"No es polvo, no
es sombra:
Es Siempre"
Por GAVARRE BENJAMIN
© INDAUTOR
Cd. De México
© BENJAMÍN GAVARRE SILVA
Contact: bengavarre@gmail.com
gavarreunam@gmail.com
GÉNERO: Terror Gótico / Drama
Histórico
ÉPOCA: Finales del Siglo
XVIII (Nueva España)
LOCALIZACIÓN: Un
palacete barroco en el centro de la Ciudad de México.
DRAMATIS PERSONAE
DOÑA LEONOR DE NAVARRA (50s): Marquesa viuda. Una mujer que es puro
mármol y luto. Su piedad religiosa es un muro construido para contener un
pecado de juventud. Es la única que comprende la magnitud del horror que ha
entrado en su casa.
SARA (19): Su hija. Al
inicio, una joven de seda y ensueño. A medida que avanza la obra, se convierte
en un "vaso vacío", una presencia gélida y mecánica que sirve de
heraldo para el Caballero.
CÉSAR (21): El hijo.
Arrogante, voluble y desesperado por ejercer una autoridad que no le pertenece.
Su sangre es el puente entre el pasado y el presente; es el
"bastardo" que ignora su origen hasta que es demasiado tarde.
EL DUQUE DE CÓRDOBA (30s): Un noble pragmático, representante de la
Ilustración que llega tarde a una casa donde las sombras aún dictan las leyes.
Su escepticismo se desmorona ante lo imposible.
MANUELA (40s): Criada mulata.
Es la voz de la intuición y el sincretismo. Sus rezos en náhuatl y español son
la única defensa (infructuosa) contra la mancha que crece en el salón.
EL CABALLERO DE TOLEDO (El Cuadro): Una entidad de óleo y odio. Su
presencia es estática pero dominante. No es solo un retrato; es un depredador
que aguarda.
ACTO I: LA LLEGADA
ESCENA 1
INT. PALACETE - SALÓN PRINCIPAL - DÍA
Un salón de techos altísimos, devorado por la
penumbra. El aire está denso, saturado de incienso y el olor rancio de la
humedad que sube de los cimientos. Sobre la chimenea, una mancha de sombra
marca el lugar donde colgarán el cuadro. Varios mozos, con el rostro perlado de
sudor y un miedo instintivo, terminan de izar un lienzo colosal cubierto por un
terciopelo rojo, tan viejo que parece sangre seca.
CÉSAR observa con una copa en la mano. Su elegancia es rígida, casi
nerviosa.
CÉSAR
¿Otro regalo anónimo? Esta casa se está
convirtiendo en un depósito de caridades, madre. Si el remitente busca el favor
de SARA, debería haber enviado flores, no este bulto que
huele a cripta. Desautorizo que se quede aquí.
DOÑA LEONOR no lo mira. Sus dedos, entrelazados en un rosario
de plata, están blancos por la presión.
LEONOR
(Voz de ceniza)
Llama a tu hermana, CÉSAR.
MANUELA, la criada, asoma
desde la sombra de un pasillo. No entra al salón. Se queda en el umbral,
haciendo una señal de protección con los dedos.
MANUELA
Señora... los mozos dicen que el cuadro pesa más de
lo que debería. Dicen que el aire se vuelve frío cuando lo tocan. No es buena
ventura colgar lo desconocido en el corazón de la casa.
CÉSAR
(Irritado, ocultando un escalofrío) ¡Tonterías de cocina! El peso es el marco, y el
frío es la piedra de este salón. Manuela, deja de
sembrar cizaña y busca a mi hermana.
Entra SARA. Su vestido de seda clara es lo
único brillante en la estancia. Se acerca al cuadro con una curiosidad que
bordea la hipnosis.
SARA
Parece que... tiene vida. ¿Es para mí, madre?
CÉSAR, en un arrebato de
soberbia para demostrar quién manda, tira del terciopelo. La tela cae con un
susurro pesado.
ESCENA 2
EL CUADRO.
El Caballero de TOLEDO. Es un hombre de una
belleza gélida. Sus ojos oscuros tienen una profundidad imposible, como si el
óleo fuera agua estancada. La sonrisa es apenas un pliegue de desprecio.
SARA
(En un susurro) Me
estaba esperando.
CÉSAR
(Tratando de reír) Es... una pieza magnífica. Mirad esa compostura.
Algún noble español ha querido recordarnos nuestra estirpe. Manuela, ¿qué miras con ese rostro de espanto? Es solo
pintura y aceite.
MANUELA
(Aterrada) Sus ojos... Doñita,
el caballero ha parpadeado. Lo juro por la Virgen.
CÉSAR
Es un truco de luz, mujer ignorante. Se llama
claroscuro. Se diseña para engañar a los ojos simples. Pero...
Se interrumpe. Mira a su madre. LEONOR es una estatua de sal. El rosario se rompe en su mano y las
cuentas de madera caen al suelo como granizo.
LEONOR
(Sin voz) Quitadlo. Llevadlo al
sótano. Tapadlo con ceniza.
CÉSAR
¡De ninguna manera! Es el mejor adorno que ha visto
este salón. SARA, dinos, ¿te asusta este hidalgo de TOLEDO?
SARA
(Sin apartar la vista del lienzo) No. No me asusta. Me reconoce.
ACTO II: LA INFECCIÓN
ESCENA 3
INT. SALÓN PRINCIPAL - NOCHE
La luna entra por el tragaluz, bañando el cuadro.
El Caballero parece más joven, más vivo bajo la luz plateada. MANUELA entra para apagar las últimas velas. Camina pegada a la pared
opuesta. Al llegar frente al cuadro, se detiene por una fuerza invisible. Su
respiración se agita. Vemos, desde su perspectiva, que el Caballero parece
haber inclinado levemente la cabeza hacia ella.
MANUELA
(Murmurando en náhuatl y español) In tloque in nahuaque... Sangre de Cristo... vete,
sombra. Vuelve a tu tierra de aceite.
De pronto, el silencio se rompe con un chasquido:
el sonido de un marco de madera que cruje bajo una presión enorme. Manuela huye, dejando caer el apagavelas.
ESCENA 4
INT. SALÓN PRINCIPAL - OTRA NOCHE
SARA está frente al
cuadro. Viste su camisa de dormir, su cabello desatado como una catarata
oscura. No hay rastro de la joven ingenua; su rostro es una máscara de devoción
absoluta. Lentamente, se inclina y apoya la mejilla contra el rostro frío y
pintado del Caballero. Extiende la mano y toca los labios del hombre. Al
retirar los dedos, están manchados con un aceite negro brillante. Se lleva los
dedos a la boca, saboreando el aceite como si fuera un sacramento.
SARA
(Un suspiro que hiela la sangre) — Siempre.
ESCENA 5
INT. BIBLIOTECA - DÍA
CÉSAR y el DUQUE DE
CÓRDOBA. CÉSAR bebe con ansiedad; tiene ojeras profundas.
DUQUE DE CÓRDOBA
Es extraño, CÉSAR. Vuestra
hermana ha declinado tres invitaciones. Dicen que apenas come, que se pasa las
horas conversando con una pared en el salón.
CÉSAR
(Agresivo) Fantasías de mujer.
Está fascinada con ese cuadro, eso es todo. Dice que el Caballero le cuenta
historias de la corte... detalles que ella no podría saber. Cosas sobre...
ejecuciones secretas y lechos manchados.
DUQUE DE CÓRDOBA
Eso no es fascinación, es delirio. Deberíais quemar
esa tela.
Aparece SARA en el umbral. Su palidez es
cadavérica, pero su mirada es de una intensidad feroz.
SARA
El fuego no quema la verdad, Duque. Solo la purifica.
CÉSAR
SARA, vuelve a tus
aposentos. No estamos para juegos.
SARA
(Camina hacia CÉSAR con una lentitud
antinatural) Él me ha hablado de
ti, "hermano". Dice que el apellido Navarra te queda grande. Dice que
las raíces de esta casa no son de nobleza, sino de traición... y que la sangre
que corre por tus venas no es la misma que la del hombre que murió en aquella
cama.
CÉSAR
(Pálido de ira)
¡Calla, loca!
SARA
(Cerca de su oído, con voz gélida) Tiemblas, CÉSAR. ¿Es miedo...
o es que el instinto del bastardo reconoce la voz de su verdadero dueño?
SARA sale. El Duque
y CÉSAR quedan en un silencio sepulcral.
ACTO III: EL
SACRIFICIO Y LA REVELACIÓN
ESCENA 6
INT. SALÓN DEL RETRATO - NOCHE
CÉSAR entra con una
antorcha y un puñal. El alcohol le da una falsa valentía.
CÉSAR
(Gritando al cuadro) ¡Sal de ahí! ¡Deja de envenenar el aire! ¡Si eres
un hombre, lucha; si eres un demonio, arde!
Se lanza contra el cuadro. En el momento en que el
acero va a rasgar el lienzo, la llama de su antorcha se vuelve azul y se apaga.
Solo queda la luz de la luna. CÉSAR se detiene en seco. Su sombra
en la pared comienza a moverse sola. La sombra de la mano del Caballero sale
del marco de la sombra y rodea el cuello de la sombra de CÉSAR. En el mundo real, CÉSAR suelta el puñal y se lleva las
manos al cuello. Sus pies se elevan del suelo unos centímetros. No hay gritos,
solo el sonido de huesos que crujen bajo una presión invisible.
SARA aparece. Mira la
escena con una paz aterradora.
SARA
Él dice que el acero no puede herir a quien ya es
eterno, CÉSAR. La sangre, siempre...
CÉSAR cae muerto. Sus ojos,
abiertos, reflejan el cuadro.
ESCENA 7
INT. SALÓN - MADRUGADA
El cadáver de CÉSAR preside la mesa. LEONOR solloza, pero no por tristeza,
sino por un terror antiguo que ha vuelto a casa. El DUQUE intenta buscar una lógica
médica, pero sus manos tiemblan.
LEONOR
Es el pago. Él ha venido por lo que le pertenece. CÉSAR era su reflejo... el fruto de un pecado que
cometí en TOLEDO antes de venir a estas tierras.
Entra SARA. Viste un traje de terciopelo
oscuro, masculino, de corte antiguo. Su postura es marcial, su voz ha perdido
toda vibración femenina, volviéndose un eco seco.
SARA
(Con la cadencia de un noble del siglo XVII) ¿Lloráis por la paja que el viento se lleva, LEONOR?
LEONOR
(Aterrada) ¡Tú no eres mi hija!
¡Suelta su cuerpo, monstruo!
SARA
Vuestra hija era un vaso vacío. Yo solo lo he
llenado.
ESCENA 8
EL CLÍMAX.
SARA se abalanza sobre el Duque
con una velocidad que el ojo apenas sigue. Emite un siseo frío. Los lacayos
huyen. El Duque cae al suelo, paralizado por el horror. LEONOR se levanta. Saca una daga que ocultaba en sus ropas. Camina hacia
el cuadro, no hacia SARA.
LEONOR
¡A mí! ¡Mírame a mí, sombra de mi desgracia! Yo fui
quien rompió el juramento. ¡Toma el origen y deja el fruto!
LEONOR se clava el puñal en
el pecho frente al lienzo. Su sangre salpica el rostro del Caballero. El efecto
es eléctrico: SARA se desploma como si le hubieran
cortado los hilos a una marioneta. El cuadro empieza a absorber la sangre. El
rojo se torna negro y el rostro del Caballero comienza a desdibujarse,
hundiéndose de nuevo en la oscuridad del óleo.
LEONOR
(Muriendo, acariciando el rostro de SARA) Vuelve... vuelve a ser tú...
EPÍLOGO
INT. SALÓN DEL RETRATO - SEIS MESES DESPUÉS
El salón está limpio. Un espejo de marco dorado
ocupa el lugar del cuadro. El DUQUE DE CÓRDOBA y SARA están frente a él. SARA se ve recuperada, hermosa, pero
tiene los ojos rotos.
DUQUE DE CÓRDOBA
La pesadilla ha pasado, SARA.
El fuego consumió aquel lienzo infecto. Al fin podemos vivir.
SARA
(Con una sonrisa perfecta y gélida) Tenéis razón, Duque. El fuego
quema el lienzo... pero la sangre... la sangre siempre encuentra el camino de
vuelta a casa.
SARA sale del salón. El Duque
se queda frente al espejo. Se ajusta el cuello de la camisa. De pronto, se
detiene. En el espejo, su propio reflejo comienza a palidecer. Detrás de él, en
el reflejo de la pared vacía, la mancha del cuadro comienza a brotar de nuevo,
como una humedad negra. Y en el centro de la mancha, los ojos del Caballero se
abren y miran directamente a la nuca del Duque.
VOZ EN OFF
(Un susurro doble: SARA y el Caballero) — Bienvenido a la familia.
TELÓN LENTO.
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