Nosferatu
Griselda Gambaro
Personajes
Papá
Mamá
Luquitas
Nena
Policía inglés
En escena, sentado en el
suelo de una habitación completamente vacía, aparece Papá. Es un viejo
andrajoso y anémico, vestido de oscuro. Tiene la cara blanca, ojeras violetas,
los ojos intensamente bordeados de rojo. Unas mechas ralas y desparejas le tocan
los hombros. Habla con tono invariablemente tétrico, la mirada lúgubre perdida
en el vacío.
Luz mortecina.
Papá: Estoy triste, estoy
triste, ¡estoy tristeeeeee..!
(Entra Mamá, es vieja,
pero de aspecto animoso. Lleva un vestido claro, modelo Imperio, muy gastado.
La falda, hasta los pies, oculta innumerables bolsillos)
Mamá: ¡Qué oscuridad! (Con
voz alta y jocosa) ¿Everybody home?
Papá: Estoy yo.
Mamá (muy alegre): ¡Amor,
qué inteligencia! ¡Me entendiste! (Lo besa) ¿Qué hacés aquí, en la oscuridad?
(Se enciende la luz) ¿Qué te ocurre?
Papá (con un gran
suspiro): ¡Estoy triste! La vida pasa y estoy acá, como tullido. No la alcanzo.
Mamá: No te desalentés.
(Lo mira) A ver. No, no. ¡Muy buen aspecto todavía! ¡ Pero qué greñas! Debieras
peinarte un poco. (Lo levanta como a un bebé. A Papá le tiemblan las piernas,
se va aflojando hacia el suelo) ¡Arriba! Vamos. (Lo acomoda hasta que Papá se
queda de pie, duro. En ocasiones, se afloja o Mamá piensa que va a hacerlo, y
corre para sostenerlo o inicia el gesto) Traje de comer.
Papá: ¿Qué trajiste?
Mamá: Carne. (Con una
sonrisa incitadora) ¿Vuelta y vuelta?
Papá: No me gusta.
Mamá: ¿Leche?
Papá: No me gusta.
Mamá (lo contempla con
pesar. Lleva la mano al cuello con un ademán indeciso): ¿Querés... un poco?
Papá (con leve esperanza):
¿Sí?
Mamá (desalentadora): Unos
traguitos.
Papá (muy triste): Voy a
morirme de hambre. (Irritado) ¿Por qué soy yo el que tiene que pensar siempre
en la familia?
Mamá: Unos traguitos,
dije.
Papá: Si empiezo, odio
detenerme. No tomo nada. (Se afloja)
Mamá (lo sostiene):
¡Bueno, tomá lo que quieras! Se te debe haber achicado el estómago. Es mi única
esperanza. (Le ofrece el cuello)
Papá (lo tantea): No. No
me gusta. Está arrugado.
Mamá: Qué pretensiones! A
falta de pan, buenas son tortas, ¿no?
Papá (se sienta en el
suelo): No. No quiero
Mamá: Hay que comer, ¿no?
Papá: Los tiempos
cambiaron.
Mamá: ¡Por eso mismo! No
se puede ir contra la corriente. Mirame a mí.
Papá (la mira, aparta la
vista): Mejor no.
Mamá: ¿Por qué?
Papá: Después te lo
explico. ¿No me trajiste una revista?
Mamá (con tristeza): No.
Papá: Me distrae mirar a
las chicas. Son todas bien formadas. ¡Qué cogotes!
Mamá: ¡Bueno, ánimo! Qué
depresión. Contagiás a cualquiera. ¡Con todo el trabajo que tengo!
Papá: ¿Sí?
Mamá: Tender las camas,
lavar la ropa, el baño... (Papá lanza una risita cavernosa. Mamá, ofendida)
Ningún trabajo, ya lo sé. ¿Por qué me hacés acordar? Aguafiestas. ¡Chupasangre!
Papá (muy lastimado): ¡Qué
cosas decís! ¿Te ofendí tanto?
Mamá: ¿Qué te parece?
Burla va, burla viene. Por lo menos, yo trato de alentarme.
Papá: No hagás nada.
Mamá: Con todo lo que
tengo que... (se interrumpe)
Papá: Sentate aquí, a mi
lado.
Mamá (mira el suelo): Está
sucio.
Papá: Apagá la luz. Me
molesta.
Mamá (coqueta): ¿Cuáles
son tus intenciones?
Papá: Estoy anémico.
Mamá (muy dispuesta): ¿Me
saco el vestido?
Papá: ¿Para qué? Quiero
charlar. ¿Luquitas?
Mamá: Salió.
Papá: Sale siempre.
Mamá (con alegría): ¡Por
eso está gordo!
Papá: Ayer me arrastré
hasta un potrero. Encontré a una chica.
Mamá (muy interesada): ¿Y?
Papá: Me dijo que se
llamaba Caperucita Roja.
Mamá: ¡Qué gracioso!
Papá: No le veo la gracia.
Mamá (sardónica): ¿Tenía
un cestito e iba a ver a la abuelita?
Papá: Sí.
Mamá (lo mira con asombro.
Una pausa): ¿Qué le hiciste?
Papá: No le hice nada.
Mamá: ¡Ah, que idiota!
Estás anémico. Tomá un poco de leche. (Saca una botella de leche y un vaso de
un bolsillo de su falda. Llena el vaso y se lo tiende. Papá mira la leche con
repugnancia, se la acerca a la boca, pega un mordiscón al vaso. Mamá) ¿Estás
loco? ¡El vidrio no! ¡Hay que enseñarte todo! (Lo limpia) La derramaste. No me
la regalan.
Papá: Me da asco.
Mamá: Estás acostumbrado a
otra dieta. Es lo que pasa. Pero ahora, hasta los perros comen verdura.
Papá (nervioso): ¡No me
va!
Mamá: Necesitamos unas
sillas. Una cama con colchón. No aguanto dormir en el suelo. Soy vieja. Me
levanto hecha una tabla.
Papá: Teníamos unos buenos
cajones.
Mamá: ¡Ah, qué lúgubre!
Papá: ¿Lúgubre?
¡Brillaban! Eran de roble, con manijas.
Mamá: ¡No, no, basta de
cementerios para mí!
Papá: Te has vuelto
pretensiosa. Demasiado tarde. No puedo darte lujos.
Mamá: Sí, pero todos
tienen camas. Todas mis amigas tienen camas. ¿Por qué no nosotros?
Papá: ¡Porque estoy
acostumbrado al cajón! De chiquito fue mi cuna, la noche nupcial... ¿te
olvidaste?
Mamá: No me olvidé. ¡Pero
ahora ni siquiera tenemos cajones! El suelo y basta.
Papá: Hacé lo que quieras.
Yo no mando.
Mamá (muy tierna): ¿Te
diste cuenta? (Una pausa) Ya las compré.
Papá: ¿Qué?
Mamá: ¡Las camas! Una cuna
para Luquitas y dos camas gemelas para nosotros.
Papá: ¿Quién te dio la
plata?
Mamá (dulcemente):
Luquitas le rompió la cabeza a un muchacho. Le sacó la billetera. Lo teníamos
en secreto. No te enojés.
Papá: No. (Con tristeza
inconmensurable) Soy un cero a la izquierda. ¿Qué haré cuando haya camas aquí?
Mamá: Harás como todos. Te
acostarás. (Papá ríe con su risa cavernosa) Podemos sacar tierra de las macetas
y rellenar los colchones.
Voz de Luquitas llama
sigilosamente: ¡Mamá, papá! ¿Están durmiendo?
Mamá (contenta): ¡Es
Luquitas! (Abre la puerta) ¡Luquitas, corazón! (Entra Luquitas, es altísimo y
encorvado y está vestido de negro. Lleva una capa de raso, manchada y
agujereada. Arrastra un gran canasto de mimbre. Abraza a Mamá, con un gran beso
succionado en el cuello, luego se dirige hacia Papá y se arrodilla)
Luquitas: Padre, ¿comiste?
(Papá niega con la cabeza. Luquitas, a Mamá) ¿Hoy tampoco?
Mamá: Se encapricha.
Luquitas: Yo tomé un jugo
de carne. ¿No te tienta? (Por respuesta, Papá escupe desdeñosamente) ¿Por qué
estás enojado?
Papá: No estoy enojado. No
puedo comer. Me arden las tripas.
Luquitas: A todos nos
cuesta.
Mamá: No sé qué le pasa.
Está raro.
Luquitas: Mirá qué traje,
papá, para vos. Espero que te guste. Lo elegí bien.
Mamá: ¿Qué es?
(Luquitas abre el canasto,
saca un gran paquete envuelto en papel madera y atado con piolín. Rompe el
papel. Aparece la Nena, con trenzas, moñitos, zapatos escolares, etc., pero con
una actitud desenvuelta de “cocotte” madura. Luquitas la sacude, la arregla)
Papá (lúgubre): ¡Qué
linda!
Luquitas (a la Nena):
Hablá.
Nena: Buenos días.
Luquitas: Es de noche.
Nena (dócilmente): Buenas
noches.
(Mamá extrae una silla
tijera de uno de sus bolsillos, la abre y se la ofrece a la Nena)
Luquitas: Sentate,
Mariana. Se llama Mariana. ¿No es un bonito nombre?
Papá: Más o menos.
Mamá (amable): ¿Querés un
vaso de leche? ¿Un caramelo? (La Nena se pasa la lengua por los labios en un
gesto obsceno. Mamá le sirve la leche, le tiende el vaso. La Nena bebe. Mamá,
amable) Levantá la cabeza, por favor. (La Nena obedece. Mamá le observa el
cuello. Admirada, a Luquitas) ¡Mirá qué yugular!
Luquitas (intrigado): ¿Es
la yugular o la carótida?
Mamá: No sé. ¿Qué importa
la ciencia? Mirá.
Luquitas (mira):
Pronunciada.
Mamá (en éxtasis): Fresca.
¿Querés más leche? (Le sirve otro vaso)
Nena (bebe y devuelve el
vaso): ¿Ahora qué hacemos? (Papá, Mamá y Luquitas se miran desconcertados)
Mamá (incómoda): ¿Querés
un chiche?
Nena (lanza una risita
obscena. A Luquitas): ¿Cuál? ¿Tenés uno?
Mamá: Luquitas, jugá al
ta-te-ti con ella.
Nena (insinuante):
¿Jugamos?
Luquitas: ¿Querés más
leche?
Nena (lo mira obscena.
Mamá le tiende otro vaso de leche): ¡Salga! ¡No estoy amamantando!
Luquitas: ¿Te gusta, papá?
Papá (mira tristemente):
Sí... Es flaca.
Nena (ofendida): ¿Yo? (Le
arrima el trasero) ¡Toque!
Luquitas: Está bien
nutrida, papá. ¡Quieta, nena!
Mamá (alegre y nerviosa):
¿Y? ¿Hacemos un party?
Papá (a Luquitas):
¿Tuviste cuidado? ¿No te siguieron?
Luquitas: No. Además, la
traje envuelta.
Nena: Me dejé secuestrar.
¡Qué infantil es!
Luquitas: Te hipnoticé.
Nena: Con esos ojos de
huevo duro, ¿a quién vas a hipnotizar? No me haga reír. (Ríe)
Luquitas: ¡Estudié
hipnotismo con los mejores maestros!
Mamá: Luquitas, no
discutas en presencia de tu padre.
Papá: Soy un cero a la
izquierda. ¡Qué juventud!
Luquitas: Perdón, papá.
Papá (a Mamá): Traeme la
dentadura postiza. (Mamá la saca de un bolsillo, la coloca en un vaso que
también saca de entre sus ropas. Tiende el vaso a Papá. Papá se coloca la
dentadura, que le sobresale de la boca, especialmente los colmillos) Acercate,
nena.
Luquitas: No la asustés,
papá.
Mamá: Esperá, voy a buscar
una servilleta. (Se aparta y revuelve entre sus innumerables bolsillos, como si
fueran cajones. Finalmente, encuentra una servilleta y se la coloca a Papá
sobre las rodillas)
Papá: Gracias, amor. (A la
Nena) ¿Me tenés miedo?
Nena: No. ¿Por qué?
Papá: Las niñas tienen
miedo a los viejos.
Nena: Yo no soy una nena.
Estoy disfrazada.
Papá: ¡Hacela callar!
Luquitas: Callate, nena.
Papá está preocupado.
Nena: ¿Por qué? Pueden
decírmelo. No me dará ninguna pena saberlo. No es mi papá.
Mamá (nerviosa): ¡Ay, qué
encanto! (Lanza una risa histérica que cesa bruscamente)
Papá: Apagá la luz. (A la
Nena) Acercate. (La luz se apaga)
Luquitas: ¿Pongo música?
(Se oye una música lúgubre. Luquitas, solícito) ¿Necesitás mi capa, papá?
Papá: ¡No! Callate.
(Intenta un soplido espeluznante. Enseguida, se oye un alarido tremendo. Papá)
¿Quién gritó?
Luquitas: Yo, papá. Me
asusté. Me vino un escalofrío.
Papá: ¡Callate! Si no, no
puedo.
Mamá: Seguí, amor.
Luquitas se va a quedar quieto.
Papá: ¿Dónde está la
chica? ¡No la encuentro!
Luquitas: ¡Mariana,
Mariana! ¡Se fue!
Mamá: ¡Qué maleducada!
Luquitas: Encendé, mamá.
(Se enciende la luz. La
Nena está sentada tranquilamente en su lugar, limándose una uña)
Luquitas: ¡Qué susto nos
diste!
Nena: ¿Por qué?
Mamá: ¿Pero ésta pregunta
siempre? ¿Qué tiene?
Nena: Curiosidad, señora.
Apague la luz.
Mamá (asombrada): ¿Querés
que apague la luz?
Papá (tétrico): ¿Sabés lo
que te espera? (Extiende las manos temblorosamente hacia ella y la mira con
fijeza, como si la hipnotizara)
Nena: No sé. Espero que
sea algo bonito.
Papá: ¡No puedo
aguantarlo! Es una impertinente.
Luquitas: Calma, papá. El
que ríe último, muerde mejor.
Papá: Sí, sí.
(Entusiasmado, intenta un aullido escalofriante, pero se atraganta en un acceso
de tos)
Mamá (le seca la cara con
la servilleta): Limitate a lo esencial. No cometas excesos.
Papá: Sí, sí, me
conocerás, nenita. Apagá la luz.
Luquitas: Apagá, mamá.
(Cesa la luz. En seguida,
un alarido de Papá)
Papá (despavorido):
¡Enciendan! ¡Me toca! Es una harpía. (Se enciende la luz. A Luquitas) ¿Qué me
trajiste? Atala. (Mamá saca una soga de sus bolsillos, se la entrega a
Luquitas, quien ata a la Nena. Ella se presta dócilmente, refregándose contra
él)
Luquitas (a Papá): ¿La
amordazo?
Papá: No. Dejala. Si
gritan, me excito. Pero en el momento oportuno. No antes.
Mamá (con alegría): Gritan
mucho al comienzo, después se desmayan. Cuando despiertan, muerden a los otros.
¡Es una seguidilla!
Papá (feroz): ¡Mirá qué
dientes tengo, nenita!
Nena: Son postizos. (Papá
se toca los dientes, muy abatido)
Luquitas (sombrío): Los
míos, no. (Se los muestra)
Nena (los mira
tranquilamente): Están mellados.
Luquitas: Sirven igual.
Nena: Hasta que no lo vea,
no lo creo. (Insinuante, ofrece un seno) ¡Mordé! ¿Quién me da otro poco de
leche? ¿No tienen otra cosa?
(Papá, Mamá y Luquitas se
miran consternados)
Papá: ¡Esta va a terminar
conmigo!
Luquitas: No, papá. (A
Mamá) Dale otro vaso de leche. Que esté bien alimentada.
Mamá (sirve otro vaso de
leche, se lo entrega a Luquitas, quien lo acerca a la boca de la Nena. La Nena
aprovecha para lamerle la mano, se la muerde. Luquitas grita y deja caer el
vaso. Mamá): ¿Qué hacés, hijo?
Luquitas: Me mordió.
Nena: Era un juego
erótico. Este no sabe nada.
Papá (mira a la nena,
desorbitado): Es horrible, es horrible...
Nena: ¡Tu abuela! Apaguen
la luz. Me canso. Se van en preparativos. ¡Qué pesados!
(Mamá la mira y como
hipnotizada, tiende la mano al vacío y se apaga la luz. Un silencio)
Mamá: ¿Qué tal, papá?
¿Comés con apetito?
Papá: Todavía no empecé.
(Suspira) Estoy nervioso...
Mamá (tranquilizadora): ¿Y
por qué?
Papá: Se me despegan los
colmillos... (Fuerte ruido de dientes. Alguien lanza un gran bostezo) ¿Quién
bostezó?
Luquitas: Yo, papá.
Perdón.
Papá: No puedo. ¡Así no
puedo! ¡Necesito tranquilidad! ¡Váyanse!
Luquitas: Vamos, mamá.
Mamá (apenada): ¿Yo
también?
Papá: No te ofendas. Pero
me arruinan el clima.
Mamá: Está bien,
comprendo.
Papá: Dame un beso. (Se
oye el ruido de un beso, muy succionado. Papá) ¡Música! (Suena la música
lúgubre. Salen Luquitas y Mamá, arrastrando los pies. La música cesa y se oye
un redoble de tambor, como anunciando un triple salto mortal. Cuando cesa, algo
se cae. Un grito. Entran Luquitas y Mamá)
Mamá (muy contenta): ¿Ya
está? ¡Qué pronto! ¡No perdiste la rapidez! ¡Estás en forma!
Luquitas: ¿Cómo te sentís,
papá? ¿Más animado?
Nena: ¿Por qué no
encienden?
(Se enciende la luz. La
Nena está sentada en el suelo, la silla volcada)
Mamá (mira a la Nena.
Luego, a Papá): ¿Tomaste lo suficiente?
Papá (muy abatido): Nada.
Nena (a Papá, ofendida):
Usted es una bestia.
Papá (muy abatido): Es
verdad. Lo lamento.
(Luquitas endereza la
silla, sienta a la Nena)
Nena: Me mordía el zapato.
¿Es un fetichista?
Luquitas: Dejá en paz a mi
padre. Está desorientado. (La Nena ríe) Cuando te hipnotice...
Nena: ¡Huevo duro, huevo
duro!
Papá: No puedo...
Mamá: ¡Un esfuerzo más,
corazón!
Papá: No puedo...
Mamá: ¡No la desperdicien!
Aprovechala vos, Luquitas.
Luquitas: ¡De ninguna
manera! La traje para papá.
Papá: No me apetece...
Luquitas: ¿Pero por qué?
Un esfuerzo, papi.
Papá: No, no tengo
voluntad. Cométela vos, Luquitas.
Luquitas: ¿Sí? Es tan
apetitosa y blanca...
Mamá: Aprovechá, Luquitas.
Quién sabe cuándo conseguís otra igual.
Nena: ¿Y? ¡Estoy
esperando!
Luquitas: ¿Me permitís,
papá?
Papá: Sí, que quede en la
familia...
Luquitas: Descocada... Te
dejaré sin sangre. (Abre la boca. Dócilmente, la Nena tiende el cuello.
Luquitas se inclina, mira y se inmoviliza). Dame un poco de alcohol, mamá.
Tiene el cuello sucio.
Mamá (le tiende una
botella de alcohol y un algodón que saca de entre sus ropas. Luquitas le limpia
el cuello a la Nena. Mamá, alcanzándole una servilleta): ¿Querés mantel?
Luquitas: No, mamá. ¡No
hay invitados! (Se anuda la servilleta al cuello. Se acerca. Huele) ¡Cómo
huele! Apesta.
Mamá: El olor se desvanece
enseguida. (Le tiende un alfiler) Pinchala un poco. A ver si te inspirás.
Nena (grita antes de que
Luquitas la toque): ¡Ay!
Luquitas (se detiene):
Grita.
Mamá: Siempre gritaron.
¿Qué pretendés?
Papá (muy desanimado):
¡Este no conoce ni la tradición!
Mamá: ¿Qué ejemplo nos
das, Luquitas? Somos viejos, pero no somos basura. Se retorcían, es natural.
Luquitas: Pero no
gritaban, mamá.
Mamá: ¡Sí que gritaban!
Nena (muy tranquila): ¡Ay!
Luquitas: Me impresiona.
Mamá: Sé fuerte. ¡Valor!
Luquitas (angustiado, a la
Nena): No me mirés.
Nena (empieza a reír
alegremente)
Mamá: ¿De qué se ríe esta
idiota?
Nena: De los policías
ingleses.
Luquitas: Están lejos.
Nena: No. Dejé el camino
sembrado de miguitas. Te llevarán preso. A todos. Les clavarán un fierro, acá.
Luquitas: ¡Ah, maldita!
¡La estrangulo! (Se acerca con las manos tendidas)
Mamá (se interpone): No,
¿qué vas a hacer? No cambiés de método.
Papá: Sí, hijo. No te
ensuciés las manos.
Mamá: Bebétela de un
trago. ¡Ah, Luquitas! Así hacías con los deberes. ¡No la terminabas nunca!
Luquitas (a la Nena, sin
consistencia): ¡No te encontrarán... viva!
Papá: ¡Seca, seca! ¡Puro
ollejo!
Nena (ríe): Incapaces.
(Golpean)
Una voz: ¡Abran!
Luquitas: ¡No hay nadie!
Mamá: Luquitas, no digás
estupideces. ¡Siempre el mismo! (Muy amable) ¿Quién es, nena?
Nena: Misterio.
Una voz: ¡Abran o
volteamos la puerta!
Luquitas: ¡Mamá!
Mamá: ¡Justo ahora, que
iban a traernos las camas! ¡Qué desgracia!
Papá: Estoy muy débil.
Será la muerte... (Tiende los brazos hacia Mamá) ¡Levantame!
Luquitas: ¿Qué hago con el
alfiler? (Precipitadamente, Mamá le cruza las solapas y se las sujeta con el
alfiler)
Nena (feroz): ¡Con un
fierro! Les clavarán un fierro. (Libera una mano, se golpea el pecho) ¡Acá!
(Los golpes arrecian, se
abre la puerta violentamente y entran dos policías ingleses. Cruzadas sobre el
pecho, al estilo de las bandas con municiones, llevan ristras de ajo. Uno de
los policías sostiene un gran estuche, empuñándolo como si fuera una ametralladora)
Nena: Ahí están.
¿Encontraron las miguitas?
Policía inglés 1: Sí. ¡Muy
inteligente, nena! (Le acaricia paternalmente la cara, pero luego la caricia se
extiende, obscena) ¿Te desato?
Nena: Como guste, señor.
Usted manda. (La desata)
Mamá: ¡Qué spuzza!
(Mamá, Papá y Luquitas se
agitan, lanzando resoplidos como gatos escaldados)
Policía inglés 2: ¿Te
hicieron algo, nena?
Nena: No, señor policía
inglés. Lo intentaron. Son impotentes. (Abre el canasto, hace una caída de ojos
hacia los policías ingleses, se mete dentro del canasto y baja la tapa)
Policía inglés 1 (observa
a Papá y Mamá que se abrazan, muy amedrentados): ¡Qué desechos! ¿No comían?
Mamá (alza constantemente
a Papá, que se cae hacia el suelo): Carne no. Somos vegetarianos, se lo
aseguro. Este no pasa ni la leche.
Policía inglés 2 (los
palpa como a animales): ¡Puro hueso! No asustan a nadie.
Mamá: ¿Verdad que no?
Policía inglés 2: Hace
rato que fastidian, ¿eh? ¿De dónde sacaron tanta fama?
Mamá (gentil): ¿Nosotros?
Luquitas (muy angustiado):
¡Mamá!
Policía inglés 1 (acerca
el ajo a la nariz de Mamá): ¿Qué te pasa? ¿No te gusta el ajo?
Mamá (siempre sosteniendo
a Papá y dominando sus propias contorsiones. Con una sonrisa falsa): Sí, señor
policía inglés. Pero un diente en la sopa. ¡Es un poco fuerte! ¡Lo eructo!
Luquitas: ¡No la torturen!
Policía inglés 2
(señalando un rincón): El chico que vaya para allá. No te va a pasar nada,
nene.
Mamá: Obedece al señor,
Luquitas. (Luquitas obedece) Ahora sáqueme el ajo.
Policía inglés 2: ¡Cómo
no! ¡Quietos! ¡Dejen de agitarse!
Mamá: Quietos, sí. ¡Pero
no puedo! (Levanta a Papá, que se le cae) ¡Hubieras tomado la leche! ¡Somos
como todos! ¡Vamos a tener camas! ¡Luquitas! ¡Déjenme abrazar a su hijo! ¡Es
inocente!
(El policía inglés 2 saca
un crucifijo del estuche, se lo presenta a Mamá y Papá que lanzan un grito
espeluznante y quedan petrificados, todos retorcidos)
Luquitas: ¡Papá! ¡Mamá!
(El policía inglés 2
abandona el crucifijo sobre el canasto que empieza a agitarse, como si la Nena
hubiera enloquecido adentro. Los dos avanzan hacia Luquitas)
Luquitas (retrocede): ¡No!
¡No!
(Los policías ingleses
aprisionan a Luquitas. Uno de ellos le sujeta los brazos hacia atrás. El otro,
de espaldas, se saca el casco, lentamente se acerca al cuello de Luquitas. Un
alarido. Se oye el ruido de una gran succión. Luego se vuelve, respirando pesadamente.
Luce unos enormes colmillos fuera de la boca y la sangre se le desparrama por
la barbilla y gotea. Mira fijamente hacia delante, sonríe)
Telón