
LOS 4 ESCALONES Y 1/2
(Helios Corporation)
Farsa cómica y cruel en un acto
LOS 4 ESCALONES Y 1/2 (Helios Corporation). © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0
SINOPSIS
JAVI, un hombre brillante, tierno y despistado, asume
el cargo de gerente de área en Helios, una corporación fúnebre y ultraconservadora
obsesionada con la homogeneidad. Para sobrevivir al tedio, Javi vive refugiado
en un universo onírico musicalizado por el jazz a través de sus enormes
audífonos. Sin embargo, su primer día se convierte en un torbellino delirante
cuando el espacio corporativo se transforma en una farsa teatral: un auto
oficial de cartón que no arranca, un medio escalón traicionero en la sala de
juntas y dos socios mayoritarios caricaturescos que operan como mantis
religiosas sedientas de clones grises. Apoyado por NOÉ, el magnético
jefe de mantenimiento y su cómplice secreto, y los mellizos NACHO y NACHA,
dos jóvenes que reflejan la vulnerabilidad y luz de su propia infancia, Javi
deberá arrojar los audífonos, plantarle cara a la tiranía de la intendencia y
tomar con una crueldad deliciosamente cómica las riendas de su propio destino
en una empresa que está a punto de perder la cabeza.
REPARTO Y CARACTERIZACIÓN
- JAVI (35 años) – El Gerente del Caos
- Caracterización: Brillante, tierno,
despistado y cómico sin proponérselo. Viste un traje gris corporativo que
le queda ligeramente grande, pero su marca personal son unos enormes
audífonos de diadema colgados al cuello; su escudo contra la realidad. Su
arco es el de un soñador que aprende a gobernar el mundo real sin
volverse gris.
- NOÉ, "NEO" (38 años) – El Cable
a Tierra
- Caracterización: Jefe de mantenimiento
técnico, contraparte y cómplice secreto de Javi. Es un mecánico de
magnetismo natural, alma generosa y calma imperturbable. Viste una
gabardina oscura desabotonada sobre una camiseta ajustada, gafas oscuras
de seguridad y una sonrisa torcida capaz de desarmar a cualquiera. Es el
refugio de Javi contra la hostilidad de la empresa.
- NACHO / Ignacio (22 años) – El Espejo de
la Dignidad
- Caracterización: Asistente directo de Javi
y mellizo de Nacha. Un muchacho respondón, de aspecto descuidado y algo
desaliñado, pero profundamente leal. Carga una armadura de chico rudo
debido a una vulnerabilidad a flor de piel que evoca la infancia
solitaria del propio Javi.
- NACHA / Ignacia (22 años) – La Luz
Infantil
- Caracterización: Encargada de archivo
muerto y compras menores. Viste un overol repleto de bolsillos y lleva el
pelo alborotado. Conserva intacto el encanto luminoso, juguetón y
fantástico de una niña de diez años. Su capacidad para transformar la
basura de la oficina en magia (y piñatas) le devuelve el alma al cuerpo a
Javi.
- DON ERNESTO y DOÑA CLARA – Las Gárgolas
Ejecutivas
- Caracterización: Socios mayoritarios de Helios.
Interpretados en clave de farsa desbordada y ridícula. Son dos
"momias corporativas" caricaturescas, paranoicas y afectadas
hasta el absurdo. Visten trajes grises idénticos y se mueven de forma
sincronizada, devorándose entre ellos con el arrobamiento letal de dos
mantis religiosas.
- DOÑA MARUJA – La Cancerbera del Mosaico
- Caracterización: La legendaria jefa de
intendencia y llaves. Una tirana operística que oscila entre lo temible y
el ridículo más hilarante. Lleva una cofia almidonada tipo tiara papal y
jergas amarradas a los zapatos para patinar sobre el pasillo encerado, el
cual defiende como su imperio absoluto con un atomizador de pino en la
cintura.
LOS PERSONAJES Y EL ESPACIO
ESCÉNICO
La historia es habitada por dos
bandos claramente contrastados en su tono actoral y plástico. Del lado
entrañable, tridimensional y humano está JAVI (treinta y cinco años), el
nuevo gerente de área: un hombre brillante, tierno, despistado y cómico sin
proponérselo, que viste un traje gris formal pero lleva siempre unos llamativos
audífonos de diadema colgados al cuello para sobrevivir al tedio corporativo
del cual, tras dejarse llevar por el caos, terminará tomando las riendas de su
destino. Su contraparte y cómplice secreto es NOÉ, a quien todos llaman NEO
(treinta y ocho años), el jefe de mantenimiento técnico: un mecánico con un
magnetismo natural y un alma generosa, que lleva una gabardina oscura de
trabajo desabotonada sobre su ropa de taller, barba cerrada, gafas oscuras de
seguridad y una media sonrisa capaz de desarmar a cualquiera. Junto a ellos
están los mellizos de veintidós años que funcionan como un espejo emocional de
la infancia de Javi: NACHO (Ignacio), su asistente directo, un muchacho
respondón, medio desaseado, leal y con una vulnerabilidad a flor de piel que
recuerda al propio Javi cuando era niño; y su melliza NACHA (Ignacia),
encargada del archivo muerto y compras menores, quien conserva intacto el
encanto luminoso, juguetón y fantástico de una niña de diez años. En el extremo
opuesto, interpretados en clave de farsa desbordada, cruel, ridícula y
delirante, están los villanos de la empresa: DON ERNESTO y DOÑA CLARA,
los socios mayoritarios, dos momias ejecutivas caricaturescas, paranoicas y
afectadas hasta el absurdo que habitan detrás de un ventanal esmerilado como
gigantescas siluetas de teatro de sombras; y DOÑA MARUJA, la legendaria
jefa de intendencia y llaves, una tirana operística de carne y hueso que oscila
entre lo temible y el ridículo más hilarante antes de revelar un inesperado
corazón de cómplice.
El escenario se divide en dos
niveles unidos por una geometría deliberadamente absurda sobre un piso de
losetas irregulares. En la planta baja, del lado izquierdo, se encuentra el
rincón del archivo muerto —con archiveros metálicos grises y carpetas apiladas—
que se funde con el sótano de mantenimiento, donde destaca en primer plano el
pequeño automóvil de combustión de Javi. Es un cochecito compacto construido de
forma evidente y encantadora en madera y cartón rígido pintado de blanco con
bordes dibujados, luciendo en la puerta el logotipo clásico de la compañía: «Helios:
A su servicio desde 1962». Al centro del escenario, justo debajo de la
estructura del piso superior, brilla el marco iluminado de la puerta que
conduce a la gerencia privada —el ansiado cuarto propio de Javi—, precedida por
un amplio pasillo resbaladizo custodiado como cancerbera por la intratable Doña
Maruja.
Del lado derecho se levanta una
escalera abierta de madera con barandal que sube hacia el segundo nivel. Aunque
cualquier espectador en su sano juicio puede contar nueve peldaños físicos en
la estructura, para los planos oficiales y la burocracia de la empresa se trata
estrictamente de una escalera de «4 escalones y 1/2», provocando que todo
empleado que la suba o la baje sufra un aparatoso traspié exactamente a la
mitad del recorrido debido a ese medio peldaño invisible y traicionero. Arriba
se extiende el Mezzanine Ejecutivo: un estrecho pasillo frontal con una puerta
blanca a la derecha —que funge como acceso al «Elevador exclusivo para
ejecutivos»— y, dominando todo el centro superior, una gran caja cerrada
por paneles verticales de cristal esmerilado iluminados desde adentro con
intensos reflectores fucsias, violetas y ámbar. Detrás de esa pantalla
translúcida despachan Don Ernesto y Doña Clara proyectando sus siluetas negras
y gigantescas a contraluz, gesticulando desde las alturas como dos gárgolas
atrapadas en una pecera luminosa.
PRÓLOGO
(Oscuridad total. El tic-tac metálico y
desquiciante de un reloj de oficina se acelera hasta parecer el motor de una
licuadora. ¡ZAS! Un reflector cenital blanco ilumina a JAVI en el centro, tieso
en su traje gris. Al público, a toda velocidad, como despertando de una
pesadilla, advierte: «El concreto de una oficina tiene hambre. Se alimenta de
minutos. De vidas que se canjean por un sueldo quincenal. Te piden que dejes el
corazón en la entrada y que seas un clon gris». El tic-tac estalla. JAVI se
clava los enormes audífonos en las orejas e, inmediatamente, ocurre un corte
seco del ruido y estalla un jazz luminoso y juguetón mientras la luz vira a un
púrpura eléctrico. JAVI sonríe, empieza a moverse con un ritmo ligero y
continúa su discurso: «Mis audífonos son mi traje de astronauta...» —justo en
ese instante, NACHA cruza como una exhalación en un patín del diablo, soplando
confeti y perdiéndose en la sombra— «...para caminar sobre este planeta muerto.
Dicen que soy un despistado...» —ahora es NACHO quien pasa corriendo de
espaldas, tropieza en el aire con un peldaño invisible, recupera la dignidad
con un saludo de carnales y desaparece— «...que se pierde en las nubes». De
pronto, al fondo, sobre el bastidor translúcido del Mezzanine, se proyectan las
sombras gigantescas y caricaturescas de DON ERNESTO y DOÑA CLARA, moviéndose de
forma rígida y picoteando el aire con cuchillos gigantescos, mientras la
silueta de DOÑA MARUJA blande su trapeador como si fuera un hacha medieval.
JAVI los señala sin mirarlos, divertido: «...y las gárgolas corporativas
acechan en la oscuridad». La luz ámbar parpadea abajo y NOÉ cruza la escena a
paso lento, con la gabardina abierta y balanceando su llave española; se
detiene un microsegundo frente a JAVI, le lanza un alzado de cejas cargado de
complicidad secreta y seductora, haciendo que las sombras del fondo se
desvanezcan de golpe. JAVI lo sigue con la mirada, sonriendo embobado, y
concluye volviéndose al público con un guiño: «Pero allá abajo... da mucho
miedo ser diferente. Esta mañana el caos me preparó una emboscada. No sé si voy
a gobernar esta empresa o a mandarla directo al manicomio... ¡pero nos vamos a
hundir haciendo un escándalo maravilloso!». JAVI se arranca los audífonos al
cuello, la música de jazz se apaga de golpe y se transforma en el sonido real
de un motor que no puede encender mientras el reflector cenital se extingue. En
un rápido puente visual, se ilumina el módulo del sótano en una penumbra
azulada donde NOÉ ya está inclinado sobre el cofre abierto del pequeño auto
blanco, y JAVI camina hacia la escalerilla, mirándolo fascinado).
ESCENA PRIMERA
(El chirrido metálico e inútil
de una marcha de auto descompuesta —ese chasquido seco seguido de un gemido
eléctrico atascado— rompe el silencio con insistencia cómica. Las luces se
encienden de golpe e iluminan el módulo del sótano de estacionamiento. NOÉ está
inclinado sobre el cofre abierto del pequeño auto blanco de madera y cartón.
Viste una gabardina desabotonada, un rastro de grasa mecánica en el
antebrazo y esa calma atractiva de quien domina los fierros aunque el mundo se
caiga a pedazos. A unos cuantos metros de distancia, de pie junto a la
escalerilla con sus grandes audífonos al cuello, JAVI lo contempla
embobado, olvidando por completo que hoy se estrena como jefe).
NOÉ: (Pasándose el dorso de la mano por la frente y hablando con voz
grave y cálida mientras ajusta una bujía con su llave española) Tres
empresas de dudoso prestigio diseñaron este cochecito y a ningún ingeniero se
le ocurrió que una suspensión de juguete no sirve para una ciudad hecha de
topes, baches, más topes y más baches. Digo, no todas las calles se parecen a
París... o a donde quiera que el pavimento sea decente. (Levanta la vista por encima de sus gafas oscuras, descubre que
Javi lleva rato mirándolo en silencio y esboza una sonrisa torcida y seductora).
Y tú deja de verme tanto sin decir ni pío, Javi, que si alguien en este sótano
se entera de que me descobijas a las primeras de cambio por la noche, pierdo
toda mi reputación de hombre rudo en el taller.
JAVI: (Susurrando, haciéndose el desentendido, pero con una media
sonrisa que lo delata) Yo no te estoy viendo a ti, Neo; estoy
supervisando tu rendimiento laboral como el implacable micromanager en que me voy a convertir hoy mismo... Lo
estás haciendo bastante bien, supongo. Aunque esa gabardina debería ser ilegal
a esta hora de la mañana. Recuerda que Helios es una empresa seria, con valores
sólidos y muy antiguos.
(NOÉ hace un gesto despreocupado de «me
vale» con los hombros y le lanza un beso al aire que JAVI atrapa al
vuelo con rápida discreción, guardándoselo en el bolsillo del saco justo cuando
entra por el lateral NACHO caminando a toda prisa, algo desaliñado y
abrazando un abultado dossier con sellos de urgente. NACHO se planta
frente al distraído JAVI y le extiende las carpetas con una pluma,
obligándolo a tomar distancia de Noé para estampar sus primeras firmas).
ESCENA
SEGUNDA
(Mientras JAVI
firma documentos apoyándose en las carpetas que sostiene NACHO cerca de
la escalera de madera, irrumpe desde la zona de los archiveros grises de la
izquierda NACHA dando saltitos felices. Lleva un overol de archivo lleno
de bolsillos, el pelo suelto alborotado y una mirada encendida de entusiasmo
infantil. Carga contra el pecho una garrafa polvorienta llena de un líquido
oscuro y espeso).
NACHA: (Con entusiasmo radiante, dejando caer la garrafa con un golpe sordo
frente a Noé junto al coche blanco) ¡Ya llegó la más famosa de las piratas,
Neo! Como Doña Maruja le puso tres candados al almacén porque dice que
respiramos demasiado fuerte cerca de sus escobas, me metí por el huequito
detrás de los archiveros viejos y encontré esta poción mágica. ¡Mira! ¡Aceite
para motor del año en que nacieron los dinosaurios!
NOÉ: (Tomando la garrafa con cariño paciente, oliendo la boquilla y
haciendo una mueca divertida) Ignacia, corazón, este aceite está tan viejo
que si se lo echo al carburador de este cochecito se le van a quedar pegados
hasta los pistones. Parece chapopote con grumos. No sirve.
NACHA: (Abriendo los ojos con fascinación en vez de frustrarse) ¡Ah, es
que ése era el de prueba! ¡Cierra los ojos y no hagas trampa! (Corre detrás de
los archiveros dando un giro sobre los talones y regresa agitando como maracas
dos latas abolladas de pintura en aerosol). ¡Tarán! ¡Para que tunees el auto
del jefe! Como es tan blanco, tan blanco que parece refrigerador de hospital,
píntale un grafiti súper chido con llamas de fuego en las puertas para que...
NOÉ: (Riendo por lo bajo mientras se apoya en la salpicadera, mirándola
con ternura) Si le pinto un grafiti encima del logo de Helios al auto
oficial aquí del gerente, creo que me va a poner de patitas en la calle... y no
solo en esta empresa. ¿O usted qué opina, señor De la Loma?
NACHA: (Descubriendo a Javi y a su hermano junto a la escalera, hunde ambas
manos en los bolsillos gigantes de su overol y saca un enredo deslumbrante de
collares de perlas falsas, cuentas de plástico de colores y diminutas piñatas
de papel metálico, dejándolos caer como lluvia sobre el cofre blanco y los
brazos de Noé) ¡Javier! Digo... ¡Jefe, jefazo! ¿Por qué tan escondido allá
atrás? ¡Y mira quién está también, mi hermanito! ¡Ya estamos todos juntos, eh!
¡Miren, miren estos collares mágicos de adorno para el aburrido espejo
retrovisor del jefe! ¡Si el motor no prende, por lo menos va a brillar tan
fuerte que el coche se va a poner contento!
NOÉ: (Dejándose un collar de perlas colgado en el cuello con absoluta
naturalidad y encanto, examinando el botín sobre el cofre blanco) Mire
nomás, «Jefecito»... Mira, Ignacio, lo que trajo tu hermana: aceite rancio,
latas de aerosol tapadas, joyería de fantasía y piñatitas de juguete. Nada de
esto sirve para la mecánica, Ignacia. Además, mira al jefe: tiene la cara
tapada con las carpetas y está muy serio. Uy, para mí que ya se enojó... Bueno,
está bien, le colgamos de adorno una de estas piñatitas pequeñas en el espejo.
¡Pero solo una!
NACHA: (Saltando con los brazos en alto) ¡Hurra!
(JAVI
baja la carpeta con la que se cubría la boca y no puede contenerse más. Suelta
una carcajada limpia, sonora y luminosa que rebota por toda la planta baja).
JAVI: (Señalando hacia el auto entre risas) ¡Oye, Neo, Ignacia más
parece una niña de ocho años que una madura asistente de compras! ¡Pídele una
bujía y te trae un unicornio con ruedas! ¡Es una maravilla! Esa alma infantil
no sé si combine con una empresa tan fúnebre como Helios, pero a mí me encanta.
(Al
escuchar la risa y las palabras de Javi, NACHO —que aún no conoce el
verdadero corazón de su nuevo jefe— siente que aquel comentario es un dardo
contra su hermana y contra su propia condición. Su rostro se endurece de golpe
con la dignidad herida de quien ha tenido que defenderse toda la vida; cierra
las carpetas de un golpe, se planta frente a Javi y alza la barbilla con furia
contenida).
NACHO: (Con la voz quebrada de coraje y orgullo) ¡No se vale, jefe! ¡No
se esté burlando de mi hermana! Si se burla de ella, se burla de mí también.
¡Ya sabemos que usted es ahora el mandamás y nosotros somos simples
subordinados, pero no le doy permiso de que se burle!
(JAVI
corta su risa en seco. Se le borra el gesto juguetón y mira a NACHO con
profunda conmoción, como quien se reconoce de pronto en una fotografía vieja de
su propia infancia. Da un paso hacia Ignacio, acortando la distancia
jerárquica, y lo toma suavemente de ambos hombros).
JAVI: (Con una dulzura y una honestidad desarmantes) Hey, Nacho...
mírame a los ojos. Te juro por mi vida que no me estoy burlando. Si me burlara
sería para dañar, muchacho, y yo jamás haría eso. Menos a ustedes dos. Solo me
estoy riendo... Me río porque este edificio parece un cementerio de corbatas y
pelucas rancias, y ver jugar a tu hermana me acaba de devolver el alma al
cuerpo.
(NACHO
parpadea, descolocado. Toda su armadura de chico rudo se desmorona ante la
transparencia de Javi. Se frota la nuca, avergonzado pero profundamente
aliviado, y asiente apenas con una media sonrisa tímida).
NACHO: (Bajando la guardia, con tono cómplice) Está bueno, jefe...
Disculpe. Es que uno ya trae el escudo puesto por pura costumbre. Pero suba ya
a la sala de juntas, que están por encenderse los buitres mayores... Yo ahorita
le subo su café.
(Los cuatro
guardan silencio en una breve pausa cálida y empática. JAVI les guiña un
ojo y comienza a subir por la escalera de madera de la derecha; justo a la
mitad de la estructura, en el fatídico escalón 4 y 1/2, da un inevitable y
cómico tropezón antes de alcanzar la pasarela superior).
ESCENA
TERCERA
(La planta
baja queda en penumbra mientras los paneles de cristal esmerilado del Mezzanine
superior se encienden de golpe con un resplandor fucsia, púrpura y ámbar.
Detrás del vidrio translúcido emergen, gigantescas y nítidas a contraluz, las
siluetas negras de DON ERNESTO y DOÑA CLARA enfrentadas de
perfil, con las manos en las caderas y los dedos índices levantados en actitud
inquisitorial y grotesca. JAVI permanece de pie en la estrecha cornisa
exterior frente a los cristales, como un mortal rindiendo cuentas ante el
Olimpo de las sombras, y las siluetas proyectadas comienzan a abrir y cerrar
las quijadas al unísono).
DON
ERNESTO: (Voz amplificada y engolada de
ópera barata, mientras su enorme sombra agita el dedo índice detrás del
cristal) ¡Recuerde el dogma sagrado de esta corporación, estimado licenciado De
la Loma! ¡En Helios aborrecemos la singularidad, el parpadeo espontáneo y el
libre albedrío!
DOÑA CLARA: (Su silueta estira el cuello como avestruz escandalizada sobre el panel
iluminado) ¡Queremos que usted sea un clon exacto del gerente anterior, su
ilustre tío, que en paz descanse y su espíritu contable nos ilumine! ¡Usted
será, sin duda, como él: un hombre tan maravillosamente gris que, cuando se
paraba frente a la pared, las moscas se posaban en su nariz creyendo que era
concreto armado! ¿Nos está prestando oídos, licenciado De la Loma?
JAVI: (De espaldas al cristal, acomodándose con disimulo sus llamativos
audífonos sobre las orejas mientras mira al público con cara de trance místico)
¡Por supuesto que sí, mis entusiastas y nunca bien ponderados socios! Es que
estos son audífonos de hiperconcentración cuántica... Apagan el ruido del
universo para que sus sabias palabras retumben directamente en mi cerebelo.
(Suspira feliz en su burbuja mientras suena un suave jazz y las enormes sombras
del fondo se señalan y discuten en mudo sobre el cristal rosa y ámbar). Bendito
sea el silencio acolchonado; estoy viendo a dos gárgolas en teatro de sombras.
(Por la
escalera de madera de la derecha sube NACHO resoplando con la lengua de
fuera, cargando una cafetera y el portafirmas. Al llegar a la mitad de la
escalera, vuelve a tropezar aparatosamente en el escalón 4 y 1/2; hace
malabares para no tirar el café y llega gateando los últimos peldaños hasta el
pasillo superior junto a Javi).
NACHO: (Jadeando sonoramente, apoyado en el barandal de madera) Qué chulada de
ejercicio cardiovascular, oigan... Como su puertita blanca del elevador de aquí
arriba es exclusiva para sangre azul ejecutiva, uno pierde el bofe y las
rótulas en esta escalera... ¡Que por cierto, aunque cualquier cristiano con
ojos vea nueve escalones de madera, en los planos de contabilidad dice que son
«4 escalones y 1/2» para pagar la mitad del impuesto predial, y por eso el
medio peldaño fantasma te mete el pie!
DON
ERNESTO: (Su silueta da un brinco
gigantesco detrás del panel esmerilado) ¡Insubordinación matemática
intolerable! ¡Si el consejo directivo decretó que son cuatro escalones y medio,
son cuatro y medio aunque usted cuente veinte! ¡Deje el café afuera del cristal
y ruede escaleras abajo!
NACHO: (Encrespándose al instante frente al ventanal iluminado) ¡Ya lo
quisiera ver a usted bajando por esa trampa contable, Don Ernesto! ¿Sabía usted
que basta una variación milimétrica entre el plano y la madera para que el
cerebro pierda el cálculo espacial? ¡Usted seguro se rompería en cachitos al
primer tropezón, como muñeco de yeso viejo o momia de Guanajuato! ¡Eso sí que
me gustaría verlo a contraluz!
DON
ERNESTO: (Atragantándose de
indignación) ¡Cómo, cómo, cómo!
DOÑA CLARA: (Su sombra se lleva ambas manos al pecho con dramatismo de
telenovela antigua) ¡Me dio un soponcio ventricular en dos dimensiones!
¡Javi, reprima y latiguee a ese plebeyo ahora mismo!
JAVI: (Quitándose una orejera del audífono y saliendo al quite con torpeza
encantadora) ¡Calma, calma, que a nadie le dé el soponcio y mucho menos el
telele! Lo que pasa es que... ¡yo le pedí a Nacho que hiciera esta pequeña
representación dramática! Sí, para que ustedes notaran de forma inmersiva que
hay cositas urgentes que cambiar en la empresa, empezando por homologar los
escalones... (Se vuelve hacia Nacho, poniéndole una mano afectuosa en el
hombro y bajando la voz). No les hagas caso, Nacho. Tú eres de los buenos.
DOÑA CLARA: (Su silueta se inclina con sospecha detrás del vidrio) ¿Un performance?
No sé si sea adecuado, licenciado. Permitir que los empleaduchos hagan el
ridículo como bufones vanguardistas es el primer paso para la anarquía
sindical.
DON
ERNESTO: (La sombra de Don Ernesto
empuña un enorme cuchillo de ensalada proyectado en el cristal) Yo una vez
estuve en un performance... en Japón. Fue horrible. Me rodearon unos
seres espectrales con las caras pintadas de blanco, maquillajes legendarios en
azul, rojo y negro... Me miraban con unos ojotes desorbitados, me hacían a un
lado y me daban de palazos.
DOÑA CLARA: (Con suficiencia doctoral) Ay, Ernesto, eso yo no lo tolero;
cometió usted un craso error de turista. Seguramente se metió caminando al
escenario en plena función de teatro Kabuki, y ya sabe usted que los samuráis
no perdonan a los espontáneos: donde uno se descuida, ¡zas, pasa la katana por
el pescuezo!
DON
ERNESTO: (Maravillado ante la
revelación) ¡Eso tiene muchísimo sentido! Ahora todo encaja... Con razón me
miraban como si yo fuera un dragón de Komodo invadiendo su pagoda. ¡Habría
podido perder la cabeza! Vaya, Doña Clara... qué silueta tan brillante tiene
usted.
DOÑA CLARA: (Su sombra aletea las manos con coquetería cadavérica) Yo
solamente asisto a la Ópera, jamás al Kabuki ni al teatro Noh, no, no, no... Y
siempre pido palco especial con vidrio esmerilado porque me aburro a los cinco
minutos; así me puedo salir a contar mis acciones. Soy tan inteligente.
DON
ERNESTO: (La sombra de él se acerca a la
de ella con voz cavernosa y seductora) Ya lo creo, Doña Clara... y tan
perturbadoramente hermosa.
(NACHO
observa con escalofrío cómo las dos gigantescas siluetas negras detrás del
cristal iluminado juntan sus perfiles y afilan sus cuchillos de mesa en el
aire, idénticas a dos mantis religiosas gigantes en pleno cortejo de
apareamiento. El muchacho se vuelve hacia JAVI con una empatía profunda,
creyendo que su nuevo jefe está completamente solo en el mundo frente a esos
espectros).
NACHO: (En voz muy baja y sincera, inclinándose hacia Javi) Oiga,
jefe... viendo cómo le toca lidiar solito con estos dos monstruos... ¿a usted
no le hubiera gustado tener un gemelo? Alguien que fuera su otra mitad desde
chico, para que no lo vieran como el único raro del salón.
(JAVI
se queda hondamente tocado por la pregunta. Mira a NACHO con una ternura
inmensa, reconociendo en los ojos del muchacho al niño solitario que él mismo
fue. Quiere responderle con el corazón en la mano, pero la sombra de DON
ERNESTO pega una oreja descomunal contra el vidrio tratando de espiar. Para
proteger la confidencia, JAVI saca del bolsillo interior una vieja pluma
fuente de tinta líquida, toma una tarjeta gruesa del portafirmas y escribe
sobre el barandal con trazos largos, curvos y apasionados).
JAVI: (Murmurando para sí mismo mientras su mano baila sobre el papel)
Se lo voy a poner por escrito para que estos vampiros a contraluz no nos
oigan... «Querido Nacho: Fue muy difícil ser diferente... pero créeme que
eso mismo fue lo que me dio fortaleza».
(JAVI
dobla la tarjeta y la desliza en la mano de NACHO. El muchacho le
aprieta el hombro con gratitud silenciosa y, para no volver a tropezar en la
escalera, abre furtivamente la puerta blanca superior de la derecha —el
Elevador Exclusivo para Ejecutivos—; suena un timbre metálico y NACHO se
escabulle hacia el interior del edificio rumbo al archivo. JAVI se queda
mirando la punta de su pluma fuente y, de pronto, una descarga de pánico le
atraviesa la cara. Olvidando que tiene los audífonos puestos a medias, grita a
todo pulmón en el pasillo superior).
JAVI: (Llevándose las manos a la cabeza) ¡Ay, qué bruto soy! ¡Se lo
escribí en letra manuscrita! ¡Y con las prisas hice unos lazos tan cerrados que
va a pensar que le dibujé un electrocardiograma! ¡No me va a entender nada!
(Detrás del
ventanal fucsia y ámbar, las siluetas de DON ERNESTO y DOÑA CLARA
dan un respingo monumental con un grito ahogado de horror puritano).
DOÑA CLARA: (Su sombra agita los brazos como molino de viento) ¡Virgen de la
Papelería Corporativa! ¿Dijo usted... en letra manuscrita? ¡Eso es caligrafía
carnal! ¡Esas curvas redonditas, esos palitos enlazados, esa tinta húmeda
corriendo sin pudor por la cartulina! ¡Qué indecencia!
DON
ERNESTO: (Su silueta apunta a Javi con
un gigantesco tallo de apio) ¡Confiese, licenciado depravado! ¿Qué le escribió
a ese muchacho en letra cursiva, eh? ¡En Helios solo se permite letra de molde
cuadrada y sin sentimientos!
DOÑA CLARA: (En el colmo del delirio fársico) ¡Tenga usted muchísimo cuidado
con esas relaciones epistolares, Javi! ¡Las relaciones epistolares son la
antesala del libertinaje administrativo! ¡Le pueden causar problemas terribles
en el sindicato del pudor!
DON
ERNESTO: ¡Además el muchacho es
sumamente joven! ¡Tierno como un brócoli! ¡Usted le manda recaditos con
firuletes del siglo diecinueve y mañana nos exigen aguinaldo en verso
alejandrino! ¡Exijo confiscar esa misiva pecaminosa!
JAVI: (Retrocediendo hacia la escalera de madera de la derecha en un ataque
de risa nerviosa y pánico escénico) ¡Pero qué relaciones epistolares ni qué
novela francesa, par de enfermos! ¡Era un consejo paternal de caligrafía!
¡Tengo que alcanzarlo abajo antes de que llame a un paleógrafo! (Haciendo
reverencias absurdas al borde de los peldaños de madera). ¡Ahí nos vemos luego,
eh! ¡Sí, claro, hasta nunca! ¡Digo, hasta luego, miserables! ¡Digo, mis más
caros amigos, socios, socios, ehhh... que se les atore el chayote, digo, que
les aproveche el banquete!
(JAVI
se lanza a toda carrera escaleras abajo; al pasar por el fatídico escalón 4 y
1/2 da un brinco acrobático en el aire lanzando un silbido de caricatura
—«¡Pöuiiiiiiiiiii!»— y aterriza sano y salvo en las losetas de la planta baja.
Arriba, detrás de los paneles de cristal iluminado, las sombras de DON
ERNESTO y DOÑA CLARA entran en un éxtasis convulsivo de paro
cardiaco, telele, soponcio y rito nupcial de mantis religiosas con teatro
Kabuki: en un destello rojo de sombras chinescas, cruzan sus cuchillos de
porcelana y se rebanan mutuamente el pescuezo en silueta antes de desplomarse
detrás del cristal. Las luces del Mezzanine se apagan de golpe).
ESCENA
CUARTA
(Como si
arriba no hubiera ocurrido tragedia alguna, la luz estalla con brillantez en la
planta baja, frente a la puerta central debajo del Mezzanine que conduce al
cuarto privado de Javi. Allí reina DOÑA MARUJA, la cancerbera, en todo
su esplendor fársico y aterrador: lleva una cofia almidonada que parece tiara
papal, dos jergas amarradas a las suelas de los zapatos con las que patina
sobre las losetas recién enceradas como una patinadora soviética poseída, un
atomizador de pino en la cintura como revólver y un trapeador gigantesco que
blande cual alabarda real).
(Desde el
rincón de los archiveros de la izquierda sale NACHO sosteniendo bajo el
brazo un descomunal álbum de fotografías forrado en terciopelo rojo, mientras
con la otra mano lee atentamente la tarjeta manuscrita. JAVI, que acaba
de aterrizar de la escalera de la derecha, corre hacia él al centro del
escenario).
JAVI: (Atrapando el aire) ¡Nacho, espérate! ¡No intentes leer eso sin
casco, que con los nervios de los dinosaurios que acaban de colapsar allá
arriba escribí con una letra manuscrita tan espantosa que ni en la farmacia me
la aceptarían!
NACHO: (Levantando la mirada del papel con los ojos brillantes, sin rastro
de ironía, profundamente conmovido) Se entiende clarito, Javi. Hasta parece
que la escribió mi yo de cuando tenía diez años y quería que alguien me dijera
exactamente esto. (Lee en voz alta con cariño antes de guardarla en el
bolsillo del pecho): «Fue muy difícil ser diferente, pero eso me dio
fortaleza». Gracias, jefe. De verdad. Y mire, Nacha sacó del fondo de los
archiveros el Gran Álbum Histórico de Helios para que podamos entrar a su
cuarto.
(En ese
momento suena un claxon alegre y NOÉ y NACHA empujan un par de
metros hacia el centro el flamante auto blanco de madera y cartón, ahora
decorado con un grafiti cómicamente obsceno, una piñatita en el espejo y
collares de perlas en las manijas. Al llegar al borde del pasillo encerado de
Maruja, el auto se detiene. NOÉ se acerca de inmediato al lado de JAVI,
pasándole un brazo por la espalda con una familiaridad tan natural, protectora
y evidente que ya no deja lugar a dudas).
NOÉ: (Mirando a Javi con una sonrisa cálida y cómplice) Te dije que
el cochecito blanco llegaba a la puerta porque llegaba, Javi. ¿Todo bien con
las sombras de arriba o ya nos regresamos a desayunar al departamento?
(NACHO y NACHA abren los ojos al ver la complicidad absoluta entre el
gerente y el mecánico, atando cabos al instante con una alegría luminosa).
NACHO: (Soltando una risa pícara y entrañable, dándole un codazo suave a
Javi) ¡Ah, vaya, vaya! Ya me di cuenta de que usted no necesita a ningún
gemelo, jefe... ¡Ya lo tiene, ¿verdad?! Bueno, aunque ése no sea precisamente
su hermano...
NACHA: (Aplaudiendo feliz mientras saca otro collar brillante de su overol y
se lo cuelga al espejo del coche blanco) ¡Con razón! ¡Mira, Neo, ponle este
otro al carrito de tu novio, se va a ver lindísimo el adornito! Bueno, el
adornito... ¡y también Javi!
JAVI: (Poniéndose rojo pero riendo liberado del secreto) ¡Te pasas de
la raya, Ignacia!
NACHA: (Poniendo cara de inocencia total, ladeando la cabeza como niña
curiosa) ¿Ah, yo? ¡Si yo solo digo la verdad! ¿Y a todo esto, quién conduce
el auto cuando salen de paseo, eh? ¿Siempre tú, Neo, o a veces le prestas el
volante a Javi?
NOÉ: (Riendo con encanto mientras le revuelve el pelo a Nacha) A
veces se lo presto en las rectas, Ignacia, pero en las curvas cierro los ojos
porque maneja como si fuera en carrito chocón.
DOÑA
MARUJA: (Deslizándose sobre sus jergas
desde la puerta del fondo con un grito de valquiria municipal y frenando en
seco con el trapeador cruzado) ¡Alto ahí, bacterias acarameladas! ¡Nadie
pronuncia la palabra pasar frente a mi poderío imperial! ¡Acabo de aplicar tres
capas de cera espejo traída del Vaticano y el que ponga media uña en mis
losetas se va resbalando directo hasta el drenaje profundo!
JAVI: (Acercándose un paso hacia la puerta central, todavía intentando
negociar por las buenas) Doña Maruja, emperatriz de la espuma, mire que solo
quiero entrar a mi cuarto... digo, a mi oficina privada. ¡Si quiere paso de
muertito rodando por la pared para no tocar el suelo!
DOÑA
MARUJA: (Rociando el aire con su
atomizador de pino como si exorcizara demonios, haciendo gestos desmesurados y
cómicos) ¡Sacrilegio! ¡Quiere embarrar su humanidad gerencial en mi pared
desinfectada! ¡Atrás, he dicho! ¡Aquí mando yo, mi cubeta y mis cincuenta
llaves! ¡Váyase a despachar adentro de un archivero!
NACHO: (Abriendo de golpe el gigantesco álbum de terciopelo frente a la
cara de Maruja) ¡Bájele dos rayitas a su espuma, Doña Maruja, que aquí en
el álbum de mil novecientos setenta y ocho está su foto vestida de edecán de
escobas junto al reglamento fundacional! ¡Y la cláusula secreta dice clarito
que, si llegaran a morirse de un soponcio los viejos socios de la empresa en el
primer día del gerente, usted tendrá que dejar pasar a quien se lo pida,
siempre y cuando prometan no manchar el piso y pasar rodando casi sin ser
notados! Así que entregue la llave maestra sin rechistar o se le confiscan para
siempre sus provisiones de cloro, cera en pasta y aromatizante de pino y
lavanda, y se le condena a limpiar toda la eternidad únicamente con pastillas
de jabón Zote y escobas de mijo cortas.
DOÑA
MARUJA: (Soltando una carcajada de
bruja de cuento que termina en un ataque de tos ridículo) ¡Ja, ja, ja y
requete-ja! ¡Ilusos! ¡Los socios nunca se mueren de verdad! Siempre fingen que
les da el infarto allá detrás del vidrio, pero es parte de su rito de
apareamiento; se aman en lo oscurito como los insectos y siempre resurgen en
formas cada vez más malvadas. ¡La llave maestra la controlo yo, y les advierto
que ustedes corren el peligro de desaparecer de esta empresa por mucho que el
nuevo jefecito los proteja!
(JAVI
mira a NOÉ, mira a NACHO con el álbum abierto y ve a NACHA
sonriendo junto al auto blanco. Algo hace clic dentro de él. Por primera vez, JAVI
se arranca por completo los audífonos del cuello, los arroja al asiento del
auto, endereza la espalda y toma las riendas de la situación con una seguridad
luminosa, implacable y deliciosamente cruel).
JAVI: (Con voz firme de director de orquesta, tomando el mando) ¡Se
acabó el pedir permiso en mi propia gerencia! ¿Dice usted que los socios son
como las mantis religiosas en pleno rito de apareamiento, Doña Maruja? ¡Pues
qué lástima que no estudió usted biología ni teatro japonés, porque cuando las
mantis y los samuráis se apasionan de más, literalmente pierden la cabeza! ¡A
ver, mellizos: abran la cajuela donde desemboca el ducto del Mezzanine y saquen
las pruebas de que esta vez los socios sí pasaron a mejor vida!
(NACHA
y NACHO abren con gran ceremonial la parte trasera del cochecito blanco
de cartón y sacan triunfalmente dos cabezas de utilería fársica, idénticas a DON
ERNESTO y DOÑA CLARA, con los ojos desorbitados, gesto de éxtasis
romántico y hojas de lechuga pegadas en las mejillas. DOÑA MARUJA da un
respingo de espanto cómico llevándose las manos a la cofia).
NACHA: (Saltando de alegría en un solo pie mientras levanta la cabeza de
Don Ernesto agarrándola de las orejas) ¡Aquí está la del socio mayor!
¡Tenía razón el jefe: con el soponcio amoroso se rebanaron el pescuezo ellos solitos!
(Le cuelga uno de sus collares de perlas falsas en la frente y la sacude
como maraca). ¡Mire, Doña Maruja, todavía tiene la cara de enamorado! ¿Se
lo habrá comido la bruja después del postre?
NOÉ: (Acercándose a inspeccionar el cuello cortado de Don Ernesto con su
lupa de mecánico y absoluta seriedad profesional) Corte limpio a la altura
de la corbata, sin una sola gota de aceite ni de sangre. Se ve que por dentro
eran pura sombra y aserrín financiero desde mil novecientos ochenta. Pérdida
total, jefe.
NACHO: (Achinando los ojos con malicia tierna mientras levanta en alto la
cabeza de Doña Clara por el chongo tieso) ¡Y aquí está la cabeza de Pancho
Villa... digo, qué digo, de la vieja mantis religiosa! (La mueve como muñeco
de ventrílocuo haciéndole voz de falsete chillón). «¡Ay, perdóneme por
hacerlo subir cuatro escalones y medio que parecen nueve, joven Ignacio! ¡Le
regalo mi palco de la Ópera porque ya no tengo pescuezo para asomarme!».
JAVI: (Cruzándose de brazos con satisfacción ejecutiva) Qué bonito
hablan los socios cuando por fin pierden la cabeza. Pero no seamos insensibles
con el amor corporativo, muchachos... Si murieron en pleno cortejo de insectos,
no hay que dejarlos con el antojo. ¡Que se den el besito de liquidación!
NACHA Y
NACHO: (A coro, felices) ¡Que
vivan los novios en el más allá fiscal!
(Con
entusiasmo infantil de guiñol macabro, NACHA y NACHO chocan las
caras de las dos cabezas haciendo sonar un ruidoso beso de plástico —«¡Muac,
muac, cloc!»— justo frente a las narices de DOÑA MARUJA, quien retrocede
horrorizada rociando pino a diestra y siniestra sin lograr espantarlos).
NACHO: (Acomodándose la cabeza de Doña Clara bajo el brazo como balón de
futbol americano y mirando fijamente a la intendente) A ver, Doña Maruja...
ya quedaron parejos los de arriba. ¿Quién sigue en la lista de recortes de
personal? ¿Quién era la que decía que nos iba a ir muy mal en esta empresa?
NACHA: (Tapándose la boca con las dos manos, con los ojos enormes de
ilusión) ¡Ah, mira! ¡Yo creo que si Neo le echa ganitas al motor puede
acelerar a fondo y llevarnos a todos directo al cuarto de Javi!
NOÉ: (Con sencillez encantadora, abriendo la portezuela del auto blanco) Muy
bien, muchachos, súbanse que aquí cabemos todos. Javi, vente conmigo adelante;
ustedes dos pongan a los ex-socios de faros en el cofre, empujen tantito y,
cómo de que no, este coche empieza a andar.
JAVI: (Subiendo al auto junto a Noé con una sonrisa plena y cómplice, antes
de volverse hacia los mellizos) ¡Listos, equipo! ¡Vamos a ver las fotos del
álbum a mi cuarto... digo, a mi oficina!
(NACHA
y NACHO encajan las dos cabezas sobre el cofre blanco de cartón como
mascarones de proa, se colocan a los lados del auto y, junto con JAVI y NOÉ
al volante, enfilan el parachoques directamente contra DOÑA MARUJA,
quien está a solo dos metros frente a la puerta central y parece dispuesta a
todo menos a quitarse de en medio).
JAVI: (Asomando la cabeza por la ventanilla sin vidrio, con serenidad
fársica) ¿Es en serio, Doña Maruja? ¿Va a seguir plantada en esa misma
posición? Tal vez quiera usted morir atropellada por un coche de cartón en
cumplimiento de su deber.
(Un
silencio tenso detiene el aire. De golpe, DOÑA MARUJA deja de mostrarse
como una fiera. Su postura ridícula y exagerada se desvanece por completo. Baja
lentamente el trapeador, mira a JAVI y a NOÉ sosteniéndose la
mirada con tanta paz, mira la alegría limpia de los mellizos y dibuja en su
rostro una pequeña sonrisa sabia. Saca la gran llave dorada de su delantal, da
media vuelta y abre de par en par la puerta central del cuarto de Javi).
DOÑA
MARUJA: (Con voz tranquila y
sorpresivamente humana, haciéndose a un lado con elegancia) En treinta años
trapeando este edificio he visto pasar a mucha gente gris que no quería a
nadie, licenciado. Lo que brilla de verdad no se barre. Ustedes son los nuevos
socios que yo, en alguna parte de mi amargura, siempre estuve esperando. La
verdad los admiro a todos ustedes... y hasta me encanta que entre el licenciado
Javi y un mozo de cuarta haya surgido esta bonita relación.
NOÉ: (Asomándose por la ventanilla del auto blanco, picado pero divertido) Eyyy…
¡Oiga, Doña Maruja, mozo de cuarta para nada! ¡Soy técnico especializado!
DOÑA
MARUJA: (Con socarronería maternal)
Sí, sí, claro que lo es, muchacho, lo que usted diga. (Señala el auto blanco
con la barbilla). Y no hay necesidad de que empujen el auto; este coche siempre
ha podido andar solo... Nada más dale a la marcha, ¡vas a ver que ahora sí que
funciona!!
(NOÉ
gira la llave del tablero y, contra toda lógica constructiva, ruge en todo el
teatro el sonido potente y maravilloso de un motor recién afinado que hace
vibrar el escenario).
TODOS: (En Mood caricatura) ¡OHHH!
JAVI: (Mirando el auto maravillado) ¡Pues sí, ya sirve!
¡Pellízquenme, si estoy soñando!
DOÑA
MARUJA: (Soltando una risita
irónica) ¡El nuevo gerente ya se dio cuenta! Tú sueña, sueña.
JAVI: (Deteniéndose en seco al bajar del auto blanco, iluminándosele la cara
al escuchar la frase como si acabara de descifrar el acertijo del universo;
mira un instante hacia el público con una sonrisa radiante) ¿«Tú sueña»?...
¡Ah, claro... yo sueño! ¡Eso lo explica todo! (Ríe feliz y tiende la mano a
su equipo). ¡El auto va, pero ni siquiera es necesario que entremos
rodando! ¡Vamos caminando todos a mi cuarto, y usted, Doña Maruja, también es
bienvenida! ¡Vamos!
TODOS: (Al unísono, radiantes) ¡Vamos!
(Todos
caminan hacia el cuarto en el centro del fondo. NACHO avanza orgulloso
con el gran álbum de terciopelo bajo el brazo, entrando el primero a la oficina
inundada de una luz cálida y dorada, seguido por NACHA dando saltitos y
por JAVI y NOÉ hombro con hombro. DOÑA MARUJA los ve
entrar con ternura cómplice, les acomoda un collar de perlas a las cabezas
sobre el cofre blanco y se queda en el umbral cerrando el paso con su trapeador
cruzado, mirando vigilante hacia el Mezzanine apagado y hacia todos lados para
impedir que ningún fantasma llegue a interrumpir esa sesión de fotos del
pasado, mientras suena a lo lejos un alegre despertador fundido con música de
celebración).
TELÓN
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