HEDDA GABLER
Henrik Ibsen
HEDDA GABLER
Henrik Ibsen
(Versión sintetizada)
(Otra versión sin
cortes pero con saltos de página está aquí mismo en
la
etiqueta HEDDA GABLER Drama en cuatro actos HENRIK IBSEN.
Entrar en el mundo de Henrik
Ibsen es, a menudo, entrar en una habitación donde el aire se siente demasiado
pesado. Pero en Hedda Gabler, el aire no solo pesa: quema.
Escrita en 1890, esta obra no
nos presenta a una mujer que busca el amor o la redención. Nos presenta a
Hedda: la hija del General Gabler, una aristócrata del espíritu atrapada en el
cuerpo de una esposa burguesa. Acaba de regresar de una luna de miel que le
resultó eterna y se ha mudado a una casa que no puede costear, junto a un
marido, Jørgen Tesman, que prefiere sus libros de historia antigua al fuego que
arde (y destruye) en los ojos de su mujer.
Ibsen construye una tragedia
donde las pistolas del General no son solo accesorios, sino la sombra del
destino; donde el aburrimiento se convierte en una fuerza destructiva más letal
que el odio.
"Solo una vez en mi vida
quiero tener el poder de decidir sobre el destino de un hombre". — Hedda Gabler.
PERSONAJES
- Jørgen Tesman, becario en Historia de la Cultura.
- Señora Hedda Tesman, su esposa.
- Señorita Juliane Tesman, su tía.
- Señora Elvsted.
- Juez Brack.
- Ejlert Løvborg.
- Berte, criada de los Tesman.
La acción transcurre en la
casa de los Tesman, en la parte oeste de la ciudad (Oslo).
ACTO PRIMERO
Un salón amplio, elegante,
amueblado con gusto y decorado en colores oscuros. En la pared del fondo, una
puerta ancha, con pesadas cortinas descorridas, conduce a una sala más pequeña,
que mantiene el mismo estilo que el salón. En la pared derecha, una puerta de
dos hojas da al recibidor. En la pared opuesta, a la izquierda, una puerta
acristalada. A través de los cristales se ve parte de una terraza con porche y
árboles con colores otoñales.
En la salita interior se ve el
retrato de un apuesto caballero de cierta edad, vestido con uniforme de
general. El salón está lleno de ramos de flores. Luz de mañana. El sol entra
por la puerta acristalada.
SEÑORITA TESMAN: (Se detiene al cruzar la puerta, escucha y dice
en voz baja) ¡Anda, creo que no se han levantado todavía!
BERTE: (También en tono susurrante) Ya se lo decía
yo, señorita. Imagínese… El barco de vapor llegó anoche tardísimo. Y luego…
¡Jesús! La cantidad de equipaje que tenía para deshacer la joven señora antes
de acostarse.
SEÑORITA TESMAN: Habrá que dejarlos descansar. Pero aire fresco de la
mañana sí que van a tener cuando bajen. (Se acerca a la puerta acristalada y
la abre de par en par).
BERTE: (Junto a la mesa, indecisa, con el ramo en la
mano) Ya no sé ni dónde poner las cosas. Digo yo que aquí estará bien,
señorita. (Coloca el ramo sobre el piano).
SEÑORITA TESMAN: En fin, querida Berte, pues ya tienes nuevos
señores. Solo Dios sabe lo que me ha costado renunciar a ti.
BERTE: (Al borde del llanto) ¡Pues anda que a mí!
¿Qué quiere que le diga? Llevo toda la vida trabajando para las señoritas…
SEÑORITA TESMAN: Tenemos que tomárnoslo con filosofía, Berte. Lo
cierto es que no nos queda más remedio. Jørgen te necesita en la casa. Te
necesita. Al fin y al cabo te has ocupado de él desde que era un chiquillo.
BERTE: Sí, señorita, pero es que no dejo de pensar en la
que se ha quedado en casa. La pobre está tan desvalida… ¡Y con la chica nueva!
¡Esa no aprenderá nunca a atender bien a la enferma!
SEÑORITA TESMAN: Descuida, ya me ocuparé de enseñarle. Y además, yo
misma me encargaré de la mayor parte del trabajo, claro. Por mi pobre hermana
no necesitas preocuparte, querida Berte.
BERTE: Ya, pero hay algo más, señorita. Me da mucho miedo
no saber hacer las cosas al gusto de la joven señora.
SEÑORITA TESMAN: Por Dios… Quizá al principio os cueste un poco,
pero…
BERTE: Es que por lo visto se da muchos aires.
SEÑORITA TESMAN: Imagínate, la hija del general Gabler… A lo que
debía estar acostumbrada en vida del general… ¿Recuerdas cuando salía a montar
a caballo con su padre? ¿Con aquel vestido de paño negro? ¿Y las plumas en el
sombrero?
BERTE: ¡No me iba a acordar…! Aunque nunca en la vida me
habría imaginado que ella y el licenciado acabarían formando pareja.
SEÑORITA TESMAN: Yo tampoco. Por cierto, Berte, ahora que me acuerdo:
ya no debes llamar licenciado a Jørgen. Tienes que decir «doctor».
BERTE: Sí, la señora también me lo dijo… anoche… según
entraron por la puerta. Entonces, ¿es verdad, señorita?
SEÑORITA TESMAN: Desde luego que sí. Fíjate, Berte… Lo han nombrado
doctor en el extranjero, ahora, durante el viaje, ¿sabes? Yo no tenía ni idea…
hasta que me lo contaron anoche en el muelle.
BERTE: Pues claro, el señor puede llegar a lo que quiera,
con lo bien que él trabaja… Pero nunca habría pensado que también se pondría a
curar gente.
SEÑORITA TESMAN: No, no es ese tipo de doctor… (Asiente con aires
de importancia). Y además, seguramente, pronto tendrá un título aún más
elegante.
BERTE: ¡No me diga! ¿Y cuál será?
SEÑORITA TESMAN: (Sonríe) Hum… ¡Ya te gustaría saberlo! (Emocionada)
Ay, Señor… ¡Si el pobre Jochum levantara la cabeza y viera hasta dónde ha
llegado su niño! (Mirando a su alrededor) Pero escucha, Berte, ¿por qué
has hecho eso? ¿Por qué has quitado las fundas de todos los muebles?
BERTE: Me lo ha mandado la señora. Dice que no le gusta ver
las fundas sobre los sillones.
SEÑORITA TESMAN: Entonces, ¿van a usar este salón así… a diario?
BERTE: Pues eso me pareció entenderle a la señora. Aunque
él…, el doctor…, no dijo nada.
(Jørgen Tesman llega
tarareando desde la derecha, trae una maleta abierta y vacía. Es un hombre de
aspecto juvenil, de treinta y tres años, con gafas y barba rubia).
TESMAN: ¡Tía Julle! ¡Querida tía Julle! (Le sacude la
mano) ¡Has venido hasta aquí… tan temprano! ¿Eh?
SEÑORITA TESMAN: Tenía que pasarme un momentito a ver cómo estabais.
TESMAN: ¡Y eso que esta noche no te hemos dejado descansar!
Sentimos mucho no poder llevarte en el coche. Pero ya lo viste…, Hedda tenía
tantísimas cajas que traer…
SEÑORITA TESMAN: Sí, qué barbaridad.
TESMAN: Fíjate, tía… Traía esa maleta entera llena de
copias. Es increíble lo que he logrado reunir en los diversos archivos.
Extraños textos antiguos de los que nadie sabía nada…
SEÑORITA TESMAN: Sí, Jørgen, está claro que no has perdido el tiempo
en tu viaje de novios.
TESMAN: (Acariciándole la mejilla) ¡Hay que ver!
¡Piensas en todo, tía Julle! Y ahora… nos sentamos aquí en el sofá. Así
charlamos un poco hasta que venga Hedda.
(Se sientan).
SEÑORITA TESMAN: ¡Ay, Jørgen, pensar que ya eres un hombre casado! ¡Y
que al final fuiste tú quien se llevó a Hedda Gabler! ¡Con todos los
pretendientes que tenía!
TESMAN: (Sonríe con satisfacción) Sí, me parece que
tengo unos cuantos buenos amigos en la ciudad que me envidian, ¿eh?
SEÑORITA TESMAN: Pero escucha, Jørgen… ¿No tienes nada así como
especial que contarme? ¿Alguna expectativa?
TESMAN: ¿Expectativa? Tengo muy buenas perspectivas de que
me otorguen una cátedra cualquier día de estos.
SEÑORITA TESMAN: (Riéndose por lo bajo) Claro que lo sé. Pero
estábamos hablando del viaje… Tiene que haber costado muchísimo dinero, ¿no?
TESMAN: Sí, naturalmente…, sale algo más caro. ¡Pero Hedda
necesitaba ese viaje, tía! De verdad. Cualquier otra cosa habría sido
imposible. Pero dime, ¿has podido ver ya el piso? ¡Excelente! Absolutamente
excelente.
SEÑORITA TESMAN: ¡Aunque ha salido caro, querido Jørgen! Además, la
compra de los muebles y las alfombras la he avalado yo con mi renta.
TESMAN: (Sobresaltado) ¡¿Tu renta y la de la tía
Rina?! ¡Pero has perdido el juicio, tía! Es lo único que tenéis para vivir.
SEÑORITA TESMAN: Ea, ea… Es solo una formalidad, me lo dijo el propio
juez Brack. Y ahora que vas a tener tu propio sueldo… sería un placer para
nosotras colaborar un poco al principio.
TESMAN: Ay, tía… ¡Nunca te cansas de sacrificarte por mí!
SEÑORITA TESMAN: ¿Qué otra alegría tengo en la vida? Quienes estaban
en tu contra tienen ahora que conformarse con quedar por detrás. Y el que era
más peligroso para ti… es quien ha caído más bajo.
TESMAN: ¿Has sabido algo de Ejlert?
SEÑORITA TESMAN: Solo que ha publicado un libro nuevo. Dios sabe si
valdrá algo. No como el tuyo sobre la artesanía de Brabante en la Edad Media.
TESMAN: Sí, tengo que organizar mis colecciones de
documentos. Me hace tanta ilusión… sobre todo ahora que tengo mi propio hogar.
(Mirando hacia el fondo) Creo que por ahí viene, ¿eh?
(Hedda llega por la salita. Es
una mujer de veintinueve años, de figura noble y distinguida, con ojos grises
como el acero).
SEÑORITA TESMAN: ¡Buenos días, querida Hedda!
HEDDA: (Tendiéndole la mano) ¡Buenos días, querida
señorita Tesman! ¿Tan temprano de visita? Qué amable.
SEÑORITA TESMAN: ¿Ha dormido bien la señora en su nueva casa?
HEDDA: Gracias, más o menos. (Mirando hacia la izquierda)
Buf… La criada ha vuelto a dejar abierta la puerta de la terraza. Entra el sol
a raudales. Querido Tesman, echa las cortinas, que tamizan la luz. Todas estas
dichosas flores… Pero, por favor, ¿no quiere sentarse?
SEÑORITA TESMAN: No, muchas gracias. Tengo que volver a casa para
atender a la pobre Rina. Pero casi se me olvida, Jørgen… Te he traído una cosa.
(Saca un paquete).
TESMAN: (Abriéndolo) ¡Mis viejas zapatillas de andar
por casa! ¡Mis pantuflas! ¡Hedda! Qué tierno, ¿eh?
HEDDA: Vaya. Recuerdo que las has mencionado a menudo
durante el viaje.
TESMAN: ¡Míralas, Hedda! Me las bordó la tía Rina en la
cama.
HEDDA: (Junto a la mesa) No, gracias, de verdad que
no me interesa. Me temo que nunca nos vamos a entender con esa chica, Tesman.
Mira, se ha dejado un sombrero viejo sobre la silla.
TESMAN: (Sobresaltado) ¡Pero Hedda…! ¡El sombrero es
de la tía Julle!
HEDDA: Ah, ¿sí?
SEÑORITA TESMAN: (Cogiéndolo) Desde luego que es mío. Y de
viejo no tiene nada, pequeña. Es la primera vez que me lo pongo.
HEDDA: En realidad no me he fijado muy bien, señorita
Tesman.
TESMAN: ¡Pero tía, mira bien a Hedda! ¡Mira lo lozana que se
ha puesto! ¡El peso que ha ganado!
HEDDA: (Con impaciencia) ¡Ay, para ya…! Estoy
exactamente igual que cuando me marché.
SEÑORITA TESMAN: (Le besa el pelo) Hedda es preciosa. Que Dios
te proteja y te guarde, Hedda Tesman. Por Jørgen.
HEDDA: (Desembarazándose) ¡Ah…! Ande, suélteme.
(La señorita Tesman sale.
Hedda se pasea por el salón, cierra los puños como si estuviera furiosa y mira
al jardín).
TESMAN: ¿Qué estás mirando, Hedda?
HEDDA: Solo miro las hojas de los árboles. Están tan
amarillas… y marchitas.
TESMAN: Es que ya estamos en septiembre.
HEDDA: Sí… ya estamos en septiembre. Oye, Tesman… ¿No es
por allí por donde anda también ese Ejlert Løvborg?
TESMAN: Sí, justamente en la misma región.
(Berte anuncia a la Señora
Elvsted, que entra nerviosa).
SEÑORA ELVSTED: Quise venir ayer mismo… Ay, qué desesperación me
entró al enterarme de que no estaban. Ejlert Løvborg también está en la ciudad.
Ya lleva aquí alrededor de una semana. En esta ciudad tan peligrosa… y solo.
TESMAN: ¡Fíjate, Hedda! ¿Y por qué no se ha quedado con su
marido, el comisario?
SEÑORA ELVSTED: Una vez que se publicó el libro sobre la evolución
de la cultura, ya no tenía paz allí.
HEDDA: (Escrutándola) Me extraña que su marido la
mande a la ciudad con ese recado.
SEÑORA ELVSTED: (Inquieta) Ah, no… yo tenía que hacer algunas
compras. Señor Tesman, ¡reciba bien a Ejlert Løvborg si acude a usted! Se lo
pido encarecidamente.
TESMAN: Le voy a escribir de inmediato.
(Tesman sale a escribir la
carta).
HEDDA: (A solas con Thea) ¡Ya está! Hemos matado dos
pájaros de un tiro. ¿No te has dado cuenta de que quería que Tesman se fuera
para poder hablar a solas contigo? Venga aquí… Sentémonos y hablemos en
confianza.
SEÑORA ELVSTED: Pero si usted me tenía miedo en el instituto… ¡Me
tiraba del pelo!
HEDDA: Bah, lo diría por decir. Ahora me vas a tutear y a
llamarme Hedda. Cuéntame de tu hogar. ¿Tu marido es bueno contigo?
SEÑORA ELVSTED: ¡Todo en él me produce rechazo! Solo le soy útil
porque soy barata.
HEDDA: ¿Y Ejlert Løvborg?
SEÑORA ELVSTED: Mi marido no tenía ni idea de que me marchaba. ¡Ya
no aguantaba más, Hedda! He abandonado todo para estar donde vive Ejlert. He
adquirido cierto poder sobre él. Ha dejado de beber. Pero la sombra de otra
mujer se interpone. Alguien de su pasado que quiso dispararle con una pistola.
HEDDA: (Fría) ¡Vaya! Aquí no tenemos esas
costumbres.
(Llega el Juez Brack).
BRACK: ¿Se puede llegar tan temprano?
TESMAN: ¡Bienvenido! ¿Qué noticias hay?
BRACK: Pues que su viejo amigo Ejlert Løvborg ha vuelto y
ha despertado un enorme revuelo con su libro. Pero tengo que decirles que el
nombramiento de la cátedra podría no llegar tan pronto. Quizá la plaza salga a
concurso contra Ejlert Løvborg.
TESMAN: ¡A concurso! ¡Pero soy un hombre casado! ¡Hedda y yo
nos hemos casado con esas expectativas!
HEDDA: (Imperturbable) Fíjate, Tesman, será como una
especie de prueba deportiva. Estoy ansiosa por ver el resultado.
(Brack sale).
TESMAN: Ay, Hedda… nunca habría que aventurarse a entrar en
la tierra de los sueños. Al menos tenemos nuestro hogar.
HEDDA: (Con desdén disimulado) En fin… al menos
tengo algo con lo que animarme entre tanto.
TESMAN: ¿Y qué es, Hedda?
HEDDA: Mis pistolas, Jørgen. Las pistolas del general
Gabler.
ACTO SEGUNDO
Mismo salón. Hedda, a solas,
está de pie junto a la puerta acristalada, cargando una pistola. Ve al Juez
Brack acercarse por el jardín.
HEDDA: ¡Le voy a disparar, juez Brack! (Dispara al aire).
BRACK: (Entrando) ¡¿Se ha vuelto loca?! Déjese de
payasadas. (Le quita la pistola). ¿Y a qué espera que me dedique si no
hay visitas?
HEDDA: Tesman se ha ido con sus tías. Me aburro como una
ostra. Pasarse la vida con una sola y única persona… Tesman es un teórico,
querido. No tiene ninguna gracia viajar con teóricos.
BRACK: Mi única aspiración es ser un amigo de confianza…
formar un triángulo. Resulta muy cómodo para todas las partes.
HEDDA: El viaje podría ser largo aún. Solo he llegado a una
parada intermedia.
(Llega Tesman con un montón de
libros nuevos, incluido el de Løvborg).
TESMAN: ¡Hedda! ¡Ejlert Løvborg no piensa interponerse en
nuestro camino! No piensa concursar a la cátedra. Solo quiere vencerme ante la
opinión pública.
(Ejlert Løvborg entra. Está
delgado, pálido y viste de etiqueta).
LØVBORG: Gracias por la carta, Tesman. Mi nuevo libro no vale
gran cosa. El bueno es el que tengo aquí en manuscrito: trata sobre el futuro
de la cultura.
TESMAN: ¡El futuro! Pero si sobre el futuro no sabemos nada.
HEDDA: Señor Løvborg, quédese a cenar con nosotras. La
señora Elvsted vendrá pronto.
(Tesman y Brack se van a la
salita a beber ponche. Hedda y Løvborg se quedan solos con un álbum de fotos).
LØVBORG: (En voz baja) ¡Hedda Gabler! ¡Cómo has podido
echarte a perder casándote con Tesman!
HEDDA: (Mirando el álbum) Si continúa tuteándome, no
hablaré con usted.
LØVBORG: ¿No había ni sombra de amor en nuestra relación de
antes? Cuando me confesabas tus curiosidades sobre mi vida de juerga…
HEDDA: Quería echar un vistazo al mundo que no me estaba
permitido conocer. Pero usted quiso abusar de su compañera.
LØVBORG: ¡Por qué no me disparó como amenazó!
HEDDA: Por miedo al escándalo.
(Llega Thea Elvsted. Hedda, en
un arranque de manipulación, provoca a Løvborg sugiriendo que el Juez Brack
cree que Ejlert no se atreve a beber por falta de carácter).
HEDDA: El juez ha sonreído con mucha sorna porque no se ha
atrevido a beber con ellos. Piensa que no se fía de sí mismo.
LØVBORG: (Herido en su orgullo, coge una copa de ponche)
¡A tu salud, Thea! ¡Y a la suya, señora Tesman! Verán que, aunque caí, ahora me
he levantado.
SEÑORA ELVSTED: (Aterrada) ¡Ay, Hedda, qué has hecho!
LØVBORG: Me voy con ellos a la fiesta de Brack. Vendré a
recoger a Thea a las diez.
(Los hombres salen. Hedda y
Thea quedan solas).
HEDDA: A las diez volverá. Coronado de pámpanos. Acalorado
y bravo. He de influir sobre el destino de una persona, Thea. Si te hicieras
una idea de lo pobre que soy… ¡Y tú eres tan rica! Creo que al final acabaré
quemándote el pelo.
ACTO TERCERO
El salón de los Tesman. Las
cortinas del fondo están echadas. La lámpara arde a media mecha sobre la mesa.
En la estufa, el fuego está casi extinguido.
La señora Elvsted, envuelta en
un gran chal, está sentada en el sillón, cerca de la estufa. Hedda duerme
vestida en el sofá, arropada con una manta. Amanece.
SEÑORA ELVSTED: (Se incorpora sobresaltada) ¡Todavía no! ¡Ay,
Dios mío…! ¡Todavía no!
BERTE: (Entra de puntillas) Ha llegado una carta
para el doctor. La ha traído la muchacha de la señorita Tesman. Ya ha
amanecido, señora.
SEÑORA ELVSTED: ¡Y aún no han vuelto…!
HEDDA: (Se despierta) ¿Qué hora es, Thea?
SEÑORA ELVSTED: Son más de las siete…
HEDDA: ¿A qué hora volvió Tesman?
SEÑORA ELVSTED: No ha vuelto. Aquí no ha vuelto nadie.
HEDDA: Ea, ea… No hay de qué preocuparse. Sé perfectamente
lo que ha pasado. La cosa se alargó en casa del juez y Tesman se habrá quedado
a dormir en casa de sus tías para no hacer ruido. Ve a mi cuarto y échate un
poco, Thea. Yo te aviso cuando vuelva.
(Sale la señora Elvsted. Hedda
se arregla el pelo frente al espejo. Entra Tesman, parece cansado y serio).
TESMAN: ¡Hedda! Levantada tan temprano… ¿eh?
HEDDA: ¿Os habéis divertido en casa del juez?
TESMAN: Ay, Hedda, ¡no te imaginas lo que va a ser ese libro
de Ejlert! Sentí envidia de él por haber sido capaz de escribir algo así. Pero,
por desgracia, es irredimible. La noche acabó en una bacanal.
HEDDA: ¿Dónde te separaste de él?
TESMAN: En el camino de vuelta. Iba muy bebido. Y ahora
viene lo más triste, Hedda… Haz el favor de no contárselo a nadie. Me encontré
esto en la cuneta: (Saca un paquete) ¡Su valioso e irreemplazable
manuscrito! Se le cayó y no se dio ni cuenta. ¡Fíjate qué cosas!
HEDDA: ¿Por qué no se lo devolviste enseguida?
TESMAN: No me atreví en el estado en que se encontraba. Y no
tiene ninguna copia, me lo ha dicho él.
HEDDA: (Alarga el brazo) ¡No se lo entregues
enseguida! Déjame leerlo primero.
TESMAN: No me atrevo, Hedda. Imagínate su desesperación
cuando despierte. Por cierto… hay aquí una carta. (La lee) ¡Ay! ¡Mi tía
Rina está agonizando! Me voy corriendo para allá.
HEDDA: (Apresurada) ¡El paquete, Tesman!
TESMAN: ¡Sí, dámelo!
HEDDA: No, no, yo te lo guardo. (Lo mete en la
estantería. Sale Tesman. Entra el Juez Brack).
BRACK: La noche ha estado muy animada, Hedda. Løvborg acabó
en los salones de la señorita Diana, la pelirroja. Hubo una pelea terrible.
Acusó a las damas de robo y acabó dándole un puñetazo a un policía. Se lo han
llevado a comisaría.
HEDDA: De modo que así sucedió la cosa. Entonces no estaba
coronado de pámpanos.
BRACK: Le advierto una cosa: me resultaría muy incómodo que
este caballero continuara teniendo acceso a su casa. El triángulo ha de
protegerse.
HEDDA: Resulta que es usted un hombre peligroso, juez. Y me
alegra que no tenga poder sobre mí.
(Sale el juez. Entra Ejlert
Løvborg, aturdido y ofuscado. Thea aparece tras las cortinas).
LØVBORG: Todo es demasiado tarde ya. Estoy acabado. Thea,
nuestros caminos se separan. Ya no te necesito.
SEÑORA ELVSTED: ¡¿Cómo puedes decirme eso?! ¡Quiero estar contigo
cuando aparezca el libro!
LØVBORG: Nuestro libro no se publicará nunca. Lo he roto en
mil pedazos y los he arrojado al fiordo. He roto mi propia vida, así que bien
podía romper la obra de mi vida.
SEÑORA ELVSTED: (Gritando) ¡Has matado a un hijo, Løvborg!
¡Yo también tenía parte en ese hijo! Todo está a oscuras ante mí. (Sale
llorando).
HEDDA: (A solas con Løvborg) ¿Cómo ha podido ser tan
cruel con ella?
LØVBORG: Le he mentido, Hedda. No he roto los cuadernillos.
Los he perdido. Me los han robado o los he dejado caer en alguna parte durante
la juerga. No sé en qué garras habrá caído nuestro hijo. Por eso voy a ponerle
fin a todo esto.
HEDDA: (Se acerca a él) Ejlert Løvborg… escuche… ¿No
podría procurar que sucediera con belleza?
LØVBORG: ¿Con belleza?
HEDDA: Tome. Quiero que se lleve un recuerdo mío. (Le
entrega una de las pistolas del General Gabler) ¡Úsela usted ahora! Con
belleza, Ejlert. ¡Prométamelo!
(Løvborg sale. Hedda se queda
sola. Saca el manuscrito, se sienta frente a la estufa y comienza a arrojar las
hojas al fuego).
HEDDA: (Susurrando) ¡Estoy quemando a tu hijo,
Thea…! Al hijo que tuviste con Ejlert Løvborg. Ya arde… ya arde el niño.
ACTO CUARTO
Salón de los Tesman. Atardece.
Hedda, vestida de negro, se pasea. Entra la Señorita Tesman de luto.
SEÑORITA TESMAN: Ay, Hedda, mi pobre hermana ha dejado de sufrir.
Murió con mucha paz.
(Llega Tesman).
TESMAN: Estoy preocupado por Ejlert. He ido a su casa para
devolverle el manuscrito pero no estaba. La señora Elvsted dice que él estuvo
aquí esta mañana y dijo que había roto el papel. ¡Dame el paquete, Hedda!
HEDDA: (Fría) Ya no lo tengo. Lo he quemado entero.
TESMAN: ¡¿Qué?! ¡¿Has quemado el manuscrito?! ¡Pero eso es
ilegal! ¡Es inaudito!
HEDDA: (Con una sonrisa casi imperceptible) Lo he
hecho por ti, Jørgen. No soportaba la idea de que alguien te hiciera sombra.
TESMAN: (Entre la duda y la alegría) ¡Hedda! ¡Nunca
antes he notado que me quisieras así! ¡Fíjate!
(Entra la Señora Elvsted, muy
agitada).
SEÑORA ELVSTED: ¡Ay! Dicen que a Ejlert le ha pasado algo malo.
Hablan del hospital.
(Entra el Juez Brack).
BRACK: Lamentablemente, han ingresado a Ejlert Løvborg y
está agonizando. Se ha pegado un tiro en el pecho.
HEDDA: ¡Por fin una hazaña! Digo que en su acción hay
belleza. Ha tenido el valor de hacer lo que debía.
SEÑORA ELVSTED: ¡No! ¡Lo ha hecho llevado por la locura!
TESMAN: ¡Qué tragedia! ¡Se ha ido sin dejar su obra!
SEÑORA ELVSTED: (Saca unos papeles) ¡Mire! He guardado las
notas sueltas de cuando me dictaba el libro.
TESMAN: ¡Fíjate! ¡Podemos reconstruirlo! Tenemos que
conseguirlo. Señora Elvsted, me dedicaré a ello en cuerpo y alma. Lo siento,
Hedda, pero se lo debo a la memoria de Ejlert. Venga a la salita, Thea.
(Tesman y Thea se sientan a
trabajar en las notas bajo la lámpara. Hedda y Brack quedan solos).
HEDDA: Es liberador ver que alguien ha tenido la fuerza de
abandonar el festín de la vida con un acto de valor voluntario.
BRACK: Hedda… me veo obligado a desmontar esta fábula.
Løvborg no se ha disparado voluntariamente. Ha muerto en el hospital sin
recuperar la consciencia. Y no fue en su habitación, sino en el boudoir de
la señorita Diana. Iba reclamando su cartera perdida.
HEDDA: (Decepcionada) ¡Lo ridículo y lo vulgar se
extienden sobre todo lo que toco!
BRACK: Y hay algo más. El disparo no fue en el pecho, sino
en el bajo vientre. Y la pistola… la policía la tiene. Es la suya, Hedda. Yo la
reconocí.
HEDDA: (Aterrada) ¡Estoy en sus manos, juez!
BRACK: No abusaré de mi posición, querida Hedda. Pero
tendrá que venir al juzgado a explicar por qué le entregó el arma a Løvborg… a
menos que yo me calle. A partir de ahora, seré el único gallo del corral.
HEDDA: Estoy en su poder. He perdido la libertad. ¡No
soporto la idea!
(Hedda se dirige a la salita
donde Tesman y Thea trabajan).
HEDDA: ¿Cómo va el monumento a Ejlert? ¿No es curioso,
Thea? Ahora estás aquí con Tesman igual que antes estabas con Løvborg. Me voy a
echar un rato.
(Hedda entra en la salita
interior y cierra las cortinas. De pronto, se oye una salvaje melodía de baile
en el piano. Tesman le pide que pare por respeto a los muertos. Ella guarda
silencio. Al poco rato, suena un disparo).
TESMAN: (Corre y descorre las cortinas) ¡Ay! ¡Ya está
jugando otra vez con las pistolas! (Grita) ¡Se ha disparado! ¡Se ha
disparado en la sien! ¡Fíjate!
BRACK: (Medio impotente) Pero, Dios del cielo…
¡Estas cosas no se hacen!
FIN
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