
EL TRAJE NUEVO DEL VIKINGO
Farsa tropical en cuatro cuadros con música y percusiones cómicas
Original de Benjamin Gavarre
bengavarre@gmail.com
Reparto
- Tadeo (19 años): Joven aldeano de una costa tropical
imprecisa. Es despierto, hablador y padece de una curiosidad casi
científica por todo lo raro. Jamás ha salido de su comarca ni ha visto a
un forastero; para él, cualquier persona que no tenga el pelo negro y
lacio es un fenómeno meteorológico o una criatura mitológica digna de
estudio.
- Olaf "El Mal Orientado" (28 años): Explorador
vikingo de dos metros de estatura, rubio como una mazorca tierna y con
trenzas hasta en las cejas. Salió de Noruega a comprar bacalao, dio una
vuelta equivocada en un iceberg y terminó encallado en el trópico. Es
fanfarrón, ingenuo, teatral y está convencido de que su anatomía es
patrimonio de la humanidad.
- Don Cosme (50 años): El sastre del pueblo. Un
comerciante astuto capaz de venderle sombra a un murciélago. Ve en el
gigantesco extranjero la oportunidad de oro para hacer el negocio del
siglo sin gastar un solo centímetro de tela.
- Doña Remedios (60 años): Vecina
chismosa del pueblo, experta en santiguarse ante lo desconocido y en
suspirar en secreto cuando nadie la vigila.
- Coro de Vecinas ("Las Comadres del Abanico"): Señoras del
pueblo que acompañan a Doña Remedios en primera fila durante el desfile.
Actúan como un pequeño coro griego tropical: se santiguan juntas, suspiran
a compás y abren sus abanicos al ritmo de la batería.
Notas de
sonorización y música (Extradiegética)
- Contraste musical: Cada vez que Olaf adopta una
pose heroica, suena un acorde grandilocuente de metales y coros épicos al
estilo de la Cabalgata de las Valquirias, el cual se corta en seco
con el sonido de una aguja rayando un disco cuando ocurre una torpeza
física.
- Ambiente tropical: En las transiciones y entradas
del pueblo suena una marimba alegre o un mambo ligero acompañado de güiro
y maracas.
- Batería de comedia (Slapstick): Un
percusionista (o pista de efectos) apoya los movimientos físicos: golpe de
bombo para los músculos de Olaf, platillazo (rimshot) para los
remates verbales, flauta de émbolo (slide whistle) cuando alguien
se agacha o se asoma, y trombón triste ("wah-wah-wah")
cuando el vikingo sufre un calambre o descubre el engaño.
Introducción
En una remota playa
tropical donde nunca pasa nada más emocionante que la caída de un coco, el
joven Tadeo encuentra varado en la arena a un ser que desafía toda lógica
local: un gigante de piel blanquecina y cabellera amarilla que asegura venir de
un reino donde hasta los estornudos se congelan en el aire. Con total
inocencia, Tadeo examina al extraño con la fascinación pura de un naturalista
que acaba de descubrir un manatí con trenzas.
Entre demostraciones
anatómicas ridículas —en las que el recién llegado presume cada músculo como si
fuera un arma de asedio— y relatos delirantes sobre una Escandinavia de
fantasía llena de alces de seis patas y gallinas cuadradas, el vikingo descubre
su único punto débil: el calor infernal del trópico. Es entonces cuando entra
en escena Don Cosme, un sastre sin escrúpulos que le propondrá confeccionar una
"armadura climática" tan exclusiva que solo los guerreros dignos del
Valhalla pueden verla. Nadie en la aldea está preparado para el desfile que
está por comenzar, ni para descubrir hasta dónde llega la vanidad de un bárbaro
acalorado.
Cuadro Primero: El
hallazgo en la playa de los cangrejos perplejos
Playa soleada con
palmeras. Suena de fondo una suave brisa marina mezclada con una marimba
perezosa. En el suelo, medio cubierto de algas y con un casco con cuernos
chuecos, yace OLAF roncando como una sierra oxidada. Con cada ronquido suena un
contrabajo grave y un silbido agudo al exhalar. Lleva pieles de oso empapadas.
Entra TADEO silbando alegremente, con una vara larga y una cesta de caracoles.
Al ver el bulto, la música se corta en seco. TADEO se detiene, abre los ojos
como platos y se acerca de puntillas acompañado por notas de pizzicato de
violín.
TADEO: (Mirando al
público, asombrado) ¡Por las barbas del abuelo! ¡El mar escupió un elote
gigante! (Se acerca más y le pica una bota con la vara; suena un golpe de
madera hueca "toc-toc"). No, tiene patas. Y botas de peluche. (Se
agacha a mirarle la cara y le levanta un párpado con el dedo; suena un resorte
cómico "boing"). ¡Santo cielo, está crudo! A este hombre se les
olvidó hornearlo antes de echarlo al mundo. ¡Miren nada más ese pelo! Parece
que le cayó un rayo de sol en la mollera y se le quedó enredado.
TADEO le tira
suavemente de una trenza rubia. Suena un platillazo estridente. OLAF despierta
de un salto, dando un grito de guerra operístico con eco épico que espanta a
las gaviotas.
OLAF: (Con pose de
ópera wagneriana) ¡Por el ojo tuerto de Odín! ¡Atrás, kraken de tierra
firme, o probarás la furia del Norte!
TADEO: (Dando un brinco
hacia atrás al ritmo de un redoble de tambor, fascinado por la extrañeza)
¡Habla! ¡Y ruge como trueno en cántaro! Oiga, señor desteñido, ¿usted qué es?
¿Un espíritu de la espuma? ¿Una nube con bigote? ¿Por qué tiene la piel del
color de la panza de los pescados?
OLAF: (Ofendido,
llevándose las manos a la cintura con sonido metálico de armadura) ¿Desteñido?
¡Insolente habitante del horno del sur! Yo soy Olaf, hijo de Bjorn, nieto de
otro Bjorn y sobrino político de Erik el que Nunca Devuelve las Herramientas.
¡Soy un vikingo!
TADEO: (Midiéndolo de
arriba abajo con su vara como si fuera un arquitecto, con curiosidad
científica) ¿Un vikingo? Nunca había visto uno. En mi pueblo todos somos
del color del barro bueno y nos llegamos al hombro. Usted parece que se subió
en los hombros de su primo y se puso un abrigo encima. A ver, dese una vuelta.
OLAF: (Halagado al
instante; suena una breve fanfarria de trompetas y cambia su furia por pose de
estatua griega) Veo que reconoces la grandeza cuando naufraga en tu playa,
pequeño mortal. Contempla la obra maestra de los fiordos. Como veo que jamás
has visto a un guerrero nórdico, te daré un recorrido guiado por esta fortaleza
humana. ¡Observa este brazo derecho! (Extiende el brazo con solemnidad;
suena un redoble de tambor).
TADEO: (Se acerca, lo
mira como si fuera un mueble raro y pone su propio brazo flaco al lado para
comparar) Parece un tronco de ceiba, pero con pecas. El mío al lado parece
ramita de canela.
OLAF: ¡No es un tronco!
Es "El Quebrantahielos". Y mira lo que pasa cuando hago esto... (Flexiona
el bíceps exageradamente; suena un golpe de bombo grave "¡PUM!" y le
da dos palmadas sonoras). ¡Pum! ¿Viste cómo saltó? A este bíceps lo llamo
"El Martillo de los Jueves". Con él puedo partir un escudo de roble,
exprimir tres limones sin usar las manos y abrir frascos de pepinillos que
llevan cerrados desde el siglo pasado.
TADEO: (Tocando el
bíceps con un dedo; suena un yunque de herrería "¡CLINC!") ¡Ah,
caray! ¡Está duro como piedra de moler! ¿Y el otro brazo hace lo mismo o ese
nada más es de adorno para equilibrar el peso?
OLAF: (Indignado) ¡Jamás!
En la anatomía vikinga no hay piezas de repuesto sin función. ¡Contempla el
bíceps izquierdo! (Hace otra pose ridícula de fisicoculturista de feria;
suena otro golpe de bombo). A este lo llamo "La Suegra de Thor",
porque si lo ves de cerca te dan ganas de salir corriendo. Y eso no es todo,
joven curioso: mira el antebrazo. Aquí tengo el músculo de remar hacia adelante
(golpe de bongó), aquí el músculo de remar hacia atrás cuando nos
equivocamos de isla (otro golpe de bongó), y este chiquito de aquí cerca
del codo es exclusivo para saludar de lejos a las valquirias. (Mueve solo
los deditos con un gesto coqueto mientras suena un triángulo musical).
TADEO: (Dando vueltas
alrededor de él, fascinado) ¡Es usted como una feria ambulante! ¿Y las
piernas? Porque con esas botas de oso parece que lleva dos perros dormidos
amarrados a las espinillas.
OLAF: (Se levanta el
faldón de piel con orgullo para enseñar una pantorrilla descomunal) ¡Admira
el gemelo imperial! Forjado subiendo montañas verticales mientras cargaba un
barril de hidromiel y a mi abuela en una silla. Mira cómo baila solo... (Empieza
a sonar una marcha militar alegre; Olaf intenta contraer los músculos de la
pierna y del pecho a compás, pero de pronto suena un resorte roto, suelta un
gemido agudo de falsete y se agarra el muslo). ¡Ay, ay, ay! ¡La maldición
de Loki!
TADEO: (Asustado)
¿Qué pasó? ¿Se le descompuso el martillo?
OLAF: (Saltando en un
pie con cara de sufrimiento cómico al ritmo de una tuba ridícula, apoyándose en
el hombro de Tadeo, que casi se hunde en la arena por el peso) ¡Calambre!
¡Calambre nórdico! Es la humedad de tu tierra, que me oxida los tendones.
¡Estírame el dedo gordo de la bota, muchacho, antes de que se me suba el gemelo
a la garganta!
TADEO se aferra a la
bota y jala con todas sus fuerzas mientras suena una cuerda tensándose, hasta
que se oye un corchazo ("¡POP!") y OLAF cae sentado en la arena con
un largo suspiro de alivio.
Cuadro Segundo: La
geografía imposible del Reino de Escarcha-Fría
Misma playa, media
hora después. Suena una melodía tropical lánguida y calurosa. OLAF está sentado
a la sombra de una palmera, abanicándose con su casco con cuernos y sudando a
mares. TADEO está sentado frente a él sobre una piedra, con la barbilla apoyada
en las manos, escuchándolo embobado.
TADEO: Entonces, déjeme
ver si entendí bien, don Olaf. ¿Me está diciendo que en su pueblo el agua del
cielo no cae líquida, sino hecha polvo blanco como ralladura de coco?
OLAF: (Bebiéndose el
agua de un coco de un trago y sacudiendo la cabeza) ¡Nieve, muchacho, se
llama nieve! Y en mi tierra, el Reino de Escarcha-Fría, hace tanto frío en
enero que las palabras se congelan en cuanto salen de la boca.
TADEO: (Abriendo mucho
los ojos) ¡No me diga! ¿Andan por la calle con libretas o cómo platican?
OLAF: Pues en invierno no
se puede. Tú le dices "buenos días" a tu vecino y el "buenos
días" cae al suelo haciendo clinc (suena un tintineo de cristal),
hecho un cubito de hielo. Así que todos llevamos una cubeta. Recoges lo que te
dijeron, te lo llevas a tu casa, lo echas al sartén con tantita manteca de foca
y, cuando se derrite al fuego, ¡zas!, el sartén empieza a hablar y te enteras
de todos los chismes del barrio.
TADEO: (Riendo con
asombro) ¡Qué barbaridad! Qué gente tan práctica. Oiga, ¿y qué comen allá
si todo está tieso?
OLAF: (Impostando la
voz con misticismo mientras suena un arpa mágica) ¡Criaturas majestuosas
que tus ojos tropicales jamás podrían imaginar! Allá pastan los alces de seis
patas: cuatro para caminar en la nieve y dos arriba del lomo por si se voltean
en una bajada, seguir corriendo de espaldas. Y las gallinas vikingas son cuadradas
y ponen huevos cuadrados.
TADEO: (Haciendo un
cuadrado en el aire con las manos) ¿Huevos cuadrados? ¿Como dados de jugar?
OLAF: Exactamente. Porque
vivimos en montañas tan empinadas que, si fueran redondos, el desayuno rodaría
hasta el mar y se lo comerían las ballenas. Además, allá el sol es muy flojo:
solo sale los martes y los jueves de tres a cuatro de la tarde, y el resto del
año nos alumbramos frotando dos gatos lanudos hasta que sacan chispas.
TADEO: (Suspirando con
fascinación pura) Nunca pensé que el mundo de allá afuera fuera tan
divertido y tan mal hecho a la vez. ¡Espere a que le cuente a mi tía que los
extranjeros tienen el pelo de paja, músculos con nombre propio y que tienen los
huevos cuadrados!
OLAF: (Dando un
respingo de dignidad herida) ¡Bueno, muchacho, cuadrados los de las
gallinas! Aunque con el frío de enero, te confieso que a los guerreros se nos
esconden tanto que luego no quieren salir.
TADEO: (Mirándolo
caminar con las pieles pesadas, aguantándose la risa) ¡Con razón camina
usted como si se le hubiera perdido algo importante! (Platillazo cómico de
batería). Pero oiga... ¿por qué echa tanto humo por las orejas?
OLAF: (Desesperado,
tratando de abanicarse con las trenzas mientras suena un efecto de sartén
friendo) ¡Me estoy derritiendo, Tadeo! ¡Mi cuerpo está diseñado para pelear
contra osos polares, no contra este sol que pega como sartén caliente! Si no me
quito estas pieles de encima, en diez minutos voy a quedar reducido a un charco
de mantequilla rubia. ¡Pero un vikingo jamás anda sin su armadura de gala!
Entra DON COSME con
paso rítmico y elegante de danzón, cargando un rollo de cintas métricas y unas
tijeras enormes que suenan al compás, seguido de DOÑA REMEDIOS, que se abanica
nerviosa.
DOÑA REMEDIOS: (Frenando en
seco y santiguándose tres veces al ritmo de tres golpes de madera) ¡Virgen
del Perpetuo Socorro! ¡Tadeo, aléjate de esa criatura! ¡Es un gigante crudo que
se escapó de una nube!
TADEO: ¡No se espante,
doña Remedios! Es un vikingo. Viene de donde las gallinas son cuadradas y mire:
si le pica aquí en el brazo, le brinca "La Suegra de Thor", una vieja
horrible y corajuda como usted... (Doña Remedios abre la boca indignada y
levanta el abanico para pegarle; Tadeo hace una pausa de un segundo y sonríe
con total inocencia) ...¡como usted comprenderá! (Platillazo de
batería).
DOÑA REMEDIOS: (Bajando el
abanico, entrecerrando los ojos con sospecha, pero dando un pasito coqueto
hacia Olaf) Mjum... más te vale, escuincle. A ver... ¿en cuál brazo dices
que le brinca la suegra?
DON COSME: (Interponiéndose
entre ambos y frotándose las manos al ver los anillos de oro y el brazalete de
Olaf; suena una caja registradora "cha-ching") Calma, doña
Remedios, no sea ignorante. Lo que tenemos aquí es un distinguido caballero
ultramarino con un evidente problema de vestuario estacional. (Hace una
reverencia exagerada hasta tocar el suelo con la frente). Don Cosme de la
Tijera Fina, sastre real de esta costa, a sus pies, oh rubicundo coloso.
OLAF: (Secándose el
sudor con la barba) Sastre, si tienes algo que me quite este calor sin
perder mi imponente presencia guerrera, te daré este brazalete de plata que le
gané en vencidas a un troll.
DON COSME: (A los ojos le
brillan las monedas; redoble místico de timbales) ¡Acaba de toparse con el
único artesano capaz de tejer el legendario Traje Imperial de Hilo de Viento!
Cuadro Tercero: La
armadura de hilo de viento
En el centro de la
plaza del pueblo, minutos después. Hay un biombo improvisado con dos sábanas
que cubren a OLAF del pecho a los muslos. Detrás del biombo asoma la cabeza de
OLAF. Suena un vals ligero de pizzicato mientras DON COSME hace gestos teatrales
en el aire con una aguja gigante sin hilo, dando tijeretazos al vacío. TADEO y
DOÑA REMEDIOS observan desde una banca.
TADEO: (Susurrando)
Oiga, don Cosme, yo no quiero meterme en su oficio, pero ahí no lleva usted ni
una hebra de algodón. Está cosiendo puro aire.
DON COSME: (En voz alta y
solemne, para que Olaf lo oiga bien) ¡Silencio, profano! Esta tela de Brisa
Boreal es tan fina, tan mágica y tan avanzada que presenta una propiedad única
en la sastrería militar: es completamente invisible para los cobardes, los
flojos y los que nunca han derribado a un mamut o a un dientes de sable de un
cabezazo. Solo los verdaderos campeones dignos del Valhalla pueden ver sus
bordados de escarcha y sentir su frescura.
OLAF: (Asomando la
cabeza por encima de la sábana, tragando saliva con un sonido audible de
"glup") ¿Solo los dignos del Valhalla? (Mira hacia abajo,
hacia las manos vacías del sastre, entrecerrando los ojos con pánico de quedar
como un cobarde). ¡Ah, claro! ¡Sí, sí! ¡Ya la veo! ¡Qué azul tan...
transparente! ¡Y qué bordados tan discretos! Casi parece que no hay nada, ¡qué
maravilla de camuflaje!
DON COSME: (Mete la mano
con la cinta métrica por detrás del biombo; suena una flauta ascendente y Olaf
da un brinquito soltando una risita aguda) ¡Quieto, gran señor, que estoy
ajustando la retaguardia de combate!
OLAF: (Apenado y
risueño) ¡Disculpad, maese sastre, es que el frío del norte no nos prepara
para que nos midan tan de cerca!
DON COSME: (Haciendo que le
ajusta un cinturón imaginario) Quítese esas pieles apestosas, gran señor,
démelas junto con el brazalete de plata para "forrarlas", y salga a
deslumbrar a esta humilde aldea con su armadura de última generación.
Redoble de tambores
de circo. DON COSME retira la sábana de un tirón. Suena un acorde triunfal
seguido de un efecto cómico de resorte. OLAF aparece en medio de la plaza
llevando únicamente su casco con cuernos, sus botas peludas y unos calzones
cortos vikingos de tela rústica pero de corte muy ceñido y favorecedor, que
traen bordada una risueña cara de foca feliz al frente y un colorido pescadito
saltarín en la posadera. Él, sin embargo, camina con el pecho inflado y paso de
gigante invencible como si llevara una armadura de platino.
DOÑA REMEDIOS: (Tapándose los
ojos con el abanico, pero abriendo las varillas con dos dedos para no perder
detalle) ¡Jesús mil veces! ¡El gigante anda en paños menores! ¡Y qué bien
acomodada trae la mercancía extranjera, Dios me perdone!
DON COSME: (Mirándola con
severidad) ¡Cuidado, doña Remedios! ¿Acaso está confesando que no es digna
del Valhalla y por eso no ve la majestuosa capa de terciopelo polar?
DOÑA REMEDIOS: (Disimulando
enseguida, abanicándose a toda máquina) ¡Digo... qué paños tan elegantes y
qué corte tan ceñido había visto yo nunca! ¡Mire nada más qué caída tiene esa
cola imaginaria... digo, imperial!
OLAF: (Dando zancadas
orgullosas frente a Tadeo y posando de perfil) ¿Qué tal, joven Tadeo? ¡Es
la armadura más fresca que he usado en mi vida! Siento cómo corre el airecito
por las costillas. Y lo mejor es que deja lucir la artillería pesada. ¡Mira
cómo resalta la pechera real con este corte! (Hace bailar los pectorales un
par de veces al ritmo de dos golpes de bongó con cara de solemnidad absoluta).
TADEO: (Aguantándose la
risa mientras se rasca la cabeza) Pues... de que le ventila, le ventila,
don Olaf. Y déjeme decirle que esos calzones con la foca feliz hacen un juego
precioso con los cuernos del casco.
Cuadro Cuarto: El
gran desfile de los calzones imperiales (Clímax)
La calle principal
del pueblo, adornada con pencas de coco y papel picado. Suena música festiva de
charanga costeña. Todo el vecindario se ha reunido. En primera fila está DOÑA
REMEDIOS acompañada del CORO DE VECINAS, todas abanicándose en perfecta sincronía.
Al fondo, DON COSME intenta escabullirse de puntillas al ritmo de un contrabajo
sigiloso, cargando un bulto con las pieles de oso y la plata. Suena un cuerno
de caracol muy desafinado tocado por TADEO, que entra abriendo paso.
TADEO: (Gritando como
pregonero de feria) ¡Abran cancha, vecinos! ¡Hagan espacio, que ahí viene
el fenómeno del Norte! ¡El hombre de los huevos cuadrados que tiene más
músculos que un costal de tilapias fritas! ¡Con ustedes, don Olaf y su carísima
armadura que nadie ve pero cómo refresca!
Suena una marcha
triunfal mezclada con mambo. Entra OLAF marchando con paso solemne y militar.
Va en sus ceñidos calzones vikingos, botas de peluche y casco con cuernos. Con
cada paso que da, hace una pausa dramática marcada por un golpe de platillo
para inflar el pecho, contraer un brazo o lanzarles una mirada conquistadora a
las señoras.
OLAF: (Con vozarrón
heroico) ¡No temáis, pequeños habitantes del trópico! ¡Sé que el resplandor
de mi coraza de Hilo de Viento casi os deja ciegos! ¡Observad cómo ondea al
viento mi capa de terciopelo polar! (Da un giro dramático en cámara lenta
revoleando su capa imaginaria, haciendo que el pescadito saltarín bordado en su
trasero quede a plena vista del público y parezca moverse cuando él camina).
DOÑA REMEDIOS: (Asomándose por
encima de sus anteojos, hipnotizada, mientras el Coro de Vecinas suspira
"¡Aaaah!" al unísono) ¡Virgen santa, qué corte francés! ¡Qué
caída de tela! Vecinas, miren nada más esos bordados invisibles que tiene a la
altura del ombligo... parecen lavadero de río, de esos de piedra tallada.
¡Quién fuera jabón de pasta para darse una resbaladita!
OLAF: (Deteniéndose
frente a las señoras, sumamente halagado) Veo que las damas de esta aldea
sí son dignas del Valhalla y poseen vista de águila. ¡Permitidme mostraros cómo
se ajusta la pechera de combate cuando respiro hondo! (Inhala exageradamente
y hace bailar el pecho y los hombros al ritmo de un redoble de timbales; las
vecinas se abanican tan fuerte que casi vuelan sus sombreros). Y aquí
abajo, justo donde termina la faldilla de malla invisible, podéis admirar
"Los Pilares de Asgard", mis dos muslos capaces de cascar nueces de
macadamia al trote.
En ese momento, DON
COSME, que intentaba huir de puntillas por detrás, pisa un coco (suena un
resbalón de flauta y un estruendo de cacerolas) y cae de bruces en medio de la
calle. Del bulto que cargaba salen rodando las pieles de oso, el brazalete de
plata y unas tijeras oxidadas. La música se detiene en seco.
TADEO: (Señalando al
sastre en el suelo) ¡Ah, caray! ¡Mire, don Olaf! ¡Don Cosme lleva ahí sus
pieles y su plata, y ni siquiera compró hilo en la mercería! (Tadeo se queda
mirando a Olaf de arriba abajo, se rasca la oreja y suelta la verdad a pulmón
abierto). ¡Oigan, ya basta de cuentos! ¡Cuál armadura ni qué ocho cuartos!
¡El vikingo está en puros calzones!
Silencio sepulcral
en la plaza. DON COSME recoge el brazalete y sale corriendo como alma que lleva
el diablo acompañado por un xilófono veloz. OLAF se queda petrificado con un
brazo a medio flexionar. Mira a Tadeo, luego mira al público y finalmente baja
la vista hacia su propia barriga y sus calzones con la foca feliz. Suena un
trombón triste ("wah-wah-waaah").
OLAF: (Con un hilito
de voz aguda, completamente fuera de personaje) ¿En... en calzones? ¿Me
estáis diciendo que no llevo puesto el peto de escarcha imperial? ¿Que se me
ven las rodillas al aire libre?
TADEO: ¡Las rodillas, el
ombligo, la foca feliz y hasta el pescadito saltarín que trae bordado en la
posadera, don Olaf! ¡Ese sastre le vendió puro viento del mar!
OLAF: (Dando un grito
de horror digno de una soprano de ópera) ¡Por las trenzas chamuscadas de
Thor! ¡He sido engañado! ¡Un guerrero nórdico desfilando en ropa interior como
un bacalao pelado! (En un ataque de pudor repentino, se quita el casco con
cuernos e intenta taparse el pecho, la foca y el pescadito al mismo tiempo,
juntando las rodillas y dando brinquitos ridículos al ritmo de un violín
histérico). ¡No me miréis! ¡Tapad vuestros ojos, mortales! ¡La deshonra
caerá sobre mis ancestros! ¡Me vuelvo nadando a Noruega ahora mismo!
OLAF da media
vuelta, rojo como un camarón hervido, dispuesto a salir corriendo de ladito
hacia el mar con las manos tapándose las nalgas. De pronto, suena un redoble
militar; DOÑA REMEDIOS y el CORO DE VECINAS pegan un brinco felino, cierran
filas y se le plantan enfrente abriendo sus abanicos al mismo tiempo con un
golpe seco ("¡CLAC!") como escudos espartanos, bloqueándole el paso.
DOÑA REMEDIOS: (Con voz de
generala en batalla) ¡Alto ahí, coloso rubio! ¡De esta playa no se mueve ni
una pestaña!
OLAF: (Intentando
cubrirse los pectorales con las trenzas de la barba) ¡Pero señora, estoy
desprotegido! ¡Soy una vergüenza para mi clan! ¡Déjeme ir a esconderme debajo
de una lancha!
DOÑA REMEDIOS: ¡Qué lancha ni qué
nada! ¡No importa que no lleve tela, hombre de Dios! ¡Quédese aquí con
nosotras, gran vikingo, y déjenos disfrutar de su anatomía en paz, que en este
pueblo llevamos cuarenta años viendo puros maridos chaparritos, panzones y
flojos que nada más sirven para roncar en la hamaca!
CORO DE VECINAS: (A coro, dando
un paso al frente y abanicándose con entusiasmo) ¡Eso, que se quede! ¡Viva
la foca feliz y que baile el pescadito!
TADEO: (Asintiendo con
entusiasmo científico) ¡Eso sí es cierto, don Olaf! Aquí el que tiene más
músculo es el boticario y nomás en el dedo con el que machaca las pastillas.
¡Usted es una maravilla de la naturaleza! Si se queda, nos pone el ejemplo a
todos para ponernos así de fuertotes.
La música se
detiene. OLAF se queda quieto en seco. Parpadea dos veces (suenan dos toques de
triángulo: "ting, ting"). Poco a poco, va bajando las manos con las
que se tapaba. Su expresión de pánico se transforma lentamente en una sonrisa
pícara y de suficiencia absoluta. Vuelve a colocarse el casco con cuernos con
mucha dignidad y saca el pecho el doble que antes mientras vuelve a sonar la
fanfarria heroica.
OLAF: (Aclarando la
garganta con voz profunda de locutor) Bueno... ¡en realidad ya lo sabía!
Por supuesto que un explorador de mi calibre no iba a caer en el truco de un
simple sastre. Todo fue una estrategia militar nórdica para poner a prueba
vuestra resistencia ante la perfección física. (Mira a las señoras, que
suspiran al unísono abanicándose con furia, y luego mira a Tadeo). Pero veo
que vuestro pueblo necesita cultura anatómica... ¡así que está bien: quedaos
conmigo, disfrutadme y mañana mismo abriremos mi gimnasio en la playa, gratis
para las damas que me traigan pescado frito y camarones!
DOÑA REMEDIOS: (Aplaudiendo
emocionada) ¡Bendito sea el naufragio que lo trajo! ¡A ver, enséñenos otra
vez cómo hace ese brazo cuando parte limones!
OLAF: (Subiéndose de
un brinco a un barril en medio de la plaza como si fuera un pedestal olímpico)
¡Con ustedes, a petición popular y completamente libre de telas estorbosas:
"El Martillo de los Jueves" y "La Suegra de Thor" en
función corrida!
TADEO: (Sacando su
sombrero y pasándolo entre los vecinos al ritmo de un mambo final a todo
volumen) ¡A dos monedas la mirada y a cinco el apretón de bíceps, señores!
¡Pasen a ver al primer extranjero en calzones de la historia! ¡Garantizado que
no muerde, alegra a las señoras y da sombra para tres personas!
OLAF adopta su pose
más gloriosa, pícara y exagerada arriba del barril, haciendo bailar todos los
músculos a la vez al ritmo de la batería mientras recibe una lluvia de flores y
suspiros de Doña Remedios y las vecinas, y TADEO cuenta las monedas maravillado
mientras cae el telón con un gran platillazo final.
FIN
EL TRAJE NUEVO DEL VIKINGO. © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International