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lunes, abril 18, 2016

La fiesta de los disfraces Benjamín Gavarre

 

 

Disfraz

de Benjamín Gavarre

 

Versión

1990

 

La fiesta de los disfraces

primera versión



EL ESCENARIO es una gran habitación; un poco teatro, un poco camerino, un poco departamento; pero es sobre todo el lugar donde habita nuestro personaje al que llamaremos: el Actor; aunque su nombre, el verdadero, el otro, sea Pablo.
Él, se encuentra "solo", en una intimidad extrema; sin embargo, se relacionará con ciertos personajes surgidos del recuerdo, o de su imaginación. Lo acompañarán algunos otros que podrían llamarse personajes reales, pero hay quien asegura que también forman parte de su mente; quizá de su mente en el momento de un sueño, de su sueño: esto sin embargo no lo podríamos asegurar.
Al comenzar la obra el Actor se encuentra en gran actividad: escoge su música preferida; luego va hacia un perchero y trata de probarse distintos disfraces, (obrero, licenciado, agente de tránsito, un héroe de espada y armadura, Romeo...) pero no puede vestirse solo. Por eso saca de un baúl enorme a Bufo-el Globero, quien le ayuda a ponerse la capa, o le coloca el yelmo o el birrete. Con cada disfraz posible modela frente a un espejo de cuerpo entero, pero ninguno de ellos lo convence. Finalmente escoge un disfraz: será un colegial de suéter, escudo, pantalones largos, mocasines y mochila. Busca la aprobación de Bufo-el Globero, pero éste solamente lo observa burlona, silenciosamente.
El Actor sonríe frente a su imagen final. Es una sonrisa que se transforma súbitamente en carcajada. Después viene el silencio. Él sabe perfectamente lo que tiene que hacer: corre presuroso hacia un rincón donde aparece un letrero que dice:
escondite tortuoso... Y saca una pistola. Obliga al desconcertado Bufo a salir de escena, luego va hacia el espejo y apunta a su sien...
Dispara tres tiros a su imagen reflejada y grita:

ACTOR.— ¡Basta!

Bufo-el Globero brota sorpresivamente del baúl y muestra al público una claqueta en la que leemos:

¡¡¡EL SUICIDIO!!!

Luego, después de dar el claquetazo dice con brillantez:

BUFO.— ¡El suicidio! Escena tercera del acto V... ¿Romeo y Julieta?... ¡No! Pero de todos modos: ¡Comenzamos!

Y se vuelve a meter a su baúl.
Suena el timbre de la puerta, el Actor corre hacia ella pero en ese momento suena el timbre del teléfono: decide ir primero hacia el teléfono.

ACTOR.— ¿Bueno?, ¡un momento por favor!

Deja descolgado el teléfono y va hacia la puerta; la abre y descubre que no hay nadie. Confundido la cierra y corre hacia el teléfono.

ACTOR.— ¿Quién habla? (Nadie contesta del otro lado de la línea) ¡Bueno! (Silencio) Qué, ¿no vas a contestar? No me lo digas. Eres tú de nuevo. Eres el Mudo...¿O Muda?...A lo mejor eres la Muda. Pues bien, querido o querida quien seas: te recomiendo que vayas y consultes un buen Otorrino. Sí, laringólogo. A ver si así me dejas de joder. (Y muy molesto cuelga la bocina).

Durante algunos instantes se queda viendo al vacío, luego descuelga la bocina y marca con ansiedad un número. Espera. Alguien contesta del otro lado de la línea y el Actor cuelga con una mezcla de miedo y vergüenza. Respira, mira de nuevo al vacío y vuelve a marcar el mismo número. Espera. Contestan del otro lado: cuelga precipitadamente. Bufo surge del baúl y lo mira suspicaz...


BUFO.— ¿No contestan?

ACTOR.— Sí, ellos siempre contestan, ¿pero yo?...Me quedo como una Mú...Muerto de nervios.

BUFO.— Sí, ¡esos mudos! ¿Insoportables, verdad?

ACTOR.— Deberían encerrarlos.

BUFO.— ¿Nos?

ACTOR.— Encerrarnos si quieres; lo mismo da. Pero, ¿sabes qué?

BUFO.— ¡Oh no!

ACTOR.— Voy a invitarlos. Voy a invitarlos a mi fiesta de cumpleaños.

BUFO.— ¿Crees que se acuerden de ti?

ACTOR.— (Sin hacer caso) Únicamente dos invitados: Verónica y Jerónimo; Jerónimo y Verónica... ¿Te das cuenta?

BUFO.— ¡Oh no!

ACTOR.— Hasta en el nombre se parecen. ¿No te parece ridículo?... Jerónimo y Verónica, ¡Já! (Se toma la cabeza con un exagerado gesto de dolor) ¡Ay, otra vez esta maldita migraña, no es justo! ¡Mi pobre cabeza...! !Y tenía que dolerme precisamente hoy! (Repentinamente sin dolor mira paranoico a Bufo) Sí, ya sé... pero no tienes por qué mirarme así; ya no me duele... ¡Que no me mires así!... De acuerdo, tienes razón: siempre busco pretextos. Pero esta vez sí les voy a hablar. (Bufo toma el teléfono y marca el número de Verónica y Jerónimo) ¿No me crees, verdad? Pues fíjate bien cómo les hablo... (Bufo le da la bocina y Pablo, mientras espera a que contesten, dice...) Y no me vuelvas a decir que soy hipocondriaco, porque no soy hipocondriaco. Nunca he sido ni seré... ¡Hola!... ¡¿Verónica?! (Muy nervioso) ¡Adivina quién!... Pablo, el mismo de siempre, casi el mismo. ¿Qué te parece si te invito a una fiesta?... Sí, así de drástico. Dile también a Verónimo, Jerónimo... Pero claro que es en serio... ¿Ahí está?... Luego me lo pasas, pero mira: es una fiesta de disfraces... Pues se me ocurrió... ¿Mi cumpleaños? No, claro que no. ¿Te hubieras acordado, no?... ¿Cómo? ¿Sí te acordaste? ¿Qué dijiste?... ¡Ah sí! ¡Claro! Gracias por hablar... ¿Qué cosa?... No, si ya sé que yo soy el que te habló, claro; pero de todos modos gracias, sí. Por acordarte... ¡Uy, qué insistencia! A ver, pásamelo... ¿Jerónimo?... ¡Maestro, qué desgracia!... ¿Cómo?... Sí, que me da mucho gusto... Sí, de veras. Le decía a Verónima de una fiesta... Sí, de disfraces... No, no; pastel si quieres, pero detesto los globos... Pues no sé, nunca me han gustado... ¿Qué dices? ¡Ahmmh, temprano! ¿A las nueve te parece bien?... Nueve y media... ¿Sí?... A ver, pásamela... De lo que quieras, Vero... ¿De momia? Pues, me parece estupendo... ¿Sí?... A mí también, sí... Perfecto... Bye... Nos vemos... Diez y media, sí... ¡Chauuu!

Cuelga radiante el teléfono. Bufo se burla de él.

BUFO.— Ajá, sí... ajá, sí, claro. ¿Ajá?... sí. ¿Mhiumjummh?... Mhiamjá... mmmhhh.

ACTOR.— (Feliz) No lo puedo creer. Estoy vivo. ¡Vivo! (Orgulloso) Lo he notado. Y ellos van a venir. A las nueve, a las nueve en punto. ¿Te das cuenta? ¡Estoy vivo!

BUFO.— Felicidades...¿Y qué vas a hacer con toda esa vivísima vitalidad?

ACTOR.— (Sin desalentarse) Tengo futuro, voluntad. Soy casi famoso. Hoy es mi cumpleaños, todavía soy joven. Tengo salud, fuerza, memoria, entendimiento: Inmejorables condiciones.

BUFO.— Oye, ¡qué bárbaro! ¡Por qué no nos casamos!

ACTOR.— ¿Así que no me crees? (Lo mira fijamente) Ya sé lo que estás pensando: Pablo va a intentarlo de nuevo. Eso piensas, ¿verdad? ¡Contesta!

BUFO.— ¿Intentar? ¿Qué cosa?

ACTOR.— El suicidio. Llámalo con todas sus letras:
(Deletrea) S U I C I D I O: Suidicio... digo, como se llame.

BUFO.— Usted... ¡Se está tomando demasiado en serio!

ACTOR.— ¿Qué?... ¡De qué se trata!

BUFO.— (Muy amable, le da un globo) Queda usted detenido. Acompáñeme.

ACTOR.— ¿Sí?... Gracias, pero así estoy bien.

BUFO.— Sígame.

ACTOR.— ¡Cómo se le ocurre! ¡Yo no soy un delincuente!

BUFO.— Eso no interesa. Se siente usted culpable, ¿no?

ACTOR.— Sí. Es decir: ¡No! ¿De qué tendría que sentirme culpable? Yo solamente quiero sentirme bien.

BUFO.— Qué original. Entonces usted no es culpable de nada.

ACTOR.— No, rotundamente no.

BUFO.— Y sin embargo, todo lo que usted diga o haga será utilizado...

ACTOR.— En mi contra, sí. Pero, ¿se trata acaso de una pesadilla?

BUFO.— Quizá. Y quizá todo lo que usted diga o haga no le importe a nadie, ni siquiera a usted mismo...

ACTOR.— Eso no es posible... ¿O sí?

BUFO.— No lo sé; pero el caso es que tiene usted que acompañarme.

ACTOR.— ¿Tengo? ¿Y si me escapo?

BUFO.— Esa sería su decisión... su elección.

ACTOR.— ¿Está seguro?

BUFO.— No.

ACTOR.— (Busca distintas salidas) ¿Y por dónde está la salida?

BUFO.— Por la puerta como es natural, pero sólo algunos, muy pocos acostumbran fugarse por la puerta.

ACTOR.— (Pensativo) Claro... ¡Qué confusión! (Se despide de Bufo) Gracias, ha sido... como un placer.

BUFO.— No fue nada.

ACTOR.— Ah... Si preguntan por mí... Dígales que tuve un compromiso muy... Un compromiso verdaderamente...

BUFO.— Y que no fue capaz de despedirse de nadie...

ACTOR.— Que tuve que salir. Eso es todo.

El Actor se dirige a la puerta: la encuentra cerrada. Va hacia el espejo de cuerpo entero: lo traspasa. Se da cuenta de que se encuentra en el mismo espacio. Traspasa una y otra vez la puerta-espejo. Trata de adoptar una actitud racional. Analítica.

ACTOR.— Bueno y después de todo: ¿quién quiere saber lo que hay afuera? Afuera es un concepto abstracto, tan abstracto como el concepto Adentro. ¿Dentro y Fuera relacionados con qué o para qué? Si lo pensamos bien, obtendremos como conclusión de esta antinomia: una serie de datos que podrían revelar el sentido más profundo de las entidades ontológicas. Quiero decir que tomando en cuenta la Ubicuibilidad y los Atributos del Ser: el Espacio se manifiesta precisamente en una contradicción básica cuyas premisas son como acabo de decir, ahmm... Cuyas premisas son precisamente, ahmm... (Se toma la cabeza anunciando dolor de cabeza. Bufo le sirve un vaso de agua) Cuyas principales premisas son, ahmmm... (Recibe el vaso de agua y mira agradecido a Bufo) Gracias. (Se lo toma sin dejar de mirarlo) Es usted un... Casi un ángel. ¿Sabe? Tengo una cita a las ocho.

BUFO.— (Afirmando) Una cita muy importante.

ACTOR.— Importantísima. Más que una cita es una fiesta. Una fiesta disfrazada, (Se corrige) de disfraces.

BUFO.— (Malicioso) Y van a venir sus amigos.

ACTOR.— Mis amigos de SIEMPRE sí... Y CUANDO lleguen...

BUFO.— SIEMPRE Y CUANDO lleguen.

ACTOR.— CUANDO LLEGUEN...

Se escucha la sirena de una patrulla o ambulancia. Entra Jerónimo vestido de boy scout. Su aspecto en general es el de un niño que acaba de sufrir un accidente: su camisa está manchada de sangre.

JERÓNIMO.— (Infinitamente triste) Te lo dije, Pablo. Te dije que no podríamos seguir con tanta suerte. A dónde estabas. ¿Por qué me dejaste solo? Me detuvieron, Pablo. Ya no podemos seguir así jugando tanto. Jugando siempre como si nada fuera en serio. Algún día tenía que terminar; y ya ves, me detuvieron. Me agarraron entre cuatro y no tuvieron lo que se dice: ¿piedad?, ¿compasión? No, nada de eso. Me pescaron, como tú dices. A la salida, como siempre.

BUFO.— ¡Tírale los dientes; apúrate, nos van a ver; quítate, me toca a mí! (Habla y actúa sin que Jerónimo lo tome en cuenta. Para Jerónimo y para todos los demás personajes, con excepción de Pablo, Bufo apenas existe. Saben que está ahí, como un fantasma impertinente, pero prefieren ignorarlo).

JERÓNIMO.— No, pero no pienses que fue un combate limpio; una pelea de caballeros, de grandes héroes y todo eso, no. Me agarraron entre cuatro. Como a tres cuadras de la escuela. Me cubrieron de patadas, de gritos cómplices.

BUFO.— ¡Tírale los dientes; apúrate, nos van a ver; quítate, me toca a mí!

ACTOR.— Eso sucedió hace mucho tiempo...

BUFO.— A la salida.

ACTOR.— ¿Y yo?

JERÓNIMO.— ¡A dónde estabas!

BUFO.— Te quedaste dormido.

ACTOR.— ¿Dormido?... ¿Estoy dormido?

JERÓNIMO.— Nadie me avisó. Todo sucedió sin más, a la salida, como siempre. Me puse a caminar sin esperarte.

ACTOR.— Me quedé dormido.

JERÓNIMO.— Me agarraron entre, ¿siete?

BUFO.— Una pesadilla.

ACTOR.— Una bofetada de cascos y macanas, de calibres y patrullas. ¿Y yo? ¿A dónde estaba?

BUFO.— Roncando. Soñabas con judiciales.

ACTOR.— Te rompieron los ojos.

JERÓNIMO.— Me arrancaron la vida.

BUFO.— Ya lo decía yo. Una pesadilla.

JERÓNIMO.— Me dejaron tirado en la calle, masacrado.

ACTOR.— ¡Malditos judiciales!

JERÓNIMO.— ¿Estás loco? ¡Cuáles judiciales! ¡Fueron Jáuregui y los demás! ¡Fueron los del tercero B!

BUFO.— ¡Tírale los dientes; apúrate, nos van a ver; quítate, me toca a mí!

JERÓNIMO.— ¿Y tú, a dónde estabas tú? Por qué no fuiste a la escuela.

ACTOR.— ¿Yo? (Somnoliento) ¿Estaba dormido?

JERÓNIMO.— ¡Qué dices!

Suena una señal de alarma. Un despertador, o la chicharra de una escuela son adecuados. Bufo venda los ojos de Jerónimo. Pablo le pone una pistola en la sien. Comienza un interrogatorio implacable.

ACTOR.— ¿Cuál es tu última voluntad?

JERÓNIMO.— No me molestes.

ACTOR.— ¿Cigarros, alcohol, alguna droga... ?

JERÓNIMO.— ¡No me estés jodiendo!

ACTOR.— ¿Saliste reprobado?

JERÓNIMO.— Sí, fue por tu culpa.

ACTOR.— ¿En Deportes?

JERÓNIMO.— Sí.

ACTOR.— En Matemáticas.

JERÓNIMO.— Sí, fue por tu culpa.

ACTOR.— Siempre mi culpa... ¿Cuál es tu última voluntad?

JERÓNIMO.— ¿Voy a morir?

ACTOR.— ¿Quieres veneno?

JERÓNIMO.— ¿No has visto a los demás?

ACTOR.— ¿Demás?

JERÓNIMO.— Demás.

BUFO.— ¿Qué es eso?

ACTOR.— ¿Demás?

JERÓNIMO.— Demás.

BUFO.— Demasdemasdemasdemás...

ACTOR.— ¿Qué es eso?

JERÓNIMO.— No lo sé. ¿Una palabra?

BUFO.— ¿Y qué significa?

JERÓNIMO.— No lo sé.

BUFO.— No lo sabe.

JERÓNIMO.— Ya no.

ACTOR.— ¿Quieres veneno?

JERÓNIMO.— Lo sabía.

ACTOR.— ¿Veneno?

JERÓNIMO.— Un vaso de agua.

Bufo le ofrece una copa de metal.

ACTOR.— (A Bufo) ¿Tiene todo?

JERÓNIMO.— (Mira receloso el contenido de la copa) Gracias... ¿Y?... ¿Cómo te ha ido? ¿Qué has hecho? ¿Qué dice el Teatro?

ACTOR.— Estoy ensayando mi nuevo, mi último... es decir mi más reciente personaje: sucedió frente al espejo... ¿Qué fue lo que te dije?

BUFO.— Estoy ensayando mi nuevo, mi último... es decir mi más reciente... (El Actor obliga a Bufo a meterse a su baúl) ¡Personaje!

ACTOR.— ¡Sucedió!... Suicidio... frente al espejo.

JERÓNIMO.— Ah, sí... me dijeron que estabas ensayando Romeo y Julieta. ¿Pero eso fue el año pasado, no?

ACTOR.— (Le quita la copa y representa un fragmento de su versión a Romeo, antes del suicidio. Bufo surge de su baúl y le ayuda a representar la escena) Julieta, por qué estás aún tan hermosa? Tus ojos brillan. Voy a morir contigo. Déjame sellar con un beso mi eterno pacto con la muerte. (Besa la copa) Ven áspero y vencedor veneno. Mi cuerpo, harto de combatir con la vida... quiere perderse en los abismos. Brindemos.

EL ACTOR CAE FULMINADO. JERÓNIMO APLAUDE CON ENTUSIASMO.

JERÓNIMO.— ¡Bravo! ¡Genial, maestro! ¡Déjame darte un abrazo! (Se dan un aparatoso abrazo. Repentinamente, Jerónimo se pone serio) Pero no lo vuelvas a hacer, es de mala suerte.

ACTOR.— ¿Ensayar frente al espejo?

JERÓNIMO.— No. Suicidarse frente al espejo. Es de mala suerte. Dicen que tu alma se queda dentro, atrapada.

ACTOR.— Por favor, Jerónimo; nunca pensé que fueras un supersticioso.

JERÓNIMO.— Nunca lo he sido.

BUFO.— Pero insisto en que es de mala suerte.

JERÓNIMO.— Pero insisto en que es de mala suerte.

ACTOR.— Mejor me suicido en otra parte.

BUFO.— !Se aproxima el juego más vital!

JERÓNIMO.— ¿Y si mejor te mato?

ACTOR.— (Emocionado) ¡Bruscamente!

JERÓNIMO.— (Feliz) ¿Te acuerdas?...

ACTOR.— Cuando jugábamos en la cocina de tu abuela...

JERÓNIMO.— ¡Muerte brusca, sí! ¿Cuáles eran las reglas?

BUFO.— ¡Artículo tercero!

ACTOR.— ¡Artículo tercero, sí! ¿Qué es más importante? ¿Las reglas del juego... ?

JERÓNIMO.— ¡O el juego sin reglas!

ACTOR.— ¡El juego de la regla rota!

JERÓNIMO.— ¡Artículo mortis!

BUFO.— ¡Mortis mortibus!

JERÓNIMO.— ¡Todo aquel que viole o desobedezca estas reglas será condenado a la pena máxima...

TODOS.— ¡MUERTE BRUSCA!

EL ACTOR TOMA LA PISTOLA Y DISPARA TRES TIROS A JERÓNIMO, QUIEN CAE SÚBITAMENTE AL PISO. EL ACTOR TRATA DE REANIMARLO CON LA AYUDA DE BUFO.

ACTOR.— ¡Jerónimo! ¡Jerónimo despierta! ¡Acaban de matar al maestro de Matemáticas!

JERÓNIMO.— (Se levanta sorpresivamente) No, Pablo, no. Al maestro de Matemáticas no lo asesinaron. Simplemente se arrojó, se tiró, precipitó. Se hizo trizas; salió en el periódico. Todo el mundo lo sabe. Se arrojó. Se hizo trizas...

TODOS.— ¡SE SUICIDO!

JERÓNIMO.— (Adopta la actitud de un maestro de Matemáticas) Vamos a ver, jóvenes, miremos. El día de hoy analizaremos la Teoría del suicidio y sus principales corolarios. Axioma A... (Al Actor) A ver, usted. Diga Ahh por favor.

ACTOR y BUFO.— Aggh, gahhh, guihuu, gaiiuuu...

JERÓNIMO.— ¡Suficiente! El suicidio como todos sabemos es una actividad peligrosa que puede llevar al individuo a diversos estados de alteración. Tenemos por ejemplo los suicidios que comienzan con una perturbación del pneuma. Asimismo, los hay parecidos a la muerte lenta, muy semejantes a los provocados por muerte brusca, pero no tanto. La diferencia estriba en si el sujeto se toma demasiado en serio o no. Tenemos el suicidio de Romeo, con veneno por supuesto. El lento pero aproximado, que es una variante de la muerte brusca. Tenemos ese suicidio, ese otro... y tenemos además, el además.

ACTOR Y BUFO.— Gauuu, gauiii, gaushhh, shiuuuuu, aghh.

JERÓNIMO.— (Al Actor) ¿Cuál es su nombre, joven?

ACTOR.— Pablo.

JERÓNIMO.— (Indignado) ¡Pablo! (Lo observa con atención) Pablo, usted y yo resolveremos juntos la siguiente ecuación. Acuéstese en el piso. Levante ese brazo. (El Actor levanta, por ejemplo, el brazo izquierdo) ¡Ese brazo no! ¡El otro! (El Actor levanta el brazo derecho) ¡No, ése no! Levante exactamente ese brazo y no el otro. (El Actor confundido levanta uno y otro brazo) ¡Levántelo!... Muy bien. Ahora, usted va a recibir un pequeño obsequio. (Le da una rosa. Bufo, a su vez, corre por un ramo de rosas negras y las va colocando alrededor del cuerpo del Actor) Repita después de mí.

El Actor repite torpemente cada verso mientras flexiona piernas y brazos. Jerónimo lo cubre con una tela negra a manera de sudario. Bufo es el cómplice de Jerónimo en esta especie de ceremonia.

EL ACTOR Y JERÓNIMO.—

MUERTO SOY

MUERTO SIN POLVO

SIN EMBARGOS Y SIN PEROS

MUERTO SIN SAL

CON DIENTES Y CON PELO

MUERTO SOY

SIMPLEMENTE

SIN CUIDADO

SIN ANTEOJOS

SIN MALETA

MUERTO SOY

DESNUDO

YO SOLO

Y SIN ZAPATOS

ACTOR.— (Gime) ¿¡Maestro, puedo ir al baño!?

JERÓNIMO.— (Continúa con su "cátedra") El suicidio...

ACTOR.— (Aúlla) ¡Maestro!

JERÓNIMO.— Silencio. Despejemos juntos la siguiente incógnita:
Capítulo primero: Usted se encuentra en su casa; solo y angustiado; triste, cabizbajo; sin hambre, desolado; herido y fatigado; se siente culpable, amordazado.
Capítulo segundo: Usted sale corriendo hacia la calle. Baja las escaleras del metro. Mira venir el convoy. Se decide. Todo es metal naranja y luz verde. El convoy se acerca, se acerca cada vez más aprisa. Usted está dispuesto. Mira venir el inmenso convoy...
¡Y en ese preciso instante!...

ACTOR.— ¡Qué bruto!

JERÓNIMO.— (Muy serio) De qué te ríes.

ACTOR.— Del maestro de Matemáticas. Es que eso de suicidarse en el Metro... ¿No has visto el anuncio? “!Por favor no se suicide en el Metro, piense en el tiempo de los DEMÁS!”

JERÓNIMO.— (Gélido) ¿Te pido un favor?

ACTOR.— (Bromista) ¿De aquí hasta el fondo de la coladera? ¿Qué desea su INMINENCIA?

JERÓNIMO.— ¿Podrías dejar de escupir estupideces?

ACTOR.— Disculpe, señor Profesor. No quise ofenderlo. Yo... ¿Me va a reprobar?

JERÓNIMO.— ¿Te callas? Estoy hablando en serio.

ACTOR.— ¿Qué? ¿Así no juegas? Uyy sí. No hay problema. ¿No quieres un café?

JERÓNIMO.— No, gracias. Pero podrías prestarme tu teléfono. Es algo que no te importa. Es algo que jamás te importaría. Es una llamada urgente. ¿Me prestas tu teléfono?

ACTOR.— Claro que no...

JERÓNIMO.— ¿No?

ACTOR.— (Desarmado) Está bien. Habla.
Jerónimo marca un número telefónico interminable. Bufo y el Actor llevan a cabo un insólito juego de naipes.

JERÓNIMO.— Una porquería, todo es una porquería. Estoy harto. ¿El juego más importante que las reglas? Pobre Pablo. Tú insistes demasiado y el juego terminó hace mucho tiempo. ¿A dónde vas? ¿A dónde quieres ir? Un día me descubrí hablando con un payaso insoportable. ¿Quién cambió? ¿Quién se volvió un desconocido para el otro? Estoy harto. Yo ya no vuelvo. Yo ya no voy a jugar.

BUFO.— Tercia de qüinas, dos reyes, dos jotos y un caballo... Jaque mate.

ACTOR.— ¿Y eso? ¿Qué clase de estúpido juego es éste?

BUFO.— Un estúpido juego sin reglas. O qué, ¿ya no te gustan?
Jaque mate y muerte brusca. ¡Salud!

JERÓNIMO.— Pero... parece que tu teléfono está suspendido. Mejor hablo desde un teléfono público. Espero que no te moleste.

ACTOR.— No, ¿cómo crees? Yo de todos modos me iba a dar un...

BUFO.— Un balazo.

ACTOR.— Un baño. Me iba a matar al baño cuando llegaste... A meter. Así que si me permites...

JERÓNIMO.— Claro.

BUFO.— Además no tarda en venir Verónica.

ACTOR.— Además no tarda en venir Verónica.

JERÓNIMO.— ¿Quién?

ACTOR.— Verónica. ¿La conoces?

JERÓNIMO.— Se me hace tarde. Luego nos hablamos.

BUFO.— Ándale.

ACTOR.— Adiós. Cuídate, si puedes.

Jerónimo sale de escena. En ese momento se escucha el estruendoso choque de un automóvil. Gritos y sirenas. Bufo y el Actor se miran desconcertados. Entra Verónica intempestivamente. Es una mujer joven, pero viste como una niña. Trae una bolsa de almacén.

VERÓNICA.— ¡Puf... vengo muerta! (Cae fulminada. El Actor y Bufo corren a confortarla. Verónica se levanta sorpresivamente.) ¡Hay un tráfico...! No tienes una idea. Un tráfico espantoso. (Siempre al Actor) Pero qué cara. Parece que te hubieran golpeado. Por cierto, a que ni sabes con quién me acabo de encontrar en el elevador: a tu psiquiatra. ¡Qué tipo! (Bufo le da un vaso de agua) ¡Pero cómo no lo pensé! ¿Acaba de estar aquí, verdad? Se nota. ¿A qué vino? (Se toma el vaso de agua mientras observa al Actor) Por eso tienes esa cara... Pero siéntate, mi amor; estás muy pálido.

ACTOR.— ¿Y tú? ¿Cómo has estado tú?

VERÓNICA.— ¡Mira lo que te compré! (Saca un libro enorme de la bolsa de almacén) Acaban de editarlo. La traducción es una porquería, pero las ilustraciones son de sueño. Además te dice en veintinueve lecciones todo lo necesario. Eso sí: debes seguir las instrucciones al pie de la letra, pero con un pequeño esfuerzo...

ACTOR.— Verónica te estoy hablando. ¡Verónica, cómo demonios has estado!

VERÓNICA.— Una joya. Incluye recetas de cocina, crucigramas, el horóscopo al día y un paquete de adivinanzas varias. Pague una fortuna claro, pero al final...

ACTOR.— ¡Maldita sea, Verónica! ¿¡Me vas a contestar!? ¿¡Cómo has estado!?

Verónica deja caer el libro. Bufo lo toma y lo lee plácidamente.

Verónica.—(Conmocionada) ¿Bien? ¿Todo está bien?

ACTOR.—¿Necesitas ayuda?

VERÓNICA.— Soy fuerte.

ACTOR.— ¿Por qué tienes los ojos tristes?

VERÓNICA.— Soy dueña de mis actos.

ACTOR.— Así que ya no eres una niña.

VERÓNICA.— Nunca lo he sido.

Bufo se sienta en una silla. Saca de una bolsa un paquete enorme de palomitas y silenciosamente las consume mientras observa atentamente al público.

ACTOR.— Recuerdas, ayer, cuando estuvimos solos.

VERÓNICA.— ¿Ayer?... ¿Quién quiere hablar de eso?

ACTOR.— Yo.
*************************************correcciones de aquí en adelante: B. Gavarre.
BUFO.— (Anuncia) ¡Soledad! ¡La película! ¡Véala en su cine favorito!

VERÓNICA.— ¿Ayer?... Estuve sola. Me compré una paleta de limón en la tienda de la esquina. Ayer me soñé caminando sola por la calle; y en mi sueño me decían, no sé quién, pero me decían que me habían visto comprar una paleta de limón en la tienda de la esquina.

BUFO.— ¡Soledad! ¡Una película!, ¡pero qué película!

ACTOR.— Ayer hacía calor. Me quité la camisa y los zapatos. Hacía calor y me tomé un vaso de agua.

Bufo los moja con una regadera. Luego pasea con un paraguas abierto.

VERÓNICA.— Me gusta comprar paletas de limón. Son frías pero me besan los labios y la lengua. Me gusta sentir el vacío de mi estómago cuando me siento sola, sentada en cualquier banca del parque, mirando la gente que pasa.

BUFO.— Conozca la conmovedora historia de Verónica: simple mortal en busca del Amor. ¿Su mayor fantasía?

VERÓNICA.— ¿Vendrás? ¿Vendrás a mí, caballero de los brazos fuertes?

BUFO.— Ella no sabe que pronto llegará a ella, a su melancólica soledad: ¡El Hombre!

VERÓNICA.— Un caballero de piel tibia. Hermoso y fuerte.

ACTOR.— ¿Ayer? Ya casi no me acuerdo. Alguien decía que tenía que ser valiente como un torero.

BUFO.— Sí, pronto llegaría Pablo. Un Hombre que le ofrecería todo su amor. Todo el amor que él podía ser capaz de dar.

VERÓNICA.— ¿Vendrás? ¿Vendrás a mí?

ACTOR.— Y me dijeron: Cuando seas grande serás vigoroso y audaz. Cabalgarás con armadura y una espada. Eso dijeron. Pero no. Yo no soy azul, nunca lo fui, ni mucho menos príncipe.

BUFO.— Y sucedió. El Hombre y la Mujer se conocieron. No se la pierda. Soledad. Consulte su cartelera.

BUFO.— (A Verónica) ¿Cómo fue todo? ¿Cómo fue que nos conocimos?

VERÓNICA.— ¿Sucedió como en el Teatro, como en el Cine? ¿Verdad que sucedió como en el Cine?

ACTOR.— Sí, algo así... claro.

BUFO.— Por lo menos sucedió en el cine.

ACTOR.— Esa tarde fui al cine.

VERÓNICA.— Esa tarde me fui... al cine.

BUFO.— Fueron al cine.

VERÓNICA.— Me senté en la butaca que yo elegí. Estuve mirando las caras de la gente y te vi. Tú también habías escogido tu lugar, sin mucho ruido. Bueno, es una manera de decirlo.

ACTOR.— Estás sugiriendo que fui un escandaloso.

VERÓNICA.— Lo afirmo. Fuiste escandaloso.

ACTOR.— (Cínico) Fue para llamarte la atención

VERÓNICA.— Debo decir que lo lograste. Nunca vi la película.

BUFO.— ¡Soledad!

ACTOR.— (Admirado) ¿¡No la viste!?

VERÓNICA.— Tampoco tú.

ACTOR.— Claro que sí... Todavía me acuerdo.

VERÓNICA.— ¡Pero Pablo! ¡Te corrieron del cine!

BUFO.— Por escandaloso.

ACTOR.—¿Sí, verdad? Y tú saliste tras de mí... clamando.

VERÓNICA.— No seas vanidoso.

ACTOR.— No soy vanidoso, pero saliste tras de mí... clamando.

VERÓNICA.— No me voy a poner a discutir.

ACTOR.— ¿Y te acuerdas, en la calle?

BUFO.— ¿Les gustan las comedias musicales?

ACTOR.— ¡Las detesto!

VERÓNICA.— En la calle fue como de cuento. Mejor dicho fue como... Como una...

ACTOR.— ¿¡Una comedia musical!? ¡No, ni se te ocurra, por favor!

VERÓNICA.— Me acuerdo que yo era Ginger Rogers y tú... tú eras...

BUFO.— ¿Fred Astaire?

ACTOR.— (A Bufo) ¡Todo lo que quieras menos Fred Astaire!

VERÓNICA.— Me quitaste las palabras de la boca... tú eras Fred Astaire.

ACTOR.— Lo dijo... ¡Lo dijo!

Música de comedia musical. Los personajes ejecutan una comedia musical rosa.

BUFO.— Hola muy buenas piernas.

ACTOR.— ¡Hola! Muy buenas tardes.

VERÓNICA.— ¡Hola! ¡Gusto, mucho!

ACTOR.— ¿Para dónde vas?

BUFO.— ¿Pequeños pliegues en los sitios más inusitados?

VERÓNICA.— Pasaba por aquí y pues pasaba.

ACTOR.— Yo también iba esperándote, pasando. ¿Te gustó la película?

VERÓNICA.— Sí. Es decir no. No la vi.

ACTOR.— Yo también. Yo tampoco la vi.

BUFO.— Dulces tensiones aliviadas. Húmedas sensaciones. Olores varios.
[corte
VERÓNICA.— ¿Son verdes o azules?

ACTOR.— ¿Quiénes?

VERÓNICA.— Tus ojos. ¿Son verdes o azules?

ACTOR.— Son exactamente de ese color y no de otro.

VERÓNICA.— ¿Verdes?]

BUFO.— ¿Te gustaría ir conmigo a donde estemos solos?

VERÓNICA.— ¿Te puedo hacer una pregunta?

BUFO.— ¿Te gusta el sexo oral?

ACTOR.— Claro, cómo no.

BUFO.— ¿Exactamente ahí, o a un lado?

VERÓNICA.— ¿Cómo dijiste que te llamabas?

ACTOR.— Pablo. Me llamaba Pablo. Soy talentoso y por supuesto soy actor. Luego te doy mi tarjeta.

VERÓNICA.— Sí bueno, pero en qué trabajas.

BUFO.— ¡Basta! ¡Silencio, por favor silencio!

Cesan abruptamente música y coreografía. Verónica cae al suelo, fulminada.

ACTOR.— ¿¡Qué pasa!?

BUFO.— Es terrible... pero lo peor sucedió antes del desayuno, como siempre. Lo peor, ni más ni menos; antes del desayuno.

ACTOR.— ¡Qué! ¿Cuál desayuno?

BUFO.— El de ustedes. Despierta a tu mujer. Pregúntale si los prefiere revueltos o estrellados.

ACTOR.— ¡Pero si nos acabamos de conocer!

BUFO.— ¿Conocer? ¿Qué no vivieron juntos?

ACTOR.— ¿Vivimos?

BUFO.— ¿Viven?

ACTOR.— ¿Qué?

BUFO.— Sí, eso es lo que digo yo. VIVEN juntos... por ahora. Muy bien, entonces cómo quieren su desayuno.

ACTOR.— ¡Insistes!

BUFO.— ¡Ajá! Sí.

ACTOR.— Pues lo queremos en la cama, por favor.

BUFO.— Perdón, ¿cómo dijiste?

ACTOR.— El desayuno en la cama y rapidito por favor.

BUFO.— ¿Estás soñando?

ACTOR.— (Turbado) ¿¡Qué!?

BUFO.— No importa, no. Veré que puedo hacer por ti.

BUFO SALE DE ESCENA.

ACTOR.— ¿Verónica? ¿Duermes, Verónica?

VERÓNICA.— ¿Pablo?

ACTOR.— Sí.

VERÓNICA.— ¿Estás aquí? No te vayas... La vida es demasiado grande.

ACTOR.— No te preocupes. Yo te voy a cuidar.

VERÓNICA.— (Pausa) Te equivocas, Pablo. No me gusta que me cuiden. (Se levanta desorientada)

ACTOR.— (Protector) ¿Tienes frío? ¿Quieres que te preste un suéter?

VERÓNICA.— ¿Un suéter? (El Actor la abraza dulcemente) ¿Una piel tibia? (Lo aleja) No me toques.

ACTOR.— Eres una niña.

VERÓNICA.— Soy una mujer. (El Actor la abraza de nuevo. Ella dice fríamente...) Soy fuerte. (Y se aleja hacia el espejo. Lentamente, cepilla su cabello)

Bufo entra con una charola vacía.

BUFO.— Dígame, señor. ¿Usted la ama?

ACTOR.— ¿Quiere una respuesta simple?

BUFO.— Quiero una simple respuesta. ¿La ama?

ACTOR.— Sí.

BUFO.— ¿Y ella?

ACTOR.— Verónica es egoísta.

VERÓNICA.— ¿Cómo empezar? Ayer estaba sola y me dijeron:
¿No quieres venir?
¿Cómo seguir?... Ahí estaba ese curioso ser, ese chiflado escandaloso. Tenía los ojos vivos y en cada mano una sorpresa...
Y comencé a querer amarlo.

ACTOR.— ¿Una decisión?

BUFO.— Un imposible.

VERÓNICA.— Pasó el tiempo y comencé a recordar ese desear amarlo. Y seguí y me perdí... Y me olvidé. Me confundí conmigo misma.
Confundí mi voluntad de amar con el amado mismo. Olvidé tanto que imaginé querer con toda mi verdad al hombre de los ojos vivos.
Olvidé, pero después lo supe. Me enteré de mí misma. Estaba enamorada de la imagen que yo misma quise crear. (Deja de cepillarse, mira impasible al Actor)

BUFO.— No, no, no, no y no. La verdad es más simple y menos complicada: Verónica es incapaz de dar amor y sobre todo es incapaz de recibirlo. ¿O tú qué piensas? (Sale presuroso ante la mirada fulminante del Actor)

ACTOR.— Oye, Vero... ¿No crees que es tiempo de que tengamos un bebé. Un bebito con mi cara y con tu cara, así... mezcladas. Sería sensacional, ¿no crees? Con tu cara con mi cara. (Ante la elocuente mirada de Verónica) No, ¿verdad? No es una idea brillante. No.

VERÓNICA.— (Como si estuviera sola) Pablo es un sordo. Pablo es un gatito torpe. ¿Y yo? Yo me voy.

ACTOR.— ¿Con quién, Verónica?

VERÓNICA.— Me voy, Pablo; simplemente.

ACTOR.— ¿Buscas un héroe de mil batallas?

VERÓNICA.— Adiós, Pablo

ACTOR.— Un héroe fantástico. Matará al dragón. Levantará un castillo para ti.

VERÓNICA.— Eres un idiota. Nunca vas a cambiar. (Sale furiosa de escena).

ACTOR.— Te construirá una torre y tú en silencio lo amarás. Lejos de él; mientras conquista el mar, dragón de tantas olas. Una historia perfecta para ti, Verónica; para ti, tan sola.

Entra Bufo-el Globero con gran estrépito. Trae consigo una misteriosa bolsa de papel estraza de las que se usan para el pan dulce, pero esta vez la bolsa contiene un globo lleno de agua que apenas se asoma al público.

BUFO.— Le venimos estudiando, le venimos excitando, le venimos lubricando, le venimos erectando. Le pintamos, le sacamos, le introducimos, le metemos paso a paso, poco a poco: ¡la singular, la nunca vista! Lo contiene, lo tranquiliza, lo mediatiza, lo acompaña, no lo deja solo. Lo pertenece, lo incorpora, lo adhiere, lo pega, lo succiona. Usted no intenta, no ejecuta, no tiene de qué, no tiene sino qué. Se inercia, se deja, se hamaca, se alfombra y se algodona. Sin compromiso, sin esfuerzo y sin maniobras... ¡Llévelo!

ACTOR.— (Emocionadísimo) ¿¡Y cuánto cuesta!?

BUFO.— ¿De veras le interesa?

ACTOR.— ¡Pues sí, pues claro, sumamente!

BUFO.— Por ser para usted...

ACTOR.— ¿¡Sí!?

BUFO.— No. Mejor no. Disculpe a usted no se lo podemos vender.

ACTOR.— (Indignado) ¿¡Por qué no!?

BUFO.— (Misterioso) Es peligroso. (Lo abraza) Usted sabe. Usted sabe que no sirve de nada saber y mucho menos criticar. Por lo menos aquí.

ACTOR.— (Cada vez más indignado) ¿Saber qué cosa, criticar qué cosa? ¿Y qué quiere decir con aquí?

BUFO.— Criticar, saber. Es inútil. Como el psicoanálisis.

ACTOR.— ¡Oiga no! ¡A mí nadie me va a venir con discursos!

BUFO.— Si yo mismo le dije que aquí no. ¿Qué? ¿Ya se enojó?

ACTOR.— (Se contiene) No, cómo cree. (Reflexiona) Oiga...

BUFO.— ¿Sí?

ACTOR.— ¿No me podría vender aunque sea tantito?

BUFO.— Lo siento, señor, pero está prohibido. Por lo menos durante las horas hábiles.

ACTOR.— (Con la intención de discutirle todo) ¿Y por qué hábiles?

BUFO.— Las de trabajo, Señor. ¿No tenía usted que irse a trabajar?

ACTOR.— ¡Ay la entrevista!

BUFO.— ¿Entre qué?

ACTOR.— ¡Qué barbaridad, la entrevista!

El Actor arregla el "departamento" muy de prisa, sin demasiado éxito. Saca al Globero de escena como si fuera un mueble. Se peina, se arregla y corre hacia la puerta. En ese momento suena el timbre del teléfono. Corre hacia el teléfono, pero antes de llegar se detiene en seco: se vuelve a peinar y muy seguro de sí va hacia la puerta. Entra Bufo-el Globero por primera vez con globos. El Actor furioso va a contestar el teléfono que parece sonar cada vez más fuerte. Bufo se mantiene inmóvil en la puerta como si fuera un vendedor.

ACTOR.— (A Bufo) ¡Qué se le ofrece! (Bufo no contesta) (Al teléfono) ¡Bueno! (Al estático Bufo) ¡No quiero globos! (Agresivo) ¿Me oyó? ¡Que no quiero globos! (Para sí) Nunca me han gustado los globos. (Corre furioso hacia Bufo quien huye despavorido dejando la puerta abierta)(Al teléfono) ¡Bueno! Disculpe, casi no le oigo. ¿Sí?... ¿Por qué no vuelve a marcar? ¿Qué cosa?... ¿¡Eres tú, mami!? ¡Mamá, mamita; qué sorpresa! Gracias por hablar... No me lo digas, ¿no sabes cuántos cumplo?... (Entra Bufo y coloca sigilosamente decenas de globos por todo el escenario. Bufo, EXCLUSIVAMENTE PARA LOS OJOS DEL ACTOR, sólo es observable en movimiento, ya que al congelarse, mágicamente se vuelve invisible) ¿Por qué no me hablaste por cobrar?... No, no exageres, no. Yo nunca te he insultado. Además eso fue el año pasado... Sí, antes de tu accidente... ¿Cómo?... Sí, mami; muy bien... ¿Salió mi foto?... Bueno, será porque soy joven, ¿no crees?... Pues todavía, sí... ¿En dónde?... ¡Uy, no te imaginas! ¡Todo un éxito! ¡Éxito rotundo, sí!... De Shakespeare... A Romeo... Que yo hago a Romeo... ¡Claro que es importante! Ojalá pudieras venir a verla... Bueno, sí; me imagino que en tu estado... ¡Que soy qué!... (Bufo se emociona tanto con su "arreglo global", que deja al descubierto su pequeño truco. El Actor parece planear una estrategia de ataque) Permíteme un momento, ¿sí, mami?... No tardo... Sí, ya sé que es larga distancia, pero no tardo... Sí, no tardo, eh... (Corre como un energúmeno tras de Bufo, pero éste logra escapar. Cierra la puerta con varias vueltas de llave y muy molesto "continúa" su conversación telefónica) ¡Diga!... (Iracundo) ¡Muy buenas tardes!... ¡No, señor; está equivocado!... ¿¡Qué número dice que marcó!?... ¿¡Qué cosa!?... ¡No señor yo no he recibido ningún anticipo!... ¡Por supuesto que no me apellido Incháustegui!... ¿¡Cuál contrato!? ¿¡Cuál departamento!? ¿¡Está loco!?... ¡No, de ninguna manera!... ¿Cómo?... ¡Pues demándeme si puede!... ¿¡Qué!?... Mire, ni me llamo Romero, ni rento nada, ni... Óigame, no tiene por qué insultarme... ¿Montesco?... Pues usted será el estúpido y no tengo por qué decirle mi apellido... ¿Quién?... ¿Ah sí? ¡Pues vaya usted mucho a llamarle a su madre! ¿Bueno? ¡Bueno! Bueno... (Oscuro. Cuando se prenden las luces el Actor permanece inmóvil junto al teléfono)(Ausente) ¡Qué barbaridad, la entrevista! (Otra vez oscuro. Cuando se prenden las luces, el Actor está frente al espejo, se ve lejano, sin fuerzas) ¡Qué barbaridad, la entrevista!

Se escucha un blues lento. El Actor se pone lentes oscuros y se sienta tomando varias poses como si modelara frente a una cámara fotográfica. Al fondo del escenario vemos el arribo de un elevador que está dentro del departamento-camerino. Vemos las figuras de los Padres-Reporteros a contraluz detrás de las puertas translúcidas del artefacto. Se abre el elevador. Los Padres visten como en los años 40s. Cargan sendas maletas. Ella está embarazada. Al entrar revisan quisquillosamente el "departamento".

LA MADRE.— ¿Lo rentan con o sin muebles?

ACTOR.— (Turbado) Disculpen...

EL PADRE.— (Mirando al Actor y luego al departamento) Es horrible.

LA MADRE.— Por supuesto que es horrible, por eso piden cincuenta mil. (Al Actor) Vimos el anuncio, joven. No tenemos mucho tiempo para buscar casa... Mire, si usted nos deja los muebles... ¿Qué dice? Le ofrecemos noventa mil con todo y muebles.

ACTOR.— Señora, parece que hay un error.

EL PADRE.— Hay un grave error. No debimos venir. Es horrible. (Sigue mirando al Actor) Con o sin muebles es horrible.

ACTOR.— (Al Padre) Déjeme explicarle.

EL PADRE.— No se esfuerce, joven. Buscamos algo mejor. Tenemos prisa, pero buscamos algo mejor. (A la Madre) Vámonos.

LA MADRE.— (Al Padre) No, Pablo, mira... está bien. Quitamos algunos muebles, pintamos, alfombramos y con algunas plantas...

EL PADRE.— ¿No bromeas?

LA MADRE.— (Al Actor) Le ofrezco cuarenta mil. Sin muebles claro. ¿Mañana mismo puede usted desocupar?

EL PADRE.— No le quites su tiempo al joven. (Mira al Actor, luego al departamento) Es horrible. Definitivamente horrible. Muchas gracias, joven. No sufra. No le faltará quién.

LA MADRE.— (Al Padre) ¿!Ya decidiste!?

EL PADRE.— (Concluyente) ¡Es horrible...!

LA MADRE.— (Convencida) Muy bonito su departamento, joven; pero buscamos algo mejor. No se desespere, no le faltará quién.

EL PADRE.— Buenas tardes.

LA MADRE.— Compermiso.

El Actor parece acompañarlos a la puerta del elevador, pero repentinamente los Padres lo hacen pasar adelante y lo empujan dentro. Confirman que el elevador está en otro piso y se adueñan del departamento. La luz cambia rotundamente: parece un día soleado, perfecto para un día de campo. La Madre extiende un mantel sobre el piso y lleva a cabo todos los preparativos para un curioso picnic. Vemos descender al Actor asido a una cuerda. Él, recorrerá durante esta escena, desde el momento de su nacimiento hasta la edad que tiene al comienzo de la obra.

LA MADRE.— (De su vientre surge una pelota roja brillante. Ambos padres se relacionan con ella o con el Actor, como si fuera una sola entidad) Míralo, Pablo. Es tu hijo.

EL PADRE.— Así que hoy es el cumpleaños de este desgraciado. ¿Y cuántos cumple, eh?

LA MADRE.— (Hace cuentas sin gran éxito) Déjame pensar... en mil novecientos...cinc.. no en mil nov...


EL PADRE.— Qué manera de cambiar... ¿Así fue como lo dejamos? Brazos largos, manos, ombligo en su lugar... Más o menos alto... ¿Y en qué trabaja?

LA MADRE.— Es actor, Pablo... Creo que salió en una obra de... de Cervantes sí... Salió en el periódico.

EL PADRE.— ¿Y de qué salía?

LA MADRE.— De Romeo, creo... Pero míralo, mira qué delgado está. Y esa cara. Seguro padece insomnio, como tú, Pablo; como tú... estoy segura.

EL PADRE.— Exageras. Es un poco delgado... pues porque es delgado y no por otra cosa.

ACTOR.— Mamá, querida mamá. Mamá, papá. Papá, mamá. ¿Mamá? ¿Papá?

LA MADRE.— Es evidente.

EL PADRE.— No tanto.

ACTOR.— Mamá, estoy sentado en tu vientre; todo es calmado y tibio. Dile a papá que estoy bien. Todo es burbuja y rojo. Escucho un pequeño tam tam, burbuja y rojo... Tam tam, tam tam...

A partir de este momento los Padres ejecutan un juego entre infantil y sexual. El Actor se convierte en un elemento obstaculizador de la situación, pero al que no dejan de tomar en cuenta; no sin enfado, no sin resignación.

EL PADRE.— (Como una clave secreta para iniciar el rito amoroso—sexual) Veinticinco cincuenta, la número veintiséis.

LA MADRE.— Con una, con dos, con tres: te saco la vuelta y de dejo de a seis.

ACTOR.— Papá, querido papá. ¿Por qué todo es como es, por qué no puede ser de otro modo?... ¡Mamá!

LA MADRE.— (Acude brevemente al llamado de su hijo) Corre, vuela, salta. A ver si no te asaltan, a ver si no te matas.

EL PADRE.— (Protestando por la intromisión del "pequeño") ¡Fuera y pido, que se vaya el demonio, que se vaya si vino. (Besa intensamente a la Madre).

ACTOR.— Estoy en el agua, papá. No te vayas tan pronto, ¡mira qué bien sé nadar! ¡Como un pescado, mamá! ¿Lo estoy haciendo bien? (Se aferra de las piernas de sus padres).

EL PADRE.— (Molesto, arroja al "pequeño" de una sonora patada en el trasero) Pido cielo y tierra... (Luego, le da "consejos") Corre por encima, corre por abajo, frena para atrás, sube la escalera, salta para abajo, ahora no des brincos, quédate sentado... ¡Salta! ¡Salta!!! (El Actor, confundido ante las órdenes de su papá, da un enorme salto y se queda inmóvil en el suelo) Eso es.

LA MADRE.— (Aparentemente lo consuela. Lo cubre con el mantel) Con una, con dos con tres. Si te atrapo tú te duermes; si te alcanzo no te suelto y te convenzo.

ACTOR.— (Al Padre, al ver que éste toma sus maletas y se intenta marchar) ¿Te vas otra vez, papá? ¡Que tengas buen viaje, que te diviertas!

LA MADRE.— (Deja al "niño" y alcanza al Padre) Por aquí pasó Colón y mejor tomó un avión. (Realizan un "viaje" por el escenario)

ACTOR.— (Juega a solas) Una, dos y tres... Dos pasitos, dos. Muy bien. ¿Lo estoy haciendo bien? No, tú no. Tú menos. Tú tampoco. Uno, dos, y tres. Dos para dos son tres, dos y tres son seis. ¿Lo estoy haciendo bien? No, tú no. Tú menos. Tú tampoco.

LOS PADRES REGRESAN DEL "VIAJE"

LA MADRE.— (Al Actor) A ver, a ver. Una sonrisita, dos, tres sonrisitas.

EL PADRE.— Ríete desgraciado. A ver sonrisita... Sonrisita... Te voy a romper los dientes.

LA MADRE.— ("Cariñosa") ¿De qué te ríes imbecilito. A ver sonrisita, así, así. ¡Pero qué taradito, qué tontito! (La Madre cesa el juego con el Actor, coquetea al Padre con otra falsa adivinanza iniciando una vez más el coqueteo—rechazo) ¿Corre, se ahueca, salta y viene para afuera?...

EL PADRE.— ¿Quieres que te conteste al revés? (Vuelven a perseguirse, finalmente levantan el mantel y continúan el juego sexual en un cama instantánea y vertical —el mantel— que solamente deja ver las caras de los padres).

ACTOR.— Estoy volando, respiro. Vuelo y me elevo cuando quiero. ("Se mete a la cama" con sus padres) ¿Estás dormido, papá? ¿Hoy no me vas a pegar? ¿Tú tampoco, mamá? (Sale de la cama) ¡Mis papás no pegan, mis papás no me pegan. ¿Entonces por qué me duele, por qué me duele tanto?

Los Padres dejan la sábana y ponen total atención al Actor.

EL PADRE.— ¡Cómo que te duele... y por qué te duele! ¡Explícate!

LA MADRE.— Déjalo, Pablo. Déjalo que se acostumbre, que se acostumbre.

EL PADRE.— ¿Y luego que nos eche la culpa? ¡Eso sí que no!

LA MADRE.— (Asombrada) ¿La culpa?... ¿La culpa de qué?

ACTOR.— (Su Padre, cariñosamente brusco, conduce al Actor al espejo, y cariñosamente brusco le quita la camisa y le lava las orejas) Tengo la nariz de mi madre y las orejas de mi tío. Tengo las cejas de mi abuelo, el cuello de mi papá... Los hombros y los pies son míos.

LA MADRE.— (Conmovida) Míralo, Pablo; ¡es tu hijo!

EL PADRE.— (Refunfuñón) Y el tuyo también.

LA MADRE.— (Emocionada) ¡Soy madre!

EL PADRE.— ¿Y qué con eso? Yo también lo digo: ¡Soy el padre! ¿Y qué?

LA MADRE.— No es lo mismo, no es igual.

EL PADRE.— (Arrojando al "niño" fuera de la discusión) ¿¡Quién dice!?

LA MADRE.— ¡No fastidies!

ACTOR.— (Repentinamente recobra su edad auténtica) Buenas tardes.

LOS PADRES.— (Ninguno de los dos dispuesto a hacer las paces) ¡Muy buenas tardes!

ACTOR.— ¿Ustedes son mis padres?

EL PADRE.— ¡Todo parece indicarlo, sí!

LA MADRE.— ¡Parece que no existe la menor duda, no!

ACTOR.— ¿Dónde aprendieron a mentir? ¡Ustedes son demasiado jóvenes!

EL PADRE.— (A la madre. Conciliatorio a regañadientes) ¿Se lo dices tú?... O mejor ya no le decimos nada.

ACTOR.— Además mis padres están muertos, hace mucho tiempo que murieron... ¿A quién quieren engañar?

LA MADRE.— (Al Padre) Es nuestra última oportunidad... (Al Actor) Pablito, hijo. Tu padre y yo tenemos una sorpresa para ti.

ACTOR.— (Nuevamente infantil) ¿En serio?

EL PADRE.— De verdad, de verdad... Sí, Pablito. Tu mami y yo nos vamos de viaje.

LA MADRE.— (Dulce) Se trata de un viaje muy largo, sí... Muy, muy largo.

EL PADRE.— Pero tú no debes angustiarte, Pablo. Te vas a equivocar algunas veces, pero al final llegarás a la meta que todos anhelamos.

LA MADRE.— Si necesitas algo no se te ocurra pensar en nosotros.

EL PADRE.— De todos modos pórtate como puedas.

ACTOR.— (Se despide, cariñoso) Gracias, señores. Gracias por todo. Me dio mucho gusto conocerlos, que tengan buen viaje... (Los Padres se marchan con todo y elevador) Que se diviertan... (Reflexiona) ¿Gracias? (Y se encoge de hombros).

El Actor muy contento pone música; de pronto el sonido empieza a fallar y se escuchan mezcladas: una sirena de alarma y alguna música que recuerde a las caricaturas de la Warner Brothers. Entra Bufo bailando muy graciosamente, disfrazado de Bugs Bunny en una de sus caracterizaciones femeninas. El Actor juega a perseguirlo como si fuera el iracundo Sam Bigotes...

BUFO.— Ven noche; ven, Romeo. Tú que eres el día en medio de esta noche. Tú que en las tinieblas eres un copo de nieve sobre las alas negras del cuervo. Ven noche amiga de la locura y tráeme a mi Romeo... Bueno va más o menos así. ¿Qué opinas? ¿Te gusta el disfraz que escogí para tu fiesta? Lo he titulado: Julieta Capuleto se niega a salir a su balcón. ¿Cómo ves?

ACTOR.— ¿Quién te dijo que eres mi invitado? ¡Por qué no me dejas en paz!

BUFO.— De acuerdo, no seré más Julieta. Mira muy bien y dime ahora lo que ves.

Se quita el Disfraz de Julieta y queda casi desnudo, con un enorme y cómico pañal.

ACTOR.— Déjame adivinar... parece algo así como un... Como el disfraz de... ¿Un bebé?


BUFO.— Exacto. ¿Y si me quito el pañal? Vamos a ver qué pasa.

ACTOR.— ¡No! Mejor no. No te nos vayas a resfriar.

BUFO.— Siempre es mejor estar cubiertos, ¿verdad?

ACTOR.— Por favor...

BUFO.— Siempre disfrazados, es lo mejor.

ACTOR.— Yo no dije eso.

BUFO.— ¿Cuál es el mejor disfraz que existe?

ACTOR.— ¿Para una fiesta? Pues, el de...

BUFO.— No sólo para una fiesta... ¿Un disfraz para cualquier ocasión? ¿O para cualquier ocasión un disfraz? ¿Tú qué prefieres?

ACTOR.— Pues yo... no sé.

BUFO.— ¿O no prefieres ninguno? ¿Ningún disfraz para ninguna ocasión?

ACTOR.— Sí, supongo que eso es mejor.

BUFO.— Claro, de acuerdo. Me voy a quitar el mío. (Se lo intenta quitar).

ACTOR.— ¡Nooo!

BUFO.— En qué quedamos... ¿te molesta ver a un niño sin pañal?

ACTOR.— Tú no eres precisamente un niño.

BUFO.— ¿No? Entonces qué soy... ¿Un gnomo?

ACTOR.— Pues si me pides mi opinión, te diré que eres un... Eres un... ¡un inmaduro!

BUFO.— Pues claro que lo soy. Soy la parte más inmadura de... ¿De quién?... ¿De Pablo, verdad? Pues sí, ser adulto quita mucho tiempo. En todo caso para eso de los adulterios y adulteces estás tú. Y el hecho de que lo seas, no significa que no lo seas.

ACTOR.— ¿De qué me hablas?

BUFO.— Tú eres el adulto.

ACTOR.— ¿Yo? Soy demasiado joven.

BUFO.— ¿Te parece? Pues aunque estés vestido así, eres un adulto. Un poco extravagante, como los niños. Pero eres un adulto.

ACTOR.— Sí, supongo que sí.

BUFO.— Pero no te preocupes, eso no significa que no puedas jugar. Se tratará de un juego más difícil, porque es un juego en serio. El juego, si tu quieres, seguirá siendo más importante que las reglas.

ACTOR.— ¿No todos los adultos juegan?

BUFO.— No todos. Algunos viven demasiado ocupados en mantener el único disfraz que se han permitido escoger. Otros se divierten con miles y miles de disfraces, porque saben que son sólo eso... ¿Te lo digo? Disfraces.

ACTOR.— ¿Y siempre escogemos uno?

BUFO.— Uno o varios. No importa. Lo que sería interesante es conocer al que está desnudo, debajo de cualquier disfraz. Déjame enseñarte. (Se intenta quitar una vez más su "disfraz").

ACTOR.— ¡Que no!

BUFO.— (Discursivo) ¿Lo ves? Cuando uno quiere ser auténtico no lo dejan. Cuando uno quiere expresarse sin perder la forma, la más pura. No la que otros dicen que es mejor o indispensable...

ACTOR.— Oiga, Profesor; ¿no le parece a usted que fueron ya muchos discursos?
[Corte:
BUFO.— (Ensimismado en sus palabras) Porque hay que recordar que estamos vivos.

ACTOR.— Oiga...

BUFO.— Y si esta vida inexplicable, y su misterio inescrutable nos lleva finalmente hacia el...

ACTOR.— ¡PROFESOR! ] ]]

BUFO.— ¿Quién te dijo que era Profesor, En todo caso sería tu Institutriz, pues soy Julieta, Julieta Capuleto nada menos... (Intenta ponerse su disfraz de Julieta) ¿Divino mi disfraz, no crees?

ACTOR.— (Lo lleva hacia la puerta) En eso se equivoca, querida Institutriz. Yo ya le dije que nunca la invité.

BUFO.— Eso no tiene la menor importancia, yo estoy aquí cuando es preciso... ¿No lo habías notado?

ACTOR.— ¡Fuera!

BUFO.— No te enojes, mira nada más con qué cara vas a recibir a tus invitados...

ACTOR.— ¡¿Cómo, ya!?

BUFO.— Asómate por la ventana.

El sonido de la sirena es ahora intensísimo y se liga inmediatamente después con una marcha nupcial distorsionada. Bufo desaparece de la escena al mismo tiempo que una ventana desciende sobre el foro; el Actor se asoma por ella y saluda con gestos efusivos. Vemos venir por algún lado a Verónica y Jerónimo "disfrazados" de recién casados.

ACTOR.— ¡Aquí es!


La Novia, montada en los hombros de Jerónimo viene arrastrando un enorme velo que surge de su cabeza y termina varios metros atrás en las manos del apurado Bufo. El Actor coloca la puerta-espejo en el piso y espera sonriente a que los invitados pasen por ella. Finalmente los Novios se instalan en la escena ignorando profundamente al Actor, quien a pesar de todo se acerca encantador a recibirlos. Todos se congelan en una composición nupcial, y de ese grupo sale Bufo y les toma una foto. Luego saca otra fotografía del público y habla alternativamente al público y a los otros personajes.

BUFO.— ¡Sonrían, por favor sonrían! No es obligatorio pero sonreír es tal vez el único remedio... a veces. ¡Bienvenidos! Podría decir que me alegra su presencia esta noche, pero no importa. Espero que gocen, disfruten y hagan su mejor esfuerzo. ¡Esta es la fiesta de los disfraces!... Si alguno de ustedes tiene algo que preguntar, lo felicito.
¡Bienvenidos!
Toma otra fotografía y todos se descongelan.

ACTOR.— (A la pareja) ¿Pero por qué no me avisaron? ¿Cuándo sucedió?

VERÓNICA.—(En éxtasis) Un acontecimiento naturalmente. Los invitados, la música, los crisantemos... Todo en su lugar, su sitio. Como es costumbre, como es natural.

BUFO.— Y como es natural en estos casos, la pregunta final se escuchó por el micro: (Sacerdotal) ¿Aceptan unir sus vidas por los siglos, y los siglos, y los siglos... posibles? ¿Aceptan, sí?

LA PAREJA.— ¡Sí!

BUFO.— Así sea pues. Entonces... los declaro. ¡Bésense!

La pareja se besa.

ACTOR.— ¡Pero qué desconsiderados!

LA PAREJA.— ¿Qué qué?

ACTOR.— ¿Por qué no me avisaron?

JERÓNIMO.— (Molesto) ¡No teníamos tu dirección!

VERÓNICA.— (Hostil) ¡Ni tu teléfono!

JERÓNIMO.— ¡Nos dijeron que estabas enojado con nosotros!

VERÓNICA.— ¡Que te habías ido de viaje!

JERÓNIMO.— ¡Que te habías sorrajado un tiro en la cabeza!

VERÓNICA.— ¡Que te habías cortado las venas!

LA PAREJA.— ¡Nos dijeron que estabas muerto!

Oscuro. Cuando las luces se prenden de nuevo luces, el Actor coloca la puerta-espejo enfrente de los Novios, quienes la atraviesan encantadores. Ambiente de alegría y encanto social.

BUFO.— ¡Comenzamos!

ACTOR.— (Feliz) ¡Pero qué alegría me da, qué bueno que vinieron! ¡No saben, no saben qué alegría me da! ¿Qué quieren tomar? ¿No será lo de siempre, verdad?

BUFO.— Porque lo de siempre se acabó.

JERÓNIMO.— (Abraza y besa al Actor) ¡Pablo, felicidades! ¡No has cambiado nada!

VERÓNICA.— (También lo abraza y besa) Estás igualito, igual que siempre... ¡Felicidades!

ACTOR.— (Vuelve a abrazar y besar a sus invitados) ¡Verónica, gracias de veras! ¡Jerónimo, gracias Maestro! ¡Gracias por venir a mi fiesta de cumpleaños!

JERÓNIMO.— (Asombrado) ¿Es su cumpleaños?

VERÓNICA.— (Confundida) ...Yo no sabía.

ACTOR.— No importa, no. De todas formas mi cumpleaños ya pasó, porque hoy es (Consulta el reloj de Jerónimo) lunes y mi cumpleaños fue ayer domingo.

JERÓNIMO.— No, no, no. Te equivocas, Pablo. Hoy es martes.

ACTOR.— No, Jerónimo... Estoy hablando estrictamente como a ti te gusta. Ya son más de las doce de la noche. Hoy es lunes y mañana martes.

BUFO.— Hablando estrictamente, claro. Hoy es lunes, hace unos minutos fue domingo.

JERÓNIMO.— Hoy es martes.

VERÓNICA.— ¡Ay, Jerónimo! ¿No sabes en qué día vives? Si Pablo te lo acaba de decir... Hoy es lunes.

JERÓNIMO.— No, no. Hoy es martes, claro que es martes...

TODOS.— No, no y no.

JERÓNIMO.— ¿Entonces qué día es hoy según ustedes?

VERÓNICA.— ¿Por qué preguntas?

ACTOR.— Sí, ¿por qué lo haces?

BUFO.— ¿Por qué?

JERÓNIMO.— ¡Bueno, ya!... ¿Simple curiosidad?

VERÓNICA.— Pues déjame decirte que eres un tonto, Jerónimo. Hoy es un lunes como cualquier otro.

JERÓNIMO.— ¿Estás loca? Ayer fue lunes. El domingo por la noche fue la boda, acuérdate. Y en la noche siguiente, es decir la del lunes, o sea ayer, nos fuimos de Luna de Miel. Lógicamente hoy es martes.

BUFO.— ¡Qué romántico! Así que enamorados.

VERÓNICA.— En Amor a Dos, sí.

ACTOR.— ¿De Luna de Miel? Pero y entonces... ¿qué hacen aquí?

VERÓNICA.— Sí, Pablo... nos fuimos al Viejo Mundo... (A Jerónimo) ¡Como tú dices!

JERÓNIMO.— ¡Yo nunca he dicho eso!

VERÓNICA.— ¡Cómo fastidias!

JERÓNIMO.— ¡Cómo te adoro!

VERÓNICA.— ¡Imbécil!... (Al Actor) Así es, Pablo. Nos fuimos en avión y todo... Yo siempre sugerí el barco... Por lo seguro, claro... Pero bueno, nos fuimos en avión. Según esto sin escalas; ¿verdad, Jerónimo? Pero ya ves, tuvimos una escala fatalmente forzosa... (Como rotunda conclusión) Bueno entonces hoy es martes.

JERÓNIMO.— (Cariñoso) ¿Lo ves, Pablo? ¡Antier domingo fue tu cumpleaños! ¡Déjame darte un abrazo! ¡Felicidades! (Se aleja y baila con Verónica.)

ACTOR.— ¡¿Gracias!?

BUFO.— (Abraza al Actor) Lo siento mucho.

JERÓNIMO.— ¡Que bailen los novios, que bailen los novios!

Se escucha el sonido de un avión en pleno vuelo. El Actor se ve envuelto junto con bufo en el enorme velo de la novia. Repentinamente la pareja deja de bailar y se queda mirando al público, sonriendo extrañamente.

VERÓNICA.— (De reojo mira cómplice a Jerónimo) Es una pena, Pablo, pero tenemos prisa, muchísima prisa.

JERÓNIMO.— Sí; ya nos vamos, Pablo.

ACTOR.— ¡No puede ser, pero si acabamos de empezar!

BUFO.— ¡Y no se trata del principio, no!

ACTOR.— (Comienza a reírse nerviosamente) ¿Tú tienes prisa, Verónica; y tú, Jerónimo?

JERÓNIMO.— Ni modo, Pablo; teníamos un compromiso inlu... inexcu... inluct... Muy importante.

ACTOR.— (Sin dejar de reírse) ¡Ah, ya sé; se trata de una broma!

BUFO.— ¡Ah bribones, conque bromas! ¡No te dejes, Pablo!

JERÓNIMO.— No seas idiota, ¿cómo crees que vamos a burlarnos de un compromiso tan... tan...

BUFO.— ¿Ineludible?

VERÓNICA.— ¡Ineludibilísimo!

JERÓNIMO.— ¡Eso! ¡Muy ineludible!

BUFO.— ¿Y acaso hay algo más ineludible que...?

VERÓNICA.— Una cita con el dentista.

BUFO.— Una boda.

JERÓNIMO.— Un citatorio penal.

ACTOR.— ¿La Muerte?

JERÓNIMO.— Sí, la muerte inevitable, ineludible, ineluctable, inexcusable... ¡Lo dije!

ACTOR.— ¿La Muerte? ¿Tenían un compromiso con la Muerte?

VERÓNICA.— Ay, cállate Pablo... y tú también Jerónimo...

JERÓNIMO.— ¿Yo qué?

VERÓNICA.— Tú te callas. Mira, Pablo; no te ofendas, pero nos invitaron a una fiesta.

BUFO.— ¡Así que eso era todo!

ACTOR.— (Se convulsiona de risa y cae al suelo) ¿¡No les dije!? Si todo era una broma... ¿Qué? ¡No es posible! ¡No puede ser cierto! (Cae desmayado).

VERÓNICA.— ¿Por qué lo dudas? Nos invitaron a una fiesta de disfraces en casa de Pablo.

JERÓNIMO.— ¿Te acuerdas de Pablo? ¡El actor! ¿Te acuerdas, Pablo!

LA PAREJA.— ¡Pablo! ¡Pablo!! ¡PABLO!!!

Oscuro. Suena insistentemente el teléfono. Se prenden las luces Cambia la iluminación y vemos, por lo menos en ambiente, la casa de Verónica y Jerónimo justo en el momento en que hacen los últimos preparativos para ir a su boda.: Es un domingo como cualquier otro, ellos, evidentemente viven juntos sin estar casados. Jerónimo se lava los dientes, Verónica está en el excusado, etc.

BUFO.— (Le entrega el teléfono a Verónica) Es para usted.

VERÓNICA.— (Sujeta la bocina sin decidirse a contestar) ¡Acaba de suceder algo espantoso, estoy segura!

JERÓNIMO.— Te van a colgar si no contestas.

VERÓNICA.— Esto ya lo había vivido. ¡Es horrible, alguien se acaba de morir!

JERÓNIMO.— Lo has de haber soñado, déjame contestar a mí.

VERÓNICA.— (Turbada, contenida) ¡Jerónimo!

JERÓNIMO.— (Con miedo, pero emocionado por tener miedo) Qué...

VERÓNICA.— ¡Es un aviso!

JERÓNIMO.— ¿Sí?

VERÓNICA.— Un hombre se mira en el espejo. Tiene en la mano una... Un revo... Revo... ¡Un arma!

JERÓNIMO.— (Emocionadísimo) ¡Una pistola!

VERÓNICA.— Sí... eso. Una visión: el hombre apunta hacia su imagen; y en un instante... un grito seco y sin que nadie se interponga llega... la Muerte.

BUFO.— (Le quita el teléfono a Verónica y se lo da a Jerónimo) ¿Es para usted, o para usted?

JERÓNIMO.— ¿La Muerte?

BUFO.— Si no le contestan se va a enojar.

VERÓNICA.— (Vuelve a tomar la bocina) ¿Quién habla?

BUFO.— (Saca un teléfono de algún bolsillo de su vestuario) ¿Adivina quién?

VERÓNICA.— No estoy para bromas. ¿Quién es usted?

JERÓNIMO.— ¿¡Qué pasó!?

BUFO.— ¿Hace ya mucho tiempo, Verónica? ¿Cómo está Jerónimo? ¿Todavía no adivinas?

VERÓNICA.— Es posible... ¿Cómo has estado?

JERÓNIMO.— ¿Quién es?

BUFO.— Espero no ser inoportuno.

VERÓNICA.— ¿Una fiesta?

BUFO.— Hoy en la noche, dile también a... Verónimo.

VERÓNICA.— (A Jerónimo) Te hablan.

JERÓNIMO.— ¿Quién se murió?

VERÓNICA.— No seas idiota, te habla Pablo.

JERÓNIMO.— ¿Cuál Pablo?

VERÓNICA.— ¿Cuál crees?

JERÓNIMO.— ¿¡Pablo!? ¡No puede ser... Si Pablo está bien muerto!

VERÓNICA.— Pues dice que nos invita a su casa hoy en la noche; precisamente hoy.

JERÓNIMO.— ¿¡Hoy!? No podemos.

VERÓNICA.— Claro que no podemos... ¿Y si lo invitamos nosotros?

JERÓNIMO.— ¿Y si nos arruina la boda? Ya sabes cómo es Pablo; es capaz de subirse al púlpito y oficiar misa.

VERÓNICA.— Mejor lo invitamos al brindis... O ya sé, mejor no le decimos nada: después de todo Pablo fue nuestro mejor amigo.

JERÓNIMO.— Es una lástima que se haya... Que haya cometido esa estupidez.

VERÓNICA.— Fue de muy mal gusto. Mejor cuélgale.

JERÓNIMO.— Sí.

Oscuro. Cuando la luz se enciende vemos la figura de un enorme avión con puerta y ventanillas practicables. Bufo espera junto a la puerta para recibir los boletos. Verónica y Jerónimo, entre besos, arrumacos y maletas; se disponen a abordar la nave. El Actor despierta, y muy alegre va con los novios y dice...

ACTOR.— Oigan, les gusta mi disfraz... (La pareja "entra" al "avión") ¡Oigan!

BUFO.— No los molestes, ¿no ves que están de Luna de Miel?

ACTOR.— ¿¡Me dejas en paz!? (Jerónimo y Verónica se asoman por sendas ventanillas) Oigan, ¿les gusta mi disfraz? Es muy bonito.

VERÓNICA.— Sí, Pablo... muy original. Yo siempre quise uno así.

JERÓNIMO.— ¿Por qué no te vas a jugar un rato?

BUFO.— Te lo dije.


Se escucha el sonido del avión que despega. Bufo se instala en una de las ventanillas. La Pareja se manda besos desde cada ventanilla. El Actor juega como un niño con un avión a escala.

JERÓNIMO.— ¿Ya viste a Pablo, Vero?

VERÓNICA.— Sí, qué chistoso... ¡Ay pero qué chistoso!

JERÓNIMO.— Yo siempre supe que llegaría el día en que... pobrecito.

VERÓNICA.— Pablo era de esa clase de gente que no es capaz de entender que la vida...

JERÓNIMO.— Sí, es una lástima, pero no, nunca fue capaz de entenderlo.

BUFO.— Disculpe, señor... ¿Él nunca fue capaz de entender que la vida es una lástima o es una lástima que no lo haya entendido o... ¿Cómo es la cosa?

VERÓNICA.— Es triste reconocerlo pero ese carácter tenía que conducirlo...

BUFO.— Ah, claro: Conducirlo... ¿A dónde pues?

VERÓNICA.— Sí, conducirlo irremediable, inexorablemente.

JERÓNIMO.— Sí. Jamás imaginé que Pablo llegara al extremo de... quitarse la vida. Todavía no lo puedo aceptar. Por otro lado tenía la esperanza. Así es, pero las cosas pasan sin que uno pueda. (A Verónica) ¿No lo crees así?

BUFO.— (Hace evidente la ininteligibilidad del discurso de la Pareja) Yo así lo creo.

VERÓNICA.— Y de qué modo. Recuerdo que algunas veces por las mañanas y de vez en cuando por las noches, pero sobre todo los domingos antes del desayuno, acostumbraba tener accesos que podrían definirse como...

BUFO.— ¿Crisis de angustia incontrolable?

VERÓNICA.— Sí.

BUFO.— ¿Crisis agudas de iracibilidad?

VERÓNICA.— ¡Eso también!

BUFO.— ¿Crisis de melancolía extrema?

VERÓNICA.— ¡Exacto!

BUFO.— ¿Y qué pasó después?

VERÓNICA.— Paso el tiempo; cada quién hizo lo suyo. Nosotros nos casamos como todo el mundo sabe... y Pablo... Pues en una de tantas crisis... se suicidó.

BUFO.— ¡No...! Se quitó la vida el bárbaro, qué tal.

JERÓNIMO.— Pero por supuesto. Todo el mundo lo sabe. Se suicidó, ¿no Vero?

VERÓNICA.— Pero por supuesto que se suicidó. ¿O no?

BUFO.— ¿Entonces qué, o qué? ¿O qué o qué?

JERÓNIMO.— Yo digo que... Que sí, ¿no?

VERÓNICA.— Ay pues ya no lo tengo claro... ¿Por qué no le preguntamos? ¿O mejor no?

JERÓNIMO.— Oye, Pablo...

VERÓNICA.— ¡Pablo!

TODOS.— ¡PABLOOO!


OSCURO. LUEGO, ÚNICAMENTE UN CENITAL SOBRE EL ACTOR.

ACTOR.— ¿Pablo? El otro día estuve hablando con él y me dijo que yo estaba muerto, que me había dado un tiro. Por eso fue que le dije: te equivocas, Pablo; yo no estoy muerto. Solamente imaginé, una mera fantasía por supuesto, que si yo me intentaba suicidar... ellos, los demás, pensarían que yo estaba muerto. Y lo intenté y me imaginé que ellos pensaban que estaba muerto. No era verdad, no. Yo no morí, pero ellos lo pensaron. Lo cierto, Pablo, es que ellos sí que se murieron. Se fueron al Viejo Mundo... ¿O al Otro Mundo se dice? Pues no lo sé del todo, Pablo... te juro que ya no sé si lo pensé o es cierto... ¿Sí se murieron? ¿Eh, Pablo? Se fueron lejos de este mundo. O... ¿cómo se dice? ¿Viejo u otro?... Mundo sí, pero ya no sé, ya no sé nada, Pablo.

El foro se ilumina. Verónica, Jerónimo y Bufo rodean al Actor. El avión ha salido de escena.

VERÓNICA.— Al Otro Mundo, Pablo... Un accidente, oh sí. ¿Pero no me digas que no sabías?

ACTOR.— No, no mucho.

VERÓNICA.— Fue espantoso, ya te podrás imaginar.

ACTOR.— ¿Espantoso, no?

BUFO.— Espantoso, sí... supongo.

JERÓNIMO.— Espantosísimo. Una falla mecánica; como a diez mil pies de altura. ¿Se llaman pies, no Vero?

VERÓNICA.— ¿Los pies?

JERÓNIMO.— En fin... con decirte, Pablo, que a pesar del cinturón de seguridad, y de los consejos de la Torre de Control al Capitán, y de los consejos de la Azafata al Capitán, al Copiloto y a los pasajeros... A pesar de todos los consejos que todos nos dábamos unos a otros... pues cataplum, a pesar de todo: el avión se vino abajo. !Paf!

VERÓNICA.— Fue muy horroroso, ¿Pero en qué mundo vives Pablo, si todo el mundo lo sabe... salió en el periódico.

BUFO.— Es que él no compra el periódico.

ACTOR.— Por qué no te callas y sirves la cena... ¿Se van a quedar a cenar, verdad?

BUFO.— ¿Qué desean ordenar los señores?

VERÓNICA.— ¡Un aperitivo, por favor!

JERÓNIMO.— ¡Que sean dos!

BUFO.— Salen dos aperitivos Luna de Miel... Y tú, ¿qué vas a tomar?

ACTOR.— ¿Cómo que tú? De usted, por favor... ponga la mesa y tráigame...

BUFO.— No me lo digas... ¡Otro aperitivo! ¡Perdón!... ¡Un aperitivo De Usted Por Favor! ¡Sale!


El Actor y sus invitados permanecen de pie y se quedan viendo al piso, al "techo", o a donde puedan; tensos, por el repentino silencio.

JERÓNIMO.— (Rompiendo el silencio) Verónica, ¿sabías que Pablo y yo nos conocemos desde que éramos (señala con sus dedos a una altura pequeñísima) ¿así...? Amigos de la infancia, sí... ¿Sí lo sabías?

VERÓNICA.— ¿Tú que crees?

JERÓNIMO.— ¿Ya te lo había dicho?

BUFO.— (Entra con la mesa y la cena, los demás personajes se sientan en cuclillas alrededor) Se lo dijo Pablo.

ACTOR.— Yo se lo dije.

VERÓNICA.— Él me lo dijo.

BUFO.— Vaya preguntas, Jerónimo... Pablo y Verónica vivieron juntos.

JERÓNIMO.— Claro.

ACTOR.— Hace ya mucho tiempo; ¿verdad, Verónica?

VERÓNICA.— (Habla como si el Actor estuviera ausente, pero viéndolo fijamente a los ojos) Pobre Pablo... me acuerdo muy bien de su mirada: lejana, ausente, obsesiva... y sobre todo ese dejarse llevar llevando... y ese disculparse sin entusiasmo... Sí, sobre todo ese dejarse llevar, llevando; vuelta a girar y luego ese disculparse sin entusiasmo. Sí, sobre todo lejana y obsesiva; ausente y obsesiva, obsesiva, sí...

BUFO.— (Mientras sirve una cena insólita) Y fue entonces cuando usted comenzó a notar esa curiosa actitud; ese tipo de costumbres... ¿Cómo, cómo calificarlas?

VERÓNICA.— ¿Insólitas?

JERÓNIMO.— ¿Extravagantes?

VERÓNICA.— ¡Muy inauditas!

JERÓNIMO.— ¡Inadmisibles!

ACTOR.— In... Innn...

VERÓNICA.— Una curiosa actitud. Los psicoanalistas se aburrieron, su psiquiatra cambió de vocación... (haciéndole caso de repente) ¿te acuerdas, Pablo? Creo que se dedicó a vender Biblias de casa en casa. Una vez nos quiso vender una. Todo el mundo se cansó, menos Pablo... Oye Pablo, pero entonces por qué fue eso...

ACTOR.— ¿Eso cuál, Vero?

VERÓNICA.— Eso... lo del suicidio. ¿Te suicidaste, no?

ACTOR.— Ay, Vero... lo has de haber soñado.

JERÓNIMO.— No, Pablo... Si yo también lo supe... te sorrajaste un tiro.

ACTOR.— (Turbado) Lo han de haber soñado, estoy seguro.

JERÓNIMO.— Claro.

SILENCIO.

VERÓNICA.— Y...

JERÓNIMO.— Y...

VERÓNICA.— ¿Sigues en el Teatro, Pablo?

ACTOR.— Sí, claro; a ver si me van a ver. Ya son las últimas funciones.

VERÓNICA.— Pero si ya conocemos la obra, Pablo: ¿Romeo y Julieta, no? Acuérdate que me prestaste el libro.

ACTOR.— ¿El libro, Verónica? No es lo mismo.

JERÓNIMO.— ¿Cuál es la diferencia?

OSCURO. LUEGO, VEMOS SÓLO AL ACTOR EN UN COLUMPIO.

ACTOR.— De vez en cuando me despierto sin saber qué pasa, y me levanto y me baño y desayuno. De vez en cuando me tomo un café; lentamente, y pienso y me confundo y sigo sin saber... No sé muy bien si lo que vivo es invención, o es sueño, o es recuerdo. A veces la vida pasa mientras tomo café, lentamente... En un deseo, en un recuerdo, en un ir y venir de la invención. A veces pienso que la vida es eso: un ir y venir de los deseos, un ir y venir de los recuerdos... Pero en un instante todo se confunde y me descubro asombrado, simplemente tomando café, sin más. Descubro que soy yo; que estoy viviendo. Mirando una taza de café. (Se baja del columpio y lo mira desaparecer).

Luz. Entra Bufo arrojando serpentinas y confeti a los invitados.

BUFO.— ¿Alguien dijo café? Tenemos café o postre, ¿qué prefieren?

VERÓNICA.— Yo creo que mejor nos vamos.

BUFO.— ¿Ya se van?

JERÓNIMO.— Sí, mañana tenemos que levantarnos temprano.

ACTOR.— ¿Mañana? Pero si ustedes están... Yo pensé que ustedes se habían...

VERÓNICA.— Muerto, Pablo, se dice muerto. Yo nunca pensé que fuera tan difícil.

JERÓNIMO.— Dificilísimo. No te imaginas todo lo que nos queda por hacer: trámites y trámites y más trámites.

VERÓNICA.— (Fastidiada) Adiós, Pablo me dio mucho gusto saber que estás bien.

ACTOR.— Gracias por venir.

JERÓNIMO.— Ojalá pudiéramos volver a visitarte.

VERÓNICA.— Lástima que eso sea imposible.

BUFO.— Oigan, y no lo van a felicitar.

LA PAREJA.— ¡Otra vez!

BUFO.— Bueno, pero no le han dado su regalo.

JERÓNIMO.— No se supone que sea obligatorio. Además su cumpleaños fue... ¿el martes?

ACTOR.— No hay problema, Jerónimo. Por supuesto que no es obligatorio. Y déjame decirte, déjenme decirles a todos que...

VERÓNICA.— ¡Qué!

ACTOR.— Lo he estado pensando mucho este día y he llegado a la conclusión...

JERÓNIMO.— Ya dilo.

ACTOR.— Pues bien: yo tengo algo mucho mejor que un regalo.

JERÓNIMO.— ¿Algo mejor que un regalo? No puede ser.

VERÓNICA.— No, ¿qué puede haber mejor que un regalo?

JERÓNIMO.— Nada. No.

ACTOR.— Pues sí. Yo tengo un... Es un... es algo parecido a... ¿Lo quieren ver?

BUFO.— No me digas que te acordaste, Pablo. Por fin vas a soltar a tu... a tu algo parecido a... (Lo abraza) ¡Felicidades! No he trabajado en vano.

ACTOR.— Ahorita mismo se los enseño. (El Actor comienza a buscar) Nada más dejen que lo encuentre. ¿Dónde estará?

JERÓNIMO.— Tenemos prisa, si no con mucho gusto nos quedábamos a verlo.

VERÓNICA.— Sí; adiós, Pablo. Ya no podemos quedarnos más tiempo. Mañana vamos a estar muy ocupados.

JERÓNIMO.— Tenemos responsabilidades. Muchas.

BUFO.— ¡Pero cómo!, ¿no van a quedarse a ver su, su algo parecido a?...

LA PAREJA.— ¡¿Algo parecido a qué?!

ACTOR.— Debe de estar en alguna parte. (Sigue buscando, cada vez más preocupado) Ustedes no lo vieron... No se me puede haber perdido.

Baja la intensidad de la luz. El Actor comienza a buscar con una linterna, la Pareja lo sigue un poco a regañadientes, pero intrigada por conocer el "algo parecido a". Bufo más atrás camina como si estuviera preocupado. Luego se separa del grupo y observa divertido. Finalmente la Pareja se separa del Actor y se dirige, en la oscuridad, hacia la salida. Bufo se les interpone y los deslumbra con el flash de una cámara fotográfica. La luz repentinamente cobra su máxima intensidad.

BUFO.— (Asume un tono parecido al de las historias policíacas) Disculpen, ¿se les perdió algo?

LA PAREJA.— (Adoptan el mismo tono detectivesco)...¿A nosotros?

BUFO.— ¿Ustedes?... ya se iban. Hasta luego.

ACTOR.— ¡Qué pasa!

BUFO.— Se quieren escapar, quieren robarse tu... tu algo parecido a...

VERÓNICA.— ¡Oiga, no sea impertinente!

ACTOR.— Así que fueron ustedes, ¿¡en dónde lo escondieron!?

JERÓNIMO.— ¿De qué hablas, Pablo? Si ni siquiera sabemos lo que es.

BUFO.— ¡Ya dénselo, a ustedes no les va a servir de nada!

VERÓNICA.— (Poniendo en duda su inocencia) ¿Y usted cómo lo sabe...? ¿A usted... sí le sirve?

JERÓNIMO.— ¡Responda!

BUFO.— (Sintiéndose repentinamente acusado) ¿A mí?... Por supuesto que... Eso no les importa.

VERÓNICA.— ¡Ajá...! Ya no lo busques Pablo, yo sé quién lo tiene.

JERÓNIMO.— Helo aquí...

VERÓNICA.— Al culpable.

ACTOR.— Cómo no lo pensé antes. Tenías que haber sido tú. ¿Dónde está?

BUFO.— ¿No te acuerdas? A ti nunca te gustó, tú mismo lo encerraste, Pablo... ¿Lo vas a dejar salir?

La Pareja intenta salir sin ser vista.

ACTOR.— ¿Yo lo encerré?... (Reflexiona) Sí, puede ser cierto. Pero fue así, sin darme cuenta. O sin quererme dar cuenta. (Deteniendo en seco a la pareja) ¿Se van a ir sin conocerlo?

BUFO.— ¿Lo vas a soltar?

JERÓNIMO.— ¡¿Está vivo!?

El Actor va hacia el baúl y lo abraza cariñosamente.

ACTOR.— Claro que está vivo, todavía.

VERÓNICA.— Nunca me han gustado las adivinanzas, seguramente se trata de un perro, pobrecito, se va a asfixiar.

JERÓNIMO.— Cómo va a ser un perro, ya lo hubiéramos oído. Eso sí, debe tratarse de algo espantoso, imagínate: el algo parecido a... A lo que sea, ¡de Pablo! Debe ser algo siniestro.

VERÓNICA.— (Asustada) ¿Tú crees?

JERÓNIMO.— Estoy seguro.

VERÓNICA.— ¿Vámonos, por favor!

JERÓNIMO.— ¿Y nos vamos a quedar con la duda?

VERÓNICA.— Mira, mi amor. No sé tú, pero yo no me pienso pasar la vida convertida en fantasma.

JERÓNIMO.— Pero si todavía no sale el sol, Vero.

VERÓNICA.— Estoy hablando en serio.

JERÓNIMO.— Tienes razón; perdí la cabeza, mi vida.

VERÓNICA.— ¡Adiós, Pablo!

JERÓNIMO.— ¡Se nos acaba el tiempo!

La Pareja es iluminada por un cenital que baja de intensidad lentamente hasta desaparecer del todo al final de la obra.

BUFO.— No se vayan sin conocerlo, acérquense. Les aseguro que no muerde, aunque a veces... pues... ¿Tú qué opinas, Pablo?

ACTOR.— Sí, debo reconocer que a veces le da por estallar. Por eso estaba encerrado, de puro miedo al mundo, de puro miedo a crecer y crecer sin saber cómo hacerlo sin reventar o perder la forma original, la forma auténtica.

BUFO.— Pues parece que tus invitados ya no tuvieron el gusto. Suéltalo ya.

ACTOR.— Espera, quiero prepararme bien porque su visita será muy breve. Lo veremos alejarse dispuesto por primera vez a ser el dueño de su propio vuelo. Anda, sal de ahí, no seas tímido, ¡salte ya!

El Actor abre la tapa del baúl... Del fondo vemos surgir un hermoso
y sencillo globo.

FIN
Ciudad de México
1990

® Benjamín Gavarre
sogem


jueves, abril 14, 2016

COMO SI FUERA ESTA NOCHE Gracia Morales (obra para dos jóvenes actrices)





COMO SI FUERA 

ESTA NOCHE 

Gracia Morales 


El escenario debería simular un espacio un tanto ecléctico, donde se mezclan las 
reminiscencias de distintos lugares posibles: el comedor de una casa de una 
familia de clase media de los años 80, un taller de costura, un apartamento 
moderno... 
Allí se encuentra la MUJER 1: menos de treinta años, aunque aparenta más, 
vestida con mucha sencillez, como quien ya no piensa salir a la calle. Su aspecto 
ha de resultar un poco fuera de moda, como vestiría una “mujer casada” de la 
década de 1980. 
Está gateando por el suelo y se nota claramente que busca algo. 
MUJER 1: Siempre lo mismo… ¡Y cuando más prisa tengo! ¡Clara, ¿puedes venir a 
ayudarme?!… Nada… Nunca aparecen cuando se les necesita… 
Entra la MUJER 2. Veintitantos años. Viene algo maquillada, pero no mucho. Su 
aspecto es el de una joven de comienzos del siglo XXI. Llega con evidente 
cansancio. Se sienta en la mecedora. Saca un cigarro, lo enciende y le da unas 
caladas. Después lo deja sobre el cenicero. Durante toda la obra las dos mujeres 
compartirán el mismo espacio físico, pero, salvo cuando se indique, cada una 
habitará en una realidad diferente, donde además hay otras personas que el 
público no ve. 
MUJER 1 (Levanta el rostro, como si mirara hacia una pared.): ¡Las diez y 
media…!¡Clara, ¿dónde estás?! Ven a ayudarme, anda, que tu padre va a llegar y 
yo tengo que acabar con todo esto… Siempre lo mismo, ¡voy a tener que 
atármelo a la mano…! 

Mientras, la MUJER 2 deja el cigarro en un cenicero, se quita el calzado, se 
masajea un poco los pies. Busca algo a su alrededor hasta que encuentra el 
mando a distancia de una televisión. Mima el gesto de encenderla, se escucha de 
fondo un noticiario cualquiera, típico del telediario de la noche. Poco después 
sale. 
La MUJER 1 sigue con su búsqueda infructuosa. De pronto levanta la cabeza como 
atraída por un sonido que no escuchamos. 
MUJER 1: ¿Sí? Sí, Matilde, estoy aquí, pasa… Sí, aquí, al fondo… (Se levanta y se 
sacude la falda.) Me pillas por los suelos… Buscando el dedal, que se me pierde 
cada dos por tres…. ¿Un dedal? Pues es una cosa pequeña, que se pone en… Pero, 
¿no sabes cómo es un dedal?… Bueno, alguna vez habrás cosido algo, digo yo… 
¿No? ¿Ni siquiera poner un botón?… 
Entra la MUJER 2. Se ha desmaquillado y se ha recogido el pelo. Trae un teléfono 
inalámbrico. Apaga el televisor. Marca. Espera. 
MUJER 1: Pues sí que es raro… ¡Ah, sí, tu encargo! Pues no, no he terminado 
todavía (busca entre las cestas con ropa y saca una camisa), mira, a falta de 
hacerle dos ojales… 
MUJER 2: ¿Raúl?… Hola, sí, soy yo… 
MUJER 1: Mañana la tienes lista… 
MUJER 2: Acabo de llegar… 
MUJER 1: Pásate, no sé, a eso de las once… 
MUJER 2: Bueno, regular… Un día extraño… ¿Y tú? 
MUJER 1: La acabaré siempre que encuentre el dedal, porque sin él no sé dar ni 
una puntada. ¿Tú lo ves por algún sitio? 
MUJER 2: ¿Un ocho? ¡Estupendo!, me alegro un montón… 
MUJER 1: Pues ya te lo he explicado… Como un capuchoncito para el dedo… 
MUJER 2: Sí, sí, claro que lo celebraremos… Oye… te llamaba porque… 
MUJER 1: De metal… Seguro que lo tengo delante de mis narices y no consigo 
verlo… 
MUJER 2: ¿Podrías venir un rato? 
MUJER 1: Bueno, da igual, no te preocupes… Siempre termina apareciendo. 
MUJER 2: Sí, ahora. 
MUJER 1: ¿A Fernando? ¿Dónde? 
MUJER 2: Ya sé que tienes que estudiar y que es un poco tarde… Pero… 
MUJER 1: Iría al “Casa Paco”… Los viernes se ve allí con los amigos… 
MUJER 2: (Alzando un poco el tono de voz.): Es importante, Raúl… Si no, no te lo 
pediría… 
MUJER 1: ¿Y qué te ha dicho? 
MUJER 2: No, no pasa nada… Bueno, sí…, pero no es algo para hablarlo por 
teléfono… 
MUJER 1: Ah,… eso… Sí, ya he hablado con él… Nada, Agustín, que le va a ayudar 
con un trabajillo que tiene para mañana… 
MUJER 2: Está bien. Te espero. 
Cuelga y sale. Poco después volverá a entrar sin el teléfono. Trae una grabadora 
en una mano y una copa con bebida en la otra. 
MUJER 1: Sí, algo rápido, para la hora de comer habrán acabado… Oye, y…, ¿no 
te dijo si pensaba volver pronto?… Pues Fernando, mujer… No, da igual, ya no 
tardará… Sobre todo sabiendo que mañana tiene que madrugar… Para esas cosas 
Fernando es muy responsable, ya le conoces tú… 
MUJER 2 (Hablándola a la grabadora.): Un dos, probando probando. (Detiene el 
grabador y lo rebobina.) 
MUJER 1: Bueno, pues a eso de las once te espero… Venga sí, que todavía tengo 
que acabar todo esto. Hasta luego… 
MUJER 2 (Le da de nuevo al play, se escucha en off su “Un dos, probando 
probando”. Lo detiene y lo pasa hacia el principio.): Bien… (Carraspea, toma un 
trago, se prepara para empezar.) 
(Mientras la MUJER 1 comienza de nuevo su búsqueda del dedal. De vez en 
cuando dirá expresiones como “¡nada!”, “¡aquí no!” o “pero, ¿dónde lo habré 
puesto…?”, suspira, silba “Bésame mucho” muy fugazmente…, a la vez que va 
vaciando cajitas de distintos tamaños y colores, lo va volcando todo en el suelo y 
luego volviéndolo a guardar. Está nerviosa, pero no mucho.) 

MUJER 2 (Hablándole a la grabadora.): Hola Raúl, ¿qué tal? Siéntate… Mira, te he 
pedido que vinieras porque… aún sabiendo que es tarde y que estás en época de 
exámenes y todo eso, pues no podía dejar pasar más tiempo… y por eso te he 
llamado y… por eso… (Detiene la grabadora.) No, no, no, no… Se me nota muy 
nerviosa… Más relajada, más relajada… (Vuelve el grabador al comienzo, toma 
otro trago.) 
MUJER 1 (Sacando unas tenazas.): ¡Anda! ¡Mira dónde estaban las tenazas! 
Fernando lleva tres meses revolviendo toda la casa… 
MUJER 2 (Hablándole a la grabadora.): Raúl, ¡qué bien que hayas podido venir! 
¿Te apetece un copa? (Detiene la grabadora. Reflexiona. Toma otro trago.) 
MUJER 1: ¡Pero qué tarde es! Mira, pues sin dedal, ya está, ya no puedo esperar 
más. (Muy decidida se pone a coser una prenda que tiene a medias.) 
MUJER 2: ¡Vamos allá! (Vuelve a conectar la grabadora.) Mira Raúl… ya sabes 
que llevo una semana un poco inquieta, y yo te dije que no era nada, que el 
trabajo y verte a ti tan agobiado con los exámenes… No, no, no es eso… ¡Déjame 
hablar, Raúl! No, no pasa nada, sólo un poco nerviosa y si no me dejas hablarte 
con tranquilidad… Porque no es fácil, ¿sabes?, tengo que buscar las palabras y 
hasta los gestos con los que voy a contarte lo que tengo que contarte… Porque yo 
no tenía prevista esta conversación, y no sé por dónde voy a empezar ni en 
dónde acabar… ¡Que no me interrumpas, joder! No, no estoy histérica, ¡no estoy 
histérica! (Detiene la grabadora enfadada.) Sí que estoy histérica… (Le da otro 
trago a la copa. Se la acaba.) 
MUJER 1: ¡Mierda! (Se lleva el dedo a la boca.) ¡Nada, que sin dedal no sé!… ¿Y 
qué hago ahora?… (Piensa un momento y después busca un trozo de tela pequeño 
y se lo enrolla en el dedo en el que normalmente se coloca el dedal.) 
MUJER 2: Como siga a este ritmo, me voy a emborrachar… (Deja el vaso y la 
grabadora. Coge una servilleta y se limpia la boca, luego las manos, luego la 
mesa, el suelo…, todo ello mientras habla, riéndose.) Estaría bueno, que llegara 
Raúl y me encontrara como una cuba… (Riéndose más.) ¡Celebrándolo! 
MUJER 1 (Riéndose también, al mirarse el dedo.): ¡Menudo invento! Podría 
patentarlo… 
MUJER 2 (Sin dejar de limpiar, todavía riéndose.): Y ahora a limpiar… Y, ¿por 
qué no? Es como… un acto reflejo… Te ayuda a no desesperarte, a no dejarte 
llevar por el nerviosismo. Sería un buen tema para un estudio psicológico. 
Primero le quitas el polvo a los muebles, luego barres, (Seguirá haciendo su 
enumeración, en voz más baja, a la vez que la MUJER 1 dice su monólogo.), 
friegas los platos, los secas, los colocas, riegas las plantas, apartas los sillones, 
las estanterías, la mesa, la cama y limpias todo el suelo a conciencia, luego le 
toca a los cristales, al frigorífico, las persianas, la bañera, las cortinas, el lavabo, 
el váter, el bidé, la baranda de la escalera, el horno, las lámparas, los azulejos 
del baño, los azulejos de la cocina, pones sábanas limpias, sacudes la alfombra, 
descuelgas los cuadros, los vuelves a colgar, pones una lavadora, la tiendes, 
haces comida para toda la semana, vacías los armarios, planchas los vaqueros, 
las braguitas, las camisetas, ordenas los cubiertos, haces la lista de la compra, te 
lavas la cabeza, te pones mechas, te depilas, y si te queda tiempo revisas los 
cristales, los azulejos, limpiando sobre limpio, el horno, las taquillas, las 
lámparas, el váter, el frigorífico, te pintas las uñas, vuelves a fregar el suelo, te 
maquillas, ordenas los libros, los periódicos, te inventas un peinado diferente… 
MUJER 1: ¡Esto no sirve! (Se quita el vendaje.) Mira que soy desastre… Todos los 
días se me pierde algo, el dedal, la canilla, la bobina negra o el alfiletero… Ya 
me lo decía mi madre: Mercedes, hay que poner más atención. Mercedes, sí, 
aunque todo el mundo me llama Merceditas. Como mi tía abuela, por vía 
materna. Pero igual podría llamarme Ramona, que Pepa, que Milagros o que 
Nieves. Sería igual… Los nombres y las fechas terminan siendo lo de menos… Hoy, 
por ejemplo, es viernes, 25 de julio, diez y media de la noche,… viernes, un 
viernes cualquiera, un viernes cualquiera a las diez y media de la noche… 
Fernando siempre se recoge tarde los viernes; es su noche libre, porque 
normalmente no madruga al día siguiente. Yo me preocupo de todas formas 
cuando veo que anochece y no llega, casi por costumbre… Nieves es un nombre 
bonito, sí señor, pero mi tía abuela se llamaba Mercedes y ese me tocó… ¡Qué se 
le va hacer! (Descubre el dedal en el bolsillo.) Anda, aquí estaba el puñetero… Si 
cuando yo digo que las cosas las esconde el diablo… (Se siente y se pone a coser.) 
MUJER 2:... Cuando te convences de que ya no te quedan más fuerzas, te sientas 
en cualquier sitio y te fumas un cigarro, casi tranquila… Quienes me conocen ya 
saben que cuando el apartamento está desordenado y hay un poco de polvo sobre 
la tele, es que todo va bien en mi interior. (La MUJER 1 comienza a tararear una 
tonadilla: la de “Bésame mucho”. Canta para ella, sin la pretensión de hacerlo 
bien, para distraerse mientras cose. La MUJER 2 deja de fregar: por primera vez 
parece percatarse de la presencia de la otra, pero sin verla. Sólo parece 
escucharla.) Mi madre, cuando estaba nerviosa, solía cantar… 
MUJER 1: Bésame/ bésame mucho…/ como si fuera esta noche la última vez/ 
bésame/ bésame mucho/ 
AMBAS: que tengo miedo a perderte/ perderte después. /Quiero sentirte muy 
cerca,/ mirarme en tus ojos,/ verte junto a mí./ Piensa que tal vez mañana/ yo 
estaré lejos/ muy lejos de ti. (La MUJER 1 sigue cantando, retomando de nuevo 
el comienzo.) 
MUJER 2: La recuerdo sentada y cosiendo, con el delantal como una segunda 
piel, recuerdo sus manos oliendo a lejía y sus dedos manchados de azafrán… 
Siempre preocupada, con la sensación de que el día duraba muy poco para todas 
las cosas de las que había que encargarse… Menos cuando esperaba a que mi 
padre llegara de la calle. Entonces el tiempo parecía detenerse… Algunos viernes 
y sábados también, a veces… Yo regresaba de la calle y la escuchaba canturrear 
desde la puerta… 
MUJER 1 (Deja de cantar en ese momento.): ¡Clara!, ¡Clara!, ¿eres tú? 
MUJER 2: Casi siempre se enfadaba al verme llegar sudando. 
MUJER 1 (A la MUJER 2, mirándola directamente. Durante toda esta escena, la 
MUJER 2 nunca trata de comportarse como una niña: sigue siendo el mismo 
personaje de antes y sus frases serán dichas desde la actitud una mujer de casi 
treinta años.): Mira cómo vienes… Sin aliento y colorada como un tomate. 
MUJER 2: Mi madre murió cuando tenía la misma edad que yo tengo ahora. 
MUJER 1 (Se dirige a unas sábanas que están colgadas detrás.): Anda, ayúdame a 
doblar esto, que ya está seco. 
MUJER 2 (Se ponen a doblar las sábanas, como en una especie de danza, 
cruzándose, pasando la una bajo la otra, mientras hablan en un tono normal.): 
Yo era una niña de nueve años a la que le encantaba estar en la placeta, jugando 
a la comba, a la rayuela, al pilla pilla. 
MUJER 1: No es bueno cansarse tanto... El día menos pensado te va a dar algo… 
MUJER 2: Fue un viernes, día 25 de julio, igual que hoy. 
MUJER 1: Un soponcio en mitad de la calle… No es la primera vez que pasa. 
MUJER 2: Veinticinco de julio… Recuerdo que esa noche me dijo las mismas 
cosas de cada noche… 
MUJER 1: A un primo de tu abuela le faltó la respiración, y ¡hala!, se quedó en el 
sitio… O al menos eso me contaron. 
MUJER 2: Era una mujer joven, pero a veces parecía mayor, como si repitiera 
frases oídas hace mucho tiempo, aprendidas de memoria... 
AMBAS: Ojalá te gustara más el colegio y menos andar en la placeta con los 
niños… 
MUJER 2: Si hubiera sabido que esa era la última vez que iba a hablar con ella, 
le hubiera dicho otras cosas… más importantes. 
MUJER 1: Y ahora te pones el pijama y te acuestas, que ya sabes que a tu padre 
no le gusta que andes levantada a esta hora. 
MUJER 2: Ya entonces se me quedaron muchas cosas por decirle. Pero la mayoría 
han ido llegando después, cuando ella era sólo un recuerdo con el que conversar. 
MUJER 1: Sí, ya sé que mañana es sábado… Pero no es bueno trasnochar… 
(Han acabado de doblar las sábanas. La MUJER 1 se sienta.) 
MUJER 1: Bueno... Venga, coge papel y lápiz que me vas a anotar lo que tengo 
que comprar mañana. 
La MUJER 2 empieza a anotar palabras en una pizarra, mientras habla. Ahora 
escribe “quince” y “papá”. 
MUJER 2: A los quince años… Mamá, papá ha salido de la cárcel… De todos 
modos, Pablo y yo vamos a seguir viviendo con la tía Encarna. Creo que papá 
quiere mudarse a otra ciudad. 
MUJER 1: Pero haz la letra despacito, que si no luego no la entiendo. 
La MUJER 2 escribe: “dieciséis”, “concierto de Mecano”. 
MUJER 2: A los dieciséis… Mamá, hoy me ha besado un chico de la clase. En un 
concierto. Me ha dado un poco de asco porque metía su lengua dentro y la 
movía… ¿Siempre es así? Yo no quiero que los besos me den asco… 
MUJER 1: A ver… leche. Cuatro litros… a cincuenta pesetas cada uno… ¿Cuánto 
es? 
La MUJER 2 escribe “diecisiete”, “Trabajo clínica”. 
MUJER 2: Mamá… creo que voy a dejar los estudios. Me han ofrecido un trabajo, 
recibiendo a los pacientes en una clínica dental… 
MUJER 1: Fruta… A ver si los plátanos están baratos, que es lo que más le gusta a 
tu padre. Pon que me gaste unas… setenta pesetas. 
MUJER 2: Ya sé que tú querías que hiciera una carrera y todo eso…, pero es un 
trabajo bien pagado… Y me deja tiempo libre… 
MUJER 1: Café descafeinado… Doscientas ochenta… 
La MUJER 2 escribe “diecinueve”, “Ernesto”. 
MUJER 2: Mamá… estoy saliendo con un chico… Llevo ya cinco meses y creo que 
es importante… Pero es un chico muy débil, ¿sabes?, todo le hace daño y debo 
tener mucho cuidado con él. Se llama Ernesto. 
MUJER 1 (Empieza a inquietarse: parece estar pensando en otra cosa.): Leche… 
¡Ah, no!, eso ya lo he dicho… Cola-cao. 
MUJER 2: Ayer… ayer… hicimos el amor por primera vez… No sé si me gustó… 
MUJER 1: Doscientas veinticinco. 
La MUJER 2 escribe “veintitrés” y borra el nombre de “Ernesto”. 
MUJER 2: Mamá, Ernesto ha dejado la relación… Dice que es demasiado joven 
para comprometerse. 
MUJER 1: ¿Estás anotando bien? A ver… danones, pero pon que de fresa no, que a 
tu hermano no le gustan y siempre me olvido. 
La MUJER 2 escribe “veintiséis”, “Raúl”. 
MUJER 2: ¡Adivina!, creo que he vuelto a enamorarme… Se llama Raúl, estudia 
Ciencias Políticas… Es inteligente, maduro y ¡hace el amor como los ángeles! 
MUJER 1: Cuatro danones a dieciocho pesetas cada uno. 
MUJER 2 (Picarona.): ¡O como un demonio, según se mire! 
MUJER 1: ¡No estás atenta a lo que te digo y te vas a equivocar! 
MUJER 2: ¡Ah, y he cambiado de trabajo! Ahora estoy en (Escribe “despacho”.) 
el despacho de un abogado. Ese abogado es el padre de Raúl. 
MUJER 1: ¿Qué hora será ya? 
La MUJER 2 escribe “veintisiete”, después deja la tiza, se acerca a la MUJER 1, 
se sienta en el suelo, junto a sus pies, apoya la cabeza en su regazo. La MUJER 1 
parece no percatarse. 
MUJER 2: Hoy… Bueno hoy es un día extraño… Hoy es veinticinco de julio, como 
hace dieciocho años… 
MUJER 1 (Más nerviosa.): Patatas… cincuenta pesetas. 
MUJER 2: Es curiosa la vida… Precisamente hoy… 
MUJER 1: Arroz… No, arroz compré antesdeayer. (Levantándose, resolutiva.) 
Bueno, hemos acabado… Súmalo todo y me anotas cuánto es al final… 
MUJER 2: Mamá, esta tarde he estado en el hospital… 
MUJER 1: Yo voy a salir un momento… 
MUJER 2: No, mamá, ahora no,… déjame hablarte. 
MUJER 1: Seguro que tu padre no se acuerda de que mañana tiene que ir a 
trabajar. 
MUJER 2: ¡He de hablar contigo ahora, antes de que llegue Raúl! 
MUJER 1: Me cambio de ropa y bajo… Es a la vuelta de la esquina. 
MUJER 2: Escúchame, por favor, ¿no ves que estoy aquí? 
MUJER 1: Pongo alguna excusa… Que Pablito está pachucho o algo así… 
MUJER 2: A lo mejor podríamos cambiar esta noche, juntas, si me escucharas… 
MUJER 1: O voy así mismo. Me quito el delantal y me pongo los zapatos. 
MUJER 2: Tal vez estemos a tiempo, ¿me oyes?… 
MUJER 1: Es temprano y no ha podido beber mucho. Algunas cervezas, quizá, 
pero todavía se podrá hablar con él… ¿Cómo tengo el pelo? ¿Estoy bien? 
MUJER 2: Si te acostaras en vez de esperarlo despierta… 
MUJER 1: Le digo que Pablito ha preguntado por él… que… que la cena se enfrió 
hace mucho rato… No tardaré. (Sale.) 
MUJER 2 (Alejándose del radio de acción de la escena anterior.): Una sabe que 
pasa… Que ha pasado otras veces, que seguirá pasando. Mientras es posible, toda 
la familia acuerda tácitamente guardarlo escondido, la ropa sucia no se lava en 
la calle, se lava en la casa de uno, o se la deja bien metida en el fondo de los 
cajones, escondida detrás de falsas sonrisas que regalar a las vecinas, al 
panadero, a los amigos de los hijos cuando un día son invitados a almorzar. 
Además, ¿en qué pareja no hay desencuentros? (Se dirige a un montón de 
periódicos que hay sobre una mesa, coge las tijeras de costura de su madre y, a 
la vez que habla, irá hojeando y recortando noticias que va pegando sobre la 
pizarra en la que antes escribía.) La convivencia es difícil, ya se sabe, realice 
usted una encuesta y entenderá lo que le digo, el que esté libre de pecado que 
tire la primera piedra. Y sí, qué se le va a hacer, hay momentos en que se 
pierden los estribos, no es culpa de nadie, ella comienza a alzar el tono de voz, 
él la manda callar, ella grita más aún, él arroja una silla al suelo, ella amenaza 
con marcharse, él pega un puñetazo en la pared, puede ser ella quien dé la 
primera bofetada y después se aleje, andando hacia atrás, consciente ahora de 
que él es el más fuerte, de que empezarán los golpes, de que habrá que meterse 
debajo de la mesa o correr hacia el baño y echar el cerrojo y esperar a que se 
agote aporreando la puerta… Yo los escuchaba acurrucada en la cama queriendo 
dormirme pronto para que fuera ya el día siguiente. (La MUJER 1 vuelve a entrar 
y se sienta en el mismo sitio que ocupaba antes. De nuevo hay un muro invisible 
entre las dos. La primera se descalza, se pone las zapatillas de andar por casa y 
el delantal.) Hasta que una noche, un veinticinco de julio u otra fecha 
cualquiera, puede ocurrir que la discusión llegue más lejos y que en la décima de 
segundo que unas tijeras tardan en hundirse en la carne, el cuerpo de la mujer 
haya quedado en el suelo, muy quieto mientras la sangre corre a borbotones… 
MUJER 1 (Toma un trozo de tela y empieza a cortarla, utilizando una señal 
indicada, como un patrón.): Un viernes de cada tres hago esto mismo… Me calzo, 
me meto las llaves en el bolsillo y bajo al bar que está en el fondo de la calle. 
MUJER 2: Es entonces cuando la prensa se conmueve ante “este nuevo caso de 
violencia doméstica”. 
MUJER 1: Busco la figura de Fernando entre el humo, entre otras figuras tan 
parecidas a él, todas con la misma forma de estar apoyados en la barra, de reírse 
con ese sonido que sólo he escuchado en los hombres cuando se reúnen y creen 
que no hay mujeres cerca. 
MUJER 2: Durante el juicio, el agresor declaró: “No recuerdo nada, no 
recuerdo... Sólo sé que fue un accidente.” 
MUJER 1: Finalmente le encuentro, y vuelvo a percatarme de cómo se parece a 
mi padre cuando tenía su misma edad. Voy hacia él tratando de no sentir las 
miradas de los otros hombres, “Fernando, aquí vienen a buscarte”. 
MUJER 2: Y los vecinos contestan: “No señor, nosotros no sabíamos nada, él era 
un hombre muy trabajador, muy tranquilo”. 
MUJER 1: y yo no me vuelvo para saber quién ha hablado, porque me siento 
pequeñita aquí, insignificante y pequeñita ahora que mi mirada se ha gastado y 
que mis piernas no saben llevarme erguida. 
MUJER 2: “Bueno, sí… De vez en cuando se le veía bebido… Pero como todos 
alguna vez, ¿no?” 
MUJER 1: En los ojos de Fernando veo que se avergüenza de que haya venido 
hasta aquí, como si él fuera un niño a quien hay que llevar a casa tirándole del 
brazo, como si fuera un pelele, como si fuera un perro que se escapó a la calle 
sin bozal. Y su vergüenza viene a unirse a la mía, porque ya sé que no va a 
acompañarme a casa, ahora sí que no puede dejar a sus compañeros, tiene que 
demostrarles que a él nadie puede colocarle un bozal ni una correa… Un viernes 
de cada tres hago esto mismo, y yo me calzo y bajo al bar y cuando vuelvo a 
subir la calle sola, la calle más larga que nunca, siempre me digo a mí misma que 
esta noche ha sido la última vez… 
MUJER 2: Todos los hombres de mi barrio llegaban alguna vez borrachos a casa. 
MUJER 1: Lo oiré subir las escaleras lento, inseguro, agarrado con fuerza al 
pasamanos para no caer… 
MUJER 2: Y las vecinas observaban escondidas tras la persiana cuánto tarda el 
marido de otra en encontrar la llave y abrir la puerta. 
MUJER 1: Y dudaré si levantarme a ayudarle o quedarme sentada, ajena. 
MUJER 2: La semana después de cada borrachera ocurría siempre lo mismo, 
como si se repitiera un ciclo inevitable. El sábado mi padre se pasaba todo el día 
acostado. 
MUJER 1: Mañana y pasado no nos dirigiremos la palabra. Luego, durante tres 
días, sólo nos diremos lo imprescindible… 
MUJER 2: A media tarde, mi madre le preparaba caldo o zumo y me decía que se 
lo llevara. Recuerdo la habitación oscura a pleno día… 
MUJER 1: como si fuéramos dos extraños compartiendo el pasillo, el comedor, el 
dormitorio… 
MUJER 2: Recuerdo el aire oliendo a alcohol y la respiración desacompasada de 
mi padre. 
MUJER 1: Dos noches dormiré en el salón y la tercera dormiremos juntos, muy 
quietos, cada uno en su filo de la cama, 
MUJER 2: Durante siete días la casa se llenaba de paredes invisibles y mi padre 
se movía entre ellas rehuyendo nuestros ojos. 
MUJER 1: muy quietos, fingiendo estar dormidos. 
MUJER 2: Después, poco a poco, todo volvía a la tranquilidad… 
MUJER 1: Hasta que una noche los pies se rozan por debajo de las sábanas y la 
costumbre del sueño nos acerca y me despierto abrazada a él y sé que no es un 
extraño, que es él, y ya han pasado ocho o diez días y no soporto la frialdad de la 
casa, el silencio, las miradas llenas de reproches… 
MUJER 2: Eso siempre me sorprendía, que todo pudiera volver a estar como 
antes… 
MUJER 1: Ese día hablábamos, por fin, sobre todo yo, desahogándome, diciendo 
todo lo que había callado durante siete días, 
MUJER 2: No sé si yo podría soportar tanto como mi madre, 
MUJER 1: dispuesta ya a perdonar, porque Fernando lo lamenta, lo lamenta de 
verdad, 
MUJER 2: no sé si merecería la pena soportar tanto como soportaba ella… 
MUJER 1: lo veo en sus ojos, en su voz, en sus manos, lo lamenta de veras, no 
sabe cómo evitarlo, pero lo va a intentar, y termina llorando, lo va a intentar por 
mi bien, con todas sus fuerzas, por Clara y Pablo, y lo dice de verdad, yo sé que 
lo dice de verdad, pero no, él no necesita ayuda, él lo va a lograr solo, y lo dice 
de verdad..., “de verdad, Mercedes, de verdad…” (La MUJER 2 se dirige hacia el 
grabador, lo pasa hacia atrás y lo conecta, para escuchar lo que había registrado 
antes. Su voz en off empieza a sonar antes de que acabe el monólogo de la 
MUJER 1.) Por eso, a los nueve o diez días, me obligo a creer que ya no va a 
suceder más… 
VOZ EN OFF DE LA MUJER 2: Raúl, ¡qué bien que hayas podido venir! ¿Te 
apetece un copa? (Un pequeño corte. Después continúa su voz en un tono más 
bajo. Sobre ella se superpone el resto de la escena.) Mira Raúl… ya sabes que 
llevo una semana un poco inquieta, y yo te dije que no era nada, que el trabajo y 
verte a ti tan agobiado con los exámenes… No, no, no es eso… ¡Déjame hablar, 
Raúl! No, no pasa nada, sólo un poco nerviosa y si no me dejas hablarte con 
tranquilidad… Porque no es fácil, ¿sabes?, tengo que buscar las palabras y hasta 
los gestos con los que voy a contarte lo que tengo que contarte… Porque yo no 
tenía prevista esta conversación, y no sé por dónde voy a empezar ni en dónde 
acabar… ¡Que no me interrumpas, joder! No, no estoy histérica, ¡no estoy 
histérica! 
MUJER 1: y me lo digo así, en voz alta, “¡no va a suceder más!”, para hacerme 
más fuerte, para convencerme, “¡confía en él!” y aprendo a quererle de nuevo y 
a abrazarme a él por las noches, “¿y qué hago si vuelve a pasar?”… A los tres 
meses, otro viernes u otro sábado, Fernando se retrasa, y yo vuelvo a calzarme y 
bajo al bar, y cuando subo la calle sola, la calle más larga que nunca, siempre 
me digo a mí misma que esta noche ha sido la última vez… Pero son sólo 
palabras… 
MUJER 2: Palabras… 
MUJER 1: Palabras aprendidas 
MUJER 2: palabras grabadas 
MUJER 1: palabras oídas mil veces 
MUJER 2: palabras dichas mil veces 
MUJER 1: palabras susurradas 
MUJER 2: palabras a gritos. 
MUJER 1: Coja usted una palabra, dóblele cuidadosamente las esquinas 
MUJER 2: guárdela en un cajón, preferiblemente de madera. 
MUJER 1: Si lo abre a los tres días descubrirá que 
MUJER 2: insospechadamente 
MUJER 1: y por arte de magia 
MUJER 2: su palabra inocente 
MUJER 1: pequeñita 
MUJER 2: de las esquinas dobladas 
MUJER 1: ha abierto un agujero terrible 
MUJER 2: en su precioso mueble de caoba. 
MUJER 1: Palabras como grietas 
MUJER 2: como ecos 
MUJER 1: como filtros 
MUJER 2: como piedras 
MUJER 1: palabras para alejar a los fantasmas 
MUJER 2: para apagar la soledad 
MUJER 1: para apagar el silencio. El silencio… ¡Clara! ¡Clara! Pon la radio, que a 
esta hora comienzan los discos dedicados… 
VOZ DEL LOCUTOR: Y ahora este tema que Ramón le dedica a Conchita, para 
demostrarle su amor y porque sabe que le gusta mucho. 
Comienza a sonar “Bésame mucho” de The Beatles. Las dos mujeres lo 
escucharan primero quietas, luego irán progresivamente despertando su cuerpo y 
acabarán bailando cada una a su lado, con la libertad de quien no está siendo 
visto por nadie. Durante el baile, llega un momento en el que ambas se 
encuentran y comienzan a bailar juntas, jugando felices. 
MUJER 2: ¿Te acuerdas de cuando jugábamos a la rayuela? 
MUJER 1: Sí, claro… 
MUJER 2: Tú hacías el dibujo en el suelo. 
MUJER 1: Y tú buscabas una piedra adecuada. 
MUJER 2: Ni muy grande ni muy pequeña… Mis amigas se extrañaban de ver a 
una madre saltando… 
MUJER 1 (Comenzando a jugar.): Abajo la tierra. 
MUJER 2: Arriba el cielo. 
MUJER 1: Y para llegar arriba hay que ir despacio, pasito a pasito, sin 
impacientarse, golpeando con suavidad porque si no la piedra se sale del dibujo y 
ya has perdido. 
MUJER 2: Pasito a pasito. 
MUJER 1: Hasta llegar al cielo… ¿Sabes cuándo llegaba yo al cielo? 
MUJER 2: ¿Cuándo? 
MUJER 1 (Se va hacia la zona de la MUJER 2 y se acomoda allí, como si estuviera 
en la habitación de una amiga.): Los martes por la tarde… 
MUJER 2: ¿Los martes? 
MUJER 1: Sí… era nuestro día… 
MUJER 2: ¿El día de quién? 
MUJER 1 (Picarona.): Pues de quién va a ser, boba, de tu padre y mío… Ya 
sabes…, “el día”… No te pongas colorada, mujer, que ya no eres una chiquilla… 
MUJER 2: ¿Teníais un día? 
MUJER 1: Pues claro… Bueno, no, al principio no… Pero luego, pues no sé cómo 
llegó la cosa, pero tocaba el martes, quizá porque era el día que Pablito y tú os 
ibais con la abuela… 
MUJER 2: ¿Así que mientras la abuela nos preparaba churros con chocolate, 
vosotros…? 
MUJER 1 (Risueña.): Pues sí… ¿No me digas que te sorprende? 
MUJER 2: No, claro… Pero es que me cuesta imaginaros… 
MUJER 1: ¿Y cómo te crees que vinisteis Pablito y tú al mundo? Yo me pasaba 
toda la semana deseando que llegara el martes… 
MUJER 2: Podríais haber elegido dos días en vez de uno... 
MUJER 1: No…, si estaba bien esa sensación de espera… Tu tía Encarna se 
escandalizaba un poco, porque ella decía que sólo lo hacía por obligación, 
porque Javier la reclamaba… En cambio yo me lo pasaba muy bien… me reía 
mucho… 
MUJER 2: ¿Te reías? 
MUJER 1: Sí… Tu padre era un hombre muy gracioso en esas situaciones… 
MUJER 2: No me lo imagino… 
MUJER 1: Normalmente era cariñoso, ¿sabes? Por eso me enamoré de él… Tú lo 
veías de otra manera… 
MUJER 2: A mí lo que más me gustaba de papá eran su brazos... Sus brazos 
fuertes, su espalda ancha, su manera de levantarme en volandas y llevarme 
corriendo por toda la casa. Fíuhhhh... Fíííuuuhhh... Alto y rápido... Fííuhhhh... Y 
yo me sentía protegida, sujeta por sus músculos de 
Popeye. La primera vez que le vi pegarte yo tenía seis años. Era de noche. 
Recuerdo que había tenido una pesadilla y me había levantado para que me 
dejarais dormir con vosotros, como otras veces. Pero al entrar a vuestro cuarto vi 
que la cama estaba sin deshacer, y entonces os escuché en la cocina. Discutíais, 
sentí un golpe, como una silla muy pesada que volcara y cayera. 
MUJER 1: Cuando te descubrí en la puerta, quieta, medio dormida en tu pequeño 
pijama de ositos, ese pijama rosa lleno de ositos que jugaban... 
MUJER 2: “¡Clara, regresa a la cama! ¡Quién te ha dicho que te levantaras!” 
MUJER 1: ¡No me gusta que andes descalza! 
MUJER 2: No me gusta que andes descalza... Menudo comentario... A mí me 
parecía que todo se había quedado parado, como cuando se pulsa el pause en 
una película de vídeo..., y yo miraba muy fijo los brazos de papá, esos brazos 
anchos y fuertes de Popeye el marino soy... esos brazos que ya nunca más 
volvieron a llevarme en volandas... 
MUJER 1: Tenía un lunar aquí, ¿recuerdas?, en el hombro derecho. 
MUJER 2: Dicen que dejó de beber en la cárcel... Cuando salió de allí, la tía 
Encarna lo mantuvo alejado... No sé si él hubiera querido seguir viviendo con 
Pablo y conmigo... Nunca le pregunté. 
MUJER 1: Y otro en la oreja, pequeñito, casi invisible... 
MUJER 2: Ha envejecido muy rápido, ¿sabes? En este 
ultimo año nos hemos vistos dos veces, y a mí me 
parecía que se iba desgastando, minuto a minuto. 
MUJER 1 (Mirando hacia su lado del escenario.): ¿Has oído? 
MUJER 2: Mañana voy a llamarle... Hace mucho que no hablamos... 
MUJER 1 (Levantándose.): Es Pablo, ¿verdad? Creo que está llorando... 
MUJER 2: Yo no he escuchado nada. 
MUJER 1: Debo irme... Llevo mucho rato aquí y... me queda mucha costura. Y 
Pablo... no debo dejarle solo... (Se dirige hacia su lado.) 
MUJER 2: ¿Lo vas a esperar despierta? 
MUJER 1: Sí…, ya no tardará mucho. 
MUJER 2: ¿Sabes?, es una lástima que las madres y las hijas se lleven tantos 
años… (La MUJER 1 asiente sin hablar. Es de nuevo la ama de casa de las escenas 
anteriores. Cuando está a punto de llegar.) Mamá. (La MUJER 1 se vuelve.) No, 
nada… 
La MUJER 1 se vuelve a su sitio, y retoma la costura. Mientras la MUJER 2 coge el 
grabador. Lo pone a grabar. Lo deja durante un rato grabando el silencio, sin 
saber que decir. Luego comienza. 
MUJER 2: No es sólo cuestión de que no encuentre las palabras precisas… Es que 
ni siquiera sé cómo pensarlo. “Raúl, estoy embarazada.” Esa sería la forma más 
directa y precisa… No, no entiendo cómo ha pasado… Yo tampoco lo esperaba… 
Algún fallo de cálculo…, imagino… ¡No lo sé Raúl, no lo sé! No sé de quién es la 
culpa…, pero ya todo eso da igual, ¿entiendes?, porque ahora hay algo aquí 
dentro… (Mirándose el vientre.) Algo tan pequeño que casi no existe… Sería muy 
fácil decir que no; no dejaría ni una huella, apenas una mañana en el hospital y 
todo seguiría igual que antes… Y es lo que debería hacer, seguramente, es lo que 
le recomendaría a cualquiera en mi caso…, es lo que yo misma hubiera hecho 
ayer, antes de escuchar al médico decirme que sí, que hay algo de tres semanas 
ocupándome por dentro… ¿Imaginas? Algo chiquito que crece aquí dentro… 
MUJER 1: Anoche soñé que era abuela. Clara me traía un bebé precioso, no sé si 
niño o niña, y me lo colocaba en el regazo… Se parecía tanto a ella recién 
nacida… Fue delicioso descubrir la forma perfecta y diminuta de sus deditos, 
sentirlos aquí, abrazando con fuerza mi pulgar… Clara me traía su bebé y yo la 
enseñaba a acunarlo, a vestirlo, a hacerle botitas y gorros de punto… Después 
cantábamos juntas con esa voz que ponemos las madres cuando mecemos a 
nuestro hijo,… con esa voz…, muy bajito, para se quede dormido y tenga dulces 
sueños… 
Las dos comienzan a tararear “Bésame mucho”, muy lento, como una nana, la 
MUJER 1 cosiendo y la otra meciéndose con suavidad, abrazada a su vientre. 

MAQUINA HAMLET Heiner Müller

MAQUINA HAMLET                                    Heiner Müller

1. ALBUM DE FAMILIA

Yo fui Hamlet. De pie a orillas del mar conversaba con la rompiente. BLA-BLA., a mis espaldas las ruinas de Europa. Las campanas anunciaban exequias oficiales, asesino y viuda una misma pareja, en paso de ganso detrás del alto cadáver los consejeros llorando al ritmo de una pena mal paga DE QUIEN ES EL CUERPO/ EN EL COCHE DEL FERETRO/ POR QUIEN TANTO LLANTO Y GEMIDO /POR QUIEN/ ES EL CADAVER DE UN HOMBRE GENEROSO EN LIMOSNAS el pueblo en posición de firmes, fruto de su arte de gobernar ESTE ERA UN HOMBRE QUE SOLO SABIA TOMAR TODO DE TODOS. Paré la marcha fúnebre, clavé mi espada en el féretro, se rompió la cuchilla, con la punta rota abrí el ataúd y repartí al progenitor muerto CARNE QUE LLAMA A LA CARNE entre los miserables. El luto se transformó en júbilo, el júbilo en chasquido de hambrientas mandíbulas, sobre el féretro vacío  el asesino se montó a la viuda TE AYUDO TIO LAS PIERNAS BIEN ABIERTAS MAMA. Me tiré en el piso y escuché  que el mundo giraba al compás de su putrefacción.
I”M GOOD HAMLET GI”ME A CAUSE FOR GRIEF
AH THE WHOLE GLOBE FOR A REAL SORROW
RICHAR THE THIRD I THE PRONCEKILLING KING
OH MY PEOPLE WHAY HAVE A DONE UNTO THEE
COMO UNA JOROBA ARRASTRO EL PESO DE MI CEREBRO
PAYASO SUPLENTE EN LA PRIMAVERA COMUNISTA
SOMETHING IS ROTTEN IN THIS AGE OF HOPE
LET”S DELVE IN EARTH AND BLOW HER AT THE MOON

Aquí llega el fantasma que me fabricó, el hacha sigue en el cráneo. No te saques el sombrero, sé muy bien que tienes un agujero de más. Ojalá mi madre hubiera tenido uno de menos cuando estabas dentro de la carne: me habría evitado a mi mismo. Deberían coser a todas las hembras, un mundo sin madres. Podríamos degollarnos en paz, y con cierto optimismo, cuando la vida se hace demasiado larga o la garganta demasiado estrecha para que salgan nuestros gritos. Qué te pasa viejo. No te basta con un responso oficial. Vividor, acaso no hay sangre en tus zapatos. Que me importa tu cadáver. Que suerte, aún te queda un gancho, a ver si todavía te suben al cielo. Que es lo que estás esperando. Los gallos estás degollados. Ya no se levantará la mañana.
ACASO DEBO
SOLO PORQUE ES USO Y COSTUMBRE METER UN
TROZO D HIERRO EN LA CARNE MAS PROXIMA O EN LA OTRA
AFERRARME SOLO PORQUE EL MUNDO GIRE
SEÑOR, HAZ QUE ME ROMPA EL CUELLO
CONTRA EL BANCO DE LA
TABERNA.

Aparece Horacio. Cómplice  de mis pensamientos, llenos de sangre, desde que la mañana está velada por un cielo vacío. A BUNA HORA LLEGAS AMIGO MIO/ PARA TU PAGA ES DEMASIADO TARDE / EN MI TRGEDIA YA NO HAY MAS LUGAR. Horacio, me conoces. Acaso eres mi amigo, Horacio. Y si me conoces, cómo puedes ser mi amigo. Te gustaría hacer del Polonio, el que se quiere acostar con su hija, la deliciosa Ofelia, que entra cuando se le da el pie, mira cómo mueve el culo, un papel trágico. HoracioPolonio. Ya sabía que eras un actor. Yo tmbién, yo hago de Hamlet. Dinamarca es una cárcel, entre nosotros está creciendo un muro. Mira lo que crece del muro. Exit Polonius. Mi  madre la novia. Sus pechos un cantero de rosas, su regazo la fosa de serpientes. Te olvidaste del texto, mamá. Te doy letra. LAVATE EL CRIMEN DE LA CARA, HIJO MIO. /PONLE A DINAMARCA OJOS DE ENAMORADO. Yo haré que de nuevo seas virgen, madre, para que tu rey tenga una boca con sangre. LA CALLE DEL SENO MATERNO NO ES DE SENTIDO UNICO. Ahora te ato las manos a la espalda porque me repugna tu abrazo con velo de novia. Ahora te arranco el vestido de novia. Ahora hay que gritar. Ahora embadurno los harapos de tu vestido de novia con el lodo que se convirtió en mi padre. Con los harapos tu cara tu vientre tus pechos. Ahora te cojo a ti, mi madre por las invisibles huellas suyas, las de mi padre. A tu grito lo sofoco con mi boca. No reconoces el fruto de tu vientre. Y ahora vete a tu boda, puta, ancha bajo el sol de Dinamarca que brilla sobre los vivos y los muertos. Quiero taponar las letrinas con el cadáver para que el palacio se ahogue en mierda real. Después deja que te devore el corazón, Ofelia, que llora mis lágrimas.

2. LA EUROPA DE LA MUJER

Enormous room. Ofelia. Su corazón es un reloj.
OFELIA (CORO / HAMLET)
Yo soy Ofelia. La que el río no retuvo. La mujer con la soba al cuello. La mujer con las venas rotas. La mujer de la sobredosis NIEVE SOBRE LOS LABIOS La mujer con la cabeza en el horno. Ayer dejó de matarme. Yo estoy sola con mis pechos mis muslos mi regazo. Rompo las herramientas de  mi cárcel la silla la mesa la cama. Destruyo el campo de batalla que era mi hogar. Arranco las puertas del cuajo para que entre el viento y el grito del mundo. Destrozo las ventanas. Con manos sangrantes rompo la fotografías de los hombres que amé y me usaron sobre la cama la mesa la silla el piso. Prendo fuego a mi cárcel. Y tiro mi ropa al fuego. Desentierro de mi pecho el reloj que fue mi corazón. Salgo a la calle vestida con mi sangre.

3. SCHERZO

Universidad de los muertos. Murmullos y susurros. Desde sus lápidas (púlpitos) los filósofos muertos arrojan sus libros sobre Hamlet. Galería (ballet) de las mujeres muertas. Mujer con la soga al cuello. Mujer  con las venas rotas, etc. Hamlet las observa con la actitud de quien está en un museo (teatro). Las muertas le arrancan la ropa del cuerpo. Desde un féretro erguido donde se lee la inscripción. HAMLET1 aparecen Claudio y Ofelia vestida y maquillada de puta. Striptease de Ofelia.
OFELIA
Quieres comer mi corazón, Hamlet. (Se rie)
HAMLET
(Las manos delante de la cara) Quiero ser una mujer.
Hamlet se viste con la ropa de Ofelia. Ofelia le pinta una máscara de puta. Claudio, ahora padre de Hamlet , se rie en silencio, Ofelia le tira un beso con la mano. Hamlet retrocede hacia el féretro con Claudio / padre de Hamlet. Hamlet en pose de puta. Un ángel con el rostro en la nuca: Horacio. Baila con Hamlet.
VOZ (VOCES) desde el féretro.
Lo que mataste también  habrás de amar.
La danza aumenta en velocidad y en delirio. Risa desde el féretro. Sobre una hamaca, la virgen del cáncer de pecho. Horacio abre un paraguas, abraza a Hamlet. El abrazo queda congelado debajo del paraguas. El cáncer de pecho brilla como un sol.


4. PESTE EN BUDA BATALLA POR GROENLANDIA

Espacio 2 destruído por Ofelia. Armadura vacía. El hacha clavada en el casco.
HAMLET
Titubea la estufa en el desasosiego de octubre.
A BAD COLD HE HAD OF IT JUST THE WORST TIME
JUST THE WORST TIME OF THE YEAR FOR A REVOLUTION
A través de los suburbios va floreciendo el cemento.
El Dr. Zhivago llora
a sus lobos
... EN INVIERNO BAJARAN AL PUEBLO.
ACTOR HAMLET
Yo no soy Hamlet. Ya no represento ningún papel. Mis palabras ya no me dicen nada. Mi pensamiento se chupa la sangre de las imágenes. Mi drama ya no tendrá lugar. El decorado es construido a mis espaldas. Por gente a quien no le importa mi drama, para gente a quien no le afecta. A mi tampoco me afecta. Yo no juego más.
Sin que el actor Hamlet lo perciba, los utileros traen una heladera y tres televisores. Ruido de la heladera. Tres canales sin sonido.
El decorado es un monumento. El monumento representa, cien veces ampliado, a un hombre que hizo historia. Una esperanza petrificada. Su nombre es intercambiable. La esperanza no se cumplió. El monumento está tirado en el piso, demolido tres años después de las exequias oficiales del igualmente odiado y vnerdo por quienes lo sucedieron en el poder. La piedra está  habitada. En los amplios agujeros de la nariz y los ojos, en los pliegues de la piel y del uniforme del monumento derribado, reside el sector indigente de la población de la metrópolis. Al tiempo de rigor después de la caída del monumento le sucede la sublevación. Mi drama, si aún tuviera lugar, sería en la época de la sublevación. La sublevación se inicia a manera de paseo, un paseo contrario a las leyes del tránsito, en horas de trabajo. La calle es de los peatones. Aquí y allá se vuelca algún auto. Pesadilla de un lanzador de cuchillos: desplazamiento lento por una calle d mano única hasta llegar  a una irrevocable playa de estacionamiento cercada por peatones armados. La policía, si interfiere el paso, es barrida hacia los costados. Una vez que la marcha llega al sector de los organismos oficiales, un cordón policial lo bloquea. Se forman grupos de los que emergen oradores. En el balcón de la casa de gobierno aparece un hombre mal enfundado en un frac y también comienza a hablar. Cuando lo alcanza la primera piedra, también él se refugia detrás de la puerta de cristal blindado. El reclamo por mayor libertad se convierte en el grito por el derrocamiento del gobierno. Se empieza  a desarmar a la policía, se asaltan dos o tres edificios, una cárcel, una comisaría, una oficina  de la policía secreta, se cuelga cabeza abajo a una decena de peones del poder, el gobierno recurre al ejército, tanques. Mi lugar, si  mi drama aún tuviera lugar, estaría a ambos lados del frente, entre los frentes, por encima. Yo, dentro del olor sudoroso de la muchedumbre, le tiro piedras  a la policía soldados tanques vehículos blindados, cristal blindado. Yo, mirando a través de las puertas del cristal blindado la masa que se agolpa, huelo el sudor de mi miedo. Yo, ahogado por las ganas de vomitar agitando el puño en contra de mí, parado detrás del vidrio blindado. Yo, transido de miedo y desprecio me veo a mi en medio de la agolpada muchedumbre, con espuma en la boca agitando el puño en mi contra. Cuelgo de los pies a mi propia carne uniformada. Yo soy el soldado en la boca del tanque, mi cabeza vacía debajo del casco, el grito sofocado bajo las orugas del tanque. Yo soy la máquina de escribir yo hago el nudo para la horca  de los cabecillas, yo retiro el taburete, yo me rompo la nuca. Yo soy mi propio prisionero. Yo alimento a las computadoras con mis datos. Hago el papel de saliva salivadera escupitajo cuchillo y herida diente y pescuezo soga y cuello. Yo soy el banco de datos. Sangrando  en la
Muchedumbre, recobrando el aliento detrás de la puerta de cristal. Segregando una flema de palabras por encima de la batalla en mi burbuja impermeable al sonido. Mi drama no tuvo lugar. Se perdió el texto. Los actores colgaron sus caras del gancho del camarín. El apuntador se pudre en su fosa. Sobre las butacas, apestados cadáveres disecados no mueven ni un dedo. Me voy a casa a matar el tiempo, unido / con mi yo no dividido.

Televisión Asco Día tras día asco Asco
Del palabrerío premasticado
De la felicidad en recetas
Cómo se escribe la palabra CONFORT
El homicidio nuestro de cada día danos Señor
Porque tuya es la nada Asco
de las mentiras de los que mienten
a quien sólo le creen los mentirosos
Asco del hocico de los hombres de acción marcada
por la lucha en pos de puestos votos cuentas bancarias
asco Cuadriga que destella agudezas
atraviezo las calles los centros comerciales caras
con la cicatriz de la lucha por el consumo. Pobreza
sin dignidad Pobreza sin la dignidad
del cuchillo del puño armado
del cuerpo humillado de las mujeres
Esperanza de generaciones
ahogada  en sangre cobardía estupidez.
Risas desde las barrigas muertas
Heil COCA COLA
Mi reino
por un asesino.

YO ERA MACBETH EL REY ME HABIA OFRECIDO A SU TERCER CONCUBINA CONOCIA UNA  A UNA LAS MANCHAS DE LA PIEL DE SUS CADERAS RASKOLVIKOV DEL CORAZON DEBAJO DEL UNICO SACO EL HACHA PARA EL / UNICO / CRANEO DE LA PRESTAMISTA.

En la soledad de los aeropuertos
Recobro el aliento Soy
un privilegiado Mi asco
es un privilegio
amparado por el muro
alambre de púas cárcel.

Fotografía del autor
Yo no quiero más comer beber respirar amar a una mujer un niño un animal. Ya no quiero morirme. Ya no quiero matar.
Despedazamiento de la fotografía del autor.
Yo desgarro mi carne sellada. Quiero habitar en mis venas, en la médula de mis huesos, en el laberinto de mi cráneo. Me retiro a mis tipas. En alguna parte están quebrando cuerpos para que yo pueda vivir en mi mierda en alguna parte están abriendo cuerpos para que yo pueda estar solo con mi sangre. Y tomo asiento en mi mierda, en mi sangre. Los pensamientos son heridas en mi cerebro. Mi cerebro es una cicatriz. Yo quiero ser una máquina. Brazos para agarrar piernas para andar ningún dolor ningún pensamiento.
Pantallas de TV apagadas. Sale sangre de la heladera. Tres mujeres desnudas: Marx, Lenin, Mao. Cada una en su lengua y todas a un tiempo pronuncian el siguiente texto:
HAY QUE DERROCAR LAS CONDICIONES EXISTENTES EN LAS QUE EL HOMBRE...
Actor Hamlet se viste y se coloca la máscara.
HAMLET EL DANES PRINCIPE Y PASTO DE GUSANOS TROPEZANDO
DE HOYO EN HOYO HACIA EL ULTIMO HOYO SIN GANAS
A SUS ESPALDAS EL FANTASMA QUE LO ENGENDRO
VERDE AL IGUAL QUE LA CARNE DE OFELIA EN LA CAMA DEL PARTO
Y APENAS ANTES DE QUE EL GALLO CANTE POR TERCERA VEZ EL BUFON LE ARRANCA
AL FILOSOFO SU GORRA DE CASCABELES
UN MASTIN FORNIDO SE METE DENTRO DE LA CORAZA.
Entra dentro de la armadura. Hiende el hacha en los cráneos de Marx, Lenin, Mao. Nieve. Período glaciar.

5. FEROZ ESPERA / EN LA TERRIBLE ARMADURA / MILENIOS

Mar profundo. Ofelia en silla de ruedas. A su lado pasan peces escombros cadáveres restos.
OFELIA
(mientras habla, dos hombres de guardapolvo blanco la envuelven con vendas de gasa. También a la silla de ruedas)
Desde aquí, Electra. En el corazón de las tinieblas. Bajo el sol de la tortura a todas las metrópolis de la tierra. En el nombre de las víctimas. Expulso todo semen que he recibido. Hago de la leche de mis pechos un veneno mortal. Retiro el mundo que engendré. Ahogo entre mis muslos al mundo que di a luz. Lo entierro en mi sexo. Muerte a la felicidad del sometimiento. Que vivan el odio, el desprecio, la rebeldía, la muerte. Cuando atraviese la alcoba empuñando el cuchillo sabrán la verdad.
Los hombres se retiran. Ofelia permanece sobre el escenario, inmóvil debajo del envoltorio blanco.

Traducción: Gabriela Massuh con la colaboración de Dieter Welke.
Buenos Aires, 1995.


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