Prólogo:
El Espejo Deformante de la Necesidad
Entre el
perro que ladra y el hombre que calla
Entrar en las "Historias para ser
contadas" de Osvaldo Dragún no es asistir a una representación
convencional; es aceptar un desafío a la lógica de lo "normal".
Escrita en una época donde el capitalismo feroz empezaba a devorar la identidad
individual en favor de la productividad, Dragún no elige el realismo para
denunciarlo. Elige el absurdo y el distanciamiento, las armas
predilectas de un teatro que no quiere lágrimas, sino preguntas.
1. El
Absurdo como Síntoma, no como Capricho
A diferencia del absurdo existencialista europeo
(donde la vida no tiene sentido), el absurdo de Dragún es profundamente
social. En la Historia del hombre que se convirtió en perro, el
hecho de que un ser humano termine ladrando en una perrera no es una metáfora
mística; es una consecuencia administrativa.
El recurso del absurdo aquí funciona como un lupa:
deforma la realidad para que podamos verla mejor. Dragún nos dice que la
"adaptación" al sistema no es una virtud, sino una metamorfosis
degradante. El absurdo nos golpea con la risa, pero es una risa que se congela
cuando nos damos cuenta de que el protagonista no "está loco",
simplemente "necesita el empleo".
2. La
Maquinaria Brechtiana: Prohibido Olvidar que esto es Teatro
Dragún bebe directamente de Bertolt Brecht y su teatro
épico. Los elementos están a la vista de todos:
·
Ruptura
de la Cuarta Pared: Los
actores se presentan como tales. "Somos los nuevos comediantes",
dicen. No quieren que te olvides de que estás en una plaza o un teatro; quieren
que mantengas tu juicio crítico alerta.
·
El
Efecto de Extrañamiento (Verfremdungseffekt): Al narrar la tragedia de un hombre que se
convierte en perro de forma tan cotidiana y simplona, Dragún logra que lo
familiar nos parezca extraño. No nos deja empatizar hasta el llanto (lo que
Brecht llamaba la "hipnosis" del teatro burgués), sino que nos obliga
a observar el proceso de deshumanización desde afuera.
·
El Actor
como Cronista: Los
personajes entran y salen de sus roles, comentan la acción y cantan. El actor
no "es" el personaje; el actor "muestra" al personaje para
que el público pueda juzgar su comportamiento social.
3. La Moraleja en el Asfalto
Este prólogo nos advierte que lo que estamos por
leer (o ver) es una autopsia de la dignidad. Dragún utiliza la economía
de recursos —pocos objetos, mucho gesto— para demostrar que para contar la
historia de la humanidad acribillada no se necesitan decorados lujosos, sino la
verdad cruda disfrazada de farsa.
¡Pasen, vean y escuchen! Pero tengan cuidado: al
final de estas historias, es posible que el ladrido que escuchen no venga del
escenario, sino de su propia vida.
HISTORIAS PARA SER CONTADAS
Autor: Osvaldo Dragún
PRÓLOGO PARA SER CONTADO
TODOS:
¡Público de la Plaza, buenas noches!
Somos los nuevos comediantes,
actores que van de pueblo en pueblo,
que van de plaza en plaza,
¡pero siempre adelante!
ACTOR 1:
Si es cierto que la vida del hombre es una estrella
que dura apenas un minuto
en esta infinita trayectoria
que es un día del mundo,
convengamos que es también una historia,
una pequeña historia irrealizada
que termina a veces antes de empezada.
TODOS: Una pequeña Historia para ser
Contada.
ACTOR 2:
La comedia italiana era otra cosa.
Tal vez fuese aquella época de rosas.
Hoy la flor se deshoja contra el viento
y la espina se hinca en nuestras manos,
a veces callosas…
TODOS: ¡Y entonces la arrancamos!
ACTOR 2: A veces de nube.
TODOS: ¡Y naufragamos!
ACTRIZ:
La mandolina rota de Arlequino,
es hoy tranvía furioso,
y la sonrisa azul de Cantarina
la esperanza rosada de una nueva heroína:
madre
mujer,
hermana,
que con un signo de interrogación
tachan el día de mañana en nuestro calendario.
TODOS:
Mas nosotros sabemos,
ya que por actores, sabios somos,
que siempre llega el sol hasta la cuna
de la simple semilla.
Un pequeño hombre no es más que una semilla,
y su historia,
una historia sencilla.
ACTOR 3: No se asombren de lo que aquí verán.
ACTRIZ: Les traemos la ciudad…
ACTOR 1: Sus hombres…
ACTOR 2: Sus problemas.
TODOS: Somos solamente nosotros.
ACTOR 1: Yo…
ACTOR 2: Yo…
ACTOR 3: Yo…
ACTORES 1, 2 y 3: Y ella.
ACTRIZ: Pero a veces yo seré una
hermana, después una madre y en seguida una esposa…
ACTOR 1: ¡Y yo un viejo, o un joven, o un
niño!
ACTOR 2: ¡Y yo un tango, y después una
sombra!
TODOS:
Traemos para ustedes
Cuatro historias de la vida cotidiana.
ACTOR 3:
Nosotros existimos
porque existen ustedes.
Sus historias nos pesan en el alma
y nuestras manos las lloran.
Lágrimas de muy allá traemos
y también una risa.
Y si alguno de ustedes, padres nuestros,
tiene una risa para ser reída
o una lágrima que deba ser llorada,
que se acerque al final de la jornada
a nosotros, actores
ACTOR 3 y 1: cantores,
ACTOR 3, 1 y 2: llorones,
ACTOR 3, 1, 2 y ACTRIZ: reidores,
TODOS:
cazadores de estrellas.
Su historia contaremos
allá en lejanas plazas,
bajo el sol o la luna,
para ninguno o muchos.
Lo importante es contarla,
y su pequeña historia acribillada
será otra “Historia para ser contada”.
HISTORIA DEL MONO QUE SE CONVIRTIÓ EN HOMBRE
Quedan tres ACTORES y una ACTRIZ.
CORO:
Y como siempre la Historia
empieza por su empiezo
nuestras Historias comenzarán
por su comienzo.
CANTOR:
(Canta.) ¡El Mono! ¡El Mono! ¡El Mono
dicen que fue mi nono!
CORO:
Parece ser que fuimos una comunidad
antes que el Progreso nos volviese unidad.
CANTOR:
(Canta.) ¡La Mona! ¡La Mona! ¡La Mona
dicen que fue mi nona!
CORO:
Intentaremos aquí seguir el recorrido
que nos llevó de la selva
al asfalto y al ruido.
CANTOR:
(Canta.) Por suerte somos dos
dijo el Mono a la Mona
el trabajo es más liviano
y más dulce contigo.
¡Te digo
te digo
te digo mi Mona!
¡Te digo
te digo
te digo mi Mona!
CORO:
Esta es la Historia de
un Mono y una Mona que
trabajando, trabajando
se fueron transformando.
CANTOR:
(Canta.) ¡Por suerte somos dos
dijo el Mono a la Mona!
¡Trabajando trabajando
iremos progresando!
¡Andando andando
andando mi Mona!
Andando andando...
¡iremos pro-gre-san-dooo!
CORO: Esta es la Historia del Mono que se convirtió
en Hombre.
CANTOR:
(Canta.) ¡Hace unos cuantos millones de años,
cuando las cosas no andaban tan mal,
una raza de mono antropoide
vivía en la selva tropical!
ACTOR 1: (Hablando.)
Aunque cubiertos de pelo, y orejas en punta y su estado muy pero muy
avanzado...
ACTOR 2: (Hablando.)...en los árboles las hordas
tiraban en yunta sin preocuparse de caminar parados.
CANTOR: (Canta.) Y para poder trepar
las manos tuvieron que usar,
y después de muchos deberes
dejaron los pies para otros menesteres.
ACTOR 1: (Hablando.) Trabajaron, trabajaron,
trabajaron...
ACTOR 2: (Hablando.) ... y las manos de los pies
diferenciaron.
CANTOR: (Canta.) Y así comenzaron a erguirse
y a prostituirse
y apenas se pararon
se miraron
y se asombraron
pero empezaron
a convertirse
a convertirse
a convertirse en hombre a convertirse.
ACTOR 1: ¡Y
caminaron!
CANTOR: ¡Ese fue el caso
del primer paso!
ACTOR 1: Y
como donde hay Monos siempre hay un domador...
ACTOR 2: ...en esta Historia Él será el domador...
ACTOR 1 toma un bastón.
ACTOR 1: Y
mi amigo aquí presente será en esta Historia mi asistente. (ACTOR 2 entra
carretilla con ladrillos. ACTOR 1 hace sonar un silbato. Extiende el bastón
hacia el ACTOR 2.) ¡Ayúdame!
ACTOR 2: ¿Qué vamos a hacer?
ACTOR 1: Enseñarles. Los únicos privilegiados son los
monos. Sin educación no hay civilización. ¿Estamos?
ACTOR 2: (No
entiende nada.) Si usted lo dice, Patrón. (Agarra el bastón.)
ACTOR 1: (Anuncia al público.) Primera lección:
¡esquivar obstáculos! (Hace sonar el silbato hacia los
MONOS. Éstos los miran sorprendidos. ACTOR 2
levanta el bastón.) ¡Más bajo! ¿Quieres que se maten?
ACTOR 2: ¡No, Patrón! ¡Si son simpáticos! (ACTOR 1
vuelve a sonar el silbato, ahora con más severidad. Los dos MONOS se acercan al
bastón. Lo miran. No pasan.) ¿Y? ¿Por qué no pasan?
ACTOR 1: Falta el aliciente. ¡Para atravesar un
obstáculo hay que tener un aliciente!
Saca de su bolsillo una banana. La enseña a los
MONOS. Ellos la miran sorprendidos. ACTOR 1 la mueve ante ellos. Los MONOS
extienden la mano pero no pueden alcanzarla porque el ACTOR 1 se las aleja. Los
MONOS miran el bastón que se extiende ante ellos como una barrera que les
impide tomar la banana. Por fin se deciden y quieren cruzar el bastón, pero el
ACTOR 1 lo levanta y ambos MONOS ruedan por el suelo.
ACTOR 2: Eh... diga, ¿qué hace?
ACTOR 1: ¡Silencio! ¡Aquí mando yo!
El MONO llora dolorido. La MONA lo consuela con
todo amor, casi como si fuese su madre.
CANTOR: (Canta.) No presten atención
a esta escena de amor.
Es instinto animal
nada sentimental.
¡El amor nos nació
cuando el corazón
se fue civilizando!
¡Esto que están mirando
tiene la ingenuidad
del instinto animal
sin psicoanalizar!
ACTOR 2: (Mira a los MONOS.) ¿Qué están haciendo?
ACTOR 1: ¡Bobadas! (Los separa con el pie.) ¡Vamos!
¡Vamos! ¡Hay que estudiar! (Hace sonar el silbato. Vuelve a colocar el bastón
extendido. Los MONOS miran. El ACTOR 1 les enseña otra vez la banana. Los MONOS
se aproximan. Tienen miedo. Al ACTOR 2.) ¡Baja el bastón! ¿Quieres que se
maten?
Bajan el bastón casi hasta el suelo. ACTOR 1 mueve
la banana ante los MONOS. Éstos vacilan. Por fin quieren cruzar pero el ACTOR 1
levanta bruscamente el bastón y los MONOS vuelven a rodar por el suelo, El MONO
llora pero al mismo tiempo está furioso ante la burla.
La MONA lo contiene apenas. Ambos no dejan de mirar
la banana que el ACTOR 1 vuelve a agitar ante ellos. Se aproximan. Están
hambrientos. Necesitan comer, aunque estén doloridos por los golpes. El MONO
solloza entre dientes. La MONA le habla al oído, le da la solución. Se miran.
Se ponen de acuerdo. Dan vuelta sin cruzar el bastón y toman la banana. Se
alejan con ella triunfalmente.
ACTOR 1: Primera lección: ¡para lograr un objetivo no
debe seguirse el camino recto, sino el camino torcido!
CANTOR: (Canta.) Y como hemos comprobado
trabajando, trabajando...
ACTOR 1: Nuestro antiguo antropoide distinguido...
ACTOR 2: …
se hizo cada vez más civilizido.
ACTOR 1: (Le
pega.) ¡Civilizado!
ACTOR 2: ¡Perdón! ¡Civilizado!
ACTOR 1: Al
trabajo el bulto
no esquivaron
y de la mano al cuerpo
y del cuerpo al seso
en un hombre cabal
se transformaron.
Pero...
CANTOR: (Canta.) Como sucede hasta hoy en
día
es más dulce trabajar en compañía.
Y aunque eso permite ayudarse
es necesario poder comunicarse.
ACTOR 1: Para empezar, gesticularon.
ACTOR 2: Después gritaron.
ACTOR 1: Se
garrotearon. (Se manosean.)
ACTOR 2: Hasta que, por fin...
ACTOR 1: ...
¡hablaron!
CANTOR: (Canta.) ¡Y ése fue el caso...
del Segundo Paso!
ACTOR 1: (A
los MONOS. Les enseña un dedo.) Este es el UNO. (Ellos miran sorprendidos.) ¡El
UNO! (No responden.) ¡U-NO! ¡El U-NO! (No responden.)
ACTOR 2: Parece que no supieran hablar, no...
ACTOR 1: ¡Y
claro que no saben! Pero ya van a aprender... (Lo mira.) ¿Quieres enseñarles
tú?
ACTOR 2: ¿Yo? ¿Cómo?
ACTOR 1: Con
el bastón, ¡con qué va a ser! ¿Quieres?
ACTOR 2: Y... me gustaría... ¡Nunca nadie me dio la
oportunidad!
ACTOR 1: ¡Toma! (Le da el bastón. ACTOR 2 lo toma.
Vacila. ACTOR 1 lo empuja hacia los MONOS.)
ACTOR 2: ¡Eh, no empuje!
ACTOR 1: ¡Acércate que no muerden!
ACTOR 2: ¿Y
yo qué sé? (A distancia señala el dedo a los MONOS. Con una sonrisa.) ¡UNO! (No
responden.) ¡UNO! (Se aproxima más.) U-NO... U-NO... U-NO... UNO... (Como no le
responden, y ya furioso, se acerca mucho más a ellos.) ¡UNO, carajo! (Les pega
con el bastón.)
MONO: (Aúlla.) ¡SOCORRO!
ACTOR 1: ¿Viste? ¡Ya aprendieron a hablar! (Le quita el
bastón.)
ACTOR 2: Pero... yo creí que la primera palabra iba a
ser... “mamá”...
ACTOR 1: ¡Estabas muy equivocado! La primera palabra
fue “¡Socorro!”...
CANTOR: (Canta.) Los antiguos monitos
caminando y hablando
hasta el hombre de hoy
llegaron trabajando.
¡Y siguiendo un camino
que es muy complicado
no descansaron
y fueron transformando
el seso del mono
en cerebro humanizado!
¡Capacitándo-se!
¡Modificándo-se!
¡Sacrificándo-se!
Un día-se dejaron-se de hacer
siempre cansadas.
¡Y pasaron a cosas
mucho más complicadas!
ACTOR 1: Sin
por eso dar muestras de estar cansados...
ACTOR 2: …
intentaron objetivos cada vez más elevados.
ACTOR 1: Sumaron.
ACTOR 2: Restaron.
ACTOR 1: Midieron.
ACTOR 2: Y... ¡se jodieron! ,
ACTOR 1: Pero...
ACTORES 1 Y 2: ... ¡construyeron!
CANTOR: (Acorde de guitarra.) ¡Cha! ¡Cha!
¡Cha!
ACTOR 1: (Muestra otro dedo al MONO.) ¡Dos!
MONO: D...o...s...
ACTOR 1: ¡Muy bien, muy bien! Y ahora... primero va el
Uno y después ¡el dos! (Hace sonar el silbato.)
MONO: Uno...
MONA: Dos...
ACTOR 1: ¡Uno, dos!
MONO: Uno... ¿dos? (Mira a la MONA dudando.)
MONA: ¡Uno, dos! (Le sonríe con amor.)
ACTOR 1: ¡Uno, dos!
MONO: (Seguro ahora.) Uno, dos.
MONA: Uno, dos.
ACTOR 1: ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno!
¡Dos! ¡Uno! ¡Dos!
MONO Y MONA: ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos!
¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! (Y comienzan primero a marcar el paso y luego a
desfilar. Siguen contando.) ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos!
ACTOR 1: ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno!
¡Dos... y tres!
Les arroja un ladrillo de la carretilla. El MONO lo
toma apenas en el aire. Lo mira. Mira a la MONA. Piensan. La
MONA le habla al oído.
MONO: (Sonriendo suficiente al ACTOR 1.) ¡Tres!...
(Deja el ladrillo en el suelo.)
ACTOR 1: (Les arroja otro.) ¡Y cuatro! (Lo dejan sobre
el tres.) ¡Y cinco! (Mismo juego.) ¡Y seis! (Mismo juego.) ¡Y siete! (Mismo
juego.) ¡Muy bien, muy bien! (Al ACTOR 2.) ¡Sigue tú!
ACTOR 2: (Les arroja un ladrillo imaginario.) ¿Qué van
a hacer?
ACTOR 1: ¡Construir! ¡Estamos en el siglo XXI!
ACTOR 2: ¡Yo
sólo sé el día que cobro!
ACTOR 1: (A
los MONOS.) ¡Y siete! ¡Y ocho! ¡Y nueve! ¡Y diez! ¡Y once! ¡Y doce! (Los dos
MONOS amontonan ladrillos como si estuviesen levantando una pared. El MONO
comienza a cansarse.) ¡Trece! ¡Catorce! ¡Quince! ¡Dieciséis! ¡Diecisiete! (El
MONO está agotado. Casi se cae. La MONA lo levanta.)
ACTOR 1: (Ordena.) ¡Vamos! ¡Diecisiete!... ¡Diecisiete!
(El MONO se sienta. La MONA lo acaricia y sigue sola, a pesar de su cansancio.)
¡Dieciocho! ¡Diecinueve! ¡Veinte! ¡Veintiuno! ¡Veintidós! ¡Veintitrés!...
¡Descansen! (La MONA cae rendida junto al MONO. El ACTOR 1 saca un pañuelo y se
enjuga la transpiración.) ¡El trabajo me agota! (A los MONOS.) No sé si me van
a entender... ¡Dios quiera que sí!... Yo sé que el trabajo lo hacen ustedes...
pero verlos ahí, todo el día... cansados... embrutecidos... sin ganar lo
suficiente... con sus hijos mal vestidos y mal alimentados... ¡es un peso que
no puedo soportar! ¡Ustedes son mis patrones, no yo el de ustedes! No, no...
¡Ustedes son mis patrones! ¡Se han apoderado de mi conciencia!... ¡Han
monopolizado mi conciencia!... Han creado el trust internacional de mi
conciencia... y explotando sus miserias, y sus sufrimientos, y los de sus
hijos, ¡no me dejan vivir en paz! (Ofensivo.) ¡Proletarios! ¡Explotadores!...
¡Aquí!... (Se golpea el vientre.) Aquí... créanme, por Dios... ¡aquí mi
conciencia se retuerce de hambre! ¡Grita de hambre! ¡Mi conciencia aúlla de
hambre por culpa de ustedes! ¡Aquí! ¡Aquí! ¡Aquí!... (Se golpea con furia. De
pronto, se siente mal. Al ACTOR 2.) Ya vuelvo...
ACTOR 2: ¿Qué le pasa, patrón? ¿Se siente mal?
ACTOR 1: No,
no... Es mi conciencia... ¡Voy a cagar y vuelvo! (Sale.)
La MONA acaricia al MONO. Se abrazan. Se besan. Se
acuestan.
CANTOR: (Canta.) No presten atención
a esta escena de amor.
Es instinto animal
nada sentimental.
¡El amor nos nació
cuando el corazón
se fue civilizando!
Esto que están mirando
tiene la ingenuidad
del instinto animal
¡sin psicoanalizar!...
El MONO se levanta. Ya no es un MONO. Es un Hombre
muy suficiente. ACTOR 2 se aproxima a él y a la pared.
ACTOR 2: ¡Qué linda pared!
MONO: ¿En serio es linda?
ACTOR 2: Sí... (La toca.) ¡Parejita... y resistente!
MONO: (Se infla.) ¡Eh! ¡La hice yo! (A la MONA.)
¿No?
La MONA se incorpora hasta quedar de rodillas.
MONA: Sí...
ACTOR 2: ¡Y
bien, eh! (La toca.) Resistente...
MONO: ¡Parejita y resistente! (A la MONA.) ¿No?
MONA: Sí...
MONO: ¿Y si la sigo?
ACTOR 2: ¡No, mejor espere que vuelva ÉL! ¡A ver si
mete la pata!
MONO: ¿Y por qué voy a meter la pata? A ver...
llegué al... (No recuerda. A la MONA.) ¿A cuál llegué?
MONA: Veinticuatro...
MONO: ¡Claro! ¡Veinticuatro! (Pone ladrillo.) Y
después el... (A la MONA.) ¿Después el cuál?
MONA: Veinticinco.
MONO: ¡Claro! ¡Veinticinco! (Pone ladrillo.)
MONA: Veintiséis.
MONO: Veintiséis... (Pone ladrillo.)
MONA: Veintisiete.
MONO: Veintisiete... (Pone ladrillo.)
MONA: Veinti...
MONO: (La corta de un grito.) ¡Cállate de una vez!
¿O te crees que yo no sé contar, eh? Veintiocho... (Pone ladrillo.)
Veintinueve... Treinta... (La MONA se los va alcanzando.) Treinta y uno...
treintaidós... treintaitrés... (A la
MONA.) Hazme un tinto, mujer.
ACTOR 2: ¡Oiga, esto va quedando muy bien, eh!
MONO: ¿Le parece?
ACTOR 2: ¡Sí, muy bien!
MONO: Creo que me corresponde sobresueldo,
participación en las ganancias, doble jubilación, doble aguinaldo, y un
porcentaje del prode... (La MONA le da un tinto.) Prepara el asado, mujer. (Al
ACTOR 2.) ¿Usted qué opina?
ACTOR 2: Eh... Yo no sé... Yo en eso no decido. ¿Qué
está construyendo?
El MONO lo mira. Se vuelve a la MONA, con expresión
de que la pregunta del ACTOR 2 es la más absurda del mundo. Se larga a reír.
MONO: (A la MONA, mientras se sienta para comer el
asadito.) ¿Qué te parece la pregunta? (Al ACTOR 2.) ¡Estoy construyendo!
ACTOR 2: Sí,
ya sé, pero... ¿qué?
MONO: (Riendo.) ¡Eso no tiene importancia! ¡No es
cosa mía! ¡Yo construyo! ¡Para eso me pagan! ¡Un hospital, un campo de
concentración, una escuela, un laboratorio de bombas atómicas, un horno
crematorio, un jardín infantil, una cámara de gas... ¡Yo construyo, señor! ¡Soy
un gran constructor! ¡A mí me dan un baldío... y yo construyo!... ¡Yo
construyo!
CANTOR: (Canta.) El hacer por hacer no
significa
que siempre lo que hacemos está bien
ya que a veces por no meter la pata
el tiro sale por la culata...
(Habla.) ¡Moraleja!
(Canta.) Siempre conviene saber...
para qué se trabaja
¡y para quién!
Vuelve el ACTOR 1 arreglándose el pantalón. Ve la
pared construida por los MONOS.
ACTOR 1: (Al
ACTOR 2.) ¿Los ayudaste tú?
ACTOR 2: No.
La hicieron solos.
ACTOR 1: ¿Solos? ¡Pero si no sabían contar sin mí!
ACTOR 2: Aprendieron.
ACTOR 1: ¡Pero si no sabían medir sin mí!
ACTOR 2: Aprendieron.
ACTOR 1: ¡Pero si no sabían pensar sin mí!
ACTOR 2: Aprendieron.
ACTOR 1: (Mira a los MONOS.) ¿Aprendieron?
ACTOR 2: Pues, sí... aprendieron...
ACTOR 1: (Vuelve a mirar a los MONOS, que comen su
asado. Se acerca a ellos paternal y sonriente.) ¡Me alegro de que a mi lado
hayan aprendido tanto! ¡Y ahora, creo que es hora de seguir trabajando!
MONO: Un momentito, señor.
ACTOR 1: (Lo
mira sorprendido por el tono.) ¿Qué pasa muchachos?
MONO: Antes de seguir hay que aclarar algunas
cosas. La pared, ¿quedó bien?
ACTOR 1: ¡Pues... bueno!... podemos decir que... pero
tal vez no es que...
MONO: ¡Nada de ambigüedades, señor! ¿Quedó bien, o
no?
ACTOR 1: (Pausa corta.) Sí... quedó bien.
MONO: Sin mí, ¿hubiese quedado tan bien?
ACTOR 1: Bueno... tal vez no... pero...
MONO: ¡Nada de peros, señor! Usted me necesita. Sin
mí, no puede seguir con esto. Así que, creo que es hora de
hablar de condiciones.
ACTOR 1: (Furioso.) ¿Condiciones? Pero... (Parece a
punto de pegarle pero se contiene. Sonríe forzado.) ¡Pero muchachos! ¿Qué les
pasa? (A la MONA en cómplice.) Señora, ¿qué le pasa a su marido? Se puso
triste, ¡y tan divertido que era antes!
MONA: (Humilde.) Yo...
MONO: Tú te callas. ¡Esto lo decido yo! (Al ACTOR
1.) Antes yo no sabía pensar, señor. Ahora, aprendí.
ACTOR 1: (Al
ACTOR 2.) ¿Aprendió?
ACTOR 2: Y
sí, aprendió... Lo único que no aprendió es para qué sirve lo que está
haciendo.
ACTOR 1: (Feliz.) ¿Ah, no?
MONO: Y, señor, ¿hablamos de condiciones?
ACTOR 1: ¡Hablamos, hablamos! ¿Por qué no?... Pero
antes, pone ESO en su lugar. (Señala un sitio.) El
trabajo hay que terminarlo, no...
MONO: ¿Qué?
ACTOR 1: ESO...
MONO: (Ve “ESO”.) ¡Ah!... (Va al lugar. Mira.
Vuelve hacia la MONA.) Ven, mujer. Ayúdame. (La MONA va con él.
Mira “ESO”. No le gusta.)
MONA: No... No...
MONO: ¿Por qué?
MONA: No me gusta...
MONO: Y tú ¿quién eres para opinar?
MONA: ¿Cómo quién soy? (Lo mira.) Yo soy...
MONO: ¡Nadie! ¡Tú no eres nadie, me oyes! ¡Na-die!
ACTOR 1: (Ve
la indecisión del MONO.) ¿Y? ¿Qué pasa? ¿O ahora en tu casa manda tu mujer?
MONO: (Ofendido en su orgullo masculino.) No se
preocupe, señor, que en mi casa mando yo, ¡faltaba más! (A la
MONA haciendo sonar los dedos.) ¡Tú te callas, que
esto lo decido yo, eh! El trabajo hay que terminarlo. ¡Nunca dejé un trabajo
sin terminar! ¡Vamos, ayúdame! ¡Vamos!... ¡Vamos! (La amenaza con la mano.)
¡Vamos, que te doy, eh!
Finalmente la MONA no tiene más remedio que
ayudarlo. Entre los dos entran una especie de jaula enrejada que se arma en el
escenario. De los barrotes de la jaula, cuelgan madreselvas en flor, antenas de
televisión, y carteles en los que se anuncian ventas de distintos productos.
Cuando terminan de acomodar su jaula sobre el escenario, los dos MONOS quedan
dentro de ella.
MONO: (Al ACTOR 1.) ¡Ya está listo el trabajo,
señor! ¿Y ahora?
ACTOR 1: Y... ahora... ¡se quedan ahí!
MONO: ¿Cómo?... ¡Oiga, señor... no puede hacernos
esto! ¡Somos seres humanos!
ACTOR 1: ¡Se
puede, se puede! ¿Y saben por qué?
CANTOR: (Canta.) ¡Porque siempre conviene
saber
para qué se trabaja, y para quién!
ACTORES 1 y 2 salen. Los dos MONOS quedan aferrados
a las rejas de la jaula. Giran con ella en todas direcciones.
MONO: ¡Sáquenos de aquí! ¡Somos seres humanos!
Nadie les responde. Giran con la jaula más
lentamente. Comienza en ellos otra transformación física. A mitad de camino
entre el hombre y el MONO, el MONO queda aferrado a la reja. La MONA va al
centro de la jaula. Se arrodilla. El MONO saca un diario y empieza a leer. La
MONA comienza a sollozar quedamente. El MONO se da cuenta de ello.
MONO: Prende el televisor, quieres... (Pausa.)
Mujer, te estoy hablando... (Se vuelve. La ve llorando. A la MONA.) ¿Por qué
lloras?
MONA: Tengo mareos...
MONO: Y... debe ser el vino del almuerzo... o el
televisor, o el subte... o el invierno...
MONA: No... Creo que... que voy a tener un hijo...
MONO: (Feliz.) ¡No! ¿Y por qué lloras?
MONA: ¡No quiero tener un hijo!
MONO: ¿Cómo que no quieres? Pero, ¿estás loca,
mujer? (Excitadísimo.) ¡Mi hijo! ¡Un hijo MÍO, carajo! (Aprieta el puño.) ¡Un
hijo macho!
MONA: ¿Y si me sale... un hombre? Eh... si me sale
un hombre... ¿qué vamos a hacer?
Se enciende luz sobre el Cantor y se apaga sobre
los dos MONOS.
CANTOR: (Canta) ¡Y fue hombre sí!
¡Y fue hombre sí!
¡Aquel embarazo
tuvo un parto feliz!
¡La horda tropical
salvaje y comunal
dio paso a la ciudad
y al ser individual!
¡Sabemos contar
sabemos restar
sabemos dividir
y filosofar!
¡Y fue hombre sí!
¡Y fue hombre sí!
¡Nuestra Historia
tuvo un devenir feliz!
¡La horda tropical
salvaje y comunal
dio paso a la ciudad
y al ser individual!
Ahora el mono piensa
y ve la televisión.
Lo que aquí comienza
señores…
¡es el hombre
en su civilización!
HISTORIA DE UN ABSCESO, UNA MUJER Y DOS HOMBRES
ACTOR 1: Y
para comenzar, vamos a contarles la historia...
ACTOR 2: ...
de un absceso...
ACTRIZ: ... una mujer...
TODOS: ... y dos hombres.
ACTOR 1: No
piensen que nunca sucedió.
ACTOR 2: Y
si lo piensan...
ACTRIZ: piensen también que si
no sucedió...
TODOS: ... podría suceder muy
pronto.
ACTOR 1: Yo
soy el hombre. En la historia, un vendedor callejero, uno de esos que grita:
“¡Código de comercio..., Código civil!” En la 35 con 19. Cuando me ponga este
pañuelo... (Se ata un pañuelo alrededor de la cabeza.) ... significará que el
absceso ha comenzado a molestarme. No lo olviden. (Se saca el pañuelo.)
ACTRIZ: Yo seré en esta historia
su mujer. Y si siempre me verán muy seria es porque soy su mujer. Tal vez si me
hubiese casado con un ingeniero... (Suspira.) ... como quería mamá...
ACTOR 2: En
esa historia yo representaré a un dentista. No lo olviden. Y no se extrañen que
en esta historia figure un dentista. Ah, me llamo Navarro López Correas.
ACTOR 1: Esta historia comenzó un día cualquiera. Yo
estaba trabajando... (Lo hace.) ¡Código de comercio, código civil!...
ACTRIZ: Yo estaba cocinando...
(Lo hace.)
ACTOR 2: (Se
pone los anteojos.) Y yo no los conocía.
ACTOR 1: ¡Código de comercio..., código civil! ¡Código
de comercio..., código civil!... Estoy en la 35 con 19. La 35 con 19 es famosa
por dos cosas. Por abajo pasan todas las rutas de buses, y por arriba, como un
monumento, han puesto al General Santander. No una pirámide egipcia. El General
Santander. ¡Código de comercio..., código civil!
ACTRIZ: El General Santander.
Siempre me habla del General Santander. No sé qué podrá significar para él.
Para los que vienen de turismo, sí. Pero para él, que tiene que trabajar... Me
imagino que si pensara menos en el General Santander trabajaría más, y yo
podría tener una sirvienta.
ACTOR 1: ¡Código de comercio..., código civil! Les
cuento esta historia para que sepan que estas cosas suceden. No creo que puedan
ayudarme. Creí que el dentista lo haría, y no pudo ayudarme.
ACTOR 2: Lo
siento. Me llamo Navarro López Correas.
ACTOR 1: Y
mi mujer...
ACTRIZ: Yo estoy cocinando. Hace
mil quinientos seis días que estoy cocinando.
ACTOR 1: El
día es hermoso. Yo estoy trabajando. El día es hermoso. ¡Ruummm! La buseta que
pasa por La Paz. Me alegra que la gente sepa que hay una buseta que pasa por La
Paz. (Canta.)
“Señora Bucaramanga
señora de las cigarras
que tienes mujeres bellas
esbeltas como tus palmas…”
(Habla.) ¡Código de comercio..., código civil!
Algunos niños van a la escuela. (El ACTOR 2 y la ACTRIZ se transforman en
estudiantes y comienzan a pasear delante de él.) ¿Por qué vas a la escuela?
ACTOR 2: Porque queda cerca...
ACTOR 1: ¿Por qué vas a la escuela?
ACTRIZ: Porque me mandan.
ACTOR 1: ¿Por qué vas a la escuela?
ACTOR 2: (Vuelve a pasar.) Porque mi papá no sabe leer.
ACTOR 1: El
día es hermoso. Hace años que vendo por la calle. Antes me hacía sufrir el
depender del sí o el no de los otros. Ahora comprendo que todos dependen del no
o el sí de los demás, y me acostumbré. Quiero decir que esta mañana era igual a
cualquiera. Yo trabajaba...
ACTRIZ: Yo cocinaba...
ACTOR 2: Y
yo no los conocía.
ACTOR 1: ¡Código de comercio..., código civil! Y de
repente llegamos a la historia: ¡Ay! Comienzo a sentir un dolor en una muela.
¡Código de comercio..., código civil! En serio que me duele mucho. Bueno, no
puedo ir a la droguería. Y nunca llevo conmigo una aspirina. ¡Código de
comercio..., código civil! ¿Por qué vas a la escuela?
ACTOR 2: No
voy a la escuela. Tengo que trabajar.
ACTOR 1: ¡Hey, chino!... No debí haberle preguntado...
parecía tan chiquito. ¡Pero el dolor no me deja tranquilo! ¡Cómo me duele! Yo
debo trabajar; tal vez abriendo más la boca... (Lo hace.) ¡Có… digo… de... co…
mercio…, Có… digo… ci… vil! ¡Ahora no puedo cerrar la boca! ¡Pero tengo que
trabajar! (Hace un esfuerzo supremo.) ¡Códi...! ¡Se está hinchando!... ¡Este
sol del diablo me calienta la cara y me hace doler más fuerte! ¡Código de
com...! Y este viento que me enfría la cara y me hace doler más fuerte... Debo
tener un absceso. No sé por qué, pero debo tener un absceso. Cuando tenía cinco
años, mi mamá me ponía un pañuelo. (Se pone el pañuelo.)
ACTRIZ: Y así fue como ese día
él llegó a casa con un absceso y con la cara atada con un pañuelo. No es nada,
tienes que tomar una aspirina.
ACTOR 1: No
voy a comer. Me duele mucho.
ACTRIZ: No es para tanto. Tienes
que comer.
ACTOR 1: ¡Tengo que trabajar... y no puedo abrir ni
cerrar la boca! ¿Cómo voy a trabajar si no puedo abrir ni cerrar la boca?
ACTOR 2: En
realidad, como yo le dije más tarde, era cuestión de tiempo.
ACTOR 1: ¡No
tengo tiempo! Esta tarde debo volver a trabajar...
ACTRIZ: ¡Toma un dólex! Calma
más rápido. Y esta tarde tienes que volver a trabajar...
ACTOR 1: Y
esa tarde volví a trabajar. La cara se me hinchaba cada vez más. (Les muestra.)
Fíjense. En otros días me gustaba oír a la gente discutir de política. Hoy no
lo soporto. Es el absceso. En otros días me quedaba siempre una oreja libre
para escuchar a las muchachas hablar de sus novios. Hoy el pañuelo me aprieta
la cabeza. Es el absceso. Ahora sólo existimos yo y el absceso. No puedo
gritar. Y como no puedo gritar, no vendo nada.
ACTRIZ: Y cuando volvió me dijo
que no había vendido nada. Me pareció absurdo que hiciera eso, justamente a
principios de mes. ¡No puedes seguir así! Mañana mismo vas al consultorio del
dentista.
ACTOR 1: ¡No
tengo tiempo! Tengo que trabajar.
ACTRIZ: ¡Ya sé que no tienes
tiempo! Pero si bajas la escalera corriendo, es un minuto; si cruzas la calle
en la mitad de cuadra y no pasan carros, son treinta segundos, si vas corriendo
al consultorio de dentista, son cinco minutos; si tocas el timbre apenas
llegas, son diez segundos...
ACTOR 2: Buenas tardes. Por supuesto, usted tiene un
absceso.
ACTOR 1: (Con la boca abierta.) Ajá.
ACTOR 2: Eso
es todo.
ACTOR 1: ¿Cuándo me saca la muela? Tengo que trabajar.
ACTOR 2: Por
supuesto. Primero va a ir a esta dirección para que le hagan una radiografía.
ACTOR 1: ¿Tardará mucho? Tengo que trabajar...
ACTOR 2: Dos
días nada más. Son veinte mil pesos la visita. (Al público.) Me llamo López
Correas, ustedes saben.
ACTOR 1: Y
como eran mis últimos veinte mil pesos tuve que empeñar el reloj. Y ahora voy
corriendo, porque no tengo tiempo, a sacarme la radiografía. Uno, dos,
treinta..., bajo la escalera en medio minuto, uno, dos, sesenta..., cruzo la
calle en un minuto, unos, dos trescientos...; llego en cinco minutos.
ACTOR 2: Y
fue a la clínica. Tenía un absceso, eso era muy claro.
ACTOR 1: Me
costó otros veinte mil pesos.
ACTRIZ: Volvió a casa con la
cara más hinchada que antes. Le di otro dólex, pero no lo calmó. Se sentaba...
ACTOR 1: Me
sentaba... ¡Maldito dolor!
ACTRIZ: Se paraba…
ACTOR 1: Me
paraba, ¡maldito dolor!
ACTRIZ: Quise leerle una poesía
divina que había visto en un libro... (El vendedor sale.).. pero abrió la
puerta y se fue. ¿Por qué siempre se porta igual? Cuando vuelve a casa, después
del trabajo, y quiero contarle que un astrónomo descubrió una estrella nueva y
que la llamó Lucía, como yo, él se queda dormido.
ACTOR 1: ¿Por qué tenía que salirme un absceso? ¡Yo
tengo que trabajar! ¡Código de com...! ¡No puedo, no puedo!, ¿Así es
Bucaramanga de noche? (Canta.)
“Quien ha pisado tu suelo
nunca te podrá olvidar
en su corazón señora
para ti tendrá un altar…”
(Habla.) ¡A nadie le importa mi absceso!
ACTRIZ: ¡A mí me importaba; y
era principios de mes y él no podía trabajar! ¿Qué vas a hacer? ¿Voy a tener
que volver a buscar trabajo?
ACTOR 1: ¡Hoy voy a gritar aunque el absceso se me
reviente! ¡Código de comercio! (comienza casi a llorar.) ¡Código de
comercio..., código civil!... ¡Mamá! ¿Te acuerdas cuando tenía paperas y
lloraba? No puedo, no puedo, no puedo...
ACTOR 2: Y
volvió con la radiografía. Estaba más flaco, y casi no lo reconocí.
ACTOR 1: Aquí está, doctor.
ACTRIZ: Para pagarla tuvimos que
vender la licuadora. Total, yo ya me imaginaba que no tomaríamos jugo por un
buen tiempo.
ACTOR 1: Es
un absceso. ¿Cuándo me saca la muela? Tengo que trabajar.
ACTOR 2: Por
supuesto, todos tenemos que trabajar. Será muy sencillo. Luego un poco de
reposo, no hablar ni una palabra, y después de siete días estará como nuevo...
ACTOR 1: ¿Qué?...
ACTOR 2: No
pude terminar de hablar. Me miró como un loco y salió corriendo. Tuve que
mandar a la enfermera a cobrarle.
ACTRIZ: Vendimos las ollas de
cocina para pagarle. Además, él no comía…
ACTOR 1: ¡No
puedo estar siete días sin hablar! Yo trabajo hablando...
ACTRIZ: ¡Trata de hacer un
esfuerzo! (Le toma las mandíbulas con las manos y empieza a separárselas.)
¿Ves..., ves como no es tan difícil? Di ahora: código… de comercio...
ACTOR 1: Código de comercio...
ACTRIZ: ¿Ves... ves? ¡Todo es
cuestión de hacer un esfuerzo!
ACTOR 1: Pero no pude. Código de comercio..., códi...
¡No pude, no pude, no pude!
ACTOR 2: Y
volvió de nuevo. No hablar ni una palabra, y después de siete días...
ACTOR 1: ¡No
tengo tiempo, doctor! Sáqueme la muela. No tengo tiempo.
ACTOR 2: Imposible, señor. Si se le infecta yo seré el
responsable. Un absceso es un absceso.
ACTRIZ: Entonces fui yo a hablar
con el dentista.
ACTOR 2: Imposible, señora. Si se le infecta yo seré el
responsable. Un absceso es un absceso.
ACTRIZ: ¡Pero él es muy
resistente, doctor! Parece mentira, tan esmirriado, y las cosas que soportó en
su vida. Sáquele la muela...
ACTOR 1: No
me sacó la muela. Y mi cara parecía una sandía. Ya nunca más volvería a vivir
sin el absceso.
ACTOR 2: Yo
le advertí que si no se operaba podía subirle la infección a la cabeza.
ACTRIZ: Yo le dije esa tarde que
hiciera el último esfuerzo. ¡Pero les juro que dije “último” por decir!
ACTOR 1: Tengo que poder... tengo que poder...
ACTRIZ: ¡Claro que tienes que
poder! ¿Cómo un dolor te va a impedir trabajar?
ACTOR 1: Y
me fui. Cuando salí pensaba en ella... y creo que la odiaba. Y me fui...
ACTRIZ: ¿Por qué le dije eso?
Recuerdo un día... íbamos en el bus y le pisaron un pie... le dolió mucho... y
yo lo acaricié durante dos días. Y ahora... ¿por qué le dije eso? ¿Qué pasó en
nuestras vidas que me hizo decirle eso?
ACTOR 1: La
35 con 19... Tengo que abrir la boca... ¡Código de comercio! Me duele, me duele
tanto... ¡Código de comercio! Tres buses y el General Santander. ¡Código de
comercio... El General Santander... dicen que fue presidente de Colombia... era
rico, claro... no tenía que gritar... ¡Código de comercio! ¡A nadie le importa
mi absceso! Recuerdo que un día pasaba por el cementerio... enterraban a uno,
la gente silbaba y yo también silbaba. A nadie le importa mi absceso. ¡Óiganme!
Me duele. Me duele mucho. Tengo un absceso...
ACTOR 2: Un
absceso es una molestia.
ACTRIZ: Un absceso es un
trastorno.
ACTOR 2: Debería consultar con un dentista.
ACTRIZ: ¡Pobrecito!
ACTOR 1: Mamá... tengo paperas y tú me acaricias...
¿Por qué a nadie le importo yo? ¿Tú sabías que era así? Mamá...
ACTRIZ: ¡Pobrecito!
ACTOR 1: Está anocheciendo... y ya casi no me duele.
Ahora mi cara no es una sandía, es un globo... ¿Así es Bucaramanga de noche?
(Canta.)
“… Suspirando porque un día
como cantara el trovero
pueda dormirse por siempre
frente a tu parque Romero….”
(Habla.) ¡Óiganme, tengo que importarles..., porque
cuando yo muera va a faltarles un pedazo! ¡Óiganme! ¡Esos tres buses solamente
sirven si son mi sangre y corren por mis venas! ¡Óiganme! ¡Mamá, mamá, ven! ¡No
pasen silbando a mi lado! Ya no me duele, sí... pero mi cara, ¿no les dice
nada? ¿Ninguno de ustedes se parece a mi cara? ¿Ninguno de ustedes tiene un
absceso? ¡Tengo fiebre! ¡Tengo mucha fiebre! ¡Tengo mucho frío! ¡Tengo mucho
calor! Óiganme entonces y sepan que tengo que trabajar y que no tengo tiempo,
¡y que ahora el General Santander es el monumento a un presidente muerto!
¡Código de comercio..., código de com...! (Muere.)
HISTORIA DE CÓMO NUESTRO AMIGO PANCHITO GONZÁLEZ SE
SINTIÓ RESPONSABLE DE LA EPIDEMIA DE PESTE BUBÓNICA EN ÁFRICA DEL SUR
ACTRIZ: Ésta es la historia de
cómo nuestro amigo Pancho...
ACTOR 3: Panchito.
ACTRIZ: Sí. Panchito González,
se sintió responsable de la epidemia de peste bubónica en África del Sur.
ACTOR 3: Hacía muchos años que no veíamos a Panchito;
pero ayer, cuando andábamos, como siempre, recogiendo historias...
ACTOR 2: (Pasa.) ¡Extra!... ¡Extra!... ¡Gran epidemia
de peste bubónica en África del Sur!
ACTOR 3: ¡Peste bubónica!
ACTOR 2: (Vuelve a pasar.) ¡Peste bubónica en África
del Sur! ¡Extra!
ACTRIZ: ¿África del Sur?
ACTOR 3: No
es Venezuela...
ACTRIZ: No es Ecuador...
ACTOR 3: ¡Está lejos! No hay peligro de contagio.
ACTOR 1: (Entra y habla con voz de velorio.) Hola
ACTRIZ y ACTOR 3: ¡Panchito! ¿Cómo te va viejo?
¡Tanto tiempo sin verte!
ACTRIZ: ¡Vamos a tomarnos un
café! Café con leche...
ACTOR 3: ¡Café!
ACTOR 1: Una
aspirina.
ACTOR 2: (Pasa.) ¡Extra! ¡Extra! ¡Gran epidemia de
peste bubónica en África del Sur!
ACTOR 1: ¡Por favor! Esos voceadores me hacen sentir
mal...
ACTRIZ: ¡Pero, Panchito! ¿Qué te
pasa? ¿Mucho trabajo?
ACTOR 1: No.
ACTOR 3: ¿Mucha deuda?
ACTOR 1: No.
ACTRIZ: ¿Mucha enfermedad?
ACTOR 1: Sí.
¡La peste bubónica!
ACTRIZ y ACTOR 3: (Saltan.) ¿Tú... la peste
bubónica?
ACTOR 1: ¡No, yo no! ¡La peste bubónica en África del
Sur! Yo soy el culpable...
ACTRIZ: Y nos contó su historia.
En un tiempo soñaste con ser ingeniero...
ACTOR 1: Sí.
Yo siempre supe que dos al cuadrado eran cuatro.
ACTOR 3: Pero no pudiste...
ACTOR 1: Me
casé. ¡Mesero, otra aspirina!
ACTRIZ y ACTOR 3: (Corean la marcha nupcial.) ¡Ta…
ran tan tán!
ACTOR 1: Sí.
Primero un varón...
ACTRIZ y ACTOR 3: (Menos alegremente.) ¡Ta… ran tan
tán!
ACTOR 1: Después una nena...
ACTRIZ y ACTOR 3: (Deprimentes.) ¡Ta… ran tan tán!
ACTOR 3: ¿Y
después?
ACTOR 1: Mellizos.
ACTRIZ y ACTOR 3: (Fúnebres.) Ta… ran tan tán…
ACTOR 1: Y
entonces me dije: ¿Ingeniero? ¡Psch! ¡Otro día! Y tuve que emplearme para
mantener a mi familia...
ACTRIZ: (Ahora esposa.) Mira,
gordito, ¿por qué no vas a ver a mi tío, querido? Es el diputado Dr. Trucho...
ACTOR 3: (Diputado.) Pero ¡Cómo no, viejito! Ve con
esta carta a la Corporación Transoceánica de Carnes. Me deben unos cuantos
decretos a favor, y te van a dar puesto..., te van a dar puesto.
ACTOR 2: (Entra.) ¡Mister González!
ACTRIZ: Un dueño era inglés.
ACTOR 3: ¡Signore Gonzalo!
ACTRIZ: Y el otro era italiano.
¡Claro, Transoceánica!
ACTOR 1: (A
su mujer.) ¡Y me dieron empleo! Gano un millón de pesos por mes...
ACTRIZ: ¡Todo va bien!...
ACTOR 1: ¡No
tan bien! ¡No tan bien! Con un millón de pesos, ¿qué vamos a hacer? Comer
lentejas...
ACTRIZ: Pero, Panchito, ten
paciencia. Espera la oportunidad...
ACTOR 1: Y
la oportunidad llegó.
ACTOR 3: (Imitando el sonido de una máquina de fax.)
Prrrii… iiii… Prrrii… iiii… ¡Fax urgente para la Corporación Transoceánica de
Carnes!
ACTOR 2: (Lee.) Nos ha sidou conferidou el honour de
participar en la licitacioun para proveer de dous mil touneladas de carne a
lous pueblous de South África. Todou depende del preciou que poudemos ofrecer”.
ACTOR 3: ¡É
bonna cualque cosa que sea carnosa!
ACTOR 2: (Llama.) ¡Mister Panchitou!
ACTOR 3: ¡Signore Gonzalo!
ACTOR 1: (A
su mujer.) ¡Y me llamaron, mija! ¿Te das cuenta? Me llamaron para una reunión
de la junta directiva. Seguro que me dan un aumento...
ACTRIZ: Bueno, pero quédate
quieto, que tienes torcida la corbata. ¡Huy!... ¿Por qué usas esa colonia?
ACTOR 1: Porque es barata. Además se llama “Kiss of
love”. Beso de amor, ¿te das cuenta? (La besa.)
ACTRIZ: ¡Quédate quieto, sonso!
Y avísame en cuanto sepas algo.
ACTOR 1: Y
fui a la reunión de la junta directiva...
ACTOR 2: That is the question, mister Panchitou. Carne, ou nou carne...
ACTOR 3: ¡Deviamo stare piú barato que cualunque!
ACTOR 2: Todou depende de ousted. Le ofrecemos 5
milones de pesos pour mes si nous soluciona el problemou...
ACTOR 1: (Habla por teléfono.) ¡Aló!... ¡Aló, Aló!
ACTRIZ: ¡Aló!
ACTOR 1: ¡Querida, ya está! ¡5 millones de pesos por
mes!
ACTRIZ: ¡Querido! ¡Prepararé una
lasaña para festejarlo!
ACTOR 1: Si,
la lasaña estaba bien. Pero la competencia era terrible...
ACTOR 3: ¡Cuatro mil pesos la libra de lomo!
ACTOR 2: ¡Tres mil pesos la libra de chatas!
ACTOR 3: ¡Dos mil pesos la libra de murillo!
ACTOR 2: ¡Mil quinientos la libra de hígado!
ACTOR 3: ¡Mil pesos la libra de chunchulla!
ACTOR 1: ¡Era terrible! No se podía competir...
ACTOR 2: Mister Panchitou, creo que sus 5 milones de
pesos... (Sacude la cabeza negativamente.)
ACTOR 3: ¡Eh!... Questo va male... Va male, signore
Gonzalo...
ACTOR 1: Y
yo ¿qué podía hacer? Eran 5 millones de pesos por mes, y yo tenía que mantener
a mi familia. Piensa, Panchito, piensa... ¡Ya está! (A los ACTORES 2 y 3.)
¡Pregunten, pregunten, por favor! ¡Es la única solución!
ACTOR 2: ¡Helou, Loundres, urgente!
ACTOR 3: ¡Roma, presto!
ACTOR 1: Dos
días tuve que esperar la contestación. ¡Dos días! Y cada vez que veía comer a
uno de los niños, o montar en la bicicleta que yo les había comprado, me
asustaba. ¿Y si teníamos que volver a las lentejas?
ACTOR 3: Prrrii… iiii… Prrrii… iiii… ¡Fax urgente para
la Corporación Transoceánica de Carnes!
ACTOR 1: ¡Por fin llegó la contestación! ¿Y?...
ACTOR 2: Mister Panchitou, no es necesariou que sea
carne de vaca...
ACTOR 3: ¡É
bonna cualque cosa que sea carnosa! Además..., l’africani sono tutti negri...
ACTOR 1: Eran negros, ¿entienden? No son como nosotros.
Son... son negros, ¿saben?
ACTOR 2: Además, nous dicen que las etiquetas deben ser
de mouchos coulores. A lous negrous les goustan lous coulores.
ACTOR 1: ¿Se
dan cuenta? No importaba la carne. Era la etiqueta... el colorinche... ¡Y para
mí eran 5 millones de pesos! ¿Qué podía hacer? ¡Lo que hice! (Habla al oído del
ACTOR 3.)
ACTOR 3: ¡Ma
no, signore Gonzalo! En Italia, y poveri mangiano anche caballo. ¡E bonna
carne!
ACTOR 1: La
carne de caballo no servía, porque en Italia la comían los pobres. (Habla al
oído del ACTOR 2.)
ACTOR 2: ¡Nou, nou, mister Panchitou! ¡La carne de
perrou al vino blancou es very well, very well!
ACTOR 1: La
carne de perro no servía, porque en Londres la comían los lores. ¡Y para mí
eran 5 millones de pesos! ¿Qué podía hacer? ¡Piensa, Panchito, piensa!
Piensa... ¡Ya está! No, no eso no... eso no... no... ¡Y bueno! ¡Rata!
ACTOR 2 y 3: ¿Rata? ¡Uff!
ACTOR 1: Pero aceptaron, y ganamos la licitación.
ACTOR 3: ¡Bravo, bravo, signore Gonzalo!
ACTOR 2: Mister Panchitou, ¡sous 5 milones de pesos
están asegurados!
ACTOR 1: Y
volví a casa. Le pedí a mi mujer que hiciera otra lasaña. (A la ACTRIZ.) ¿Y los
niños?
ACTRIZ: Se acostaron.
ACTOR 1: ¿No
hiciste la lasaña?
ACTRIZ: No, no la hice.
ACTOR 1: ¿Por qué?
ACTRIZ: Mira, no me gusta cómo
estás cambiando en estos días. Tú no eras así.
ACTOR 1: ¿Y
cómo era?
ACTRIZ: Te importaban los demás.
ACTOR 1: ¡Ahora también! Pero éstos son negros... No
son gente...
ACTRIZ: ¿Y tú qué sabes?
ACTOR 1: ¡Yo
sé! Además, son 5 millones de pesos. Y si no me hubiera casado, sería
ingeniero; pero como me casé y no soy ingeniero, tengo que rebuscármelas... (La
ACTRIZ sale.) Se fue. La había ofendido. ¡Tanto lío por unos negros africanos!
Pero yo tenía remordimientos... La cuestión es que al otro día... (A la
ACTRIZ.) Vea, doctora, ¿usted cree que a un negro puede hacerle mal la carne de
rata?
ACTRIZ: En absoluto. La carne de
rata es el alimento del gato. El gato vive en la casa del hombre. El hombre se
alimenta de carne de vaca. Así que para un negro comer rata es como comer carne
de vaca. Y me voy, mijo. Me esperan en mi cabaña de la Mesa... (Sale.)
ACTOR 1: ¿No
ven? ¡Eran negros! Pero todavía fui a ver a un abogado. (Al ACTOR 3.) ¿Es legal
o no?
ACTOR 3:
Me gusta cortar bien ancho
cuando atiendo una consulta
y si la cosa resulta
ya me quedo lo más pancho.
En este caso tan chancho
que Ud. me trae de pasada
sé que no hay cosa juzgada
y menos jurisprudencia
ni tampoco hay existencia
de alguna que otra acordada...
ACTOR 1: ¿Pero es legal o no?
ACTOR 3: ¡Y
yo qué sé, hombre!
ACTOR 1: Y
fui a ver a un sabio... (Al ACTOR 2.) ¿Usted qué opina, profesor?
ACTOR 2: Vea
usted, el negro es una raza inferior que vive en estado animal primitivo. Se
comen entre ellos, lo que significa que comen animales. Así que comer una
ratita sólo significará como diferencia comer un bichito más chiquitito. Y
perdóneme, pero debo irme... Estoy invitado a una conferencia sobre los
orígenes del sánscrito.
ACTOR 1: Y
entonces me lancé. (Anuncia a todo pulmón.) ¡La Corporación Transoceánica de
Carnes lanza su gran campaña de desratización!
ACTOR 3: (Llama.) Rata, rata, rata...
ACTOR 2: Ratita, ratita, ratita...
ACTRIZ: Rata, ratita... rata,
ratita...
ACTOR 2: ¡Cien ratas!
ACTOR 3: ¡Mil ratas!
ACTOR 1: ¡Cuatro millones de ratitas!
ACTRIZ: En esos días yo lo veía
muy poco. ¡Estaba muy ocupado! Y tuve tiempo de pensar. Y pensé que tal vez la
culpa de todo era mía, por haberle dado hijos y no dejarlo ser ingeniero. Ahora
se estaba convirtiendo en un gran hombre de negocios. Y a todo lo que no le
gustaba, lo llamaba “negro”...
ACTOR 3: Señor González, avisó el empleado Fernández
que llegará un poco más tarde...
ACTOR 1: ¡Suspenda a ese negro de porquería!
ACTOR 2: Señor González, ¡qué calor, no!
ACTOR 1: ¡Por culpa de ese negro sol del infierno!
ACTRIZ: ¡Te ensuciaste el traje!
ACTOR 1: ¡Un
carro negro, que me ensució con ese negro barro maldito!
ACTRIZ: Y leía libros sobre el
Ku… klux… klan... Quería convencerse a sí mismo. Hasta que un día lo llamaron
de la Alcaldía. Tuve que ir con él...
ACTOR 2: Esta ciudad se honra en otorgarle la Gran Cruz
de la Salud Pública en mérito a los servicios prestados por usted mediante su
gran campaña contra las ratas... Señores, brindemos por el nuevo flautista
de... de... (El ACTOR 3 le sopla al oído.) ¡Ah, sí! De eso, de eso.
ACTRIZ: Yo me fui antes de que
terminara. Todo eso no me gusta nada...
ACTOR 1: (A
los ACTORES 2 y 3.) ¡Ahora debemos ocuparnos de las etiquetas de colores!
ACTOR 3: Signore Gonzalo, gli colori azul, amarillo e
azul...
ACTOR 2: ¡Nou, nou! Mi propongo un concursou de
pintoures. Al ganadour, 10 milones de pesos y una beca para Londres. Será...
artísticou.
ACTOR 1: Y
lo hicimos artístico. Vinieron los pintores concretos.
ACTOR 3: Pienso en un árbol que se transforma en un
sandwich de jamón.
ACTOR 1: ¿De
qué color?
ACTOR 3: ¡Blanco y rojo, por supuesto!
ACTOR 1: No
sirve. Vinieron los abstractos...
ACTOR 2: Pienso en un cubo cruzado por una línea de
puntos que...
ACTOR 1: ¿De
qué color?
ACTOR: ¡Verde y negro!
ACTOR 1: No
sirve.
ACTOR 2: ¡Caramba! (Sale.)
ACTOR 1: Y
por fin una señora surrealista...
ACTRIZ: Pienso en el ojo del
fantasma de Hamlet atravesado por el escarba-dientes que usó el rey, su tío, en
la fiesta.
ACTOR 1: ¿De
qué color?
ACTRIZ: Rojo, amarillo, morado,
naranja, verde, negro...
ACTOR 1: ¡Aceptado! Hicimos las etiquetas con el ojo y
el escarba-dientes, la surrealista se fue a Londres, y la carne al África. Pasó
una semana...
ACTOR 3: (Al
ACTOR 2.) Capitán ¿no siente un olor raro?
ACTOR 2: Es
el agua de mar.
ACTOR 1: Pasó otra semana...
ACTOR 3: Capitán, ¡Qué olor!, ¿no?
ACTOR 2: Es
el aire de mar.
ACTOR 1: Y a
la otra semana...
ACTOR 3: (Tapándose la nariz y desfalleciente.) ¿Falta
mucho, capitán?
ACTOR 2: No,
mañana llegaremos.
ACTOR 3: ¡Ese olor no se puede aguantar!
ACTOR 2: ¡Son esas latas de porquería que llevamos en
la bodega! ¡Ni que fuera carne de rata!
ACTOR 1: ¡Es
que era carne de rata! ¿Y yo qué culpa tenía si el médico, el abogado y el
sabio me dijeron que no importaba? ¿Y yo qué culpa tenía si debía mantener a mi
familia, y 5 millones de pesos son 5 millones de pesos? Además, eran negros...
y no podía pasarles nada. ¿No es cierto que no podía pasarles nada?
ACTOR 2: (Le
ofrece algo al ACTOR 3.) Lindo color, ¿eh? ¡Lindo color!
ACTOR 3: (Transformado en negro africano.) ¡Lindo
color! ¡Lindo color! (Abre la lata, come, los ojos se le dan vuelta y cae
muerto, con los pies y las manos duros, como si fuese un perro.)
ACTOR 2: ¡Extra!... ¡Extra!... ¡Epidemia de peste
bubónica en África del Sur! ¡Peste bubónica! ¡Peste bubónica en África del
Sur!...
ACTOR 3: Signore Gonzalo…
ACTOR 2: Mister Panchitou...
ACTOR 3: La sua idea non era buona.
ACTOR 2: Mister Panchitou, ousted es muy pocou
houmanitariou, y nuestra empresa debe ser houmanitaria. (Los dos le dan la mano
y salen.)
ACTOR 1: Y
me despidieron. ¿Se dan cuenta? ¡Claro que a lo mejor toda la culpa fue mía!
¡Peste bubónica! ¿Se dan cuenta? ¡Pobres negros!
ACTOR 2: (Pasa.) ¡Epidemia de peste bubónica en África
del Sur! ¡Epidemia de peste bubónica en África del Sur! (Sale.)
ACTOR 1: ¡Basta, por favor! ¿Quieren que me tire del
puente?
ACTRIZ: Ésa fue la historia que
nos contó Panchito.
ACTOR 2: (Riendo.) ¡Y que nos hizo reír mucho!
ACTOR 1: ¡No, por favor, no se rían! ¡No se rían, que
el asunto es muy serio!
ACTRIZ: Pero, Panchito...
ACTOR 1: ¡Les digo que es muy serio! Porque ahora me
dan lástima los negros de África del Sur. Pero, ¿y si mañana me vuelven a
ofrecer 5 millones de pesos por hacer lo mismo? ¿Qué voy a hacer? Yo debo
pensar en mi familia, ¡y 5 millones de pesos son 5 millones de pesos! ¿Y si en
vez de los africanos son los costeños? ¿Qué voy a hacer? Les juro que no sé. Y
eso me hace pensar. Además, mi mujer me dijo que ya no era el mismo, que había
cambiado. Y eso también me hace pensar. ¡No se rían, por favor, no se rían!
(Sale.)
ACTOR 3: Y
claro...
ACTRIZ: Ya... no nos reímos más.
HISTORIA DEL HOMBRE QUE SE CONVIRTIÓ EN PERRO
ACTOR 1: Amigos, la cuarta historia vamos a contarla
así...
ACTOR 2: Así
como nos la contaron esta tarde a nosotros.
ACTRIZ: Es la “Historia del
hombre que se convirtió en perro”.
ACTOR 1: Empezó hace dos años, en el banco de un
parque. Allí, señor..., donde usted trataba hoy de adivinar el secreto de una
hoja.
ACTRIZ: Allí, donde extendiendo
los brazos apretamos al mundo por la cabeza y los pies, y le decimos: ¡suena,
acordeón, suena!
ACTOR 2: Allí lo conocimos. (Entra el ACTOR 3.) Era...
(Lo señala.) Así como lo ven, nada más. Y estaba muy triste.
ACTRIZ: Fue nuestro amigo. Él
buscaba trabajo, y nosotros éramos actores.
ACTOR 1: Él
debía mantener a su mujer, y nosotros éramos actores.
ACTOR 2: Él
soñaba con la vida, y despertaba gritando por la noche. Y nosotros éramos
actores.
ACTRIZ: Fue nuestro amigo,
claro. Así como lo ven... (Lo señala.) Nada más.
TODOS: ¡Y estaba muy triste!
ACTOR 1: Pasó el tiempo. El otoño...
ACTOR 2: El
verano...
ACTRIZ: El invierno...
ACTOR 1: La
primavera...
ACTOR 3: ¡Mentira! Nunca tuve primavera.
ACTOR 1: El
otoño...
ACTRIZ: El invierno...
ACTOR 2: El
verano. Y volvimos. Y fuimos a visitarlo, porque era nuestro amigo.
ACTOR 1: Y
preguntamos: ¿Está bien? Y su mujer nos dijo...
ACTRIZ: No sé...
ACTOR 2: ¿Está mal?
ACTRIZ: No sé.
ACTORES 1 y 2: ¿Dónde está?
ACTRIZ: En la perrera. (ACTOR 3
en cuarto patas.)
ACTORES 1 y 2: ¡Uhhh!
ACTOR 1: (Observándolo.)
Soy el director de la perrera,
Y esto me parece fenomenal.
Llegó ladrando como un perro
(requisito principal.);
y si bien conserva el traje,
es un perro, a no dudar.
ACTOR 2: S-s-soy el v-veter-r-inario,
Y esto-to-to es c-claro p-paramí.
Aun-que p-parezca un ho-hombre,
Es un p-pe-perro el q-que está aquí.
ACTOR 3: (Al
público.) Y yo, ¿qué les puedo decir? No sé si soy hombre o perro. Y creo que
ni siquiera ustedes podrán decírmelo al final. Porque todo empezó de la manera
más corriente. Fui a una fábrica a buscar trabajo. Hacía tres meses que no
conseguía nada, y fui a buscar trabajo.
ACTOR 1: ¿No
leyó el letrero? “NO HAY VACANTES”.
ACTOR 3: Sí,
lo leí. ¿No tiene nada para mí?
ACTOR 1: Si
dice “No hay vacantes”, no hay.
ACTOR 3: Claro. ¿No tiene nada para mí?
ACTOR 1: ¡Ni
para usted, ni para el ministro!
ACTOR 3: ¡Ahá! ¿No tiene nada para mí?
ACTOR 1: ¡NO!
ACTOR 3: Tornero...
ACTOR 1: ¡NO!
ACTOR 3: Mecánico...
ACTOR 1: ¡NO!
ACTOR 3: Electricista…
ACTOR 1: ¡NO!
ACTOR 3: Albañil...
ACTOR 1: ¡NO!
ACTOR 3: Zapatero...
ACTOR 1: ¡NO!
ACTOR 3: ¡Peón de patio!…
ACTOR 1: ¡NO! ¡NO! ¡NO!
ACTOR 3: ¡Celador! ¡Celador! ¡Aunque sea de celador!
ACTRIZ: (Como si tocara un
clarín.) ¡Tutú, tu, tu, tú! ¡El patrón!
Los ACTORES 1 y 2 hablan por señas.
ACTOR 1: El
perro del celador había muerto la noche anterior, luego de veinticinco años de
lealtad.
ACTOR 2: Era
un perro muy viejo.
ACTRIZ: Amén.
ACTOR 2: (Al
ACTOR 3.) ¿Sabe ladrar?
ACTOR 3: Tornero.
ACTOR 2: ¿Sabe ladrar?
ACTOR 3: Mecánico...
ACTOR 2: ¿Sabe ladrar?
ACTOR 3: Albañil...
ACTORES 1 y 2: ¡NO HAY VACANTES!
ACTOR 3: (Pausa.) ¡Guau... guau!...
ACTOR 2: Muy
bien, lo felicito...
ACTOR 1: Le
asignamos mil pesos diarios de sueldo, la perrera y la comida.
ACTOR 2: Como ven, ganaba mil pesos más que el perro
verdadero.
ACTRIZ: Cuando volvió a casa me
contó del empleo conseguido. Estaba borracho.
ACTOR 3: (A
su mujer.) Pero me prometieron que apenas un obrero se jubilara, muriera o
fuera despedido me darían su puesto. ¡Diviértete, María, diviértete! ¡Guau...
guau!... ¡Diviértete, María, diviértete!
ACTORES 1 y 2: (Pasando.) ¡Diviértete, María,
diviértete!
ACTRIZ: Estaba borracho,
pobre...
ACTOR 3: Y a
la noche siguiente empecé a trabajar... (Se agacha en cuatro patas.)
ACTOR 2: ¿Tan chica le queda la perrera?
ACTOR 3: No
puedo agacharme tanto.
ACTOR 1: ¿Le
aprieta aquí?
ACTOR 3: Sí.
ACTOR 1: Bueno, pero vea, no me diga “sí”. Tiene que
empezar a acostumbrarse. Dígame: ¡Guau... guau!
ACTOR 2: ¿Le
aprieta aquí? (El ACTOR 3 no responde.) ¿Le aprieta aquí?
ACTOR 3: ¡Guau... guau!...
ACTOR 2: Y
bueno... (Sale.)
ACTOR 3: Pero esa noche llovió, y tuve que meterme en
la perrera.
ACTOR 2: (Al
ACTOR 1.) Ya no le aprieta...
ACTOR 1: Y
está en la perrera.
ACTOR 2: (Al
ACTOR 3.) ¿Vio cómo uno se acostumbra a todo?
ACTRIZ: Uno se acostumbra a
todo...
ACTORES 1 y 2: Amén...
ACTRIZ: Y él empezó a
acostumbrarse.
ACTOR 1: Entonces, cuando vea que alguien entra, me
grita: ¡Guau... guau! A ver...
ACTOR 3: (El
ACTOR 2 pasa corriendo.) ¡Guau... guau!... (El ACTOR 2 pasa sigilosamente.)
¡Guau... guau!... (El ACTOR 2 pasa agachado.) ¡Guau... guau... guau!... (Sale.)
ACTOR 1: (Al
ACTOR 2.) Son mil pesos por día extras en nuestro presupuesto...
ACTOR 2: ¡Mmm!
ACTOR 1: ...
pero la aplicación que pone el pobre, los merece...
ACTOR 2: ¡Mmm!
ACTOR 1: Además, no come más que el muerto...
ACTOR 2: ¡Mmm!
ACTOR 1: ¡Debemos ayudar a su familia!
ACTOR 2: ¡Mmm! ¡Mmm! ¡Mmm! (Salen.)
ACTRIZ: Sin embargo, yo lo veía
muy triste, y trataba de consolarlo cuando él volvía a casa. (Entra ACTOR 3.)
¡Hoy vinieron visitas!...
ACTOR 3: ¿Sí?
ACTRIZ: Y de los bailes en el
club, ¿te acuerdas?
ACTOR 3: Sí.
ACTRIZ: ¿Cuál era nuestra
canción favorita?
ACTOR 3: No
sé.
ACTRIZ: ¡Cómo que no! “Es la
historia de un amor, como no hay otro igual...” (El ACTOR 3 está en cuatro
patas.) Y un día me trajiste un clavel... (Lo mira, y queda horrorizada.) ¿Qué
estás haciendo?
ACTOR 3: ¿Qué?
ACTRIZ: Estás en cuatro patas...
(Sale.)
ACTOR 3: ¡Esto no lo aguanto más! ¡Voy a hablar con el
patrón! (Entran los ACTORES 1 y 2.)
ACTOR 1: Es
que no hay otra cosa...
ACTOR 3: Me
dijeron que un viejo se murió.
ACTOR 1: Sí,
pero estamos en recesión. Espere un tiempito más, ¿eh?
ACTRIZ: Y esperó. Volvió a los
tres meses.
ACTOR 3: (Al
ACTOR 2.) Me dijeron que uno se jubiló...
ACTOR 2: Sí,
pero pensamos cerrar esa sección. Espere un tiempito más, ¿eh?
ACTRIZ: Y esperó. Volvió a los
dos meses.
ACTOR 3: (Al
ACTOR 1.) Denme el empleo de uno de los que echaron por la huelga...
ACTOR 1: Imposible. Sus puestos quedarán vacantes...
ACTORES 1 y 2: ¡Como castigo! (Salen.)
ACTOR 3: Entonces no pude aguantar más... ¡y renuncié!
ACTRIZ: Fue nuestra noche más
feliz en mucho tiempo. (Lo toma del brazo.) ¿Cómo se llama esta flor?
ACTOR 3: Flor...
ACTRIZ: ¿Y cómo se llama esa
estrella?
ACTOR 3: María.
ACTRIZ: (Ríe.) ¡María me llamo
yo!
ACTOR 3: ¡Ella también... ella también! (Le toma una
mano y la besa.)
ACTRIZ: (Retira la mano.) ¡No me
muerdas!
ACTOR 3: No
te iba a morder... Te iba a besar, María...
ACTRIZ: ¡Ah!, yo creía que me
ibas a morder... (Sale. Entran los ACTORES 1 y 2.)
ACTOR 2: Por
supuesto...
ACTOR 1: A
la mañana siguiente...
ACTOR 1 y 2: Debió volver a buscar trabajo.
ACTOR 3: Recorrí varias partes, hasta que en una…
ACTOR 1: Vea... no tenemos nada. Salvo que...
ACTOR 3: ¿Qué?
ACTOR 1: Anoche murió el perro del celador.
ACTOR 3: ¿Y?
ACTOR 2: Tenía treinta y cinco años, el pobre...
ACTOR 1 y 2: ¡El pobre!
ACTOR 3: Y
tuve que volver a aceptar.
ACTOR 2: Eso
sí, le pagábamos dos mil pesos por día. (Los ACTORES 1 y 2 dan vueltas.)
¡Hmmm!... ¡Hmmm!... ¡Hmmm!...
ACTORES 1 y 2: ¡Aceptado! ¡Que sean dos mil!
ACTRIZ: (Entra.) Claro que 60
mil pesos no nos alcanzan para pagar el alquiler...
ACTOR 3: Mira, como yo tengo la perrera, pásate tú a
una pieza con cuatro o cinco chicas más, ¿eh?
ACTRIZ: No hay otra solución. Y
como no nos alcanza tampoco para comer...
ACTOR 3: Mira, como yo me acostumbré al hueso, te voy a
traer la carne a ti, ¿eh?
ACTORES 1 y 2: ¡La junta directiva aceptó!
ACTOR 1 Y ACTRIZ: La junta directiva aceptó…
¡Bendita sea!
ACTOR 3: Yo
ya me había acostumbrado. La perrera me parecía más grande. Andar en cuatro
patas no era muy diferente de andar en dos. Con María nos veíamos en la
plaza... (Va hacia ella.) Porque como tú no puedes entrar en mi perrera; y como
yo no puedo entrar en tu pieza... Hasta que una noche…
ACTRIZ: Paseábamos. Y de repente
me sentí mal...
ACTOR 3: ¿Qué te pasa?
ACTRIZ: Tengo mareos.
ACTOR 3: ¿Por qué?
ACTRIZ: (Llorando.) Me parece...
que voy a tener, un hijo...
ACTOR: ¿Y por eso lloras?
ACTRIZ: ¡Tengo miedo..., tengo
miedo!
ACTOR 3: Pero, ¿por qué?
ACTRIZ: ¡Tengo miedo..., tengo
miedo! ¡No quiero tener un hijo!
ACTOR 3: ¿Por qué, María? ¿Por qué?
ACTRIZ: Tengo miedo... que
sea... (Musita “perro”. El ACTOR 3 la mira aterrado, y sale corriendo y
ladrando. Cae al suelo. Ella se pone de pie.) ¡Se fue..., se fue corriendo! A
veces se paraba, y a veces corría en cuatro patas...
ACTOR 3: ¡No
es cierto, no me paraba! ¡No podía pararme! ¡Me dolía la cintura si me paraba!
¡Guau!... Los carros se me venían encima... La gente me miraba... (Entran los
ACTORES 1 y 2.) ¡Váyanse! ¿Nunca vieron un perro?
ACTOR 2: ¡Está loco! ¡Llamen a un médico! (Sale.)
ACTOR 1: ¡Está borracho! ¡Llamen a un policía! (Sale.)
ACTRIZ: Después me dijeron que
un hombre se apiadó de él, y se le acercó cariñosamente.
ACTOR 2: (Entra.) ¿Se siente mal, amigo? No puede
quedarse en cuatro patas. ¿Sabe cuántas cosas hermosas hay para ver, de pie,
con los ojos hacia arriba? A ver, párese... Yo lo ayudo... Vamos, párese...
ACTOR 3: (Comienza a pararse, y de repente:) ¡Guau...
guau!... (Lo muerde.) ¡Guau... guau!... (Sale.)
ACTOR 1: (Entra.) En fin, que cuando, después de dos
años sin verlo, le preguntamos a su mujer ¿Cómo está?, nos contestó...
ACTRIZ: No sé.
ACTOR 2: ¿Está bien?
ACTRIZ: No sé.
ACTOR 1: ¿Está mal?
ACTRIZ: No sé.
ACTORES 1 y 2: ¿Dónde está?
ACTRIZ: En la perrera.
ACTOR 1: Y
cuando veníamos para acá, pasó al lado nuestro un futbolista.
ACTOR 2: Y
nos dijeron que no sabía leer, pero que eso no importaba porque era futbolista.
ACTRIZ: Y pasó un policía…
ACTOR 2: Y
pasaron…, y pasaron…, y pasaron ustedes. Y pensamos que tal vez podría
importarles la historia de nuestro amigo…
ACTRIZ: Porque tal vez entre
ustedes haya ahora una mujer que piense: “¿No tendré… no tendré…?” (Musita:
“perro”.)
ACTOR 1: O
alguien a quien le hayan ofrecido el empleo del perro del celador…
ACTRIZ: Si no es así, nos
alegramos.
ACTOR 2: Pero si es así, si entre ustedes hay alguno a
quien quieran convertir en perro, como a nuestro amigo, entonces… Pero, bueno,
entonces esa… ¡esa es otra historia!
TELÓN