El Cíclope
de Eurípides
El
Cíclope no solo es una pieza fundamental por ser el único drama satírico que
conservamos íntegro, sino porque representa ese "alivio cómico" y
transgresor que cerraba las densas trilogías trágicas en las Grandes Dionisias.
A continuación, una introducción analítica seguida del libreto íntegro,
editado para una legibilidad teatral óptima (estilo libreto profesional),
respetando la versificación original indicada en el texto.
La Risa en las Sombras del Etna
El
Cíclope de Eurípides es una joya solitaria en la historia del teatro. En la
Atenas del siglo V a.C., tras tres tragedias que exploraban el dolor y el
destino, el público recibía el drama satírico. Esta
pieza toma el conocido episodio del Canto IX de la Odisea y lo
subvierte: el horror del gigante antropófago se mezcla con la cobardía lasciva
de Sileno y el caos del coro de Sátiros.
Claves de esta Obra
- La Tensión entre Civilización y Barbarie:
Mientras Ulises (Odiseo) representa la metis (astucia)
y la ley de la hospitalidad griega, Polifemo encarna una amoralidad brutal
que desprecia a los dioses y solo rinde culto a su propio vientre.
- El Elemento Báquico: La inclusión de Sileno y
sus hijos convierte el relato épico en una farsa. El vino no es solo una
herramienta de engaño, sino un personaje que devuelve a los sátiros su
libertad frente a la esclavitud "doméstica" del Cíclope.
- El Tono: Eurípides utiliza un lenguaje que bascula
entre la elegancia retórica de Ulises y la crudeza escatológica del
Cíclope, logrando una parodia que humaniza (y ridiculiza) el mito heroico.
EL CÍCLOPE
de
Eurípides
Personajes:
- SILENO: Dios y padre de los Sátiros.
- CORO DE SÁTIROS.
- ULISES (ODISEO): Rey de Ítaca.
- EL CÍCLOPE (POLIFEMO).
Escena:
Las
rocas de la ladera del Etna, junto al mar. Se ve la entrada de la cueva donde
el Cíclope vive y guarda sus rebaños.
PRÓLOGO (vv. 1 - 40)
SILENO
Con
un rastrillo de hierro, barriendo frente a la cueva.
¡Oh Bromio, por ti paso infinitos trabajos ahora y también cuando en la
juventud mi cuerpo era fuerte! Primero cuando enloquecido por Hera dejaste a
tus nodrizas las ninfas de la montaña; después cuando en la batalla contra los
hijos de la Tierra, con la lanza a tu diestra, mi escudo junto al tuyo,
atravesé el escudo de mimbre por el medio y maté a Encélado. Pero ¿fue esto un
sueño? No, pardiez, que le he mostrado a Baco los despojos.
Ahora aguanto un trabajo mayor que aquéllos, porque Hera ha suscitado
contra ti la raza de piratas etruscos para que fueses vendido muy lejos, y yo,
que lo he sabido, navego con mis hijos a ti a buscar. Y en la misma popa yo
timoneaba agarrado al redondo madero, y mis hijos sentados al remo el mar
verdiazul hacían blanquear en remolinos, y te buscaban, ¡oh rey!
Y
cuando ya habíamos navegado hasta Malea, el viento del Este sopló sobre el
mástil, y nos echó contra esta roca del Etna, donde habitan los hijos del dios marino
que no tienen más que un ojo, los Cíclopes matadores de hombres, que habitan
cuevas desiertas. Presos de uno de éstos, somos sus esclavos domésticos. Al que
servimos le llaman Polifemo. En lugar de danzas báquicas apacentamos los
rebaños de un impío Cíclope.
Mis hijos en las faldas de las colinas apacentan recentales, ellos que
son jóvenes; yo de llenar los abrevaderos y barrer la casa tengo orden, y al
impío Cíclope le sirvo en sus criminales comidas. Pero ahora por necesidad
tengo que obedecer y barrer la casa con este rastrillo de hierro para que a mi
señor el Cíclope, que está fuera y a sus rebaños los reciba yo con la cueva
limpia.
Mira
hacia afuera.
Ya veo a mis hijos empujando hacia acá sus rebaños. ¿Qué pasa? Pero
¿hacéis el mismo ruido de danzas ahora que cuando a Baco en sus fiestas en las casas
de Altea le hacíais procesión moviéndolos al son de las canciones de las liras?
PARODOS (vv. 41 - 81)
CORO
¿Adónde
de nobles padres y de nobles madres, adónde te me irás, a qué rocas? ¿No será
aquí, donde el suave viento y la yerba verde, y el agua arremolinada de los
ríos descansa en los bebederos junto a las cuevas, donde por ti balan las crías?
¡Aho!
¿Pacerás esto no, no esto, la ladera mojada de rocío? ¡Eh! Te voy a tirar una
piedra; vete, vete, cornudo, al establo de las ovejas, del Cíclope campestre.
Las ubres henchidas suelta, da acceso a las crías, a las hembras que dejas en las alcobas de los carneros. Te echan
de menos los suaves balidos de las crías pequeñas.
¿Entrarás
a la cueva de las rocas del Etna, después de dejar los florecientes pastos de
yerba? Esto no son, Bromio, ni danzas ni bacantes con tirsos, ni gritos con
panderos, ni de vino ardientes gotas en las fuentes que dan agua, ni remolinos
de las ninfas. Báquica canción canto a Afrodita, y por seguirla danzaba con las bacantes de blancos pies. Querido, querido Baco, ¿dónde
solitario sacudes tu rubia cabellera? Yo tu servidor sirvo al Cíclope de un
solo ojo, siervo errante con este inútil capote de piel de macho cabrío,
separado de tu amistad.
EPISODIO I (vv. 82 - 202)
SILENO
Susurrando
con urgencia.
Callad, hijos míos, y en las cuevas rocosas mandad a los servidores que
reúnan los rebaños.
CORIFEO
Andad, ¿pero qué prisa, padre, tienes?
SILENO
Veo junto a la orilla el casco de una nave griega y a los dueños del
remo con un jefe caminando hacia esta cueva, y junto al cuello llevan cacharros
vacíos, les falta comida, y cántaros para agua. ¡Desgraciados forasteros!
¿Quiénes serán? No saben el señor Polifemo cómo es, cuando en esta cueva cruel
se meten y a la mandíbula del Cíclope devoradora de hombres tienen la
mala suerte de llegar... pero estaos callados para que sepamos de dónde llegan
a la roca del Etna siciliano.
Entran
ULISES y sus compañeros cargando odres y vasijas.
ULISES
Extranjero,
¿podríais decirnos dónde en la corriente de un río hallaríamos remedio a
nuestra sed? ¿Quiere alguien vender comida a unos marinos necesitados? ¿Qué es
esto? Parece que nos hemos metido en la ciudad de Bromio, pues veo este grupo
de sátiros junto a la cueva. Salve, digo primero al más respetable.
SILENO
Salve,
forastero: dinos quién eres y tu patria.
ULISES
Ulises
de Itaca, rey del país de los cefalonios.
SILENO
Ya sé de este hombre, fuerte charlatán, raza de Sísifo.
ULISES
Ése
soy yo, pero no insultes.
SILENO
¿Ande
has venido navegando a Sicilia?
ULISES
Desde
Ilios y los trabajos troyanos.
SILENO
¿Cómo?
¿Has perdido la derrota de tu tierra patria?
ULISES
Las
tormentas de vientos me han traído aquí a la fuerza.
SILENO
¡Hola!
Aguantas el mismo destino que yo.
ULISES
¿Qué
también tú has sido traído aquí a la fuerza?
SILENO
Persiguiendo
a los piratas que habían raptado a Bromio.
ULISES
¿Qué
país es éste y quiénes lo habitan?
SILENO
En
la orilla del Etna, el más alto monte de Sicilia.
ULISES
¿Dónde
están las murallas y las torres de la ciudad?
SILENO
No
las hay: las montañas están desiertas de hombres, forastero.
ULISES
¿Y
quiénes ocupan la tierra? ¿Alguna especie de alimañas?
SILENO
Cíclopes
que habitan cuevas y no casas.
ULISES
¿Y
a quién obedecen? ¿Acaso hay democracia?
SILENO
Son
nómadas, y nadie obedece a nadie.
ULISES
¿Siembran
la espiga de Ceres o de qué viven?
SILENO
De
leche y de quesos y de comer ovejas.
ULISES
¿Y tienen la bebida de Bromio, el jugo de viña?
SILENO
Nada de eso, pues habitan tierra triste.
ULISES
¿Sois hospitalarios y píos con los forasteros?
SILENO
Dicen que los forasteros traen carne sabrosísima.
ULISES
¿Qué dices? ¿Les gusta la carne humana?
SILENO
Nadie vino aquí que no le hayan degollado.
ULISES
¿Y el Cíclope dónde está? ¿Dentro de su casa?
SILENO
Se
ha ido hacia el Etna, cazando fieras con sus perros.
ULISES
¿Sabes
lo que hay que hacer para que nos vayamos de esta tierra?
SILENO
No
sé, Ulises; por ti haríamos todo.
ULISES
Véndenos
pan, que andamos escasos.
SILENO
No
hay, como he dicho, sino carne.
ULISES
Buena
es y contiene el hambre.
SILENO
También
hay queso con jugo de higos y leche de vaca.
ULISES
Sacadlo,
porque las compras se deben hacer con luz.
SILENO
Y di, ¿cuánto oro nos pagarás?
ULISES
No traigo oro, sino la bebida de Dioniso.
SILENO
Excitado.
¡Dices cosas amabilísimas, que nos faltan hace mucho!
ULISES
Pues Marón me ha dado esta bebida, hijo del dios.
SILENO
¿El que yo crié antaño en estos brazos?
ULISES
El hijo de Baco, para que te enteres bien.
SILENO
¿Está en las tablas del barco o lo traes tú?
ULISES
¿Este pellejo que lo guarda, lo ves, viejo?
SILENO
Con eso no tengo yo ni para llenar el gaznate.
ULISES
Dos veces el líquido que salga, este pellejo guarda.
SILENO
Buena fuente has dicho, y agradable para mí.
ULISES
¿Quieres
que te dé a probar primero vino puro?
SILENO
Justa
cosa, pues la prueba hace la venta.
ULISES
Sacando
un vaso.
Traigo
un vaso con el pellejo.
SILENO
Trae
y escáncialo con gluglú, para que recuerde yo esto de beber.
ULISES
Toma.
Le
sirve.
SILENO
Huele.
¡Huy!
¡Qué buen olor tiene!
ULISES
¿Lo
has visto?
SILENO
No,
que lo estoy oliendo.
ULISES
Prueba
ahora, para que no lo ensalces sólo de palabra.
SILENO
Bebe
un gran trago.
¡Ay! A bailar me exhorta Baco. ¡Ah, ah, ah!
ULISES
¿Qué, ha hecho bien gluglú en tu garganta?
SILENO
Me ha llegado hasta el extremo de las uñas.
ULISES
Además de esto te daremos moneda.
SILENO
Suelta sólo el pellejo, déjate de dinero.
ULISES
Sacad ahora quesos o crías de ovejas.
SILENO
Entrando
a la cueva.
Lo haré así, dándoseme poco de mi señor. Por beber una sola copa me
volvería loco y daría en cambio los rebaños de todos los Cíclopes, y me tiraría al mar desde una roca resbaladiza, una vez borracho,
desarrugado el entrecejo. ¡Cómo el que bebe y no goza está loco, cuando se
puede levantar esto y agarrar un pecho y el dispuesto prado tocar con las dos
manos, y danzar olvidando desgracias! ¿No compraré, pues, esta bebida, mandando
a llorar la insensatez del Cíclope y su ojo único?
CORIFEO
Oye,
Ulises, te queremos decir algo.
ULISES
Venís
como amigos a un amigo.
CORIFEO
¿Tomasteis
Troya y la sumisa Helena?
ULISES
Y
hemos destruido toda la casa de los priámidas.
CORIFEO
Pues
cuando habéis conquistado a la muchacha, ¿no la habéis disfrutado todos puesto
que le gusta casarse con muchos? La traidora, que los pantalones de colores vio
en las piernas y el collar de oro que llevaba al cuello, salió de mí y al
mamarracho de Menelao, que era mejor, dejó. ¡Nunca la raza de las mujeres debió
nacer... sino para mí solo!
SILENO
Saliendo
de la cueva con suministros.
Aquí
tenéis vosotros estos corderos, rey Ulises, crías de bajadores carneros, y no
escasos quesos de leche cuajada. Lleváoslo y marchaos cuanto antes de estas
cuevas, en cuanto me deis la bebida del racimo de Baco.
Se
oye un estruendo de pasos gigantescos.
¡Ay
de mí! Aquí viene el Cíclope. ¿Qué haremos?
ULISES
Estamos
perdidos, viejo: ¿por dónde hay que huir?
SILENO
Dentro
de esa roca, donde os podéis esconder.
ULISES
Cosa horrible has dicho: meternos en las redes.
SILENO
No
es horrible: hay muchas salidas de la roca.
ULISES
No,
no. Mucho que gemiría Troya si yo huyese de este hombre solo, cuando gente
infinita de frigios aguanté muchas veces con mi escudo. Mas si hay que morir, muramos noblemente, y si vivo salvaré mi fama
de antes.
EPISODIO II: El Encuentro con el Monstruo
(vv. 203 - 482)
Entra
el CÍCLOPE. Es una figura colosal y aterradora.
CÍCLOPE
Vamos:
¡paso! ¿Qué es esto? ¿Qué libertad es ésta? ¿Qué bailáis? Esto no es Dioniso ni
panderetas de bronce ni golpes de tambor. ¿Cómo están en la cueva mis crías
recién nacidas? ¿Están en la teta debajo del costado de sus madres? ¿En los
cestillos de junco está la cantidad de quesos ordeñados? ¿Qué decís? ¿Qué
habláis? ¡Me parece que alguno de vosotros con el palo va a soltar
lágrimas! Mirad arriba y no hacia abajo.
CORIFEO
Ea, ya estamos mirando al mismo Zeus, y estoy viendo las estrellas y
Orion.
CÍCLOPE
¿Ande
está la comida? ¿Está bien preparada?
CORIFEO
Ahí
está. No falta más que preparar la garganta.
CÍCLOPE
¿Y
también están las colodras llenas de leche?
CORIFEO
Tanto
que puedes beberte, si quieres, una tinaja entera.
CÍCLOPE
¿De
oveja, de vaca o mezclada?
CORIFEO
La
que quieras tú, con tal que no te me tragues a mí.
CÍCLOPE
De
ninguna manera: en mi barriga saltando, me matarías con esas danzas.
Ve
a Ulises y sus hombres.
¡Hola!
¿Qué gente veo en el corral? ¿Qué piratas o ladrones han llegado
a esta tierra? Veo aquí estos corderos de mis cuevas atados con juncos
retorcidos y revueltos los quesos, y al viejo con la cara y la calva hinchada
de golpes.
SILENO
Fingiendo
dolor.
¡Ay
de mí! Ardo de fiebre de los palos.
CÍCLOPE
¿De
quién? ¿Quién te ha dado puñetazos en la cabeza, viejo?
SILENO
Éstos, Cíclope, porque no permitía se llevaran lo tuyo.
CÍCLOPE
¿No sabían que yo era un dios descendiente de dioses?
SILENO
Ya
les decía yo esto. Pero ellos se llevaban los rebaños y se comían el queso, que
no les permitía yo, y se llevaban los corderos. A ti, que te atarían con una
cincha de tres codos por medio del ombligo decían, y que te sacarían a la fuerza las tripas y que te pelarían bien la espalda
con un azote y después que te atarían y en los bancos de la nave te echarían y
te venderían a alguien para que arrancases piedra o te pusieran a una rueda de
molino.
CÍCLOPE
¿De
veras? ¿No vas corriendo a afilar cuchillos y espadas, y a encender un gran haz
de leña? Para degollarlos en seguida y que llenen mi vientre; de la brasa
comeré comida caliente, distinta de lo que se suele, y de calderas, cocidas y
blanda. ¡Qué harto estoy de comida de monte! Basta de comer leones y ciervos;
se me ha olvidado el gusto de la carne humana.
SILENO
Señor,
la novedad es más agradable que la costumbre. Últimamente, en verdad, no han
llegado forasteros a tu cueva.
ULISES
Dando
un paso adelante.
Cíclope:
escucha también a los forasteros. Nosotros en necesidad, por comprar comida nos
hemos acercado a tu cueva desde nuestra nave. Y éste los corderos por un
pellejo de vino nos vendió y cedió, recibiendo bebida, por su voluntad y la
nuestra, y ninguna fuerza ha habido en ello. Éste nada de lo que dice es
verdad, pues hasle sorprendido vendiendo a escondidas lo tuyo.
SILENO
¿Yo?
Así te mueras.
ULISES
Si
miento.
SILENO
Jurando
falsamente.
Por Poseidón el que te ha engendrado, Cíclope, por el gran
Tritón y Nereo, por Calipso y las hijas de Nereo, por las sagradas olas y toda
la raza de los peces, te juro, hermosísimo ciclopito, señorín mío, que yo no
vendía tus cosas a los extranjeros. O que estos miserables hijos míos perezcan
miserablemente, los que yo más quiero.
CORIFEO
Detente.
Yo mismo a los extranjeros las cosas vendiendo te he visto. Y si digo
mentira que se muera mi padre; no ofendas a los extranjeros.
CÍCLOPE
Mentís:
yo de éste más que de Radamanto me fío, y digo que más justo es. Quiero
preguntar: ¿de dónde venís, extranjeros? ¿De dónde sois, qué ciudad os ha
creado?
ULISES
Somos
de raza de Itaca, de Ilios venimos después de destruir la ciudad, y los vientos
marinos nos han empujado y traído a tu tierra, Cíclope.
CÍCLOPE
¿Los
que perseguisteis el rapto de la pésima Helena, hasta la ciudad de Ilios vecina
del Escamandro?
ULISES
Ésos,
después de soportar un terrible trabajo.
CÍCLOPE
Mala
campaña, los que por una sola mujer habéis navegado hasta la tierra de los
frigios.
ULISES
Cosa
de un dios. No acuso a mortal ninguno. Nosotros, ¡oh noble hijo del dios
marino!, te suplicamos y te decimos abiertamente que no sufras a los huéspedes
que han llegado a tu cueva matar y servir de impío alimento a tus quijadas,
nosotros que, ¡oh rey!, a tu padre sedes de templos hemos respetado en los repliegues de la tierra de Grecia.
[...]
Ley es para los mortales, si razones rechazas, recibir a los suplicantes
castigados por el mar y darles los dones de hospitalidad y suministrarles
vestidos, y no atravesar sus miembros en barras de asar terneros y llenarte con
ellos vientre y boca. [...] Hazme caso, Cíclope; deja lo cruel de tu mandíbula,
y lo piadoso toma en vez de lo impío, pues a muchos el provecho malo castigo se
les volvió.
SILENO
Quiero
darte un consejo: de las carnes de éste nada dejes. Si te comes su lengua,
diserto te harás y oradorcísimo, Cíclope.
CÍCLOPE
Hombrecillo,
para los sabios el provecho es dios. Lo demás, vanidades y adornos de palabras.
[...] Yo, extranjero, no temo el rayo de Zeus, ni sé por qué Zeus es un dios mejor que yo. Lo demás no me importa. [...] La tierra, por fuerza, si quiere como si no quiere, da a luz la yerba que
engorda a mis ovejas. Y yo no las sacrifico sino para mí, que no a ningún dios,
y para este vientre, que es el mayor de los dioses.
Comer
y beber todos los días, ése es el dios supremo de los hombres sabios, y no
darse pena ninguna. [...] Yo no dejaré de hacer bien a mi alma y devorarte a ti. Dones de hospitalidad tendrás, para que yo esté sin
remordimiento: este fuego de mi padre y la caldera que hervida contendrá bien tu carne. Mas pasad adentro, junto al dios del
corral, para que estéis alrededor del altar y me sirváis para pasarlo bien.
El
Cíclope entra a la cueva seguido de Ulises y sus hombres.
ULISES
Al
entrar.
¡Ay,
ay! De los trabajos de Troya me libré y de los del mar, pero ahora de un hombre impío he encontrado la mente y el equivocado corazón. ¡Oh Palas!
¡Diosa, señora, hija de Zeus! Ahora, ahora, acórreme...
CORO (vv. 356 - 374)
CORIFEO
De
tu ancha garganta, ¡oh Cíclope!, abre la puerta de tu labio: listos para ti,
cocidos y asados, golosinas de la brasa para roer, puedes trinchar los miembros de los extranjeros, en una peluda piel de cabra
recostado. No, no me delates: trae sólo tú para mí solo la barca de
navegar. Y adiós este corral, y adiós de víctimas sin altar los sacrificios del
Cíclope del Etna, que las carnes de sus huéspedes disfruta devorando.
Cruel es, ¡ay de mí!, el que los huéspedes de su casa,
suplicantes de su hogar, sacrifica, trincha y roe, y cocidos desmenuza con
criminales dientes carnes de hombres calientes a la brasa.
EPISODIO III: El Horror y el Plan (vv. 375 -
482)
ULISES
sale de la cueva, pálido y horrorizado.
ULISES
Zeus,
¿qué diré cuando he visto en la cueva cosas horrendas e increíbles, que a
cuentos se parecen, no a obras de hombre?
CORIFEO
¿Qué
sucede, Ulises? ¿Se está merendando a tus queridos compañeros el muy
impío Cíclope?
ULISES
Dos; los examinó y se los llevó en sus manos, los que estaban en mejores
carnes. [...] Después que entramos en la roca, lo primero encendió fuego, de
alta encina tronchos echando en el amplio hogar, como para cargar tres carros.
[...] Agarró dos hombres, y degolló a uno de mis compañeros en orden y
echóle al hueco de la caldera de bronce forjado, mas al otro, le cogió del pie
y le dio un golpe contra un agudo filo de la roca, y los sesos se derramaron...
Y
yo, infeliz de mí, de mis ojos derramando lágrimas, acerquéme al Cíclope y le
servía. [...] Y después que saciado de carne de mis
compañeros se dejó caer, y soltó un profundo regüeldo, se me ocurrió una cosa
divina: llené la copa de vino de Marón y se la alargué a él a beber
diciendo: —«Hijo del dios marino, Cíclope, mira esta de las viñas divina
bebida, orgullo de Dioniso, que Grecia te envía»—.
[...]
Cuando yo vi que le había gustado, le di otra copa, sabiendo que el vino le heriría y pronto nos pagaría el castigo. Y se puso a cantar, y
yo le serví una tras otra. Cantaba entre mis llorosos
compañeros sin ningún arte. Salí yo en silencio, y quiero que nos salvemos yo y
tú, si quieres.
CORIFEO
Dinos
el castigo que tienes para este dañino animal y la escapatoria de tu
esclavitud.
ULISES
Le
quitaré de ir a la fiesta con sus hermanos. Y cuando se duerma vencido por Baco, un tronco de olivo hay en la casa cuya punta aguzaré con
esta espada, y lo meteré en el fuego. En cuanto quemado lo vea, lo levantaré
ardiendo y en medio del ojo del Cíclope lo meteré y se lo derretiré.
CORIFEO
¡Ay, ay! ¡Qué alegría! ¡Estamos locos con esta invención! ¿Hay modo de
que yo agarre del madero que le ciegue los ojos? La carga de cien carros
levantaría si del Cíclope al ojo damos humazo como a un avispero.
ULISES
Callad ahora. Yo, dejando a mis amigos los que están dentro, no voy a
salvarme solo. Mas no es justo que deje a mis amigos para salvarme solo.
EPISODIO IV: La Embriaguez (vv. 483 - 589)
Sale
el CÍCLOPE de la cueva, tambaleándose, visiblemente borracho, con un vaso en la
mano. SILENO le sigue, también algo bebido.
CÍCLOPE
¡Oh, oh, oh! Lleno estoy de vino, y con la comida florezco de juventud,
como un barco mercante lleno hasta el puente de la barriga. [...] Venga,
forastero, venga, dame el pellejo.
ULISES
Cíclope, oye, que yo de este Baco soy el experto, del que te di a beber.
CÍCLOPE
¿Y Baco qué clase de dios es?
ULISES
El mayor para alegrar la vida de los hombres.
CÍCLOPE
Yo le estoy eructando con buen sabor.
ULISES
Tal es el dios: a ningún mortal hace daño.
[...]
ULISES
Pues quédate aquí, bebe y disfruta, Cíclope.
CÍCLOPE
¿No puedo dar a mis hermanos de esta bebida?
ULISES
Si la guardas para ti, parecerás más honrado. Las fiestas terminan en puñadas y en disputas e insultos.
CÍCLOPE
Bebamos,
nadie puede ni tocarme.
ULISES
Amigo,
el que está bebido tiene que quedarse en casa.
CÍCLOPE
¿Qué
haré, Sileno? ¿Te parece a ti que me quede?
SILENO
Parece
que sí. ¿Para qué necesitas de otros convivas, Cíclope? Recuéstate ahora y
pon tu costado en el suelo.
CÍCLOPE
Acomodándose.
Tú, extranjero: díme el nombre con que hay que llamarte.
ULISES
Nadie: ¿por qué favor tengo que alabarte?
CÍCLOPE
De todos tus compañeros, el último te devoraré.
SILENO
Buen favor haces al extranjero, Cíclope.
CÍCLOPE
A
Sileno.
¡Echa! Lléname la copa. Dámelo ya.
SILENO
Pon ahora el codo con gracia y después bebe, según me ves bebiendo... y
no me ves.
Sileno
bebe a escondidas.
CÍCLOPE
¡Ah, ah! ¿Qué haces?
SILENO
Bien me ha sabido esta copa grande.
CÍCLOPE
A
Ulises.
Toma, extranjero, sé tú mi copero.
ULISES
Toma, bebe y no dejes nada. Con el vino tiene que acabar el que da esos
tragos.
CÍCLOPE
Bebe
profundamente.
¡Ay, ay! Empiezo a cabecear. El cielo me parece que mezclado con la
tierra da vueltas, y el trono de Zeus veo. [...] Me gustan más los mancebos que
las muchachas. Mira a Sileno. ¡Por las Gracias!
Bastante descansaría teniendo a ese Ganimedes.
SILENO
¿Yo soy el Ganimedes de Zeus, Cíclope?
CÍCLOPE
Sí, por Zeus, que le rapto yo de la tierra de Dárdano.
El
Cíclope agarra a Sileno y se lo lleva a rastras dentro de la cueva.
SILENO
¡Estoy perdido, muchachos, voy a sufrir horribles males!
EXODO: La Ceguera y la Huida (vv. 590 - 709)
ULISES
¡Vamos, hijos de Dioniso, nobles muchachos! Dentro está el hombre.
Entregado al sueño, pronto de su criminal gaznate echará la carne. Se prepara
nada menos que a quemar el ojo del Cíclope, pero has de ser hombre.
[...]
¡Hefesto, rey del Etna, de tu mal vecino quema el ojo brillante y
quítatelo de en medio de una vez!
CORO
En
voz baja y rítmica.
El cuello agarrará con fuerza el cangrejo del que devora a los
forasteros, y pronto con el fuego quemará su luciente iris...
ULISES
Saliendo
un momento de la cueva.
Callaos, por los dioses, animales; estaos quietos. Ni respirar os dejaré
para que no se despierte ese monstruo antes que del ojo del Cíclope la vista se
borre con el fuego.
CORIFEO
Callémonos y traguémonos el resuello de nuestras bocas.
ULISES
Ea, pues: a coger con vuestras manos el madero allá dentro, que ya está
bien rojo.
CORIFEO
1
Nosotros estamos demasiado lejos, junto a la puerta...
CORIFEO
2
Nosotros nos hemos quedado cojos hace un momento.
CORIFEO
3
Lo mismo nos pasa a nosotros, las piernas se nos han distendido...
ULISES
¡Hombres
cobardes éstos, cobardes aliados! De mis propios amigos habré de servirme. Si
nada puedes con tu brazo, animadnos llevando el compás.
CORIFEO
Así
lo haré: en cabeza ajena me las den todas. ¡Eh, eh! Empujad valientes,
adelante, quemadle la ceja al monstruo... ¡Dale vueltas, tira, mira!
CÍCLOPE
Desde
dentro de la cueva.
¡Ay de mí, que me han hecho carbón mi ojo relampagueante!
CORIFEO
Hermoso himno. ¡Cántamelo, Cíclope!
CÍCLOPE
Saliendo,
ciego y tambaleante, buscando la salida.
¡Ay de mí, que me han engañado, me han matado! Nadie me ha matado.
CORIFEO
¿Nadie entonces te ha molestado?
CÍCLOPE
Nadie me ha cegado mi ojo.
CORIFEO
¿Entonces no estás ciego?
CÍCLOPE
Te burlas. ¿Dónde está Nadie?
CORIFEO
En ninguna parte, Cíclope.
CÍCLOPE
El extranjero me ha matado; el maldito, que con darme bebida me ha
hundido.
CORIFEO
¿Han huido o están dentro de casa?
CÍCLOPE
¿De qué lado?
CORIFEO
A tu derecha... No, de ésta digo... Hacia allá, a la izquierda.
CÍCLOPE
Golpeándose
contra las rocas.
¡Ay, os reís de mí! Me hacéis burla en la desgracia.
ULISES
Desde
lejos, ya cerca de la nave.
¡Malvado!: ¿dónde estás? Lejos de ti, que buena guardia pongo a Ulises.
CÍCLOPE
¿Qué dices? ¿Has cambiado de nombre?
ULISES
Ulises es el que me puso mi padre. Me tenías que pagar la pena por tu
impío banquete.
CÍCLOPE
¡Ay, ay! Se cumple un viejo oráculo. Pero tú también pagarás la pena
navegando mucho tiempo en el mar.
ULISES
Que gimieras te deseé y cumplí lo que anunciara. Yo me voy a la orilla.
CÍCLOPE
No, porque arrancaré esta roca y te la arrojaré para machacarte. Me voy
hacia allá arriba, aunque estoy ciego.
CORIFEO
Y nosotros, que marineros de Ulises somos, en lo sucesivo volveremos a
servir a Baco.
Salen
todos. Cae el telón.