Hipólito y Fedra en el infierno
Por GAVARRE BENJAMIN
© BENJAMÍN GAVARRE SILVA
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Personajes
- HIPÓLITO: Un príncipe griego convertido en sombra.
Cansado, cínico y atrapado en los restos de su propia leyenda. Viste una
túnica de utilería desgastada.
- FEDRA: Su madrastra y amante eterna. Ataviada
en un terciopelo raído, busca en el tedio un rastro de su antigua pasión
incendiaria.
- SANTIAGO: Un joven del mundo exterior. Vivo,
impulsivo y absolutamente ajeno a las sombras que lo rodean.
- VALENTINA: Una joven del mundo
exterior. Comparte con Santiago un refugio de carne y hueso en medio de
las ruinas del teatro.
(Escenario en penumbra. HIPÓLITO está sentado en el borde del proscenio.
FEDRA, tras él, acaricia sus hombros. La atmósfera es de una calma sólida,
polvorienta, asfixiante).
FEDRA ¿Lo oyes?
HIPÓLITO (Sin mirarla) ¿El qué?
FEDRA El silencio. No es el silencio de la noche
antigua; aquel tenía grillos y el rumor del mar contra las rocas. Este silencio
tiene polvo. Huele a madera vieja y a esperas.
HIPÓLITO (Se gira y toma la mano de Fedra,
besándola con devoción cansada) He dejado de buscar el mar, Fedra. He
dejado de buscar la sombra de mi padre en los pasillos de este teatro. He
sucumbido a ti, y en este abrazo perdí el mapa del mundo. ¿Quién era Teseo?
¿Quién era mi madre, la Amazona? Solo queda el peso de tu terciopelo contra mi
piel.
FEDRA ¿Te das cuenta del ridículo, Hipólito? Nos
perseguimos por los pasillos de la historia como si nuestra piel fuera un
incendio prohibido, solo para descubrir que no compartimos ni una gota de
sangre. Fuimos una tragedia por falta de un acta de nacimiento.
HIPÓLITO El horror nos mantenía jóvenes. Ahora que
somos libres de amarnos, somos dos fantasmas peleando para no desaparecer de
puro tedio.
FEDRA (Con angustia contenida) ¿Somos dos
viejos jubilados? ¿Quiénes somos si ya no tenemos laberinto? No hay Minotauro,
no hay culpa. Somos dos extraños que solo se reconocen cuando se apaga la luz.
Te quiero, Hipólito, con una paz que me aterra. El silencio es el infierno más
puntual.
HIPÓLITO (Se levanta y la abraza) Cada noche
renacemos. Nos deseamos, nos consumimos... y luego esperamos. Esperamos volver
a un lugar que ya no existe. Este limbo me convence de que ya no somos: nadie
nos busca, nadie nos recuerda. Estiramos las horas hasta que el tiempo muere de
asco.
FEDRA ¿Has probado el polvo, Hipólito? Sabe
distinto al del palacio. Aquel sabía a sal y a caballo. Este sabe a olvido. A
papel deshecho. A ese "afuera" que es nuestro nuevo y vedado
laberinto.
HIPÓLITO El sabor del tiempo se nos pega a la lengua.
Ya no somos una maldición, ni siquiera un escándalo. Somos este silencio que
nadie interrumpe.
FEDRA (Con ironía amarga) Y pensar que
Artemisa esperaba de ti una devoción eterna. Qué absurda es la castidad cuando
se tienen mil años para contemplarla. Tu diosa de mármol nos abandonó en la
primera esquina de la historia.
HIPÓLITO Eres mi madrastra y mi amante. Eres el cuerpo
que mi padre cubrió con su figura de héroe pudoroso. Teseo nunca te tocó,
¿verdad? Te tenía como una esposa de adorno mientras tú morías por mi imagen,
una versión joven y apetecible de él mismo. Teseo te desechó, yo te rechacé...
y al final, el olvido ganó. Ahora Teseo es una pintura en la pared que se
borra. Un desecho.
FEDRA Tú, pequeño y casto objeto del deseo de hace
milenios... Quisiera mandarte torturar solo para comprobar que tus muslos de
mármol todavía tienen sangre.
HIPÓLITO No sé si quiero besarte o asfixiarte. Supongo
que eso es el amor después de tres mil años: la indecisión entre el crimen y la
caricia. El deseo ganó por cansancio, no por gloria. Nos entregamos porque no
quedaba nadie más a quien rendir cuentas. Sin leyes, sin el peso de ese
"incesto" que los hombres inventaron para no aceptar que el cuerpo no
entiende de árboles genealógicos. Solo compartimos este naufragio.
FEDRA (Acariciando la tapa de un viejo baúl de
utilería) Mi madre Pasífae tenía razón: el deseo es una fiera blanca que no
sabe de parentescos. Ella se entregó a un toro porque el toro no juzgaba su
locura. Yo me entregué a ti porque eras lo único vivo en una corte de hombres
de piedra. Tu padre mató al Minotauro, pero se convirtió en un laberinto mucho
más oscuro.
HIPÓLITO Hablamos de él como si todavía estuviera en
la habitación de al lado. Y solo es eco. A veces desearía una de nuestras
viejas peleas. Tu acusación, su furia, los caballos desbocados... Cualquier
cosa con tal de sentir que el destino todavía nos presta atención.
FEDRA Ya no eres el jinete de la castidad. Eres una
presencia fantasmal en un teatro donde las ratas tienen más vida que nosotros.
Somos personajes de un libro olvidado, el recuerdo de un mal ensayo de un autor
tedioso. No somos hijos de Dios, eso es seguro.
HIPÓLITO (Riendo entre dientes) La castidad era
un lujo que me alejaba del basurero del mundo. Ahora vivimos en un basurero de
muebles desgastados. Me acuesto contigo para hacer cualquier cosa. ¿Y de qué
hablaremos mañana? ¿De las sombras de las ratas? ¿Del guarda que nos pasa su
linterna sorda y no nos ve porque es un imbécil?
(Entra una pareja de jóvenes, SANTIAGO y VALENTINA. Sin decir palabra,
se meten en una cama vieja de utilería cubierta por jirones de gasa).
FEDRA (Sin que ellos la oigan) Escúchalos.
Son los nuevos habitantes. No tienen hilos, ni laberintos, ni dioses. Solo
temen al guarda que huele a tabaco.
HIPÓLITO (Mirando a través de las telas con
envidia) Se tocan como si fuera la primera vez que se inventa la piel. Qué
frescura la de su pecado. Es tan... pequeño. Tan real.
SANTIAGO (Desde la cama) ¿Sentiste eso,
Valentina? Me dio un escalofrío que tendrás que curarme a besos.
VALENTINA Yo también sentí algo... pero son fantasmas
buenos. Estamos protegidos en esta cama. Si alguien quiere unirse, lo
expulsaremos con nuestra pasión. Solo nosotros dos.
FEDRA Inocentes. Creen que el amor es un espacio
sin drama. No saben que en esa cama han pasado generaciones de amantes. Cuánta
promiscuidad.
HIPÓLITO Este teatro es un burdel dorado. Una ruina
para ensayos sin estreno ni público. No hay aplausos, solo amantes que siempre
creen ser los primeros en descubrir la noche.
FEDRA Representamos una comedia donde nunca moriste
en el carruaje y yo nunca me colgué de una viga. Si no morimos... ¿por qué no
podemos salir?
HIPÓLITO Tenemos que culpar a alguien por seguir
viviendo. Que entre la luz y nos destruya. Un incendio sería una distracción
hermosa.
(Se escucha el ruido de sirenas y ambulancias de la ciudad moderna. El
sonido crece).
HIPÓLITO ¿Lo oyes? El incendio ha sido convocado. Esas
son las bestias furiosas que vienen a devorarlos.
FEDRA El fuego acabará con ellos. El guarda se ha
dormido con el cigarrillo en la boca. Siento el calor...
(Sonido de cristales rotos y gritos lejanos).
HIPÓLITO Son los nuevos habitantes. Su laberinto es de
concreto. Y sin embargo, se desean con la misma fuerza con la que tú me mirabas
en el bosque.
FEDRA Me dan ganas de abrir esas cortinas y
gritarles que el tiempo se los va a comer. Que el fuego los dejará hechos
ceniza y un día serán como nosotros: dos amantes castos por aburrimiento,
discutiendo sobre padres que ya nadie recuerda. Serán dos cuerpos consumidos
por la negligencia de un idiota. Tendríamos que avisarles...
HIPÓLITO No lo hagas. Mira cómo ella le toma la cara.
Es el mismo gesto que hiciste tú cuando Teseo se fue a su última guerra
aburrida.
FEDRA (Se sienta en el borde de la cama de los
jóvenes, sintiendo el calor) Es extraño. Su deseo me calienta los huesos.
Por un momento, olvido que soy una sombra.
HIPÓLITO (Se arrodilla a su lado, dejando su lanza
de utilería en el suelo) El fuego nos presta su calor y nosotros les
prestaremos nuestra memoria.
FEDRA ¿Y después? ¿Seremos como Teseo? ¿Una
estatua?
HIPÓLITO (Con una sonrisa triste) Teseo está en
un jardín de un museo que ya no tiene visitantes. Nosotros seguiremos aquí.
Vivos por reflejo. Escucha... las sirenas se alejan. El incendio era en el
edificio de al lado. Otra vez nos hemos quedado con las ganas de arder.
FEDRA Bésame, Hipólito. Antes de que el guarda
encienda las luces de trabajo y volvamos a ser solo dos nombres en una
enciclopedia que nadie abre.
(Hipólito se inclina y besa a Fedra. Es un beso lento, ceremonial. En la
cama, se oyen los suspiros finales de los jóvenes. La luz del escenario se
vuelve azul, luego violeta, hasta que solo queda el contorno del baúl en el
centro).
OSCURIDAD LENTA
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