DERECHOS DE AUTOR

Todo el contenido de DRAMAVIRTUAL.ORG © 2026 por Benjamín Gavarre está bajo una licencia CC BY-NC-ND 4.0. Para ver una copia de esta licencia, visita creativecommons.org

martes, febrero 25, 2025

LOS VENDIDOS. LUIS VALDEZ. ("Español")


Los Vendidos

De Luis Valdez

(Versión en "español")

Luis Valdez y el teatro chicano

Luis Valdez es un pilar fundamental de la literatura y el arte escénico chicano , habiendo forjado un movimiento artístico que dio voz a las luchas sociopolíticas de los mexicoamericanos durante las revueltas por los derechos civiles de la década de 1960. En 1965, Valdez fundó El Teatro Campesino en los piquetes de la huelga de la uva de Delano, junto con la Asociación Nacional de Trabajadores Agrícolas de César Chávez. Operando desde camiones de plataforma, campos y sedes sindicales, El Teatro Campesino utilizó actos —obras cortas, altamente estilizadas y satíricas de un solo acto— para denunciar la explotación laboral, el racismo sistémico y las complejidades de la identidad cultural.

Escrita en 1967, Los Vendidos representa una obra maestra dentro de esta tradición satírica. Ambientada en el "Lote de Artículos Usados ​​Mexicanos y Tienda de Curiosidades Mexicanas del Honesto Sancho", la obra deconstruye la mercantilización y la instrumentalización de los mexicoamericanos por parte de una clase política hipócrita y asimilacionista. Mediante caricaturas arquetípicas —el campesino sumiso, el pachuco rebelde, el revolucionario romántico y el mexicoamericano idealista— Valdez desenmascara el absurdo de cómo la sociedad angloamericana dominante intenta empaquetar, purificar y comprar las identidades minoritarias por conveniencia política. La obra culmina brillantemente con una subversión de las expectativas: las supuestas "máquinas" se liberan de sus guiones programados, revelando que los verdaderos protagonistas son agentes conscientes de su propia liberación.




Personajes:


  • Honest Sancho

  • La Secretaria (Miss Jiménez)

  • El Trabajador Agrícola (Farmworker)

  • El Pachuco (Johnny Pachuco)

  • El Revolucionario

  • El Mexicoamericano (Eric García)



Escena:

El lote de autos usados y tienda de antigüedades mexicanas de HONEST SANCHO. Hay tres modelos en exhibición dentro del establecimiento. A la derecha, un REVOLUCIONARIO completo, con sombrero, carrilleras y carabina 30-30. Al centro, en el piso, el TRABAJADOR AGRÍCOLA bajo un amplio sombrero de paja. A la izquierda del escenario, el PACHUCO con un filero en la mano. HONEST SANCHO camina entre sus maniquíes, sacudiéndoles el polvo y preparándose para otro día de trabajo.


SANCHO: Bueno, bueno, mis monos, vamos a ver a quién vendemos ahora, ¿no? (A la audiencia.) ¡Quihubo! Yo soy el Honest Sancho y esta es mi tienda. Antes fui contratista, pero ahora logré tener mi negocito. Lo único que me falta es un cliente. (Suena una campana fuera de escena.) ¡Ay, un cliente!

SECRETARIA: (Entrando con actitud estirada.) Buenos días, soy la señorita Jiménez de...

SANCHO: Ah, ¡una chicana! Welcome, welcome, Señorita Jiménez.

SECRETARIA: (Con pronunciación anglosajona muy marcada.) JIM-enez.

SANCHO: ¿Qué?

SECRETARIA: Mi nombre es Miss JIM-enez. ¿Acaso no habla inglés? ¿Qué le pasa?

SANCHO: Ah, nada, Señorita JIM-enez. Estoy aquí para ayudarla.

SECRETARIA: Así está mejor. Como le iba diciendo, soy secretaria de la oficina del gobernador Reagan, y estamos buscando un tipo mexicano para la administración.

SANCHO: Bueno, vino al lugar correcto, señora. Este es el lote de mexicanos usados de Honest Sancho, y aquí tenemos de todo tipo. ¿Busca algún modelo en especial?

SECRETARIA: Sí, buscábamos a alguien que fuera suave...

SANCHO: Suave.

SECRETARIA: Debonaire.

SANCHO: De buen aire.

SECRETARIA: Oscuro...

SANCHO: Prieto.

SECRETARIA: Pero claro, no demasiado oscuro.

SANCHO: No muy prieto.

SECRETARIA: Tal vez, color beige.

SANCHO: Beige, justo el tono. Así como cafecito con leche, ¿no?

SECRETARIA: Una cosa más. Debe ser trabajador.

SANCHO: Ese solo puede ser un modelo. Pase por aquí al centro de la tienda, señora. (Se acercan al TRABAJADOR AGRÍCOLA.) Este es nuestro modelo estándar de trabajador agrícola. Como puede ver, en palabras de nuestro querido senador George Murphy, está “built close to the ground” (hecho a ras de suelo). Además, note bien sus huaraches Goodyear de 4 capas, hechos con llantas de lluvia. Este sombrero de ala ancha es un accesorio extra; lo protege del sol, la lluvia y el polvo.

SECRETARIA: Sí, se ve bastante duradero.

SANCHO: Y nuestro modelo de trabajador agrícola es amigable. Muy amable. Vea esto. (Chasquea los dedos.)

TRABAJADOR AGRÍCOLA: (Levanta la cabeza.) Buenos días, señorita. (La cabeza le vuelve a colgar.)

SECRETARIA: ¡Vaya, sí que es amigable!

SANCHO: ¿No se lo dije? ¡Ama a sus patrones! Pero su característica más atractiva es que es bien trabajador. Déjeme le muestro. (Chasquea los dedos. El TRABAJADOR AGRÍCOLA se pone de pie de un brinco.)

TRABAJADOR AGRÍCOLA: ¡El jale! (Empieza a trabajar con brío.)

SANCHO: Como puede ver, está cortando uvas.

SECRETARIA: Oh, yo de eso no sé nada.

SANCHO: También pizca algodón. (Chasquea. El TRABAJADOR AGRÍCOLA imita el movimiento de pizcar algodón.)

SECRETARIA: Versátil, ¿no?

SANCHO: También corta melones. (Chasquea. El trabajador simula cortar melones.) Esa es su velocidad lenta para finales de temporada. Aquí va su velocidad rápida. (Chasquea. El trabajador se mueve a toda velocidad.)

SECRETARIA: ¡Chihuahua!... Digo, Dios mío, ¡sí que es un trabajador infatigable!

SANCHO: (Poniendo de pie al trabajador con un tirón.) Y eso no es todo. ¿Ve estos pequeños agujeros en sus brazos que parecen poros? En esos días calurosos y pesados en el campo, cuando las ramas se enredan y es casi imposible moverse, estos agujeros emiten cierta grasa que le permite a nuestro modelo deslizarse suavemente entre los cultivos sin ningún problema.

SECRETARIA: Maravilloso. Pero, ¿es económico?

SANCHO: ¿Económico? Señorita, está viendo el Volkswagen de los mexicanos. Se mantiene con unos cuantos centavos al día. Un plato de frijoles y tortillas lo mantiene andando todo el día. Eso, y chile. Mucho chile. Chiles jalapeños, chile verde, chile colorado. Pero eso sí, si le da chile, (Chasquea. El trabajador da vuelta a la izquierda y se encorva.) entonces hay que cambiarle el filtro de aceite una vez a la semana.

SECRETARIA: ¿Y sobre su almacenamiento?

SANCHO: Ningún problema. ¿Conoce esos nuevos campos de trabajo agrícola que nuestro honorable gobernador Reagan mandó construir por Parlier o Raisin City? Fueron diseñados pensando en este modelo. Cinco, seis, siete, ¡hasta diez en una de esas chozas y no le darán ningún problema! También los puede meter en graneros viejos, carros viejos, orillas de ríos. ¡Hasta los puede dejar en el campo a la intemperie toda la noche sin pendiente!

SECRETARIA: Notable.

SANCHO: Y aquí va un detalle extra: cada año, al terminar la temporada, este modelo se regresa a México y no vuelve... automáticamente, ¡hasta la próxima primavera!

SECRETARIA: Mire nada más. Pero dígame, ¿habla inglés?

SANCHO: Otra característica destacada es que el año pasado ¡este modelo fue programado para irse a la HUELGA! (Chasquea los dedos.)

TRABAJADOR AGRÍCOLA: ¡Huelga! ¡Huelga! Hermanos, sálganse de esos files. (Chasquea. Se detiene en seco.)

SECRETARIA: ¡No! ¡Oh no, no podemos tener huelgas en el Capitolio del Estado!

SANCHO: Bueno, también es esquirole. (Chasquea los dedos.)

TRABAJADOR AGRÍCOLA: Me vendo barato, ¿y qué? (Chasquea. Se detiene.)

SECRETARIA: Mucho mejor, pero no contestó mi pregunta. ¿Habla inglés?

SANCHO: Bueno... no, pero tiene otras...

SECRETARIA: No.

SANCHO: Otras funciones.

SECRETARIA: ¡No! ¡Simplemente no nos sirve!

SANCHO: Está bien, está bien. Tenemos más modelos.

SECRETARIA: Eso espero. Lo que necesitamos es algo un poquito más sofisticado.

SANCHO: ¿Sofisti-qué?

SECRETARIA: Un modelo urbano.

SANCHO: ¡Ah, de la ciudad! Pase por aquí. En esta esquina de la tienda tenemos justo lo que busca. ¡Le presentamos nuestro nuevo modelo JOHNNY PACHUCO de 1969! Este es nuestro modelo deportivo, aerodinámico. Hecho para la velocidad, los carros low-rider y la vida nocturna. Eche un vistazo a sus características: rines deportivos, doble escape, pintura verde chartreuse, parabrisas polarizado y un pequeño copete arriba. Déjeme echarlo a andar. (Chasquea. JOHNNY camina hacia el centro con el pasito tumbao del pachuco).

SECRETARIA: ¿Qué fue eso?

SANCHO: Eso, señorita, fue el pasito chicano.

SECRETARIA: Muy bien, ¿qué hace?

SANCHO: Todo lo necesario para la vida en la ciudad. Por ejemplo, supervivencia: se agarra a cuchilladas. (Chasquea. JOHNNY saca una navaja automática y se le abalanza a la SECRETARIA. Ella grita.) Baila. (Chasquea).

JOHNNY: (Cantando) “Angel Baby, my Angel Baby...” (Chasquea y se detiene).

SANCHO: Y aquí tiene una característica de la que ningún modelo urbano puede carecer: se deja arrestar, pero no sin antes poner resistencia, por supuesto. (Chasquea).

JOHNNY: ¡En la madre, la placa! ¡Yo no hice nada! ¡Yo no fui! (JOHNNY se pone de espaldas contra una pared imaginaria, con las piernas abiertas y las manos atrás).

SECRETARIA: ¡Oh no, no podemos tener arrestos! ¡Nosotros mantenemos la ley y el orden!

SANCHO: Pero es bilingüe.

SECRETARIA: ¿Bilingüe?

SANCHO: Simón que yes. ¡Habla inglés! Johnny, dinos algo en inglés. (Chasquea).

JOHNNY: (Dando un paso al frente) ¡Fuck-you!

SECRETARIA: (Jadeando de indignación) ¡Oh! ¡Jamás en mi vida me habían insultado tanto!

SANCHO: Bueno, eso lo aprendió en sus escuelas públicas.

SECRETARIA: ¡No me importa dónde lo haya aprendido!

SANCHO: Pero es económico.

SECRETARIA: ¿Económico?

SANCHO: Unos cuantos centavos. A Johnny lo mantiene andando con hamburguesas, tacos de Taco Bell, cerveza Lucky Lager, vino Thunderbird, yesca...

SECRETARIA: ¿Yesca?

SANCHO: Mota.

SECRETARIA: ¿Mota?

SANCHO: Leños... marihuana. (Chasquea. JOHNNY simula dar una bocanada a un cigarro de marihuana).

SECRETARIA: ¡Eso es en contra de la ley!

JOHNNY: (Con una enorme sonrisa, conteniendo el aire) Síp.

SANCHO: También huele pegamento. (Chasquea. JOHNNY simula oler resistol con una gran sonrisa).

JOHNNY: Tha’s too much, man, ese.

SECRETARIA: No, señor Sancho, no creo que este...

SANCHO: Espérese tantito, tiene otras cualidades que le van a encantar. Por ejemplo, ¡un complejo de inferioridad! (Chasquea).

JOHNNY: (Mirando a Sancho) ¿Qué te crees muy fregón o qué, ese? (Amenaza con la navaja).

SANCHO: También aguanta golpes y se le notan los moretones. Córtelo y sangra, patéelo y él... (Le propina golpes, empujones y patadas al PACHUCO). ¿Le gustaría intentarlo?

SECRETARIA: Ay, yo no podría.

SANCHO: Be my guest. Es un excelente chivo expiatorio.

SECRETARIA: No, en serio.

SANCHO: Ándele.

SECRETARIA: Bueno, está bien. Nomás una vez. (Le da una patada al PACHUCO). Ay, ¡qué suavecito está!

SANCHO: ¿Vio qué bien? Dele otra vez.

SECRETARIA: (Pateando al PACHUCO de nuevo) ¡Ay, es maravilloso! (Le vuelve a dar otra patada).

SANCHO: Bueno, ya estuvo suave, señora. Va a arruinar la mercancía. Sí, nuestro modelo Johnny Pachuco le dará horas de diversión. De hecho, la policía de Los Ángeles acaba de comprarse 20 de estos para entrenar a sus nuevos policías. Y hablemos de mantenimiento: está viendo una máquina totalmente autosuficiente. Jamás va a encontrar a nuestro Johnny Pachuco pidiendo asistencia social. ¡No señor, este modelo sabe muy bien cómo liberar!

SECRETARIA: ¿Liberar?

SANCHO: Roba. (Chasquea. JOHNNY corre hacia la SECRETARIA y le arrebata el bolso).

JOHNNY: ¡Dame esa bolsa, vieja! (Corre. Sancho chasquea y Johnny se detiene. La secretaria corre tras él, le quita el bolso y lo patea al pasar).

SECRETARIA: ¡No, no, no! ¡No podemos tener más ladrones en la administración estatal! Vuelva a ponerlo en su lugar.

SANCHO: Está bien, nos quedan otros modelos. Órale, Johnny, te vamos a vender con una viejita. (SANCHO lleva a JOHNNY de regreso a su puesto).

SECRETARIA: Señor Sancho, creo que no está entendiendo lo que necesitamos. Lo que buscamos es algo que atraiga el voto femenino. Algo más tradicional, más romántico.

SANCHO: Ah, un galán. (Sonríe con picardía). Pase por aquí, señorita. Le presento a nuestro modelo estándar de Revolucionario o Bandido de la Vieja California. Como puede ver, es de complexión robusta, resistente, duradero. ¡Este es el International Harvester de los mexicanos!

SECRETARIA: ¿Y qué hace?

SANCHO: Lo que usted le pida. Monta a caballo, se esconde en la sierra, cruza desiertos, llanuras y ríos; encabeza revoluciones, las sigue, mata, se deja matar, sirve de mártir, héroe y hasta de estrella de cine. ¿Dije estrella de cine? ¿Nunca vio Viva Zapata, Viva Villa, Villa Rides, El regreso de Pancho Villa, Pancho Villa contra Abbott y Costello?

SECRETARIA: Jamás he visto ninguna de esas.

SANCHO: Bueno, él salió en todas. Escuche esto. (Chasquea).

REVOLUCIONARIO: (Con un grito estentóreo) ¡Viva Villaaaaa!

SECRETARIA: ¡Ay, eso es demasiado fuerte!

SANCHO: No se preocupe, tiene control de volumen. (Le ajusta el volumen. Chasquea).

REVOLUCIONARIO: (Con vocecita de ratón) Viva Villa.

SECRETARIA: Así está mejor.

SANCHO: Y aunque no lo haya visto en el cine, seguro lo vio en la televisión. ¡Hasta hace comerciales! (Chasquea).

REVOLUCIONARIO: ¿Hay un Frito Bandito en su casa?

SECRETARIA: ¡Ah sí, ese sí lo he visto!

SANCHO: Otra ventaja de este modelo es que es muy económico. ¡Funciona a base de carne de caballo cruda y tequila!

SECRETARIA: ¿No le parece algo salvaje?

SANCHO: Al contrario, ¡eso lo convierte en todo un romántico! (Chasquea).

REVOLUCIONARIO: (Abrazando a la secretaria) ¡Ay, mamasota, cochota, ven pa’ cá! (La dobla hacia atrás al estilo de gran amante latino).

SANCHO: (Chasquea. El REVOLUCIONARIO la endereza). ¿Vio qué bonito?

SECRETARIA: Bueno, estuvo más o menos agradable.

SANCHO: Y por último, una característica que sé que le va a encantar a las damas: ¡es una antigüedad genuina! ¡Fue fabricado en México en 1910!

SECRETARIA: ¿Fabricado en México?

SANCHO: Así es. Una vez en Tijuana, dos veces en Guadalajara y tres en Cuernavaca.

SECRETARIA: Señor Sancho, yo creí que era un producto estadounidense.

SANCHO: No, pero...

SECRETARIA: No, lo siento mucho. Nosotros no podemos comprar nada que no sea hecho en Estados Unidos. Este no nos sirve.

SANCHO: ¡Pero si es una antigüedad!

SECRETARIA: No me importa. Sigue sin entender lo que necesitamos. Es cierto que requerimos modelos mexicanos, pero lo más importante es que sean estadounidenses.

SANCHO: ¿Estadounidenses?

SECRETARIA: Así es. Y a juzgar por lo que me ha enseñado, creo que no tiene lo que buscamos. Mi hora de almuerzo ya casi termina, así que mejor me voy...

SANCHO: ¡Espérese un segundo! ¿Mexicano pero estadounidense?

SECRETARIA: Exactamente.

SANCHO: ¿Mexicano pero... (Hace un gesto de iluminación) ¡Estadounidense! ¡Sí, creo que tenemos justo lo que busca! ¡Acaba de llegar hoy! Déjeme un minuto. (Sale y habla desde la parte de atrás). Aquí lo tengo en la tienda. Déjeme quitarle los papeles. Listo. ¡Les presentamos nuestro nuevo Mexicoamericano de 1970!

¡Ta-ra-ra-raaaa! (SANCHO saca al modelo MEXICANOAMERICANO: un tipo bien arreglado, de clase media, con traje de negocios y lentes).

SECRETARIA: (Impresionada) ¿Dónde tenía escondido a este?

SANCHO: Acaba de llegar esta mañana. ¿A poco no es una belleza? ¡Deleite sus ojos! Estructura de acero estadounidense, moderno y aerodinámico. De hecho, está construido exactamente igual que nuestros modelos anglos, nomás que viene en una variedad de tonos más oscuros: curpiel, piel o imitación.

SECRETARIA: Curpiel.

SANCHO: Anotado. ¡Sí, señorita, este modelo representa la cúspide de la ingeniería americana! ¡Es bilingüe, con estudios universitarios y muy ambicioso! Dígale la palabra “aculturarse” y el tipo acelera. Es inteligente, educado, limpio. ¿Dije limpio? (Chasquea. El MEXICANOAMERICANO levanta un brazo). Huela.

SECRETARIA: (Olfatea) Old Sobaco, mi favorito.

SANCHO: (Chasquea. El MEXICANOAMERICANO voltea a ver a Sancho). ¿Eric? (A la secretaria) Le decimos Eric García. (A Eric) Eric, te presento a la Miss JIM-enez.

MEXICANOAMERICANO: Señorita Jiménez, estoy encantado de conocerla. (Le besa la mano).

SECRETARIA: ¡Ay Dios mío, qué encantador!

SANCHO: ¿Sintió la succión? Tiene siete ventosas diseñadas científicamente justo detrás de los labios. ¡Es un estuche de monerías!

SECRETARIA: Oiga, ¿y los comités? ¿Sirve para meterlo en comités?

SANCHO: ¡Lo que usted quiera! Está en todos lados: comités de libertad condicional, juntas de reclutamiento militar, mesas directivas escolares, comités de control de calidad del taco, tablas de surf, ¡en lo que sea!

SECRETARIA: ¿Y funciona en la política?

SECRETARIO/SANCHO: Señorita, está viendo una auténtica máquina política. ¿Ha oído hablar de la OEO, la EOC, la COD, la Guerra contra la Pobreza? ¡Ese es nuestro modelo! Y no solo eso, ¡da discursos políticos!

SECRETARIA: ¿Podría escuchar uno?

SANCHO: Con muchísimo gusto. (Chasquea). Eric, danos un discurso.

MEXICANOAMERICANO: Señor congresista, señor presidente, miembros del consejo, distinguidos invitados, damas y caballeros. (Sancho y la Secretaria aplauden). Por favor, guarden silencio. Comparezco ante ustedes como mexicoamericano para hablarles de los problemas del mexicano. Los problemas del mexicano provienen de una sola cosa: ¡es estúpido! ¡No tiene educación! Necesita quedarse en la escuela. Necesita ser ambicioso, tener visión de futuro, trabajar más duro. ¡Necesita pensar americano, americano, americano, americano, americano! ¡Dios bendiga a América! ¡Dios bendiga a América! ¡Dios bendiga a América! (Empieza a fallar, fuera de control. Sancho chasquea frenéticamente hasta que el MEXICANOAMERICANO se desploma hacia adelante).

SECRETARIA: ¡Ay, por favor, si hasta es patriótico!

SANCHO: Sí, señorita, ama a su patria. Déjeme ajustarle aquí una tuerca. (Endereza al Mexicoamericano).

SECRETARIA: ¿Y su mantenimiento? ¿Es económico?

SANCHO: Mire, no le voy a mentir. El mexicoamericano cuesta un poquito más, pero lo que paga lo vale. Le reditúa cada centavo. Lo puede mantener con martinis secos, pan de caja...

SECRETARIA: ¿Pay de manzana?

SANCHO: Solo el de la abuelita. Eso sí, está programado para comer comida mexicana en eventos ceremoniales, pero le advierto: ¡una sobredosis de frijoles le tapa el escape!

SECRETARIA: ¡Perfecto! Solo tengo una última pregunta. ¿Cuánto cuesta?

SANCHO: Mire, le voy a hacer un favor. ¡Hoy y solo hoy, porque se ha portado muy bien, le voy a dejar que me robe este modelo! Se lo puede llevar del lote por un precio especial de... impuestos y placas incluidos, ¡quince mil dólares!

SECRETARIA: ¿Quince mil dólares? ¡¿Por un mexicano?!

SANCHO: ¿Mexicano? ¿De qué habla? ¡Este es un mexicoamericano! ¡Tuvimos que fundir a dos pachucos, a un trabajador agrícola y a tres anglos para fabricar este modelo! Si quiere calidad, ¡tiene que pagarla! Esto no es cualquier chatarra. ¡Tiene clase!

SECRETARIA: Está bien, me lo llevo.

SANCHO: ¿De veras?

SECRETARIA: Aquí tiene el dinero.

SANCHO: ¿Le importa si lo cuento?

SECRETARIA: Adelante.

SANCHO: Bueno, su factura le llegará por correo. Oiga, ¿quiere que se lo envuelvan para regalo? Tenemos una caja atrás.

SECRETARIA: No, gracias. El gobernador tiene un almuerzo esta tarde y necesitamos una cara morena en la multitud. ¿Cómo se maneja?

SANCHO: Nomás chasquee los dedos y hará lo que usted quiera. (La SECRETARIA chasquea los dedos. El MEXICANOAMERICANO da un paso al frente).

MEXICANOAMERICANO: ¡Raza querida, vamos levantando armas para liberarnos de estos desgraciados gabachos que nos explotan! Vamos...

SECRETARIA: ¿Qué dijo?

SANCHO: Algo de levantarse en armas, matar blancos y esas cosas.

SECRETARIA: ¡Pero se supone que él no debe decir eso!

SANCHO: Oiga, señora, a mí no me reclame por los defectos de fábrica. Es su mexicoamericano, usted lo compró, ¡así que sáquelo del lote!

SECRETARIA: ¡Pero si está descompuesto!

SANCHO: Pruebe chasqueando otro dedo. (La SECRETARIA chasquea los dedos. El MEXICANOAMERICANO cobra vida otra vez).

MEXICANOAMERICANO: ¡Esta gran humanidad ha dicho basta! ¡Y se ha puesto en marcha! ¡Basta! ¡Basta! ¡Viva la raza! ¡Viva la causa! ¡Viva la huelga! ¡Vivan los brown berets! ¡Vivan los estudiantes! ¡Chicano power! (El MEXICANOAMERICANO voltea hacia la SECRETARIA, que da un paso atrás asustada. Él sigue girando hacia el PACHUCO, el TRABAJADOR AGRÍCOLA y el REVOLUCIONARIO, chasqueando los dedos y activándolos uno por uno).

PACHUCO: (Chasquea. A la secretaria) ¡Te voy a atrapar, nena! ¡Viva la raza!

TRABAJADOR AGRÍCOLA: (Chasquea. A la secretaria) ¡Viva la huelga! ¡Viva la huelga! ¡Viva la huelga!

REVOLUCIONARIO: (Chasquea. A la secretaria) ¡Viva la revolución! (Los tres modelos se unen y avanzan hacia la SECRETARIA, que retrocede y huye despavorida del local gritando. SANCHO se queda al fondo con el dinero en la mano. Todos se congelan. Tras unos segundos de silencio, el PACHUCO se estira y se relaja los brazos. El TRABAJADOR AGRÍCOLA y el REVOLUCIONARIO hacen lo mismo. SANCHO sigue petrificado).

JOHNNY: Man, that was a long one, ese. (Los demás asienten).

TRABAJADOR AGRÍCOLA: ¿Cómo nos fue?

JOHNNY: ¡Bastante bien, mira nada más toda esa lana, güey! (Se acerca a SANCHO y le quita el dinero de la mano. SANCHO no se mueve).

REVOLUCIONARIO: En la madre, mira todo el dinero.

JOHNNY: Si seguimos así, nos vamos a hacer ricos.

TRABAJADOR AGRÍCOLA: Creen que somos máquinas.

REVOLUCIONARIO: Burros.

JOHNNY: Títeres.

MEXICANOAMERICANO: Lo único que no me gusta es... ¿por qué carajos siempre a mí me toca hacerla del pinche mexicoamericano?

JOHNNY: Eso te pasa por terminar la prepa.

TRABAJADOR AGRÍCOLA: ¿Y nuestros salarios, ese?

JOHNNY: Aquí mero están. Tres mil para ti, tres mil para ti, tres mil para ti y tres mil para mí. Lo demás lo metemos de vuelta al negocio.

MEXICANOAMERICANO: ¡Qué buen negocio, man! Oigan, vatos, ¿a dónde van a ir al ratito?

TRABAJADOR AGRÍCOLA: Voy a ir con la Concha. Hay fiesta.

JOHNNY: Esperen, vatos. ¿Qué hacemos con nuestro vendedor? Creo que le urge un cambio de aceite.

REVOLUCIONARIO: Déjenmelo a mí. (El PACHUCO, el TRABAJADOR AGRÍCOLA y el MEXICANOAMERICANO salen hablando en voz alta de sus planes para la noche. El REVOLUCIONARIO se acerca a SANCHO, le quita el sombrero y el puro, lo carga y se lo echa al hombro como si fuera un bulto inerte. Dirigiéndose al público): ¡Es el mejor modelo que tenemos! ¡Ajúa!


(Salen de escena).

lunes, febrero 17, 2025

Espadachines. Entremés original de Benjamín Gavarre.





Espadachines


de  Benjamín Gavarre



Espadachines

En Espadachines, el autor nos invita a cruzar el umbral de la cuarta pared para ser testigos de una rivalidad que es, a partes iguales, legendaria y ridícula. A diferencia de los grandes dramas de capa y espada del Siglo de Oro o las tragedias shakesperianas, aquí el conflicto no nace de una traición sangrienta o un honor mancillado, sino de la pura costumbre y, quizás, de un poco de aburrimiento.

La obra se construye sobre un triángulo de tensiones cómicas:

  • El Narrador: Un guía que intenta desesperadamente mantener el decoro y la pomposidad del teatro clásico, pero que se ve constantemente saboteado por sus propios sujetos de estudio.

  • Maravedí: El "intelectual" del dúo, quien presume de educación formal y se pierde en disquisiciones semánticas sobre si una estocada es una "retirada estratégica" o una simple huida.

  • Beltrán: El guerrero impulsivo, más preocupado por la estética de sus "cintas carmesí" (que podrían ser sangre o simplemente parte del vestuario) que por la lógica del combate.

Se utiliza el metateatro para recordarnos que estos héroes son plenamente conscientes de que están siendo observados. La verdadera batalla no ocurre en el filo de las espadas, sino en la lucha por definir quién cuenta la historia: ¿el narrador con sus notas erróneas o los duelistas con su lógica circular?

Al final, Espadachines es una celebración de la amistad disfrazada de enemistad. Es una pieza ágil que nos demuestra que, a veces, los insultos más coloridos son la mejor forma de decir "te veo el martes para desayunar".

Preparen sus floretes, ajusten sus capas modernas y, sobre todo, ignoren al narrador.




Personajes:


Maravedí

Beltrán

Narrador


PRÓLOGO


Sale el Narrador, vestido como un personaje del teatro de la época de Shakespeare, pero con telas, colores y accesorios modernos.

Narrador. — ¡Ay de mí! ¡Quienes me han encomendado narrar la historia de estos dos sufrirán mi descontento! Pues, como saben, o quizás no, dada su persistente… bueno, no importa. Baste decir que tenemos ante nosotros a dos figuras de cierta renombre con la espada: Zafir y… no, esperen. ¿Agenón? ¡Maldita sea! Sus nombres resonaron antaño por todo el reino, aunque la verdadera naturaleza de su perdurable disputa siguió siendo un enigma.

Tras un gran biombo cubierto de tela traslúcida, vislumbramos las siluetas de los espadachines, supuestamente esperando su momento. Ocasionalmente, una cabeza o un brazo pueden asomar. A menudo podemos distinguir su postura general y escuchar sus murmullos.

Voz 1 (Maravedí). — ¡Otra vez lo ha hecho el zoquete! ¿Zafir y Agenón? ¡Por favor! Alguien debería hablar con él.

Voz 2 (Beltrán). — A mí me gusta cómo suenan Zafir y Agenón. Dejémoslo así por esta noche. Ya lo corregiremos la próxima vez.

Voz 1 (Maravedí). — ¡Eh, Narrador! ¡Que somos Beltrán y Maravedí! Maravedí y Beltrán. ¡A ver si te enteras, o habrá consecuencias!

Narrador. — Mis disculpas, permítanme consultar mis notas. Ah, sí, error mío. Como decía, Beltrán y Maravedí eran dos espadachines bastante peculiares. Sus reputaciones les precedían en cada rincón del reino, aunque la razón de sus constantes enfrentamientos seguía siendo… bueno, un tema de mucha especulación.

Voz 1 (Maravedí). — ¡Otra vez con lo de 'peculiar'! Y ya lo dijo antes, ¿sabes? Suena un poco tonto, ¿no crees? A decir verdad, nuestra supuesta rivalidad no es ningún misterio. Simplemente nos encanta un buen desafío y una buena pelea.

Voz 2 (Beltrán). — ¡Claro que sí! Nos gusta zurrarnos de lo lindo.

En ese momento, Beltrán y Maravedí salen de detrás del biombo y se enzarzan inmediatamente en un animado (y bastante torpe) combate de esgrima, salpicado de coloridos insultos.

Beltrán. — ¡Miserable cretino!

Maravedí. — ¡Mentecato simplón!

Beltrán. — ¡Absoluto papanatas!

Maravedí. — Oh, ¿así que vamos a los insultos ahora? ¡Pues eres un completo y absoluto idiota!

Beltrán. — ¿Ah sí? ¡Pues tú eres más idiota, pedazo de engreído!

Maravedí. — ¡Hazmerreír!

Beltrán. — ¡No, tú eres el hazmerreír!

Pausa.

Maravedí. — Recuérdame, ¿por qué estábamos enfadados?

Beltrán. — No sabría decirte. Tú empezaste.

Maravedí. — ¿Te apetecería seguir con la obra entonces?

Beltrán. — Me parece una idea excelente.

Maravedí. — Bien, vamos a ello.

Se retiran tras el biombo, continuando su simulacro de batalla.

Voz 2 (Beltrán). — ¿Ves? Mucho más fácil cuando no nos lanzamos improperios.

Voz 1 (Maravedí). — Sigues siendo un idiota, eso sí.

Voz 2 (Beltrán). — ¡Me has llamado idiota! ¡Pues el idiota eres tú! ¡En fin! Esto merece un duelo en condiciones.

Voz 1 (Maravedí). — ¿Ah, sí, listo?

Fuertes choques y ruidos metálicos emanan de detrás del biombo, acompañados por el ocasional golpe sordo.

Narrador. — Nuestros héroes, ejem, Beltrán y Maravedí, estaban inmersos en un conflicto perpetuo. Los duelos eran su pasatiempo constante. Día tras día.

Voz 2 (Beltrán). — ¡Ya te hemos dicho que somos Beltrán y Maravedí! ¡En serio, este tipo es un poco corto de luces, ¿verdad?!

Voz 1 (Maravedí). — Déjalo estar. Es un narrador pésimo y acabará pagando por sus torpezas. ¡Ya verás, le llegará su merecido por todas sus meteduras de pata!

Narrador. — (Aclarándose la garganta, corrigiéndose) Beltrán y Maravedí eran, en efecto, dos renombrados espadachines. Sus nombres resonaban por todo el reino, aunque la causa precisa de su perdurable animosidad seguía siendo tema de cierta… discusión. Frecuentemente se enzarzaban en duelos que hacían temblar la tierra, aunque las razones subyacentes de su acérrimo odio nunca se conocieron realmente. Algunos susurraban sobre una antigua maldición, otros simplemente lo atribuían a su naturaleza intrínseca.

Voz 2 (Beltrán). — Ahí va otra vez con lo de la 'discusión'. Este narrador no vale, necesitamos uno nuevo.

Voz 1 (Maravedí). — Bueno, no necesariamente estoy de acuerdo.

Voz 2 (Beltrán). — Tú nunca estás de acuerdo.

Voz 1 (Maravedí). — Espera un momento… Me siento un poco ofendido por ese comentario.

Voz 2 (Beltrán). — ¿Ah, sí?

Voz 1 (Maravedí). — ¡Esto exige un duelo!

Voz 2 (Beltrán). — ¡No podría ser de otra manera! ¡En guardia, canalla!

Narrador. — Se enfrentaron en campos abiertos, en la silenciosa quietud de los bosques, en ciudades legendarias. Cada encuentro era un espectáculo, un ballet letal de acero y agilidad. Sin embargo, a pesar de sus evidentes habilidades, ninguno pudo jamás reclamar una victoria definitiva sobre el otro.

Voz 1 (Maravedí). — ¡Basta ya, Narrador! ¡He derrotado a mi oponente en incontables ocasiones!

Narrador. — Debe señalarse que… uno de ellos ha reclamado la victoria sobre el otro en numerosas ocasiones.

Voz 1 (Maravedí). — ¡Lo has vuelto a hacer! ¡Que no somos Zafir y Agenón, somos…!

Voz 2 (Beltrán). — ¡Beltrán y Maravedí! ¡Y lo que él dice son tonterías! ¡Yo soy quien le ha vapuleado una y otra vez! Él va todo engreído con sus movimientos sofisticados; ¡yo soy el genuinamente valiente y gallardo!

Narrador. — Debe señalarse que Beltrán, o quizás… Maravedí… ¡Miren, estoy completamente perdido! ¿Quién es Maravedí y quién es…? ¿El otro?

Voz 1 (Maravedí). — ¿Eres tonto? ¡Por Dios! ¡Vas a acabar con la cabeza clavada en una pica!

Voz 2 (Beltrán). — Tenemos que salir y decírselo. Venga, vamos a explicarle quiénes somos.

Voz 1 (Maravedí). — No, mejor que venga él a nosotros.

Voz 2 (Beltrán). — Aún mejor, simplemente empezamos nuestra escena y él puede limitarse a anunciarnos.

Voz 1 (Maravedí). — ¡Eh, tú, narrador torpe! ¡Ven aquí! ¡Te lo vamos a explicar!

Narrador. — (Gritando) ¡No hace falta! ¡Creo que lo he pillado! ¡Simplemente les anunciaré y luego pueden salir al escenario, ¿de acuerdo?!

Voz 1 (Maravedí). — Oh, muy bien entonces. De acuerdo.

Narrador. — Esta es la historia de dos grandes espadachines. A pesar de sus notables habilidades, ninguno pudo obtener jamás una ventaja duradera sobre el otro. Un día, mientras se preparaban para otro encuentro más… uno de estos hábiles combatientes… llamado… bueno… presten mucha atención… Aquí vamos…

El Narrador sale.

Oscuro.

Escena 1

Música de tensión.

Se escucha el murmullo de una multitud excitada.

Entra Beltrán, un espadachín ágil con capa y espada. Se mueve hacia atrás con cautela.

Beltrán. — (A Maravedí, que aún no está en escena) ¡Ah, traidor vil! ¿Crees que acorralándome de esta manera me has de vencer?

Maravedí irrumpe en el escenario. Con feroz intención, ataca inmediatamente a Beltrán con su espada. La multitud responde con un rugido excitado.

Maravedí. — ¡Apártate de mi vista, Beltrán Beltranejo! ¡Porque eso es todo de lo que eres capaz: retirarte como un cobarde sin entrañas porque careces de verdadera habilidad en el noble arte de la esgrima!

Beltrán desvía con maestría los agresivos ataques de Maravedí.

Beltrán. — ¡Ahora tú apártate de mi vista! ¡Retrocede, palurdo! ¡Claramente no tienes ni idea de lo que significa 'apártate de mi vista'! ¡Solo retrocede!

Maravedí. — El que no sabe nada eres tú, Beltrán Beltranejo! Yo, a diferencia de ti, ¡fui a la escuela! 'Apártate de mi vista' no significa simplemente 'retrocede', implica una retirada estratégica. “Muévete hacia la retaguardia.” ¡Precisamente como te estoy indicando ahora!

Beltrán. — ¿Qué se supone que significa eso?

Maravedí. — ¿Qué quieres decir con “qué se supone que significa eso?”

Beltrán. — ¿Qué?

Maravedí. — (Le alcanza con su espada) ¡Así! ¡He realizado una réplica!

Beltrán. — (Imperturbable) ¿Una réplica, dices?

Maravedí. — ¡Una réplica, declaro! ¡Una que ha dado en el blanco en tu sorprendentemente robusto cuerpo!

Beltrán. — Sigo sin sentir nada.

Maravedí. — ¡Bueno, definitivamente he conectado! Claramente puedo ver que estás… bueno, algo va mal.

Beltrán. — No puede ser tan grave.

Maravedí. — ¡De hecho, lo es! Algunas… cintas decorativas parecen haberse desprendido de tu… atuendo.

Beltrán. — ¡Tonterías!

Maravedí. — ¡En absoluto! ¡Contempla! ¡Cintas carmesí! ¡Cintas tan rojas como las mismísimas llamas de la pasión! ¡Una pasión desenfrenada, una pasión que alcanza los mismísimos cielos!

Beltrán. — ¡Cálmate, mi estimado oponente! ¡No me vengas con ese lenguaje florido! ¡Nadie, te aseguro, nadie quiere oír tus versos almibarados!

Maravedí. — ¿Y por qué entonces los describes como almibarados?

Beltrán. — Es solo una figura retórica. Una manera de hablar, si lo prefieres.

Maravedí. — ¡Ah, ya veo! Un mero adorno retórico.

Beltrán. — ¿Eh?

Maravedí. — ¿Qué quieres decir con “eh?”

Beltrán. — ¿Estamos aquí para charlar sobre semántica o vamos a darnos una buena tunda?

Maravedí. — (Asesta otro golpe) ¡Basta de tus celosos parloteos! ¡Toma esto! ¡Una estocada magistralmente ejecutada! ¡Ahora, admite que te he vencido en combate limpio!

Beltrán. — ¡No me vengas con esas! ¡Hiciste trampa! ¡Y estás tratando de embaucarme con tus palabras sofisticadas!

Maravedí. — ¡Simplemente es así como me expreso! Difícilmente es mi culpa si tu comprensión es un tanto… limitada.

Beltrán. — ¡Vale, vale, deja de insultarme! ¡Sabes que siempre he sido el más fuerte… y más valiente… bien! Te concedo la ronda.

Maravedí. — ¡No seas tan magnánimo! ¡He ganado justamente!

Beltrán. — Quizás esté siendo demasiado… generoso. Lo que sea. ¡Pero en ese caso, exijo una revancha!

Maravedí. — ¡Sabes que siempre estoy dispuesto a otro asalto! Pero primero, viejo amigo, atiende esa… cinta desprendida.

Beltrán. — ¡No hace falta eso! Héroes como yo simplemente permitimos que los pequeños… ajustes cosméticos ocurran naturalmente. ¡Somos resistentes! ¡Somos… bueno, considerablemente más robustos que el tipo normal!

Maravedí. — Entonces, ¿diremos, dentro de tres días?

Beltrán. — ¡Una cita!

Maravedí. — ¡No, no, no una cita! ¡Santo cielo! ¡Un acuerdo!

Beltrán. — ¡Así es! ¡Arreglado!

Maravedí. — ¡Precisamente! Un acuerdo. ¡Hasta entonces, señor!

Beltrán. — ¡Hasta entonces, sin duda! Tú.

Los espadachines salen y desaparecen tras el biombo.

Intermedio

La iluminación cambia para representar el crepúsculo, seguido de un breve fundido a negro, y luego reaparece como luz de sol brillante.

El Narrador entra arrastrando los pies en el escenario.

Narrador. — Desde sus más tiernos años, estos dos caballeros mostraron una marcada inclinación hacia… desacuerdos animados y una afición por las peleas a puñetazos. Residían en el mismo reino y compartían un entusiasmo mutuo por… actividades vigorosas.

(Consulta sus notas)

Y así… la naturaleza precisa de su rivalidad seguía siendo materia de… debate en curso. Desde una edad temprana… Sí. Debe reconocerse que poco se conoce con certeza sobre sus primeros años. Sí, en efecto. Ciertamente crecieron dentro del mismo reino… Y no, no eran hermanos, aunque rara vez se les veía separados. No eran de linaje real, sin embargo, recibieron constantemente la mejor educación. Bueno, uno de ellos ciertamente asistió a la escuela formal. El otro… también se benefició de… instrucción en los puntos más finos del combate. De hecho, ambos eran diestros con la espada desde jóvenes. No eran parte de la familia real inmediata… Es decir, no eran hijos del Rey, sin embargo, el Rey los tenía en considerable estima. Les tenía mucho cariño y les ofrecía su protección.

El Rey les concedió su favor, y maduraron juntos, aunque provenían de diferente ascendencia. No, su ascendencia sigue siendo algo… oscura. No obstante, el Rey se aseguró de que recibieran una educación ejemplar… Y como se mencionó anteriormente, la causa subyacente de su animosidad era motivo de especulación, o quizás no tanto, ya que demostrablemente disfrutaban de un buen desafío y una pequeña trifulca. Estaban perpetuamente discutiendo, sin embargo, invariablemente juntos, y no, no eran hermanos… a pesar de su constante compañía… Y… Y ¿procederemos con la siguiente escena, asumiendo que todos están de acuerdo? Excelente. Continuaremos.

Gracias.

Escena 2

Maravedí entra y comienza a entrenar contra un oponente imaginario.

Maravedí. — ¡Ah, tú, ruin Beltrán! ¿Así que te escondes de mí, eh? ¡Sabes que te estás comportando como un cobarde miserable al no presentarte a nuestro duelo acordado!

¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Te desfiguraré el rostro! ¡Observa cómo te cerceno limpiamente la nariz! ¡Sé testigo de cómo te corto la mejilla con el afilado filo de mi espada! ¡Ah, señor! ¡Me has deshonrado con tu ausencia! ¡Teníamos un acuerdo! ¿Cómo pudiste romper tu solemne palabra? ¡Beltrán! ¡Atiéndeme! ¡Tu presencia es requerida! ¡Pues tengo la intención de enfrentarme contigo en un vigoroso intercambio de floretes! ¡Ejem! ¡En efecto! ¡Mi mayor deseo es que te presentes para que pueda cortarte la cabeza con mi fiel acero! ¡Así! ¡Así te derribaré! ¡Te dejaré la cara irreconocible! ¡Te daré una estocada! ¡Y otra! ¡Y otra más! ¡Y la multitud reunida estalla en fervientes aplausos! ¡Aclaman mi triunfo sobre ti!

(Se escucha brevemente el sonido de una multitud vitoreando salvajemente, luego silencio.)

¡Simplemente no está bien que me hayas dejado plantado!

Beltrán irrumpe en el escenario con gran energía, mostrando impresionantes habilidades con la espada. Un rugido satisfecho emana de la multitud invisible.

Beltrán. — ¡Ahooo! ¡Ahuuuu! ¡Aquí estoy! ¡Un maestro espadachín! ¡Contemplad! ¡Observad el poder de mi espada! ¡Soy el mejor espadachín de mi generación! ¡Ved cómo empuño mi arma con habilidad sin igual! ¡Maravillaos ante la maestría de mis movimientos!

Maravedí. — ¡Ah, llegas tarde, Beltrán Beltranejo! ¡Teníamos un pacto para batirnos en duelo con espadas esta misma mañana, y me has hecho esperar!

Beltrán. — ¡Nunca es demasiado tarde para un buen duelo de espadas! Es decir, ¡la oportunidad para un encuentro animado es atemporal! ¡Aquí estoy, mi amigo! ¡Procedamos!

Maravedí. — ¿Proceder con qué, exactamente? No estoy del todo seguro de seguirte.

Beltrán. — Deseas entablar combate, ¿no es así? ¡Aquí estoy, rebosante de energía y listo para enfrentarte! ¡Crucemos espadas!

Maravedí. — ¡En efecto! ¡Demostremos nuestra superior destreza con la espada!

Beltrán. — ¡Ah, eso ni se discute! ¡Y quedará meridianamente claro que yo soy el espadachín superior!

Maravedí. — ¡En absoluto! ¡Yo soy demostrablemente el mejor espadachín! ¡Es bastante obvio que mi manejo de la espada supera al tuyo! Además, recuerdo claramente haberte… bueno, no importa.

Beltrán. — ¡No me digas! ¿Entonces cómo es que estoy completamente ileso y no he recibido ni un rasguño?

Maravedí. — Sí, bueno, creo que puede que te haya… confundido con otra persona.

Beltrán. — ¿Has estado batiéndote en duelo con otro contendiente?

Maravedí. — Sí, no, es decir; es algo enrevesado.

Beltrán. — ¿Te bates en duelo con otro el mismo día que habíamos acordado nuestro propio encuentro?

Maravedí. — ¡No, era simplemente una figura retórica! ¡Llegaste tarde, y…!

Beltrán. — ¡Y nada! ¡Considero esto un grave insulto! ¡Pagarás por esta afrenta!

Maravedí. — ¡Hay una explicación perfectamente razonable!

Beltrán. — ¡Tonterías! ¡Hoy expiarás tu tardanza! ¡Estoy tan indignado que apenas puedo contenerme! ¡Exijo satisfacción! ¡Te aplastaré la nariz y te torceré el cuello!

Maravedí. — ¡En absoluto! ¡Acordamos que no habría tal barbaridad! ¡Resolveremos nuestras diferencias con nuestras espadas!

Beltrán. — ¡No estás en posición de dictar los términos! ¡Te torceré el cuello! ¡Suelta tu espada, pues tu fin llegará por estrangulamiento a mis propias manos!

Maravedí. — ¡No, amigo mío, escucha la razón!

Beltrán. — ¡No soy tu amigo! ¡Aquí termina tu pequeña farsa! ¡Te mataré! ¡Permíteme ahogarte hasta quitarte la vida!

Maravedí. — ¡No, no, no! ¡Tal violencia es muy impropia! ¡Ah, y mira allí! ¡Se acerca la Justicia!

Beltrán. — ¿La Justicia, dices? ¿Cómo puede ser?

Maravedí. — ¡Están corriendo hacia aquí! ¡Mira! ¡Dos alguaciles se apresuran hacia nosotros! Creo que se ha corrido la voz de nuestras… actividades relacionadas con las espadas en este lugar.

Beltrán. — Será mejor que nos marchemos de aquí entonces. ¿Tienes hambre?

Maravedí. — Sabes que siempre la tengo.

Beltrán. — ¡Vamos entonces, invito yo!

Maravedí. — Y tampoco le haría ascos a una copa.

Beltrán. — ¡Pero no debemos excedernos con la bebida! ¡Ya sabes cómo te pones!

Maravedí. — ¡Mira quién habla! ¡La última vez que participamos en tales refrescos, estabas decidido a arrasar con todo a tu paso! Fue bastante emocionante, en realidad… Estaba convencido de que…

Beltrán. — Tranquilo, viejo, tranquilo.

Maravedí. — ¡Tranquilo nada! ¡Corred! ¡La Justicia casi nos alcanza! ¡Salgamos de este lugar con premura!

Beltrán. — ¡Vámonos presto entonces, amigo mío! ¡Comida y bebida nos esperan!

Maravedí. — ¡Así es! ¡Vámonos, mi buen amigo! ¡Vamos!


Fin



La poker face de versailles

La poker face de versailles
FARCE

Sleepwalking: Monologue

HEROES

HEROES
REPOSICION EN NETFLIX

BARDO

BARDO
de Leonel Giacometto

A MARTE

A MARTE
DE PABLO ALBARELLO

señora-esposa-niÑa-y-joven-desde-lejos

señora-esposa-niÑa-y-joven-desde-lejos
MARCELO BERTUCCIO

DONDE EL VIENTO HACE BUÑUELOS.

DONDE EL VIENTO HACE BUÑUELOS.
ARÍSTIDES VARGAS.

EL ARQUITECTO Y EL EMPERADOR DE ASIRIA

EL ARQUITECTO Y EL EMPERADOR DE ASIRIA
Fernando Arrabal

EL MÁGICO PRODIGIOSO

EL MÁGICO PRODIGIOSO
PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA

TRIÁNGULO

TRIÁNGULO
AMADO DEL PINO

DIENTES BLANCOS

DIENTES BLANCOS
Demetrio Aguilera Malta

EL GAS

EL GAS
GEORG KAISER

LA FIACA

LA FIACA
Telesnik.

EL ESTADO DE SITIO

EL ESTADO DE SITIO
ALBERT CAMUS

DEEP CLEANING (BILINGUAL EDITION)

DEEP CLEANING (BILINGUAL EDITION)
Short psychological play.

VISITING KING LEAR

VISITING KING LEAR
MONOLOGUE

LO QUE VIO EL MAYORDOMO.

LO QUE VIO EL MAYORDOMO.
JOE ORTON.

Heroes: The Return to Netflix of the Landmark that Humanized the Myth.

Heroes: The Return to Netflix of the Landmark that Humanized the Myth.
HEROES/ENGLISH REVIEW

LOS INTERESES CREADOS.

LOS INTERESES CREADOS.
BENAVENTE

LOS FÍSICOS

LOS FÍSICOS
LOS FÍSICOS

EVITA PERÓN

EVITA PERÓN
DE COPI.

EL REMEDIO

EL REMEDIO
EN LA DESDICHA

PAVEL vs LEPAV

PAVEL vs LEPAV
EL ALFILER DEL DIABLO

SECURE POSITION

SECURE POSITION
a-secure-position-medical-farce-absurd

TRÍPTICO

TRÍPTICO
RELACIONES DE PODER

EL CABALLERO DE OLMEDO

EL CABALLERO DE OLMEDO
Lope de Vega

False chronicle of Stonhenge

IBSEN HENRIK: CASA DE MUÑECAS

IBSEN HENRIK: CASA DE MUÑECAS
Dramavirtual.org

The devil stick pin

The devil stick pin
PAVEL VS LEPAV

SINGE SAPIENS

SINGE SAPIENS
Stand up

Falsa crónica de Stonhenge

GASPAR GREEN

GASPAR GREEN
En español

GASPAR GREEN

GASPAR GREEN
English version

Manolito

Manolito
El mentiroso

TRES SOMBREROS DE COPA

TRES SOMBREROS DE COPA
MIHURA MIGUEL

the raft

the raft
by Gavarre Benjamin

CELEBRACIONMANDARINA

CELEBRACIONMANDARINA
blog de poesía

Night Shift

EL ROBO DE LA BICI ROJA

Monosapiens

Monosapiens
MONOLOGUE

Archivo del Blog

THE FARCE OF THE FLU

THE FARCE OF THE FLU
A farce of guilt, soap, and unforeseen romance.

La farsa del catarro

La farsa del catarro
Entremés moderno.