martes, abril 08, 2025

 Entremés del Bobo Embarazado



O



“SIMPLE SIMPLÓN

Y

CARALIMPIA”



De Benjamín Gavarre




Personajes:


Simple Simplón

Caralimpia

Adivino

Monstruo


La ambientación en un siglo XVI colonial. 


Plaza, fuente, banca, árboles.


Encuéntranse, en una Plaza, el simple Simplón, embarazado, y Caralimpia con una red de pescar con la que atrapa a su amigo.


Caralimpia.- Qué es esto Simplón, qué te ha pasado, ¿por qué vienes tan cambiado? Ayer andabas tan largo como un palo, y hoy andas como simple simplón embarazado.


Simple Simplón.- Es cierto, me he trocado, me he cambiado, antes con la panza plana, y ahora con la barriga gorda, algo me ha embarazado de repente, yo ya siento los dolores y creo que he de parir.


Caralimpia.- Pero pérate, pará, pará,  no has de parir, no aquí, no paras, no es divertido.


Simple Simplón.- Y cómo no he de parir, si ya siento que se me sale el Mostro.


Caralimpia.- Y por qué “Monstruo” has de parir.


Simple Simplón.- ¿Y qué no ha de ser si no Mostro? Si yo no he de dar a luz al Niño Dios, que si de repente me embaracé, pues ya muy luego he de parir seguro un Mostro, si por eso siento estos calabres en la panza.


Caralimpia.- Que no se te ocurra hacerlo por aquí, Simple Simplón, ni lo menciones, vete a Parir afuera, donde esté oscuro, donde nadie te mire.


Simple Simplón.- Voyme a parir y luego torno. O mejor ni voy, aquí vos me ayudáis.


Caralimpia.- Ni por pienso, que no he sido instruido en el arte de parir.


Simple Simplón.- Y amigo mío decías que sois.


Caralimpia.- Al Infierno he de acompañarte, si es preciso hacerlo, pero de parir nada, no me place la idea de quedar embadurnado de miasmas y cordones y menos aun si proviene de un bobo. Y mirad, mirad, que algo se mueve dentro de tu vientre, no sea que salga, Jesús, no vaya a salir y de repente el niño, la niña,  la creatura, el Monstruo… ¡Salga!


Simple Simplón.- Mostro ha de ser y bien seguro, como he lo dicho… Ahhhh, ahhhh, qué retortijones siento y mucho más y ni sé por adelantado por do ha de salir el producto y qué figura tenga.



Caralimpia.- Vade Retro, aléjate, que aquí no sea que suceda, idos muy lejos. Idos a un lugar oscuro, lejos de la gente, lejos de todo, donde nadie se entere.


Simple Simplón.- Pues yo he de alejarme, si me lo permiten los estertores, que no, no creas que me gustaría tanto que me vean parir, ni me gustaría ni no me gustaría, es decir… Ya... ya me alejo, no me veáis de esa forma... Con gran dolor camino, con gran dolor voy paso a paso, así, con este desfiguro de parturiento, serán los síncopes o los latidos o los retortijones como se llaman, los que les dan a  a las preñadas, si ahora sí las puedo comprender, que por eso gritan tanto. ¡Que me da, ¡que se me contrae el útero que no poseo!, ¡Ay ay ay ay ay! o bien se me contrae el intestino o la tripa, que se me sale el producto, el niño, la nena, el monstruo, lo que fuere! Ya estoy en labor y no me puedo acercar a esos árboles, o a esa banca o a esa fuente.


Caralimpia.- Apurad. Idos atrás de esa fuentecilla, atrás, vade retro, allá podéis tener a tu hijo, hija, monstruo, lo que sea, detrás de la fuente y así, una vez parido el nene, podréis lavaros vos y lo que surja.



Simple Simplón.- Ya llego, ya me acerco a la  fuentecilla, ya casi estoy pariendo, y casi en medio de la plaza me tocaba, y estoy aquí detrás de esta  pequeña barrera, que no me cubre del todo, y que ya va saliendo el Mostro, que va naciendo, que sale y está muy grande, que parece que está más grande que yo, y sí, ya se va, mirad cómo se escapa, ni dar las gracias supo, ni se presentó siquiera el desgraciado, pero no importa, ya me ha dejado todo flaco otra vez, pese a tal, que yo ya no aguantaba, si era como haber comido yo toda una vaca, y si no se me sale pues no sé cómo yo iba a poder dormir pues ya ni de lado me acomodaba.


Caralimpia.- Mucho habláis,  pero será mejor que aprovechéis el agua de esa fuente para lavaros, no sea que haya mucho misma del Monstruo, que seguro al haber parido habrás dejado todo chorreado y has de apestar.


Simple Simplón.- Sabed que no ha habido líquido alguno, ni secreción misma ni tal. El Mostro ha salido como si no tuviera paciencia de quedarse conmigo, ha salido de una sola vez y no he tenido de limpiar nada, ni necesito lavarme ni limpiarme.


Caralimpia.- No quiero conocer tales detalles, que seguro me daréis explicaciones que no quiero saber, ni de cómo ha surgido ni de qué ha provocado ni mucho menos de por dónde ha tenido nacimiento.


Simple Simplón.- Pues de salida o nacimiento yo no he sido partícipe ni siquiera testigo directo,  lo repito, solo he tenido los dolores, estertores, contracciones y luego nada, que en un momento de descuido ha escapado todo completo, y que ni pujar tuve ni ha tenido lugar un batidero, ni miasma alguna según dije, pero ya te he de contar que descargado me siento. Ya limpio y desahogado, contigo quiero platicar del parto.


Caralimpia.- Pues si estás limpio y no has de apestar aquí conmigo puedes llegar. Pues “aliviado” te has, que así dicen en mi pueblo.


Simple Simplón.- Y en el mío, que también se alivian las mozas, y yo de lo que siento ánimo es  de no verlo por aquí, ni de sentirlo menos, pues ya no estoy encinta.


Caralimpia.- Pues encinto y preñado estabais es verdad, pero mira que aquí do llega tu hijo “el Mostro”, que lo has parido muy grande, miradle... O bien ha crecido ya mucho porque tiene más altura que tú mismo, que te lleva media vara de estatura y por encima de tu cabeza se alza, parece que necesita comida o no sé muy bien con qué intenciones parece que te abraza.


Simple Simplón.- Si en verdad que ya siento que lo quiero. Serán los aires de familia. En verdad que parece quedarse a mi lado muy meloso, yo no sé si quiere agua o bien que lo tenga yo como a mi lado como si necesita afecto, o bien quiere leche, pero esa no he de tenerla que yo sepa, pues que lo he parido sin que me haya crecido nada, pues qué será su necesita, pues sigue aquí y no se mueve el Mostro, y yo no sé si voy a buscar un poco de alimento, ¿tal vez  si le doy algún cangrejo?


Caralimpia.- Y sí tiene frío, mirad, se trata de acurrucar en tus hombros o bien tal vez quiera regresar a tu barriga porque con su cabeza de ave te quiere abrir un agujero y más si lo que se le empieza a ver en la cara, ¿no es un pico?


Simple Simplón.-  Sí es pico, como de pato, y ya veis que me está pegando en la panza, no sé, tal vez busque que lo vuelva a recibir, pero es el caso que no cabe ya, pues ha crecido, ya tendría que ponerle nombre, pues eso de llamarle mostro no es correcto.


Caralimpia.- Mirad, parece que calmado se ha, ya creo que podéis pensar en no seguir pariendo monstruos, pues como que lo he visto crecer unos centímetros de más. Y ahora un poco más, ¡mirad!


Simple Simplón.- No concuerdo, que sigue estando ya tan alto como había llegado, pero se ha colocado muy derecho, se pone como si lo estuvieran ya pintando, o como si fuera a ser motivo de homenaje, muy derecho y muy tieso. Mirad, mirad, la cara de orgullo, de saber que soy su padre. Eso ha de ser porque ya como que empieza a mover sus brazos, podéis verle.


Caralimpia.- No sé si sus brazos pero sí sus alas, creo que has parido un monstruo con pico de pato y alas de ganso aunque las piernas son como de lagarto, o bien de algo escamoso, y sí, corresponde a la cola de lagarto que parece que la tenía escondida, pero mirad cómo ya la podemos ver, si la mueve y da gusto saber que no está siempre lista como para darnos coletazos.


Simple Simplón.- Y es que muy orgulloso, como te digo, está mi hijo, que ha sacado la cola de su escondite para que la veamos y se nota en la sonrisa que no me equivoco.


Caralimpia.- Notáis tú una sonrisa, pero yo no puedo sino observar una cara con pico de pato y esos ojos como perturbados.


Simple Simplón.- Sí la sonrisa se le nota en los ojos, por su mirada llena de alegría y orgullo, y son tres los que puedo distinguir, son tres sus pechos, no creeréis que es una mujer o bien no puede saberse todavía el sexo.


Caralimpia.- Sí, es necesario esperar para confirmar, si le siguen saliendo pechos o bien si se le ensancha la cadera o le sigue creciendo el cuello, si me lo estoy imaginando, o bien su pescuezo de caballo ha vuelto a crecer…

Es preciso pensar cómo llamarlo, no se diga nada ahora, pero tal vez será necesario que unos adivinos lo interroguen o bien nos digan una explicación de por que lo has parido. Pero ved, mirad quien por acaso se asoma, si es el mismísimo Adivino Mayor. Podremos preguntarle.


Simple Simplón.- Bien me parece. He, amigo Adivino, decidnos cuál es la causa del Mostro.


Adivino.- ¿A mí me habláis, Bobo?


Simple Simplón.- Y quién ha de ser el bobo, a quien si no le hablo; para ser adivino, andáis muy fuera de este mundo.


Adivino.- Pues preocupado estoy pues he recibido alarmantes noticias de los Hados.


Simple Simplón.- Cómo así.


Adivino- Ha de llevarnos la trampa.


Simple Simplón.- No, la trampa no, tengo muchas cosas que vivir y no he comido todavía.


Adivino.-  Y qué es del engendro, espero y esté domesticado.


Simple Simplón.- No ha dado motivos de osadía y es muy propio y se para orgulloso y tiene felicidad de que soy su padre.


Adivino.- Su padre, decís… En efecto encuentro el lejano parecido… Sin embargo detrás del orgullo de estar junto al que lo ha engendrado, percibo  un brillo de sus perturbados ojos desde que he llegado.


Simple Simplón.- ¿Verdad que somos igualitos? Yo lo he tenido por discreto y en efecto sus ojos brillan de felicidad y ríe al igual que yo cuando me acuerdo de una buena historia.


Adivino.-  Y decidme… ¿Cuántos años tiene? Ya sabe hablar, ¿estudia? ¿A qué escuela va? 


Simple Simplón.- Ehh, pues usted, me dirá, si es adivino…


Caralimpia.- Puedo comentarle, maese Adivino, si no es molestia, yo que lo conozco desde el día de su nacimiento y lo he visto crecer, puedo decir que su desarrollo será poco menos que prodigioso.


Simple Simplón.- No será tanto, yo espero que por lo pronto empiece a hablar. Ya mañana le buscaremos una buena escuela, no sea como yo simple simplón. Estoy con la inquietud si sus palabras primeras serán padre mío, ¿o tía? cuáles, no sé,  estoy en la zozobra.


Caralimpia.- Pero mirad, parece que hemos en algo ofendido al adivino, que no nos ve ni nos habla y solo entorna los ojos y parece que va a convulsionar.



Simple Simplón.- Señor Adivino, señor… Escuche, ponga atención, atienda.


Caralimpia.- En trance ha pasado a estar.


Simple Simplón.- En trance será.


Adivino.- Ahhhh. Ayja ayja ayja ayjaaaa. Esto es lo que vendrá. Esto es lo que habrá de acontecer. Ay Ayja ay jajaja.


Simple simplón.- No sé si está feliz o contento.


Caralimpia.- Decís lo mesmo. No está feliz, está en las manos de la Pitia… De la pitonisa, de la gran adivina… Ya nos va a decir nuestra fortuna.


Simple Simplón.- Y sabremos si hoy hemos de comer. 


Adivino.- Esto es lo que manifiéstase en el firmamento, las Moiras  las tres con su hilo, su globo y sus tijeras nos han de decir la verdad…


Simple Simplón.- No me hablen de tijeras ni de globos… No quiero saber más.


Caralimpia.- Bobo, mejor te callas.


Adivino.- Esto es lo que habrá que venir: “Cuando el Engendro se manifieste la Ciudad y el Mundo todo será destruido por la gran Plaga que acabará con todo”.


Caralimpia.- Diantres.


Simple Simplón.- Y en un santiamén nos ha de llevar la trampa… “Cuando el engendro hable.”  ¿Qué engendro será?


Adivino.- “Cuando el Engendro se manifieste la Ciudad y el Mundo todo será destruido por el fuego y las llamas de la gran llamarada que acabará con todo.”


Caralimpia.- Diantres, primero una plaga y luego una gran llamarada.


Simple Simplón.- Es decir que no podremos salir a la calle.


Caralimpia.- De eso se trata. No veis que por eso ha entrado en trance el Adivino.


Simple simplón.- Para decirnos que no salgamos a la calle.


Caralimpia.- Pues eso queda implícito.


Simple Simplón.- ¿Cómo decís?


Caralimpia.- Que eso está por demás. Que eso queda claro. Si hay fuego y antes plaga, pues está por demás salir a la calle. Habrá que permanecer en casa.


Simple Simplón.- No me digáis.


Caralimpia.- Pues es así.


Simple Simplón.- Pero al menos podré permanecer con mi hijo, para poderlo educar.


Caralimpia.- Si no sigue creciendo, pues en los últimos instantes yo juro por la Providencia que lo he visto elevarse unos centímetros todavía más por encima de tus hombros.


Simple Simplón.- Podría ser, podría ser… Me preocupa sin embargo que mi hijo tenga que crecer con estas amenazas de fuego y el hambruna.


Caralimpia.- Nadie menciono el hambruna.


Simple Simplón.- Pues el hambruna ha de haber, pues si dice peste, pues no podremos salir a hacer las compras y con qué habremos de preparar el desayuno.


Caralimpia.- Eso mismo me preguntaba yo… En eso mismo, pero mirad, el adivino parece que regresa de su estado excepcional.


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Adivino.- Vaya, vaya, parece que me he perdido, distanciado, ¿y hablé de más?


Simple Simplón.- Y más que los borrachos.


Adivino.- Y qué he mencionado si queréis decirme.


Simple Simplón.- Ah, pues habéis mencionado que tal vez las naciones encontrarán la paz y no habrá ya más problemas entre los gobernantes.


Adivino.- ¿Eso he dicho?


Caralimpia.- Pues, sí, en verdad que Usted maese el Adivino no ha mencionado ni desgracias ni nada parecido. Ni mucho menos calamidades que se originen en el nacimiento de ningún engendro.


Adivino.- No comprendo. ¿Hablé de algún engendro?


Caralimpia.- Y pues en verdad que nos ha dado mucho gusto de que nos haya mencionado que el hijo de un Bobo es de buen augurio para todos.


Adivino.- ¿Eso dije? No será para tanto. Si un bobo llegara a engendrar un hijo es motivo de preocupación, sin duda. Si llegase a parir un monstruo, eso, mis dilectos semejantes, motivo sería de destrucción y muerte.



Caralimpia.- No será tanto. 


Simple Simplón.- Es así. Yo pienso que habría que deshacerse de los engendros.


Caralimpia.- Pero qué decís, simplón, estás oyendo lo que vos mismo proferís. Habría que desprenderse de tu mismo hijo.


Simple Simplón.- No, noooo, quién dijo, mi hijo no es engendro, es cariñoso, es un orgullo, miren nada más sus bellos ojos.


Caralimpia.- Engendro. Es un engendro porque vos lo engendrasteis. 


Adivino.- Qué decís, es cierto que el engendro aquí presente es el hijo de este simple?


Caralimpia.- Todo el mundo la sabe.


Simple simplón.- Menos usted.


Adivino.- Pues estamos en grave peligro, en situación excepcional. Habrá que convocar a sesiones extraordinarias, crear comisiones, establecer confinamientos.


Simple Simplón.- No será tanto, su ilustrada.


Caralimpia.- Concuerdo, “su ilustrísima”, ¿verdad? No creo que el hijo de un Bobo sea motivo para tanto escándalo.




Adivino.- Desde tiempos inmemoriales, las guerras, las pestes, las hambrunas han sido motivadas por aquellos que en contra de la Fe y en contra de la Providencia y  de las buenas costumbres han manchado el Universo.


Simple.-Y dale. Yo no he manchado nada, ni tantito. Quiere que le exprese abiertamente los detalles.


Caralimpia.- Cállate, Bobo, no te das cuenta de que estamos en problemas.


Simple Simplón.- ¿Estamos?


Adivino.- El Universo entero, el Cosmos desordenado por los errores cometidos por aquellos que han transgredido las normas y han cometido asesinatos y han vivido de formas aberrantes, contranatura, en convivencia innegable con las fuerzas demoniacas.


Caralimpia.- Bueno, bueno, bueno… Yo puedo testificar en favor del Bobo que él siempre ha sido… Buena persona…  No creo que nadie pueda recibir el peso de una culpa tan grande como una peste o una guerra.


Simple Simplón.- Eso es verdad. Yo todos los día me levanto y desayuno y trato de dormir bien y de no escupir a mi prójimo.



Adivino.- Veo con claridad que usted no es responsable de tanto bullicio, pero qué podemos decir del Monstruo. Miradlo, tiene esos ojos perturbadores, esa mirada manifiestamente hostil… y Esos, esos…. ¡Esos son tres senos?


Simple Simplón.- Cierto es, al momento afirmar no sabemos si es niño o doncella.


Caralimpia.- En un error estabais al pensar que este maravilloso ser puede ser causa de tanto sufrimiento.


Simple Simplón.- Gracias, es amigo mío, ser Adivino, siempre habla bien de mí, aunque me trate de Bobo.


Caralimpia.- No hablaba de vos, mas del engendro.


Simple Simplón.- Tampoco le digáis así, que ya se nota que es buena persona.


Adivino.- ¿Buena persona? Estaréis de broma, si no veis que sus alas y el cuello de caballo y el pico de pato no son sino evidencia de malos augurios.


Simple Simplón.- Es un ser extraordinario, es muy cariñoso, y además está muy orgulloso de su papi. Mirad, mirad como es mimoso, es tierno y cariñoso, y parece que le gusta darme picotazos en la barriga.


Adivino.- Eso veo, eso veo. Tal vez es un ser bondadoso y estoy exagerando.


Simple Simplón.- Yo así lo creo.


Adivino.- Pues de ser así, me voy, no tengo más que ir a una sesión de congresistas de ariolos y pitonisas donde hemos prontamente de resolver los problemas del mundo.




Simple Simplón.- Id con ventura y aun más con buenaventura.



Adivino.- Eso bien me parece. Bien me parece, os felicito entonces por el nacimiento de vuestro hijo y os doy mis parabienes. Caballeros, me despido.



Simple Simplón.- Mis respetos, Caballero.


Caralimpia.- Hasta la vista,  maese adivino. Id en buenhora.




El Monstruo.- Oye papá, tengo sed, no habría manera de que me pudieran dar tú y mi papi un poco de agua, estoy deshidratado.


Caralimpia.- Se tenía que decir y se dijo.


Simple Simplón.- ¡Yo y tu papi? Y con eso quién decidme paso a ser yo.


El Monstruo.- ¿Mi mami?


Simple Simplón.- Creo que las cosas confunde todavía mi hijo. Me acompañáis a por agua, porque tiene sed como dijo.


Caralimpia.- Qué más he de hacer sino acompañaros.


Simple Simplón.- Eso es de agradecer y muchas otras cosas.


Caralimpia.- Habrá que buscarle un nombre.


Simple Simplón.- Estoy de acuerdo. Hemos de buscarle un nombre.



Caralimpia.- Sí, por Ventura.


Simple Simplón.- Ya veis hijo mío, ya tenéis nombre, te llamarás Buenaventura.


Monstruo.- Qué bien, pero sí me habéis escuchado de que sediento estoy.


Caralimpia.- Ya vamos, vamos por algo de beber.


Simple Simplón.- Por vida mía, estas generaciones, estas generaciones.


Monstruo.- Gracias, mami, y también gracias, papi.


Caralimpia.- Los dos somos tus papis.


Monstruo.- Eso es bueno saberlo, eso es bueno saberlo. Gracias. Muchas gracias.


FIN




martes, marzo 25, 2025

 Filus  

(Monólogo) 

de Benjamín Gavarre Silva 

 

Personajes: 

Filus 

(Voz de Bosca y Voz cavernosa) 

(Voz de Abus) 

 

1. 

Sótano, casi en la oscuridad total.  Se vislumbran algunos muebles viejos arrumbados; objetos varios también abandonados; algunos útiles, otros no tanto. 

Se escuchan las voces que vienen de arriba, una discusión entre Filus y su hermana Bosca. 

 

A gritos... Siempre, siempre en tono de comedia. 

 

 

Voz de Filus. — ¡Tú eres demasiado joven, y además no estás casada! 

 

Voz de Bosca. — ¿Ah, sí?... ¿Sabes lo que pasa cuando me haces enojar? 

 

Voz de Filus. — ¡Yo sé lo que puede pasar si me tocas un cabello! 

 

Voz de Bosca. — Uy, ¡qué miedo! 

 

Voz de Filus. — ¡Tú te lo buscaste!  

 

Voz de Bosca. — Ahorita vas a ver… Conmigo sales perdiendo. (Se entiende que Bosca le está pegando a su hermano). 

 

Voz de Filus. — ¡Auxilio! ¡Bosca se volvió loca! ¡Auxilio, Abus! ¡Controla a tu nieta! 

 

 

Se escucha ahora a la abuela que regaña, nada más, a Filus. 

 

Voz de Abus. — ¡Filus! ¡Deja en paz a tu hermana! ¿Qué pasa contigo? Me parece haberte dicho que arreglaras tu sótano. ¿Qué has estado haciendo?  

 

Voz de Bosca. —Filus se ha pasado todo el día reflexionando. Está pensando en sus maravillosos e irrealizables proyectos. 

 

Voz de Filus. — Mis proyectos son asuntos, trascendentes, significativos. 

 

Voz de Bosca. —¡Uy, qué importante suenas! 

 

Voz de Abus. — No peleen. Filus, tienes cinco minutos para limpiar el sótano. 

 

Voz de Filus. — Déjame en paz, abuela; lo quiero tal y como está. 

 

Voz de Abus. — Limpia ese chiquero. 

 

Voz de Filus. — No soy esclavo de nadie. 

 

Voz de Abus. — Lo haces o lo haces. 

 

Voz de Bosca. — ¡No lo hagas, Filus! ¡Tú salva a la humanidad! 

 

Voz de Filus. — ¡Ya cállate! 

 

Voz de Abus. — Te voy a quitar el internet, si no lo limpias. 

 

Voz de Bosca. — Eso sí le va a doler. 

 

Voz de Filus. — (Grita muy fuerte) ¡Está bien, lo voy a hacer, abuela! ¡Lo voy a hacer, pero a mi modo! 

 

Voz de Abus. — Como tú quieras, pero ya sabes. 

 

Voz de Bosca. — Y rapidito, hermanito, rapidito. Adióooos. 

 

Oscuro 

 

2. 

Filus, en el sótano. 

 

Filus. — (Baja las escaleras, muy de malas, pero muy decidido. Toma la escoba y empieza a barrer el sótano) A mi modo. ¿Tengo que arreglar un agujero? Ah, pues yo, Filus, lo transformo magníficamente.  

(Estalla, casi llora, siempre en comedia) ¡Por qué yo! 

 

Deja la escoba y se sienta, desfallecido, en un mueble desvencijado. 

 

¡Por qué yo! 

 

Busca en uno de los cajones del mueble y encuentra unas medias. Abre el viejo paquete que estaba intacto todavía… y se pone una de las medias en la cabeza. 

 

(Burlón) ¡Ay de mí! ¡Ay de mí que no tengo cara! ¡Ay, que se me perdió la cara! ¡No tengo cara, ay de mí! 

 

Abre la puerta de un ropero desvencijado y saca una vieja y falsa calavera. 

 

(Histriónico, habla con la calavera) ¿Eres tú, bisabuelo? (Él mismo actúa como su supuesto bisabuelo) ¿Yo?... Soy el legendario Vizconde Filus III. Me asesinaron en el Cairo cuando pasaba la noche con un camello. ¿Podrías quitarte esa estúpida media de la cabeza? (Filus “le responde a su Bisabuelo”) Me aburro, bisabuelo. Odio la normalidad. No sé por qué nadie se da cuenta de que soy superior. Mi abuela me exige las mismas obligaciones, las mismas tareas domésticas que, claro, están bien para cualquiera, pero que a mí francamente me aburren porque yo... (Otra vez responde el Bisabuelo) Sí, sí, sí… (Improvisa una canción) ¡Por qué no te sobas, por qué no te rascas, por qué no te cansas de pensar… Date un buen masaje, donde te haga falta, te juro que es dulce, es muy placentero, rascarse, sobarse, mhhh, hay que saber disfrutar! (Filus, falsamente incómodo) ¡Basta, abuelito… Bisabuelito, ejem…  “Eso” no es lo que yo necesito, es… es demasiado... (Bisabuelo) ¿Lúbrico, estrafalario, controvertido?… Y sobre todo, tu reino no es de este mundo. (Filus) Yo quiero hacer algo importante en esta vida. Algo trascendente. Algo que transforme al mundo. (Bisabuelo) El mundo, ah, el mundo, Filus. En sus orígenes no era más que una gigantesca masa incandescente. Luego vinieron los dinosaurios. Se comieron la masa apestosa que todavía no estaba bien cocida, se indigestaron y, claro, murieron. Luego, de los dinosaurios nacieron los hombres; formaron sociedades, instituciones diversas... Y luego naciste tú. (Filus) No sé. Me parece muy pesimista tu punto de vista, abuelo.  Creo que mejor te dejo. (Bisabuelo) Soy tu bisabuelo, no tu abuelo. (Filus) Como sea, adiós. 

 

Deja la calavera y se queda pensativo un momento. Luego, va a hacia un carrito donde están varios frascos con contenidos desagradables, como muestras de laboratorio ya muy viejas y secas. 

 

(Con un frasco en la mano, Imita a su hermana Bosca) Mira, Filus, no es extraordinaria… Tomé esta muestra de sangre el lunes de la semana antepasada (Luego toma otro frasco de muestras de laboratorio y continúa imitando a su supuesta hermana) Luego… tomé esta muestra de orina el martes… ¿No es una desgracia? Quiero convertir estas muestras indeseables, en unas aceptables. (Ya como Filus le responde a Bosca) Bosca, estás loca. Todo lo que haces es asqueroso. (Bosca) Oh… gracias hermanito.  Pero recuerda… Tienes que limpiar el sótano, si no tu abuela te va a quitar el Internet. 

 

 

Filus se aleja del carrito con muestras y retoma la escoba. Barre sin convicción. 

 

Gracias, abuela. (Patético, pero en comedia) ¡Me obligaste como si fuera tu sirviente, como si fuera tu esclavo¡ Contigo siempre salgo perdiendo. No sé qué necesidad tienes de arreglar el sótano si tú nunca bajas. El sótano es mío. Solamente mío. (Sigue barriendo y ordenando los muebles. Luego toma cubeta y trapeador y hace la limpieza, muy a gusto, al ritmo de la música de su teléfono celular.) (Después de un par de minutos, mira a su alrededor y exclama satisfecho por los ligeros cambios que ha logrado) Bueno, ¡debo admitir que no le venía mal un poco de limpieza! Es asombroso como yo muevo un objeto… Así, y así, y así… (Mueve los muebles viejos y deja ordenado.) y el espacio se modifica. Asombroso. De la misma manera, sólo que inversamente proporcional, yo barro y tiro esta basura en este bote… y, ¿qué pasa? (tira la basura que recogió en el bote) Muy asombroso. (Deja todo el sótano verdaderamente ordenado y limpio) He aquí como yo, mediante solamente algunos movimientos puedo transformar el espacio. (Se detiene a ver “el resultado”) Sí, todo era tan fácil; mera cuestión de hacer algunas modificaciones y así... crear la habitación que no existía. Al final, entonces diré: todo es imagen, todo simple apariencia. Por lo tanto: ¡el espacio es la forma! (Graba su voz en su teléfono celular) Y de este modo, hoy descubro que basta un ligero cambio para que toda la estructura adquiera: La Forma... ¡La nueva imagen! (Para sí) Definitivamente soy un genio. (Reflexiona) Pero, por qué limitarme a los objetos, o a los espacios. ¿Por qué no...? Podría crear… ¡La nueva imagen de un ser vivo!...  

Mmhh. Sería tan fácil… ¿Qué necesito?... Ya sé. 

 

Oscuro.  

 

3. 

Han pasado días.  Cuando regresa la luz vemos un fotomontaje pintado en colores alegres con una imagen de abuela bondadosa, muy tradicional, muy dedicada a sus quehaceres, con delantal, ropa viejita, tubos en la cabeza, la imagen de un ama de casa, pero de muy avanzada edad. En dicha imagen hay un hueco para meter la cara y convertirse en el personaje. 

Filus, siempre celular en mano, está detrás de un atril, en la mitad de una conferencia científica. Su público es un imaginario grupo de especialistas en el campo de la genética.  

(Filus actúa didáctico, cómicamente vanidoso) Yo diseñé el programa de Transformación cosmético más ingenioso. Pude crear la imagen más atractiva, pude definitivamente lograrlo. 

 

Con ayuda de su celular, Filus pone aplausos grabados y hace caravanas.  

 

(Va detrás de la imagen de Abus y mete la cara en el hueco, personificándola) Bravo, Filus. 

 

(Retomando como Filus, va al atril) Como sabemos, la imagen exterior es algo fundamental en nuestros días. Se gastan fortunas en volvernos más atractivos y atractivas sobre todo para nuestro objeto de deseo. (Supuestas risas de Abus) Yo concentré toda mi sabiduría en transformar los deseos de cambio de apariencia aun en seres tan infinitamente ancianos… como mi abuelita (Emocionado) Y He aquí que yo Filus y solo Filus convertí a mi abuelita estrictamente en lo que ella deseaba.  (Pone otra vez aplausos grabados). 

Y claro, los resultados aunque satisfactorios aún no son concluyentes. 

Tendré que remitirme a unos momentos antes del experimento. Les cuento lo que sucedió hace unos días: 

 

 

4. 

(Cambio de luz, a lo sepia.  Filus deja el estrado y entrevista a su abuela. Se le acerca, dulce.) Abus, quiero que pienses en eso que has anhelado toda la vida, en eso imposible de conseguir en la áspera realidad. 

(“Abus”).  ¡Filus, no lo podría decir en público! No quisiera ser inapropiada… pero te cuento. Pues bien; como tú sabes, a mí nunca me faltaron pretendientes... Todos aristócratas; algunos embajadores y uno que otro músico. Amables, eso sí. Muy, muy educados y por supuesto de la más rancia y pálida alcurnia. Tú no te imaginas el éxito que tenía. Y claro, dejé que me cortejaran porque, aunque aristócratas, mis pretendientes eran después de todo humanos; pero en realidad ninguno de ellos me hacía sentir, pues, absolutamente nada. Y ahora ya se acabaron los aristócratas y la verdad no lo lamento en lo absoluto... Y no, no es que yo esté enamorada, no. Porque, cómo podría estar enamorada de... Por más que no deje de pensar en él desde que entró a formar parte de nuestro servicio. No es que no me lo pueda quitar de la cabeza, de la imaginación quiero decir. Y eso, que ni siquiera lo he escuchado, no sé ni cómo habla, ni lo que piensa. Y no, pues no siento ningún deseo de ningún tipo, por más que sea muy joven y ande así… tan… sin camisa… 

 

(Filus) Abus, no te entiendo, ¿de quién estás hablando? 

 

(Abus) Y no, yo no creo que mi vana intención de pasar la noche con él sea considerada de mal gusto. Si nadie se da cuenta, pues... Dime tú, ¿crees que sería mal visto que yo pasara la noche con... (En un susurro) con el jardinero?… 

 

(Filus, atónito, a gritos) ¡Con el jardinero! (Silencio. Filus voltea a ver a todos lados y ya después continúa con su exposición científica. Envanecido) Abuelita. Si yo te pido que describas el tipo de mujer que inevitablemente haría que el jardinero cayera rendido a tus pies…  Cóooomo sería. 

 

(Abuela) Bonita, elegante, simpática… elegante… 

 

(Filus) Abuelita. Si tú pudieras pedir un deseo y te convirtieras en la mujer más atractiva sobre la tierra… cómo serías. ¡Describe a esa mujer! 

 

(Abuela) Bonita, elegante, simpática… elegante… 

 

(Filus) Abuelita.  

 

(Abuela) Elegante… con un sombrerito. Con bolsa. Simpática. 

 

(Filus. Dando por hecho que su abuela no cambiará su descripción… inicia el experimento) Bueno. Bien. (Emocionadísimo.) ¿Lista, Abuela? ¿Estás preparada?  Estamos ante uno de los experimentos más gloriosos, más trascendentales! ¡Tú formarás parte de esta realidad creada por mí y solamente por mí! ¡Aquí comienza la historia del mundo transformable a voluntad! He aquí el primer ejemplo de mi brillante inteligencia. Compartan conmigo la fama y la gloria: ¡ahora soy parte decisiva de la historia de la humanidad! 

 

 

5. 

Luces adecuadas y efectos sonoros especiales. Se hace un oscuro y cuando la luz vuelve vemos ahora… otro fotomontaje, pero ahora con la abuela que viste de manera elegante, no tiene delantal, tiene una bosa de mano y se podría decir que se ve guapa además de simpática y dulce. Es la imagen de lo que Abus quería ser, dispuesta a conquistar a su jardinero o salir con sus amigas. 

Filus, ocupa el hueco de la imagen con una máscara que tiene el rostro apacible y muy bien maquillado de la Abuela. 

 

(Filus. Se aleja del hueco. Se quita la máscara y se dirige a su público.) Y eso fue todo. No pasó nada. O sí, fue todo un éxito. Los controles estaban bien. Los datos eran los correctos. El experimento se realizó como era debido. Pero… Lo que tuvo que pasar pasó. Mi abuela pidió ser una mujer bonita, elegante, simpática… elegante… y pues… ya lo era. Ella siempre ha sido así. Ella está muy a gusto con quién es… y eso señores y señoras está… Muy bien. Muy bien... Sí, la verdad sea dicha. 

 

(Filus, muy triste, pone sus aplausos grabados, pero esta vez no hace reverencias.) 

 

Ah, pero esto no podía quedarse así. No señor. Yo tenía que seguir investigando y haciendo experimentos. 

 

Oscuro 

6. 

Al encenderse la luz, Filus entra con un carro encima del cual hay una cápsula tamaño humano. Dentro de la cápsula, en lugar de una persona, está el muñeco de su hermana Bosca, con quien se relacionará.) 

 

(Filus se dirige a su público especialista) Antes de iniciar el segundo experimento… tuve una interesante charla con mi hermana. Fue algo como… 

Se relaciona con el muñeco que representa a su hermana. 

 

— “Bosca, hermanita...”   

— “¡Qué, Filus!”  

— “Por qué no me hablas de tu máximo deseo, de tu mayor anhelo.”  

— “¿Yo? No, Filus yo no quiero nada, me gusto tal y como soy.”  

— “¡Dime tus deseos, Bosca!”  

— “¡No, Filus, déjame en paz. Yo no quiero ningún cambio, Filuuus! ¡Auxilio, Filus se ha vuelto loco! ¡Abuelaaaa!” 

 

(Filus didáctico, ameno) Estamos sin duda en tiempos en que todos queremos poderes. Todos queremos volar, leer la mente, hacer viajes inter… inter… galácticos.  Como sea.  Todos deseamos al menos un poder que podamos controlar y que sea parte de nuestra vida diaria. Así, yo estuve investigando. Hice grandes progresos en la ciencia de la esdrodosfera cuántica y pude tener los mejores resultados para un cambio significativo en los sujetos del experimento. En este caso el sujeto fue… Bosca. Mi hermana. Les cuento como fue… todo. (Lleva al muñeco de Bosca a la cápsula y cierra la tapa. Se despide con un gesto triste). 

 

(Filus va al estrado y vuelve a dirigirse a su público) ... por lo tanto, aunque los alquimistas tenían razón en sus intenciones, estaban incapacitados tecnológica y científicamente para lograr la transmutación de los elementos. Yo, incluso con los resultados positivos, aunque no los esperados por mí, que es lo más importante… aprendo como todo buen científico y aún más... confirmo mi hipótesis: EL MUNDO ES TRANSFORMABLE. 

 

Voz de Abus. — (Desde arriba) Bravo, Filus; eso les va a encantar. 

 

Filus. — (Retomando, ligeramente incómodo por la intervención) Yo realicé una modificación momentánea tomando como objeto de estudio a un ser vivo. Sin embargo, al no sentirme satisfecho del cambio meramente circunstancial, aunque con éxito, verdad, Abus… (Risas de Abus desde arriba) Decidí llevar mi experimento todavía más lejos: Efectuar una transformación intrínseca de la estructura básica. Es decir, una transmutación a fondo, molecular y permanente. (Emocionado) Una alteración drástica en la fisiología de un ser vivo tomando como punto de partida los elementos primarios esdrodosféricos.  Sí, me refiero exactamente a una metamorfosis interna total, pero sin cambios externos significativos. (Emocionadísimo) Así es, estoy hablando de la alteración factible cuántica y cromosómica genética en un sujeto viviente. (Pone con su propio teléfono móvil aplausos grabados). 

 

Voz de Abus. —¡Eso es, Filus... bravo! 

 

Filus. — (Recobra la calma) Quiero agradecer la infinita cooperación de mi segundo y actual sujeto de estudio quien cordialmente se propuso ella misma para ser utilizada en este experimento. Ella… Se supone… que debería…. Estar dentro de esta cápsula… Ya saben ustedes. Yo le pregunté: Bosca, querida hermana, cuál es tu deseo más profundo… En qué quieres tú que yo te convierta a ti… Palabras más palabras menos. 

 

(Suena su teléfono, y contesta el mensaje) Sí, yo lo recuerdo… Sí abuela. “Volar, tener fuerza sobrenatural, controlar a quien se le diera la gana…Y claro, tener la capacidad de atravesar las paredes cuando lo desee, sí, cuando ella lo deseara… suplantar la identidad de quien quisiera, leer la mente…  y… y… y… Volverse invisible.  

 

(Graba su voz en el celular, muy profesional) El sujeto quería volverse invisible. 

Eso es. 

(Se queda de pie, unos segundos, en silencio) Y… pues al parecer… el experimento… funcionó. Yo la metí en esta cápsula. (Abre la tapa de la cápsula y es evidente que está vacía. Si es posible se mostrará, como en un acto de magia, el interior de la cápsula vacía al público)) Y pues… Ya no está. 

 

Una de las explicaciones que puedo dar es que ella efectivamente es ahora invisible… pero… ¿por qué no se comunica? Y por otro lado. Es invisible, yo digo, pero ciertamente no es muda. No. A ella, sí, le gusta mucho la comunicación. Ustedes saben. Y aunque fuera invisible y muda… pues podría tocarme, podría darme aunque fuera un golpe, una patada… O algo no tan violento. Podría tomarme de la mano. 

 

(Retoma su lugar como conferencista) Podemos decir que el experimento ha sido… un éxito relativo. Hemos podido transformar al sujeto. Pero… Ya no hemos podido tener contacto con él. Eso es. 

 

Aplausos grabados, escasos.  Cara de circunstancia de Filus. 

 

Oscuro 

 

7. 

Filus se encuentra sentado encima de un viejo mueble y con una media en la cabeza. 

 

Filus. — (Decepcionado) No, no soy el ingenio de todos los tiempos. Soy un fracaso. No tengo cara. Nada de lo que hago sale bien. (La tapa de la cápsula se abre, y luego se ilumina. Se escucha un sonido agudo, lejano) ¿Hermanita? ¿Bosca? ¿Estás ahí? (Filus se quita la media de la cabeza y salta emocionado. Se coloca junto a la cápsula y trata de hacer que su hermana se comunique) ¡Bosca...! (Toca con sus nudillos la tapa, abre y cierra varias veces) ¡Oye...! (Cierra la tapa y trata de escuchar lo que sucede dentro. Se escuchan risas nerviosas de mujer, carcajadas de hombre) Bosca, ¿qué andas haciendo, eh? 

Se escucha una voz distorsionada de mujer. 

 

Voz distorsionada de mujer. — ¡Filus...! ¡Aléjate! Vete de aquí antes de que sea demasiado...! 

 

Filus. — ¿Bosca?... (Silencio. Filus, desconcertado abre la tapa de la cápsula) ¿Y este libro? Esta abierto en esta página… Tiene un gato encerrado en un círculo.  Un gato blanco… ¡Por qué un gato blanco? (Filus toma el libro y empieza a leer) Conjuro especial para cuando todo esté perdido: Haz grande un círculo; con la sal de mil años haz un círculo. Comienza en calma y llega lentamente a una alta noche. Haz del mundo oscuridad y de la noche esfera. Cuando la luz del fuego esté en el centro, conocerás las palabras... (Filus se coloca debajo de un haz de luz en el escenario; luego, enciende una vela y la coloca en el centro. Sale cuidadoso y vuelve a tomar el libro) Ahora, consulta la página doscientos cuarenta y uno... (Obediente) Página dos, cuatro, uno: ya está. (Lee) Si sabes cuántas vidas tiene un gato, ve y colócate en el centro. (Llega al centro de la circunferencia. Filus toma la vela y sigue leyendo) ¿Ya estás adentro?... (Filus responde) Sí y ahora qué... (Lee) Ahora, si verdaderamente sabes cuántas vidas tiene el gato, cuenta las veces necesarias una y otra vez hasta que llegue. (Deja de leer) Ya entiendo... Gracias, Bosca, donde quiera que te encuentres. Espero que puedas perdonarme. Pero no entiendo nada de esto, del libro y el gato blanco… Y… creo… me imagino… estoy seguro de que es un conjuro para que aparezca un gato. Muy interesante. (Anhelante) Es magia. (Recapacita) No, pero qué estoy diciendo. Yo odio la magia y esas idioteces. (Vuelve a leer) Esto está facilísimo. Vamos a ver... (Sale del círculo y pone el libro y la vela apagada en un mueble. Coloca un pizarrón en el tripié y escribe) Un gato tiene siete vidas. Siete gatos una vez (Escribe 7 x 1= 7) Son siete. (Sigue anotando las cantidades) Siete gatos dos veces: catorce... (Pizarrón: 7 x 2= 14) Más siete... (Anota y dice: 14 + 7= 21) igual a veintiuno. Y si sometemos este resultado a un valor exponencial tendremos veintiuno, más veintiocho, más treinta y cinco más cuarenta y dos... (Anota y dice: 21 + 28 + 35 + 42) más siete veces siete que son cuarenta y nueve... (Anota y dice: +49) tenemos como resultado: Ciento noventa y seis gatos (Anota: 196 gatos). 

Y si sumamos de atrás para adelante (Anota y dice: 6 + 9= 15 + 1) O no... Mejor de adelante para atrás... tenemos: uno, más nueve igual a diez (Escribe y dice:  1 + 9= 10) y si sumamos el seis tendremos... 

(Escribe y dice 10 + 6= 16) dieciséis... Y por supuesto UNO más SEIS es lógica y sencillamente el resultado final... (Anota 1 + 6) Es igual a SIETE!... Por lo tanto siete vidas tiene el gato. ¿O no es que tenía nueve?… Voy a buscarlo en Google… (Busca en su celular) Tiene siete o nueve… depende del país. Bueno. Como sea, ¿dónde está el maldito gato...? 

 

La luz se apaga por completo. Luego, lentamente se ilumina el centro del círculo y vemos… 

 

La imagen de un demonio de cuerpo entero, una estatua o muñeco grande, tal vez un alebrije o Judas. Desde dentro se escucha su voz. 

 

 

Voz cavernosa. — Aquí estoy, Filus... Me llamaste. 

 

Filus. — (Despectivo) Yo no te llamé. Quería una respuesta. 

 

Voz cavernosa. — Ven, acércate. 

 

Filus. — No me acerco. Dónde está mi hermana. ¿La tienes tú? 

 

Voz cavernosa. — ¿Sí o sí…? 

 

Filus. — Sí, qué. 

 

Voz cavernosa. — Soy la solución a tus problemas, soy la solución. 

 

Filus. — ¿De verdad? Quiero que mis experimentos funcionen; quiero que mi hermana regrese, ¿eres capaz de ayudarme? 

 

Voz cavernosa. — Todo lo que tú haces funciona. Por eso he venido. 

 

Filus. — No funciona nada de lo que hago. No lo sabes. Convertí a mi abuelita en lo mismo que antes era y, luego, desaparecí a mi hermana. Por qué dices que mis experimentos funcionan. Soy un fracaso. Soy un asco. 

 

Voz cavernosa. — Ayúdame, Filus... Dame tu mano. 

 

Filus. — Y cómo te voy a dar la mano. Tú no tienes mano. 

 

Voz cavernosa. — Te necesito, Filus. 

 

Filus. — Ah, sí, cómo no. Entonces no eres un demonio muy poderoso. 

 

Voz cavernosa. — Ven, te vas a divertir. 

 

Filus. — No lo sé... No lo creo. 

 

Voz cavernosa. — Si no vienes, tu hermana ya no regresará contigo. 

 

Filus. — Eso fue lo que pensé. Tú la tienes. 

 

Voz cavernosa. — Ajá. Ajá. 

 

Filus. — ¿Qué? Es así como contestas.  Ajá y ajá. La verdad como demonio dejas mucho qué desear. 

 

Voz cavernosa. — Y tú como científico das pena. Mira que convertir a tu hermana en campo gravitacional de la esdro… esdro… ferosfera 

 

Filus. — ¿Qué?  Esdroferosfera… Cómo sabes eso. 

 

Voz cavernosa. —Me mantengo informada. 

 

Filus. — (Sorprendido) ¿Tú...? (En actitud sospechosa) Que bueno que te mantengas informada…, me da mucho gusto… Hermanita. 

 

Voz cavernosa. — Qué te hace pensar que soy tu hermana. 

 

Filus. — Muy sencillo. Te equivocaste de género, dijiste informada, a menos que seas una diabla y no un demonio…. Y… todavía más claro… El campo gravitacional es un concepto que estuve desarrollando en mis últimos experimentos, así como la realidad cuántica y la esdroferosfera interseccional… Investigación absolutamente mía… la esdroferosfera sobre todo es mía… me refiero… a… 

 

Voz cavernosa. — Ah… Sí, desde luego, la esdro… ferferofero… 

 

Filus. — Y francamente, Bosca, me parece de muy mal gusto que estuvieras espiando mi teléfono, porque es ahí donde tengo todo grabado… y que estés utilizando información privilegiada. 

 

Voz cavernosa. — ¡Diablos! 

 

Filus. — (Molesto) Eso digo yo… (Repentinamente optimista) Pero se me ocurre, Bosca, que ya está el proceso a punto de revertirse. Al principio eras muda, invisible y no tenías tacto. No tenías sentido del tacto, ¿no es cierto? 

 

Voz cavernosa. — (Titubeante) Nnnooo. 

 

Filus. — (Sincero) Ya puedo estar tranquilo, y tú más… Te aseguro de que en unos días… Tú vas a….  

 

Repentino oscuro y explosión. 

 

8. 

Han pasado algunos días. Cuando la luz regresa ha desaparecido el demonio y la cápsula. Filus está una vez más de pie junto al atril. La iluminación es cálida y ya está todo ordenado.  

 

 

(Filus, serenamente feliz) Lo cierto es que Bosca es más feliz ahora que como antes vivía. Y no, no es que nadie la haya obligado a permanecer en el estado gravitacional esdrodosférico, invención mía, y que puede si ella quiere aprender a regresar y después irse según sus deseos. La transformación no ha sido definitiva y tiene las opciones de vivir así, invisible… La voz cada día se le aclara un poco más y bueno, parece ser… que el tacto lo puede usar a voluntad… Si ella quiere la pueden sentir y si ella no quiere… Ya saben. 

Mi Abus, está muy feliz ahora que está de nuevo soltera… parece que el jardinero solo fue una aventura más, pero ella definitivamente es más feliz con sus amigas. ¿Qué más?  ¿Yo?  Si es lo más importante… No. No es cierto. En verdad me he vuelto un poquito más humilde, sobre todo desde que publiqué mi investigación ya saben gravitacional esdrodosférica y… pues estoy becado y ya muy pronto me voy a trabajar a… al centro de… (Filus se comporta extrañamente, como si una fuerza lo empujara o lo pellizcara de repente) A una institución de mucho prestigio… ya saben… y… ¿Bosca?… Eres tú, claro que eres tú. Habla, hermanita, yo sé que puedes hablar, aun con tu ronca voz… Oye, ya… Déjame. Bien… Creo que por hoy eso ha sido todo. Los dejo, debo subir un momento y dejar este sótano… porque es aquí… donde paso más tiempo y también debo… salir y tomar un poquito de … aire…. Libre… Ya por favor… Abuela… Abuuus… Abuuuuus…. ¡Bosca se ha vuelto definitivamente loca!… Abuuuus. Abueliiitaaaaa. 

 

Oscuro final.  


® Benjamín Gavarre Silva

 

 

 

 


lunes, marzo 24, 2025

El cumpleaños Comedia original de Benjamín Gavarre









El cumpleaños


Comedia original de Benjamín Gavarre


(Edición 2025)

Personajes:

CRÓTALA

MARCUS THEO

EGIPCIACA

FATA

(Pablo y Esteban: Meseros mudos)

Escenario:

Un reservado en un restaurante de lujo. Una mesa para cinco (tipo banquete), sillas de buen gusto, un elegante chaiselongue en penumbra.


UNO

(CRÓTALA preside la mesa vacía. Examina un tenedor con lupa crítica. MARCUS THEO retoca nerviosamente un arreglo floral. Los meseros, PABLO y ESTEBAN, entran y salen como fantasmas eficientes).

CRÓTALA.— (Sin mirar a Marcus) Irritante. Ese ir y venir. Tú, Jaime, Jorge... Pedro y Pablo.

(Los meseros se evaporan).

MARCUS THEO.— Trato de que todo esté perfecto. Y no se llaman Jaime ni Jorge. Se llaman...

CRÓTALA.— Hugo, Paco, Luis. Me da igual. ¿Llegué puntual a mi propio restaurante para nada?

MARCUS THEO.— A veces la idea que uno tiene del Tiempo...

CRÓTALA.— ¡Ah, no! Además de mesero, ¿filósofo? Tu abuela me invitó. Ella paga, yo cobro. ¿Dónde están?

MARCUS THEO.— "Me acompañas a tu casa". Eso dijo al invitarte. Fue gracioso. Y perturbador.

CRÓTALA.— ¿Es necesario que digas todo lo que piensas? Pregunta retórica. No contestes.

MARCUS THEO.— Solo quería resaltar el hecho semántico de que...

CRÓTALA.— ¡Vodka! Muy frío. Doble. Ahora.

MARCUS THEO.— (Servicial) Enseguida.

(MARCUS sale corriendo. CRÓTALA bufa. MARCUS regresa en tiempo récord con el vodka).

MARCUS THEO.— Vodka doble, glariar.

CRÓTALA.— (Se lo arrebata) Tarde.

(CRÓTALA bebe. MARCUS saca su celular. Suena música jazz experimental, estridente. CRÓTALA lo fulmina con la mirada. MARCUS, malinterpretando, sube el volumen).

DOS

(Entra EGIPCIACA, deslumbrante y etérea. Se para frente a CRÓTALA. Duelo de miradas).

EGIPCIACA.— Ya vas a alcoholizarte. Tan temprano.

CRÓTALA.— Víbora.

EGIPCIACA.— Crótala te llamas. La víbora eres tú.

CRÓTALA.— Descendiente de lagartos.

EGIPCIACA.— Botulismo con pestañas.

CRÓTALA.— El botulismo lo tienes tú en la boca. ¿Colágeno a tu edad? Pareces momia del Nilo recién descongelada.

EGIPCIACA.— (Se sienta, majestuosa) A mí también me da gusto saludarte. No creo que mamá tarde.

CRÓTALA.— ¿Tú crees? Me invitó a cenar a mi propio negocio. Deberíamos darle una medalla a la demencia senil.

EGIPCIACA.— Es cierto.

CRÓTALA.— ¿Qué es cierto? ¡¿Qué?!

EGIPCIACA.— Todo. Nada. A quién le importa.

CRÓTALA.— ¿Cuántos cumple?

EGIPCIACA.— ¿Quién?

CRÓTALA.— ¡Nuestra madre, idiota!

EGIPCIACA.— Ah. Muchos. Todos lo saben. Es una fecha... histórica.

CRÓTALA.— No tienes ni idea. (A Marcus) ¿Tú?

MARCUS THEO.— Yo... es una cifra respetable. "Celebrarlo es como celebrar el origen del universo".

CRÓTALA.— Cállate.

EGIPCIACA.— Tiene razón el niño. Es como la diosa Tierra. Antigua. Polvorienta.

CRÓTALA.— Cállense los dos.

(MARCUS vuelve a su celular. Mensajea y sonríe estúpidamente. Pone música: Jazz frenético a todo volumen. CRÓTALA se tapa los oídos. EGIPCIACA empieza a bailar sola).

CRÓTALA.— (Gritando) ¡¿Qué es ese ruido?! ¡Bájale!

MARCUS THEO.— (Gritando más fuerte, feliz) ¡Es el azar! ¡Lo inesperado que se instala en el mundo! ¡Hay que abrazar el caos!

CRÓTALA.— ¡Abraza esto! (Le arrebata el celular y corta la música de golpe). ¡Inútil!

EGIPCIACA.— (Deja de bailar) A mí me gustaba. La música es... el Misterio.

MARCUS THEO.— ¡Exacto, tía! El misterio que no sigue ninguna lógica.

CRÓTALA.— Marcus Theo, tu vida es la que no tiene lógica. ¡Sirve! ¡Calla! ¡Desaparece!

MARCUS THEO.— Solo abría la puerta al entendimiento profundo...

CRÓTALA.— ¡Nadie quiere entrar por esa puerta!

EGIPCIACA.— Sobrino, no sé qué traumas tengas con tu madre, pero me has ignorado. Martini. Seco. Frío. Ahora.

MARCUS THEO.— Perdón tía. (A Crótala) ¿Usted, señora?

CRÓTALA.— Lo de siempre. Y no me digas señora.

(MARCUS sale. Las hermanas se miran. EGIPCIACA se adueña del chaiselongue).

EGIPCIACA.— (Recostada) Marcus Theo tiene razón. Estás desconectada de tus emociones.

CRÓTALA.— Él nunca dijo eso. Estás sorda y loca.

EGIPCIACA.— Violencia normalizada. Eso es lo que ejerces.

CRÓTALA.— No pedí terapia, gracias.

EGIPCIACA.— Tu vida no tiene rumbo. Eres inestable.

CRÓTALA.— (Ríe incrédula) ¿Yo? ¿Tú me dices inestable a mí?

EGIPCIACA.— Yo fluyo. Tú te estancas.

CRÓTALA.— Mi vida...

EGIPCIACA.— No me digas mi vida.

CRÓTALA.— Cielo.

EGIPCIACA.— Víbora.

CRÓTALA.— Mal nacida.

(Entra MARCUS con bebidas).

MARCUS THEO.— ¿Alguien pidió tensión extra?

TRES

(Entra FATA. Camina con una lentitud exasperante, apoyada en un bastón. MARCUS corre a recibirla).

FATA.— (A nadie en particular) Irrespetuosos. Tuve que pedir un taxi. Nadie tiene compasión de una vieja.

EGIPCIACA.— Te llamé diez veces, mamá.

FATA.— Sabes que nunca contesto. ¿Dónde está mi lugar? Quiero una copa.

CRÓTALA.— Marcus, ayúdala.

FATA.— (Aparta a Marcus de un manotazo) ¡Yo puedo sola!

(FATA tarda una eternidad en sentarse en el centro, donde estaba Crótala. Se acomoda como una reina).

CRÓTALA.— Yo estaba sentada ahí.

FATA.— (La ignora) ¡Copa!

CRÓTALA.— Marcus, atiende a la cumpleañera.

MARCUS THEO.— ¿Whisky, abuela?

FATA.— (Entrecierra los ojos) ¿Quién es este muchacho tan alto?

CRÓTALA.— ¡Es tu nieto, por Dios! Ponte los lentes.

FATA.— (Se los pone. Lo escanea) Ah. Sí. Estás lleno de granos. Y muy alto.

MARCUS THEO.— Gracias, abuela.

EGIPCIACA.— ¡El martini, niño! ¡Me estoy secando!

(MARCUS hace un gesto mágico y los meseros aparecen instantáneamente con las bebidas. Sirven).

EGIPCIACA.— Gracias, Marcus. Es de bien nacidos ser agradecidos. (Mira a Crótala).

CRÓTALA.— Él solo hace su trabajo.

CUATRO

(Silencio tenso. Fotografía familiar disfuncional).

CRÓTALA.— Quisiera decir algo sin importancia.

EGIPCIACA.— Seguro lo es.

CRÓTALA.— Mamá, estas flores artificiales...

FATA.— Son mejores que las de verdad. No se mueren. Como nosotras.

EGIPCIACA.— Gran verdad.

CRÓTALA.— (Ignorándola) Mamá, siempre haces lo mismo.

FATA.— Deberías poner cubiertos de verdad. No tengo tenedor.

CRÓTALA.— ¡Claro que tienes! Yo estaba sentada ahí y...

EGIPCIACA.— Ah, por eso el berrinche. Te quitaron tu tenedor.

CRÓTALA.— ¡No es el tenedor! ¡Es el principio!

FATA.— Siempre estás enojada. Pareces bruja.

EGIPCIACA.— La bruja mala del oeste. Jajaja.

CRÓTALA.— (Risa histérica) Jajajaja.

FATA.— Bien. Al menos te ríes.

CINCO

(MARCUS entra triunfal, seguido de meseros con charolas cubiertas).

MARCUS THEO.— ¡La cena está servida! Prosciutto, minestrone, ternera ahumada...

FATA.— No quiero nada.

MARCUS THEO.— ¿Cómo?

EGIPCIACA.— Yo tampoco. Cero hambre.

FATA.— Marcus, siéntate aquí, a mi lado.

MARCUS THEO.— Pero abuela, estoy trabajando... la cena... el esfuerzo...

CRÓTALA.— ¡Siéntate ya! Si la reina no come, nadie come.

FATA.— Solo quiero vino. Y a mi nieto preferido.

(MARCUS, derrotado, se sienta junto a Fata. Los meseros retiran la comida intacta y sirven vino compulsivamente).

MARCUS THEO.— (A Crótala) ¿No vas a decir nada? ¡Tú siempre dices algo!

CRÓTALA.— (Lívida) No. Hoy no.

SEIS

FATA.— Les tengo una noticia. Pronto alguien de esta familia va a morir.

MARCUS THEO.— ¡Cataplum!

CRÓTALA.— ¿Hablas de ti?

EGIPCIACA.— Shhh. Está en el subtexto.

FATA.— El dinero trae beneficios. Pero el poder no se lleva con la vejez y la sexualidad ambigua.

MARCUS THEO.— ¿Eh?

CRÓTALA.— Mamá, ¿qué demonios dices?

EGIPCIACA.— ¡Subtexto! ¿A quién vas a heredar? ¿A mí?

FATA.— No. A nadie. No me pienso morir todavía.

CRÓTALA.— (Se lleva la mano al pecho, dramática) No puede ser... siento que...

EGIPCIACA.— ¿Qué sientes?

CRÓTALA.— Hormigueos. Se me paraliza la cara. ¡Marcus, un médico! ¡Me da el infarto!

MARCUS THEO.— (Ni se mueve) Es otro de tus shows. Siempre se te pasa.

CRÓTALA.— ¡Llámalo o te despido!

MARCUS THEO.— ¡Hazlo! Sería un alivio dejar de ser tu esclavo.

FATA.— (Grita) ¡Si le dejo algo a alguien, será a Egipciaca!

CRÓTALA.— (Se endereza instantáneamente, curada) Ah. Mira tú.

EGIPCIACA.— ¡Gracias mami!

CRÓTALA.— Marcus, cancela al médico. Estoy regia. ¡Sirve más vino!

FATA.— Marcus Theo, acércate. Te diré la Gran Verdad. La vida es incierta, misteriosa y breve.

CRÓTALA.— (Sarcástica) Vaya novedad.

MARCUS THEO.— (Emocionado) ¡Sí! ¡El destino lo forjamos nosotros! ¡El azar se impone y...!

CRÓTALA.— ¡Basta de filosofía barata! ¡Quiero pastel!

FATA.— ¡Sí! ¡Pastel! ¡Es mi cumpleaños! Quiero un pastel entero para mí sola.

MARCUS THEO.— ¡Un pastel entero para la abuela! ¡Ya!

(Marcus y los meseros corren a la cocina).

CRÓTALA.— (A Egipciaca, sonrisa falsa) Qué bueno que te herede, hermanita.

EGIPCIACA.— (Sonrisa igual de falsa) Gracias, cielo. Qué bueno que no te moriste.

SIETE

(Entran MARCUS y meseros en procesión solemne con un pastel y tres velas).

MARCUS THEO.— ¡Habemus pastel!

CRÓTALA.— Pide un deseo, mamá. Rápido.

FATA.— (Cierra los ojos un segundo. Los abre). Listo. (Sopla las velas. Aplausos flojos).

EGIPCIACA.— ¿Qué pediste?

FATA.— Es un misterio.

MARCUS THEO.— ¡Música maestro! ¡Las mañanitas!

FATA.— ¡No! ¡Odio las mañanitas!

MARCUS THEO.— ¡Happy Birthday entonces!

FATA.— ¡Menos! ¡Quiero silencio!

EGIPCIACA.— ¡Mañanitas, mañanitas!

CRÓTALA.— ¡Dale play, Marcus!

FATA.— ¡Que no!

(Todos hablan a la vez, el volumen sube al máximo).

MARCUS THEO.— ¡Y UNA, Y DOS, Y...!

(Suenan Las Mañanitas a todo volumen. Todos se quedan CONGELADOS en una instantánea grotesca de sonrisas forzadas y brindis falso).

OSCURO SÚBITO.

FIN

Benjamín Gavarre Silva ©

 


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