FIRST CLASS: AVIACIÓN DE ALTURA
No
para cualquiera, menos para la "Chicken Class"
(Buscando un Upgrade)
Farsa cómica en un solo acto y cuatro cuadros
De Benjamín Gavarre
FIRST CLASS: ALTA AVIACIÓN No para cualquiera, menos para la "Chicken Class" (Buscando un Upgrade). © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International
FIRST
CLASS: ALTA AVIACIÓN (No para cualquiera, menos para la "Chicken
Class") es una farsa que desnuda el clasismo y las pretensiones absurdas en el
caótico mundo aeroportuario. En el inmaculado mostrador de Primera Clase de una
prestigiosa aerolínea europea, en una imaginaria Ciudad de México, Lagarde, un
supervisor obsesionado con la etiqueta del "primer mundo", gobierna
su pequeño imperio de mármol menospreciando a sus propios compatriotas y
negándole un merecido beneficio a Ramírez, el muy calificado mecánico de pista.
Sin embargo, la estricta ilusión de superioridad europea y protocolo estricto
se desmorona por completo con la irrupción de un Viajero (Miguel), un
excéntrico y desenfadado multimillonario norteño que viaja en chanclas y con
boleto de primera clase pagado en efectivo. Entre verdades directas, cacahuates
esparcidos por la alfombra y una tormenta que desata delirios celestiales, los
empleados terminarán mandando a la goma sus uniformes apretados para recordar,
entre risas y tequilas, de dónde vienen realmente.
PERSONAJES:
- LAGARDE (Juan):
Supervisor de Primera Clase en una afamada línea aérea internacional.
Viste el uniforme como si fuera alta costura parisina, como si fuera el
fuselaje de un avión, impecable y tenso. Niega rotundamente su origen
latino.
- GRETEL:
Agente de mostrador. Lleva quince años sonriendo a la fuerza. Sus pies
están destruidos por los tacones reglamentarios.
- OSVALDO:
Agente de puerta. Un snob camaleónico… Se le van los ojos con los pilotos
e incluso con los copilotos. A veces se acuerda que es un chico de barrio
y se le olvida el alemán…
- RAMÍREZ: Mecánico
de pista. Su sueño es viajar en Primera, o ya si se puede en “Bisnes”.
Observa el Circo del Mostrador con ironía… Siempre tiene una bolsa de
cacahuates a la mano. Sencillo, bonachón, siempre lleva sus tenis favoritos.
- EL VIAJERO (Miguel): Pasajero de la Primera Clase Premium. Pelo largo, sandalias,
pantalones de manta. Un norteño desenfadado y multimillonario excéntrico
que ama el lenguaje de barrio, relajado y completamente inmune a las
pretensiones de estatus.
ESCENOGRAFÍA:
El inmaculado mostrador de First Class de una aerolínea europea. En lo
alto, coronando la escena, un reluciente y ostentoso letrero dorado que dicta: "EXCLUSIVIDAD". Este letrero debe operar casi
como un personaje físico; al inicio brilla con una luz blanca y dorada
insoportablemente elegante, pulcra y cegadora. En el suelo, una alfombra roja
impecable que parece intocable. De fondo, un inmenso ventanal que domina la
vista de las pistas del aeropuerto.
CUADRO I: EL CIELO AZUL Y EL SUDOR DE LOS MORTALES
(El
escenario se ilumina con una luz brillante y cálida. A través del ventanal, los
aviones se ven en un cielo azul de ensueño, despejado, cruzado apenas por
estelas blancas. Todo es paz artificial. El letrero de "EXCLUSIVIDAD"
resplandece en su máximo y soberbio esplendor.
LAGARDE está de pie frente al mostrador, cepillando
meticulosamente la manga de su saco. GRETEL teclea en su computadora con
expresión de dolor sordo. OSVALDO revisa una tableta electrónica con porte
militar).
LAGARDE: —(Sin dejar de cepillarse,
mirando al horizonte con superioridad) Cuando un pasajero de Primera
Clase nos mira, Osvaldo, no ve a un simple mortal; ve el paraíso aspiracional con
alas. Revisa tu aspecto. El doblez del pantalón debe estar tan tenso y recto
como la pista de aterrizaje de Frankfurt. Hay que ser serios en esta compañía.
Aquí nos manejamos con el abecedario de la alta sociedad, con el alfabeto
internacional. Por ejemplo: Alfa, de Alfa Romeo, el auto premium que manejo y que claramente
no es para pobres. Bravo, por mi excelencia. Y Charlie... por el príncipe de Gales, obviamente mi
inspiración. Este uniforme es la civilización en su crema y néctar misma.
Voila, N de Néctar.
GRETEL: —(Masajeándose las sienes,
arrastrando las palabras) Y Delta de De plano ya no aguanto. Bien, esperamos dos o tres
pasajeros ilustres: la viuda del embajador de Ginebra… y el diputado del neo
partido español de fuerza negra… mh… suena “importante”. La Abadesa chilena del
séptimo sello, el consultor suizo de la iglesia de los últimos cielos…
LAGARDE: —(Embelesado, cerrando los ojos)
La crema y nata del hemisferio norte. Ayer el Capitán Müller me saludó por mi
nombre en el pasillo. "Guten Abend, Lagarde",
me dijo. Olía a pino negro de los Alpes y a cielos internacionales.
GRETEL: —Müller ni siquiera habla
español, Lagarde. Probablemente estornudó o traía tos de perro. A mí me duelen
tanto los juanetes que siento que me palpitan en código Morse. ¿Podemos
sentarnos un segundo? La terminal está vacía, no viene ni una mosca. Los
importantes siempre llegan tarde.
LAGARDE: —¡Sacrilegio! ¡Un agente de
First Class nunca se sienta! Las rodillas dobladas son de clase turista, de
gente que viaja apretada con su cajita de huevo. Mantén la sonrisa, Gretel. Tu
rictus es lo único que nos separa del tercer mundo. Sigamos con el protocolo,
que los ojos del mundo nos ven. A ver, Osvaldo, ¿cuál sigue?
OSVALDO: —(Firmes, como soldado)
¡Hotel-Néctar, señor Lagarde!
LAGARDE: —Exacto... Hotel-Néctar-Whiskey: Esperamos que disfrute su viaje
en nuestras deliciosas camas Firs Class, es o hay que decirles a los
pasajeros con tarjeta VIP de oro negra platinada. (Gretel hace una mueca de asco y
se mete el dedo a la boca a sus espaldas. Lagarde voltea a verla de inmediato).
¡Ejem! Estamos trabajando. Nada de caras. Te estoy Vigilando, Gretel.
(Entra
RAMÍREZ. Lleva su overol de mecánico atado a la cintura y aprieta contra su
pecho un fajo enorme de pases de abordar de papel, desgastados, amarrados con
una liga de hule. Camina con cautela hacia el borde de la alfombra roja).
RAMÍREZ: —Con permiso, buenas tardes...
Señor Lagarde, mi vuelo sale en cuarenta minutos. Voy a ver a mi madrecita a Berlín.
Mire... (Saca con orgullo el fajo de papeles y le quita la liga con
cuidado). Junté todos los pases de abordar en clase turista que me
han dado estos diez años trabajando aquí. Son más de cien tramos limpios. El
sistema marca cinco lugares vacíos allá arriba, en la mera First Class... y
quería ver si me da el upgrade por prestación de empleado. Me cae que me porto
bien.
LAGARDE: —(Lo mira como si acabara de ver
una mancha de grasa de motor en su solapa limpia. Suelta una carcajada fría y
falsa)— ¿Un upgrade? ¿A Primera Clase? ¿Tú? Osvaldo, por favor, ven
a ver esta pieza de colección arqueológica. ¡Trae pases impresos térmicos del
siglo pasado!
OSVALDO: —(Se acerca contoneándose, mira
el fajo de papeles con asco y se burla usando el alfabeto de Lagarde)—
¡Uy, no! Qué horror. Eso no es un boleto de avión, es código Sierra-Tango-Foxtrot-Zulú: solo falta que se ponga a
bailar la Chona… Ese hombre es de los que huelen a sudor de camión
urbano y a torta de tamal en la sala de espera.
LAGARDE: —Exactamente, Osvaldo.
Ramírez... en mi cabina Premium los pasajeros entran con mocasines de diseñador
que hacen "clack-clack" sobre el mármol de Carrara. ¿Y tú qué traes?
¿Unos tenis?
RAMÍREZ: —(Ofendido, levantando el pie
para presumirlos)— ¡No son unos tenis cualquiera, señor
Lagarde! Son unos Concha blanca quieres edición especial, originales.
LAGARDE: —(Se lleva una mano al pecho,
horrorizado, como si le hubiera dado un síncope)— ¡Uhhh! ¡Mmm! Concha
blanca me suena a insulto. ¡Qué sacrilegio! Me va a dar el patatús... Osvaldo,
sácame el espray desinfectante. Ramírez no sabe que su… Calzado Hace
"squish-squish". Si pisa la alfombra roja, desestabiliza el centro de
gravedad estético de todo el avión. Esos papelitos arrugados y esos tenis apestosos
no te alcanzan ni para que te dejemos oler las toallitas calientes con aroma a
lavanda. Y no, tú no vas a probar el Catering de First Class… No tú. Denegado.
RAMÍREZ: —(Apretando sus papeles,
tragándose el coraje)— ¡Pero llevo diez años desarmando y limpiando
las turbinas de sus aviones para que sus capitanes alemanes puedan volar
seguros! ¡Yo les aseguro el cielo a ustedes! Bueno, al menos a los capitanes y
a los copilotos que a ustedes ni los pelan.
LAGARDE: —Eso es lo que tú cree, Osvaldo.
Somos grandes amigos. A ti te han de ver como a una hormiga que se acerca a sus
finos zapatos alemanes. ¡El cielo de nuestra compañia te lo agradece, Ramírez! Pero
Limpiar el motor no te da derecho a sentarte junto a los que pagan el
combustible. Ni mucho menos a sus Very Special Usuarios. Así que aborte tus ilusiones de pobre. Guarde
su colección de basura y retírate… lejos de la alfombra. Ush, Sáquese… Mire, vaya
allá enfrente, en la aerolínea de bajo costo de la Terminal 2. ¡Allá permiten
las suelas de goma, las mochilas de lona y cobijas del Tigre! ¡Guten viaje!
(Lagarde
y Osvaldo sueltan una risita burlona y arrogante, dándole la espalda. Ramírez,
profundamente humillado pero con la dignidad intacta, vuelve a amarrar sus
pases de abordar con la liga de hule. Aguanta vara. No se va de la terminal;
camina arrastrando los pies hacia una esquina sombreada del escenario, saca su
caja de herramientas de metal, la azota en el suelo y se sienta arriba de ella,
cruzando los brazos, clavándoles una mirada de "ya veremos" mientras
espera a ver si se abre el milagro).
CUADRO II: La llegada de la libertad
(El
azul del ventanal empieza a perder brillo. Unas tenues nubes grises comienzan a
asomarse por los bordes, densas, cargadas de tormenta. En la terminal, la
atmósfera se siente un poco más pesada, más sofocante.
Un
silbido alegre, profundo, que imita el viento del océano o el canto de un ave
tropical, interrumpe la solemnidad del mostrador. Los tres empleados se
congelan.
Entra
EL VIAJERO (Miguel). Camina despacio, arrastrando unas sandalias de cuero
desgastadas que hacen un eco orgánico. Trae una mochila inmensa llena de
parches de países remotos, maravillosos, quizá de la fantasía exótica… Se
alcanza a leer Polibrisa, Mar de la felicidad, Islas Fiesta… El Viajero usa pantalones de
manta y una camisa de lino abierta. Mastica un palillo con un desparpajo
absoluto).
EL
VIAJERO: —Qué
elegancia..., raza. Tienen la espalda tan tensa que parece que tienen apretadas
las ganas de vivir. (Le guiña un ojo a Gretel, con una sonrisa
magnética). Qué calor afuera, güera, y aquí ustedes como los
sirvientes de lujo… ¿Esperan muchos diputados y congresistas todo pagado? ¿De
aquí sale el pájaro de metal que cruza el charco hasta Bali? Ah, pero primero
tengo que hacer conexión en Frankfurt, naturlich.
LAGARDE: —(Gélido, dando un paso al
frente para bloquearle el paso con el pecho inflado) Caballero. ¿Ha
perdido su ruta de viaje? Se informó en Viajes Pachanga antes de venir al aeropuerto…
El vuelo a Frankfurt, tarifa económica
de Chicken Class —sin derecho a equipaje ni a dignidad— está en la Terminal 2.
Siga la línea amarilla del suelo y camine mirándola atentamente y no se ponga
derecho como nosotros, eso es solo para las personas bien nacidas.
EL
VIAJERO: —(Riendo con una voz profunda, golpeando el mostrador de mármol con
suavidad) ¿Terminal 2? No, compa, a mí me gusta el aire de este
lado. No está mal estar derecho, pero a ti parece que te insertaron un palo por…
la mañana. (Lanza su pasaporte de cuero desgastado sobre el mármol).
Asiento 1A. Pagado al chas-chas, pariente. Al contado y sin pedir permiso.
(Gretel
teclea con dedos temblorosos. La pantalla emite un destello verde intenso).
GRETEL: —Lagarde... la pantalla se puso
verde. Es tarifa VIP Imperial. Full Flex. Quince mil euros pagados en
efectivo... con billetes que huelen a mar.
LAGARDE: —¡Falla crítica en el sistema! (Retrocede, aterrorizado por el contraste de las sandalias y el
dinero. Toca su intercomunicador en el hombro, histérico). ¡Osvaldo,
Gretel! ¡Tenemos una emergencia! ¡Un Oscar, Papa, Lima en el mostrador! ¡Un
civil peligroso! ¡Preparen protocolo!
EL
VIAJERO: —(Apoyándose en el mostrador, mirándolo con una mezcla de lástima y
diversión) Tranquilo, pariente. No te me alteres con el abecedario
militar, que se te va a doblar el traje y te va a dar el patatús. A ver,
engominado... ya que andas muy salsa deletreando las letras de la aviación, te
devuelvo el código. A ver si eres tan ducho. ¿Qué significa en tu manual: Juliet-Uniform-Alfa-November?
(Lagarde,
Gretel y Osvaldo se quedan helados. Lagarde abre los ojos desmesuradamente).
OSVALDO: —(Temblando, calculando con los
dedos) J... U... A... N... ¡Herr Lagarde, descifré el mensaje! ¡Es
una clave encriptada de alta seguridad! Juramos Una Alianza Natural…. Mmmm… No
tiene sentido… Quizá: Jamás Unidos
Antípodas Naturales… No… ¡Tampoco!
LAGARDE: —(Sudando frío, tocándose el
cuello de la camisa) ¡No! ¡Es información clasificada! Es JUAN,
inepto. ¡Pero Nadie, nadie me llama Juan
desde hace años! ¡Mi nombre es un secreto de Estado aeronáutico!
EL
VIAJERO: —(Le da una palmadita suave en la mejilla) J.U.A.N. Relájate,
Juanito. No es tan mal nombre… Es breve… Humilde… Breve… Pero Qué estresados
viven en su castillito de papel. Se les va la vida cuidando como perras de lujo
un mostrador de mármol… El estrés arruga
el cutis. El mundo allá afuera es muy grande, disfrútenlo, es gratis.
CUADRO III: CACAHUATES, TATUAJES, ROCANROL
(La
Vista tras ventanal cambia drásticamente. El cielo azul ha desaparecido por
completo. El telón de fondo es ahora de un gris plomo y unos relámpagos comienzan
a iluminar las nubes. El letrero de "EXCLUSIVIDAD" parpadea con una
luz inestable y se escucha apenas un sonidito raro.
El
Viajero saca una cerveza helada de su mochila, le quita la corcholata con el
cinturón de un solo golpe limpio. El sonido del gas al escapar suena como un
suspiro de libertad. Bebe un trago largo).
RAMÍREZ: —(Desde su rincón, estallando en
una carcajada limpia, libre) ¡Jajaja! ¡Se los chamaqueó redondito,
compa! Oiga, viajero... ¿gusta unos cacahuates japoneses para acompañar la
larga… espera?
EL
VIAJERO: —(Volteando a verlo con una mirada de absoluta complicidad)
¡A huevo, pariente! Vente para acá, mi chingón. Per acércate, pareces regañado ahí
todo encogido. Esta alfombra roja está bien grande y aquí cabemos todos los que
sabemos caminar a gusto y sin zapatos duros.
(Ramírez
duda un segundo, mira sus tenis Nike carísimos, pero la invitación del Viajero
tiene un magnetismo salvaje. Camina directo al centro de la alfombra roja.
Ambos chocan las manos como viejos amigos del camino y empiezan a compartir
cacahuates, masticando ruidosamente e ignorando las reglas).
LAGARDE: —(Desquiciado, cayendo de
rodillas como si viera el fin del mundo) ¡FUD! FOXTROT-UNIFORM-DELTA
en la plena zona VIP! ¡Trocitos de cacahuate de a peso están contaminando la
alfombra Senator! ¡Hay un ecosistema premium, sabían, usted dos, salvajes! No
son nadie: NADIE.
EL
VIAJERO: —Mucha
alfombra, mucho brillo y mucho show, Juanito... pero aquí como que no me siento
a gusto, mucho protocolo y mucha nariz alzada. Tranquis, métete un cacahuate y
quitate el palo que te metieron… por la mañana. (Con un movimiento lento, casi
ritual, se quita la camisa de lino, quedando en una camiseta de tirantes
blanca). Ah... mucho mejor. Que corra el aire del mundo.
(Al
quitarse la camisa, revela unos brazos bronceados, curtidos por el sol de los
mares, cubiertos de elaborados tatuajes imaginarios exóticos tribales, mapas
antiguos y líneas de olas que serpentean por sus músculos con una belleza
hipnótica).
GRETEL: —(Se abanica el rostro con un
pase de abordar, completamente deslumbrada, mirando los brazos como quien ve un
paisaje exótico por primera vez. Su voz pierde la rigidez y se vuelve flotante)
Madre del cielo... miren eso... tiene un tatuaje polinesio que parece el mapa
de una isla... le llega hasta...
OSVALDO: —(Rompiendo por completo su
acento alemán, con los ojos abiertos, hipnotizado por la estampa de libertad
del hombre) ...hasta el deltoides. Mira ese tríceps... parece madera
flotando en el mar. Qué bárbaro.
EL
VIAJERO: —(Mirando a los tres agentes con una compasión profunda, casi
mística) ¿Por qué defienden con tanta rabia una alfombra que ni
siquiera les dejan pisar descalzos? Mírense las caras. Tienen los ojos llenos
de números y las almas llenas de horarios. Parecen muñecos de cera metidos en
un estuche carísimo, a punto de derretirse porque afuera hay una tormenta de
verdad. El mundo se está cayendo ahí afuera y ustedes están preocupados por el
nudo de la corbata.
LAGARDE: —(Incorporándose de golpe,
temblando de furia porque siente que el discurso del Viajero le está perforando
la armadura) ¡No lo escuchen! ¡Es un virus en el sistema! ¡Osvaldo,
arresta a este hippie millonario! ¡Te lo ordeno por el manual de procedimientos
de Frankfurt! ¡Sácalo de mi espacio aéreo!
[NOTA
DE MONTAJE - COREOGRAFÍA DE LA LIBERACIÓN: El siguiente bloque debe ejecutarse
con una exageración física absoluta, catártica y profundamente teatral,
rompiendo toda la rigidez anterior justo antes de que se desate la tormenta].
OSVALDO: —(Mira a Lagarde. Mira al
Viajero. Mira su propia corbata. Se queda fijo contemplando los tatuajes del
brazo del Viajero, hipnotizado). ¿Arrestarlo? (Su voz cambia, pierde toda la falsedad aristocrática y se vuelve
suave, añorante).
Esos barcos... esas olas en tu piel... Yo también quería ver el mar,
Juan. Yo estudié idiomas para viajar, no para quedarme encerrado detrás de una
barra fingiendo que nací en los Alpes. (Con un gesto violento, hermoso
y liberador, se arranca la corbata y la azota contra el piso, riendo).
¡A la goma el manual! ¡A la goma Baviera! ¡Yo quiero mi propio mapa!
GRETEL: —(Con lágrimas en los ojos y una
sonrisa maníaca, mirando al suelo). Quince años sin tocar el
pasto... sin mirar el mundo sin estrés. (Se quita los tacones
reglamentarios a tirones, respirando hondo, y los patea por los aires con furia
alegre). ¡Libertad! ¡Miren... la bendita libertad de dejar desnudos
mis pies! (Pisa con fuerza la alfombra roja, ensanchando los dedos).
¡La tierra está viva! ¡Siento la tierra!
CUADRO IV: LA VOZ CELESTIAL Y EL DELIRIO DE LA LIBERTAD
(Un
trueno ensordecedor hace temblar la escenografía por completo. Las luces de la
terminal se apagan de golpe. Solo queda la luz estroboscópica de los relámpagos
iluminando la lluvia torrencial detrás del cristal. Las alarmas de emergencia
brillan en un rojo intermitente.
El
tiempo parece detenerse para Lagarde. Todo queda en un silencio sepulcral,
excepto por una extraña reverberación con eco).
[NOTA
DE MONTAJE - EL EFECTO DE LA VOZ CELESTIAL: Por los altavoces comienza a sonar
una voz profunda, inmensa, autoritaria y divina. El diseño de audio en este
punto debe emplear un eco profundo, cavernoso, de gran estadio, haciendo que la
alucinación de Lagarde sea visual y auditivamente hilarante, pero también el
clímax de su propia prisión mental].
VOZ
CELESTIAL DEL ALTAVOZ: —Atención. Habla el Controlador Supremo. Pasajero
juliet-uniform-alfa-november... Sí, tú, JUAN: Juanito. El de la corbata
apretada y las rodillas tensas. Tu prestigio ha sido cancelado. Deja en paz la
alfombra. El cielo está cerrado.
LAGARDE: —(Totalmente desquiciado, en un
ataque de pánico y alucinación. Cae de rodillas, arrastrándose hacia adelante y
suplicándole al techo con las manos juntas) ¡No, Señor Dios de la
Aviación! ¡Por favor, no me cancele el estatus! ¡Yo no tengo la culpa de la
Tormenta! ¡Señora viuda del embajador, por piedad, no me pegue con su bolso de
diseñador, Señor diputado, yo no voté por usted… Yo no voto…! Señora abadesa,
qué gusto saludarla, ¿cuántos pobres ha salvado? Yo, yo no soy de aquí, no me gustan las
rancheras, yo sí soy del primer mundo, ¡lo juro!
(Los
demás lo miran en silencio, perplejos, mientras él le ruega al vacío).
LAGARDE: —(Aferrándose a las piernas
invisibles de un pasajero fantasma, llorando con comedia) ¡Mírenme!
¡Si me quito esta corbata me convierto en calabaza! ¡Yo sé decir "buenos días" en tres idiomas fingiendo que
no tengo acento de provincia! ¡Puedo viajar en la bodega del avión, junto a las
maletas y los perritos, pero por favor... no me deje aquí abajo con los
mortales que usan transporte público y sudan! ¡Yo huelo a pino negro, se los
juro! ¡No me regresen a la combi! ¡Guten Abend! ¡No me dejen en la tierra!
¡GUTEN ABEND!
(Lagarde
hace una última y dramática reverencia al aire, quedando tirado boca abajo en
el suelo con los brazos extendidos en forma de cruz).
(De
pronto, la luz normal regresa a la terminal con un golpe seco. La lluvia sigue
cayendo monótonamente afuera, pero la magia y el terror de la alucinación
desaparecen. El silencio en el mostrador es absoluto. Gretel, Osvaldo, Ramírez
y el Viajero lo están mirando fijamente desde arriba).
EL
VIAJERO: —(Dándole un sorbo a su cerveza, con una sonrisa mansa) A
la madre... tuviste visiones bien sintonizadas, eh, Juanito. Bienvenido al
suelo.
(Lagarde
parpadea. Mira el piso. Se mira las manos. Lentamente se pone de pie. Ve a
Gretel descalza, con los ojos brillando de emoción. Ve la corbata de Osvaldo en
el suelo. Ve a Ramírez sonriendo en medio de la alfombra roja mientras comparte
sus cacahuates. Todo por lo que vivió se ha desmoronado. El protocolo está
muerto... pero en su lugar ha quedado algo infinitamente más cálido).
LAGARDE: —(Respira profundo. Se afloja el
nudo de la corbata perfecta, destruyendo por completo el último símbolo de su
artificial autoridad. Mira al Viajero, luego a sus compañeros y, con una voz
muy suya, relajada, ronca y liberada, le responde al mundo con una sonrisa
enorme). El cielo está cerrado... ¡pero qué bonita se ve la tierra
desde aquí abajo, carnales!
(Gretel,
Osvaldo y Ramírez estallan en carcajadas gigantescas, liberadoras. Es una risa
apoteósica, un festejo de náufragos felices que acaban de encontrar una isla de
verdad en medio de la terminal).
EL
VIAJERO: —¡Eso es
todo, mi Juan! Así me gusta. Bienvenido a la vida. Oigan, raza, dicen que la
aerolínea de al lado acaba de abrir los barriles de cerveza y tequilas gratis
para todos los que nos quedamos varados por la tormenta. ¿Jalan o se quieren
quedar cuidando el mostrador de la mentira?
GRETEL: —(Bailando alegremente descalza
sobre la alfombra roja, sosteniendo sus tacones en las manos como si fueran
trofeos de una batalla ganada) ¡Por los pies descalzos y las noches
largas! ¡Vámonos a beber!
OSVALDO: —¡Yo invito la primera ronda,
muchachos! ¡Hoy se viaja por carretera!
(Gretel,
Osvaldo, Ramírez y el Viajero se abrazan por los hombros, formando una comparsa
alegre, rítmica e informal. Empiezan a salir de escena cantando y riendo
juntos. Lagarde los mira irse un segundo. Mira la alfombra llena de sal. Mira
su saco impecable, se lo quita de un tirón y lo lanza al aire con absoluto
desparpajo. Corre tras ellos con una alegría desbordante).
LAGARDE: —¡Espérenme, cabrones,
espérenme! ¡Que yo pongo la música!
(Los
cinco salen del escenario saltando, riendo y abrazados, dejando atrás para
siempre la farsa del estatus.
El
escenario queda completamente vacío).
[NOTA
DE MONTAJE - EL LETRERO DE EXCLUSIVIDAD: En este último instante, el ostentoso
letrero dorado de "EXCLUSIVIDAD" suelta un violento y ruidoso
chispazo eléctrico, parpadea un par de veces de forma decadente y se apaga
definitivamente, dejando la escena envuelta únicamente en la penumbra y en el
hermoso e imponente sonido de la tormenta exterior].
FIN DE LA OBRA
TELÓN.
GAVARREUNAM@GMAIL.COM