sábado, agosto 01, 2026

LA BARDA DE PIEDRA VOLCÁNICA




LA BARDA DE PIEDRA VOLCÁNICA


Por Benjamin Gavarre


LA BARDA DE PIEDRA VOLCÁNICA © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0

CONTACTO: GAVARREUNAM@GMAIL.COM

 

Comedia de enredos, investigaciones caseras y autoabotaje en un acto











Personajes

  • SALUA (25 años): Alumna de piano. Estratega del autoengaño, detective aficionada de la vida ajena, experta en acelerar a fondo con el freno de mano puesto. Sus procesos mentales son infinitamente activos, llenos de escenas que se montan en su incesante escenario mental, donde ella misma se pelea, se disculpa, amenaza, se desborda o se retira con la dignidad falsamente herida. Jamás dice "me gustas"; prefiere mandar señales cifradas y montar operativos de inteligencia.
  • OLIVER (38 años): Profesor de piano. Un músico brillante, de estilo desenfadado y aire bohemio; acierta con la barba de tres días y el cabello largo, logrando un aspecto artístico sin caer en el abandono. Con un oído impecable para el jazz, el rock y Michael Jackson, disfruta enormemente las altas colegiaturas de Salua y, sobre todo, sus servicios gratuitos de rescate exprés. Misterioso, solitario, no se sabe que ande con nadie... y esto es así de contundente... con nadie. Cero enamorado, pero con el ego al cien; no busca conectar con sus admiradoras, pero le fascina el deseo que provoca y que alimenta su enorme ego.
  • SUSAN (25–28 años): La mejor amiga de Salua. Filosa, cínica, psicóloga de banqueta. Es la única que ve el panorama con claridad y le canta las verdades a Salua. Lo gracioso (y secreto) es que ella misma siente una fascinación pasivo-agresiva e inexplicable por ese músico atractivamente desaliñado, misterioso y solitario.




 

El jardín de UN Conservatorio en la zona volcánica de la Ciudad de México. Al centro, la barda de piedra volcánica. A los lados, elementos que sugieren una rutina urbana: tazas de café orgánico y sustentable, carpetas de partituras dobladas y la sombra constante de la ventana del taller musical de Oliver cruzando una jardinera.


Escena I: Operación "Revisaremos hasta los calcetines si hace falta" y el no tan acertado diagnóstico de Susan


(La escena abre en la barda de piedra volcánica. Salua está histérica, revisando notas en su libreta. Susan fuma un cigarro electrónico y diseña una rara avis de origami tipo alebrije con aire aburrido, mirándola de arriba a abajo).


SALUA (A toda velocidad)

¡Te digo que hoy pasó sin voltear a ver la ventana, Susan! Y eso que la semana pasada le fui a rescatar las llaves que dejó tiradas en la esquina, le revisé si no había dejado la cafetera encendida, y todavía me ofrecí a checar las llaves del agua del departamento. ¡Hice patrullaje de campo en su casa!

SUSAN (Exhalando el humo con pereza)

Patrullaje de campo que tú misma te inventaste para meterte a su departamento a espiar, querrás decir. Encontraste un perro solitario, tres calcetines sin par y sin lavar, una colección de camisetas y calzones revueltos que ni te atreviste a revisar... y una colección de vinilos de jazz. Cero pruebas de que el tipo esté remotamente interesado en una cosa, animal, persona o fábula viviente. ¿Tóxica yo, o tóxica tú? El tipo no está interesado en ti, Salua.

SALUA (A la defensiva)

¡Pero conectamos musicalmente! Hablamos de jazz, de rock clásico, de los arreglos de cuerdas en los discos de Michael Jackson. ¡Eso es intimidad intelectual, Susan!

SUSAN (Riendo con acidez)

Intimidad intelectual tus ganas de rescatar a un hombre que huele a café frío y que lo único que ama de ti son las altas colegiaturas le pagas y que le cuides la casa como empleada doméstica sin sueldo. ¿No tiene madre, padre, hermano o una tía que lo atienda? No puede vivir tan en el limbo, como chícharo en cazuela... ¿No será un psicópata malvado?

SALUA (Cruzándose de brazos)

Es músico... ya con eso te digo todo. Y tú mejor que nadie sabes cómo somos los músicos. O las músicas, las que tocamos el piano o, como en tu caso, las rarísimas contrabajistas. Sí, tiene familia, pero es aburrido decirlo porque son muy normales; todos viven en Guanajuato, entre León y Celaya... ya sabes, zapatos y cajeta. Pero él es la oveja artística de su tribu. Les salió pianista el nene. Y pues, como de la música de concierto no se vive —al menos no si no eres famoso o miembro de una sinfónica—, pues ya estás: dando clases a niñas ricas que pueden pagar el perfeccionamiento de Mahler y Shostakovich. Los dos extremos, ya sé. Pero claro que se siente halagado, y hasta interesado... Yo lo sé. ¡Él tiene que darse cuenta de que me gusta, aunque no se lo diga! Yo le mando señales evidentes: le hablo con indirectas, le pregunto por su vida críptica, le armo coartadas... Le he propuesto ir a cenar, o a comer en la cocina económica de la esquina, así no se sentirá humillado o comprometido a pagar mi cuenta. Cada quien lo suyo. ¿Y sabes qué ha contestado a mis provocaciones e invitaciones? ¡Nada! ¡No me dice NADA! Es una gran desgracia que sea mi maestro y mi vecino. Te digo que la configuración astral lo ha puesto en mi camino; es un mapa cósmico, está clarísimo.

SUSAN (Interrumpiéndola con dureza amorosa)

Jamás, en todo este maldito semestre, le has dicho: "Oliver, me gustas, estoy enamorada de ti". ¿Sabes por qué? Porque te encantan los hombres inalcanzables y misteriosos; los que sabes perfectamente que no se van a comprometer con nadie. Así te proteges. Buscas el "no" desde el principio para tener el pretexto perfecto de abandonar el barco antes de que alguien te rechace de verdad. Eres una máquina perfecta de autoabotaje, amiga.

SALUA (Incómoda, atacando de vuelta)

¡Ay, cálmate, psicóloga de banqueta! Tú te la pasas criticándonos, pero bien que te quedaste embobada el día que lo viste afinar el piano con esa playera deslavada... Y sus manotas, y sus brazotes… ¡Qué bíceps tiene, ¿cierto?!

SUSAN (Poniéndose ligeramente roja, a la defensiva)

¡Yo solo lo observaba para entender qué es lo que tiene que te provoca tanta tontería, no te equivoques! No es mal tipo, pero hasta ahí... yo le daría un ocho... Un siete.

SALUA (Sonriendo con malicia)

Claro, ajá. Ahí viene tu muy poco atractivo SIETE. Y No te pases de lanza, we.



Escena II: El café exprés y el PENOSO Y NEURÓTICO arte de frenar acelerando

(Llega Oliver con su expreso doble. Lleva la misma camiseta negra con pelitos de perro que no se ha cambiado desde el inicio de semana. Al ver a Salua y a Susan, les dedica una sonrisa cálida, genuina, como la de un niño que se alegra momentáneamente antes de regresar al más cómodo y conocido plano melancólico, casi de existencialista suicida).

OLIVER (Con voz suave y pausada)

Buenos días, Salua. Hola, Susan. Qué milagro verlas en su barda a estas horas.

SALUA (Poniéndose de pie de un salto, arreglándose el suéter con torpeza)

Nuestra barda, ja, ja, ja... Esa es buena. La verdad sí, ya podemos ponerle nuestro nombre. Regresaremos dentro de veinte años y nuestros cuerpos todavía reconocerán las formas de la piedra volcánica...

SUSAN (Al rescate de su amiga que ha perdido la compostura)

Qué tal, Profe... Ya con su segundo expreso del día. ¿Cómo le hace para que le rinda? Me refiero a que... son tan cortitos los cafés... (Ella cae también en el nerviosismo) Yo prefiero el americano... Aunque, de hecho, yo no tomo café... Soy más de jugos...

SALUA (Consciente de que su amiga ha caído también en el nerviosismo que le provoca el apuesto músico)

Pues justo nos acercamos al estudio porque al rato tenemos clase, ¿te acuerdas? Claro... Le contaba a Susana que las progresiones no melódicas de Mahler son un caso casi mágico en la historia de la música, ¿cierto? Oiga, ¿y al final sí se compró otra cafetera? Eso de que se queden prendidas es un peligro, pero te digo, hay unas que se apagan solitas... Solo es cuestión de esperar unas dos o tres horas; en la casa hay una de esas... en mi casa. Supe de una vecina que dejó abierto su refri y se fue de vacaciones, el refri se sobrecalentó y su departamento se incendió... Ah, pues sí lo sabes... Si es también tu vecina. Qué bueno que no pasó a mayores, ¿cierto?

OLIVER (Riendo con naturalidad, sin percatarse de la invasión a su privacidad)

Ya la nueva cafetera la tengo desde el viernes. Hace un exprés de otro planeta, gracias por el tip, es un paro que se apague solita. Ya sabes cómo somos los músicos: perdemos las llaves, dejamos abiertas las llaves del agua... Ahora que lo mencionas, nunca dejaré el refri abierto, qué susto. Sí, es también mi vecina, la del incendio. Qué bueno que no pasó a mayores.

SUSAN (Se inserta, mal, en la charla)

Ah, Maestro Oliver... Y qué lástima que no dé clases de contrabajo. Salua me ha contado que es un estupendo maestro... de piano.

(Breve silencio incómodo. Susan se pone colorada cuando el silencio hace más evidente su torpeza).

OLIVER

A propósito, Salua, ya me cayó la colegiatura de este mes. El pago, pues... "Colegiatura" suena como rimbombante, ¿verdad? Excelente. Nos vemos en el estudio al ratito. (A Susan, con intención un poco malvada) ¿Ceballos? Un gusto como siempre... Ah, perdón, Sontag, como la escritora...

SUSAN

¡Llámame Susan! ¡"Sontag" es tan formal!


(Oliver no contesta, solo sonríe con una fina sonrisa irónica bailándole en la boca. Les da una palmada amistosa en el aire y continúa su camino a zancadas, bebiendo su café con total paz mental. Susan se queda con la cara crispada y sonrojada).


SALUA (Mirando cómo se aleja)

¿Viste eso? Tanta cercanía en mi plática y él solo me habló de la colegiatura... Del pago, dijo... Como si se tratara de un proveedor de gas. Oye... ¿Y qué fue eso de "Llámame Susan"? Qué oso. Y ya ni te digo nada de lo del contrabajo... Mejor le hubiera preguntado si daba clases de bandoneón. Te measte fuera de la bacinica, amiga.

SUSAN (Negando con la cabeza, con una mezcla de lástima y burla)

Ya, tienes razón, me vi fatal. Pero yo me quedo con los golpes. En cambio tú... ¡Qué manera de arrastrar la cobija! Estás en un scrolling emocional de arriba abajo. Y él nomás no te abre las puertas; cuando mucho te ubica como la empleada del mes. Y en cuanto a lo otro... lo del ligue... Ni te ilusiones. No estás ni siquiera en la friend zone. Lo lamento, pero es la verdad. Pero ni modo, es lo que consigues cuando tú, la alumna rica y asistente de intendencia de tu vecino te la pasas acelerando y metiendo el freno al mismo tiempo frente a este guapo...  No ves que es un muro de contención más duro que la piedra volcánica.

SALUA (Sintiendo que la furia y la vergüenza se le mezclan)

Ya estuvo, ¿no? Pero tienes razón. Ahorita mismo, en su clase, le expongo cómo están las cosas. Le voy a exigir que hablemos claro, le voy a decir sus verdades y... ¡Y si yo no le gusto, que me corra de una vez! ¡Ya no voy a seguir jugando a las adivinanzas! Él debe saber todo lo que lo amo.

SUSAN (Cruzándose de brazos, con una sonrisa cínica)

Ajá. Ahora resulta que lo amas. Antes lo encontrabas sexy, interesante, atractivo y misterioso, como si escondiera un secreto. Pues bien, cariño... Te apuesto diez pesos a que entras al estudio, tocas mal media sonata de Mozart mientras te pasa por la cabeza la forma de sus manos, te da vergüenza, le preguntas por su perrito que está tan solito y te sales huyendo, diciendo que olvidaste apagar la estufa en tu propia casa.

SALUA (Fulminante)

Ya estuvo. Voy directo a estrellarme contra mi muro de piedra. Tal vez consiga moverle el tapete, tal vez se dé cuenta de que yo lo amo y tal vez él pueda amarme tambien... (Ante la evidente mirada de Susan) No me juzgues. Deséame suerte... Amiga.


Escena III: El estudio y la huida preventiva

(El estudio de Oliver. Partituras de jazz tiradas por doquier. Salua está sentada frente al piano, tocando con evidente torpeza una melodía de Mozart. Oliver, de pie en su campo de visión, intenta marcarle el tiempo).

OLIVER (Marcando el compás con la mano)

Salua, una de las razones por las que pagas estas clases de apoyo es para que me mires y me pongas atención. Es una combinación, lo sabes: te marco el ritmo y tú lo sigues. Pero si no me volteas a ver, voy a tener que poner el metrónomo. Hoy te noto más ausente que de costumbre, ausente y tensa. Vas de lo rígido a lo acelerado. Ya habíamos hecho progresos y ahora pareces alumna de primero... ¿Te das cuenta?

SALUA (Reacciona bruscamente y cierra la tapa del piano de un golpe, con las manos temblorosas)

¿Alumna de primero?

OLIVER (Dejando la guitarra a un lado, sorprendido por el tono)

Ya te ofendí... Lo siento. No quise decir...

SALUA (Sintiendo que el suelo se abre ante la total inocencia de él)

¡No hables! Yo sé que estoy tocando como principiante. Ni siquiera...  No estoy aquí.

OLIVER (Junta las manos y luego se las pasa por su desordenado cabello)

Si quieres, tomamos una pausa.

SALUA (Irónica)

Una pausa no estaría mal. Yo pensaba que me ibas a preguntar qué me pasa, si tengo algún enfermo en casa, si yo misma estoy enferma...

OLIVER (Acorralado, viéndose obligado a preguntar)

¿Estás enferma?

SALUA (En una explosión controlada)

¡Estoy harta! Nunca dices nada si no es porque te sientes obligado. Solo te centras en la clase, en el maldito y aburrido Mozart... Ni siquiera hemos visto la música "moderna", los Beatles, como prometiste. Pero ese es el problema. Llevamos meses con estas clases. Llevamos meses de conocernos desde que llegaste a vivir cerca de mi casa. Ya hace tiempo que he sido la mejor vecina posible... Pero no puedo decir lo mismo de ti. Nunca has hecho nada por mí. Nunca me dices nada de ti, de lo que piensas, de lo que deseas... De tu vida privada no sé nada. Solo sé que vives con un perrito que se la pasa solito, el pobre. Y yo aquí, ayudándote con tus problemas, rescatando las llaves de tu auto, yendo a tu casa a evitar un incendio, prestándote ollas, cables... Soy tu coach, soy tu...

OLIVER (Incómodo)

Y yo te lo agradezco... Te he dicho varias veces que te debo una. Te debo varias.

SALUA

¡He entrado a tu casa! Te he cuidado al perro, te pago las clases más caras del conservatorio, te mando señales todos los malditos días... ¿Y tú qué haces? ¿Has visitado mi casa siquiera? Además de pedirme cosas o de ir por una tacita de azúcar... ¿Has conversado realmente con mis padres? ¿Te has sentado en el sillón de mi sala? ¡Me tratas como si fuera tu jefa de servicios domésticos y tu alumna de primero!

OLIVER (Parpadeando, genuinamente desconcertado)

Salua... Discúlpame, pero no entiendo a dónde quieres llegar. Yo valoro mucho tu ayuda, eres una alumna con muchísimas posibilidades si te pudieras concentrar y relajar. Y me encanta platicar contigo... ¿No es cierto que hemos hablado de jazz, de los Beatles y de...

SALUA (Interrumpiéndolo, a punto de llorar de coraje)

¡No quiero platicar de jazz! ¡Quiero saber si para ti soy algo más que una alumna que te soluciona la vida y te paga el alquiler emocional!

(Oliver se queda en completo silencio. Su rostro pasa de la confusión a una profunda incomodidad. Se pasa la mano por el pelo, suspira y agacha la mirada. En ese momento, Salua ve lo que tanto temía: Oliver no está interesado, en lo mínimo,  nunca lo estuvo, y ahora se siente acorralado).

OLIVER (En voz baja, muy cuidadosa, intentando no herirla pero levantando un muro de concreto)

Salua... Eres una chica increíble. Tienes una energía desbordante. Pero... Yo vivo en mi mundo. Estoy acostumbrado a estar solo, a mis tiempos, a mi música... Nunca pensé que mis clases se estuvieran interpretando de otra manera. Yo solo soy tu maestro y tu vecino.

SALUA

Ni siquiera eres mi amigo, ¿cierto? ¿Sabes qué? Tienes razón. Me equivoqué de profe. Eres muy bueno, pero yo te quería como algo más que un profesor. Y tienes razón, tú siempre fuiste muy claro. Nunca me buscaste, nunca te interesó saber qué sentía; era yo la que siempre te preguntaba cómo estabas, si te sentías mal... si todo estaba en orden. Me equivoqué contigo. Me equivoqué hasta el fondo. Tú nunca has sido nada mío, ni siquiera mi amigo... Mucho menos serías mi... Nunca podría pasar nada entre nosotros... ¿cierto?

OLIVER (Alarmado, dando un paso al frente)

Salua...  (Pausa) No hay un "nosotros". Y lo siento si te hice sentir o pensar en algo diferente.

SALUA (Poniéndose de pie de un salto, agarrando su bolsa con un enojo contenido, pero un enojo dirigido hacia sí misma)

¡Ya no digas nada! Tal vez el problema es que eres diferente... Muy diferente, por lo menos, a mis fantasías. Yo soy la que tiene la culpa, yo soy la que se hizo castillos en la cabeza. Y de ti siempre tuve el "NO", eso está clarísimo. Pero a partir de hoy el NO será radical. Las clases terminan hoy. No te preocupes por la colegiatura; este mes ya está pagado, pero por supuesto no espero devolución alguna. Tómalo como una compensación en lo que encuentras a una nueva alumna. ¡Gracias, Oliver! Si necesitas una taza de azúcar puedes ir a mi casa, pero si lo prefieres, el súper no está lejos. Nos saludamos si nos vemos, tampoco somos enemigos.

(Salua sale atropelladamente del estudio, cerrando la puerta con un exagerado y tenso cuidado).

OLIVER (Quedándose solo en medio del estudio, mirando la puerta vacía, con cara de haber sobrevivido a un huracán innecesario)

...Y yo que solo quería tocar la introducción de Let It Be.

(Sin pensarlo dos veces, se acerca al piano y toca el inicio de la más reconocible y famosa canción de los Beatles).


Escena IV: Epílogo en la calle y el café amargo

(Días después. Cerca de la barda de piedra volcánica. Salua camina con paso firme pero la mirada baja. De pronto, sin llegar a sentarse en su spot favorito, ve venir al inconfundible Oliver con su caminar relajado. Lleva una camiseta negra entallada con un gran cráneo colorido de Día de Muertos y su eterna taza de café exprés. No hay a dónde huir).

(El corazón de Salua se paraliza por un segundo. Siente el impulso de alejarse de ahí, pero decide plantarse con dignidad de opereta).


OLIVER (Al verla, se detiene a un par de metros. Hay una tensión incómoda pero extrañamente tierna entre ellos)

Hola, Salua.

SALUA (Con la barbilla en alto, con una falsa frialdad que no le queda ni tantito)

Buenos días, profesor Oliver.

(Se quedan en silencio un segundo. Oliver sonríe levemente, con una mezcla de complicidad y resignación).

OLIVER

¿Has encontrado un nuevo tutor?

SALUA (Una pequeña risa cínica escapa de sus labios, negando con la cabeza)

Ya no busco. Por lo pronto estoy a fondo...  con mis clases obligatorias... Música de cámara, ya sabes.

OLIVER

Ya sé. Haces bien... En las pequeñas agrupaciones se hacen las amistades más sólidas.

SALUA (Con intención)

¿Cierto? Tú seguro llegaste a tener amistades sólidas con la música de cámara.

OLIVER (Sin caer en la provocación)

Cuídate las manos al tocar el piano. Buenos días, Salua.

SALUA

Buenos días, Oliver.

(Oliver pasa de largo. Salua voltea a verlo alejarse por la espalda, sintiendo esa punzada agridulce en el pecho. Saca el teléfono y se sumerge en la pantalla, intentando no pensar).

(Como surgida de la nada, llega Susan al lugar).

SUSAN (Al tanto de todo)

Por fin se toparon... ¿Cómo estuvo? ¿Sobreviviste o lo arruinaste de nuevo?

SALUA

La volví a cagar. Dije más de lo que debía... lo ataqué. Pero ya me di cuenta de que es inmune y de que realmente yo le valgo madres. Y es mejor así. Tenías razón en todo, Susan. Siempre tuviste la razón y yo no pude hacerte caso. Estaba sorda, estaba enamorada como una colegiala.

SUSAN (Intentando aligerar la charla)

Amiga, eres una colegiala.

SALUA (Se ríe con una dosis de humor negro)

Cierto... Pero soy una colegiala muy neurótica. Yo me subí solita a mi tren; con mi tarjeta de crédito y mis ganas, que al final eran puras ganas de que me tomara en sus brazos fuertes. Corrí detrás de él sin que él se enterara. Me subí a mi auto de Fórmula Uno, metí el acelerador a fondo, me inventé al hombre ideal, al vecino que lo tenía todo... y terminé estrellándome en su absoluta indiferencia. En su frialdad, que no tenía por qué ser otra cosa. Él nunca estuvo interesado en mí, y yo en el fondo lo sabía. Me estrellé de lleno contra la barda de piedra volcánica, y él, el lejano vecino, ni siquiera se molestó en voltear a verme. Es así, y no tendría por qué haber sido de otra forma.

SUSAN (Suspirando con cariño, dándole una palmada en el hombro)

Amiga, ya sabes que le das demasiadas vueltas a las cosas. Pero bienvenida a la realidad; al menos parece que estás en el camino de la superación. Para acelerar ese proceso —y esta vez sin poner el freno de mano—, vamos por un trago o dos. No más, porque tenemos que planear nuevas estrategias de vida. Estrategias que no sean fatales, ¿va?

SALUA (Sonriendo, mirando al cielo)

Vamos, acompáñame a mi casa primero. Y oye... si de camino vemos a un músico desaliñado y atractivo...

SUSAN (Compartiendo el juego)

¿Un músico como de treinta y cinco, con aspecto bohemio, barba de unos días y cabello largo?

SALUA

Con un aire artístico sin caer en el abandono...

SUSAN

Un músico sexy que, sin esfuerzo, se ve como una fantasía...

SALUA (Con la risa a punto de salir)

Si ves a ese Dios romano con la barba de tres días y el cabello desordenado... ¡Corre! Cruza la calle sin que te atropellen y camina lo más rápido que puedas... y desde luego, ¡en dirección opuesta!

SUSAN (Siempre cómplice)

Queda registrado y anotado. Vamos, amiga, tenemos mucho que reconstruir. Vamos.

SALUA (Por primera vez segura de sí misma, respira profundo)

¡Vamos!

(Salua y Susan dan media vuelta y caminan juntas a paso firme. Al fondo del escenario, Oliver sonríe con las manos metidas en los bolsillos de una vieja chamarra de piel negra, mirándolas alejarse. La iluminación comienza a desvanecerse lentamente mientras suena un acorde final que hace una versión tipo jazz  de "Let It Be").


(Oscuro Total).



[FIN DE LA OBRA]

 

LA BARDA DE PIEDRA VOLCÁNICA © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0

viernes, julio 31, 2026

¡QUE TRABAJEN LOS BOBOS!










¡Qué trabajen los bobos!

por Benjamín Gavarre 


¡QUE TRABAJEN LOS BOBOS! © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0


bengavarre@gmail.com


El Arte del Desapego (O cómo auditar la existencia)

Vivimos atrapados en un guión que no escribimos. Nos despertamos a las seis de la mañana, nos apretamos la corbata, nos embutimos en zapatos rígidos y salimos a Viaducto a pelear por un espacio en el tráfico, todo con el único fin de pagar la mensualidad de las cosas que acumulamos para demostrar que somos exitosos. Nos convencieron de que la productividad es una virtud y que el descanso es un pecado.

Pero, ¿qué pasa cuando el empleado más recto, el auditor más implacable y el monje de la normatividad corporativa decide auditar los términos y condiciones de su propia vida?

¡Qué trabajen los bobos! no es una obra sobre la apatía; es una farsa elegante sobre la lucidez maniática. Pipo no se ha vuelto loco; simplemente ha decidido que si el mundo exterior se rige por el descaro y el sofisma, él tiene el derecho soberano de declarar un embargo moral absoluto sobre su fuerza de trabajo, quitarse los zapatos y ver qué pasa cuando decide, finalmente, soltar las riendas y volar. Su esposa Engracia y su cuñado Ildefonso representan la resistencia de un sistema adicto al consumo y a las apariencias, dos fuerzas que chocarán de frente contra la desconcertante e inamovible paz de un hombre sentado en un sofá vacío.

Esta es una comedia minimalista para recordar que, a veces, la resistencia más inteligente no consiste en pelear contra la maquinaria... sino en sentarse a ver cómo se cae a pedazos mientras esperas que llegue la pizza.


— Benjamín Gavarre


PERSONAJES:

  • PIPO (35s): Exauditor de Procesos. Brillante, calculador y con una paz mental que raya en lo místico. Viste un traje formal de diseñador impecable, pero está completamente descalzo. Su aparente locura es, en realidad, un plan maestro de depuración personal.
  • ENGRACIA (30s): Su esposa. Una mujer atrapada en la rueda de la fortuna del consumismo de la colonia Roma, las apariencias sociales y las tarjetas de crédito al límite.
  • ILDEFONSO (20s tardíos): Hermano menor de Engracia. Parásito profesional de alta gama. Usa un lenguaje de "bienestar espiritual" y "desapego cuántico" para justificar su absoluta hueva y vivir a expensas de los demás.

ESPACIO:

La sala de un departamento de diseño minimalista y elegante en la colonia Roma, Ciudad de México. Al inicio, la estética es impecable: muebles de diseñador nórdico, un par de plantas exóticas bien cuidadas y grandes ventanales. En la segunda parte, el desprendimiento es absoluto: el espacio queda completamente vacío, revelando una belleza arquitectónica limpia y despojada.


ACTO ÚNICO

ESCENA 1: La Declaración del Embargo

(Lunes, 7:30 AM. La luz de la mañana entra bellamente por el ventanal. PIPO está sentado en el centro de un costoso sillón gris en perfecta postura de loto. Viste un traje negro corte italiano impecable, corbata perfecta, pero está DESCALZO. Tiene los ojos cerrados y una sonrisa de satisfacción absoluta. No hay ruidos, solo una atmósfera de museo).

(Entra ENGRACIA corriendo, taconeando con fuerza, visiblemente estresada, poniéndose un arete de diseñador y cargando una bolsa de marca).

ENGRACIA
¡Pipo, por el amor de Dios, muévete! El tráfico en Viaducto ya es un estacionamiento. Tu jefe llamó tres veces al teléfono fijo; dice que si no estás en la junta de las ocho con el reporte de la auditoría anual, te va a levantar un acta administrativa. ¡¿Por qué no te has puesto los zapatos?!

PIPO
(Sin abrir los ojos, con voz pausada y musical)
No hay zapatos, Engracia. Los dejé ayer por la tarde en la estación del Metro Insurgentes. Un acto de caridad peatonal. Las suelas ya no tocan mi suelo.

ENGRACIA
¡¿Dejaste tus Oxford de piel de becerro italiano en el Metro?! ¡Pipo, nos costaron tres meses sin intereses en la preventa de otoño! ¡¿Te volviste loco?! ¡¿Y tu celular?! Te estuve marcando todo el trayecto desde el vestidor.

PIPO
Mi celular... está experimentando una transición de estado sólido a ceniza orgánica. Lo olvidé en un bar de la Condesa. O mejor dicho, él me olvidó a mí. Rompí todas las hojas del guión, Engracia. He decidido cambiar el palacio de la autoexplotación por el callejón de la sagrada hueva.

ENGRACIA
(Dejando caer la bolsa en el suelo, horrorizada)
¿El guión? ¡¿De qué carajos estás hablando?! Pipo, aterriza. Tienes treinta y ocho años, eres el Auditor de Procesos más temido del corporativo, no eres un poeta de Coyoacán. ¡Tenemos la hipoteca de este departamento! ¡Las mensualidades de las cremas dermatológicas! ¡La membresía del club de yoga multinivel!

PIPO
(Abre los ojos, llenos de una lucidez fría y brillante)
Llevo diez años auditando la eficiencia de esa empresa. Diez años persiguiendo contadores que metían facturas de sus vacaciones como viáticos de representación. Fui el monje de la normatividad. Iba a trabajar con influenza y cubrebocas para no fallarle al Excel. ¿Y todo para qué? Para pagar una membresía de yoga a la que no vas porque estás muy estresada por el trabajo que usas para pagar el yoga. El contrato social se ha roto. Me declaro en Embargo Moral Permanente. No vuelvo a la oficina.

ENGRACIA
¡¿Y cómo vamos a vivir?! ¡¿Nos va a mantener el gobierno?! ¡Nos van a quitar el departamento, Pipo! ¡El banco nos va a embargar a nosotros!

PIPO
Si no posees nada, Engracia, el banco no tiene jurisdicción sobre tu existencia. He decidido aplicar la auditoría definitiva: el vaciado absoluto.

(Desde el pasillo emerge ILDEFONSO, vistiendo una bata de seda japonesa, despeinado, sosteniendo una taza de té de matcha).

ILDEFONSO
Por favor... es imposible conectar con mi abundancia matutina con estos gritos de escasez. Engracia, dile a tu esposo que le baje tres rayitas a su vibración baja. Cuñado, me estás arruinando mi lento despertar, mi alineación de chakras financieros.

PIPO
(Sonríe con una amabilidad casi aterradora)
¡Ah, el catalizador del ecosistema! Pasa, Ildefonso, toma asiento en el vacío. Puesto que yo ya no voy a salir a vender mis horas de vida a un corporativo cínico, y dado que ustedes dos son amantes del alto consumo y las marcas francesas, les tengo una propuesta de rediseño existencial: el desapego radical.

ILDEFONSO
¿Desapego? Suena súper zen. Yo siempre le digo a mis seguidores en redes que hay que soltar lo que no sirve...

PIPO
(Se levanta con parsimonia, descalzo, impecable)
Exacto. Así que vamos a soltar. Tienen tres días para deshacerse de absolutamente todo lo que decora, afea y estorba en este espacio. Vendan el sofá, las televisiones, las lámparas de diseñador, tus bolsas, tus batas de seda. Líquidenlo todo. Si quieren seguir disfrutando de este techo, el tributo de la venta cubrirá los gastos. Si no... la puerta está muy amplia. ¡A volar!


ESCENA 2: El Imperio del Vacío

(Han transcurrido dos semanas. El departamento ha sufrido una metamorfosis radical y estética: está completamente vacío. No queda un solo mueble, ni una alfombra, ni un cuadro. Las paredes blancas y el piso de madera lucen impecables, amplios, casi espectaculares. Solo hay tres cojines blancos en el centro del suelo).

(Al abrirse el telón, PIPO está sentado en su cojín en postura de meditación. Viste el mismo traje impecable, descalzo. Su rostro es la estampa de la paz espiritual. ENGRACIA e ILDEFONSO están sentados en los otros dos cojines. Visten ropas de manta blanca, sencillas, también descalzos. Al principio se les ve exhaustos pero intentando mantener una fachada de iluminación espiritual).

ILDEFONSO
(Respirando hondo, con los ojos cerrados)
Siento... siento cómo el prana del espacio vacío limpia mi colon... Sí, definitivamente el minimalismo extremo expande el aura. Ayer puse en mi feed: "Vivir sin objetos es poseer el universo". Tuve tres mil likes, cuñado.

ENGRACIA
(Con la voz débil, visiblemente desnutrida y ojerosa)
Sí, mi amor... al principio vender la pantalla gigante y mis bolsas nos dio un subidón de energía increíble. Pagamos el mantenimiento del edificio, liquidamos las tarjetas... es hermoso no deberle nada a nadie. El vacío es... purificador. (Pausa. Se agarra el estómago que le ruge ruidosamente). Pero Pipo... llevamos cuatro días comiendo únicamente lechuga orgánica, manzanas que compramos con lo último de la venta y tomando agua de la llave filtrada.

PIPO
(Sin abrir los ojos)
El hambre es solo una notificación del cuerpo físico, Engracia. Ignora la alerta. Disfruta de la ligereza. ¿No sientes cómo flotas?

ENGRACIA
(Perdiendo la paciencia)
¡No floto, Pipo, me estoy desmayando! ¡Ya no hay nada más que vender! El clóset está vacío. Cocinamos la última lechuga en una vaporera que le vendimos ayer al vecino de abajo por cincuenta pesos. ¡Ya no es posible vivir del aire! ¡Extraño el sabor del sodio! ¡Extraño los carbohidratos procesados!

ILDEFONSO
(Abriendo los ojos, desesperado)
A mí ya se me entumecieron las nalgas de estar sentado en este piso de madera importada. El desapego cuántico está padrísimo para un retiro de fin de semana en Tepoztlán, Pipo, pero esto ya es un campo de concentración espiritual. Intenté dar mi taller de "Caminata de Alta Costura" en el Parque México y me dio un bajón de presión a los diez minutos por falta de glucosa. El asfalto me ganó.

ENGRACIA
(Poniéndose de pie con dificultad, tambaleándose)
Pipo, tu exjefe vino otra vez hoy en la mañana. Estaba llorando en el pasillo, te lo juro. Dice que la empresa se está hundiendo en un fraude multimillonario porque nadie sabe auditar los procesos como tú. Te ofreció el triple de tu sueldo anterior, bonos en dólares y chofer. ¡Pipo, por favor! Ponte unos zapatos, regresa a la oficina y cómprame una hamburguesa con papas. ¡Te lo ruego!

PIPO
(Abre los ojos, sonriendo con una superioridad intelectual aplastante)
¿Regresar a la matrix corporativa? ¿Volver a usar zapatos de piel que aprisionan mis dedos y corbatas que estrangulan mi libre pensamiento? Qué absoluta falta de visión macroeconómica. Yo ya gané el juego, Engracia. Mi embargo moral es permanente.

ENGRACIA
(Silencio tenso. Mira a Ildefonso. Luego mira a Pipo con una mezcla de rabia y decepción absoluta).
Se acabó. Hasta aquí llegué. Yo fui educada para el estatus y el confort, no para ser una monja budista en la colonia Roma. Conpermisito, Pipo, pero yo me voy. Me voy a casa de mi mamá. Ella sí cree en el capitalismo y tiene el refrigerador lleno de comida de verdad.

ILDEFONSO
(Poniéndose de pie de un salto, acomodándose la ropa de manta)
Sí, la verdad yo también te pido una disculpa, cuñado, pero tu vibración ya mutó en tiranía dietética. Ya le mandé mensaje a una seguidora de mi podcast que vive en Las Lomas; tiene un PH enorme y necesita urgentemente que le alinee el feng shui de su terraza. Ya tengo nueva víctima... digo, nuevo proyecto de sanación integral. Ahí te ves.

ENGRACIA
Te dejas la casa vacía, Pipo. Quédate con tu iluminación de piso laminado. ¡Vámonos, Ildefonso!

(ENGRACIA e ILDEFONSO caminan dignamente hacia la puerta, descalzos, y salen del departamento azotando la puerta. El eco del azote resuena con fuerza en las paredes vacías. Se hace un silencio absoluto, pacífico y maravilloso).

ESCENA 3: El Dictamen Final

(PIPO se queda solo en el centro de la sala vacía. No se mueve durante unos segundos. Disfruta el silencio. De pronto, su postura mística se rompe y se relaja. Suelta una carcajada limpia, profunda y triunfal. Se estira deliciosamente en el suelo).

PIPO
(Para sí mismo)
Auditoría concluida con éxito. Limpieza de parásitos: cien por ciento de efectividad.

(PIPO mete la mano en el bolsillo oculto de su saco de diseñador y saca su única, verdadera y más preciada posesión: un SmartPhone de última generación, reluciente e impecable. Lo desbloquea con una sonrisa maquiavélica. Entra a su aplicación bancaria).

PIPO
(Leyendo la pantalla con deleite)
A ver... inversiones... renta fija... ¡Ah, la hermosa poesía de los CETES y los fondos de inversión indexados! Rendimiento anual compuesto garantizado. Sin deudas, sin tarjetas, sin mensualidades de cremas dermatológicas, sin cuñados vividores... y el departamento ya está completamente pagado. El plan funcionó a la perfección.

(Pipo da un par de toques en la pantalla de su teléfono. Abre una aplicación de entrega de comida a domicilio. Teclea rápidamente).

PIPO
Una pizza familiar de tres quesos... masa gruesa... y una Coca-Cola original de dos litros. Fría, como mi estrategia. Enviar.

(Guarda el teléfono. Se acuesta por completo en el piso de madera, boca arriba, con los brazos abiertos y los pies descalzos apuntando al techo. Con el teléfono en la mano, activa el sistema de bocinas ocultas del departamento. De inmediato, empieza a sonar la canción "Volar" a todo volumen, inundando el espacio acústico perfecto de la sala vacía).

PIPO
(Canta feliz, flotando en su propia gloria, mientras espera su pizza)
"...y las riendas soltar, y sentir que tus suelas apenas están tocando el suelo... ¡Y volar!"

(Pipo sonríe a la cámara con una paz absoluta y millonaria mientras la música sube de volumen).

FADE OUT / TELÓN FINAL


 

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