RECURSOS HUMANOS*
Sinopsis: En el piso de un frío corporativo de Santa Fe, la encargada de vigilar la ética y evitar el acoso decide romper sus propias reglas. Utilizando términos de recursos humanos y manipulación emocional, acorrala a un joven diseñador para obligarlo a estar con ella bajo la amenaza de no renovar su contrato. Una paradoja terrible y cínica donde la línea entre la víctima y el victimario se borra con un solo clic en un teléfono celular.
Personajes
Regina (50 años): Directora de Suma.
Espigada, impecable, corporativa, fría. Esconde una urgencia que necesita
saciar; ve al empleado como una presa fácil.
Gustavo (24 años): Apariencia de burnout,
ojeras por noches sin dormir. Carga una vieja laptop que es su único sustento.
Parece asustado y vulnerable, con una docilidad casi teatral. Sin embargo, su
aspecto físico contradice esa timidez: la camisa abierta y los hombros exudan
una sensualidad masculina estresada... o los signos inequívocos de un seductor
calculador.
(La oficina de un corporativo de distribución horizontal.
Es de noche; la iluminación general del piso exterior está apagada, dejando el
escenario en penumbras, a excepción de la luz focalizada, blanca y fría del
despacho de Recursos Humanos, que tiene paredes de cristal. Al abrirse el
telón, Regina cierra su laptop tras revisar los archivos que Gustavo le mandó.
Él permanece sentado, encorvado y con los hombros caídos al otro lado del
escritorio de cristal. Al llegar, Gustavo ha colocado su celular bocarriba
sobre el escritorio, recargado disimuladamente contra su termo de café de
manera que la cámara frontal apunte de forma estratégica hacia el espacio donde
ella está de pie; lo hace con un movimiento tan fluido y casual que parece un
simple descuido de alguien estresado).
Regina
Tus diseños no son malos, Tavito. Pero la
campaña de respeto e inclusión tendría que ser más… más…
Gustavo
(Con voz baja, jugando nerviosamente con sus dedos, usando un "usted" sumiso)
Ya entiendo,
licenciada. Ya me habían dicho lo de los colores, que se pasan de alegres. Y
creo que los personajes también podrían ser más… más…
Regina
(Se levanta con parsimonia. Camina hacia la pared de cristal y presiona un botón en el interruptor. Se escucha el zumbido eléctrico de unas persianas internas que bajan lentamente, aislándolos por completo del exterior. Ella sonríe, da la vuelta al escritorio y se coloca detrás de él, poniéndole una mano firme en el hombro)
Sí, un poco más…
Y menos "licenciada", por favor. Me hace sentir que no soy parte
de... tú sabes. Deseable. Aquí cuidamos la autoestima de los colaboradores, y
una debe ser la primera en tener la vara alta. Háblame de usted, Tavito...
perdón, de ti. No sé, siento que te contienes…
Gustavo
(Finge un temblor en los hombros, encogiéndose aún más en la silla. Con maestría absoluta, mientras simula frotarse los ojos por el cansancio, estira un dedo y da un sutil toque a la pantalla de su celular para asegurarse de que la grabación sigue corriendo en segundo plano)
Es tanta presión, Regi... Licenciada. Regina… Necesito
como un aliciente, ¿sabe? Un adelanto. Tengo gastos muy urgentes.
Regina
(Desliza sus dedos lentamente por el cuello de Gustavo, metiéndolos bajo el borde de la camisa abierta. Suspira cerca de su oído)
Gus, querido… En mi mente tus alicientes ya están a punto de ser
transferidos, ¿sí me entiendes?
Gustavo
(Mantiene la mirada fija en su laptop, fingiendo torpeza e ingenuidad, asegurándose de no tapar el ángulo del teléfono)
La verdad, no. ¿Cuánto me va a transferir? ¿Y cuándo?
Regina
(Sopesa el momento, complacida por la supuesta sumisión del joven. Se inclina más sobre él, quedando perfectamente encuadrada por la cámara del celular)
No te esperaba tan directo, me
gusta esa faceta que tenías escondida… El capital humano necesita incentivos
orgánicos. El "cuánto" y el "cuándo" dependen de ti… Hay
que aprender a optimizar los recursos que tenemos en esta empresa... a puerta
cerrada.
Gustavo
(Su lenguaje corporal cambia por completo en un segundo. Se endereza en la silla, echa los hombros hacia atrás con arrogancia y clava una mirada fría y felina en ella. Su voz baja de tono, volviéndose cínica y pausada. Rompe el "usted". Toma el celular del escritorio con un movimiento rápido y seguro, desactivando la grabación con un solo clic del pulgar)
Hablando de optimizar recursos corporativos...
No te muevas, Regina. Quédate ahí, quieta. Quita la mano de mi camisa.
Regina
(Retrocede un paso, parpadeando, desconcertada por el cambio de energía)
¿Qué te pasa, niño? ¿De qué
estás hablando?
Gustavo
(Saca un cigarrillo apagado del bolsillo y se lo coloca en los labios, mirándola de arriba abajo con descaro mientras sostiene el teléfono con firmeza)
Me paso de lanza, ¿qué no? Pero te
lo digo con todo respeto, vieja sucia... ¿No crees que es muy descarado de tu
parte estar acosando a los empleados?
Regina
(Tratando de recuperar el control y la postura corporativa, aunque la voz le tiembla un poco)
Gus, Gus, Gus…
en verdad eres un pobre ratón. En este mismo momento vas a irte escoltado por
los policías de la empresa. Estás despedido.
Gustavo
(Suelta una risita seca y gira la pantalla del celular hacia ella, mostrando la miniatura del video reproduciéndose)
Sabe... perdón, sabes... en este momento, vieja loca, me vas a transferir tres meses de sueldo por adelantado. Y más vale que lo hagas antes de que le dé enter a mi correo de salida en la laptop.
(Muestra el teléfono con una mano, mientras con el dedo índice de la otra mano apunta al teclado de la computadora, dejándolo suspendido de forma amenante sobre la tecla enter)
Te
estaba grabando. Toda la sesión. El teléfono estuvo transmitiendo el video en
vivo a mi nube privada. Gran angular, licenciada. Se ve perfectamente cómo me
tocas el cuello y el audio es nítido. ¿Cómo te quedó el ojo? La acosada ante el
comité global vas a ser tú.
Regina
(Se pone pálida, mira la pantalla del celular y luego a Gustavo, perdiendo los papeles corporativos)
Yo… Tú
no hablas en serio. Tienes mucho que perder. Tu carrera en este medio se acaba
hoy, te voy a vetar de todas las agencias.
Gustavo
(Se levanta lentamente, mostrando toda su estatura y esa sensualidad peligrosa que antes ocultaba. Guarda el celular en el bolsillo de su pantalón con total calma e invade el espacio de ella sobre el escritorio, manteniendo el dedo de la otra mano cerca del teclado de la laptop)
Te
equivocas, Regi… El único aquí que no tiene nada que perder soy yo. A mí me
sobran clientes. A ti te faltan vidas para limpiar tu nombre si este video
llega a LinkedIn. Te lo repito: mándame la transferencia ahorita mismo.
Ahorita, ahorita... Ah, y por supuesto, mi contrato trimestral se va a renovar
en automático, ¿cierto, licenciada? ¿O prefieres que lo hablemos con el
Director General? Te tocó perder.
Regina
(Tiembla de rabia y humillación, saca su propio celular a toda prisa con las manos temblorosas y teclea con desesperación)
Cierto... Cierto. Ya está. Puedes revisar tu WhatsApp,
ya es un hecho.
Gustavo
(Saca de nuevo su celular con parsimonia. Mira la pantalla, ve la notificación de la transferencia bancaria y sonríe con una satisfacción descarada. Lo guarda definitivamente)
Ha sido todo un
placer. Un placer tan grande como el que tú te esperabas de mí. Sorry... y
gracias, Regina.
(Gustavo cierra su laptop con un golpe seco y ruidoso, la
mete en su mochila con movimientos fluidos y camina hacia la puerta. Antes de
salir, se detiene, la mira por última vez con una sonrisa burlona, y sale del
despacho con paso seguro. Regina se queda estática y completamente sola detrás
del escritorio de cristal, bajo la luz fría, rodeada por las persianas
cerradas).