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martes, octubre 21, 2014

Woyzeck: Georg Büchner.

  

 

Woyzeck

Georg Büchner


1. El manuscrito

Entender Woyzeck no es solo leer una obra de teatro; es enfrentarse a un "rompecabezas" literario que cambió el curso del drama moderno. Georg Büchner la escribió entre 1836 y 1837, pero murió de tifus a los 23 años antes de poder terminarla, dejando tras de sí un caos de papeles que tardaron décadas en ser descifrados.


1. El manuscrito: Un caos de fragmentos

Lo que hoy leemos como una obra es, en realidad, el resultado de un arduo trabajo de reconstrucción editorial. Büchner no dejó una versión final, sino cuatro borradores distintos (conocidos como H1, H2, H3 y H4), escritos en hojas sueltas, con una caligrafía casi ilegible y sin numeración.

  • Sin orden establecido: Al no haber un índice, cada director o editor decide el orden de las escenas. Esto convierte a Woyzeck en una "obra abierta".
  • La técnica del "Stationendrama": A diferencia del teatro clásico (con planteamiento, nudo y desenlace), esta obra se compone de escenas cortas y autónomas que funcionan como "estaciones" de un calvario. Es una estructura casi cinematográfica, escrita mucho antes de que existiera el cine.

2. El "Primer Drama Proletario"

Antes de Büchner, los protagonistas de las tragedias eran reyes, nobles o héroes. Con Woyzeck, el héroe es un pobre soldado raso, alguien que está en el último peldaño de la escala social.

  • Basado en hechos reales: La obra se inspira en el caso de Johann Christian Woyzeck, un barbero que asesinó a su amante y fue ejecutado en 1824. Büchner leyó los informes médicos sobre la salud mental del asesino y los usó para denunciar cómo la pobreza y la opresión pueden llevar a un hombre a la locura.
  • Determinismo social: La obra sugiere que Woyzeck no es "malo" por naturaleza, sino que su entorno (el hambre, los experimentos del Doctor, las burlas del Capitán) lo anula como ser humano hasta dejarle solo el instinto violento.

3. El Lenguaje: La imposibilidad de comunicarse

Una de las cosas que hace difícil la lectura es el lenguaje "roto". Büchner fue un genio al capturar cómo hablan las diferentes clases sociales:

1.    El lenguaje del poder (Doctor y Capitán): Usan un discurso intelectualizado, lleno de latín, conceptos abstractos y moralina para ocultar su crueldad.

2.  El lenguaje de la carencia (Woyzeck): Sus frases son cortas, balbuceantes, llenas de visiones bíblicas y refranes populares. Woyzeck siente un dolor profundo pero no tiene las palabras para explicarlo, lo que aumenta su frustración y paranoia.


4. Un pie en el Absurdo y el Expresionismo

Aunque se escribió en pleno siglo XIX, Woyzeck se siente como una obra del siglo XX.

  • El Doctor y el Capitán como caricaturas: No son personajes tridimensionales, sino representaciones grotescas de la Ciencia y la Milicia. Sus diálogos rozan lo absurdo (como cuando el Doctor se emociona porque Woyzeck no puede contener la orina).
  • La atmósfera febril: La naturaleza en la obra no es bonita; es amenazante. El suelo está hueco, los hongos forman figuras extrañas y la luna brilla como un cuchillo. Es puro expresionismo avant la lettre.

¿Por qué es importante para un autor hoy?

Para cualquier dramaturgo o analista, Woyzeck es la prueba de que la forma es contenido. El hecho de que la obra esté "rota" refuerza la idea de un protagonista cuya mente y vida también están rotas. No es una tragedia sobre el destino de los dioses, sino sobre el destino del hambre y la humillación.

 

 

 

PERSONAJES.

 

FRANZ WOYZECK

MARIE

CHRISTIAN, el hijo de ambos

CAPITÁN

DOCTOR

TAMBOR MAYOR

EL SUBOFICIAL

ANDRÉS

MARGARETH una vecina de Marie

EL PREGONERO

UN VIEJO

EL JUDIO

EL MESONERO, de una barraca de feria.

1° ARTESANO

2° ARTESANO

KARL, un idiota

KÄTHE

LA ABUELA

1° NIÑA

2° NIÑA

OTRA NIÑA

1° PERSONA

2° PERSONA

UJIER del tribunal.

JUEZ

Soldados, estudiantes, gentes, muchachas y niños.

 

 CAMPO ABIERTO: LA CIUDAD A LO LEJOS.

 

Woyzeck y Andrés cortan varas en los matorrales.

 

ESCENA 1: CAMPO ABIERTO

(La ciudad a lo lejos. WOYZECK y ANDRÉS cortan varas en los matorrales).

WOYZECK: Sí, Andrés. Ahí, sobre esa franja de hierba, ahí rueda la cabeza por la noche. Alguien la levantó una vez; pensaba que era un erizo. Tres días y tres noches, y ya estaba en la caja. (Baja la voz) Andrés, fueron los masones. Ahora lo sé. Los masones... ¡Chss!

ANDRÉS: (Cantando)

Dos conejos en el prado, se han comido todo el verde, verde...

WOYZECK: ¡Calla! ¡Algo se mueve! ¡Escucha!

ANDRÉS:

...y ni una hierba han dejado.

WOYZECK: Se mueve detrás de mí, debajo de mí. (Golpea el suelo) Está hueco, ¿lo oyes? El suelo está hueco aquí. ¡Los masones!

ANDRÉS: Tengo miedo.

WOYZECK: Qué silencio tan raro. Dan ganas de contener la respiración. ¡Andrés!

ANDRÉS: ¿Qué?

WOYZECK: (Mira al horizonte y arrastra a Andrés a la maleza) ¡Di algo! ¡Andrés! ¡Qué claridad! Un fuego recorre el cielo y se oye un estruendo como de trombones. ¡Se nos echa encima! Vamos. No mires atrás.

ANDRÉS: Woyzeck, ¿lo oyes todavía?

WOYZECK: Silencio. Todo está en silencio. Parece que el mundo ha muerto.

ANDRÉS: ¿Oyes? Son los tambores del cuartel. Tenemos que irnos.

 


MARIE CON SU HIJO EN LA VENTANA. MARGRETH.

 

(Pasa una banda militar, a la cabeza el tambor mayor. Marie mece al niño)

MARIE.- Chss, mi niño chss. A la nana nanita. ¿Oyes? Vienen por ahí.

MARGRETH.- ¡Qué buen mozo! Como un roble mismamente.

MARIE.- Como un león, con ese andar. (El tambor mayor saluda).

MARGRETH.- Vaya, vaya, qué ojitos tiernos, vecina. ¿Quién lo habría penado de usted?

(Cantando)

MARIE.- > Los soldados, los soldados

son muchachos galanes...

MARGRETH.- Aún le siguen brillando a usted los ojos.

MARIE.- ¿Y qué? Lleve usted los suyos al judío y que se los limpie; a lo mejor le brillan también y puede venderlos por dos reales.

MARGRETH.- ¿Cómo se atreve? Señora doncella, yo soy una persona decente, pero usted traspasaría con la mirada siete pares de calzones de cuero.

MARIE.- ¡Ramera! (Cierra de golpe la ventana). Ven, mi niño. ¿Qué quiere la gente? Aunque no seas más que el pobrecito hijo de una cualquiera, eres la alegría de tu madre con esa carita de pícaro. Chss, chss.

(Canta)

MARIE.- > Muchacha, qué vas a hacer

con un niño y sin marido.

Esta noche cantaré

y no pregunto al destino.

Nana, nanita, mi niño, ¡ohé!

Nadie hace nada por mí.

Ensilla las yeguas blancas,

Hansel, dales de comer;

no quieren comer cebada,

agua no quieren beber.

Vino fresco es lo que quieren, ¡ohé!

Vino fresco es lo que quieren.

 

 

(Llaman a la ventana)

MARIE.- ¿Quién va? ¿Eres tú, Franz? ¡Entra!

WOYZECK.- No puedo. Ha tocado la banda de guerra.

MARIE.- ¿Qué te pasa, Franz?

WOYZECK.- Otra vez ha pasado una cosa, muchas cosas. ¿No está escrito: “y he aquí que subía una humareda de la tierra, semejante a la humareda de una hoguera”?

MARIE.- ¿Qué me estás diciendo?

WOYZECK.- Me ha venido siguiendo hasta las mismas puertas de la ciudad. ¿Qué va a pasar?

MARIE.- ¡Franz!

WOYZECK.- Tengo que irme.

MARIE.- ¡El pobre! Tan desquiciado. Ni siquiera ha mirado a su hijo. Va a perder el seso de tanto pensar. ¿Bonito, por qué estás tan callado? ¿Tienes miedo? Cómo se está poniendo esto de oscuro; pensaría una que está ciega. Otras veces entra la claridad del farol. No lo soporto. Me da miedo.


PLAZA PÚBLICA, BARRACAS, LUCES.

VIEJO.- > Niño, nada dura en esta vida.

Al fin todos moriremos,

eso es cosa bien sabida.

WOYZECK.- ¡Sí! ¡Así se baila! ¡Pobre hombre, qué viejo! ¡Pobre niño, qué joven! Venga, Marie, ¿quieres que te lleve? Un hombre tiene que... para poder comer. ¡Mundo! ¡Hermoso es el mundo!

PREGONERO.- ¡Señoras! ¡Caballeros! Vean ustedes la criatura tal y como Dios la formó: nada, nada de nada. Vean ahora el arte: anda derecho, lleva levita y pantalón, lleva un sable. ¡Así! ¡Haz reverencia! Así se hace. ¡Echa un beso! (Toca la trompeta).

Michel entiende de música. Señoras y señores, vean aquí presentes al caballo astronómico y estos bonitos canarios cantores: son los favoritos de todos los potentados de Europa y miembros de todas las sociedades científicas. Le leen el porvenir a todo el mundo: cuántos años tiene uno, cuántos hijos, qué enfermedades; sabe disparar con pistola y andar cojeando. Educación, sólo educación; tienen un raciocinio animal o más bien una animalidad dotada de raciocinio. No es una bestia irracional, como tantas personas, a excepción del distinguido público. ¡Pasen, señores! ¡Empieza la función, el comienzo del comienzo va a dar inmediatamente!

Vean los adelantos de la civilización. Todo progresa: el caballo, el mono, el canario. El mono ya es un soldado; todavía no es mucho, el escalón más bajo del género humano. Principia la representación. ¡El inicio, el inicio! ¡El comienzo va a dar comienzo inmediatamente!

WOYZECK.- ¿Tú quieres?

MARIE.- ¿Por qué no? Bien lindo que será. Qué borlas le cuelgan al hombre, y la mujer lleva pantalones.

SUBOFICIAL.- ¡Ahora! ¡Mira! ¿La ves? ¡Qué mujer!

TAMBOR MAYOR.- ¡Demonios! ¡Qué buena para la reproducción de regimientos de coraceros y para la cría de tambores mayores!

SUBOFICIAL.- Tal y como lleva la cabeza, se creería que la melena negra tira de ella hacia abajo como una pesa, y esos ojos negros...

AMBOR MAYOR.- Como quien mira en lo hondo de un pozo o al fondo de una chimenea. ¡Venga a seguirla!.

MARIE.- ¡Cuántas luces!

WOYZECK.- Si... un gato grande y negro con ojos de fuego. ¡Ay, qué noche!.

(En el interior de la barraca, el pregonero con un caballo amaestrado)

PREGONERO.- ¡Señoras! ¡Caballeros! Vean ustedes la criatura tal y como Dios la formó: nada, nada de nada. Vean ahora el arte: anda derecho, lleva levita y pantalón, lleva un sable. ¡Así! ¡Haz reverencia! Así se hace. ¡Echa un beso! (Toca la trompeta).

Michel entiende de música. Señoras y señores, vean aquí presentes al caballo astronómico y estos bonitos canarios cantores: son los favoritos de todos los potentados de Europa y miembros de todas las sociedades científicas. Le leen el porvenir a todo el mundo, cuántos años tiene uno, cuántos hijos, qué enfermedades; sabe disparar con pistola y andar cojeando. Educación, sólo educación; tienen un raciocinio animal o más bien una animalidad dotada de raciocinio. No es una bestia irracional, como tantas personas, a excepción del distinguido público. ¡Pasen, señores! ¡Empieza la función, el comienzo del comienzo va a dar inmediatamente!.

Vean los adelantos de la civilización. Todo progresa, el caballo, el mono, el canario. El mono ya es un soldado, todavía no es mucho, el escalón más bajo del género humano. Principia la representación. ¡El inicio, el inicio! ¡El comienzo va a dar comienzo inmediatamente!.

¿Qué haces tú cuando piensas con el raciocinio doble? ¿Hay algún burro entre los miembros del docto público aquí presente? (El caballo sacude la cabeza). ¡Vean ustedes ahora el raciocinio doble! ¡Esto se llama equinosofía! Sí, no es una bestia sin inteligencia, es una persona. Un ser humano, un ser humano animal y sin embargo un bruto, una bestia. (El caballo se comporta indecorosamente). Y ahora estás avergonzando al docto público. Vean ustedes, este bruto sigue siendo naturaleza en estado puro. Aprendan de él. Pregunten al médico, es altamente perjudicial.

Se ha dicho: hombre, sé natural, estás hecho de polvo, arena, barro. ¿Y tú quieres ser más que polvo, arena, barro? Vean ustedes qué raciocinio, sabe hacer cuentas y sin embargo no sabe contar con los dedos, ¿por qué? Simplemente, no sabe expresarse, ni explicarse; es un ser humano metamorfoseado. Di a estos señores qué hora es. ¿Quién tiene un reloj, entre estos señores y señoras, un reloj?.

SUBOFICIAL.- ¡Un reloj! Helo aquí, caballero.

MARIE.- Eso tengo que verlo.

(Trepa por la primera fila. El tambor mayor la ayuda)


BUHARDILLA

(Marie sentada con un niño en el regazo, un trocito de espejo en la mano se mira en él)

MARIE.- ¡Cómo brillan las piedras!. ¿Qué piedras serán? ¿Cómo ha dicho él?... duerme, niño. Cierra los ojos, apriétalo (el niño se tapa los ojos con las manos), más aún; quédate así, a callar o viene a buscarte.

Niña, cierra las ventanitas; si no, viene un gitanillo que te lleve de la mano al país de los gitanos.

(Se mira de nuevo)

MARIE.- Seguro que es oro. Los pobres sólo tenemos un rincón en el mundo y un trozo de espejo, y sin embargo yo tengo una boca tan roja como las señoronas, con esos espejos donde se ven de arriba abajo y con esos caballeros tan guapos que les besan la mano; yo sólo soy una pobre mujer. Niño, a ser bueno, cierra los ojos, el angelito del sueño. Mira cómo corre por la pared (refleja con el espejo la pared), a dormir o te mira dentro de los ojos hasta dejarte ciego.

(Entra Woyzeck, se detiene detrás de Marie quien se sobresalta, se lleva las manos a las orejas)

WOYZECK.- ¿Qué te pasa?.

MARIE.- Nada.

WOYZECK.- Algo te brilla bajo las manos.

MARIE.- Es un pequeño pendiente que he encontrado.

WOYZECK.- Yo nunca he encontrado nada así. Y dos a la vez.

MARIE.- ¿Soy acaso una cualquiera?

WOYZECK.- Está bien Marie. ¡Cómo duerme el niño! Tómalo por debajo del brazo, la silla le hace daño. Tiene la frente llena de goterones; todo es trabajo bajo el sol, sudar hasta durmiendo. ¡Pobres que somos! Esto es dinero otra vez, Marie, la soldada y un poco más de mi capitán.

MARIE.- Dios te lo pague Franz.

WOYZECK.- Tengo que irme. Esta noche, Marie. Adiós.

(Sale Woyzeck)

MARIE.- Soy una mala persona. Sería capaz de apuñalarme. ¡Bah! ¿Qué importa el mundo? Todo acaba marchándose al diablo, el hombre y la mujer.


(Woyzeck por la compañía de títeres WILLIAM KENTRIDGE AND HANDSPRING de Sudáfrica)

EL CAPITÁN Y WOYZECK

(El capitán en una silla. Woyzeck le afeita)

CAPITÁN.- Despacio, Woyzeck, despacio, una cosa después de otra. Me das vértigo. ¿Qué voy a hacer con los diez minutos que me sobran hoy porque tú terminas antes? Calcula, Woyzeck, aún te quedan por vivir tus treinta hermosos años; ¡Treinta años! O sea trescientos sesenta meses y días, horas, minutos. ¿Qué quieres hacer con esa enorme cantidad de tiempo? Adminístralo bien, Woyzeck.

WOYZECK.- Sí, mi capitán.

CAPITÁN.- Tengo mucho miedo por el mundo cuando pienso en la eternidad. ¡Hay que ocuparse, Woyzeck, ocuparse! La eternidad es eterna, es eterna, eso lo entiendes; pero luego, no es eterna y es un instante, sí, un instante. Woyzeck, me dan escalofríos cuando pienso que la tierra da un giro completo en un día. ¡Qué pérdida de tiempo! ¿A dónde vamos a parar?. Woyzeck, yo ya no puedo ver una rueda de molino sin ponerme melancólico.

WOYZECK.- Sí, mi capitán.

CAPITÁN.- Woyzeck, estás siempre tan apresurado. Una persona buena no hace eso, una persona buena que tiene la conciencia tranquila... pero ¡di algo Woyzeck! ¿Qué tiempo hace hoy?.

WOYZECK.- Malo, mi capitán, malo. Viento.

CAPITÁN.- Ya lo noto, hay algo muy ligero ahí afuera; un viento así me hace el efecto de un ratón. Creo que es algo así como viento norte-sur.

WOYZECK.- Sí, mi capitán.

CAPITÁN.- ¡Ja, ja, ja!, ¡norte-sur! ¡Ja, ja, ja! Oh, qué necio eres, horriblemente necio. Woyzeck, eres una buena persona, una buena persona... pero, Woyzeck, no tienes moralidad. Moralidad es cuando uno es moral, ¿comprendes? Es una palabra buena. Tienes un hijo sin la bendición de la iglesia, como dice nuestro muy reverendo capellán, sin la bendición de la iglesia; la expresión no es mía.

WOYZECK.- Mi capitán, Dios no va a tenerle en cuenta a la pobre criatura que no le hayan echado amén antes de fabricarla. El señor ha dicho: dejad que los niños vengan a mí.

CAPITÁN.- ¿Qué estás diciendo? ¿Qué curiosa respuesta es ésa? Me llena de confusión. Cuando yo digo tú, quiero decir, tú, tú.

WOYZECK.- Pobres que somos. Mire usted, mi capitán: dinero, dinero. Quien no tiene dinero... que uno haya de traer al mundo a otro de su misma condición pensando en la moralidad. Uno es también de carne y hueso. Los pobres somos desgraciados, en este mundo y en el otro. Yo creo que si fuésemos al cielo, tendríamos que ayudar a tronar.

CAPITÁN.- Woyzeck, no tienes virtud, no eres una persona virtuosa. ¿Carne y hueso? Cuando estoy tumbado junto a la ventana, ha llovido y se me van los ojos detrás de esas medias blancas que dan saltitos por la calle... ¡Maldita sea, Woyzeck!, entonces es amor lo que siento. Yo también soy de carne y hueso. Pero, Woyzeck, la virtud, la virtud. ¿Cómo iba a pasar el tiempo yo, si no? Lo que yo me digo siempre: eres una persona virtuosa, una buena persona, una buena persona.

WOYZECK.- ¡Sí, mi capitán, la virtud! Aún sé lo que es eso. Mire usted, la gente común como yo no tiene virtud, a uno le viene la naturaleza así, sin más; pero si yo fuese un caballero y tuviera sombrero, reloj, una levita inglesa y hablara como los señoritos, sí que me gustaría entonces ser virtuoso. Tiene que ser bien lindo eso de la virtud, mi capitán. Pero yo soy un hombre pobre.

CAPITÁN.- Está bien Woyzeck. Eres una buena persona, una buena persona. Pero piensas demasiado, eso desgasta, siempre estás como tan apresurado. El platicar contigo me ha fatigado mucho. Márchate ahora y no corras tanto; despacio calle abajo.


BUHARDILLA

(Marie y el Tambor mayor)

TAMBOR MAYOR.- ¡Marie!.

MARIE.- Camina un poco, que te vea el pecho, como un toro; las barbas como un león. No hay ninguno que te iguale. Estoy orgullosa entre todas las mujeres.

TAMBOR MAYOR.- Cuando los domingos voy con el penacho de plumas y los guantes blancos, maldita sea, Marie, el príncipe dice siempre: "muchacho, qué buena postura adoptas".

(Se burla de él y se le acerca frente a frente)

MARIE.- ¡Cuéntaselo a otra! ¡Qué hombre!.

TAMBOR MAYOR.- ¡Y tú también eres una chica de buen ver, divina! ¿Y si pusiéramos un criadero de tambores mayores? ¿Eh?

(La abraza, Marie se suelta)

MARIE.- ¡Déjame!

TAMBOR MAYOR.- ¡Animalito salvaje!

MARIE.- ¡Tócame, a ver!

TAMBOR MAYOR.- ¿Te sale el diablo por los ojos?

MARIE.- ¡Qué más da! ¡Al fin y al cabo!

EN LA CALLE

(Woyzeck mira a Marie fijamente, sacudiendo la cabeza)

WOYZECK.- ¡Hum! No veo nada, no veo nada. ¡Oh, tendría que verlo uno mismo, tendría uno que poder agarrarlo fuerte con las manos!

MARIE.- ¿Qué te pasa Franz? Estás disparatando, Franz.

WOYZECK.- Un pecado tan gordo y tan ancho. Apesta tanto que se podría ahumar a los ángeles y ahuyentarlos del cielo. Tienes roja la boca, Marie. ¿No te han salido ampollas? Adiós Marie, eres hermosa como el pecado. ¿Puede ser tan hermoso el pecado mortal?

MARIE.- Franz estás delirando, tienes fiebre.

WOYZECK.- ¡Maldita sea! ¿Ha estado plantado ahí? ¿Así? ¿Así?

MARIE.- Como el día es largo y el mundo es viejo, puede haber muchas personas en el mismo sitio, una después de otra.

WOYZECK.- Lo he visto. Yo lo he visto.

MARIE.- Se pueden ver muchas cosas cuando se tienen ojos y no se es ciego, luce el sol.

WOYZECK.- Tú vas a ver.

MARIE.- Bueno, ¿y qué?


EN CASA DEL DOCTOR

(Woyzeck y el Doctor)

DOCTOR.- ¿Cómo es posible Woyzeck? Un hombre tan formal.

WOYZECK.- ¿Qué pasa, doctor?

DOCTOR.- Lo he visto Woyzeck; has orinado en plena calle, has meado contra la pared como un perro. Y sin embargo, dos centavos diarios. Woyzeck, muy mal. El mundo es malo, muy malo.

WOYZECK.- Pero doctor, si a uno le viene la naturaleza.

DOCTOR.- ¡Viene la naturaleza, viene la naturaleza! ¡La naturaleza! ¿No te he demostrado yo que el musculus constrictor vesicae está sometido a la voluntad? ¡La naturaleza, viene la naturaleza! Woyzeck, el hombre es libre, en el hombre la individualidad se transfigura en libertad. ¡No poder contener la orina! (Sacude la cabeza, cruza las manos detrás de la espalda y pasea de un lado a otro). ¿Y has comido los guisantes Woyzeck? Va a haber una revolución en la ciencia, yo voy a saltar por los aires. Urea, 0,10 clorhidrato de amonio, hiperoxidul. Woyzeck, ¿No tienes que orinar otra vez?

WOYZECK.- No puedo doctor.

DOCTOR.- ¡Pero contra la pared sí orinas! Lo tengo por escrito, tengo el trato en la mano. Lo he visto, con estos ojos lo he visto, yo sacaba justamente la nariz por la ventana para que le entraran bien los rayos de sol y poder así observar el estornudo. No Woyzeck, no me irrito, irritarse no es sano, no es científico. Estoy tranquilo, muy tranquilo, mi pulso tiene sus habituales pulsaciones y te lo digo con la mayor sangre fría. Dios me libre de excitarme a causa de un ser humano. ¡Si al menos fuese una salamandra lo que se le muere a uno! Pero tendrías que haber orinado en la pared.

WOYZECK.- Mire doctor, a veces uno tiene como un carácter, como una estructura. Pero la naturaleza es otra cosa, sabe usted, la naturaleza (chasquea los dedos) es algo así como, no sé expresarme, como digamos...

DOCTOR.- Woyzeck, ¿filosofando otra vez?

WOYZECK.- Doctor, ¿ha visto alguna vez la naturaleza doble? Cuando el sol está en lo alto del mediodía y es como si al mundo lo devorasen las llamas, me ha hablado una voz terrible.

DOCTOR.- Woyzeck, tienes un aberratio(Llevándose el dedo sobre la nariz).

WOYZECK.- Los hongos doctor. Ahí, ahí está el intríngulis. ¿Ya ha visto usted qué figuras forman los hongos al crecer en el suelo? ¡Quién pudiera leerlas!

DOCTOR.- Woyzeck, tienes la más hermosa aberratio mentalis partialis, segunda especie. Con las características más patentes. Woyzeck, voy a darte un aumento. Segunda especie, idea fija, con estado general razonable; ¿haces todo como siempre, sigues afeitando al capitán?

WOYZECK.- Sí señor.

DOCTOR.- ¿Tomas los guisantes?

WOYZECK.- Siempre conforme a sus indicaciones doctor. El dinero de la comida va para mi mujer.

DOCTOR.- ¿Sigues prestando servicio en el cuartel?

WOYZECK.- Sí señor.

DOCTOR.- Eres un caso interesante, sujeto Woyzeck, vas a recibir un aumento. Sigue tan dispuesto. A ver el pulso... sí.


EN LA CALLE

(Capitán y Doctor)

CAPITÁN.- Doctor, los caballos me dan mucho miedo. Cuando pienso que las pobres bestias tienen que ir a pie. No corra de esa manera. ¡No menee el bastón en el aire de esa forma! Va usted a la carrera detrás de la muerte. Una buena persona que tenga la conciencia tranquila no va tan deprisa. (Toma al doctor por la levita). Doctor, permítame que salve una vida humana. Va usted como una bala... doctor, estoy tan melancólico, me entra una exaltación tengo siempre que ponerme a llorar cuando veo mi casaca colgada en la pared. Ahí cuelga.

DOCTOR.- ¡Hum! Abotagado, adiposo cuello grueso, constitución apoplética. Sí capitán, a usted le puede dar una apoplexia cerebralis pero también le puede dar de un solo lado y quedarse entonces paralizado psíquicamente y seguir vegetando; éstas son más o menos sus perspectivas para las cuatro semanas próximas. Por lo demás, le puedo asegurar que usted constituye uno de los casos más interesantes, y si dios quiere que su lengua se quede parcialmente paralizada, haremos los más inmortales experimentos.

CAPITÁN.- Doctor, no me asuste, ya ha habido gente que ha muerto del susto, pura y simplemente del susto. Ya veo a la gente con los limones en las manos, pero dirán: "era una buena persona, una buena persona"... ¡Voto al diablo! ¡Es usted un clavo de ataúd! (Tendiéndole el sombrero).

DOCTOR.- ¿Qué es esto, señor capitán? Esto es una cabeza vacía.

CAPITÁN.- (Haciendo un pliegue en el sombrero) ¿Qué es esto, señor doctor? ¡Esto pura simpleza!

DOCTOR.- Servidor de usted, señor penacho militar.

CAPITÁN.- Igualmente a sus órdenes, señor clavo de ataúd. (Woyzeck pasa corriendo). ¡Eh, Woyzeck! ¿A dónde vas, siempre con esas prisas? Descansa un poco. Andas por el mundo como una navaja de afeitar abierta, uno se corta si te roza; corres como si tuvieras que afeitar a un regimiento de cosacos y fueran a ahorcarte un cuarto de hora después de acabar con el último pelo... Pero, por cierto, a propósito de barbas largas... ¿qué te quería decir yo? Woyzeck, las barbas largas.

DOCTOR.- Una larga barba debajo del mentón, Plinio ya hablaba de ello; hay que quitar esa costumbre a los soldados, eh tú...

CAPITÁN.- A ver... las barbas largas... dime Woyzeck, ¿no has encontrado ningún pelo de barba en tu tazón? ¡Eh! Entiendes lo que digo ¿no? ¿el pelo de un hombre, de la barba de un soldado, de un suboficial, de un... de un tambor mayor? ¡Eh, Woyzeck! Pero tú tienes una mujer decente. No te pasa como a otros.

WOYZECK.- Sí señor. ¿Qué me está queriendo decir mi capitán?

CAPITÁN.- ¡Qué cara pone este hombre! Bueno, no tiene que ser precisamente en la sopa, pero si te apresuras y tuerces la esquina, acaso encuentres un par de labios. Woyzeck, otra vez he sentido el amor. Woyzeck ¿Qué te pasa?, estás blanco como el papel.

WOYZECK.- Mi capitán soy un pobre diablo... y no tengo otra cosa en el mundo, mi capitán, si usted está bromeando...

CAPITÁN.- ¿Bromeando yo? ¡A ti te voy a dar yo bromas mentecato!

DOCTOR.- El pulso, Woyzeck: breve, duro, arrítmico, desigual.

WOYZECK.- Mi capitán, la tierra quema como el infierno, pero yo estoy helado, estoy helado; el infierno es frío, ¿Qué se apuesta? Imposible. Dios, dios... ¡Imposible!

CAPITÁN.- Eh, tú, ¿quieres que te fusilen?, ¿quieres que te metan un par de balas en la cabeza? Me estás apuñalando con los ojos, yo te quiero bien porque eres una buena persona, Woyzeck, buena persona.

DOCTOR.- Músculos faciales rígidos, tensos, contracciones intermitentes, posición erguida, tensa.

WOYZECK.- Me voy. Son posibles muchas cosas. ¡El hombre! Son posibles muchas cosas. Hace buen tiempo mi capitán. Mire usted qué hermoso y firme es ese cielo gris, le entran a uno ganas de clavar un garfio en él y ahorcarse, tan sólo por la coma que separa al sí del no. Mi capitán, ¿sí o no? ¿Tiene culpa el no del sí o el sí del no? Voy a meditar sobre esto.

(Se marcha a grandes zancadas, primero despacio luego cada vez más de prisa. El Doctor sale corriendo tras él)

DOCTOR.- ¡Fenómeno, Woyzeck! ¡Aumento!

CAPITÁN.- A mí me produce vértigo esa gente, qué apresuramiento; el tipo largo va dando zancadas, corre como la sombra de una pata de araña y el corto va al roce. El largo es el rayo y el corto el trueno... ¡Ja, ja, ja, el uno a la zaga del otro! No me gusta eso. Las personas buenas son agradecidas y aman la vida, las personas buenas no son valientes. Los hijos de perra son valientes. Yo he ido a la guerra sólo para confirmarme en mi convicción de que amo la vida... de eso a ser valiente... ¡qué ideas le vienen a uno! Grotesco, grotesco.

(Puesta en escena del año 1992 con adaptación de Hang Ong)


CAMPO ABIERTO: LA CIUDAD A LO LEJOS

(Andrés canta)

ANDRÉS.- > Una moza tiene el ama

que de noche y día pasa.

Sentadita en el jardín.

WOYZECK.- ¿Qué hay?

ANDRÉS.- Buen clima.

WOYZECK.- Sol de domingo y música a las puertas de la ciudad. Antes han pasado las mujeres, qué bullicio, todas van para allá. (Inquieto) Baile, Andrés, están bailando.

ANDRÉS.- En el Rössel y en el Stern.

WOYZECK.- Baile, baile.

ANDRÉS.- Y a mí qué...

...sentadita en el jardín

hasta que al dar las doce

espera a los soldados.

WOYZECK.- Andrés, no me puedo serenar.

ANDRÉS.- ¡Loco!

WOYZECK.- Tengo que marcharme. Todo me da vueltas. ¡Qué manos tan calientes tienes! ¡Maldita sea Andrés!

ANDRÉS.- ¿Qué quieres?

WOYZECK.- Tengo que irme.

ANDRÉS.- Con esa golfa.

WOYZECK.- Tengo que salir al aire libre, qué calor hace aquí.


MESÓN

(Ventanas abiertas. Baile. Bancos delante de la casa)

1° ARTESANO.- > Llevo puesta una camisa

que no es mía, es de otra gente.

Mi alma apesta a aguardiente.

2° ARTESANO.- Hermano, ¿te hago por amistad un agujero en la naturaleza? ¡Divino! ¡Quiero hacer un agujero en la naturaleza! Yo también soy humano ¿sabes?, voy a matarle todas las pulgas que tiene en el cuerpo.

1° ARTESANO.- Mi alma, mi alma apesta a aguardiente. Hasta el dinero acaba pudriéndose. ¡Nomeolvides! Qué bonito es este mundo. Hermano tengo que llorar hasta llenar una cuba de mi lluvia. Me gustaría que nuestras narices fueran botellas y que pudiésemos vaciárnoslas el uno al otro en el gaznate.

(Woyzeck se coloca junto a la ventana. Marie y el tambor mayor pasan bailando sin verle)

TODOS.- > Un cazador del platinado

iba una vez por un verde prado,

halí, haló, la caza es divertida,

allá en el verde llano

la caza es mi alegría.

(Pasa Marie por delante de Woyzeck bailando. Woyzeck al querer hablar al principio se ahoga, se incorpora bruscamente y se deja caer otra vez en el banco)

MARIE.- Más y más. Y más y más.

WOYZECK.- Más y más, más y más. (Batiendo las palmas). ¡Sí bailad, revolcaos! ¿Por qué no apaga Dios el sol de un soplo y que todos se revuelquen en lujuria, macho y hembra, hombre y bestia? ¡Hacérselo a uno encima de las manos, como los mosquitos! La hembra... la hembra está caliente. (Se incorpora de un salto). ¡Ese hijo de perra! Cómo la sobaba, cómo sobaba su cuerpo, él la posee... como yo la poseía al principio.

(1° artesano predica de pie sobre una mesa)

1° ARTESANO.- Mas si un caminante que se apoya en el transcurso del tiempo o que se hace consciente de la divina sabiduría y que dice: "¿Por qué existe el hombre?". Pero en verdad, en verdad os digo, ¿de qué viviría el campesino, el tonelero, el zapatero, el médico si Dios no hubiese creado al hombre? ¿De qué viviría el sastre si Dios no hubiese inculcado al hombre el sentimiento del pudor, de qué el soldado si no le hubiera imbuido la necesidad de matar a otros? Por eso, no lo dudéis, sí, sí es bello y agradable, pero todo lo terreno es vanidad, hasta el dinero acaba pudriéndose... para concluir, amados oyentes, vamos a mear en forma de cruz a fin de que muera un judío.


CAMPO ABIERTO: LA CIUDAD A LO LEJOS

(Woyzeck se inclina a tierra aguzando el oído)

WOYZECK.- ¡Más y más! Silencio. Música. ¿Eh? ¿Qué? ¿Qué dices? Más alto, más alto. ¿Clávale el puñal, mata a esa zorra? Apuñala, apuñala a esa zorra. ¿Lo hago? ¿Tengo que hacerlo? ¿Lo oigo también ahí? ¿También dice eso el viento? Siempre lo oigo, siempre, siempre: mata, apuñala.

(Diseños de Magda Banach para Woyzeck puesta Argentina del 2007 por Damián Moroni)


DE NOCHE

(Woyzeck despierta sacudiendo a Andrés en la cama)

WOYZECK.- ¡Andrés! ¡Andrés! No puedo dormir; cuando cierro los ojos, todo me da vueltas y oigo esos violines: más y más, siempre y siempre, y luego sale una voz de la pared, ¿tú no oyes nada?

ANDRÉS.- Sí, déjalos que bailen. Dios nos proteja. Amén.

(Woyzeck lo despierta de nuevo)

WOYZECK.- Algo me tira aquí, entre los ojos, como un cuchillo.

ANDRÉS.- Tienes que tomar aguardiente con polvos dentro, eso corta la fiebre.

(Woyzeck puesta Portuguesa de la compañía de la escuela teatral de Cardoso)


MESÓN

(Tambor mayor se golpea el pecho, va fanfarroneando hasta que desafía a Woyzeck)

TAMBOR MAYOR.- ¡Yo soy un hombre! Un hombre, digo ¿Quién quiere algo? Quien no sea Dios borracho, que no se meta conmigo. Le voy a zarandear hasta que se meta la nariz en el culo. Le voy a... ¡eh, tú!, bebe, los hombres tienen que beber. Ojalá el mundo entero no fuese más que aguardiente. (Woyzeck silba). Oye ¿quieres que te saque la lengua del gaznate y te la enrolle en el cuerpo? (Pelean, Woyzeck pierde). ¿Cuánto aire te dejo para respirar? ¿El del pedo de una vieja? (Woyzeck exhausto y tembloroso, se sienta en el banco). Que silbe el mentecato hasta ponerse azul. ¡Sí! El aguardiente es mi vida. El aguardiente es mi fuerza.

UNA.- Ese ya tiene bastante.

OTRA.- Está sangrando.

WOYZECK.- Cada cosa a su tiempo.


WOYZECK Y EL JUDÍO

WOYZECK.- La pistola es muy cara.

JUDÍO.- Bueno, ¿la compras o no la compras? ¿Eh?

WOYZECK.- ¿Cuánto cuesta el cuchillo?

JUDÍO.- Está completamente derecho. ¿Quieres cortarte el pescuezo con él? Bueno ¿Qué? Te lo doy tan barato como a cualquier otro, morir te costará bien poco, pero no será en balde. ¿Te decides? Vas a tener una muerte económica.

WOYZECK.- Con esto se puede cortar algo más que pan.

JUDÍO.- Dos centavos.

WOYZECK.- ¡Aquí!

JUDÍO.- ¡Aquí! como si no fuese nada. ¡Y es dinero, nada menos! El muy necio.


BUHARDILLA

(Marie, el niño y Karl, el idiota. Marie hojea la Biblia)

MARIE.- "Y en su boca no se halló el engaño"... ¡Señor, señor! No me lo tengas en cuenta. "Y los fariseos le llevaron una mujer sorprendida en adulterio y la pusieron en medio. Mas Jesús dijo: tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no peques más"(Marie junta las manos). ¡Señor, señor! No puedo. Señor ¡dame sólo que pueda rezar! El niño, me da una punzada en el corazón. ¡Fuera! ¡Qué calor tan sofocante!

KARL.- (Tumbado, se cuenta cuentos con los dedos) Este es el rey y tiene una corona de oro. Mañana le llevaré al hijo de la reina. Esta morcilla dice: "Ven acá salchichón".

(Karl carga al niño y guarda silencio, Marie tras el bochorno abre la ventana)

MARIE.- No ha venido F***************ranz, ni ayer, ni hoy; qué calor hace aquí. "Y poniéndose a sus pies comenzó a llorar y le mojaba los pies con sus lágrimas y con los cabellos de su cabeza se los secaba; y besaba sus pies y los ungía con perfumes"(Marie dándose golpes de pecho). ¡Todo está muerto! Señor, redentor mío, yo quisiera ungirte los pies.




CUARTEL

(Andrés. Woyzeck rebuscando entre sus cosas)

WOYZECK.- Esta camisa, Andrés, no forma parte del uniforme, te puede servir a ti Andrés. La cruz es para mi hermana y el anillo; tengo también una estampa, dos corazones de oro, estaban en la Biblia de mi madre y pone:

Sea el sufrir mi beneficio,

sea el sufrir mi solo oficio.

Como tu cuerpo, llagada y sangrante. Mi madre sólo siente el calor del sol en la mano. No importa.

ANDRÉS.- Sí.

WOYZECK.- Friedrich Johann Franz Woyzeck, fusilero jurado del segundo regimiento, segundo batallón, cuarta compañía, nacido el día de la anunciación, tengo hoy treinta años de edad, siete meses y doce días.

ANDRÉS.- Franz, tienes que ir al hospital. Pobre, bébete el aguardiente con los polvos dentro, eso mata la fiebre.

WOYZECK.- Sí, Andrés, cuando el carpintero clava los maderos del ataúd, nadie sabe quién meterá la cabeza en él.


EL PATIO DEL DOCTOR

(Estudiantes observan, el doctor asomado a la ventana del desván)

DOCTOR.- Señores, estoy en el tejado como David cuando vio a Betsabé pero yo sólo veo los polisones de pensionado de señoritas puestos a secar... Señores, estamos tratando el importante problema de la relación del sujeto con el objeto. Si sólo tomamos una de las cosas en las que se manifiesta la autoafirmación orgánica de lo divino en uno de los elevados niveles y si investigamos sus relaciones con el espacio, con la tierra, con el sistema planetario, señores, si yo tiro este gato por la ventana, ¿cómo se comportará ese ser en relación con el centrum gravitatoris y con el propio instinto? ¡Eh, Woyzeck! ¡Woyzeck!

WOYZECK.- Señor Doctor, el gato muerde.

DOCTOR.- Mentecato, agarras el animal con la misma delicadeza que si se tratara de tu abuela.

WOYZECK.- Doctor, tengo los temblores.

DOCTOR.- Muy bien Woyzeck. (Se frota las manos. Coge al gato). Qué veo aquí, señores, la nueva especie del piojo de fiebre, muy diferente de la del doctor Rizinus, oscura. (Saca una lupa. El gato escapa). Señores, este animal no tiene instinto científico. A cambio señores, vean ustedes a este hombre; desde hace tres meses no come otra cosa que guisantes, ¡observen los efectos, tómenle el pulso, vean qué desigual, aquí los ojos!.

WOYZECK.- Doctor, todo se me vuelve negro. (Woyzeck toma asiento).

DOCTOR.- ¡Ánimo Woyzeck! Unos días y hemos concluido; palpen ustedes, señores, palpen. (Le tocan las sienes, el pulso y el pecho). A propósito, Woyzeck, mueve las orejas para estos señores, yo ya quería mostrárselo a ustedes. Actúan en él dos músculos. ¡Venga! ¡Deprisa!.

WOYZECK.- ¡Oh, Doctor!.

DOCTOR.- ¡Animal! ¿Habré yo de menearte las orejas? ¿Quieres hacer como el gato? ¿Lo ven señores? Es la transición al asno, muchas veces como consecuencia de la educación femenina y de la lengua materna. ¿Cuántos pelos te arrancó ya tu madre cariñosamente, como recuerdo? Se te han vuelto muy escasos desde hace unos días; sí, los guisantes señores.


MARIE CON NIÑAS DELANTE DE LA PUERTA DE SU CASA

(Cantan)

NIÑAS.- > El sol luce en la Candelaria

y están los campos en flor.

Marchaban de dos en dos.

Las flautas iban delante,

y los violines detrás,

tenían rojos...

1ª NIÑA.- No me gusta.

2ª NIÑA.- Pues qué es lo que quieres.

OTRAS.- Lo que has empezado primero.

1ª NIÑA.- ¿Por qué?

2ª NIÑA.- No puedo.

OTRA.- Porque sí. Que cante.

TODAS.- Pero, ¿por qué? ¡Marieta, cántanos tú! ¿Porque sí?.

MARIE.- ¡Venid acá, cangrejitos!

Anillo, anillito,

corona de rosas

está el rey Herodes...

...¡Abuela, un cuento!.

ABUELA.- Érase una vez un pobre niño que no tenía padre ni madre, todos se habían muerto y ya no quedaba nadie en el mundo. Se habían muerto todos. Él fue y se puso a llorar día y noche. Y como ya no había nadie en la tierra quiso ir al cielo y la luna era un trozo de madera podrida. Entonces se fue al sol y cuando llegó, era un girasol seco, y cuando llegó a las estrellas eran pequeños mosquitos de oro que estaban prendidos como los prende el alfaneque en el endrino, y cuando quiso volver a la tierra era una olla al revés y estaba completamente solo, entonces se sentó y empezó a llorar. Todavía sigue sentado y está completamente solo.

WOYZECK.- ¡Marie!

MARIE.- ¿Qué pasa?.

WOYZECK.- Marie vamos, es hora.

MARIE.- ¿A dónde?.

WOYZECK.- ¿Lo sé yo acaso?.


MARIE Y WOYZECK

(Cantan)

MARIE.- Bueno, por ahí se va a la ciudad. Esto está tan oscuro.

WOYZECK.- Vas a quedarte aquí. Ven, siéntate.

MARIE.- ¡Tengo que irme!.

WOYZECK.- No vas a llegar muy lejos.

MARIE.- ¿Pero qué es lo que tienes?.

WOYZECK.- Marie, ¿sabes cuánto dura lo nuestro?.

MARIE.- Para Pentecostés hará dos años.

WOYZECK.- ¿Sabes cuánto va a durar aún?.

MARIE.- Tengo que irme. Está cayendo sereno.

WOYZECK.- Tienes frío Marie y sin embargo estás caliente. Cómo te arden los labios. Aliento ardoroso de puta y sin embargo, yo daría el cielo por besarlos otra vez. Y cuando se está frío, ya no se tiene frío. Con el rocío de la mañana ya no sentirás frío.

MARIE.- ¿Qué estás diciendo?.

WOYZECK.- Nada. (Silencio).

MARIE.- ¡Qué roja brilla la luna!.

WOYZECK.- Como un cuchillo ensangrentado.

MARIE.- ¿Qué te traes entre manos Franz? ¡Estás pálido! ¡Franz, no! ¡Por el amor de Dios! ¡So-socorro!.

WOYZECK.- ¡Toma esto! ¡Y esto! ¿Es que no sabes morirte? ¡Así! ¡Así! ¡Aún sigue moviéndose! ¿Todavía no? ¿Todavía no? ¿Estás segura? ¡Muerta, muerta!.

(Llega gente y sale corriendo)


LLEGA GENTE

1° PERSONA.- ¡Alto!

2° PERSONA.- ¿Oyes? ¡Calla! Por ahí.

1° PERSONA.- ¡Uh! ¡Ahí! ¡Qué ruido!.

2° PERSONA.- Es el agua que llama, hace tiempo que no se ha ahogado nadie. Vámonos, no es bueno escucharla.

1° PERSONA.- ¡Huy! Otra vez. Como alguien que se estuviera muriendo.

2° PERSONA.- Da miedo esta bruma. Todo gris, casi niebla... y el zumbido de los abejorros como campanas rajadas. Vámonos.

1° PERSONA.- No, la voz es demasiado clara, demasiado fuerte. Por allí, ven.

(Puesta en escena bajo la dirección de Matt Torney)


MESÓN

WOYZECK.- A bailar todos, más y más; ¡sudar!, ¡apestar!; al final él vendrá a buscarnos a todos.

Una moza tiene el alma

que noche y día se pasa

sentadita en el jardín

hasta dar las doce

espera a los soldados.

Así, Käthe. Siéntate, que tengo calor. ¡Calor!. (Se quita la casaca después de cantar y bailar). Así es, el diablo se lleva a una y deja suelta a la otra. Käthe, estás caliente. ¿Por qué, Käthe? Tú también te pondrás fría. Sé razonable. ¿Es que no sabes cantar?.

KÄTHE.- > Yo no quiero marcharme a Suabia

ni tampoco llevar trajes largos;

trajes largos, zapatos de tacón

no se casan con la moza de un mesón.

WOYZECK.- No, sin zapatos; también se puede ir al infierno sin zapatos.

KÄTHE.- ¿Pero qué tienes en la mano?.

WOYZECK.- ¿Yo? ¿Yo?

KÄTHE.- ¡Rojo! ¡Sangre!

(Se forma un círculo de gente en torno a ellos)

WOYZECK.- ¿Sangre? ¿Sangre?.

MESONERO.- ¡Uh! Sangre.

WOYZECK.- Creo que me he cortado, aquí, en la mano derecha.

MESONERO.- ¿Y cómo ha llegado la sangre hasta el codo?.

WOYZECK.- Me habré limpiado.

MESONERO.- ¿Y cómo? ¿El codo derecho con la mano derecha? Sí que usted es muy mañoso.

KARL.- Y entonces dijo el gigante: "me huele, me huele, me huele a carne humana". ¡Puah! Ese ya hiede.

WOYZECK.- ¡Demonios! ¿Qué quieren? ¿Qué les importa? ¡Déjenme salir! O al primero que... ¡demonios! ¿Creen que he matado a alguien? ¿Soy yo un asesino? ¿Qué están mirando? Mírense a ustedes mismos. ¡Déjenme salir! (Se escapa).


WOYZECK (EL ESTANQUE)

WOYZECK.- ¿El cuchillo? ¿Dónde está el cuchillo? Lo dejé ahí. ¡Va a delatarme! ¡Más cerca!, ¡más cerca aún! ¿Qué sitio es éste?. ¿Qué estoy oyendo? Algo se mueve. Silencio. Ahí cerca. ¿Marie? ¡Ah, Marie! Silencio. Todo silencio. Hay que marcharse de este lugar. El cuchillo, el cuchillo, ¿lo tengo? ¡Ah, bueno! Gente. Allí. (Se marcha corriendo).

WOYZECK.- (En la orilla) Así, al fondo. (Arroja el cuchillo al agua). Se hunde en el agua oscura, como una piedra. La luna es como un cuchillo ensangrentado. ¿Pero es que el mundo entero quiere delatarme?. No, está demasiado cerca y cuando se bañen... (Se mete en el estanque y echa el cuchillo más adentro). Así, ahora; pero en verano, cuando se metan buscando conchas... Bah, para ese entonces ya estará oxidado. ¿Quién va a reconocerlo? ¿Por qué no lo habré roto? ¿Tengo sangre aún? Voy a lavarme. Aquí hay una mancha y aquí otra.


NIÑAS

1° NIÑA.- ¡Vamos Marieta!

2° NIÑA.- ¿Qué pasa?

1° NIÑA.- ¿No lo sabes? Se han ido ya todos. Hay una muerta allá fuera.

2° NIÑA.- ¿Dónde?

1° NIÑA.- A la izquierda de las trincheras, en el bosquecillo, junto a la cruz roja.

2° NIÑA.- Vamos, que todavía podamos ver algo. Si no, se la llevan.

(Woyzeck en Dirección de Hadrian Garrard)


UJIER, MÉDICO Y JUEZ

UJIER.- Un buen asesinato, un asesinato auténtico, un hermoso asesinato, tan hermoso que no se puede pedir más; hace tiempo que no hemos tenido algo semejante.


KARL, CHRISTIAN Y WOYZECK

(Karl con el niño en el regazo)

UJIER.- Se ha caído al agua, se ha caído al agua. ¡No!, se ha caído al agua.

WOYZECK.- Niño, Christian.

KARL.- Se ha caído al agua. (Woyzeck quiere acariciar al niño, éste no se deja y rompe a llorar).

WOYZECK.- ¡Dios mío!

KARL.- Se ha caído al agua.

WOYZECK.- Christian pequeñín, te voy a regalar un caballito, arre, arre. (Christian le rechaza, Woyzeck se dirige a Karl). Cómprale tú un caballito al niño.

KARL.- (Con ruidosa alegría) Arre, caballito, Arre, caballito. (Sale corriendo con el niño).