LA BARDA DE PIEDRA VOLCÁNICA
Por Benjamin Gavarre
LA BARDA DE PIEDRA VOLCÁNICA © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under CC BY-NC-ND 4.0
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Comedia
de enredos, investigaciones caseras y autoabotaje en un acto
Personajes
- SALUA (25
años): Alumna de piano. Estratega del autoengaño, detective aficionada de
la vida ajena, experta en acelerar a fondo con el freno de mano puesto.
Sus procesos mentales son infinitamente activos, llenos de escenas que se
montan en su incesante escenario mental, donde ella misma se pelea, se
disculpa, amenaza, se desborda o se retira con la dignidad falsamente
herida. Jamás dice "me gustas"; prefiere mandar señales cifradas
y montar operativos de inteligencia.
- OLIVER (38
años): Profesor de piano. Un músico brillante, de estilo desenfadado y
aire bohemio; acierta con la barba de tres días y el cabello largo,
logrando un aspecto artístico sin caer en el abandono. Con un oído
impecable para el jazz, el rock y Michael Jackson, disfruta enormemente
las altas colegiaturas de Salua y, sobre todo, sus servicios gratuitos de
rescate exprés. Misterioso, solitario, no se sabe que ande con nadie... y
esto es así de contundente... con nadie. Cero enamorado, pero con el ego
al cien; no busca conectar con sus admiradoras, pero le fascina el deseo
que provoca y que alimenta su enorme ego.
- SUSAN (25–28
años): La mejor amiga de Salua. Filosa, cínica, psicóloga de banqueta. Es
la única que ve el panorama con claridad y le canta las verdades a Salua.
Lo gracioso (y secreto) es que ella misma siente una fascinación
pasivo-agresiva e inexplicable por ese músico atractivamente desaliñado,
misterioso y solitario.
El jardín de UN Conservatorio en la zona volcánica de la Ciudad de México. Al centro, la barda de piedra volcánica. A los lados, elementos que sugieren una rutina urbana: tazas de café orgánico y sustentable, carpetas de partituras dobladas y la sombra constante de la ventana del taller musical de Oliver cruzando una jardinera.
Escena I: Operación "Revisaremos hasta
los calcetines si hace falta" y el no tan acertado diagnóstico de Susan
(La
escena abre en la barda de piedra volcánica. Salua está histérica, revisando
notas en su libreta. Susan fuma un cigarro electrónico y diseña una rara avis
de origami tipo alebrije con aire aburrido, mirándola de arriba a abajo).
SALUA (A toda velocidad)
¡Te digo que hoy pasó sin voltear a ver la ventana, Susan! Y eso que la
semana pasada le fui a rescatar las llaves que dejó tiradas en la esquina, le
revisé si no había dejado la cafetera encendida, y todavía me ofrecí a checar
las llaves del agua del departamento. ¡Hice patrullaje de campo en su casa!
SUSAN (Exhalando el humo con pereza)
Patrullaje de campo que tú misma te inventaste para meterte a su
departamento a espiar, querrás decir. Encontraste un perro solitario, tres
calcetines sin par y sin lavar, una colección de camisetas y calzones revueltos
que ni te atreviste a revisar... y una colección de vinilos de jazz. Cero
pruebas de que el tipo esté remotamente interesado en una cosa, animal, persona
o fábula viviente. ¿Tóxica yo, o tóxica tú? El tipo no está interesado en ti,
Salua.
SALUA (A la defensiva)
¡Pero conectamos musicalmente! Hablamos de jazz, de rock clásico, de los
arreglos de cuerdas en los discos de Michael Jackson. ¡Eso es intimidad
intelectual, Susan!
SUSAN (Riendo con acidez)
Intimidad intelectual tus ganas de rescatar a un hombre que huele a café
frío y que lo único que ama de ti son las altas colegiaturas le pagas y que le
cuides la casa como empleada doméstica sin sueldo. ¿No tiene madre, padre,
hermano o una tía que lo atienda? No puede vivir tan en el limbo, como chícharo
en cazuela... ¿No será un psicópata malvado?
SALUA (Cruzándose de brazos)
Es músico... ya con eso te digo todo. Y tú mejor que nadie sabes cómo
somos los músicos. O las músicas, las que tocamos el piano o, como en tu caso,
las rarísimas contrabajistas. Sí, tiene familia, pero es aburrido decirlo
porque son muy normales; todos viven en Guanajuato, entre León y Celaya... ya
sabes, zapatos y cajeta. Pero él es la oveja artística de su tribu. Les salió
pianista el nene. Y pues, como de la música de concierto no se vive —al menos
no si no eres famoso o miembro de una sinfónica—, pues ya estás: dando clases a
niñas ricas que pueden pagar el perfeccionamiento de Mahler y Shostakovich. Los
dos extremos, ya sé. Pero claro que se siente halagado, y hasta interesado...
Yo lo sé. ¡Él tiene que darse cuenta de que me gusta, aunque no se lo diga! Yo
le mando señales evidentes: le hablo con indirectas, le pregunto por su vida
críptica, le armo coartadas... Le he propuesto ir a cenar, o a comer en la
cocina económica de la esquina, así no se sentirá humillado o comprometido a
pagar mi cuenta. Cada quien lo suyo. ¿Y sabes qué ha contestado a mis
provocaciones e invitaciones? ¡Nada! ¡No me dice NADA! Es una gran desgracia
que sea mi maestro y mi vecino. Te digo que la configuración astral lo ha
puesto en mi camino; es un mapa cósmico, está clarísimo.
SUSAN (Interrumpiéndola con dureza amorosa)
Jamás, en todo este maldito semestre, le has dicho: "Oliver, me
gustas, estoy enamorada de ti". ¿Sabes por qué? Porque te encantan los
hombres inalcanzables y misteriosos; los que sabes perfectamente que no se van
a comprometer con nadie. Así te proteges. Buscas el "no" desde el
principio para tener el pretexto perfecto de abandonar el barco antes de que
alguien te rechace de verdad. Eres una máquina perfecta de autoabotaje, amiga.
SALUA (Incómoda, atacando de vuelta)
¡Ay, cálmate, psicóloga de banqueta! Tú te la pasas criticándonos, pero
bien que te quedaste embobada el día que lo viste afinar el piano con esa
playera deslavada... Y sus manotas, y sus brazotes… ¡Qué bíceps tiene,
¿cierto?!
SUSAN (Poniéndose ligeramente roja, a la defensiva)
¡Yo solo lo observaba para entender qué es lo que tiene que te provoca
tanta tontería, no te equivoques! No es mal tipo, pero hasta ahí... yo le daría
un ocho... Un siete.
SALUA (Sonriendo con malicia)
Claro, ajá. Ahí viene tu muy poco atractivo SIETE. Y No te pases de lanza, we.
Escena II: El café exprés y el PENOSO Y NEURÓTICO arte de frenar
acelerando
(Llega
Oliver con su expreso doble. Lleva la misma camiseta negra con pelitos de perro
que no se ha cambiado desde el inicio de semana. Al ver a Salua y a Susan, les
dedica una sonrisa cálida, genuina, como la de un niño que se alegra
momentáneamente antes de regresar al más cómodo y conocido plano melancólico,
casi de existencialista suicida).
OLIVER (Con voz suave y pausada)
Buenos días, Salua. Hola, Susan. Qué milagro verlas en su barda a estas
horas.
SALUA (Poniéndose de pie de un salto, arreglándose el suéter con
torpeza)
Nuestra barda, ja, ja, ja... Esa es buena. La verdad sí, ya podemos
ponerle nuestro nombre. Regresaremos dentro de veinte años y nuestros cuerpos
todavía reconocerán las formas de la piedra volcánica...
SUSAN (Al rescate de su amiga que ha perdido la compostura)
Qué tal, Profe... Ya con su segundo expreso del día. ¿Cómo le hace para
que le rinda? Me refiero a que... son tan cortitos los cafés... (Ella cae también en el nerviosismo) Yo prefiero el
americano... Aunque, de hecho, yo no tomo café... Soy más de jugos...
SALUA (Consciente de que su amiga ha caído también en el nerviosismo que
le provoca el apuesto músico)
Pues justo nos acercamos al estudio porque al rato tenemos clase, ¿te
acuerdas? Claro... Le contaba a Susana que las progresiones no melódicas de
Mahler son un caso casi mágico en la historia de la música, ¿cierto? Oiga, ¿y
al final sí se compró otra cafetera? Eso de que se queden prendidas es un
peligro, pero te digo, hay unas que se apagan solitas... Solo es cuestión de
esperar unas dos o tres horas; en la casa hay una de esas... en mi casa. Supe
de una vecina que dejó abierto su refri y se fue de vacaciones, el refri se
sobrecalentó y su departamento se incendió... Ah, pues sí lo sabes... Si es
también tu vecina. Qué bueno que no pasó a mayores, ¿cierto?
OLIVER (Riendo con naturalidad, sin percatarse de la invasión a su
privacidad)
Ya la nueva cafetera la tengo desde el viernes. Hace un exprés de otro
planeta, gracias por el tip, es un paro que se apague solita. Ya sabes cómo
somos los músicos: perdemos las llaves, dejamos abiertas las llaves del agua...
Ahora que lo mencionas, nunca dejaré el refri abierto, qué susto. Sí, es
también mi vecina, la del incendio. Qué bueno que no pasó a mayores.
SUSAN (Se inserta, mal, en la charla)
Ah, Maestro Oliver... Y qué lástima que no dé clases de contrabajo.
Salua me ha contado que es un estupendo maestro... de piano.
(Breve
silencio incómodo. Susan se pone colorada cuando el silencio hace más evidente
su torpeza).
OLIVER
A propósito, Salua, ya me cayó la colegiatura de este mes. El pago,
pues... "Colegiatura" suena como rimbombante, ¿verdad? Excelente. Nos
vemos en el estudio al ratito. (A Susan, con intención un poco
malvada) ¿Ceballos? Un gusto como siempre... Ah, perdón, Sontag, como la escritora...
SUSAN
¡Llámame Susan! ¡"Sontag" es tan formal!
(Oliver
no contesta, solo sonríe con una fina sonrisa irónica bailándole en la boca.
Les da una palmada amistosa en el aire y continúa su camino a zancadas,
bebiendo su café con total paz mental. Susan se queda con la cara crispada y
sonrojada).
SALUA (Mirando cómo se aleja)
¿Viste eso? Tanta cercanía en mi plática y él solo me habló de la
colegiatura... Del pago, dijo... Como si se tratara de un proveedor de gas.
Oye... ¿Y qué fue eso de "Llámame Susan"? Qué oso. Y ya ni te digo
nada de lo del contrabajo... Mejor le hubiera preguntado si daba clases de
bandoneón. Te measte fuera de la bacinica, amiga.
SUSAN (Negando con la cabeza, con una mezcla de lástima y burla)
Ya, tienes razón, me vi fatal. Pero yo me quedo con los golpes. En
cambio tú... ¡Qué manera de arrastrar la cobija! Estás en un scrolling emocional de arriba abajo. Y él nomás no te
abre las puertas; cuando mucho te ubica como la empleada del mes. Y en
cuanto a lo otro... lo del ligue... Ni te ilusiones. No estás ni siquiera en la friend zone. Lo
lamento, pero es la verdad. Pero ni modo, es lo que consigues cuando tú, la
alumna rica y asistente de intendencia de tu vecino te la pasas acelerando y metiendo el
freno al mismo tiempo frente a este guapo... No ves que es un muro de contención más duro que la piedra
volcánica.
SALUA (Sintiendo que la furia y la vergüenza se le mezclan)
Ya estuvo, ¿no? Pero tienes razón. Ahorita mismo, en su clase, le expongo cómo están las cosas. Le voy a exigir que
hablemos claro, le voy a decir sus verdades y... ¡Y si yo no le gusto, que me
corra de una vez! ¡Ya no voy a seguir jugando a las adivinanzas! Él debe saber
todo lo que lo amo.
SUSAN (Cruzándose de brazos, con una sonrisa cínica)
Ajá. Ahora resulta que lo amas. Antes lo encontrabas sexy, interesante,
atractivo y misterioso, como si escondiera un secreto. Pues bien, cariño... Te
apuesto diez pesos a que entras al estudio, tocas mal media sonata de Mozart
mientras te pasa por la cabeza la forma de sus manos, te da vergüenza, le
preguntas por su perrito que está tan solito y te sales huyendo, diciendo que
olvidaste apagar la estufa en tu propia casa.
SALUA (Fulminante)
Ya estuvo. Voy directo a estrellarme contra
mi muro de piedra. Tal vez consiga moverle el tapete, tal vez se dé cuenta de que yo lo amo y tal vez él pueda amarme tambien... (Ante la evidente mirada de Susan) No me juzgues. Deséame suerte...
Amiga.
Escena III: El estudio y la huida preventiva
(El
estudio de Oliver. Partituras de jazz tiradas por doquier. Salua está sentada
frente al piano, tocando con evidente torpeza una melodía de Mozart. Oliver, de
pie en su campo de visión, intenta marcarle el tiempo).
OLIVER (Marcando el compás con la mano)
Salua, una de las razones por las que pagas estas clases de apoyo es
para que me mires y me pongas atención. Es una combinación, lo sabes: te marco
el ritmo y tú lo sigues. Pero si no me volteas a ver, voy a tener que poner el
metrónomo. Hoy te noto más ausente que de costumbre, ausente y tensa. Vas de lo
rígido a lo acelerado. Ya habíamos hecho progresos y ahora pareces alumna de
primero... ¿Te das cuenta?
SALUA (Reacciona bruscamente y cierra la tapa del piano de un golpe, con
las manos temblorosas)
¿Alumna de primero?
OLIVER (Dejando la guitarra a un lado, sorprendido por el tono)
Ya te ofendí... Lo siento. No quise decir...
SALUA (Sintiendo que el suelo se abre ante la total inocencia de él)
¡No hables! Yo sé que estoy tocando como principiante. Ni siquiera... No estoy aquí.
OLIVER (Junta las manos y luego se las pasa por su desordenado cabello)
Si quieres, tomamos una pausa.
SALUA (Irónica)
Una pausa no estaría mal. Yo pensaba que me ibas a preguntar qué me
pasa, si tengo algún enfermo en casa, si yo misma estoy enferma...
OLIVER (Acorralado, viéndose obligado a preguntar)
¿Estás enferma?
SALUA (En una explosión controlada)
¡Estoy harta! Nunca dices nada si no es porque te sientes obligado. Solo
te centras en la clase, en el maldito y aburrido Mozart... Ni siquiera hemos
visto la música "moderna", los Beatles, como prometiste. Pero ese es el problema.
Llevamos meses con estas clases. Llevamos meses de conocernos desde que
llegaste a vivir cerca de mi casa. Ya hace tiempo que he sido la mejor vecina
posible... Pero no puedo decir lo mismo de ti. Nunca has hecho nada por mí.
Nunca me dices nada de ti, de lo que piensas, de lo que deseas... De tu vida
privada no sé nada. Solo sé que vives con un perrito que se la pasa solito, el
pobre. Y yo aquí, ayudándote con tus problemas, rescatando las llaves de tu
auto, yendo a tu casa a evitar un incendio, prestándote ollas, cables... Soy tu
coach, soy tu...
OLIVER (Incómodo)
Y yo te lo agradezco... Te he dicho varias veces que te debo una. Te
debo varias.
SALUA
¡He entrado a tu casa! Te he cuidado al perro, te pago las clases más
caras del conservatorio, te mando señales todos los malditos días... ¿Y tú qué
haces? ¿Has visitado mi casa siquiera? Además de pedirme cosas o de ir por una
tacita de azúcar... ¿Has conversado realmente con mis padres? ¿Te has sentado
en el sillón de mi sala? ¡Me tratas como si fuera tu jefa de servicios
domésticos y tu alumna de primero!
OLIVER (Parpadeando, genuinamente desconcertado)
Salua... Discúlpame, pero no entiendo a dónde quieres llegar. Yo valoro
mucho tu ayuda, eres una alumna con muchísimas posibilidades si te pudieras
concentrar y relajar. Y me encanta platicar contigo... ¿No es cierto que hemos
hablado de jazz, de los Beatles y de...
SALUA (Interrumpiéndolo, a punto de llorar de coraje)
¡No quiero platicar de jazz! ¡Quiero saber si para ti soy algo más que
una alumna que te soluciona la vida y te paga el alquiler emocional!
(Oliver
se queda en completo silencio. Su rostro pasa de la confusión a una profunda
incomodidad. Se pasa la mano por el pelo, suspira y agacha la mirada. En ese
momento, Salua ve lo que tanto temía: Oliver no está interesado, en lo mínimo, nunca lo
estuvo, y ahora se siente acorralado).
OLIVER (En voz baja, muy cuidadosa, intentando no herirla pero levantando
un muro de concreto)
Salua... Eres una chica increíble. Tienes una energía desbordante.
Pero... Yo vivo en mi mundo. Estoy acostumbrado a estar solo, a mis tiempos, a
mi música... Nunca pensé que mis clases se estuvieran interpretando de otra
manera. Yo solo soy tu maestro y tu vecino.
SALUA
Ni siquiera eres mi amigo, ¿cierto? ¿Sabes qué? Tienes razón. Me
equivoqué de profe. Eres muy bueno, pero yo te quería como algo más que un
profesor. Y tienes razón, tú siempre fuiste muy claro. Nunca me buscaste, nunca
te interesó saber qué sentía; era yo la que siempre te preguntaba cómo estabas,
si te sentías mal... si todo estaba en orden. Me equivoqué contigo. Me
equivoqué hasta el fondo. Tú nunca has sido nada mío, ni siquiera mi amigo...
Mucho menos serías mi... Nunca podría pasar nada entre nosotros... ¿cierto?
OLIVER (Alarmado, dando un paso al frente)
Salua... (Pausa) No hay un "nosotros". Y lo siento si te hice sentir o
pensar en algo diferente.
SALUA (Poniéndose de pie de un salto, agarrando su bolsa con un enojo
contenido, pero un enojo dirigido hacia sí misma)
¡Ya no digas nada! Tal vez el problema es que eres diferente... Muy
diferente, por lo menos, a mis fantasías. Yo soy la que tiene la culpa, yo soy
la que se hizo castillos en la cabeza. Y de ti siempre tuve el "NO",
eso está clarísimo. Pero a partir de hoy el NO será radical. Las clases
terminan hoy. No te preocupes por la colegiatura; este mes ya está pagado, pero
por supuesto no espero devolución alguna. Tómalo como una compensación en lo
que encuentras a una nueva alumna. ¡Gracias, Oliver! Si necesitas una taza de
azúcar puedes ir a mi casa, pero si lo prefieres, el súper no está lejos. Nos
saludamos si nos vemos, tampoco somos enemigos.
(Salua
sale atropelladamente del estudio, cerrando la puerta con un exagerado y tenso
cuidado).
OLIVER (Quedándose solo en medio del estudio, mirando la puerta vacía,
con cara de haber sobrevivido a un huracán innecesario)
...Y yo que solo quería tocar la introducción de Let It Be.
(Sin
pensarlo dos veces, se acerca al piano y toca el inicio de la más reconocible y
famosa canción de los Beatles).
Escena IV: Epílogo en la calle y el café
amargo
(Días
después. Cerca de la barda de piedra volcánica. Salua camina con paso firme
pero la mirada baja. De pronto, sin llegar a sentarse en su spot favorito, ve
venir al inconfundible Oliver con su caminar relajado. Lleva una camiseta negra
entallada con un gran cráneo colorido de Día de Muertos y su eterna taza de
café exprés. No hay a dónde huir).
(El
corazón de Salua se paraliza por un segundo. Siente el impulso de alejarse de
ahí, pero decide plantarse con dignidad de opereta).
OLIVER (Al verla, se detiene a un par de metros. Hay una tensión incómoda
pero extrañamente tierna entre ellos)
Hola, Salua.
SALUA (Con la barbilla en alto, con una falsa frialdad que no le queda
ni tantito)
Buenos días, profesor Oliver.
(Se
quedan en silencio un segundo. Oliver sonríe levemente, con una mezcla de
complicidad y resignación).
OLIVER
¿Has encontrado un nuevo tutor?
SALUA (Una pequeña risa cínica escapa de sus labios, negando con la
cabeza)
Ya no busco. Por lo pronto estoy a fondo... con mis clases obligatorias...
Música de cámara, ya sabes.
OLIVER
Ya sé. Haces bien... En las pequeñas agrupaciones se hacen las amistades
más sólidas.
SALUA (Con intención)
¿Cierto? Tú seguro llegaste a tener amistades sólidas con la música de
cámara.
OLIVER (Sin caer en la provocación)
Cuídate las manos al tocar el piano. Buenos días, Salua.
SALUA
Buenos días, Oliver.
(Oliver
pasa de largo. Salua voltea a verlo alejarse por la espalda, sintiendo esa
punzada agridulce en el pecho. Saca el teléfono y se sumerge en la pantalla,
intentando no pensar).
(Como
surgida de la nada, llega Susan al lugar).
SUSAN (Al tanto de todo)
Por fin se toparon... ¿Cómo estuvo? ¿Sobreviviste o lo arruinaste de
nuevo?
SALUA
La volví a cagar. Dije más de lo que debía... lo ataqué. Pero ya me di
cuenta de que es inmune y de que realmente yo le valgo madres. Y es
mejor así. Tenías razón en todo, Susan. Siempre tuviste la razón y yo no pude
hacerte caso. Estaba sorda, estaba enamorada como una colegiala.
SUSAN (Intentando aligerar la charla)
Amiga, eres una colegiala.
SALUA (Se ríe con una dosis de humor negro)
Cierto... Pero soy una colegiala muy neurótica. Yo me subí solita a mi
tren; con mi tarjeta de crédito y mis ganas, que al final eran puras ganas de que me
tomara en sus brazos fuertes. Corrí detrás de él sin que él se enterara. Me subí a mi
auto de Fórmula Uno, metí el acelerador a fondo, me inventé al hombre ideal, al
vecino que lo tenía todo... y terminé estrellándome en su absoluta
indiferencia. En su frialdad, que no tenía por qué ser otra cosa. Él nunca
estuvo interesado en mí, y yo en el fondo lo sabía. Me estrellé de lleno contra
la barda de piedra volcánica, y él, el lejano vecino, ni siquiera se molestó en
voltear a verme. Es así, y no tendría por qué haber sido de otra forma.
SUSAN (Suspirando con cariño, dándole una palmada en el hombro)
Amiga, ya sabes que le das demasiadas vueltas a las cosas. Pero
bienvenida a la realidad; al menos parece que estás en el camino de la
superación. Para acelerar ese proceso —y esta vez sin poner el freno de mano—,
vamos por un trago o dos. No más, porque tenemos que planear nuevas estrategias
de vida. Estrategias que no sean fatales, ¿va?
SALUA (Sonriendo, mirando al cielo)
Vamos, acompáñame a mi casa primero. Y oye... si de camino vemos a un
músico desaliñado y atractivo...
SUSAN (Compartiendo el juego)
¿Un músico como de treinta y cinco, con aspecto bohemio, barba de unos
días y cabello largo?
SALUA
Con un aire artístico sin caer en el abandono...
SUSAN
Un músico sexy que, sin esfuerzo, se ve como una fantasía...
SALUA (Con la risa a punto de salir)
Si ves a ese Dios romano con la barba de tres días y el cabello
desordenado... ¡Corre! Cruza la calle sin que te atropellen y camina lo más
rápido que puedas... y desde luego, ¡en dirección opuesta!
SUSAN (Siempre cómplice)
Queda registrado y anotado. Vamos, amiga, tenemos mucho que reconstruir.
Vamos.
SALUA (Por primera vez segura de sí misma, respira profundo)
¡Vamos!
(Salua
y Susan dan media vuelta y caminan juntas a paso firme. Al fondo del escenario,
Oliver sonríe con las manos metidas en los bolsillos de una vieja chamarra de
piel negra, mirándolas alejarse. La iluminación comienza a desvanecerse
lentamente mientras suena un acorde final que hace una versión tipo jazz de "Let It Be").
(Oscuro
Total).
[FIN
DE LA OBRA]