viernes, julio 03, 2026

UNA POSICIÓN SEGURA (Farsa medicinal, absurda y sin control alguno.)

 





UNA POSICIÓN SEGURA

(Farsa medicinal, absurda y sin control alguno.)

De Benjamin Gavarre

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 © BENJAMÍN GAVARRE SILVA

benjamingavarre@filos.unam.mx

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PERSONAJES


DR. TAFOYA (50 años): Médico de traseros. Harto del sistema. Su cordura pende de un hilo.

CÁSTULO (40 años): Tímido. Con mil manías. Hipocondríaco, pudoroso al extremo, ingenuo. Viste siete gabardinas.

DOÑA GERTRUDIS (60 años): Metiche, bienintencionada, ilógica, insufrible casi siempre.

VALENTÍN (30 años): Ansioso, en franca crisis de abstinencia. Oportunista, cínico, y a pesar de todo gracioso y simpático, a veces.

SEÑORITA CRISTINA La secretaria que nunca está y por eso se cuelan todos los pacientes al consultorio del doctor Tafoya.

 

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Escenario

Un consultorio médico de diseño surrealista. Un escritorio con una computadora de las antiguas y en color imposible, un Talonario de recetas caricaturesco y un florero con tulipanes de colores. A la izquierda, un biombo de tres hojas paradójicamente discreto entre tanto estímulo visual…. El biombo oculta parcialmente una camilla clínica. Puertas hacia la sala de espera y hacia un supuesto baño mixto que tiene iconos graciosos de hombre y mujer.


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ACTO ÚNICO

(Al abrirse el telón, el DR. TAFOYA, con bata impecable, casi realista pero con algún detalle fársico, trata de diagnosticar a CÁSTULO, quien sigue con las gabardinas abrochadas hasta la barbilla y los brazos cruzados).


DR. TAFOYA

Don Cástulo, entienda que no soy adivino. Si usted dice que tiene cáncer de próstata entonces tengo que hacerle un tacto rectal. Quítese la ropa.

CÁSTULO

Doctor, mi madre me enseñó que un hombre solo se desviste ante Dios y ante el espejo. Usted dígame lo que me pasa y hágame la receta, eso es todo lo que le pido.

DR. TAFOYA

(Con una sonrisa peligrosamente calmada)

Claro, por supuesto. Permítame usar el método de la telepatía proctológica... ¡Cómo se atreve! Yo soy un profesional y tengo sólidos valores éticos. No puedo recetarlo así nomás. Necesito revisar si es cierto que tiene un tumor, o solamente tiene una inflamación típica en los hombres de su edad. Hagamos una cosa, un ejercicio de relajación hospitalaria. (Lo toma de los hombros, guiándolo hacia la camilla detrás del biombo) Imagine que estamos en un avión. Hay turbulencia. Para evitar el impacto, la aerolínea exige que adopte la posición segura.

CÁSTULO

¿Una posición segura?

DR. TAFOYA

Exacto. Inamovible, comodísima. Apoye las manos en la camilla, flexione las rodillas y eleve la pelvis hacia el noreste. Es un procedimiento estándar de la aviación civil.

CÁSTULO

(Dudando, pero subiéndose a la camilla)

Bueno... si es así de cómoda... (Se coloca en cuatro patas, de espaldas al público, oculto a medias por el biombo, pero con la gabardina levantada, revelando unos calzoncillos largos ridículos) ¿Así, doctor?

DR. TAFOYA

(Poniéndose un guante de látex con un chasquido)

Perfecto. Mantenga el rumbo y no mire hacia la cabina. Voy por el lubricante.

CÁSTULO

¡Cómo dijo!... ¡Lubri-can-te! ¡No, por piedad!

 

(El Doctor se gira hacia su escritorio para buscar el gel. En ese instante, la puerta se abre de golpe y entra DOÑA GERTRUDIS, caminando a pasos cortos y rígidos).

 

DOÑA GERTRUDIS

¡Doctor! ¡Es una emergencia! ¡Mis hemorroides han declarado la guerra y exijo un armisticio en forma de supositorios!

DR. TAFOYA

(Sobresaltado, ocultando la mano con el guante tras la espalda)

¡Señora! ¡Estoy en medio de procedimiento muy sensible! ¡Atrás!

DOÑA GERTRUDIS

(Ignorándolo, camina directo hacia el biombo)

¿Sensible? Ah, yo sé de eso.  (Se asoma descaradamente por el borde del biombo) ¡Válgame Dios! Pero qué camello tan gracioso.

CÁSTULO

(Sin moverse, congelado del pánico)

¡Doctor! Siento una corriente muy descarada! ¡Ucha, ucha, no me vea!

DR. TAFOYA

¡Doña Gertrudis, respete el casto trasero de este hombre!

DOÑA GERTRUDIS

(Analizando a Cástulo)

Parece como un bizcochito mil hojas (A Cástulo) Cómo se llama usted?

CÁSTULO

(Turbado, dócil a pesar de todo. Sin entender nada)

Me llamo Cástulo, ¡por qué! ¡Quién es usted!

DOÑA GERTRUDIS

Una humilde samaritana. Oiga, señor, habría que tener más higiene ¿sabe?... A mí por eso me salieron unas hemorroides gigantes, es que no me gusta mucho limpiarme… Y también por eso se me inflamó la próstata, así como a usted.

 

(La puerta vuelve a abrirse. Entra VALENTÍN, con un elegante tuxedo, arrastrando los pies, con una palidez aristocrática y los ojos entrecerrados).

 

VALENTÍN

Doctor... Ya no puedo vivir sin mis analgésicos. Estoy en crisis de abstinencia.  Me vuelvo loco, deme una receta, por vida suya, se la pago, mire que no puedo soportar esta existencia cruel. Analgésicos opioides certificados, usted deme la receta en blanco, bueno, con su firma, y no lo molesto nunca más, lo juro.

DOÑA GERTRUDIS

(A Valentín, señalando el biombo)

Mire, joven, esto es mejor que los analgésicos… esto es de lo más divertido para que se alegre el alma… Venga a ver esto. Aquí el doctor tiene a un camello en cuatro patas… ¡y con la cola levantada!

VALENTÍN

(Atraído por la palabra mágica: analgésico… llega como hipnotizado atrás del biombo, al lado de Doña Gertrudis)

¿¡Usted también los toma!?  ¿Me da? (Realmente impresionado por lo que ve) Vaya... esto sin duda es interesante. (A Cástulo, obsesivo) Disculpe, señor, A usted a usted también le recetan analgésicos opioides… ¿Me regala su recetas?

CÁSTULO

(Gritando, tapándose la cara con las manos)

¡Doctor! No soy un fenómeno de circo, venga y haga lo que tenga qué hacer, pero sáqueme de aquí a estos dos.

 

(El DR. TAFOYA ha estado como olla exprés, sin poder creer lo que miran sus ojos… Revisa de lejos a los tres locos. El guante de látex sigue puesto. De pronto, se detiene. Sus ojos se abren de más. Una risa nerviosa, bajita, empieza a escapársele del pecho. Comienza a reírse con un sarcasmo helado, aplaudiendo suavemente con sus manos enguantadas).

 

DR. TAFOYA

¡Claro! La vida me pone una prueba, esto es un rito de pasaje, puedo entenderlo. ¡Qué maravilla! ¡Qué Altar fenomenológico tengo la fortuna de contemplar! (Se quita el guante con furia y lo arroja al florero) A ver, don Cástulo, quédese así, no se mueva. Total, si quiere que lo diagnostique vestido, ¡perfecto! Yo la verdad no tengo interés alguno en verle el... pedazo de carne hinchada que esconde bajo esas telas de maniático. Quédese en cuatro patas como camello, le da un aire exótico al consultorio.

DOÑA GERTRUDIS

Doctor, su pobre animal ya no tiene remedio... Tiene cáncer de mil hojas, lo puedo certificar porque a mí me dio lo mismo… Mejor atiéndame a mí, porque me volvió crecer la próstata.

DR. TAFOYA

(Ya en franca locura contenida… Girándose hacia ella con una reverencia exagerada)

¡Pero por supuesto, Doña Gertrudis! ¡Cómo lo olvidé! La anatomía de la próstata es algo perfecto, estilizada y natural... ¡en una dama! Y siempre se regenera…  Sobre todo en las hermafroditas. ¡Eso es!  Usted tiene dos géneros… Es un asno y una oveja…  Es Un milagro de la biología y de la zoología. Por eso tiene próstata, cejas pobladas, tres riñones, pelos rebeldes, barba invisible y una vocación de “humilde samaritana” como usted misma dijo. Qué belleza, qué maravilla de la naturaleza… humana…  ¡Felicidades!

DOÑA GERTRUDIS

(Estupefacta)

Todo eso… ¿Hermafrodita? ¿¡Entonces soy un milagro!? ¡Eso está muy bien!

DR. TAFOYA

(Ignorándola, saltando hacia Valentín)

¿Y usted, mi querido Valentín? Qué elegancia la de Francia para venir a pedirme recetas para drogarse con el sello del Estado. ¿Por qué conformarse con opio diluido? ¿Por qué no se mete fentanilo de una vez? O mejor aún, ¡yerba santa medicinal!, se hace un té y así me deja en paz. (Toma el recetario de la mesa, desquiciado) Bueno, no…  ¿Sabe qué? Vamos los dos a ponernos high. Vamos a repartir las recetas para que todo el mundo disfrute, y todos tengan experiencias religiosas…  y nos vestimos con túnicas sin costuras y alucinamos juntos con todos lo que nos sigan.

VALENTÍN

(Interesado)

Me parece una propuesta terapéutica bastante aceptable, doctor. ¿Hay túnicas sin costuras?

DR. TAFOYA

(Pega un grito, delirante, pero lo corta)

¡No! ¡Sí! Pero solo los sacerdotes pueden usarlas ¡No! ¡Sí! ¿¡Sabe qué!?... Le voy a dar el recetario entero. (Le estampa el block de recetas en el pecho a VALENTÍN) Tenga. Es suyo. ¿Sale?, ¿Okey? ¡Abur!, ¡yo me pinto de colores! ¡Ya estoy harto de trabajar con pacientes sin remedio, estoy harto de ustedes! ¡Harto de revisar traseros sucios que nunca han recibido la luz del sol!

CÁSTULO

(Asomándose, aterrado)

¿Se va, doctor? ¿Y yo cómo me bajo de este avión?

DR. TAFOYA

¡Usted quédese ahí hasta que yo aterrice en el Tíbet, don Cástulo! Ya tomé una decisión. Me voy a desprender de esta sociedad: ¡me voy al Tibet de budista! ¡Está decidido! Me voy a rapar, me voy a poner una túnica con costuras color azafrán y me voy a ir a meditar al Himalaya donde nadie, ¡absolutamente nadie!, tenga ano, ni recto, ni próstata, ni adicciones hipócritas. ¡Adiós a la carne! ¡Adiós a los traseros malolientes! ¡Vámonos todos al Tíbet!

 

(El Dr. Tafoya se arranca la bata de un tirón, la avienta a la cara de Doña Gertrudis,… toma su portafolios y sale corriendo por la puerta de la sala de espera, gritando mantras budistas desarticulados: "¡Om Om Ommmm, mani padme hum, carajo!").

(Silencio largo. CÁSTULO sigue en cuatro patas sobre la camilla. DOÑA GERTRUDIS se quita la bata de la cabeza. VALENTÍN mira el recetario).

 

DOÑA GERTRUDIS

Pues... se le veía muy seguro de lo del Tíbet. El clima de allá debe ser buenísimo para la circulación. Creo que siempre está nevado y hay vacas.

VALENTÍN

(Arrancando una hoja del recetario)

Definitivamente. Hay muchas montañas nevadas… pero creo que abundan las cabras… Recetas, muchas recetas vírgenes y maravillosas (Le extiende la hoja a Doña Gertrudis) Tome, señora. Firmado el mismísimo nuevo Dalai Lama. Esto le va a solucionar todos su grandes verdaderos o falsos problemas.

DOÑA GERTRUDIS

(Tomando la receta con devoción)

Ay, gracias, querido muchacho. Qué bendición estar cerca de la juventud preparada. (Se gira hacia el biombo, amable) A ver, don Cástulo, bájese de la aeronave, ya estuvo bueno, o ya le gustó eh, pervertido, degenerado… No se crea, es broma… Ya sabe, yo soy una Buena Samaritana, lo dijo el Dalai… Vamos, les invito unas donas, hay unas riquísimas con glaseado de chocolate, y ungüentos de belladona, y pastelitos mil hojas con jarabe de maple. Engordan pero nos hacen ver la vida con otros ojos, con los ojos de las maravillas.

CÁSTULO

(Bajándose de la camilla con dificultad, acomodándose la ropa)

Pues... sí, eso suena muy bien, ya ni siquiera siento malestar alguno, creo que lo que me hace falta es una rica y deliciosa dona glaseada de chocolate, eso es una verdad incuestionable.

VALENTÍN

Eso digo yo. Definitivamente. Incuestionable.

 

(Valentín se sienta en el escritorio del doctor, sube los pies a la mesa con total abandono y empieza a firmar recetas en blanco con una sonrisa feliz, mientras Doña Gertrudis sale del consultorio del brazo de Cástulo, quien camina como charrito cansado y con mucha con timidez).

 

Telón

 

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LA JAULA DE CRISTAL*

 

LA JAULA DE CRISTAL*

Pieza breve

 

Sinopsis:

Las Lomas de Chapultepec. Una noche lluviosa a bordo de una lujosa camioneta blindada. El escolta privado de un empresario de alto nivel y una repartidora de pizza deciden romper el aburrimiento de sus extenuantes jornadas compartiendo un momento de descanso. En la claustrofobia del vehículo, lo que inicia como una tensa conversación sobre armas, géneros y supervivencia urbana se transforma rápidamente en un peligroso juego de poder. ¿Quién está realmente a salvo cuando los seguros eléctricos se activan desde el interior?



PERSONAJES

FABIO (35 años): Chofer-escolta de un empresario de alto nivel. Viste traje oscuro impecable, corbata, audífono de cable en la oreja. Su postura es rígida, militar e hipervigilante; usa su masculinidad como un escudo.

ALEX (30 años): Repartidora de pizza de la plataforma SUMA. Identidad no binaria, vestida con ropa holgada de motociclista, casco en la mano, cabello oculto. Es desenfadada, cínica, sumamente observadora y utiliza una actitud masculina para sobrevivir a la calle.


ESCENA ÚNICA

(El escenario está a oscuras. En el centro, dos asientos de piel de camioneta simulan el interior de un vehículo blindado. El tablero brilla con luces LED azules y rojas, iluminando los rostros de los personajes desde abajo. Se escucha el sonido rítmico e hipnótico de un limpiaparabrisas rascando el vidrio bajo una lluvia ligera en una zona residencial exclusiva de Las Lomas).


FABIO

(Mirando fijamente hacia el público, como si viera a través del parabrisas, ajustándose el audífono)

Don Roberto me tiene mucha confianza. Sus fiestas son memorables, pero ya sabes... siempre hay que cuidar que no se cuele la gentuza. La gente deja entrar a puro desconocido y eso es riesgoso. El perímetro se vuelve una coladera.

ALEX

(Cómodamente estirada en el asiento del copiloto, abrazando su casco)

Deberías soltar el control, comandante. Desatarte un poquito. Toda esa tensión corporativa te va a dar una úlcera. Yo creo que la tienes así por la pistola.

FABIO

(Sonríe con suficiencia, palmeando la fornitura bajo su saco)

Nadie puede parar una desbandada de criminales o un intento de secuestro sin esto, Alex. Cuando me dijeron tu nombre, pensé que eras un hombre. Luego te vi llegar en la moto... Yo tengo el entrenamiento. Para eso está el calibre de aquí abajo. (Se inclina ligeramente hacia ella, bajando la voz) No sé... al verte sentí cosas. Me gustan las mujeres, pero... ¿tú qué eres? ¿"No binaria"? Qué mal viaje me parece, con todo respeto.

ALEX

(Mira fijamente el arma, luego lo mira a él a los ojos, sin inmutarse)

A veces, la rigidez del metal solo es el reflejo de un espíritu que grita por contención. Tienes mucha carga acumulada, Fabio. Tu cuerpo está pidiendo un espacio de liberación... sin protocolos. Yo soy lo que quiero ser. Me gusta vestir como un muchacho porque en la calle me respetan más, y me gusta que mi pareja, que maneja un taxi, se sienta segura conmigo.

FABIO

(Con una sonrisa que empieza a volverse pesada, invasiva. Deja de mirar al frente y se gira por completo hacia ella, acorralándola contra la puerta del copiloto)

Aquí adentro estamos blindados, señorita. Nadie nos ve. El patrón va a tardar horas en salir de la fiesta.

ALEX

(Poniéndose seria, manteniendo la calma)

Creí que habías entendido. Lo de "señorita" como que no va conmigo, ya sabes.

FABIO

Yo lo que no entiendo es por qué aceptaste quedarte después de entregar las pizzas. Dijiste que solo querías "respirar un rato". Te subiste a mi camioneta por algo, ¿no? Ya sé que pareces un marimacho, pero... a las de tu tipo les gusta lo que a mí me sobra.

ALEX

(Sintiendo la amenaza del encierro, intenta abrir la puerta del coche, pero el seguro eléctrico no cede)

Ya estuvo, lentes oscuros. Ya me piro. Abre la puerta.

FABIO

(Con tono de poder, sin moverse)

Hasta crees. Sabes perfectamente que este blindaje funciona nada más con mi voz.

ALEX

(Cambia su postura defensiva por una de absoluta frialdad. Se inclina hacia él, desafiándolo)

Ah, pues lo que tú no sabes es que la que no funciona con tu voz soy yo. O me abres ahorita mismo, o regreso mañana temprano a hacerte una campañita afuera de esta residencia, justo al lado del coche de tu patrón. Le voy a contar detallito por detallito cómo usas su camioneta blindada para acosar repartidoras. A ver qué piensa de tu "perímetro de seguridad".

(Fabio se queda congelado. La mira procesando la amenaza. Lentamente, la rigidez de su cuerpo se desinfla. Suspira profundamente y presiona el botón del tablero. Se escucha el "clack" de los seguros eléctricos. Alex no se baja de inmediato. Se le queda viendo, analizando su reacción).

FABIO

(Con voz honesta, desarmado)

Tienes razón... Qué pendejo soy. La verdad es que los dos estamos igual de jodidos. Explotados. Tú bajo la lluvia en la moto y yo aquí encerrado cuidándole el dinero a un tipo que ni se acuerda de mi nombre. Me hiciste reflexionar, Alejandra.

ALEX

(Sorprendida por la honestidad de Fabio, suaviza la mirada)

¿Alejandra? Vaya... pensaba que ibas a seguir con tu discurso de macho alfa.

FABIO

No, ya estuvo bueno del personaje. (La mira con timidez real) Me caíste bien. ¿Qué tal si nos vemos como amigos después? Fuera de este ambiente.

ALEX

(Sonríe con una sensualidad descarada y ambigua, acomodándose el casco bajo el brazo)

Como amigos... puede que sí. (Se baja del asiento, quedando de pie junto a la "puerta" imaginaria).

FABIO

(Asomándose por la ventana)

Oye... ¿Y de verdad solo te gustan las chicas?

ALEX

(Lo mira de arriba abajo con una sonrisa burlona)

Mira, Fabio... Si acepté subirme a tu jaula blindada no fue solo por descansar. Tienes una masculinidad muy interesante... de esa que he visto en pocas, muy pocas mujeres.

FABIO

(Confundido, pero halagado)

No sé si sentirme halagado o de plano ofendido... ¿Pero tengo posibilidades entonces?

ALEX

Puede que sí, puede que no... Nos vemos, comandante.

FABIO

¿Nos despedimos con un besito al menos? Vale...

ALEX

(Se inclina, le da un beso rápido y estratégico cerca de la comisura de los labios)

Gracias por el descanso, amigo. Espero tu llamada. A ver a dónde me invitas a cenar que no sea una prisión al aire libre.

FABIO

Te voy a sorprender, ya verás.

ALEX

Sorprendida ya estoy. Camina seguro, Fabio.

(Alex se coloca el casco, da media vuelta y sale de la luz hacia la oscuridad del escenario. Fabio se acomoda el audífono, se endereza en el asiento recuperando su postura militar y vuelve a clavar la mirada hipervigilante hacia el frente. El sonido del limpiaparabrisas aumenta de volumen hasta que la luz se apaga por completo).


FIN

 

 

* PARTE DEL TRIPTICO "RELACIONES DE PODER".

Autor: Benjamín Gavarre

 


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