Prólogo: El naufragio de las promesas
En el teatro, el tiempo suele ser un aliado o un verdugo. En Príncipe Azul, es ambas cosas. Eugenio Griffero nos sitúa en un no-lugar: una playa nocturna, un banco solitario y una bandera amarilla que advierte, con ironía, sobre un mar inestable. No es solo el agua lo que está agitado; es la memoria de dos hombres que, tras cincuenta años de silencio, acuden a una cita que parece más un exorcismo que un reencuentro.
Juan y Gustavo son el reflejo de lo que la vida hace con los sueños de juventud. Uno, un "mago" de varieté que sobrevive entre chistes verdes y pequeñas estafas; el otro, un juez respetable atrapado en la rigidez de su propia rectitud y una parálisis que es tanto física como existencial. Ambos visten de blanco, ambos llevan la misma mancha azul, como si fueran dos versiones de un mismo fracaso o dos náufragos del mismo barco que nunca zarpó.
Lo que sigue no es solo una obra sobre la homosexualidad en la vejez o el amor perdido; es una exploración sobre las máscaras. ¿Quiénes somos cuando nadie nos mira? ¿En qué momento dejamos de ser el joven que montaba caballos desnudos en las olas para convertirnos en el viejo que roba relojes o el juez que cuenta galletitas? En este encuentro, la mentira es el único refugio posible frente a una realidad que duele demasiado. Griffero nos regala una pieza breve, pero de una profundidad oceánica, donde el "Príncipe Azul" no llega en un caballo, sino en el reconocimiento tardío y doloroso de que, a veces, lo único que nos queda es la compasión por el desconocido que, en el fondo, siempre fuimos nosotros mismos.
G.
PRÍNCIPE AZUL
De Eugenio Griffero
PERSONAJES:
JUAN: 66 años. Actor de varieté, algo bebido.
GUSTAVO: Hombre mayor, Juez, con la mitad del cuerpo paralizada.
ESCENA ÚNICA
Escenario vacío. Noche. Playa. Un viejo banco de plaza iluminado por un haz de luz circular. Junto al banco, un mástil blanco con una bandera amarilla. Ruido de mar. Chillidos de gaviotas.
Entra por un lateral JUAN. Viste un ajado traje blanco, con una muy visible mancha azul bajo la solapa izquierda. Sombrero, zapatos, corbata y camisa, todos blancos. Se apoya en un bastón de caña. Está algo bebido. Trastabilla. Zapatea americano.
JUAN: …Llegué primero… yo y mi maldita puntualidad… ni que fuera oficinista… (Pausa. Tiembla). Esto no es frío… Brr… No tiembles viejo camarada. Prohibido temblar. (Se sacude. Tic de un hombro. Se controla. Saca
(Queda con la mirada perdida. Tic de hombro. Bebe de la petaca).
JUAN: Nos conocimos ese verano. Teníamos dieciséis años, nos amamos, hicimos el amor durante ese mes a cada instante, éramos vírgenes... nos asustamos y prometimos volver a vernos cincuenta años más tarde.
(Canturrea. Pausa).
JUAN: Hoy pude escapar de esta ratonera de teatro. Nunca tomé días libres por temor a que pudieran reemplazarme con otro "talento" para la comedia fina... (Mueve su bastón) Lo mejor de ese lugar es el olor: una mezcla de cerveza, refrescos, esperma y sudor de gente de mar... Soy un soldado de las tablas. Jamás abandoné mi puesto de combate. Ahora tenemos funciones desde las once de la mañana hasta las cuatro de la madrugada. ¡Ja!... ¡Y yo con mis chistes! (Pausa) Cuando no digo chistes, vendo chocolatines en la platea o me disfrazo de oso para el zoológico erótico. ¡Soy todo un espectáculo! Trabajar de oso dio sus frutos, llegué al cine. ¡D
(Se incorpora y actúa como iluminado por un foco central).
JUAN: Mi número principal está cargado de fantasía y buen gusto. ¡Tambores! ¡Tururururururá! Y las presento: ¡Queridos muchachos, tengo para ustedes a las más bellas pasajeras de la noche! ¡Reinas del amor! (Con sorna) Mujeres, o algo parecido... ¡Mimí! (Imita a una vedette)... entra Mimí cubierta de plumas, algo ajada... ¡Marta! algo sorda... y ¡María! ¡La dulce María! Cubierta de globos que no hay que pinchar... ¡Y yo! El mago Merlín, para servirlos. (Silba y ríe) Me saco el sombrero, coloco dos huevos y una salchicha dentro y lo que saco, duro, gordo, enrojecido, lo uso para correr a las chicas. ¡Jajaja! (Tose. Se atora. Pausa)… ¡Qué papelón!... Toda mi vida igual. (Huele un poco de rapé) Me falta sólo hacer crítica teatral y mi fracaso sería total. El mago Merlín. ¡Bahh! (Se vuelve al banco) Este banco no cambió... Esta playa tampoco… Sólo cambió Juan… ¡Cuánto tiempo que no escucho mi nombre!... Juan... Juan…
(Habla consigo mismo)
JUAN: ¿Juan, conocés la última picardía de tu hermanito, el Mago Merlín?... El Mago Merlín se escapa por las madrugadas de las camas donde hizo el amor, robando a sus víctimas. Tu hermano roba, Juan. (Bebe) Estoy libre de pecados, confesé. Amén. No quiero robar esta vez. No vine aquí a robar... (Pausa) ¿Cómo estará?... Hace cincuenta años... ¿Habrá envejecido tan mal como yo?... ¿Se habrá casado?... ¿Habrá olvidado la cita?... (Pausa prolongada) ¿Habrá muerto?... ¡La vida me debe una oportunidad! ¡La necesito! (Llora) Padre... ¿Por qué me has abandonado?... (Llora. Luego estalla en carcajadas) El drama es mi estilo, ¡Jua jua jua! ... Si todo volviera a empezar... sería actor dramático.
(Tararea suave)
JUAN: Mar, cuando tenía dieciséis años entraba en tu agua montado en un caballo. Me salpicabas, mar. Yo gritaba al viento: ¡Seré un gran actor!... (Expresión de extravío) Todavía tengo tiempo… sí, tengo tiempo... (Intenta beber, la petaca está vacía) Petaca inmunda; me traicionaste... hay que ir al pueblo… (Trastabilla) Me retiro mar, pero vuelvo. ¡Juan! ¡Merlín no quiere robar esta noche! (Se mira la solapa) Esta solapa está sucia…
JUAN se retira tambaleante por donde entró. Ruido de mar. Pausa. Por el lateral opuesto entra GUSTAVO. Viste un traje idéntico al de Juan, también con la mancha azul. Tiene paralizada la mitad de su cuerpo y arrastra esa parte. De su mano quieta pende un hilo con galletitas.
GUSTAVO: … Este traje, la solapa está tan arrugada. Le dije a Marta que lo enviara a la tintorería, pero para ella es un lujo. (Mira alrededor) ¡Qué oscuro está, algo malo puede ocurrirme! Marta está cada vez más avara... empezó por anunciar el precio de las manzanas; las bananas, el café... Nos tortura con el precio de todo, y ahora suprimió el agua con gas: ¿Para qué gastar en burbujas? Esta Marta. (Pausa) ¿Qué hora será? (Intenta ver su reloj en el brazo paralizado con gestos cómicos)... Apenas distingo el reloj. Debo visitar al oculista. Estoy casi ciego.
(Observa asustado la oscuridad)
GUSTAVO: ¡Qué soledad! ¿Caeré en una trampa? (Se pone en guardia con dificultad) Ya verán... Nadie supo que venía hacia este lado de la ciudad... Esta zona tiene mala fama. Vine sin guardaespaldas. (Se asusta con un ruido) ¡Uff… qué noche!... Espero que no pase nada malo. De ser turista, podría justificarme, pero soy juez en lo criminal. Aparecería en los diarios: "Nuestro Juez Superior es atacado en los muelles". Una mancha en mi carrera. (Limpia la mancha azul de su solapa)... ¡Marta!... con tus tres defectos: vieja, esposa y avara... ¡Qué humedad!... ¿Qué dirían mis nietos? "¡El viejo chocho se largó a la playa!". (Reflexivo) ¡Viejo chocho! ¡Yo, cabeza de la magistratura de este país!... ¡Bah!... Quizá tengan razón.
(Se sienta con esfuerzo en el banco)
GUSTAVO: Juan no vino... me equivoqué... Esperé cincuenta años, Juan.... No te olvidé. Te amo Juan... fuiste el gran amor de mi vida. Nadie lo supo... Creo que ni yo mismo lo supe. Volví. Lo prometí a los dieciséis años y cumplí. (Pausa) La vida pasó rápido: mi mujer, mis hijos, mi carrera, mis nietos. ¡Puff! ¡Todo era un globo!... En este instante toda mi vida es más liviana que el aire... ¿Fue mío todo eso? (Se ríe de sí) ¡Los centenares de pillos que envié a la cárcel! Realmente Juan; no pude olvidarte.
(Se compone)
GUSTAVO: El verano pasado mi nieto menor me insultó, me dijo: ¡viejo marica! Yo miraba a un muchacho que jugaba con una pelota en la playa. Tenía tus piernas Juan. Buscaba tus piernas en esas piernas… Te buscaba Juan. (Inquieto) Me molesta no tener nada que hacer, debería haber traído un libro. (Mira el paquete) Compré estas galletitas para mi nieto diablo. (Hacia el mar) Juan... Marta, mi mujer, me engañó. Una noche la oí en el jardín con el dueño de casa... "¡No! ¡No! ¡Por favor!". Ella se resistió un instante y después... Mi alma se detuvo... Me engañó. (Come una galletita) Con Marta todo siguió igual. Somos una excelente pareja... eso creo. Hace dos años, esta parte de mi cuerpo se cansó de trabajar y dijo adiós. Desde entonces somos dos: este medio cadáver mío y yo. (Come otra) Tengo miedo que me veas, Juan... ¡estoy tan viejo!
(Escucha a Juan cantando fuera de escena. Se pone en guardia)
GUSTAVO: ¡Un ladrón! ¡Lo huelo a cien metros! (Levanta el bastón) ¡No vas a sorprenderme, bribón!
Entra JUAN trastabillando.
JUAN: …Los barquitos flotan en el mar azul… (Se detiene horrorizado al ver a Gustavo. Se da vuelta) ¡Dios mío! ¡Este esperpento no puede ser él!
GUSTAVO: (Gira y queda de espaldas también) ¡No! ¡Este payaso, qué burla!
JUAN: Fue una estupidez venir.
GUSTAVO: Además de ladrón... ¡borracho!
JUAN: ¡Qué viejo!
(Retroceden de espaldas hasta chocar. Se vuelven).
GUSTAVO: Perdón distinguido señor, no fue mi intención…
JUAN: Ni la mía, esta oscuridad...
GUSTAVO: (Intentando sonar vulgar) Yo supuse que el tranvía pasaba por aquí... ¿Es un muelle, verdad?
JUAN: (Con sobriedad) No hay tranvías aquí. Es una zona peligrosa por los robos.
GUSTAVO: ¡Nadie me roba a mí! Con dos trompadas les vuelo los colmillos.
JUAN: Lindo mar.
GUSTAVO: Sí... aunque me revienta el mar. Tanta agua... y debajo, tantos bichos que acechan. Este invierno es frío.
JUAN: ¿Vive usted en la ciudad?
GUSTAVO: No. Vivo en un camión, recorro el mundo con un circo: soy clown.
JUAN: ¿Clown?
GUSTAVO: Payaso. Digo chistes, ruedo, salto. ¿Y usted?
JUAN: Yo soy Juez.
GUSTAVO: Juez... difícil tarea...
JUAN: No tanto. Basta con leer la ley y aplicarla. A veces me dejan leerla.
(Pausa)
JUAN: Vine a este lugar porque dicen que hace años traían caballos y los bañaban. Los muchachos jugaban con las olas hasta el anochecer...
GUSTAVO: ¿Y después?
JUAN: No recuerdo.
GUSTAVO: Intente recordar...
JUAN: (Saca la petaca) ¿Quiere?
GUSTAVO: No bebo a esta hora... pero tal vez sea buena hora para beber. (GUSTAVO bebe y le devuelve la petaca. JUAN bebe también).
JUAN: ¿Por qué la bandera amarilla es mar inestable? El rojo es peligro... pero el amarillo... ¿quién lo impuso?
GUSTAVO: Alguien...
GUSTAVO: (Ríe) Este whisky... me recuerda mi mejor chiste. Dos amigos frente al mar ven a un hombre caminando sobre el agua. Resulta que era un santo que buscaba un baño. Ve el cartel de una iglesia: "Salva tu alma de 8 a 20 horas". ¡Jua Jua! De noche nadie se salva.
JUAN: (Pausa) Su chiste... esa insistencia en el mar. En mi estudio tengo tres secretarias: Mimí, Marta y María. Me regalaron un mantel que, visto de lejos, es el mar. Un día, un caracol salió del mantel, trepó a mi plato y se robó una papafrita.
GUSTAVO: ¿Sequita o aceitosa?
JUAN: Sequita.
GUSTAVO: Entender no basta... ni siquiera alcanza. (Pausa) Recuerdo a un amigo... hace cincuenta años él cabalgaba las olas y yo lo esperaba en la playa construyendo castillos de arena. Él jugaba en el mar para mí, su único espectador.
JUAN: ¿Siguen siendo amigos?
GUSTAVO: Creo que un caracol lo llevó mar adentro con su caballo... hace cincuenta años.
(JUAN señala al cielo)
JUAN: Una gaviota. Dicen que vuelan hacia África para morir solas. Les avergüenza envejecer.
GUSTAVO: Tengo frío.
JUAN: ¿Quiere más whisky?
GUSTAVO: No, debo irme. Me siento bien con usted.
JUAN: Yo también. ¿Una galletita? (Comen juntos). ¿Viaja solo en su camión?
GUSTAVO: (Emocionado) Acompañado de mi esposa Marta y mis nietos. ¿Y usted?
JUAN: Vivo solo.
(JUAN le levanta las solapas del saco a GUSTAVO para protegerlo del frío).
JUAN: Tiene una mancha... azul.
GUSTAVO: Usted también... es un azul hermoso. Gracias por cuidarme. Nadie me ha cuidado nunca.
JUAN: (Extiende la mano) Adiós.
(Se abrazan suavemente. Se separan).
GUSTAVO: Adiós...
JUAN: ¡Gustavo! (GUSTAVO se detiene) Se le cayó esto.
JUAN saca de su bolsillo un reloj, una billetera y una lapicera (que le ha robado durante el abrazo) y se los entrega. GUSTAVO los guarda en silencio.
GUSTAVO: Sí... se me cayó. Soy un descuidado. Gracias, Juan.
JUAN: De nada, Gustavo.
Salen por laterales opuestos. Escena vacía. Aumenta el ruido del mar y del viento. La luz disminuye.
OSCURIDAD.
