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domingo, enero 08, 2017

El viaje de Pedro el Afortunado: August Strindberg.

 

El viaje de Pedro el Afortunado (Lycko-Pers resa, 1882) es una hermosa comedia de hadas y una obra de teatro alegórica llena de sátira social y fantasía, que recuerda mucho al estilo de un cuento de Navidad o al Peer Gynt de Ibsen.

Aquí tienes la introducción, el resumen detallado de la estructura del texto que compartiste y la propuesta de instrucciones (prompt) para generar la imagen.

Introducción a la obra

El viaje de Pedro el Afortunado es una obra dramática de tintes fantásticos escrita por August Strindberg en 1882. Concebida originalmente como una pieza de teatro de cuento de hadas, la obra utiliza elementos del folclor escandinavo —como duendes, hadas madrinas y magia— para realizar una profunda sátira existencial y política sobre la sociedad decimonónica.

A través del viaje del joven protagonista, Strindberg explora la transición de la adolescencia a la madurez, cuestionando las estructuras del poder, la hipocresía de la burocracia, la corrupción del dinero y la inutilidad de los deseos materiales si estos no van acompañados de un crecimiento humano y ético. Es una obra que se balancea hábilmente entre la inocencia de una fábula y la agudeza de una crítica social.

Resumen del texto

La historia sigue una estructura circular clásica de aprendizaje y desengaño, dividida en los pasajes clave que presenta tu texto:

1. El detonante y el regalo mágico (Acto Primero)

En la torre de una iglesia, un viejo y amargado sacristán mantiene encerrado a su hijo Pedro (de 16 años) para protegerlo (y protegerse a sí mismo) de la maldad del mundo. Sin embargo, dos ratas se comen las gachas de Nochebuena que el viejo le había dejado al Duende de la iglesia.

El Duende, creyendo erróneamente que el viejo lo ha privado de su comida por pura tacañería, decide vengarse arruinando su mayor ilusión: mantener a Pedro encerrado. Junto al Hada Pirulada (el hada madrina de Pedro), deciden empujar al joven al mundo exterior. Para protegerlo, el Duende le regala un anillo mágico que cumple cualquier deseo, siempre y cuando no dañe a nadie; por su parte, el Hada decide enviarle una compañera para el viaje que lo ayude a valorar la realidad.

2. El encuentro con la Naturaleza y Lisa

Tras escapar de la torre desafiando a su padre, Pedro llega a un bosque nevado. Al intentar patinar en un arroyo congelado, se desmaya. Aparece Lisa, la compañera destinada por el Hada, quien encuentra el anillo y desea que haga calor para que Pedro no muera. El paisaje cambia mágicamente a verano. Pedro despierta, se enamora a primera vista de Lisa y se besan.

Sin embargo, cuando Pedro muestra una actitud egoísta, impaciente y caprichosa (exigiendo verla desnuda y quejándose amargamente de los mosquitos y las hormigas), Lisa le advierte que la vida no es perfecta y se marcha temporalmente. Despechado y harto de la naturaleza, Pedro usa el anillo para desear el oro y los lujos de los hombres ricos.

3. La futilidad de la riqueza y el poder (Acto Segundo)

Pedro se transporta a un suntuoso palacio de oro, pero descubre que la riqueza no le trae felicidad, sino ataduras:

  • La Etiqueta (representada por el Mayordomo) le impide comer cuando tiene hambre.
  • La Burocracia y el Fisco (un Inspector de Hacienda y un Abogado) lo acosan con impuestos, pleitos absurdos y multas por no limpiar la calle.
  • La Política (un Candidato electoral) lo manipula para que firme documentos que ni entiende.
  • La Falsedad social se presenta a través de invitados interesados que dicen ser sus amigos solo por su dinero.
  • Pedro también pasa por la experiencia del poder político absoluto como Califa, donde descubre la "silenciocracia", la incapacidad real de legislar y cómo el gobierno le impone un matrimonio de conveniencia con Sisa en lugar de su amada Lisa). Harto de la hipocresía, la mentira y el aislamiento que le produce el anillo, Pedro formula su último deseo: renunciar a la magia, tirar el anillo y volver a ser un ser humano común que consiga las cosas con su propio esfuerzo y corazón.

4. Epílogo y Redención

En el campanario, el Duende descubre que el viejo sacristán no lo engañó, sino que fueron las ratas quienes se comieron sus gachas. Arrepentido por su venganza, destruye el anillo convirtiéndolo en polvo con la ayuda del Hada.

De vuelta en el bosque, Pedro despierta libre del peso del egoísmo y los deseos materiales. El Hada Pirulada reaparece y le muestra que el verdadero camino para encontrarse a sí mismo es el amor al prójimo. Lisa regresa a su lado. La obra concluye con una hermosa reflexión de Lisa: en el mundo todos tenemos una persona destinada con la que alcanzar la paz y la alegría interior, recuperando "el paraíso perdido" dentro de nosotros mismos.

 

 

 

El viaje de Pedro
el Afortunado

EL VIAJE DE PEDRO EL AFORTUNADO
AUGUST STRINDBERG

ACTO PRIMERO

Interior en el campanario de una iglesia. A lo lejos, el pueblo: luz en las ventanas de las casas, nieve en los tejados y estrellas en el cielo. Se escucha lejano el canto del coro.


Escena 1.a

Pasos en la escalera. Por una puerta, al fondo, entra agachado el VIEJO . Trae consigo un cepo para las ratas, un saco de maíz y una fuente llena de gachas.

EL VIEJO :

Este año el duende se ha ganado las gachas de Nochebuena; siempre que
se me olvidaba, tocó por mí las campanas. ¡Felices Navidades, duende!
¿Me oyes? (Habla hacia las vigas del techo). ¡Feliz Nochebuena! (Deja la fuente sobre un cajón. Coloca el cepo en una esquina). Hace tiempo que no cae ninguna. ¡Ratas del inferno! ¡A ver si dejáis de comeros la soga de la campana y la grasa del eje! (Toma puñados de maíz y va repartiéndolos por
distintos comederos de barro, colocados en el exterior del campanario). ¡Maíz para
los pajaritos! ¡Malditos pajarracos! ¡Malditas cagaditas! ¡Que el pueblo se
entere: el párroco es muy generoso! ¡El maíz para los pajaritos lo paga la
parroquia! Pero a mí no me suben el sueldo ni un ochavo desde hace
veinte años... ¡Claro! Si me suben el sueldo, no se entera nadie, pero que
todo el mundo sepa lo caritativa que es la Iglesia con los pajaritos de Dios.
¡Pajarracos del demonio! (Termina y se va refunfuñando).

 

Escena 2.a
Dos ratas, NINA —muy flaca— y NONA —gordísima—, entran con sigilo,
apareciendo en un rincón. Escuchan los pasos del VIEJO, que se pierden escaleras abajo.
NONA :
¿No hueles a queso, Nina?
NINA :
Huelo a queso, Nona. (NONA corre hacia la esquina donde el VIEJO ha dejado el
cepo). ¡Cuidado, Nona! (Se acerca). El cepo, ¡míralo! (Muy triste). En uno
igual que ése cayeron mis hijos...
NONA :
¡Viejo asqueroso!
NINA :
¿Por qué no roemos las vigas? ¡Que le caigan las campanas en la cabeza!
NONA :
Sólo me queda un diente...
NINA (enfadada):
¡Y a mí dos!... Se trata de querer... Lo que pasa es que a ti no te importa lo
de mis hijos...
NONA :
¡Nina, por amor de Dios!
NINA :
¡Eres una egoísta, que sólo piensa en comer!
NONA :
¡Cálmate, Nina! No discutamos en un día como hoy. ¡Es Nochebuena!
(Cantando). ¡Hoy es Nochebuena y mañana Navidad! Dame la bota...
NINA (interrumpiéndola):
¡Chisss! ¡Calla, Nona! Mira lo que hay ahí...
NONA (embelesada):
¡Una fuente de gachas!
Toman la fuente de las gachas y mientras siguen hablando se instalan y comen
con fruición.
NINA :
La fuente que el viejo ha dejado...
NONA :
... para el duende...
NINA :
... y que nosotras...
NONA :
...¡Vamos a comer!
NINA (corriendo y riendo):
¡Menuda le va a caer! El duende creerá que el viejo se ha olvidado de las
gachas.
NONA :
¡Y bueno es el duende!
NINA :
Y, además, con el miedo que el viejo le tiene...
NONA :
¡Cualquiera no se lo tiene! Esperemos que no se entere nunca que hemos
sido nosotras. Cuando se enfada es terrible...
NINA :
Terrible y vengativo. (Ríe cruelmente). El duende vengará la muerte de mi
ratito y mi ratita. (Se oye ruido en el tejado). ¡Alguien viene! ¡Vamos, corre!
NONA :
¡Espera que acabe esto poquito...!
NINA :
¡Rápido! ¡Ven!

Se esconden, desapareciendo al entrar en escena el DUENDE .

Escena 2.a
El DUENDE —pícaro y viejo— desciende por la cuerda de una campana. Busca
olfateando.
DUENDE :
¡Huelo a gachas! ¡Huelo a gachas! ¡Seguro que el viejo me ha dejado una
buena fuente! ¡Por la cuenta que le tiene! (Sigue buscando). ¡Huelo a gachas!
Espero que las haya hecho con mucha manteca, como a mí me gustan.
¡Mantecosas! (Se afloja el cinturón). ¡Estómago, prepárate! (Encuentra la
fuente y la huele nervioso). ¡Huelo a gachas y no veo gachas! ¡Maldito viejo!
¿Es que quiere reírse de mí? (Indignado). ¡Reírse de mí! ¡Te vas a enterar!
(Pasea de esquina a esquina). ¡Te vas a enterar! Te has comido las gachas y
me has dejado la fuente vacía para que las huela... ¡Te vas a enterar!
(Vuelve a pasear, cada vez más nervioso e irritado). ¿Qué te hago, qué te hago?
¡Lo que más te duela! (Se detiene iluminándosele la cara). ¡Ya está! ¡Pedro!...
(Taimado). Ése va a ser mi regalo de Navidad... (Se dirige al público). El viejo
tiene encerrado, desde que nació, a su hijo Pedro... La madre murió en el
parto... No quiere que el muchacho, tiene ya dieciséis años, descubra ni la
maldad de los hombres ni los placeres del mundo. Pedro sólo conoce lo
poco que desde la torre puede ver; y yo sé que sueña con escapar de aquí;
y vivir, y descubrir lo que sueña y lo que imagina... Y como la ilusión del viejo es que su hijo siga siempre aquí y le suceda como sacristán, pues...
¡voy a destrozarle esa ilusión! (Gesticula musitando un conjuro). ¡Llamaré al
Hada Pirulada! (Continúa gesticulando hasta que la figura del Hada se
materializa).

 

Escena . 3a
El Hada madrina, con aspecto de bruja, sé apoya encorvada en un alto báculo.
HADA :
¡Feliz Nochebuena, duende!
DUENDE :
¡Feliz Nochebuena, Hada Pirulada!
HADA :
¿Me has llamado para que comparta contigo, como todos los años, las
gachas de Navidad?
DUENDE :
¡La gachas! ¡Las gachas! El viejo se ha burlado de mí..., ¡de nosotros!...
Hemos de darle una lección... Nuestro ahijado.
HADA :
¿Pedro?
DUENDE :
Somos sus padrinos y debemos preocuparnos por él, por su educación. No
conoce nada del mundo. Tiene que salir de aquí y hacerse un hombre de
provecho...
HADA :
¿Lo haces para vengarte del viejo?
DUENDE :
Bueno... principalmente por el chico. Le conviene...
HADA :
Pero en el mundo correrá muchos peligros. Y nuestro poder es sólo en el
interior de la iglesia.
DUENDE :   
Debemos darle un regalo mágico cada uno. Algo que le ayude a vencer las
dificultades y a sortear los peligros...
HADA :
¿Qué le vas a dar tú?
DUENDE :
Los hombres conocen todas las trampas para intentar alcanzar sus deseos.
Pedro, no... Como nunca ha salido de aquí, lo ignora todo. Por ello voy a
regalarle mi anillo mágico. (Lo muestra). Este anillo le concederá cuanto
pueda desear...
HADA :
¿Y tú? Te quedarás sin él...
DUENDE :
Ya no deseo nada. No le pido nada a la vida; sé lo que puede darme... Y, la
verdad, no me interesa.
HADA :
Es un buen regalo... Lo malo es que, si consigue todo lo que desea, no
valorará nada; a nada le dará importancia. ¡Ya sé lo que yo le regalaré!
Algo que le ayude a desear la realidad: una compañera para el viaje.
DUENDE :
¡Perfecto! Ahora tú tienes que convencerle para que se vaya.
HADA :
Va a ser difícil; teme demasiado a su padre...
DUENDE
Bastará con que le muestres el placer y la alegría. Las fiestas lujosas, por
ejemplo... Toma mi anillo, entrégaselo tú.
HADA :
¡Pobre Pedro! Temo que pueda pasarle algo...
DUENDE :
¡Vamos, vamos! No creo que nadie haya entrado en el mundo tan protegido. ¿Preparada? (El Hada asiente). ¡Voy a hacer que venga! (Toca su
flauta y desaparece entre las vigas).
  

El HADA se transforma. Bajo su manto de bruja aparece joven, resplandeciente,
vestida de blanco.


Escena 4.a

Ruido de pasos en la escalera y voz de Pedro fuera de escena.


VOZ DE PEDRO :
¿Quién anda ahí? (Entra en escena). Esa música... (Descubre, maravillado, al
Hada). ¿Quién eres?
HADA :
Soy tu madrina, Pedro. ¿No me recuerdas?
PEDRO :
Tú me salvaste la vida cuando me caí de la torre... Me recogiste en tus brazos, ¿verdad?
HADA (acariciándole):
Mi pequeño...
PEDRO :
Muchas noches sueño contigo... así, como ahora: sueño que me acaricias y
que... (Se corta).
HADA (muy dulce):
¿Qué?
PEDRO :
¡Oh! Nada... ¿Tú me habías llamado?
HADA :
Sí...
PEDRO :
¿Para qué?
HADA :
Ya eres un hombre y quiero darte mi regalo de Navidad.
PEDRO :
¿Qué es un regalo?
HADA :
Una muestra de cariño.
PEDRO :
¿Cariño? ¿Y eso qué es?
HADA :
Tienes que aprender muchas cosas... ¿Nunca has sentido el deseo de
marcharte de aquí y conocer lo que hay detrás de aquel bosque?
PEDRO :
¿Aquello es el bosque? ¿Cómo es por dentro?
HADA :
Silencioso y tranquilo... El viento hace susurrar las hojas de los árboles; el
canto de los pájaros...
PEDRO (interrumpiéndola):
¡Los pájaros! Ayer pensé que me gustaría salir volando y llegar hasta allí,
hasta el bosque...
HADA :
¿Y no te gustaría ir aún más lejos?
PEDRO :
Pero, ¿hay algo detrás del bosque?
HADA :
El mundo.
PEDRO : (repite con respeto):
El mundo... ¿cómo es?
HADA :
¿Te gustaría descubrirlo?
PEDRO :
¿Es bonito?
HADA :
Para unos, sí; para otros, no. Acércate. Mira aquella casa grande que tiene
iluminadas todas las ventanas. ¿La ves? (Hace un pase mágico ante sus ojos.
El decorado del fondo se aproxima siendo perceptible el interior de la casa).
PEDRO :
¡Sí! ¡Cuánta gente! ¡Nunca había visto a la gente tan cerca como ahora!...
¿Qué hacen?
HADA :
Es una fiesta. Ahí vive un hombre rico: buena comida, buenos vinos,
adornos, joyas, vestidos costosos, riquezas...
PEDRO :
¿Y quién es aquella hada que está dando cosas a los niños?
HADA :
No es un hada. Es la madre.
PEDRO :
¿Madre?
HADA :
Tú también tuviste una, pero se murió cuando tú naciste...
PEDRO :
¿Por qué se murió?
HADA :
¡Quién lo puede saber!
PEDRO :
¿Y aquel hombre de barba blanca que sonríe en un rincón?
HADA :
El padre.
PEDRO :
¿El padre? Pero... ¡si parece tan bueno! ¡Y está contento!
HADA :
Sí, porque ama a los demás: a su mujer, a los hijos, a sus amigos...
PEDRO :
¿Y aquél que es como yo? ¿Qué hace?
HADA :
Está acariciando a una chica.
PEDRO (nervioso):
Y la abraza... Y acerca su cara... y sus labios. ¡Han pegado sus labios! ¿Se
habla así en el mundo?
HADA :
Así habla el amor.
PEDRO (excitado):
¡El amor! ¡Yo quiero conocer el amor, y el mundo, y la vida...! ¡Yo quiero
irme de aquí!
HADA :
¡Espera! (Juego mágico con sus manos. Cambia el decorado del fondo viéndose
una escena miserable).
PEDRO :
¡No me gusta! Yo no quiero ver eso... Están tristes... son pobres...
HADA :
Eso también es la vida.
PEDRO :
¡No me gusta!... Conozco bien la pobreza y la tristeza...
HADA :
También hay pobres alegres (Nuevo juego y cambio a la visión en la casa del
rico. Dos personas discuten. Una de ellas llora). Ahí también puede haber
tristeza... Pedro, ¿quieres ir al mundo y descubrir la vida?
PEDRO :
¡Claro que quiero!
HADA :
La tristeza y la alegría, la pobreza, la riqueza, lo bueno y lo malo...
PEDRO :
Lo malo ya lo conozco de sobra. ¡Quiero disfrutar de lo bueno!
HADA :
Pronto aprenderás que ni todo lo bueno es bueno, ni tampoco es malo
todo lo malo...
 PEDRO (impaciente):
¡Quiero irme de aquí!
HADA :
Te irás... Antes te daré algo que no tienen los demás hombres... Tendrás más que nadie, pero, algún día, se te exigirá más que a ninguno.
PEDRO :
¿Qué es?
HADA :
Este anillo... Con sólo pedírselo, todos tus deseos te serán cumplidos...
PEDRO :
¿Todos?
HADA :
Con sólo una condición: que el deseo que formules no haga daño a nadie.
PEDRO :
¡Es fantástico! (Transición). Pero... ¿y mi padre?
HADA :
Recibirá el castigo que su egoísmo merece.
PEDRO :
Me da lástima...
HADA :
No te preocupes. Yo le consolaré... ¿Quieres algún consejo?
PEDRO :
Gracias. Es lo único que me sobra. Mi padre se ha pasado la vida dándome
consejos... No me gustan...
HADA :
Sólo te daré uno, no lo olvides: no importa que termines siendo rico o pobre, sabio o ignorante, poderoso u oprimido... Lo único que merece la
pena es que, al final de tu viaje, seas de verdad un ser humano. ¡Suerte!
El HADA se desvanece y PEDRO queda, durante un momento, desconcertado.
Escena .a
PEDRO (restregándose los ojos):
¿Estaré soñando? ¡No! ¡Aquí está el anillo! ¡Es increíble! (Salta feliz). ¡Me voy! ¡Me voy a recorrer el mundo! ¡Me voy de aquí!... ¡Adiós, campanas!
¡Adiós, torre! (Se corta)... ¿Me despediré de mi padre? ¡No! No me dejaría
marchar; me ataría con esa soga. ¡Es capaz de matarme con tal de que no
me vaya! Me tengo que ir, ¡ya! (Mira el anillo). ¿Cuál será mi primer deseo?
La puerta se abre de improviso y entra el VIEJO . PEDRO se azara y esconde el anillo
tras su espalda.Escena .a
El VIEJO y PEDRO .
VIEJO :
¿Qué estás haciendo? ¿Hablabas solo?
PEDRO (turbado):
No... digo... estaba cantando...
VIEJO :
¿Cantabas? ¿Así que estás contento?... ¿Por qué estás contento?
PEDRO :
No... no es que esté especialmente contento... cantaba... sin darme cuenta...
VIEJO :
¡Todo esto me suena raro!... ¿Qué ha pasado aquí?
PEDRO :
Nada... no ha pasado nada...
VIEJO :
Bien... si algo ha pasado, ya me enteraré. Es tarde. Vete a acostarte. Entra
en tu habitación para que pueda echar la llave.
PEDRO (estallando):
¡Siempre encerrado! ¡Padre, quiero irme! ¡Quiero conocer el mundo!
VIEJO :
¡No merece la pena! Yo lo conozco bien: pecado, pecado y pecado. Por eso
quiero protegerte.
PEDRO :
¡Mira! ¡Mira aquella gente! ¡Son felices! ¡Se aman!
VIEJO :
¡Se mienten!

PEDRO :
¡Míralos! ¡Se acarician! ¡Se están besando!
VIEJO :
¿Qué dices? ¿Quién te ha enseñado eso?
PEDRO :
¡Y aquél es el padre! ¡Y está feliz! Y la madre quiere a sus hijos y les da
golosinas y frutas.
VIEJO :
¡Lujuria! ¡Codicia! ¡Gula! ¡Pecado, pecado, pecado!
PEDRO :
¡Yo me quiero ir!
VIEJO :
¡Claro que te irás! ¡A la cama! ¡Ahora mismo!
PEDRO :
¡Quiero irme de aquí! ¡Quiero conocer por mí el mundo! ¡No quiero que tú
me lo cuentes a tu manera!
VIEJO (descubre el anillo):
¿Qué tienes ahí? ¿Qué es eso? ¿Quién te lo ha dado? ¿Quién ha estado
aquí? (Intenta arrebatárselo).
PEDRO (se libra del acoso):
¡Adiós, padre! ¡Entiéndelo! ¡Es mi vida! (Manipula el anillo) ¡Al bosque!
(Salta bajo el arco de una de las ventanas del campanario y desaparece en la
noche).
Escena 5.a
El VIEJO .
VIEJO (corre a asomarse):
¡Hijo mío! (Regresa desesperado). ¡Ha atravesado volando el pueblo! Esto es
cosa del duende, seguro. ¡Maldito duende! (Se escucha la risa del DUENDE ,
primero en el escenario y después en todo el teatro). ¡Maldito y mil veces maldito! (Vuelve a asomarse). ¡Pedro! ¡Pedro! ¡Pedro, regresa! ¡Sólo aquí
podrás ser feliz! ¡Pedro, regresa! ¡Vuelve conmigo! ¡Pedro!
Se hace el oscuro entre los gritos del VIEJO y las risas del DUENDE , que poco a poco
se van apagando al tiempo que la luz en escena. Oscuro breve para mutación de
decorados.

Escena 6.a
Un bosque nevado, cruzado por un arroyo de aguas heladas. Amanece. PEDRO
observa todo a su alrededor.


PEDRO :
Así que esto es el bosque... ¡Cuántas veces he soñado con estar aquí!... ¡Y la
nieve! Haré bolas para tirarlas... ¡Voy a pasarlo tan bien como los niños de
la escuela. (Juega un rato. Ríe forzadamente, se nota que intenta pasarlo bien, sin
conseguirlo. Reduce el ritmo de su actividad al tiempo que va quedándose serio).
¡Qué divertido! ¡Ja, ja, ja! ¡Sí, sí, es muy divertido! Tiraré allí otras cuantas
más... La verdad es que tan divertido no es... Y la nieve está muy fría; y
este dedo se me está quedando morado... ¡Qué aburrimiento! No entiendo
por qué se reían tanto los niños de la escuela. (Deja de jugar y se acerca al
arroyo). ¡Está helado! Una vez vi patinar a la gente, en el río que cruza el
pueblo. Se lo pasaban muy bien; voy a probar.
Entra en el arroyo y resbala. Queda tendido, inconsciente, en la nieve.

Escena 7.a
Asoma LISA. Ve a PEDRO y se dirige corriendo a su lado.
LISA:
¡Debe ser Pedro!... El Hada Pirulada me dijo que lo encontraría en el
bosque. Está sin sentido... Se va a quedar helado. (Ve el anillo tirado en el
suelo y lo recoge). ¡Un anillo! ¡Pobre chico, se va a morir de frío!... ¿Qué
puedo hacer? Si fuese verano y luciese el sol. (Habla jugando con el anillo).
¡Me gustaría tanto que hiciera calor! Escena 8.a
El decorado de invierno se transforma mágicamente en paisaje de verano: sol en el
cielo, verdes praderas y el agua que fuye transparente en el arroyo.
LISA asombrada):
¿Qué ha pasado?
PEDRO (volviendo en sí y creyéndose solo):
¿Dónde estoy? ¡Ah! Escapé de la torre y vine al bosque... y estaba todo
nevado. ¡Era invierno! Y me caí... ¡han pasado seis meses! (Se mira en el
arroyo). ¿Estaré vivo? Pues no tengo mala cara... estoy sonrosado... (Viendo
a LISA refejada en el agua). ¿Qué veo? ¡Una chica! ¡Qué guapa es! ¡Es la que
estaba en aquella festa! El mismo pelo suelto, la boca como una canción,
los ojos como palabras. ¡Me está llamando!... ¿Es a mí? ¡Voy enseguida!
PEDRO hace ademán de tirarse al arroyo, creyendo que ella, LISA, está en el fondo.
LISAríe y PEDRO se vuelve.
PEDRO (asombrado):
¡Hola!
LISA:
¡Hola!
PEDRO :
Hace un momento estabas en el fondo del arroyo y ahora estás ahí...
LISA:
Ya ves... No debes creer sólo a tus ojos...
PEDRO :
No entiendo nada... ¡Qué raro es el mundo!... Y tú, ¿quién eres? ¿Eres la
chica que estaba en la festa? (Se acerca un poco). ¡Yo también quiero
abrazarte por la cintura! (Corre hacia ella, pero se detiene al descubrir el anillo
en manos de LISA ). ¡Mi anillo! ¡Me has robado mi anillo! Por eso me decías
que no creyese en lo que ven mis ojos... Quería abrazar a un ángel y
descubro a una ladrona.
LISA:
Te he dicho que no creas sólo en tus ojos. No estés nunca seguro de nada.
Antes de juzgar a los demás, procura descubrir la verdad.
PEDRO :
Bien. Voy a descubrir la verdad. ¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?
LISA:
Me llamo Lisa... Pero hasta que no llegue el momento no podrás saber
quién soy... Digamos que pasaba por aquí y te encontré sin sentido.
Encontré tu anillo en el suelo y, sin conocer sus poderes mágicos, dije en
voz alta que me gustaría que hiciese calor, para que no te murieses de
frío... Y ¡ya ves! Es verano.
PEDRO :
Perdóname, Lisa. Me has salvado la vida... Perdóname. ¿Por qué no vienes
conmigo?
LISA:
¿Contigo?
PEDRO :
De viaje.
LISA:
¿De viaje? ¿A dónde?
PEDRO :
A descubrir la felicidad.
LISA:
¿Crees que existe?
PEDRO :
¡Claro que sí!
LISA:
¿Y podrás conseguirla?
PEDRO :
Puedo conseguir todo lo que quiera con mi anillo.
 LISA:
Quizá todo, no...
PEDRO (tímidamente):
¿Puedo abrazar tu cintura?
LISA(con naturalidad):
¡Claro!
PEDRO (enlaza su cintura):
¿Y puedo darte un beso?
LISA:
¡Claro que sí! No hay nada malo en ello.
Se besan. Un pajarillo canta en la copa de un árbol.
PEDRO :
¡Qué calor tengo! ¿Nos bañamos en el arroyo?
PEDRO comienza a desnudarse. El canto del pájaro aumenta su intensidad.
LISA:
Espera, Pedro.
PEDRO :
¿Eh? ¡Vamos, desnúdate! Quiero verte desnuda.
LISA:
Pedro... ¿sabes lo que dice el pájaro?
PEDRO :
¿Tú lo entiendes?
LISA:
Dice que no nos bañemos... todavía.
PEDRO :
¿Por qué?
LISA:
No lo sé.
PEDRO :
 Al menos desnúdate, para que yo te vea.
LISA (pausa):
Me da vergüenza...
PEDRO :
¿Por qué? (Mirando alrededor). ¡Sólo te voy a ver yo!
LISA:
Por eso... porque me vas a ver tú...
PEDRO :
Pues a mí no me importa desnudarme delante de ti. (Inicia el ademán de
quitarse los pantalones).
LISA:
¡Pedro, por favor! No te desnudes.
PEDRO :
¿Por qué? No te entiendo...
LISA:
Porque también me da vergüenza verte...
PEDRO :
¡Ay! ¡Me ha picado un mosquito! (Se rasca). ¿Y esto qué es?
LISA:
Una hormiga.
PEDRO :
¡Qué harto estoy de mosquitos y de hormigas...! Estoy harto de la
Naturaleza. ¡Vámonos!
LISA:
Pedro, no te enfades así. En la vida no hay nada perfecto. Tienes que
acostumbrarte a aceptar lo bueno y lo malo.
PEDRO :
Lo malo para los malos. Para nosotros prefero lo bueno... ¡Estoy harto del
bosque! ¡Vámonos a otra parte! (Transición). ¿Qué es lo que más aprecian
los hombres? (Se da un manotazo en la espalda). ¡Otra vez los dichosos
mosquitos!...
LISA:
Antes de contestarte, déjame que te diga una cosa... Los hombres te van a
disgustar tanto como los mosquitos y nunca te ofrecerán tanta paz como la
Naturaleza...
PEDRO :
¡La Naturaleza! Es preciosa vista desde la torre, pero de cerca no me gusta
nada. No me gustan los mosquitos, no me gustan las hormigas, no me
gusta que los árboles estén siempre en el mismo sitio... Quiero ver
movimiento, oír ruidos... Y si los hombres son como los mosquitos (se
espanta varios que rondan su cabeza), supongo que será más fácil
espantarlos...
LISA:
Ya lo descubrirás por ti.
PEDRO :
Contéstame a lo que te pregunté antes. ¿Qué aprecian más los hombres?
LISA:
El oro.
PEDRO :
¿Aprecian más el oro que a los otros hombres?
LISA:
Mucho más. Con oro se puede comprar todo... incluso a los hombres. Sirve
para todo y para nada. Es el metal más valioso; nunca se oxida, pero
puede llenar de herrumbre, de suciedad el alma de los hombres.
PEDRO :
Ya. Bueno... ¿Nos vamos? (LISAasiente). Déjame que abrace otra vez tu
cintura.
El pájaro canta. LISAse separa de PEDRO .
LISA:
Ahora no iré contigo, Pedro. No iré a tu lado, pero cuando me necesites
me encontrarás.
PEDRO :
¿Por qué no me dejas que te abrace y te bese otra vez?
El pájaro insiste en su canto.
 LISA:
Pregúntaselo al pájaro.
PEDRO :
No entiendo lo que dice. Pregúntaselo tú.
LISA:
No puedo.
El pájaro dulcifica su canto.
PEDRO :
¡Quiero saberlo!
LISA:
Ahora no canta para nosotros, sino para su amada.
PEDRO :
¿Y qué dice?
LISA se separa corriendo. PEDRO hace ademán de seguirla, pero se detiene.
LISA:
¡Algún día te lo diré! (Desaparece).
Escena 9.a
PEDRO
PEDRO :
Se ha ido... ¿Por qué?... (Grita). ¿Por qué te has ido, Lisa? (Para sí). Quería
abrazarte y besarte... (Se abate. Se recupera y cambia de tono). Bueno... así que
el oro. (Toma el anillo). Pues quiero un palacio, manjares, vinos, caballos,
carruajes, lacayos y oro, ¡mucho oro!
Oscuro.

 

ACTO SEGUNDO
Salón suntuoso. Los criados sirven manjares y vinos selectos. Otros distribuyen
por la estancia objetos de oro.
Escena 1.a
PEDRO (paseando y observándolo todo):
¡Así viven los ricos! ¡Traedme mis ropas de gala... de oro, por favor. (Le
ayudan a ponerse una casaca bordada en oro). Y mi sillón... de oro. (Se sienta). Y
ahora... ¡a disfrutar! ¡A gozar de la vida! ¡Bien te lo mereces, Pedro! Se
acabó el madrugar, el barrer, el fregar y el refregar... Se acabaron el pan
seco y los arenques. Vinos exquisitos, en vez de agua, y mullidos
colchones en lugar de broza mal trillada. ¡A disfrutar!

Escena 2.a
PEDRO toca palmas; aproximándose el MAYORDOMO .
MAYORDOMO :
Perdón, excelencia. Aún no está todo a punto.
PEDRO :
¿Qué falta?
MAYORDOMO :
Los asados, excelencia. Aún tardarán un par de horas.
PEDRO :
¡Un par de horas! ¡Está loco! ¡Vamos! ¡Sírvame de eso o de aquello! ¡Lo que
sea!
MAYORDOMO :
¡Imposible, señor! No está permitido comenzar, sin que todo esté a punto.
PEDRO :
¿Quién se atreverá a prohibirme que coma lo que quiera en mi propia
casa?
MAYORDOMO :
La etiqueta, señor.
PEDRO :
¿La etiqueta?
MAYORDOMO :
La etiqueta, el buen gusto, las buenas formas, excelencia.
PEDRO :
¡Y a mí qué me importan la etiqueta, el buen gusto, las buenas formas ni...!
MAYORDOMO (interrumpiéndole):¡Tienen que importarle, señor! Hay que respetar la etiqueta, porque, si
usted no la respeta, no será respetado. ¿Qué dirán de usted? Si no respeta
usted la etiqueta, está usted perdido.
PEDRO (impresionado por el empaque del MAYORDOMO ).
Bueno... habrá que conformarse... Lo que pasa es que estoy muerto de
hambre. (El MAYORDOMO hace ademán de retirarse, pero PEDRO lo retiene).
¡Espere! Se me ha ocurrido algo. (Saca de su faltriquera unas piezas de oro).
¿Cree usted, señor Mayordomo, que el oro ablandará a esa señora tan
severa...?
MAYORDOMO :
Excelencia, yo estoy por encima de todos los criados. Usted está por
encima de mí. ¡Pero la etiqueta está por encima de todos! Sus leyes son
eternas porque se basan en la tradición.
PEDRO :
¿Y no se puede cambiar la tradición con oro?
MAYORDOMO :
La tradición es incorruptible, excelencia.
PEDRO :
Entonces, ¿de qué me sirve ser rico si no puedo comer cuando tengo
hambre?
Escena .a
Entra un INSPECTOR DE HACIENDA acompañado de su AYUDANTE . Registran y
anotan cuanto hay en la estancia. El MAYORDOMO se coloca tras la mesa como un
centinela, para evitar que PEDRO comience a comer.
PEDRO (al MAYORDOMO , que le escucha impávido):
¿Quiénes son esos hombres? ¿Qué quieren? ¿Qué vienen a hacer a mi
casa?
INSPECTOR (acercándose a la mesa):
La declaración de la renta, señor.
AYUDANTE (voz aflautada):
De la renta, señor.
PEDRO .
¿Cómo dicen?
INSPECTOR :
Se trata simplemente de una inspección...
AYUDANTE :
Una inspección...
INSPECTOR :
... para asegurarnos de que usted va a declarar cuanto posee. Impuestos,
¿comprende?
AYUDANTE :
¿Comprende?
PEDRO :
¿Impuestos? ¿Qué es eso?
INSPECTOR :
¿Lo ignora? Mal empezamos. Si un ciudadano ignora sus deberes con el
Fisco, mal ciudadano es.

AYUDANTE :
Mal ciudadano.
PEDRO :
No entiendo nada (levantándose). Y me estoy hartando... Y no de comida,
precisamente. ¿Qué quieren ustedes? ¿Quiénes son?
INSPECTOR :
Soy el Inspector de Hacienda, señor mío.
AYUDANTE :
Es el Inspector de Hacienda, señor suyo.
PEDRO :
¿Y usted? ¿Usted, quién es? ¿Otro inspector?
AYUDANTE :
¿Yooo?
INSPECTOR :
Aquí el único inspector soy yo. Y usted es el contribuyente. Y déjese ya de
preguntas... Usted lo que tiene que hacer es pagar y callarse. Cada hombre
tiene un precio.
PEDRO :
¿Y cuál es mi precio?
INSPECTOR :
¡Oh! ¡Eso está por determinar! Así, a primera vista, calculando que su base
impositiva oscile entre un treinta y siete coma cero siete por ciento y un
treinta y nueve coma ocho y medio por ciento, punto más o menos, y sin
ningún tipo de desgravación, ya que es usted soltero, no tiene hijos, ni
cotiza a la Seguridad Social, Montepíos laborales, ni se le retiene cantidad
alguna..., su precio... Veamos... cuota líquida... menos la cuota diferencial,
veintiocho coma treinta y dos por ciento, multiplicado por cero cero siete y
dividido por sus ingresos brutos anuales, elevados a tres veces el cero
coma cero cero por ciento... unos siete millones trescientas cuarenta y siete
mil doscientas veintitrés coronas, con veintisiete ochavos... Más o menos.
AYUDANTE :
Más o menos.
PEDRO :
No entiendo absolutamente nada. Y tengo hambre y sueño... Aunque ya
no sé siquiera si sigo teniendo hambre... Señores, les dejo... me voy a
donde me dejen tranquilo.
INSPECTOR :
¡No es posible, señor! Toda estipulación de bienes ha de hacerse en
presencia del propietario. (Continúan su trabajo enumerando y anotando,
mientras PEDRO se derrumba en su sillón de oro). Dos docenas de platos con
bordes moldeados. Cubetas de hielo en oro para enfriar el vino rosado. Un
azucarero de oro macizo, salsera de plata, media docena de cuchillos con
mango de nácar...
AYUDANTE :
... Mango de nácar...
(La cantinela —mesa de comedor de roble con tableros extensibles...
extensibles... seis sillas de nogal... nogal...— continúa mientras comienza la
siguiente escena).
Escena 3.a
Entra el ABOGADO y se dirige a la mesa. Saluda solemne.
ABOGADO :
Conforme a la presente citación, habéis sido convocado por el
excelentísimo Ayuntamiento de esta ciudad para inscribir en el día de hoy,
antes de las doce del mediodía, este inmueble, según parece, de vuestra
propiedad, con el número ., libre de cargas y servidumbres, pendiente
de la oportuna valoración, a efectos del abono de derechos reales, según la
estimación catastral correspondiente...
PEDRO (visiblemente fatigado):
¿Es usted otro inspector?
INSPECTOR :
¡Yo soy el único inspector!
AYUDANTE :
Él es el único inspector.
ABOGADO :
Soy el abogado. (Le tiende su tarjeta). Del ilustre colegio de letrados de esta
demarcación... Para servirle.
PEDRO :
¡No quiero saber nada de abogados! ¡Ni de pleitos! ¡Ni de Ayuntamientos!
ABOGADO :
No se trata de ningún pleito, señor mío: sólo dejar constancia de un
hecho...
PEDRO :
Es que yo tampoco quiero dejar constancia de ningún hecho.
ABOGADO :
Señor mío, se trata solamente de someter el caso a priori...PEDRO :
Yo no quiero someter ningún caso ni a priori...
ABOGADO :
Ni a posteriori.
PEDRO (al borde del llanto):
¡Lo que quiero es comer! ¡Y que me dejen ustedes en paz!
MAYORDOMO (niega enfático):
Aún no está el asado, excelencia. Faltan treinta y siete minutos.
PEDRO :
¿Y ni siquiera un bocadillo?
MAYORDOMO (escandalizado):
¡Excelencia!
Escena 4.a
Haciendo reverencias entra el ALGUACIL.

ALGUACIL :
¡Señor Inspector de Hacienda! ¡Señor Ayudante! ¡Señor Letrado!
¡Mayordomo Mayor! ¡Excelencia!
PEDRO :
¡Otro más!
ALGUACIL :
¡Excelencia! Permitidme que os transmita una citación de puro trámite,
¡puro trámite!... Se os cita por orden del Juzgado de Distrito número  de
esta localidad, antes de Primera Instancia, mañana veintitrés, a las once en
punto de la mañana, más o menos, puesto que, con todos los respetos, se
os ha incoado un juicio de faltas por negligencia temeraria...
ABOGADO :
¡Protesto! La negligencia nunca es temeraria... temeraria puede ser la
imprudencia, pero nunca...
ALGUACIL :
¡Oh, señor Letrado! Tenéis razón... Son tantas las citaciones y exhortas...
PEDRO (haciendo un gran esfuerzo):
¿Podéis explicarme de qué se trata?
ABOGADO :
¡No digáis nada que pueda volverse en contra vuestra...! Si deseáis un
abogado..., ¡a vuestra disposición!
PEDRO :
¡Ya le he dicho que no quiero abogados! (Al ALGUACIL ). Explíqueme eso de
la negligencia.
ALGUACIL (dándose importancia):Decía que ha sido usted citado por negligencia (mira al ABOGADO ) no
temeraria en la limpieza de la calle.
PEDRO :
¡Lo que me faltaba por oír! ¿Qué tengo que ver yo con la limpieza de la
calle?
ALGUACIL :
Según las ordenanzas municipales, la obligación de todos los ciudadanos
de esta villa es tener limpia la calle delante de su casa.
PEDRO :
Hace un rato que tengo esta casa, ¿entiende? ¡Yo antes no tenía casa! Aquí,
antes, no había ninguna casa.
INSPECTOR :
Pero ahora la hay.
AYUDANTE :
La hay.
ABOGADO :
Pero si no la hubiere o hubiese...
ALGUACIL :
El señor Inspector tiene razón: la hay. Hay una casa. Hay una calle. Y hay
basura.
ABOGADO (intentando hacer méritos):
Basura retroactiva... que, sin duda, ya habrá prescrito (en oratoria forense).
¡Basura que no es, que no debe ser, en ningún caso y bajo ningún
concepto, objeto de litigio, porque, Señorías...!
ALGUACIL :
¡Señor Letrado! Guarde su discurso para mañana. La citación dice que hay
basura y que este señor...
ABOGADO :
¡Excelencia!
ALGUACIL :
Bien... pues que la señora excelencia tiene que comparecer mañana en el
juzgado número , porque ésta es su casa y ésa es su basura.
PEDRO (desesperado, oprimiendo la cabeza entre sus manos):
¡La etiqueta! ¡Los impuestos! ¡Los pleitos! ¡Las multas! ¡El hambre! ¿Ésta es
la vida de los ricos? Señor abogado, señor inspector, señor alguacil, ¿no
hay ninguna ley que proteja a los ricos? ¿Es que la ley se ha hecho sólo
para los pobres?
ABOGADO :
Usted está por encima de los pobres y de los ricos...
PEDRO :
¿Por eso estoy fuera de la ley?
ABOGADO :
¡Por encima de la ley, excelencia! ¡Por encima! ¡Pobre! ¡Pobre de usted si
fuera pobre!
Escena 5.a
Música brillante de mitin y entrada del candidato con las manos llenas de
propaganda electoral. Aplausos de los presentes.
CANDIDATO (discursea con voz detonante y ligero acento andaluz): ¡El dinero para
quien lo tiene! ¡Los intereses para quien sabe invertir! ¡Vote Coalición
Señorial! ¡Coalición! ¡Señorial! ¡Coalición! ¡Señorial!...
PEDRO le mira sin fuerzas para preguntar nada. El CANDIDATO se acerca a la
mesa.
CANDIDATO :
¡Se estará usted preguntando qué deseo de usted! (PEDRO niega con la
cabeza). ¡Pues yo se lo voy a decir! ¡Un voto! ¡Simplemente eso! ¡Un voto!
¡Un voto de calidad!
PEDRO (desfallecido):
¿Para qué?
CANDIDATO :
¡Para gobernar!
PEDRO :
¿Qué es gobernar?
CANDIDATO (desconcertado):
¿Gobernar? (Otra vez en tono muy seguro). Gobernar es... ¡Gobernar!
(Aplausos de los presentes). (Apabullando a PEDRO ). ¡Gobernar! ¡Tome, lea,
entérese de nuestra oferta electoral! (Va entregándole documentos). ¡El
eslogan y los puntos esenciales de la flosofía que nos inspira! ¡El
programa resumido! ¡El programa detallado, corregido y ampliado! ¡El
esquema de organigrama en el supuesto seguro de triunfo en las urnas!
Reduciremos el gasto público de la forma más sorprendente: aumentando
el número de Ministerios hasta el infnito: «Un voto hoy, un Ministro
mañana». ¡Lea! ¡Lea!
PEDRO .¿Debo leer todo esto?
CANDIDATO :
Realmente no hace falta. Con firmar aquí es suficiente. (Da lectura al papel
que le muestra): «Voto por Coalición Señorial, y con mi voto, el de todos mis
siervos, familiares y amigos...» Su firma computa  votos... No tiene que
leer nada. ¡Otórguenos su confianza y no le defraudaremos! ¡Coalición
Señorial es garantía de orden, de tranquilidad! ¡Es garantía de que todo
quedará igual, para que no cambie lo que no tiene que cambiar! (Aplausos).
PEDRO :
¿Firmo, entonces, sin leer todo esto?
CANDIDATO :
¡Claro, excelencia! Usted ya conoce el espíritu de nuestra candidatura.
(PEDRO firma). ¡Gracias, excelencia! (Más aplausos).
El MAYORDOMO golpea el suelo con su bastón. Entran los criados con el asado y lo
colocan sobre la mesa.
MAYORDOMO :
¡La mesa está servida! Señores, pueden retirarse.
Tras una reverencia, todos se van.
PEDRO :
Sigo sin entender nada... Yo soy el señor, soy el rico, y, sin embargo, a mí
no me hacen eso, y a usted, sí. ¿Por qué le han obedecido?
MAYORDOMO :
No obedecen mis órdenes, excelencia, sino a las leyes de la etiqueta... que
están por encima.
PEDRO :
De mí, de usted... ya... y de todos. Creo que ya no tengo nada de hambre...
Señor mayordomo, ¿las leyes de la etiqueta me permiten comer en
compañía?
MAYORDOMO :
Depende de qué compañía... Seguro que en el Salón Azul aguarda algún
invitado. ¿Lo aviso, señor?
PEDRO :
¡Haced lo que queráis!
MAYORDOMO (acudiendo a la puerta y alzando la voz):
¡Primer invitado de hoy!
Escena 6.a
Entra el PRIMER INVITADO y saluda efusivamente a PEDRO .
INVITADO 1.o:
¡Amigo mío! ¡Amigo mío del alma! ¡Al fn te veo! ¡Qué buen aspecto
tienes! ¿Quizá un poco más delgado? (PEDRO no contesta). ¿No dices nada?
¿Me equivoco? ¡Oh, claro! ¿Quizá un poco más gordo? ¡Qué buen aspecto!
(Sentándose al lado y palmeándole la espalda). ¡Qué buen aspecto! ¿Y qué tal,
amigo mío, qué tal?
PEDRO :
Bien... gracias... bien... Siéntate...
INVITADO 1.o:
¡Oh, no! ¡Por favor, amigo mío! Ya he comido. Volveré a sentarme en el
salón y allí esperaré a que acabes...
PEDRO :
¿No quieres acompañarme a la mesa?
INVITADO 1.o:
Si me lo pides con tanto interés, te complaceré. Comeré otra vez, aunque
no tenga ganas, sólo por complacerte. Lo que no quisiera es que nadie
pudiera pensar que he venido precisamente a la hora de comer, para que
me invites...
PEDRO :
¿Y si así fuera?
INVITADO 1.o:
¡Qué horror! No pensarás eso. ¿Verdad, amigo mío?
PEDRO :
No, yo no pienso nada. Vamos a comer.
INVITADO 1.o:Bien, amigo mío, comamos. (Empieza a comer con prudencia, pero poco a poco
se va animando hasta devorar todo lo que alcanza). ¡Bebamos y olvidemos las
penas!
PEDRO :
¿Las cosas no te van bien?
INVITADO 1.o:
No tan bien como a ti, amigo mío. Mi familia...
PEDRO (interrumpiéndole):
¡No quiero que me cuentes ninguna pena, por favor! Quiero sólo oír cosas
alegres. Y si no tienes nada alegre que contar, calla y come.
INVITADO 1.o:
Como quieras, amigo mío...
PEDRO :
¡Deja ya de decir «amigo mío»! Llámame por mi nombre, por favor.
INVITADO 1.o:
¡Oh, sí! Amigo... perdón, Cristóbal. ¡Claro! Cristóbal, te haré el favor de
llamarte por tu nombre.
PEDRO :
Gracias. Nunca se debe negar ningún favor a nadie...
INVITADO 1.o:
¡Cierto, Cristóbal! ¡Qué perdiz más exquisita!
Escena 6.a
Entra el SEGUNDO INVITADO sin haber sido anunciado. Se dirige directo a la mesa
y saluda a PEDRO con mucha confianza.
INVITADO 2.o: ¡Hola, Jorge! Pasaba por aquí y me dije: seguro que Jorge está solo y desea compartir su mesa con alguien. ¡Qué olor! ¿Faisán o perdiz?

PEDRO: ¡Que no me llamo Jorge, ni Cristóbal! ¡Me llamo Pedro! ¿Es que ni mi nombre saben?

INVITADO 1.o: (Con la boca llena). Qué más da el nombre, amigo mío, si el vino es excelente. ¡Brindemos por Pedro el generoso!

PEDRO: (Asqueado, se levanta de la mesa). ¡Basta! No son mis amigos. Son amigos de mi asado y de mis copas de oro. Si mañana amaneciera en la miseria, ninguno de ustedes recordaría mi cara. ¡Fuera de mi palacio! ¡Fuera!

MAYORDOMO: Excelencia, la etiqueta no permite expulsar a los invitados antes del café...

PEDRO: ¡Al diablo la etiqueta y al diablo tus invitados! (Manipula el anillo). ¡Quiero que se larguen!

(Los invitados y los criados salen despavoridos. Pedro queda solo en el gran salón rodeado de vajilla de oro).

PEDRO: El oro no compra el cariño, solo compra parásitos. Si los ricos viven rodeados de mentiras, prefiero la gloria. Quiero que el mundo me admire por mis buenas obras. ¡Quiero que el pueblo me ame! (Frota el anillo). ¡Que cambie la escena!

Escena 6.b

(El palacio de oro desaparece. Ahora vemos la plaza pública de una gran ciudad. En el centro, hay una enorme estatua tapada con una lona. Una multitud aplaude y vitorea. Pedro viste ropas de gran reformador y filántropo. A su lado está un SÍNDICO municipal).

MULTITUD: ¡Viva Pedro el Benefactor! ¡Viva el amigo de los pobres!

PEDRO: (Emocionado). ¡Esto sí es vida! He usado mi oro para construir hospitales, escuelas y parques. ¡Escucha cómo me aclaman, Lisa, dondequiera que estés!

SÍNDICO: ¡Silencio, ciudadanos! Hoy inauguramos el monumento al hombre que ha transformado nuestra ciudad con su infinita generosidad. (Tira de la soga y destapa la estatua. Es una representación monumental de Pedro).

(Aplausos efusivos que rápidamente decrecen. Entre la multitud aparecen un CRÍTICO DE ARTE y un CIUDADANO descontento).

CRÍTICO: (Mirando con desprecio). ¡Qué horror! Esa estatua es un insulto a la estética clásica. Las proporciones de la nariz son ridículas y distorsionan el paisaje urbano. ¡Es una muestra de egolatría barata!

CIUDADANO: ¡Un momento! Muy bonitos los hospitales, pero ¿de dónde saca este hombre tanto dinero? ¡Seguro que es un especulador! ¡Lo que quiere es evadir los impuestos del Fisco!

PEDRO: (Indignado). ¡Oigan! ¡Que los hospitales los pagué de mi propio bolsillo! ¡Y no les he cobrado ni un ochavo!

SÍNDICO: (Susurrándole a Pedro). No les replique, excelencia. La opinión pública es caprichosa. Los periódicos de la tarde ya están diciendo que sus parques restan espacio para el comercio local.

MULTITUD: (Cambiando de bando, empiezan a abuchear). ¡Fuera la estatua! ¡No queremos caridad sospechosa! ¡Queremos trabajo, no limosnas de un ricachón!

(Alguien lanza una piedra que golpea la estatua. La multitud se vuelve agresiva).

PEDRO: (Retrocediendo, asustado y amargado). ¡Qué gente tan ingrata! Les das todo y te pagan con piedras. Lisa tenía razón... los hombres te disgustan tanto como los mosquitos, pero a estos no hay forma de espantarlos.

SÍNDICO: ¡Corra, señor Pedro! ¡Que la multitud viene a derribar el monumento y a pedir su cabeza!

PEDRO: ¿Quieren quejas? ¿Quieren desorden? ¡El problema es que les di demasiada libertad! Para hacer el bien, la única solución es mandar yo solo. Que nadie pueda discutir mis órdenes ni criticar mis estatuas. ¡Quiero el poder absoluto! ¡Quiero ser un soberano indiscutible en un reino lejano, donde mi palabra sea ley divina! (Oprime el anillo con desesperación). ¡Llévame allí!

Escena 6.c

(Oscuro breve. Ruido de gongs y música oriental. Al encenderse las luces, la plaza desaparece y nos encontramos en la lujosa y exótica cámara real de un palacio oriental. Pedro está sentado en el trono, vestido con los pomposos ropajes de un Califa. A su alrededor, la corte hace profundas reverencias. Entran el VISIR y el CAPELLÁN de la corte con unos pergaminos).

PEDRO: (Respirando aliviado, acomodándose la corona). Al fin... aquí nadie se atreverá a tirarme piedras ni a criticar mis decisiones. Aquí soy el amo absoluto. (Se vuelve hacia los recién llegados). A ver, ¿qué asuntos tenemos para hoy?

PEDRO: (Mirando al Capellán). ¿Qué es ésa?

CAPELLÁN: Una secta... una secta peligrosa, majestad.

PEDRO :
¿Qué  es ésa?

CAPELLÁN :
Una secta... una secta peligrosa, majestad.
PEDRO :
¿En qué se diferencia de la... (titubea)... verdadera?
MAESTRO DE CEREMONIAS :Un musulmán verdadero, un verdadero creyente debe invocar a Alá de
esta manera (cruza las manos sobre su pecho). Los sectarios sunnitas lo hacen
así (eleva las manos hacia el cielo y después introduce los dedos índices en las
orejas).
PEDRO (ríe):
¡Ah, ya! O sea que lo que ustedes no quieren es que ese jeque se meta los
dedos en las orejas...
CAPELLÁN :
Esa invocación va en contra de nuestros ritos...
VISIR :
Y nuestras leyes la prohíben expresamente.
PEDRO :
Pero, ¿en este país no hay libertad religiosa?
CAPELLÁN :
Sí, majestad: plena libertad para la religión verdadera.
PEDRO :
¿Y para las otras?
VISIR :
No puede haber otras.
PEDRO :
¡Proclamaré la libertad religiosa!
CAPELLÁN :
¡Imposible! ¡Su majestad no puede hacer eso!
PEDRO :
¿Cómo que no? ¿No decía usted antes que sólo había un dios para todos y
que no importa que se llame Alá, Buda o como se quiera llamar? ¡Visir!
¡Papel y pluma! Les guste o no les guste, decretaré la ley de libertad
religiosa.
VISIR :
Majestad, ya os he dicho que nuestra Constitución no os otorga poder
legislativo alguno. Vos no podéis decretar ninguna ley.
PEDRO :¿Quién legisla entonces?
VISIR :
El Gobierno, majestad.
PEDRO :
¿Y quién es el Gobierno?
Todos hacen señas de silencio llevándose el índice a los labios.
MAESTRO DE CEREMONIAS :
Ése es el gran secreto del despotismo constitucional.
VISIR (muy misterioso):
Nadie debe saber nunca quién forma el Gobierno... hasta el mismo califa
debe ignorarlo.
PEDRO :
¿Por qué?
MAESTRO DE CEREMONIAS (tono mágico):
¡La silenciocracia!... ¡Chisss!
Todos repiten el gesto de indicar silencio.
VISIR (en tono de confidencial):
Si nadie sabe quién forma el Gobierno, se evitan los atentados políticos, las
críticas destructivas... se evitan las crisis... Nadie puede ser relevado en su
cargo, porque nadie sabe quién está a cargo... de nada.
PEDRO (visiblemente desconcertado):
Bueno... volvamos al asunto. Yo pregunto: ¿No pude yo abjurar y cambiar
de religión?
VISIR :
Razones de alta política, majestad...
CAPELLÁN :
Y habéis cambiado a la religión verdadera... Ésa es la inmensa libertad
otorgada por Alá y recogida en las leyes humanas: Todo hombre puede
abjurar de su religión y abrazar la fe verdadera...
PEDRO (al VISIR ):¿Y voy a comenzar mi reinado denegando una petición? ¿Políticamente os
parece acertado?
VISIR :
El Gobierno ha pensado en ello, majestad. Y si el asunto no fuera tan
urgente, lo hubiéramos aplazado... Y, por otra parte, tenemos en contra la
desafortunada coincidencia de que todos los asuntos pendientes son
denegaciones... ¡Es tan difícil aprobar algo en este país!...
MAESTRO DE CEREMONIAS :
Y tened en cuenta, majestad, que no podéis comenzar de mejor manera...
No es una denegación, eso no es lo importante. Lo importante es que
comenzáis gobernando, acatando, respetando, reafirmando las leyes del
reino.
PEDRO :
¿Y si me niego a firmar?
VISIR (quitándole toda importancia):
¡Oh, no os preocupéis, majestad! Dicha posibilidad está perfectamente
prevista en nuestra Constitución, artículo trece, apartado decimotercero:
«Cuando el monarca optare por no firmar cualquier concesión o
denegación, será sobrentendido que delega su confianza en el Gobierno,
quien podrá hacerlo en nombre del califa, y con las mismas consecuencias
y efectos.»
PEDRO (asombrado):
¿Y yo que pinto?
MAESTRO DE CEREMONIAS (quitándole la corona y arreglando su peinado):
Los califas constitucionales pueden pintar lo que deseen: paisajes, retratos,
bodegones... ¡Qué magnífica idea acabáis de tener! ¡Como todas vuestras
buenas ideas! ¡Pintar! Os aconsejo que por hoy descanséis de las graves
responsabilidades del Gobierno y os dediquéis a pintar hasta que llegue
vuestra novia.
PEDRO :
¡Al fn! ¡Lisa! ¿Qué esperáis para hacerla pasar?
MAESTRO DE CEREMONIAS :
Ahora mismo será avisada... Vuestras indicaciones son órdenes para
nosotros. Profundas reverencias. Van saliendo los tres, sin volver en ningún momento la
espalda al C ALIFA .
PEDRO :
¡Visir! Dejadme allá encima la carpeta de asuntos pendientes para ir
estudiándola y...
VISIR :
No es necesario, majestad... Yo los estudiaré y los dispondré concediendo
o denegando para que vuestra majestad, o en su caso el Gobierno, los
firme... No os preocupéis por nada, majestad... ¡Que Alá os proteja! (Se van
todos menos PEDRO y el CRONISTA . PEDRO se mira en el espejo, arregla su ropa y
su peinado. Repara en el CRONISTA MAYOR , quien silencioso no ha dejado de tomar
notas.)
PEDRO :
¿Y tú a qué esperas? ¿Qué haces ahí?
CRONISTA :
Siempre, siempre debo estar a vuestro lado, para escribir la crónica de
vuestro reinado.
PEDRO :
¿Y sobre qué vas a escribir si yo no he hecho ni pienso hacer ninguna
guerra?
CRONISTA :
De eso precisamente quería hablaros, aun a riesgo de incomodaros.
PEDRO :
Hablad...
CRONISTA :
Lo que hasta ahora he escrito no tiene mucho interés, se lea de derecho o
del revés... Si queréis que la crónica tenga emoción, llamad al Ministro de
la Gobernación...
PEDRO :
Y al del Ejército y al de Asuntos Exteriores, si supiera quiénes son... Y
pedirles que me organicen una guerra para que el pueblo vaya a luchar (el
VISIR asoma por la puerta y escucha lo que PEDRO dice) y nosotros nos
quedamos en palacio para recibir los honores de las victorias, porque,
naturalmente, en su crónica no puede haber derrotas, ¿verdad? VISIR (entrando):
¡Señor cronista, no importunéis a su majestad...! Ya os pasaré yo los datos
habituales para que podáis redactar la crónica del día. ¡Retiraos! (Hace una
reverencia a PEDRO y se va). ¡Majestad, vuestra novia espera ansiosa! Debéis
firmar...
PEDRO :
¿Firmar qué?
VISIR :
No os enfadéis, majestad... Sólo el documento de esponsales, la promesa
de matrimonio... Nuestras leyes no permiten entrar en la cámara real a una
doncella que no sea vuestra prometida...
PEDRO :
¡Mi prometida! ¡Menos mal que frmo algo a mi gusto! (Firma el documento
que le tiende el VISIR sin leerlo). ¡Llamadla! Escena 7.a
Entra la PROMETIDA entre cantos y danzas. Oculta su rostro tras un velo. La
comitiva la acompaña hasta el centro de la estancia, retirándose enseguida.
Música suave.
PEDRO (acercándose a ella):
¡Lisa! ¡Lisa! ¡Lisa! ¡Siempre llegas, como un rayo de sol en un día
nublado...!
PROMETIDA (retirando su velo. Con coquetería):
¡No me llamo Lisa! ¡Sisa, Sisa, amor mío!
PEDRO :
¿Qué quiere decir esto? ¿Quién eres tú?
SISA (desconcertada):
Vuestra prometida, gran califa: Sisa al Rachid, hija del gran Visir Rachid al
Rachid...
PEDRO :
¿Mi prometida?
SISA :
¡Claro, majestad! Si no fuera vuestra prometida, ¿cómo iba a atreverme a
entrar en vuestra cámara, siendo doncella? Habéis firmado la promesa de
matrimonio en el documento de esponsales, ¿no es cierto? El Gobierno
tenía tres candidatas, y ha estado a punto de ser elegida la hija del
Aduanero Mayor, puesto que su padre ofrecía la más alta reducción en las
tarifas aduaneras... Pero mi padre, el gran Visir Rachid al Rachid hará
entrega al Fisco de una emisión de bonos amortizables...
PEDRO :
¿Es que todos ustedes están locos?
SISA :
Majestad, la política exige que sacrifiquemos nuestros sentimientos...PEDRO :
... por el bien del pueblo... Quizá los pueblos serían más felices sin
príncipes que los gobernaran... O mejor dicho: los príncipes serían mucho
más felices sin pueblos que gobernar...
SISA :
Yo no entiendo de política, majestad... Sólo sé que estamos prometidos y
debemos casarnos... y tratar de ser felices...
PEDRO :
¿Tú eres feliz?
SISA :
Yo seré sólo la califa consorte y sonreiré y presidiré asociaciones benéfcas
y pariré hasta que nazca un hijo varón que pueda sucederos en...
PEDRO :
Pero, ¿me amáis?
SISA :
Las califas consortes no están obligadas a amar... sino a respetar. Vos amáis
a Lisa, yo amaba a Alí... Ambos debemos olvidar el pasado y sonreír al
futuro... El pueblo exige que sus soberanos sean felices o, al menos, que lo
parezcan... Eso me dijo el Gran Visir...
PEDRO :
¡Mundo de mentiras! ¡Mundo de hipocresía! ¡Falsedad y falsedad! ¡Aquí se
acaba mi viaje! ¡Ya he aprendido lo que tenía que saber! (Toma su anillo).
Sólo quiero ver cumplido mi último deseo: ¡Volver a ser Pedro; Pedro sin
anillo; Pedro el hijo del campanero; Pedro volviendo a empezar a vivir y a
descubrir todo con sus esfuerzos, con su sola razón, con su único corazón!
¡¡Pedro!! (Al tiempo que arroja el anillo). ¡Desaparece, anillo, y no vuelvas
nunca más conmigo!
Oscuro y mutación instantánea.

EPÍLOGO
Escena 1.a
Campanario en la torre de la iglesia. El DUENDE desciende de su viga.
DUENDE :
¡Hada Pirulada!
HADA (apareciendo mágicamente):
¡Hola, duende!
DUENDE :
No fue el viejo...
HADA :
¿De qué me hablas?
DUENDE :
Cuando se estaba muriendo, se lo pregunté... Y me juró que me había
dejado el plato lleno... Hoy he descubierto que fueron las ratas...
HADA :
Cuando decidiste regalarle el anillo a Pedro, pensabas más en tu venganza
que en su bien... Y ahora resulta que el pobre viejo no tenía la culpa...
DUENDE :
También los inmortales nos equivocamos... Quisiera reparar mi
equivocación...
HADA : Esperemos que no sea demasiado tarde. Mira (le muestra y le entrega el
anillo). Tu anillo ha vuelto a mí porque Pedro no lo quiere... Se ha
convertido en un desengañado...
DUENDE :
¿Y qué piensa hacer?
HADA :
Intentar vivir como un hombre cualquiera... Sin ilusiones... ¿Quieres
ayudarle y reparar así tu equivocación?
DUENDE :
¿Cómo?
HADA :
Destruye tu anillo, sólo tú puedes hacerlo, para que nunca más pueda
poseerlo... Y yo le pediré a Lisa que vuelva junto a él... y dejemos que, sin
nosotros, ellos solos empiecen a vivir... Que intenten vivir la realidad, ¿no
te parece?
El DUENDE asiente. El HADA sonríe y desaparece. Tras un pase mágico, el anillo
se convierte en polvo, que el DUENDE esparce en el aire. Oscuro y mutación. Escena 2.a
PEDRO duerme en el bosque. A su lado, el HADA M ADRINA lo despierta con un
toque mágico de su varita.
PEDRO :
¡Madrina! (Mira a su alrededor). ¡Otra vez en el bosque! (Se abraza a ella).
¡Escucha las quejas de un corazón desgarrado!
HADA :
Habla, hijo mío, te hará bien...
PEDRO :
¿Cómo voy a liberarme de mis sueños?
HADA :
¡Ya lo estás haciendo!
PEDRO :
Quisiera empezar de nuevo... En mi viaje no he hecho más que correr y
desear... Riqueza, gloria, poder... Y he sacrifcado mi dignidad...
HADA :
Parece que has dejado de quererte por encima de todas las cosas.
PEDRO :
Noto como si estuviera empezando a librarme de mí mismo... pero no sé
cómo seguir...
HADA :
Amando a otra persona.
PEDRO :
¿A quién, madrina?
El HADA repite en el aire su toque mágico y aparece U SA . El HADA sonríe y se
esfuma.

Escena 3.a
En la que triunfa el amor, acaba esta historia y comienza otra distinta.
PEDRO (abrazado a LISA):
¡Ahora ya nunca te separarás de mí!
LISA:
¡Nunca, Pedro! ¡Ahora sé que me quieres!
PEDRO :
El hada madrina te ha traído hasta aquí... ¿Qué te ha dicho?
LISA:
¡Pedro! No sigas creyendo ni en hadas ni en duendes... Mira, cuando nace
un niño en el mundo nace una niña en algún otro lugar de la tierra. Y desde ese momento comienzan a buscarse... A veces, no se encuentran
nunca y entonces sus años pasan con tristeza. Otras, se equivocan de
persona y son desgraciados... Pero cuando se encuentra a la persona que te
está destinada, si sabes conservar ese amor, alcanzarás la paz y la alegría.
PEDRO :
Es como recuperar el paraíso perdido...
LISA:
... dentro de nosotros mismos.
Se besan. Canto de pájaros.

 

Mientras cae el telón.

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