“Una de Fantasmas”
ENTREMÉS DE LOS VICIOS
OCULTOS Y LA CASA ENCANTADA
Por Benjamín Gavarre
© INDAUTOR
Contacto: bengavarre@gmail.com
gavarreunam@gmail.com
Introducción: El
Purgatorio de las Apariencias
Bienvenidos a este Entremés
de los Vicios Ocultos, una pieza de humor escrita al estilo del Siglo de Oro,
donde la risa nace de la vanidad humana y la muerte no es más que el principio
de una juerga eterna.
El Argumento
"Para el Lector con Prisa"
La historia nos sitúa
en una casona antigua que ha sido comprada por Don Pantaleón (un indiano que
volvió rico de las Américas) y su remilgada esposa, Doña Gliceria. Ambos están
obsesionados con la limpieza, la nobleza y "borrar el pasado" de la
casa, que en sus tiempos fue un lupanar de gran lujo.
El conflicto es doble:
1. Viejos contra Nuevos: Los fantasmas de la
casa (Doña Polixena, la antigua matrona, y el gallardo Lorenzo) no están
dispuestos a que estos nuevos ricos destruyan el espíritu del lugar con sus
"modernidades".
2. El Gran Secreto: Pantaleón y Gliceria no
saben que están muertos. Fallecieron por un exceso de calor en la tina de baños
termales, pero su ego es tan grande que siguen comportándose como si fueran los
dueños vivos de la propiedad.
Guía de Personajes
(¿Quién es quién?)
|
Personaje |
Su Rol en la Obra |
Su Pecado |
|
Don Pantaleón |
El nuevo dueño. |
La soberbia de creer
que el oro compra la hidalguía. |
|
Doña Gliceria |
La esposa
melindrosa. |
El asco hacia todo
lo que considera "vulgar". |
|
Doña Polixena |
Fantasma y antigua
Madame. |
El orgullo de su
pasado alegre y pecador. |
|
Lorenzo |
Fantasma y hortelano
galán. |
La impaciencia ante
la estupidez de los vivos. |
|
Escribano |
El intermediario
corrupto. |
La codicia de querer
cobrar comisión hasta a los espectros. |
|
Doña Cataleja |
La viuda compradora. |
La devoción excesiva
hacia su perrillo Boris. |
Lo que el lector debe
saber...
En esta obra, el humor
no se grita, se desliza. Las situaciones de slapstick (golpes, tirones
de pelo invisibles y zumbidos de mosquitos) sirven para que los protagonistas
despierten de su engaño.
Al final, la obra nos
deja una lección muy barroca: La muerte nos iguala a todos, pero si hemos de
pasar la eternidad como fantasmas, mejor hacerlo con una buena copa de vino en
la mano y rodeados de amigos, aunque sean unos "vicios ocultos" del
pasado.
Personajes:
- DON PANTALEÓN: Un indiano que ha vuelto de las Américas con
más oro que juicio.
- DOÑA GLICERIA: Su esposa, mujer de melindres y aires de
grandeza.
- DOÑA POLIXENA: Sombra de la antigua matrona de la casa.
- LORENZO: Hortelano de buen ver, sombra de pasados
amores.
- EL ESCRIBANO: Hombre de leyes, más amigo de la bolsa que de
la justicia.
- DOÑA CATALEJA: Viuda devota de sus perrillos falderos.
ESCENA ÚNICA
(La escena representa una sala de una casa antigua,
despojada de tapices por el gusto "moderno" de los nuevos dueños.
Entra DON PANTALEÓN con un pliego de papel.)
PANTALEÓN: ¡Válgame
el cielo con la villanía de estos barrios! Dicen que si compro casa de abolengo
soy un tirano, cuando lo que hago es limpiar la mugre de estos rincones. ¡Si
tengo doblones, haré de este lupanar un palacio y me importará un bledo el
linaje de los vecinos!
POLIXENA:
(Sentada en una silla de madera, invisible para él) ¡Ay, Don Pantaleón, que el
dinero no da la hidalguía! Por esta casa pasaron condes y pícaros, y mis mozas
a todos servían sin preguntar si el oro venía de las Indias o de un robo de
caminos.
PANTALEÓN:
(Olfateando) ¿A qué huele esta estancia? Juraría que a violetas y a mujer de
mal vivir...
GLICERIA:
(Entra con un plato de hortalizas crudas) No digáis eso, esposo, que el aroma
de violetas es de gente de poco más o menos. Yo solo permito el olor a aire
puro y a agua de rosas destilada. (Mira su plato). Y no me habléis de carnes,
que para ser noble hay que ser etérea y vivir de la contemplación de un rábano.
POLIXENA: (Le
arrebata el rábano invisiblemente) ¡Paparruchas! Aquí se comían faisanes y se
bebía vino de Jerez, antes de que llegarais vosotros con vuestra dieta de monje
y vuestra cara de cuaresma.
PANTALEÓN:
(Inquieto) ¿Habéis oído, Gliceria? Como un murmullo de faldas... Siento que mil
ojos de villanos me miran por las grietas. Pondré un muro de cal y canto que
tape la fachada, para no ver a la canalla que nos envidia.
GLICERIA:
¡Cierto es! Que desde que entramos, no he tenido gana de yantar ni sueño que me
rinda. Es esta casa, que nos tiene embelesados.
(Entra LORENZO, el hortelano fantasma, con una
azada al hombro y el pecho descubierto.)
LORENZO: (A
Polixena) ¡Cuerpo de tal, Polixena! ¿Aún no se han ido estos dos? Pensé que el
golpe de calor que les dio en la tina de las aguas termales les habría mandado
derechitos al Purgatorio.
PANTALEÓN:
(Señalando a la nada) ¡Ahí! ¡Siento un frío de tumba y un olor a tierra mojada!
¡Escribano! ¡Llamad al Escribano!
(Entra el ESCRIBANO con DOÑA CATALEJA, que trae un
perrillo de trapo.)
ESCRIBANO:
¡Calma, Don Pantaleón! Que traigo a Doña Cataleja, interesada en vuestra
propiedad. Dice que la casa tiene "espíritus", y ella, que es viuda
de tres maridos, sabe mucho de tratos con el más allá.
CATALEJA:
(Persignándose) ¡Jesús mil veces! Boris, mi perrillo, está erizado como un gato
ante un ratón. Aquí hay sombras, Escribano, sombras con calzones de seda.
POLIXENA: (A
Lorenzo) ¡A ellos, Lorenzo! ¡Hagamos que esta gente de bien pierda la
compostura!
(LORENZO empieza a zumbar como un tábano en la
oreja del ESCRIBANO: "¡Bzzzz! ¡Bzzzz!". DOÑA GLICERIA empieza a notar
que le tiran de los moños.)
ESCRIBANO:
(Dándose manotazos) ¡Voto a tal, que hay mosquitos del tamaño de gorriones!
CATALEJA: ¡Y
a mí me pican las pantorrillas! ¡Socorro, que me desuellan los duendes!
PANTALEÓN:
(Mirándose las manos) ¡Un momento! Escribano... ¿por qué mis manos son
transparentes como un cristal de Murano? ¿Por qué no siento el peso de mis
propios doblones?
LORENZO:
(Riendo a carcajadas) ¡Porque estáis muerto, Don Pantaleón! Os quedasteis frito
en el baño de vapor por puro descuido de vuestra avaricia. ¡Mirad vuestro
propio entierro por la ventana, que ya pasan los monjes cantando el réquiem!
PANTALEÓN Y GLICERIA: (Al unísono) ¡Cielo santo! ¡Somos espectros y no
nos habíamos dado cuenta por andar pensando en la fachada!
ESCRIBANO:
(Aterrorizado al verlos aparecer como sombras) ¡Fantasmas! ¡Fantasmas deudores!
¡Huyamos, Doña Cataleja, que aquí no hay comisión que valga!
POLIXENA: ¡No
tan rápido! Antes de irse, hagamos el baile del "Omino Omini", para
ver si San Pedro nos abre la puerta por compasión.
(Todos se toman de las manos y dan vueltas en un
baile frenético y ridículo.)
TODOS:
¡Omino, omini, que la casa se cierre!
¡Que el vivo se espante y el muerto se encierre!
¡Si no hay visa al cielo por falta de plata,
nos quedamos todos en esta alcubilla barata!
(Suena una explosión de pólvora y se hace un
oscuro. Al volver la luz, entran el ESCRIBANO y CATALEJA, ahora vestidos de
fantasmas, con los cabellos alborotados.)
ESCRIBANO:
(Con flema) Bueno... ya que no hay cielo para los que cobramos de más, ¿a qué
hora servís ese vino de Jerez, Doña Polixena?
CATALEJA: ¡Y
que sea pronto, que Boris tiene ganas de ladrarle a la eternidad!
POLIXENA:
(Sirviendo copas invisibles) ¡Salud, señores! Que en esta casa, el que entra
rico, sale muerto... ¡pero siempre sale bien bebido!
(Bailan todos una jácara alegre mientras cae el
telón.)
FIN.
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