LA PIÑA Y LA MANZANA
De Óscar Liera
Introducción a "La piña y la manzana"
Bienvenidos a esta propuesta visual para "La piña y la manzana", una de las obras más emblemáticas y divertidas del panorama teatral mexicano del siglo XX. Esta pieza no es solo una comedia de enredos; es un bisturí afilado que disecciona la hipocresía social con una sonrisa en los labios.
La Obra: El Caos Detrás de la Manzana
La trama nos sitúa en una cena aparentemente armoniosa. Un grupo de siete amigos, todos ellos orgullosos vegetarianos, se reúnen para compartir sus ideales de vida "pura" y superioridad moral. Se presentan ante el mundo con máscaras de perfección, paz y convivencia civilizada.
Sin embargo, la llegada de un octavo personaje, Manuel Carpintero —un hombre pragmático y provocador que no comparte sus "elevados" principios— actúa como un catalizador. Lo que comienza como una discusión trivial e irónica sobre la supuesta regla de "no mezclar piñas con manzanas" en la misma comida, pronto se convierte en una metáfora del conflicto humano.
A medida que avanza la velada, Manuel presiona los botones correctos de cada invitado, provocando que sus máscaras de falsa cortesía caigan una a una. La cena se transforma en un campo de batalla donde la ira, la envidia, los secretos y las verdaderas —y a menudo mezquinas— personalidades de los "vegetarianos perfectos" quedan expuestas en un clímax de caos absoluto.
La imagen que hemos creado captura precisamente ese momento: la ruptura de la compostura, la mesa volcada y el enfrentamiento directo, simbolizado por la piña y la manzana que ya no pueden convivir separadas por una línea imaginaria de moralidad.
El Autor: Óscar Liera, el Francotirador de la Escena Mexicana
Para entender la potencia de esta comedia, es fundamental conocer a su creador, Óscar Liera (1946-1990). Liera no fue solo un dramaturgo; fue un poeta, director, actor y uno de los renovadores más importantes del teatro mexicano contemporáneo.
Originario de Sinaloa, Liera llevó a la escena nacional un estilo único que fusionaba el realismo con elementos fársicos, el humor negro y una profunda raíz en la cultura popular de su región. Fue el fundador del emblemático grupo TATUAS (Taller de Teatro de la Universidad Autónoma de Sinaloa), con el cual descentralizó el teatro en México.
La obra de Liera se caracteriza por una crítica social feroz e inquebrantable. Ninguna institución quedaba fuera de su radar: la iglesia, el gobierno, la familia y, como en "La piña y la manzana", la propia clase media intelectual y sus pretensiones moralistas. Utilizaba el escenario como un arma para desnudar las contradicciones de la sociedad mexicana.
Otras de sus obras maestras, como El jinete de la Divina Providencia o Los negros pájaros del adiós, exploran temas de poder, mito y pasión. Óscar Liera falleció joven, pero dejó un legado de 36 obras y una huella imborrable por su valentía, su humor corrosivo y su genio escénico. "La piña y la manzana" es una puerta de entrada perfecta a su universo: una cena donde el postre principal es la verdad, servida con una buena dosis de carcajadas.
Personajes
ARQUITECTO DURÁN
REVERENDO UGALDE
SEÑORA LINA RAMOS
SEÑOR MANUEL CARPINTERO
LICENCIADO FLORES
DOCTOR GARCIA
SEÑOR OCHOA
SEÑORA CONDESA PEÑA
(Todos vegetarianos)
Escena Única
(Desde el mes pasado Lina se hubiera mudado a San Jacinto, pero no habían terminado su departamento. Ahora inaugura la sala, que es lo único que había alcanzado a decorar. Durán invitó a sus amigos a la cena que Lina, cuidadosamente, preparó para agradar a los invitados. Durán acomodó a todos como parte de la decoración y Lina les servía refrescos de frutas.)
ARQUITECTO: Sin embargo, Condesa, también se debe tener mucho cuidado con las frutas.
REVERENDO: Soy un hombre que se deja llevar por el olfato, allí radica mi instinto alimenticio. Los olores, los olores, los olores.
LINA: Es que el chayote merece un monumento. Yo se lo haría en bronce.
MANUEL: (A Ugalde) ¿Y cómo le hace usted, Reverendo, cuando tiene catarro? Supongo que pasará muchas hambres al cambiar las estaciones.
LICENCIADO: ¿Cuánto tiempo tiene usted de ser vegetariano?
MANUEL: Tengo tres meses.
LICENCIADO: Doctor, por favor informe al prosélito…
DOCTOR: Un vegetariano nunca se enferma. Jamás un vegetariano auténtico padece enfermedades de carnívoros y menos un cochino resfrío asqueroso como un chorizo de marrano pudriéndose.
(Siempre que oían mencionar la carne recordaban las palabras de Saussure: “El significado no es sino la representación psíquica de la cosa.” Por eso, el significante: “carne” les producía, solamente en los rostros, un marcadísimo asco.)
LINA: ¿En qué basa su alimentación señor…
MANUEL: Manuel… Carpintero.
OCHOA: ¡Qué bello! Tiene una profesión vegetariana. Hay seguros de vida con primas especiales (Abre su maletín) para personas que se dedican a su oficio…
MANUEL: Es mi apellido, me apellido Carpintero; yo soy contratista.
LINA: ¿En qué basa su alimentación señor Manuel Carpintero?
MANUEL: Frutas, verduras, germinados, leche, huevos…
CONDESA: ¡Cómo! ¿Ingiere usted fetos de pollo?
MANUEL: El huevo es…
CONDESA: ¡Es un feto asqueroso de cualquier bípedo plúmeo! Pez, reptil o quelonio.
DOCTOR: Tal vez el señor Carpintero, a quien no tenía el gusto de conocer ¿Cómo le va? (Le da la mano) Mucho gusto, soy el doctor García, viejo amigo del arquitecto Durán, vegetariano desde los once años en que pude librarme de la carnívora tutela de mis progenitores. Tal vez, continúo, usted no ha tenido una sólida preparación sobre la alimentación en los humanos. La salud está en el estómago. Y recuerde usted que: cuerpo sano, mente sana.
LICENCIADO: Lo que el doctor le está diciendo, amigo, es la Biblia.
ARQUITECTO: Hace un momento te decía, ¿verdad Condesa?, que había que tener mucho cuidado con las frutas. (A Manuel) Quizá tú no sabes combinarlas bien; hay frutas ácidas, subácidas, dulces…
CONDESA: ¡Él come fetos y toma jugo de pechos de hembra para mamífero!
MANUEL: (A Condesa) ¡El hombre es un mamífero!
CONDESA: ¡Yo soy mujer!
REVERENDO: (Al licenciado) ¿Ya leyó las últimas investigaciones sobre el sistema alimenticio a base de helechos y musgo?
ARQUITECTO: (A Manuel) …Entonces no se deben mezclar, dentro de las mismas veinticuatro horas frutas dulces con ácidas y menos comerlas al mismo tiempo.
OCHOA: (A Manuel) ...Puedo venderle un seguro muy bueno, los contratistas corren mucho peligro, déjeme hablarle acerca de las primas… O puedo asegurarle su coche, últimamente los roban como ceniceros. Las primas…
LICENCIADO: Siempre me han gustado las reuniones en las que coinciden vegetarianos porque son muy cordiales; el vegetariano es el hombre más pacífico y jamás llega a la agresión.
LINA: (Gritando) Anota eso Durán, anótalo en la lista que estamos haciendo. Nos faltaba esa gran ventaja del vegetariano sobre el carnívoro: es cierto, ¡nunca es agresivo!
REVERENDO: ¿Qué lista están haciendo?
ARQUITECTO: Unos carnívoros infectos que conocimos, nos dijeron que los vegetarianos nunca haríamos la revolución porque nos moriríamos de hambre. Que si hay que comer raíces ellos las comen y si hay que comer ratas también. Nosotros apostamos…
CONDESA: ¡Assssssco! ¡Cómo puedes usar esa terminología miasmática!
DOCTOR: ¿Quién ha hablado de revoluciones? Así estamos muy a gusto.
LINA: Solamente estamos haciendo una lista para demostrarles todas las ventajas que sobre ellos tenemos.
CONDESA: ¡Miles! ¡Todas! Somos gente sana.
DOCTOR: Pero si somos libres…
ARQUITECTO: (A Manuel) Por lo tanto, no se debe comer nunca una piña junto con una manzana.
LICENCIADO: Quiero decirte Reverendo, que yo he comido el liquen en salsa de níspero, es delicioso.
DOCTOR: A propósito de cosas deliciosas, Lina. ¿Puede servirme un poco más de su refresco? ¿Verdad que somos libres Lina? Las revoluciones son de los románticos.
LINA: (Afirma con la cabeza) Gracias doctor, es usted muy gentil y sabe decir muy bien las cosas.
DOCTOR: Podría ser una aportación para esa lista de ventajas.
LINA: No creo, puesto que su amabilidad le distingue muy especialmente. Durán me había hablado maravillas de usted.
DOCTOR: Nuestro arquitecto es un poco exagerado cuando habla de sus amigos.
OCHOA: ¿Y por qué vive tan solita y tan apartada de la ciudad? ¿No quiere un seguro?...
LINA: Amo la soledad y no me gusta estar segura ni asegurada. Ahora es cuando soy feliz sin ningún vecino a kilómetros a la redonda. Es, para mí, maravilloso saber que soy el único ser que habita estos edificios. Ahora estamos juntos, aislados del mundo, perdidos entre la naturaleza. Somos como parte de una isla que ha trepado por encima de las copas de los árboles. Así serán las ciudades del futuro; núcleos flotantes de salud y armonía, sin tener que soportar alimentos ni eructos carnívoros.
DOCTOR: Es usted una poetisa: se expresa usted en frágiles nervaduras, en plena función de fotosíntesis.
OCHOA: Sin embargo no debió cambiarse bajo estas circunstancias: no tiene vecinos, no hay servicio de elevador todavía y ni siquiera terminan aún los demás edificios. Debe haber mucho ruido con tantos albañiles, máquinas…
ARQUITECTO: Por ahora nadie trabaja en los edificios porque se acaba de morir el dueño.
LINA: Mi olfato es muy delicado, y por las calles corre el olor de la siempre pudriente carne; usted me comprende, ¿verdad Reverendo? Aquí por lo pronto corre un viento puro. Sería interesante que en este edificio, que está tan separado de los otros, vivieran sólo vegetarianos, ¿no les interesaría?
CONDESA: ¡Fabuloso, fabuloso, fabuloso!
OCHOA: Disculpe mi insistencia, creo que sería prudente que por el momento se asegurara (Abre el maletín) contra todo: robo, incendio, daños a terceros o accidentes de trabajo.
REVERENDO: ¿Tiene seguros contra la contaminación? (Todos ríen)
(Condesa se ha levantado después de varios intentos infructuosos de ingresar activamente en la conversación. Se pasea con dejos de hartura por la sala pletórica de plantas, libros, lámparas y tapetes. Sus participaciones en la conversación han sido desde las esquinas del departamento. A veces arranca hojas de alguna planta y las mastica para ver si saben bien, tratando, de esta manera, de hacer algún descubrimiento sensacional. Como buena aries quiere descubrir algo para los demás y así ganar el centro de la reunión. Ahora hojea esa revista en donde busca su objetivo. De pronto fija su mirada con exageración, lanza un grito clorofílico, estrepitoso, como un bosque que se derriba. Los allí presentes voltean a verla asustados, ha ganado el centro y no piensa perderlo.)
OCHOA: ¿Qué te pasa Condesa?
CONDESA: ¿Qué infamia es ésta?
LINA: ¿Cuál infamia?
CONDESA: ¡¡Que la soya produce cáncer!!
LICENCIADO: ¿Quéee?
CONDESA: (Leyendo) ”La soya produce cáncer.” “Según algunas investigaciones realizadas en el Instituto de Nutriología de Volldemgt, por los científicos Marckp Gotf y Ywzq Heatrf, se descubrió que a pesar del alto valor nutritivo que tiene la soya, comiéndola con frecuencia, a la larga, produce cáncer en el duodeno. Se aconsejó que al difundirse la noticia se hiciera con cautela, pues el gobierno de los Estados Unidos es el primer productor de este mortífero grano que tratan de imponer en el mundo entero ganando nuevos mercados con nuevos venenos.”
REVERENDO: ¿En qué país queda ese instituto?
DOCTOR: Espere a que termine de leer, no sea mal educado.
ARQUITECTO: Es pura propaganda comunista, seguramente está en Rusia o en alguno de sus países satélites.
LICENCIADO: ¡Que se callen para que termine de leer!
CONDESA: Ya terminé.
DOCTOR: ¿Allí termina?
REVERENDO: ¿Cómo se llama la revista que publica semejante mentira?
OCHOA: Sólo quieren desacreditar a Occidente. El doctor de la Furmiére, fundador de la “Gran Hermandad Colosal”, hablaba, incluso, de cierta santificación a través del “maná soya” como él la llamaba, por lo tanto no es posible que un iluminado como él…
LINA: ¡No podemos dejarnos embaucar por una nota amarillista, ni vamos a echar por la borda nuestra reunión! Esta noche tenemos soya para la cena y no pienso tener que tirarla.
ARQUITECTO: Claro, no podemos creer lo que dicen un par de cretinos en una ciudad fantasma dentro de un instituto que carece de prestigio. Si fuera el Instituto Pasteur o el prestigiado Instituto Colby de Washington…
MANUEL: Claro, claro, claro… mejor hablemos de esa cena que nos espera, y si ustedes me lo permiten voy a fumar.
TODOS: ¿Qué?
MANUEL: A fu-mar, voy…
REVERENDO: ¡Cómo se atreve, es usted un… cochi…!
LICENCIADO: ¡Es un envenenador de atmósferas sanas!
MANUEL: Supongo que lo que consumo sea un vegetal.
REVERENDO: ¡Oh sacrosantas hojas incineradas! ¡Veneno volátil! ¡Combustión incompleta!
ARQUITECTO: Un buen vegetariano nunca fuma.
MANUEL: Tal vez yo no sea tan bueno.
CONDESA: ¡Fuma, plantígrado vivíparo, devorador de fetos, nicotinador de vientos!
LINA: No veo por qué no vamos a permitirle que fume. Yo personalmente conozco a muchos grandes vegetarianos que fuman… Además, creo, nos estamos excediendo un poco en nuestro comportamiento. El señor Carpintero podría sentirse incómodo y eso podría disgustarme personalmente. Él se encuentra en mi casa y es nuestro invitado. ¿No es cierto Durán?
ARQUITECTO: Por supuesto Lina. Siempre se ha dicho que eres una anfitriona espléndida y lo has demostrado una vez más.
(Manuel Carpintero, obviamente respaldado por la anfitriona, comienza a ensancharse en su silla. En ese momento es un pavorreal que levanta su cola y sus cejas para disponerse a fumar después del triunfo patente en el torneo. Los otros invitados se van alejando de él, algunos con disimulo, otros con marcada obviedad.)
LINA: Señores, (Tratando de ser conciliadora) quiero hacerles sentir que están en su casa. Durán me había hablado mucho de ustedes, yo, en verdad, soy nueva en la ciudad, me da mucho gusto que estén aquí reunidos. Cuando Durán vivía en San José compartíamos las mismas amistades, ahora que hemos coincidido de nuevo en esta ciudad, me gustaría ser amiga de todos sus amigos.
DOCTOR: Es usted un auténtico ángel.
LINA: Quisiera conocerlos más. Gracias por su cumplido doctor. Además ustedes son gente cosmopolita, tan inteligente…
LICENCIADO: Y todos habitantes del segundo reino: el reino vegetal.
LINA: A propósito de reinos, Condesa, ¿de qué familia es usted?
CONDESA: De los Peña.
LINA: No, no me refiero a su título. ¿De qué país…?
CONDESA: Condesa es mi nombre, me apellido Peña Camarena, soy feminista y misógina, aborrezco hacer colas, soy vegetariana de nacimiento, detesto los higos, me gusta la música asiática, no creo en las clases sociales pero soy partidaria de la discriminación racial y no sé si mi platillo favorito siga siendo el sopletín de soya alcachofado.
LINA: (Con desencanto) ¡Eso es lo que vamos a cenar! (Desencanto en los invitados)
LICENCIADO: (Tragando saliva) ¡Y qué hay de postre!
(Lina va a comenzar a hablar con alegría para tratar de reanimar la reunión, pero recuerda la presentación que acaba de hacer Condesa de sí misma y sufre un desencanto. Le comienza a invadir el temorcillo de que el agasajo preparado se le venga abajo. Luego recuerda una sonrisa de Gina Lollobrigida en Trapecio, la ensaya juntando bien los dientes y abriendo grande la boca, y dice contoneándose): Higos frescos al maple.
DOCTOR: ¡Delicieux, ragôutant, superbe!
LINA: (Sabiéndose triunfadora gracias a Trapecio, una de sus películas favoritas) Thank you.
REVERENDO: Seré curioso Condesa. ¿Por qué no le gustan los higos?
CONDESA: Porque la higuera, en épocas prehistóricas, era una planta carnívora.
DOCTOR: Esa es una historia prehistórica, improbable y fea.
CONDESA: Me da lo mismo, los higos parecen vaginas enfermas.
LINA: (Por enésima vez conciliadora) Tal vez deseen que les ofrezca unas ricas y finas hojas de savia en salsa bruta antes de pasar a la mesa.
LICENCIADO: (Extraviado) …Y aparte de eso, de las vaginas y del cáncer, ¿qué más hay?
CONDESA: ¡Mierda!
OCHOA: (A Condesa) ¡Cállate mosca chupadora! Aprende a comportarte entre el género humano.
CONDESA: ¡A mí no me vas a callar tú, vegetariano refugiado, alcohólico anónimo con nombre propio!
REVERENDO: ¡Basta carnívoros, dejen de mordisquearse!
MANUEL: No use usted la palabra carnívoro como insulto, porque mi santa madre come carne, y mi padre nunca dejó de comerla cuando vivía. Yo sólo tengo tres meses de no comerla, pero ahorita se me antoja un filete de res.
CONDESA: ¡Asco! ¡Asco!
MANUEL: (Continuando su agresión) Quiero un lomo relleno, quiero patas de puerco a la vinagreta, quiero tacos de tripas.
LICENCIADO: ¡Callen a ese loco, voy a vomitar!
OCHOA: (Golpeando a Manuel) Cierra el hocico, asqueante.
ARQUITECTO: (Tratando de separarlos) No se golpeen borrachos cantineros, no están en la calle, ni en sus casas.
LINA: ¡Por favor hagan algo, se van a matar!
CONDESA: (Al arquitecto) Rómpele el hocico a ese saprófito.
MANUEL: Un pedacito de bistec, un poco de moronga que corra por entre mis dientes envuelta con mi saliva…
(Ochoa, sin soltar a Manuel, sigue luchando por hacerlo callar, el arquitecto Durán lucha por separarlos. Lina se desespera porque la lucha acabe, mientras que Condesa, deseando participar activamente en la lucha, se limita a animar el espectáculo con gritos, frases y empujones, para violentar más el caos que, tal vez, ella desató en algún momento. Ochoa hecho un energúmeno toma a Manuel de los hombros y lo lanza al piso con la siguiente frase):
OCHOA: ¡Salte de aquí gusano barrenador!
DOCTOR: (Vomitando) ¡Sáquenlo! ¡Sáquenlo!
ARQUITECTO: (A Ochoa) ¡Déjalo papamoscas!
OCHOA: (Al arquitecto) ¡Déjame en paz bacteria infecta!
MANUEL: Denme costillitas de puerco…
CONDESA: (Tratando de quitar a Durán) Sácate de aquí falso arquitecto, estudiante fósil, decoradorcillo joto.
REVERENDO: (Calmadísimo) Doctor, cómo se atreve a vomitar sus espinacas acedas en la alfombra de la señora.
DOCTOR: ¡Cállate langosta maizalera!
LICENCIADO: Es un asco esta situación, yo me largo, quédense revolcando en este mantillo.
LINA: (Furiosa) ¡Mi casa no es ningún mantillo, mongoloide rehabilitado!
(El Lic. Flores monta en cólera, se lanza sobre la anfitriona y la cachetea, ésta se prende de los cabellos de aquel y caen sobre la, tan vejada, alfombra y se siguen golpeando. Hay una batalla campal, lugar común de la épica vegetariana. Manuel se ve perdido y como si presintiera su muerte grita):
MANUEL: ¡Déjenme herbívoros clorofílicos! Ya me voy a comer carne, carne, carne cruda, carne.
(Manuel, con lentitud, logra zafarse de nuevo y se dirige otra vez a la puerta. Condesa ve que el carnívoro va a escaparse y se le adelanta y cierra bien la puerta con doble llave, la saca de la cerradura y la arroja por la ventana. Se le dibuja una risa imbécil de triunfo y se dirige a Manuel.)
CONDESA: Tú no sales vivo de aquí, carroña de perro. (A todos) El que quiera salir tendrá que brindar siete pisos.
(Manuel golpea a Condesa, ésta, ofendidísima, va por un florero y se lo estrella en la cabeza. Manuel cae sin sentido al suelo mientras la sangre comienza a salirle a borbotones. Durán ve la escena con horror. El juego ha llegado demasiado lejos. Voltea a ver a Condesa, la risa que ésta traía ahora tiembla en sus labios pintarrajeados de rojo. Durán no lo sabe, pero la voz se le ha quebrado.)
DURÁN: Lo mataste Condesa, lo mataste.
(Lina deja de pelear, va hacia el herido, ve cómo se está desangrando y corre hacia el doctor.)
LINA: ¡Doctor! ¡Doctor, se desangra el hombre ese, cúrelo, haga algo!
DOCTOR: Yo no puedo hacer nada por él.
LINA: No sea rencoroso doctor, es un humano, se está muriendo. ¡Haga algo!
DOCTOR: ¿Qué quieres que haga? Yo no soy médico, tengo el doctorado pero en geografía. Soy doctor en geografía.
LICENCIADO: Vamos a tirar la puerta.
LINA: Es imposible, apenas con dinamita, tiene una hoja interior de acero. Es a prueba de robos.
REVERENDO: ¿Tiene teléfono?
LINA: Aún no se instalan los teléfonos en esta parte de la ciudad. En verdad éste es el único departamento habitado y no tendré un solo vecino antes de dos meses.
ARQUITECTO: (A Condesa) Tú tiraste la llave, mal parida; tú nos tienes que sacar de aquí o te aviento por el balcón para que vayas a buscarla y la recojas con el hocico.
CONDESA: (A Lina) Debes tener otra llave cielito, tienes que tener otra llave muñeca…
LINA: Existe otra llave, pero no la tengo yo, la tiene Eugenia y no está en la ciudad, ni vendrá pronto. Como no hay ninguna otra entrada, tampoco hay ninguna otra salida. Estamos a sólo ocho kilómetros de la civilización… la única posibilidad es que algún día vengan a buscarme de mi trabajo, porque saben que vivo sola y lejos de la ciudad, pero quién sabe cuánto tiempo tendríamos que vivir juntos.
CONDESA: Podremos gritarle a la gente que pasa que busquen una llave y ¡salvados!
ARQUITECTO: Recuerda lo lejos que estamos de la ciudad, por aquí nadie pasa. Esta loca que se quiso venir a vivir antes de tiempo. Ahora hay un problema de intestado entre los dueños de este cochinero de edificios. La obra está parada y ni albañiles vendrán.
OCHOA: El señor Carpintero ha muerto.
(Histeria general)
LINA: Licenciado, por favor certifique usted la muerte y diga que todo fue un accidente…
LICENCIADO: Lo siento Lina, no puedo hacerlo, yo soy licenciado en letras francesas.
LINA: Reverendo… pues, por lo menos encárguese usted de rezarle algo a este hombre.
REVERENDO: Con mucho gusto diré los rezos que me vengan a la memoria Lina, aunque no soy nada religioso. Me llamo Reverendo y me apellido Ugalde, mi profesión es contador y soy vegetariano.
SI ACASO, TELÓN
EPÍLOGO
Después de tres días, se encontraban en el departamento de Lina; en aquella soledad y en silencio, los ojos abiertos de siete personas que, habiendo devorado el sopletín alcachofado, no decidían aún cómo cocinar el cuerpo de un hombre que estaba en el refrigerador, para poder seguir esperando que un día alguien, que me hubiera gustado que hubiese sido Ramón Mimiaga, hubiera ido a visitar por casualidad a Lina Ramos.