LAVADO Y ENSUCIADO
(O el
dinero debajo del colchón)
Farsa en
dos actos.
De Benjamin
Gavarre
PERSONAJES:
- DON CARLOS ZORRILLO: 60
años o quizá más… Codicioso, hipocondríaco, rabo verde y asustadizo.
- PALOMINO: Su criado. Medio
Pocho. Astuto, burlón, manipulador y ambicioso.
- DON RUPERTO MORADO:
Vecino estirado, tacaño y codicioso.
- EL VIDRIERO, el Señor Anselmo Vidrio:
Comerciante del pueblo, metiche y ventajista. Vende espejos y ceniceros de
cristal...
- DON BETO PRADERA "EL ALACRÁN": El
boticario del pueblo, corrupto y malicioso.
- SOFÍA "LA ALCAYATA":
Joven cazafortunas profesional, fría y calculadora.
- INSPECTOR 1 e INSPECTOR 2:
Agentes de la DEA con acento gringo caricaturesco.
ACTO
PRIMERO
El
escenario estará dividido en dos áreas visibles simultáneamente.
- Derecha del escenario (El Recibidor): Un
espacio con la puerta principal de la calle, un par de sillones
pretenciosos (estilo Luis XV de imitación) y una mesita.
- Izquierda del escenario (La Recámara): Separada
del recibidor por un arco sin puerta. Aquí domina el espacio una cama
matrimonial desproporcionadamente alta y gorda. A simple vista parece un
colchón normal, pero bajo la colcha se ocultan miles de dólares.
El
espectador puede ver a Palomino lidiando con las visitas en el recibidor,
mientras al mismo tiempo observa los gestos, las burlas o los apuros de Don
Zorrillo en su cama, creando una ironía visual constante.
(Luz en
la Recámara. DON CARLOS ZORRILLO, en pijama de seda, da vueltas en la cama,
quejándose. Entra PALOMINO desde el recibidor con una taza humeante).
PALOMINO.- Le traje
su tecito de manzanilla, don Carlos, a ver si así se le asienta el estómago y
los malos aires… lo digo, no por las flatulencias, o sí… la verdad…. You Know…
Está usted muy mal de la panza… y si no se lo digo yo… Se echa usted unos
aires...
ZORRILLO.-
¡Cállate, insolente! ¡Qué manzanilla ni qué la tostada! ¡No estoy malo del
estómago! Estoy lastimado de mi alma y de mi espalda… ¡Esta maldita tortura de
dormir sobre el dinero mal habido! ¡Este colchón está maldito por el Diablo!
PALOMINO.- ¿Pues
qué quería? Usted se lo busca y se lo encuentra… el dolor… Son las pacas de a
cien, patrón. Los fajos, las pacas… Si los acomoda mal, los billetes raspan, me
han dicho. Yo nunca… no, ni me mire así… bueno, tal vez a veces, cuando se la
pasa en el baño, por la diarrea que no tiene... Ya deje de comer ese helado
rancio que no gana nada y no sé por qué no lo tira… una mala inversión es una
mala inversión, y hay que apechugar… Y aceptar las pérdidas. Coma arrocito
blanco, como yo, yo como arroz con plátano, it's very cheap... it's healthy... Y
en cuanto a su dolor de espalda… ¿Pues qué quería? Si los acomodara bien, yo le
he dicho, pero no me deja… y pues si no los acomoda les van a seguir dando
molestias… mejor duerma en el suelo, ¿o con una cobija de pluma de ganso? Yo
duermo en el suelo. I like the floor.
ZORRILLO.- ¡Es
dinero maldito, Palomino! Dólares incambiables. No sé cómo pude aceptar lavar
tanto dinero del diablo.
PALOMINO.- Yo se lo
advertí, Carlitos, pero usted de necio... Se puso a lavar los billetes con
puras tienditas de "Helados Magallanes". Su letrero decía:
"Helotes y helados"... ¡y además con faltas de ortografía! Where has
it been seen? ¡No way! Los de León son mal encarados pero algunos sí saben
leer, y estudiaron. No todos cosechan lechugas. ¡"Helado de perita Helote
tierno y mayonesa"! ¡Gross! Los de León son tradicionales, por eso votan
por la derecha, son persignados y no les gustan los cambios. Le hicieron el
feo, por decir lo menos.
ZORRILLO.- ¡Mugrosos
panzas verdes! Pero después les hice muchas ofertas... les traté de vender
guacamayas con su chicharroncito y pico de gallo, les di el ofertón de caldos
de oso con harta, harta piña y queso rallado... ¡y nada! Quebramos. Nos
siguieron viendo como a moco salado y los narcos se emputaron cuando no vieron
resultados; se llevaron la mayor parte del capital, casi todos los dólares, y
nosotros nos quedamos con dos maletas de dinero que ahora son el relleno del
colchón. ¡De mi colchón! Puro dinero inútil, porque para comer tuvimos que
malbaratar los congeladores, las parrillas y hasta los focos. Nadie te cambia
un billete de a cien dólares, y menos en este mugroso pueblo grande. Mira,
siente todo el mugroso titipuchal de billetes que no puedo meter al banco ni
pagar nada. Ni siquiera puedo poner un negocio yo solo, porque ni modo que haga
las transacciones en efectivo... con dólares. ¡Sí, cómo no! Me denuncian al
fisco, llaman a una patrulla, se quedan con la mitad... ¡y eso no, nel, nunca!
PALOMINO.- Y ni
salir podemos. Ya los buitres del pueblo saben o sospechan que usted tiene lana
guardada y, según ellos, ya se lo está cargando la calaca. ¿Sí se está
muriendo, don Carlos? Are you going to die? Don't die, my friend.
ZORRILLO.- ¡Claro
que no! Bueno, sí... me muero, ¡pero del puro coraje de que todo me sale mal y
cada vez peor! (Se escucha el TIMBRE en el recibidor). ¡A la cama!
Échame talco en la cara pa' parecer pan de muerto. ¡Tú ve a atajar a la visita!
Si vienen a ver si estoy muerto, tal vez traigan algún regalo como ofrenda,
para mostrar respeto... Nadie da nada a cambio de nada.
(Palomino
corre al recibidor. Zorrillo se tira en la cama, abre la boca y cruza las manos
en el pecho afectando rigidez cadavérica. Palomino abre la puerta de la calle.
Es DON RUPERTO MORADO, estirado, cargando una caja de zapatos).
RUPERTO.- Mi buen
Palomino. Me enteré de que don Carlos ya está buscando colgar los tenis o
ingresar al viejo panteón... o al nuevo. Le traje estos zapatos de piel de
borrego, son únicos y carísimos.
PALOMINO.- (Huele
la caja). Ay, don Ruperto. Smells like cheap plastic. Huelen a China
continental o a baratijas de mercado de ofertas. Son de plástico del que no se
dobla, ¿verdad?
RUPERTO.-
¡Ensamblados en León con tecnología asiática! ¿Puedo pasar a darle mi pésame
adelantado? (Intenta asomarse por el arco de la recámara. Zorrillo, al verlo
de reojo, empieza a toser como tuberculoso).
PALOMINO.- (Le
cierra el paso de golpe). ¡Uy, don Ruperto! Escuche nomás cómo le raspan
los bronquios. El patrón tiene fuego en la panza, y luego, ya sabe... la taza
del baño recibe puras miserias de ese fuego, it's disgusting... ¿me entiende?
Por la diarrea... No haga esas caras. Y luego escupe bilis. La neta, a un
hombre al que ya se le están enfriando las patas, unos zapatos de agujeta son
un suplicio. Lo que necesita son pantuflas; tráigalas, que sean de piel de
venado o de gamuza mínimo, del número siete. Y de los chinos no se preocupe...
déjemelos aquí. (Se los pone bajo el brazo). Yo me los quedo pa' tirar
rostro en el malecón o en el Arco de la Calzada, y le prometo que en el
testamento usted va en primera fila.
RUPERTO.- (Sonriendo
con codicia). Dios te lo pague, muchacho. Cuídalo mucho... no le des
vinagre, ni lo vayas a matar de un susto o de un coraje... Adiosito, yo luego
traigo las chanclas. (Sale apresurado y descontrolado).
(Apenas
sale Ruperto, tocan la puerta de nuevo. Palomino abre. Entra EL VIDRIERO
cargando un cenicero de cristal inmenso y ostentoso).
VIDRIERO.-
Palominillo, chulo. Le traigo este regalito a don Carlos. Pa' su buró.
PALOMINO.- ¿Un cenicero? Are you flatly dumb in your head? El patrón
ya no fuma. Se fumaba tres cajetillas al día, y si tomaba, fumaba más. Y si
comía mole, fumaba... ¡y fumaba mientras comía! Ya me entiende. Y tomaba
mucho... mucho tequila y mezcal, y fumaba cuando bebía mezcal... Eso ya lo
dije, ¿o sí me entendió? Deme acá esa madre pa' poner mis llaves. A ver, ¿es de
cristal bueno o es puro vidrio? No sé, se ve bueno, pero uno nunca sabe.
¡Lléguele! ¿Qué se me queda viendo? ¿Espera algo a cambio? ¿Espera que le diga
que su cenicero está muy bonito? (Lo empuja hacia la puerta).
VIDRIERO.- ¡Pero
déjame verlo, para que sepa que vine! No me trate así, como si fuera una...
PALOMINO.- ¿Una
piruja? No, ni sé cómo pudo pensar eso. Yo le digo al patrón, para que lo tenga
en su testamento. Conforme, ¿sí o no? Ya le dije que lo tiene en sus
pensamientos. Si no, yo le digo. La próxima vez tráigame un espejo, así como de
cuerpo entero, como de un metro setenta y ocho... ¿o cuánto cree que mida el
patrón? Ah, ya sé, es medio chaparro, entonces de dos metros para que quepamos
todos. Ya lo anoté en mi libretita, ándele, que si respira el aire del enfermo
se le va a cargar la... Ya váyase. Váyase a su casa. Go home. Con los bordes
biselados y con marco de plata, ¿sí me entendió? Ándele, señor Vidrio... o como
me dijo que se llama. (Lo echa a empujones).
(Toman el
timbre de nuevo. Palomino abre de mala gana. Llega DON BETO PRADERA "El
Alacrán", el boticario, con un frasco gotero y una botella de tequila bajo
el brazo).
BETO.- Vengo a
ver al difunto en potencia. Le traigo "Las gotas de la felicidad".
Extracto de peyote con clonazepam. Pa' que se vaya riendo al otro mundo. No se
lo debe tomar en ayunas, y es mejor que esté acompañado, por si le da el
telele. Tú eres el albacea, Palomino, ¿ya sabes si me puso a mí en sus
pensamientos y en su testamento? Si no es así, dale unas gotas y que me anote;
luego le das el resto del frasco. Si no se lo quiere tomar solo, dáselo en un
tecito, o mejor, en una copa de tequila... aquí le traigo el tequila. Ya sabes:
unas gotas y luego todo... ¡para que requiescat in pace!
PALOMINO.- (Se
lo arrebata). ¡Ah, cabrón! What a
son of a bitch… Qué mother fucker… Échelas pa' acá. Como en la
aduana, Betito: todo frasco sospechoso se decomisa. Y ni le busque, el patrón
no recibe a nadie. Usted no tiene corazón; eso que usted propone no lo acepta
nadie, ni es de buen gusto y además es censurable. Así que no lo diga porque no
lo quiero ni ver, ¡váyase! Pero si regresa, tráigame de esos como cactus que lo
ponen a uno a girar... To put me high, if you understand me? High… unos peyotes
verdes, como sin espinas, y ya le diré a mi patrón que lo incluya. Pero sin
gotas malvadas. ¡Largo, váyase de aquí!
BETO.- (Molesto,
asomándose por el arco). Te quieres quedar con todo el pastel, ¿verdad,
pinche gato? ¡Se ve que te relames los bigotes! Pinche pocho, baboso. Ya vas a
ver cómo te va a cargar la... ¡trampa! Te vas a ir a la chingada, Will you see.
(Palomino
le da un empujón y le cierra la puerta en las narices).
(Luz en
la Recámara. Zorrillo se levanta de un salto, muerto de risa).
ZORRILLO.- ¡Bola de
transas tarugos, jijos del maíz! ¡Se la tragaron toda!
PALOMINO.- Pero no
se van a quedar quietos, patrón. Son como la humedad, la sarna, la lepra y las
enfermedades de transmisión sexual... el herpes... It never goes away. (Ante
la mirada fulminante de su jefe). Qué... hablo mucho, ¿verdad? Ya, ya... me
callo. I swear.
(Cambio
de luz: proscenio o calle. Ruperto, el Vidriero y Beto se reúnen bajo un farol
en la calle).
RUPERTO.- El mugre
de Palomino nos está haciendo de chivo los tamales. Se va a quedar con todo.
Seguro que su patrón está hinchado de billetes. Puedo oler cuando hay dinero
como si fuera un buitre... y no, no lo soy, soy una buena persona, soy padre de
familia, voy a misa, voto por el PAN...
BETO.- Hay que
mandar a la artillería pesada. Hay que llamar a "La Alcayata".
VIDRIERO.- ¿A
Sofía? ¡Esa es buena! Esa colegiala es una fiera. Bueno, de colegiala le quedó
la fama. Se quedó con el dinero del dueño de Pieles León, se quedó con el
dinero del dueño de los terrenos nuevos de junto al malecón, se quedó con el
dinero de Zapaterías “El Buen Gusto”... Su familia la odia, la del Buen gusto,
claro… pero ella les hace cara de "¿y qué?" y sigue por las calles en
sus coches de lujo todos tuneados. Aunque sean de buena marca, es medio
corrientita, ¡pero nos sirve! Es una genia. Si alguien puede sacarle una firma
al viejo saltándose al gato, es ella. Ella nos pondrá en el testamento.
ACTO
SEGUNDO
(El mismo
set. Recibidor. Suena el timbre. Palomino abre y entra SOFÍA "LA
ALCAYATA". Lleva un uniforme escolar muy entallado, calcetas altas y
actitud de mosquita muerta).
PALOMINO.- ¡Quihubo, mija! I'm glad to see you, bonita. ¿A poco
vienes a rezarle el rosario al viejo? ¿No prefieres darle los buenos días al
nuevo dueño de la quincena? (Intenta acorralarla contra el sofá).
SOFÍA.- (Lo
esquiva con un manotazo disque elegante). ¡Sácate, gato igualado! Palomino,
yo no doy brincos en piso parejo. Ni beso sin chequera, ni hago caldo sin
lumbre, you know, lumbre…. ¡Vengo a ver a don Carlos! (Sofía cruza el arco
hacia la recámara sin pedir permiso).
(Luz en
la recámara. Zorrillo, al verla, revive mágicamente. Se peina con saliva).
ZORRILLO.- ¡Sofía!
Mi niña de las buenas causas. Ven, acuéstate aquí con este pobre enfermo que ya
nomás respira por inercia.
SOFÍA.- (Se
sienta en la cama y da de brincos). ¡Ay, don Carlos! ¿Pues qué tiene este
colchón? ¿Tabiques? Está re duro y hace ruido de papel.
ZORRILLO.- (Con
una sonrisa ladina, levanta la sábana). Son dólares, mi reina. Sucios,
manchados... pero dólares al fin. Si me das unos besitos, te prometo que te
llevas un buen fajo pa' tus chicles.
SOFÍA.- (Viendo
el dinero, se le iluminan los ojos, pero mantiene la compostura). Mmm...
huelen a humedad y a narco... pero bueno, con una buena planchada se les quita.
¿Qué tal si planchamos y luego lavamos? Yo tengo muy buenas ideas... (Se
acuesta a su lado. Empiezan los arrumacos y risitas exageradas).
PALOMINO.- (Que
ha estado espiando desde el arco, se muerde las uñas). ¡Viejo rabo verde!
¡Se está gastando mi herencia! Maldita zorra... A zorra y zorrillo, nadie les
gana. ¡No, esto no se queda así!
(De
pronto, golpes violentos en la puerta de la calle. Se oyen voces afuera).
PALOMINO.- (Corre
al recibidor, asoma por la ventana y regresa espantado a la recámara).
¡Patrón! ¡Ahí vienen los tres buitres juntos! ¡Y traen a un Notario del pueblo!
¡Vienen a exigir ver su testamento o lo denuncian con las autoridades!
ZORRILLO.- (Se
separa de Sofía, los ojos le brillan con malicia dramática). ¡Perfecto! La
comedia tiene que llegar a su final, ya no puedo seguir viviendo en esta
situación. ¡Diles que acabo de fallecer de un infarto, y que me quedé bien
muerto y quedé tieso por el esfuerzo y que me morí!
PALOMINO.- ¿Qué?
ZORRILLO.- Toma
este testamento falso que tenía aquí en el buró. Dice que te dejo todo a ti. Yo
me voy a meter debajo del colchón. ¡Quiero ver las caras que ponen cuando vean
que el gato se quedó con toda la fortuna! ¡Va a ser hermoso! ¡Ándale, baboso,
muévete!
(Zorrillo
se escurre con dificultad debajo de la inmensa cama. Sofía, que capta el juego
al vuelo y ve su oportunidad de oro, agarra discretamente un fajo gigante de
billetes que quedó suelto, se pone un velo negro en la cabeza y empieza a
sollozar trágicamente).
(Palomino
corre y abre la puerta de la calle. Entran de golpe RUPERTO, BETO y el
VIDRIERO, el señor Vidrio, por cierto).
RUPERTO.- ¡A un
lado, Palomino! Venimos a ver al viejo y a que nos firme un testamento final.
PALOMINO.- (Fingiendo
voz quebrada, tapándose la cara). Tarde llegaron, señores... El Señor lo ha
llamado a su santa gloria... Justo ahora, echando pata con doña Alcayata…
poniéndole nombre a Jorge, echándose un caldito con mucha, mucha lumbre… ya
saben… Pues, le dio un infarto y se murió bien muerto… Colgó los tenis, se fue
con los pies por delante... ¿Qué más se dice? ¡Pasó a mejor vida!
(Los tres
buitres cruzan corriendo a la recámara. Ven la cama revuelta y a Sofía llorando
a gritos, exagerando el drama).
BETO.- ¿Y el
testamento? ¿Dónde está el maldito papel?
PALOMINO.- (Saca
el papel del buró). Aquí está, sellado y firmado por el patrón antes de
estirar la pata... y de echar pata, ya saben, con la Alcayata… y así… de
echarse el caldito… y ya no voy a repetir nada, pues yo no hablo tanto, aunque
a veces sí… Y dice así: "Dejo todos mis bienes, cuentas, negocios de
helotes y helados, y este sagrado colchón matrimonial, a mi fiel servidor... mi
gato Palomino".
RUPERTO.- ¡Es un
fraude! ¡Un cochinero! ¡Tú me robaste mis zapatos asiáticos!
VIDRIERO.- ¡Gato
usurpador! ¡Y no te traje tu espejo para que no veas lo rata que eres!
SOFÍA.- (Haciendo
drama, se levanta de la cama). ¡Y a mí me dejó desamparada! ¡Yo era la
viuda no oficial! Esto es una porquería... ¡Me voy, no puedo con tanto dolor! (Sofía
sale sigilosamente de la casa, guiñándole el ojo al público, sabiendo
exactamente lo que va a hacer).
PALOMINO.- (Creciéndose,
arrogante, apuntando a la calle). Pues ya oyeron, bola de vividores.
Sáquense a la puritita tiznada; largo de mi casa. ¡Fuera! O llamo a la policía…
y los acuso de robo, allanamiento de morada, estuplo… Eso… de mis derechos
pues… ¡Fuera!!!!
(Los
buitres, indignados y maldiciendo, salen echando pestes. Palomino los acompaña
hasta la puerta de la calle y les da un soberbio portazo).
(En la
recámara, Zorrillo asoma la cabeza por debajo de la cama, tapándose la boca
para no carcajearse. Al ver que Sofía ya no está, sale por completo).
ZORRILLO.- (Saliendo,
sacudiéndose el polvo). ¡Ay, cabrón, qué divertidota nos dimos! ¿Viste sus
caras? ¡Arte puro! Oye, Palomino... me voy a poner mi gabardina vieja. Los voy
a ir a buscar a las cantinas del centro nomás para pasar cerquita de ellos y
cagarme de risa en su nariz… Me voy a burlar de sus lamentables vidas en sus
narices, ya verás. ¡Perdedores!
PALOMINO.- (Regresando
a la recámara, con un tono extrañamente frío y distante). Como usted mande,
don Carlos. Vaya a divertirse.
(Zorrillo
se pone una gabardina sobre la pijama y sale canturreando feliz por la puerta
principal. Palomino se queda solo en el centro de la recámara. Su actitud
cambia por completo).
PALOMINO.- (Mira
el testamento falso. Luego mira la cama gorda. Camina lentamente y la
acaricia). El papel es legal... Los testigos lo vieron entrar al notario...
Todo León cree que Carlos Zorrillo ya colgó los tenis o que ya murió: punto. ¿Y
qué necesidad tengo yo de ser el achichincle de un difunto, si puedo ser el
dueño del circo? Además me trata mal, me dijo gato... Ah, pues va a ver cómo
este palomito se convierte en huracán... Digo, en gavilán, ¡pero qué digo! En
águila, en halcón... No, en buitre no, de esos ya hay muchos en este pueblo.
(Palomino
saca una maleta deportiva de debajo de un sillón del recibidor, la lleva a la
recámara, levanta el colchón y observa con deleite los fajos de billetes,
riendo con locura, festeja sobre la cama pues piensa que todo ese dinero le
pertenecerá… pero la ambición siempre rompe el saco… Y sin que meta un solo
fajo de dólares a la bolsa Palomino empieza a ver como su sueño se desvanece…)
(Luz en
el recibidor. Zorrillo regresa corriendo, asustado. Intenta abrir la puerta
principal, pero está atrancada. Toca el timbre con desesperación. Golpea la
madera).
ZORRILLO.-
¡Palomino! ¡Palomino, abre, por tu madre! ¡Unos tipos grandes, güeritos y raros
me vienen siguiendo desde el Arco de la Calzada! ¡Abre! Nunca pude llegar con
los buitres, no me pude burlar de ellos… Diosito me castigó por pasarme de la
raya… Palomito lindo, ábreme, por tu vida, están muy grandotes y tienen cara de
matones…
PALOMINO.- (Pegado
a la puerta habla como si estuviera a kilómetros de Zorrillo). Ah… lo
siento, buen hombre! Todos aquí estamos muy tristes, por la muerte de don
Zorrillo… era un buen hombre y nunca trataba mal a los que lo servían. Nunca le
dijo palabras desagradables a su mejor empleado Palominito, nunca le dijo gato
ni nada ofensivo a su mejor servidor, que lo consideraba un amigo, pero ya ve
cómo la vida te da sorpresas, ¿no?... (Palomino abre una mirilla que tiene
la puerta). ¡Se equivoca de casa, buen hombre! ¡Aquí estamos velando el
cuerpo de Don Carlos Zorrillo! ¡Y yo soy su único y legítimo heredero!
ZORRILLO.- ¡No te
hagas el gracioso, no ahora, Palomino… ¡Soy yo! ¡Deja de jugar que ahorita no
estoy para tus vaciladas!
PALOMINO.- (Con
una frialdad corporativa). Que Descanse en paz el “Patrón”. El muerto al
hoyo y el vivo al gozo. (Le cierra la mirilla en la cara y corre a la
recámara a seguir empacando el dinero).
ZORRILLO.- (Desde
la calle, pálido. La comedia se le volteó por completo. Su rabia es inmensa).
¿A mí? ¿A mí me vas a tratar como una chancla, gato mugroso? ¡Pues si yo me
hundo, tú te hundes conmigo, mugroso malparido, pedazo de… Caca! (Sale
corriendo enfurecido).
(Apagón
breve para denotar el paso de unos minutos. Luz general de nuevo).
(Palomino,
en la recámara, ya tiene la maleta deportiva a reventar. Va cruzando el
recibidor listo para escapar. De pronto, la puerta de la calle vuela de una
patada).
(Entran
en tropel ZORRILLO, RUPERTO, BETO, el VIDRIERO, y detrás de ellos, dos hombres
altos, güeros, vestidos con trajes negros… Son hombres muy rígidos, gafas
oscuras y un portafolios de piel. Son supuestamente LOS INSPECTORES).
RUPERTO.- ¡Ahí
está el ladrón! ¡Se los dije!
ZORRILLO.-
¡Mírenlo, señores inspectores! ¡Se quería fugar con el botín!
PALOMINO.- (Aterrado,
soltando la maleta). ¡Patrón, no sea güey! ¡Nos va a hundir a los dos con
Hacienda! ¡Piense en el fisco!
ZORRILLO.- (Cegado
por el despecho y la ira). ¡Prefiero que el gobierno me quite hasta la
camisa a que un mugroso roedor como tú se gaste mis dólares en puros antojitos,
refrescos y mujeres! ¡Miren, señores inspectores! ¡Vengan a la recámara!
(Todos
cruzan en tropel a la recámara. Carlos Zorrillo, dramáticamente, agarra el
colchón y lo voltea por completo. Todavía tiene fajos de billetes que no ha
podido guardar Palomino).
CARLOS
ZORRILLO.- ¡Miren! ¡Dinero sucio! ¡Dinero del narco! Está en el colchón
y el resto en esas maletas que el ladrón ha guardado… ¡Llévenselo, agarren todo
el dinero, pero a este infeliz métanlo a la cárcel por el resto de sus días!
(Los dos
Inspectores miran el dinero del colchón, miran las maletas. Intercambian una
mirada y se quitan las gafas oscuras simultáneamente).
INSPECTOR
1.-
(Con un acento gringo exageradísimo). Oukey, mister Carlos Zorrillo. Se
lo agradecemos veery much.
INSPECTOR
2.-
Yes. En el nombre de... la F.B.I... la I.R.S... y de los Yunaited Esteits...
¡La DEA confisca este colchón y those maletas sucias!
(Palomino
y Carlos Zorrillo abren los ojos como platos, completamente congelados por el
terror).
PALOMINO.- ¿La...
la DEA? ¡Patrón! ¡Trajo a los gringos, pero estos gringos son de la Mafia,
mafiosos, No son de la DEA… Son Mobsters!
CARLOS
ZORRILLO.- ¡Puta madre! ¡Yo pensé que eran Godínez de Irapuato!
INSPECTOR
1.-
(Sacando unas de esposas relucientes). Yes, mister. Ustedes vienen con
nosotros, los vamos a llevar a conocer peces, al fondo del mar. Por lavado de
dinero y simulación de defun… shon.
(Desde el
recibidor, entra triunfante SOFÍA "La Alcayata", ahora del brazo de
otro Mafioso gringo que carga una pistola cromada gigantesca. Viene masticando
chicle y luciendo unos lentes de sol carísimos).
SOFÍA.- Ay, don
Carlitos... se los dije. Yo no doy paso sin huarache. Cuando salí de aquí y vi
que este barco se iba a hundir, me fui directito con estos muchachotes de Las
Vegas que ya los estaban buscando a ustedes por andar de ridículos. Hasta visa
super fake pero super bien hecha me consiguieron, ahora me llamo Martha Stuart,
¿pueden creerlo? ¡Me voy con ellos a Las Vegas como su nueva reina de la mob,
perdedores! (Les lanza un beso burlón y sale pavoneándose).
INSPECTOR
2.-
Listen carefully, Mister Zorrillo. El Jefe en Las Vegas no está feliz con tu
modelo de negocios. Lavar dollars con "helotes y heladous", that's
business de gente pobre. Mal gusto mucho, YuNou.
INSPECTOR
1.-
Yeah. Y a los que le faltan al respeto al Jefe, los llevamos al agua salada con
zapatos de cemento fondou del mar. ¿Capiche?
INSPECTOR
2.-
Y a ustedes, amiguitos buitres... (Señala firmemente a Ruperto, Beto y el
Vidriero). "Los capos de la mob les dieron jale nuevo a esos
fulanos... Van a ser los nuevos links con los carteles de estas zonas. Nos
reportan a nosotros y luego se van al nuevo jale de Wash and Fold... Lavandería
nueva, putos... Vámonos todos. ¡Muévanse!"
(Los
supuestos inspectores esposan rápidamente a Palomino y a Carlos Zorrillo. Al
mismo tiempo, los tres buitres del pueblo se tiran al piso con desesperación y,
como auténticas aves de rapiña, empiezan a pelearse y pepenar los fajos de
billetes y la maleta para llevárselos, asintiendo sumisos ante las órdenes de
los gringos).
PALOMINO.- (Lloriqueando,
viendo sus manos esposadas). Guys, please! Yo no sé nadar con cemento... Yo
también sirvo de buen enlace. ¡Tengo great skills! Yo hablo inglés. Listen to me: I can be very useful for the boss in
Vegas!
INSPECTOR
1.-
(Lo mira con curiosidad). ¿Hablas
inglés, kid?
PALOMINO.- But of course! My english is impeccable! Yo le
puedo organizar los negocios, los libros, lavar los pisos del casino... ¡Por
piedad, no me dejen hier ni me tiren al lago!
INSPECTOR
2.-
Not bad. El Jefe ha estado muy estresado por las tonterías que hicieron ustedes
dos. Si le llevamos a un funny guy que hable Spanglish para que le sirva de
bufón, igual y se ríe un rato. Come with us, Palomino. Te salvaste del cemento,
pero te vienes a Las Vegas con nosotros y con miss Martha Stuart.
PALOMINO.- (Olvidando
el llanto, fascinado). ¡Sure,
amigos! Let's go together! ¡A Las Vegas, mamacita! (Voltea a ver a
Carlos Zorrillo con desprecio y burla). ¡See you never, Pepe Le Pew! ¡Te
quedas solo por ambicioso y por humillarme! ¡Te la pelas, patrón... You are
history, baby!
(Los
Inspectores, los tres buitres—Ruperto, Beto y el Vidriero cargando el botín—y
Palomino salen en tropel riendo a carcajadas, dejando la escena vacía. Carlos
Zorrillo queda completamente solo en el centro de la recámara destrozada. Se
acerca lentamente al espejo de pie que dejó el Vidriero. Se mira fijamente,
rumiando su soledad).
CARLOS
ZORRILLO.- (Sonríe al espejo con un cinismo amargo, brillante).
Pues me he quedado solo y sin un centavo. Quedé en los puros rines. Me llevó la
tiznada... La mafia, Martha Stuart, los malditos buitres... (Suelta una
carcajada genuina). ¡Pero por lo menos me quitaron de encima al hablador de
Palomino! ¡Me vengué de él, lo humillé hasta el final y ahora se fue con los
que lo van a usar de bufón! ¡Se lo merece por traidor! (Ríe más fuerte,
viéndose en el espejo). Soy feliz... no tengo dinero, ni libertad, ni
amigos... pero, ¡miren cómo río de felicidad! ¡Jajajaja!
(De
pronto, su rostro en el espejo se desfigura. La risa se ahoga en un gemido).
CARLOS
ZORRILLO.- No... no estoy feliz... ¡Estoy muy solo! ¡Me quedé sin mi
único amigo! (Cae de rodillas frente al espejo, llorando como niño).
¡Mamá! ¡Mamá, dónde estás! ¡Todo me sale mal! ¡Buahhhh! (Se incorpora de
golpe, con estoicismo absoluto, secándose las lágrimas). No importa. Yo soy
Carlos Zorrillo. Yo siempre salgo adelante. Caigo parado. (Vuelve a colapsar
frente al espejo). ¡Buahhh! ¿Por qué a mí? ¡Noooo!
(Carlos
Zorrillo sale de escena alternando entre carcajadas altivas y llanto
desconsolado, como si dos máscaras pelearan por su rostro. La recámara queda en
completa soledad; la cama está destrozada en el centro, mostrando únicamente
los fierros oxidados).
(Empieza
a sonar una música irónica de danzón, que de pronto se convierte en un mambo
sabrosón, alegre y festivo. Toda la compañía sale feliz a dar las gracias).
TELÓN
FINAL