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martes, abril 21, 2026

El Cíclope, de Eurípides.

 


 

 


El Cíclope

de Eurípides

 


 

El Cíclope no solo es una pieza fundamental por ser el único drama satírico que conservamos íntegro, sino porque representa ese "alivio cómico" y transgresor que cerraba las densas trilogías trágicas en las Grandes Dionisias.

A continuación, una introducción analítica seguida del libreto íntegro, editado para una legibilidad teatral óptima (estilo libreto profesional), respetando la versificación original indicada en el texto.


La Risa en las Sombras del Etna

 

El Cíclope de Eurípides es una joya solitaria en la historia del teatro. En la Atenas del siglo V a.C., tras tres tragedias que exploraban el dolor y el destino, el público recibía el drama satírico. Esta pieza toma el conocido episodio del Canto IX de la Odisea y lo subvierte: el horror del gigante antropófago se mezcla con la cobardía lasciva de Sileno y el caos del coro de Sátiros.

 

Claves de esta Obra

  • La Tensión entre Civilización y Barbarie: Mientras Ulises (Odiseo) representa la metis (astucia) y la ley de la hospitalidad griega, Polifemo encarna una amoralidad brutal que desprecia a los dioses y solo rinde culto a su propio vientre.
  • El Elemento Báquico: La inclusión de Sileno y sus hijos convierte el relato épico en una farsa. El vino no es solo una herramienta de engaño, sino un personaje que devuelve a los sátiros su libertad frente a la esclavitud "doméstica" del Cíclope.
  • El Tono: Eurípides utiliza un lenguaje que bascula entre la elegancia retórica de Ulises y la crudeza escatológica del Cíclope, logrando una parodia que humaniza (y ridiculiza) el mito heroico.

 


 


 

EL CÍCLOPE

de Eurípides

 



 

 

Personajes:

  • SILENO: Dios y padre de los Sátiros.
  • CORO DE SÁTIROS.
  • ULISES (ODISEO): Rey de Ítaca.
  • EL CÍCLOPE (POLIFEMO).

 

 

Escena:

Las rocas de la ladera del Etna, junto al mar. Se ve la entrada de la cueva donde el Cíclope vive y guarda sus rebaños.

 


PRÓLOGO (vv. 1 - 40)

SILENO

Con un rastrillo de hierro, barriendo frente a la cueva.

¡Oh Bromio, por ti paso infinitos trabajos ahora y también cuando en la juventud mi cuerpo era fuerte! Primero cuando enloquecido por Hera dejaste a tus nodrizas las ninfas de la montaña; después cuando en la batalla contra los hijos de la Tierra, con la lanza a tu diestra, mi escudo junto al tuyo, atravesé el escudo de mimbre por el medio y maté a Encélado. Pero ¿fue esto un sueño? No, pardiez, que le he mostrado a Baco los despojos.

Ahora aguanto un trabajo mayor que aquéllos, porque Hera ha suscitado contra ti la raza de piratas etruscos para que fueses vendido muy lejos, y yo, que lo he sabido, navego con mis hijos a ti a buscar. Y en la misma popa yo timoneaba agarrado al redondo madero, y mis hijos sentados al remo el mar verdiazul hacían blanquear en remolinos, y te buscaban, ¡oh rey!

Y cuando ya habíamos navegado hasta Malea, el viento del Este sopló sobre el mástil, y nos echó contra esta roca del Etna, donde habitan los hijos del dios marino que no tienen más que un ojo, los Cíclopes matadores de hombres, que habitan cuevas desiertas. Presos de uno de éstos, somos sus esclavos domésticos. Al que servimos le llaman Polifemo. En lugar de danzas báquicas apacentamos los rebaños de un impío Cíclope.

Mis hijos en las faldas de las colinas apacentan recentales, ellos que son jóvenes; yo de llenar los abrevaderos y barrer la casa tengo orden, y al impío Cíclope le sirvo en sus criminales comidas. Pero ahora por necesidad tengo que obedecer y barrer la casa con este rastrillo de hierro para que a mi señor el Cíclope, que está fuera y a sus rebaños los reciba yo con la cueva limpia.

Mira hacia afuera.

Ya veo a mis hijos empujando hacia acá sus rebaños. ¿Qué pasa? Pero ¿hacéis el mismo ruido de danzas ahora que cuando a Baco en sus fiestas en las casas de Altea le hacíais procesión moviéndolos al son de las canciones de las liras?


PARODOS (vv. 41 - 81)

CORO

¿Adónde de nobles padres y de nobles madres, adónde te me irás, a qué rocas? ¿No será aquí, donde el suave viento y la yerba verde, y el agua arremolinada de los ríos descansa en los bebederos junto a las cuevas, donde por ti balan las crías?

¡Aho! ¿Pacerás esto no, no esto, la ladera mojada de rocío? ¡Eh! Te voy a tirar una piedra; vete, vete, cornudo, al establo de las ovejas, del Cíclope campestre. Las ubres henchidas suelta, da acceso a las crías, a las hembras que dejas en las alcobas de los carneros. Te echan de menos los suaves balidos de las crías pequeñas.

¿Entrarás a la cueva de las rocas del Etna, después de dejar los florecientes pastos de yerba? Esto no son, Bromio, ni danzas ni bacantes con tirsos, ni gritos con panderos, ni de vino ardientes gotas en las fuentes que dan agua, ni remolinos de las ninfas. Báquica canción canto a Afrodita, y por seguirla danzaba con las bacantes de blancos pies. Querido, querido Baco, ¿dónde solitario sacudes tu rubia cabellera? Yo tu servidor sirvo al Cíclope de un solo ojo, siervo errante con este inútil capote de piel de macho cabrío, separado de tu amistad.


EPISODIO I (vv. 82 - 202)

SILENO

Susurrando con urgencia.

Callad, hijos míos, y en las cuevas rocosas mandad a los servidores que reúnan los rebaños.

CORIFEO

Andad, ¿pero qué prisa, padre, tienes?

SILENO

Veo junto a la orilla el casco de una nave griega y a los dueños del remo con un jefe caminando hacia esta cueva, y junto al cuello llevan cacharros vacíos, les falta comida, y cántaros para agua. ¡Desgraciados forasteros! ¿Quiénes serán? No saben el señor Polifemo cómo es, cuando en esta cueva cruel se meten y a la mandíbula del Cíclope devoradora de hombres tienen la mala suerte de llegar... pero estaos callados para que sepamos de dónde llegan a la roca del Etna siciliano.

Entran ULISES y sus compañeros cargando odres y vasijas.

ULISES

Extranjero, ¿podríais decirnos dónde en la corriente de un río hallaríamos remedio a nuestra sed? ¿Quiere alguien vender comida a unos marinos necesitados? ¿Qué es esto? Parece que nos hemos metido en la ciudad de Bromio, pues veo este grupo de sátiros junto a la cueva. Salve, digo primero al más respetable.

SILENO

Salve, forastero: dinos quién eres y tu patria.

ULISES

Ulises de Itaca, rey del país de los cefalonios.

SILENO

Ya sé de este hombre, fuerte charlatán, raza de Sísifo.

ULISES

Ése soy yo, pero no insultes.

SILENO

¿Ande has venido navegando a Sicilia?

ULISES

Desde Ilios y los trabajos troyanos.

SILENO

¿Cómo? ¿Has perdido la derrota de tu tierra patria?

ULISES

Las tormentas de vientos me han traído aquí a la fuerza.

SILENO

¡Hola! Aguantas el mismo destino que yo.

ULISES

¿Qué también tú has sido traído aquí a la fuerza?

SILENO

Persiguiendo a los piratas que habían raptado a Bromio.

ULISES

¿Qué país es éste y quiénes lo habitan?

SILENO

En la orilla del Etna, el más alto monte de Sicilia.

ULISES

¿Dónde están las murallas y las torres de la ciudad?

SILENO

No las hay: las montañas están desiertas de hombres, forastero.

ULISES

¿Y quiénes ocupan la tierra? ¿Alguna especie de alimañas?

SILENO

Cíclopes que habitan cuevas y no casas.

ULISES

¿Y a quién obedecen? ¿Acaso hay democracia?

SILENO

Son nómadas, y nadie obedece a nadie.

ULISES

¿Siembran la espiga de Ceres o de qué viven?

SILENO

De leche y de quesos y de comer ovejas.

ULISES

¿Y tienen la bebida de Bromio, el jugo de viña?

SILENO

Nada de eso, pues habitan tierra triste.

ULISES

¿Sois hospitalarios y píos con los forasteros?

SILENO

Dicen que los forasteros traen carne sabrosísima.

ULISES

¿Qué dices? ¿Les gusta la carne humana?

SILENO

Nadie vino aquí que no le hayan degollado.

ULISES

¿Y el Cíclope dónde está? ¿Dentro de su casa?

SILENO

Se ha ido hacia el Etna, cazando fieras con sus perros.

ULISES

¿Sabes lo que hay que hacer para que nos vayamos de esta tierra?

SILENO

No sé, Ulises; por ti haríamos todo.

ULISES

Véndenos pan, que andamos escasos.

SILENO

No hay, como he dicho, sino carne.

ULISES

Buena es y contiene el hambre.

SILENO

También hay queso con jugo de higos y leche de vaca.

ULISES

Sacadlo, porque las compras se deben hacer con luz.

SILENO

Y di, ¿cuánto oro nos pagarás?

ULISES

No traigo oro, sino la bebida de Dioniso.

SILENO

Excitado.

¡Dices cosas amabilísimas, que nos faltan hace mucho!

ULISES

Pues Marón me ha dado esta bebida, hijo del dios.

SILENO

¿El que yo crié antaño en estos brazos?

ULISES

El hijo de Baco, para que te enteres bien.

SILENO

¿Está en las tablas del barco o lo traes tú?

ULISES

¿Este pellejo que lo guarda, lo ves, viejo?

SILENO

Con eso no tengo yo ni para llenar el gaznate.

ULISES

Dos veces el líquido que salga, este pellejo guarda.

SILENO

Buena fuente has dicho, y agradable para mí.

ULISES

¿Quieres que te dé a probar primero vino puro?

SILENO

Justa cosa, pues la prueba hace la venta.

ULISES

Sacando un vaso.

Traigo un vaso con el pellejo.

SILENO

Trae y escáncialo con gluglú, para que recuerde yo esto de beber.

ULISES

Toma.

Le sirve.

SILENO

Huele.

¡Huy! ¡Qué buen olor tiene!

ULISES

¿Lo has visto?

SILENO

No, que lo estoy oliendo.

ULISES

Prueba ahora, para que no lo ensalces sólo de palabra.

SILENO

Bebe un gran trago.

¡Ay! A bailar me exhorta Baco. ¡Ah, ah, ah!

ULISES

¿Qué, ha hecho bien gluglú en tu garganta?

SILENO

Me ha llegado hasta el extremo de las uñas.

ULISES

Además de esto te daremos moneda.

SILENO

Suelta sólo el pellejo, déjate de dinero.

ULISES

Sacad ahora quesos o crías de ovejas.

SILENO

Entrando a la cueva.

Lo haré así, dándoseme poco de mi señor. Por beber una sola copa me volvería loco y daría en cambio los rebaños de todos los Cíclopes, y me tiraría al mar desde una roca resbaladiza, una vez borracho, desarrugado el entrecejo. ¡Cómo el que bebe y no goza está loco, cuando se puede levantar esto y agarrar un pecho y el dispuesto prado tocar con las dos manos, y danzar olvidando desgracias! ¿No compraré, pues, esta bebida, mandando a llorar la insensatez del Cíclope y su ojo único?

CORIFEO

Oye, Ulises, te queremos decir algo.

ULISES

Venís como amigos a un amigo.

CORIFEO

¿Tomasteis Troya y la sumisa Helena?

ULISES

Y hemos destruido toda la casa de los priámidas.

CORIFEO

Pues cuando habéis conquistado a la muchacha, ¿no la habéis disfrutado todos puesto que le gusta casarse con muchos? La traidora, que los pantalones de colores vio en las piernas y el collar de oro que llevaba al cuello, salió de mí y al mamarracho de Menelao, que era mejor, dejó. ¡Nunca la raza de las mujeres debió nacer... sino para mí solo!

SILENO

Saliendo de la cueva con suministros.

Aquí tenéis vosotros estos corderos, rey Ulises, crías de bajadores carneros, y no escasos quesos de leche cuajada. Lleváoslo y marchaos cuanto antes de estas cuevas, en cuanto me deis la bebida del racimo de Baco.

Se oye un estruendo de pasos gigantescos.

¡Ay de mí! Aquí viene el Cíclope. ¿Qué haremos?

ULISES

Estamos perdidos, viejo: ¿por dónde hay que huir?

SILENO

Dentro de esa roca, donde os podéis esconder.

ULISES

Cosa horrible has dicho: meternos en las redes.

SILENO

No es horrible: hay muchas salidas de la roca.

ULISES

No, no. Mucho que gemiría Troya si yo huyese de este hombre solo, cuando gente infinita de frigios aguanté muchas veces con mi escudo. Mas si hay que morir, muramos noblemente, y si vivo salvaré mi fama de antes.


EPISODIO II: El Encuentro con el Monstruo (vv. 203 - 482)

Entra el CÍCLOPE. Es una figura colosal y aterradora.

CÍCLOPE

Vamos: ¡paso! ¿Qué es esto? ¿Qué libertad es ésta? ¿Qué bailáis? Esto no es Dioniso ni panderetas de bronce ni golpes de tambor. ¿Cómo están en la cueva mis crías recién nacidas? ¿Están en la teta debajo del costado de sus madres? ¿En los cestillos de junco está la cantidad de quesos ordeñados? ¿Qué decís? ¿Qué habláis? ¡Me parece que alguno de vosotros con el palo va a soltar lágrimas! Mirad arriba y no hacia abajo.

CORIFEO

Ea, ya estamos mirando al mismo Zeus, y estoy viendo las estrellas y Orion.

CÍCLOPE

¿Ande está la comida? ¿Está bien preparada?

CORIFEO

Ahí está. No falta más que preparar la garganta.

CÍCLOPE

¿Y también están las colodras llenas de leche?

CORIFEO

Tanto que puedes beberte, si quieres, una tinaja entera.

CÍCLOPE

¿De oveja, de vaca o mezclada?

CORIFEO

La que quieras tú, con tal que no te me tragues a mí.

CÍCLOPE

De ninguna manera: en mi barriga saltando, me matarías con esas danzas.

Ve a Ulises y sus hombres.

¡Hola! ¿Qué gente veo en el corral? ¿Qué piratas o ladrones han llegado a esta tierra? Veo aquí estos corderos de mis cuevas atados con juncos retorcidos y revueltos los quesos, y al viejo con la cara y la calva hinchada de golpes.

SILENO

Fingiendo dolor.

¡Ay de mí! Ardo de fiebre de los palos.

CÍCLOPE

¿De quién? ¿Quién te ha dado puñetazos en la cabeza, viejo?

SILENO

Éstos, Cíclope, porque no permitía se llevaran lo tuyo.

CÍCLOPE

¿No sabían que yo era un dios descendiente de dioses?

SILENO

Ya les decía yo esto. Pero ellos se llevaban los rebaños y se comían el queso, que no les permitía yo, y se llevaban los corderos. A ti, que te atarían con una cincha de tres codos por medio del ombligo decían, y que te sacarían a la fuerza las tripas y que te pelarían bien la espalda con un azote y después que te atarían y en los bancos de la nave te echarían y te venderían a alguien para que arrancases piedra o te pusieran a una rueda de molino.

CÍCLOPE

¿De veras? ¿No vas corriendo a afilar cuchillos y espadas, y a encender un gran haz de leña? Para degollarlos en seguida y que llenen mi vientre; de la brasa comeré comida caliente, distinta de lo que se suele, y de calderas, cocidas y blanda. ¡Qué harto estoy de comida de monte! Basta de comer leones y ciervos; se me ha olvidado el gusto de la carne humana.

SILENO

Señor, la novedad es más agradable que la costumbre. Últimamente, en verdad, no han llegado forasteros a tu cueva.

ULISES

Dando un paso adelante.

Cíclope: escucha también a los forasteros. Nosotros en necesidad, por comprar comida nos hemos acercado a tu cueva desde nuestra nave. Y éste los corderos por un pellejo de vino nos vendió y cedió, recibiendo bebida, por su voluntad y la nuestra, y ninguna fuerza ha habido en ello. Éste nada de lo que dice es verdad, pues hasle sorprendido vendiendo a escondidas lo tuyo.

SILENO

¿Yo? Así te mueras.

ULISES

Si miento.

SILENO

Jurando falsamente.

Por Poseidón el que te ha engendrado, Cíclope, por el gran Tritón y Nereo, por Calipso y las hijas de Nereo, por las sagradas olas y toda la raza de los peces, te juro, hermosísimo ciclopito, señorín mío, que yo no vendía tus cosas a los extranjeros. O que estos miserables hijos míos perezcan miserablemente, los que yo más quiero.

CORIFEO

Detente. Yo mismo a los extranjeros las cosas vendiendo te he visto. Y si digo mentira que se muera mi padre; no ofendas a los extranjeros.

CÍCLOPE

Mentís: yo de éste más que de Radamanto me fío, y digo que más justo es. Quiero preguntar: ¿de dónde venís, extranjeros? ¿De dónde sois, qué ciudad os ha creado?

ULISES

Somos de raza de Itaca, de Ilios venimos después de destruir la ciudad, y los vientos marinos nos han empujado y traído a tu tierra, Cíclope.

CÍCLOPE

¿Los que perseguisteis el rapto de la pésima Helena, hasta la ciudad de Ilios vecina del Escamandro?

ULISES

Ésos, después de soportar un terrible trabajo.

CÍCLOPE

Mala campaña, los que por una sola mujer habéis navegado hasta la tierra de los frigios.

ULISES

Cosa de un dios. No acuso a mortal ninguno. Nosotros, ¡oh noble hijo del dios marino!, te suplicamos y te decimos abiertamente que no sufras a los huéspedes que han llegado a tu cueva matar y servir de impío alimento a tus quijadas, nosotros que, ¡oh rey!, a tu padre sedes de templos hemos respetado en los repliegues de la tierra de Grecia.

[...]

Ley es para los mortales, si razones rechazas, recibir a los suplicantes castigados por el mar y darles los dones de hospitalidad y suministrarles vestidos, y no atravesar sus miembros en barras de asar terneros y llenarte con ellos vientre y boca. [...] Hazme caso, Cíclope; deja lo cruel de tu mandíbula, y lo piadoso toma en vez de lo impío, pues a muchos el provecho malo castigo se les volvió.

SILENO

Quiero darte un consejo: de las carnes de éste nada dejes. Si te comes su lengua, diserto te harás y oradorcísimo, Cíclope.

CÍCLOPE

Hombrecillo, para los sabios el provecho es dios. Lo demás, vanidades y adornos de palabras. [...] Yo, extranjero, no temo el rayo de Zeus, ni sé por qué Zeus es un dios mejor que yo. Lo demás no me importa. [...] La tierra, por fuerza, si quiere como si no quiere, da a luz la yerba que engorda a mis ovejas. Y yo no las sacrifico sino para mí, que no a ningún dios, y para este vientre, que es el mayor de los dioses.

Comer y beber todos los días, ése es el dios supremo de los hombres sabios, y no darse pena ninguna. [...] Yo no dejaré de hacer bien a mi alma y devorarte a ti. Dones de hospitalidad tendrás, para que yo esté sin remordimiento: este fuego de mi padre y la caldera que hervida contendrá bien tu carne. Mas pasad adentro, junto al dios del corral, para que estéis alrededor del altar y me sirváis para pasarlo bien.

El Cíclope entra a la cueva seguido de Ulises y sus hombres.

ULISES

Al entrar.

¡Ay, ay! De los trabajos de Troya me libré y de los del mar, pero ahora de un hombre impío he encontrado la mente y el equivocado corazón. ¡Oh Palas! ¡Diosa, señora, hija de Zeus! Ahora, ahora, acórreme...


CORO (vv. 356 - 374)

CORIFEO

De tu ancha garganta, ¡oh Cíclope!, abre la puerta de tu labio: listos para ti, cocidos y asados, golosinas de la brasa para roer, puedes trinchar los miembros de los extranjeros, en una peluda piel de cabra recostado. No, no me delates: trae sólo tú para mí solo la barca de navegar. Y adiós este corral, y adiós de víctimas sin altar los sacrificios del Cíclope del Etna, que las carnes de sus huéspedes disfruta devorando.

Cruel es, ¡ay de mí!, el que los huéspedes de su casa, suplicantes de su hogar, sacrifica, trincha y roe, y cocidos desmenuza con criminales dientes carnes de hombres calientes a la brasa.


EPISODIO III: El Horror y el Plan (vv. 375 - 482)

ULISES sale de la cueva, pálido y horrorizado.

ULISES

Zeus, ¿qué diré cuando he visto en la cueva cosas horrendas e increíbles, que a cuentos se parecen, no a obras de hombre?

CORIFEO

¿Qué sucede, Ulises? ¿Se está merendando a tus queridos compañeros el muy impío Cíclope?

ULISES

Dos; los examinó y se los llevó en sus manos, los que estaban en mejores carnes. [...] Después que entramos en la roca, lo primero encendió fuego, de alta encina tronchos echando en el amplio hogar, como para cargar tres carros. [...] Agarró dos hombres, y degolló a uno de mis compañeros en orden y echóle al hueco de la caldera de bronce forjado, mas al otro, le cogió del pie y le dio un golpe contra un agudo filo de la roca, y los sesos se derramaron...

Y yo, infeliz de mí, de mis ojos derramando lágrimas, acerquéme al Cíclope y le servía. [...] Y después que saciado de carne de mis compañeros se dejó caer, y soltó un profundo regüeldo, se me ocurrió una cosa divina: llené la copa de vino de Marón y se la alargué a él a beber diciendo: —«Hijo del dios marino, Cíclope, mira esta de las viñas divina bebida, orgullo de Dioniso, que Grecia te envía»—.

[...] Cuando yo vi que le había gustado, le di otra copa, sabiendo que el vino le heriría y pronto nos pagaría el castigo. Y se puso a cantar, y yo le serví una tras otra. Cantaba entre mis llorosos compañeros sin ningún arte. Salí yo en silencio, y quiero que nos salvemos yo y tú, si quieres.

CORIFEO

Dinos el castigo que tienes para este dañino animal y la escapatoria de tu esclavitud.

ULISES

Le quitaré de ir a la fiesta con sus hermanos. Y cuando se duerma vencido por Baco, un tronco de olivo hay en la casa cuya punta aguzaré con esta espada, y lo meteré en el fuego. En cuanto quemado lo vea, lo levantaré ardiendo y en medio del ojo del Cíclope lo meteré y se lo derretiré.

CORIFEO

¡Ay, ay! ¡Qué alegría! ¡Estamos locos con esta invención! ¿Hay modo de que yo agarre del madero que le ciegue los ojos? La carga de cien carros levantaría si del Cíclope al ojo damos humazo como a un avispero.

ULISES

Callad ahora. Yo, dejando a mis amigos los que están dentro, no voy a salvarme solo. Mas no es justo que deje a mis amigos para salvarme solo.


EPISODIO IV: La Embriaguez (vv. 483 - 589)

Sale el CÍCLOPE de la cueva, tambaleándose, visiblemente borracho, con un vaso en la mano. SILENO le sigue, también algo bebido.

CÍCLOPE

¡Oh, oh, oh! Lleno estoy de vino, y con la comida florezco de juventud, como un barco mercante lleno hasta el puente de la barriga. [...] Venga, forastero, venga, dame el pellejo.

ULISES

Cíclope, oye, que yo de este Baco soy el experto, del que te di a beber.

CÍCLOPE

¿Y Baco qué clase de dios es?

ULISES

El mayor para alegrar la vida de los hombres.

CÍCLOPE

Yo le estoy eructando con buen sabor.

ULISES

Tal es el dios: a ningún mortal hace daño.

[...]

ULISES

Pues quédate aquí, bebe y disfruta, Cíclope.

CÍCLOPE

¿No puedo dar a mis hermanos de esta bebida?

ULISES

Si la guardas para ti, parecerás más honrado. Las fiestas terminan en puñadas y en disputas e insultos.

CÍCLOPE

Bebamos, nadie puede ni tocarme.

ULISES

Amigo, el que está bebido tiene que quedarse en casa.

CÍCLOPE

¿Qué haré, Sileno? ¿Te parece a ti que me quede?

SILENO

Parece que sí. ¿Para qué necesitas de otros convivas, Cíclope? Recuéstate ahora y pon tu costado en el suelo.

CÍCLOPE

Acomodándose.

Tú, extranjero: díme el nombre con que hay que llamarte.

ULISES

Nadie: ¿por qué favor tengo que alabarte?

CÍCLOPE

De todos tus compañeros, el último te devoraré.

SILENO

Buen favor haces al extranjero, Cíclope.

CÍCLOPE

A Sileno.

¡Echa! Lléname la copa. Dámelo ya.

SILENO

Pon ahora el codo con gracia y después bebe, según me ves bebiendo... y no me ves.

Sileno bebe a escondidas.

CÍCLOPE

¡Ah, ah! ¿Qué haces?

SILENO

Bien me ha sabido esta copa grande.

CÍCLOPE

A Ulises.

Toma, extranjero, sé tú mi copero.

ULISES

Toma, bebe y no dejes nada. Con el vino tiene que acabar el que da esos tragos.

CÍCLOPE

Bebe profundamente.

¡Ay, ay! Empiezo a cabecear. El cielo me parece que mezclado con la tierra da vueltas, y el trono de Zeus veo. [...] Me gustan más los mancebos que las muchachas. Mira a Sileno. ¡Por las Gracias! Bastante descansaría teniendo a ese Ganimedes.

SILENO

¿Yo soy el Ganimedes de Zeus, Cíclope?

CÍCLOPE

Sí, por Zeus, que le rapto yo de la tierra de Dárdano.

El Cíclope agarra a Sileno y se lo lleva a rastras dentro de la cueva.

SILENO

¡Estoy perdido, muchachos, voy a sufrir horribles males!


EXODO: La Ceguera y la Huida (vv. 590 - 709)

ULISES

¡Vamos, hijos de Dioniso, nobles muchachos! Dentro está el hombre. Entregado al sueño, pronto de su criminal gaznate echará la carne. Se prepara nada menos que a quemar el ojo del Cíclope, pero has de ser hombre.

[...]

¡Hefesto, rey del Etna, de tu mal vecino quema el ojo brillante y quítatelo de en medio de una vez!

CORO

En voz baja y rítmica.

El cuello agarrará con fuerza el cangrejo del que devora a los forasteros, y pronto con el fuego quemará su luciente iris...

ULISES

Saliendo un momento de la cueva.

Callaos, por los dioses, animales; estaos quietos. Ni respirar os dejaré para que no se despierte ese monstruo antes que del ojo del Cíclope la vista se borre con el fuego.

CORIFEO

Callémonos y traguémonos el resuello de nuestras bocas.

ULISES

Ea, pues: a coger con vuestras manos el madero allá dentro, que ya está bien rojo.

CORIFEO 1

Nosotros estamos demasiado lejos, junto a la puerta...

CORIFEO 2

Nosotros nos hemos quedado cojos hace un momento.

CORIFEO 3

Lo mismo nos pasa a nosotros, las piernas se nos han distendido...

ULISES

¡Hombres cobardes éstos, cobardes aliados! De mis propios amigos habré de servirme. Si nada puedes con tu brazo, animadnos llevando el compás.

CORIFEO

Así lo haré: en cabeza ajena me las den todas. ¡Eh, eh! Empujad valientes, adelante, quemadle la ceja al monstruo... ¡Dale vueltas, tira, mira!

CÍCLOPE

Desde dentro de la cueva.

¡Ay de mí, que me han hecho carbón mi ojo relampagueante!

CORIFEO

Hermoso himno. ¡Cántamelo, Cíclope!

CÍCLOPE

Saliendo, ciego y tambaleante, buscando la salida.

¡Ay de mí, que me han engañado, me han matado! Nadie me ha matado.

CORIFEO

¿Nadie entonces te ha molestado?

CÍCLOPE

Nadie me ha cegado mi ojo.

CORIFEO

¿Entonces no estás ciego?

CÍCLOPE

Te burlas. ¿Dónde está Nadie?

CORIFEO

En ninguna parte, Cíclope.

CÍCLOPE

El extranjero me ha matado; el maldito, que con darme bebida me ha hundido.

CORIFEO

¿Han huido o están dentro de casa?

CÍCLOPE

¿De qué lado?

CORIFEO

A tu derecha... No, de ésta digo... Hacia allá, a la izquierda.

CÍCLOPE

Golpeándose contra las rocas.

¡Ay, os reís de mí! Me hacéis burla en la desgracia.

ULISES

Desde lejos, ya cerca de la nave.

¡Malvado!: ¿dónde estás? Lejos de ti, que buena guardia pongo a Ulises.

CÍCLOPE

¿Qué dices? ¿Has cambiado de nombre?

ULISES

Ulises es el que me puso mi padre. Me tenías que pagar la pena por tu impío banquete.

CÍCLOPE

¡Ay, ay! Se cumple un viejo oráculo. Pero tú también pagarás la pena navegando mucho tiempo en el mar.

ULISES

Que gimieras te deseé y cumplí lo que anunciara. Yo me voy a la orilla.

CÍCLOPE

No, porque arrancaré esta roca y te la arrojaré para machacarte. Me voy hacia allá arriba, aunque estoy ciego.

CORIFEO

Y nosotros, que marineros de Ulises somos, en lo sucesivo volveremos a servir a Baco.

Salen todos. Cae el telón.