Los cuernos de la luna
Original de GAVARRE BENJAMIN
© INDAUTOR
Cd. De México
Contact: bengavarre@gmail.com
gavarreunam@gmail.com
Personajes:
·
ANDRÉ: Filósofo.
·
BEN: Actor.
Notas de Producción: Los cuernos de la luna
Introducción
Esta obra es un mapa de lo invisible. Explora la
idea de que el amor no es un evento fortuito, sino una constante universal que se manifiesta incluso cuando
las leyes de la física o la memoria fallan. A través de diálogos punzantes y
situaciones absurdas, André y Ben nos demuestran que, aunque el mundo cambie de
color, de constelaciones o de historia, la conexión entre dos almas es un nudo
que nadie puede desatar.
Propuesta de Vestuario: "El Uniforme
Base"
Para facilitar los saltos entre mundos sin romper
el ritmo, se propone un vestuario base neutro
(comodín) sobre el cual se añaden accesorios clave.
- André
(Filósofo): Pantalón de vestir oscuro y una camisa de
lino clara (siempre con la posibilidad de ponérsela al revés).
- Accesorios:
Un saco de lana (casa/café), gafas de lectura (librería), una bufanda
elegante pero descuidada (metro).
- Ben
(Actor): Jeans oscuros y una camiseta negra de cuello
alto o básica de calidad.
- Accesorios: Una
chaqueta de cuero (moto/estreno), un paraguas amarillo (llanta), un libro
bajo el brazo (librería).
Escenografía y Espacios (Sugeridos)
La puesta en escena debe ser minimalista y conceptual. No necesitamos un vagón de
metro real, sino la sensación de uno.
- El
Dispositivo: Un escenario vacío con un suelo que refleje
ligeramente la luz (efecto mercurio).
- Mobiliario:
Dos sillas de diseño que se mueven y reconfiguran para ser el sofá, las
mesas del café o los asientos del metro.
- Iluminación
(El Narrador Silencioso):
- Café:
Ámbar cálido.
- Metro:
Luz blanca fría, parpadeante (efecto estroboscópico suave).
- Playa:
Azul cobalto y plata.
- Librería:
Luz cenital polvorienta.
Música y Paisaje Sonoro
- Transiciones: Un
sonido de "glitch" electrónico o un zumbido de baja frecuencia
que denote el salto cuántico.
- El Leitmotiv:
Una versión de Go WEST (o similar) que suene "ligeramente distorsionada":
quizá con una guitarra eléctrica distorsionada de fondo o una
reverberación extraña.
- Atmósfera:
Sonidos de mar distorsionados (metálicos) y el traqueteo del metro que se
funde con el sonido del viento.
Los cuernos de la luna
(Romance cuántico)
Personajes:
·
ANDRÉ: Filósofo.
·
BEN: Actor.
ACTO ÚNICO
ESCENA DE APERTURA: El Desfase Doméstico
(Un departamento cosmopolita. André limpia una
estantería de libros. Ben mira fijamente una lámpara de pie en un rincón junto
al sofá).
BEN: André... ¿esa lámpara
siempre ha estado ahí?
ANDRÉ: (Sin mirar) Desde el
martes pasado. La compramos en la venta de garaje, ¿recuerdas?
BEN: No. El martes pasado
fuimos a comer con tus padres. Esa cena donde tu madre sonreía con la boca pero
me apuñalaba con los ojos.
ANDRÉ: Mi madre es una
profesional de la cortesía hipócrita. ¿Qué… ya no te gusta la lámpara que tú
escogiste?
BEN: No me gusta y no
recuerdo que la hayamos comprado.
ANDRÉ: (Se detiene, lo mira)
¿Demasiado estrés por el estreno? Ya cuando estés en temporada vas a recordar
que hasta pediste rebaja por tu dichosa lámpara Art Nouveau. Pero mira
que eres snob.
BEN: (Para sí mismo) No es
el estrés. Me estoy volviendo loco.
(La luz cambia bruscamente a un tono ámbar de
cafetería antigua. Entramos en el primer nudo).
ESCENA 1: La Serpiente que se muerde la cola
(Librería-Café)
Ben está sentado en un sillón orejero, leyendo en
voz alta con una proyección teatral, ignorando que es un espacio público. André
está a dos mesas de distancia, tratando de concentrarse en un texto de
Heidegger.
BEN: (Leyendo con
intensidad) "...porque en un mundo posible soy un artista del patinaje,
pero en otro, soy un botones mal pagado en un carísimo hotel de Cancún. Aquí,
pues soy actor, ya se sabe. ¿Qué es la realidad, sino un mal ensayo para un
estreno que nunca llega?"
ANDRÉ: (Sin levantar la
vista, cortante) Oye, actor… Bájale tres rayitas a tu estentórea voz... o es
decir… cállate, o habla quedito… No estás en la sala de tu casa, amiguito.
BEN: (Baja el libro
lentamente. Mira intensamente a André y no dice nada por cinco segundos).
ANDRÉ: (Incómodo por la
mirada, levanta la vista) ¿Qué? ¿Soy o me parezco?
BEN: (Se levanta con una
osadía eléctrica. Camina hasta la mesa de André y se sienta frente a él sin
permiso). De cerca tienes los ojos todavía más expresivos. Tienes ojos de
enamorado.
ANDRÉ: (Pasmado, pero al
final halagado) Hasta crees… No será de ti, amigo.
BEN: Yo estoy seguro de
que nos conocíamos de otras vidas. En una tú eras un monje y yo el demonio que
te tentaba con fruta prohibida.
ANDRÉ: (Suelta una risita
cínica) Ah, qué manera tan poco original y qué pésimo seductor. Usar todo ese
cuento para saltarse el protocolo. Pero te la perdono... si nos vamos al muelle
ahora mismo a por un helado.
BEN: (Sonriendo triunfal)
Me gustaría. Uno de chocolate y...
ANDRÉ: ...y frambuesa.
BEN: (Se queda mudo un
segundo) ¿Cómo lo sabías?
ANDRÉ: (Se levanta y cierra
su libro) No lo sé. Ya lo decía Platón… solo estamos en este mundo para
recordar lo que fuimos y, además... me pareció lo lógico. Vamos.
ESCENA 2: El Muelle de los Recuerdos Prestados
Caminan por un muelle. El sonido de la madera
crujiendo bajo sus pies marca el ritmo.
BEN: Es curioso. Siempre
te pones la camiseta al revés cuando intentas parecer intelectual frente a un
extraño.
ANDRÉ: (Se mira el cuello,
asombrado) ¿Cómo demonios sabes que...? Es la primera vez que te veo, Ben.
BEN: Lo sé. Hay cosas que
flotan en el ambiente. Como los nudos. El tiempo no es una línea, André. Es un
nudo de pescador. Estamos todos apretados en el mismo punto, creyendo que
avanzamos.
ANDRÉ: (Lo mira con una
ternura repentina) Eres el hombre más extraño que he conocido en mis cuarenta
años de vida sin sentido. Pero siento que si te suelto, voy a empezar a flotar
hacia el espacio.
BEN: (Canturrea) Bon, bon,
bon, bon, bon.
ANDRÉ: (Entre horrorizado y
extasiado) Aunque no sé, creo que conocerte o no conocerte tiene que ver con un
karma muy rabioso y jodido.
BEN: Oye, yo podría decir
lo mismo.
ANDRÉ: Por supuesto, ya
sabes lo que dicen: el karma es una perra maldita.
BEN: Exacto.
ESCENA DE TRANSICIÓN: Monólogo de André
(Vuelven al departamento. Ben ha desaparecido de
escena).
ANDRÉ: (Al público) Hay días
en que despierto y no lo reconozco. Lo miro dormir y me pregunto si el Ben que
tengo al lado es el mismo que se quejó de la lámpara ayer. La realidad
parpadea. Somos unos ilusos que creemos ser los mismos todo el tiempo. Cada
instante somos alguien distinto: cada respiración, cada latido…
(Sonido de lluvia torrencial. El departamento se
desvanece).
ESCENA 3: La Llanta y la Lluvia
Mundo B. Llueve a cántaros. André está al lado de
su auto, con una llanta ponchada, empapado y furioso, pateando el neumático.
Ben pasa caminando con un paraguas amarillo.
BEN: ¿Necesitas ayuda,
vecino?
ANDRÉ: (Hostil) No. Ya llamé
al seguro. Dicen que tardarán dos horas porque el mundo se está hundiendo.
Vete, antes de que te salpique mi mala suerte.
BEN: (Sin inmutarse,
cierra el paraguas) El seguro no va a llegar. Dame la gata.
ANDRÉ: ¿La qué?
BEN: (Se agacha, empieza a
aflojar las tuercas con una habilidad que no parece suya) No voy a permitir que
mueras de una pulmonía galopante. Pásame la de repuesto, Maestro.
ANDRÉ: (Sorprendido por la
empatía brusca) ¿Los maestros no sabemos cambiar llantas, es lo que me quieres
decir? ¿O cómo supiste que soy maestro?
BEN: (Terminando de
cambiar la llanta, se levanta y se limpia las manos en el pantalón) Tienes cara
de maestro de Filosofía: "¿Por qué el auto se detiene si está hecho solo
para rodar?", "¿Por qué existen los autos y las personas?", "Si
no existiéramos, ¿cómo sería la nada?"… Si la nada existiera, sería algo…
entonces toda la existencia es un absurdo total. (Se miran. La hostilidad se
evapora).
ANDRÉ: Tú también eres un
filósofo, Ben. Gracias por ayudarme.
BEN: ¿Y eso?… ¿Te dije mi
nombre?
ANDRÉ: (Confundido) No lo
sé. ¿Sí te llamas Ben?
BEN: (Sonreirá) Benjamín,
se supone, sí. En este mundo, al menos.
ANDRÉ: (Ante el enrarecido
ambiente que se ha creado) Ya… este es el único mundo que conozco… creo. Yo me
llamo André.
ESCENA DE TRANSICIÓN: La Constelación
(Noche despejada. André y Ben están en una
terraza).
BEN: Qué noche. Mira el
cielo... clarito se ven las quince estrellas del Quimiceronte.
ANDRÉ: (Tenso) Yo solo veo
tres estrellas… tres. La muy famosa y conocida constelación "Los Tres
Reyes Magos".
BEN: (Extrañado) ¿Reyes y
magos? Mira… las alas del Quimiceronte casi tocan el cuerno de la luna.
ANDRÉ: (Se lleva las manos a
la cara) ¿El rinoceronte? ¿El cuerno de la luna?… Es luna llena, tarado. (Se
ríe, forzado) Se le llama "cuerno de la luna" cuando es menguante o
creciente.
BEN: (Lo abraza) No lo sé…
yo me refería al volcán.
ANDRÉ: (Susurra) Creo que
estás drogado sin haberte metido nada o… te estás volviendo loco. La luna es
una roca muy fría y no tiene, escúchame bien, no tiene volcanes.
BEN: ¿Ni un volcán
pequeñito?
ANDRÉ: Ni uno solo.
(Luz fría de lobby de teatro).
ESCENA 4: El Nudo en el Último Vagón (Mundo C)
(El escenario se convierte en el interior de un
vagón de metro. La luz es fría, intermitente. Se escucha el traqueteo sordo de
los rieles. Es el último tren de la noche. Ben y André están sentados en
extremos opuestos. El ambiente es onírico, pesado).
(Pasan varios segundos de silencio. Se miran.
Tardan en reaccionar, como si estuvieran despertando de una anestesia
profunda).
BEN: (Con voz ronca) No sé
por qué te me quedas viendo.
ANDRÉ: (Lentamente) No te
estaba viendo a ti… pensaba que no soy el único tarado al que se le ocurrió
viajar en metro a estas horas.
BEN: (Se acerca un poco,
la mirada turbia) Yo a ti te conozco…
ANDRÉ: (Se ríe, una risa
triste) Ese es el modo más trillado de ligar con alguien…
BEN: De antes. Te conozco
de antes… siento que éramos incluso amigos, al menos vecinos, o compañeros del
colegio.
ANDRÉ: Eso sí que puede ser…
tienes el aire de un compañero de clase al que siempre le quise hablar…
BEN: (Sacude la cabeza) ¿Y
por qué no lo hiciste? Perdiste la oportunidad de tu vida. Yo me bajo en la
siguiente.
ANDRÉ: (Fingiendo
indiferencia) No pienses que voy a bajar contigo. No te conozco de nada, nunca
fuimos compañeros de clase y este es un vagón de mierda.
BEN: (Se levanta cuando el
tren frena chirriando) Eso dices... vente conmigo, idiota.
ANDRÉ: En tus sueños,
imbécil.
(Se abren las puertas. Ben sale. André duda un
milisegundo y sale corriendo detrás de él. El vagón queda vacío).
ESCENA DE TRANSICIÓN: El Sueño de Mercurio
(Luz plateada, onírica).
ANDRÉ: Soñé que estábamos en
una playa. Pero el agua no era agua. Era un mar de mercurio.
BEN: Sí… era pesado.
Brillante. Con ese tono que solo el mercurio tiene… como de alquimista… no
hacía ruido al romper. Si te metías al mar… te convertías en estatua de oro.
ANDRÉ: Claro, en estatua sí,
seguro, seguro… ¿De oro? Lo dudo. Recuerdo que el cielo era color azul cobalto.
BEN: Y había una luna
pequeña al lado de la grande. Eran dos lunas.
ANDRÉ: Y estábamos
satisfechos de que las estrellas fueran las mismas, aunque tenían nombres
impronunciables.
BEN: Cariótida, Nemnósida,
Sáxila…
ANDRÉ: ¿Sí? ¡Vaya
nombrecitos de nerd!
(Museo de arte moderno. Luz ambiental).
ESCENA 5: La Sorpresa en el Museo
Mundo D. Ambos están en un museo de arte moderno
frente a un cuadro que es solo un lienzo en blanco llamado "El Vacío
Entrelazado".
ANDRÉ: (Para sí mismo) Es la
representación perfecta de la nada.
BEN: (A su lado) No es la
nada. Es un espejo. Si te fijas bien, en el centro hay un punto de color
mercurio que solo se ve si dejas de respirar.
ANDRÉ: (Lo mira) Sí, puedo
ver un punto de color mercurio, pero solo si entrecierro los ojos.
BEN: Sí, así funciona… eso
desata la función cuántica del lienzo… el mercurio tiene un brillo especial…
como alquímico, ¿no te parece?… puede convertirse en oro… Vamos a cerrar los
ojos y cuando los abramos el mercurio se habrá transformado en oro.
ANDRÉ: (Falsamente agresivo)
No… eso me parece como muy rarito…
BEN: (Él sí cierra los
ojos con fuerza y los abre rápidamente) Rompiste el encanto… el mercurio estuvo
a punto de transformarse en oro.
ANDRÉ: (André se lleva la
mano al pecho, siente un déjà vu que le corta el aliento). ¿Me dejas invitarte
un café? Siento que si te vas, este cuadro se borrará de mi memoria. Ven.
BEN: ¿Cómo sabes que me
llamo Ben?
ANDRÉ: No… no lo sabía. Te
dije "ven", de venir… ¿Vienes? Ben… Ven…
BEN: Voy… ¿Sabes?... Tú
tienes cara de Andrés.
ANDRÉ: Casi. André, así como
si fuera francés… ya sabes: el estilo…
BEN: Uf, ya no sé si sea
una buena idea salir contigo, pero vamos.
ESCENA DE TRANSICIÓN: Un encuentro en la librería
(Una librería llena de polvo).
ESCENA 6: La Librería (Mundo Posible E)
(Una librería de viejo, silenciosa y polvorienta.
BEN está tras el mostrador, pero no está trabajando; tiene un pequeño tablero
de ajedrez frente a él y consulta una aplicación en su celular, sumido en una
concentración feroz. ANDRÉ entra, camina por los pasillos sin mirar los libros,
sus ojos están fijos en BEN. Se acerca al mostrador).
ANDRÉ: ¿Estás jugando
ajedrez contigo mismo?
BEN: (Sin levantar la
vista, con un tono cortante) ¿Y a ti qué te importa? ¿Vas a comprar un libro o
solo vienes a hacer preguntas estúpidas?
ANDRÉ: (Ofendido, retrocede
un paso) Oye, no tienes que ser tan descortés. Solo trataba de ser amable.
BEN: (Imitándolo con
burla) "¿Descortés?"... ¿Qué eres, del siglo diecinueve? ¿Qué sigue?
¿Me vas a retar a un duelo al amanecer?
ANDRÉ: (Se queda callado,
mirándolo fijamente. De pronto, se tapa la boca con la mano, sus ojos se abren
de par en par) ¡Espera! Yo te conozco.
BEN: (Suspira, fastidiado)
Aquí vamos de nuevo... ¿Por qué este karma me persigue? ¡Dios mío, qué hice mal
en otras vidas!
ANDRÉ: No, en serio. Saliste
en la película Cien tomos de Ponson du Terrail… Tú eras Rocambole.
BEN: (Se detiene en seco.
Levanta la vista por primera vez y lo mira con una mezcla de horror y respeto)
Ya no me acordaba de ese pomposo nombre… quién se puede llamar Ponson en este
mundo… Ponson du Terrail… ¿Lo pronuncio bien? Ponson… blablablá… Bueno, ya me
hiciste el día, amigo… (Pausa corta, lo escanea de arriba abajo) Tal vez no
seas tan idiota.
ANDRÉ: (Con una sonrisa
tímida que le quita diez años de encima) No lo soy. O al menos, no hoy. Oye...
¿te gustaría... (vacila) se dice tomar un helado o comer un helado?
BEN: (Esboza una sonrisa
de lado, cerrando la aplicación de ajedrez) Qué más da. Ya, pues, ¿te gustaría
un helado?
ANDRÉ: Me encantaría. Yo
quiero uno de frambuesa...
BEN: ...y chocolate.
ANDRÉ: (Atónito) ¿Cómo lo
sabías?
BEN: (Recogiendo sus
cosas, con una familiaridad que lo asusta a él mismo) Eres predecible... no
dije aburrido, ¿eh? Vamos. Yo voy a pedir uno de chocolate con frambuesa… o
mejor uno de frambuesa y chocolate, ¿te parece?
ANDRÉ: (Jugando) Camina,
Ponson.
BEN: (Con sorna) Ja, ja,
ja.
ESCENA FINAL: El Camping de Mercurio
(Estamos en una tienda de camping abierta. Se ve el
horizonte. El mar es de un color mercurio denso, el cielo es de un azul oscuro,
profundo. La luna brilla con un relieve volcánico que parece un cuerno. Hay una
segunda luna que tiene una curiosa manera de orbitar alrededor de la luna
grande).
ANDRÉ: (Satisfecho) Las
estrellas... ahí están. Los Tres Reyes, el Quimiceronte... ¿y qué más?
BEN: Cariótida, Nemnósida,
Sáxila…
ANDRÉ: Tu madre… Ja, ja…
Bueno… las estrellas son espectaculares. No importan los nombres. Es
maravilloso pensar que se están incendiando cada una de ellas y que las podemos
ver a millones y millones de años luz.
BEN: (Tomado de su mano,
sonríe) Claro, pero mira lo que tenemos enfrente y no a millones de años luz…
este mar de mercurio es tan pacífico. ¿Y ves qué oscuro es el azul de la luna?
Por eso es motivo de creación para todos los poetas y cantantes de blues.
ANDRÉ: (Lo mira con una
conexión entrañable) Tú podrías ser poeta si no dijeras tantas tonterías.
BEN: ¿Te das cuenta?
Siempre terminamos en la misma playa. Una playa desierta y una luna azul… y la
luna de la luna.
ANDRÉ: La misma playa,
siempre la misma playa. Siempre.
(Se miran, sonríen. El resplandor de la luna azul
inunda el escenario mientras se toman de la mano).
FIN.
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