UNA EVA, UN ÁNGEL Y UN
BOBO
(O la Farsa del Difunto
Lozano)
Por BENJAMIN
Señoras
y señores, pasen y vean este brevísimo paso de enredos y jabón. Presenciarán
cómo una esposa astuta y un matasanos inventan la enfermedad perfecta para
castigar a un marido bruto. Pero tengan cuidado, que en las farsas, como en la
vida, el tiro suele salir por la culata: entre el agua tibia y la espuma, la
venganza se tuerce y el verdugo termina... irremediablemente enamorado. ¡Que se
abra el telón para Una Eva, un Ángel y un bobo!
PERSONAJES:
- LUCAS:
Médico charlatán de dudosa ética. Mucha labia, cero pacientes.
- EVA:
Mujer astuta, vengativa y de armas tomar.
- MARTÍN:
El marido. De puño duro, cerebro diminuto y una culpa gigantesca.
- ÁNGEL:
El "primo". Un vividor con cara de niño bueno y cutis
envidiable.
ESCENA I: LA CONSULTA DE
LA HAMBRUNA
(El consultorio de LUCAS.
Un esqueleto de plástico cojo y frascos vacíos. LUCAS se pasea sobándose el
estómago).
LUCAS:
¡Ay, qué miseria! ¡Tres días sin recetar ni un mísero paracetamol! Mis tripas
hacen más ruido que matraca de carnaval. Si no cae un enfermo pronto, me haré
un caldo con el yeso de la pared.
(Entra EVA, con lentes
oscuros enormes).
EVA:
¡Ay, Lucas! ¡Socorro, que me desmayo!
LUCAS:
¡Pásele, mi Eva! Siéntese en la silla buena. ¿Qué le duele? Aunque por ese
moretón bajo los lentes, yo digo que se tropezó con el puño de su marido...
otra vez.
EVA:
¡Calle! Que esta vez fue una plaga de pulgas bravísimas que pican y ¡zaz!, te
dejan el ojo morado.
LUCAS: Mire,
Eva, yo estudié en la universidad de la vida. Ese fue el animal de Martín. ¿Y
luego qué hizo la bestia?
EVA:
Lo de siempre. En cuanto lloro, pone cara de perro arrepentido. Me llenó la
casa de flores de panteón, un peluche gigante y se gastó la quincena en una
piñata de siete picos. Ya me cansé, Doc. Quiero venganza, pero sin que me deje,
que alguien tiene que pagar el gasto.
LUCAS:
La solución la tengo yo. Usted necesita cuidados intensivos y "apoyo
familiar". ¿Tiene algún primito que le caiga bien?
EVA:
Tengo a mi primo Ángel... un muchacho muy... "cariñoso".
LUCAS:
¡Tráigalo de inmediato! Usted y su Angelito van a sufrir una terrible
enfermedad: El Mal del Difunto Lozano. Es tan grave que no se nota nada
por fuera, pero requiere lujos excesivos y descanso absoluto. Martín, por pura
culpa, será su esclavo. Déjemelo a mí.
ESCENA II: EL DIAGNÓSTICO
Y LA PENITENCIA
(Sala de Martín y Eva.
MARTÍN entra cargando una piñata enorme, lloriqueando).
MARTÍN: ¡Mi
Eva adorada! ¡Soy una bestia, una mula mal parida! Te traje esta piñata para
que me perdones. ¡Rómpemela en la cabeza si quieres!
EVA: (Acostada
en el sofá, lánguida). Ay, Martín... tu culpa no me quita el dolor. Ya veo
la luz, los fantasmas... me muero.
MARTÍN:
¡No te mueras! ¿Qué hago? ¿Te hago caldito? ¿Traigo mariachis?
EVA:
Necesito apoyo moral de mi sangre. Y qué casualidad, iba pasando mi primo
Ángel, el que corrieron del norte...
MARTÍN:
¿El güerito cara de niño?
EVA: Ese
mero. Se sentía tan mal como yo, así que lo pasé para darle una sopita.
(Entra ÁNGEL, muy galán,
fingiendo toser levemente en un pañuelo de seda).
ÁNGEL: (Con
voz melosa). Hola, primo Martín. Ay, siento vidrios en la garganta...
necesito recostarme junto a mi prima Eva para darnos calor familiar.
MARTÍN:
¡Pásale, primo! ¡Mi casa es tu hospital!
(Entra LUCAS con gran
pompa, usando un embudo como estetoscopio).
LUCAS:
¡Abran paso a la ciencia! Vengo a revisar a los moribundos. (Examina a
ambos; ellos le guiñan el ojo).
MARTÍN:
Dígame la verdad, Doctor. ¿Se salvan? Yo los veo muy chapeados... hasta
brillan.
LUCAS:
¡Ese es el peligro, ignorante! Tienen la variante fulminante del Mal del
Difunto Lozano. El síntoma principal es verse sabrosos y saludables por
fuera, para luego estirar la pata de golpe. Si no actuamos ya, no llegan a la
cena.
MARTÍN:
¡Me lleva el tren! ¿Qué hago, doctor?
LUCAS: La
receta es cara. Para subir defensas: puro salmón, jamón serrano y vino tinto
del bueno. Y lo más vital: Hidroterapia intensa de contacto.
MARTÍN:
¿Hidro qué?
LUCAS:
Baños, Martín. Baños con masaje. Usted debe darle un baño de espuma al primo
Ángel para bajarle la fiebre interna. Y luego, el Angelito, ya recuperado, le
dará un bañito de esponja a Eva.
MARTÍN:
¿Yo bañar a este angelote? ¿Y él bañar a mi mujer? ¡Oiga! ¿Me quiere hacer un
cornudo consentido?
LUCAS: ¡Mírelo
como el héroe de la película! Usted será el catalizador de su curación, ¡libre
de toda culpa!
MARTÍN: (Imaginando
la escena). ¡Yo compro el salmón! ¡Yo lo tallo! ¡Yo soy su esclavo! (Sonríe
extrañamente hacia Ángel). ¿Qué puede salir mal?
ÁNGEL:
Gracias, primo. Nomás que el agua esté tibia... si está muy fría se me arruga
el cutis. Ah, y consígueme uvas sin semilla para botanear mientras me tallas.
(Martín suelta una
risilla nerviosa. Los otros cruzan miradas cómplices).
ESCENA III: EL BAÑO Y EL
ELOGIO DE LA CARNE
(Cuarto de baño. ÁNGEL
está en una tina con las piernas de fuera y gorra de baño con patitos. MARTÍN,
en shorts, suda mientras le echa agua con una jícara. EVA observa desde la
puerta, comiendo una manzana).
MARTÍN:
Ay, primo... qué pesado verte tan lozano y a la vez tan moribundo. ¿Cómo
sientes el agua? ¿Le echo más lumbre al boiler?
ÁNGEL:
Un poquito más caliente, que siento frío en el espíritu. Y pásame la esponja
por los chamorros, ahí se agolpa el virus.
MARTÍN: (Tallando
con vigor y admiración). ¡A la orden! Oiga, primo... ahora que lo tengo de
cerca... ¡qué buena hechura! Parecen piernas de futbolista, no como las mías de
pollo desnutrido. (Aprieta el muslo). Duro como molcajete. ¡Válgame
Dios! Con razón mi Eva lo quiere tanto.
EVA: (Desde
la puerta). ¡No lo talles tan fuerte, Martín! El Angelito es fino, trátalo
como porcelana.
MARTÍN:
Perdón, es que me emociono de ver al muchacho tan... bien dotado. A ver,
levante el bracito. (Lo jabona con devoción). ¡Híjole! Suavecito... como
nalga de querubín. Yo tengo el lomo como lija de tanto cargar bultos en el
mercado, usted tiene piel de durazno de importación.
ÁNGEL:
Lo tuyo es rústico, Martín, lo mío es estético. Sígueme tallando la espalda
baja, ahí me da el piquete.
MARTÍN:
Oiga, mi ángel de la guarda... de hombre a hombre. Si me pongo a dieta de
salmón y vino... ¿se me pondrá el cutis así de lustroso?
ÁNGEL: (Le
guiña a Eva). No, Martín. Lo tuyo es falla de fábrica. Pero si me sigues
tallando así, le hablaré bien de ti a los santos para que te perdonen lo bruto.
MARTÍN:
¡Faltaba más! ¡Me siento renacido! (Le echa un jicarazo de agua en la cara
por la emoción).
ÁNGEL:
¡Cuidado, animal, me arden los ojos!
MARTÍN:
¡Pura emoción, primito, pura emoción!
ESCENA IV: EL COBRO Y EL
AMOR INESPERADO
(En la sala. Restos de
festín gourmet. EVA y ÁNGEL, muy satisfechos y sonrojados. MARTÍN le seca los
pies a ÁNGEL con delicadeza inusual).
EVA: (Limándose
una uña, con tono de reproche). Oigan, mucha curación y mucho milagro, pero
¿a qué hora me tocaba mi baño a mí? El doctor fue muy claro en que Ángel me
tenía que tallar.
ÁNGEL: (Estirándose
como gato). Uy, prima Eva... es que el buen Martín me dejó tan desguanzado
y relajado del espíritu que no puedo ni levantar la esponja.
MARTÍN: ¡Ni
lo mande Dios! Al Angelito me lo dejas descansar, que tiene el cutis sensible.
A ti te baño yo al rato en el lavadero con jabón de barra, para que te saques
el virus.
LUCAS: (Entra
triunfal). ¡Milagro de la ciencia! La terrible peste ha sido derrotada.
Ahora, mis honorarios: quinientos de consulta, cuatrocientos a domicilio y mil
doscientos cincuenta del seguimiento...
MARTÍN: (Levantándose,
sacudiéndose las rodillas). Híjole, don Lucas... he tenido muchos gastos en
salmón y espumosos. Estoy vacío y desinflado.
LUCAS: (Molesto).
¡Me tiene que pagar o le digo al barrio entero lo que vi! ¡Los vuelvo a
enfermar!
MARTÍN:
¡No se esponje! Tengo capital en especie. Llévese la piñata de siete picos.
Está nuevecita.
LUCAS:
¿Con su piñata voy a pagar la renta?
MARTÍN:
Llévese los alebrijes y el perro de peluche gigante. Es hipoalergénico. ¡Lo
vende en el tianguis y le saca el doble!
LUCAS: (Resignado,
agarra la piñata y el peluche). Ya qué. Bola de babosos. (Sale
refunfuñando).
ÁNGEL:
Bueno, familia. Este cuerpo saneado se retira a su nube. Martín, gracias por tu
entusiasmo, fue casi una experiencia religiosa.
EVA:
Sí, ya vete, primo. Martín, ábrele la puerta al muchacho.
(Martín corre y se
interpone en la puerta. Le toma las manos a Ángel mirándolo con devoción).
MARTÍN:
Ángel de mi guarda. No se vaya sin escucharme. Mientras le secaba los pies...
ÁNGEL: (Nervioso,
intenta soltarse). Primo Martín... ya se me hace tarde.
MARTÍN: Es
que, después de verlo ahí en la tina, tan blanquito, con la firmeza de sus
hombros... sentí algo aquí en el pecho. Eva es mi mujer y la quiero, pero
usted... usted tiene una piel que ni la Virgen de los Remedios.
EVA: (Abre
los ojos como platos). ¡Martín! ¡Te pasas, es mi primo! ¡Y sí te diste
cuenta de que tiene su manzanota de Adán!
MARTÍN: (Soñador).
Ya sé que tiene manzana y bigote... pero, ¡ay, Eva! Nadie es perfecto. (Le
acomoda el cuello de la camisa a Ángel y le acaricia la mejilla). Si algún
día se cansa de vivir solo, Angelito... aquí tiene su casa. Le doy sus baños de
espuma diario. Tengo la mano suave para enjabonar, ¿verdad?
ÁNGEL: (En
pánico, mirando a Eva). Eh... sí, sí. ¡Ahí nos vemos, yo les llamo!
(Ángel huye despavorido a
la calle. Eva se deja caer en el sofá, atónita y con las manos en la cara.
Martín se queda en la puerta, suspirando con una sonrisa boba).
MARTÍN: (Gritando
a la calle, enamorado). ¡Cúbrete la espalda, Angelote! ¡Que no te dé el
sereno!
(Martín cierra la puerta,
tarareando una canción romántica y abrazándose a sí mismo como si abrazara una
esponja imaginaria).
TELÓN
UNA EVA, UN ÁNGEL Y UN BOBO (O la Farsa del Difunto Lozano) © 1999 de BENJAMIN GAVARRE tiene licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-SinDerivadas 4.0 Internacional