de Benjamin Gavarre
© BENJAMÍN GAVARRE SILVA
Contact this address if you have produced it or wish to do so: gavarreunam@gmail.com
SOLO ROOMIES
(UNA COMEDIA NEGRA DE MASCULINIDAD FRÁGIL E INCERTIDUMBRE URBANA)
PERSONAJES:
- RAFAEL
(29): Obsesivo
del orden. Niega su propia necesidad de afecto bajo una capa de cinismo
intelectual.
- SEBASTIÁN
(29): Ansioso,
compite de forma pasivo-agresiva. Intenta verse moderno y open-minded,
pero le aterra el futuro.
- VANESSA
(27): Formal,
enfocada. Solo busca un lugar tranquilo en la Roma para sobrevivir a su
maestría; se frustra rápido.
- DIEGO
(28): El novio.
Descarado, seductor por juego. Maneja una deconstrucción súper superficial
de manual de Instagram. "Calienta el bóiler, pero no se mete a
bañar".
ESCENA 1
(El departamento de los dos amigos en
la CDMX. Es un espacio moderno pero con desorden acumulado. Hay dos tazas de
café vacías sobre la mesa. RAFAEL camina de un lado a otro. SEBASTIÁN se ajusta
unos pantalones de mezclilla bastante entallados, con un roto estético y
estratégico a la altura del muslo).
RAFAEL: ¿Te pusiste el Carolina Herrera?
¿Qué onda, vas a recibir a una potencial roomie o es una cita de Tinder en la
Juárez?
SEBASTIÁN: Es mi ph natural, se llama higiene.
Además, quedamos en que había que pasar el vibe check.
RAFAEL: Dijimos: "Impresión
estrictamente bisnes", Sebas. Firmamos un pacto, güey. Cero vínculos
personales, cero dramas de sábanas compartidas. El último cabrón que subarrendó
nos dejó colgados con tres meses de internet porque según él "conectó"
contigo, y luego todo se volvió rarísimo.
SEBASTIÁN: Él tenía problemas de apego ansioso,
eso no fue mi culpa. Y tú no me hables de profesionalismo cuando traes esa
playera que te marca los brazos como si acabaras de salir de un box de
CrossFit.
RAFAEL: Es mi playera normal.
SEBASTIÁN: Sí, claro. Y esos pantalones
tuyos... ¿qué onda con tu ventilación estratégica? Se te ve media pierna, güey.
¿Vas a negociar el depósito del agua o vas a audicionar para una boyband
noventera? Está medio patético para alguien que ya está rozando los treinta,
Rafa.
RAFAEL: Es tendencia, Sebastián. Se llama
flujo de aire. Tú qué vas a saber.
SEBASTIÁN: ... Pareces el típico treintón
aferrado que quiere entrar al León Dorado y no lo dejan por los tenis. (Se
acerca y le jala un hilo suelto del roto del pantalón de Rafael).
RAFAEL: ¡Chale! ¡Ni se te ocurra, suéltame!
(Sebastián jala de más. Se escucha un
desgarre violento: el pantalón de Rafael se rompe por completo desde el muslo
hasta la rodilla, dejando al descubierto los bóxers).
RAFAEL: (Gritando) ¡No manches, güey!
¡Eran mis favoritos! ¡Tengo las bolas al aire, cabrón!
SEBASTIÁN: ¡Fue un accidente! ¡No calculé la
resistencia del hilo! ¡Ya deséchalos!
RAFAEL: ¿Y qué se supone que haga? Va a
tocar el timbre en cualquier segundo y parezco extra de Mad Max. ¡Me
tengo que cambiar ya!
SEBASTIÁN: ¡Córrele, muévete! Yo le abro.
(El celular de Rafael vibra y suena
sobre la mesa de centro. El altavoz está activado por default. Se escucha una
voz de mujer, alegre, acelerada y distraída).
VOZ DE VANESSA: ¡Hola, chicos! Oigan, voy llegando,
estamos aquí abajo buscando lugar para el coche, ya saben cómo es la Roma.
Oigan, una pregunta súper rápida... ¿verdad que no hay bronca si llego con mi
novio? Es que decidimos mudarnos juntos para optimizar presupuestos, y pues así
nos dividimos los gastos entre cuatro, ¡va a estar súper ameno! ¡Subo en un
minuto!
(Se corta la llamada. Silencio
sepulcral. Rafael, con el pantalón colgando en jirones, y Sebastián se miran
fijamente, congelados).
SEBASTIÁN: (En un susurro) ¿Dijo...
“estamos”?
RAFAEL: Dijo “novio”. Y dijo “entre cuatro”.
SEBASTIÁN: Eso cambia... toda la vibe de este
departamento. Nos vamos a ir directo al caño.
RAFAEL: (Con la mirada fija en la puerta,
frío y calculador) Sebas... no podemos permitir esto.
SEBASTIÁN: No me digas Sebas. Y no, no podemos.
RAFAEL: Sebastián, activa el protocolo de
contingencia. Saca el café amargo. Yo voy por mis pants feos. Esto lo tiramos
ahorita mismo.
(Las luces se apagan rápidamente
mientras se escucha el sonido del elevador llegando al piso).
ESCENA 2
(Quince minutos después. Rafael ya
trae unos pants normales y holgados. Sebastián intenta mantener una postura
relajada y casual en el sillón. Sentados enfrente están VANESSA, abrazando una
carpeta con documentos, y su novio, DIEGO, excesivamente cómodo, jugando con
las llaves de su coche).
RAFAEL: (Colocando con brusquedad dos
vasos de agua con ligeras manchas opacas en el cristal) Disculpen la
presentación. La lavavajillas pasó a mejor vida, así que aquí lavamos... de
manera superficial. Mientras no flote nada, lo consideramos una victoria.
VANESSA: (Mirando el vaso con
desconfianza) No te preocupes, Rafael. Gracias. Bueno, como les comentaba
en el mail, mi presupuesto está perfecto para cubrir el depósito, y pues... (Mira
a Diego).
DIEGO: Sí, o sea, el plan original era que
Vane dejara su depa actual, pero como andamos armando unos proyectos
creativos juntos aquí en la Roma, pensamos: "¿Por qué pagar dos rentas en
esta ciudad si podemos optimizar recursos?". Así que nos mudamos los dos.
El cuarto está amplio, sí cabe una King, ¿no?
(Rafael y Sebastián intercambian una
mirada rápida y gélida).
SEBASTIÁN: S-Seguro. Los metros cuadrados ahí
están. Lo que no sé si quepa es... el equilibrio del departamento. Verán,
nosotros firmamos un pacto de convivencia súper estricto hace dos años. Incluye
una cláusula de cero dramas afectivos.
VANESSA: No, para nada, nosotros somos cero
conflictivos, de verdad. Súper low-key.
RAFAEL: Eso mismo decía Mauricio. Nuestro
antiguo roomie. Vivió aquí dos años. Al principio todo era paz, meditación,
cuencos... Hasta que un martes a las tres de la mañana nos despertaron unos
gritos espantosos. Pensamos que se habían metido a robar con violencia.
SEBASTIÁN: Salimos a la sala con un palo de
golf. Y no, cero ladrones. Mauricio se estaba armando un trío con una pareja
casada que conoció en Tinder. El ruido era... estructural, ¿me entienden?
Vibraban los vidrios.
VANESSA: (Moviéndose incómoda en el
sillón) Qué... qué horror. Qué falta de empatía con los espacios
compartidos.
RAFAEL: Eso no fue lo peor. Lo peor fue el
miércoles en la mañana. Salgo a la cocina por mi café, medio dormido, y ahí
estaba Mauricio, en bóxers, cocinando hot cakes feliz de la vida para el
matrimonio. Nos los presentó como si fuera un brunch cualquiera:
"Oigan, chicos, miren, ellos son Pedrito y Salma". Tuvimos que
desayunar con ellos. Fue un shock psicológico del que Sebastián y yo todavía no
nos recuperamos. Estar rozando los treinta y tener que decidir si le pasas la
mantequilla a "Pedrito" mientras tu cerebro reproduce el audio de la
madrugada... créeme, fue too much.
(Pausa tensa).
DIEGO: (Suelta una carcajada limpia y
ruidosa) ¡Güey, qué maldita joya de historia! Eso es mentalidad de
comunidad... Y todavía les hicieron el desayuno, ja, ja...
VANESSA: (Le da un codazo fuerte en las
costillas) ¡Diego, por favor! No es gracioso. (A los roomies) De
verdad lamento que pasaran por eso. Nosotros somos súper invisibles. De hecho,
Diego casi no se quedaría los fines de semana porque...
SEBASTIÁN: Es que ese es el punto, Vanessa. Si
se mudan juntos, la cancha se desbalancea. Nosotros también tendríamos derecho
a meter morras a los cuartos cuando queramos para compensar el uso del espacio
común. Y si esto se convierte en un hotel de paso de solteros en crisis de los
treinta, se pierde el orden. ¿Van a pasar todas las noches aquí? Necesitamos saberlo.
VANESSA: (Visiblemente abrumada) No...
bueno, yo no sabía que el ambiente aquí era tan... tan intenso. Yo solo buscaba
un lugar tranquilo para concentrarme en mi maestría.
DIEGO: (Se echa hacia atrás en el sillón
con una sonrisa juguetona) A ver, chicos, no se azoten. En esta ciudad hay
que ser flexibles. Si el problema son las matemáticas y el espacio... en lugar
de pelearnos por quién mete a quién, bien podríamos armar un cuarteto entre
todos aquí adentro, nos ahorramos la lista de invitados y así fluye la
energía, ¿no?... (Pausa) Así nadie se siente excluido.
(Un silencio sepulcral inunda la
habitación. Sebastián parpadea, congelado. Rafael mira a Diego con incredulidad.
Vanessa se pone completamente rígida).
VANESSA: (Levantándose de golpe, azotando
sus papeles en la carpeta) Es una pésima idea hasta como broma, Diego. Eres
un pinche inmaduro de primera.
DIEGO: Amor, es un chiste, relájate...
VANESSA: ¡No, no es un chiste! Llevas toda la
semana con tus comentarios "modernos" y ya me cansé. (A los
roomies) Disculpen el tiempo perdido. Me queda claro que este departamento
no es para mí. Bye.
(Vanessa camina a pasos agigantados
hacia la salida y azota la puerta principal al salir. Diego se queda sentado un
momento, sopesando la situación. Se levanta con total calma y mira a los
amigos).
DIEGO: Uf. Creo que esta vez sí se prendió
de verdad. En fin, ya le tocaba su sesión de terapia esta semana. (Camina
hacia la puerta pero se detiene) Oigan... una pregunta seria. El cuarto me
mamó. Y siendo honestos, ella y yo igual ya íbamos a cortar, esto sólo aceleró
el trámite. ¿Aceptan hombres solos?
RAFAEL: La renta individual es más alta. Y
las reglas de limpieza son no-negociables.
DIEGO: Me parece perfecto. Voy a calmarla
allá abajo, la subo a un Uber y regreso en una hora por las llaves y la lista
de los gastos, ¿va? Nos vemos al rato, roomies. (Guiña un ojo de forma
ambigua y sale).
EPILÓGO
(El mismo departamento, un año
después. Hay rastros del paso de Diego: un póster de "Fight Club" y
quizás un aparato inservible, una consola, que no cuadra con el lugar. RAFAEL y
SEBASTIÁN están sentados en el sillón compartiendo una pizza fría directo de la
caja. Hay un silencio de profunda fatiga, pero también de alivio).
SEBASTIÁN: (Masticando) No puedo creer
que por fin se haya llevado su último bote de citrato de magnesio y proteína
vegetal. Siento que vivimos doce meses atrapados dentro de un algoritmo de
TikTok.
RAFAEL: Hay que reconocerle algo al cabrón:
tenía estilo para el caos. ¿Cuántas "novias" le contaste en un año?
Yo me quedé en la tercera Vanessa. Bueno, la segunda se llamaba ¡Prudencia!,
pero tenía la misma perra energía de querer rediseñarnos la sala.
SEBASTIÁN: Tres novias oficiales y como cien
mil "proyectos de vida compartida". Y siempre usando la cocina como si fuera una fiesta, ¿te fijas?
Y pensar el pavor que teníamos el primer día. ¿Te acuerdas? Cuando soltó lo del
cuarteto con esa sonrisita de psicópata. Yo pasé los primeros tres meses
durmiendo con la puerta cerrada con llave, jurando que en cualquier momento iba
a entrar a mi cuarto con un lub orgánico y un contrato de poliamor.
RAFAEL: Al final todo era puro juego, güey.
Puro espíritu de seducción barata. Mucho ruido y pocas nueces. Calentaba el
bóiler...
SEBASTIÁN: Pero no se metía a bañar...
RAFAEL: Exacto. Le mamaba movernos el
tapete, vernos la cara de pánico cuando se nos acercaba de más en la cocina o
cuando nos sugería que "compartiéramos energía". Puro rollo. Un
seductor de clóset que en el fondo sólo quería que alguien le validara los
memes.
SEBASTIÁN: Sí, está clarísimo, pero cómo
desgasta. Esa masculinidad hipermoderna de "soy súper libre y deconstruido
pero dejo mis calzones sucios en la lavadora común" es insufrible. Qué
bueno que se tuvo que ir, su vibe nos estaba absorbiendo. El mes pasado casi me
compro unos pantalones rotos otra vez.
RAFAEL: Dios nos libre. Ya estamos grandes
para crisis de identidad inducidas. Lo bueno es que recuperamos el control del
barco. Regresamos al orden. A la hermosa, predecible y aburrida soltería de los
treinta.
(Llaman a la puerta de manera firme y
alegre: "Toc, toc, toc").
SEBASTIÁN: No me digas que regresó porque
olvidó su consola espantosa.
RAFAEL: Ve a ver. Si es él, dile que estamos
muertos.
(Sebastián abre la puerta. En el
umbral están DIEGO y VANESSA, tomados de la mano y radiantes).
DIEGO: ¡Qué onda, mis roomies eternos! Qué
pasotes. ¿No nos van a dejar pasar? Venimos súper rápido.
VANESSA: ¡Hola, chicos! Qué gusto verlos.
SEBASTIÁN: ¿Vanessa? ¿Diego? Pensé que...
bueno, pensé que se habían destruido mutuamente hace un año en el
estacionamiento.
DIEGO: (Se ríe) Nel, güey, para
nada. El amor moderno es cíclico. Fuimos, venimos, fuimos a terapia de pareja,
rompimos, regresamos... ¡Y bueno, les traemos la exclusiva! (Muestran un
anillo de compromiso).
VANESSA: ¡Nos casamos! En la playa, algo
súper orgánico, sustentable y pet-friendly.
RAFAEL: (Se levanta, con ligera ironía)
No... bueno. Qué... qué impresionante capacidad de resiliencia emocional. De
verdad, muchas felicidades. Quién iba a decir que el cuarteto iba a terminar en
un dueto legalmente vinculante.
DIEGO: Hay que sentar cabeza, hermanos. El
mercado allá afuera está durísimo. Pero bueno, están súper invitados, les llega
el pase digital por WhatsApp. ¡No vayan a faltar!
SEBASTIÁN: Ahí estaremos, Diego. Con mis
pantalones más formales, lo prometo. Felicidades a los dos.
VANESSA: Gracias, chicos. Qué bueno que Diego
vivió con ustedes, siento que maduró muchísimo... o al menos ya sabe usar la
freidora de aire. ¡Nos vemos en la boda!
DIEGO: ¡Se la lavan, roomies!
(Diego y Vanessa salen riendo.
Sebastián cierra la puerta despacio y se desploma en el sillón junto a Rafael).
SEBASTIÁN: Uf. Qué raro es el mundo, cabrón.
Qué jodidamente rápido va todo. La gente se odia, se propone tríos, se dejan de
hablar, se casan en la playa... y nosotros aquí, discutiendo por las orillas de
la pizza.
RAFAEL: Es que tú siempre te comes la mejor
parte y me dejas el puro cartón quemado.
SEBASTIÁN: Te dejé la orilla con ajonjolí,
Rafael.
RAFAEL: Ah, qué generoso, amigo.
SEBASTIÁN: (Sonríe de medio lado, cómodo en
la tensión habitual) Sí... Bueno. Lo bueno es que, dentro de todo este
desmadre de ciudad... nos tenemos el uno al otro.
(Rafael voltea a verlo de inmediato
con sospecha dramática. Sebastián capta la tensión y se aclara la garganta
rápidamente).
SEBASTIÁN: Como... como roomies, claro. Obvio.
O sea, reparto equitativo de gastos, mantenimiento del hogar... *cough
cough*... ya sabes. Estrictamente bisnes.
RAFAEL: (Sonríe de medio lado,
relajándose) Estrictamente bisnes, Sebastián. Trae otra cerveza.
(Sebastián se levanta hacia la cocina
mientras Rafael pone música y hace movimientos rítmicos, pero sin bailar del
todo, como si hiciera un calentamiento deportivo pero con ganas latentes de
bailar. Sebastián llega con las cervezas y se le queda viendo desde el marco de
la cocina con una sonrisa de absoluta complicidad. Las luces van bajando
lentamente a negro).
FIN DE LA OBRA
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Comentarios