Chicas
Católicas
Casey
Kurtti
Chicas
Católicas (Catholic School Girls), escrita por la dramaturga estadounidense
Casey Kurtti, es una comedia dramática de corte autobiográfico que retrata la
educación de cuatro niñas en un ambiente escolar religioso de Nueva York
durante los años 60 e inicios de los 70.
Casey Kurtti estructura la pieza con una dualidad fundamental: la obra está diseñada para ser interpretada por cuatro actrices adultas que asumen tanto los roles de las niñas (Elizabeth, Colleen, Wanda y María Teresa) como los de las monjas que las educan (Madre María Inés, María Lucila, María Tomasina y María Genoveva).
La intención de Kurtti no es lanzar un ataque unidimensional o panfletario contra la Iglesia Católica, sino exponer el impacto psicológico y emocional del dogmatismo rígido durante la infancia. A través de la sátira y el humor corrosivo, la autora muestra cómo el miedo al pecado original, al infierno y el shock del despertar sexual se amalgaman en la mente infantil. Sin embargo, también rescata la resiliencia de la amistad femenina como el verdadero espacio de salvación y contención de las protagonistas frente a un sistema que intenta homogeneizarlas y anular su individualidad.
Interpretaciones de la Obra
Crítica Institucional vs. Nostalgia Cultural: La crítica teatral ha interpretado la obra bajo dos lentes principales. Por un lado, se lee como una denuncia de la violencia pedagógica (física y psicológica) ejercida bajo el manto de la fe. Por otro lado, es vista con una profunda nostalgia por la cultura pop y la identidad comunitaria de los años 60 (marcada por la música de The Supremes, los simulacros de la Guerra Fría y el trauma colectivo del asesinato de Kennedy).
La Dualidad de Roles (Niñas/Monjas): Al hacer que las mismas actrices encarnen a las opresoras y a las oprimidas, la puesta en escena suele interpretarse como un ciclo de perpetuación: las monjas imponen los traumas que ellas mismas sufrieron en su reclusión y juventud. El juego teatral de las actrices adultas imitando niñas acentúa lo absurdo del adoctrinamiento temprano.
Sinopsis Detallada
Primer Acto: La Inocencia y el Miedo (1962–1965)
La obra comienza en 1962, en el aula de primer grado del Colegio San Jorge en Yonkers, Nueva York. Conocemos a las cuatro protagonistas en su primer día de clases: Elizabeth McHugh, sensible y observadora; Colleen, competitiva, sabelotodo y con aspiraciones (iniciales) de ser monja; Wanda Sluska, una niña de origen polaco, ingenua y talentosa para el baile; y María Teresa Russo, una niña de familia numerosa, permanentemente aterrorizada y con problemas de aprendizaje. La jornada se ve interrumpida por un simulacro de alarma antiaérea, detonando en las niñas fantasías apocalípticas sobre los comunistas y la bomba atómica. Son guiadas al sótano por la anciana Madre María Inés.
En segundo grado (1963), la disciplina se recrudece con la Madre María Lucila. Elizabeth cuestiona las respuestas literales del catecismo afirmando que "ella habla con Dios", lo que la monja castiga tildándola de mentirosa y amenazándola con negarle la Primera Comunión. Durante el día de la Comunión, la tensión cómica y el escrúpulo religioso se mezclan cuando las niñas temen cometer un pecado mortal por "morder la hostia" y lastimar el cuerpo de Jesús. Posteriormente, tras el cuestionamiento de Elizabeth sobre el origen judío de Jesús, la Madre María Lucila destruye los gises pasteles de la niña (un regalo de su abuela pintora) y la golpea con una regla para "domar su temperamento". El acto cierra con el anuncio velado del asesinato del presidente Kennedy y el paso al cuarto grado (1965). Aquí, las niñas canalizan su rebeldía imitando a Diana Ross y las Supremes en un concurso de talentos escolar. Aunque ganan, la Madre María Tomasina las obliga a donar el premio. María Teresa confiesa el terror que le tiene a las matemáticas y a la violencia de su padre, cerrando el acto con una oración desesperada junto a Elizabeth para enviar a la monja y a su papá al hospital.
Segundo Acto: El Despertar y la Ruptura (1967–1970)
El segundo acto avanza a 1967 (sexto grado) y se traslada al baño de mujeres, donde las chicas experimentan con un tampón, evidenciando su curiosidad y confusión sobre la pubertad. En clase, las niñas exponen sobre vidas de santas mártires (Santa Inés y Santa Ágata), cayendo en risas ante los detalles gráficos de las torturas y la mutilación de senos. La Madre María Genoveva reacciona con furia, acusando a Colleen de ir por el "camino de la perdición". Elizabeth sale en su defensa y es enviada a la dirección. Poco después, Colleen experimenta su primera menstruación en el aula; la monja, confundiendo el incidente con un intento de llamar la atención, la humilla públicamente frente a los varones, dejándola traumatizada. En 1969, durante un baile escolar, María Teresa confronta el control y la gordura de su padre imaginario, aceptando bailar con él en una tregua incómoda.
En 1970 (octavo grado), Elizabeth encuentra pruebas enciclopédicas de que Jesús era un hombre judío. Al confrontar a la Madre María Lucila con esta verdad, la monja responde con violencia física y le comunica fríamente que su abuela ha muerto esa mañana. Esto provoca la ruptura definitiva de Elizabeth con la institución: en un desgarrador monólogo, la joven encara a un Dios ausente, declarando que ya no cree en Él y que, a partir de ese momento, deja de existir en su vida. La obra culmina con las chicas esperando los resultados de sus exámenes de admisión para la secundaria católica Santa María. Todas entran. Años después, una Elizabeth adulta reflexiona sobre su experiencia en una fiesta; aunque reniega de la religión institucionalizada y el dogma, al apagarse las luces y quedarse en la oscuridad, se descubre a sí misma repitiendo la pregunta inherente a la condición humana y a su infancia: "¿Estás allí?".
PRIMER
ACTO
Escena
1
1962.
Aula de clases del primer grado de un colegio Católico.
ELIZABETH: ¡Estoy
lista!
COLLEEN: (Sacándole
brillo a una manzana) ¿Dónde está la madre? Quiero empezar.
WANDA: La
vi en el baño. Dijo que escogiéramos una carpeta.
MARÍA
TERESA: (Que se ha escondido debajo de una mesa)
¿La madre está en el baño?
WANDA: Estaba
vomitando.
COLLEEN: (A
Elizabeth) Ese es el lado de los chicos. ¿Qué te pasa? ¿Eres retrasada mental o
qué? ¿Qué es eso?
ELIZABETH: Mi
mamá me la puso. Es una medalla bendita para el primer día de clases. Vivo en
un departamento.
COLLEEN: (A
María Teresa) Yo vivo cerca de tu casa.
Los
siguientes dos textos son dichos a la vez.
COLLEEN: (A
María Teresa) Tienes un carro blanco al que le falta una de las puertas de
atrás. Es un carro de circo, ¿no? ¿No?
ELIZABETH:(A
María Teresa) Tengo cuatro hermanos y dos hermanas. Nos vamos a mudar a alguna
casa – algún día.
MARÍA
TERESA: ¡No!
COLLEEN: Y
lo maneja tu papá. Tu papá es un gordo. Yo tengo mi propio dormitorio. Mis
hermanos son unos chanchos. Saltan sobre el sofá cuando mi mamá no está.
Nosotros somos los únicos católicos de la cuadra, todos los demás son judíos.
WANDA: Yo
conozco a algunos judíos.
COLLEEN: ¡Cállate!
Mi segunda mejor amiga, Kitty, es judía. Tiene una casa de muñecas con luces
que se prenden y se apagan y…
WANDA: Donde
vivíamos antes había montones de judíos.
COLLEEN: Los
judíos van a la iglesia los sábados y se matriculan en los colegios del estado.
MARÍA
TERESA: ¿A qué hora va a terminar de vomitar la
madre? No me gusta esta clase.
COLLEEN: Y
eso es pecado porque a la iglesia se va los domingos ¿no? ¿No?
ELIZABETH: No
sé.
COLLEEN: Bueno,
yo si sé porque voy a ser monja.
MARÍA
TERESA: ¿Las monjas tienen pelo debajo de la
toca?
WANDA: Claro
que sí.
COLLEEN: ¿Quién
dice?
WANDA: Mi
mamá. Además me enseñó un himno especial para que se lo cante a la madre hoy,
el primer día de clases ¿Quieren oírlo?
COLLEEN: No.
ELIZABETH: Si.
WANDA: El
Ave María por Wanda Sluska.
COLLEEN: Aggg
qué nombre tan feo.
WANDA: (Canta
el Ave María en polaco) Zdrowa’s Maryo, Laskis Pelna, Panz Toba…
Se
oye una alarma antiaérea.
MARÍA
TERESA: ¿Ya es hora de almuerzo? ¿Tan rápido?
ELIZABETH: Esa
alarma suena porque los comunistas van a tirar una bomba atómica encima de
nosotros. Tenemos que irnos a nuestras casas.
WANDA: Pero
si acabamos de llegar.
COLLEEN: Traje
palitos de queso (A María Teresa) ¿Qué te mandaron a ti?
MARÍA
TERESA: Un sándwich de albóndigas. Creo que mi
mamá me mandó el almuerzo de mi hermana.
ELIZABETH: En
mi edificio hay un refugio antiaéreo. Tengo que llamar a mi abuela para que
tome el ómnibus y venga a mi casa antes de que explote la bomba. Vive
lejísimos. Mi abuelo no puede venir, está muerto. Ustedes también pueden
esconderse allí, pero los chicos no.
MARÍA
TERESA: (Muerta de miedo) Nosotros dormimos en
camas camarote. María Diana duerme encima mío. María Rosa duerme encima de
María Luisa. Anthony duerme encima de Salvador Jr. Cosmo duerme encima de
Joseph.
ELIZABETH: De
esa bomba salen chispas rojas y si te caen, te queman toda la piel y te dejan
solamente los huesos.
WANDA: Voy
por la madre (Sale)
ELIZABETH: La
última vez que explotó la bomba atómica le cayó encima a un chino que estaba
montando bicicleta. Quedó hecho puré sobre la vereda. Puedes viajar hasta allá
hoy mismo si quieres y lo verás en el mismo sitio. Hecho puré con
bicicleta y todo.
COLLEEN: (Dejando
de comer) ¿Está muerto?
ELIZBETH:
Claro.
MARÍA
TERESA: Voy a avisarle a la madre.
Entra
la madre María Inés.
MADRE
MARÍA INÉS: Buenos días, niños y niñas. Soy la madre
María Inés.
MARÍA
TERESA: Madre, ¿ya se le pasaron las ganas de
vomitar?
MADRE
MARÍA INÉS: ¿Qué dices, hijita?
MARÍA
TERESA: Madre, en cualquier momento nos va a caer
encima una bomba atómica. Todas nos vamos a refugiar en la casa de ella.
¿Quiere venir con nosotras?
MADRE
MARÍA INÉS: Es un simulacro, nada más. Y, en cualquier
caso, nos toca refugiarnos aquí, en el colegio, en el sótano. De hecho se me ha
encomendado la tarea de llevarlos al sótano. Escojan una pareja.
COLLEEN: Madre,
¿cuántos años tienes?
MADRE
MARÍA INÉS: Sesenta y seis.
COLLEEN: Guau.
ELIZABETH: Madre,
mi abuela tiene la misma edad que usted. ¿La conoce?
MADRE
MARÍA INÉS: Síganme
ELIZBETH:
Loretta Stokes.
MADRE
MARÍA INÉS: Encantada de conocerte.
Escena
2
1963.
Aula de clase de segundo grado.
ELIZABETH:(Repasando
la lección) Honrarás a tu padre y a tu madre. Honrarás a tu padre y a tu
madre. Honrarás a tu padre y a tu madre.
Entra
la madre María Lucila.
MADRE
MARÍA LUCILA: Buenos días niñas y niños.
TODAS:
(No al unísono) Buenos días Madre María Lucila.
MADRE
MARÍA LUCILA: Que el cielo, nos proteja, alumnos del
segundo grado, si un simulacro antiaéreo los agota de esta manera. Que Dios se
apiade de ustedes cuando caigan bombas de verdad.
Ya
es hora de que demuestren un poco de estamina. A ver, alumnos del segundo
grado, ¿quién deletrea esa palabra?
WANDA: E-S-T-A-M-I-N-A:
Estamina.
MADRE
MARÍA LUCILA: Muy bien (A todos) Niñas y niños, se
requiere de un gran esfuerzo para mantener la buena reputación que se han
ganado los colegios católicos de todo el país. Les ruego ponerse a la altura de
las circunstancias o retirarse. (PAUSA) Asiento. Guarden sus catecismos.
McHugh, de pie. ¿Quién te creó?
ELIZABETH:(Parando)
Dios me creó.
Elizabeth
va a sentarse pero la madre María Lucila le hace un gesto para que siga parada.
MADRE
MARÍA LUCILA: ¿Para qué te creó Dios?
ELIZABETH: Dios
me creó para que me latiera el corazón y para que cuando deje de latir pueda
reunirme con Él en su casa en el cielo.
MADRE
MARÍA LUCILA: ¿De dónde sacaste esa respuesta?
ELIZABETH: Le
pregunté a Dios y eso fue lo que me contestó.
MADRE
MARÍA LUCILA: ¡¿Cómo te atreves a mentir?!
ELIZBETH:
No estoy mintiendo, Madre.
MADRE
MARÍA LUCILA: Que nos protejan todos los santos del
cielo ¿Cómo te atreves a decir en mi presencia que Dios te dio esa respuesta?
ELIZABETH: Pero,
madre, eso fue lo que me dijo…
MADRE
MARÍA LUCILA: Bueno, esa no es la respuesta correcta.
¿Me estas tratando de decir que Dios te dio una respuesta equivocada? Dios no
se equivoca jamás. Señorita McHugh, no sé con quién habrá hablado usted pero le
aseguro que no se trataba de Dios. Esta tarde cuando llegue a su casa se
aprenderá de memoria todo el Catecismo o de lo contrario, jamás recibirá el
Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor. ¿Comprendido? Siéntese.
ELIZABETH: Si,
Madre. Pero yo…
MADRE
MARÍA LUCILA: Y nada de peros. Señorita Sluska, diga los
siete sacramentos en orden.
WANDA: (Con
sonsonete): Bautismo, Confesión, Primera Comunión.
MADRE
MAARÍA LUCILA: Más fuerte. Los alumnos de la última fila no pueden oírla.
WANDA: (Chilla)
Confirmación, Matrimonio, ordenamiento, Extremaunción.
MADRE
MARÍA LUCILA: Muy bien, Señorita Sluska. Hágame el favor
de agradecer a su señor padre, en nombre mío y de todas las hermanas del
convento por haber donado tan generosamente un asado para nuestra cena
dominical. No tenía ni un centímetro de grasa. Lo recordaremos especialmente en
nuestras oraciones matutinas.
WANDA: Sí,
madre.
MADRE
MARÍA LUCILA: La señorita Sluska está a punto de hacer
su Primera Comunión, a diferencia de ciertas personas que están en la misma
clase que ella. Señorita McHugh, sus padres se llevarán el susto de sus vidas
cuando vean a todos los otros niños y niñas desfilando por el corredor central
para recibir la Primera Comunión y usted no esté en fila con ellos. No se ría,
señor Crawford, hay otros en esta clase que van por la misma senda. Bien, ahora
pongámonos de pie y repasemos lo que diremos en el confesionario cuando hagamos
nuestra primera confesión.
MADRE
MARÍA LUCILA Y LAS NIÑAS: (Se persignan) Bendígame, padre porque he pecado.
Esta es mi primera confesión.
Todas
a excepción de Elizabeth, se ponen de rodillas y se quedan congeladas durante
el monólogo.
ELIZABETH: Atención,
todos. Esta es la iglesia. Esta es la casa del Señor. Si alguna vez quieren
hablar con Él, solo tienen que pasar y arrodillarse en una de estas bancas y
decir lo que quieran decir. Pero no muy fuerte. Aquí adentro hay que hablar muy
bajito. De lo contrario, podrían despertar a las estatuas que le están rezando
a Jesús. (Inclina la cabeza) Ah, me olvidé de decirles una cosa. Cada vez que
oigan el nombre de “Jesús”, tienen que bajar la cabeza o de lo contrario, el
pecado manchará sus almas. Bueno, esa estatua que está allí es de la madre de
Jesús. Su nombre es la Virgen María. No es tan importante como Jesús, así que
no tienen que bajar la cabeza cuando oigan su nombre. Cuando van a misa, las
chicas se sientan a su lado. Una vez me contaron que Margaret Mary O’Donaghue,
una chica del sexto grado, estaba en la iglesia rezando el rosario, y ella dijo
que la estatua de la Virgen María se puso a derramar lágrimas en medio de la
Misa. Y yo le creo. La Madre dice que los milagros existen, los milagros son cosas
mágicas que les pasan a las personas que son verdaderamente buenas. Yo me voy a
ganar un milagro algún día. Bueno, los chicos se sientan al otro lado de la
iglesia, junto a la estatua de San José. El es el padre de Jesús. (Inclina la
cabeza) Oigan, se olvidaron de bajar la cabeza. No vuelvan a olvidarse o de lo
contrario les saldrá una mancha negra en el alma y se irán derechito al
infierno. En el infierno hace muchísimo calor y se suda a chorros y hay
diablitos que vienen y te muerden por todas partes. Si son buenos de verdad se
van derechito al Cielo. En el Cielo tienen un refrigerador enorme lleno de
cosas ricas. Chocolates, helados, donuts, todo lo que les provoque comer y
nunca se acaba. Pero lo mejor del Cielo es que se pueden encontrar con quien
quieran. Por ejemplo, pongamos que quiero conocer a Juana de Arco… no… no a
Cleopatra. Solo tendría que ir donde un santo y él me daría una esquela y yo
tendría que llenarla y dársela a Jesús. (Inclina la cabeza) Oigan, no bajaron
la cabeza. Después no digan que no les advertí. Entonces, cruzaría el Cielo
volando, porque apenas llegas te dan un par de alas, y podría conversar con
Cleopatra. Los judíos no pueden ir al Cielo. Así que si alguno de ustedes es
judío, yo que ustedes me convertiría al catolicismo de inmediato o de lo
contrario, se irán derechito al infierno. Los judíos ni siquiera pueden entrar
a una iglesia. Si yo viera a una persona judía en la iglesia, me pararía y le
diría al Padre que hay una persona judía en la iglesia, y el Padre pararía la misa
hasta que esa persona se fuera. ¿Ven ese crucifijo? Así murió Jesús. Los judíos
lo clavaron allí y lo mataron. Eso es todo lo que quería decirles. Solo quería
decirles algunas cosas importantes. Espero no haber lastimado los sentimientos
de nadie, pero así son las cosas.
Escena
3:
El
mismo año. Primera Comunión. Las niñas hablan entre ellas hasta que entran a la
zona de la “IGLESIA”.
COLLEEN: Me
muero de hambre. No veo la hora de tener la hostia en la boca.
WANDA: Eso
es asqueroso, Colleen. Ahora tienes una mancha negra en el alma y no podrás
recibir la comunión.
COLLEEN: Te
crees cualquier cosa que te digan.
WANDA: Pero
igual lo pensaste. Y eso también es pecado. Será mejor que salgas de la fila o
cometerás un pecado mortal.
Entran
a la IGLESIA
COLLEEN: No
me importa. Ya decidí que no voy a ser monja.
WANDA: Puedes
volver a cambiar de idea cuando entres a la escuela secundaria, y entonces,
¿qué pasaría? (levantando la mano) Además, te voy a acusar.
COLLEEN: (Forzándola
a bajar la mano) No lo harás. Mira allí está tu papá. Se ha parado para tomarte
una foto. Será mejor que sonrías.
ELIZABETH: María,
mira el vestido de Wanda. Tiene brillos por todas partes. Qué lindo es.
MARÍA
TERESA: Yo tuve que ponerme el vestido viejo de mi
hermana. Mira está rasgado aquí. Mi mamá no tuvo tiempo de coserlo.
ELIZABETH: Yo
también estoy usando el de mi hermana. Mi abuela no pudo venir hoy, pero me
regaló un rosario blanco.
COLLEEN: Mi
tía me regaló estos zapatos nuevos. Hola, tía Dorothy. Tengo un monedero blanco
y adentro del monedero, un dólar que me regaló mi tío.
MARÍA
TERESA: Mi papá me regaló este reloj nuevo. Tenía
que ir a trabajar esta mañana pero vino. Allí está. (Le hace Adiós) Hola, papi.
Me vio.
Todas
se han arrodillado menos María Teresa. Elizabeth la jala hasta el suelo. María
Teresa se da cuenta de que el cura se acerca.
MARÍA
TERESA: Mira, el padre Moyhnihan está a cuatro
chicas de distancia.
ELIZABETH:(A
Colleen) Faltan cuatro. No puedo esperar.
COLLEEN: (A
Wanda) Faltan cuatro.
WANDA: (A
la persona imaginaria que tienen al lado) Faltan cuatro.
Repiten
la misma progresión: “FALTAN TRES”, “FALTAN DOS”, “FALTA UNA”. Cuando el
sacerdote llega hasta María Teresa, ella saca la lengua para recibir la hostia.
Le da un codazo a Colleen y la secuencia se repite hasta que termina. Al final
todas se persignan.
ELIZABETH: Oigan,
mordí la hostia.
MARÍA
TERESA: ¿Qué parte de la hostia? De repente le
arrancaste de un mordisco un bracito al niño Jesús.
ELIZABETH:¿Eso
quiere decir que el bracito del niño Jesús está en el estómago? Aggg. Ay, no.
MARÍA
TERESA: Puede ser una piernecita.
WANDA: Elizabeth,
me vas a hacer vomitar.
ELIZABETH: Jesús
está muriendo dentro de mí. Perdón, Señor.
COLLEEN: Wanda,
tu papá me está hartando con su cámara. Párate en otro lado.
WANDA: Vamos,
la madre está llamando a nuestra fila.
ELIZABETH: Por
favor, chicas, no le digan nada.
Cantan
mientras se paran.
TODAS: Yo
amo a Jesús
Yo amo a Jesús
Yo amo a Jesús
Y él me ama a mí.
Escena
4
El
mismo año. Salón de clases. Bulla.
MADRE
MARÍA LUCILA: Silencio, alumnos. Se veían todos tan
lindos y puros el sábado. Ese fue uno de los pequeños milagros de Dios y me
alegra saber que llevan el espíritu santo en el corazón. Espero notar un cambio
significativo en sus conductas el día de hoy. Que todos los santos del cielo
nos protejan, María Teresa Russo, hágame el favor de no chuparse el dedo en la
clase de la Madre María Lucila. Cuando sus padres tengan que pagar miles de
dólares en cuentas del dentista, me dará un gusto enorme decirles que usted se
pasaba el tiempo en mi clase, muda como un tronco, chapándose el dedo. Y dígale
a su madre que se ocupe más de su aseo personal. Russo, parece usted un gato
techero. (Pasando hojas a las niñas) Bien, ahora quiero que dibujen algo para
decorar la clase para el Día de Acción de Gracias. Les voy a dar diez minutos
de mi valioso tiempo y después pasaremos a los agradecimientos.
Elizabeth
levanta la mano.
MADRE
MARÍA LUCILA: ¿Sí, McHugh? (A María Teresa) ¡Sáquese ese
dedo de la boca! Si no puede controlarse, siéntese sobre sus manos.
ELIZABETH:¿Jesús
era judío? Unos chicos que conozco me dijeron que Dios, que Jesús era judío.
Silencio
MADRE
MARÍA LUCILA: Dígame una cosa McHugh. En los dos años
que lleva usted estudiando en este colegio ¿ha oído decir alguna vez que Jesús
no es católico?
ELIZABETH: Nunca
madre, pero pensé.
MADRE
MARÍA LUCILA: Usted no está aquí para pensar. Escúchenme
con atención, niños y niñas, hay solo una cosa que recordar sobre los judíos.
Que mataron a Jesús y punto.
Elizabeth
se va a sentar.
MADRE
MARÍA LUCILA: Un momento, señorita. ¿Qué es eso que
tiene sobre la carpeta? ¿Pasteles? En esta clase solo usamos crayolas. ¿No es
así alumnos?
TODAS:
Sí, madre.
ELIZABETH: Son
de mi abuela. Antes era pintora. Me dijo que, si los cuidaba mucho podía
traerlos a clase y…
MADRE
MARÍA LUCILA: Alumnos, la abuela de la señorita McHugh
es pintora.
ELIZABETH: No.
Era pintora.
MARÍA
TERESA: Yo ya lo sabía, Madre.
MADRE
MARÍA LUCILA: A la clase no le causa ninguna impresión.
¿Qué nos importa si su abuela es o era pintora?
La
Madre María Lucila toma los pasteles y los arroja al basurero, Elizabeth se
sienta y se pone a llorar.
MADRE
MARÍA LUCILA: Nadie le dijo que se podía sentar,
señorita. Me gustaría saber, y estoy segura que al resto de la clase también,
¿qué cosas tiene que agradecer este año?
ELIZABETH:(Trata
de no mirarla) Doy las gracias por…
MADRE
MARÍA LUCILA: Señorita McHugh, no se mira a la pared
cuando la Madre le ha hecho una pregunta. Se mira a la madre.
ELIZABETH: No
puedo dar las gracias por nada, porque todo lo bueno siempre termina mal.
MADRE
MARÍA LUCILA: ¿Y por qué, si se puede saber?
ELIZABETH: Porque
la mayor parte de las veces usted hace que terminen mal.
MADRE
MARÍA LUCILA: Venga aquí, señorita McHugh. (Elizabeth se
acerca de mala gana al escritorio) Entré al convento a los trece años,
siguiendo la tradición de mi patria y de mi familia, y empecé a enseñar a los
dieciséis. Ahora tengo 47 años de edad. ¿Cuántos años llevo enseñando alumnos?
TODAS:
¿Treinta y un años?
MADRE
MARÍA LUCILA: Correcto y muy bien contestado. Si dios
quiere, seguiré aquí otros treinta y un años más, enseñando, después de que
ustedes se hayan ido. Un día volverán aquí y le agradecerán a la Madre por todo
lo que hizo. Niños y niñas, las religiosas no estamos aquí para ser queridas.
Estamos aquí para enseñarles e impartir disciplina, (saca una regla) a pesar de
sus malas maneras. Señorita McHugh, tengo un mensaje personal para usted. En
todos los años que llevo enseñando aquí, nunca he encontrado un temperamento que
no pueda domar. A veces toma una lección y a veces toma cien.
La
Madre golpea a Elizabeth con la regla varias veces. Se escucha un sonido de
golpeteo desde el parlante.
VOZ
DESDE EL PARLANTE: Alumnos les habla su directora, la
madre Rose Gertrudis. Tengo un anuncio muy serio que hacer…
MADRE
MARÍA LUCILA: Pongan las manos sobre la carpeta.
Las
luces bajan levemente mientras se anuncia la muerte del presidente Kennedy,
aunque no en forma verbal. La Madre María Lucila quita la fotografía de Kennedy
del periódico mural y la coloca debajo del crucifijo.
Escena
5
1965.
Aula del cuarto grado. Colleen y María Teresa están bailando el twist frente al
escritorio de la maestra.
MARÍA
TERESA: A ver, enséñame de nuevo, Colleen.
COLLEEN: ¡Qué
bruta eres! Sígueme. Así.
MARÍA
TERESA: No soy bruta, Colleen. ¿Ahora estoy
haciéndolo bien?
COLLEEN: Estira
los brazos y sacúdete.
WANDA: María,
es como secarse con una toalla.
COLLEEN: ¿Y
quién le pidió su opinión, señorita sabelotodo?
MARÍA
TERESA: Enséñame un poquito, Wanda.
COLLEEN: María,
no tienes bandera. Ni se te ocurra hacerle caso o ya no eres mi amiga.
WANDA: Colleen,
para que lo sepas, estoy tomando clases de baile.
COLLEEN: ¿Y
a mí que me importa? A ver, saca tu manual y enséñale las figuritas a María.
WANDA: Yo
no aprendí el twist en ningún libro, Colleen.
COLLEEN: Sí,
claro. Oye, ya que eres tan buena. ¿Por qué no te subes al escritorio y le
enseñas a toda la clase?
MARÍA
TERESA: Sí, súbete.
MARÍA
TERESA / COLLEEN: Qué se suba, qué se suba.
WANDA: Bueno,
está bien. Mira María Teresa.
Colleen
se da cuenta que la Madre María Tomasina está por entrar.
MADRE
MARÍA TOMASINA: ¿Qué hace parada sobre mi escritorio?
María
Teresa se sienta. Wanda ha estado intentando sentarse en su carpeta. La Madre
María Tomasina la sorprende a medio camino.
MADRE
MARÍA TOMASINA: No, Wanda. No te sientes todavía. Me
gustaría que continuaras con lo que estabas haciendo. Adelante, vamos.
WANDA: Era
el twist, Madre.
MADRE
MARÍA TOMASINA: Muy bien, veámoslo.
Wanda
vuelve a bailar el twist.
MARÍA
TERESA: Lo baila muy bien, Madre.
MADRE
MARÍA TOMASINA: Así veo.
Colleen
se ríe.
MARÍA
TERESA: Baila, mejor que tú.
MADRE
MARÍA TOMASINA: Colleen, si te parece tan gracioso, puedes
unirte a ella. ¿No? Ya me parecía. Escúchenme bien, alumnos, no me parece
necesario hacer un espectáculo de uno mismo, especialmente frente a sus
compañeros, ¿estás de acuerdo Wanda?
WANDA: Sí,
Madre.
MADRE
MARÍA TOMASINA: Wanda, bájate de allí.
Wanda
baja. La Madre María Tomasina escribe la palabra “ORGULLO” en la pizarra.
MADRE
MARÍA TOMASINA: Hay un pecado que se conoce como “el
pecado del orgullo”. Lo cometemos cuando llamamos la atención sobre nosotros
mismos o cuando nos vanagloriamos de nuestros talentos. Wanda, es obvio que tú
eres culpable de este vicio y que tienes que desarrollar un poco de humildad.
Hasta que no vea aparecer rasgos de humildad en tu carácter, me veré obligada a
retirarte del cargo de delegada del cuarto año. Entrégame tu libreta, por
favor.
Wanda
se quita la libretita que tiene colgada alrededor del cuello. La Madre María
Tomasina se la entrega a Colleen.
MADRE
MARÍA TOMASINA: Colleen, tienes que desarrollar el sentido
de la responsabilidad. Vamos a ver cómo te va.
WANDA: ¿Se
lo va a decir a mis padres, Madre?
MADRE
MARÍA TOMASINA: No veo ninguna necesidad de informar a tus
padres… al menos no por ahora. Puedes sentarte.
COLLEEN: María,
¿no me vas a felicitar?
MARÍA
TERESA: Lo siento, Wanda.
MADRE
MARÍA TOMASINA: Bueno, suficiente. Hay un tema muy serio
del que tenemos que hablar (Dibuja un termómetro en la pizarra) Como todos
ustedes saben, la Iglesia Católica está pasando por una severa crisis
económica. Si no logramos reunir suficiente dinero este año para cubrir los
gastos del colegio, el gobierno nos desalojará y nos veremos obligadas a
llevarnos las estatuas y los crucifijos y no podremos dar más clases de
religión. No podremos volver a mencionar a Dios. Seríamos exactamente iguales a
los colegios estatales. Desde hace cinco años, mi clase ha sido la primera en
todas las colectas pro fondos del colegio. El señor McCarthy, el padre de
Kevin, que es Presidente del Club de Leones ha tenido una idea maravillosa para
conseguir dinero. El Club de Leones va a auspiciar un Concurso de Talentos. El
Primer premio será de veinticinco dólares. A los chicos ya se les ha ocurrido
una idea y me parece que las chicas podrían emplear positivamente sus talentos
en lugar de malgastarlos durante la valiosa hora de clase de la Madre.
WANDA: ¿Qué
van a hacer los chicos, Madre?
MADRE
MARÍA TOMASINA: Los chicos van a hacer una imitación de
los Beatles. Con pelucas y todo. Greg deja de golpear la carpeta… Todavía no
necesitamos un Ringo.
COLLEEN: Se
me acaba de ocurrir una idea, Madre. ¿Podría darnos unos minutos para ponernos
de acuerdo? ¿Solo a algunas de nosotras?
MADRE
MARÍA TOMASINA: Así me gusta, Colleen, pero solo algunos
minutos. Los chicos y el resto de las chicas pueden usar el tiempo para ordenar
sus carpetas.
Las
chicas se reúnen alrededor de la carpeta.
COLLEEN: Oigan
se me ha ocurrido una idea genial. ¿Por qué no hacemos una imitación de Diana
Ross y las Supremes?
MARÍA
TERESA: Genial. Puedo pedirle prestado sus tacos a
mi mamá.
WANDA: Esperen
un momento. Yo tengo una idea mejor. ¿Por qué no imitamos todas a Nancy
Sinatra? Podemos ponernos botas a go go. Además, las Supremes son tres y
nosotras somos cuatro.
COLLEEN: Entonces
anda imita a Nancy Sinatra tú sola. Yo no te quiero en mi número ¿está claro?
Siempre quieres ser diferente a las demás. ¿Por qué no te rindes de una vez,
Polaca?
ELIZABETH: No
me parece una mala idea. Si hacemos de las Supremes, nos tendremos que pintar
la cara de negro.
MARÍA
TERESA: Además los chicos no nos reconocerían.
COLLEEN: Mira,
¿quién tiene botas a go go? ¿Ah?
WANDA: Yo.
COLLEEN: No
me digas. La Polaca Hija Única tiene todo lo que pide. Bueno, mi mamá no me las
va a comprar.
MARÍA
TERESA: La mía tampoco. Y las vamos a necesitar.
Lo siento, Wanda. Colleen ¿quién va a ser Diana Ross? Yo me ofrezco de
voluntaria.
COLLEEN: No.
Yo voy a ser Diana Ross. La idea fue mía y yo soy la primera en decidir.
ELIZABETH: Colleen,
tú no puedes ser Diana Ross.
WANDA: Estoy
de acuerdo.
COLLEEN: ¿Por
qué no?
WANDA: Porque
eres alta y flaca como un palo. Diana Ross no era así.
ELIZABETH: María
es la que se parece más. Votemos. Los que quieren que María sea Diana, alcen la
mano (Todas levantan la mano menos Colleen). La mayoría manda. María será Diana
Ross.
COLLEEN: No.
Yo voy a ser Diana.
WANDA: (A
María Teresa) Vamos a mi casa a ensayar después de clases.
COLLEEN: Ya
párala. Estás presumiendo de nuevo. Le voy a acusar a la Madre y ella te dará
tu merecido. La tengo dominada y hace lo que a mí me da la gana, así que no lo
olvides. Te botará de una patada del Concurso de Talentos.
WANDA: Dile,
a ver si te atreves.
Pelea.
Jaloneo. Colleen sale corriendo y detrás de ella María Teresa y Elizabeth.
COLLEEN: ¡Madre,
tenemos que discutir un asunto!
WANDA: Odio
mis clases de ballet, odio mi bicicleta, odio mis muñecas sobre mis repisas,
odio mi inteligencia. A veces odio todo. Hasta lo que me gusta. Porque nada es
realmente mío, todo me fue dado. Ahora estoy trabajando para conseguir algo que
sea absolutamente mío. Lo vengo haciendo desde hace mucho tiempo. Después del
colegio voy a mi casa y hago las tareas rápido para poder ir a la carnicería de
mi papá. Mientras está en el cuarto de atrás, serruchando grandes trozos de
carne, cojo latas de bebidas, las aplasto y me las pongo sobre los zapatos.
Cojo aserrín, lo tiró sobre el piso y empiezo a bailar. No como Nancy Sinatra o
Diana Ross – no, yo soy muchísimo mejor. Mientras bailo, dejo que mi mente
vuele. Por lo general, imagino que estoy en el show de Ed Sullivan (Hace como
si le entregaran un micrófono). Gracias, Eddie. Estoy cantando una canción. Es
una especie de canción triste y algunas personas entre el público empiezan a
llorar. Entonces, me pongo a bailar tap para levantarles el ánimo. Más tarde,
Ed Sullivan me saca del set y me lleva al camerino de los Beatles y Paul me
pide que me case con él. Yo le digo que tal vez dentro de dos meses, porque
tengo que pensar en mi carrera. Me convierto en una superestrella internacional
y me mudo a un penthouse en el Empire State. (Mientras se pone unas botas a go
go). Así que por ahora no me molesta ensayar en la carnicería de mi papá. No me
importa si tengo las manos y los pies grandes. Eso se puede arreglar. ¡Me
siento muy feliz de presentar a la clase del cuarto grado de la Madre María
Tomasina interpretando “Para en nombre del Amor”!
Elizabeth
y Colleen entran, seguidas por María Teresa como Diana Ross. Las tres llevan
puestas botas de plumas. Interpretan en fono mímica el tema de Diana Ross y las
Supremes. Hay una lucha por ganar protagonismo entre Wanda y Colleen.
Escena
6
El
mismo año. Aula. Entran las chicas cantando el tema “Para en nombre del Amor”.
COLLEEN: María,
¿Qué le pasó a tu papá? Nunca se apareció ¿no?
WANDA: Cállate,
Colleen.
COLLEEN: Le
estoy hablando a mi ex amiga María, así que no te metas.
MARÍA
TERESA: No me importa si no vino. Eddie me vio. Me
dijo que le parecí fantástica.
COLLEEN: Sí,
claro.
Entra
la Madre María Tomasina.
MADRE
MARÍA TOMASINA: Buenos días, alumnos.
TODAS:
Buenos días, Madre María Tomasina.
MADRE
MARÍA TOMASINA: Me da mucho gusto comunicarles que el
concurso de talentos fue un gran éxito y que los ganadores del primer premio
están en esta misma clase.
Mira
hacia los chicos y las chicas mientras sostiene el trofeo y el dinero en las
manos. Avanza hacia las chicas. Todas celebran.
MARÍA
TERESA: Ganamos por mi Diana Ross.
MADRE
MARÍA TOMASINA: Wanda, me gustó mucho tu introducción.
WANDA: Gracias,
Madre.
MADRE
MARÍA TOMASINA: Chicos, es una lástima que no hayan podido
fijar mejor sus pelucas. Estoy segura que hubiesen ganado el segundo premio.
Chicas estoy segura de que serán muy generosas y donarán el importe total de su
premio a…
COLLEEN: Tengo
planes para esa plata.
MADRE
MARÍA TOMASINA: A las misiones. Bueno, bueno. Guarden ya
esas boas. Ahora voy a tomarles el examen de matemáticas. Empezaremos por las
tablas de multiplicar. ¿Quién quiere empezar?
Wanda
levanta la mano.
MADRE
MARÍA TOMASINA: A ver si otros levantan la mano para
variar.
Colleen
levanta la mano.
MADRE
MARÍA TOMASINA: Qué sorpresa tan agradable, Colleen. Ven,
pasa adelante. ¿Y tú, María Teresa? Estoy segura de que, en vista de que tienes
tantos problemas con las matemáticas, un poco de práctica no te vendría mal.
MARÍA
TERESA: Sí, Madre.
María
Teresa y Colleen se paran a cada lado del escritorio.
MADRE
MARÍA TOMASINA: Empezaremos por lo más fácil, María
Teresa. ¿Cinco por cinco?
MARÍA
TERESA: Veinticinco.
MADRE
MARÍA TOMASINA: ¿Seis por cinco?
MARÍA
TERESA: Treinta.
MADRE
MARÍA TOMASINA: ¿Cuatro por cuatro?... ¿Cuatro por cuatro?
MARÍA
TERESA: Creí que nos iba a llamar por nombre,
cuatro por cuatro, dieciséis.
MADRE
MARÍA TOMASINA: María Teresa, haz el favor de no repetir
la pregunta.
MARÍA
TERESA: Me ayuda si repito la pregunta.
MADRE
MARÍA TOMASINA: María Teresa, hemos estado repitiendo las
tablas de multiplicar desde el comienzo del año. Me parece que has tenido
tiempo suficiente para memorizarlas. ¿O no?
MARÍA
TERESA: Sí, Madre.
MADRE
MARÍA TOMASINA: ¿Seis por nueve?
COLLEEN: Cincuenta
y cuatro.
MADRE
MARÍA TOMASINA: ¿Ocho por ocho?
Pausa.
Colleen le susurra la respuesta a María Teresa.
MARÍA
TERESA: Sesenta y cuatro.
MADRE
MARÍA TOMASINA: María Teresa. ¿Colleen acaba de soplarte
la respuesta? Eso no me gusta nadita. Si no sabes la respuesta, lo mejor será
que vayas a la pizarra y repases la tabla del ocho.
María
Teresa va a la pizarra.
MADRE
MARÍA TOMASINA: Voltéate y pega la nariz a la pizarra.
María
Teresa pega la nariz a la pizarra.
MADRE
MARÍA TOMASINA: El resto de la clase puede irse a
almorzar. Timothy, ¿acabas de hacer un globo? Sácate ese chicle de la boca y
pégatelo a la nariz y déjalo allí por el resto del día. Colleen, me gustaría
hablar contigo en privado.
Todos
salen salvo María Teresa.
MARÍA
TERESA: Tarde de noche, cuando estoy acostada en
mi cama, me tomo las preguntas de matemáticas y siempre digo las respuestas
correctas. Después cuando me levanto y voy al colegio tengo todas las
respuestas en la cabeza. Pero justo antes de la clase de matemáticas, se me han
borrado del cerebro. No soy estúpida, aunque mis papás y la Madre piensen lo
contrario. Si matemáticas fuese el primer curso de la mañana, seguramente no me
olvidaría de nada. A veces, cuando mi papá regresa temprano del trabajo, me
ayuda con mi tarea de matemáticas. No me gusta que lo haga porque si digo la
respuesta equivocada, se molesta y me pega. Usualmente mi mamá hace que pare
pero a veces está bañando a uno de mis hermanos y no me oye. Pienso en las
matemáticas todas las noches. No puedo evitarlo. Normalmente planeo tener un
sueño feliz para que cuando duerma no tenga pesadillas. Mi sueño favorito es
que vivo con otra familia. Que soy hija única, aunque tengo un hermano y una
hermana mayores. Y que mi mamá me manda a un colegio en donde no enseñan
matemáticas ni lenguaje. Cuando llego a casa mi hermano mayor me lleva a dar
una vuelta por la confitería en su convertible amarillo. Al regresar ya hay
sobre la mesa algo delicioso para comer. Bistec o pavo con puré de papas y
jugo. Nunca prepara berenjenas a la parmesana ni atún a la cacerola. El postre
está sobre la mesa todo el tiempo así, que cuando he terminado de comer, puedo
coger un postre y comérmelo. Usualmente es pudín de chocolate porque ese es mi
postre favorito. Después de que todos hemos terminado de comer, nos dejan
levantarnos de la mesa y vamos a la sala y todos se sientan a escuchar mientras
yo toco piano. Entonces, mi nuevo papá me carga y sube las escaleras conmigo y
me mete en mi propia cama con baldaquín. Pone a todos mis animales de peluche
alrededor de la cama para que me protejan y deja la lamparita de mi mesa de
noche prendida para que no sienta miedo. Luego sube mi nueva madre y me dice
que soy una hija maravillosa y bella y lo feliz que está por haberme adoptado y
entonces me quedo dormida. A veces le rezo a Jesús por algo y Jesús me dice que
no piense que mis padres no me quieren. Me dice que probablemente no se
molesten si vuelvo a traer a casa un jalado en matemáticas o lenguaje. Y yo le
creo pero igual, siempre pasa algo cuando vuelvo a casa.
Entra
Elizabeth.
ELIZABETH: Ya
se fue, María.
María
no responde.
ELIZABETH: María,
se fue al convento a almorzar, vamos.
MARÍA
TERESA: Elizabeth, ¿tú crees que es pecado rezarle
a Jesús y pedirle que mate a algunas personas en un accidente de automóvil?
ELIZABETH: Sí.
Pero creo que puedes rezarle y pedirle que lo mande al hospital por un tiempo.
Creo que eso no cuenta como pecado.
MARÍA
TERESA: Esta bien, repite conmigo. “Querido
Jesús”.
ELIZABETH: María
Teresa, es tu oración, yo no tengo por qué decirla.
MARÍA
TERESA: Pero si la dicen dos personas, el Señor
tal vez oiga mejor. Por favor.
ELIZABETH:“Querido
Jesús”…
MARÍA
TERESA: “Por favor, manda a la Madre María
Tomasina…”
ELIZABETH:(Cruzando
los dedos) “Por favor, manda a la Madre María Tomasina…”
MARÍA
TERESA: “Y a toda mi familia… especialmente a mi
papá…”
ELIZABETH:(Cruzando
los pies) “Y a toda mi familia… especialmente a mi papá…”
MARÍA
TERESA: “Al hospital Santa Bernardita…”
ELIZABETH: “Al
hospital Santa Bernardita… Amén”
MARÍA
TERESA: Todavía no he dicho Amén. “… Por lo menos
hasta que pase el octavo grado. Muchas gracias, firmado María Teresa Russo,
cuarto grado, Colegio San Jorge. Yonkers, Nueva York.
ELIZABETH:“…
Por lo menos hasta que pase el octavo grado. Muchas gracias, firmado María Te…
(María Teresa le da un codazo) Elizabeth, cuarto grado, Colegio San Jorge,
Yonkers, Nueva York. Amén”
MARÍA
TERESA: Tienes que decir tu apellido.
ELIZABETH: McHugh.
Elizabeth McHugh.
MARÍA
TERESA: Perfecto. Elizabeth eres mi mejor amiga.
Vamos a almorzar.
María
Teresa sale corriendo.
ELIZABETH: Espérame,
me estoy olvidando mi lonchera.
MARÍA
TERESA: Bueno, pero apúrate.
ELIZABETH:(En
el lugar donde rezó) Jesús, soy Elizabeth. Elizabeth McHugh del cuarto grado
del colegio San Jorge. Por favor, olvida lo que dije sobre el hospital y todo
lo demás. Solo estaba bromeando y además, por si no te diste cuenta, tenía los
dedos cruzados. Por favor, no te olvides de borrar mi nombre de la lista.
Muchas gracias. Perdona si no te he hablado mucho últimamente. Oye, ¿puedo
preguntarte una cosa? Algunas de nostras nos hemos estado preguntando, ¿eres
judío? Déjamelo saber apenas puedas. ¿De acuerdo? Te quiero, Elizabeth.
Empieza
a salir, pero regresa corriendo, hace una genuflexión y sale mientras bajan las
luces.
SEGUNDO
ACTO
Escena
1
1967.
El baño. Entran las chicas como si volvieran de almorzar, entran al baño y
Elizabeth, Colleen y María Teresa empiezan a arreglarse. Wanda prepara “su
experimento” y cuando está lista, hace una señal a las chicas para que miren.
Tiene un tampón higiénico. Le quita la envoltura. Lo mete en un vaso de agua y
al ver que se expande, todas chillan y se ríen de deleite. Colleen se lo quita
a Wanda y, amenazando a María Teresa, la persigue fuera del baño por el
corredor. Salen todas detrás.
Escena
2
Mismo
año. Aula del sexto grado.
WANDA: (En
el umbral de la puerta y cogiendo el tampón) Colleen, me das asco. Guarda eso.
Alguien lo puede ver. Los chicos o cualquiera.
COLLEEN: Wanda,
mis hermanos ven tampones todo el tiempo. No tiene nada de especial.
Entra
Elizabeth corriendo.
ELIZABETH: Oigan
chicas, ¡a que no saben!
COLLEEN: Gracias
por devolverme la llamada anoche, Elizabeth.
ELIZABETH: Perdona.
Anoche todos en mi casa estábamos como locos. Pero les tengo una buena noticia.
Mi abuela se muda con nosotros la próxima semana.
WANDA: ¡Genial!
¿Y tu familia está contenta?
ELIZABETH: No.
Yo soy la única que quiere que viva con nosotros. Va a dormir en mi cuarto.
María Patricia se va a mudar a la sala. No puedo esperar a que se mude estoy
feliz.
COLLEEN: Buena
suerte.
ELIZABETH:¿Por
qué?
COLLEEN: Es
que cuando mi abuela se mudó con nosotros, las cosas empezaron a ir mal.
Se quejaba de todo. Y eso que tenía su cuarto propio. Yo no quería dormir con
ella.
ELIZABETH: ¿Por
qué no?
COLLEEN: Porque
se podía morir allí mismo, mientras yo estaba durmiendo.
ELIZABETH: Mi
abuela no se va a morir, Colleen.
Colleen
se va a sentar.
WANDA: (Tratando
de barajar la tensión) ¿Por qué no habrá venido María Teresa a clases?
Colleen
saca algo para leer. Es una REVISTA DEL CORAZÓN.
COLLEEN: “Solo
era un juego, pero no sabíamos todas las reglas. El no llegó hasta las últimas
consecuencias, pero igual me quedé encinta. Que Dios me ayude si mi mamá se
entera quién era mi compañero de juegos”.
WANDA: Déjame
ver “Pesadilla en la clase” (lee y mira fotos sugestivas. Se ruboriza) Colleen.
¿De dónde sacaste esto?
COLLEEN: De
la casa donde voy a ser baby sitter. También tienen “Playboy” Y la señora usa
esas pastillas anticonceptivas.
WANDA: Entonces
no es católica.
COLLEEN: ¿Ah
no?
ELIZABETH: ¿Puedo
ver eso?
COLLEEN: No,
que tu abuela te explique cómo son las cosas. Wanda, mira esto.
WANDA: ¿Cómo
hacen para enredarse así?
ELIZABETH: Un
momento. Puede que mi abuela venga a vivir con nosotros, pero tú sigues siendo
mi mejor amiga, Colleen, te lo juro. Está enferma y no puede arreglárselas
sola. Así que después de clases, tengo que ir a verla un rato, pero eso es
todo.
COLLEEN: ¿Y
qué pasa con las prácticas de básquet?
ELIZABETH: Puedo
seguir yendo, te lo juro. No pienso renunciar a nada.
Colleen
consiente con la mirada. Elizabeth coge rápidamente la revista.
ELIZABETH: Página
45, el test de las palabras sexys “Un juego divertido para las mujeres que
conocen el lenguaje del amor. Catorce letras: “Sesenta y nueve”. Wanda, ¿qué
significa sesenta y nueve? Me dijeron que tú sabías.
WANDA: Vete
al diablo.
COLLEEN: Yo
sé lo que significa. Que la cosa del hombre mide seis pulgadas y que nueve
meses después, la mujer da a luz.
ELIZABETH: No,
eso no es.
COLLEEN: O
que el hombre te mete su cosa y nueve meses después, das a luz un bebé que pesa
seis kilos.
ELIZABETH: Esa
respuesta tiene demasiadas letras.
COLLEEN: Tienes
razón.
ELIZABETH: Después
de clases podremos ir a la biblioteca a averiguar.
Entra
la Madre María Genoveva. Colleen guarda rápidamente su revista.
MADRE
MARÍA GENOVEVA: Buenas tardes, alumnos.
TODAS:
Buenas tardes, Madre María Genoveva.
MADRE
MARÍA GENOVEVA: Chicos, vayan al fondo, uno por uno en
orden, y saquen sus zapatillas y su uniforme para educación física. Eso es. Y
ustedes chicas ¿A quiénes les tocaba exponer hoy?
Wanda
y Colleen levantan la mano a la vez.
MADRE
MARÍA GENOVEVA: Wanda, empiezas tú. Vamos chicos. En fila
hasta el gimnasio. No quiero oír un solo ruido por el corredor. Terrence,
apunta los nombres de los que hablen. Bien.
WANDA: 21
de enero. Santa Inés, virgen y mártir.
MADRE
MARÍA GENOVEVA: La santa patrona de la madre María Inés.
Muy bien, Wanda.
COLLEEN: Sobona.
WANDA: Santa
Inés, virgen y mártir, tenía doce años cuando la llevaron frente a un altar y
le ordenaron ofrecer incienso, lo que era costumbre en Roma en esa época. Ella
no quiso ofrecer incienso porque iba contra su religión, así que por el
contrario, alzó la mano hacia Jesús e hizo la señal de la cruz. El Rey se puso
rojo de rabia y…
MADRE
MARÍA GENOVEVA: A los perros les da rabia. Las personas se
enfurecen.
WANDA: Sí,
Madre. El Rey se enfureció cuando la vio y ordenó que la amarraran pero las
sogas se resbalaban así que la obligó a quitarse toda la ropa y pararse frente
a la muchedumbre pagana. Pero nadie la pudo ver porque Jesús hizo un milagro.
Hizo que apareciera una luz cegadora y todos tuvieron que mirar a otro lado. El
Rey estaba rabioso, furioso, y la condenó a muerte. Hizo que le cortaran la
cabeza de un solo tajo pero antes de morir, Santa Inés alcanzó a decir: “Cristo
es mi esposo. Él me eligió primero y hágase su voluntad. Y cuando se murió, los
ángeles vinieron por su cuerpo y se lo llevaron derechito al cielo.
MADRE
MARÍA GENOVEVA: Ahora, Wanda, en tus propias palabras
¿puedes decirle a la clase lo que esta historia significa para ti?
WANDA: Bueno,
que la santa decidió que iba a seguir a Jesús y que nada se iba a interponer en
su camino.
MADRE
MARÍA GENOVEVA: La Santa también simboliza a la juventud.
Después de todo, solo tenía doce años. Su historia ilustra lo difícil que es
preservar su inocencia. ¿Verdad, alumnas?
TODAS:
Sí, Madre.
MADRE
MARÍA GENOVEVA: Ahora escúchenme, bien chicas. Dios
protegió a Santa Inés de esos ojos y, aunque Dios es omnipresente, no puede
estar en todas partes todo el tiempo. Ustedes también tienen que ser
responsables. He traído algo muy especial para ustedes. Wanda, ven a mi escritorio
y reparte esto. Chicas, estos son paquetes de toallas sanitarias para que se
las lleven a sus casas. Fueron donadas por el señor Lorenzo. Me pidió que les
hiciera recordar que les digan a sus padres que todos los miembros de nuestra
parroquia tienen derecho a un 10% de descuento. Así que por favor, denle
preferencia a su farmacia. Llévenselas a casa y muéstrenselas a sus madres.
Ellas les explicarán para qué sirven.
COLLEEN:
Mi mamá ya me lo explicó.
Wanda
mira adentro de la bolsa.
MADRE
MARÍA GENOVEVA: Por favor, no miren esas cosas en mi
clase. Hay un lugar y un momento apropiado para todo. Chicas, préstenme mucha
atención. Ustedes están ahora en la edad en la que empiezan a provocar a los
chicos. No quiero ver a ninguna cruzando las piernas en mi clase y no quiero
ver faldas de uniforme más cortas de la altura reglamentaria.
WANDA: (Hablando
del contenido de la bolsa) Madre, me preguntaba, ¿para qué sirve esto?
COLLEEN: Uy,
Dios.
MADRE
MARÍA GENOVEVA: Wanda, pregúntaselo a tu mamá. Colleen, te
toca. Habla en voz alta, con entonación clara y precisa.
COLLEEN: Me
toca Santa Ágata, virgen y mártir, del 5 de febrero. Nació en Sicilia.
MADRE
MARÍA GENOVEVA: Que queda en Italia.
COLLEEN: Y
ella también iba a ser esposa de Jesús. Un juez la mandó a llamar cuando se
enteró de lo bonita y rica que era. Y ella tuvo que ir porque él pasó una ley
pero antes le pidió a Jesús que le ayudará por si el juez le hacía daño. Cuando
llegó al juzgado, la metieron a la cárcel porque se negó a pecar con él. La
encerraron en un calabozo hasta que cambiaran de opinión. Pero ella no cambió
de opinión y el juez se enfureció muchísimo y empezó a torturarla. Lo primero
que hizo fue quitarle la ropa y mandarla al corral con las ovejas. Luego fue y
le cortó un seno de un solo tajo (riéndose). Y entonces Jesús oyó sus gritos y
mandó a uno de sus apóstoles para que se lo vuelva a pegar (riéndose más). Y
entonces, Jesús le oyó decir en sus rezos que quería reunirse con él, así que
terminó con su vida y la aceptó en el cielo.
La
Madre golpea furiosa su escritorio.
COLLEEN: Lo
siento.
MADRE
MARÍA GENOVEVA: Lo sientas o no, Colleen, hay varias cosas
fundamentales que tengo que decirte. La vida de un santo es algo muy importante
y sagrado y no voy a permitir que algo así sea motivo de burla en mi clase. Es
un sacrilegio y seguramente un pecado. Voy a averiguarlo. Segundo, Colleen, y
quiero que el resto de las chicas oigan bien esto porque les concierne a
algunas de ustedes, te he estado observando con atención y lamento decirte que
estás yendo por el camino de la perdición…
COLLEEN: Madre,
yo no…
MADRE
MARÍA GENOVEVA: Y me temo que está arrastrando contigo a
algunas de tus amigas. Hay un tipo de chica que siempre se mete en problemas y
se gana una mala reputación. Colleen, ve a la pizarra. De cara a la clase.
Chicas, si miran a Colleen, a juzgar por su apariencia, nunca pensarían que su
alma se ha vuelto negra y que se ha ido consumiendo más y más hasta que
virtualmente ha desaparecido.
ELIZABETH: Yo
no estoy de acuerdo…
MADRE
MARÍA GENOVEVA: ¿Y quién eres tú para no estar de acuerdo,
Elizabeth? ¿Qué tipo de chica elegiría a Colleen como amiga o como simple
conocida? Me atrevería a decir que alguien cuya alma está exactamente en el
mismo estado.
ELIZABETH: Usted
no puede ver el alma de Colleen.
MADRE
MARÍA GENOVEVA: Elizabeth, creo que sería bueno que te des
una vuelta por la oficina de la Madre Superiora.
ELIZABETH:¿Y
qué le digo?
MADRE
MARÍA GENOVEVA: Dile que has puesto en duda la palabra de
la Madre María Genoveva.
ELIZABETH: Sí,
Madre.
Elizabeth
sale.
MADRE
MARÍA GENOVEVA: Asunto cerrado. Pueden usar lo que queda
de la hora para ordenar sus carpetas y prepararse para Educación Física. Mónica
haz el recorrido con el tacho de basura. Y tú Wanda, encárgate que la señorita
McHugh esté en la dirección.
Sale
Wanda y tras ella la Madre.
COLLEEN: En
una época salía con un chico: Ricky. Me gustó mucho por un tiempo. Nos íbamos
todos los sábados al Centro Comercial. Nos comprábamos pistachos de verdad y
esperábamos a que las manos se nos pusieran rojas y sudorosas. Entonces,
subíamos por la escalera mecánica a la Tienda de Novias y manchábamos todos los
vestidos blancos con nuestras manos. En verdad me gustaba. Y se lo conté a mi
mamá. Mi mamá y yo somos así (juntando sus dedos) Apenas se lo dije, ella me
empezó a hablar del sexo y todo eso. Me habló de los cambios y de que eran
parte del hacerse mujer. Me dijo que cuando me pasara por primera vez, sería un
día tan feliz que saldríamos a almorzar juntas para festejar, solas las dos,
ja. Yo no quiero hacerme mujer. Me está creciendo el pecho y creo que me está
saliendo pelo, ya saben, allí abajo. Bueno, la cosa es que, cuando la Madre
dijo que ordenaran sus carpetas y prepararan sus cosas, sentí algo. Traté de
juntar las piernas para que parara. Metí el estómago fuerte, pero seguía
goteando. Nunca me imagine que me iba a ensuciar tanto. No quería moverme. Me
quité la chompa y me la anudé alrededor de la cintura. Yo sabía qué era lo que
me estaba pasando. Cuando Mónica volvió el tacho de basura a su sitio, la Madre
María Genoveva me dijo que regrese a mi lugar. Pero antes de que diera un paso,
me preguntó sobre mi chompa. Pensó que estaba tratando de atraer la atención
haciéndome la sexy o algo así. Dijo: “Quítate esa chompa”. Los chicos empezaron
a entrar a la clase. Yo no podía mirarla. Y le dije que no. Me pegó. Me cubrí
la cara con las manos y ella me arranchó la chompa clavándome las uñas en las
costillas. Entonces hizo un anuncio a la clase. Dijo que en todos sus años como
maestra, jamás había visto a alguien tan descuidada en su higiene personal. Dijo
todas esas cosas frente a los chicos. Creí que me iba a morir. Algunas gotas de
sangre cayeron al suelo. Ella hizo que uno de los chicos fuera al cuarto de
limpieza por un estropajo. La enfermera vino y me sacó de la clase. No quiero
volver allí nunca más. Ojala nunca me hubiese hecho mujer. Soy un desastre.
¿Eso es lo que quería oír, Madre? Está bien, soy un
desastre.
Escena
3
1969.
Un salón de baile. Wanda, María Teresa y Elizabeth están bailando con vasos de
refrescos en las manos. María Teresa se ha quedado con la mirada fija en un
punto, mientras las otras esperan que alguien las saque a bailar.
MARÍA
TERESA: Colleen está bailando con Eddie.
WANDA: Traidora.
MARÍA
TERESA: Yo dije claramente que ese hombre era mío.
Voy a hacerle algo horroroso.
ELIZABETH: Mándale
a tu papá.
MARÍA
TERESA: No me lo menciones.
VOZ
DE COLLEEN: Oye, Wanda, tengo un mensaje para ti. El
Llanero Solitario quiere saber si quieres bailar con él.
WANDA: ¿Francis?
VOZ
DE COLLEEN: ¿Quién crees?
WANDA: Bueno,
pero no quiero bailar una lenta con él, suda a chorros.
Wanda
sale.
ELIZABETH: Mira,
María…
MARÍA
TERESA: Me voy a cambiar de nombre. Desde hoy me
llamaré Terry.
ELIZABETH: Terry,
mira tu papá está bailando con Lucy.
MARÍA
TERESA: A un brazo de distancia, Madre. Hacen una
pareja perfecta.
ELIZABETH: Mira,
María, están bailando el baile del conejito.
MARÍA
TERESA: Terry.
ELIZABETH: Hola,
Eugenio. Vamos, nos está llamando.
MARÍA
TERESA: Te está llamando a ti.
ELIZABETH: No
se necesita pareja para bailar eso.
MARÍA
TERESA: Ya. Vete. Quiero estar sola.
Elizabeth
sale.
VOZ
DE COLLEEN: Sujétate bien de mi cintura, Eddie, y más
vale que saltes alto.
MARÍA
TERESA: Hola Papá. Esfúmate ¿ya? No estoy bailando
porque no tengo ganas de bailar, quiero mirar. No estoy diciendo idioteces. No
digas groserías cerca de mí por favor. La estoy pasando bien. No quiero bailar
eso es todo. Porque tengo las piernas un poco cansadas. No quiero bailar
contigo. No, no es porque bailas raro, no, no es porque eres gordo. Es por un
chico que conozco. ¿Cuál? Ese. ¡Papá, baja la voz! No, no quiero que le rompas
las piernas. Papá, tengo que decirte una cosa. Siempre te he tenido miedo y tú
siempre me has tenido miedo a mí. ¿Por qué? ¿Lo sabes? Está bien. Bailaré
contigo. Y de vez en cuando estrellémonos contra Eddie ¿Ya?
María
Teresa baila torpemente con su padre imaginario, mientras Wanda, Elizabeth y
Colleen entran bailando el baile del conejito. Finalmente María se une a ellas.
Escena
4
1970
Aula. Wanda está borrando la pizarra. Entran María Teresa y Elizabeth
corriendo. Esta última, lleva un libro en las manos.
ELIZABETH: Wanda,
Wanda. ¿Estás sorda?
MARÍA
TERESA: Déjala. Está enamorada.
ELIZABETH: Se
nota. La señora de Francis Crawford. Agg.
A
raíz del comentario de Francis Crawford ha empezado a prestar atención.
ELIZABETH: Wanda,
escucha. Después de una semana de investigación científica en la Librería
Municipal de Yonkers, encontré algo muy interesante. (Lee de la enciclopedia)
“La extrema religiosidad JUDÍA que se practicaba en casa de Jesús, el carácter
de sus padres y especialmente su madre… bla, bla, bla. Todo lo anterior nos
ayuda a comprender el profundo desarrollo religioso de Jesucristo, el HOMBRE”
JESUCRISTO, EL HOMBRE.
WANDA: Déjame
ver eso. Ni siquiera dicen que Jesús era Dios.
MARÍA
TERESA: Estoy segura que es un error.
WANDA: ¿Se
lo vas a enseñar a tus papás?
ELIZABETH: No.
Voy a copiar eso y unas tres cosas más y se las voy a mandar a la madre María
Lucila.
MARÍA
TERESA: ¿Estás loca?
ELIZABETH: Hasta
puede ser que se las entregue personalmente, dependiendo de su comportamiento.
WANDA: ¿Cuándo?
ELIZABETH: Cuando
sea el momento apropiado.
WANDA: Bueno,
mejor no se lo mandes hasta después de la graduación.
Entra
la Madre María Lucila.
MADRE
MARÍA LUCILA: Silencio. Puedo oír la bulla desde el otro
extremo del corredor. La Madre María Inés no podrá venir a clase hoy…
ELIZABETH:¿No
se siente muy bien?
MARÍA
TERESA: ¿Murió?
MADRE
MARÍA LUCILA: Se cayó viniendo del convento. Yo tomaré
sus dos clases por hoy. ¿Hay alguien que quiera presentar una queja? Solo
tienen que pararse y hablar. Perfecto. Ya me parecía. Elizabeth McHugh, recoge
tus libros y prepara tus cosas.
Elizabeth
lo hace.
MADRE
MARÍA LUCILA: Ahora devolveré estos controles de
lectura. Sr. Joseph Ross
“James Bond contra Goldfinger”, 05. Señor Ross, no basta con
leer una sola página de un libro. Wanda Sluska “Abismos de Pasión”. Sr. Sluska,
quiero hablar con usted después de clases. Y dígale a su padre que no me gusta
el hígado.
ELIZABETH:¡Estoy
lista!
MADRE
MARÍA LUCILA: Ahora escúchenme con atención: si una
alumna se rehúsa a aprender sus lecciones, una y otra vez, Dios tiene maneras
de demostrar su descontento. Elizabeth insistes en desobedecer a mi voluntad,
que es la voluntad de Dios y por consiguiente, Él te ha enviado un mensaje
personal, manifestando su absoluta desaprobación ante tu comportamiento, y me
lo encomendó para que te lo haga llegar personalmente. Tu mamá llamó a la madre
Rosa Gertrudis y lamento tener que comunicarte que tu abuela falleció esta
mañana.
Silencio.
MARÍA
TERESA: Lo siento, Elizabeth.
MADRE
MARÍA LUCILA: Siéntese.
ELIZABETH:¿Esta
mañana? ¿A qué hora?
MADRE
MARÍA LUCILA: Silencio.
Silencio.
ELIZABETH:(En
voz baja) Jesús era judío.
MADRE
MARÍA LUCILA: ¿Perdón?
ELIZABETH: Jesús
era judío.
MADRE
MARÍA LUCILA: Cierre esa boca señorita.
La
Madre María Lucila le da a Elizabeth un bofetón en la cara. Elizabeth sale
corriendo. Wanda se para con la enciclopedia en las manos.
WANDA: Jesús
era judío y yo tengo las pruebas.
MARÍA
TERESA: ¡Jesús era judío! ¡Jesús era judío!
Es la verdad. Lee, Wanda.
WANDA: “Jesús
fue el Mesías prometido que esperaban los judíos, es decir, el semi- divino.
Rey de Israel, en la era de gloria que se iniciaría con su llegada…”
MADRE
MARÍA LUCILA: ¿Quién les dio esa información?
MARÍA
TERESA: Y ahora resulta que, después de todo,
Jesús era un ser humano común y corriente. Un tipo como cualquiera, solo que un
poco más inteligente.
MADRE
MARÍA LUCILA: Sr. Reynolds, siéntese, o le cortaré las
piernas de un solo tajo. Deme ese libro Sluska.
WANDA: “En
resumen, fueron los jerarcas de Jerusalén y los soldados del ejército romano de
ocupación quienes dieron muerte a Jesús”.
Alboroto.
Wanda tira el libro a María Teresa, mientras la Madre lo intenta agarrar.
MARÍA
TERESA: Y seguramente, Jesús tampoco era bueno en
matemáticas.
María
Teresa sale corriendo y la Madre detrás de ella.
WANDA: Espere
a que el Papa se entere de esto.
Escena
5
Lugar
neutral.
ELIZABETH:(A
Dios como si estuviera en la iglesia) Oye, sal, quiero hablar contigo. Soy yo.
Elizabeth. Puedes esconderte detrás de cualquier estatua si quieres, pero más
vale que me escuches. No sé si lo sabrás, pero desde que mi abuela se mudó a
vivir con nosotros, todo cambió. Nos sentábamos juntas en mi cuarto después de
clases. Y ella me hacía preguntas sobre un montón de cosas. Entonces escuchaba
cada una de mis respuestas con suma atención porque decía que yo era una
persona muy importante. A veces, cuando ella se sentía mejor, salíamos a
caminar un poco. Luego regresábamos y me contaba historias sobre mi mamá. Un
día, mi papá volvió del trabajo y me dijo que mi abuela tenía que volver a
mudarse al Bronx. Me dijo que la cosa no funcionaba. Ella necesitaba más cuidados
y, además estaba volviendo loca a toda la familia. Le dije que a mí no me
volvía loca. Le dije que éramos muy cercanas. El no lo entendió. Y ahora veo
que tú tampoco. Se supone que tú haces lo correcto todo el tiempo.
En
verdad… ya no creo eso. Solo te importa castigar a la gente, interrumpir sus
vidas. Y no me dejaste terminar. Ella no sabe lo que pienso, y yo estaba a
punto de decírselo. ¿Por qué no te llevas a mi mamá la próxima vez? ¿O a mis
hermanos? Todos están bautizados. ¿Por qué no te llevas a toda mi maldita
familia de un solo tirón, y así no pierdes tiempo? Ahora quiero decirte algo.
Es un mensaje personal. No te atrevas a poner las manos encima de mí, por nada.
Por nada intentes tocarme. Porque no querrás saber lo que soy capaz de hacer.
Tú y el resto del mundo son unos mentirosos. Y de verdad siento que te odio.
¿Sabes qué? Para mí ya NO EXISTES.
Sale
Elizabeth.
Escena
6
El
mismo año. Aula. Colleen y María Teresa entran arrastrando palos de Hockey,
seguidas por Elizabeth.
COLLEEN: Nos
dieron una pateadura.
MARÍA
TERESA: Es humillante. Así nunca le ganaremos a la
clase de Lucila. Elizabeth, dejaste pasar todas las jugadas.
COLLEEN: Oye,
María, tú tampoco hiciste puntos, que yo sepa. Elizabeth, no te preocupes.
MARÍA
TERESA: Es porque estoy nerviosa por el examen de
traslado.
COLLEEN: Elizabeth,
por favor, te lo ruego, no te rindas, no vayas al colegio estatal. No dejes que
Lucy te arruine la vida.
Entra
la Madre María Inés.
MADRE
MARÍA INÉS: Chicas, no estaban concentradas en el
juego… Ocho a… ¿cuánto?
MARÍA
TERESA: Ocho a uno.
COLLEEN: Madre,
no nos podíamos concentrar porque hoy llegan los resultados del examen de
traslado por correo, y queríamos saber si podíamos salir un poco más temprano
para llamar a nuestras mamás.
MADRE
MARÍA INÉS: (Rebuscando en su bolsa de compras) La
verdad es que no sé. Ustedes, las chicas, hacen demasiado ruido junto a ese
teléfono.
COLLEEN: Tiene
que darnos permiso, Madre. Me voy a suicidar si tengo que esperar hasta las
tres.
MARÍA
TERESA: Yo apuntaré los nombres de los que hagan
ruido.
MADRE
MARÍA INÉS: ¿Qué es lo que estaba buscando?
MARÍA
TERESA: Un teléfono.
MADRE
MARÍA INÉS: Una pata, eso es. Aquí tienen, una pata de
conejo para cada una, ténganla en la mano mientras hablan por teléfono. (A
María Teresa) María Estefanía toma dos, las vas a necesitar.
MARÍA
TERESA: Gracias, Madre. Qué dulce.
COLLEEN: Usted
es una diablita, Madre.
MARÍA
TERESA: ¿Podemos irnos, Madre?
MADRE
MARÍA INÉS: Sí, pero no hagan ruido junto al teléfono.
María
Teresa y Colleen salen. Elizabeth titubea.
COLLEEN: Vamos,
Elizabeth.
MADRE
MARÍA INÉS: Ve, corazón, y no te olvides de tu pata de
conejo, Loretta.
ELIZABETH: Me
importa un comino entrar al Santa María. Y no creo en la magia.
MADRE
MARÍA INÉS: ¿Y en qué crees corazón?
ELIZABETH: En
los hechos. Creo que es mi deber decirle que ya no soy católica, Madre. Dios me
odia y yo lo odio a él. Madre María Inés, usted es buena gente, a pesar de ser
monja, pero está totalmente equivocada en lo que se refiere a Dios.
MADRE
MARÍA INÉS: ¿Qué quieres decir?
ELIZABETH: Dios
no es más que un asesino. Mató a mi abuela. Y nunca lo voy a perdonar.
MADRE
MARÍA INÉS: Conserva tu ira todo el tiempo que
quieras. Pero tengo una mala noticia. Dios nunca se dará por vencido contigo. Y
no creo que pueda mantener cerrado ese corazón para siempre.
ELIZABETH: Yo
no estaría tan segura, Madre.
Elizabeth
comienza a salir.
MADRE
MARÍA INÉS: Elizabeth, te olvidas de algo.
ELIZABETH: ¿De
qué?
MADRE
MARÍA INÉS: De tu pata de conejo, corazón.
Elizabeth
sale.
Escena
8
Corredor.
Entran velozmente Colleen, Wanda y María Teresa. Se ponen frente al teléfono.
COLLEEN: No
empujen, ¿quieren? ¿Dónde están sus modales?
MARÍA
TERESA: Buena suerte, Eddie.
WANDA: ¿Quién
tiene cambio?
Entra
Elizabeth
COLLEEN: Elizabeth,
gracias Dios. No sabes cuánto me alegra que estés aquí.
ELIZABETH: Qué
me quedaba. No tenía ganas de escucharla hablar y hablar.
COLLEEN: ¿Quién
va primero? Yo de ninguna manera. María anda tú. Dale, marca. Me estoy
muriendo.
MARÍA
TERESA: ¿Aló? ¿Papá? ¿Mamá? Papi, ¿qué haces en la
casa, por qué no estás trabajando? No ha pasado nada. Solo quería llamar para
saber si había llegado el correo. Papi, por favor, papi, deja que mamá lo abra.
Se están peleando por ver quién lo abre. Hola mami, sí, esperando. Hola papi.
Sí, entré. Tengo que irme. Lo logré. Entré. Te toca, Wanda.
WANDA: (Después
de marcar) Tak man. Jestem bardzo podniecona. Czy otrzymalam stipendium? Skad?
ELIZABETH: No
tiene ninguna expresión en la cara.
WANDA: Ze
Swietej marit Swieteco Ignaca. Wspaniale. Do Zubaczenia.
COLLEEN: Seguramente
le dieron una beca.
WANDA: Kocham
cie… Quinientos dólares.
COLLEEN: Qué
tacaños. (Después de marcar) Hola, mami. Soy yo, Colleen. Brian, cuelga la
extensión. Agg, me tosió en el oído. Qué imbécil. ¿Ya llegó el correo? No,
mamá, anda a ver. Todavía no ha recogido el correo ¿pueden creerlo? No, el
correo de papi no, el mío. Estoy hablando en serio, deja de bromear. Ábrelo,
¿qué dice? Perfecto, gracias. ¡Entré a los cuatro colegios!
MARÍA
TERESA: ¿A cuál piensas ir?
COLLEEN: Al
Santa María, por supuesto. Elizabeth, te toca.
MARÍA
TERESA: Padre nuestro que estás en los cielos…
ELIZABETH: Párala.
María. Ya lo he decidido. Mamá, hola. ¿Llegó el correo? Ábrela. ¿No entré? No,
no te preocupes. Chau, mamá.
WANDA: Ay,
Elizabeth.
COLLEEN: Mierda.
ELIZABETH: Entonces…
¡Estaba bromeando! ¡Entré!
TODAS:
Santa María, allá vamos.
Colleen,
María Teresa y Wanda vuelven a sus carpetas, y escuchan a Elizabeth.
ELIZABETH: Bueno,
supongo que eso es todo. Salvo que hace dos semanas estaba en una fiesta. Y por
alguna razón empecé a contar todas estas anécdotas del colegio católico. No
había pensado en esa parte de mi vida por un buen tiempo, pero todos los
recuerdos volvieron. Nos reímos horas de horas. Entonces, cuando estaba por
irme, alguien a quien no conocía demasiado, un sobreviviente de un colegio
estatal, me preguntó que qué pensaba de Dios ahora. Le dije que no pensaba nada
sobre él, salvo que quizás no era un buen hombre, y me fui. Cuando llegué a la
casa, no podía dormir. Estaban pasando “Milagro en la Calle 34” por televisión,
el final. La niña iba en el carro y tenía los ojos cerrados. Repetía una y otra
vez, en su dulce voz de la Metro Goldwyn Mayer, “Yo creo, yo creo”. Apagué el
televisor. Me tapé con la frazada y cerré bien los ojos. Recordé que antes yo
también creía en los milagros, y que me quedaba dormida con alguna pregunta
dándome vueltas en la cabeza. Y esa noche, me pareció que el proceso empezaba
de nuevo. Porque me sorprendí a mí misma, en medio de la oscuridad, haciéndome
una pregunta que me resultó vagamente familiar. ¿Estás allí? ¿Estás allí?
Final