EL MATRIMONIO IMPOSIBLE
(O un suceso completamente deshidratante).
Original de Benjamín Gavarre
correo: bengavarre@gmail.com
PERSONAJES:
·
RÓMULO (30 años): Clarinetista de la Sinfónica de la UAM. Sofisticado, terriblemente
flojo los domingos. Viste impecable en sus delirios pero arrastra una
misteriosa y severa deshidratación en el mundo real. Tiene un pánico clínico al
compromiso y a su madre.
·
BEBA (50 y tantos): Su madre. Escaladora social con residencia fija en la colonia Del
Valle. Metiche, interesada, con pánico atroz a quedarse atrapada en la medianía
socioeconómica. Camina como si estuviera permanentemente en un cóctel de
Polanco.
·
CATALINA (20 y tantos): La candidata. Millonaria de "dinero viejo". Práctica,
elegante, tajante y con una sutil pero entera, orgánica y aterradora vena
posesiva de alta alcurnia.
·
GUMARO (Edad indefinida): El chofer de Catalina. Un gigante mudo de rostro imperturbable.
Funciona como una barrera física e inevitable del destino. (Aparece en los
bucles más avanzados).
NOTA DE PRODUCCIÓN Y PROPUESTA ESCENOGRÁFICA (FARSA MINIMALISTA)
Para mantener la naturaleza ágil, rítmica y surrealista del bucle, la
escenografía debe apelar a la convención fársica del "menos es más",
privilegiando la estimulación de la imaginación del público mediante recursos
simples de alto impacto visual:
·
El Espacio Multifuncional (Los Biombos): El departamento de la Del Valle no requiere paredes reales. Se resuelve
con tres biombos de doble vista sobre ruedas o telones cortos transitables. De
un lado muestran un papel tapiz setentero y deprimente (la realidad del
domingo); del otro lado, texturas abstractas de color azul y plata que giran
para las transiciones oníricas.
·
El Telón de Fondo (Teatro de Sombras): Al fondo del escenario se ubica una gran pantalla de manta blanca
iluminada desde atrás (retroiluminación). Durante las Escenas III y V, este
espacio funciona como un teatro de sombras donde los técnicos operan siluetas
de barquitos de papel a diferentes escalas, creando un efecto tridimensional de
profundidad marina y delirio geométrico.
·
Contraste de Utilería (Lo Bidimensional vs. Lo
Real): Mientras el entorno es abstracto, ciertos objetos clave irrumpen con un
realismo tosco y cómico. La lancha se compone de dos bancos de madera negros
alineados, pero CATALINA opera dos remos de madera reales y pesados cuyo sonido
al golpear el suelo del escenario ancla la acción.
·
El Cisne del Destino: El barco en el que viaja BEBA no es una silueta plana de cartón; es una
estructura recortada en MDF (madera tecnológica) pintada con esmalte blanco
brillante de alta densidad, simulando la textura exacta, rígida e incómoda de
un cisne de fibra de vidrio de Chapultepec. Está montado sobre ruedas de balero
para que la madre cruce el escenario "flotando" majestuosamente
mientras opera sus binoculares.
PRÓLOGO
El Matrimonio Imposible no es un texto convencional, sino una farsa
de ritmo vertiginoso que opera bajo la lógica implacable y asfixiante de una
pesadilla. La estructura de este guion abandona deliberadamente el realismo
lineal para sumergirse en un bucle temporal. A través del absurdo y la comedia
negra, la obra explora temas como la neurosis urbana, el clasismo interiorizado
y la aterradora posibilidad de perder la identidad a cambio de la comodidad
financiera.
El lector deberá estar preparado para transiciones escénicas abruptas y
delirantes: el texto salta, sin previo aviso, de la mundana luz de una mañana
dominical en la colonia Del Valle a escenarios oníricos donde el subconsciente
toma el control. Las acotaciones juegan un papel vital; exigen un ritmo
frenético, casi musical, que busca generar en el espectador —y en el lector— el
mismo agobio claustrofóbico que sufre el protagonista.
ESCENA I: EL HAMBRE Y EL CLARINETE
(Un departamento clasemediero en la colonia Del Valle. La luz del sol
entra de golpe, agresiva, revelando partículas de polvo flotando en el aire.
RÓMULO entra arrastrando los pies pero con una sonrisa lánguida y satisfecha.
Sus ojos están un poco vidriosos, fijos en la nada. Viste unos jeans
ajustadísimos que le quedan perfectos, una camisa de diseñador abierta
mostrando el pecho, lentes de carey gruesos y unos tenis Converse que, al darle
la luz de la ventana, destellan por las incrustaciones de pedrería fina. Se
deja caer en el sofá como un muñeco de trapo. BEBA lo observa desde la cocina,
limpiando un vaso con un trapo de cocina viejo, con los ojos entrecerrados y
juzgando cada milímetro de su hijo.)
RÓMULO
(Suspirando, con una voz arrastrada, feliz y pastosa por la sed). Qué
sed... qué hambre. Mamá, pedí una pizza doble con orilla rellena de queso. Ya
viene en camino.
BEBA
(Acercándose a pasos lentos, sin dejar de limpiar el vaso). ¿Pizza
doble? A estas horas de la mañana. ¿Y supongo que la pagaste con tu sueldo de
clarinetista de la Sinfónica de la UAM, verdad? Porque hasta donde yo me quedé,
el presupuesto para cultura no da para andar pidiendo a domicilio los domingos.
RÓMULO
(Saca una tarjeta negra, muy elegante, de entre sus dedos con la
velocidad de un mago y la hace girar). Hay... compensaciones, mamá. Bonos de
productividad artística. Apoyos a la juventud musical. (Se acomoda los lentes
de carey con un dedo). Me duelen los ojos, cuánta luz hay en esta casa.
BEBA
(Fijando la vista, casi hipnotizada, en los tenis de Rómulo). Sí, claro.
Bonos. Como esos Converse que traes puestos. Ayer juraría que vi cómo uno de
esos "cristalitos" rayaba el piso de duela. No me gusta meterme en
tus cosas, Rómulo, pero tú y yo sabemos que el clarinete no da para diamantes.
En esta casa no nos espanta nada, pero si andas de "patrocinado",
deberías pensar en asegurar tu futuro en serio. La juventud con recompensas no
dura mucho tiempo, si lo sabré yo.
RÓMULO
(Levanta la vista lentamente, la mira fríamente y suelta una risita
seca). Ajá. Seguro que lo sabes, eso pensaste cuando… mejor no digo nada que no
sepas, pero… Asegurar tu futuro, querrás decir. El mío está muy bien
financiado, mami. Y si vas a empezar con tus discursos de telenovela de las
cuatro, me levanto y te dejo aquí sola con tus aspiraciones de mujer
necesitada. Hoy estoy muy cansado para tus dramas de la Del Valle.
MONÓLOGO IMPOSIBLE DE BEBA:
El tiempo se congela en el
departamento. Rómulo se queda estático a mitad de un bostezo. Beba da un paso
al frente, rompe la cuarta pared y una luz cenital violeta la ilumina. Su
rostro pierde la máscara de madre abnegada y adquiere la seriedad de un
filósofo existencialista.)
BEBA
¿Dramas en la Del Valle? Qué fácil es juzgar el decorado cuando no te ha
tocado pagar el mantenimiento. Mi hijo cree que la elegancia es un estado
mental, pero la elegancia en esta ciudad cuesta veintidós mil pesos mensuales
más IVA. Yo no nací metiche; me volví metiche por instinto de supervivencia. Vi
nacer este país antes de las devaluaciones, vi cómo el lino se convertía en
poliéster y cómo mis amigas de la juventud se mudaban a Interlomas mientras yo
me quedaba aquí, atrapada en el código postal del "ya casi", oliendo
el escape del Metrobús Insurgentes. Rómulo piensa que lo quiero vender al mejor
postor. Y tiene razón. Pero lo que no sabe es que lo vendo para salvarlo. El
arte en México es una planta que se riega con lágrimas y subsidios atrasados.
Si no lo amarro a una chequera de dinero viejo, este niño va a terminar sus
días empeñando su clarinete en el Monte de Piedad para pagar una endodoncia.
Prefiero que me odie en una terraza de Ibiza a que me llore en una sala de
espera del ISSSTE. La maternidad en la clase media no es amor... es gestión de
riesgos.
(Rompe la cuarta pared) Bueno,
qué quieren, eso piensa mi personaje, no me odien.
(La luz violeta se apaga. El tiempo vuelve a correr. Beba regresa
instantáneamente a su postura sumisa y traga saliva antes de decir su línea
original: "¡Ay, no te pongas así, mi niño! Yo solo digo que hoy viene
Catalina...")
BEBA
(Tragando saliva, cambiando el tono instantáneamente a uno almibarado y
conciliador). ¡Ay, no te pongas así, mi niño! Yo solo digo que hoy viene
Catalina y es una oportunidad de oro. Oficial, por la iglesia, con papeles.
¡Imagínate! Salir de este departamento... ¡Sume la panza, arréglate esa camisa!
(Suena el timbre de la puerta. Es un timbre fuerte, estridente, que hace
que Rómulo se lleve las manos a las sienes. Beba se arregla el pelo
frenéticamente con las manos sucias del trapo y corre a abrir la puerta como si
se le fuera la vida en ello.)
ESCENA II: LA VISITA Y LA POLÍTICA
(Beba abre la puerta de golpe con una sonrisa ensayada. Entra CATALINA.
Imponente, derrochando una elegancia silenciosa que grita dinero viejo por
todos sus costuras. Antes de avanzar un solo paso, se voltea bruscamente hacia
el pasillo abierto y grita con un tono de voz insoportablemente déspota pero
falsamente amable.)
CATALINA
(Gritando hacia el pasillo). ¡GUMARO! ¡A VIGILAR LA LIMU Y RAPIDITO! EN
ESTA COLONIA MARGINAL LOS COCHES SE ECHAN A CAMINAR SOLITOS, NO VAYA A SER QUE
ME LA DEJE EN LADRILLOS. ¡CUALQUIER COSA ME AVISA!
(Catalina cierra la puerta de golpe, azotándola. Se gira hacia Beba y
Rómulo. Su rostro cambia al instante: regala una sonrisa encantadora, angelical
y perfectamente ensayada mientras apunta con un dedo enjoyado hacia el
pasillo.)
CATALINA
Mi chofer... es que, bueno... ¡Ay, pero qué bonito su departamento!
Tan... mono, ¿eh? Como con… Pequeñito, dan ganas de guardárselo en la bolsa.
(Catalina camina con soltura absoluta y se sienta en el sofá, ignorando
por completo que Beba se ha quedado con la boca abierta por el comentario
clasista. Catalina clava la mirada fija en Rómulo, que sigue desparramado en el
mueble.)
CATALINA
Tú debes ser Rómulo. Eres flaquito. Interesante. Enigmático. Y veo que
compartes mi oftalmólogo en Polanco. Esos armazones de carey no los venden en
cualquier óptica de esta cuadra.
RÓMULO
(Seductor, sonriendo de lado con flojera dominical). Tengo buena vista
para los detalles.
BEBA
(Metiche, metiéndose físicamente entre los dos con desesperación). ¡Es
que mi Rómulo es un esteta, Catalina! Tiene un gusto refinadísimo, y con tu
chequera... digo, con tu visión empresarial, harían una pareja tan...
CATALINA
(Levanta una mano enjoyada, tajante, sin siquiera mirar a Beba). Beba,
por favor. Tu descaro me da un poco de agruras, y acabo de desayunar matcha en
Polanco. Déjame hablar con él. (Se acomoda el abrigo y continúa relatando con
total naturalidad mientras Beba la escucha estupefacta). Mira, Rómulo, yo soy
una mujer práctica. Ayer mismo mandé a volar a un nieto de Carlos Slim porque
masticaba con la boca abierta. Y la semana pasada me estuvo rogando un jeque
árabe en Estambul, imagínate, ¡me ofreció tres camellos… si me casaba con él…
Yo y sus setenta y cinco esposas, sí, en el multiverso de Aladino, ja. Le dije: "Mi amor, ni por una flotilla de
Jaguars". Ni aunque me hagas la favorita… No, Abdalá, Ja. También un
diputado de esos de... ¿cómo se llama ahora? El Movimiento de Regeneración
Absoluta. Un tal Rubio… más moreno que… Ja… Me invitó a su campaña para el
senado en Coyoacán. Qué espanto, soy alérgica a la política. Yo necesito a
alguien que entienda su lugar y que sepa vivir bien.
MONÓLOGO IMPOSIBLE DE CATALINA:
El universo se detiene de golpe. Beba se congela con la boca abierta en
un gesto de adulación. Rómulo se queda con el dedo en la uña. Una luz cenital
verde esmeralda cae sobre Catalina. Su tono insoportable se transforma en una
voz madura, fría, casi matemática.)
CATALINA
La gente de esta colonia cree que el dinero sirve para comprar cosas.
Qué ternura. El dinero sirve para algo mucho más importante: para comprar el
silencio de los demás y la obediencia del entorno. Estoy harta de los hombres
de mi clase. El nieto de Slim, los juniors de las Lomas, los diputados... todos
están llenos de opiniones, de proyectos, de egos inflados que compiten con el
mío. Son ruidosos. Yo no quiero un socio, no quiero un debate de ideas en la
mesa de la cena. Yo quiero un accesorio hermoso y silencioso. Rómulo es
perfecto. Es como un jarrón de la dinastía Ming que toca el clarinete: no opina
sobre la bolsa de valores, no le interesa la reforma fiscal y su neurosis
dominical es sumamente estética. Le voy a cambiar el nombre a Betito porque
necesito despojarlo de su mitología personal; necesito que entienda que su
única función en mi vida es verse impecable junto a la piscina y hacerme reír
cuando el vacío existencial de las Lomas se vuelva insoportable. Lo voy a
encerrar en una jaula de oro en San Francisco, y si alguna vez intenta
cantar... para eso tengo el tul. Yo no busco un amor para toda la vida, busco
una propiedad privada que no devalúe mi marca personal. (Mira al publico como
si fuera a decir algo muy personal) Ja. Coincido con ella, el amor eterno solo
en las de Juanga.
(La luz verde se apaga. El tiempo se reanuda. Catalina regresa a su
sonrisa ensayada y mira a Rómulo para escuchar su línea original: "¿Vivir
bien? ¿Y cómo es vivir bien para ti?")
RÓMULO
(Masticando un pedazo de uña, intrigado pero sin moverse). ¿Vivir bien?
¿Y cómo es vivir bien para ti?
CATALINA
(Sonríe de forma felina). Creo que este sillón tan mono… nos queda muy
chico para esa plática. ¿Qué te parece si vamos a un lugar más... nuestro?
ESCENA III: LOS BARQUITOS DE PAPEL Y EL NOMBRE
(Transición escénica. La luz amarilla de la sala se apaga de golpe. Se
enciende una luz azul profunda, densa, casi melancólica. El escenario adopta un
tono onírico, parecido a una pintura de Chagall, con elementos cotidianos que
parecen flotar en la oscuridad. Aparecen hermosos barquitos de papel surcando
el fondo del escenario. CATALINA y RÓMULO están ahora arriba de una lancha de
remos pequeña, blanca y estética. Catalina rema con gracia atlética y rítmica.
Rómulo está encogido en la proa, abrazando sus rodillas sobre sus Converse de
pedrería, pero manteniendo una sonrisa relajada.)
CATALINA
(Mientras rema con suavidad). ...y entonces, compraríamos esa casa
frente al edificio del Pantalón, en Bosques. Para los fines de semana, la casa
en Ibiza, donde nadie va a molestarnos. Un departamento en Nueva York para
cuando me toque la semana de la moda, y otro en San Francisco, por si te dan
ganas de ir a comprar... más tenis de diamantes. Todo a tu nombre también, por
supuesto. Para que los dos estemos a gusto.
RÓMULO
(Soltando un suspiro soñador, mirando al techo azul). San Francisco...
Ibiza. Suena como música para mi clarinete. Pero... ¿y mis lazos aquí? Mis
conexiones... con mi mami.
CATALINA
(Sigue remando suavemente, sin perder el ritmo). Ah, no te preocupes por
Beba. Firmaremos un acuerdo prenupcial que le garantice una mensualidad muy,
muy generosa. La va a dejar tranquila para siempre, con una sola cláusula: no
puede intervenir en nuestra vida. Cero visitas sorpresa.
RÓMULO
¿Y... mis amigos? Los... los que tengo. Los de la Sinfónica de la UAM. Y
los que no son de la Sinfónica.
CATALINA
Yo también tengo amigas, Rómulo. No hay pleito. Cuando estemos aquí, en
México, tú los ves, sales, te diviertes, luego los invitas a la alberca techada
de la casa. Cero preguntas de mi parte.
RÓMULO
(La mira fijamente. La luz azul resalta el rostro de Catalina de una
forma extraña). Mh. Me gusta. De hecho... ya hasta te veo guapa. En serio.
CATALINA
(Deja de remar un segundo, se acomoda el pelo con vanidad
aristocrática). ¿Verdad que soy hermosa? Y generosa, además. Solo hay un
pequeñísimo detalle. Nada de cuidado. Te aviso que te vamos a cambiar el
nombre.
RÓMULO
(Frunce el ceño, enderezándose un poco, confundido). ¿Mi nombre?
¿Rómulo?
CATALINA
Sí, suena a perro de pelea. A partir de la boda, serás Beto. O Betito.
Mi bebé Betito, Ja.
RÓMULO
(El pánico asoma sutilmente en sus ojos, intenta mantener la
compostura). ¿Betito? No, no, espera...
CATALINA
(Se acerca un poco más a él, con un tono dulce pero posesivo, casi
asfixiante). Sí, y en la intimidad de nuestras casas de un millón de dólares,
te voy a decir "Beto baby". Mi bebito chiquitito... (Le aprieta la
mejilla fuertemente). Ay, mira, igualito que te dice tu mami, pero con tarjetas
de crédito ilimitadas. Mi bebito hermoso. Dame un besito.
(El terror absoluto se apodera de RÓMULO. La respiración se le acelera.
La imagen de Catalina se superpone en su mente con la de su madre. La
claustrofobia del espacio es insoportable.)
RÓMULO
(Con voz estrangulada mientras Cataina trata de besarlo). Igual... igual
que mi mami... no... Yo no te permito. No estoy dispuesto a tanto.
(Rómulo se arroja sobre ella de forma cómica y desesperada, tapándole la
boca con ambas manos. La lancha se tambalea violentamente de un lado a otro.
Catalina suelta un grito ahogado.)
RÓMULO
Bebito nunca. ¡Prefiero la pobreza, prefiero vivir en la calle!
(Rómulo se levanta de un salto y “se tira de cabeza” fuera de la lancha.
Empieza a hacer movimientos exagerados de nado sobre el suelo del escenario,
pataleando desesperado. Llega hasta una boya con poste amarillo iluminada que
desciende del techo y se trepa en ella, temblando. A lo lejos, cruzando
majestuosamente el fondo del escenario, pasa un barquito en forma de cisne
gigante de fibra de vidrio. En él va BEBA, con binoculares de ópera,
vigilándolo todo.)
BEBA
(A lo lejos, su voz suena distorsionada, como un eco de megáfono). ¡Parate
derecho, Romulito! ¡Que no se te mojen los tenis!
RÓMULO
(Gritando descontrolado, aferrado a la boya). ¡Noooo! ¡Sáquenme de aquí!
¡Pero qué es esto! ¡Auxilio, ya no quiero estar aquí!
ESCENA III-B: EL PACTO DE LAS ARPÍAS
(Mientras RÓMULO sigue congelado en un rincón del escenario sobre su
boya azul bajo un reflector, el resto del espacio se tiñe de una luz verde
expresionista, densa y fría, que recuerda a un casino clandestino o a las
oficinas de un partido político. Una mesa de centro elegante aparece de la
nada. CATALINA y BEBA están sentadas frente a frente. Catalina fuma un
cigarrillo electrónico que saca un humo espeso de color rosa. Sobre la mesa hay
una montaña de contratos notariales y una terminal bancaria de oro macizo. Ya
no hay sonrisas ensayadas; sus rostros son los de dos mafiosas negociando un
territorio.)
CATALINA
(Firmando papeles con una pluma estilográfica de avestruz, sin mirar a
Beba). A ver, Beba. Hablemos de negocios de mujer a mujer... necesitada. Tu
hijo es un esteta, sí, pero tiene alma de burócrata del ISSSTE. El clarinete de
la UAM no le va a dar para el colágeno a los cuarenta, y tú y yo sabemos que
esos Converse no se pagaron con aplausos de Bellas Artes. Yo compro el paquete
completo, pero el contrato incluye tu absoluta y limpia desaparición del mapa.
BEBA
(Ofendida, pero estirando el cuello para mirar la terminal de oro).
¡Catalina, por el amor de Dios! Una madre de la Del Valle no desaparece, una
madre se reubica estratégicamente. ¿De cuánto estamos hablando en la cláusula
de "no interferencia materna"?
CATALINA
Cincuenta mil pesos mensuales netos, libres de polvo y paja, depositados
puntualmente en tu tarjeta de Liverpool. Más un departamento propio en la
Nápoles. Ojo: la Nápoles interior, no la que pega a Viaducto ni la que huele a
tacos de guisado.
BEBA
(Negociando como un tiburón de bienes raíces). En la Nápoles tiembla
muchísimo, mi reina, se siente todo. Hazme el milagro en la San José
Insurgentes o en la Florida, que ahí hay más árboles, menos cafeterías de
especialidad y la gente todavía va a misa. Y exijo por contrato dos visitas
anuales obligatorias: Navidad y el Día de las Madres. Sin derecho a quedarme a
dormir, por supuesto, conozco mis límites.
CATALINA
(Tajante, azotando la pluma). Navidad es en Aspen y el Día de las Madres
lo paso con mis tías en Madrid haciendo shopping. Te doy el desayuno del 10 de
mayo en el Sanborns de los Azulejos, de dos horas máximo, y tú pagas las
propinas de los mensajeros. Tómalo o déjalo, Beba. Si no firmas, me llevo a mi
chofer Gumaro a Escocia, le compro un título de Lord y me caso con él. Tiene
mejores pantorrillas que tu hijo y no se queja por el matcha.
BEBA
(Mirando al techo dramáticamente, se lleva una mano al pecho). ¡Ay,
Rómulo... perdóname, mi niño, pero la plusvalía es la plusvalía y la vejez es
muy digna en la Florida! (Saca una pluma barata de su bolsa y firma
frenéticamente). ¡Hecho! Pero me dejas decirle "Bebito" en los
cumpleaños.
CATALINA
(Recogiendo los papeles con una sonrisa fría). Solo por WhatsApp, con
emojis de diseñador y estrictamente prohibido mandar imágenes de Piolines con
bendiciones matutinas. ¿Estamos de acuerdo, socia?
BEBA
(Sonriendo igual de fría, chocando su taza de café con el vaporizador de
Catalina). Totalmente de acuerdo, Catalinita. Al fin que el muchacho es dócil.
Solo hay que saber qué botones apretarle.
ESCENA IV: EL REINICIO
(Justo cuando las arpías chocan sus tazas, las luces verdes y azules
parpadean violentamente como si hubiera un cortocircuito en el tablero del
departamento. Se escucha un sonido sónico de succión. De golpe, las luces
amarillas, crudas y dominicales de la Del Valle se encienden. RÓMULO despierta
de un salto, de pie sobre el sofá, sosteniendo el clarinete como si fuera un
bat de béisbol y respirando de manera caótica. Está empapado en sudor.)
RÓMULO
(Gritando a todo pulmón, descontrolado). ¡¡¡SAN FRANCISCO, IBIZA, TRES
CAMELLOS, LA FLORIDA, TARJETA LIVERPOOL, POR QUÉ ME VENDES MAMI, POR QUÉ ME
ESPÍAS DESDE UN CISNE!!! ¡¡¡ESO NO SE HACE!!! "¡Pero Dios mío! ¡La gente
no hace esas cosas!"
(Se escucha exactamente el mismo timbre fuerte y estridente de la Escena
I. Rómulo da un brinco del susto. Entra BEBA desde la cocina, secando
exactamente el mismo vaso con el mismo trapo sucio, repitiendo su diálogo con
una precisión robótica aterradora.)
BEBA
(Con tono almibarado). ¡Ay, no te pongas así, mi niño! Yo solo digo que
hoy viene Catalina y es una oportunidad de oro. Oficial, por la iglesia, con
papeles. ¡Imagínate! Salir de este departamento...
RÓMULO
(En pánico absoluto, bajándose del sofá de un brinco y sosteniéndose la
cabeza). ¡No, no, no! ¡Esto ya lo viví! ¡ESTOY EN UN BUCLE, ES UN SUEÑO
LÚCIDOOOO… NOOOO…! ¡Mamá, no abras esa maldita puerta! ¡Si abres, van a venir
mis profesores del taller de clarinete porque he faltado y les debo dinero!
¡Gumaro nos va a llevar a la fuerza a las Lomas y me va a amarrar en un cisne
de fibra de vidrio con un contrato prenupcial! ¡No abras!
(Beba lo ignora por completo con una sonrisa congelada y abre la puerta
de golpe. Entra CATALINA exactamente igual que antes: imponente, arrogante,
fulminante.)
CATALINA
(Gritando hacia el pasillo con más prisa y despotismo). ¡GUMARO! ¡VAYA A
VIGILAR LA LIMU… PERO MUÉVETE! EN ESTA COLONIA DE POBRES LOS COCHES SE ECHAN A
CAMINAR SOLITOS, NO VAYA A SER QUE ME LA DEJE EN LADRILLOS. ¡CUALQUIER COSA ME
AVISAS!
(Catalina azota la puerta. Se gira hacia ellos con su sonrisa angelical
ensayada número dos. Su mirada sobre el departamento es un poco más despectiva
esta vez.)
CATALINA
Mi chofer... es que, bueno... ¡Ay, pero qué bonito su departamento!
Tan... mono, ¿eh? Interés social, ¿no? Minimalista de la escasez. Entonces ni
siquiera estudiaste una carrera formal de músico… ¡Un taller? Entonces no estas
certificado, mi vida, sí que necesitas mi ayuda…
RÓMULO
(Desesperado, interrumpiéndola a gritos, manoteando). No me importa, yo…
a mí me gusta… No me vas a enredar, Zorra… Bitch… Maldita perra… ¡Sé lo del
nieto de Slim que mastica con la boca abierta! ¡Y sé lo del diputado Güero o
Moreno de la Regeneración Absoluta en Coyoacán que te quiere de adjunta! ¡Y no
voy a firmar nada con la tarjeta de Liverpool! ¡No voy a ser Betito, ni Beto
Baby, ni el Bebito de nadie! ¡Me quedo con mi miseria! ¡Tocaré en las calles,
tocaré en el Metro, tocaré el Canon de Pachelbel del taller de la UAM en los
vagones por diez pesos la canción!
(Catalina y Beba se le quedan viendo fijamente. Se hace un silencio infinito
sepulcral de tres segundos. Las dos mujeres parpadean exactamente al mismo
tiempo, como dos androides defectuosos de los que Casi nunca cierran los ojos.
La sonrisa de Catalina se vuelve peligrosamente fría y corporativa.)
CATALINA
Vaya... además de tener buen gusto para los lentes de carey, resultaste
psíquico e histérico. Me fascina la telepatía en los hombres sumisos, ahorra
muchísimo tiempo de terapia de pareja. Definitivamente te vas a llamar
"Beto Baby". (Su voz empieza a distorsionarse, repitiendo
rítmicamente). Baby Baby, Beto Baby… Baby Bebito, nene… Beba, ayúdame. El niño se nos quiere
deshidratar. Trae la soga de tul. Lo vamos a amarrar al fideicomiso.
RÓMULO
¡¡¡NUNCAAAAA!!!
ESCENA V: LA PERSECUCIÓN HISTÉRICA
(El Canon de Pachelbel empieza a sonar en los altavoces del teatro, pero
no de forma bella, sino con un tempo aceleradísimo, estridente, interpretado
por cuerdas que parecen desafinadas y un bajo mecánico que suena como un reloj
bomba: ¡Tan... tan... tan... tan...! RÓMULO entra en pánico total y comienza a
correr en círculos alrededor del sofá. BEBA y CATALINA se mueven de forma
coordinada, coreográfica y robótica, como si persiguieran a un animal
acorralado en un safari de alta sociedad.)
BEBA
(Persiguiéndolo con el trapo de cocina en la mano, tratando de atraparlo
por la camisa). ¡Párate derecho, Rómulo! Baja los hombres, digo… ¡Sume la
panza, por el amor de Dios, que arrugas el lino de diseñador! ¡Son cincuenta
mil mensuales en Liverpool, hijo, … mis cortinas de Damasco!
RÓMULO
(Esquivando un manotazo, saltando por encima de un cojín). ¡No voy a
financiar tus cortinas adamasquinas con
mi castración eterna, mami mi emasculación
permanente! ¡Prefiero el desempleo! ¡Prefiero una beca del Fonca!
CATALINA
(Persiguiéndolo con una elegancia aterradora, usando su bolso de marca
como si fuera un mazo, tirando golpes al aire). ¡Ven acá, Betito! ¡No huyas de
tu destino protegido… por por tu mami, por mi, por nosotras! ¡Tengo un
departamento inteligente en San
Francisco esperándote con las paredes abiertas! ¡No me hagas correr que estoy
eructando mi matcha GOAT latte!
🏃🏽♀️ ☕️ ☠️
(Rómulo intenta correr hacia la puerta principal, pero desde el pasillo
se escucha una voz profunda, estentórea, con eco de ultratumba. Es GUMARO, que
aunque no se ve, su voz resuena como si fuera el mismísimo Cerbero cuidando las
puertas del infierno.)
VOZ DE GUMARO
(Desde el pasillo, con voz de trueno). YA SE LLEVARON LA LIMU… NO FUERON
LOS DE ROBERTO, FUE LA BENITO JUAREZ… QUE NO ESTA PERMITIDO… Pero yo me llevo a
betito, yo lo llevo cargando..
RÓMULO
(Frenándose en seco ante la puerta, horrorizado). ¡Hasta el chofer está
privatizado! ¡Es un complot FIFÍ!
MONÓLOGO IMPOSIBLE DE RÓMULO:
El Canon de Pachelbel de pesadilla se ralentiza hasta convertirse en una
nota larga y grave. Catalina y Beba se quedan congeladas a mitad de la carrera,
estirando el tul de novia como dos estatuas de cera. Un reflector azul
eléctrico ilumina a Rómulo en el centro. Su voz ya no es arrastrada por la
resaca, es la voz de un hombre consciente de su propia “tragedia”.
RÓMULO
No me miren, no me juzguen… Sé perfectamente lo que está pasando. Sé que
mi subconsciente me está cobrando la factura de los cuatro mezcales y el vapor super
privado de anoche. Pero esta pesadilla es demasiado real. Toda mi vida he
flotado en la superficie. Estudié Antropología social en la UAM, pero me
gustaba más mi taller de clarinete… Prefiero ser músico y sociólogo desempleado
antes marcar tarjeta en una oficina, me visto bien para ocultar que mi cuenta
bancaria está en ceros, y me dejo consentir por "patrocinadores" porque…
Pues porque se siente bien, pero ya sé, ya sé que no es para siempre… Catalina me ofrece el trato del siglo: San
Francisco, Ibiza, tarjetas de crédito ilimitadas. ¿El precio? Dejar de ser
Rómulo. Convertirme en "Betito baby". El epítome de la domesticación
burguesa. Y ella no sabe que soy sociólogo… o sí lo sabe… ¿la Bruja?… Y lo peor es que una parte de mí, una parte
muy baja, floja y deshidratada... quiere firmar ese contrato. Quiere dejar de
preocuparse por la renta de la Del Valle. Pero si firmo, mi clarinete nunca
volverá a sonar a música; sonará a anuncio de centro comercial. A jingle de
sopa de tomate. Mi madre me parió para ser su boleto de salida, Catalina me
quiere comprar para ser su mascota de aparador. Estoy atrapado entre el hambre
y el terciopelo. Si me quedo aquí me evaporo en la mediocridad; si me voy con
ella, me ahogo en el matcha. Por eso nado... aunque sea en el suelo. Por eso
prefiero saltar al vacío del balcón. Porque en la caída, al menos por tres
segundos, sigo siendo el dueño de mi propia deshidratación. (Ruptura de
cuarta pared) Sí, ya sé que me autocompadezco, pero no soy el personaje… ¿yo
tampoco?
(El reflector azul se apaga. La música estridente regresa a su velocidad
máxima. Catalina y Beba cobran vida al instante avanzando con el tul, y
Catalina grita su línea: "¡Firma el prenupcial, Betito Baby...!")
(Catalina y Beba aprovechan el freno de Rómulo para acorralarlo contra
el balcón. Catalina saca un enorme velo de novia de tul que parece no tener
fin, estirándolo junto con Beba como si fuera una red de pesca para atrapar un
tiburón. La música del Canon llega a su clímax más desquiciado.)
CATALINA
(Avanzando con la red de tul, con los ojos desorbitados). ¡Firma el
prenupcial, Betito Baby! ¡Yo no quiero camellos, te quiero a ti!
BEBA
(Cerrando el paso por el otro lado). ¡Hazlo por la memoria de tu madre,
mi bien! ¡Firma!
RÓMULO (Mirando
hacia atrás, al vacío del balcón, donde brilla una luz azul intensa).
¿Memoria? No podrías estar más presente. Ni madres. ¡Antes muerto que Betito!
¡Me lanzo al vacío social de la Del Valle!
(Rómulo toma un impulso cómico, corre hacia el balcón y se lanza de
cabeza hacia la oscuridad del fondo, soltando un grito agudo que se corta en
seco. Sonido gigante de un chapuzón que retumba en todo el teatro. Oscuro total
instantáneo).
(La música estridente se corta de tajo. Un reflector blanco, frío y
cenital ilumina únicamente el proscenio —la parte más frontal del escenario—.
El resto queda en penumbra para permitir el cambio de utilería y vestuario
atrás. CATALINA entra a cuadro caminando con una lentitud exasperante y
aristocrática. Da una calada a su cigarrillo electrónico. Exhala una nube de
humo rosa y mira directamente al público con una mezcla de lástima y
diversión).
CATALINA Mírenlo.
Saltando al vacío social. Qué dramático. Ustedes, los de estas colonias,
siempre confunden el pánico con la dignidad. De verdad creen que arrojarse de
regreso al abismo de la quincena, el transporte público y los fines de semana
en plazas comerciales es un acto de rebeldía. Qué ternura. ¿De verdad pensó que
se me iba a escapar? (Vuelve a fumar, caminando hacia el otro extremo del
proscenio). El problema con la gente como Rómulo —y sin ofender…— es que
romantizan la precariedad. Se aferran a sus pequeños traumas, a sus deudas, a
sus saunas clandestinos, como si eso los hiciera auténticos. Pero el mercado
inmobiliario y el capital no tienen sentimientos; tienen paciencia. Yo puedo
esperar. Puedo dejar que se revuelque en su mediocridad dominical, que se
despierte con el sabor a mezcal barato en la boca, creyendo que hoy es un
hombre libre. Pero el lunes siempre llega. Y yo... yo soy la dueña de todos sus
lunes. Así que, dejemos que el niño duerma. Por ahora…
Pero,
veamos cómo reacciona cuando se despierte...
But, let's see how he reacts when he wakes
up...
(Se empieza a oír música de transición, Catalina sonríe fríamente, da
una última calada a su vaporizador y desaparece por el lateral. El reflector
del proscenio se apaga).
EPÍLOGO: LA VERDADERA DESHIDRATACIÓN
(Se enciende una luz cenital blanca, muy cruda, fría y deprimente de
domingo por la tarde. Descubrimos el plano real de la existencia: RÓMULO está
tirado boca abajo...)
EPÍLOGO: LA VERDADERA DESHIDRATACIÓN
(El sonido del chapuzón regresa y se desvanece lentamente en un eco
sordo. La música del Canon se escucha como una variación irónica. The music of the Canon is heard as an ironic
variation. Se enciende una luz cenital blanca, muy cruda, fría y deprimente de
domingo por la tarde. Descubrimos el plano real de la existencia: RÓMULO está
tirado boca abajo en el suelo de la sala, completamente descalzo, vistiendo
únicamente una pijama vieja, raída, arrugada y con manchas extrañas. A su lado
está el estuche de su clarinete, cerrado y lleno de polvo. Tiene los ojos
hinchados y una severa cara de resaca monumental. Su cuerpo acusa el cansancio
acumulado de horas de sauna, vapor y los extraños tragos artesanales de dudosa
procedencia que probó la noche anterior en el Centro Histórico. Entra BEBA en
bata de casa deslavada, con rulos rosas en la cabeza y una taza de café soluble
en la mano. Lo pica bruscamente con la punta del pie.)
BEBA
(Picándolo con el pie de nuevo). ¡Rómulo! ¡Despierta, flojo! Es domingo…
Seis, ¡seis! de la tarde. Te quedaste dormido en el piso desde la mañana. ¿Te
fuiste otra vez con tus músicos… clarinetistas… flautistas?… Mírate nada más, estás hecho una piltrafa… Te
la pasaste roncando y hueles a mezcal barato. Levántate ya.
RÓMULO
(Despertando con una pesadez milenaria, tallándose los ojos, mirándose
los pies descalzos con un alivio infinito. Abraza con desesperación los
tobillos de su madre). ¿Catalina?... ¿Y mi tarjeta negra?... ¿Y mis Converse
con piedritas? ¿Y mis lentes de carey de Polanco? (Mirando a su alrededor).
¡Mamá! ¡Qué bendición tan más grande! Seguimos atrapados en la pobre, mediocre
y bendita colonia Del Valle. ¡Y no tengo ni un solo peso en la bolsa! ¡Gracias
al cielo!
BEBA
(Tomando un sorbo largo de su café, mirándolo como si estuviera loco).
¿De qué demonios hablas, Rómulo? Por cierto, muévete de ahí que ya llegó tu
repartidor a la puerta. Por qué se sabe tu nombre, eh… Muy guapito por cierto
el muchacho, tiene porte como de las Lomas. Bueno… Te trajo tu pizza doble con
orilla rellena de queso, que dice él que te la regala, de cortesía, pero que ya
sabes… ¿De qué habla, eh? ¿Qué le vendiste? Ay, bebé, pero es demasiada pizza
para ti solo, qué tal que me convidas los bordes con queso… Betito. Pero qué
bien huele… Huele a repartidor… A repartidor con dinero… ¿Por qué no lo invitas a pasar, Betitoooo?
Bebé… muévete a abrirle.
(Rómulo se congela por completo en el piso al escuchar el nombre. Su
rostro se desfigura. Abre los ojos con un terror absoluto y paralizante.
Lentamente gira la cabeza para mirar fijamente al público con los ojos
desorbitados, dándose cuenta de que la pesadilla no ha terminado. It's not over…
El timbre de la puerta vuelve a sonar con una fuerza ensordecedora y rítmica:
¡Tan... tan... tan... tan...! al compás del bajo de Pachelbel.)
OSCURO FINAL