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lunes, junio 01, 2026

SOLO ROOMIES.








SOLO ROOMIES

de Benjamin Gavarre




©  BENJAMÍN GAVARRE SILVA

Contact this address if you have produced it or wish to do so: gavarreunam@gmail.com

 



SOLO ROOMIES

(UNA COMEDIA NEGRA DE MASCULINIDAD FRÁGIL E INCERTIDUMBRE URBANA)



 

PERSONAJES:

  • RAFAEL (29): Obsesivo del orden. Niega su propia necesidad de afecto bajo una capa de cinismo intelectual.
  • SEBASTIÁN (29): Ansioso, compite de forma pasivo-agresiva. Intenta verse moderno y open-minded, pero le aterra el futuro.
  • VANESSA (27): Formal, enfocada. Solo busca un lugar tranquilo en la Roma para sobrevivir a su maestría; se frustra rápido.
  • DIEGO (28): El novio. Descarado, seductor por juego. Maneja una deconstrucción súper superficial de manual de Instagram. "Calienta el bóiler, pero no se mete a bañar".



 

ESCENA 1

(El departamento de los dos amigos en la CDMX. Es un espacio moderno pero con desorden acumulado. Hay dos tazas de café vacías sobre la mesa. RAFAEL camina de un lado a otro. SEBASTIÁN se ajusta unos pantalones de mezclilla bastante entallados, con un roto estético y estratégico a la altura del muslo).

 

RAFAEL: ¿Te pusiste el Carolina Herrera? ¿Qué onda, vas a recibir a una potencial roomie o es una cita de Tinder en la Juárez?

SEBASTIÁN: Es mi ph natural, se llama higiene. Además, quedamos en que había que pasar el vibe check.

RAFAEL: Dijimos: "Impresión estrictamente bisnes", Sebas. Firmamos un pacto, güey. Cero vínculos personales, cero dramas de sábanas compartidas. El último cabrón que subarrendó nos dejó colgados con tres meses de internet porque según él "conectó" contigo, y luego todo se volvió rarísimo.

SEBASTIÁN: Él tenía problemas de apego ansioso, eso no fue mi culpa. Y tú no me hables de profesionalismo cuando traes esa playera que te marca los brazos como si acabaras de salir de un box de CrossFit.

RAFAEL: Es mi playera normal.

SEBASTIÁN: Sí, claro. Y esos pantalones tuyos... ¿qué onda con tu ventilación estratégica? Se te ve media pierna, güey. ¿Vas a negociar el depósito del agua o vas a audicionar para una boyband noventera? Está medio patético para alguien que ya está rozando los treinta, Rafa.

RAFAEL: Es tendencia, Sebastián. Se llama flujo de aire. Tú qué vas a saber.

SEBASTIÁN: ... Pareces el típico treintón aferrado que quiere entrar al León Dorado y no lo dejan por los tenis. (Se acerca y le jala un hilo suelto del roto del pantalón de Rafael).

RAFAEL: ¡Chale! ¡Ni se te ocurra, suéltame!

(Sebastián jala de más. Se escucha un desgarre violento: el pantalón de Rafael se rompe por completo desde el muslo hasta la rodilla, dejando al descubierto los bóxers).

RAFAEL: (Gritando) ¡No manches, güey! ¡Eran mis favoritos! ¡Tengo las bolas al aire, cabrón!

SEBASTIÁN: ¡Fue un accidente! ¡No calculé la resistencia del hilo! ¡Ya deséchalos!

RAFAEL: ¿Y qué se supone que haga? Va a tocar el timbre en cualquier segundo y parezco extra de Mad Max. ¡Me tengo que cambiar ya!

SEBASTIÁN: ¡Córrele, muévete! Yo le abro.

(El celular de Rafael vibra y suena sobre la mesa de centro. El altavoz está activado por default. Se escucha una voz de mujer, alegre, acelerada y distraída).

VOZ DE VANESSA: ¡Hola, chicos! Oigan, voy llegando, estamos aquí abajo buscando lugar para el coche, ya saben cómo es la Roma. Oigan, una pregunta súper rápida... ¿verdad que no hay bronca si llego con mi novio? Es que decidimos mudarnos juntos para optimizar presupuestos, y pues así nos dividimos los gastos entre cuatro, ¡va a estar súper ameno! ¡Subo en un minuto!

(Se corta la llamada. Silencio sepulcral. Rafael, con el pantalón colgando en jirones, y Sebastián se miran fijamente, congelados).

SEBASTIÁN: (En un susurro) ¿Dijo... “estamos”?

RAFAEL: Dijo “novio”. Y dijo “entre cuatro”.

SEBASTIÁN: Eso cambia... toda la vibe de este departamento. Nos vamos a ir directo al caño.

RAFAEL: (Con la mirada fija en la puerta, frío y calculador) Sebas... no podemos permitir esto.

SEBASTIÁN: No me digas Sebas. Y no, no podemos.

RAFAEL: Sebastián, activa el protocolo de contingencia. Saca el café amargo. Yo voy por mis pants feos. Esto lo tiramos ahorita mismo.

(Las luces se apagan rápidamente mientras se escucha el sonido del elevador llegando al piso).

ESCENA 2

(Quince minutos después. Rafael ya trae unos pants normales y holgados. Sebastián intenta mantener una postura relajada y casual en el sillón. Sentados enfrente están VANESSA, abrazando una carpeta con documentos, y su novio, DIEGO, excesivamente cómodo, jugando con las llaves de su coche).

RAFAEL: (Colocando con brusquedad dos vasos de agua con ligeras manchas opacas en el cristal) Disculpen la presentación. La lavavajillas pasó a mejor vida, así que aquí lavamos... de manera superficial. Mientras no flote nada, lo consideramos una victoria.

VANESSA: (Mirando el vaso con desconfianza) No te preocupes, Rafael. Gracias. Bueno, como les comentaba en el mail, mi presupuesto está perfecto para cubrir el depósito, y pues... (Mira a Diego).

DIEGO: Sí, o sea, el plan original era que Vane dejara su depa actual, pero como andamos armando unos proyectos creativos juntos aquí en la Roma, pensamos: "¿Por qué pagar dos rentas en esta ciudad si podemos optimizar recursos?". Así que nos mudamos los dos. El cuarto está amplio, sí cabe una King, ¿no?

(Rafael y Sebastián intercambian una mirada rápida y gélida).

SEBASTIÁN: S-Seguro. Los metros cuadrados ahí están. Lo que no sé si quepa es... el equilibrio del departamento. Verán, nosotros firmamos un pacto de convivencia súper estricto hace dos años. Incluye una cláusula de cero dramas afectivos.

VANESSA: No, para nada, nosotros somos cero conflictivos, de verdad. Súper low-key.

RAFAEL: Eso mismo decía Mauricio. Nuestro antiguo roomie. Vivió aquí dos años. Al principio todo era paz, meditación, cuencos... Hasta que un martes a las tres de la mañana nos despertaron unos gritos espantosos. Pensamos que se habían metido a robar con violencia.

SEBASTIÁN: Salimos a la sala con un palo de golf. Y no, cero ladrones. Mauricio se estaba armando un trío con una pareja casada que conoció en Tinder. El ruido era... estructural, ¿me entienden? Vibraban los vidrios.

VANESSA: (Moviéndose incómoda en el sillón) Qué... qué horror. Qué falta de empatía con los espacios compartidos.

RAFAEL: Eso no fue lo peor. Lo peor fue el miércoles en la mañana. Salgo a la cocina por mi café, medio dormido, y ahí estaba Mauricio, en bóxers, cocinando hot cakes feliz de la vida para el matrimonio. Nos los presentó como si fuera un brunch cualquiera: "Oigan, chicos, miren, ellos son Pedrito y Salma". Tuvimos que desayunar con ellos. Fue un shock psicológico del que Sebastián y yo todavía no nos recuperamos. Estar rozando los treinta y tener que decidir si le pasas la mantequilla a "Pedrito" mientras tu cerebro reproduce el audio de la madrugada... créeme, fue too much.

(Pausa tensa).

DIEGO: (Suelta una carcajada limpia y ruidosa) ¡Güey, qué maldita joya de historia! Eso es mentalidad de comunidad... Y todavía les hicieron el desayuno, ja, ja...

VANESSA: (Le da un codazo fuerte en las costillas) ¡Diego, por favor! No es gracioso. (A los roomies) De verdad lamento que pasaran por eso. Nosotros somos súper invisibles. De hecho, Diego casi no se quedaría los fines de semana porque...

SEBASTIÁN: Es que ese es el punto, Vanessa. Si se mudan juntos, la cancha se desbalancea. Nosotros también tendríamos derecho a meter morras a los cuartos cuando queramos para compensar el uso del espacio común. Y si esto se convierte en un hotel de paso de solteros en crisis de los treinta, se pierde el orden. ¿Van a pasar todas las noches aquí? Necesitamos saberlo.

VANESSA: (Visiblemente abrumada) No... bueno, yo no sabía que el ambiente aquí era tan... tan intenso. Yo solo buscaba un lugar tranquilo para concentrarme en mi maestría.

DIEGO: (Se echa hacia atrás en el sillón con una sonrisa juguetona) A ver, chicos, no se azoten. En esta ciudad hay que ser flexibles. Si el problema son las matemáticas y el espacio... en lugar de pelearnos por quién mete a quién, bien podríamos armar un cuarteto entre todos aquí adentro, nos ahorramos la lista de invitados y así fluye la energía, ¿no?... (Pausa) Así nadie se siente excluido.

(Un silencio sepulcral inunda la habitación. Sebastián parpadea, congelado. Rafael mira a Diego con incredulidad. Vanessa se pone completamente rígida).

VANESSA: (Levantándose de golpe, azotando sus papeles en la carpeta) Es una pésima idea hasta como broma, Diego. Eres un pinche inmaduro de primera.

DIEGO: Amor, es un chiste, relájate...

VANESSA: ¡No, no es un chiste! Llevas toda la semana con tus comentarios "modernos" y ya me cansé. (A los roomies) Disculpen el tiempo perdido. Me queda claro que este departamento no es para mí. Bye.

(Vanessa camina a pasos agigantados hacia la salida y azota la puerta principal al salir. Diego se queda sentado un momento, sopesando la situación. Se levanta con total calma y mira a los amigos).

DIEGO: Uf. Creo que esta vez sí se prendió de verdad. En fin, ya le tocaba su sesión de terapia esta semana. (Camina hacia la puerta pero se detiene) Oigan... una pregunta seria. El cuarto me mamó. Y siendo honestos, ella y yo igual ya íbamos a cortar, esto sólo aceleró el trámite. ¿Aceptan hombres solos?

RAFAEL: La renta individual es más alta. Y las reglas de limpieza son no-negociables.

DIEGO: Me parece perfecto. Voy a calmarla allá abajo, la subo a un Uber y regreso en una hora por las llaves y la lista de los gastos, ¿va? Nos vemos al rato, roomies. (Guiña un ojo de forma ambigua y sale).

 

EPILÓGO

(El mismo departamento, un año después. Hay rastros del paso de Diego: un póster de "Fight Club" y quizás un aparato inservible, una consola, que no cuadra con el lugar. RAFAEL y SEBASTIÁN están sentados en el sillón compartiendo una pizza fría directo de la caja. Hay un silencio de profunda fatiga, pero también de alivio).

SEBASTIÁN: (Masticando) No puedo creer que por fin se haya llevado su último bote de citrato de magnesio y proteína vegetal. Siento que vivimos doce meses atrapados dentro de un algoritmo de TikTok.

RAFAEL: Hay que reconocerle algo al cabrón: tenía estilo para el caos. ¿Cuántas "novias" le contaste en un año? Yo me quedé en la tercera Vanessa. Bueno, la segunda se llamaba ¡Prudencia!, pero tenía la misma perra energía de querer rediseñarnos la sala.

SEBASTIÁN: Tres novias oficiales y como cien mil "proyectos de vida compartida". Y siempre usando  la cocina como si fuera una fiesta, ¿te fijas? Y pensar el pavor que teníamos el primer día. ¿Te acuerdas? Cuando soltó lo del cuarteto con esa sonrisita de psicópata. Yo pasé los primeros tres meses durmiendo con la puerta cerrada con llave, jurando que en cualquier momento iba a entrar a mi cuarto con un lub orgánico y un contrato de poliamor.

RAFAEL: Al final todo era puro juego, güey. Puro espíritu de seducción barata. Mucho ruido y pocas nueces. Calentaba el bóiler...

SEBASTIÁN: Pero no se metía a bañar...

RAFAEL: Exacto. Le mamaba movernos el tapete, vernos la cara de pánico cuando se nos acercaba de más en la cocina o cuando nos sugería que "compartiéramos energía". Puro rollo. Un seductor de clóset que en el fondo sólo quería que alguien le validara los memes.

SEBASTIÁN: Sí, está clarísimo, pero cómo desgasta. Esa masculinidad hipermoderna de "soy súper libre y deconstruido pero dejo mis calzones sucios en la lavadora común" es insufrible. Qué bueno que se tuvo que ir, su vibe nos estaba absorbiendo. El mes pasado casi me compro unos pantalones rotos otra vez.

RAFAEL: Dios nos libre. Ya estamos grandes para crisis de identidad inducidas. Lo bueno es que recuperamos el control del barco. Regresamos al orden. A la hermosa, predecible y aburrida soltería de los treinta.

(Llaman a la puerta de manera firme y alegre: "Toc, toc, toc").

SEBASTIÁN: No me digas que regresó porque olvidó su consola espantosa.

RAFAEL: Ve a ver. Si es él, dile que estamos muertos.

(Sebastián abre la puerta. En el umbral están DIEGO y VANESSA, tomados de la mano y radiantes).

DIEGO: ¡Qué onda, mis roomies eternos! Qué pasotes. ¿No nos van a dejar pasar? Venimos súper rápido.

VANESSA: ¡Hola, chicos! Qué gusto verlos.

SEBASTIÁN: ¿Vanessa? ¿Diego? Pensé que... bueno, pensé que se habían destruido mutuamente hace un año en el estacionamiento.

DIEGO: (Se ríe) Nel, güey, para nada. El amor moderno es cíclico. Fuimos, venimos, fuimos a terapia de pareja, rompimos, regresamos... ¡Y bueno, les traemos la exclusiva! (Muestran un anillo de compromiso).

VANESSA: ¡Nos casamos! En la playa, algo súper orgánico, sustentable y pet-friendly.

RAFAEL: (Se levanta, con ligera ironía) No... bueno. Qué... qué impresionante capacidad de resiliencia emocional. De verdad, muchas felicidades. Quién iba a decir que el cuarteto iba a terminar en un dueto legalmente vinculante.

DIEGO: Hay que sentar cabeza, hermanos. El mercado allá afuera está durísimo. Pero bueno, están súper invitados, les llega el pase digital por WhatsApp. ¡No vayan a faltar!

SEBASTIÁN: Ahí estaremos, Diego. Con mis pantalones más formales, lo prometo. Felicidades a los dos.

VANESSA: Gracias, chicos. Qué bueno que Diego vivió con ustedes, siento que maduró muchísimo... o al menos ya sabe usar la freidora de aire. ¡Nos vemos en la boda!

DIEGO: ¡Se la lavan, roomies!

(Diego y Vanessa salen riendo. Sebastián cierra la puerta despacio y se desploma en el sillón junto a Rafael).

SEBASTIÁN: Uf. Qué raro es el mundo, cabrón. Qué jodidamente rápido va todo. La gente se odia, se propone tríos, se dejan de hablar, se casan en la playa... y nosotros aquí, discutiendo por las orillas de la pizza.

RAFAEL: Es que tú siempre te comes la mejor parte y me dejas el puro cartón quemado.

SEBASTIÁN: Te dejé la orilla con ajonjolí, Rafael.

RAFAEL: Ah, qué generoso, amigo.

SEBASTIÁN: (Sonríe de medio lado, cómodo en la tensión habitual) Sí... Bueno. Lo bueno es que, dentro de todo este desmadre de ciudad... nos tenemos el uno al otro.

(Rafael voltea a verlo de inmediato con sospecha dramática. Sebastián capta la tensión y se aclara la garganta rápidamente).

SEBASTIÁN: Como... como roomies, claro. Obvio. O sea, reparto equitativo de gastos, mantenimiento del hogar... *cough cough*... ya sabes. Estrictamente bisnes.

RAFAEL: (Sonríe de medio lado, relajándose) Estrictamente bisnes, Sebastián. Trae otra cerveza.

(Sebastián se levanta hacia la cocina mientras Rafael pone música y hace movimientos rítmicos, pero sin bailar del todo, como si hiciera un calentamiento deportivo pero con ganas latentes de bailar. Sebastián llega con las cervezas y se le queda viendo desde el marco de la cocina con una sonrisa de absoluta complicidad. Las luces van bajando lentamente a negro).

 

FIN DE LA OBRA

 

 


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