
El Gran Escándalo de los Calzones
Reales
(o La Rebelión de Pingolín)
PRÓLOGO
El Gran Escándalo de los Calzones
Reales (o La Rebelión de Pingolín) es una farsa satírica en un acto diseñada para teatro
físico, estudiantil o comunitario, con una duración aproximada de 15 a 20
minutos y un reparto altamente flexible. La obra bebe directamente del slapstick,
el absurdo y el dinamismo de la comedia del arte, donde el joven inventor
Pingolín (en un tono satírico que tiene como trasfondo una lucha social) asume
el rol del ciudadano consciente que descubre una verdad incómoda sobre “la
salud pública” y decide luchar en solitario contra la corrupción estructural de
los clanes locales y el abuso de poder económico. Para los directores y
productores, el texto ofrece un lienzo ideal para explorar el ritmo cómico, la
percusión con objetos cotidianos (sartenes y ollas) y la exageración corporal,
requiriendo una utilería de bajo costo pero de gran impacto visual.
EL GRAN ESCÁNDALO DE LOS CALZONES
REALES
(o La Rebelión de Pingolín)
EL
GRAN ESCÁNDALO DE LOS CALZONES REALES. © 2026 by BENJAMIN GAVARRE
is licensed under CC BY-NC-ND 4.0
benjamingavarre@filos.unam.mx
Todo sucede en el Reino de
Nunca-Jamás-Volverás-Atrás (un país donde las calles van en subida hacia ambos
lados, los árboles dan merengues los jueves y todo el mundo camina dando un
pasito adelante y medio de costado).
PERSONAJES:
• PINGOLÍN: Joven inventor de
artefactos inútiles, de sombrero con resorte y bolsillo lleno de engrudo. No
pertenece a ningún clan, pero tiene un olfato de sabueso.
• PÁNFILO CARADURA: El hermano mayor.
Viste levita de terciopelo prestado, sonríe mostrando treinta y ocho dientes y
habla como tenor resfriado.
• PRUDENCIO CARADURA: El hermano
menor. Idéntico a Pánfilo, pero repite las últimas palabras de su hermano con
voz de tonto y carga un ábaco gigante para contar dinero.
• DOÑA VÍBORA: Matriarca del Clan
Malvadón. Peineta altísima con doble fondo para bombones. Abanico con resorte.
• DOÑA TARÁNTULA: Segunda del Clan.
Corta de vista, usa anteojos de alambre y confunde los objetos con comida.
• DOÑA CARCOMA: La anciana del Clan.
No oye bien, traduce todo al revés y usa un audífono de hojalata gigante que
usa como cachiporra.
• CHISPITA: Líder de Los Sin-Clan.
Experta en tocar la cacerola de presión y lanzar verdades como puños.
• CASCABEL: El estratega ruidoso de
Los Sin-Clan. Carga un cinturón lleno de tapas de ollas.
ESCENA PRIMERA: El misterio de los
papeles pegados
(Plaza Mayor de
Nunca-Jamás-Volverás-Atrás. Al fondo, un tendedero gigantesco que cruza de
balcón a balcón, lleno de calzones largos de encaje, bombachos a rayas y
calcetines reales. En el centro, una estatua del Rey Bizco que sostiene un
cetro que parece un destapador de cañerías. Entra PINGOLÍN en puntillas
extravagantes, exagerando el "pasito adelante y medio de costado" del
reino. Carga una cubeta de engrudo de tapioca que burbujea y un rollo de
carteles gigantes.)
PINGOLÍN:
(Al público, susurrando con fuerza.)
¡Chisss! No hagan ruido con las pestañas, que las paredes de este reino tienen
orejas... ¡y las orejas tienen juanetes! (Mira a ambos lados, saca una brocha
gorda, la mete al engrudo y, al sacarla, se le queda pegada a la nariz. Pega un
tirón.) ¡Ay! Este engrudo de tapioca quedó más potente que el amor de madre.
(Pega un cartel gigante en la estatua del Rey Bizco. El cartel se resbala y le
cae en la cara a Pingolín. Queda ciego momentáneamente y camina a tientas hasta
tropezar con la fuente.) ¡Listo el engrudo y pegado el embuste! A ver qué cara
ponen hoy los Hermanos Caradura cuando todo Nunca-Jamás-Volverás-Atrás lea mi
investigación. ¡Conque salvadores de la higiene patria, ¿eh?! ¡Ja! ¡Pillos de
siete suelas y catorce tacones!
(Se escuchan campanitas celestiales
tocadas de mala gana. Entran PÁNFILO y PRUDENCIO CARADURA haciendo reverencias
exageradas hacia balcones vacíos. Detrás de ellos, marchando como generales de
infantería, entran DOÑA VÍBORA, DOÑA TARÁNTULA y DOÑA CARCOMA, abanicándose a
velocidad de cortadora de césped.)
PÁNFILO CARADURA:
(Con voz melosa de tenor resfriado,
estirándose los puños de la levita.) ¡Qué hermosa mañana para ser buenos,
hermano Prudencio! Siento una caridad en el pecho que casi me asfixia. Gracias
a nuestra desinteresada campaña de recolección de prendas íntimas, el reino
luce inmaculado.
PRUDENCIO CARADURA:
(Sacudiendo su ábaco gigante.)
¡Inmaculado, perfumado y facturado, hermano Pánfilo! Y como somos tan almas de
Dios, sólo cobramos tres sacos de monedas de oro por cada docena de calzones
que rescatamos de la misteriosa, oscura y terrible "Epidemia de la Mancha
Negra". ¡Qué tragedia sanitaria más lucrativa!
DOÑA VÍBORA:
(Dando un golpe de abanico en el
aire.) ¡Alabado sea el jabón de los Caradura! (Se acerca a Pánfilo y le guiña
un ojo que parece un tic nervioso.) Diga usted, don Pánfilo... ¿ya floreció el
árbol del cacao? Porque mis aplausos no se mueven si no hay combustible.
PÁNFILO CARADURA:
(Mirando a los lados con ojos de
conspirador, saca de su levita una bolsa de terciopelo. Saca bombones dorados y
los reparte.) Para mis damas de honor, oro puro comestible. Con cubierta de
avellana de la alta alcurnia.
DOÑA VÍBORA:
(Oliendo el bombón con avaricia.)
¡Ay, qué olor a santidad! Por un bombón de éstos soy capaz de jurar ante el
juez que los burros vuelan en escoba y que el Rey tiene los ojos derechos.
DOÑA CARCOMA:
(Poniéndose el audífono de hojalata
en la boca de Pánfilo.) ¿Qué dice que vuela la ropa? ¿Se escaparon los
calzones? ¡Atrápenlos, que muerden!
DOÑA TARÁNTULA:
(Que se ha acercado a la estatua del
Rey Bizco. Intenta morder el cartel pegado pensando que es una oblea
gigantesca.) ¡Oigan! Este merengue de pared está muy seco... ¡Y tiene letras!
(Se ajusta los anteojos de alambre, se le caen, los recoge, los pone al revés.)
¡Santo cielo! ¡Mis ojos ven infamias! ¡Miren lo que escribió el mequetrefe de
Pingolín!
DOÑA VÍBORA:
(Leyendo por encima del hombro de
Tarántula.) ¡A ver! "Los Hermanos Caradura tienen la cara de cemento
armado: su negocio benéfico es una estafa que apesta a queso de pata de
cabra". ¡Virgen del Perpetuo Almidón!
PRUDENCIO CARADURA:
(Poniéndose verde, azul y luego
amarillo pálido; las cuentas de su ábaco chocan del temblor.) ¡Infamia!
¡Calumnia! ¡Atentado contra el libre comercio del calzoncillo! ¡Clan Malvadón,
defiendan sus bombones! ¡A él!
(DOÑA VÍBORA y DOÑA TARÁNTULA activan
los resortes de sus abanicos, que empiezan a girar haciendo el ruido de un
helicóptero viejo. Corren hacia PINGOLÍN, quien intenta huir, pero sus zapatos
se han pegado al suelo por culpa del engrudo de tapioca.)
DOÑA VÍBORA:
¡Toma, revolucionario del lavado! (Le
echa un puñado de polvos de pica-pica dentro del cuello de la camisa.) ¡Por
ensuciar la propiedad pública con verdades no autorizadas!
DOÑA TARÁNTULA:
(Confundiendo la nariz de Pingolín
con una manija.) ¡Gira la perilla! (Le amarra los cordones de los zapatos entre
sí con un nudo marinero y le pinta un bigote de chapopote usando la brocha del
engrudo.) ¡Aprende a respetar a los filántropos que endulzan nuestra vejez!
¡Buh, enemigo del progreso textil!
DOÑA CARCOMA:
(Llegando tarde, le da un golpe a
Pingolín en el sombrero con su audífono de hojalata.) ¡Toma tu merecido,
calcetín desparpajado! ¿Quién quiere té de manzanilla?
PINGOLÍN:
(Saltando como un canguro epiléptico
porque tiene los pies amarrados y rascándose la espalda contra la estatua del
Rey.) ¡Ay, ay, ay! ¡Que me pica desde las pestañas hasta el árbol genealógico!
¡Viejas momias compradas con manteca de cacao! ¡Podrán hacerme bailar el baile
del piojo, pero la verdad ya está pegada con engrudo de cola de dragón! ¡Ni con
dinamita la despegan! ¡El pueblo sabrá a qué huelen sus fortunas!
(Los Caradura y las viejas huyen
indignados tapándose las orejas mientras Pingolín cae de trasero dentro de su
propia cubeta de engrudo.)
ESCENA SEGUNDA: La revuelta de Los Sin-Clan y el
hedor real
(Anochece en la plaza. Los carteles
de Pingolín brillan con una luz verde fantasmal porque les puso polvo de
luciérnaga mutante. PINGOLÍN está sentado en la fuente, todavía pegado a la
cubeta en su trasero, rascándose la oreja con una cuchara de madera de un metro
de largo. Entran CHISPITA, CASCABEL y el grupo de Los Sin-Clan en formación de
guerrilla ridícula, marchando agachados y haciendo sonar sartenes con sordina de
trapo.)
CHISPITA:
(Dando una señal de alto con una
cuchara sopera.) ¡Planeta Tierra llamando a Pingolín! Hemos leído tus carteles
luminosos. Tienen buena ortografía y verdades como puños. Nosotros no somos del
Clan Malvadón ni nos dejamos rellenar las muelas con bombones. ¡Estamos hasta
el copete de que nuestros calzones de mudar amanezcan los martes con manchas
sospechosas!
CASCABEL:
¡Y estamos de acuerdo! Mi tía abuela
intentó lavar sus enaguas en el río y las viejas del Clan Malvadón la
persiguieron a pedradas reglamentarias. Dicen que el agua bendita del río es
propiedad exclusiva de su lavandería. ¡Aquí hay gato encerrado, perro amarrado
y negocio cuadrado!
PINGOLÍN:
(Usando un embudo gigante en la boca
como megáfono, lo que hace que su voz suene como una bocina rota.) ¡Chisss,
silencio, ruidosos Sin-Clan! No hay ningún gato encerrado... ¡lo que hay es un
felino podrido! Escondan sus sartenes y métanse detrás de los barriles de
merengue de los jueves. ¡Ahí vienen los santos varones de la estafa!
(Todos se zambullen detrás de los
barriles, dejando sólo los ojos a la vista. Entran en puntillas de ballet
PÁNFILO y PRUDENCIO CARADURA. Cargan entre los dos una olla gigantesca de
hierro negro que echa un vapor verde fosforito que deforma la luz del escenario.
Detrás, en fila india, vienen las tres del Clan Malvadón, usando pinzas de
colgar ropa en la nariz y cargando sacos de arpillera.)
PÁNFILO CARADURA:
(Riendo con una risa malvada que
termina en tos de tísico.) ¡Je, je, je! Qué delicia de monopolio, hermano
Prudencio. Mientras los idiotas del pueblo sueñan con los angelitos, nosotros
salimos a bendecir sus tendederos. Saca el rociador de lodo de pantano.
PRUDENCIO CARADURA:
(Sacando una bomba de esmoquin con
manguera.) ¡Rociador listo, hermano Pánfilo! Un toque de barro por aquí, una
pincelada de fango por allá... ¡Y mañana decretamos la Fase Cuatro de la
Epidemia Textil! ¡Tres monedas de oro por calzón desinfectado! Somos unos
genios de la salud pública.
DOÑA VÍBORA:
(Hablando con voz gangosa por culpa
de la pinza en la nariz.) Oiga, don Pánfilo, la patria agradece los bombones,
pero la pócima que prepararon hoy para los calcetines nos está disolviendo el
esmalte de las uñas. ¿Qué ingrediente secreto le pusieron a esa porquería?
PÁNFILO CARADURA:
(Inflándose como un pavo real.) ¡Ah,
la alta cocina de la delincuencia! Como el público ya se estaba acostumbrando
al olor a barro común, hoy innovamos. ¡Esta noche maceramos los calcetines en
un caldo concentrado de pus de verruga de sapo viudo y extracto de vómito de
gato maleducado que comió sardinas rancias! ¡Mañana esos calcetines van a salir
corriendo solos y cobraremos el impuesto de captura!
(PÁNFILO levanta la tapa de la olla
con un gran ademán dramático. Se escucha un efecto de sonido: un coro de ranas
afinando instrumentos y un "¡PUAJ!" colectivo. Una luz amarilla
inunda el escenario. En ese instante exacto, PINGOLÍN activa un resorte de su
sombrero, que sale disparado y golpea la tapa de la olla, haciéndola sonar como
un gong de iglesia. LOS SIN-CLAN saltan de los barriles encendiendo linternas
potentes directas a las caras de los villanos.)
PINGOLÍN:
¡¡ALTO EN NOMBRE DE LA HIGIENE
INTIMA, MANCHADORES NOCTURNOS!!
CHISPITA:
(Batiendo la olla exprés con un
molinillo de chocolate.) ¡Con las manos en el barro y las narices en la
podredumbre!
CASCABEL:
(Haciendo sonar un silbato de
árbitro.) ¡Despierten, dormilones de Nunca-Jamás-Volverás-Atrás! ¡Saquen las
cabezas o se les quemará el colchón!
(Se abren en cadena una docena de
ventanas artificiales en el fondo. Asoman cabezas con gorros de dormir de
rayas, camisones largos y rulos gigantes.)
PINGOLÍN:
(Subiéndose a la estatua del Rey
Bizco, quedando cara a cara con el bronce.) ¡Mirad, pueblo soberano! ¡Aquí
tenéis a vuestros benefactores! Los Hermanos Caradura, los santos del jabón,
son los mismos que les ensucian los calzones a medianoche y les fumigan los
calcetines con pus de sapo para que el Clan Malvadón les vacíe los bolsillos a
la mañana siguiente. ¡Y todo por unos chocolates que tienen más cianuro que
cacao!
PRUDENCIO CARADURA:
(Temblando tanto que se le caen los
pantalones, dejando ver unos calzones largos amarillos con corazones rojos.)
¡Mentira! ¡Es una conspiración de la competencia! ¡Esto no es vómito de gato,
es... es loción francesa con notas campestres de felino audaz!
CHISPITA:
(Tomando la olla con un trapo y
pasándola por debajo de las ventanas del público.) ¡A ver, vecinos, huelan la
loción francesa! ¡Disfruten el perfume de la alcurnia!
VOCES EN LAS VENTANAS:
• ¡Puaj! ¡Eso huele al demonio
después de comer cebolla!
• ¡Mis calzones de encaje belga!
• ¡Ladrones! ¡Que los metan en la
tina sin burbujas!
• ¡Devuelvan mis monedas de oro!
ESCENA TERCERA: El veredicto del cepillo de cerdas
duras
(Los vecinos bajan de las ventanas
armados con plumeros, escobas y rodillos de cocina. Rodean a los cinco
villanos. DOÑA VÍBORA y DOÑA TARÁNTULA intentan esconder los sacos de bombones,
pero DOÑA TARÁNTULA, presa del pánico, se traga tres bombones con todo y
envoltura de aluminio y se le queda pegada la mandíbula, haciendo ruidos de
foca enfadada: "¡Mmmph! ¡Mmmph!".)
PINGOLÍN:
(Haciendo sonar una campana de vaca
para pedir orden.) ¡Silencio en la corte de la ropa sucia! Como descubridor
oficial del Gran Timo del Calzón Embadurnado, y con el sindicato ruidoso de Los
Sin-Clan de mi lado, dicto sentencia inapelable para salvar las narices de la
patria.
PÁNFILO CARADURA:
(De rodillas, llorando lágrimas de
utilería.) ¡Piedad, Pingolín! ¡Ten piedad de nuestras levitas! Somos de piel
delicada y alérgicos al trabajo manual.
PINGOLÍN:
¡Tienen dos caminos, señores
estafadores! El primero es el Castigo Muy-Muy-Malo del Reino: vivir tres años
dentro de un calcetín de lana de oveja sarnosa, empapados en su propia salsa de
pus de sapo, mientras un coro de doce cabras montesas les lame las plantas de
los pies al ritmo de un vals vienés.
LOS CARADURA Y LAS VIEJAS:
(Gritando juntos, arrodillados en
círculo.) ¡¡Nooooo! ¡Las cabras melómanas noooo! ¡Piedad!
PINGOLÍN:
¡Entonces queda la opción B! Desde
este preciso segundo, y durante los próximos cincuenta años con sus respectivos
bisiestos, los Hermanos Caradura y las distinguidas damas del Clan Malvadón
lavarán, frotarán, enjuagarán, almidonarán y plancharán —con raya perfecta—
todos los calzones, calcetines, pañuelos de mocos y fajas reductoras de todo el
reino. ¡Y lo harán gratis! ¿Y saben qué usarán como herramienta? (Saca cinco
cepillos de dientes minúsculos de su bolsillo.) ¡Sus propios cepillos de
dientes de cerdas duras!
DOÑA VÍBORA:
(Entregando los sacos de monedas con
los ojos llorosos.) ¡Traigan los cepillos! ¡Traigan el cloro! ¡Pero mantengan a
los caprinos lejos de mis juanetes!
(CHISPITA y CASCABEL, con movimientos
coreografiados de sargentos, les amarran delantales hechos con los carteles de
Pingolín. Les colocan cinco tinas gigantes de madera del frente. Los villanos
se meten de rodillas en las tinas y empiezan a frotar calcetines humeantes a
una velocidad frenética, haciendo un ritmo percusivo con los cepillos de
dientes: Chiqui-chiqui-chi, chiqui-chiqui-cha.)
PINGOLÍN:
(Sentándose en el trono improvisado
de la fuente, abriendo un bombón dorado que sí era de chocolate real.) ¡Froten
con ritmo, Caraduras míos! ¡Que ese calcetín de rombos todavía tiene olor a
felino delincuente! Y que les sirva de moraleja para el resto de sus vidas
miserables... (Al público, apuntando con el chocolate.) ¡Porque quien ensucia
el calzón ajeno por una moneda de plata... termina lavando calzoncillos gratis
toda la quincena!
(Estalla una tormenta de confeti
dorado y espuma de jabón artificial desde el techo. Los Sin-Clan tocan una
marcha triunfal con sartenes y ollas. Los villanos estornudan burbujas gigantes
por la nariz mientras cae el...)
TELÓN
EL
GRAN ESCÁNDALO DE LOS CALZONES REALES. © 2026 by BENJAMIN GAVARRE
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