FIRST CLASS: AVIACIÓN DE ALTURA
No
para cualquiera, menos para la "Chicken Class"
(Buscando un Upgrade)
Farsa cómica en un solo acto y cuatro cuadros
De Benjamín Gavarre
FIRST CLASS: ALTA AVIACIÓN No para cualquiera, menos para la "Chicken Class" (Buscando un Upgrade). © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International
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FIRST CLASS: ALTA AVIACIÓN (No para cualquiera, menos para la "Chicken Class") es una farsa que desnuda el clasismo y las pretensiones absurdas en el caótico mundo aeroportuario. En el inmaculado mostrador de Primera Clase de una prestigiosa aerolínea europea, Lagarde, un supervisor obsesionado con la etiqueta del "primer mundo", gobierna su pequeño imperio de mármol menospreciando a sus propios compatriotas y negándole un merecido beneficio a Ramírez, el humilde mecánico de pista. Sin embargo, la estricta ilusión de superioridad europea y protocolo estricto se desmorona por completo con la irrupción de un Viajero (Miguel), un excéntrico y desenfadado multimillonario norteño que viaja en chanclas y con boleto de primera clase pagado en efectivo. Entre verdades directas, cacahuates esparcidos por la alfombra y una tormenta que desata delirios celestiales, los empleados terminarán mandando a la goma sus uniformes apretados para recordar, entre risas y tequilas, de dónde vienen realmente.
PERSONAJES:
- LAGARDE (Santiago): Supervisor de Primera Clase en una
afamada línea aérea internacional. Viste el uniforme como si fuera alta
costura parisina, como si fuera el fuselaje de un avión, impecable y
tenso. Niega rotundamente su origen latino.
- GRETEL: Agente de mostrador. Lleva quince años
sonriendo a la fuerza. Sus pies están destruidos por los tacones
reglamentarios.
- OSVALDO: Agente de puerta. Un snob camaleónico…
Se le van los ojos con los pilotos e incluso con los copilotos. A veces se
acuerda que es un chico de barrio y se le olvida el alemán…
- RAMÍREZ: Mecánico de pista. Su sueño es viajar en
Primera, o ya si se puede en “Bisnes”. Observa el Circo del Mostrador con
ironía… Siempre tiene una bolsa de cacahuates a la mano. Sencillo,
bonachón, siempre lleva sus tenis cómodos favoritos.
- EL VIAJERO (Miguel): Pasajero del asiento 1A. Pelo largo,
sandalias, pantalones de manta. Un norteño desenfadado y multimillonario
excéntrico que ama el lenguaje de barrio, relajado y completamente inmune
a las pretensiones de estatus.
- PASAJEROS VIP (Extras): La viuda del embajador y el CEO de la
farmacéutica. Esnobs corporativos que se la creen. Se creen importantes,
pues.
ESCENOGRAFÍA PRINCIPAL:
El inmaculado mostrador de First
Class de una aerolínea europea. En lo alto, coronando la escena, un reluciente
y ostentoso letrero dorado que dicta: "EXCLUSIVIDAD".
Este letrero debe operar casi como un personaje físico; al inicio brilla con
una luz blanca y dorada insoportablemente elegante, pulcra y cegadora. En el
suelo, una alfombra roja impecable que parece intocable. De fondo, un inmenso
ventanal que domina la vista de las pistas del aeropuerto.
CUADRO I: EL CIELO AZUL Y EL SUDOR DE LOS MORTALES
(El escenario se ilumina con una luz brillante
y cálida. A través del ventanal, los aviones se ven en un cielo azul de
ensueño, despejado, cruzado apenas por estelas blancas. Todo es paz artificial.
El letrero de "EXCLUSIVIDAD" resplandece en su máximo y soberbio
esplendor.
LAGARDE está de pie frente al mostrador,
cepillando meticulosamente la manga de su saco. GRETEL teclea en su computadora
con expresión de dolor sordo. OSVALDO revisa una tableta electrónica con porte
militar).
LAGARDE: —(Sin dejar de cepillarse,
mirando al horizonte con superioridad) Cuando un pasajero de Primera
Clase nos mira, Osvaldo, no ve a un simple mortal; ve al Banco Central Europeo
con alas. El doblez del pantalón debe estar tan tenso y recto como la pista de
aterrizaje de Frankfurt. Hay que ser serios en esta compañía. Aquí nos
manejamos con el abecedario de la alta sociedad, con el alfabeto internacional.
Por ejemplo: Alfa, de Alfa Romeo, el auto
premium que manejo y que claramente no es para pobres. Bravo, por mi excelencia. Y Charlie...
por el príncipe de Gales, obviamente. Este uniforme es la civilización misma.
GRETEL: —(Masajeándose las sienes,
arrastrando las palabras) Delta de De plano ya no aguanto. La viuda del embajador suizo,
asiento 2A. Y el CEO de la farmacéutica, asiento 2B.
LAGARDE: —(Embelesado, cerrando los ojos)
La crema y nata del hemisferio norte. Ayer el Capitán Müller me saludó por mi
nombre en el pasillo. "Guten Abend, Lagarde",
me dijo. Olía a pino negro de los Alpes y a cielos internacionales.
GRETEL: —Müller ni siquiera habla español, Lagarde.
Probablemente estornudó o traía tos. A mí me duelen tanto los juanetes que
siento que me palpitan en código Morse. ¿Podemos sentarnos un segundo? La
terminal está vacía, no viene ni una mosca.
LAGARDE: —¡Sacrilegio! ¡Un agente de First Class nunca se
sienta! Las rodillas dobladas son de clase turista, de gente que viaja apretada
con su cajita de huevo. Mantén la sonrisa, Gretel. Tu rictus es lo único que
nos separa del tercer mundo. Sigamos con el protocolo, que los ojos del mundo
nos ven. A ver, Osvaldo, ¿cuál sigue?
OSVALDO: —(Firmes, como soldado)
¡Hotel-Néctar, señor Lagarde!
LAGARDE: —Exacto... Hotel-Néctar: Lo espero con ganas, que es justo lo que pienso cuando
viene un pasajero con tarjeta VIP de oro. (Gretel hace una mueca de asco
a sus espaldas. Lagarde voltea a verla de inmediato). ¡Ejem! Estamos
trabajando. Nada de caras.
(Entra RAMÍREZ. Lleva su overol de mecánico
atado a la cintura y aprieta contra su pecho un fajo enorme de pases de abordar
de papel, desgastados, amarrados con una liga de hule. Camina con cautela hacia
el borde de la alfombra roja).
RAMÍREZ: —Con permiso, buenas tardes... Señor Lagarde, mi
vuelo sale en cuarenta minutos. Voy a ver a mi madrecita a Guadalajara. Mire...
(Saca con orgullo el fajo de papeles y le quita la liga con
cuidado). Junté todos los pases de abordar en clase turista que me
han dado estos diez años trabajando aquí. Son más de cien tramos limpios. El
sistema marca cinco lugares vacíos allá arriba, en la mera First Class... y
quería ver si me da el upgrade por prestación de empleado. Me cae que me porto
bien.
LAGARDE: —(Lo mira como si acabara de ver
una mancha de grasa de motor en su solapa limpia. Suelta una carcajada fría y
falsa)— ¿Un upgrade? ¿A Primera Clase? ¿Tú? Osvaldo, por favor, ven
a ver esta pieza de colección arqueológica. ¡Trae pases impresos térmicos del
siglo pasado!
OSVALDO: —(Se acerca contoneándose, mira
el fajo de papeles con asco y se burla usando el alfabeto de Lagarde)—
¡Uy, no! Qué horror. Eso no es un boleto de avión, es código Basura-Kilo: Billetes de a kilo,
de los que huelen a sudor de camión urbano y a torta de tamal en la sala de
espera.
LAGARDE: —Exactamente, Osvaldo. Ramírez... en mi cabina
Premium los pasajeros entran con mocasines de diseñador que hacen
"clack-clack" sobre el mármol de Carrara. ¿Y tú qué traes? ¿Unos
tenis?
RAMÍREZ: —(Ofendido, levantando el pie
para presumirlos)— ¡No son cualquier tenis, señor Lagarde! Son unos Nike de edición especial, originales, me costaron tres
meses de sueldo en la tienda oficial. ¡Están limpiecitos!
LAGARDE: —(Se lleva una mano al pecho,
horrorizado, como si le hubiera dado un síncope)— ¡Uhhh! ¡Mmm! ¡Qué
sacrilegio! Me va a dar el patatús... Osvaldo, sácame el espray desinfectante.
Ramírez, aunque tus tenis hayan costado una fortuna, ¡siguen siendo calzado de
canchita de fútbol rápido! Tienen suela de goma vulcanizada. Hacen "squish-squish".
Si pisa la alfombra roja, desestabiliza el centro de gravedad estético de todo
el avión. Esos papelitos arrugados y esos tenis de correr no te alcanzan ni
para que te dejemos oler las toallitas calientes con aroma a lavanda. Denegado.
RAMÍREZ: —(Apretando sus papeles,
tragándose el coraje)— ¡Pero llevo diez años desarmando y limpiando
las turbinas de sus aviones para que sus capitanes alemanes puedan volar
seguros! ¡Yo les aseguro el cielo a ustedes!
LAGARDE: —¡Y el cielo te lo agradece desde abajo, Ramírez!
Limpiar el motor no te da derecho a sentarte junto a los que pagan el
combustible. Así que aborte el despegue. Guarde su colección de basura y
retírese de la alfombra. Intente allá enfrente, en la aerolínea de bajo costo
de la Terminal 2. ¡Allí permiten las suelas de goma, las mochilas de lona y las
ilusiones rotas! ¡Guten viaje!
(Lagarde y Osvaldo sueltan una risita burlona
y arrogante, dándole la espalda. Ramírez, profundamente humillado pero con la
dignidad intacta, vuelve a amarrar sus pases de abordar con la liga de hule.
Aguanta vara. No se va de la terminal; camina arrastrando los pies hacia una
esquina sombreada del escenario, saca su caja de herramientas de metal, la
azota en el suelo y se sienta arriba de ella, cruzando los brazos, clavándoles
una mirada de "ya veremos" mientras espera a ver si se abre el milagro).
CUADRO II: La llegada de la libertad
(El azul del ventanal empieza a perder brillo.
Unas tenues nubes grises comienzan a asomarse por los bordes, densas, cargadas
de tormenta. En la terminal, la atmósfera se siente un poco más pesada, más
sofocante.
Un silbido alegre, profundo, que imita el
viento del océano o el canto de un ave tropical, interrumpe la solemnidad del
mostrador. Los tres empleados se congelan.
Entra EL VIAJERO (Miguel). Camina despacio,
arrastrando unas sandalias de cuero desgastadas que hacen un eco orgánico. Trae
una mochila inmensa llena de parches de países remotos, pantalones de manta y
una camisa de lino abierta. Mastica un palillo con un desparpajo absoluto).
EL VIAJERO: —Qué elegancia... y qué frío hace aquí adentro,
raza. Tienen el aire acondicionado tan alto que parece que embalsaman las ganas
de vivir. (Le guiña un ojo a Gretel, con una sonrisa magnética).
Qué calor afuera, güera, y aquí ustedes parecen pingüinos atrapados en un
refrigerador de lujo. ¿De aquí sale el pájaro de metal que cruza el charco
hasta Bali?
LAGARDE: —(Gélido, dando un paso al
frente para bloquearle el paso con el pecho inflado) Caballero. Ha
perdido su vector de aproximación. El vuelo a Frankfurt, tarifa económica de
Chicken Class —sin derecho a equipaje ni a dignidad— está en la Terminal 2.
Siga la línea amarilla del suelo hasta donde el oxígeno de la cabina empieza a
fallar.
EL VIAJERO: —(Riendo con una voz profunda,
golpeando el mostrador de mármol con suavidad) ¿Terminal 2? No,
compa, a mí me gusta el aire de este lado. (Lanza su pasaporte de cuero
desgastado sobre el mármol). Asiento 1A. Pagado al chas-chas,
pariente. Al contado y sin pedir permiso.
(Gretel teclea con dedos temblorosos. La
pantalla emite un destello verde intenso).
GRETEL: —Lagarde... la pantalla se puso verde. Es tarifa
VIP Imperial. Full Flex. Quince mil euros pagados en efectivo... con billetes
que huelen a mar.
LAGARDE: —¡Falla crítica en el sistema! (Retrocede, aterrorizado por el contraste de las sandalias y el
dinero. Toca su intercomunicador en el hombro, histérico). ¡Osvaldo,
Gretel! ¡Tenemos una emergencia! ¡Un Whiskey-Tango-Foxtrot en el mostrador! ¡Un
civil peligroso! ¡Preparen protocolo!
EL VIAJERO: —(Apoyándose en el mostrador,
mirándolo con una mezcla de lástima y diversión) Tranquilo,
pariente. No te me alteres con el abecedario militar, que se te va a doblar el
traje y te va a dar el patatús. A ver, engominado... ya que andas muy salsa
deletreando en gringo, te devuelvo el código. A ver si eres tan internacional.
¿Qué significa en tu manual: Juliet-Uniform-Alfa-November?
(Lagarde, Gretel y Osvaldo se quedan helados.
Lagarde abre los ojos desmesuradamente).
OSVALDO: —(Temblando, calculando con los
dedos) J... U... A... N... ¡Herr Lagarde, descifré el mensaje! ¡Es
una clave encriptada de alta seguridad!
LAGARDE: —(Sudando frío, tocándose el
cuello de la camisa) ¡No! ¡Es información clasificada! ¡Nadie me
llama Juan en este aeropuerto! ¡Mi nombre es un secreto de Estado aeronáutico!
EL VIAJERO: —(Le da una palmadita suave en
la mejilla) Pues relájate, Juanito. Qué estresados viven en su
castillo de papel. Se les va la vida cuidando un mostrador y el estrés arruga
el cutis. El mundo allá afuera es muy grande para tener un nombre tan chiquito.
CUADRO III: CACAHUATES, TATUAJES Y LA ISLA EN EL CRISTAL
(El ventanal cambia drásticamente. El cielo
azul ha desaparecido por completo. El telón de fondo es ahora de un gris plomo
y relámpagos mudos comienzan a iluminar las nubes. El letrero de
"EXCLUSIVIDAD" parpadea con una luz inestable por primera vez.
El Viajero saca una cerveza helada de su
mochila, le quita la corcholata con el cinturón de un solo golpe limpio. El
sonido del gas al escapar suena como un suspiro de libertad. Bebe un trago
largo).
RAMÍREZ: —(Desde su rincón, estallando en
una carcajada limpia, libre) ¡Jajaja! ¡Se lo chamaqueó redondito,
compa! Oiga, viajero... ¿gusta unos cacahuates japoneses para acompañar la
amarga?
EL VIAJERO: —(Volteando a verlo con una
mirada de absoluta complicidad) ¡A huevo, pariente! Vente para acá,
mi chingón. Quítate de esa esquina oscura. Esta alfombra roja está bien grande
y aquí cabemos todos los que sabemos lo que cuesta ganarse el aire.
(Ramírez duda un segundo, mira sus tenis Nike
carísimos, pero la invitación del Viajero tiene un magnetismo salvaje. Camina
directo al centro de la alfombra roja. Ambos chocan las manos como viejos
amigos del camino y empiezan a compartir cacahuates, masticando ruidosamente e
ignorando las reglas).
LAGARDE: —(Desquiciado, cayendo de
rodillas como si viera el fin del mundo) ¡FOD! ¡Foreign Object
Debris en la terminal! ¡Migajas de cacahuate de a peso contaminando la alfombra
Senator! ¡Están arruinando el ecosistema premium de los suizos!
EL VIAJERO: —Mucha alfombra, mucho brillo y mucho show,
Juanito... pero aquí como que no me siento a gusto, mucho protocolo y mucha
nariz alzada. (Con un movimiento lento, casi ritual, se quita la camisa de lino,
quedando en una camiseta de tirantes blanca). Ah... mucho mejor. Que
corra el aire del mundo.
(Al quitarse la camisa, revela unos brazos
bronceados, curtidos por el sol de los mares, cubiertos de elaborados tatuajes
tribales, mapas antiguos y líneas de olas que serpentean por sus músculos con
una belleza hipnótica).
GRETEL: —(Se abanica el rostro con un
pase de abordar, completamente deslumbrada, mirando los brazos como quien ve un
paisaje exótico por primera vez. Su voz pierde la rigidez y se vuelve flotante)
Madre del cielo... miren eso... tiene un tatuaje polinesio que parece el mapa
de una isla... le llega hasta...
OSVALDO: —(Rompiendo por completo su
acento alemán, con los ojos abiertos, hipnotizado por la estampa de libertad
del hombre) ...hasta el deltoides. Mira ese tríceps... parece madera
flotando en el mar. Qué bárbaro.
EL VIAJERO: —(Mirando a los tres agentes con
una compasión profunda, casi mística) ¿Por qué defienden con tanta
rabia una alfombra que ni siquiera les dejan pisar descalzos? Mírense las
caras. Tienen los ojos llenos de números y las almas llenas de horarios.
Parecen muñecos de cera metidos en un estuche carísimo, a punto de derretirse porque
afuera hay una tormenta de verdad. El mundo se está cayendo ahí afuera y
ustedes están preocupados por el nudo de la corbata.
LAGARDE: —(Incorporándose de golpe,
temblando de furia porque siente que el discurso del Viajero le está perforando
la armadura) ¡No lo escuchen! ¡Es un virus en el sistema! ¡Osvaldo,
arresta a este hippie millonario! ¡Te lo ordeno por el manual de procedimientos
de Frankfurt! ¡Sácalo de mi espacio aéreo!
[NOTA DE MONTAJE - COREOGRAFÍA DE LA
LIBERACIÓN: El siguiente bloque debe ejecutarse con una exageración física
absoluta, catártica y profundamente teatral, rompiendo toda la rigidez anterior
justo antes de que se desate la tormenta].
OSVALDO: —(Mira a Lagarde. Mira al
Viajero. Mira su propia corbata. Se queda fijo contemplando los tatuajes del
brazo del Viajero, hipnotizado). ¿Arrestarlo? (Su voz cambia, pierde toda la falsedad aristocrática y se vuelve
suave, añorante).
Esos barcos... esas olas en tu
piel... Yo también quería ver el mar, Juan. Yo estudié idiomas para viajar, no
para quedarme encerrado detrás de una barra fingiendo que nací en los Alpes. (Con un gesto violento, hermoso y liberador, se arranca la corbata
y la azota contra el piso, riendo). ¡A la goma el manual! ¡A la goma
Baviera! ¡Yo quiero mi propio mapa!
GRETEL: —(Con lágrimas en los ojos y una
sonrisa maníaca, mirando al suelo). Quince años sin tocar el
pasto... sin saber lo que mide el mundo. (Se quita los tacones
reglamentarios a tirones, respirando hondo, y los patea por los aires con furia
alegre). ¡Libertad! ¡Miren... la bendita libertad de dejar desnudos
mis pies! (Pisa con fuerza la alfombra roja, ensanchando los dedos).
¡La tierra está viva! ¡Siento la tierra!
CUADRO IV: LA VOZ CELESTIAL Y EL DELIRIO DE LA LIBERTAD
(Un trueno ensordecedor hace temblar la
escenografía por completo. Las luces de la terminal se apagan de golpe. Solo
queda la luz estroboscópica de los relámpagos iluminando la lluvia torrencial
detrás del cristal. Las alarmas de emergencia brillan en un rojo intermitente.
El tiempo parece detenerse para Lagarde. Todo
queda en un silencio sepulcral, excepto por una extraña reverberación con eco).
[NOTA DE MONTAJE - EL EFECTO DE LA VOZ
CELESTIAL: Por los altavoces comienza a sonar una voz profunda, inmensa,
autoritaria y divina. El diseño de audio en este punto debe emplear un eco
profundo, cavernoso, de gran estadio, haciendo que la alucinación de Lagarde
sea visual y auditivamente hilarante, pero también el clímax de su propia
prisión mental].
VOZ CELESTIAL DEL ALTAVOZ: —Atención. Habla el Controlador
Supremo. Pasajero juliet-uniform-alfa-november... Sí, tú, JUAN: Juanito. El de
la corbata apretada y las rodillas tensas. Tu prestigio ha sido cancelado. Deja
en paz la alfombra. El cielo está cerrado.
LAGARDE: —(Totalmente desquiciado, en un
ataque de pánico y alucinación. Cae de rodillas, arrastrándose hacia adelante y
suplicándole al techo con las manos juntas) ¡No, Señor Dios de la
Aviación! ¡Por favor, no me cancele el estatus! ¡Yo no tengo la culpa de que
llueva! ¡Señora viuda del embajador, por piedad, no me pegue con su bolso de
diseñador, mire que es clonado y le va a raspar la costura! ¡Le juro que sí soy
de primer mundo!
(Los demás lo miran en silencio, perplejos,
mientras él le ruega al vacío).
LAGARDE: —(Aferrándose a las piernas
invisibles de un pasajero fantasma, llorando con comedia) ¡Mírenme!
¡Si me quito esta corbata me convierto en calabaza! ¡Yo sé decir "buenos días" en tres idiomas fingiendo que
no tengo acento de provincia! ¡Puedo viajar en la bodega del avión, junto a las
maletas y los perritos, pero por favor... no me deje aquí abajo con los
mortales que usan transporte público y sudan! ¡Yo huelo a pino negro, se los
juro! ¡No me regresen a la combi! ¡Guten Abend! ¡No me dejen en la tierra!
¡GUTEN ABEND!
(Lagarde hace una última y dramática
reverencia al aire, quedando tirado boca abajo en el suelo con los brazos
extendidos en forma de cruz).
(De pronto, la luz normal regresa a la
terminal con un golpe seco. La lluvia sigue cayendo monótonamente afuera, pero
la magia y el terror de la alucinación desaparecen. El silencio en el mostrador
es absoluto. Gretel, Osvaldo, Ramírez y el Viajero lo están mirando fijamente
desde arriba).
EL VIAJERO: —(Dándole un sorbo a su cerveza,
con una sonrisa mansa) A la madre... tuviste visiones bien
sintonizadas, eh, Juanito. Bienvenido al suelo.
(Lagarde parpadea. Mira el piso. Se mira las
manos. Lentamente se pone de pie. Ve a Gretel descalza, con los ojos brillando
de emoción. Ve la corbata de Osvaldo en el suelo. Ve a Ramírez sonriendo en
medio de la alfombra roja mientras comparte sus cacahuates. Todo por lo que
vivió se ha desmoronado. El protocolo está muerto... pero en su lugar ha
quedado algo infinitamente más cálido).
LAGARDE: —(Respira profundo. Se afloja el
nudo de la corbata perfecta, destruyendo por completo el último símbolo de su
artificial autoridad. Mira al Viajero, luego a sus compañeros y, con una voz
muy suya, relajada, ronca y liberada, le responde al mundo con una sonrisa
enorme). El cielo está cerrado... ¡pero qué bonita se ve la tierra
desde aquí abajo, carnales!
(Gretel, Osvaldo y Ramírez estallan en
carcajadas gigantescas, liberadoras. Es una risa apoteósica, un festejo de
náufragos felices que acaban de encontrar una isla de verdad en medio de la
terminal).
EL VIAJERO: —¡Eso es todo, mi Juan! Así me gusta. Bienvenido a
la vida. Oigan, raza, dicen que la aerolínea de al lado acaba de abrir los
barriles de cerveza y tequilas gratis para todos los que nos quedamos varados
por la tormenta. ¿Jalan o se quieren quedar cuidando el mostrador de mentiras?
GRETEL: —(Bailando alegremente descalza
sobre la alfombra roja, sosteniendo sus tacones en las manos como si fueran
trofeos de una batalla ganada) ¡Por los pies descalzos y las noches
largas! ¡Vámonos a beber!
OSVALDO: —¡Yo invito la primera ronda, muchachos! ¡Hoy se
viaja por carretera!
(Gretel, Osvaldo, Ramírez y el Viajero se
abrazan por los hombros, formando una comparsa alegre, rítmica e informal.
Empiezan a salir de escena cantando y riendo juntos. Lagarde los mira irse un
segundo. Mira la alfombra llena de sal. Mira su saco impecable, se lo quita de
un tirón y lo lanza al aire con absoluto desparpajo. Corre tras ellos con una
alegría desbordante).
LAGARDE: —¡Espérenme, cabrones, espérenme! ¡Que yo pongo la
música!
(Los cinco salen del escenario saltando,
riendo y abrazados, dejando atrás para siempre la farsa del estatus.
El escenario queda completamente vacío).
[NOTA DE MONTAJE - EL LETRERO DE EXCLUSIVIDAD:
En este último instante, el ostentoso letrero dorado de
"EXCLUSIVIDAD" suelta un violento y ruidoso chispazo eléctrico,
parpadea un par de veces de forma decadente y se apaga definitivamente, dejando
la escena envuelta únicamente en la penumbra y en el hermoso e imponente sonido
de la tormenta exterior].
FIN DE LA OBRA
TELÓN.
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