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martes, noviembre 11, 2025

LA VARA DE HUINAC: LA COMEDIA DE LA ENREDADERA MALVADA Por Gavarre Benjamin Comedia de tradición familiar en Tres Actos

 


 

LA VARA DE HUINAC: LA COMEDIA DE LA ENREDADERA MALVADA

Por Gavarre Benjamin

 

Comedia de tradición familiar en Tres Actos

 

Este trabajo ha sido publicado para su difusión libre y abierta, aunque todos los derechos de propiedad intelectual están reservados. El uso público de este trabajo requiere el permiso del autor y para obtener permiso comuníquese con bengavarre@gmail.com o gavarreunam@gmail.com (Reg. Prop. Int. Expte. Bandeja de entrada) 

 

REPARTO



  • GASPAR: El Anciano, siempre niega sus ruidos intestinales.
  • CORNELIA: La Vieja Sabia, confunde las palabras y ríe con facilidad.
  • PULGÓN: El niño listo, valiente y observador.
  • ROCCO: El grandote, agresivo y de poca inteligencia.
  • PÁNFILO: El chismoso, crítico, pero simpático.
  • PASTORCILLO VALENTE: Un joven simple, dado a crear suspenso.

ACTO I: LA ENREDADERA MALVADA Y EL SAPO

 

(La escena se desarrolla en el interior de una casa antigua. La iluminación es lúgubre, con tonos verdosos que sugieren enfermedad. La amenaza es física: Una extensa e implacable planta trepadora oscura y retorcida se enreda con fuerza a objetos como lámparas, cuadros y ventanas. Los tallos se extienden por el suelo y cuelgan del techo, robando la vitalidad de todo. Se oyen crujidos cuando crece.)

GASPAR está sentado, con la vista nublada. ROCCO [El grandote, agresivo] gruñe, intentando inútilmente desenrollar unos tallos. PÁNFILO [El chismoso, crítico] lo mira con superioridad. PULGÓN [El niño listo] examina la Enredadera con espíritu científico.

PULGÓN: Abuelo, ¡la Enredadera se alimenta no solo de otras plantas sino que nos está dejando sin colores y sin fuerzas! Está absorbiendo todo. Este florero era rojo y ahora parece un gran pedazo de caca verdosa. Y mire, mire cómo se enreda la maldita a las otras plantas y les absorbe toda su vitalidad, crecen constantemente y mire, ya se están también enredando a esta lámpara azul, verde... negra.

GASPAR: (Tuerce el gesto, la vista nublada) Solo porque tú lo dices... No veo bien, Pulgón. Aunque sí se pueden oír crujidos cada vez que crecen. Se nos van a enredar entre las piernas y nos van a dejar amarrados en el suelo.

ROCCO: ¡Mira, PÁNFILO! ¡La planta parásita se me está enredando en el cuello, córtala, arráncala, pero ten cuidado de no lastimarme! ¡Ah, mira, me está ahorcando, córtala! ¡Me da rabia!

(PÁNFILO agarra unas tijeras y corta el zarcillo que ahorcaba a su hermano. Al mostrarle el tallo retorcido a ROCCO, se escucha el rotundo sonido de un pedo largo y agudo que interrumpe el ambiente. Todos se quedan asombrados de semejante fenómeno y acto seguido se mueren de risa.)

GASPAR: (Se sobresalta, fingiendo sorpresa; siempre niega sus flatulencias) ¡Ahí está otra vez! ¿Sí lo oyeron también, no es cierto? ¡El crujido de la Enredadera! ¡Está rompiendo las vigas del techo!

PÁNFILO: (Se tapa la nariz) ¡Abuelo, no mienta! ¡Ese no fue el crujido de la Enredadera! ¡Fue un larguísimo y maloliente pedo suyo! ¡No se haga!

ROCCO: (Ríe a carcajadas) ¡Sí, Abuelo! ¡Un pedo muy desvergonzado! ¡Admítalo!

CORNELIA: (Entra, su pañuelo morado contrasta con su ropa. Ríe con un ataque súbito y agudo; confunde las palabras) ¡Ay, mis calcetines! ¡Quiero decir, mis caderas! ¡No puedo con tanta risa! GASPAR, querido, ¡siempre dices que fue un mono! Digo... ¡un sapo!

GASPAR: (Firme y digno) ¡Fue un sapo! ¡Un sapo gordo que se estrelló contra la puerta! ¡Juro que fue un sapo!

CORNELIA: (Señala un zarcillo que crece lentamente) ¡Sapo o no, la Enredadera crece y crece, y debemos hacer algo, no nada más quejarnos! Yo estuve investigando en este libro de botánica y encontré una planta trepadora muy parecida, miren... (Les enseña el libro, pero todos hacen cara de que no alcanzan a ver nada.) Dice que la cura para acabar con la planta parásita es el tallo firme y rugoso de la planta de Huinac, un tallo tan firme y rugoso que es realmente como un bastón mágico, la Vara del árbol de Huinac. Dice que crece en las barrancas y en los terrenos fangosos y que apesta y sabe mal como el agua quina, como la quina amarga y que sirve para la viruela, la parálisis, la tuberculosis...

PULGÓN: La quinina sirve para la malaria, el paludismo... oh, ya se me pegó tu afasia, Abuela, estamos hablando de la Vara de Huinac. Focus, Abuela, concéntrate, pon atención, esfuérzate...

CORNELIA: (Reseteada) La planta de Huinac tiene tallos verdes como el brócoli y es tan amarga y poderosa que solo ella es capaz de acabar con esta planta trepadora. Hay que ir a buscarla. (Vuelve a la afasia) Yo necesito un gato... una carpa... una torta... ¡Un mapa, caray! Hay una barranca cerca del Molino, y también hay un terreno “amistoso” junto a la entrada de la carretera...

PULGÓN: ¡Yo conozco ese terreno fangoso, ¿quieres decir, verdad, Abuela? ¡Yo voy!

CORNELIA: Sí, tú ve, Pulgón. Se necesita de la inocencia de un niño... Y no sería tan bueno que ROCCO fuera porque la podría romper... la caja... la masa... la vara... Y pues, lo siento, PÁNFILO, pero tú tampoco eres buen candidato, porque la vara necesita de un alma pura y generosa... Y ya se sabe, PÁNFILO, tú eres muy salado, cansado... malvado, digo.

PÁNFILO: Yo no soy malvado, Abuela, ni estoy salado, ni cansado... ah, jajaja, ya ves Abuela, y no me estoy burlando de usted y todas sus equivocaciones, jajajajaja.

(PULGÓN sale con una mochila en bandolera. ROCCO y PÁNFILO intercambian una mirada cargada de envidia y malicia. Salen tras él. Oscuridad total.)


ACTO II: EL LODAZAL, EL ENGAÑO Y EL CARRIZO QUE CANTA

 

(La luz se centra en el escenario, que ahora simula un terreno fangoso con montículos. Se escucha el sonido de PULGÓN corriendo, seguido de los gruñidos de ROCCO y los jadeos y quejas de PÁNFILO.)

(ESCENA: PULGÓN entra y sale de la escena, moviéndose con astucia entre los obstáculos. Sus hermanos lo siguen con malas intenciones, equivocándose y trastabillando.)

PULGÓN: (Gritando) ¡Les dije que el lodazal era más rápido que la barranca! ¡Ya ven qué rápido que avanzamos!

ROCCO: (Gruñe; agresivo y torpe) ¿Te crees muy listo, enano? Tú, como no pesas más que dos gramos, no te hundes, pero yo, que soy grande y fuerte... ¡Maldita sea, ya me atoré otra vez! ¡Te juro que te voy a romper la crisma!

PÁNFILO: (También tropieza y cae en el fango) ¡ROCCO, esto no puede seguir así, el maldito chaparrito se quiere pasar de listo!

PULGÓN: ¡Eso digo yo! Jaja, y no me quiero pasar de listo... ¡SOY más listo, ja, ja!

(PULGÓN hace un quiebro brusco. ROCCO choca con PÁNFILO, arrojándolo. ROCCO avanza, pero PULGÓN ya está frente al Árbol de Huinac, que se detiene en el centro del escenario. Sus tallos son de un intenso verde.)

PULGÓN: (Sus ojos brillan. El árbol le ofrece una rama verde que inmediatamente brilla con una luz verde brillante.) ¡Miren! ¡La Vara Mágica de Huinac! ¡El Señor árbol me la ha dado porque sabe que tengo buen corazón!

ROCCO: (Gruñe furioso. Le arrebata la varita y la muestra ostentoso) La tenías, querubín, tiempo pretérito del pasado, pasado...

PÁNFILO: (Rápido, le arrebata la varita a ROCCO) ¡Ah, pues cómo les quedó el ojo, ahora yo tengo la varita luminosa, yo soy su dueño, par de tarados!

(PÁNFILO, en su euforia, corre y tropieza. ROCCO lo alcanza, lo estruja con toda su fuerza bruta, recuperando la Vara.)

ROCCO: (Gritando en un susurro) ¡Ahora que tenemos la Vara, vamos a usar sus poderes mágicos para neutralizar a Pulgoncito!

PÁNFILO: (Secándose el sudor) ¿Con neutralizar quieres decir matarlo?

ROCCO: ¡Palabras más, palabras menos! (Se acerca a Pulgón) ¡Pulgóoon!

(PÁNFILO hace un gesto teatral con la Vara y grita unas palabras ridículas.)

PÁNFILO: ¡Abracadabracacaca! ¡Con estas palabras quiero que te neutralices!

(PULGÓN se queda inmóvil. ROCCO le arrebata la Vara a PÁNFILO y le pega con ella a PULGÓN en la cabeza... emitiendo un inesperado y agudo “TILÍN TIN TIN”. PULGÓN se desploma.)

PÁNFILO: ¡Te pasaste, ROCCO, ya de veras lo mataste!

ROCCO: Yo solo lo neutralicé, como quedamos.

PÁNFILO: ¡Ahora hay que esconder el cuerpo! ¡Voy a hacer que la tierra fangosa cubra el cuerpo! ¡Cadabracacacacacaca, Chispas y rayos cósmicos! (La Vara no hace nada. PÁNFILO se enoja y agita la Vara, pero solo consigue que se apague por completo.) ¡Ya la vara se apagó! ¡Debemos usar el método tradicional! Entiérralo, ROCCO.

ROCCO: (Lloriquea) ¿Entiérralo, ROCCO? Ayúdame, burro, tenemos que darnos prisa.

PÁNFILO: ¡Tú solito puedes! ¿No que eres el más fuerte?

ROCCO: ¡Todo yo! ¡Todo yo!

(ROCCO entierra a Pulgón con desesperación, dejando solo un delgado carrizo verde asomando de la tierra. Los dos hermanos huyen con la Vara apagada. El sonido de los zarcillos de la Enredadera crece en el ambiente. Música de tensión dramática a todo volumen.)

(PAUSA. La música cambia de tono. Entra el PASTORCILLO VALENTE, silbando alegremente. Corta el carrizo, lo pule. La flauta canta sola.)

FLAUTA: (Voz pregrabada, resonante y extrañamente graciosa)

¡PASTORCILLO VALENTE, PASTORCILLO VALENTE!

¡No me toques ni me dejes de tocar!

¡Mis hermanos me han matado por la Vara de Huinac!

PASTORCILLO VALENTE: (Aterrado, con exageración melodramática) ¡Una flauta que canta! ¡Una flauta parlanchina! ¡Debo avisarle a todo el pueblo! ¡Iré casa por casa! ¡Y así me entero de los chismes, je, je!

(El PASTORCILLO VALENTE se lleva la flauta y sale de escena con premura. Oscuro.)


ACTO III: LA REVELACIÓN Y EL DESENREDO

 

(ESCENA: Regresamos al interior de la casa. La iluminación es lúgubre. Los Zarcillos de la Enredadera han crecido de forma alarmante. ROCCO y PÁNFILO están ante DON GASPAR con la Vara apagada. Se oye un fuerte crujido vegetal.)

PÁNFILO: (Nervioso) ¡Mírela, Abuelo! ¡La Vara de Huinac! ¡Ya no se escuchan crujidos!

GASPAR: (Gruñón) ¡Mientes! Yo sigo oyendo el crujido. (El crujido se oye muy fuerte y de manera cómica se corta con un Ba Dum Tss). La Enredadera ya casi me ha dejado ciego.

(Entran intempestivamente CORNELIA y el PASTORCILLO VALENTE. El PASTORCILLO VALENTE se detiene en el umbral, creando deliberadamente suspenso.)

PASTORCILLO VALENTE: (Habla con lentitud y misterio) ¡Señores! ¡Traigo una noticia increíble! Es una información delicada... Les cuento: ¿Sabían que el herrero que vive a tres kilómetros está pensando vender su yunque? ¡Y sabían que en casa de los Márquez: la hija de Doña Elvira ya tiene tres gallinas ponedoras rojas y amarillas, qué extraño!

CORNELIA: (Lo interrumpe, riendo nerviosa; confunde las palabras) ¡Ya basta de coches, muchachito... digo, de choques! ¡Ay, quiero decir, dogo, duego!

GASPAR: Amor mío, por favor, focus...

CORNELIA: (Ansiosa) ¡Dinos, dinos, dinos, si sabes algo de PULGÓN! Me estoy muriendo de los monos, de los tangos... de los nervios, caramba.

(El PASTORCILLO VALENTE se enreda al hablar. CORNELIA lo empuja accidentalmente. La flauta cae y se escucha su canción.)

FLAUTA: (Voz pregrabada, resonante)

Pastorcillo, pastorcillo, no me toques ni me dejes de tocar…

¡Mis hermanos me han matado por la Vara de Huinac!

El ROCCO y PÁNFILO me enterraron en el fango…

(El efecto es dramático. La luz se aclara. Los zarcillos se detienen. La Vara de Huinac comienza a emitir una luz verde vibrante.)

GASPAR: (Se levanta. La verdad lo activa.) ¡PULGÓN está vivo, yo lo sé!

ROCCO: (Cae de rodillas) ¡Perdón, perdón! ¡No queríamos hacerle daño!

CORNELIA: (Recoge la Vara, que brilla intensamente) ¡Monstruos! ¡Vamos, GASPAR! ¡Pulgón está VIVO!

(Salen GASPAR, CORNELIA y el PASTORCILLO VALENTE. Después de una cómica elipsis, Vuelven con PULGÓN.)

PULGÓN: ¡He regresado del Barro! ¡y sí, estoy VIVOOO!

CORNELIA: (Toma la varita y hace gestos teatrales.) Varita de Huinac, acaba con la enredadera y con las equivocaciones, ¡ya nunca más se enredará mi lengua! (La enredadera empieza a desaparecer.)

PULGÓN: ¡Vuestro castigo será limpiar y limpiar!

ROCCO: (Agarra la escoba) Ya, ya… Todo yo, Todo yo…... (Barre, una esquina cerca de una pared que se vuelve de un azul reconfortante.)

PÁNFILO: (Pule una silla) Está bien, yo no quería hacer daño, solo quería ganar. (La silla se ilumina con un bello color caoba.)

(PULGÓN toca con la Vara la cabeza de sus hermanos. Luego, toca los zarcillos. Estos se secan, se vuelven quebradizos y se retraen. La luz general recupera colores cálidos.)

GASPAR: (Mira a su esposa.) ¡Cornelia! ¡Veo con claridad el mundo!

(GASPAR se ríe. Es tanta su alegría que se escucha el conocido sonido de un pedo largo y agudo.)

TODOS: ¡Abuelo! ¿Otra vez?

CORNELIA: ¡Mi vida... No vayas a decir otra vez que fue un sapo!

GASPAR: (Sonríe con picardía, pero mantiene su dignidad) Les voy a decir la verdad... (Hace una pausa y se ríe muy fuerte y otra vez se escucha el sonido largo, agudo e inconfundible de un pedo). Fue un sapo, mi amor. Fue un sapo, hey, familia, yo no les voy a mentir, deben creerme. Lo juro.

(Toda la familia se ríe. El PASTORCILLO VALENTE hace acrobacias como Bufón. ROCCO y PÁNFILO bailan agarrados de los brazos y dando vueltas. Cornelia y Gaspar bailan un vals elegante. PULGÓN baila de manera suelta y extraña. La obra termina con la música de Cancán. La iluminación se intensifica, luego, se hace un oscuro.)

Toda la compañía agradece con elegancia.

(FIN DE LA OBRA)



 

 

 

 


 

jueves, noviembre 06, 2025

THE SEXY FARMER, monologue.


 

 

 


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presents

 

THE SEXY FARMER

"More Stable Than Your Ex"

 

A Short Play / Stand-Up Monologue

By Gavarre Benjamin

 

CHARACTER:

  • BART: In his late 20s. Born and raised in Queens, NY. He currently works at a high-end educational animal sanctuary in Upstate New York that caters to wealthy city tourists. He is hyperactive, cynical, and highly expressive. He wears a faded Mets cap, a heavy hoodie, and carries a high-tech smartphone stabilizer (gimbal) like a shepherd's staff.

 

 


 


 

ACT I: THE ANCESTRY TRAINWRECK

(SETTING: A comedy club stage or black box theater. Dim, smoky blue lighting. A heavy, boom-bap 90s Brooklyn hip-hop beat plays. BART jogs onto the stage, nearly tripping over the microphone cord. He catches the stand with practiced agility—a physical slapstick save. He adjusts his cap, breathing heavily, looking out at the audience with an intense, wide-eyed stare.)

BART:
(Into the mic, fast-paced)
What is up, New York? Good to be back in the concrete jungle! Look, look at me. Take it all in. Yes, I am the guy from Queens who shovels goat manure for a living. Do not look at me with that judgmental Broadway face! Let’s be honest: the scent of organic sheep droppings is still a hundred times better than the 34th Street subway station in the middle of a July heatwave. It’s not even a competition!

(He brandishes his smartphone gimbal like a weapon, pointing it at the front row)

Everyone from outside the city has this delusional, cinematic fantasy about New York. My family back in Mexico City? Every time we FaceTime, their eyes light up and they ask: "Oh, Bartolo! Did you bump into John Travolta walking down Broadway?!" And I have to break their hearts! I tell them, "Listen, auntie, the closest thing we have to John Travolta on the streets today is a homeless guy in his underwear doing the Saturday Night Fever dance over a steaming manhole cover in Times Square." That’s our Hollywood magic!

But look at my face. You’re trying to figure out what I am, right? Am I Italian? Am I Scottish? For years, I thought I was the ultimate European hybrid. My dad’s side claimed we were pure Italian royalty from Sicily. My mom’s side swore we were fierce Scottish-Irish warriors. Growing up, I felt like a walking stereotype. I wanted to colonize a neighborhood but then immediately apologize for it while cooking a magnificent plate of pasta. I managed to disappoint both cultures simultaneously. I can’t drink whiskey, and I use store-bought marinara sauce. My ancestors are spinning in their graves so fast you could plug them into the grid and power Long Island!

(He stops, takes a deep breath, and deadpans)

Then, Christmas happened. My girlfriend bought me one of those DNA saliva kits. You know the ones. You spit into a plastic tube, mail it to a lab, and three weeks later a corporation shatters your entire identity. I thought the results would say: "50% Cannoli, 50% Haggis."

Bro. The pie chart of my bloodline looks like a United Nations general assembly meeting gone horribly wrong.

(He uses his hands to draw a chaotic pie chart in the air)

I am four percent Jewish. Six percent Arabic. Twelve percent Spanish. Two percent Cherokee Indian—because apparently every white family in America needs that two percent to feel spiritual. And then, the grand finale, the absolute climax of the lab report: twenty percent black. Specifically from Gabon. Central Africa!

(He looks at his hands, then at his face in an imaginary mirror)

Twenty percent! That is a significant chunk of a human being! I don’t even know how to process that. I went to the mirror, looked at my pale, anxious Queens face, and thought: "Wow. I am literally a walking geopolitical conflict. If I argue with myself, the security council has to get involved." I can’t even use any cultural slurs because I’d be hate-criming myself! But hey, at least it explains my rhythm. I can’t dance to save my life, but when I shovel that goat manure? There is a beautiful, primal, twenty-percent-Gabonese syncopation to my swing!

(He mimics shoveling dirt to a rhythmic hip-hop beat, hips swaying ridiculously, then stops abruptly)


ACT II: THE POP QUEEN AND THE URBAN CHOPPER

BART:
But look, the New York clichés do happen. A few weeks ago, I’m at a Dunkin’ Donuts on the Upper West Side. It’s three in the morning. The door opens, and the bell chimes. In walks this figure. Massive, oversized designer sunglasses. A feather boa that looked like it cost three months of my rent. A giant faux-fur coat.

She walks up to the counter dripping with an intense, heavy cloud of pure New York guilt. The kind of guilt only a Manhattanite who has been on a strict, ten-year keto-and-seltzer-water diet can experience. She was staring at those glazed donuts like she was contemplating a federal crime.

She leans over the counter, looks at the eighteen-year-old kid working the register, and in a raspy, hyper-whispered voice, she goes: "Give me two Boston Kreme... and if my nutritionist walks through that door, you don’t know me."

She slides her sunglasses down to check if they had sprinkles... and boom. It’s Madonna. The actual, literal Queen of Pop. Standing right next to me, sinning with trans fats in the dead of night. She hands the kid a hundred-dollar bill, whispers, "Keep the change, you saw nothing, bitch," puts the glasses back on, and vanishes into a sleek black Uber. That is New York! Nowhere else on earth do you see a global pop icon having a spiritual breakdown over a fried dough ring at three in the morning next to a raccoon chewing on a lottery ticket.

(He does a physical gag: imitating Madonna’s glamorous, mysterious walk, but aggressively stuffing an imaginary donut into his mouth with absolute desperation).

That’s why I fled to the farm upstate. The city is too intense. But let me tell you, the actual biological hazard up there? It’s not the wildlife. It’s the Manhattan hipsters who come up for the weekend to "connect with the soil." They wear pristine Timberland boots that have never seen a speck of dust, and they think they’re shamans because they drank a matcha latte.

Last weekend, this guy steps out of a Tesla. He’s wearing transparent white linen pants—and let me tell you, you could see his entire "real estate portfolio" swinging through the fabric. It was aggressive. He walks up to me, swaying like he’s on mushrooms, and says:

(Imitates an insufferable, vocal-frying Williamsburg hipster)

"Hey, Bart... bro... your goats have like... such a grounding, organic frequency. I feel my throat chakra aligning with their udder. What else do you have roaming around here that’s... wild?"

(Returns to his normal voice, stepping back with an expression of pure disgust)

I had to look him dead in the eye and say, "Bro, my goats are here to make artisanal cheese that we sell back to your mother at Whole Foods for a three hundred percent markup. They are not here to fulfill your rustic-erotic weekend fantasies! Back away from the livestock!" My goat, Gary, has standards, alright? He doesn’t just align his frequency with anyone!


ACT III: THE BROWNIE MELTDOWN

BART:
But I don’t just shovel dirt. I am a curator of high-value lost items left behind by these wealthy idiots. Last month, I’m clearing the picnic area, and I find a gold chain in the grass. Massive. (Gestures to a huge chain around his neck) Pure Staten Island rapper bling. And right next to it? A pair of vintage 1980s four-wheel roller skates.

The story writes itself, right? Some finance bro tried to impress a girl from Bushwick by doing a retro trick, snapped his ankle on the first attempt, and told her: "Babe, take the chain to pay for the ambulance, but leave the skates, they’re a collector's item!"

But the real prize? Two days ago. I found a Ziploc baggie hidden in the bushes. Inside were these dark, dense, homemade chocolate brownies. They smelled like that legal dispensary weed—the kind that currently makes the entire borough of Manhattan smell like a skunk burning in a dumpster. I looked at the bag. I looked at the sky. I said, "Well, Bartolo... you’re twenty percent Gabonese, six percent Arabic, and four percent Jewish. Let’s see how this genetic cocktail handles the forbidden pastry."

I ate two of them.

(The stage lights shift drastically to a pulsing, surreal red and purple. BART’s posture changes. He grips the microphone stand, his eyes rolling back slightly as he enters a manic, climatic storytelling mode. His voice drops an octave, echoing with theatrical intensity).

Oh my god, New York. It wasn't a high. It was a prophetic, apocalyptic vision of our collective future.

I collapsed onto the barn floor, and my soul was ripped out of my body! I was flying over Manhattan, but it wasn't the city we know. It was the year 2045. The rent for my tiny studio apartment in Queens had risen to forty-five thousand dollars a week! To afford it, the landlord forced me to lease out the right side of my bed to a Wall Street AI robot that snored in binary code!

(He starts pacing frantically, sweating, yelling at the sky)

The buildings were so tall they were scraping the satellites out of orbit! The streets weren't filled with cars—they were filled with a massive, unstoppable stampede of human beings, all wearing dark clothing, all with glowing airpods fused into their ear canals, sprinting at supersonic speeds! Nobody was looking at each other!

I tried to cross Broadway, and a flock of delivery drones tried to decapitate me! I screamed, "Stop your capitalistic fury, you Amazon demons!" But they just dropped a package of organic beard oil on my head and kept flying!

Everyone was running on a giant, invisible treadmill! They were throwing wallets and diamond rings onto the pavement because if they stopped for three seconds to pick them up, their productivity score would drop, and the corporate algorithm would instantly vaporize their health insurance! It was a dystopian nightmare of pure anxiety and oat milk!

(The pulsing lights snap back to the normal blue comedy club lighting with a loud, theatrical slap sound effect. BART gasps for air, clutching his chest, completely exhausted).

I woke up on the barn floor. Drenched in sweat. Shaking. Terrified.

Do you know what the very first thing I did was? I crawled across the dirt, I found my favorite goat, Gary, and I wrapped my arms around his furry neck. I looked into his weird, horizontal pupil eyes, and I said: "Oh, Gary, my beautiful, unaligned friend... thank God we are here. Where the only danger is a thunderstorm, and where the highest piece of technology available... is a bag of stray hípster brownies."

Thank you, New York! You’ve been terrifying! Goodnight!

(The heavy hip-hop beat slams back on at maximum volume. BART slams the microphone into the stand—a mic drop—flashes a double peace sign, and runs off the stage with wide, comedic, high-stepping goat strides).

THE END


 

 


PASTORCITO SEXY-


Stand up

del 

PASTORCITO SEXY 


Monólogo/Stand up (En dos "Actos" o partes)


Por Gavarre Benjamin



Este trabajo ha sido publicado para su difusión libre y abierta, aunque todos los derechos de propiedad intelectual están reservados. El uso público de este trabajo requiere el permiso del autor y para obtener permiso comuníquese con bengavarre@gmail.com o gavarreunam@gmail.com (Reg. Prop. Int. Expte. Bandeja de entrada) 



1era parte, 


(Acto 1)

en el campo

 

Personaje:

BART

 (BARTOLOMÉ ).

 

Bartolomé: Un pastorcito de unos veinte años. Su atuendo es una mezcla cómica de ropa campestre (chaleco, sombrero de ala ancha) y modernidad (zapatillas deportivas, y usa un palo selfie como su tradicional cayado). Tiene una mirada ingenua pero sus palabras revelan una picaresca y un humor negro basados en la observación aguda de la naturaleza humana.

 

Acto 1: 

Ovejita, dime tú

 

(Indicaciones de Club de Stand-up: LUCES DEL ESCENARIO SE ENCIENDEN. MÚSICA DE INTRO (posiblemente un fandango con ritmo electrónico) BAJA. Bartolomé entra con su palo selfie/cayado, llevando una mochila abultada.)

BARTOLOMÉ: ¡Buenas noches, Gente de Dios... Ejem... O... buena gente! Yo soy Bartolomé, el pastor de estas tierras. (HACE UNA REVERENCIA INCÓMODA) Y sí, mi trabajo es cuidar ovejas. Pero la verdad es que mi vida es ser el reportero no solicitado de la comarca.

Miren, a mí me dicen que el campo es puro, puro... Mucha pureaza eh...  ¡Mentira! Mi campo es una exhibición  desbordada de desahogos sin fin.

Mi día empieza igual: Voy por la campiña y encuentro un calcetín solitario. Nunca encuentro un par, ¡jamás! Solo uno. Sucio. Solitario. Lo dejo en una piedra, y al día siguiente, ¡ya hay otro diferente! (PAUSA CÓMICA, MIRADA SERIA) Algunas teorías conspiracionistas hablan de civilizaciones subterráneas que solo tienen un pie... Sin embargo eso no explica por que siempre aparece un calcetín diferente en esa maldita piedra...   Joder.

Y claro, mi rebaño. ¡Bendito rebaño! Las verdaderas amenazas no son lobos ni coyotes. ¡Son los mocetones calenturientos

Las mozas rara vez sueltan prenda, ya se sabe— y ellos vienen a mí,vienen siempre a mí y me hablan de manera encantadora... Ah, pero no, no piensen mal... ¿O bien?

(Imita una voz meliflua, se acerca al micrófono.)

Uno viene y me dice: "Bartolomé, ¡qué ovejita tan suave! ¿Teparece si la saco a pasear?"

¡Y yo me tengo que megar, y que ahuyentarlos con el cayado! ¡Les digo que el ganado es para la lana y para el queso, no para los mocetones hornie! ¡Qué no, y qué no, y olé!

Lo que a mí más me gusta es mi colección de hallazgos. ¡Soy todo un coleccionista!

Un día, encontré una cadena de oro macizo, como con unos signos satánicos y unas calaveras y caras de bruja... y así. Y bueno, al lado, unos patines... ¡Sí, patines! Quién sabe si eran de plata, pero estaban bien afilados. Seguro algún mocetón intentó un truco romántico, se cayó y dijo: "¡Nunca le hagáis una oracion a San Judas Tadeo, ni menos a la santa Muerte, por vida mía, que se cobran con patines!"

También he encontrado pelucas, sombreros, billeteras... Sin plata, vaya usté a creer... (SACUDE LA MOCHILA) ¡Y las bolitas pegajosas! Muchas bolitas chiclosas y llenas de requesón que me hacen sentir protegido, bueno, no a mí... es decir... Mis ovejas al menos tienen sexo seguro.

Y ya casi para terminar...  mis dos hallazgos estelares: la Yerba y el Postre.

Primero, va la aventura de la "Yerba Buena". Encontré una bolsita. Pensé: "¡Tisana medicinal!" Hice mi té, me lo tomé... ¡y caí como un saco de papas! Dormí tan a gusto que cuando desperté, mi rebaño estaba a punto de pastar en el jardín de la Biblioteca Central... jeje, estaré pensando en C.U.  O en sus Islas... No, nonono no... Biblioteca parroquial del siglo XVII... parroquial. ¡Casi me quedo sin rebaño por el misterioso té de "yerba" "buena"!

(PAUSA DE SUSPENSO CÓMICO.)

Pero lo que me compensó el susto fue lo que encontré justo al lado de la yerba: ¡unos panquecillos brillantes! Cafés. Raros. Con un olor dulzón, como a cosa prohibida. ¡Unos brownies de chocolate!

Yo me dije: "¡Si la yerba buena me durmió, estos panquecillos deben de ser la cura para todos los males o me dan alas para elevarme, Dude, we could'nt get much higher" Ah, ah, ha , ha, ha!" 

(Se acerca al micrófono, con gesto pícaro y ojo guiñado.)

Los voy a probar esta noche, cuando ya no haya luna. A ver si me dan alas de pájaro o fuerza de toro. ¡Si me ven mañana volando por el campanario, ya saben que me los chingué y me puse sexy, je, je!


¡Gracias!, y que si encuentran yerba buena,  oregano o yerba santa... Monchense, ¿vale?


(SALE RÁPIDAMENTE, DEJANDO EL PALO SELFIE EN EL ESCENARIO.)




2da  parte 


(Acto 2)


Qué passsonsssote en Nueva Yorrr... k

 

(Bartolomé regresa al escenario. Está despeinado, actuando con energía nerviosa, como si acabara de despertar.)


BARTOLOMÉ: ¡Hola de nuevo! ¡No saben lo que me pasó anoche! ¡Creo que me adelanté al postre! Tuve un sueño... ¡un sueño horrible y maravilloso a la vez! ¡Soñé con la Ciudad Gótica!

O así... 

Dicen que la ciudad es tan grande como cien de nuestros pueblos, ¡pero soñé que era tan grande como MadridToledo y toda la cosecha de trigo junta!

Y lo primero que vi... ¡fueron los automóviles!

(Se agacha, imitando un coche que hace ruido con la boca. Grito de terror.)

¡Unas cajas de metal que se movían solas! ¡Con ojos de vidrio que te miran! ¡Pensé: "¡Cosa del Demonio! ¡Carruajes embrujados que no necesitan burro!" Hacen un ruido infernal. ¡Yo grité: "¡Jesús, María y José! ¡Alto ahí, engendro de Vulcano y de las vulcanizadoras del futuro!" ¡Y no me hicieron caso!

Quise cruzar una de esas avenidas, que son como un río ancho de metal. Estuve media hora, ¡rezando un rosario! Hasta que vi un gentío, vestidas de forma rara, caminando a toda prisa, sin mirar, ¡como si fueran... ¡Borregos en estampida!

Y dije: "¡Bartolomé, sigue a la estampida!" Y crucé. ¡Y llegué al otro lado! ¡Y la gente me veía como si yo fuera el loco, y no las cajas de metal que andaban solas!

Pero lo más chocante fue que en la ciudad, ¡también dejan cosas tiradas!

En los parques de la ciudad, hay botellas de vidrio, zapatos elegantes y... ¡muchos papeles de comida rápida! ¡Es la misma basura que en el campo, pero más cara! Tiran más cosas que aquí, porque no tienen tiempo de agacharse.

Y luego, las muchachas. ¡Las mozas de la ciudad! ¡Qué diferencia con las nuestras! Ellas son sofisticadas. En mi sueño, estaban paradas en las esquinas, muy elegantes, con una pose de Dama Real...

(Imita una pose con la cadera hacia un lado, muy exagerado.)

Y los mocetones de la ciudad andaban detrás de ellas como gansos calenturientos, como los zagales con mis ovejas. Ellas ni les hacían caso. Y cuando el tipo se ponía muy alegre y quería un acercamiento, ¡ellas sacaban una caja pequeña para hablar por teléfono, jeje,  y se la ponían en la oreja! ¡Y gritaban! ¡Y venía otro coche embrujado a llevárselas!

(SE ENCOGE DE HOMBROS) ¡Yo creo que esas cajas pequeñas son alarmas anti-acosadores; es la versión moderna del cayado!

Y lo peor: ¡La yerba! En el sueño, todos querías que les diera de mi té misterioso. Yo sí les comparttyía la verdad, porque me dijeron que es lo que hay que hacer... igual con uno como tabaco apestoso que ese no me gustó porque me dio sueño... 

Ya cuando todos se habían acabado el cigarrito y quemado los dedos de señorita... se estuvieron carcajeando de que me echara pedos sin pedir perdon... o que un carrito de morcilla se voltera al cruzar la calle... Ya después todos se fueron al al mismo tiempo sin despedirse siquiera, caminando rápido y chocándose!


(Finaliza con energía y miedo fingido.)


¡Desperté sudando y abracé a mi borrego más cercano! ¡Gracias al cielo que estoy aquí! Donde la única tecnología son mis brownies y mi palo selfie!

¡Gracias! ¡Y por favor, no tiren más calcetines! ¡Ya 

tengo una tonelada!


(MÚSICA VUELVE A SUBIR. BARTOLOMÉ SALUDA Y SALE.)


(LUCES A NEGRO.)






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