
GEMELOS AL ATAQUE
Farsa cómica y absurda en cuatro cuadros
Autor:
Benjamin Gavarre
GEMELOS AL ATAQUE es una farsa en cuatro cuadros. La pieza funciona como un
mecanismo de relojería cómica donde la tacañería monárquica, la burocracia
voraz y los secretos de alcoba chocan a través de dos gemelos idénticos
separados al nacer: un ministro de finanzas adicto a los embargos y un
campesino de bondad inverosímil. Concebida tanto para la lectura por diversión
o como para una puesta en escena de intensa comedia física, la obra se nutre
del artificio teatral descarado —utilería desproporcionada, cartón piedra y
anacronismos deliberados— apoyándose en la precisión del vodevil y el golpe de
farsa para sostener el disparate de principio a fin.
Personajes:
- EL REY GORGONIO:
Tirano panzón, avaro, olvidadizo y perpetuamente borracho de garnacha y
vino rancio.
- TULIO (Gemelo 1ro, por orden de nacimiento):
Ministro de Finanzas del Reino del Impuesto. Un cínico, amargado y grosero
adicto a la usura, que cree ser un huérfano recogido de un pozo seco.
- MANFREDO (Gemelo 2do… nació tres horas
después): Habitante del vecino Reino de la
Coliflor. Un ingenuo, soñador, cortés y exageradamente empático, que cree
ser un huérfano hallado en el bosque.
- AMANDA: La nodriza real.
Una mujer de carácter de hierro, maternal a más no poder y única guardiana
de la escandalosa verdad.
- AMAPOLA: Joven apasionada,
algo despistada que busca el amor de manera absurda.
- LA REINA FILOMENA y PÁNFILO EL
CABALLERANGO SEXY: Amantes… Viven en un pajar
encerrados en una jaula desde hace veinte años como castigo por su fogoso
romance, aunque la supuesta pena les resulte sumamente cómoda y hasta agradecible.
CUADRO
PRIMERO: El amor paga factura incluso con intereses
Patio
del palacio en el Reino Tax Tax. Las paredes están tapizadas con recibos
vencidos pegados con resistol. A la derecha se alza una estructura altísima,
casi una torre de vigilancia, donde TULIO despacha encaramado sobre un mueble
tipo cátedra universitaria antigua. Pero Tulio no es catedrático, es contador…
Lleva visera larga, manguitos negros hasta los codos y tres plumas de ganso
clavadas en las orejas. Sobre su solemne cátedra-oficina descansan un ábaco
infantil con bolitas de colores primarios y un matamoscas de hierro.
Al
fondo a la izquierda se alza la Jaula Real del Castigo Eterno, pero por dentro
parece un salón de té: tiene alfombra persa, un quinqué con flecos, cojines de
terciopelo y una cuerda de tender donde cuentan calzones reales bordados con
corazoncitos. Ahí, LA REINA FILOMENA está tumbada en una hamaca abanicándose
con una hoja de col, mientras PÁNFILO EL CABALLERANGO, vestido con frac de gala
de la cintura para arriba y botas negras de plástico como de bombero actual de
la cintura para abajo, tuesta pan en una tostadora moderna y se la pasa metiéndole
un tenedor para saber si el pan ya está listo.
PÁNFILO: (Sacando
finalmente una tostada humeante y untándole mantequilla con un cuchillo de
plata) ¡Feliz vigésimo aniversario de calabozo, pichoncita mía! Veinte años
encerrados a pan y lechuga... (Muy falso) Oh, cuánto sufrimos, mi Reina… (Se enjuga las falsas
lágrimas) aunque menos mal que el carcelero es primo mío y nos cambia el agua
por vino de Rioja y la lechuga por jamón serrano en salsa de trufas.
REINA
FILOMENA: (Dando un mordisco a la tostada comiendo una rebanada
de jamón y suspirando con placer) ¡Ay, Pánfilo de mis entrañas! Qué ojo
clínico tuve cuando engañé al borracho de mi marido contigo en las pajas del
establo. Qué bueno que nos quedamos y fuimos atrapados… Si nos hubiéramos
fugado, ahora tendríamos que pagar renta, luz, cable… barrer la cocina y aguantar a la miserable suegra.
¡En cambio aquí estamos mantenidos por el presupuesto anual y vitalicio de
prisiones del Estado! Pásame el rascador de espaldas, que me pica la escápula.
PÁNFILO
saca un cepillo de almohazar caballos y le rasca la espalda a la Reina con
movimientos vigorosos; la Reina ronronea como un gato con bronquitis.
TULIO: (Desde
lo alto de su cátedra, dando un golpe seco con el matamoscas de hierro que hace
temblar todo) ¡Silencio pájaros lujuriosos! ¡Me descuadran los decimales
con tanto ronroneo! (Anota furiosamente en su libro mayor). A ver...
«Recargo del quince por ciento a la Reina Filomena por usar oxígeno del patio
para suspirar de gusto, más tres monedas de cobre al caballerango por uso inmoderado
del rascador ».
PÁNFILO: (Asomando
la cabeza entre los barrotes y tirándole una cáscara de nuez a Tulio)
¡Relaja el esfínter contable, Tulio! ¡Bájate de tu nube y tómate un vinito con
nosotros, hombre, no seas tan vinagrillo!
TULIO:
(Esquivando
la cáscara y atrapándola en el aire con una bolsita de terciopelo) ¡Ajá!
¡Cáscara confiscada por proyectil en horas hábiles! Y entérate, lacayo: yo no
bebo, no río ni parpadeo. ¡El Rey Gorgorio me sacó de un pozo seco para
ahorrarse el sueldo de un contador! ¡Mi única madre es la Tabla de Multiplicar
y mi padre este bendito ábaco!
REINA
FILOMENA: (Mirándolo con lástima mientras se lima una uña)
Pobre criatura... Lo que te hace falta a ti es una buena novia que te despeine
las cejas y te haga cosquillas en el ábaco. ¡Mira, hablando del rey de Roma,
por ahí asoma la loca ilusa que te ronda!
Se
escucha un redoble de pandereta desafinada. Entra AMAPOLA dando saltos de
ballet clásico muy mal ejecutados, vestida con un traje lleno de lazos
desproporcionados y cargando un ramo gigantesco de cardos borriqueros y
ortigas.
AMAPOLA: (Lanzándose
de rodillas al pie de la Cátedra de Tulio, con las manos juntas) ¡Oh,
Tulio, escorpión de mis desvelos! ¡Vinagre de mi ensalada! ¡Mira cómo palpita
mi pecho al escuchar desde aquí el crujido seco de tus articulaciones sin
lubricar!
TULIO: (Asomándose
por el borde de la cátedra como una
gárgola, apuntándole con un compás de hierro) ¡Alto ahí, intrusa
sentimental! ¡Estás pisando espacio laboral sin haber abonado mis onerosos honorarios!
¿Qué traes en las manos, mujer con cerebro de resistol?
AMAPOLA: (Levantando
el ramo con pasión desbordada) ¡Te he traído flores que se parecen a tu
carácter, mi vida! ¡Cardos espinosos, ortigas urticantes y tres ramas de hiedra
de la mala recién arrancadas del jardín del palacio! ¡Tómalas, clávatelas en el
chaleco y dime que mis ojos te recuerdan a una moneda de oro recién acuñada!
AMAPOLA
se pone de puntillas e intenta alcanzarle el ramo a Tulio, pero como él está
tan alto, ella empieza a golpear con las flores la cátedra. Tulio se tambalea de
izquierda a derecha; y hace malabares en el aire con el libro mayor y el
tintero.
TULIO: (Bamboleándose
como un péndulo) ¡Deja golpear mi lugar privilegiado, anarquista insolente!
Aléjate o te perseguiré como gárgola furiosa y te haré comer esas flores una
por una.
Amapola
le lanza histérica las flores a Tulio. Él, Muy condescendiente toma una lupa
gigante examina las hojas.
TULIO: ¡Lo
que me temía! ¡Cuatrocientos gramos de flora silvestre sustraída sin licencia
de poda del erario real, más dos gusanos verdes que vienen de polizones en una
hoja y no han pagado peaje de mudanza! (Pasa tres de las bolas grandes del
ábaco con un estruendo seco). ¡Me debes siete monedas por los gastos
mencionados, seis monedas de plata por hurto botánico, dos por intento de
homicidio de funcionario catedrático y cuatro por el desgaste de mi tímpano al
escuchar tus cursilerías!
AMAPOLA: (Suspirando
embelesada, pegando su cuerpo a la cátedra) ¡Ay, qué hombre tan viril, tan
sensual y romántico! ¡Cómo suma, cómo resta, cómo me desprecia con fundamento facultativo!
¡Baja de esa cumbre, mi amor, y dame aunque sea un pellizco de monja en los
cachetes! ¡Sé que toda esa grosería tuya es solo el escudo de un pobre
huerfanito triste que necesita que le canten una canción de cuna!
PÁNFILO: (Desde
la jaula, aplaudiendo con el tenedor de tostar pan) ¡Vamos, Tulio, no seas tan
babieca! ¡Baja de tu nube burocrática y dale un picorete a la muchacha, que
hasta a mí me están dando ganas de verlos retozar!
REINA
FILOMENA: ¡Ni te molestes, Pánfilo! ¡Si a este le abres el pecho con
un abrelatas, en vez de corazón le sale un Alien avinagrado!
TULIO: (Bajando
de la cátedra como una araña enfurecida, con una cinta métrica en la mano)
¡¿Un picorete?! ¡¿Saben ustedes cuántas bacterias se transfieren en un beso y
el costo en jarabes que eso representa para la hacienda pública?! (Se planta
frente a Amapola y empieza a medirle el cráneo con la cinta métrica). A
ver, treinta centímetros de perímetro craneal totalmente vacíos de sentido
común. Escúchame bien, Amapola, para que te entre en esa mollera de corcho: ¡el
amor es una quiebra fraudulenta! ¡Un derroche de calorías! ¡Si yo te quisiera,
tendría que regalarte bombones en tu cumpleaños, y el azúcar está gravado con
el treinta por ciento de arancel de importación!
AMAPOLA: (Haciendo
pucheros y abriendo los brazos para acorralarlo) ¡No me importan los
bombones, Tulio! ¡Podemos alimentarnos de aire fresco y mirarnos a los ojos a
la luz de la luna! ¡Bésame, pellízcame!
TULIO: (Escurriéndose
por debajo de las piernas de Amapola a cuatro patas y saliendo por el otro lado
sacudiéndose el polvo) ¡La luz de la luna produce reuma articular y el aire
fresco da apetito, lo cual incrementa el consumo de pan por habitante! ¡Vete a
suspirar a una alcantarilla fuera de mi jurisdicción! ¡Y como no tienes dinero
para pagarme la multa de las ortigas, procedo al embargo inmediato de tu
calzado para subastarlo en la feria del usado!
Con un
movimiento rapidísimo de gancho usando su bastón de medir, TULIO le arranca el
zapato derecho del pie a AMAPOLA y lo guarda dentro de una caja fuerte de
caudales cerrando con tres candados.
AMAPOLA: (Saltando
en una sola pata, pasando del enamoramiento ciego a la indignación absoluta)
¡Mi zapato de charol de los domingos! ¡Devuélvemelo, garrapata con manguitos!
¡Te traje mi corazón en bandeja y me dejas coja de la pata derecha!
TULIO: (Mostrándole
un recibo sellado) ¡Aquí tienes tu comprobante de confiscación! ¡Puedes
reclamar el zapato dentro de cuarenta años presentando timbre fiscal y
certificado de defunción! ¡Y ahora largo de este patio, que estás gastando el
oxígeno de los contribuyentes solventes!
AMAPOLA: (Quitándose
el zapato izquierdo con furia y blandiéndolo en el aire como una maza de
guerra) ¡Hasta aquí llegó mi ilusión poética, Tulio! ¡Yo creía que tenías
el alma atormentada como un príncipe de novelón romántico, pero tienes el
espíritu de una chinche hervida! ¡Ladrón de zapatos! ¡Me voy ahora mismo de
este reino infame! ¡Cruzaré la frontera de Reino del Tax Tax y llegaré otra vez
ilusionada hasta el Reino de la Coliflor, donde la gente es feliz porque come
verduras y toma aire fresco gratis y no tiene un ábaco metido entre las orejas!
REINA
FILOMENA: (Lanzándole una pantufla bordada desde la jaula)
¡Toma, muchacha, ponte mis pantuflas real para el camino y no mires atrás, que
aquí el único hombre que vale la pena ya lo tengo yo enjaulado!
AMAPOLA: (Calzándose
la pantufla de la Reina y escupiendo hacia el escritorio de Tulio)
¡Gracias, majestad! ¡Y a ti, monstruo de la tinta agria, quédate con el otro
zapato y ojalá y te den de patadas cuando estés dormido! (Sale caminando con
dificultad por las pantuflas, muy digna, dando un portazo).
TULIO: (Frotándose
las manos con satisfacción y oliendo los dos zapatos) ¡Qué mañana tan
productiva! Un zapato seminuevo bien ganado, y un zapato gratis… cuatrocientos
gramos de ortigas para la sopa del almuerzo y una mujer menos estorbando y
quitándome el oxígeno. ¡Ahora sí, a cobrarle el impuesto de circulación a las
moscas! (Empieza a perseguir una mosca invisible por todo el escritorio a
golpes de matamoscas).
CUADRO
SEGUNDO:
El
espejo en el Reino de la Coliflor
Un paisaje
silvestre absurdamente placentero frente a una humilde y pintoresca cabaña en
el Reino de la Coliflor. En la escena hay Coliflores gigantes de cartón piedra y
pajaritos de trapo colgados con hilos visibles. MANFREDO lleva un delantal
bordado con margaritas; está arrodillado en el suelo hablándole con ternura a
una lombriz de tierra mientras sostiene una regadera.
MANFREDO: (Con
ternura) Perdóname, querida lombriz, por haber te pisado sin querer. Al
menos el susto fue breve y no sé si tienes familia… o tenías… pobrecita de ti...
(Entra
AMAPOLA arrastrando una maleta desvencijada, despeinada, sudorosa y caminando
con dificultad por sus pantuflas grandes. Al ver a Manfredo de espaldas, se
detiene en seco y abre los ojos como platos).
AMAPOLA: ¡Ja!
¡Lo sabía! ¡Un cobrador de impuestos nunca suelta la presa! ¿Me seguiste hasta
aquí para cobrarme intereses, maldito Tulio?
MANFREDO: (Se
levanta y se gira con una sonrisa angelical y los brazos abiertos) ¡Oh, una
viajera fatigada! Bienvenida sea usted al Reino de la Coliflor, donde las
verduras crecen gordas y los corazones son blanditos como puré de papa...
(AMAPOLA
no lo deja terminar: le propina un bofetón con todas sus fuerzas).
MANFREDO: (Tambaleándose
sin perder la sonrisa) ¡Ay, caramba! Qué saludo tan enérgico tienen en su
tierra. ¿Desea que le devuelva el golpe por cortesía o prefiere que le ponga la
otra mejilla para emparejar, digo?
AMAPOLA: (Desconcertada,
con el puño cerrado) ¡Deja de fingir, burócrata del demonio! ¿Qué te has
hecho en la voz? ¿Te tragaste una flauta dulce para disfrazarte de campesino
tonto y embargarme la maleta cuando me quede dormida?
MANFREDO: (Frotándose
la cabeza con dulzura) Señora mía, le juro por esta coliflor que jamás he
embargado nada que no sea de emoción al ver un atardecer. Yo me llamo Manfredo,
para servirle a Dios, a mi nodriza y a su manita que pega como mazo de feria.
AMAPOLA: (Acercándose
con los ojos entrecerrados, olfateándolo como un perro) ¡Mentiroso!
¡Ganapán! ¡Mequetrefe! ¡Tú eres Tulio! ¡Tulio, Tulio, el desgraciado! A ver, no te muevas... (Le agarra la cara
con ambas manos y se la estira sin piedad). ¡Es la misma nariz de gancho
para colgar longanizas! ¡Las mismas orejas de murciélago en paro! (Le abre
la boca metiendo los dedos). ¡El mismo colmillo chueco! ¡Y el mismo lunar
con forma de garbanzo encogido en el bigote!
MANFREDO: (Hablando
con los cachetes estirados) ¡Gugú, qué manos tan suaves tiene usted,
señorita! Suaves y poderosas, eh… Si me
va a arrancar el pescuezo, hágalo despacito para que me dure más el gusto de
mirarla de cerca.
AMAPOLA: (Soltándolo
de golpe y retrocediendo horrorizada) ¡Santa Patrona de los Bizcos! ¡Está
sonriendo! ¡Tulio jamás ha mostrado los dientes sino para reírse de un pobre desahuciado!
¡Y además hueles a albahaca recién cortada en lugar de oler a tinta rancia y
sudor de usurero! ¡Cuál es la trampa, el engaño, el timo…!
MANFREDO: No… Ninguna
trampa, bellísima muchacha. Soy cien por ciento rústico y natural.
AMAPOLA: ¡Eso
está por verse! Ningún ministro de finanzas sobrevive a la prueba del dinero en
metálico. ¡Mira esto! (Saca un puñado de monedas de su bolsillo y las arroja
al barro). ¡Vamos, Tulio! ¡Lánzate de hocico al lodo! ¡Muérdeme los
tobillos por estas monedas de plata, mi único patrimonio! ¡Calcula el interés hipotecario!
MANFREDO: (Recoge
las monedas con delicadeza, las limpia con su delantal y se las tiende a
Amapola haciendo una reverencia) ¡Oh, pobre criatura! Se le han caído todos
los botones de plata del vestido. Tenga, póngaselos pronto no sea que le entre
un aire colado por el ombligo y me le dé un catarro.
AMAPOLA: (Temblando
de emoción, llevándose las manos al pecho) ¡Me ha devuelto el dinero! ¡Y no
me ha cobrado comisión por agacharse! (Lo agarra de las solapas y lo sacude).
¡Dime algo grosero ahora mismo o me desmayo de confusión! ¡Llámame
"parásito tributario"! ¡Dime "cerebro de aire", “quita tiempo
estridente!!
MANFREDO: (Sonrojándose)
¡Pero cómo voy a llamarla así, si tiene usted los ojos más luminosos que dos
luciérnagas en un tarro de miel! A decir verdad, desde que me dio usted esa
bofetada, siento que el corazón está bailando un chotis dentro del pecho.
AMAPOLA: (Enamorándose
instantáneamente de forma fulminante y exagerada) ¡Ay, madre mía, un
chotis, si es mi baile favorito, y ya nadie lo baila eh! ¡Oh, no lo puedo creer,
tengo tanta suerte! Tienes la misma cara de canalla que me volvía loca en el
otro reino, pero eres como un perrito dulce, una lechuguita con mayonesa, un
platanito con crema… y miel! ¡Bésame las manos, Manfredo, que me quedo contigo y
tus coliflores gigantes hasta el día del Juicio Final!
MANFREDO: (Besándole
las manos con entusiasmo desbordante) ¡Qué felicidad! ¡Yo que pensaba que
me iba a quedar soltero hablando solo conmigo! Pero dígame, hermosa mía...
¿quién es ese tal Tulio que se robó mis agraciadas facciones pero con tan malos
modos? Yo soy único y solito en el mundo: un humilde huérfano sin parientes,
hallado debajo de un repollo por mi buena nodriza Amanda cuando aún no sabía ni
decir "mu".
AMAPOLA:
¿Huérfano tú también? ¡Pues ese Tulio vive a dos leguas de aquí, es el Ministro
de Finanzas del Rey GORGONIO, tiene exactamente tus veinte años y también jura
que es un huérfano recogido de un pozo seco!
MANFREDO: (Abriendo
la boca con asombro teatral) ¡Un amigo idéntico a mí! ¡Y huérfano como yo!
¡Cielos, Amapola, qué misterio tan apasionante! Siempre sentí que cuando me
rascaba la oreja derecha, alguien más sentía cosquillas en otra parte del
mundo. ¡Tenemos que ir ahora mismo a conocer a ese caballero! ¡Tal vez él sepa
quién nos fabricó esta hermosa nariz con el mismo molde!
(Se
abre de una patada la puerta de la cabaña y sale AMANDA la nodriza corriendo
como un toro bravo, haciendo girar su desproporcionado cántaro de lata por
encima de la cabeza. Los gemelos y Amapola se tiran cuerpo a tierra; Amanda
frena en seco y descarga un jarrón monumental en el suelo). cántaro
AMANDA:
¡Quieto todo el mundo o reparto jarronazos a domicilio! ¡Manfredo, suelta a esa
extraña loca despeinada y métete a pelar cebollas! ¡Al Reino del tax tax no vas
tú ni por error, ni por una mujer de cascos ligeros!
AMAPOLA: Óigame,
no se pase… ¡Y No sea aguafiestas, señora! ¡Que allá en Tax Tax vive otro
muchacho que es calcomanía exacta de su niño, pero en versión vinagrillo!
MANFREDO: Lo
siento en el alma, querida nodriza, pero el amor de esta dama de pantuflas
ligeras y que pega tan rico con sus manitas de pollo y el enigma de mi doble me
llaman con voz de trompeta. ¡Vamos al reino vecino a descubrir la verdad! (Toma
de la mano a Amapola y salen corriendo entre brincos ridículos).
AMANDA: (Tirándose
de los pelos y dando vueltas sobre sí misma) ¡Maldita sea la hora en que concebí
a ese par de brutos! ¡Si el Rey GORGONIO junta las dos mitades de su
borrachera, nos manda a freír en manteca de puerco a todos! ¡Espérenme,
insensatos, que allá voy yo con mi cántaro a destapar la cloaca real antes de
que rueden cabezas!
CUADRO
TERCERO: El callejón del espejo fiscal
Un
callejón estrecho y mugriento a la entrada del palacio en el Reino del
Impuesto. En la pared cuelga un cartel torcido que dice: «PROHIBIDO HACER
SOMBRA SIN LICENCIA MUNICIPAL». Por la izquierda entra TULIO caminando de
espaldas mientras mide con una cinta métrica el ancho de los adoquines y anota
en un pergamino kilométrico. Por la derecha entra MANFREDO caminando también de
espaldas, despidiéndose con un pañuelo de un pajarito imaginario, mientras
AMAPOLA se queda unos pasos atrás sacándose una piedrita de los dedos de los
pies.
TULIO
y MANFREDO chocan espalda con espalda con un golpe seco de tambor. Ambos dan un
salto, giran al mismo tiempo, chocan nariz con nariz, caen sentados al suelo en
perfecta simetría y se frotan la punta de la nariz exactamente con el mismo
gesto.
TULIO: (Rugiendo)
¡Ay, mi nariz de sabueso del SAT!
MANFREDO: (Suspirando
con dulzura) ¡Ay, mi naricita primorosa!
Ambos
se quedan congelados mirándose fijamente. Se levantan al mismo tiempo,
sacudiéndose el polvo de las rodillas al unísono.
TULIO: (Entrecerrando
los ojos, miope y furioso) ¿Pero qué despilfarro es este? ¿Quién ha mandado
instalar un espejo de cuerpo entero en mitad de la vía pública con fondos del
Estado? ¡Y encima con el vidrio empañado, que me saca cara de idiota feliz!
MANFREDO: (Maravillado,
hablándole a Tulio como si fuera un gran señor) ¡Oh, qué modales tan
distinguidos tienen en esta capital! Buenos días tenga usted, caballero. Qué
traje tan elegante lleva, aunque le noto el entrecejo un poquito arrugado, como
caracol frustrado.
TULIO: (Dando
un respingo) ¡El espejo habla! ¡O peor aún, hay un vagabundo metido detrás
del marco! A ver, si eres mi reflejo, tienes la obligación física de obedecerme
sin cobrar sueldo. ¡Prueba de sincronización óptica!
Comienza
el juego del espejo: TULIO, para comprobar si está frente a un cristal o ante
una alucinación por exceso de trabajo, empieza a hacer gestos grotescos.
MANFREDO, creyendo que se trata de la refinada etiqueta cortesana del Reino del
Impuesto, lo imita con absoluta seriedad y entusiasmo para no quedar como un
maleducado.
TULIO
saca la lengua hasta tocarse la barbilla y se tira de las dos orejas hacia
afuera. MANFREDO saca la lengua encantado y se estira las orejas haciendo una cómica
caravana cortesana.
TULIO
levanta la pierna derecha como un perro junto a un farol y se rasca la barriga
con ambas manos haciendo ruidos de mono. MANFREDO levanta la pierna con gracia
de bailarín clásico y se rasca la barriga sonriendo con ternura.
TULIO
se mete un dedo en la boca, infla los cachetes y se da tres palmadas en la
coronilla. MANFREDO hace exactamente lo mismo, produciendo un sonido hueco.
TULIO: (Satisfecho)
¡Uf, menos mal! Sí es un espejo. Por un segundo temí que hubiera otro sujeto en
el mundo usando mi cara sin pagarme regalías. Aunque tiene una mancha de mugre
aquí en el moflete...
TULIO
saca un pañuelo inmundo, le echa un salivazo ruidoso y le frota con fuerza el
cachete a MANFREDO.
MANFREDO: (Cerrando
los ojos conmovido) ¡Ay, qué detalle tan maternal! Hacía semanas que nadie
me lavaba la carita con tanto cariño. ¡Déjeme corresponderle el agasajo, buen
hombre!
MANFREDO
saca su delantal con olor a albahaca, agarra a TULIO por las orejas y le planta
dos besos sonoros en cada mejilla.
TULIO: (Dando
un alarido de terror y saltando hacia atrás como gato escaldado) ¡Socorro!
¡Guardias! ¡El espejo me escupió perfume de albahaca! ¡Un Doble, doppelgänger
subversivo! ¡Un falsificador de rostros! ¡Me piratearon mi amargado rostro!
(Entra
AMAPOLA corriendo y se coloca justo en medio de los dos, abriendo los brazos).
AMAPOLA: ¡Ni
espejo ni falsificación, Tulio! ¡Cierra esa bocaza de joven amargado y mira
bien quién tienes enfrente!
TULIO
se asoma por encima del hombro derecho de AMAPOLA; MANFREDO se asoma por el
izquierdo. TULIO baja la cabeza a la altura de la cintura de AMAPOLA; MANFREDO
baja por el otro lado. Empiezan a girar en círculo alrededor de AMAPOLA
persiguiéndose el uno al otro: TULIO intentando atrapar a MANFREDO para
estrangularlo con su cinta métrica, y MANFREDO persiguiendo a TULIO con los
brazos abiertos para darle otro abrazo.
TULIO: (Corriendo
en círculos) ¡Quieto ahí, vil usurpador! ¡Te voy a confiscar esa nariz, que
la tengo registrada entre mis bienes personales! ¡Amapola, ¿de dónde sacaste
esta falsificación barata de mi mi?!
AMAPOLA: (Mareada
de verlos girar) ¡Del Reino de la Coliflor! ¡Ya estense! ¡Se llama
Manfredo, y es la prueba viviente de que tu cara no tiene la culpa de que seas
un patán insufrible! ¡Yo con él sí me voy a casar, porque me gusta como me
gustabas tú, pero el no es tu, poruqe s otro y es muy lindo y tiene el corazón
dulce como un mazapán!
MANFREDO: (Deteniéndose
de golpe, provocando que TULIO choque contra su espalda y rebote al suelo)
¡Querido Tulio! ¡No sabes qué ilusión me hace conocer al primer dueño de los
ojos de mi prometida! Toma, te traje media coliflor cruda en señal de eterna amistad
entre hermanitos. (Le mete la coliflor en la boca a Tulio mientras lo
levanta del cuello de la camisa).
TULIO: (Escupiendo
hojas de coliflor, rojo de ira burocrática) ¡Puaj! ¡Verdura sin aranceles!
¡Suelta mi uniforme, palurdo campesino! (Saca su libreta y una pluma de
ganso gigantesca). ¡Ahora mismo te levanto un acta por plagio anatómico en
primer grado! A ver, confiesa antes de que te mande al calabozo: ¿quién te
alquiló mi verruga labial? ¿En qué taller clandestino te copiaron mi colmillo
chueco? ¿Cuál es tu fecha de origen? ¡Cuándo caducas?
MANFREDO: (Poniéndose
firme como un niño en la escuela) Nací hace exactamente veinte años, señor
ministro, durante la Gran Tormenta de San Viriato, la noche en que cayeron
ranas del cielo y se helaron los nabos.
TULIO: (Se
le cae la pluma de la mano; la recoge y se le vuelve a caer) ¿Cómo dijiste?
¿La noche de San Viriato? ¡No intentes confundirme con datos falsos! ¡Esa no
che es mi noche, es la fecha de mi nacimiento, y es mía!
MANFREDO: ¡Qué
casualidad tan hermosa! Seguro que nuestras madres eran vecinas y nos tuvieron
a los dos al mismo tiempo. Qué lindo. Aunque bueno, yo no tengo madre... Mi buena
nodriza Amanda me contó que me halló abandonado bajo un árbol, envuelto en una
manta vieja que tenía bordado un caballo bizco.
TULIO: (Llevándose
las manos a la garganta, al borde del colapso) ¿Un... un caballo bizco con
una herradura verde en la oreja?
MANFREDO:
¡Exactamente! ¡Y con tres agujeros de polilla en la cola! ¿Cómo lo sabes?
TULIO:
¡Porque yo tengo la otra mitad de esa manta guardada en mi baúl! ¡A mí el Rey GORGONIO
me juró que me habían recogido esa misma mañana del pozo seco de las
caballerizas reales! ¡Espera un momento... levántate el pantalón del tobillo
izquierdo!
MANFREDO: ¡Pero
caballero, aquí en medio de la calle no sé si debamos!
AMAPOLA:
¡Levántatelo ya, Manfredo, por amor de Dios!
TULIO
y MANFREDO se suben la pernera izquierda del pantalón al mismo tiempo y estiran
la pierna hacia el centro.
AMAPOLA: (Mirando
ambos tobillos con lupa) ¡Por todos los de la corte! ¡Los dos tienen la
misma mancha de nacimiento con forma de nabo mordido!
MANFREDO: (Dando
saltitos de alegría y aplaudiendo) ¡Ya lo entiendo todo! ¡No somos dos
personas distintas, Tulio! ¡Somos una sola persona que dividió en dos, pero nos
podemos juntar otra vez, a ver!
AMAPOLA: (Dándole
un coscorrón cariñoso a Manfredo) ¡No seas burro, mi amor! ¡Lo que pasa es
que son hermanos gemelos! ¡Nacieron del mismo vientre, los cortaron por la
mitad de la manta y les mintieron con la misma mentira mentirosa!
MANFREDO: (Llorando
a moco tendido de felicidad) ¡Un hermano! ¡Tengo un hermanito igualito a mí!
¡Ven a mis brazos, sangre de mi sangre, mitad de mi manta! (Se lanza sobre
Tulio y lo levanta en vilo, dándole vueltas en el aire).
TULIO: (Pataleando
en el aire con los ojos inyectados en sangre) ¡Bájame, alcornoque, badulaque,
tarambana! ¡Esto no es motivo de celebración, es el mayor escándalo de la
historia! ¡¿Me estás diciendo que había dos ejemplares del mismo lote y que a
ti te mandaron de vacaciones permanentes a regar lechugas mientras a mí me
esclavizaron veinte años sumando los impuestos de ese Rey panzón?!
MANFREDO: (Bajándolo
al suelo con delicadeza) Bueno, pero a ti te dieron un bonito escritorio y
un título de ministro...
TULIO: ¡Me
dieron una úlcera gástrica y salario cero porque según el Rey yo le debía el
favor de no haberme dejado comer por los cerdos del establo! ¡Veinte años de
horas extras no remuneradas! ¡Esto rompe todos los convenios colectivos de la
orfandad! (Agarra a Manfredo de una oreja y a Amapola de la trenza).
¡Caminen ahora mismo hacia el patio real! ¡Hoy el Rey GORGONIO me paga mis
veinte años de aguinaldo atrasado o le embargo hasta los calzones de franela!
MANFREDO: (Caminando
feliz mientras Tulio lo arrastra de la oreja) ¡Ay, Amapola, mira qué
carácter tan decidido tiene mi hermanito! ¡Cómo aprieta la oreja, igualito que
las tenazas de mi nodriza! ¡Lo amo!
Salen
los tres a tropezones rumbo al patio del palacio.
CUADRO
CUARTO: El cántaro de leche y los pechos privilegiados
De
vuelta en el patio del palacio del Reino del Impuesto. En la jaula del fondo,
LA REINA FILOMENA y PÁNFILO EL CABALLERANGO están comodísimos: han colgado
cortinas de encaje en los barrotes, tienen un brasero con salchichas gigantes asadas
y Pánfilo le está pintando las uñas de los pies a la Reina con un pincelito de
pelo de camello.
Por el
centro entra EL REY GORGONIO montado a caballito sobre una escoba con cabeza de
trapo, arrastrando su manto real lleno de manchas de cátsup y mostaza y
abrazando una bota de vino de colores vivos.
REY GORGONIO: (Cantando
desafinado) ¡Arre, corcel financiero, que hoy cobramos el diezmo del
agujero! (Se tropieza con su propia barriga, rueda como tonel por el suelo y
queda sentado sin dejar de beber el vino de la bota). ¡Milagro! ¡Se rompió
el coxis del monarca, pero se salvó el Rioja que traigo en mi bota española!
¡Tulio! ¡Tulio, rata de archivo! ¡Ven a levantar a tu Rey antes de que las
hormigas me cobren derecho de piso!
REINA
FILOMENA: (Asomándose entre las cortinas de la jaula con unos
binoculares de teatro) Mira, Pánfilo, el panzón de mi marido ya se cayó de
espaldas otra vez. Te apuesto dos salchichas gordas a que hoy no se acuerda ni
de en qué siglo vive… Y no le des salchichas ya, mira cómo se pone.
PÁNFILO: No,
pichona, Todas las salchichas son para mí. Y para ti también, lo juro… A ver,
dame tu otro piecito….
De
pronto, las puertas del patio se abren de una patada sincronizada. Entran TULIO
y MANFREDO caminando al mismo paso militar, seguidos por AMAPOLA, que viene
tocando un tambor abollado.
TULIO
y MANFREDO: (Al unísono, aunque Tulio ruge y Manfredo
canta) ¡Alto a la tiranía del viejo mezquino y malvado!
REY GORGONIO: (Parpadeando,
se tapa el ojo izquierdo con la mano, luego el derecho) ¡Santo dios del vino
tinto! ¡Este vino tan fino se me ha subido tanto que veo doble! ¡Estoy viendo
dos ministros de finanzas! (Se levanta tambaleándose y se acerca a los
gemelos). A ver, ¿cuál de los dos es mi rata cobradora de impuestos y el otro es Rata o es ratón?
EL REY
muere de risa de sus propias palabras y le da un sopapo sonoro a TULIO en la
mejilla.
TULIO: ¡Ay!
¡Ese soy yo, la rata cobradora, viejo decrépito!
REY GORGONIO: ¡Ajá!
Si este duele, el otro tiene que ser el ratón. (Le da otro sopapo igual de
sonoro a MANFREDO).
MANFREDO: (Sin
perder la sonrisa) ¡Ay, que tierno, me dijo Ratón… Siempre he querido ser
un ratón?
REY GORGONIO: (Dando
un salto hacia atrás y santiguándose con la damajuana) ¡Auxilio! ¡El
ratoncito habla! ¡Esto es una sueño o una maldición! ¡Que traigan agua bendita que
traigan un exorcista! ¡Tulio, ¿por qué te has multiplicado sin pedirme permiso?!
¡Dos ministros significan gastos dobles en el comedor del palacio!
TULIO: (Sacudiendo
un pergamino frente a la nariz del Rey) ¡No soy una alucinación, pero voy a
ser tu pesadilla, langosta avariciosa con corona! ¡Este papanatas sonriente es
Manfredo, mi hermano gemelo! ¡Aquí tenemos las pruebas: misma nariz de gancho,
misma mitad de manta con caballo bizco y el mismo lunar con forma de nabo
mordido en el tobillo! (Ambos gemelos levantan la pierna izquierda al mismo
tiempo y le ponen los tobillos peludos en las narices al Rey).
AMAPOLA:
¡Huela, majestad, huela! ¡El mismo aroma a orfandad fraudulenta! ¡Viejo puerco!
¡Lleva usted veinte años diciéndole a Tulio que lo sacó pozo para no pagarle
sueldo, mientras al pobre Manfredo lo escondió en el Reino de la Coliflor!
MANFREDO: (Con
ojos llorosos) Señor Rey, yo no vengo por el dinero... Yo solo quería conocer
a toda mi familia
REY GORGONIO: (Acorralado,
tirando la escoba al suelo y poniéndose morado de berrinche) ¡Tu familia!
Eso es mucho decir, Maldito bastardo! ¡Está bien, quieren saber de dónde
salieron, hijos del adulterio?… ¡pues agárrense los pantalones! ¡Ustedes no son
huérfanos del basurero! ¡Son los bastardos inmundos que parió la adúltera de mi
esposa con ese mozo de cuadras que huele a alfalfa masticada! (Señala con
dedo acusador hacia la jaula).
En la
jaula, PÁNFILO se come los pelos del pincel de camello de la impresión.
REINA
FILOMENA: (Sacando la cabeza entre los barrotes hasta casi
desencajarse las orejas) ¡¿Qué dijiste, barril con patas?! ¡Repite eso, gorda
pelota de pilates!
REY GORGONIO: ¡Digo
la verdad histórica! ¡Hace veinte años los pesqué a ustedes dos en el pajar
real! ¡Los encerré en esa jaula por traidores a la corona, y a tiempo después encontré
a estos dos engendros berreando en la cuna del palacio! ¡Los repudié por tener
sangre de establo, mandé a uno lejos para no verlo, y me quedé con Tulio porque
tenía dedos largos para contar monedas!
PÁNFILO: (Aporreando
los barrotes con el rascador de caballos, indignadísimo) ¡Alto ahí,
calumniador con cetro! ¡Yo podré ser un vago y un jinete de alcoba ajena, pero
jamás un padre irresponsable! ¡La Reina Filomena y yo somos inocentes… No somos
nada de ese par de narigones!
REINA
FILOMENA: ¡Díselo, Pánfilo, díselo sin anestesia! ¡Mira esta
cintura, GORGONIO! (Se levanta la falda mostrando tres fajas encimadas).
¡Jamás he parido ni un suspiro! ¡Cuando Pánfilo y yo nos metíamos al pajar, lo
hacíamos con extrema precaución!
TULIO: ¿Y
qué hacían entonces, señora?
PÁNFILO:
¡Jugar al dominó de paja! ¡Todo seguro hijo, es lo mejor para no tener niños
que no puedas cuidar!
REY GORGONIO: (Rascándose
la coronilla debajo de la corona) ¡Pero cómo que jugaban al dominó seguro!
¿Y entonces quién demonios puso dos niños idénticos en la cuna real la mañana
de la tormenta de San Viriato? ¿Las cigüeñas?
Se
escucha un estruendo de cacerolas en la entrada. Aparece AMANDA la nodriza
corriendo, haciendo girar su desproporcionado cántaro de lata por encima de la
cabeza. Los gemelos y Amapola se tiran al suelo; Amanda frena en seco y
descarga un jarronazo monumental en el suelo.
AMANDA: ¡Las
cigüeñas de tu abuela, Rey cabeza de chorlito! ¡Esos dos pedacitos de cielo salieron
de esta barriga mía, y el semental culpable no fue el caballerango, sino tú
mismo, viejo pellejo!
TODOS: (Levantándose
de golpe) ¡¿QUÉ?!
REY GORGONIO: (Temblando)
¡Mentira! ¡Calumnia total! ¡Yo jamás he tocado a una nodriza si no es para tomar
un trago de leche!
AMANDA: (Avanzando
hacia el Rey mientras le da golpecitos en la panza con el jarrón) Pues sí,
es el caso, y tomaste un poquito más que un solo trago… ¡Haz memoria, barril
con patas! Hace veinte años y nueve meses, la noche de la Gran Helada de Enero,
te bebiste tú solito cuatro toneles de vino rioja soberano. A las tres de la
mañana empezaste a dar de alaridos desde tu cama real: «¡Que me traigan leche
caliente con canela o mando a degollar a todos!».
REY GORGONIO: (Sudando
frío) Bueno... a veces me causa acidez, ya saben, prefiero el vino blanco...
AMANDA:
¡Entré yo a oscuras con La jarra llena de leche caliente! Y tú, con una
borrachera que no distinguías un candelabro de una obispa, me echaste el guante
al delantal, me tumbaste en el colchón de plumas y me dijiste al oído: «¡Ven
acá, pedacito de vaca tibia, que tengo los pies helados y tú hueles a queso
fresco!».
TODOS: (Hacen caras de arghh) ¡Arghhh!
EL REY
GORGONIO suelta la bota de vino, que Amapola atrapa al vuelo. El Rey se acerca
a Amanda en cámara lenta, le olfatea el hombro izquierdo, luego el delantal, y
abre los ojos maravillado.
REY GORGONIO: ¡Por
todos los santos! ¡Leche hervida y queso de cabra! ¡Tú eras la nubecita tibia,
la hermosa vaca lechera hecha mujer hermosa! ¡Y yo que me pasé veinte años
creyendo que aquella noche me había abrazado a una oveja exuberante que se metió
por el balcón!
AMANDA:
¡Oveja exuberante tu madrecita, viejo baboso! A la mañana siguiente roncabas
como un marrano y no te acordabas de nada. Pero nueve meses después, yo parí a
estos dos mellizos detrás de la despensa. Como sabía que si te enterabas de que
eran tuyos me mandarías a la horca por allanamiento de colchón real, los
envolví en la manta del caballerango y los metí en la cuna del palacio para que
creyeras que eran bastardos de tu mujer. ¡Y luego me contrataste a mí misma
como nodriza para criarlos con estos dos exuberantes pechos míos!
REY GORGONIO: (Llevándose
las manos a la cara y soltando una carcajada descomunal) ¡Jajajaja! ¡Qué
jugada maestra! ¡O sea que no soy viejo ridículo y cornudo, sino padre amoroso
por partida doble…
TODOS:
(Hacen
caras de sí, no… más bien no) Mhhh, mhhh, mmmhhhh.
REY GORGONIO: …Y ya,
lo que sí, francamente s ellos digo, es que me ahorré la pensión alimenticia
durante veinte años! ¡Venid acá, esperpentos de mi sangre! (Abre los brazos
hacia los gemelos).
MANFREDO: (Corriendo
a abrazar la barriga del Rey) ¡Papito lindo! ¡Sabía que debajo de esa capa manchada
de mostaza y capsup latía el corazón de un padre amoroso!
TULIO: (Sacando
su ábaco a toda velocidad y haciendo sonar las bolas de madera) ¡Un
momento, quieto todo el mundo! Si soy hijo legítimo de las entrañas del Rey,
eso anula mi contrato de huérfano recogido y me convierte automáticamente en
Alteza Real con derecho a veinte años de sueldo real retroactivo, aguinaldo
compuesto, indemnización por daños morales y herencia del trono... (Sonríe
por primera vez en toda su vida con una mueca aterradora). ¡Soy rico! ¡Rico
e impune!
REY GORGONIO: (Mirando
a Tulio con lágrimas de orgullo paterno) ¡Escúchalo, Amanda! ¡Acaba de
descubrir que tiene un padre y lo primero que hace es calcularme el embargo!
¡Es idéntico a mí cuando destroné a mi abuelo a sillazos! ¡Tulio, hijo de mi
alma, por ser el más ruin, avaro, cínico y desalmado de los dos, te nombro
desde este segundo Heredero Universal y Rey Regente en funciones! ¡Toma la
corona, que me aprieta la frente y ya me cansé de firmar decretos! (Le
encasqueta la corona a Tulio hasta las orejas).
MANFREDO: (Dando
palmaditas) ¡Bravo por mi hermanito! ¿Y a mí qué me toca, papito rey?
¿Puedo ser Ministro de Ecocultura y progreso sustentable?
REY GORGONIO: ¡Tú?...
¡Estás tonto de capirote, Manfredo! Con esa sonrisa de pan dulce nos
arruinarías el reino en quince minutos creando Utopías sustentables y
desarrollos progres. No, no, no… A ti te nombro Duque Vitalicio de la Nube
Flotante, te regalo tres hectáreas de repollos libres de impuestos y te doy
permiso para que te cases con esa muchacha que te mira con cara de hambre.
AMAPOLA: (Saltando
al cuello de Manfredo) ¡Aleluya! ¡Me llevo al gemelo guapo, con título de
duque y sin libros de contabilidad en la cama!
REINA
FILOMENA: (Sacudiendo la puerta de la jaula hasta hacerla
chirriar) ¡Oye, GORGONIO, menos repartición de coronas y más justicia! ¡Si
los mellizos son tuyos y de la nodriza, ¡entonces Pánfilo y yo somos inocentes
del cargo de adulterio doloso!
REY GORGONIO: Ummm,
sí, no… No sé… pero está bien, Son libres…¡Ahora tendrán que ponerse a
trabajar y ya no recibirán los
beneficios del estado.! (Saca una llave gigante del cinturón y abre el
candado de la jaula). ¡Quedan oficialmente perdonados, divorciados y
puestos en la calle!
PÁNFILO: (Asomándose
con desconfianza fuera de la jaula) ¿En la calle? Oiga, majestad, ¿no nos
podemos quedar otros diez añitos presos? Es que aquí adentro no entra chiflón y
nos traen el desayuno a la cama...
REINA
FILOMENA: (Tirando de Pánfilo por la oreja fuera de la jaula)
¡Camina para afuera, Pánfilo, no seas haragán! ¡Con los veinte años de castañas
que tenemos ahorradas debajo del colchón nos compramos una posada en la
frontera y por fin tiramos el dominó seguro todo el verano! ¡Adiós, cornudos y
parientes, que nos vamos a pasar la vida como siempre, disfrutando, pero ahora
al aire libre! (Salen la Reina y Pánfilo bailando una conga descontrolada y
tirando pétalos de coliflor).
REY GORGONIO: (Poniéndose
un sombrero de paja de playa encima de la peluca y ofreciéndole el brazo a
Amanda) Y ahora, mi querida Mujer tibia y exuberante, para reparar veinte
años de mala memoria real, declaro por edicto perpetuo que tus dotes salvadoras
figuren en el escudo de armas de la nación bajo el título de Los Mejores atributos…
Agarra ese Jarrón, mujer, que tú y yo nos vamos de luna de miel atrasada a
tomar el sol a las Playas de Cancún.
AMANDA: (Dándole
un empellón cariñoso al Rey) ¡Andando, viejo verde, pero esta vez la leche
con canela te la calientas tú solito!
TULIO: (Subido
encima de Cátedra con la corona torcida y golpeando un mazo de juez) ¡Alto
ahí la procesión de los felices! ¡Como nuevo Rey en funciones del Reino del
Impuesto, promulgo mi Ley Número Uno! ¡Diez monedas de oro por derecho de
abdicación para mi padre! ¡Quince monedas por uso de título nobiliario para mi
hermano! ¡Veinte por licencia matrimonial para mi exnovia! ¡Y cincuenta monedas
de multa a mi madre por haberme parido sin timbre fiscal en el ombligo!
¡Guardias, traigan la red de cazar contribuyentes!
AMANDA: (Levantando
el cántaro) ¡Corre, GORGONIO, que el niño nos salió más ladrón que tú!
TULIO
salta del escritorio persiguiendo a todos con su cinta métrica y su libro
mayor; el REY, AMANDA, MANFREDO y AMAPOLA corren en círculos alrededor de la
jaula vacía entre gritos, risas y jarronazos al aire mientras cae el telón de
golpe.
FIN