lunes, marzo 09, 2026

BARRERA ORO SACHA: HERMANITOS

  








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La obra se estrenó el 25 de junio de 2004 en la Enkosala, ubicada en calle San Juan de la ciudad de Mendoza. La ficha técnica correspondiente a este montaje es la siguiente:

Hermano 1: Carlos Suárez

Hermano 2: Rolando Orduña

Hermano 3: Javier Massi

Hermano 4: Sebastián Lucero

Dramaturgia y dirección: Sacha Barrera Oro

Asistencia de dirección: Juan Comotti

Compaginación musical: Héctor Castagnolo y Sacha Barrera Oro

Asistencia técnica: Martín Bizzotto y Pablo Grosso

Producción: Carmona Croche y Mauricio Astorga



En cada uno de los cuadros, los hermanitos ingresan con los ojos cerrados y permanecen así la mayor parte del tiempo. Sólo abren los ojos en los apartes con el público, en cada uno de los monólogos individuales y en el monólogo grupal hacia el final de la obra.


En el hotel


Al encenderse las luces, se ven cuatro sillas en hilera. El Hermano 1 y el Hermano 2 avanzan desde el fondo y se sientan.

Hermano 1- (Despierta sobresaltado) ¿Te quedaste dormido?

Hermano 2- Sabés muy bien que cuando salimos no puedo pegar un ojo.

Hermano 1- (Busca en el interior de un bolso. Da un alarido) Sabía que me había olvidado algo. Te das cuenta, (Afectado) no la traje.

Hermano 2- ¿Qué no trajiste?

Hermano 1-  ¡La malla!

Hermano 2- ¿Para qué querés la malla, si salimos a tomar algo? 

Hermano 1- Te das cuenta que cambiás de planes todo el tiempo vos. ¿No me dijiste que salíamos a tomar el sol de la mañana y que de paso nos refrescábamos un poco?

Hermano 2- Claro, pero no dije nada de ir a la playa y de usar una malla.

Hermano 1- ¿Quién habló de la playa?

Hermano 2- Dejate de hablar cosas raras, ¿querés?

Hermano 1- Yo no hablo cosas raras. (Resentido) Si hay un raro en la familia, ¡ese sos vos!

Hermano 2- ¡Ahhh, sí...! A ver... ¿Y por qué?

Hermano 1- No empecemos...

Hermano 2- ¡Empezá!

Hermano 1-  No empiezo nada.

Hermano 2-  Bueno.

Hermano 1- ¿Ya empezaste?

Hermano 2-  Terminala. ¿Y yo soy el raro?

Hermano 1- No sé como explicarte. Mirá, siempre fuiste raro... (No encuentra la palabra justa) Te movés raro.

Hermano 2-  Claro, mirá vos... Así que yo me muevo raro. Decime. ¿Quién es el que se baña con papel picado los domingos? (Pausa) O cuando no hablás por tres semanas... ¿Y yo soy el raro?

Hermano 1- Cómo te gustan los golpes bajos a vos, ¿no? Sabés perfectamente que lo del papel picado es una costumbre artística que heredé de Papá. (Afectado) Y que no hablo por una semana es cierto... Pero sólo semana por medio o cada dos semanas, según lo que diga el médico. (Avergonzado) Por lo de las operaciones, viste...

Hermano 2-  Ves que sos mentiroso. (Con seriedad) ¡Vos mentís mucho! Por eso yo a vos te creo la mitad de las cosas.

Hermano 1-  ¡Sabés muy bien que lo de las operaciones es verdad! El médico dijo que una cosa llevaba a la otra y viceversa. Y que si seguía con lo del papel picado me tendrían que operar la glotis para sacarme los residuos que se depositan allí después de cada inmersión. Igual que a Papá.

Hermano 2-  ¡No mientas, porque a  Papá nunca lo operaron!

Hermano 1-  ¡Sí!

Hermano 2- ¡Te digo que no! Además es mentira. Yo estaba cuando el médico dijo que si seguías con esas prácticas, ibas a terminar muy mal. Es más, me acuerdo que te dijo que si no lo podías evitar, lo hicieras tratando de cerrar la boca. ¡Pero no!, el señorito no hace caso... Y sigue tragando... Y traga... Y traga... Traga... Tragás papel picado como una palangana.

Hermano 1-  Papá siempre cantaba en la ducha.

Hermano 2-  Ves que no sabes nada. Papá no se duchaba.

Hermano 1-  Sí que se duchaba.

Hermano 2- (Nervioso) Bueno, pero no cantaba. Ves que te inventás cosas.

Hermano 1- ¡Sí que cantaba! Aceptá que no sabés nada de Papá. Además, te morís de envidia porque de los cuatro, yo soy el único que heredó su sensibilidad artística.

Hermano 2- Eso no tiene nada que ver. Aceptalo. Aceptá que lo de las operaciones te lo inventás, porque te encanta andar por la vida intervenido quirúrgicamente y estar en la boca y en las miradas de todos.

Hermano 1- (Avergonzado) El médico dijo…

Hermano 2- ¡Callate! Mitómano.

Pausa. Entra el Hermano 3 y se sienta junto al Hermano 1. Hasta el final del cuadro se quedará en silencio y –tal vez– sin ser percibido por los otros.

Hermano 1-  (Ofuscado) ¡Y no me toqués!

Hermano 2-  ¿Pero quién te está tocando?

Hermano 1-  Vos...

Hermano 2-  Pero si yo ni me moví.

Hermano 1-  ¡Pero lo pensaste!

Hermano 2-  ¿Me querés decir qué hacés?

Hermano 1-  Estoy llamando a la chica. ¿No te das cuenta? (Pasa los dedos por el borde de la silla)

Hermano 2- ¿Y se puede saber qué estás tocando?

Hermano 1- ¡La mesa!

Hermano 2- La mesa... ¿Así que hay una mesa? ¿Y por qué tocas la silla? ¡Haceme el favor de levantar la mano como la gente normal!

Hermano 1- Ves que no estás actualizado. ¡Ves que sos un fósil! En estos hoteles tienen sistema braile de llamadas desde las sillas. Y con sólo rozar las yemas de los dedos en el borde, ellos ya saben que los llamás. ¿Te das cuenta?

Hermano 2- Así que además estamos en un hotel.

Hermano 1- Claro... (Golpea los dedos sobre el borde de la silla con violencia)

Hermano 2- ¿Y ahora qué haces?

Hermano 1-  Le estoy pidiendo a la moza que no traiga los licuados que pedí con leche en polvo, porque me caen de mal, mirá... ¡Y que ni se le ocurra ponerle azúcar! Si no es con edulcorante, que mejor no los traiga. ¡Ahhh! Y que los bizcochitos sean caseros... A mí el poliéster me hace mal a las cuerdas vocales. Vos sabés cómo sufro yo si no es algodón.

Hermano 2- (Lo “mira” perplejo) ¿Terminaste? ¡Ves cómo sos! ¿Te das cuenta? ¡Mirá que sos egoísta! Siempre pedís lo tuyo y a mí que me parta un rayo, ¿no?

Hermano 1-  Pero no, tonto, a vos te pedí lo de siempre. (Pausa) ¡Nada!

Hermano 2-  ¿Y si yo no quería nada?

Hermano 1-  Siempre que salimos no querés nada...

Hermano 2-  ¡Callate!  (Pausa cargada de bronca) Mirá, yo no salí para esto, eh.

Silencio.

Hermano 1- No grites.

Hermano 2-  Sabés perfectamente que no me gusta que decidas por mí.

Hermano 1-  ¡Calmate!

Hermano 2-  ¡No me calmo nada!

Hermano 1-  ¡Calmate, te digo!

Hermano 2-  ¡No me calmo nada!

Hermano 1- Te perjudicás vos. Dejame comer tranquilo. (Saca algo comestible de su bolso y se lo pasa muy cerca de los párpados)

Hermano 2- ¿Ya empezaste a comer?

Hermano 1- Sí, pero yo lo hago por las cuencas de los ojos; no hago la cochinada como vos.

Hermano 2- Después me preguntás por qué ya no te digo nada de salir... Si seguís así, vas a terminar como...

Hermano 1- ¿Como quién? Hablá.

Hermano 2- ¡Callate! Que ahí nos traen las cosas. (Saca algo comestible de uno de sus bolsillos)

Pausa. Entra el Hermano 4 y se sienta junto al Hermano 2.

Hermano 1- (Se queda “mirando” al Hermano 2)  Cuando me gritás te ves de ordinario mirá...

Hermano 2-  Sabés perfectamente que no me puedo ver... Por eso lo decís...

Hermano 1-  Comé despacio, ¿querés?

Hermano 2-  (Traga algo que sacó del bolso) ¿Quién está comiendo?

Hermano 1-  Yo sé que sacaste algo del bolso. ¡Guardá eso! 

Hermano 2-  Es la toalla.

Hermano 1-  ¡Mentira! Yo sé que sacaste otra cosa. Te estás baboseando...

Hermano 2-  No me grités.

Hermano 1-  (Grita) No te estoy gritando.

Hermano 2- (Ofendido)  Sabés que no me gusta que me gritonees delante de la comida...

Hermano 1-  Mirame cuando te hablo.

Hermano 2-  ¿Para qué? Si sabés que no tiene sentido.

Hermano 1-  Es un tema de respeto. La gente en la mesa mira lo que está por comer.

Hermano 2-  A mí me da lo mismo. 

Hermano 1-  ¡A mí no!

Hermano 2- Bueno, bueno... Está bien... (Gira la cabeza hacia el lado opuesto al lugar donde esta el Hermano 1) Ya te estoy mirando. ¿Estás contento? ¿Te cambió la vida en algo?

Permanecen en silencio. El Hermano 1 mira hacia el público mientras los otros se tocan los genitales.

Hermano 1- ¿Te estás tocando o me parece a mí?

Hermano 2-  Qué decís. ¿Sos loco?

Dejan de tocarse.

Hermano 1-  (Serio) Te estás tocando.

Hermano 2- ¿Ya empezaste?

Hermano 1- (Lo señala con el índice) Si contestás así, de esa manera, es que te estás tocando.

Hermano 2- ¿Qué hablas? Si vos no ves nada.

Hermano 1-  Pero lo siento.

Hermano 2- Así que yo me toco y el señorito lo siente.
Hermano 1- ¡Ah! Ves que sí te estás tocando.

Hermano 2-  Lo digo de manera análoga.

Hermano 1-  (Lo “mira” indignado) Mirá que sos cochino.

Hermano 2-  Si no hice nada.

Hermano 1-  ¡Pero lo pensaste!

Hermano 2-  ¡No pensé nada te digo!

Hermano 1-  ¡Calmate!

Hermano 2-  ¡No me calmo nada!

Hermano 1-  ¡Calmate, te digo!

Hermano 2-  ¡No me calmo nada!

Hermano 1-  Te perjudicás vos.

Permanecen un instante en silencio de frente al público.

Hermano 1- ¿Sabés una cosa? Vos deberías tocarte.

Hermano 2- ¿Qué decís?

Hermano 1- Te haría bien. Probá.

Hermano 2- Dejame tranquilo.

Hermano 1- El que se tocaba mucho era Papá.

Hermano 2- ¡Mentira! La abuela no se lo habría permitido.

Hermano 1- ¿Y Mamá?

Hermano 2- Mamá ¿qué?

Hermano 1- ¿Mamá también se tocaba?

Hermano 2- ¡No! Bah, no sé... Lo que quiero decir es que si Mamá se lo hubiera permitido.

Hermano 1-¿Y yo qué sé?

Hermano 2- (Burlón) ¿Y yo qué sé?

Hermano 1- A Mamá la agarraba y la zangoloteaba de una forma... ¿Te acordás?

Hermano 2- ¿Quién? ¿La abuela?

Hermano 1- No.  ¡Papá!

Hermano 2- Esa no era Mamá.

Hermano 1- Sí era.

Hermano 2- No era te digo. Además, Papá y mamá nunca se tocaron.

Hermano 1- Vos porque no los veías.

Hermano 2- Vos tampoco.

Hermano 1- Yo los sentía.

Hermano 2- Estás inventando.

Hermano 1- Se amaban en silencio.

Hermano 2- Pero, ¿que decís? Si no eran mudos.

Hermano 1- ¡No importa! Ellos no creían en las palabras. Se miraban en silencio.

Hermano 2-  Callate, que me vas a hacer llorar.

Hermano 1- Se pasaban horas en silencio. Uno frente al otro. La abuela me dijo que llegaron a estar un año sin hablarse. (Pausa) Eso es amor...

Hermano 2- Me vas a hacer llorar, tonto.

Hermano 1-  (Se pone de pie) ¡Habría que reivindicar el silencio!

Hermano 2- (Duda un momento) ¿Te parece?

Hermano 1- ¡Sshhh! ¡Callate!

Los dos quedan en silencio.


fantasías nutritivas


Hermano 3- (Mira al frente al público) ¿Cuántos son?

Hermano 4-  Muchos.

Hermano 3-  Quiero un número. No seas malo, decime cuántos son.

Hermano 4-  Y... No sé... No se dejan... (Mira al frente)

Hermano 3- ¿Son criaturas? ¿Humanos? (Temeroso) ¿Son monstruos? ¿Se dejan comer? (Decidido) ¿Qué son?

Hermano 4-  ¡Dejame tranquilo!

Hermano 3-  (Saca un cepillo para el cabello) ¿Te...?

Hermano 4-  Nooo...

Hermano 3-  (Afectado) Mamá te lo hacía.

Hermano 4-  Mamá nunca me tocó el cabello.

Hermano 3-  ¿En serio? Yo creía que sí.

Hermano 4-  No... Así que dejame tranquilo.

Hermano 3- Mamá dijo que cuando ella no estuviera vos pasabas a ser mi tutor. Lo dijo... ¿Sí o no?

Hermano 4-  No sé.

Hermano 3-  Así que...

Hermano 4-  No quiero saber nada.

Hermano 3-  Ella ya no está.

Hermano 4-  Por eso mismo lo digo.

Hermano 3-  Yo nunca la oí decir algo así.

Hermano 4-  Vos nunca la oíste decir nada.

Hermano 3-  ¡Mentira!

Hermano 4-  ¡Verdad!

Hermano 3-  Por mí se puede ir al diablo Mamá.

Hermano 4-  ¿Y Papá?

Hermano 3-  (Duda) También.

Hermano 4-  ¿Y su recuerdo?

Hermano 3-  No sé... No me acuerdo mucho de ellos.

Hermano 4-  ¿De qué no te acordás? ¿De Mamá?

Hermano 3-  De ella sí.

Hermano 4-  ¿Y de Papá?

Hermano 3-  También.

Hermano 4-  Entonces, ¿de qué no te acordás?

Hermano 3- (Con naturalidad) De sus recuerdos.

Silencio incómodo.

Hermano 4-  Papá era ciego.

Hermano 3-  ¿Y...? ¿A mí, justamente a mí me venís con esto?

Hermano 4-  Yo no te vengo con nada...

Hermano 3-  Entonces, ¿qué hablás?, ¿qué decís? Si vos nunca lo viste.

Hermano 4-  ¿Y? 

Hermano 3-  ¿Cómo podés hablar de lo que nunca viste? Ahhh... Te agarré... ¿Viste?

Hermano 4- Y eso qué tiene que ver. Vos hablás todo el tiempo de mujeres, de la comida, de la honestidad en las relaciones humanas... Y que yo sepa nada de lo que decís has visto nunca.

Hermano 3-  ¡Sí, las he visto!

Hermano 4-  ¿No mientas, eh? Es muy feo que andes diciendo mentiras.

Hermano 3-  (Entusiasmado por dar un ejemplo) En la tele...

Hermano 4-  En la tele, ¿qué?

Hermano 3-  En la tele, algunas veces dicen muchas mentiras.

Hermano 4-  Mentira, porque vos no ves tele.

Hermano 3-  ¡Sí veo!

Hermano 4-  Te sentás frente a la pantalla y pegás la cara durante horas y la empañás con tu respiración. Pero eso no es ver tele.

Hermano 3-  Lo hago para saber qué se siente. Para saber qué pasa.

Hermano 4-  Pero si ni siquiera lo encendés...

Hermano 3-  Y eso qué tiene que ver.

Hermano 4-  ¿Cómo qué tiene que ver?

Hermano 3-  Claro... No tiene nada que ver... Por ejemplo: yo sé que la leña sirve para encender fuego y no por eso necesito prender una fogata para comprobarlo.

Hermano 4-  ¡Ahhf!  Pero qué me pongo a discutir con vos...  Si ni siquiera tenemos tele...

Hermano 3-  Sí tenemos.

Hermano 4-  No tenemos.

Hermano 3-  Esta mañana...

Hermano 4- Hablá.

Hermano 3- Nada.

Hermano 4- Decí lo que ibas a decir.

Hermano 3- Que yo, algunas veces pego la cara a la pantalla y siento tanta comida...

Hermano 4-  Ese es el microondas, ridículo.

Hermano 3- (Aparte con el público) Hay noches en las que me levanto sin hacer ni un ruidito para no despertarlo y me voy en puntas de pie, derecho a la pantalla, y me pego unos atracones de comida bárbaros.

Hermano 4- (Aparte con el público) Yo ya lo sabía, lo escucho todas las noches. Bueno, lo hace noche por medio cuando le agarra la angustia visual. Y… Hace como todo el mundo, se desquita saciando la angustia oral.

Hermano 3-  ¡Mentira!, porque vos a esa hora dormís.

Hermano 4- ¡Yo no duermo!

Hermano 3-  Sí dormís.

Hermano 4- Igual no sé de qué hablás. (Con naturalidad) Si nosotros no tenemos microondas.

Hermano 3- ¿Y eso qué tiene que ver? Total, a mí lo único que me gustan son los... (Piensa) los programas donde cocinan y hacen cosas ricas para comer y... Te preparan zapallitos rellenos, bitel toné, carne a la masa… 

Hermano 4- (Lo interrumpe) No sé para qué discuto con vos, si siempre estás hablando de lo mismo: de lo que te vas a comer, de lo que te vas a dejar de comer, que te gusta esto, que te gusta lo otro...

Hermano 3- Repollitos de Bruselas... Mmmmm. Lástima que no se dejen...

Hermano 4-  (Determinante) ¡Sos ciego!

Silencio tenso.

Hermano 3-  Vos también.

Hermano 4-  Sí. ¡Igual que Mamá!

Hermano 3-  Y Papá.

Hermano 4-  ¡No me digás que Papá era ciego! Pobre, con razón...

Hermano 3-  Con razón ¿qué?

Hermano 4-  Nada. No me hagas caso.

Hermano 3- (Melancólico) Yo nunca lo vi.

Hermano 4-  Yo tampoco.

Hermano 3-  Tal vez por eso mismo se casó con Mamá.

Hermano 4-  ¿Qué querés decir con eso?

Hermano 3-  Digo que por eso mismo se casaron.

Hermano 4-  Un día no se vieron y empezaron a salir.

Hermano 3-  Qué romántico.

Por momentos representan un juego de roles familiares. El Hermano 3 hace el papel del Padre y de la abuela. El Hermano 4, el de la Madre. 

Hermano 4-  (Sensibilizado) Estoy hablando en serio, tonto.

Hermano 3- Yo también. Me los imagino a los dos en una esquina diciéndose al oído:  “Nos vemos mañana, mi amor.” (Ríen)

Hermano 4-  O a Mamá diciéndole a la abuela: “¡Déjeme ir a verlo, Mamá, déjeme ir a verlo, por favor!”

Hermano 3- Y la Abuela diciendo: “Ya vamos a ver m’hijita. Ya vamos a ver…” 

Hermano 4- Qué romántico...

Hermano 3- Te lo imaginás a Papá diciéndole a Mamá: “Cuando te veo, se detiene el mundo, y si el mundo se detiene a vernos, ¿qué verán me pregunto? Porque lo que es yo, no los veo” (Ríen)

Hermano 4- Y un buen día se casaron. Tuvieron cuatro hijos y comieron perdices. Porque el amor es ciego, igual que ellos...

Hermano 3-  Papá y Mamá no comían perdices. Es más, no comían.

Hermano 4-  Si comían.

Hermano 3-  Te digo que no. Los vegetales no comen.

Hermano 4-  Sí come.

Hermano 3- (Didáctico) Succionan nutrientes y minerales de las capas inferiores de la biosfera.

Hermano 4- Succionar es una forma de comer, tarado. Si no, mirá a los bebés cómo se comen a la madre.

Hermano 3- Eso es sexo explícito. ¿Ves que no entendés nada? Sos un desubicado. (Didáctico) Los vegetales...   

Hermano 4- ¡Sí comen!

Hermano 3- ¿Dónde viste a un alcaucil comiendo un asado con los amigos?

Hermano 4- ¿Tienen amigos los alcauciles?  

Hermano 3- No sé. Pero sí tienen corazón.

Hermano 4- Papá era ciego, pero tenía un gran corazón. Eso decía Mamá.

Hermano 3- Y Mamá era una repollito de Bruselas que perdió la cabeza cuando lo conoció. Eso lo decía Papá.

Hermano 4- ¿Todos los vegetales son ciegos?

Hermano 3- No sé.

Hermano 4- Así como no se vieron nunca, Papá y Mamá se amaron con locura... Como se aman los vegetales en el interior de las latas de conservas... Como sólo lo pickles pueden hacerlo.

Hermano 3- ¿Y eso quién lo decía? ¿La abuela? 

Hermano 4-  ¡No, tonto! Eso lo digo yo.

Hermano 3-  Cuando pienso en Papá y Mamá me da hambre.

Hermano 4-  Terminala.

Hermano 3-  Mmmm... Repollitos de Bruselas... (Se relame)

Hermano 4- (Determinante) Somos ciegos. Y nos guste o no, a la hora de comer uno come por los ojos.

Hermano 3- Yo me imagino. Y como... y cómo... Como...  ¿Cómo?  ¿Cómo, cómo como? ¡Como!  ¡Y como! ¡Y como!

Hermano 4- ¡Basta!

Hermano 3- Pienso en una mesa puesta a la antigua, llena de platos y cosas ricas... Pienso en Mamá y Papá... Y no me amargo como una fruta ácida y pasada de estación... (Fastidiado) Como uno que yo conozco.

Hermano 4- Sí, pero yo no ando como un lunático delirado gritando a los cuatro vientos. Diciendo: “¡Como!  ¡Y como! Que me voy a comer esto... Que me voy a comer lo otro...”

Hermano 3-  Yo, nenito, me...

Hermano 4-  ¡Callate!

Hermano 3-  (Pausa) ¿Cuántos son?

Hermano 4-  ¡No te voy a decir nada!

Hermano 3-  ¿Cuántos son te digo?

Hermano 4-  Muchos...

Hermano 3-  Quiero un número. No seas malo, decime.  ¿Cuántos son?

Hermano 4-  Y... No sé... No se dejan...

Hermano 3- ¿Son criaturas? ¿Humanos? (Temeroso) ¿Son monstruos? ¿Se dejan comer? (Decidido) ¿Qué son?

Hermano 4-  ¡Dejame tranquilo!

Silencio.

Hermano 3- ¿Qué tiene de malo tener fantasías nutritivas?

Primer monólogo

Hermano 3- Los que no se ven se aman. ¿Será por eso que a mí me cuesta tanto amarme? Yo no tengo a dónde escapar. Mire donde mire, siempre estoy ahí, tratando de causarme una buena impresión a mí mismo. (Pausa) ¡Qué estupidez!, ¿no? Papá decía que hay tres clases de no videntes. Están los ciegos estatales que dependen del estado de ceguera de muchos otros ciegos privados de subsidios, estatales y privados... Los privados... son privados... Los estatales también quieren ser privados, pero no les da... Y terminan siendo privados, pero privados de subsidios... Privados y estatales...
Entonces un día se encuentran y uno le dice: “¿Y vos quién sos? Yo soy estatal, ¿y vos? Ah, yo soy privado. ¿Querés que nos privemos? Dale, yo me privo, tú te privas, nosotros nos privamos...
Y así se va transformando todo en un maremágnum, un histeriqueo social tan, pero tan...  Bueno...
Y están los ciegos privados, esos que se pelean por una tajada de ciegos que andan a la deriva y que forman parte de nichos de mercados sin flores ni placas recordatorias.   
Y están los otros ciegos... Los que podrían pasarse todo el día viendo películas mudas para sentirse otra vez en casa.
Yo creo que hay diferentes modos de no ver la vida.


vouyeristas


Hermano 2-  (Despierta sobresaltado) ¿Te quedaste dormido?

Hermano 1- No.

Hermano 2- ¿Qué hacías?

Hermano 1- Pensaba.

Hermano 2- ¿En qué?

Hermano 1- Yo creo que si me lo propongo podría ser vouyerista.

Hermano 2- ¿Ah sí? No me digas...

Hermano 1-  Sí, me encantaría.

Hermano 2- A ver... ¿Y cómo?

Hermano 1- Y, me pondría detrás de una cortina mientras los otros se tocan... (Piensa) Como en el teatro, ¿viste? O como en los cibers.

Hermano 2- No te das cuenta que no podés.

Hermano 1- Vos siempre frustrándome la vocación.

Hermano 2- ¡No podés!

Hermano 1- ¡Sí puedo! Resentido.

Hermano 2- ¡No entendés que si no podés ver, no tiene sentido!

Hermano 1- En el chat no se ven y sin embargo la pasan re bien.

Hermano 2- No es lo mismo. Además se usa la webcam.

Hermano 1- Y los que no tienen, ¿qué?

Hermano 2- Los que no tienen se joden.

Hermano 1- ¡Mirá que sos reduccionista eh! (Se queda en silencio)

Hermano 2- Cuidado con lo que vas a hacer. Mirá, que yo te conozco a vos... Cuando te quedás callado después empezás a hablar cosas raras y siempre terminamos mal.

Hermano 1- (“Mira”, sin ver, hacia una mujer del público) Si me concentro en alguien, seguro que intuyo todo.

Hermano 2- ¡Dejá! No te concentrés tanto ¡Si te creo!

Hermano 1- Es como cuando apagás la luz. ¡Igual seguís viendo todo!

Hermano 2- ¡Uhhh, sos un vouyerista bárbaro vos!

Hermano 1-  Ves a esa chica que está allá.

Hermano 2- ¡No!

Hermano1- Lo digo de manera figurada. Te hablo de esa chica. Esa que se tapa. La que esta apoyada sobre el joven. ¡Ella! (Señala hacia un sector del público. El hermano 2 busca en la misma dirección que señala el Hermano 1) Yo obviamente tampoco la veo. Pero la intuyo. (Habla amablemente) No te escondas, si ya sé dónde estás.

Hermano 2- (Señala hacia donde el hermano está apuntando) No le haga caso, Señorita... Señora...

Hermano 1- ¡A vos te digo! (Se concentra) Vamos a ver en qué estás pensando.

Hermano 2- Mire, le pido un favor... Podría reprimirse un poquito, un poco nada más. Si no, éste se va de mambo y se pudre todo. (Pausa) ¡Claro! Usted se ríe. Pero el que se lo tiene que aguantar después soy yo.

Hermano 1- (Concentrado) Sííí... (Deja ver en su cuerpo señales de goce) Uhhh... (Sonríe) El mar... La playa... Las palmeras en la orilla... Como a mí me gusta. Un par de tragos. El agua azul en el fondo. Me esparcís bronceador por la espalda, mientras la brisa marina despeina mis cabellos. (Muestra en el cuerpo los efectos relajantes de los masajes)
Está un poco fresco, pero el calorcito se lo ponemos nosotros... Sos tan linda... Tenés una piel tan... (Cree que la chica se ha parado) ¿A dónde vas? (Mira hacia un costado) Ahhh... (Sonríe) Ahí viene una nativa. ¿Es una amiga tuya? ¡Está buena! Juguemos de a tres, me gusta... (Se dirige a su hermano) Che, ¿te gustan las negras?

Hermano 2- ¡Dejame tranquilo!

Hermano 1- Mirá que está buena... Saludala. ¡Dale! (Lo codea) Animate, decile algo.

Hermano 2- Dejá de meterte en la fantasía de la chica.

Hermano 1- (Señala con el índice hacia el frente)  Si la que empezó fue ella.

Hermano 2- (Le habla a la persona elegida) ¿Le puedo pedir otro favor? Ignoreló, no le dé más letra.

Hermano 1- Vienen dos más ¡Esto se pone re hot!

Hermano 2- (Le reprocha) ¡También usted no ayuda Señorita! Después, no se queje.

Hermano 1- (Se le hace difícil poder intuir con precisión. Al darse cuenta de que son dos hombres los que se acercan, habla de ellos con desprecio) ¡Ah! ¡Aahhh!  Son dos nativos...

Hermano 2- ¿Y? (Burlón) Parece que la chica tiene otros planes y vos estás en el medio interfiriendo. Aunque perfectamente podría ser una orgía de cuatro. El famoso trío que se divierte mientras un ciego los mira.

Hermano 1- Es cuestión de organizarse... Si nos ordenamos un poquito en una de esas hay para todos.

Hermano 2- Salí de ahí. Te va a ir mal.

Hermano 1- Todo porque a él no lo invitaron, ¡envidioso! ¿Te das cuenta cómo sos?

Hermano 2- A ver... ¿Cómo soy?

Hermano 1- (Deja de lado la fantasía)  Sos un resentido.

Hermano 2- ¡Calmate!

Hermano 1- ¡No me calmo nada!

Hermano 2- ¡Calmate, te digo!

Hermano 1- ¡No me calmo nada!

Hermano 2- (Le da una bofetada) Te perjudicás vos.

Hermano 1- (Intenta retomar la fantasía desde donde la dejó) ¡Vos me perjudicás! ¿Te das cuenta? Ya perdí el hilo. (Busca en todo el frente. Después de hacer un paneo logra ubicarlos nuevamente) ¡Se están tocando! ¡Ehhh, no me dejen afuera!

Hermano 2- (Mira a lo lejos) ¿Qué pasó?

Hermano 1- ¿Qué va a pasar? (Desconcertado)  Se cortaron solos.

Hermano 2- (Agudiza la vista hasta encontrar a la chica junto a los dos nativos) ¡Ehhh! ¿Qué pasó? ¡Ojo, que éste no vino solo! Está bien que es un asco... Pero es mi hermano y tampoco es para dejarlo tirado por ahí como a un perro.

Los Hermanos 3 y 4 se acercan al límite con los espectadores como haciendo causa común con el Hermano 1.

Hermano 1- Dejá, no me ayudes más. Vos siempre el mismo. Mirá a la hora que te acordás que vinimos juntos. ¿Te acordás de la amiga que vino cuando la chica me hacía masajes? Seguro que se ofendió cuando no quisiste saludarla y por eso se fue. Y yo, como siempre, terminé pagando tu desaire.
Hermano 2- Resulta  que ahora yo tengo la culpa...

Hermano 1- No me dejás ni vivir mis fantasías tranquilo. Siempre hacés lo mismo.

Hermano 2- Igual no las conocías.

Hermano 1- (Desolado) Si sigo con vos, seguro que al paso que voy nunca voy a conocer a nadie.

Hermano 2- (Mira al frente por un instante) Che, a todo esto, la morocha no estaba nada mal.

Hermano 1-  Pero claro, tarado. No te dije que me gustaba para vos...

Pegan  mejilla con mejilla y ubican con una “mirada” de ojos cerrados el mismo sector alejado en el público.

Hermano 1- Siempre quise tener un sobrino de color. Los niños negros tienen eso en la sangre. Una intensidad... Una alegría de vivir... ¡Así como era Papá!

Hermano 2- No me digas que Papá era negro...

Hermano 1- ¡Claro!

Hermano 2- No me había dado cuenta.

Hermano 1- ¿De dónde creés que sacamos esta alegría de vivir?

Hermano 2- ¡De Mamá!

Hermano 1- ¿Mamá era negra?

Hermano 2- ¡Ves que no entendés nada!

Hermano 1-  Mirame cuando te hablo.

Hermano 2- ¡Dejame tranquilo!

Continúan discutiendo pero se hace difícil entender lo que dicen.

Segundo monólogo

Hermano 1- Los que no se intuyen no se aman. ¿Será por eso que a mí no me cuesta tanto intuirme? Yo sí tengo a dónde escapar. Mire donde no mire, siempre estoy ahí.
Tratando de causarme una buena impresión a mí mismo. (Pausa) ¡Qué estupidez!, ¿no?
Papá decía que hay tres clases de intuitivos. Están los intuitivos naturales que dependen del estado de intuición del momento. Ésos, decía, pueden pasarse toda la vida intuyendo, ya que les sale naturalmente por los poros. A ésos muchas veces lo que les cuesta es dejar la actividad intuitiva un segundo y ponerse a realizar algo en lo concreto.
Después están los intuitivos a la fuerza, ésos son los que se ponen colorados cada vez que se mandan un intento de intuición. Papá decía que se los puede reconocer de lejos ya que andan tratando de intuir cualquier cosa todo el tiempo. Sea la hora que sea, se los ve con el ceño fruncido cargando casi siempre intuiciones ajenas de acá para allá. Son especialistas en formar grupos de pseudointuitivos que ayudan a otros, todavía más desgraciados que ellos, ésos que no dan pie con bola en nada.  
Papá diría que ésos son pobres que se solidarizan con cualquier pobreza que esté a la deriva.
Y por último están los que Papá llamaba “inclasificables”.
Los que no podemos ver, decía... Pero sabemos que están por todos lados creando mundos.
Los que no podemos ver... (Sonríe)   

Apagón.

vamos bien...

Luz.

Hermano 3- (Enervado) ¡Papá, negro! A quién se le puede ocurrir semejante cosa. ¡Pero por favor!

Hermano 1- ¿Y vos cuándo llegaste?

Hermano 3- Uhhh, hace bastante.

Hermano 1- ¿Pero en qué momento? Si nosotros...

Hermano 3-  (Serio)  ¿Sabés una cosa? Me das vergüenza. Es más, me das asco.

Hermano 2- Ehh, esperá un poquito. Tampoco es para que lo tratés de esa manera.

Hermano 3-¿Y vos qué salís a defenderlo a este otro? A este porquería. ¿Acaso sos el abogado? Vergüenza tendría que darles a los dos. ¿Qué clase de no videntes son? Se supone que un ciego de verdad agudiza todos los demás sentidos y así de alguna forma remplaza a los ojos. 

Hermano 2- Bueno, es cierto... Pero...   

Hermano 4- ¡Pero nada!

Hermano 1- ¿Vos también?

Hermano 4- Y sí... 

Hermano 2- (Burlón) Y sí...

Hermano 3- ¿Y sí qué? ¿Mamá era negra?

Hermano 1- Claro.

Hermano 2- Nada que ver.

Hermano 4- Y sí... Más vale que nada que ver. Si somos ciegos.

Hermano 3- ¡Mamá, negra! Pero por favor... ¿En qué cabeza cabe algo así?

Los tres giran sus cabezas para dirigirse al Hermano 3 y se quedan en silencio.

Hermano 3- ¿Qué dije?   

El Hermano 2 saca algo para comer.

Hermano 1- ¿Ya empezaste?

Hermano 3- ¿Y ahora qué pasa?

Hermano 2- (Refiriéndose al Hermano 1) Éste, que ya empezó a joder... Al final no se puede hacer nada, que ya se empieza a quejar.

Hermano 4- ¡Terminala! Dejate de pensar en comida.

Hermano 3- Si yo no pensé nada.

Hermano 1- Nooo... Si ahora resulta que nos vamos a pelear por la comida.

Hermano 2- (Con la boca llena) Es la toalla.

Hermano 1- No te digo yo... Ya empezaste a babosearte.

Hermano 3- ¿Quién está comiendo? Mirame las manos.

Hermano 1- ¡Calmate!

Hermano 3- ¡No me calmo nada!

Hermano 4- ¡Calmate, te digo!

Hermano 3- No me calmo nada...

Hermano 2- Te perjudicás vos.

Hermano 4- Si estuviera Papá...

Hermano 2- Seguro que también estaría Mamá.

Hermano 4- ¿Por qué?

Hermano 2- Porque eran inseparables.

Hermano 1- Como los siameses.

Hermano 3- No me digan que Papá y Mamá eran siameses… 

Hermano 1- Como la abuela...

Silencio tenso.

Hermano 4- ¿Y el abuelo?

Hermano 1- No sé, creo que no. Parece que el viejo apenas pudo irse se fue.

Hermano 2- No puede ser, porque los siameses andan de un lado para el otro juntos y no pueden dejarse así como así. 

Hermano 3- Yo nunca los vi.

Hermano 1- Yo tampoco.

Hermano 2- Yo qué sé... Pero vamos bien.

Tercer monólogo

Hermano 4- (Irónico) Vamos bien... Vamos bien... ¿O ahora qué? Resulta que porque sale uno y dice “vamos bien”, vamos bien. ¿Todo está bien? Nooo... Ahora nos vamos a olvidar que han pasado seiscientos años de ceguera... Qué digo seiscientos, dos mil años... Nooo... A mí no me van a venir con el cuento de que hay que dar un paso adelante porque el futuro está para allá... (Señala hacia un sector del público, y alguno de los otros hermanos intenta escaparse hacia el futuro) Nooo... Yo me juego la retina que cuando dicen eso es porque hay un precipicio adelante Y ojo, porque yo no voy a salir a buscar un futuro en otro país. A mí me dejan acá, éste es mi país; éste es mi lugar y se terminó ¿O ahora qué? Me van a... (Murmura en voz baja cosas que no se llegan a entender. Los tres giran sus cabezas para dirigirse al Hermano 4 y se quedan en silencio por unos instantes)

Hermano 1- Y... No sé… Habría que ver... 


en el cuarto de baño


Hermano 3- Cuando me acuerdo de ellos me da un hambre...

Hermano 4- A vos todo te da hambre.

Hermano 3- Y bueno... ¿Qué querés?

Hermano 4- A veces me pongo a pensar...

Hermano 3- Eso es bueno, muy buen ejercicio.

Hermano 4- ¡Pienso! Pienso y no me canso de pensar... ¿Cómo puede ser que algo como vos esté acá? Así como así. Digo yo, no entiendo cómo puede ser que alguien, no sé, cualquiera, no se le ocurrió pegarte un tiro en el jardín de infantes, cuando todos éramos niños. En algún recreo. ¡Si no cuesta nada! Yo que sé... O tal vez algo menos cruel, en alguna escuela de verano... Las piletas son peligrosas... En un mínimo descuido podrían haberte ahogado... Yo no me explico... ¿Cómo puede ser que te dejaron llegar a esta edad y que nadie haya hecho justicia con vos?     
¡Qué crueldad!

Hermano 3- Aunque... Fijate vos que una vez, si mal no recuerdo, Papá...

Hermano 4- ¡No te permito, eh! ¡No te permito que hables así de Papá! Papá habrá sido lo que vos quieras. Pero si eliminarte hubiera estado en sus planes, te aseguro que vos no estarías acá. Se puede decir de él cualquier cosa, menos que era un inepto.

Hermano 3- No, si está bien.   

Hermano 4-  No, si está bien. ¡No! No está nada bien.

Hermano 1- ¿Te acordás de Simona?

Hermano 2-  Simona... (Piensa) Ah, la prima de Marta.

Hermano 3- Pero no, tonto... ¡Simona! La que vivía enfrente de la casa de la abuela.

Hermano 4- Pero si la Abu nunca tuvo casa propia.

Hermano 2- La abuela de Simona sí.

Hermano 1- Qué decís si la Abu toda la vida vivió con nosotros en la casa.

Hermano 3-  Pero si la Abuela de Simona siempre vivió en su casa. ¿Qué decís?

Hermano 2-  ¿Qué Simona?

Hermano 4- ¡Simona! La que tenía esos hijos tan lindos... ¿Te acordás?

Hermano 2- (Da un alarido) ¡Ahh! Simona... Que tenía dos hermanos... Claro, si me acuerdo que uno de ellos jugando se sacó un ojo y que el otro también jugando se sacó la lotería. ¿Te acordás?

Hermano 3-  Ves que confundís todo. Esos son los ahijados de la Agustina.

Hermano 1- La costurera. La que tenía el drugstore.

Hermano 2- Yo te hablo de Simona, la morochita. La que a vos te gustaba. (Duerme)

Hermano 4- A todos nos gustaba. Pero de los cuatro te prestaba siempre más atención a vos.

Hermano 3- A todos.

Hermano 1- ¡Calmate!

Hermano 3- ¡No me calmo nada!

Hermano 1- ¡Calmate, te digo!

Hermano 3- No me calmo nada.

Hermano 1- Te perjudicás vos.

Hermano 4- Sabés que no me gusta verte así.

Hermano 3- ¿Así cómo?

Hermano 4- Así.

Hermano 1- A mí también me duele verte así. (Le da una bofetada  al Hermano 2)

Hermano 2- A mí también me duele. Pero para qué están los hermanos, sino para recordarnos los dolores.

Hermano 1- Claro, hombre. Arriba ese ánimo. A ver esa boca grande llena de dientes.  

Hermano 3- ¡No quiero!

Hermano 2- Vamos... Una sonrisita para el tío.

Hermano 3- (Tímido) No...

Hermano 1- Una solita. Vamos...

Hermano 3- ¡No, no y no!

Hermano 2- ¿Qué va a decir la tía?

Hermano 4- Nada. ¿Qué va decir? ¡Nada! Si la tía se murió hace como veinte años atrás. (En este momento el Hermano 3 mira hacia el público, como si allí estuviera el espejo del baño, y muestra los dientes)

Hermano 2- Así me gusta... Que recuerde a la tía con cariño. 

Hermano 3- ¿Es cierto que la tía era luchadora?

Hermano 1- Es cierto, la tía fue una mujer muy luchadora.

Los tres le dan la espalda y debaten.

Hermano 1- No puedo verlo así.

Hermano 2- Es cierto. Está tan perjudicado el pobre. Lo peor es que el tiempo pasa y él ni sabe defenderse solo.

Hermano 4- Y sí... Está cada vez más perdido.

Hermano 3- (Perplejo) ¿Qué dije?

Hermano 1- Mírenlo, pobrecito... Si ni se acuerda lo que dijo hace un segundo atrás. No sé cuánto tiempo más lo tengamos entre nosotros.

Hermano 2- Un día de estos lo vamos a perder y ahí nos quiero ver...

Hermano 4- Se nos va a ir un día y ahí te quiero ver.

Hermano 1- Sí... Ahí te quiero...

Hermano 3- Yo también los quiero.

Hermano 1- La narcolepsia la heredamos de Mamá, pero la amnesia no sé de dónde la sacamos.    

Hermano 2- No sé, no me acuerdo.

Hermano 4- ¿Cómo es eso de la narcolepsia?

Hermano 1- ¿De la qué?

Hermano 2- De la qué ¿qué?

Hermano 3- Somos argentinos. (Sonríe y se va quedando dormido. Se ve una sonrisa en sus labios)

Hermano 4- No sé de qué estás hablando.

Hermano 1- ¿Hablando? ¿Yo? ¿Hablando de qué?

Hermano 2- Mirá, ¿no es una ternura? Se durmió.

Hermano 4- No te digo... Si está sensible... Así se la pasa... O se queda dormido, o le da por hablar de comida. Ya hace varios días que no hace otra cosa. 

Hermano 2- Aprovechemos ahora y le enseñamos algo de defensa personal. Digo, por si uno de estos días nos deja. Por lo menos que se pueda defender solo.

Hermano 1- Es cierto, yo cuando duermo me defiendo mucho mejor.

Hermano 2- ¡Sí! ¿Sabés que tenés razón? Yo cuando duermo lo hago mucho mejor.

Hermano 1- Levantalo. ¡Dale!

Hermano 2- ¡Che, levantalo, dale! Yo no puedo verlo así.

Hermano 4- Vamos hermano. ¡Arriba!

Los Hermanos 1, 2 y 4 arengan al Hermano 3 para que se levante. Éste se va incorporando lentamente y camina hacia uno de los laterales hasta perderse de vista. Los tres lo siguen con las cabezas. La escena queda a oscuras. Mientras levantan las sillas van caminando con ellas hasta armar el ring side.  Apagón.


el ring side

Se da la luz e ilumina de lleno al Hermano 3, mientras los demás quedan en la sombra, cada uno en un rincón del ring. En la oscuridad se ven sus siluetas. Cada vez que uno de los hermanos relata alguna indicación, el Hermano 3 ejecuta lo mismo en el espacio.

Hermano 2- El ciego sale a la calle. Todo el mundo lo mira y de a poco recorre uno a uno los lugares comunes a todos los ciegos.     

Hermano 1- Su mano izquierda está levantada recordándole toda su herencia histórica de los años 70. Está a punto de gritar un gol. Pero recuerda que ha salido a la calle para otra cosa...

Hermano 3- Tiene hambre...

Hermano 2- Sí, sí, tiene hambre. (Molesto) ¡Concentrate!

Hermano 1- El resto del mundo lo mira por televisión y no entiende cómo se puede tener hambre y ser así. (Sería preferible que el Hermano 3 fuera de una gordura alarmante)

Hermano 4- La respuesta es que por ser así es que tiene hambre y no al revés.

Hermano 1- Lo bueno es que ahora está organizado...

Hermano 3- Sí, claro... Muy organizado... ¡Pero tengo hambre!

Hermano 2- Los hermanos lo miran y van a darle una lección de defensa personal...

Hermano 1- Para que nunca se olvide...  

Hermano 2- Para que camine solo por la vida como el código de convivencia lo indica.

Los Hermanos dejan de dirigir al Hermano 3 y hablan entre sí por un momento.

Hermano 4- Yo no puedo verlo así.

Hermano 1- Yo tampoco, me da una pena... Me hace acordar a mí cuando era chico.

Hermano 4- Si no hacemos algo ahora, creo que me mato.

Hermano 2- Si no hacemos algo ahora, él nos va a matar y eso es mucho peor.

Hermano 4- Si le llegara a pasar algo, yo no sé, creo que me volvería loco... Pero también es cierto que si no le pasara nada, pero nada nunca, también me preocuparía. Por eso es mejor que, si le va a pasar algo, sea ahora. (Vuelven al juego del ring)

Hermano 2- El ciego comienza a desplazarse mientras la mirada atenta de los demás lo sigue.  

Hermano 4- Además de ciego tiene amnesia, pero eso ahora no importa, porque él sabe que es el protagonista de un cambio social sin precedentes. Avanza dos pasos y...  

Hermano 1- ¡Cuidado! Parece que algo pasa... Se detiene, no avanza... Al parecer tiene miedo, vuelve a levantar su mano izquierda y mueve los dedos lentamente sin hacer mucho ruido.

Hermano 4- Sabe que tiene otro brazo y por eso duda si festejar con más efusividad.

Hermano 1- Algo anda mal. Cuidado.

Hermano 2- Es tarde... Ya es demasiado tarde... La mano derecha se ha dado cuenta de los movimientos siniestros que pretende realizar su otro brazo.

Hermano 1- El ciego cierra los puños con fuerza y no sabe con qué mano debe dar el golpe.

Hermano 3- Tiene hambre.

Hermano 4- Claro... Por eso la mano derecha lo golpea con fuerza.

Hermano 2- Una vez en el suelo comienza a despabilarse. Se pone de pie y va a dar un paso... ¡Pero cuidado! Las dos manos con sus respectivos brazos le impiden avanzar... La izquierda no lo deja... Le recuerda los pro y los contra de moverse... Le sugiere hacer una votación para determinar si debe mover primero el pie o...

Hermano 4- Antes de poder terminar, ya la derecha le hace muchas preguntas... Le sacude el corazón y le vuelve a hablar... No lo deja avanzar...  Lo llena de miedos... El ciego se mira las manos con rabia y recuerda la importancia de tener manos… No vaya a ser que se vuelva a caer al suelo...  Esto no me gusta nada, aunque parezca mentira, ese cuerpo es demasiado chico para que convivan los dos brazos de hecho...  (Entra el Hermano 1 al ring)

Hermano 2- El choque de fuerzas es inminente.  

Hermano 4- Los dos brazos armados están en posición de ataque.

Hermano 2- Se miden con recelo.

Hermano 4- Giran por todo el espacio y tiran golpes al aire.

Hermano 2- Despacito... Acordate que es tu hermanito... 

Hermano 4- Medilo... Cuidate de la izquierda...

Hermano 2- Dale un derechazo a la cabeza ¡Dale!

Hermano 4- Hacele sentir quién manda, pegale...

Hermano 2- Movete, no lo dejés pensar... Hacé de cuenta que no es tu hermano y pegale.

Hermano 4- Matalo, dale. ¡Hacete respetar! ¡Dale con todo!

Hermano 2- ¡Matalo! Rompele la cabeza con el borde de la calle.

Hermano 2 y 4- ¡Dale, campeón! ¡Dale, campeón!

La luz se va lentamente y se ve a los Hermanos 1 y 3 girando en el ring mientras los demás los arengan. Después de unos momentos vuelve la luz y están los hermanos 1, 2 y 4 sentados en sus sillas. La silla del Hermano 3 está vacía: él se encuentra en el suelo ensangrentado y con los ojos abiertos.




la inseguridad


Hermano 1- Eso es lo bueno de enseñar a respetar las normas de convivencia y dar amor sobre todas las cosas materiales del mundo. Ya que la más importante de todas es el amor.

Hermano 4- Y la seguridad, claro... Si no, cómo podríamos amarnos, si no estamos seguros...

Hermano 1- No hay amor sin seguridad.

Hermano 4- Con seguridad, ¿es amor?

Hermano 2- Los que están seguros, ¿se aman?

Hermano 1- No sé.

Cuarto monólogo

Hermano 2- ¿Será por eso que a mí me cuesta tanto estar seguro? Yo estoy seguro, pero no tengo a quién amar. ¿Será por eso que no tengo para quién escapar?
Mire donde mire, siempre estoy ahí, tratando de estar seguro ante mí mismo. (Pausa) ¡Qué estupidez!, ¿no?
Papá decía que había tres clases de seguridades. La primera es la seguridad que armamos todos los días en nuestros cerebros apenas nos levantamos de la cama. Esta seguridad la construimos tratando de convencernos de que la racionalidad del mundo es idéntica a la nuestra...
Después Papá decía que venía la seguridad sexual. Él decía que ésta estaba íntimamente ligada a la comida... Aunque eso nunca lo entendí muy bien.  
Por último se quedaba en silencio y se zambullía al regazo de Mamá y se perdía entre sus senos transformándose en un bebé de pecho. Después de un rato me llamaba con la mano y me decía al oído que ese era el único lugar donde un hombre se podía sentir totalmente seguro de que otro hombre no fuera a matarlo. Al menos por ese día. (El Hermano 2 echa un vistazo disimulado al Hermano 3, que cierra los ojos. Apagón)

Vuelve la luz. El Hermano 3 está de pie al lado de su silla.

Hermano 3- Papá, un bebé... Pero por favor...

Hermano 1- ¿Qué es lo primero que te acordás de nosotros?

Hermano 3- Que somos hermanitos y que Papá era ciego.

Hermano 2- Igual que Mamá.

Hermano 4- No sé, yo nunca la vi.

Hermano 1- Yo tampoco. Pero la intuyo.

Hermano 3- ¿Se acuerdan de Simona? 

Hermano 2- No, pero yo me acuerdo de un bebé negro que me hablaba...

Hermano 1- Ya empezaste a comer... ¿Te estás baboseando?

Hermano 4- No, pero me encantaría.

Hermano 1- ¿Por qué no puedo dejar de pensar en el nombre de alguien que no recuerdo?

Hermano 3- Tal vez esté tan dentro de nosotros que no podemos decir una sola palabra sin dejar de nombrarla...

Hermano 2- Simona... Simona... No, no me dice nada.

Hermano 3- (Saca el cepillo y le habla al Hermano 1) Me... Me podrías, digo... A mí me encantaría que vos me... ¿Querés? ¿Ah?

Hermano 1- Pero claro, mi negro, si sabés que me encanta. (Comienza a peinarlo)

Hermano 4- ¿Qué es lo que te encanta?

Hermano 2- No empiecen... Yo sé cómo termina esto.

Hermano 1- Dejalo que se exprese... Dejalo.

Hermano 3- Lo peino porque me hace acordar a Mamá.

Hermano 4- ¡Mentira, porque vos nunca la viste!

Hermano 3- Sí la vi.

Hermano 4- No la viste.

Hermano 3- Bueno... No la vi, pero la peinaba.

Hermano 2- Pero si Mamá no tenía cabello.

Hermano 1- Sí tenía. Los dos teníamos casi el mismo cabello.

Hermano 2- No tenía, pobrecita... Pero hacía como que tenía y así Papá la peinaba... Bueno no la peinaba... Hacía como que la peinaba y eran felices... Bueno... O hacían como que eran felices... ¿Te acordás?

Hermano 3- No. No me acuerdo. Pero no importa... Yo igual te peino, mi negro, si total no me cuesta nada. A mí...

Hermano 4- A vos siempre te encantaron los objetos de funcionamiento simbólicos...

Hermano 1- Vos qué te metés, envidioso.

Hermano 4- ¿Qué me meto? Ya te voy a decir por qué me meto. (Lo amenaza)

Hermano 1- Ahí está, ya salió el mafioso. Cómo te encanta intimidar a vos, ¿eh? Desde que llegaste que no has parado de ejercer el apriete. ¿Te das cuenta vos? Vos sos consciente,  ¿no?

Hermano 2- ¿Yo mafioso?

Hermano 1- ¿Quién te está hablando a vos? ¿Qué te metés?

Hermano 2- ¿Que por qué me meto? Ya te voy a decir por qué me meto. (Lo amenaza)

Hermano 4- No se peleen.

Hermano 1- (Burlón) No se peleen. Ya te vamos a decir por qué nos peleamos. (Lo amenaza)

Hermano 2- Por algo será.

Hermano 3- (Deja de peinar al Hermano 1) ¡Bueno, basta! No se dan cuenta que me hacen mal...

Hermano 4- Mal… Así que nosotros te hacemos mal…

Hermano 3- (Tímido) Si…

Hermano 2- Te hacemos mal...

Hermano 3- Si…

Hermano 1- Nosotros te hacemos mal...

Hermano 3- Si.

Hermano 1- ¿Y vos? ¿Se puede saber qué te pasa, qué tenés?

Hermano 3- Ya te voy a decir qué tengo. Esperá un minuto... Ya vas a ver... (Lo amenaza)

En el preciso momento en que el Hermano 3 va a golpear al Hermano 1 se va la luz.

Simona

Vuelve la luz. Se puede ver a las cuatro hermanos sentados en hilera, de espaldas al público.

Hermano 3- Yo tengo un agujero, negro.

Hermano 2- Se dice Mamá, negro.

Hermano 4- No, se debería decir agujero negro.

Hermano 1- Nada que ver, se dice Simona.

Hermano 2- ¿Simona?

Hermano 4- Sí, sí, sí. Simona.

Hermano 3- ¿Simona es Mamá?

Hermano 1- ¿Un agujero negro, Mamá?

Hermano 4- ¡Qué espanto!

Hermano 2- Claro que es un espanto, negro. Si de Simona venimos y a Simona nos vamos...

Hermano 1- Nada que ver. 

Hermano 3- Obvio que nada que ver, si somos ciegos. 

Hermano 1- Qué decís... Si nada puede salir  de un agujero, negro.

Hermano 2- Claro, negro. No somos nada.

Hermano 4- Un agujero negro es negro... Negro... ¿Entendés, negro? 

Hermano 3- ¿Será cierto que la luz no puede salir de un agujero, negro?

Hermano 1- Obvio, si es negro es porque se chupa… La luz.

Hermano 2- Más vale, más vale que es negro. Si es un agujero.

Hermano 3- O sea que vale más... ¿Y esto es porque es un agujero o es porque es negro?

Hermano 2- Y, no… Me imagino que vale más porque... Porque el negro es un agujero lleno de colores y...

Hermano 4- ¡Qué profundidad!

Hermano 2- Obvio, si es un agujero.

Hermano 1- ¡Qué cursi!

Hermano 3- Cuando hablamos de Mamá me da hambre... 

Hermano 4- A mí me da miedo.

Hermano 2- ¿Por qué?

Hermano 3- ¿Por qué qué?

Hermano 1- ¿Por qué Simona nos hizo a algunos tan grandes?

Hermano 3- Y a otros tan pequeños...

Hermano 4- ¿Qué es Simona?

Hermano 2- Simona es Mamá. Pero también es...

Hermano 1- Es esa sensación que no podemos dejar de tener, aunque no sabemos qué es... 

Hermano 4- Ella es la nostalgia.

Hermano 2- Y nosotros todos los días no hacemos otra cosa que recordar la nostalgia.

Hermano 3- ¿La nostalgia?

Hermano 2- Claro... Recordar la nostalgia para exorcizarla. 

Hermano 1- Para recordar los momentos que aún no hemos vivido.

Hermano 3- ¿Qué aún no hemos vivido?

Hermano 4- ¿Quién no ha vivido?  

Hermano 2- A mí alguna vez me gustaría recordar momentos vividos.  

Hermano 3- ¿Y cómo se hace eso?

Hermano 1- Y hay que empezar a ver.

Hermano 3- Y a ver...

Hermano 4- Pero si somos ciegos.

Hermano 2- No hay mejor ciego que el que no quiere ver.

Hermano 1- No hay mejores ciegos que nosotros.

Hermano 4- ¿Y Simona?

Hermano 3- (Aparece detrás de ellos, en el cielo, la luna) Y Simona fue Mamá. Mirá, ahí está. Si la estoy viendo... Justo en el preciso instante en que dio a luz a cuatro bebés.

Hermano 2- Simona es Mamá... y nos ve a los cuatro... ¡Qué lindo!

Los Hermanos comienzan a ponerse de pie, de a uno, y toman diferentes posiciones en el espacio mientras contemplan en lo alto a Simona.

Hermano 1- Claro, porque la visión es femenina.

Hermano 4- La ceguera también, hermanito.

Hermano 3- Para ver hay que empezar por abrir los ojos.

Hermano 2- A mí me da miedo. Yo no estoy seguro...

Hermano 1- Yo pretendo seguir intuyendo todo.

Hermano 4- Somos ciegos y los ciegos tenemos miedo de abrir los ojos y seguir viendo todo oscuro.

Hermano 3- Tengo miedo. Pero también tengo hambre.

Hermano 1- Entonces me dan ganas...

Hermano 4- Pero tengo miedo…

Hermano 2- Y estoy como un perro ciego que cruza la calle porque sabe que una cuadra más allá hay una carnicería…

Hermano 3-  Porque tiene hambre...

Hermano 4-  Pero se acuerda del carnicero y su enorme cuchillo y le da miedo. 

Hermano 2- Entonces se queda congelado de miedo…

Hermano 1-  No avanza ni retrocede…

Hermano 4-  Se queda quietecito en el medio de la calle.

Hermano 3- Tiene tantos motivos para avanzar como para retroceder...
Hermano 1- Pero se queda congelado…

Hermano 2-  Pensando por qué le habrá tocado nacer perro y no carnicero.

Hermano 4- Y entonces una sensación fría le corre de punta a punta todo el espinazo.

Hermano 1- Y es que por un segundo se imaginó algo peor:

Hermano 3- Nacer como vaca y estar condenado a ser un bife.

Hermano 2- Sabe que algo se mueve más allá... Y se le viene encima.  

Hermano 1- Eso se está acercando con rapidez.

Hermano 4- Es un camión de la basura.

Hermano 3- Uno de esos que se lleva todo... Hasta los perros muertos...

Hermano 1-  Hasta los perros ciegos...

Hermano 2- Entonces sabe que si se queda ahí ya está muerto.

Hermano 4- No tiene nada... Sólo le quedan las ganas de saber qué hay delante de la ceguera.

Hermano 3- El camión dobla la esquina y cuando se quiere acordar ya está rodeado de empleados municipales.

Hermano 1- Entonces...

Hermano 2- Toma aire...

Hermano 3-  Mucho aire... Y respira...

Hermano 4- Profundamente.

Monólogo grupal

Los Hermanos se van agrupando desordenadamente hasta quedar en línea, de frente al público.  

Hermano 1, 2, 3 y 4- Tengo hambre. Tengo ganas de matar a besos y a mordiscones a los que no puedo ver. Tengo ganas de pescarme un resfrío de sol jugando en tu panza, mientras que mis ojos se bañan desnudos en tus mares oculares.
Tengo ganas de saltar de un puente y romperme la cabeza contra un contingente de jubilados de la mutual de luz y fuerza, y que de mi cabeza se escapen millones de mariposas de azúcar impalpable.
Tengo ganas de morirme de risa y olvidarme de una vez por todas de qué color es el caballo blanco de San Martín, para levantarme temprano y poder ir de nuevo a la escuela. Pero esta vez siendo yo el que le pregunte a la señorita si es preciso tener los ojos cerrados durante nueve años seguidos sin decir ni siquiera  “MU”.
Preguntarle si es parte del plan educativo repetir como un loro descerebrado todo eso que sale en los libros. Preguntarle a la abuela si es posible enamorarse tantas veces como uno quiera... Y que lo quieran, sí... Y que nos quieran... Jugando al pisa pisuela zapato sin suela me dijo mi abuela que sí... que no... que sí... que no... Que Papá era ciego, que Mamá era Simona. Pero que ella a pesar de todo no tenía la culpa.
Que cuando sea grande quiero ser perro y no chofer de camión recolector.
Que va a ser mejor que abra los ojos... Porque ya soy grande.
Que Papá Noel no es Papá Noé... Porque Noé. O sea, no existe. Así como los superhéroes nunca vinieron a tomar la leche conmigo.
Así como me doy cuenta de que cada vez tengo más miedo de abrir los ojos... Porque es mucho más fácil hacerlo cuando se está soñando... Por eso durmiendo lo hace cualquiera...
Por eso sigo hablando y no me canso de saber que soy una cinta que se repite... Y se repite... Todos los días. Como esos anhelos de Papá y Mamá se repiten en mí...
Hoy no estoy tan convencido de que mis hermanos sean mis hermanos, de que tu país sea tu país, de que tu Mamá se llame como se llamaba ayer y de que tus tíos de Córdoba realmente sean de Córdoba y sean tus tíos.
Hoy sólo sé que algo importante se llama Simona y que estoy ciego... Que todas estas ecuaciones sirven para llevarme a algún lugar. Y que hay una guerra de hormonas que me sacude desde antes de nacer y que me muero de ganas de bañarte en silencio, mientras mis ojos se pierden en tus ojos y te veo tan bella y tan negra caminando en el parque con tu cabellera roja flameando por la brisa marina del lago.

Y yo sé qué me vas a preguntar algo...

Se van separando lentamente hasta que solamente  existe un contacto mínimo entre ellos.

Y la respuesta es... Que sí, que tenés razón... Que detrás de todo siempre hay una mujer que pregunta...

¡Hermanitos! ¡Hermanitos! Hermanitos...

¿Por qué tienen unos ojos tan grandes?

Abren los ojos lentamente hasta el punto de no poder abrirlos más. Reconocen por primera vez todo lo que tienen a su alrededor. Tanto a sí mismos como al otro. Luego miran detenidamente hacia donde se encuentra el público y avanzan.

¡Para comerte mejor!

 Justo en el límite de la cuarta pared, se va la luz.


Fin



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Prohibido suicidarse en primavera

 

 

 

 

PROHIBIDO SUICIDARSE EN PRIMAVERA

Alejandro Casona

 

Chole

Alicia

La Dama Triste

Cora Yako 

Fernando

Juan

Doctor Roda 

Hans

El Amante Imaginario

El Padre de la otra Alicia

 

 ACTO PRIMERO

En el Hogar del Suicida, sanatorio de almas del Doctor Ariel. Vestíbulo como de hotel de montaña, recordando esos paradores de turismo construidos sobre ruinas de antiguos monasterios y artísticamente remozados por un gusto nuevo. Todo es aquí extraño, sugeridor y confortable: el mobiliario, la plástica, el trazado de las arquerías, la disposición, indirecta de las luces acristaladas. En las paredes, bien visibles, óleos de suicidas famosos reproduciendo escenas de su muerte: Sócrates, Cleopatra, Séneca, Larra. Sobre un arco, tallados en piedra, los versos de Santa Teresa:

 

"Ven, Muerte, tan escondida

Que no te sienta venir

Porque el placer de morir

No me vuelva a dar la vida".

 

Amplia verja al fondo, sobre un claro jardín de sauces y rosales. El jardín tiene un lago, visible en parte, un fondo lejano de cielo azul y montañas jóvenes nevadas. En ángulo, a la derecha, arranca una galería oscura, en arco, con una pesada puerta de herrajes, practicable, sobre el dintel, una inscripción que dice: "Galería del Silencio" .En frente, otra semejante, pero clara y sin puertas: ”Jardín de la Meditación”.

 

EMPIEZA LA COMEDIA

En escena, el Doctora Roda y Hana, su ayudante, con bata de enfermero. El primero, de aspecto inteligente y bondadoso; el segundo, de rostro y palabra mortalmente serio. El Doctor, al lado de una mesa volante de trabajo, revisa sus ficheros.

 

Doctora: Desengaños de amor, 8. Pelagra, 2. Vidas sin rumbo, 4. Catástrofe económica... cocaína... ¿No tenemos ningún caso nuevo?

Hana El joven que llegó anoche. Está paseando por el parque de los sauces, hablando a solas.

Doctor:¿Diagnóstico?

Hans: Dudoso. Problema de amor.

Doctor: ¿Ha hablado usted con él?

Hans: Yo sí, pero no me ha contestado. Sólo quiere estar solo. Está sobresaltado

Doctor: Miedo nervioso. Muy bien; entonces hay peligro todavía. ¿Su ficha?

Hans: Aquí está.

Doctor (leyendo):Sin nombre. Veinticinco años. Desengaño de amor. Tiene un libro de poemas inédito. Ah, un romántico; no creo que sea peligroso. De todos modos, vigílelo sin que él se dé cuenta, ¿Ha ido a ver a la señora del pabellón verde?

Hans: ¿La Dama Triste? Está en el jardín 

Doctor: ¿Vigilada?

Hans:¿Para qué? La he venido observando días. Sólo le gusta llorar.

Doctor: Déjela. El llanto es tan saludable como el sudor, y más poético. 

Hans: Perdóneme el doctor, pero creo que ninguno de nuestros huéspedes tiene el propósito serio de morir. Temo que estamos fracasando.

Doctor: Paciencia, Hans, nada se debe atropellar. La Casa del Suicida está basada en un absoluto respeto de la muerte. Esperemos.

Hans: Esperemos (Señalando con un gesto). La Dama Triste.

 Dama: Perdóneme, Doctora...

Doctor: Señora...

Dama: He seguido sus consejos con la mejor voluntad he llorado toda la mañana. Y nada. Cada vez me siento más cobarde.

Hans (animándola):¿Ha visto usted nuestro muestrario último de venenos?

Dama: Sí, los colores son preciosos, pero el sabor debe ser horrible.

Hans: Puede añadirle un poco de Menta.

Dama: No sé ... El lago también me gustaría, pero esta tan frío. No sé, no sé qué hacer... ¿Qué pensará usted de mí, Doctor?

Doctor: Por Dios señora; le aseguro que no tenemos prisa alguna.

Dama: Gracias. ¡Ah, morir es hermoso, pero matarse

Doctor:Es difícil.

Dama: Gracias, Doctora, es usted muy amable conmigo. (Va a salir. Se detiene a ver entrar al Amante Imaginario. Es un Joven de aspecto romántico y enfermizo. Vive ensimismado. Suena detrás de él una campana, y se vuelve sobresaltado. Se recobra. Saluda turbado.)

Amante: Buenos días...

Doctor:¿Ha elegido usted ya su procedimiento?

Amante: No, todavía no. Pensaba.

Hans (ofreciendo la mercancía como en un bazar).muchos elementos de suicidio(le muestra un panfleto) 

Amante:¿Para qué tanto? Cuando la vida pesa basta con un árbol cualquiera.

Hans (apresurándose a tomar nota en su cuaderno):Ah, muy bien. "Suspensión". Perfectamente. .¿Número de cuello?

Amante: Treinta y siete, largo.

Hans: Treinta y siete. ¿Tiene preferencia por algún árbol?

Amante (en una reacción brusca):¡Oh, cállese. Es odioso oír hablar así de la Muerte. (Transición.) Perdón ... (Va a salir por la Galería del Silencio.)

Doctor: Un momento. Si no se ha decidido aún ... valla por aquí

Amante: Gracias. (Sale. Saluda a la Dama Triste con una inclinación de cabeza.)

Dama:¿Otro desesperado? ¡Qué pena, tan joven....! ¿Algún desengaño de amor? (sale)

Doctor: Así parece.

Hans: Y así todos. Mucho llanto, mucha tristeza poética; pero matar no se mata ninguno.

Doctor: Esperemos, Hana.

Hans (Sin gran ilusión): Esperemos.(Sale Hans. El Doctor Se dispone a tomar unas notas. Se oye de pronto un grito de mujer. Por la, Galería del Silencio sale corriendo Alicia, una muchacha, apenas mujer, de dulce aspecto. Viste con una sencillez humilde y limpia. Viene espantada, como huyendo de un peligro inmediato.)

Alicia y el Doctor

Alicia: ¡No! ¡No quiero morir..., no quiero morir! (Al ver al Doctor, que acude a ella.) ¡Paso! ¡Déjeme salir de aquí!

Doctor:  Calma, muchacha, ¿Adónde va usted, Alicia, eh?

Alicia: No sé: ¡al aire libre!... ¡a la vida otra vez! ... ¡Déjeme! (Volviéndose sobresaltada.) ¿Quién anda ahí?

Doctor: Nadie.

Alicia: He visto una sombra. La he oído reír...

Doctor: Vamos, vamos, alucinaciones.

Alicia (empieza a sentirse aliviada. Se pasa una mano por la frente):¿Quién es usted?

Doctora LA Doctora Roda, directora de la Casa. Tranquilícese.

Alicia:¿Por qué hacen ustedes esto? Esos árboles extraños, con cuerdas colgadas, esa música invisible, esa Galería negra que da vueltas y vueltas... ¡Es horrible!

Doctora tranquila. ¿Venga conmigo?

Alicia:¡No! ¡Volver, mol Quiero salir de aquí.

Doctora Nadie la detiene.. Es usted libre.

Alicia (Con una amargura infinita):La ciudad otra vez... (Se deja caer llorando en el asiento. El Doctor la contempla, conmovido.

Doctora:¿Por qué ha venido aquí? ¿Sabe dónde está?

Alicia: Sí, fue un momento de desesperación. Había oído hablar de una Casa de Suicidas, y nada más.

 Doctor:¿Ha vivido siempre sola?

Alicia: Siempre. 

Doctora:¿Qué fue lo que la decidió a venir aquí?

Alicia: Fue anoche. No podía más. Estaba sin trabajo hacía quince días. Tenía hambre: un hambre dolorosa y sucia

Doctora: Comprendo.

Alicia: No, no lo comprende usted. Aquí los árboles y las montañas, no pueden comprender esas cosas. En la ciudad. ¡Allí sí que se siente uno solo entre millones de seres indiferentes 

Doctora: Espero que no sea la ciudad lo que ha causado su desesperación.

Alicia: Oh, no fue ¿la soledad? ¿Sabe usted por qué he venido aquí?

Doctor: Eso es lo que no acabo de comprender.

Alicia: Es natural; en un momento de desesperación, una se mata en cualquier parte. Pero yo, que he vivido siempre sola, ¡no quería morir sola también! ¿Lo entiende ahora?

Doctor (interesado): No trato usted de buscar algún compañero

Alicia: ¿Para qué? Cuando llegué aquí ya no sentía más que el miedo; yo venía huyendo de la soledad. . . y la muerte es la soledad absoluta.

Doctor: Magnífico, muchacha. Su juventud la ha salvado. Usted ya no me necesita, pero acaso yo la necesite a usted. 

Alicia: Pero, ¿qué puedo yo hacer?

Doctor: sea aquí nuestra enfermera de almas

Alicia (estrechándola conmovida): Gracias

Doctor: Por aquí. Y no pierda su fe. No le pida nunca nada a la vida. (Sale con ella. La escena sola un momento.)

(Estalla fuera una alegre risa de mujer. Entra corriendo Chole: una juventud impetuosa y sana. Asomada a la verja, llama con el grito jubiloso de los montañeros.)

Chole: ¡Oh oh! (Abre la verja de par en par. Penetra en escena. Mira agradablemente sorprendida en torno, y vuelve a llamar hacia el exterior.) ¡Oh oh! (Contesta fuera, la voz de Fernando).

Voz: ¡Oh, oh!

(Entra Fernando, joven también, alegres y decididos como ella. Traje de viaje, equipaje de mano, cámara fotográfica en bandolera.)

Fernando y Chole. Después, la Dama Triste 

Fernando: ¿Tierra firme?

Chole: ¡Y qué tierra! Montañas con sol y nieve, un lago, un hotel confortable, ¡y nosotros! Mira qué nombres tan bonitos: "Galería del Silencio"... "jardín de la Meditación"... Y en el parque, ¿has visto? "Sauce de los enamorados", con cuerdas colgadas para los columpios. Dame las gracias ahora mismo, Fernando.

Fernando: Gracias, Chole... ¡Qué aspecto extraño tiene todo esto!

Chole: ¡Encantador!

Fernando: Encantador, pero extraño. Seguramente uno de esos paradores de turismo para ingleses y enamorados.

Chole: Lo que nos hacía falta. ¡Ay, qué vacaciones, Fernando! ¿Ves? Siempre debías dejarme conducir a mí. La primera vez que me dejaste el volante descubrimos así unas ruinas góticas, ¿te acuerdas? La segunda...

Fernando: La segunda nos fuimos contra un castaño de Indias.

Chole: Pero no se destrozó más que el coche. Me dijiste: tenemos una semana de vacaciones en el periódico; Aquí lo tienes.

Fernando: Decididamente, ¿nos quedamos aquí?

Chole: ¿Dónde Mejo?

Fernando: Pero ¿es que no hay nadie en este hotel? (Llamando a gritos hacia un lado.) ¡Oh oh! (Pausa.)

Chole (hacia el otro): ¡Oh oh! (Pausa.)

Fernando: Nadie.

Chole: Mejor. ¡La montaña y nosotros! ¿Qué más nos hace falta? ¡Esto es El paraíso!

Fernando: Si…El paraíso... (Se besan riendo, dichosos de amor y juventud. 

(Entra la Dama Triste. Los contempla con una ternura llena de lástima).

Dama: Pobres... ¿Ustedes también?

Fernando: Señora...

Dama: ¡Qué pena! Tan jóvenes, (Cruza la escena y sale).

Fernando: ¿Por qué le dará pena a esa señora que seamos tan jóvenes?

Chole: No lo habrá sido nunca. ¿Has visto qué aire melancólico?

Fernando: Enferma del hígado, seguro. 

Chole (que se ha quedado mirando los cuadros, extrañada): Mira...

Fernando (leyendo las inscripciones de los cuadros que ella señala):"acá dice veneno". "sangrante."

Chole:" Pistola”, (comenzando a inquietarse). 

Fernando: Huy, huy, huy...

Chole: ¿Y aquí? Sobre el arco: (Lee) "Ven, Muerte, tan escondida - que no te sienta venir - porque el placer de morir - no me vuelva a dar la vida”. Santa Teresa. (Pausa. Se miran desconcertados.)

Fernando: ¡A que nos hemos metido!

Chole: ¡Un convento ¡¡esto Sera magnífico!

Fernando: no me parece lo más indicado para dos novios en vacaciones.

Chole:Somo Los novios! ¡Los únicos! ¿Quién se ha querido en el mundo antes que nosotros?

Fernando:¡Nadie!

Chole:¿Quién se atreverá a quererse después? 

Fernando:¡Nadie! (Rompiendo el abrazo, pasa Hana por el arco del jardín. Va tocando una campanilla. Se asoma a escena y grita.)

Hans: Sala de la veneno ¡libre!

(Sigue con su campanilla. Pausa. Chole y Fernando se miran inmóviles.)

Chole (aterrada):¿Ha dicho sala del veneno?

Fernando:Huy, huy, huy..., (Toma un libro sobre la mesa del Doctora.) ¡Demonio!

Chole:¿Qué? "El suicidio considerado como una de las Bellas Artes".

Fernando: ¡Este libro! (Suelta el libro.) Me parece, Chole

Chole (disponiéndose a huir):¿Dónde pusiste el maletín?

Fernando:¡Eh, alto! ¡Huir, no! Somos periodistas, Chole. Cuando un periodista se tropieza con algo sensacional, no retrocede aunque lo que tenga delante sea un rinoceronte. Antes morir. Deja ese maletín.

(Entra el Doctor. Va hacia su mesa. Se detiene al verlos.)

Fernando, Chole y el Doctora

Doctora ¿Les atienden a ustedes?

Chole: No, gracias. Sólo entramos a dar un vistazo. 

Fernando Señor, permítame que me presente, Fernando Zara, periodista; especializado en reportajes sensacionales. Doctor…

Mucho gusto. Chole, mi compañera, mi novia,

Doctor:. Doctor Roda, director de la Casa. Pero ... si son ustedes una pareja feliz, ¿Han llegado ustedes voluntariamente?

Chole: No… Hemos llegado fatalmente. Conducía yo. 

Doctor: ¿Y saben ustedes dónde están?

Fernando: Todavía no; pero lo sabremos en seguida. Es nuestra profesión somos periodistas.

Doctor: ¿Y creen ustedes haber encontrado aquí su "su respuesta" me parece que tienen que retirase?

Chole:¡No nos cierre las puertas, Doctor! ¡Ayúdenos, Doctor (con una sonrisa de simpatía).

Doctor: Está bien, veamos. ¿Son ustedes, en efecto una pareja feliz?

Fernando (Posando la mano sobre el  hombro de ella):¡Cómo no ha habido otra!

Doctor: ¿Enfermedad?

Chole: Ninguna.

Doctor: ¿Problemas espirituales?

Fernando: No existen.

Doctor: ¿Amor?

Chole: ¡Torrencial!

Doctor: En, ese caso, yo puedo facilitarles su trabajo. Pero ustedes, en cambio, pueden prestarme a mí un gran servicio.

Los dos: A sus órdenes.

Doctor. ¿Quieren ustedes ser aquí la vida feliz?

Chole: estamos de vacaciones.

Doctor: Pues siendo así como colaboradores y. amigos, escuchen ustedes. (Se Sientan)

Fernando: ¡Chole! (Chole prepara lápiz y cuaderno.)

Doctor: No; prométanme que no escribirán una sola línea hasta que no conozcan a fondo la institución. 

Fernando: Chole ... (Chole guarda lápiz y cuaderno.

Doctor:

¿Conocieron ustedes al Doctor Ariel?

Fernando:

El Doctor Ariel..., sí.

Chole: Sí, sí, el Doctor Ariel.

Doctor: El Doctor dejó escrito un libro maravilloso. (Lo toma de la mesa.)

Fernando: Sí. "El suicidio considerado como una de las Bellas Artes".

Doctor:¡Ah!, ¿lo conocía usted?

Fernando: No hace mucho; pero lo conocía. 

Doctor:

Este libro está lleno de ciencia; pero también de comprensión humana y de ternura. Vea la dedicatoria: "A mis pobres amigos los suicidas” y fundo esta casa  

Gracias.

Chole: Hasta aquí, todo va bien. Pero si el doctor Ariel murió feliz al fin, ¿por qué la fundación de esa casa?

Doctor: Ahí empieza el secreto. Este es el Club del perfecto suicida. Todo en ella está previsto para una muerte voluntaria, estética y confortable

Chole (echando mano a su lápiz): Magnífico. Segunda etapa.(Fernando la detiene con un gesto.)

Doctor: Etapa de la meditación. El enfermo pasa largas horas en silencio y soledad y Un día se sorprende a sí mismo acariciando a una rosa.

Fernando: Y empieza la tercera etapa.

Doctor:

Ultima. El alma se tonifica, El pasado va perdiendo sombras y fuerza! Ese día el enfermo abandona la casa, y en cuanto traspasa el jardín, echa a correr sin volver la cabeza. ¡Está salvado!

Chole: Precioso. Parece una balada 

Fernando: No está mal. Periodísticamente era más interesante que se matasen. 

Doctor: Aquí sólo llegan los vacilantes. Desdichadamente, el desesperado profundo se mata en cualquier parte, Voy a encargar que dispongan sus habitaciones.

Fernando: Gracias. ¿Nos permite hacer algunas preguntas a sus pacientes?

Doctor: Bien mire Generalmente son desconfiados y no abren fácilmente su corazón a un extraño.

Chole: Aquel joven que se acerca, ¿es un enfermo?

Doctor: Ah, sí: un muchacho romántico. Le llamamos aquí el Amante Imaginario

Chole, Fernando y el Amante

Amante: Perdón ¿Compañeros?

Chole: Funcionarios ...

Amante: Ah, funcionarios (Va a seguir, desilusionado.)

Fernando:  ¿Por qué no se sienta? 

Chole:¿Quiere usted tomar alguna cosa?

Amante: Gracias. Quiero terminar cuanto antes. 

Fernando:¿Ha elegido usted ya su procedimiento?

Chole: No se decida sin consultarnos: tenemos los mejores venenos, un lago de leyenda, celdas individuales y...

Amante:¡Ah, ustedes también! Yo esperaba encontrar un corazón amigo.

Chole: Cuente usted con ese corazón. Hemos visto su ficha. Desengaño de amor. Nos gustaría tanto conocer su historia.

Amante (con ganas de contarla):¿De veras? ¿La oirían ustedes?

Chole:¿Cómo no? 

Amante: Gracias. (Pausa.) Yo era un empleado Hacía números por el día y versos por la noche. Una noche fui a la ópera. Cantaba Cora Yako el papel de Margarita. ¡Una mujer espléndida!

Fernando: La conozco. Ha dado mucho que hacer al huecograbado.

 Amante Cora Yako. Cantó toda la noche para mí. No era ilusión, no; sus ojos se clavaban en los míos Y volví al teatro. Noche tras noche y le envié un ramo de flores Y una tarjeta. Después... (Vacila. Se calla.) 

Chole: Después, ¿qué?... Diga.

Amante: Después ... ¡fue la felicidad! Nos besábamos todo los países y la  he abrazado en todos los idiomas! ...

Fernando. Y qué más?

Amante (seco): Nada más.

Chole:¿Nada más? ¿Entonces?

Amante: ¿Qué? ¿No me creen? ¡Les juro que es verdad! ¿Qué tengo yo que no me quiera una mujer?

Fernando: no es un poco raro, es que ha contado su historia de un modo tan extraño...

Chole:¿Por qué ha mentido usted?

Amante: (vencido por el tono cordial de Chole): Tiene usted razón. Para qué mentir, si nadie Me cree... sin embargo no he mentido que Cora me miraba cantando, pero cuando volví al teatro, el vestíbulo estaba lleno de baúles y decorados. Mi ramo estaba tirado y pisoteado en un rincón, y la tarjeta sin abrir. Necesito que crean esta historia. Necesito creerla yo también ... y después morir. (Sale de puntillas, entra el Doctor.)

Doctor: Sus habitaciones están dispuestas. ¿Quieren pasar a verlas? 

(Chole y dra. Salen con el maletín. Fernando, a solas, da unos pasos en la dirección en que salió el Amante Imaginario. Se vuelve al ver a la Dama Triste). 

Fernando y la Dama Triste

Fernando: Señora...

Dama: ¿Es usted nuevo en la casa?

Fernando: Soy el nuevo ayudante del doctor.

Dama: Qué interesante, 

Fernando:¿No ha encontrado todavía su procedimiento?

Dama: Son todos demasiado brutales. 

Fernando: Puede encontrarse otra cosa. ¿Conoce usted el libro del Doctor Ariel? ¿No? Ah, es un manual perfecto. Vea en el apéndice la distribución geográfica de los suicidios. (Extiende la hoja de un mapa)

Dama:¿Dónde está señalado el suicidio pasional? 

Fernando: Aquí: la franja encarnada. Vea, al margen, la gráfica estadística: Índice anual de suicidios por amor: Inglaterra 14; Francia, 28; Alemania, 41; Italia, 63; España, 48; Estados Unidos, 2.

Dama: ¿Dos solamente?

Fernando: Dos. Eran mejicanos nacionalizados. (Deja el libro.)

Dama: Ah, qué bien ha hecho usted en leerme esos datos ¡Me gustaría tanto morir por amor! Desgraciadamente, para eso hacen falta dos ... ¿Usted me ayudaría?

Fernando: Honradísimo, señora, pero... estoy comprometido ya.

Dama: Siempre llego tarde.

Fernando: Perdón. Sí me hace usted el honor de una confidencia, ¿,por qué quiere morir?

Dama:¡Por tantas cosas!

Fernando:¿Puede decirme alguna?

Dama: Desilusión absoluta. Tengo lástima de este pobre cuerpo mío, que no me ha proporcionado nunca más que dolor.

Fernando:¿Y por lástima de su cuerpo ha decidido usted quitárselo de en medio? Me parece excesivo

Dama: ¿Para qué conservar lo que de nada sirve? Mi carne no existe. Sólo mi alma ha vivido.

Fernando: Pero no lo lamente demasiado. Al fin y al cabo el cuerpo es de origen tan divino como el alma; No se ponga triste. Reconcíliese usted consigo misma. ¿Quiere que la acompañe a dar una vuelta por el parque? Hace un sol espléndido.

Dama: Gracias...(Acepta su brazo. Se justifica):

 (Salen. La escena sola. Suenan de pronto uno, dos, varios timbres y campañas de alarma. Sale corriendo Alicia. Grita llorando.)

Alicia: ¡Doctor..., Doctor! (Acude el Doctor.)

Doctor:¿Qué ocurre?

Alicia: ¡Allí! (Señala la Galería del Silencio.) 

Doctor: Pronto... ¡Hanal ¡Deténgalo! ... (Suena dentro un disparo. Callan los timbres. Alicia se tapa la cara con las manos. Entra Hana forcejeando con Juan, que lucha desesperadamente por desasirse y recobrar su arma.)

Juan: ¡Déjeme ¡Suelte!

Doctora:¿Qué ha sido?

Hana: Nada ya. He conseguido desviarle la pistola a tiempo. Aquí está.

Doctora: Traiga.

Juan: ¡Suelte (Se desprende violentamente.) 

Doctor: Pronto, Hana, calme a los demás. Que no acuda nadie.

(Sale Hana. Alicia queda al fondo y escucha sin hablar toda la escena. Juan trata ahora de arrebatarle la pistola al Doctor.)

Juan: ¡Déjeme ¡Es mía!

Doctor:¡Quieto!

Juan:¡Es mía!

Doctor:¡Mol (Lo rechaza. Juan cae sin fuerzas en una butaca y esconde la cabeza entre los brazos, sollozando convulso. El Doctor se acerca lentamente a su escritorio. Guarda el arma.) ¡Qué iba usted a hacer!

Juan: Necesito morir. ¡Mañana puede ser tardel

Doctor: ¿Y por qué?

Juan: Si no me muero yo, acabaré matando. Lo sé ... ¡Y no quiero matar!

Doctor: Vamos, serénese. ¿Por qué había de matar usted a nadie?

Juan: lo Mataré. Porque él me quiere ... ¡y no sabe siquiera todo el daño que me hace!

 Doctor:¿Quién es él?

Juan: Es mi hermano... Todo lo que yo hubiera querido, todo me lo ha quitado él sin saberlo. Me robo todo lo que yo quise, mi madre mi novia, . L Pero él no tiene la culpa; él es bueno. ¡Es además mi hermano! Líbreme de esta pesadilla, Doctor.. . No quiero matarlo.. ¡No quiero matarlo! (Entran precipitadamente Chole y Fernando).

Chole: ¿Ha ocurrido algo, Doctor? (Sorprendida al verle.) ¡Juan!

Juan: ¿ustedes?

Doctor:¿Se conocían ustedes?

Fernando: Es mi hermano... (Avanza hacia él).

Telón.

 Acto Segundo

:En el mismo lugar, tres días después. Luz de tarde. Han desaparecido los cuadros de muerte, y en su lugar Chole acaba de colgar un solo cuadro nuevo: La Primavera de Botticelli. Alicia, viste de enfermera,

Chole y Alicia

Chole: ¿Queda bien así?

Alicia: Sí, muy bien. Los otros cuadros eran tan tristes ...

Chole (disponiendo un cacharro de flores)¿Y estas flores? ¿Le gustan? mañana es el primer día de primavera. Cuando florezcan habrá que ponerlas también en todas las habitaciones. (Quedan mirándose). Está usted hoy muy sonriente, Alicia..

Alicia: Estoy contenta.

Chole: ¿Por qué?

Alicia No sé..., se ha reído usted toda la mañana. No había tenido nunca a nadie que se riera junto a mí.

Chole (riendo):Es gracioso. ¡Está usted contenta porque me río yo!

Alicia: Tampoco había tenido nunca una amiga. Y usted me dio la mano

 Chole (estrechándosela cariñosamente): ¿Amiga siempre?

Alicia: Siempre.  (. Sonríe también):

Gracias...(Sale. Entra el Doctora)

Chole y el Doctora

Doctora: Señorita Chole...

Chole: Buenas tardes, Doctora. ¿Nota usted algo nuevo aquí?

Doctor: No sé ... ¿Esas flores? (Volviéndose) ¡Los cuadros! Por fin los ha arrancado usted.

Chole: Eran demasiado sombríos. No hacían ningún bien a esta pobre gente..

Doctor: Es curioso. Está usted en plena etapa de meditación y de ternura.

Chole: Algunas de estas historias íntimas, me han llegado muy hondo. Esa contradicción constante del suicida con la lógica de la vida. ¿Por qué se matan más los triunfadores que los fracasados? ¿Por qué se matan más los enamorados que los que no han conocido amores? ... ¿Y por qué se matan más en la primavera que en el invierno?

Doctor: Difícil de explicar para una mujer feliz. 

Chole: No, Doctor, no me haga usted dudar. La vida no es solamente un derecho. Es, sobre todo, un deber.

Doctor: Ojalá piense usted siempre así.

(Pausa. En el umbral del jardín aparece el Padre de la otra Alicia; una noble cabeza blanca agobiada de dolor. Vacila. Se adelanta al fin, con una paz humilde y rota.)

Chole, el Doctor y el Padre de la otra Alicia

Padre: Perdón ... ¡la Doctora Roda?...

Doctor: A sus órdenes.

Padre: Tengo algo que pedirle ... Algo muy íntimo, muy difícil ... Pero necesario.

Chole: ¿molesto?

Doctor: De ningún modo..

Padre: Doctora...

Doctor: Diga.

Padre: Doctor ... ¡Hágame usted morir!

Doctor:¿Yo? ¿Por qué?

Padre: seguir viviendo así. Sin ella. Antes yo Tenía  un deber: unos ojos y una voz que me necesitaban.

Doctor:¿Quién era ella?

Padre: Era mi hija... Estaba paralítica desde la niñez. Nada se movía en su cuerpo; yo la cuidaba todo el tiempo Hasta que un día, empecé a sentirme enfermo; era uno de esos males lentos y seguros. Entonces Y la fui durmiendo suavemente..., sin dolor... hasta que no despertó más. ¿Comprenden ustedes? Era mi hija y mi vida. La he matado yo mismo (Cae desfallecido en un lamento, pausa. El Doctor aprieta angustiado Ias manos de Chole.)

Doctor: Sí, la vida es un deber. Pero es, a veces, un deber bien penoso.

Chole (llama en voz alta):¡Alicia!

Padre (sobresaltado): ¡Alicia ¿Quién se llama aquí Alicia?

Chole: Es nuestra enfermera.

Padre:...También ella se llamaba Alicia. 

(Entra Alicia. Trae un libro bajo el brazo. El Padre avanza lento hacia ella, mirándola con una intensa emoción.)

Padre: Es extraordinario... cómo se parecen... 

Alicia (sin saber qué decir, sonriendo):Gracias...

Padre:Ah..., no... La voz, no. Perdone Si no le molesta, le puedo leer un cuento. En el jardín, ¿quiere

Alicia: Se lo agradezco  (Sale con ella.).

Doctor:¿Cree usted que podremos salvarle?

Chole: Me parece que está salvado ya. (Pausa. Se oye fuera el grito montañero de Fernando.) 

La Voz: ¡Ohoh!

Chole:¡Ohoh! (Corriendo a él, al verle aparecer)

Fernando:! Perdón, Doctor., (La besa en los labios.)

El Doctor, Chole y Fernando

Chole:¡Has estado fuera todo el día! Y has salido sin despedirte.

Fernando: Estabas dormida como un tronco.

Chole:¿Te has acordado de mí?

Fernando: Todo el día.

Chole:¿No me has traído nada?

Fernando: Ah, sí; una rosa de los Alpes, 

Chole: (Sale)

Fernando y el Doctor. Luego Hans

Doctor: No parece muy feliz con su día de campo.

Fernando: Decididamente soy un salvaje urbano.

Doctora sin embargo, la Naturaleza es más de la mitad del arte.

Fernando: Eso sí; literariamente no tengo nada que reprocharle. (Entra Hana.)

Doctor:¿Alguna novedad, Hana?

Hana: Ninguna

Doctor: ¿El amante ?

Hans: Le sigue contando la historia de Cora Yako a todo el mundo. Nadie se la cree.

Doctor: ¿Y la señora del pabellón verde?

Hans: ¿La Dama Triste? No sé qué le ocurre

Fernando: Yo sí. (Riendo Fernando)

Hans:¿Se ríe usted? ¡Yo, no!

Doctor: No está de muy buen humor hoy, Hana.

Hans: Perdóneme el Doctor, pero hay cosas que no, van a mi carácter. Y desde hace unos días esto no marcha. 

Fernando: ¿Desde que llegamos nosotros?

Hans: Exactamente Nadie se había reído nunca aquí hasta que llegaron ustedes ". ¿Adónde vamos a parar?

Doctor: Calma, Hans. Todo llegará.

Hans (sin gran fe): Esperemos. (Va a salir. Se detiene aterrado.) Oh, Doctor... ¡Los cuadros!

Doctor: Ha sido idea de la señorita Chole. Los otros le parecían demasiado sombríos.

Hans: (Se queda contemplando el Botticelli con un desprecio infinito..) ¡La Primavera! ¡Qué tendrá que hacer aquí la primavera! No es serio esto. No es serio... 

Doctor: tranquila Hana (se van)

Cora y Fernando

Fernando: Señora... 

Cora: ¿Es usted empleado de la casa? ¿Tienen ustedes un sitio libre?

Fernando: Siempre

Cora: debo confesarle que yo no traigo el menor propósito de matarme. 

Fernando: Ah, ¿no?

Cora: Soy artista, ¿sabe? He triunfado en cien países, los años van pasando

Fernando: ¿Me permite tomar unos datos para abrir la ficha? (Toma una del fichero y anota.) Profesión: artista.

Cora: Cantante de ópera.

Fernando: Edad... ¿Le parece bien veinticuatro años?

Cora: Gracias.

Fernando:¿Su nombre? 

Cora:  Cora Yako.

Fernando: Pero... ¿es usted Cora Yako en persona? ¡Oh, déjeme estrechar esas manos!

Cora:¿Me ha oído usted cantar?

Fernando:¡Nunca! pero… 

Cora: ¿Qué quiere? 

Fernando: ¡Cora Yako! ¿Me perdona que la deje sola un momento? Hay alguien en la casa que tendrá, el mayor gusto en atenderla. Voy por él. ¡Cora Yako, Cora Yako! (Sale.)

Cora (mirándole ir): Simpático muchacho. (Curiosea en torno con la mirada. Se fija en el Amante Imaginario, que llega por el extremo opuesto como una sombra romántica sin rumbo. Viene deshojando una margarita. Se sienta. Suspira.)

Cora Yako y el Amante

Cora: Perdón ... ¿Es usted empleado de la casa? (Él la mira vagamente. Niega con la cabeza

Amante:¡Amor He amado mucho; he sido todo lo feliz que puede ser un hombre. ¿Para qué vivir más? 

Cora (le mira con inquietud): Ya...

Amante: ¿Por qué me mira así? Cree que estoy loco, ¿verdad? 

Cora: ¿era cantante?

Amante: ¡Era una voz de plata enredada a un alma! Yo era un muchacho pobre; pero tenía juventud, hacía versos ... Cora no necesitaba más.

Cora:¿Se llamaba Cora?

Amante: Cora Yako.

Cora: Ah, Cora Yako... ¡Qué interesante!

Amante: Yo estaba en lo más alto de la galería; pero toda la noche cantó para mí.

Cora: ¿Para usted solo?

Amante: Me lo decían sus ojos, que no me dejaban un momento

Cora: ¿Tanto llegó a quererla en una noche?

Amante: A veces cabe toda la vida en una hora.

Cora:¿Y ella?

Amante Ella comprendió. Besó las flores despacio, despacio, mirándome... Y así empezó el amor. Por semanas por meses

Cora: Me gustaría que volviéramos juntos. También yo sé cantar ... 

Amante (con una emoción violenta, casi de miedo, cogiéndole las manos):

¿Por qué me mira así? Esos ojos... esos ojos... ¿Quién es usted?

Cora (tranquila): Cora Yako.

Amante: ¡No es posible!

Cora: No apriete tanto. Tiene usted que contarme que hemos hecho juntos. Estoy en el Pabellón Azul. Tendré un placer verdadero en recibir allí sus flores... 

Amante: ¡Cora!...  ¡Cora! (Sale detrás de ella, deslumbrado, atragantada la voz.)

(Entra Juan, sin camino. Se hunde en un sillón. Silencio. Vuelve Chole. Su mirada resbala sobre Juan como si encontrara la escena desierta.)

Chole y Juan

Chole: No está aquí. ¿Has visto a Fernando?

Juan (con un vago acento de reproche): Buenas tardes, Chole.

Chole: Buenas tardes. ¿Le has visto?

Juan: No creo que se vaya a perder. 

Chole (sorprendida): ¿Por qué me hablas con ese tono? Te pregunto por tu hermano y me contestas como si te hubiera hecho daño.

Juan: Era yo el que estaba aquí.

Chole: Ya. Pero yo le buscaba a él.

Juan: Sí, ya sé, siempre a él. Vas hacia él con los ojos cerrados, como si nadie más existiese a tu alrededor. 

Chole: Perdona....

Juan:  Ya estoy acostumbrado. (Va a salir. Chole le detiene, imperativa.)

Chole ¡Juan! ... No acabaré de entenderte nunca que escondes en tu alma 

Juan: Nada.

Chole: ¿Por qué te escondes de tu hermano? 

Juan: ¡Basta, Chole! ¡Deja ya a Fernando!

Chole: Es tu hermano.

Juan: Él nació con las de ganar

Chole: … Juan… Fernando no puede ser culpable de lo que no está en su voluntad.

Juan: Te he hecho sufrir, pero tenía que decírtelo. Se me estaba pudriendo aquí dentro. Él no lo sabrá nunca ... Perdóname.

Chole: Perdónanos tú, Juan. Perdónanos a los dos. Pero, déjame.

Juan: Adiós, Chole. 

 

(Sale Juan. Ha ido oscureciendo), y la escena está ahora en penumbra. Brilla fuera el lago iluminado. Chole se debate en una lucha interior de silencios crueles.)

 

Chole: Yo estaba en medio de los hermanos como olvidar. ... pero ya no lo estaré. Más.  Toda la vida se recuerda en un momento y después nada: Morir. 

 

(Hans entra de puntillas. Mira hacia la Galería, sinceramente emocionado.)

 

Hans: ¡Al fin tenemos un suicidio! Y ella precisamente; la de la risa y la primavera. ¡Valiente muchacha!

 

(Entran el Doctor Y Fernando)

 

Hana, Doctora y Fernando

Doctora: ¡Hana! Esas luces.

 

(Hans enciende y va a situarse a la entrada de la Galería, cruzado de brazos.)

Doctora: ¿Espera usted algo?

Hana: Espero.

Doctora (va hacia su mesa): ¿Usted, Fernando? ¿Piensa trabajar esta noche?

Fernando: No.

Doctora: Parece usted preocupado.

Fernando: Sí, Doctor, lo estoy. Esa historia de los dos hermanos que acaba usted de contarme… ¿qué quiere decir?

Doctora: Oh, nada; es una historia vulgar: el hermano sano y triunfador; el hermano enfermo y fracasado....

Fernando: Bien, pero... ¿por qué me la ha contado usted sin mirarme? ¿Quiénes son esos hermanos?

Doctora: Cualquiera.

Fernando: No, no son cualquiera... ¡Uno soy yo!

Doctoar: Tal vez.

Doctora y Alicia. Luego Juan y Chole

(Entra Alicia, aterrada, a gritos.)

Alicia:¡Doctor, Doctor!

Fernando: ¿Qué ocurre?

Alicia: Ha sido la señorita Chole ... ¡En el lago!

Fernando: ¿Chole?

Doctora: ¿Cómo? ¿Qué quieres decir? ¿Qué significa esto, Hana? (Se oye dentro la voz de Juan llamando angustiado.)

Juan: ¡Chole! ... ¡Chole! ...  (Entra, trayéndola en brazos, húmedos los vestidos de los dos. La conduce desmayada hasta un asiento. Hans queda en el umbral.) ¡Pronto, Doctor, pronto!

Doctora: ¿Qué ha sido?

Juan: No tiene pulso. No la oigo respirar ... ¡Doctor!

(El Doctor la examina.)

Juan: La vi caer. 

Fernando (al Doctor): ¿Vive?

Doctora: Silencio... (Pausa. Chole entreabre los labios con un gemido.) Está salvada.

Fernando: ¡Chole! ... ¡Mírame, Chole!

(Chole vuelve en sí lentamente. Sonríe al ver a Fernando a su lado: le busca las manos, que aprieta emocionadamente.)

Chole: ¿Has sido tú? Gracias, Fernando. 

Juan (ha quedado aparte. Repite como un eco amargo): Fernando... ¡Siempre Fernando!

 

 

Acto Tercero

 

En el mismo lugar, al día siguiente. Es el primer día de la primavera. Luz fuerte de mañana. Se oye en el jardín el Himno a la Naturaleza de Beethoven, mientras va subiendo el telón, lentamente. Alicia, inmóvil en el umbral del fondo, escucha. Entra Chole, fatigada y débil. Alicia va a acudir a ella. Chole le hace un gesto de silencio. Y escuchan las dos hasta que el himno termina.

 

Chole:¿Qué música era ésa, Alicia? ¿Beethoven?

Alicia: El Himno a la Naturaleza.

Chole:¡Hoy! ¿Pues qué día es hoy?

Alicia:¡Es el primer día de la primavera! (Pausa.) ¿Estás mejor?

Chole: ¡Si no ha sido nada! ¿Y tú, Alicia? ¿Te pasa algo a ti? Tienes los ojos cansados.

Alicia: No he podido dormir en toda la noche.

Chole:¿Por mí?

Alicia: Por ti. Tú eras la risa, el amor, la juventud

Chole (angustiada por el recuerdo):¡Calla!

Alicia: Tú, venías andando por la orilla, resbalaste en la yerba. Y te caíste Fue entonces cuando llegó él.

Chole: El ¿Tú le viste?

Alicia: Sí.

 (Entra el Doctor, trae un ramo de flores. Alicia sale.)

Chole y el Doctora

Doctora: ¿Qué tal van esas fuerzas?

Chole: Bien ya; del todo.

Doctora: ¿Por qué Chole, por qué?

Chole: Qué importa ya; fue un arrebato sin sentido. Me vi situada de pronto como un obstáculo entre dos hermanos que se quieren y que se huyen. Y pensé que apartándome yo, se acercarían. ¡Qué locura!

Doctora: Todo se arreglará por sí mismo. La vida está llena de caminos.

Chole: Cierre esta casa, amigo Roda. Emplee su talento para que hoy que la vida del mundo empiece otra vez, 

Doctora: Acaso.

Chole: Hágalo por mí, por todos ... Hoy es el primer día de la primavera. ¡Hoy es un delito morir! (El Doctor queda ensimismado. Repite casi inconscientemente.)

Doctora: Tal vez, tal vez ... (Entra Hans.)

El Doctor y Hans

Doctora: ¿Qué hay de nuevo, Hans? ¿Por qué se ha quitado usted su bata?

Hana: Lo he pensado. Vengo a despedirme.

Doctora: ¿Nos deja usted? 

Hana: Sí, Doctor. Pero esto no marcha.

Doctora: No está usted contento.

Hana: ¿Y cómo voy yo a estarlo. ¡Y para qué! Desde que estoy en esta casa, sólo el perro del jardinero se ha decidido a morirse y se murió de viejo. No, no hay porvenir aquí.

Doctora: Está bien, Hans, está bien. Pase usted por mi despacho a arreglar su cuenta.

Hana: Oh, no vale la pena. Estas cosas no se hacen por dinero, yo soy un idealista. Adiós, señor Roda.

Doctora (Tendiéndole la mano): Adiós, Hans. Buena suerte. Alicia... ¡Alicia! (Sale en su busca. Viniendo del jardín entra el Amante Imaginario. Mira en torno desde la puerta, como si se sintiera perseguido. Se deja caer desfallecido en una butaca con un suspiro de alivio. Llega en seguida Cora.)

Cora Yaco y el Amante

Cora: ¿Dónde se esconde mi cachorro?

Amante (sobresaltado):¡Tú!

Cora: Mi héroe, tú, lobezno. Alégrate, corazón: salta, grita, aúlla. ¡Ya me tienes aquí!

Amante: Te esperaba.

Cora: Nadie lo diría; con esa cara... Parece que me huyes.

Amante: ¡Yo! Te he estado buscando toda la mañana.

Cora: ¿Por dónde? Me he levantado cantando ¿Tan dormido estabas?

Amante: ¡Pero si estoy despierto desde el amanecer!

Cora: ¿Y no me oías? Te tiré piedras primero, hasta que rompí los cristales. 

Amante: Tampoco.

Cora: (Cora se sostiene en el brazo de su butaca. Lo arrulla con caricias y palabras) ¿Eres feliz? ¿Has pensado en mí? ¿Soy como me soñabas

Amante: ¡Es que no me dejas!

Cora:¿Qué es lo que te gusta de mi? ¿El cuello? ¿Las manos?

Amante: Los ojos. Los ojos sobre todo. ¡Son los de aquella noche!

Cora: ¡Aquella noche que estuve cantando para tú solo sin darme cuenta no me besas?

Amante: Sí.

Cora: ¿Por qué estás temblando? ¿Te doy miedo?

Amante: solo emocionado

Cora: Ahora vas a tener conmigo todo lo que soñaste Y tantas cosas más que no sabes, que no están en los libros... (De pronto.) ¿Tú me quieres? ¿Me quieres, me quieres?

Amante (gallardamente): ¡Te quiero como un cosaco!

Cora: ¿Dispuesto a todo?

Amante: ¡A todo!

Cora: ¿Por qué no nos vamos ahora mismo?

Amante (aterrado al verla tan cerca):¿Ahora?

Cora: Ahora, ahora... ¿A qué esperamos? (Consulta su reloj.) El coche está dispuesto en un momento. ¿Tú sabes conducir?

Amante: No.

Cora: Bien, conduciré yo. 

Amante: Pero, Cora, espérate un poco, mujer.

Cora: ¿Qué?

Amante: Vamos a salir así... ¿sin despedirnos?

Cora: ¿De quién? Yo no me he despedido nunca.

Amante: Del Doctor, de los compañeros..., hay que pensar en todo. 

Cora: ¿Cuánto tardas en preparar tu equipaje?

Amante (a punto de sollozar): Cora, Cora...

Cora: ¿Qué?

Amante: i es que no tengo equipaje!

Cora: ¿Nada? ¿Ni un smoking?

Amante: Tengo dos camisas... y un libro.

Cora: Empaca  las camisas.

Amante: El libro es un manuscrito mío... inédito. Poemas.

Cora: Aunque sea tuyo. Libros, nunca más que estamos perdidos. Si no hubieras leído tanto no te pasarían ahora estas cosas. ¿A las once en punto?

Amante: A las once.

Cora: Faltan diez minutos. ¿Tienes reloj por lo menos?

Amante (nervioso, se mete las manos a los bolsillos. Sonríe feliz al encontrarlo): Sí, reloj sí. Y de plata. Es un recuerdo de mi padre. (Se lo lleva al oído con espanto.) ¡Parado!

Cora: Pues Si no estás a las once. Toco tres. Pero al tercero arranco.

Amante: Estaré.

Cora: Hasta en seguida, mi héroe, (Sale el Amante. Fernando ha entrado a tiempo para ver y oír el final de la escena.)

Fernando: ¿Se marchan ustedes?

Cora: Dentro de diez minutos ¡Adiós, Femando!

Fernando: ¡Feliz viaje! (Sale Cora. Fernando juega dolorido los dedos de la mano que ella ha estrechado con fuerza, y mira con lástima hacia donde salió el Amante) Pobre muchacho ... (Entra Hans con su humilde equipaje: un portamantas con su paraguas.)

Fernando y Hans. Luego, la Dama Triste

Fernando: ¿También usted se va?

Hana: También.

Fernando (fijándose en su equipaje):a donde

Hana: A la ciudad. Me han ofrecido un puesto en el Hospital General. En una semana hay veinte casos mortales Aquí, en cambio, adiós.

Fernando: Adiós.

 

Fernando y la Dama Triste

 

Dama: Buenos días, Fernando.

Fernando: Señora...

Dama: ¿Han visto qué mañana tan hermosa? ¿Les gusta este vestido?

Fernando: Es muy alegre.

Dama: ¿Discreto, verdad? ¿Por qué no se viene usted a comer con nosotros?

Fernando (asombrado): ¿A comer?

Dama: ¿Le esperamos? Anímese, Fernando; hasta luego. ¡Buenos días, Hans! (Hace un gracioso gesto de despedida, agitando los dedos, y se va feliz tarareando, marcando inconsciente el paso del vals. Fernando mira a Hans desconcertado.)

Fernando: Pero, ¿es que se ha vuelto loca esa mujer?

Hana: Es la primavera; no hay nada que hacer (Sale Hans. Fernando queda solo ensimismado, con un gesto triste que lucha por arrancarse. Enciende un pitillo. Vuelve el Amante, mirando furtivamente a todos lados.)

 

Fernando y el Amante

Amante: ¿No está?

Fernando: ¿Cora?... En el jardín; preparando el coche.

Amante: Qué mujer, Fernando, es terrible. ¿Por qué habrá venido? ¡Tan bella como yo la soñaba!

Fernando: Y sin embargo es la verdadera. La que cantaba para usted aquella noche en el teatro Amantera, no; la mía es otra cosa: una ilusión

 Fernando: Le ha tomado usted miedo. 

Amante: Miedo, miedo, no. La quiero, me gustaría verla siempre. Pero un poco desde lejos.

Fernando: ¿No se iban a marchar ustedes Juntos?

Amante: ¡Si pero No puedo..., no puedo... (Se sienta)

Fernando: si se siente desilusionado. Renuncie a la Cora Yako auténtica. Y dedíquese a escribir.

Amante: ¿A escribir? ¿Cree usted que serviré?

Fernando: ¿Por qué no?

Amante: Yo tengo un libro de versos. (Suena en el jardín el primer bocinazo)

Fernando: Si valiera la pena..., 

Amante: ¡Ahí está ya! (Sin acertar con su reloj.) ¿Qué hora es?

Fernando: ¡Las once en punto!

Amante: Al tercer bocinazo, arranca. ¿Qué hago, Fernando, qué hago?

Fernando: ¡Es el amor!

Amante (aniquilado): ¡No voy! (Suena la tercera llamada.)

Fernando: ¡Y tres! (Se asoma al jardín. Se le ve hacer un gesto de despedida.) 

Amante Cora. ¡Cora!

Fernando: Ya se fue.

Amante: Soy un pobre hombre ...

Fernando: ¡Es usted un héroe! 

Fernando y Chole: 

Fernando (acudiendo a ella al verla llegar):¡Chole! ¿Estás mejor? ¿Te sientes débil todavía?

Chole: Ya pasó todo.

Fernando: ¿Todo?

Chole: El dolor, el peligro... Lo otro, habrá que resolverlo también tarde o temprano. (Pausa. Con un tierno reproche.) 

Fernando: No te he visto porque el Doctor me lo prohibió.

Chole: Dime, Fernando; hay una cosa que necesito saber anoche..., cuando me caí..., hubo un hombre que arriesgó su vida por la mía.... ¿Eras tú, verdad? (Le mira angustiada, esperando.)

Fernando: No.

Chole: No eras tú ...

Fernando: Hubiera querido serlo. Pero fue Juan. 

Chole (acariciando inconscientemente las flores del hermano): Pobre Juan ... Ha sufrido más que yo misma. Tú no sabes, 

Fernando: Lo sé todo.

Chole: ¿Todo? ... ¿Has hablado con él?

Fernando: Con el Doctor. Él no me lo diría nunca creo que tenemos que irnos.

Chole: Juan no ha tenido nunca nada suyo. ¡No puede seguir solo! Vete tú si puedes. Yo me quedo.

Fernando: ¿Con él?

Chole: Yo seré a su lado por lo menos en su vida una ilusión de mujer!

Fernando: ¡Pero eso no puede ser, Chole! ¡No es así como te quiere Juan!

Chole: Lo sé; se lo oí ayer a él mismo

Fernando: No puede ser, Chole esta atormentada de remordimientos por culpas que no existen.

Chole: No, estábamos ciegos con nuestra felicidad. Ni una vez se nos ocurrió mirar alrededor.  ¡Y allí estaba siempre Juan, tiritando como un perro a la puerta!

Fernando: Pero, ¿crees que el corazón de mi hermano no me duele a mí también? No te atormentes más. Salgamos de aquí. Nunca podrás ser feliz con él.

Chole: No se trata de que yo sea feliz. ¡Lo he sido tanto Ahora lo que importa es él.

Fernando (nervioso, cogiéndola de los brazos)¡Mira que mañana puede ser tarde!

Chole: No es tiempo de pensar. Mi puesto ahora está aquí, a su lado.

Fernando: ¿Porque te salvó la vida?

Chole: Porque me ha entregado toda la suya.

Fernando: Pero entonces (Le levanta el rostro.) Mírame bien. ¿Qué está pasando dentro de ti? ¡Contesta!

Chole (se suelta suplicante pero resuelta): ¡Por lo que más quieras, déjame!

Fernando: No, no es posible. (Va hacia el interior llamando.) ¡Juan... Juan!

(Juan aparece en el umbral del fondo. Chole, a verle, lanza una rápida mirada de súplica a Fernando, y se dirige a él.)

Chole: ¡No le escuches, Juan, no le escuches!... (Juan, con los ojos fijos en el hermano, avanza apartando a Chole sin mirarla, con suave energía).

Juan: ¿Para qué me llamas con tanto grito? 

Fernando: No. Ahora necesito hablarle. 

Fernando (retrocede sin voz al comprender que Juan ha oído): Juan ...

Juan: No, Fernando, ¿Quieres la prueba? Ahora mismo te la va a dar...  Elige, Chole. ¡Para siempre! (Chole vacila. Suplica a Fernando con el gesto y avanza dolorosamente hacia Juan.) 

Chole: Juan (Juan la recoge en sus brazos con una emoción desbordada. Sus palabras tiemblan): ¡La ves, Femando ¡En mis brazos (Levanta en sus manos el rostro de ella, lleno de lágrimas.) Llévatela lejos. Ahora he sido bueno como tú y feliz como Ella y te he visto llorar.

Fernando (en un impulso fraternal): ¡Juan!

Juan: ¡Hermano! (Vuelcan en un abrazo toda su ternura contenida.) Gracias, Chole Llévatela, Fernando. Sólo te pido que te vayáis a vivir lejos. Dejadme a mí gozar solo el único día feliz que ha habido en mi vida... (Chole, sin encontrar palabras de despedida, estrecha conmovida las manos Juan. Recoge luego sus flores, apretándolas contra el pecho, y sale reclinada en el hombro de Fernando. Juan, agotado por el enorme esfuerzo, desfallece un momento. Se domina. Tiene ahora una expresión de frialdad fatal. Va al escritorio, lo abre y toma una pistola. Pasa Alicia. Al verla, esconde el arma, volviéndose.)

 

Alicia y Juan

Alicia: Buenos días, Juan... (Corre el cerrado de la Galería del Silencio, y coloca en lugar bien visible un cartel que dice: "Prohibido suicidarse en Primavera". En el jardín pianísimo -cuerda sola-, comienza a oírse de nuevo el himno de Beethoven.) Es una orden de Chole... ¿Le ocurre algo, Juan?

Juan: Nada...

Alicia: Es el día... ¿Oye usted esa música?

Juan: ¿Qué es?

Alicia: Beethoven: un himno de gracias a la primavera. 

Juan: ¿Lo cree usted así?

Alicia: la Doctora me lo dijo un día: "No pidas nunca nada a la vida. Y algún día la vida te dará una sorpresa maravillosa".

Juan: ¿Y espera usted?

Alicia: Siempre ... ¿quiere hacerme el favor, Juan? ¿Quiere darme eso que esconde ahí?

Juan (turbado, entregando su pistola): Perdón... Alicia. Voy a tirarla al estanque. En el mismo sitio donde Chole resbaló ayer. (Va a salir.). Alicia... Espere, tengo miedo de quedarme solo... ¿Me permite que la acompañe, Alicia?

Alicia: Gracias (Le ofrece su brazo. Avanzan juntos hacia el jardín. El himno de Beethoven suena ahora -cuerda y viento- fortísimo y solemne. Va cayendo lentamente el telón.)

 

Fin