miércoles, mayo 04, 2016

ADAN, EVA Y EL GENERAL












(Sátira en la Narvarte)



Personajes:

  • EVA: Bruja de Catemaco disfrazada de ama de casa. Está embarazada de gemelos "diabólicos".

  • CAPITÁN ADÁN POLO: Un policía que vive en un estado de pánico perpetuo.

  • EL GENERAL MACANA (El Jefe): El "Amo de la Ciudad". Corrupto, facho y con delirios de divinidad.

  • DOÑA LUCÍA (La Suegra/La mujer de El Patas): Bruja mayor. No le teme a nada;  tiene pasiones culpables.

  • EL PATAS: El marido ausente de Lucía (el Mero Mero).



ESCENA 1: LA CUOTA NO SALE


(Sala Comedor de la Narvarte. La mesa está cubierta con una montaña de billetes arrugados, sucios, manchados de grasa y olor a tacos de canasta. POLO los cuenta con desesperación, humedeciéndose el dedo en la lengua cada dos segundos).


POLO: Ochenta y cinco... noventa... ¡Maldita sea! Estos billetes huelen a pura garnacha y a aceite de patrulla vieja. Dile a tu madre que deje de quemar ese copal, que no me deja concentrarme. Si no le completo el fajo al General hoy, me va a poner a vigilar la alcantarilla más honda del barrio.

EVA: (Entra con un manojo de pirul y un vaso de agua bendita). Ni te esfuerces, Polo. Ese dinero está salado. Los sobornos los huelo desde la cocina. Esos billetes tienen una vibra... huelen tanto a mordidas de burro que ni con cloro se les quita. Mejor cuídate, que el huevo que te pasé ayer salió con tres ojos. El General Macana te va a querer comer... Yo le voy a preparar un hechizo de vista gorda.



ESCENA 2: LA ENTRADA DEL "OMNIPOTENTE"

(Se escuchan frenazos de patrullas afuera. Entra el GENERAL MACANA, con su uniforme lleno de medallas de kermés y lentes oscuros de aviador. Mira el dinero en la mesa con un asco fingido).

GENERAL MACANA: ¡Pero Capitán Polo! Adancito, querido, ay, Adancito! ¿Qué es esta miseria? Te di el señorío sobre las principales avenidas, te entregué las llaves de la ciudad para que fueras un tiburón, ¡y me sales con estos billetes que parece que los usaron para envolver tamales! Yo te saqué del lodo, ADÁN Polo. Te hice Capitán a mi imagen y semejanza.

POLO: ¡Mi General! Es que la crisis... Los mapaches, las ratas... y la gente ya esconde el dinero hasta en los calcetines, ya no quieren cooperar para la causa...

GENERAL MACANA: (Ignorándolo, se acerca a Eva con una arrogancia pesada). Y tú, Eva... sumisa y calladita te ves más bonita. No me mires con esos ojos que me quieren convertir en sapo. Tu marido me debe la vida, lo sabes... y tú me debes respeto. Gracias a mi son lo que son. Yo les di donde vivir sus miserables vidas. Esta casa es mía, pero se las preste no sin pedir nada a cambio... Me deben favores, cierto... Y no los desalojo, porque no quiero que piensen que soy un jefe cruel. Pero no me tienten... ¿Qué hay de comer? Espero que no sean esas porquerías de hierbas y cactus que se come tu madre. 


ESCENA 3: EL DUELO DE TITANES (ODIO A PRIMERA VISTA)

(Entra DOÑA LUCÍA, barriendo el aire con una escoba de mijo y escupiendo un buche de aguardiente para "limpiar" el lugar. Se topa de frente con el General).

LUCÍA: ¡Fuchi! Huele a azufre de oficina y a botas mal boleadas. ¡Quítate de mi camino, gendarme de opereta, que voy a limpiar la podredumbre que trajiste pegada a las suelas!

GENERAL MACANA: (Rojo de ira). ¿Pero qué le pasa a esta vieja chancluda? ADÁN, ¡Polo! ¡Arréstala! ¡Llévatela al "pocito" por desacato a la autoridad divina! ¡Es una orden!

LUCÍA: ¡Arréstame ésta, generalito de chocolate! (Le da un manotazo que le vuela los lentes). ¡Tú aquí no mandas! ¡Aquí manda el Patas, el maximo señor, el alto y magnífico espíritu de Catemaco y la que trae las enaguas bien puestas soy yo,  su esposa!

GENERAL MACANA: (Le sujeta las manos con fuerza, forcejean intensamente). ¡Nadie toca al General! El GENERAL MACANA merece respeto. ¡Usted es una Mala Bruja del Tepozteco chico, hazmerreir  de las chamanas! ¡Le voy a clausurar el tercer ojo de un macanazo! 

(Empieza una pelea campal. Lucía le jala las orejas, el General intenta aplicarle una llave de lucha libre. Se tiran de los pelos, se insultan con una creatividad barroca con los albures más pintorescos. ADÁN POLO y EVA intentan separarlos, pero terminan rebotando entre los dos).

ADÁN POLO: ¡Mi General, suelte el rebozo de mi suegra! Puede ser peligroso.  ¡Eva, controla a tu madre que le está  jalando los calzones a mi jefe!

EVA: ¡Mamá, no le piques...  los ojos! ¡Señor General, sueltele el pelo, no sea maricon, pelee como hombre!

(En medio del forcejeo, Lucía le da un bofetón que suena en toda la cuadra. El General se queda quieto, respirando agitado, con la marca de los cinco dedos roja en la mejilla. Mira a Lucía fijamente a los ojos. El odio empieza a transformarse en algo más espeso).


ESCENA 4: EL DESLUMBRAMIENTO

GENERAL MACANA: (Con la voz quebrada por una extraña y repentina atracción). Caramba... qué mano tan firme tiene usted, Doña Lucía. Nadie me había pegado con tanta convicción desde que mi sargento me entrenó en el Colegio Militar. Tiene... el flau.

LUCÍA: (Acomodándose el huipil, jadeando de la emoción del combate). Y usted... para ser un corrupto y un "poco hombre", tiene un agarre de bulldog que no está nada mal... anciano torpe. Se ve que todavía tiene fuerza en la osamenta.

GENERAL MACANA: Es usted una Bruja fascinante... me ha dejado el pómulo hinchado y el corazón acelerado. Siento que me hizo un hechizo de amarre sin usar ni una sola vela. Me gusta su... resistencia civil.

LUCÍA: Es que usted, General, tiene cara de que le gusta que lo traten con rigor. Y yo tengo maestría en eso. Me gusta su arrogancia... me recuerda a mi marido, pero con más medallas y menos cerebro. Me ha caído usted en gracia, fíjese.

POLO: (A Eva, susurrando aterrado). AMOR... ¿viste eso? Ya no se están pegando... se están haciendo ojitos de borrego a medio morir. ¡Qué asquito me dan!

EVA: (Abrazando a Polo). Es el poderde la chancla y el latigo, Adán. Yo la he visto dominar así  al mismisimo Patas, mi señir padre. Bueno. Al final, estos dos son tal para cual. Quédate tranquilo, que mientras ellos se entretienen con su romance nadie nos va a sacar de nuestro paraiso de interés social. Juntáremos del dinero de las mordidas y compraremos nuestro terrenito. Ya fincaremos para mis pequeños  diablitos que ya están pateando... Caín y Abel sienten que viene el cambio de guardia en la familia.

POLO: Caín y Abel... que nombres tan feos.

EVA: Feas son las patadas que dan... Sobre todo uno de ellos es muy agresivo. Será  el Caín, será  el Abel?


POLO: Sepa, puede ser cualquiera  de los dos. Pero no te apures, yo creo que se van a llevar bien, vomo dos amorosos hermanitos.


ESCENA 5: EL TELEGRAMA DEL "PATAS"

(De pronto, las luces de la sala parpadean. Se escucha un silbido diabólico y un sobre amarillo aparece de la nada, flotando mágicamente sobre la montaña de dinero sucio. Polo lo abre con manos temblorosas).

POLO: ¡Es un telegrama! ¡Es del Patas! ¡Viene desde el más allá!

LUCÍA: ¡Ese desgraciado! Seguramente quiere que le mande sus calzones limpios al inframundo. Lee, Polo, no te quedes ahí como estatua de sal.

POLO: (Leyendo en voz alta):

"QUERIDA LUCÍA: NO ME ESPERES A CENAR. EL GENERAL MACANA TIENE UNA ESPOSA VEDETTE QUE ES UN AUTÉNTICO MANJAR DIVINO. ESTAMOS EN EL CAPRI CELEBRANDO LA VIDA Y LAS BURBUJAS.


 

GENERAL MACANA: SU ESPOSA THELMA BIYÚ ES REALMENTE ENCANTADORA. SE BAÑA EN UNA COPA GIGANTE DE CHAMPAGNE Y NO DEJA NADA A LA IMAGINACIÓN... AH... Y ME DIJO QUE EL INFIERNO LE GUSTA MÁS QUE LA MUGROSA POLICÍA PORQUE AQUÍ NO HAY QUE ENTREGAR CUOTAS, SOLO ALMAS. CHAUCITO. ATTE: EL PATAS."

(Silencio total. El General Macana mira el dinero sucio, luego mira a Lucía, que le sonríe con malicia).

GENERAL MACANA: Bueno... parece que oficialmente estoy soltero. ¿Doña Lucía, le gustan los hombres con uniforme, poder absoluto y tendencia al autoritarismo?

LUCÍA: Si me dejas darte de latigazos que ya vi que bien que te gusta el rigor... Ah y quiero que nos compartas de los millones te robaste este sexenio... Entonces puede que hagamos negocio, Generalito. Ándale, saca el pecho, que hoy te toca limpia. Ándele, póngase flojito que si no le llamo al Patas.... No quiere que se lo lleve al inframundo antes de tiempo,  qué  no?

EVA: (Riendo y empujando a Polo). ¡Adán, no te preocupes por dinero!  Ya viviremos próximamente en un verdadero paraíso... por lo pronto... ¡Hoy el General invita la cena en los tacos de la esquina!

GENERAL MACANA: ¡A las flautas de la Narvarte! ¡Y que las pague la caja chica de la policía! ¡Vámonos, Bruja mía!





TELÓN

TADEUSZ KANTOR EL TEATRO DE LA MUERTE




TADEUSZ KANTOR EL TEATRO DE LA MUERTE



Soy un herético. De modo que necesito a Dios. Necesito ese Dios, necesito a mi enemigo.
Necesito ese muro, para poder abrirme la cabeza. Este es mi credo, mi principio, mi posición
en Polonia. Cada cual debe tener su muro.


La ilusión es una reproducción del mundo visible. Reproduce aquello que ya ha sido realizado
con anterioridad, por la naturaleza, o por Dios. Preferentemente por Dios, porque esto deja
una oportunidad.

[...]
No se si he estado más inspirado por las fiestas judías o por las fiestas católicas. Mi abuelo, o
para ser exactos, el hermano de mi abuelo, fue sacerdote. Era un hombre muy liberal. Tuvo
muchos problemas con el obispo, que residía en Tarnow. El obispo era tradicionalista. No
amaba a los judíos, está claro. Mi tío abuelo si que apreciaba a los judíos. Recuerdo una
magnífica escena en el entierro de mi tío abuelo. Numerosos sacerdotes habían venido un
poco de todos lados. Iban todos de negro. Nadie advirtió que a lo lejos, tras el cortejo, toda la
comunidad judía les seguía con el gran rabino y los miembros del consejo judío. Iban vestidos
de fiesta y llevaban las tabletas. Todos los sacerdotes católicos huyeron a través de los
campos. Se tenían que atravesar los campos para llegar al cementerio. Uno se sentía como en
una película de Buñuel. Todos los sacerdotes huyeron. Al acabar, ¡no quedó más que la
familia y los judíos!


[Andrejz Wajda, cineasta...]
Para Kantor, Cracovia era una ciudad de apariencias. Pero Wielopole era la verdadera vida.
Sentía por su ciudad un profundo apego. Vino a Cracovia, pero nació en Wielopole. Y
Wielopole le acompañaba en Cracovia, en Nueva York, París, Londres, allí dónde
interpretaba llevaba Wielopole con él. Eso es lo que constituía su originalidad. Esa era su
fuente de su inspiración y la explotaba. Ese apego a la provincia no era una coquetería.

[Teatro...]
Embalajes, empaquetados, el manifiesto. Los embalajes aíslan del mundo, protegen de la
estupidez, de la ignorancia y de la vulgaridad. Embalajes, empaquetados. Embalajes.

[...]
La tendencia humana, la pasión por la conservación, por la disimulación, por la transmisión,
casi un proceso autónomo. ¡Qué oportunidad!


Junto con el embalaje y la silla, el paraguas ha sido el objeto mayor de la obra de Tadeusz
Kantor. Ha estado presente en toda la creación de Kantor. El paraguas es un embalaje porque
protege de la lluvia. Protege del sol. Es un objeto divertido. “Un objeto lleno de aventuras”,
como decía Kantor.


[Maria Stangret-Kantor, pintora...]
Tenía mucho carisma. Gracias a él, comprendimos lo que es la vanguardia. Nosotros, los
jóvenes, conocíamos la vanguardia de la época de la Revolución, Maiakovski, Esenin. Más
tarde fuimos confrontados con la realidad. Eso nos abrió los ojos. En la época del realismo
socialista, el arte estaba tan asfixiado que nadie reaccionaba. Todo había sido decidido de
antemano, todo respondía a las directrices comunistas. Nos enseñó que podíamos hacer otras
cosas.

[...]
Existe un estado de pesadumbre, un estado de vacío. En este tipo de vacío, no hay ni
escenario ni teatro. Sólo un guardarropa, una sala de espera, un vestíbulo, un almacén de
decorados, un depósito, los espectadores forman parte de ese depósito. Los considero como
un depósito. El lugar donde actuamos tiene a la vez algo de depósito, de guardarropa, de sala
de espera.


[Krystyna Czerni...]
Encuentro admirable que sometiese todo a su arte. Sometió todo a su arte: sus allegados, su
propia vida, su biografía. Utiliza todos estos materiales en su arte. Esto es el ejemplo perfecto
del artista total, por no decir totalitario. Era el ejemplo del artista que pretende el poder
absoluto. Quería ejercer el poder absoluto sobre sus actores. Los trató realmente como
instrumentos. Quería ejercer un poder absoluto sobre su arte.


[Ensayando...]
¡Coño! ¡Tienes que llegar frente al caballo! Tienes que comunicarte por telepatía. ¡Lo hemos
hecho tantas veces! ¡Os lo suplico! ¡Me juego la rotura del aneurisma! Y será el fin. Ya os he
dicho que no tengo a nadie. Ni secretaria ni director de escena. Nadie. Es por eso por lo que
me enervo. Debo defenderme contra todos estos bandidos. ¿Esto os divierte? ¡No es divertido!
Se que os reís de mi. Si esto es así, yo me voy. No quiero morir aquí por vuestra culpa. Si no
cambiáis de actitud, rompo... Puedo encontrar una compañía en Nuremberg.


[Jerzy Nowosielski, pintor...]
Kantor era una especie de filósofo del tiempo, del tiempo que pasa... Es así como podríamos
definir su concepción: la única cosa que nos ha sido verdaderamente dada, que poseemos
concretamente, es el pasado. El presente no existe. Pasa demasiado rápido. En cuanto al
futuro, no lo conocemos. Todo lo que poseemos en realidad, es el pasado. Sus últimos
]espectáculos, se dirigen todos al pasado. Están enraizados en el pasado. Y su visión del pasado
ofrece un carácter infernal. Pero no está desprovista de amor. Permanece ligada a su pasado.

[...]
Aquí no hay actores. Nuestros actores no pueden interpretar otro papel que el que
interpretan en este espectáculo. No pueden interpretar Hamlet, Macbeth o Falstaff. Cada
actor conserva su personalidad. Yo me sirvo de ellos. Yo no quiero un actor, que interpretaría
un papel en el espectáculo. Quiero servirme de aquel que es en realidad. Tengo un lema: el
artista debe conservar su salud. En la vida, cada uno debe conservar su salud. Y los artistas,
más aún que cualquier otro. ¿Salvar el mundo? Imposible. Más vale salvarse uno mismo.

[...]
Los directores de escena no se quedan. Montan la obra y se van. Yo estoy siempre presente.
Debo estar ahí, en cada representación. Ese es mi papel. Estoy en el escenario, como director
de escena. Y cuando veo que el actor comienza a interpretar, a hacer demasiado, a
comprometerse, a reproducir su papel, me pongo a su lado. Encarno la realidad del
espectador. Estoy en escena ilegalmente, sin ningún derecho. Eso es muy importante. Estoy
en escena... ilegítimamente. Eso es. Adoro esa palabra.


[Ensayando, con un maniquí...]
Si la cojo por aquí, todo se levanta. ¿Veis? Mirad atentamente. La levanto y ¿qué ocurre? Es
necesario que todo esté bien cosido. Muy bien cosido.

[...]
Este mundo es un crimen. Y todo arte es un crimen. La belleza sólo pertenece al arte
académico.

[Wieslaw Borowski, galerista...]
Kantor combatió el academicismo y todas las convenciones institucionales. Su teatro nace de
este cuestionarse el teatro institucional. No quería por otro lado rehacer el mundo. Su
creación era muy personal. Hablaba muy profundamente del destino individual. Poseía una
fuerza inmensa, que le permitió prescindir de la ayuda de las autoridades culturales. Logró
transmitir su arte no contando más que consigo mismo.

[Karl Gerhard-Schmidt, amigo de T. Kantor...]
Se le avisó que los ensayos se harían aquí, durante varios meses. Pero la ciudad de Nuremberg
renunció, por falta de dinero. Por iniciativa mía, puesto que me avergonzaba por Nuremberg,
decidí montar su obra igualmente. La compañía no pudo quedarse más que seis semanas, por
razones económicas. Buscamos entonces un teatro privado para actuar, y para ensayar. ¡Una
verdadera catástrofe! Kantor lo rechazó. Se formó un escándalo inimaginable. ¡Puro teatro!
Busqué otro lugar. Encontré una antigua fundación.



[Ensayando...]
¡Dios! ¡Cuántas veces hay que deciros que anotéis las cosas! Si no tomáis notas, ¡os despido!
Paso toda la noche aquí. ¡Podríais al menos tomar notas! Hasta aquí, os he dicho. ¡Y no estáis
interpretando a imbéciles! ¡No me miréis con esa cara de idiotas!

[Andrzej Welminski, pintor...]
Dicen que Kantor era un tirano que sometía a sus actores. Esto es absolutamente falso.
Tadeusz Kantor incluso exigía a sus actores que participaran en la creación, que se
involucrasen. Ese era su método de trabajo. Los miembros de la compañía fueron los mismos
durante mucho tiempo. Siempre eran la misma gente. ¡Eso es fenomenal!

[Ensayando...]
¡No miréis detrás vuestro! ¡Hacer lo que tenéis que hacer! ¡Dejad de mirarme! ¡Todas esas
miradas son estúpidas! Hay que permanecer en la línea. ¡Está realmente un poco sonado!

[Roman Siwulak, pintor...]
No me oprimía. Echo mucho de menos la opinión de Kantor. En especial sobre temas
artísticos. Su opinión siempre contó mucho para mi. Podría incluso decir que sin él, me siento
un poco desorientado. Construía un mundo de valores. Un sistema de valores que era para
nosotros muy claro, muy preciso y muy concreto. Hoy, eso es algo extraño en el arte
contemporáneo.

[Waclaw y Leslaw Janicki, orfebres...]
Nuestra similitud le fascinaba. Pero sabía distinguirnos. Siempre supo dirigirse a nosotros por
nuestro nombre. Llegó aún así a confundirnos, durante un espectáculo, cuando estábamos
vestidos. Este desprecio le irritó mucho. Sus esfuerzos nos han animado mucho en nuestro
trabajo. No sabría decirle si llamábamos más la atención que los otros. Para poderlo decir,
hubiera sido necesario estar fuera de la obra. Éramos más visibles, éramos diferentes. Dos
individuos idénticos, era una ventaja.

[Ryszard Stanislawski, historiador del arte...]
Con la muerte de Kantor, es todo el arte el que ha sufrido una pérdida irreparable. En el curso
de mi vida, he conocido muchos grandes artistas. Por ejemplo Joseph Beuys. He llegado a
hablar largamente con Jasper Johns. Incluso charlé un día con Picasso. Y debo decir que
Kantor formaba parte de esa serie de gentes excepcionales, de esos meteoros que aparecen en
el firmamento de nuestra vida antes de desaparecer súbitamente. Pero permanecen entre
nosotros, a través de sus obras.


[Zbigniew Gostowski, pintor...]
Quizás le parezca brutal, pero voy a darle mi opinión personal. Tengo la impresión que ciertas
personas, aquí, en Polonia, están contentas de que Kantor no esté ya entre nosotros. 


Kantor destilaba la inquietud. En el psiquismo humano y en el arte, la gente prefiere la tranquilidad.Pero la serenidad no favorece el arte. Necesita movimiento, inquietud. Estimo que Kantor no ocupa el lugar que merece, aún menos en Polonia que en otras partes.

[...]

Como de costumbre, al final todo el mundo abandona la escena. Me quedo solo. Con mi
joven esposa. Ella es quién acaba el espectáculo. Tan solo la ayudo. No volveré nunca.

[Andrzej Wajda, cineasta...]
Kantor era el único que tenía genio. Todo lo que tocaba poseía una remarcable coherencia.
La escenografía, los movimientos escénicos, el juego de los actores, los textos que decían.
Todo eso creaba una unidad perfecta, que no se encuentra en ningún director de escena o
dramaturgo polaco. Kantor ocupa un lugar particular. Retrospectivamente, su teatro me
parece el más bello, el más fuerte, que ha conocido Polonia después de la guerra. Incluso
antes de la guerra, no había nada comparable al teatro de Tadeusz Kantor.


martes, mayo 03, 2016

LOS SIETE PECADOS CAPITALES DEL PEQUEÑO BURGUÉS Bertolt Brecht

LOS SIETE PECADOS CAPITALES DEL PEQUEÑO BURGUÉS

Bertolt Brecht


El ballet expone el viaje por los EU de dos hermanas sureñas que salen a ganar dinero para construir una pequeña casa. Las dos se llaman Ana. Una es el empresario, otra, la artista; una —Ana I— la que vende, otra —Ana II— la mercancía.

En la escena hay un tablerito donde está trazado el itinerario del recorrido por siete ciudades; enfrente, Ana I con una batuta en la mano. En otra parte, la escena representa el mercado, distinto cada vez, donde Ana I manda a venderse a su hermana. Al final de cada cuadro, que enseña el modo de evitar cada uno de los siete pecados capitales, Ana II se acerca a Ana I, entonces aparece la familia de las dos Ana, en Luisiana: el padre, la madre y dos hijos, mientras a su espalda crece la pequeña casa, a medida que las dos Ana renuncian a los siete pecados capitales.


LAS DOS HERMANAS:       
Ana I:
Mi hermana y yo vinimos de Luisiana, donde las aguas del Misisipi corren bajo la luna —como tantas canciones dicen.
Un día retornaremos.

Ana II:
Mejor cuanto más pronto.

Ana I:
Partimos hace cuatro semanas hacia las grandes urbes, a buscar fortuna en siete años.
Volveremos entonces.

Ana II:
Valdría más en seis años.
Nuestros padres y dos hermanos en Luisiana esperan, les enviaremos todo el dinero ganado para que se construya una pequeña casa en Luisiana, a la orilla del Misisipi.
¿Verdad, Ana?

Ana I:
Sí, Ana.

Ana II:
Mi hermana tiene gracia, yo sentido práctico.
Es un poco alocada, yo piso la tierra.
No somos dos personas; una sola y la misma.
El nombre mutuo es Ana, tenemos pasado, futuro, corazón, cuenta de ahorros.
Cada una sólo hace lo bueno para la otra.
¿Verdad, Ana?

Ana I:
Sí, Ana,


PEREZA
La primera ciudad del viaje: para adquirir su primer dinero, las dos hermanas utilizan una estratagema. Pasean por el parque de la ciudad y localizan a las parejas legítimas. Ana II se arroja sobre el marido, finge conocerlo, lo abraza, lo abruma con reproches, etc., en resumen, lo pone en situación comprometida, mientras Ana I simula querer detenerla. De repente, Ana II se precipita sobre la mujer y la amaga con su sombrilla, mientras Ana I extorsiona dinero al marido, mediante la promesa de alejar a su hermana.
Repiten la maniobra muchas veces, a ritmo muy rápido. Luego sucede lo siguiente: Ana II, que una vez más pretende sacar dinero a un hombre, que logra seducir lejos de su mujer, persuadida de que su hermana la distrae, comprueba con asombro que Ana I, en lugar de trabajar, duerme sentada en una banca. La despierta y obliga a trabajar.


LA FAMILIA:
Con tal que nuestra Ana no escatime trabajo.
Habituada a la flojera, diario de su lecho había que tirarla.
Siempre, por eso, repetimos:
«Ana, la pereza es madre de todos los vicios»
Por otra parte, nuestra Ana es niña muy razonable, obediente y apegada a sus padres.
Aguardemos, por eso, que haga los necesarios esfuerzos, allá.
Dios ilumine a nuestros hijos
para que hallen la ruta
que al bienestar conduce.
Dios les preste fuerza y alegría
para que no pequen contra las leyes
que dan felicidad y riqueza.


ORGULLO
Un sórdido cabaretucho; Ana II entra en escena, acogida por el aplauso de cuatro o cinco clientes: todos con cara siniestra; la empavorecen. Su traje es común y corriente, pero baila con gran aplicación y esmero: da lo mejor de sí misma sin lograr éxito. Los clientes mueren de aburrimiento, bostezan como cocodrilos (de sus máscaras asoman enormes hocicos con dientes horrorosos); arrojan sobre la escena diversos objetos y hasta apagan de un balazo la única lámpara. Ana II sigue bailando, poseída de su arte, hasta que el patrón llega a buscarla, la hace bajar de la escena y manda a otra bailarina; una vieja prostituta gorda, que enseña a Ana cómo deben ganarse los aplausos en este lugar. La prostituta baila en forma grosera e indecente, con éxito notable. Ana rehúsa hacer lo mismo. Pero Ana I, a un lado de la escena, la única en aplaudirla, llora en vista del poco éxito obtenido; esto la compele a bailar como piden. Le arranca la falda demasiado larga que avienta a la escena, donde la prostituta le enseña el arte de la danza, mostrando cada vez más al subirse la enagua, con aplauso del público. Al final, Ana I acompaña a su hermana, deprimida, hasta el tablerito y la consuela.


LAS DOS HERMANAS:   
En cuanto quedamos provistas con lencería, vestidos, medias y sombreros, hallamos un empleo como bailarina de cabaret en Menfis, segunda ciudad del viaje.
Ah, bien duro para Ana.
Los vestidos y sombreros envanecen a las muchachas, cuando la tigresa se mira en el agua al beber, se vuelve peligrosa de inmediato.
Quiso ser artista,
hacer arte en el cabaret
de Menfis, segunda ciudad del viaje.
Pero eso no quería tal gente,
lo que quiere tal gente no es eso.
Tal gente paga y pretende
que le exhiban por su dinero
y quien, púdica, vela su nalga y sonroja,
no debe contar con su aplauso.

A mi hermana dije:
«El orgullo sienta bien a los ricos,
haz cuanto te pidan
no lo que quieres que pidan.»
Muchas veces por la noche, a duras penas
aplacaba su orgullo,
la metía en su lecho,
la consolaba y le decía:
«Sueña con nuestra casa de Luisiana.»

LA FAMILIA:
Dios ilumine a nuestros hijos
para que hallen la ruta
que al bienestar conduce.
Triunfar sobre sí mismo
implica recompensa.
No, esto no marcha bien
Con el dinero que envían
no es posible
construir ninguna casa.
Se comen cuanto ganan!
Habrá que reprenderlas,
si no, esto no marchará.
Con el dinero que envían
no es posible
construir ninguna casa.

IRA
Ana actúa como comparsa en una película. El galán, del tipo de Douglas Fairbanks, a caballo, debe saltar una valla de flores. Pero el caballo es torpe y el actor lo golpea. El caballo cae y no puede levantarse, a pesar de la cobija que le ponen debajo y del azúcar que le tienden. El actor lo golpea de nuevo; en ese momento la pequeña figuranta le arranca el látigo de la mano y, poseída por La cólera, le pega al actor. De inmediato la despiden. Su hermana se precipita hacia ella, la convence de que regrese, se tire a los pies del galán y le bese las manos, para que vuelva a recomendarla con el empresario.

LAS DOS HERMANAS:
Ana I:
Ahora el negocio marcha.
Andamos en Los Ángeles.
La figuranta ve abrirse todas las puertas.
Si somos prudentes
y evitamos deslices
nuestro ascenso será inevitable.
Al que se opone a la injusticia
lo echan de todas partes.
Al que se indigna frente a la servicia
más le vale estar muerto.
Al que no soporta la impudencia
nadie lo sufre.
Al que no comete ofensa
se le achaca.
Así curé a mi hermana de su cólera
en Los Ángeles, tercera ciudad del viaje.
La curé de impugnar en público la injusticia,
porque cuesta muy caro.
Siempre le repetía: «Ana, modérate,
bien sabes a dónde lleva descuidarse.»
Me entendía y contestaba:

Ana II:
Lo sé, Ana.

GULA
Ahora, Ana misma es la estrella. Firmó un contrato que le prohíbe subir de un peso; por tanto, nada debe comer. Un día, roba una manzana, que muerde a escondidas, pero en la báscula aparece el gramo de más: el empresario se tira de los cabellos. En adelante, su hermana la vigila en la mesa. Los dos criados que le sirven están armados con pistolas; de la fuente que les llevan sólo debe tomar un frasquito.

LA FAMILIA:
Carta de Filadelfia.
Ana está bien: por fin gana.
Tiene contrato como primera bailarina:
prescribe que no debe comer
cuanto quiera ni cuando quiera.
Para nuestra Ana, terrible,
porque siempre fue bastante glotona.
Con tal que se atenga a su contrato porque
en Filadelfia no gustan las elefantas.
La pesan diario,
malhadada si sube un gramo,
porque afirman, es su tesis:
«La compramos en cincuenta y dos kilos,
todo excedente es odioso.»
Pero nuestra Ana es muy razonable,
hará todo para respetar su contrato.
Dirá: «Comer, podré hacerlo
en Luisiana: Cuernos, milanesas, espárragos, pavos y deliciosas galletas de mantequilla!»
Piensa en la casa de Luisiana,
mira, crece piedra a piedra.
Detente:
La gula es abominable.


LUJURIA
Ana adquiere un «protector» muy rico, que la ama y le regala vestidos y joyas, y un enamorado a quien ella ama, que le roba las joyas. Ana I le recrimina y acaba por lograr que se separe de Fernando para ser fiel a Eduardo.
Pero cierto día, Ana II pasa frente a un café en cuya terraza están sentados Ana I y Fernando, que pretende en vano seducirla. Ana II se precipita sobre Ana I, la levanta en vilo y ruedan enzarzadas por el suelo en plena calle, observadas por Eduardo y sus amigos como por mirones y chiquillos. Los niños se muestran con el dedo el precioso trasero de Ana; Eduardo huye espantado. Después, Ana I hace reproches a su hermana y la envía en pos de Eduardo, previa conmovedora despedida con Fernando.

LAS DOS HERMANAS:
En Boston se pescó un hombre
enamorado, que pagaba mucho.
Tuve dificultades con Ana,
que se las pelaba, por otro,
y le pagaba
porque lo amaba.
A menudo le decía: «Infiel,
no vales la mitad de tu precio,
no se paga la malquerida
como a mujer amante.»
Todo y más puedes hacer
si vives sin protección,
pero no llegarás lejos
si olvidas tu situación.

Le decía: «No te pongas entre dos fuegos!»
Lo busqué más tarde
y le decía: «Tantas ligerezas
atribulan a mi hermana.»

Todo y más puedes hacer
si vives sin protección,
pero no llegarás lejos
si olvidas tu situación.
Sólo que seguí viendo a Fernando,
nada hubo entre nosotros: qué torpeza!
pero Ana nos sorprende cierto día
y sobre mí se lanza:
He ahí lo que sucede:
cuando uno se descuida,
apariencias en contra
cierran toda salida.
Muestra su traserito blanco
más precioso que una fabriquita
lo muestra gratis a papamoscas y militares,
a la profanadora mirada en sitios públicos.

He ahí lo que sucede:
cuando uno se descuida,
apariencias en contra
cierran toda salida.

Ana I:
Trabajo me costó imponer el orden,
abandonar a Fernando
y disculparme con Eduardo,
oía llorar a mi hermana todas las noches
y me decía:

Ana II:
Ana, es duro, pero está bien.

AVARICIA
 Poco después, Eduardo, arruinado por Ana, se salta los sesos. El periódico la menciona con palabras halagüeñas, los lectores se quitan respetuosos el sombrero a su paso y la siguen de inmediato, periódico en mano, para arruinarse. Pero cuando al poco tiempo un segundo galán, destrozado por Ana, se tira por la ventana, interviene la hermana: rescata a un tercero, a punto de colgarse: quita el dinero a Ana II y lo devuelve al dueño. Se comporta de tal modo porque la gente comienza a hacer el vacío alrededor de su hermana, cuya codicia crea mala reputación.

LA FAMILIA:
Leímos en el periódico
que nuestra Ana está en Baltimore
y que por ella todo tipo de gente
los sesos se salta.
Ganará dinero
si pasan cosas como esas del diario.
¡Es útil! ¡Afama a la joven!
¡La impulsa!
Ojalá no tenga los dientes muy largos
o pronto dará miedo.
Hará el vacío
a su alrededor.
Quien exhibe su codicia
hace el vacío alrededor suyo;
señalan con el dedo
a quienes van demasiado lejos en su avidez.
Si tu diestra toma
debe dar la siniestra:
es el principio!
Dando y dando:
es la ley!
Esperemos que Ana sea razonable,
que no les quite hasta la camisa
y el último centavo,
sino comprenda
cuánto demerita exhibir su avaricia.
ENVIDIA
Una vez más, Ana atraviesa la gran ciudad. En su camino encuentra a otras Ana (todos los bailarines llevan la máscara de Ana), que se abandonan al ocio, etc. Cometen sin temor todos los pecados capitales prohibidos. Sigue un ballet sobre el tema: Los últimos serán los primeros: mientras las otras Anas caminan con paso arrogante bajo la luz resplandeciente, su hermana Ana II se arrastra encorvada con dificultad. En seguida, comienza la ascensión: su porte se vuelve cada momento más altivo, al final triunfal, mientras las otras Anas decaen y se borran a su paso humildemente.

LAS DOS HERMANAS:
La última ciudad del viaje: San Francisco.
Todo iba bien. Pero Ana a menudo
lloraba, envidiosa de cualquiera
que pasase sus días en el ocio,
incorruptible y soberbio,
indignado contra las crueldades,
entregado a sus instintos, a la dicha,
sin darse más que al amado,
asumiendo lo necesario.
Le decía a mi pobre hermana
cuando envidiaba a los otros:
«Hermana mía, todos, hijos de la luz,
dirigimos a placer nuestros pasos.
Los insensatos van con el rostro altivo,
mas ignoran a dónde.
Sígueme, renuncia a los placeres
que como los demás persigues.
Ah!, deja a los espíritus delirantes
que no temen cuanto les aguarda.
Renuncia a beber, a comer, a tus antojos,
piensa en el precio que el amor cuesta.
Hacer lo que te place sería locura,
no gastes tu juventud: escapa.
Sígueme, verás que un día
todo terminará con tu apoteosis.
Ellos quedarán, espantable retorno,
en la nada, frente a la puerta cerrada.
Triunfar sobre sí mismo
implica recompensa.»

Ana I:
Mi hermana y yo volvimos a Luisiana,
donde las aguas del Misisipi corren bajo la luna.
Siete años recorrimos ciudades
buscando fortuna,
acumulada ahora.
Mirad nuestra pequeña casa en Luisiana.
A nuestra casa entramos,
en Luisiana, a la orilla del Misisipi.
Verdad, Ana?

Ana II:
Sí, Ana!        


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