate y...
ANDRÉ: ...y frambuesa.
BEN: (Se queda mudo un segundo)
¿Cómo lo sabías?
ANDRÉ: (Se levanta y cierra su
libro) No lo sé. Ya lo decía Platón… solo estamos en este mundo para recordar
lo que fuimos y, además... me pareció lo lógico. Vamos.
ESCENA 2: El Muelle de los Recuerdos Prestados
Caminan por un muelle. El sonido de la madera crujiendo bajo sus pies
marca el ritmo.
BEN: Es curioso. Siempre te
pones la camiseta al revés cuando intentas parecer intelectual frente a un
extraño.
ANDRÉ: (Se mira el cuello,
asombrado) ¿Cómo demonios sabes que...? Es la primera vez que te veo, Ben.
BEN: Lo sé. Hay cosas que
flotan en el ambiente. Como los nudos. El tiempo no es una línea, André. Es un
nudo de pescador. Estamos todos apretados en el mismo punto, creyendo que
avanzamos.
ANDRÉ: (Lo mira con una ternura
repentina) Eres el hombre más extraño que he conocido en mis cuarenta años de
vida sin sentido. Pero siento que si te suelto, voy a empezar a flotar hacia el
espacio.
BEN: (Canturrea) Bon, bon, bon,
bon, bon.
ANDRÉ: (Entre horrorizado y
extasiado) Aunque no sé, creo que conocerte o no conocerte tiene que ver con un
karma muy rabioso y jodido.
BEN: Oye, yo podría decir lo
mismo.
ANDRÉ: Por supuesto, ya sabes lo
que dicen: el karma es una perra maldita.
BEN: Exacto.
ESCENA DE TRANSICIÓN: Monólogo de André
(Vuelven al departamento. Ben ha desaparecido de escena).
ANDRÉ: (Al público) Hay días en
que despierto y no lo reconozco. Lo miro dormir y me pregunto si el Ben que
tengo al lado es el mismo que se quejó de la lámpara ayer. La realidad
parpadea. Somos unos ilusos que creemos ser los mismos todo el tiempo. Cada instante
somos alguien distinto: cada respiración, cada latido…
(Sonido de lluvia torrencial. El departamento se desvanece).
ESCENA 3: La Llanta y la Lluvia
Mundo B. Llueve a cántaros. André está al lado de su auto, con una
llanta ponchada, empapado y furioso, pateando el neumático. Ben pasa caminando
con un paraguas amarillo.
BEN: ¿Necesitas ayuda, vecino?
ANDRÉ: (Hostil) No. Ya llamé al
seguro. Dicen que tardarán dos horas porque el mundo se está hundiendo. Vete,
antes de que te salpique mi mala suerte.
BEN: (Sin inmutarse, cierra el
paraguas) El seguro no va a llegar. Dame la gata.
ANDRÉ: ¿La qué?
BEN: (Se agacha, empieza a
aflojar las tuercas con una habilidad que no parece suya) No voy a permitir que
mueras de una pulmonía galopante. Pásame la de repuesto, Maestro.
ANDRÉ: (Sorprendido por la
empatía brusca) ¿Los maestros no sabemos cambiar llantas, es lo que me quieres
decir? ¿O cómo supiste que soy maestro?
BEN: (Terminando de cambiar la
llanta, se levanta y se limpia las manos en el pantalón) Tienes cara de maestro
de Filosofía: "¿Por qué el auto se detiene si está hecho solo para
rodar?", "¿Por qué existen los autos y las personas?", "Si
no existiéramos, ¿cómo sería la nada?"… Si la nada existiera, sería algo…
entonces toda la existencia es un absurdo total. (Se miran. La hostilidad se
evapora).
ANDRÉ: Tú también eres un
filósofo, Ben. Gracias por ayudarme.
BEN: ¿Y eso?… ¿Te dije mi
nombre?
ANDRÉ: (Confundido) No lo sé. ¿Sí
te llamas Ben?
BEN: (Sonreirá) Benjamín, se
supone, sí. En este mundo, al menos.
ANDRÉ: (Ante el enrarecido
ambiente que se ha creado) Ya… este es el único mundo que conozco… creo. Yo me
llamo André.
ESCENA DE TRANSICIÓN: La Constelación
(Noche despejada. André y Ben están en una terraza).
BEN: Qué noche. Mira el
cielo... clarito se ven las quince estrellas del Quimiceronte.
ANDRÉ: (Tenso) Yo solo veo tres
estrellas… tres. La muy famosa y conocida constelación "Los Tres Reyes
Magos".
BEN: (Extrañado) ¿Reyes y
magos? Mira… las alas del Quimiceronte casi tocan el cuerno de la luna.
ANDRÉ: (Se lleva las manos a la
cara) ¿El rinoceronte? ¿El cuerno de la luna?… Es luna llena, tarado. (Se ríe,
forzado) Se le llama "cuerno de la luna" cuando es menguante o
creciente.
BEN: (Lo abraza) No lo sé… yo
me refería al volcán.
ANDRÉ: (Susurra) Creo que estás
drogado sin haberte metido nada o… te estás volviendo loco. La luna es una roca
muy fría y no tiene, escúchame bien, no tiene volcanes.
BEN: ¿Ni un volcán pequeñito?
ANDRÉ: Ni uno solo.
(Luz fría de lobby de teatro).
ESCENA 4: El Nudo en el Último Vagón (Mundo C)
(El escenario se convierte en el interior de un vagón de metro. La luz
es fría, intermitente. Se escucha el traqueteo sordo de los rieles. Es el
último tren de la noche. Ben y André están sentados en extremos opuestos. El
ambiente es onírico, pesado).
(Pasan varios segundos de silencio. Se miran. Tardan en reaccionar, como
si estuvieran despertando de una anestesia profunda).
BEN: (Con voz ronca) No sé por
qué te me quedas viendo.
ANDRÉ: (Lentamente) No te estaba
viendo a ti… pensaba que no soy el único tarado al que se le ocurrió viajar en
metro a estas horas.
BEN: (Se acerca un poco, la
mirada turbia) Yo a ti te conozco…
ANDRÉ: (Se ríe, una risa triste)
Ese es el modo más trillado de ligar con alguien…
BEN: De antes. Te conozco de
antes… siento que éramos incluso amigos, al menos vecinos, o compañeros del
colegio.
ANDRÉ: Eso sí que puede ser…
tienes el aire de un compañero de clase al que siempre le quise hablar…
BEN: (Sacude la cabeza) ¿Y por
qué no lo hiciste? Perdiste la oportunidad de tu vida. Yo me bajo en la
siguiente.
ANDRÉ: (Fingiendo indiferencia)
No pienses que voy a bajar contigo. No te conozco de nada, nunca fuimos
compañeros de clase y este es un vagón de mierda.
BEN: (Se levanta cuando el tren
frena chirriando) Eso dices... vente conmigo, idiota.
ANDRÉ: En tus sueños, imbécil.
(Se abren las puertas. Ben sale. André duda un milisegundo y sale
corriendo detrás de él. El vagón queda vacío).
ESCENA DE TRANSICIÓN: El Sueño de Mercurio
(Luz plateada, onírica).
ANDRÉ: Soñé que estábamos en una
playa. Pero el agua no era agua. Era un mar
de mercurio.
BEN: Sí… era pesado. Brillante.
Con ese tono que solo el mercurio tiene… como de alquimista… no hacía ruido al
romper. Si te metías al mar… te convertías en estatua de oro.
ANDRÉ: Claro, en estatua sí,
seguro, seguro… ¿De oro? Lo dudo. Recuerdo que el cielo era color azul cobalto.
BEN: Y había una luna pequeña
al lado de la grande. Eran dos lunas.
ANDRÉ: Y estábamos satisfechos de
que las estrellas fueran las mismas, aunque tenían nombres impronunciables.
BEN: Cariótida, Nemnósida,
Sáxila…
ANDRÉ: ¿Sí? ¡Vaya nombrecitos de
nerd!
(Museo de arte moderno. Luz ambiental).
ESCENA 5: La Sorpresa en el Museo
Mundo D. Ambos están en un museo de arte moderno frente a un cuadro que
es solo un lienzo en blanco llamado "El Vacío Entrelazado".
ANDRÉ: (Para sí mismo) Es la
representación perfecta de la nada.
BEN: (A su lado) No es la nada.
Es un espejo. Si te fijas bien, en el centro hay un punto de color mercurio que
solo se ve si dejas de respirar.
ANDRÉ: (Lo mira) Sí, puedo ver un
punto de color mercurio, pero solo si entrecierro los ojos.
BEN: Sí, así funciona… eso
desata la función cuántica del lienzo… el mercurio tiene un brillo especial…
como alquímico, ¿no te parece?… puede convertirse en oro… Vamos a cerrar los
ojos y cuando los abramos el mercurio se habrá transformado en oro.
ANDRÉ: (Falsamente agresivo) No…
eso me parece como muy rarito…
BEN: (Él sí cierra los ojos con
fuerza y los abre rápidamente) Rompiste el encanto… el mercurio estuvo a punto
de transformarse en oro.
ANDRÉ: (André se lleva la mano al
pecho, siente un déjà vu que le corta el aliento). ¿Me dejas invitarte un café?
Siento que si te vas, este cuadro se borrará de mi memoria. Ven.
BEN: ¿Cómo sabes que me llamo
Ben?
ANDRÉ: No… no lo sabía. Te dije
"ven", de venir… ¿Vienes? Ben… Ven…
BEN: Voy… ¿Sabes?... Tú tienes
cara de Andrés.
ANDRÉ: Casi. André, así como si
fuera francés… ya sabes: el estilo…
BEN: Uf, ya no sé si sea una
buena idea salir contigo, pero vamos.
ESCENA DE TRANSICIÓN: Un encuentro en la librería
(Una librería llena de polvo).
ESCENA 6: La Librería (Mundo Posible E)
(Una librería de viejo, silenciosa y polvorienta. BEN está tras el
mostrador, pero no está trabajando; tiene un pequeño tablero de ajedrez frente
a él y consulta una aplicación en su celular, sumido en una concentración
feroz. ANDRÉ entra, camina por los pasillos sin mirar los libros, sus ojos
están fijos en BEN. Se acerca al mostrador).
ANDRÉ: ¿Estás jugando ajedrez
contigo mismo?
BEN: (Sin levantar la vista,
con un tono cortante) ¿Y a ti qué te importa? ¿Vas a comprar un libro o solo
vienes a hacer preguntas estúpidas?
ANDRÉ: (Ofendido, retrocede un
paso) Oye, no tienes que ser tan descortés. Solo trataba de ser amable.
BEN: (Imitándolo con burla)
"¿Descortés?"... ¿Qué eres, del siglo diecinueve? ¿Qué sigue? ¿Me vas
a retar a un duelo al amanecer?
ANDRÉ: (Se queda callado,
mirándolo fijamente. De pronto, se tapa la boca con la mano, sus ojos se abren
de par en par) ¡Espera! Yo te conozco.
BEN: (Suspira, fastidiado) Aquí
vamos de nuevo... ¿Por qué este karma me persigue? ¡Dios mío, qué hice mal en
otras vidas!
ANDRÉ: No, en serio. Saliste en
la película Cien
tomos de Ponson du Terrail… Tú eras Rocambole.
BEN: (Se detiene en seco.
Levanta la vista por primera vez y lo mira con una mezcla de horror y respeto)
Ya no me acordaba de ese pomposo nombre… quién se puede llamar Ponson en este
mundo… Ponson du Terrail… ¿Lo pronuncio bien? Ponson… blablablá… Bueno, ya me
hiciste el día, amigo… (Pausa corta, lo escanea de arriba abajo) Tal vez no
seas tan idiota.
ANDRÉ: (Con una sonrisa tímida
que le quita diez años de encima) No lo soy. O al menos, no hoy. Oye... ¿te
gustaría... (vacila) se dice tomar un helado o comer un helado?
BEN: (Esboza una sonrisa de
lado, cerrando la aplicación de ajedrez) Qué más da. Ya, pues, ¿te gustaría un
helado?
ANDRÉ: Me encantaría. Yo quiero
uno de frambuesa...
BEN: ...y chocolate.
ANDRÉ: (Atónito) ¿Cómo lo sabías?
BEN: (Recogiendo sus cosas, con
una familiaridad que lo asusta a él mismo) Eres predecible... no dije aburrido,
¿eh? Vamos. Yo voy a pedir uno de chocolate con frambuesa… o mejor uno de
frambuesa y chocolate, ¿te parece?
ANDRÉ: (Jugando) Camina, Ponson.
BEN: (Con sorna) Ja, ja, ja.
ESCENA FINAL: El Camping de Mercurio
(Estamos en una tienda de camping abierta. Se ve el horizonte. El mar es
de un color mercurio denso, el cielo es de un azul oscuro, profundo. La luna
brilla con un relieve volcánico que parece un cuerno. Hay una segunda luna que
tiene una curiosa manera de orbitar alrededor de la luna grande).
ANDRÉ: (Satisfecho) Las
estrellas... ahí están. Los Tres Reyes, el Quimiceronte... ¿y qué más?
BEN: Cariótida, Nemnósida,
Sáxila…
ANDRÉ: Tu madre… Ja, ja… Bueno…
las estrellas son espectaculares. No importan los nombres. Es maravilloso
pensar que se están incendiando cada una de ellas y que las podemos ver a
millones y millones de años luz.
BEN: (Tomado de su mano,
sonríe) Claro, pero mira lo que tenemos enfrente y no a millones de años luz…
este mar de mercurio es tan pacífico. ¿Y ves qué oscuro es el azul de la luna?
Por eso es motivo de creación para todos los poetas y cantantes de blues.
ANDRÉ: (Lo mira con una conexión
entrañable) Tú podrías ser poeta si no dijeras tantas tonterías.
BEN: ¿Te das cuenta? Siempre
terminamos en la misma playa. Una playa desierta y una luna
azul… y la luna de la luna.
ANDRÉ: La misma playa, siempre la
misma playa. Siempre.
(Se miran, sonríen. El resplandor de la luna azul inunda el escenario
mientras se toman de la mano).
FIN.
Notas de Producción: LA LUZ QUE NUNCA FALTA (SALTO
CUÁNTICO DE AMOR ETERNO).
Introducción
Esta obra es un mapa de lo invisible. Explora la idea de que el amor no
es un evento fortuito, sino una constante
universal que se manifiesta incluso cuando las leyes de la física
o la memoria fallan. A través de diálogos punzantes y situaciones absurdas,
André y Ben nos demuestran que, aunque el mundo cambie de color, de
constelaciones o de historia, la conexión entre dos almas es un nudo que nadie
puede desatar.
Propuesta de Vestuario: "El Uniforme Base"
Para facilitar los saltos entre mundos sin romper el ritmo, se propone
un vestuario base neutro (comodín) sobre el cual se añaden
accesorios clave.
- André
(Filósofo): Pantalón de vestir oscuro y una
camisa de lino clara (siempre con la posibilidad de ponérsela al revés).
- Accesorios: Un
saco de lana (casa/café), gafas de lectura (librería), una bufanda
elegante pero descuidada (metro).
- Ben
(Actor): Jeans oscuros y una camiseta negra
de cuello alto o básica de calidad.
- Accesorios: Una
chaqueta de cuero (moto/estreno), un paraguas amarillo (llanta), un libro
bajo el brazo (librería).
Escenografía y Espacios (Sugeridos)
La puesta en escena debe ser minimalista y conceptual. No
necesitamos un vagón de metro real, sino la sensación de uno.
- El
Dispositivo: Un escenario vacío con un suelo que
refleje ligeramente la luz (efecto mercurio).
- Mobiliario: Dos
sillas de diseño que se mueven y reconfiguran para ser el sofá, las mesas
del café o los asientos del metro.
- Iluminación
(El Narrador Silencioso):
- Café: Ámbar
cálido.
- Metro: Luz
blanca fría, parpadeante (efecto estroboscópico suave).
- Playa: Azul
cobalto y plata.
- Librería: Luz
cenital polvorienta.
Música y Paisaje Sonoro
- Transiciones: Un
sonido de "glitch" electrónico o un zumbido de baja frecuencia
que denote el salto cuántico.
- El Leitmotiv: Una
versión de Go WEST (o similar) que suene "ligeramente
distorsionada": quizá con una guitarra eléctrica distorsionada de
fondo o una reverberación extraña.
- Atmósfera: Sonidos
de mar distorsionados (metálicos) y el traqueteo del metro que se funde
con el sonido del viento.