Georg Büchner
1. El manuscrito
Entender Woyzeck no
es solo leer una obra de teatro; es enfrentarse a un "rompecabezas"
literario que cambió el curso del drama moderno. Georg
Büchner la escribió entre 1836 y 1837, pero murió de tifus a los 23
años antes de poder terminarla, dejando tras de sí un caos de papeles que
tardaron décadas en ser descifrados.
1. El manuscrito: Un caos
de fragmentos
Lo que hoy leemos como una
obra es, en realidad, el resultado de un arduo trabajo de reconstrucción
editorial. Büchner no dejó una versión final, sino cuatro borradores
distintos (conocidos como H1, H2, H3 y H4), escritos en hojas sueltas,
con una caligrafía casi ilegible y sin numeración.
- Sin orden establecido: Al no haber un índice, cada director o
editor decide el orden de las escenas. Esto convierte a Woyzeck en
una "obra abierta".
- La técnica del "Stationendrama": A diferencia del teatro clásico (con
planteamiento, nudo y desenlace), esta obra se compone de escenas cortas y
autónomas que funcionan como "estaciones" de un calvario. Es una
estructura casi cinematográfica, escrita mucho antes de que existiera el
cine.
2. El "Primer
Drama Proletario"
Antes de Büchner, los
protagonistas de las tragedias eran reyes, nobles o héroes. Con Woyzeck,
el héroe es un pobre soldado raso, alguien que está en el último
peldaño de la escala social.
- Basado en hechos reales: La obra se inspira en el caso de Johann
Christian Woyzeck, un barbero que asesinó a su amante y fue ejecutado en
1824. Büchner leyó los informes médicos sobre la salud mental del asesino
y los usó para denunciar cómo la pobreza y la opresión pueden llevar a un
hombre a la locura.
- Determinismo social: La obra sugiere que Woyzeck no es
"malo" por naturaleza, sino que su entorno (el hambre, los
experimentos del Doctor, las burlas del Capitán) lo anula como ser humano
hasta dejarle solo el instinto violento.
3. El Lenguaje: La
imposibilidad de comunicarse
Una de las cosas que hace
difícil la lectura es el lenguaje "roto". Büchner fue un genio al
capturar cómo hablan las diferentes clases sociales:
1. El
lenguaje del poder (Doctor y Capitán): Usan un discurso
intelectualizado, lleno de latín, conceptos abstractos y moralina para ocultar
su crueldad.
2. El
lenguaje de la carencia (Woyzeck): Sus frases son cortas,
balbuceantes, llenas de visiones bíblicas y refranes populares. Woyzeck siente
un dolor profundo pero no tiene las palabras para explicarlo,
lo que aumenta su frustración y paranoia.
4. Un pie en el Absurdo y
el Expresionismo
Aunque se escribió en pleno
siglo XIX, Woyzeck se siente como una obra del siglo XX.
- El Doctor y el Capitán como caricaturas: No son personajes tridimensionales, sino
representaciones grotescas de la Ciencia y la Milicia. Sus diálogos rozan
lo absurdo (como cuando el Doctor se emociona porque Woyzeck no puede
contener la orina).
- La atmósfera febril: La naturaleza en la obra no es bonita;
es amenazante. El suelo está hueco, los hongos forman figuras extrañas y
la luna brilla como un cuchillo. Es puro expresionismo avant la
lettre.
¿Por qué es importante para
un autor hoy?
Para cualquier dramaturgo o
analista, Woyzeck es la prueba de que la forma es
contenido. El hecho de que la obra esté "rota" refuerza la idea
de un protagonista cuya mente y vida también están rotas. No es una tragedia
sobre el destino de los dioses, sino sobre el destino del hambre y la
humillación.
PERSONAJES.
FRANZ WOYZECK
MARIE
CHRISTIAN, el hijo de ambos
CAPITÁN
DOCTOR
TAMBOR MAYOR
EL SUBOFICIAL
ANDRÉS
MARGARETH una vecina de
Marie
EL PREGONERO
UN VIEJO
EL JUDIO
EL MESONERO, de una barraca
de feria.
1° ARTESANO
2° ARTESANO
KARL, un idiota
KÄTHE
LA ABUELA
1° NIÑA
2° NIÑA
OTRA NIÑA
1° PERSONA
2° PERSONA
UJIER del tribunal.
JUEZ
Soldados, estudiantes,
gentes, muchachas y niños.
CAMPO ABIERTO: LA
CIUDAD A LO LEJOS.
Woyzeck y Andrés cortan
varas en los matorrales.
ESCENA 1: CAMPO ABIERTO
(La ciudad a lo
lejos. WOYZECK y ANDRÉS cortan varas en los
matorrales).
WOYZECK: Sí, Andrés. Ahí, sobre esa franja de hierba, ahí rueda la cabeza
por la noche. Alguien la levantó una vez; pensaba que era un erizo. Tres días y
tres noches, y ya estaba en la caja. (Baja la voz) Andrés,
fueron los masones. Ahora lo sé. Los masones... ¡Chss!
ANDRÉS: (Cantando)
Dos conejos en el prado, se
han comido todo el verde, verde...
WOYZECK: ¡Calla! ¡Algo se mueve! ¡Escucha!
ANDRÉS:
...y ni una hierba han
dejado.
WOYZECK: Se mueve detrás de mí, debajo de mí. (Golpea el suelo) Está
hueco, ¿lo oyes? El suelo está hueco aquí. ¡Los masones!
ANDRÉS: Tengo miedo.
WOYZECK: Qué silencio tan raro. Dan ganas de contener la respiración.
¡Andrés!
ANDRÉS: ¿Qué?
WOYZECK: (Mira al horizonte y arrastra a Andrés a la maleza) ¡Di
algo! ¡Andrés! ¡Qué claridad! Un fuego recorre el cielo y se oye un estruendo
como de trombones. ¡Se nos echa encima! Vamos. No mires atrás.
ANDRÉS: Woyzeck, ¿lo oyes todavía?
WOYZECK: Silencio. Todo está en silencio. Parece que el mundo ha muerto.
ANDRÉS: ¿Oyes? Son los tambores del cuartel. Tenemos que irnos.
MARIE CON SU HIJO EN LA
VENTANA. MARGRETH.
(Pasa una banda militar, a
la cabeza el tambor mayor. Marie mece al niño)
MARIE.- Chss, mi niño chss. A la nana nanita. ¿Oyes? Vienen por ahí.
MARGRETH.- ¡Qué buen mozo! Como un roble mismamente.
MARIE.- Como un león, con ese andar. (El tambor mayor saluda).
MARGRETH.- Vaya, vaya, qué ojitos tiernos, vecina. ¿Quién lo habría penado de
usted?
(Cantando)
MARIE.- > Los soldados, los soldados
son muchachos galanes...
MARGRETH.- Aún le siguen brillando a usted los ojos.
MARIE.- ¿Y qué? Lleve usted los suyos al judío y que se los limpie; a lo
mejor le brillan también y puede venderlos por dos reales.
MARGRETH.- ¿Cómo se atreve? Señora doncella, yo soy una persona decente,
pero usted traspasaría con la mirada siete pares de calzones de cuero.
MARIE.- ¡Ramera! (Cierra de golpe la ventana). Ven, mi niño.
¿Qué quiere la gente? Aunque no seas más que el pobrecito hijo de una
cualquiera, eres la alegría de tu madre con esa carita de pícaro. Chss, chss.
(Canta)
MARIE.- > Muchacha, qué vas a hacer
con un niño y sin marido.
Esta noche cantaré
y no pregunto al destino.
Nana, nanita, mi niño,
¡ohé!
Nadie hace nada por mí.
Ensilla las yeguas blancas,
Hansel, dales de comer;
no quieren comer cebada,
agua no quieren beber.
Vino fresco es lo que
quieren, ¡ohé!
Vino fresco es lo que
quieren.
(Llaman a la ventana)
MARIE.- ¿Quién va? ¿Eres tú, Franz? ¡Entra!
WOYZECK.- No puedo. Ha tocado la banda de guerra.
MARIE.- ¿Qué te pasa, Franz?
WOYZECK.- Otra vez ha pasado una cosa, muchas cosas. ¿No está escrito: “y he
aquí que subía una humareda de la tierra, semejante a la humareda de una
hoguera”?
MARIE.- ¿Qué me estás diciendo?
WOYZECK.- Me ha venido siguiendo hasta las mismas puertas de la ciudad. ¿Qué
va a pasar?
MARIE.- ¡Franz!
WOYZECK.- Tengo que irme.
MARIE.- ¡El pobre! Tan desquiciado. Ni siquiera ha mirado a su hijo. Va a
perder el seso de tanto pensar. ¿Bonito, por qué estás tan callado? ¿Tienes
miedo? Cómo se está poniendo esto de oscuro; pensaría una que está ciega.
Otras veces entra la claridad del farol. No lo soporto. Me da miedo.
PLAZA PÚBLICA, BARRACAS,
LUCES.
VIEJO.- > Niño, nada dura en esta vida.
Al fin todos moriremos,
eso es cosa bien sabida.
WOYZECK.- ¡Sí! ¡Así se baila! ¡Pobre hombre, qué viejo! ¡Pobre niño, qué
joven! Venga, Marie, ¿quieres que te lleve? Un hombre tiene que...
para poder comer. ¡Mundo! ¡Hermoso es el mundo!
PREGONERO.- ¡Señoras! ¡Caballeros! Vean ustedes la criatura tal y como
Dios la formó: nada, nada de nada. Vean ahora el arte: anda derecho, lleva
levita y pantalón, lleva un sable. ¡Así! ¡Haz reverencia! Así se hace.
¡Echa un beso! (Toca la trompeta).
Michel entiende de música.
Señoras y señores, vean aquí presentes al caballo astronómico y estos bonitos
canarios cantores: son los favoritos de todos los potentados de Europa y
miembros de todas las sociedades científicas. Le leen el porvenir a todo el mundo: cuántos
años tiene uno, cuántos hijos, qué enfermedades; sabe disparar con pistola y
andar cojeando. Educación, sólo educación; tienen un raciocinio animal o más
bien una animalidad dotada de raciocinio. No es una bestia irracional, como tantas
personas, a excepción del distinguido público. ¡Pasen, señores! ¡Empieza la
función, el comienzo del comienzo va a dar inmediatamente!
Vean los adelantos de la
civilización. Todo progresa: el caballo, el mono, el canario. El mono ya es un
soldado; todavía no es mucho, el escalón más bajo del género humano.
Principia la representación. ¡El inicio, el inicio! ¡El comienzo va a dar comienzo
inmediatamente!
WOYZECK.- ¿Tú quieres?
MARIE.- ¿Por qué no? Bien lindo que será. Qué borlas le cuelgan al
hombre, y la mujer lleva pantalones.
SUBOFICIAL.- ¡Ahora! ¡Mira! ¿La ves? ¡Qué mujer!
TAMBOR MAYOR.- ¡Demonios! ¡Qué buena para la reproducción de regimientos de
coraceros y para la cría de tambores mayores!
SUBOFICIAL.- Tal y como lleva la cabeza, se creería que la melena negra tira de
ella hacia abajo como una pesa, y esos ojos negros...
AMBOR MAYOR.- Como quien mira en lo hondo de un pozo o al fondo de una chimenea.
¡Venga a seguirla!.
MARIE.- ¡Cuántas luces!
WOYZECK.- Si... un gato grande y negro con ojos de fuego. ¡Ay, qué noche!.
(En el interior de la
barraca, el pregonero con un caballo amaestrado)
PREGONERO.- ¡Señoras! ¡Caballeros! Vean ustedes la criatura tal y como Dios la
formó: nada, nada de nada. Vean ahora el arte: anda derecho, lleva levita y
pantalón, lleva un sable. ¡Así! ¡Haz reverencia! Así se hace. ¡Echa un
beso! (Toca la trompeta).
Michel entiende de música.
Señoras y señores, vean aquí presentes al caballo astronómico y estos bonitos
canarios cantores: son los favoritos de todos los potentados de Europa y
miembros de todas las sociedades científicas. Le leen el porvenir a todo el mundo,
cuántos años tiene uno, cuántos hijos, qué enfermedades; sabe disparar con
pistola y andar cojeando. Educación, sólo educación; tienen un raciocinio
animal o más bien una animalidad dotada de raciocinio. No es una bestia
irracional, como tantas personas, a excepción del distinguido público. ¡Pasen,
señores! ¡Empieza la función, el comienzo del comienzo va a dar
inmediatamente!.
Vean los adelantos de la
civilización. Todo progresa, el caballo, el mono, el canario. El mono ya es un
soldado, todavía no es mucho, el escalón más bajo del género humano. Principia
la representación. ¡El inicio, el inicio! ¡El comienzo va a dar comienzo
inmediatamente!.
¿Qué haces tú
cuando piensas con el raciocinio doble? ¿Hay algún burro entre los
miembros del docto público aquí presente? (El caballo sacude la cabeza).
¡Vean ustedes ahora el raciocinio doble! ¡Esto se llama equinosofía! Sí, no es
una bestia sin inteligencia, es una persona. Un ser humano, un ser humano
animal y sin embargo un bruto, una bestia. (El caballo se comporta
indecorosamente). Y ahora estás avergonzando al docto público. Vean
ustedes, este bruto sigue siendo naturaleza en estado puro. Aprendan de
él. Pregunten al médico, es altamente perjudicial.
Se ha dicho: hombre, sé
natural, estás hecho de polvo, arena, barro. ¿Y tú quieres ser más que polvo,
arena, barro? Vean ustedes qué raciocinio, sabe hacer cuentas y sin embargo no
sabe contar con los dedos, ¿por qué? Simplemente, no sabe expresarse, ni explicarse;
es un ser humano metamorfoseado. Di a estos señores qué hora es. ¿Quién tiene
un reloj, entre estos señores y señoras, un reloj?.
SUBOFICIAL.- ¡Un reloj! Helo aquí, caballero.
MARIE.- Eso tengo que verlo.
(Trepa por la primera fila.
El tambor mayor la ayuda)
BUHARDILLA
(Marie sentada con un niño
en el regazo, un trocito de espejo en la mano se mira en él)
MARIE.- ¡Cómo brillan las piedras!. ¿Qué piedras serán? ¿Cómo ha dicho
él?... duerme, niño. Cierra los ojos, apriétalo (el niño se tapa los
ojos con las manos), más aún; quédate así, a callar o viene a buscarte.
Niña, cierra las
ventanitas; si no, viene un gitanillo que te lleve de la mano al país de los
gitanos.
(Se mira de nuevo)
MARIE.- Seguro que es oro. Los pobres sólo tenemos un rincón en el mundo y
un trozo de espejo, y sin embargo yo tengo una boca tan roja como las
señoronas, con esos espejos donde se ven de arriba abajo y con esos caballeros
tan guapos que les besan la mano; yo sólo soy una pobre mujer. Niño, a ser
bueno, cierra los ojos, el angelito del sueño. Mira cómo corre por la
pared (refleja con el espejo la pared), a dormir o te mira dentro
de los ojos hasta dejarte ciego.
(Entra Woyzeck, se detiene
detrás de Marie quien se sobresalta, se lleva las manos a las orejas)
WOYZECK.- ¿Qué te pasa?.
MARIE.- Nada.
WOYZECK.- Algo te brilla bajo las manos.
MARIE.- Es un pequeño pendiente que he encontrado.
WOYZECK.- Yo nunca he encontrado nada así. Y dos a la vez.
MARIE.- ¿Soy acaso una cualquiera?
WOYZECK.- Está bien Marie. ¡Cómo duerme el niño! Tómalo por debajo del
brazo, la silla le hace daño. Tiene la frente llena de goterones; todo es
trabajo bajo el sol, sudar hasta durmiendo. ¡Pobres que somos! Esto es dinero
otra vez, Marie, la soldada y un poco más de mi capitán.
MARIE.- Dios te lo pague Franz.
WOYZECK.- Tengo que irme. Esta noche, Marie. Adiós.
(Sale Woyzeck)
MARIE.- Soy una mala persona. Sería capaz de apuñalarme. ¡Bah! ¿Qué
importa el mundo? Todo acaba marchándose al diablo, el hombre y la mujer.
(Woyzeck por la
compañía de títeres WILLIAM KENTRIDGE AND HANDSPRING de Sudáfrica)
EL CAPITÁN Y WOYZECK
(El capitán en una silla.
Woyzeck le afeita)
CAPITÁN.- Despacio, Woyzeck, despacio, una cosa después de otra. Me das
vértigo. ¿Qué voy a hacer con los diez minutos que me sobran hoy porque tú
terminas antes? Calcula, Woyzeck, aún te quedan por vivir tus treinta hermosos
años; ¡Treinta años! O sea trescientos sesenta meses y días, horas,
minutos. ¿Qué quieres hacer con esa enorme cantidad de tiempo? Adminístralo
bien, Woyzeck.
WOYZECK.- Sí, mi capitán.
CAPITÁN.- Tengo mucho miedo por el mundo cuando pienso en la eternidad. ¡Hay
que ocuparse, Woyzeck, ocuparse! La eternidad es eterna, es eterna, eso lo
entiendes; pero luego, no es eterna y es un instante, sí, un instante. Woyzeck,
me dan escalofríos cuando pienso que la tierra da un giro completo en un
día. ¡Qué pérdida de tiempo! ¿A dónde vamos a parar?. Woyzeck, yo ya no puedo
ver una rueda de molino sin ponerme melancólico.
WOYZECK.- Sí, mi capitán.
CAPITÁN.- Woyzeck, estás siempre tan apresurado. Una persona buena
no hace eso, una persona buena que tiene la conciencia tranquila... pero
¡di algo Woyzeck! ¿Qué tiempo hace hoy?.
WOYZECK.- Malo, mi capitán, malo. Viento.
CAPITÁN.- Ya lo noto, hay algo muy ligero ahí afuera; un viento así me hace
el efecto de un ratón. Creo que es algo así como viento norte-sur.
WOYZECK.- Sí, mi capitán.
CAPITÁN.- ¡Ja, ja, ja!, ¡norte-sur! ¡Ja, ja, ja! Oh, qué necio eres,
horriblemente necio. Woyzeck, eres una buena persona, una buena persona...
pero, Woyzeck, no tienes moralidad. Moralidad es cuando uno es moral,
¿comprendes? Es una palabra buena. Tienes un hijo sin la bendición de la
iglesia, como dice nuestro muy reverendo capellán, sin la bendición de la
iglesia; la expresión no es mía.
WOYZECK.- Mi capitán, Dios no va a tenerle en cuenta a la pobre criatura que
no le hayan echado amén antes de fabricarla. El señor ha dicho: dejad que los
niños vengan a mí.
CAPITÁN.- ¿Qué estás diciendo? ¿Qué curiosa respuesta es ésa? Me llena de
confusión. Cuando yo digo tú, quiero decir, tú, tú.
WOYZECK.- Pobres que somos. Mire usted, mi capitán: dinero, dinero. Quien no
tiene dinero... que uno haya de traer al mundo a otro de su misma condición
pensando en la moralidad. Uno es también de carne y hueso. Los pobres somos
desgraciados, en este mundo y en el otro. Yo creo que si fuésemos al cielo,
tendríamos que ayudar a tronar.
CAPITÁN.- Woyzeck, no tienes virtud, no eres una persona virtuosa. ¿Carne y
hueso? Cuando estoy tumbado junto a la ventana, ha llovido y se me van los ojos
detrás de esas medias blancas que dan saltitos por la calle... ¡Maldita sea,
Woyzeck!, entonces es amor lo que siento. Yo también soy de carne y hueso.
Pero, Woyzeck, la virtud, la virtud. ¿Cómo iba a pasar el tiempo
yo, si no? Lo que yo me digo siempre: eres una persona virtuosa, una buena
persona, una buena persona.
WOYZECK.- ¡Sí, mi capitán, la virtud! Aún sé lo que es eso. Mire usted,
la gente común como yo no tiene virtud, a uno le viene la naturaleza así, sin
más; pero si yo fuese un caballero y tuviera sombrero, reloj, una levita
inglesa y hablara como los señoritos, sí que me gustaría entonces ser virtuoso.
Tiene que ser bien lindo eso de la virtud, mi capitán. Pero yo soy un hombre
pobre.
CAPITÁN.- Está bien Woyzeck. Eres una buena persona, una buena persona.
Pero piensas demasiado, eso desgasta, siempre estás como tan apresurado. El
platicar contigo me ha fatigado mucho. Márchate ahora y no corras tanto;
despacio calle abajo.
BUHARDILLA
(Marie y el Tambor mayor)
TAMBOR MAYOR.- ¡Marie!.
MARIE.- Camina un poco, que te vea el pecho, como un toro; las barbas como
un león. No hay ninguno que te iguale. Estoy orgullosa entre todas las mujeres.
TAMBOR MAYOR.- Cuando los domingos voy con el penacho de plumas y los guantes
blancos, maldita sea, Marie, el príncipe dice siempre: "muchacho, qué
buena postura adoptas".
(Se burla de él y se le
acerca frente a frente)
MARIE.- ¡Cuéntaselo a otra! ¡Qué hombre!.
TAMBOR MAYOR.- ¡Y tú también eres una chica de buen ver, divina! ¿Y si pusiéramos
un criadero de tambores mayores? ¿Eh?
(La abraza, Marie se
suelta)
MARIE.- ¡Déjame!
TAMBOR MAYOR.- ¡Animalito salvaje!
MARIE.- ¡Tócame, a ver!
TAMBOR MAYOR.- ¿Te sale el diablo por los ojos?
MARIE.- ¡Qué más da! ¡Al fin y al cabo!
EN LA CALLE
(Woyzeck mira a Marie
fijamente, sacudiendo la cabeza)
WOYZECK.- ¡Hum! No veo nada, no veo nada. ¡Oh, tendría que verlo uno mismo,
tendría uno que poder agarrarlo fuerte con las manos!
MARIE.- ¿Qué te pasa Franz? Estás disparatando, Franz.
WOYZECK.- Un pecado tan gordo y tan ancho. Apesta tanto que se podría ahumar
a los ángeles y ahuyentarlos del cielo. Tienes roja la boca, Marie. ¿No te han
salido ampollas? Adiós Marie, eres hermosa como el pecado. ¿Puede ser tan
hermoso el pecado mortal?
MARIE.- Franz estás delirando, tienes fiebre.
WOYZECK.- ¡Maldita sea! ¿Ha estado plantado ahí? ¿Así? ¿Así?
MARIE.- Como el día es largo y el mundo es viejo, puede haber muchas
personas en el mismo sitio, una después de otra.
WOYZECK.- Lo he visto. Yo lo he visto.
MARIE.- Se pueden ver muchas cosas cuando se tienen ojos y no se es ciego,
luce el sol.
WOYZECK.- Tú vas a ver.
MARIE.- Bueno, ¿y qué?
EN CASA DEL DOCTOR
(Woyzeck y el Doctor)
DOCTOR.- ¿Cómo es posible Woyzeck? Un hombre tan formal.
WOYZECK.- ¿Qué pasa, doctor?
DOCTOR.- Lo he visto Woyzeck; has orinado en plena calle, has meado contra
la pared como un perro. Y sin embargo, dos centavos diarios. Woyzeck, muy mal.
El mundo es malo, muy malo.
WOYZECK.- Pero doctor, si a uno le viene la naturaleza.
DOCTOR.- ¡Viene la naturaleza, viene la naturaleza! ¡La naturaleza! ¿No te
he demostrado yo que el musculus constrictor vesicae está
sometido a la voluntad? ¡La naturaleza, viene la naturaleza! Woyzeck, el
hombre es libre, en el hombre la individualidad se transfigura en libertad. ¡No
poder contener la orina! (Sacude la cabeza, cruza las manos detrás de
la espalda y pasea de un lado a otro). ¿Y has comido los guisantes
Woyzeck? Va a haber una revolución en la ciencia, yo voy a saltar por los
aires. Urea, 0,10 clorhidrato de amonio, hiperoxidul. Woyzeck, ¿No tienes que
orinar otra vez?
WOYZECK.- No puedo doctor.
DOCTOR.- ¡Pero contra la pared sí orinas! Lo tengo por escrito, tengo el
trato en la mano. Lo he visto, con estos ojos lo he visto, yo
sacaba justamente la nariz por la ventana para que le entraran bien los
rayos de sol y poder así observar el estornudo. No Woyzeck, no me irrito,
irritarse no es sano, no es científico. Estoy tranquilo, muy tranquilo, mi
pulso tiene sus habituales pulsaciones y te lo digo con la mayor sangre
fría. Dios me libre de excitarme a causa de un ser humano. ¡Si al menos fuese
una salamandra lo que se le muere a uno! Pero tendrías que haber orinado en la
pared.
WOYZECK.- Mire doctor, a veces uno tiene como un carácter, como una
estructura. Pero la naturaleza es otra cosa, sabe usted, la
naturaleza (chasquea los dedos) es algo así como, no sé
expresarme, como digamos...
DOCTOR.- Woyzeck, ¿filosofando otra vez?
WOYZECK.- Doctor, ¿ha visto alguna vez la naturaleza doble? Cuando el sol
está en lo alto del mediodía y es como si al mundo lo devorasen las llamas, me
ha hablado una voz terrible.
DOCTOR.- Woyzeck, tienes un aberratio. (Llevándose el
dedo sobre la nariz).
WOYZECK.- Los hongos doctor. Ahí, ahí está el intríngulis. ¿Ya ha visto
usted qué figuras forman los hongos al crecer en el suelo? ¡Quién pudiera
leerlas!
DOCTOR.- Woyzeck, tienes la más hermosa aberratio mentalis
partialis, segunda especie. Con las características más patentes. Woyzeck,
voy a darte un aumento. Segunda especie, idea fija, con estado general
razonable; ¿haces todo como siempre, sigues afeitando al capitán?
WOYZECK.- Sí señor.
DOCTOR.- ¿Tomas los guisantes?
WOYZECK.- Siempre conforme a sus indicaciones doctor. El dinero de la
comida va para mi mujer.
DOCTOR.- ¿Sigues prestando servicio en el cuartel?
WOYZECK.- Sí señor.
DOCTOR.- Eres un caso interesante, sujeto Woyzeck, vas a recibir un
aumento. Sigue tan dispuesto. A ver el pulso... sí.
EN LA CALLE
(Capitán y Doctor)
CAPITÁN.- Doctor, los caballos me dan mucho miedo. Cuando pienso que las
pobres bestias tienen que ir a pie. No corra de esa manera. ¡No menee el bastón
en el aire de esa forma! Va usted a la carrera detrás de la muerte. Una buena
persona que tenga la conciencia tranquila no va tan deprisa. (Toma
al doctor por la levita). Doctor, permítame que salve una vida humana. Va
usted como una bala... doctor, estoy tan melancólico, me entra una exaltación
tengo siempre que ponerme a llorar cuando veo mi casaca colgada en la pared.
Ahí cuelga.
DOCTOR.- ¡Hum! Abotagado, adiposo cuello grueso, constitución apoplética.
Sí capitán, a usted le puede dar una apoplexia cerebralis pero
también le puede dar de un solo lado y quedarse entonces paralizado
psíquicamente y seguir vegetando; éstas son más o menos sus perspectivas para
las cuatro semanas próximas. Por lo demás, le puedo asegurar que usted
constituye uno de los casos más interesantes, y si dios quiere que su lengua se
quede parcialmente paralizada, haremos los más inmortales experimentos.
CAPITÁN.- Doctor, no me asuste, ya ha habido gente que ha muerto del susto,
pura y simplemente del susto. Ya veo a la gente con los limones en las manos,
pero dirán: "era una buena persona, una buena persona"... ¡Voto al
diablo! ¡Es usted un clavo de ataúd! (Tendiéndole el sombrero).
DOCTOR.- ¿Qué es esto, señor capitán? Esto es una cabeza vacía.
CAPITÁN.- (Haciendo un pliegue en el sombrero) ¿Qué es esto,
señor doctor? ¡Esto pura simpleza!
DOCTOR.- Servidor de usted, señor penacho militar.
CAPITÁN.- Igualmente a sus órdenes, señor clavo de ataúd. (Woyzeck
pasa corriendo). ¡Eh, Woyzeck! ¿A dónde vas, siempre con esas prisas?
Descansa un poco. Andas por el mundo como una navaja de afeitar abierta, uno se
corta si te roza; corres como si tuvieras que afeitar a un regimiento de
cosacos y fueran a ahorcarte un cuarto de hora después de acabar con el último
pelo... Pero, por cierto, a propósito de barbas largas... ¿qué te quería
decir yo? Woyzeck, las barbas largas.
DOCTOR.- Una larga barba debajo del mentón, Plinio ya hablaba de ello;
hay que quitar esa costumbre a los soldados, eh tú...
CAPITÁN.- A ver... las barbas largas... dime Woyzeck, ¿no has encontrado
ningún pelo de barba en tu tazón? ¡Eh! Entiendes lo que digo ¿no? ¿el pelo
de un hombre, de la barba de un soldado, de un suboficial, de un... de un
tambor mayor? ¡Eh, Woyzeck! Pero tú tienes una mujer decente. No te pasa como a
otros.
WOYZECK.- Sí señor. ¿Qué me está queriendo decir mi capitán?
CAPITÁN.- ¡Qué cara pone este hombre! Bueno, no tiene que ser precisamente
en la sopa, pero si te apresuras y tuerces la esquina, acaso encuentres un par
de labios. Woyzeck, otra vez he sentido el amor. Woyzeck ¿Qué te pasa?, estás
blanco como el papel.
WOYZECK.- Mi capitán soy un pobre diablo... y no tengo otra cosa en el
mundo, mi capitán, si usted está bromeando...
CAPITÁN.- ¿Bromeando yo? ¡A ti te voy a dar yo bromas mentecato!
DOCTOR.- El pulso, Woyzeck: breve, duro, arrítmico, desigual.
WOYZECK.- Mi capitán, la tierra quema como el infierno, pero yo estoy
helado, estoy helado; el infierno es frío, ¿Qué se apuesta? Imposible. Dios,
dios... ¡Imposible!
CAPITÁN.- Eh, tú, ¿quieres que te fusilen?, ¿quieres que te metan un par de
balas en la cabeza? Me estás apuñalando con los ojos, yo te quiero bien porque
eres una buena persona, Woyzeck, buena persona.
DOCTOR.- Músculos faciales rígidos, tensos, contracciones intermitentes,
posición erguida, tensa.
WOYZECK.- Me voy. Son posibles muchas cosas. ¡El hombre! Son posibles muchas
cosas. Hace buen tiempo mi capitán. Mire usted qué hermoso y firme es ese cielo
gris, le entran a uno ganas de clavar un garfio en él y ahorcarse, tan sólo por
la coma que separa al sí del no. Mi capitán, ¿sí o no? ¿Tiene culpa el no
del sí o el sí del no? Voy a meditar sobre esto.
(Se marcha a grandes
zancadas, primero despacio luego cada vez más de prisa. El Doctor sale
corriendo tras él)
DOCTOR.- ¡Fenómeno, Woyzeck! ¡Aumento!
CAPITÁN.- A mí me produce vértigo esa gente, qué apresuramiento; el tipo
largo va dando zancadas, corre como la sombra de una pata de araña y el corto
va al roce. El largo es el rayo y el corto el trueno... ¡Ja, ja, ja, el uno a
la zaga del otro! No me gusta eso. Las personas buenas son agradecidas y aman
la vida, las personas buenas no son valientes. Los hijos de perra son
valientes. Yo he ido a la guerra sólo para confirmarme en mi convicción de que
amo la vida... de eso a ser valiente... ¡qué ideas le vienen a uno! Grotesco,
grotesco.
(Puesta en escena del año
1992 con adaptación de Hang Ong)
CAMPO ABIERTO: LA CIUDAD A
LO LEJOS
(Andrés canta)
ANDRÉS.- > Una moza tiene el ama
que de noche y día pasa.
Sentadita en el jardín.
WOYZECK.- ¿Qué hay?
ANDRÉS.- Buen clima.
WOYZECK.- Sol de domingo y música a las puertas de la ciudad. Antes han
pasado las mujeres, qué bullicio, todas van para allá. (Inquieto) Baile,
Andrés, están bailando.
ANDRÉS.- En el Rössel y en el Stern.
WOYZECK.- Baile, baile.
ANDRÉS.- Y a mí qué...
...sentadita en el jardín
hasta que al dar las doce
espera a los soldados.
WOYZECK.- Andrés, no me puedo serenar.
ANDRÉS.- ¡Loco!
WOYZECK.- Tengo que marcharme. Todo me da vueltas. ¡Qué manos tan calientes
tienes! ¡Maldita sea Andrés!
ANDRÉS.- ¿Qué quieres?
WOYZECK.- Tengo que irme.
ANDRÉS.- Con esa golfa.
WOYZECK.- Tengo que salir al aire libre, qué calor hace aquí.
MESÓN
(Ventanas abiertas.
Baile. Bancos delante de la casa)
1° ARTESANO.- > Llevo puesta una camisa
que no es mía, es de otra
gente.
Mi alma apesta a
aguardiente.
2° ARTESANO.- Hermano, ¿te hago por amistad un agujero en la naturaleza?
¡Divino! ¡Quiero hacer un agujero en la naturaleza! Yo también soy humano
¿sabes?, voy a matarle todas las pulgas que tiene en el cuerpo.
1° ARTESANO.- Mi alma, mi alma apesta a aguardiente. Hasta el dinero acaba
pudriéndose. ¡Nomeolvides! Qué bonito es este mundo. Hermano tengo que llorar
hasta llenar una cuba de mi lluvia. Me gustaría que nuestras narices fueran
botellas y que pudiésemos vaciárnoslas el uno al otro en el gaznate.
(Woyzeck se coloca junto a
la ventana. Marie y el tambor mayor pasan bailando sin verle)
TODOS.- > Un cazador del platinado
iba una vez por un verde
prado,
halí, haló, la caza es
divertida,
allá en el verde llano
la caza es mi alegría.
(Pasa Marie por delante de
Woyzeck bailando. Woyzeck al querer hablar al principio se ahoga, se incorpora
bruscamente y se deja caer otra vez en el banco)
MARIE.- Más y más. Y más y más.
WOYZECK.- Más y más, más y más. (Batiendo las palmas). ¡Sí
bailad, revolcaos! ¿Por qué no apaga Dios el sol de un soplo y que todos se
revuelquen en lujuria, macho y hembra, hombre y bestia? ¡Hacérselo a uno encima
de las manos, como los mosquitos! La hembra... la hembra está caliente. (Se
incorpora de un salto). ¡Ese hijo de perra! Cómo la sobaba, cómo sobaba su
cuerpo, él la posee... como yo la poseía al principio.
(1° artesano predica de pie
sobre una mesa)
1° ARTESANO.- Mas si un caminante que se apoya en el transcurso del tiempo o que
se hace consciente de la divina sabiduría y que dice: "¿Por qué existe el
hombre?". Pero en verdad, en verdad os digo, ¿de qué viviría el campesino,
el tonelero, el zapatero, el médico si Dios no hubiese creado al hombre? ¿De
qué viviría el sastre si Dios no hubiese inculcado al hombre el sentimiento del
pudor, de qué el soldado si no le hubiera imbuido la necesidad de matar a
otros? Por eso, no lo dudéis, sí, sí es bello y agradable, pero todo lo terreno
es vanidad, hasta el dinero acaba pudriéndose... para concluir, amados oyentes,
vamos a mear en forma de cruz a fin de que muera un judío.
CAMPO ABIERTO: LA CIUDAD A
LO LEJOS
(Woyzeck se inclina a
tierra aguzando el oído)
WOYZECK.- ¡Más y más! Silencio. Música. ¿Eh? ¿Qué? ¿Qué dices? Más
alto, más alto. ¿Clávale el puñal, mata a esa zorra? Apuñala, apuñala a
esa zorra. ¿Lo hago? ¿Tengo que hacerlo? ¿Lo oigo también ahí? ¿También dice
eso el viento? Siempre lo oigo, siempre, siempre: mata, apuñala.
(Diseños de Magda Banach
para Woyzeck puesta Argentina del 2007 por Damián Moroni)
DE NOCHE
(Woyzeck despierta
sacudiendo a Andrés en la cama)
WOYZECK.- ¡Andrés! ¡Andrés! No puedo dormir; cuando cierro los ojos, todo me
da vueltas y oigo esos violines: más y más, siempre y siempre, y luego sale una
voz de la pared, ¿tú no oyes nada?
ANDRÉS.- Sí, déjalos que bailen. Dios nos proteja. Amén.
(Woyzeck lo despierta de
nuevo)
WOYZECK.- Algo me tira aquí, entre los ojos, como un cuchillo.
ANDRÉS.- Tienes que tomar aguardiente con polvos dentro, eso corta la
fiebre.
(Woyzeck puesta Portuguesa
de la compañía de la escuela teatral de Cardoso)
MESÓN
(Tambor mayor se golpea el
pecho, va fanfarroneando hasta que desafía a Woyzeck)
TAMBOR MAYOR.- ¡Yo soy un hombre! Un hombre, digo ¿Quién quiere algo? Quien no
sea Dios borracho, que no se meta conmigo. Le voy a zarandear hasta que se meta
la nariz en el culo. Le voy a... ¡eh, tú!, bebe, los hombres tienen que beber.
Ojalá el mundo entero no fuese más que aguardiente. (Woyzeck silba).
Oye ¿quieres que te saque la lengua del gaznate y te la enrolle en el
cuerpo? (Pelean, Woyzeck pierde). ¿Cuánto aire te dejo para
respirar? ¿El del pedo de una vieja? (Woyzeck exhausto y
tembloroso, se sienta en el banco). Que silbe el mentecato hasta ponerse
azul. ¡Sí! El aguardiente es mi vida. El aguardiente es mi fuerza.
UNA.- Ese ya tiene bastante.
OTRA.- Está sangrando.
WOYZECK.- Cada cosa a su tiempo.
WOYZECK Y EL JUDÍO
WOYZECK.- La pistola es muy cara.
JUDÍO.- Bueno, ¿la compras o no la compras? ¿Eh?
WOYZECK.- ¿Cuánto cuesta el cuchillo?
JUDÍO.- Está completamente derecho. ¿Quieres cortarte el pescuezo con él?
Bueno ¿Qué? Te lo doy tan barato como a cualquier otro, morir te costará bien
poco, pero no será en balde. ¿Te decides? Vas a tener una muerte económica.
WOYZECK.- Con esto se puede cortar algo más que pan.
JUDÍO.- Dos centavos.
WOYZECK.- ¡Aquí!
JUDÍO.- ¡Aquí! como si no fuese nada. ¡Y es dinero, nada menos! El muy
necio.
BUHARDILLA
(Marie, el niño y Karl, el
idiota. Marie hojea la Biblia)
MARIE.- "Y en su boca no se halló el engaño"... ¡Señor,
señor! No me lo tengas en cuenta. "Y los fariseos le llevaron una
mujer sorprendida en adulterio y la pusieron en medio. Mas Jesús dijo: tampoco
yo te condeno. Vete y en adelante no peques más". (Marie junta
las manos). ¡Señor, señor! No puedo. Señor ¡dame sólo que pueda rezar! El
niño, me da una punzada en el corazón. ¡Fuera! ¡Qué calor tan sofocante!
KARL.- (Tumbado, se cuenta cuentos con los dedos) Este es el
rey y tiene una corona de oro. Mañana le llevaré al hijo de la reina. Esta
morcilla dice: "Ven acá salchichón".
(Karl carga al niño y
guarda silencio, Marie tras el bochorno abre la ventana)
MARIE.- No ha venido F***************ranz, ni ayer, ni hoy; qué calor hace
aquí. "Y poniéndose a sus pies comenzó a llorar y le mojaba los
pies con sus lágrimas y con los cabellos de su cabeza se los secaba; y besaba
sus pies y los ungía con perfumes". (Marie dándose golpes de
pecho). ¡Todo está muerto! Señor, redentor mío, yo quisiera ungirte los
pies.
CUARTEL
(Andrés. Woyzeck rebuscando
entre sus cosas)
WOYZECK.- Esta camisa, Andrés, no forma parte del uniforme, te puede servir
a ti Andrés. La cruz es para mi hermana y el anillo; tengo también una
estampa, dos corazones de oro, estaban en la Biblia de mi madre y pone:
Sea el sufrir mi beneficio,
sea el sufrir mi solo
oficio.
Como tu cuerpo, llagada y
sangrante. Mi madre sólo siente el calor del sol en la mano. No importa.
ANDRÉS.- Sí.
WOYZECK.- Friedrich Johann Franz Woyzeck, fusilero jurado del segundo
regimiento, segundo batallón, cuarta compañía, nacido el día de la anunciación,
tengo hoy treinta años de edad, siete meses y doce días.
ANDRÉS.- Franz, tienes que ir al hospital. Pobre, bébete el aguardiente con
los polvos dentro, eso mata la fiebre.
WOYZECK.- Sí, Andrés, cuando el carpintero clava los maderos del ataúd,
nadie sabe quién meterá la cabeza en él.
EL PATIO DEL DOCTOR
(Estudiantes observan, el
doctor asomado a la ventana del desván)
DOCTOR.- Señores, estoy en el tejado como David cuando vio a Betsabé pero
yo sólo veo los polisones de pensionado de señoritas puestos a secar...
Señores, estamos tratando el importante problema de la relación del sujeto con
el objeto. Si sólo tomamos una de las cosas en las que se manifiesta la
autoafirmación orgánica de lo divino en uno de los elevados niveles y si
investigamos sus relaciones con el espacio, con la tierra, con el sistema
planetario, señores, si yo tiro este gato por la ventana, ¿cómo se
comportará ese ser en relación con el centrum gravitatoris y
con el propio instinto? ¡Eh, Woyzeck! ¡Woyzeck!
WOYZECK.- Señor Doctor, el gato muerde.
DOCTOR.- Mentecato, agarras el animal con la misma delicadeza que si se
tratara de tu abuela.
WOYZECK.- Doctor, tengo los temblores.
DOCTOR.- Muy bien Woyzeck. (Se frota las manos. Coge al gato).
Qué veo aquí, señores, la nueva especie del piojo de fiebre, muy diferente
de la del doctor Rizinus, oscura. (Saca una lupa. El gato escapa).
Señores, este animal no tiene instinto científico. A cambio señores, vean
ustedes a este hombre; desde hace tres meses no come otra cosa que guisantes,
¡observen los efectos, tómenle el pulso, vean qué desigual, aquí los ojos!.
WOYZECK.- Doctor, todo se me vuelve negro. (Woyzeck toma asiento).
DOCTOR.- ¡Ánimo Woyzeck! Unos días y hemos concluido; palpen ustedes,
señores, palpen. (Le tocan las sienes, el pulso y el pecho). A
propósito, Woyzeck, mueve las orejas para estos señores, yo ya quería
mostrárselo a ustedes. Actúan en él dos músculos. ¡Venga! ¡Deprisa!.
WOYZECK.- ¡Oh, Doctor!.
DOCTOR.- ¡Animal! ¿Habré yo de menearte las orejas? ¿Quieres hacer como el
gato? ¿Lo ven señores? Es la transición al asno, muchas veces como consecuencia
de la educación femenina y de la lengua materna. ¿Cuántos pelos te arrancó ya
tu madre cariñosamente, como recuerdo? Se te han vuelto muy escasos desde hace
unos días; sí, los guisantes señores.
MARIE CON NIÑAS DELANTE DE
LA PUERTA DE SU CASA
(Cantan)
NIÑAS.- > El sol luce en la Candelaria
y están los campos en flor.
Marchaban de dos en dos.
Las flautas iban delante,
y los violines detrás,
tenían rojos...
1ª NIÑA.- No me gusta.
2ª NIÑA.- Pues qué es lo que quieres.
OTRAS.- Lo que has empezado primero.
1ª NIÑA.- ¿Por qué?
2ª NIÑA.- No puedo.
OTRA.- Porque sí. Que cante.
TODAS.- Pero, ¿por qué? ¡Marieta, cántanos tú! ¿Porque sí?.
MARIE.- ¡Venid acá, cangrejitos!
Anillo, anillito,
corona de rosas
está el rey Herodes...
...¡Abuela, un cuento!.
ABUELA.- Érase una vez un pobre niño que no tenía padre ni madre, todos se
habían muerto y ya no quedaba nadie en el mundo. Se habían muerto todos. Él fue
y se puso a llorar día y noche. Y como ya no había nadie en la tierra quiso ir
al cielo y la luna era un trozo de madera podrida. Entonces se fue al sol y
cuando llegó, era un girasol seco, y cuando llegó a las estrellas eran pequeños
mosquitos de oro que estaban prendidos como los prende el alfaneque en el
endrino, y cuando quiso volver a la tierra era una olla al revés y estaba
completamente solo, entonces se sentó y empezó a llorar. Todavía sigue sentado
y está completamente solo.
WOYZECK.- ¡Marie!
MARIE.- ¿Qué pasa?.
WOYZECK.- Marie vamos, es hora.
MARIE.- ¿A dónde?.
WOYZECK.- ¿Lo sé yo acaso?.
MARIE Y WOYZECK
(Cantan)
MARIE.- Bueno, por ahí se va a la ciudad. Esto está tan oscuro.
WOYZECK.- Vas a quedarte aquí. Ven, siéntate.
MARIE.- ¡Tengo que irme!.
WOYZECK.- No vas a llegar muy lejos.
MARIE.- ¿Pero qué es lo que tienes?.
WOYZECK.- Marie, ¿sabes cuánto dura lo nuestro?.
MARIE.- Para Pentecostés hará dos años.
WOYZECK.- ¿Sabes cuánto va a durar aún?.
MARIE.- Tengo que irme. Está cayendo sereno.
WOYZECK.- Tienes frío Marie y sin embargo estás caliente. Cómo te arden los
labios. Aliento ardoroso de puta y sin embargo, yo daría el cielo por besarlos
otra vez. Y cuando se está frío, ya no se tiene frío. Con el rocío de la mañana
ya no sentirás frío.
MARIE.- ¿Qué estás diciendo?.
WOYZECK.- Nada. (Silencio).
MARIE.- ¡Qué roja brilla la luna!.
WOYZECK.- Como un cuchillo ensangrentado.
MARIE.- ¿Qué te traes entre manos Franz? ¡Estás pálido! ¡Franz, no!
¡Por el amor de Dios! ¡So-socorro!.
WOYZECK.- ¡Toma esto! ¡Y esto! ¿Es que no sabes morirte? ¡Así! ¡Así! ¡Aún
sigue moviéndose! ¿Todavía no? ¿Todavía no? ¿Estás segura? ¡Muerta, muerta!.
(Llega gente y sale
corriendo)
LLEGA GENTE
1° PERSONA.- ¡Alto!
2° PERSONA.- ¿Oyes? ¡Calla! Por ahí.
1° PERSONA.- ¡Uh! ¡Ahí! ¡Qué ruido!.
2° PERSONA.- Es el agua que llama, hace tiempo que no se ha ahogado nadie.
Vámonos, no es bueno escucharla.
1° PERSONA.- ¡Huy! Otra vez. Como alguien que se estuviera muriendo.
2° PERSONA.- Da miedo esta bruma. Todo gris, casi niebla... y el zumbido de los
abejorros como campanas rajadas. Vámonos.
1° PERSONA.- No, la voz es demasiado clara, demasiado fuerte. Por allí, ven.
(Puesta en escena bajo la
dirección de Matt Torney)
MESÓN
WOYZECK.- A bailar todos, más y más; ¡sudar!, ¡apestar!; al final él vendrá
a buscarnos a todos.
Una moza tiene el alma
que noche y día se pasa
sentadita en el jardín
hasta dar las doce
espera a los soldados.
Así, Käthe. Siéntate, que
tengo calor. ¡Calor!. (Se quita la casaca después de cantar y bailar).
Así es, el diablo se lleva a una y deja suelta a la otra. Käthe, estás
caliente. ¿Por qué, Käthe? Tú también te pondrás fría. Sé razonable. ¿Es que no
sabes cantar?.
KÄTHE.- > Yo no quiero marcharme a Suabia
ni tampoco llevar trajes largos;
trajes largos, zapatos de
tacón
no se casan con la moza de
un mesón.
WOYZECK.- No, sin zapatos; también se puede ir al infierno sin zapatos.
KÄTHE.- ¿Pero qué tienes en la mano?.
WOYZECK.- ¿Yo? ¿Yo?
KÄTHE.- ¡Rojo! ¡Sangre!
(Se forma un círculo de
gente en torno a ellos)
WOYZECK.- ¿Sangre? ¿Sangre?.
MESONERO.- ¡Uh! Sangre.
WOYZECK.- Creo que me he cortado, aquí, en la mano derecha.
MESONERO.- ¿Y cómo ha llegado la sangre hasta el codo?.
WOYZECK.- Me habré limpiado.
MESONERO.- ¿Y cómo? ¿El codo derecho con la mano derecha? Sí que usted es muy
mañoso.
KARL.- Y entonces dijo el gigante: "me huele, me huele, me huele a
carne humana". ¡Puah! Ese ya hiede.
WOYZECK.- ¡Demonios! ¿Qué quieren? ¿Qué les importa? ¡Déjenme salir! O al
primero que... ¡demonios! ¿Creen que he matado a alguien? ¿Soy yo un asesino?
¿Qué están mirando? Mírense a ustedes mismos. ¡Déjenme salir! (Se
escapa).
WOYZECK (EL ESTANQUE)
WOYZECK.- ¿El cuchillo? ¿Dónde está el cuchillo? Lo dejé ahí. ¡Va
a delatarme! ¡Más cerca!, ¡más cerca aún! ¿Qué sitio es éste?. ¿Qué estoy
oyendo? Algo se mueve. Silencio. Ahí cerca. ¿Marie? ¡Ah, Marie! Silencio. Todo
silencio. Hay que marcharse de este lugar. El cuchillo, el cuchillo, ¿lo tengo?
¡Ah, bueno! Gente. Allí. (Se marcha corriendo).
WOYZECK.- (En la orilla) Así, al fondo. (Arroja el
cuchillo al agua). Se hunde en el agua oscura, como una piedra. La luna es
como un cuchillo ensangrentado. ¿Pero es que el mundo entero quiere delatarme?.
No, está demasiado cerca y cuando se bañen... (Se mete en el estanque y
echa el cuchillo más adentro). Así, ahora; pero en verano, cuando se metan
buscando conchas... Bah, para ese entonces ya estará oxidado. ¿Quién va a
reconocerlo? ¿Por qué no lo habré roto? ¿Tengo sangre aún? Voy a lavarme.
Aquí hay una mancha y aquí otra.
NIÑAS
1° NIÑA.- ¡Vamos Marieta!
2° NIÑA.- ¿Qué pasa?
1° NIÑA.- ¿No lo sabes? Se han ido ya todos. Hay una muerta allá fuera.
2° NIÑA.- ¿Dónde?
1° NIÑA.- A la izquierda de las trincheras, en el bosquecillo, junto a la
cruz roja.
2° NIÑA.- Vamos, que todavía podamos ver algo. Si no, se la llevan.
(Woyzeck en Dirección de
Hadrian Garrard)
UJIER, MÉDICO Y JUEZ
UJIER.- Un buen asesinato, un asesinato auténtico, un hermoso asesinato,
tan hermoso que no se puede pedir más; hace tiempo que no hemos tenido algo
semejante.
KARL, CHRISTIAN Y WOYZECK
(Karl con el niño en el
regazo)
UJIER.- Se ha caído al agua, se ha caído al agua. ¡No!, se ha caído al
agua.
WOYZECK.- Niño, Christian.
KARL.- Se ha caído al agua. (Woyzeck quiere acariciar al niño,
éste no se deja y rompe a llorar).
WOYZECK.- ¡Dios mío!
KARL.- Se ha caído al agua.
WOYZECK.- Christian pequeñín, te voy a regalar un caballito, arre,
arre. (Christian le rechaza, Woyzeck se dirige a Karl).
Cómprale tú un caballito al niño.
KARL.- (Con ruidosa alegría) Arre, caballito, Arre,
caballito. (Sale corriendo con el niño).