No te recordaba tan alto
Por Benjamín Gavarre Silva
® BENJAMÍN GAVARRE SILVA
bengavarre@gmail.com / gavarreunam@gmail.com
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Versión en Español: Personajes
VALERIA (Aprox. 30 años): Una jet-setter estresada. Trabaja viajando sin parar y padece un desgaste físico severo (ciática, tics nerviosos) que intenta maquillar desesperadamente con tratamientos estéticos costosos y carbohidratos controlados. Es superficial, terca y ruidosa, pero con una honestidad brutal sobre sus propios vacíos.
NATALIA (Aprox. 30 años): Una madre exhausta y desbordada por la crianza. Se encuentra desparramada en la silla, cargando pañaleras y biberones vacíos. Es sumamente franca, propensa a la queja y al humor negro. Su vida actual es un torbellino de fluidos ajenos y preguntas existenciales infantiles que la hacen añorar su libertad de la juventud.
HUGO (Aprox. 30 años): El intelectual resentido y frustrado. Estudió Literatura y Lingüística para terminar atrapado redactando políticas de devolución en una startup absurda. Es amargado, envidioso de sus compañeros más jóvenes y dado a robar comida de los platos ajenos. Proyecta sus propias inseguridades atacando a los demás.
BRUNO (Aprox. 30 años): El ex capitán del equipo de fútbol de la preparatoria. Físicamente rudo y musculoso, pero portador de una "tragedia griega" interna y una sensibilidad contenida. Tortura las servilletas de papel por pura ansiedad. Vivió su juventud reprimido, enamorado en secreto del genio del salón y refugiado en diarios codificados.
DIEGO (25 años / Falso Belisario): Un centennial cínico, observador y sumamente carismático. Viste una sudadera de calaveras y manipula la conversación con una parsimonia insultante. Trabaja cobrándole a la gente por escuchar lo que quieren oír (acompañamiento). Juega con la nostalgia millennial por pura diversión y beneficio económico.
KEVIN (Treinteañero / Titiritero invisible): El antiguo marginado de la preparatoria. Nunca aparece físicamente en escena, pero es el cerebro detrás del engaño. Es rencoroso, siniestro e hiperconectado; utiliza la vulnerabilidad de sus excompañeros para humillarlos a la distancia a través de Diego.
ACTO I: Puros defectos me veo
ESPACIO: La terraza del "Café del Parque". Mesas de metal negro. Ruido de fondo: ladridos de perros rescatados, el silbato del camión del camote y el tráfico pesado.
Al fondo, en una mesa lateral, DIEGO (25 años, pero aparenta menos) lee una tablet mientras toma un té helado con una parsimonia insultante. Trae una sudadera negra con detalles de calaveras.
Al centro, la mesa del grupo principal (todos rondan los 30 años). VALERIA está de pie, estirando los brazos hacia el cielo, buscando señal en su celular como si fuera una antena sagrada. NATALIA está desparramada en su silla; azota un biberón vacío contra la mesa con ritmo de tambor militar.
NATALIA
¡Tres, muchachos! ¡Tres bendiciones! Dos gemelos y una niña que ya descubrió el existencialismo a los cuatro años. El martes me vio fijamente a los ojos y me dijo: "Mamá, ¿por qué todo se destruye?". ¡Tiene cuatro años! ¿Qué le respondo? ¿"Porque votamos mal, mi amor"? No mames. Mi vida actual es una pinche sucesión de fluidos corporales que ni siquiera son míos. (Se huele el hombro con asco). Creo que esto es papilla de chayote. O mocos. Ya ni sé.
VALERIA
(Sin bajar el celular, estirándose tanto que se le truena la espalda. Suelta un quejido). ¡Ay, la pinche ciática! Cállate, Natalia, por lo menos tú tocas suelo. Yo llevo tres continentes en setenta y dos horas. Tengo un jet lag tan criminal que ya no sé si estoy cenando en Tokio o desayunando en la Roma. Ayer me acosté con un piloto belga que se llamaba Jean-Pierre y cuando me desperté a orinar resulta que era un sobrecargo thai que se llamaba Chue-len, ¿pueden creer?
HUGO
(Le arrebata una papa frita del plato a Valeria). ¿Y el Jean-Pierre qué tal, estaba Chu-lin? ¿Te dio buen servicio a bordo, hubo mucha turbulencia, o fue muy aburrido el vuelo?
VALERIA
(Le da un manotazo a Hugo para recuperar su papa). ¡Quita! ¡Es mi carbohidrato del día! Al menos el thai chí me dejó diez mil dólares que solo me sirven para pagar tratamientos de colágeno que claramente no están funcionando. ¡Mírenme el párpado izquierdo! (Se acerca a la cara de Hugo y le parpadea en la nariz). ¡Me tiembla solo, güey! ¡Soy la Barbie del cielo pero con un tic nervioso de trailero!
HUGO
(Se acomoda los lentes, amargado). Por lo menos ustedes tienen anécdotas internacionales y fluidos ajenos. Yo trabajo en una startup de logística que optimiza el envío de croquetas orgánicas para perros vegetarianos. Mi jefe tiene veinticuatro años, se parece al odioso de Kevin el mala sangre, ¿se acuerdan?, el que nos odiaba gratis y siempre pasaba y nos veía feo como si lo hubiéramos escupido o algo… Yo creo que la verdad yo le gustaba, o le gustabas tú, Valeria… (Se come rápidamente una papa del plato que descuidó Valeria).
VALERIA
(Le da otro manotazo). ¡Que no te comas mis papas! Y acaba de contarnos de tu jefe, que te quedaste con el clutch pegado con el baboso de Kevin… Y tienes razón, el muy iluso se atrevió a invitarme a salir y pues yo me reí mucho en su cara, seguro por eso me odiaba, y bueno, pues nos odiaba a todos…
HUGO
(Continúa hablando de su jefe, como si fuera de lo más normal). Y todo el tiempo con calcetines de Piolín… Y del Pato Lucas y hasta de Mafalda…
NATALIA
Ya me hice bolas… ¿Hablas de Kevin o de tu jefe?
HUGO
¡De mi jefe, babosa! Tiene cinco años menos que yo y llega de tenis y calcetines de monitos a la oficina y me brodea o me amiguéa… “Amigo, ¿ya están los parámetros?”, o “te cuidas, Bro”… todo el tiempo… Todos los días lo mismo… Gana cuatro veces más que yo solo por tener "visión de futuro" y empatía laboral. (Se toca la panza con flojera). Y yo sin esperanza de que me suban el sueldito miserable… Puta, ¡diez años estudiando literatura y lingüística para terminar redactando las cláusulas de devolución o reembolso de un bulto de alimento sabor salmón! Ya me salieron dos canas de la pura perra envidia. Aquí, miren. (Se señala la cabeza).
NATALIA
(Le jala un mechón de pelo a Hugo para ver la cana. Hugo se queja). ¡Ay, sí es cierto! Ya diste el viejazo, rey. Es el karma. En la prepa le hacías bullying al tal Kevin por usar zapatos de ñoño, de los que tenían hebillita. Ya ves, karma is a bitch, pero a veces el boomerang no te lo regresa el afectado sino otro que ni te esperabas y que es más joven, pero más simpático y más capaz que tú… El universo siempre pasa factura… Pero en mi caso, yo no le hice nunca daño a nadie, y ya ven… sin poder salir ni al cine y tener que pasar las noches sin dormir porque ¡ah, cómo lloran esos pequeñitos!
HUGO
(Aventándole una servilleta hecha bola a la cara de Natalia). Ya, Natalia… te van a salir jiotes si te sigues quejando… Vamos a hacer un pacto… Tú aceptas que ser madre es una bendición del señor… jaja, bueno, que ser madre está a toda madre… finalmente los quieres, ¿no? (Natalia asiente con un suspiro). Bueno, pues yo voy a tratar de que no me lleve la chingada todo el tiempo y agradecer que no tengo los triglicéridos altos y que al menos tengo la dignidad intacta y no le he puesto resistol a la silla de mi jefecito… De veras, pienso ser de ahora en adelante un buen tipo… Lo juro… (Voltea a ver a Bruno que no deja de apretar una servilleta de papel y hacerla bolitas). ¿Andas tú qué, Bruno? ¿Torturas servilletas para no cortarte las venas?
BRUNO
(Que ha estado con su juego maniático con las servilletas y mirando fijamente su vaso de agua con cara de tragedia griega, interrumpe con un vozarrón de barítono). Yo salí del clóset.
(Silencio repentino en la mesa. Las mujeres lo miran con los ojos abiertos. Hugo bosteza de forma exagerada y le da un trago a su cerveza).
HUGO
Bruno, mi amor, mi vida, mi cielo… saliste del clóset hace como ocho años. Pusiste una bandera monumental de arcoíris en tu perfil de Facebook y tu mamá te llevó a terapia de la Gestalt a abrazar bolitas de hule y cojines extragrandes. Hasta crees que nos vas a espantar con eso hoy. Ya no es nota. Pasó de moda. Deja, deja de apretar bolitas. Respira y exhala, respira y exhala…
BRUNO
(Azota la mano en la mesa, haciendo brincar los vasos). No, Hugo… No es tan fácil… Yo estuve enamorado. (Se contiene al ver la cara de susto de Hugo). Pero no me malentiendas… No de ti, ni te creas… Me moría por dentro por el genio del salón. El que no hablaba con nadie pero te cobraba cincuenta pesos por resolver el examen de física y cien si querías el diez limpio. El que suplantó al pendejo de Braulio en la prueba de admisión de la universidad y nadie se dio cuenta porque los burócratas de las ventanillas no miran las fotos, solo miran los sellos.
NATALIA
(Triunfal, estirándose el cuello y peinando su cabello con amplio gesto). ¡Belisario! ¡Estabas enamorado de Belisario! Ay, manito, nadie lo hubiera imaginado. Ni por ti, ni por el mamón de Belisario. ¡Y tú tan guapote, tan buenote…! Tan inalcanzable… Eras el capitán del equipo de fútbol, y la más popular de la prepa se moría por ti… Usabas lavanda antigua, ¡guácala!, y olías a sudor, hormonas y a privilegio. Tus papás te compraron hasta coche y siempre olías a vacaciones todo pagado en Huatulco.
BRUNO
(Se acomoda la playera, que le aprieta un poco en los brazos). No me puedo quejar, pero sufría mucho, mi vida interior era un infierno, un continuo tormento sin salida. Mi amor platónico estaba fuera de control. Tenía fantasías de que me venía a buscar para salir al cine, para pasear por la Alameda… Ya sé, ya sé… Muy cursi. Nunca pude cumplir mi fantasía. Le escribí un diario entero. Trescientas páginas. Y como me daba pánico que mi papá lo encontrara bajo el colchón, lo escribí todo en un código que inventé mezclando el alfabeto cirílico con las abreviaturas del manual de química orgánica. Todavía lo tengo guardado en mi clóset. Es mi obra cumbre. Y él nunca lo supo. Se quedó ahí, en mi cabeza, perfecto, joven, flotando en el limbo de los diecisiete años...
VALERIA
(Que por fin baja el celular y mira hacia el fondo de la terraza. Se le cae la mandíbula). Oigan... hablando de fantasías cumplidas y fantasmas del pasado.
NATALIA
(Tallándose los ojos). ¿Qué? ¡El jet lag! Se te volteó el ojo… ¡Se te bajó el azúcar!
VALERIA
(Le da un codazo a Natalia). Nada de eso. Miren… Miren hacia la mesa de las bugambilias. El de la sudadera negra con esqueletos y calaveras.
(Todos voltean la cabeza en cámara lenta, como si les doliera el cuello. Hugo hace gestos en silencio como si diera gemidos).
HUGO
¡Ay, si hasta se me torció el cuello! ...No pinches mames. ¡Le están echando peyote al agua potable!
NATALIA
Es él. Tiene la misma cara de mamón que cuando nos cobraba por hacernos la tarea de literatura medieval. ¡Y no tiene panza! ¿Cómo que no tiene panza? ¡Qué perra envidia!
BRUNO
(Se levanta bruscamente, tirando la silla de metal, la cual hace un ruido espantoso de fricción contra el suelo. Se lleva la mano a la rodilla de inmediato). ¡Puta madre, y a mí me empezó a doler la rodilla!... No ha cambiado nada... Tiene pacto con el diablo.
VALERIA
(Se sube a su silla, quebrando por completo la etiqueta del lugar, y grita a todo pulmón ondeando el celular). ¡¡Belisario!! ¡¡Belisario, por acá, cabrón! ¡También te avisaron del reencuentro, eh! ¡Qué bueno! ¡Qué emotion! ¿Por qué te haces el interesante? ¡Bájate de tu nube y ven a saludar!
Escena 2: Pues ya que me llamaron…
(DIEGO [el nombre verdadero del tal Belisario], en la mesa del fondo, levanta la mirada de la tablet. Analiza la escena en dos segundos: un grupo de treinteañeros histéricos, una mujer subida en una silla ondeando un iPhone, un tipo musculoso que lo mira como si fuera una aparición divina y tragos caros. Diego sonríe de lado con una mezcla de cinismo e inocencia centennial. Se levanta, se acomoda la sudadera de esqueleto y calaveras y camina hacia ellos con las manos en los bolsillos).
DIEGO (Belisario)
Hola... Qué milagro.
VALERIA
(Se baja de la silla de un salto, lo jala del brazo y lo sienta a la fuerza en medio de ella y de Bruno). ¡Siéntate aquí, desgraciado! Hasta creciste, desgraciado… No te recordaba tan alto. (Le hace señas exageradas al mesero). ¡Mesero! Traiga la carta y póngale a este hombre lo más caro que tenga en la barra. ¡Mírenlo, por Dios! ¿Verdad que se estiró?… ¡Ya está de la estatura de Bruno! ¡Y… no tiene ni una sola arruga! No, en serio, no tiene... Bueno, solo ojeras, pero de las finas. ¿Qué te inyectas, cabrón? ¿Sangre de vampiro? ¿Células madre? ¿Ácido fólico, hormonas de crecimiento? ¿Qué? ¡Cuál es tu secreto!
DIEGO (Belisario)
(Recalculando rápido, adaptándose al tono y agarrando el menú). No… secreto nada. Como mucho queso… y verduras... Y mucha agua, buena genética y café sin azúcar.
HUGO
(Con los ojos entrecerrados, dándole golpecitos a su cerveza con la pluma). Sigues igual de cínico. ¿Todavía vives de suplantar identidades en los exámenes o ya te buscaste un trabajo real de esos que pagan IMSS?
DIEGO (Belisario)
(Sonriendo, toreando el golpe con una risita). Bueno, define "real"… Si piensas que me rento por ocho horas diarias en un cubículo, estás pensando en otra persona… Yo le cobro a la gente por decirles exactamente lo que quieren escuchar. Soy como un prostituto de la mente, ¿me entiendes?
HUGO
(Con una mezcla de admiración y repudio, soltando una carcajada amarga). ¡Puta, qué moderno! ¿Qué eres, escort, masajista con final feliz... o de plano eres stripper de fin de semana para señoras divorciadas?
DIEGO (Belisario)
(Guiñándole un ojo a Hugo). Ya… Quisieras, eh… Veo que estás muy bien informado del mercado, Hugo.
NATALIA
(Soltando una carcajada y dándole un manotazo juguetón en la espalda a Diego). ¡Te la metió doblada, Huguito! Oye, Belisario, por favor, ¿te acuerdas cuando el profe de Química te cachó con todas las fórmulas escritas en el brazo? Te saliste como un dios. Le dijiste: "No son acordeones, profe, son mis tatuajes temporales porque amo la ciencia". Al profe le dio tanta risa tu descaro que te pasó sin ver el examen.
VALERIA
(Acomodándose el cabello con gesto amplio, metiendo los hombros). Siempre tuviste una suerte cabrona, Belisario. Y mira que hasta a la familia de Natalia le caías bien. ¿Sí te acuerdas cuando te los presenté en su casa? Su hermano mayor chingue y chingue todo el tiempo con que éramos novios y te pisaba los zapatos a propósito.
DIEGO (Belisario)
(Sonriendo de lado, tomando un trago de su té helado). Simpático el hermano... Pero bueno, así son las familias de castrosas.
NATALIA
¿Hermano molesto? Mi hermano, el testigo de Jehová, en esa época ya tenía como treinta y cinco, mi rey. (Suelta un bufido). Por cierto, ya pasó a mejor vida, ¿saben?
VALERIA
(Haciéndose una cruz en el pecho). ¡Cómo crees! Ya viste, Natalia... Tanto que decías que te perseguía y te quería ahorcar, y ahora el señor ya está en el cielo.
NATALIA
¡Qué cielo ni qué ocho cuartos! Me espantaba a todos los novios y me cortaba el mechón de pelo cuando estaba dormida para que no saliera. Era un psicópata.
VALERIA
(Interrumpiendo, dándole un codazo leve a Diego para llamar su atención). Ay ya, dejen a los muertos en paz. Oye, amigo, ¿y te acuerdas del día que llegaste al salón con los pelos como de elote blanco? Según tú te habías hecho un permanente moderno pero te quemaron el cabello horrible en la estética de la esquina.
NATALIA
(Frunciendo el ceño, apuntando a Valeria con una papa frita). A ver, espérate... Ese no era Belisario, ese fue el Fulano, Hijo de la Mano de Dios, el que le agarraba las bubis a todas en las tardeadas y que luego se tuvo que rapar para que no lo reconocieran.
VALERIA
(Azotando la mano en la mesa, terca). ¡Que era Belisario! Llegó a la clase de las 8. Me acuerdo perfecto porque era el profe gordo y aburrido de Álgebra, todos estábamos babeando el banco y hasta le vimos cara de teorema con esa jeta de cínico que se cargaba… A ver, Belisario, dinos la verdad, ¿por qué carajos te pintaste el pelo esa vez?
DIEGO (Belisario)
(Tragando saliva, sintiendo el sudor en la nuca, pero manteniendo la sonrisa). Tiene razón Natalia, ese fue el Fulano, el de la Mano…. Lo que sí me acuerdo perfecto es que una vez me disfracé de Superman. Ya saben… porque siempre me decían que me parecía a Tom Welling… Yo creo que exageraban, no soy tan guapo.
HUGO
(Se detiene en seco, con la cuchara a mitad del camino a la boca. Baja la mano despacio). A ver, espérame… Ya no entendí… O te estás confundiendo… Cuando estábamos en la prepa justo estaba de moda el Superman de Christopher Reeve, antes de que le diera la parálisis. Tom Welling era el de Smallville, pero ese es más para acá...
BRUNO
(Que no le ha quitado los ojos de encima, entrecerrándolos con una fijeza mística). Es verdad... Además, yo no me acuerdo de que te hubieras puesto un traje de superhéroe… Seguro que me acordaría… Digo, ¿a lo mejor te disfrazaste, no sé, en la universidad?
DIEGO (Belisario)
(Sonriendo de lado, recalculando a mil por hora, dando un trago largo a su té). La universidad… eso debe ser. Ya saben cómo es uno a esa edad, te da por inventarte identidades... “A luchar por la justicia”… (Se le cruzan los cables del guion mental). Ya saben, como el meme ese de Batman cuando le da una bofetada a Robin.
HUGO
¿Memes? Pero seguro te estás confundiendo y hablando de la universidad… Belisario. En la prepa no había memes porque el internet estaba en pañales.
DIEGO (Belisario)
(Rápido, tratando de salvar el bache tecnológico). Seguro, sí… De lo que sí me acuerdo es de cuando hacíamos chistes de Britney toda rapada.
NATALIA
(Frunciendo el ceño, deteniendo el juego con la servilleta). ¿Britney Spears? ¿Cuando estábamos en la prepa todavía no enloquecía? ¡A nosotros nos tocó el boom de Britney cuando cantaba “Baby One More Time”!
DIEGO (Belisario)
(Con total soltura, agitando el hielo de su vaso). Es un clásico. "Oops!... I Did It Again".
BRUNO
(Acercándose peligrosamente a Diego, invadiendo su espacio). Ja, ja, Belisario, es cierto, no das una… Confundes todos los años… todos tus recuerdos son de después de que estudiábamos juntos.
DIEGO (Belisario)
(Lanzando una mirada encantadora, usando el carisma como escudo protector). El espacio-tiempo es relativo, Bruno. Lo importante es que estamos hablando de pura gente talentosa y bella. Y tú... te ves muy bien, por cierto. Sigues haciendo ejercicio, veo. Esos brazos no son de estar sentado en una oficina.
BRUNO
(Tragando saliva, conmovido por el cumplido, con los ojos brillando de nostalgia). Belisario... tengo que decirte algo. Ahora que estamos aquí. Ahora que el tiempo se dobló sobre sí mismo y nos atrapó en esta mesa.
DIEGO (Belisario)
(Disfrutando el melodrama ajeno, recostándose en la silla). Dime, Bruno. Soy todo oídos. Y miren, el mesero ya viene con los tequilas, así que la verdad siempre fluye mejor con alcohol de por medio.
Escena 3: Los espejos y los espejismos
(VALERIA y NATALIA se levantan en bloque de las sillas, haciendo mucho ruido. Discuten a gritos mientras caminan hacia el baño. Valeria gesticula exageradamente con el celular en la mano).
VALERIA
¡Que no, Natalia! Ese colágeno es puro cuento, igual que el ácido hialurónico, o lo que inventen para quitarte tu dinero… Cuando vuelas 40 horas a la semana lo único que funciona es dormir, dormir y dormir… ¡Mírame el párpado!
NATALIA
(Empujando la puerta del baño). ¡Ay, por favor! Taylor Swift seguro se pone el ácido hialurónico ese… y toma colágeno seguro desde los doce años, por eso aguanta tres horas cantando y tú te quejas de que se te voltean los ojos y te duele la rodilla y que se te seca la piel… Pareces anciana… Ándale… ¡Camina!
(Entran al baño y azotan la puerta. Al mismo tiempo, HUGO se levanta disparado hacia la banqueta de la calle, contestando el celular con una voz sumisa que da lástima).
HUGO
¿Bueno? Sí, bro... No, no estoy cenando, amigo… ¿los parámetros? Sí… estoy aquí... checando las métricas. Sí, en cinco minutos te lo optimizo... ¡Seguro! ¡Claro, claro que sí, bro! Abrazo.
(Hugo se queda caminando de un lado a otro en la banqueta, gesticulando con furia. En la mesa, BRUNO y DIEGO se quedan completamente solos. Bruno arrastra su silla para pegarse a Diego, invadiendo por completo su espacio personal).
BRUNO
(Con la voz baja, mística, casi sin respirar). Voy a decirlo porque es ahora o nunca. Le escribí un diario a tu fantasma, Belisario. Trescientos folios en alfabeto cirílico y fórmulas de química orgánica para que mi papá no lo entendiera si lo sacaba de debajo del colchón. Te amaba en secreto. Te amaba mientras tú le cobrabas cincuenta pesos a los burros por los exámenes de cálculo. Te amaba con la virilidad reprimida de un defensa central que no podía decirle al mundo que prefería mirar tus ojos... antes que la final de la Champions.
DIEGO (Belisario)
(Aprovechando el viaje. Le toma la mano a Bruno sobre la mesa, mirándolo a los ojos con cara de galán de telenovela de los noventa). Bruno... yo siempre lo supe. Te veía correr en la cancha. El subtexto de tus pases de balón... era evidente. Yo también sentía esa... combustión interna.
BRUNO
(Se queda congelado. Mira la mano de Diego. Luego le mira la cara muy de cerca. La luz ámbar de la tarde le da directo en la piel a Diego. Bruno parpadea, frunce el ceño y le retira la mano de golpe, como si se hubiera quemado). Espera.
DIEGO (Belisario)
¿Qué pasa, Bruno?
BRUNO
(Le toma la barbilla a Diego con brusquedad, obligándolo a voltear). Tu mano. No tiene la cicatriz. Belisario tenía una marca enorme en forma de signo de interrogación aquí, entre el pulgar y el índice, de cuando le explotó el tubo de ensayo en el laboratorio. Tu piel está intacta... suavecita, de burbuja. (Le revisa la boca). ¿Y tus dientes? Belisario tenía un colmillo completamente montado sobre el otro, por eso sonreía de lado. ¿Te arreglaste la boca con magia o mi memoria está completamente jodida?
DIEGO (Belisario)
(Tratando de zafarse de la mano de Bruno con una risa nerviosa). Ya sabes cómo es la tecnología dental de ahora, los alineadores invisibles hacen milagros...
BRUNO
¿Y hay alineadores para las mentiras también?
(Hugo regresa a la mesa de golpe, casi tropezando con la silla, guardando el celular con una sonrisa de triunfo malévolo. Trae la pantalla del teléfono iluminada).
HUGO
Oye, "Belisario"... Qué curioso es el internet, de veras. Estaba hablando por mensaje con un amigo de la carrera que te tiene en Facebook... y me dice que te vio la semana pasada en un congreso de publicidad. Me mandó una foto. (Le pone el celular en la cara a Diego). Mírate. Estás acabadísimo, hermano. Panzón, calvo y con unas ojeras que te llegan a la barbilla. ¿Te hiciste una lipoescultura facial de tres horas o de plano el de la foto es tu gemelo maldito?
DIEGO (Belisario)
(Se recuesta por completo en la silla, cruza los brazos y suspira, dejando caer la pose de golpe). ¿Que si soy yo el de la foto?... Bueno, esa ya es una pregunta de corte existencial para los de treinta, ¿no creen?
BRUNO
(Con la voz rota, dolido, alejándose). ¿Quién eres?
DIEGO (Belisario)
(Con una total ligereza centennial). ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú?... Seguimos con las grandes preguntas de la crisis de edad.
NATALIA
(Viniendo del baño… Caminando hacia la escena desde tiempo atrás, dándose cuenta de todo… gestos de incredulidad y desaprobación). ¿En serio? Qué tal. Creo que se te cayó el teatrito, chamaco.
VALERIA
(Mirando su reloj de diseñador). Ya, ya estuvo. ¿Saben qué? Mejor pagamos la cuenta y nos vamos a mi hotel. Tengo acceso directo a la piscina de la terraza y el aire aquí ya se puso espeso y raro. ¡Mesero, la cuenta!
DIEGO (Solo Diego)
(Se recuesta en la silla y suelta una carcajada limpia, estruendosa, con una energía joven que contrasta cabrón con la amargura de la mesa). ¡Puta madre, duró mucho más de lo que pensé! ¡Son un público increíble, de verdad! ¡Se la comieron completita!
BRUNO
(Apretando los puños, mirando al suelo). Sabía que algo andaba mal...
DIEGO
Me llamo Diego. Tengo veinticinco años. Belisario, el Belisario real, es mi hermano mayor. Es exactamente igual de amargado que ustedes. Me pidió que viniera a cenar en su lugar porque no iba a llegar a tiempo... sobre todo que me disculpara contigo, Bruno. Me dijo: «Si va Bruno, seguro va a estar chingue y chingue con tener noticias mías, invéntale algo».
BRUNO
(Sintiendo un vacío enorme). ¿Tu hermano... te mandó a decirme eso? ¿Eso también es parte del chiste?
DIEGO
Sí. No... A ver, él me contaba historias de su preparatoria cuando se ponía borracho los domingos en la casa. Me decía: «Había una que quería ser sobrecargo y seguro lo logró, la he visto en Instagram, se creía de la alta solo por ser güerita; también un resentido que me odiaba gratis porque yo siempre me salía con la mía mientras él era el apestado del salón... y Bruno, el fortachón, que se me quedaba viendo en las canchas con unos ojos de deseo reprimido que francamente me halagaban, pero no me gustaba esa clavazón». Belisario me mandó a pedirles una disculpa porque tuvo un simposio de imprevisto en Monterrey. Pero cuando llegué y los vi tan animados hablando de sus traumas, me dio pena interrumpir. Luego ustedes me vieron, me gritaron, me sentaron a la fuerza... y yo solo me subí al tren. No pude evitarlo. Me dio gusto ser, por un rato, la persona que ustedes tanto necesitaban que fuera.
(El celular de Diego vibra sobre la mesa con una notificación de WhatsApp).
DIEGO
Miren la pantalla, Bruno. Ahí viene el verdadero Belisario. Finalmente consiguió un vuelo exprés para alcanzarlos. Ya se estacionó aquí a la vuelta. Viene de traje sastre, trae una hernia de disco que apenas lo deja caminar y viene sudando como testigo de Jehová porque no encuentra lugar para el coche. ¿Quieren esperarlo?
(Las mujeres miran sus relojes simultáneamente en un pánico absoluto. Natalia agarra su pañalera como si fuera un escudo).
NATALIA
¡Me tengo que ir! ¡Los niños! La niñera ya me mandó tres mensajes. Lo de siempre... Fue un gusto regresar al pasado por diez minutos y recordar cuando era joven, soltera y no olía a leche rancia. Y tú, Diego... eres un hijo de la chingada, pero bien jugado. Ya ni sé qué decirte.
VALERIA
¡Mesero, la cuenta ya! No tengo energía para ver al Belisario verdadero si viene viejo, gordo y cansado como todos ustedes. Perdón, pero yo me sigo viendo espectacular y no quiero que me arruinen la fantasía. Vámonos. Lo del hotel sigue en pie, por si alguien quiere rescatar la tarde... ¿Nadie?
(Las mujeres avientan billetes arrugados de quinientos pesos sobre la mesa como si huyeran de una escena del crimen y salen corriendo. Hugo se pega rápidamente al costado de Valeria).
HUGO
(Caminando rápido detrás de Valeria). Oye, Vale, yo sí jalo a lo de la piscina, sirve que te ayudo con lo del párpado...
(Desaparecen. Al final, solo queda Bruno, de pie, inmóvil frente a Diego).
BRUNO
Así no se juega, chamaco. Te pasaste de pendejo.
DIEGO
(Ya sin burla, un poco asustado por la intensidad física de Bruno). Sí, la cagué. Perdón... Yo solo quieras divertirme un rato. El problema de ustedes los millennials es que se toman el pasado demasiado en serio. Están obsesionados con la versión de lo que pudieron haber sido y nunca fueron.
BRUNO
¿Perdón? Vete al carajo. Te deseo una buena vida, Dieguito. Pero lárgate antes de que llegue tu hermano. Yo también me borro; no tengo ganas de ver a otro fantasma, y menos si está igual de jodido y roto que yo... En serio, niño... échale ganas a tu juventud, porque se acaba rápido.
(Bruno se da la vuelta, mete las manos en los bolsillos de la chamarra y camina hacia el parque, desapareciendo entre la sombra de los árboles).
Escena 4: El titiritero invisible
(Diego se queda completamente solo en la mesa desierta. Mira la pila de billetes que dejaron tirados. Comienza a contar el fajo de billetes de quinientos pesos con la velocidad mecánica de un cajero automático. Sonríe con suficiencia, pero la sonrisa le dura poco. Mira hacia la entrada del café, se pone incómodo, como si el peso de la farsa le cayera encima de golpe. Saca su celular y marca una videollamada. Al otro lado de la pantalla se conecta un tipo de unos treinta años, con lentes, cabello ralo y un fondo gris que parece una oficina de gobierno o un call center).
DIEGO
¿Bueno? Sí, soy yo... No, güey, ya se fueron. Salieron corriendo como si hubieran visto a la Llorona... Se lo creyeron todo. Hasta me inventé que el Belisario real era mi hermano mayor y que venía en camino, debiste verles la cara de susto. ¡No sabes, Kevin! Tenías toda la razón del mundo de que yo me parecía a ese güey en las fotos de la prepa que me diste... Aunque la verdad, si el tal Belisario real está tan calvo y gordo como dices, me voy a poner a dieta mañana mismo, qué horror.
(Diego hace una pausa. Desvía la mirada hacia el vaso de agua vacío que dejó Bruno. Su tono baja, perdiendo la soberbia, volviéndose el de un chico de veintitantos que acaba de matar una gaviota sin ningún deseo de realmente lastimarla, y menos de matarla).
...Oye, pero te hubieras aparecido tú por acá, Kevin. Nadie habría sospechado. Ya sé que me dijiste que tú no eras de su grupito de populares, y que según tú te trataron de la… ya sabes… pero eso de que les tuvieras tanto rencor acumulado hasta estos años... no sé, güey, no es de Dios. Hubieras venido. Total, si creyeron que yo era de su escuela, de ti se habrían acordado al menos en los créditos del final. No habrías tenido que hacerme investigar tanto sus vidas en Facebook ni hacerme mentir así. Pero bueno, fue una gran idea tuya hacerme pasar por su fantasma... Por cierto, me dejaron como tres mil pesos de propina en la mesa, ya con eso me puedo dar el lujo de faltar a mi trabajo, por lo menos por el día de hoy.
(Diego escucha el teléfono. Cambia de postura en la silla, incómodo).
...Pero oye, güey. Creo que sí me pasé de la raya. El fortachón, el tal Bruno, estuvo todo el tiempo con la cancioncita de que estuvo enamorado de mí en secreto. Que me escribía poemas en un lenguaje inventado con la tabla periódica... Sí, Bruno. Me dio un chingo de lástima, la verdad. Se veía muy derechito y sano y rudo, pero por dentro estaba hecho un cristal. ¿A él también le tenías coraje? A ti todo el mundo te caía mal en esa escuela, cabrón... Al menos él sí tenía sentimientos reales, no como los otros idiotas. Yo me tuve que quedar en el personaje y decirle que yo también sentía "combustión interna", jajaja... ¿Cómo ves?
(Diego suspira, limpiando una gota de sudor de su frente).
Qué rota está la gente de esa edad, de veras. Tienen un hambre de pasado que asusta, como si su presente fuera una basura de oficina. Mira, la próxima vez te reúnes tú con ellos y si quieres les dices en su cara que los odiabas, o que querías pertenecer a su grupito, o que te cagaba que te hicieran invisible... O que te hicieran el feo. Yo ya no quiero volver a ver a estos viejos. Me deprimieron, la verdad... Tú también estás bien jodido de la cabeza por planear esto, Kevin... En fin, voy a ver si me llamaron de la agencia, ya ves que los clientes surgen de la nada y cuando menos ganas tienes de atenderlos. ¡Qué tal te parece que sí le atinó el güey este, el tal Hugo, a lo de “mi trabajo”! Y qué tal que me contrata el otro bato, el tal Bruno… Ese, al menos con ese no tendría que hacerlo como con alguien tan anciano como los que siempre me tocan, o anciana… y la verdad el tipo no es feo, aunque ya esté ruco... pero al menos no me da asco. Y hasta podría fantasear con que en realidad estaba enamorado de mí… o de alguien parecido a mí… y yo me podría enamorar un poco, ¿no?... Para variar, qué risa… Jaja, pero ya mejor no alucino, a lo mejor nadie me contrata y tengo la tarde libre y puedo hacer lo que más me gusta en la vida, dormir… dormir como un angelito, al fin y al cabo pues ya tengo el dinero honradamente ganado para mi paz y mi merecido descanso… Ni modo. Kevin, oye, pero tú estás muy calladito--- Sí sabes que eres un cerdo, ¿no?… Eres… eres todo un personaje siniestro. Te lavas.
(Diego cuelga. Agarra el dinero con desdén, se pone los audífonos inalámbricos, se sube la capucha de la sudadera y sale del café caminando con la ligereza flotante de quien no le debe nada a la memoria, perdiéndose en la luz ámbar de la tarde).
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