miércoles, febrero 04, 2015

Demetrio Aguilera Malta DIENTES BLANCOS




Demetrio Aguilera Malta





Prólogo: La Máscara de Marfil y el Grito Silenciado

El Autor: Demetrio Aguilera Malta y el Realismo Social

Demetrio Aguilera Malta (1909-1981) no fue solo un escritor; fue un cartógrafo de las injusticias del trópico. Miembro fundamental del "Grupo de Guayaquil" —aquellos "cinco como un puño" que revolucionaron la literatura ecuatoriana en los años 30—, Aguilera Malta dedicó su vida a dar voz a quienes la historia oficial pretendía enmudecer: el cholo, el montuvio y, de manera magistral en esta obra, el afrodescendiente.

Su pluma, marcada por un realismo feroz y una profunda sensibilidad humana, transitó desde la narrativa de Los que se van hasta un teatro de vanguardia social. En Aguilera Malta, la palabra es un arma de denuncia, pero también un espejo donde la sociedad debe mirarse, aunque la imagen que devuelva resulte incómoda.

La Obra: "Dientes Blancos" o la Tragedia del Espectáculo

Dientes Blancos es una pieza en un acto que condensa, en pocos minutos de lectura o representación, siglos de explotación racial y deshumanización. Ambientada en la atmósfera densa de un cabaret centroamericano, la obra nos presenta una paradoja cruel: el hombre que debe reír para sobrevivir mientras su alma se quiebra.

La trama nos enfrenta a tres músicos negros —Peter, William y Ernest— que funcionan como los engranajes de una maquinaria de placer para una clientela blanca que los ve como objetos, no como sujetos.

  • Peter representa la conciencia herida, el hombre que reclama su derecho a la intimidad y al dolor.

  • William es el símbolo de la alienación, el "alma negra del cabaret" cuya única función es mostrar esa hilera de dientes blancos que da título a la obra.

  • Ernest es el autómata, el ritmo que sostiene la farsa.

Temas Centrales: La Risa como Mercancía

El conflicto estalla cuando lo humano (la noche de bodas de Peter) choca con lo comercial (la exigencia del Patrón y el capricho de los Ebrios). La obra explora con crudeza cómo el sistema despoja al individuo de su derecho a la tristeza.

El simbolismo de los dientes blancos es desgarrador: no son signo de alegría, sino una exigencia contractual. La blancura de los dientes contrasta con la "negrura" de su situación, convirtiéndose en una máscara de marfil que oculta el llanto.

"Ríe. El cabaret no puede estar sin tu risa... ¡Para eso te pago!"

Estas palabras del Patrón resumen la tragedia de la obra. El final, con esa carcajada colectiva y frenética que se confunde con la locura, no es un cierre cómico, sino un clímax terrorífico donde la identidad ha sido finalmente devorada por el espectáculo.

Invitación al Lector

Al leer Dientes Blancos, te invitamos a mirar más allá del reflector que ilumina la tarima. Escucha el sonido de la batería no como música, sino como el latido de una protesta que no encuentra salida. Demetrio Aguilera Malta nos entrega aquí una pieza eterna sobre la dignidad humana frente a la tiranía de la apariencia.






Pieza en un Acto

PERSONAJES:
EBRIA
EBRIO
WILLIAM
PETER
ERNEST
PATRON

(Al levantarse el telón, un reflector focaliza el centro del escenario.
La decoración representa la tarima de una orquesta de negros, en un cabaret centroamericano. Se oye, de rato en rato, el rumor de la fiesta, destaparse de botellas, gritos estridentes, carcajadas. Los músicos negros —Peter, William y Ernest— tocan piano, saxofón y batería, respectivamente. Están vestidos de frac blanco. Miran, a veces, abajo, donde se supone que están divirtiéndose los blancos.
Durante todo el acto, cada vez que William ríe, con su estruendosa carcajada, Ernest lo acompaña, como un autómata, con el sonido, también estruendoso, de su batería.)

PETER. (Mirando angustiado para todas partes, como buscando una salida.) ¿Serán las tres de la madrugada?
WILLIAM. (Lo observa, como a un bicho raro. Después, estalla en una carcajada martillante, onomatopéyica, que muestra sus dientes blanquisimos.) ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!
PETER. (Volviéndose furioso a William. Sintiendo que encuentra, por fin, alguien contra quien descarga su cólera.) ¿Y tú? ¿De qué te ríes?
WILLIAM. (Un tanto desconcertado. Con súbita seriedad.) De tu preocupación por el tiempo. Sabes que trabajaremos hasta cuando el sol baile en las calles. Y preguntas a cada instante la hora.
¿Cómo quieres que no ría? (Transición. Con su risa estruendosa.)
¡Jajajá! . . . ¡ Jajajá! . . .                                   
ERNEST. (Después de acompañar, como lo hace siempre, con su batería, la risa de William. Como despertando.) Es que lo espera su mujer. . .
WILLIAM. (Asombrado.) ¿Su mujer?. . . ¿Qué mujer?
ERNEST. (Señalando a PETER.) La mujer de él. ¿No sabes que se casó ayer, no más?
WILLIAM. (Como para sí mismo.) ¡Ah! ¿Se ha casado? Entonces, no debía estar trabajando. ¡Debía estar con ella!
ERNEST. Por lo menos esta noche. (Sordamente.) ¡Es su primera noche!
PETER. (Con desesperación.) ¡Sí pudiera hacerlo!
ERNEST. (Pesando sus palabras. Preocupado.) ¡Y se ha casado con una mujer blanca! ¡O casi blanca!
WiLLIAM. (Histérico. Vibrando todo. Riendo, mientras lo acompaña Ernest, con su batería, cada vez que lanza su carcajada.) ¡Una mujer casi blanca!.. . ¡Jajajá!.. . ¡Una mujer casi blanca!.. . ¡ Jajajá! . . . ¡ Jajajá! . . .
PETER. (Con rabia creciente.) ¿Y ahora? ¿De qué te ríes?
WiLLIAM. (Transición. Preocupado.) ¿Yo? ¡De nada! Tú sabes. Yo sólo sé reír. . . (Transición. Eufórico.) ¡Una mujer casi blanca!. . . ¡Jajajá! . . . ¡Lo que vas a tener que trabajar para que dure a tu lado!.. . ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!.. .
PETER. (Sin poderse contener más. Abalanzándosele encima a William. Agarrándolo por la solapa del frac. Sacudiéndolo, mientras su contendor en vano intenta desasirse.) ¡Cállate!
ERNEST. (Se levanta rápidamente. Se interpone entre Peter y William. Después de breve esfuerzo, los separa.) ¿Qué te ocurre hoy, Peter? ¡Estás muy nervioso!
WILLIAM. (En actitud canalla.) ¿Acaso tienes miedo de que, .. ?
PETER. ¿De qué?
WILLIAM. ¿¿De que tu mujer?.. .
PETER. ¿Qué, pues, qué?
WILLIAM. (Lentamente. Calculando todo el efecto de sus palabras.)
¿Se canse de esperarte y se vaya con otro?. . .
PETER. ¡Desgraciado!
(Peter se lanza, otra vez, contra William. Empieza a golpearlo. William se defiende, pero casi sin responder los golpes. Tratando, más bien, de contener a Peter. Ernest vuelve a separarlos.)
ERNEST. ¿Es que no pueden hablar de otra cosa?
WILLIAM. (Transición a la euforia.) ¡Del cabaret, por ejemplo! ¡Jajajá! (Coge el saxofón y empieza a dar vueltas como si el instrumento fuera una mujer con la cual estuviese bailando un ritmo loco. En tanto, toca unos compases.)
PETER. (Sombrío.) ¡El cabaret! ¡Sólo piensas en el cabaret!
WILLIAM. ¿En qué más quieres que piense! ¡Aquí he nacido! Aquí he vivido siempre. ¿Te imaginas esto sin la risa del negro William? Sabría mal el champaña. Las mujeres no darían el mismo placer a los hombres. El cabaret me necesita. ¡Yo soy el alma! ¡El alma negra del cabaret. ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!
PETER. (Con desprecio.) ¡Me das lástima!
WILLIAM. (Danzando con el saxofón.) ¡Jajajá! ¡Jajajá!
PETER. Vives contento con fu suerte. ¡Infeliz!
WiLLIAM. (Como antes.) ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!.. .
PETER. ¡Eres un traidor a ti y a la raza!
WILLIAM. (Como antes.) ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!.. .
ERNEST. (Qué, como siempre, ha acompañado automáticamente,  con su bateria, las carcajadas de William. Como dejando de ser
autómata, para volverse hombre.) ¿Pero qué te ocurre hoy, Peter?
PETER. (Amargamente.) ¿A mí? ¿Qué puede ocurrirme, Ernest? ¡Esta noche es igual a todas. . . a todas las noches de mi vida!
ERNEST. ¿Entonces?
PETER. ¿Qué?
ERNEST. ¿Por qué estás así con William? Él es tu amigo. Y él, esta noche, también está igual a todas las noches de su vida.
WILLIAM. ¡Y seguiré igual, hasta después de muerto! ¡Jajajá!
¡Jajajá!
(Por la izquierda, sube a la tarima el Ebrio, vestido de frac negro, con una copa de champaña en la mano izquierda y una botella del mismo licor en la diestra. A su lado, sube, también, la Ebria, que va vestida de noche y también lleva una copa de champaña. De vez en cuando, ambos beben. Suben con dificultad a la tarima. La embriaguez los torna desdibujados, caricaturescos.)
EBRIO. Tengo que irme mañana mismo.
EBRIA. Ya me lo has dicho.
EBRIO. Pero quiero decírtelo otra vez. Tengo que irme. . .
EBRIA. (Continuando la frase de él) ... mañana mismo.
EBRIO. Así es. ¡Salud! (Bebe.)
EBRIA. ¡Salud! (Bebe.)
PETER. (Con repugnancia y rabia.) ¡Sólo nos faltaba eso! ¡Que vinieran hasta aquí!
WILLIAM. ¡Hay que aprovecharlos!
(William se acerca a los Ebrios y empieza a hacerles muecas. A bailarles. A hacerles gracias, como si se tratara de un payaso negro. Los Ebrios, al principio, no se dan cuenta de qué se trata. Después, ríen. A su vez, William empieza a reír, enseñando sus dientes blancos. Su carcajada va siendo tan contagiosa, que, al final, todos, excepto Peter, estallan en carcajadas estruendosas. Esta vez, Ernest, como loco, golpea todos los instrumentos de la
batería, en una forma extraordinaria.)
EBRIA. (Cuando todos parecen agotarse de tanto reír y se hace un breve silencio.) ¡Qué negro más gracioso!. . . ¿Me lo compras, querido?               
EBRIO. ¡No puedo! ¡Tengo que irme. . .
EBRIA. (Continuando la frase.) ...mañana mismo! ¡Ya me lo has dicho, querido!
EBRIO. ¿No puedo decírtelo otra vez?
EBRIA. Sí. Sí querido. . . (Pausa.) ¿Y una copa? ¿Le puedes brindar una copa?
EBRIO. Sí. ¡Se la ha ganado!
WILLIAM. ¡Claro que me la he ganado! (Da unos cuantos pasos de baile con su saxofón.) ¡Jajajá!.. . ¡Champaña! Jajajá!.. . ¡Jajajá!
EBRIO. (Sirve más champaña en su copa. La tiende a William.)
¡Toma! ¡Bebe!
(William va a beber. Pone la copa en sus labios. Pero, de salta de la mano de WILLIAM, cayendo al suelo. Ante la estupefacción de todos, después, se dirige hacia el Ebrio, a quien arrebata la botella y, también, la arroja al suelo.)
PETER. ¡Canalla!
(Pasado un brevísimo instante de estupor, Ernest se lanza contra Peter. Lo toma por los brazos. Lo sacude.)
ERNEST. ¡Peter! ¿Qué te pasa? ¿Te has vuelto loco?
PETER. (Haciendo desesperados esfuerzos por desasirse de Ernest.)
¡Suéltame!
WILLIAM. (Que está desconcertado. Reaccionando.) Peter. . . yo . . . yo. . .
PETER. (Furioso. Fuera de sí). ¡Cállate!
EBRIO. (Tratando de comprender.) ¿El champaña no es bueno para los negros?
EBRIA. ¡Oh querido! ¿Eres tonto? Este negro (señala a Peter) no quiere nuestro champaña.
EBRIO. (Sin entender.) ¿No lo quiere? ¿Por qué?
EBRIA. ¡Es un negro insolente! ¡Atrevido!
EBRIO. (Haciendo ademán de irse.) Bien. ¡Pidamos otra botellal
EBRIA. ¿Y qué? ¿No eres hombre? ¿No vas a hacerte justicia por ti mismo?
EBRIO. ¿Yo? ¿Golpear a un negro? ¡Nunca! Me ensuciaría las manos!
PETER. (Sacudiéndose. Tratando de soltarse de las manos de Ernest.)
¡Suéltame! ¡Suéltame! (Al Ebrio.) ¡Borracho maldito!
ERNEST. ¡Cálmate!
EBRIA. ¿Vas a permitir que te siga insultando?
ERNEST. (Soportando a duras penas las sacudidas de Peter.) Todos se están dando cuenta de lo que pasa. Hasta el patrón. ¡Tranquilízate!
WILLIAM. (Dominándose. Amistoso.) Ernest tiene razón, Peter. ¡Tranquilízate! .. . No sé por qué te has disgustado. Sobre todo, conmigo.
Yo siempre tomo champaña. Me gusta. ¿No me has visto recoger las sobras todas las copas, cuando se van los clientes? ¡Champaña!
PETER. ¡Miserable!
EBRIA. ¿Lo ves, querido? ¿Vas a dejar que te sigan ofendiendo?
EBRIO. En mi hacienda, siempre les doy látigo. ¿Puedes conseguirme un látigo? Pídele al dueño del cabaret. Tal vez, él tenga un látigo.
(Peter, con un desesperado esfuerzo, logra soltarse de las manos de Ernest.)
PETER. ¿Látigo? ¿Ha dicho, látigo? (Se lanza contra el Ebrio. Lo agarra por el cuello y empieza a sacudirlo. Ernest, William y la Ebria intervienen y, después de breve lucha, consiguen soltar al Ebrio de las manos de Peter. Desde este momento empiezan a surgir numerosas voces de la Muchedumbre, fuera de escena.)
MUCHEDUMBRE. (Desde fuera.) ¡Afuera, el negro! ¡Afuera! ¡Que lo cuelguen! ¡Afuera! ¡Afuera!.. . ¡Atrevido! ¡Asqueroso! ¡Afuera! ¡Sáquenlo! ¡Afuera!
(El Patrón sube a la tarima de los músicos. Los músicos se  apartan respetuosamente.)
PATRON. ¿Qué pasa aquí?
EBRIO. (Tratando de reaccionar. Monocordemente.) Que me voy mañana mismo.
EBRIA. (Al Ebrio.) ¡Idiota! (Transición. Al Patrón, indicando a Peter.)
Este negro nos rompió una botella de champaña. Y no contento con eso, intentó pegarle a él. (Señala al Ebrio.)
WILLIAM. ¡Pobre Peter!
PETER. ¡Pobre tú! ¡Descastado!
PATRON. ¡Silencio!
WILLIAM. Peter es magnífico, Patrón. Usted lo sabe. ¡Pero esta
noche ha perdido el juicio!
MUCHEDUMBRE. (Desde fuera de escena.) ¡Afuera el negro! ¡Que lo boten! ¡Que lo cuelguen! ¡Afuera! ¡Afuera el negro! ¡Afuera!
PETER. (Transformándose.) ¡Sí! ¡Que me cuelguen! ¡Es lo mejor que pueden hacer!
WiLLiAM. No le haga caso, Patrón. Es verdad lo que le digo. ¡Peter está medio loco!
PATRON. Yo no permito aquí a ningún loco. Este es un cabaret, no un manicomio.
PETER. (Completamente fuera de sí.) ¡No! ¡Todavía no estoy loco! ¡Enloqueceré, no cabe duda! Pero todavía no estoy loco. Aun puedo darme cuenta de la vida que llevamos. ¡Nos consumimos como antorchas negras, para alumbrar la alegría de los blancos!
WILLIAM. (Queriendo disculpar a Peter en cualquier forma.) ¿Sabe usted, Patrón? Se casó ayer. Esta es su noche de bodas. Y... usted comprende.
PATRON. ¡No! ¡No comprendo! Además, ¿para qué? Tampoco permito
que mis músicos vengan a celebrar aquí sus noches de bodas.
PETER. (Mirando al Patrón con odio y desprecio.) ¡Cerdo!
PATRON. (Desconcertado.) ¿Qué dices?
PETER. ¡Cerdo!
PATRON. (Buscando a su derredor.) ¿Quién?
PETER. ¡Usted!
PATRON. (Dudando de lo que ha oído.) ¿Yo?
PETER. Sí. ¡Usted!
PATRON. (Se rasca la oreja, meditando. Duda. Después, se encoge de hombros.) ¡Uhm! ¡Bien! ¡Estás despedido! ¡Ya trataré de que nadie vuelva a darte empleo!. . . ¡Ahora, vete!. . . ¡Vete enseguida!
PETER. Cállate
WILLIAM. Pero, patrón. Peter. . .
(Con pasos lentos, Peter sale de escena, mientras arrecian los gritos de la Muchedumbre.)
MUCHEDUMBRE. (Fuera de escena.) ¡Afuera el negro! ¡A colgarlo!
¡A colgarlo fuera! ¡A colgarlo! ¡Atrevido! ¡Fuera!
PATRON. (Al Ebrio.) Perdone usted, señor. . . Usted comprende, ¿verdad? Se trata de un negro.
EBRIO. No se preocupe. Yo me voy mañana mismo. Estoy de paso.
Hoy llegué de mi hacienda de bananos. Esa es mi mina de oro verde. Mañana me voy a París. ¿Sabe? Voy a pasar mis vacaciones en París.
EBRIA. ¿Por qué no me llevas a París, querido?
EBRIO. No. No puedo. Voy con mi mujer. . . (Transición.) Pero te puedo dar más champaña.
EBRIA. (Encogiéndose de hombros.) ¡Champaña! ¡Eso es! ¡Champaña!
EBRIO. (Sonando las manos.) ¡Mozo! ¡Mozo! ¡Champaña!
PATRON. (A William.) Bueno. ¿Y tú? ¿Qué esperas?
WILLIAM. (Como despertando.) ¿Yo?
PATRON. Sí. ¿Por qué no ríes?
WILLIAM. Es que . . .
PATRON. ¡Ríe! El cabaret no puede estar sin tu risa. Sin que enseñes la doble hilera de tus dientes blancos. ¡Apúrate! ¡Ríe!
WILLIAM. (Angustiado.) Este.. . yo.. .
PATRON. Todos estamos esperando. ¡Apresúrate! ¡Ríe!
WILLIAM. (Intenta sonreír. Pero le sale una mueca horrible.) ¿No ve que no puedo?
PATRON. ¡No importa! ¡Tienes que reír! ¡Para eso te pago! . . .
WILLIAM. (Vuelve a intentar reír. Pero le resulta la misma mueca trágica.) | No!  ¡No puedo!
EBRIA. ¡Ríe, negrito! ¡Ya viene el champaña! ¡Nuestro champaña!
EBRIO. Ríe. Me voy a París mañana mismo. Y antes quiero verte reír.
ERNEST. Tienes que reír, William. Es tu deber. Está escrito en el contrato.
WILLIAM. ¡No quiero champaña! ¡No quiero reír!
KWCHEDUMBRE, (Fuera de escena . En coro. Con acompañamiento de golpes sobre las mesas.) ¡Ríe! ¡Ríe! ¡William ! ¡Ríe, William !
PATRON. Si no ríes, ¿para qué sirves? ¿Quieres que también te despida a ti y a Ernest? Recuerda que Ernest es sólo una batería..
¡Y una batería sola no sirve de nada! ¡Anímalo, Ernest!
(Ernest empiezo a tocar desesperadamente la batería.)
WILLIAM. (Haciendo un esfuerzo sobrehumano. Con risa triste.)
¡Jajajá! ¡Jajajá!
PATRON. ¿Yo ves como si podías reír? ¡Ríe! ¡Ríe, más! ¡Ríe!
WILLIAM. Jajajá. Jajajá. ¡Jajajá! ¡Jajajá!
PATRON. ¡Venga alegría, señores! ¡Riamos con William! Más fuerte.
¡Más fuerte! ¡Jajajá! ¡Jajajá!.. .
(Los Ebrios, Ernest, el Patrón, la Muchedumbre fuera de escena, todos, van contagiándose de la carcajada de William que, poco a poco, va siendo más fuerte, más fuerte, acompañada por la batería enloquecida de Ernest, hasta que cae violentamente, el telón.)

FIN DE LA PIEZA

domingo, febrero 01, 2015

LE GUICHET, (Oficina de informes) de JEAN TARDIEU: Versión de Benjamín Gavarre







LE GUICHET,
de JEAN TARDIEU:


Versión de Benjamín Gavarre
® contacto: gavarreunam@gmail.com
OFICINA DE INFORMES
La oficina de informes de una estación ferroviaria. El espacio está dividido en dos por un cancel con vidrio y una ventanilla practicable. A la derecha, detrás de la ventanilla se encuentra EL ENCARGADO sentado. Su mesa está repleta de objetos de oficina. En una esquina, un ventilador; en el muro está colgado un sombrero; en el suelo, un paraguas abierto.
Al fondo hay una puerta. A la izquierda de la puerta, un letrero que dice ENTRADA y a la derecha otro que dice SALIDA. A la derecha del escenario, una sala de espera. En el muro del lado del público un gran letrero en el que se lee: SEA BREVE. Del lado del encargado un letrero similar que dice: SEAMOS PACIENTES.
Al levantarse el telón EL ENCARGADO está concentrado en la lectura de un libro; lee silenciosamente y se rasca la cabeza de vez en cuando con un abrecartas.
La puerta se entreabre, aparece la cabeza de EL INDIVIDUO: rostro insulso e inquieto; lleva un sombrero desteñido. EL INDIVIDUO se arma de valor y entra. Es absolutamente tímido y temeroso. Camina de puntitas mirando a su alrededor: volteándose distingue los letreros, parece dudar un instante y después sale como entró. Acto seguido toca la puerta. EL ENCARGADO que hasta el momento no ha prestado atención alguna a la presencia de EL IDIVIDUO, levanta súbitamente la cabeza, cierra brucamente su libro y...
EL ENCARGADO.- (En tono severo) ¡Entre!
EL INDIVIDUO no entra
EL ENCARGADO.- (Todavía más severo) ¡Entre!
EL INDIVIDUO, todavía más aterrado, entra.
EL INDIVIDUO.-  (Dirigiéndose hacia la ventanilla) Perdone señor... ¿Esta es la oficina de informes?
EL ENCARGADO.- (Abre ruidosamente la ventanilla) ¡Sé!
EL INDIVIDUO.-  Ah... Bueno... Este... Es que yo venía a....
EL ENCARGADO.- (Interrumpiéndolo brutalmente) ¿A pedir informes?
EL INDIVIDUO.-  (Emocionado) Sí, sí, precisamente, precisamente, venía...
EL ENCARGADO.- (Mismo juego) Entonces, espere.
EL INDIVIDUO.-  Perdone, ¿qué tengo que esperar?
EL ENCARGADO.- Su turno. Espere a que se le llame.
EL INDIVIDUO.-   ¡Pero si aquí no hay nadie más!
EL ENCARGADO.- (El encargado insolente y feroz) ¡No mienta! ¡No ve que estoy yo? ¡Tenga su ficha!
EL INDIVIDUO.-  (Lee el número de su ficha) ¿3 640? (le da un vistazo a la sala vacía) Pero si soy el único que espera...
EL ENCARGADO.- (Furioso) ¿Se cree usted muy importante, verdad? ¡Váyase a sentar y espere que se le llame!
Cierra ruidosamente la ventanilla, se levanta y prende el
radio. Se oye una canción idiota (de un cantante de moda, por
ejemplo). EL INDIVIDUO, resignado, va a sentarse. EL ENCARGADO
inspecciona su paraguas, lo abre y lo cierra, lo lleva al
perchero. Luego le saca punta a un lápiz, canturrea o silba la
canción que está oyendo. Va al radio y le cambia de estación y
se detiene en el reporte del tiempo.
VOZ EN EL RADIO.- El tiempo permanecerá caluroso en la mayor parte del territorio nacional, con altas temperaturas que ocasionarán precipitaciones principalmente en las costas del Pacífico... (Al escuchar esto, el encargado se dirige al ventilador) ...Algunas masas continentales húmedas se presentarán en las regiones del centro. Se avecina una tormenta tropical que amenaza la región de las altas montañas. El buen tiempo persistirá en los sectores peninsulares. Gracias por escuchar nuestro boletín meteorológico.
EL ENCARGADO.- (Apaga el radio, se frota las manos, se sienta en la mesa. Abre la ventanilla y....) ¡Número 3 640! (EL INDIVIDUO, ensimismado, no escucha. El encargado lo llama enérgicamente.) Dije: número 3640.
EL INDIVIDUO.-  (Sale bruscamente de su ensoñación y mira su ficha) ¡Sí, yo, aquí!
Se levanta y se dirige hacia la ventanilla
EL ENCARGADO.- ¡Su ficha!
EL INDIVIDUO.-  Oh perdón, discúlpe... Tenga.
EL ENCARGADO.- Gracias.



EL INDIVIDUO.-  Mire, yo quisiera saber si...
EL ENCARGADO.- (interrumpiéndolo) ¿Apellido?
EL INDIVIDUO.-  ¿Apellido?, pero si yo...
EL ENCARGADO.- Ningún yo. ¿Apellido!
EL INDIVIDUO.-  Aquí, mire, en mi credencial... (busca en su  bolsillo y luego en su portafolios).
EL ENCARGADO.- (lo detiene) No necesito su credencial, le pregunté su apellido. El paterno, claro.
EL INDIVIDUO  murmura algo
EL ENCARGADO.- ¿Cómo se escribe eso? Deletreélo.
EL INDIVIDUO.-  M U Z S P N Z J A diéresis, K doble E. S G U R W T E G U I, como Incháustegui.
EL ENCARGADO.- Fecha y lugar de nacimiento.
EL INDIVIDUO.-  (Suspirando) Nací en mil novecientos cuarenta y... No. En mil novecientos sesenta y... En el Oeste.
EL ENCARGADO.- ¡Sea preciso! ¿Se está burlando de mi?
EL INDIVIDUO.- No, cómo cree, de ninguna manera. Para ser exacto nací en la colonia Voluntad, año de la Caña Tolerante.
EL ENCARGADO.- Ajá. ¿Profesión?
EL INDIVIDUO.-  Civil.
EL ENCARGADO.- ¿Número de matrícula­?
EL INDIVIDUO.-  Remiso clase bola negra sin esperanza. Centinelas Presidenciales. JJ93. GASB 620227 BSO. 7818057-8  512-43-71 YA INEXISTENTE U2. 34895  22--22.
EL ENCARGADO.- ¿Es usted casado? ¿tiene hijos?
EL INDIVIDUO.-  Disculpe señor....estoy un poco asombrado. Vine para pedir informes y resulta que usted es el que me los pide. Yo....
EL ENCARGADO.- Usted me hará las preguntas cuando venga su turno....le pregunté si está casado y si tiene hijos. ¿Si o no?
EL INDIVIDUO.-  Eh.....si....no...es decir...
EL ENCARGADO.- ¡¿Cómo que "es decir"?!
EL INDIVIDUO.-  Es que es tan desagradable! Con la prisa que tengo...
EL ENCARGADO.- Entonces, si tiene tanta prisa responda rápido y sin titubear.
EL INDIVIDUO.-  Está bien, de acuerdo. Me casé y tuve hijos...dos hijos.
EL ENCARGADO.- ¿De qué edad?
EL INDIVIDUO.-  (Emocionado, casi a punto de llorar) Ya no me acuerdo. Póngale diez a la niña y ocho a mi muchacho.
EL ENCARGADO.- ¿Usted qué edad tiene?
EL INDIVIDUO.-  Pero si hace rato le di la fecha de mi nacimiento.
EL ENCARGADO.- La fecha de nacimiento y la edad no son la misma cosa. Los datos no aparecen en el mismo lugar en la ficha del solicitante.
EL INDIVIDUO.-  Ah ¿entonces usted hace una ficha para todos los que vienen a pedir informes?
EL ENCARGADO.- Por supuesto. Si no, ¿cómo podríamos identificarlos?. Le pregunté su edad.
EL INDIVIDUO.-  Entonces espere (hace un cálculo mental) 1952 menos 1897...12 menos 7, 5....95 menos 89, 16...quedan, déjeme ver 5 más 16 igual a 21 años, no, 16 y 5, ¡165 años!....no. No es posible. Déjeme ver, voy a volver a empezar.
EL ENCARGADO.- Déjelo, ya hice el cálculo. Tiene 55 años exactamente.
EL INDIVIDUO.-  Sí eso es, eso es. Gracias señor.
EL ENCARGADO.- ¡ Y porqué no lo dijo antes! Es impresionante la cantidad de tiempo que se pierde con personas sin experiencia. Ahora, ¡saque la lengua!
EL INDIVIDUO.-  (sacando la lengua) ¿Así?
EL ENCARGADO.- A ver, no, nada fuera de lo normal. ¡Enséñeme sus manos!
EL INDIVIDUO.-  ¿Así?
EL ENCARGADO.- Pero ya meta la lengua. (mirando atentamente las manos) Mh, la línea de la muerte cruza la línea de la vida...mal signo...pero para su buena suerte...aquí aparece la línea de la existencia...es bueno. Puede irse a sentar.
EL INDIVIDUO.-  ¿Cómo? ¿todavía no le puedo pedir informes.
EL ENCARGADO.- No tan rápido. Espérese a que se le indique. (Cierra ruidosamente la ventanilla).

EL INDIVIDUO.-  (Desesperado y gimoteante) Pero,
señor, tengo prisa. Señor... Mi mujer y mis hijos me esperan, señor... Venía... a pedir informes urgentes, señor... (En ese momento se escucha el silbato de un tren que parte)Como usted sabe la estación de trenes está cerca,  y venía a pedirle informes para saber qué tren tomar.
EL ENCARGADO.- ¿Vino para los horarios del tren?
EL INDIVIDUO.-  Sí, entre otras cosas. En principio, los horarios del tren... Por eso tenía tanta prisa.
EL ENCARGADO.- ¿Por qué no lo dijo antes? Lo escucho.
EL INDIVIDUO.-  Bueno, pues mire...fíjese...yo quería....en fin, yo desearía tomar el tren para Matehuala para ver a un pariente que...
EL ENCARGADO.- (Interrumpiéndolo) El tren para Matehuala sale a las 6:50 y 9:30, primera y segunda solamente. 13 hrs., promoción para familias numerosas. 14 hrs. sólo solteros. 16 y 21 hrs. cualquier edad y toda clase de sexos.
EL INDIVIDUO.-  Gracias, muchas gracias señor. Sabe...me gustaría ver en Matehuala a un tío que es notario...él ya está grande y no anda bien de salud, y fíjese que...                          
EL ENCARGADO.- ¡ Vayamos al grano !
EL INDIVIDUO.-  Sí señor, discúlpeme. A lo que quiero llegar es a esto: yo quisiera...bueno, yo desearía estrechar entre mis brazos, una vez más, a mi viejo pariente de Matehuala y fíjese que no se si ir a verlo o ir a Tomazulapa donde vive una prima que también está enferma y le
juro que no sé si...
EL ENCARGADO.- Tren para Tomazulapa: hay un pullman a las siete de la mañana, un doble pullman a las nueve, uno de carga a las diez y uno de quinta a las 15 hrs. con conexión al Papaloapan. Tren nocturno 8:45, usted llega a Tomazulapa a las 3 de la mañana.
EL INDIVIDUO.-  Ah gracias, gracias, muchas gracias señor. Si hago caso a sus indicaciones, me conviene más ir a ver a mi prima que a mi tío.
EL ENCARGADO.- No tengo nada que decir la respecto. Yo le dí los horarios y punto.
EL INDIVIDUO.-  Sí, sí claro. Pero, o me equivoco o usted manifestó cierta preferencia, una especie de preferencia personal por mi prima de Tomazulapa, y se lo agradezco, sí se lo agradezco, aunque sea, en suma, en detrimento de mi viejo tío de Matehuala, a quien le tengo un profundo afecto y por quien...

EL ENCARGADO.- Mire señor, haga lo que quiera, a mi no me importa. Yo sólo doy informes. (el cliente no responde. el encargado más suave). Bueno, en fin señor, responda.
EL INDIVIDUO.-  No me toca a mi responder señor sino a usted....¡y a mi que hubiera gustado tanto recibir consejo para saber lo que debo hacer, a dónde ir, qué dirección tomar.
Un Altoparlante.- (a lo lejos) Señores pasajeros, con destino a todas partes. Señores pasajeros, atención: favor de abordar el tren que les toca en el andén correspondiente. Su tren va a partir.
EL INDIVIDUO.-  (retomando su pregunta) Me gustaría tanto saber qué dirección tomar...en la vida....y sobretodo...
EL ENCARGADO.- (encolerizado e interrumpiéndolo) ¡Dése prisa, no me haga perder el tiempo! ¿Qué quiere saber?
EL INDIVIDUO.-  No me atrevería a decírselo.
EL ENCARGADO.- No se lo tome tan a pecho.
EL INDIVIDUO.-  Yo me imaginaba que en las estaciones...¡hay tantas salidas y llegadas, tantos reencuentros...! Es como un inmenso lugar de citas.
EL ENCARGADO.- ¿Tiene una cita con alguien?
EL INDIVIDUO.-  Eh...si y no, es decir...
EL ENCARGADO.- Una mujer, desde luego.
EL INDIVIDUO.-  (encantado) Sí, eso es, una mujer. ¿Cómo lo adivinó?
EL ENCARGADO.- (alzando los hombros) Por su traje.
EL INDIVIDUO.-  ¿Cómo por mi traje?
EL ENCARGADO.- ¿No está vestido como hombre?
EL INDIVIDUO.-  ¡Por supuesto!
EL ENCARGADO.- Por eso digo que Ud. es hombre, ¿me equivoco?
EL INDIVIDUO.-  No, tiene Ud. razón.
EL ENCARGADO.- Bueno, si usted es un hombre, usted espera una mujer. Es lógico, ¿no?
EL INDIVIDUO.-  !Qué ingenioso! !Qué capacidad de síntesis!... Un hombre: entonces una mujer.
EL ENCARGADO.- Es obvio. ¿Qué clase de mujer busca
Usted?
EL INDIVIDUO.-  Una mujer del tipo: "mujer de mi vida".
EL ENCARGADO.- Espéreme, déjeme consultar mis fichas. Veamos: Su nombre comienza con "m" y acaba con "i"... Bueno... A ver... Una mujer morena que responde al nombre de Rita Caraquilla. Atravesó la calle a las 15:45 en dirección al Suroeste. ¿Será ella?
EL INDIVIDUO.-  No lo creo. La mujer de mi vida sería más bien rubia cobriza tirándole a rubia platinada... Bueno, entre las dos.
EL ENCARGADO.- (Sigue buscando entre sus fichas) Entonces esta:  Señorita Natividad Perdomo, modesta... (Viendo más de cerca) No, perdón: modista. Entrará por la puerta de servicio del edificio de enfrente mañana a las nueve de la mañana. Tiene cita con una cliente: la señora Revillón D'Oporto que...
EL INDIVIDUO.-  (Triste) No, no tiene caso. No puede ser esa persona porque ya no estaré más aquí.
EL ENCARGADO.- Pues lo lamento mucho... No tenemos a nadie disponible entre las 3:45 de hoy y las 9:00 de mañana que cumplan con las características que pide. ¿Es todo?
EL INDIVIDUO.-  No, no es todo. Yo quisiera saber... ¿Qué piensa usted exactamente... De mi manera de vivir?
EL ENCARGADO.- !Explíquese!
EL INDIVIDUO.-  Con gusto. Mire: en la mañana, me
levanto con la aurora, absorbo un gran vaso de café... ¿Usted cree que eso sea bueno para mi salud?
EL ENCARGADO.- (Doctoral y categórico) Agregue una pequeña cantidad de  leche. Es preferible. Sobre todo en casos de gripe.
EL INDIVIDUO.-  Ah, muy bien. ¿Me permite que lo anote?
Escribe rápidamente en un block.
EL ENCARGADO.- Puede continuar.
EL INDIVIDUO.-  Por otra parte, cuando voy a mi trabajo en las mañanas, viajo en metro. Y cuando logro sentarme (lo que no siempre es posible) saco mi periódico.
EL ENCARGADO.- ¿Por qué lo hace?
EL INDIVIDUO.-  Pues, no sé. ¿Para pasar el tiempo? ¿Para no olvidar el alfabeto? ¿Para estar al corriente?
EL ENCARGADO.- ¿Al corriente de qué?
EL INDIVIDUO.-  De todo. De lo que pasa. Aquí. Allá.
EL ENCARGADO.- No tiene caso. Usted no debería saber nada. Además, no es posible saberlo todo. Mejor vea la sección de monitos, se la recomiendo: mejora la circulación, la digestión; evita la obesidad.
EL INDIVIDUO.-  Estupendo. Muy bien. Anotaré también ese valioso consejo. (Escribe) Entonces quedamos en... Café con leche para la gripe... La sección de monitos para la digestión... (Sin transición, en un suspiro) ¡Ay, todo eso no nos va a devolver el paraíso perdido!
EL ENCARGADO.- ¡Lea entonces a Milton o la tercera parte de La Divina Comedia!
EL INDIVIDUO.-  Ya los leí señor. Los leí... Sí, son libros admirables. Pero... las inmensas extensiones que ofrecen a nuestra imaginación todavía no las he encontrado entre la Plaza del Sol Contrario, donde vivo y el Barrio de las Lamentaciones que es donde está mi trabajo.
EL ENCARGADO.- ¿Por que no busca otro camino?
EL INDIVIDUO.-  Ya lo he intentado, creame, pero no he logrado ningún resultado. Ninguno. Al contrario. Cada vez que bajo las escaleras del metro confirmo que el Paraíso se encuentra muy lejos de mi vida.
EL ENCARGADO.- ¿Conoce la desesperación?
EL INDIVIDUO.-  ¿La qué?
EL ENCARGADO.- La desesperación metafísica. Digamos, la angustia. La desesperación, la angustia, o incluso, las profundidades del inconsciente... el hombre subterráneo.
EL INDIVIDUO.-  Desgraciadamente conozco demasiado bien al hombre subterráneo. Lo he visto dirigirse a la estación Cuatro Estampidas, lo he visto en la Parámetro Ambiental.
EL ENCARGADO.- Ahí lo tiene. Usted debería sentir algo parecido al consuelo. ¿No se da cuenta de que las filosofías oscuras, las teorías sobre la angustia y la desesperación hablan precisamente de lo que a usted le pasa? Usted debería sentirse feliz ante semejante armonía, ante tal equilibrio.
EL INDIVIDUO.-  (Hundiendo la cabeza entre los hombros) Yo más bien siento que la pintura del Infierno me
conduce a mi infierno cotidiano, y de tal manera que me hundo un poco más y más con cada día que pasa. Sí, señor. Como le dije apenas ayer al jefe de la oficina, el licenciado Tendraz: si los pájaros tuvieran alas, me iría con ellos. O algo así.
EL ENCARGADO.- (Dulce, pero firme) Oiga, pero los pájaros... sí tienen alas.
EL INDIVIDUO.-  (abatido) Sí, verdad. Entonces, ¿qué voy a hacer?
EL ENCARGADO.- (muy natural) Conságrese a una gran tarea: conviértase en el dueño de una fábrica, hágase presidente. Le aseguro que eso le hará sentir un poco mejor.
EL INDIVIDUO.-  No crea que no lo he llegado a pensar, pero cómo, no crea que es tan fácil.
EL ENCARGADO.- Bueno, es cuestión de carácter. Míreme a mí: Yo sí que he alcanzado una buena posición.
EL INDIVIDUO.-  Sí, cierto. Pero yo no tengo su seguridad, su autoridad. No, mire. A mí más bien me hicieron para soñar.
EL ENCARGADO.- (ordena como un militar) Entonces, sueñe.
EL INDIVIDUO.-  Seguro que sueño. Sueño cada vez que puedo. Sobre todo cuando estoy despierto, sí. Pues cuando estoy dormido: nada. Como un hoyo negro. Me queda el día para soñar: en la calle, en un restorán, en el trabajo. Soñar me ayuda a vivir. Desgraciadamente mis sueños son medio borrosos. Me gustaría darles cuerpo, un poco de colorido.
EL ENCARGADO.- (prosaico, indiferente) No, no, no.



Si yo estuviera en su lugar cruzaría de un solo salto la distancia que nos separa de la vida eterna.
EL INDIVIDUO.-  A qué llama usted "la vida eterna".
EL ENCARGADO.- Me refiero a vivir en espíritu. Por y para el espíritu. A considerar como una nadería los accidentes de la vida, las contingencias de la realidad. ¿Me sigue?
EL INDIVIDUO.-  No sabe de qué manera. No sabe con qué entusiasmo lo sigo. Y déjeme decirle, lo seguiría hasta el fin del mundo.
EL ENCARGADO.- (Se torna lírico y profético, en parodia) Y lo llevaré más allá del fin del mundo. Ahí donde las formas no son sino ideas, donde los seres son esencias, donde reina la claridad inmóvil, el equilibrio entre un destino terminado y un pasado que vendrá.
EL INDIVIDUO.-  ¡Qué lluvia de estrellas!
EL ENCARGADO.- No habrá más estrellas.
EL INDIVIDUO.-  ¡Que ausencia de lluvia de estrellas!
EL ENCARGADO.- ¡Que ausencia, qué absoluta ausencia! Dónde, dónde está usted?
EL INDIVIDUO.-  ¡Aquí, estoy aquí!
EL ENCARGADO.- Error. Usted no está aquí o en otra parte. Usted no esta en ninguna parte.
EL INDIVIDUO.-  Y sin embargo puedo escucharlo. Escucho su voz profiriendo una ausencia de palabras. No soy más. Era. No sufro. No vivo. Viví.
EL ENCARGADO.- (categórico, pero inspirado) En
espíritu.
EL INDIVIDUO.-  Soy espíritu.
EL ENCARGADO.- Tengo las alas del espíritu.
EL INDIVIDUO.-  Vuelo tras de usted.
EL ENCARGADO.- Adiós, pequeña Tierra, adiós, adiós.
EL INDIVIDUO.-  (Agita un pañuelo) Adiós pequeña bola de tierra.
EL ENCARGADO.- (Agita igualmente un pañuelo) Adiós. Buen Viaje.
Se escucha el ruido de un claxon seguido de sonidos de coches frenando. Ellos se miran asombrados y luego siguen normalmente.
EL ENCARGADO.- ¿Decía?
EL INDIVIDUO.-  ¿Qué?
EL ENCARGADO.- ¿Como?
EL INDIVIDUO.-  ¿Disculpe?
EL ENCARGADO.- ¿Decíamos?
EL INDIVIDUO.-  Decía que...
EL ENCARGADO.- (Resignado) Lo escucho.
EL INDIVIDUO.-  Yo... Yo tenía algo que preguntarle.
EL ENCARGADO.- ¿Que?
EL INDIVIDUO.-  Este... ¿Qué me depara el destino?
EL ENCARGADO.- Para contestar eso necesito hacerle un horóscopo. Espéreme un segundo. (Busca en sus papeles) Necesito algunos datos... Sí. ¿En qué mes, qué día y a qué hora nació usted?
EL INDIVIDUO.-   El primero de mayo a las 21:35.

EL ENCARGADO.- Muy bien. Veamos. Leo en conjunción con la constelación de la Vaca y en oposición a la del Vampiro. Galileo se alejaba de la cuadratura con Poseidón y los Cuatro Hijos de la Astucia se alejaban resueltamente hacia la Corona de Medusa. El Paracleto estaba en semicurvatura con Lucifer cuando su señora madre lo trajo al mundo.
EL INDIVIDUO.-  ¡Qué barbaridad! ¿Todo eso pasó en el cielo cuando yo nací?
EL ENCARGADO.- Sí.
EL INDIVIDUO.-  Y con semejante enredo celeste... ¿Qué destino me espera?
EL ENCARGADO.- Es según.
EL INDIVIDUO.-  ¿Según qué? Acaso un destino puede cambiar "según" las circunstancias.
EL ENCARGADO.- No me ha comprendido bien. Quise decir que según sus preguntas yo responderé.
EL INDIVIDUO.-  Ah... Gracias. Me había preocupado.
EL ENCARGADO.- (Perturbador) No tiene de qué.
EL INDIVIDUO.-  (se ríe nervioso) Llegué a pensar que no tenía ningún destino.
EL ENCARGADO.- Quizá eso fuera lo mejor.
EL INDIVIDUO.-  ¿Está usted bromeando?
EL ENCARGADO.- (tamborilea con sus dedos el escritorio) Desde luego.
EL INDIVIDUO.-  ¿Hay alguna pregunta que le deba hacer?
EL ENCARGADO.- Si necesita hacerme una pregunta para saber que tipo de pregunta debe hacerme, ¡pues nunca vamos a acabar! Yo no soy la Esfinge, ni Edipo.
EL INDIVIDUO.-  Eso es evidente.
EL ENCARGADO.- Ni usted tampoco, creo.
EL INDIVIDUO.-  No, seguro. No. ¿Qué le iba a decir? Ah, sí. Un asunto banal, algo que no es necesariamente urgente, para lo que tengo todo el tiempo del mundo... (risueño)  ¿Cuando me voy a morir?
EL ENCARGADO.- (amable, con una encantadora sonrisa) Veamos: Dentro de unos cuantos minutos, Sí, mi estimado señor, cuando se vaya de aquí.
EL INDIVIDUO.-  (incrédulo, guasón) Ah... Seguro. Así nada más. Saliendo de aquí. ¿Y por qué no aquí mismo?
EL ENCARGADO.- Sería complicado. No tenemos lo necesario. No, aquí no se puede morir.
EL INDIVIDUO.-  ¿No tienen lo necesario?... Puede haber un incendio, o un temblor. Un gran derrumbe: quedaríamos aplastados. O... en todo caso puedo desangrarme, puedo meter las manos al ventilador... puedo colgarme, le aseguro que encontraré de dónde... Incluso puedo meter la cabeza en esta especie de pequeña guillotina. (Se refiere a la ventanilla. El Encargado la deja caer, implacable, luego, la levanta suavemente.
EL ENCARGADO.- Usted me preguntó. Respondí. A mí, lo que usted piense, no me importa.
EL INDIVIDUO.-  (levantando los hombros) Entonces le voy a hacer otra pregunta. No puedo hacer nada para evitar... lo que me dijo.
EL ENCARGADO.- Nada.
EL INDIVIDUO.-  (Siempre incrédulo) ¿Absolutamente nada?
EL ENCARGADO.- Absolutamente no.
EL INDIVIDUO.-  (Repentinamente abatido) Bien. Se lo agradezco. Oiga...
EL ENCARGADO.- ¡Qué!
EL INDIVIDUO.-  Este... Yo quisiera preguntarle si...  Cuándo... Cómo... Este... En fin...
EL ENCARGADO.- ¿Si, cómo, cuándo? (levanta los hombros) ¿Se da cuenta, supongo, que sus dos últimas preguntas, --o mejor aún mis dos últimas respuestas-- volvieron totalmente inútiles las otras posibles preguntas y respuestas? De modo que en lo que a mi concierne...
EL INDIVIDUO.-  Entonces es verdad...
EL ENCARGADO.- (Irritándose) Si usted hubiera hablado claro desde un principio, nos hubiéramos ahorrado problemas. ¡Qué manera de perder el tiempo!
EL INDIVIDUO.-  (Tembloroso como al principio) Tiene usted toda la razón. Discúlpeme. Soy muy curioso.
EL ENCARGADO.- (Buena gente, finalmente) Está bien. No se preocupe.
EL INDIVIDUO.-  ¡Que cosa, verdad!
EL ENCARGADO.- (Justificándose) Bueno, yo le di todos los informes que pidió.
EL INDIVIDUO.-  Sin duda. Se lo agradezco.
EL ENCARGADO.- No hace falta, es mi trabajo.
EL INDIVIDUO.-  Me doy cuenta. Es usted un empleado modelo.
EL ENCARGADO.- Sólo deseo satisfacer a la clientela.
EL INDIVIDUO.-  Gracias, desde el fondo de mi corazón ( se dirige hacia la puerta, luego cambia de opinión) Ah... se me olvidaba... Sus honorarios...
EL ENCARGADO.- No se preocupe por eso... sus hijos recibirán la factura.
EL INDIVIDUO.-  Gracias. Muchas gracias. Entonces... hasta luego, señor.
EL ENCARGADO.- (Se levanta respetuoso, fúnebre) Adiós, señor.
El Cliente sale muy lentamente, a regañadientes.
Apenas cierra la puerta se escucha un claxonazo, seguido de un
violento amarre de frenos y casi al mismo tiempo un grito de
dolor. El encargado escucha por un instante, mueve la cabeza y
se dirige al radio, lo prende, y luego va a sentarse a su
escritorio. Mientras escuchamos una canción sentimental de
moda lo vemos muy concentrado en sus papeles.
fin
.

EL CABALLERO DE OLMEDO

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