lunes, agosto 30, 2021

COMO EL VIENTO QUE SOPLA, COMO EL AGUA QUE MOJA, de Pablo Albarello.











COMO EL VIENTO QUE SOPLA, COMO EL AGUA QUE MOJA



AUTOR:  

Pablo Albarello





2019

Como el viento que sopla, como el agua que moja

(Reg. Prop. Intelectual Expte. 891626)

Esta obra ha sido publicada para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización dirigirse a pablo_albarello@e-pol.com.ar o palbarello@argentores.org


Personajes

(por orden de aparición) 


Mariela (30)

Ernesto (30)

Jorgelina (60)

Simón (60)

Portero (40)

Consultor Supremo (60)

Madre (60)


Departamento despojado, mesa, dos sillas, sobre el fondo puerta de entrada, sobre la izquierda ventana que da al exterior, en el centro un sofá destartalado, sobre la derecha un espejo de pie. Se escucha el goteo de una canilla que pierde.


ESCENA 1

Vemos llegar a Mariela, viste un ambo de médico, deja la cartera, se pone a pasar el escobillón, acomoda unos libros. Se queda por un instante con la mirada perdida, llora, se contiene y recomienza la tarea. Entra Ernesto, con aire agobiado, lleva un maletín y un piloto, todo en él denota una rutinaria habitualidad, salvo por un detalle: cuando se saca el abrigo y lo cuelga, debajo viste un traje de superhéroe (remera y calzas al cuerpo, calzón, botas, capa, guantes, etc.) En el pecho y en el centro de la capa pueden leerse las iniciales S.E. de Super Ernesto.



ERNESTO: Hola, amor.

Mariela no responde. Ernesto pretende besarla en la boca, Mariela corre la cara y el beso termina en la mejilla. Deja el maletín junto a la mesa, al pasar delante del espejo

se espía la capa. Sale de escena para ir al baño, tiempo, se escucha la descarga del depósito, regresa acomodándose el calzón, se sienta.


ERNESTO: Un calor insoportable. El centro está imposible. ¿No?


Mariela no responde.


ERNESTO: ¿Cómo te fue en la clínica?


Mariela no responde.


ERNESTO: No sé qué me pasa pero hoy tuve la boca seca todo el día. ¿Hay algo para tomar?


MARIELA: Jugo de naranja, creo.


ERNESTO: Que bueno, ¿me traés, amor? 


A desgano, Mariela sale.


ERNESTO (alzando la voz): Creo que quedan dos latitas de cerveza rubia en la puerta del congelador, te las cambio por el jugo, ¿dale?


Mariela vuelve con las latas, se las da y estudia a Ernesto. Este abre una, al sentirse observado se incomoda, toma tragos cortos.


MARIELA: Me agregaron guardias y tengo que trabajar los fines de semana completos. 


ERNESTO: Ah, mirá.


MARIELA: ¿Y a vos cómo te fue? (vuelve a observarlo) ¿Luchaste por la Justicia? 


ERNESTO: Amor…



MARIELA: ¿Amor, qué?



ERNESTO: Solo te pido que no empecemos.



MARIELA: ¿Qué empiezo yo? Yo no empiezo nada. ¿No estamos hablando de lo que hicimos durante el día? Bueno, yo te pregunto, ¿luchaste por la Justicia?


ERNESTO (por lo bajo): Sí, creo que sí. 


MARIELA: No te escucho.


ERNESTO: ¡Que sí! ¡Que luché!



MARIELA: ¿Ves que sencillo? A una pregunta, una respuesta: sí luché. No es tan difícil.


ERNESTO: No, claro que no es tan difícil. Pero si usas ese tono.


MARIELA: ¿Qué tono?


ERNESTO: Ese, Mariela. Decís ‘luchaste por la Justicia’ con ese tono. ¡Por qué hay que volver siempre a lo mismo!


Ernesto se incorpora, se pone delante del espejo, se abstrae haciendo una pose de carrera.



MARIELA: ¿Sabés por qué? Porque el sábado cumplimos un año de casados, por eso.


ERNESTO: ¿El sábado? ¡No te puedo…! ¿Qué fecha es hoy? ¡Uh, sí, es verdad! ¡Un año ya! ¡Esto hay que festejarlo! Tendríamos que organizar algo (abre la otra lata, va hacia Mariela) Brindemos. ¡Dale, gorda, tomá aunque sea un traguito!


Mariela rechaza la cerveza, lloriquea.



ERNESTO: Mariela…


Ernesto la abraza.


ERNESTO: Mari, ¿qué pasa?


MARIELA: ¡Que esto es un desastre, eso pasa! 


ERNESTO: ¿Qué decís?


MARIELA: Y encima en un rato van a venir mis viejos. Me llamó mamá a la clínica, traté de pensar en alguna excusa pero de los nervios empecé a hablarle de mi hermana. Me puse hecha una idiota y no pude zafar.


ERNESTO: ¿Y por qué tendrías que zafar? 


MARIELA: ¡¿Vos me estás jodiendo?!


ERNESTO: No. Bah, creo que no


MARIELA: A ver, ¿cuánto hace que no ves a papá y a mamá? ¿Cuánto hace que no vienen al centro?


ERNESTO: Dejame pensar… Como seis meses. Sí, bastante. Pero, amor, no termino de entender. ¿Por qué tanta complicación? ¿Les pasa algo?


MARIELA (lo lleva hasta el espejo): Erni, ¡a vos te pasa algo!


Se miran ambos a través del espejo. Tiempo. Se escucha la gotera de la canilla del baño.



MARIELA: Y te lo pido por milésima vez: ¿podés hacer arreglar esa canilla? 


APAGÓN





ESCENA 2

Mariela y Jorgelina están sentadas en el sofá, Simón circula por el ambiente, pasa un dedo por el marco del espejo, se limpia el polvillo con gesto de repulsión. Desde el baño se escucha el sonido de la ducha y a Ernesto que canta.



OFF ERNESTO: “Mi héroe es la gran Bestia Pop / enciende el sueño, la vigilia…” 


JORGELINA: Simón, ¿podés dejar de caminar que me pone nerviosa?


SIMÓN: ¿Entonces estamos de acuerdo? 


MARIELA: ¿Con qué?


SIMÓN: Con que está loco. 


JORGELINA: ¡Ay, por favor!


SIMÓN: ¿Ah, no? De acuerdo. No está loco. Entonces lo que hace es normal. 


JORGELINA: Llevás las cosas al extremo.


SIMÓN: Jorgelina, un tipo que sale a la calle con una capa y el calzoncillo arriba del pantalón ¿cómo está? ¿Te parece que llevo las cosas al extremo?


JORGELINA: ¡Cómo sos, eh! Vos ya lo habías visto vestido así y no dijiste nada.


SIMÓN: No, yo no lo había visto vestido así. Lo había visto vestido así en el cumpleaños del nene de Laura, que es otra cosa.


JORGELINA: ¿Y por qué es “otra cosa”, a ver?


SIMÓN: Porque pensé que era un disfraz para entretener a tu nieto. ¿En los cumpleaños ahora no usan animadores, castillos inflables y todas esas porquerías?


MARIELA: ¡No discutan, por favor!


SIMÓN: Es que tu madre vive adentro de una azucarera. 


JORGELINA: ¿Te vas a sentar de una buena vez?


Simón se sienta a disgusto. Tiempo. Se escucha a Ernesto cantando. OFF ERNESTO: “A brillar, mi amor / vamos a brillas, mi amor…” 


MARIELA (a Jorgelina): Papá, tiene razón.


JORGELINA: Ay, nena, no seas tan intransigente. Vos y Ernesto son jóvenes, tienen la vida por delante, todavía no encargaron chicos, quizás él está buscando su vocación.


SIMÓN: ¡Sí, su vocación!


JORGELINA: Es una época tan confusa, tan hostil. Fijate lo feo que se puso este barrio, Monserrat solía ser otra cosa. ¿Recordás algo de cuando vivíamos en la casita de calle Salta? Ustedes eran chiquitas. Fue una época feliz. Hasta que un día sucedió lo del rapto de esas dos criaturas, tu hermana empezaba primer grado, lo hablamos con tu padre y nos mudamos a Barrancas de Belgrano.


SIMÓN: ¡Jorgelina, por el amor de Dios! ¿Eso qué tiene que ver con lo que estamos hablando?


JORGELINA: ¡Sí que tiene! ¡Sí que tiene! Estoy tratando de decir que en todo este clima enrarecido que hoy se vive, como se necesita de fuerzas de seguridad, de jueces, de fiscales valientes, quizás también se necesite de gente afín que colabore.


SIMÓN: ¿Gente que se disfraza y grita “por el poder de Grayskull”?



JORGELINA: No, Simón, gente con sensibilidad, que se preocupe por el bienestar del prójimo. Y el muchacho evidentemente está buscando algo por ese lado.


SIMÓN: Y que se anote en la Policía Federal, que se haga Bombero Voluntario, entonces.


MARIELA: Erni no era así, la que le llena la cabeza es la madre. 


SIMÓN: ¡La vieja esa!


JORGELINA: Adelma, Simón, no “la vieja esa”, es tu consuegra y se llama Adelma. 


SIMÓN: ¿Y vos decís que la vieja esa lo convenció para “luchar por la Justicia”?


MARIELA: ¡No lo sé, a esta altura creo que no sé nada! Miren, yo les agradezco un montón que se preocupen, que hayan venido, pero ¿qué les parece si se quedan un ratito más y se van, eh? Hablemos otro día.


JORGELINA: Mariela tiene razón, Erni va a salir del baño en cualquier momento. Pero además queríamos decirte otra cosa (a SIMÓN, cortante) ¿Hablás vos o hablo yo?


SIMÓN: Ah, sí, el departamento. Con tu querida madre estuvimos pensando que yo puedo llamar a Carlitos, en la Inmobiliaria ahora hay mucho movimiento, seguro que les consigue algo mejor que esto.


JORGELINA: Más para el lado de Palermo, van a estar más cerca de nosotros y de tu hermana. ¿Qué te parece? Además algo un poquito más nuevo, en mejor estado, ¿no? Por el costo despreocúpate, podemos ayudar.


MARIELA: No creo que sea una buena idea, mamá. Al menos por ahora. 


JORGELINA: Yo no me quiero meter, pero pensalo.


SIMÓN: Planteáselo a Spiderman. 


JORGELINA: ¡Basta, Simón!



Entra Ernesto, lleva un traje limpio de Super Ernesto, trae la muda usada en un boyo y se la da a Mariela.



ERNESTO (a Mariela): ¿Me ponés este con la ropa para lavar? (a Jorgelina y a Simón) ¡Cuánto hace que no nos vemos! Me imagino que se quedan a comer. 


MARIELA (sorprendida): ¿Qué decís, Ernesto?



ERNESTO: ¿Qué tiene?



JORGELINA: Sabés que yo no cocino bien, además a las dos tengo que volver a la clínica.


ERNESTO: Entonces compramos unas milanesas en la rotisería. Dale, son tus padres,

¿no?


SIMÓN: Lamentablemente hoy nosotros…


JORGELINA (codeando a su marido): ¡De acuerdo, aceptamos! Nos quedamos a comer.



ERNESTO: ¡Buenísimo!


SIMÓN (contrariado): Yo mejor bajo a ver si el auto sigue donde lo dejamos. Con las caritas que hay por la zona seguro que ya le faltan dos ruedas.


El padre sale.



ERNESTO: ¡Ja ja, tu viejo me encanta! Qué humor ácido que tiene, ¿no? 


APAGÓN





ESCENA 3

Música de suspenso, el ambiente está vacío, vemos entrar a Ernesto preocupado porque no lo vean, tiene una latita de cerveza, toma, la apoya sobre la mesa, va hasta el espejo, se observa en pose, se toca el abdomen, se lo observa de perfil. Luego va hasta el maletín, lo abre y saca un libro de tapas gruesas, lo hojea, se detiene y lee. A continuación extrae del maletín una varilla con una piola y una arandela atada en el extremo, va hasta el espejo e inserta la varilla en algún orificio en su parte superior, hace pendular la arandela, se coloca a distancia, se pone de espaldas, respira.

Sosteniéndose ambas sienes con los dedos, gira de golpe clavando la mirada en la arandela.



ERNESTO: ¡Immobility!


APAGÓN





ESCENA 4

Vemos a Mariela y a Jorgelina solas en el mismo ambiente.


JORGELINA: Hija, si se aman tenés que apoyar a tu marido. Hablalo. Tenés que apostar por esta relación, luchar por ella.


MARIELA: ¡Mamá, por favor! 


Se miran. Jorgelina sonríe.


MARIELA: ¿Qué pasa?


JORGELINA: Te parecés tanto a mí. 


MARIELA: Estás loca.

JORGELINA: ¡Si somos dos gotas de agua! Debajo de ese caparazón de dureza, sos una romántica soñadora como yo.


Jorgelina acaricia el cabello de su hija y se abstrae.


MARIELA: ¿Qué pasa?


JORGELINA: Es tan raro: este lugar, Erni y vos, es como si la historia se repitiese. 


MARIELA: ¿Qué querés decir?


JORGELINA: Te voy a contar algo que tu hermana y vos ignoran. Mucho antes de conocer a tu padre yo me había inscripto en la facultad de Veterinaria.


MARIELA: Sí, ya lo sé. Y después abandonaste.


JORGELINA: Sí, abandoné. Yo adoraba las aves, la vida al aire libre, era una chica tonta que quería trabajar en un hospital escuela. Hace un rato pensaba dónde están mis amigos de esa época. Están borrados, extirpados de la memoria, es como si nunca hubieran existido. No eran lo que yo necesitaba. Tampoco Edwin.


MARIELA: ¿Edwin?



JORGELINA: Era ayudante de una de las cátedras de primer año. Desde el primer día yo fui una extraña en esa facultad, una nena bien que no pegaba con el ambiente tosco de muchachones de campo, animales de granja. Hasta que conocí a Edwin. Era santiagueño, llevaba el pelo largo, tenía una porra hasta por acá, bajito, usaba unos carpinteros gastados que no se sacaba nunca (sonríe) Era un desastre, pobre. ¡Pero cuando te clavaba esos ojos negros y lo escuchabas hablar...!


MARIELA (sonriendo): No puedo imaginarte a vos en la facultad de Veterinaria y con alguien así.


JORGELINA: ¡Eh, no subestimes a tu madre! En fin, que no sé cómo me fijé en él y no sé como él me dio bolilla. Yo, naturalmente, por esa época era virgen y con Edwin tuve mi primera experiencia. ¡A-lu-ci-nan-te!


MARIELA: ¡Mamá!


JORGELINA: Ya sos grande y no te voy a mentir: con ese hombrecito grenchudo, seductor, lleno de ideales irrealizables, sentí algo que nunca volví a sentir con otro hombre, tu papá incluido. Y entonces me fui de la casa de tus abuelos. Un compañero de cursada del interior alquilaba un departamento, tenía que volver a su pueblo y nos lo dejó. Un lugar como éste, feo, descuidado. Había reuniones todo el tiempo.

¡Fumábamos marihuana! (Mariela no puede contener la risa) Edwin quería tomar la Facultad, liberar a los animales, crear una comunidad abierta en el Tigre, cualquier disparate. Fueron quince días de frenesí. Dormíamos sobre una bolsa de dormir de la marina mercante. Yo estaba como poseída, no pensaba en nada, ni siquiera me importaba la facultad. Tus abuelos, por supuesto no sabían nada, para ellos yo estaba en lo de una amiga.


MARIELA: ¡No te puedo creer! ¿En lo de Haydée?


JORGELINA: Sí, en lo de Haydée. Vivía como en un sueño, ¿entendés? 


MARIELA: ¿Y qué pasó?


JORGELINA: Lo que nunca tendría que haber pasado. Que eso fue todo, que se me pasó la fiebre y desperté. Me dije que no tenía sentido seguir estudiando, que nunca me dedicaría al campo, que no tenía nada que hacer al lado de un chico así, que tenía que regresar a mi casa, a mi ambiente. Que debía desaparecer de esa facultad, esfumarme sin dejar pistas. ¿Entendés lo que quiero decir? Fue el peor acto de cobardía. No luché por lo que quería. A la distancia lo puedo ver: Edwin era un ser puro, alguien especial, como Ernesto.


MARIELA: No, mamá.


JORGELINA: Sí.


MARIELA: ¡Te digo que no! Una cosa es un veterinario hippy, que bien o mal sigue teniendo los pies sobre la tierra y otra un tipo que sale a la calle… como lo viste.


MADRE: Por ahí solo está un poco confundido. No te equivoques, mi amor, apostá a tu corazón. La vida pasa tan rápido y las cosas que una puede llevarse son tan pocas. El amor es lo más genuino y poderoso. ¿No lo ves? Ustedes se aman, es tan evidente (Jorgelina abraza a Mariela) ¡Ay, estoy tan feliz por vos y por Súper Ernesto!


MARIELA (se suelta del abrazo): ¡No lo llamés así! 


MADRE: Disculpame.

MARIELA (camina por el ambiente, alterada): ¿No entendés? Esto una pesadilla.



Se escuchan gritos y pedidos de auxilio provenientes de la calle.



JORGELINA: ¿Y eso? ¿Qué pasa?



Entra corriendo Ernesto mientras termina de abrocharse la capa. Va hacia la ventana.



MARIELA: ¿Qué hacés?


ERNESTO: Tranquila, amor.


MARIELA: ¡Ernesto, por favor!


ERNESTO: No pasa nada, tranquila. Seguro que son los de la esquina, siempre a esta  hora pasa algo. Dejame ver.


Ernesto se asoma a la ventana, Jorgelina también quiere ver. 


JORGELINA: ¿Qué hacen?


ERNESTO: Se juntan en la puerta del maxi kiosco, les piden colaboraciones a la gente que pasa.


MARIELA: ¡Los asaltan, querrás decir! 


ERNESTO: No son malos chicos.


Ernesto va hasta el espejo, hace movimientos de calentamiento y aspira y expira ruidosamente.



MARIELA: No, Ernesto.


ERNESTO: Tengo que ir.


MARIELA: ¿Quién dice que tenés que ir?


ERNESTO: Amor, ¿vamos a discutirlo otra vez? 


MARIELA: Es absurdo.



ERNESTO: Mari, comprendelo, es como si a vos te trajeran un paciente agonizante y yo te pidiera que lo dejaras morir.


MARIELA: Atiendo un consultorio de dermatología, Erni


ERNESTO: Igual. Viene alguien, suponete, con una erupción en la piel tremenda, le pica el cuerpo una barbaridad y vos no lo atendés. Hiciste un juramento. A mí me pasa lo mismo.


JORGELINA: Nena, tiene razón. 


MARIELA: ¡Mamá, vos no te metas!


ERNESTO: Disculpame pero tengo que intervenir, amor. 


Ernesto sale. Mariela y Jorgelina miran por la ventana. 


JORGELINA: Es un valiente.


MARIELA: ¡Qué va a ser un valiente! Si cuando salimos a la calle le tiene miedo a los perros. El mes pasado tuvo una discusión con el diariero y tuvimos que dormir una semana con la luz prendida porque tenía pesadillas.


Vuelven a escucharse gritos, hay golpes, botellas rotas, insultos.



JORGELINA: Los hombres son así, Mari, tienen la fantasía de poder controlar el caos del mundo y nosotras tenemos que apoyarlos.


Miran por la ventana. Tiempo. Entra el Portero trayendo a Ernesto golpeado.



MARIELA: ¿Qué pasó?


PORTERO: Venga, Don Ernesto, vamos a recostarnos en este sillón.


Aturdido, Ernesto tira trompadas al aire, está cortado en una ceja, casi golpea a Mariela.


ERNESTO: ¡Vení! ¡A ver si te animás! ¡Vení, no huyas! 


MARIELA: ¡Pará, Erni, soy yo!


PORTERO: Se golpeó la cabeza.


MARIELA: ¡Estás sangrando! (a Jorgelina, lloriqueando) ¿Te das cuenta lo que digo. ¿A vos te parece que así se puede llevar una vida normal?


JORGELINA: Bueno, tranquilízate, seguro que no es nada grave. Fijate si no tiene una conmoción cerebral. Preguntémosle algo (a Ernesto) Hola, Erni, ¿sabe quién soy?


ERNESTO (intenta lanzarse sobre Jorgelina y el portero lo contiene): ¡Te voy a reventar!


PORTERO: ¡Pare, Don Ernesto, es su suegra! Ya está en su casa, misión cumplida: estuvo brillante, los faloperos se dieron a la fuga. ¿Vio?



Ernesto mira el entorno, poco a poco se ubica en tiempo y espacio.



ERNESTO: Disculpe, Jorgelina (al Portero) ¿Vos viste como los tenía controlados? ¡Y justo piso la capa…!


PORTERO (a Mariela): Se resbaló y se dio la nuca con la heladera del kiosco. Ahí los pibes aprovecharon y se le fueron encima (a Ernesto) ¡Pero los derrotó, Don Ernesto, tuvieron que rajar con las manos vacías! (a Mariela) Su marido es una cosa asombrosa.


ERNESTO: No es para tanto, Elvio.



PORTERO: ¿Cómo que no? ¡Lo que hace es admirable! (a Mariela) En la cuadra no se habla de otra cosa.



MARIELA: ¡Me imagino!


PORTERO: Usted viera como le dejan mensajes en el buzón de la entrada. 


JORGELINA: ¡Ha visto, nena! ¡Mirá si Ernesto no es algo especial!


PORTERO (a Jorgelina): No sabe lo que es estar baldeando la vereda y de golpe verlo aparecer trotando, con esa capa al viento. ¡Se lo cuento y se me pone la piel de pollo, mire!



MARIELA (con impaciencia): Gracias por traerlo, Elvio, vaya nomás.



PORTERO: Bueno, cualquier cosa me pegan el grito (a Ernesto) Y después arreglamos cuando paso para ver la canilla del baño, Don Ernesto.


MARIELA (arreándolo): Gracias, Elvio, vaya, gracias.


El Portero sale, Mariela y Jorgelina se miran y a continuación observan en silencio a Ernesto. Tiempo. Sosteniéndose con un pañuelo la herida de la ceja, Ernesto se incorpora trabajosamente.


ERNESTO (declamando): Yo soy quien vela por ti / yo soy el elegido / no soy un tipo distante / ni frío como el acero (de golpe cruza los brazos por sobre la cabeza con los puños cerrados) ¡SÚPER ERNESTO CON LA GENTE!


APAGÓN





ESCENA 5

Siempre con el traje de súper héroe, vemos a Ernesto que circula alrededor de la mesa poniendo los platos para el almuerzo. Tiene un apósito en la ceja y el ojo morado.

Simón lee el diario en el sofá. Cohibido, Ernesto mira en varias oportunidades en su dirección. Mientras distribuye la vajilla canta por lo bajo.


ERNESTO: “Mi héroe es la gran Bestia Pop / enciende el sueño, la vigilia…”


SIMÓN (sin levantar la vista del diario): ¿Y en qué otras cosas trabaja? Digo, aparte de detener piñas con la cara.


ERNESTO: No sea malo, Simón. Eso fue un error de estrategia. Y para serle sincero no me desenvuelvo bien en los enfrentamientos cuerpo a cuerpo. Hay intervenciones más sutiles que no necesitan de la acción directa.



SIMÓN: Por ejemplo...


ERNESTO (entusiasmado): ¿De veras quiere que le cuente? SIMÓN: Hasta que vengan con la comida puedo escuchar.


ERNESTO: Okey. Hoy por la mañana trabajé en dos. La primera es muy graciosa: usted vio cómo circulan los tacheros por el centro, se creen los amos, los dueños de la calle.

Circulan a mil, invaden carriles, paran donde se les ocurre. Pero más que nada en las bocacalles los tipos doblan como si tal cosa, y si uno está intentando cruzar por la senda peatonal, con el paso a su favor, más vale que salte o se tire a un costado porque se lo llevan puesto. Así que estuve observando el fenómeno y me dije “Esto es un trabajo para Súper Ernesto”. Me voy a la esquina de Corrientes y Suipacha, me pongo delante del grupo de peatones que espera el semáforo, cuando da la luz verde veo por el rabillo del ojo que un taxi viene doblando y me le tiro encima del capot. El tipo clava los frenos, yo doy un par de tumbos aparatosos y caigo en el asfalto. ¡Gran quilombo gran! Para serle sincero, al principio hay como un momento de confusión, al verme con el traje algunos creen que es algún tipo de publicidad callejera, pero cuando se dan cuenta de que va en serio llaman al SAME, se corta el tránsito. Yo exagero, grito, simulo convulsiones. Y mientras parte de la multitud se preocupa por atenderme, el resto gira hacia el tachero y, primero con timidez y después cada vez más osados comienzan a insultarlo, a patearle las puertas, a escupirle el parabrisas. Es el ciudadano que despierta del letargo, libera su espíritu de justicia ante el atropello de los egoístas, ¿se entiende? Yo entonces aprovecho la confusión, me incorporo y me pierdo en la multitud.



Ernesto queda a la expectativa de la reacción de Simón, pero este lo mira con frialdad y no emite sonido.


ERNESTO: Vamos a la segunda. ¡Escuche porque esta es genial! Voy trotando por Mitre altura Montevideo –no sé si se lo mencioné, pero yo por la calle intento siempre trotar para que la capa flamee y se me vean las iniciales- Así que voy trotando por Mitre hasta que llego a Callao y me meto en la sucursal del Banco Nación. Multitud de gente, muchísimo calor, no anda el aire acondicionado. Voy hasta el subsuelo, sector Cajas.

Como de costumbre, larga cola y de tres ventanillas sólo una atendiendo. Me ubico en el último puesto, dejo pasar unos minutos y digo, como al pasar: “¡Claro, cómo si uno no tuviera nada que hacer, no cierto!” No necesito mirar a alguien para percibir que entre los más cercanos hay como un removerse en sus lugares: el virus ya fue inoculado. Dejo pasar otro par de minutos y ya mirando de lleno a uno, agrego: “Yo no sé. Menos mal que son las cajas para clientes, ¿no?”. “¡La misma historia de siempre, señor!” –salta el primero. “Tal cual, ¿me quiere decir porque no atienden las otras ventanillas?”. “¡A los tipos no les importa. Somos como ganado! –grita otro- ¡Peor que eso: somos basura, pedazos de mierda!”. Y ya no hay retorno: la cola empieza a sacudirse, a sacudirse y se rompe en mil pedazos. Gritos, puños en alto, algunos avanzan sobre el cajero, otros van contra los mostradores. Yo me voy hacia las escaleras. Y antes de salir, giro para echar una última mirada: alguien parado sobre el mostrador empieza a sacarse la ropa, otro salta con un matafuego en una mano. Una nueva acción de Súper Ernesto para socavar los cimientos de una sociedad autista, impermeable a las necesidades del otro. ¿Qué le parece?


Ernesto vuelve a quedar a la expectativa de la reacción de Simón. Tiempo.



SIMÓN: ¿Usted dice que esos son actos heroicos? 


ERNESTO: Sí.


SIMÓN: Esos no son actos heroicos. 


ERNESTO: ¿Cómo que no?


SIMÓN: Esos no son actos heroicos, son pelotudeces.


ERNESTO: ¿Le parece?


SIMÓN: Hacerse el atropellado en un semáforo, armar una discusión en la cola del banco, son pelotudeces, hombre.


ERNESTO: No sé. Reconozco que son intervenciones menores. Acciones más bien simbólicas. ¿Pero pelotudeces?


Ernesto se queda pensando. Tiempo.



ERNESTO: Igual le aseguro que forman parte de un plan cuidadosamente delineado. 


MARIELA: ¿Ah sí? ¿Y cuál vendría a ser ese plan?


ERNESTO: No le puedo adelantar mucho porque debo mantener cierta reserva. Solo le digo que estoy trabajando en un proyecto más ambicioso, y mientras tanto hago lo que en marketing se conoce como ‘imponer la marca’. Salir a la calle, sentar presencia, comenzar a hacerme visible para que la gente cuando me vea no se asuste.


MARIELA: No se cague de risa.


ERNESTO: No sea malo, Simón. Para que vaya haciéndose a la idea de que en la gran urbe hay alguien que anda por ahí trabajando por su seguridad, por su bienestar, por...


SIMÓN: Ernesto, ¿le puedo preguntar algo? Y por favor, sea sincero 


ERNESTO: Sí. Cómo no.


SIMÓN: ¿Todo esto… es real?


ERNESTO: ¿Qué quiere decir?


SIMÓN: Esa capa, sus salidas, esto que cuenta, ¿son cosas reales o es un guiye para …? Usted me entiende.


ERNESTO: No del todo.


SIMÓN: El levante.


ERNESTO: ¿El levante?


SIMÓN: Para el levante, hombre, la conquista de señoritas. 


ERNESTO: ¡Qué dice, Simón!


SIMÓN: No se violente, no hay nada malo en eso. El levante es un componente importante en la vida del hombre. Antes y después del matrimonio nosotros debemos crear historias que nos permitan el levante. Sucede desde que el mundo es mundo.



ERNESTO: Todo bien, pero le aseguro que no es mi caso.


SIMÓN (sin escucharlo): Yo tengo cien, mil historias. Modestamente podría escribir un libro sobre el levante. Son como ficciones paralelas que funcionan a la par del guión principal, ¿comprende? En mis historias yo he sido chef internacional, ex campeón de Fórmula 1, prestidigitador, Senador de la Nación. Este mi último levante soy aventurero del mar dueño de un yate.



ERNESTO: Ah, mire.



SIMÓN: Me pongo una gorra marinera, me siento en una mesa de La Biela o de Roud Point y digo que acabo de desembarcar. Si alguna duda muestro la foto de un barco.


ERNESTO: Qué bien. Pero le repito que no es mi caso, yo no invento historias para ese tipo de cosas.


SIMÓN: ¿No le gustan las señoritas? 


ERNESTO: Sí que me gustan.


SIMÓN: ¿Y entonces?


ERNESTO: No sé. Yo amo a Mariela.



SIMÓN: O sea que no inventa historias, ni le interesa el levante. 


ERNESTO: No.


Simón se queda pensando. Tiempo.



SIMÓN: Bueno, entonces hablemos de números. Dígame, ¿cuáles son sus ingresos? ¿Percibe algo parecido a un sueldo? ¿Con qué bancos operan usted, Linterna Verde, el  Capitán América?


ERNESTO: Bueno…es que yo todavía…



SIMÓN: Sepa que Mariela es una chica educada, sensible, con necesidades concretas.

¿Es monotributista? ¿Emite factura? Si proyectaron una vida en común en algún momento deberán comprar casa, necesitarán ir de vacaciones, comprar un auto.


ERNESTO: Sí, obviamente…



SIMÓN: ¿Está en condiciones de solicitar un crédito? ¿Un préstamo prendario? Ella necesita un medio de locomoción urgente, no pretenderá que siga cruzando toda la ciudad en tres colectivos para llegar a la Clínica.



ERNESTO: No, claro... Pero comprenderá que así todo junto… Quiero decir, son cuestiones que se van resolviendo con el tiempo…


SIMÓN (reaccionando): ¡Es que no hay tiempo!... (cambiando) Muchacho, ¿por qué no lo piensa?


ERNESTO: ¿Qué quiere decir?



SIMÓN: ¿Usted ama de verdad a mi hija? 


ERNESTO: Sí.

SIMÓN: ¿Quiere evitarle sufrimientos? 


ERNESTO: Por supuesto.


SIMÓN: Entonces déjela libre. Todavía no tienen hijos, existe el divorcio express. Tengo un estudio de abogados amigo que lo soluciona en veinticuatro horas.


ERNESTO: ¡Qué está diciendo!


SIMÓN: Soy realista. Piénselo, en este trabajo suyo, ¿una familia no es un estorbo? Además yo lo puedo ayudar, desde la empresa le puedo donar una suma importante para que entrene, no sé, para que diseñe súper armas; y mientras tanto le va a asegurar a Mariela una vida normal.


ERNESTO: ¿Me está coimeando, Simón?



SIMÓN: No lo estoy coimeando, ni pretendo ofenderlo, soy un padre preocupado, nada más. Tómelo como un aporte desinteresado a la Liga de la Justicia.


Entran Mariela y Jorgelina con bolsas de comida y bebida y cortan el clima tenso.


JORGELINA: ¡Hola! ¿Tardamos mucho?


MARIELA: Vamos a comer que es tarde (a Ernesto) ¿Qué pasa? Estás pálido, ¿te duele el ojo?


ERNESTO: Casi nada. Ya estoy bien



Por señas, Simón le dice a Ernesto que lo piense y Ernesto le responde que no.



MARIELA: ¿Qué hacían?



ERNESTO: Charlábamos mientras las esperábamos. ¿Qué consiguieron? (va hasta las bolsas) ¡Milanesas! Son buenísimas, ya van a ver. ¡Y trajiste mi cerveza, sos lo más, amor!


Ernesto besa a Mariela. Jorgelina se sienta en el sofá junto a Simón.


JORGELINA: ¿Qué pasó?


SIMÓN: Nada.


JORGELINA: A mí no me engañás, ¿estuviste martirizando al pobre chico? 


SIMÓN: Para nada.


ERNESTO (desde la mesa): Bueno, ¿comemos? 


APAGÓN





ESCENA 6

Música de suspenso, es de noche, el ambiente está vacío, vemos entrar a Ernesto proveniente del cuarto, ocultándose. Viene tomando de una lata de cerveza, va hasta el espejo, se observa en pose. Luego va hasta el maletín, lo abre y saca el libro de tapas gruesas, lo hojea, se detiene y lee. A continuación extrae la varilla con la piola y la arandela, inserta la varilla en la parte superior del espejo. Hace pendular la arandela, se coloca a distancia, se pone de espaldas, respira. Sosteniéndose ambas sienes con los dedos, gira de golpe clavando la mirada en la arandela.


ERNESTO: ¡Immobility!


La arandela no se detiene. Toma otro trago de cerveza, se relaja, respira, se concentra y repite la operación.


ERNESTO: ¡Immobility!



El resultado es el mismo. Ernesto guarda todo en el maletín. Se tira en el sofá descorazonado, bebe, se entreduerme. De golpe vemos materializarse al Consultor Supremo. Parado sobre una silla e iluminado cenitalmente con una luz potente, la aparición tiene cabellos y túnica blancos y lleva unos lentes para sol. Es una combinación de pastor evangelista, jefe de un cartel de droga mexicana y padre de Súperman. Ernesto se incorpora de un salto.


CONSULTOR SUPREMO: El sufrimiento nos hace fuertes, güey. Si abrimos nuestra sensibilidad para experimentarlo nos vuelve poderosos. Es el arma más valiosa que atesoramos, soportar el pinche dolor sin quebrarnos. Y eso nace del poder más condenadamente humano. ¿Tu sabes cuál es ese poder?


ERNESTO: ¿M-me pregunta a mí?



CONSULTOR SUPREMO: Pues a quién sino, Ernesto.


ERNESTO: ¿Me conoce?


CONSULTOR SUPREMO: Responde a mi pregunta, compa, ¿sabe cuál es? 


ERNESTO: Ni idea.


CONSULTOR SUPREMO: La fe. Ese poder es la pinche fe. ¿Vas captando? 


ERNESTO: Maso.


CONSULTOR SUPREMO: La fe, my friend. Hay un ser extraordinario habitando en ti, alguien bien padre que te provee de fuerzas, te hace ecuánime, noble, honesto, incorruptible. Aunque a veces ese chingón te obligará a renunciar a aquello que amas, y al final te permitirá morir por un ideal. En otras palabras, ese es tu poder y al mismo tiempo tu maldición. ¿Sigues el concepto?



ERNESTO: S-sí.



CONSULTOR SUPREMO: No mientas, primo, en tus ojos sobrevuela la duda. A ver, repasemos, ¿hasta ahora qué tienes de todo lo que te dije?


ERNESTO: Bueno… Habló, ¿de un poder?


CONSULTOR SUPREMO: Bien, Ernesto, de un poder.



ERNESTO: ¿Usted se refiere a un poder especial? Digamos, ¿a un súper poder? 


CONSULTOR SUPREMO: No te apresures, no preguntes. Piensa.


ERNESTO: Porque si se refiere a eso, le juro que estoy trabajando muy fuerte. Falta poco, prácticamente no falta nada, ¿sabe? Tengo una intuición muy fuerte de que...


CONSULTOR SUPREMO: ¿Intuición, has dicho? 


ERNESTO: Sí, ¿por?


CONSULTOR SUPREMO: La intuición es padrísima, la intuición es insustituible. Pero no alcanza.



ERNESTO: ¿Ah, no?



CONSULTOR SUPREMO: Y aquí volvemos al principio: la fe, güey. Como bien dice tu atractiva madre, Adelma, aquí necesitamos de la fe.


ERNESTO: ¿También conoce a mi madre?



CONSULTOR SUPREMO: ¿Qué si la conozco, vato? Tu madre es una sensibilidad única, una mujer sabia llena de un inquietante sexappel.


ERNESTO: ¿“Inquietante sexappel”? P-perdón, pero ¿entre ustedes…?



De repente se materializa la madre de Ernesto, parada sobre otra silla, con túnica blanca e igualmente iluminada.


MADRE: ¡Bueno, bueno, bueno! 


ERNESTO: ¡Mamá!



MADRE: ¿Por qué no te concentrás en lo que te está diciendo Ronald, en vez de andar haciendo preguntas indiscretas?


ERNESTO: Es que no termino… ¿Vos estás saliendo con este tipo? 


MADRE: ¡Y a vos qué te importa!


ERNESTO: N-no sé, digo. Como papá falleció en marzo del año pasado...



MADRE: ¿Vos tenés una pálida idea de con quién estás hablando? ¿Sabés quién es Ronald?


CONSULTOR SUPREMO: Órale, Adelma, no presiones al chico.



MADRE: Es uno de nuestros principales líderes del Triunvirato Celeste de Yucatán. Además de consultor supremo para América Latina y el Caribe.


ERNESTO: ¿Consultor… de súper-héroes? 


MADRE: ¡Erni, disculpate ya!


ERNESTO: Bueno… Perdóneme.



CONSULTOR SUPREMO: No hay problema, primo. Tú estás accediendo a un universo del que ignoras casi todo. Pero, sabes Adelma, al vato le noto energía, le noto fuerza interior (mira la hora) Ahora lamentablemente tengo que seguir camino.


MADRE: Por supuesto, no te entretenemos más. Antes, si te parece, hagamos la foto (saca el celular, a Ernesto) Ponete al lado. ¡Sonreí, Erni, con gesto enérgico, necesitamos convicción!


La Madre les saca una foto.



CONSULTOR SUPREMO: Medita sobre nuestra plática. Y a ti te llamo luego, ¡Bye, Adelma!


MADRE: ¡Chau, caro!



La Madre le tira un beso con la mano, el Consultor Supremo se apaga y desaparece. La madre vuelve a subirse a su silla. Ernesto queda anonadado.



MADRE: ¿Qué pasa?


ERNESTO: No sé. Este tipo, vos, los dos arriba de las sillas… ¿Esto real o es un sueño?



MADRE: ¡Obvio que es real! No te imaginás lo que me costó traer a Ronald. El favor que nos hizo al haber venido. Pero tiene toda la razón: necesitamos resultados.


ERNESTO: Hago lo que puedo.



MADRE: ¡Es poco, Erni! Mirá tu lenguaje corporal, tu estado físico, ¿qué dijimos de la cerveza?


ERNESTO: Ya casi no tomo, salvo en alguna que otra ocasión. Pero hay algo de lo que dijo que es verdad: dudo todo el tiempo, mamá, me lleno de preguntas. ¿No pensaste en la posibilidad de que en realidad yo no sea ?



MADRE: ¡Basta! ¡No sigas! Ernesto, grabátelo en la cabeza: vos sos el elegido.


ERNESTO: ¿Cómo sabés?


MADRE: El sueño premonitorio.



ERNESTO (hinchado): ¡El sueño premonitorio!



MADRE (sin acusar recibo): El día de tu alumbramiento lo vi con claridad: ‘Nuestro señor dios padre y madre’ fue generoso con nosotros y nos brindó esta misión. Solo faltaba esperar el momento, y con la muerte de tu querido padre supe que ese momento había llegado.


Se escuchan ruidos de martillazos.


MADRE: Tito, ¿podes parar que estoy hablando con Ernesto? 


ERNESTO: ¿El tío Tito? ¿Qué hace en casa el tío Tito?



MADRE: ¿Viste que es maestro mayor de obras? Me está ayudando. Le pedí que derrumbara el quincho del fondo para hacer tu centro de operaciones.


ERNESTO: ¡Qué decís!



MADRE: No se hable más, hijo, tenés que tener tu propia baticueva, ernicueva, o cómo se diga.


ERNESTO: Pero, ¿en Haedo? Hasta el centro tengo una hora y media de viaje.


MADRE: Erni, ¿quién organiza acá?... Además es probable que también tengan que venirse a vivir a casa. Andá hablándolo con Mariela. ¿Me lo prometés?


ERNESTO: Okey, pero no si voy a poder decírselo ahora. 


MADRE: ¿Por? ¿Qué pasa?


ERNESTO: Cosas nuestras


MADRE: ¿Cómo que cosas nuestras? ¿No se entienden? Evidentemente la chica te cela, lo vi desde un principio, compite con tu luz.


ERNESTO: Ahora no quiero hablar de eso, mamá.


Se escuchan golpes y un murmullo.


MADRE: Me dice tu tío que te pregunte si los caños de la luz del quincho pasan por el piso o por la pared.


ERNESTO: ¡Y yo qué sé! ¡Basta, por favor, mamá, embarullás todo!


MADRE: ¡Bueno, bueno! No pierdas el equilibrio. Recordá los ejercicios de respiración. ¿Ahora qué respiración correspondería?


ERNESTO (hinchado): Abdominal.


MADRE: Abdominal, bien. Ponemos una mano en la parte superior del pecho y la otra en tu abdomen…


Ernesto, hace los movimientos indicados mientras repite las mismas palabras.


MADRE: Inspiramos profundamente, la mano en tu…. cho debe permanecer quie… y la de…. domen de.. ir a la vez… que juntás el ai… tené… la resp…tando…ta…tres…


ERNESTO: ¿Qué? ¿Cómo? Mamá, se entrecorta, no te entiendo.


La luz cenital que ilumina la Madre comienza a titilar, su voz se entrecorta, finalmente se apaga y desaparece. Entra Mariela, en pijama. Trae un vaso de agua. Sorprende a Ernesto, de pié, hablándole a la nada.


MARIELA: ¿Qué hacés?



ERNESTO: No sé. Creo que tuve una pesadilla.



Mariela va hasta la mesa, de un blíster saca una pastilla y la traga con el agua.


MARIELA: Yo no puedo dormir.


Ernesto se despereza, se encamina hacia el cuarto.


ERNESTO: Yo me voy a acostar. Hoy fue un día matador. 


MARIELA (deteniéndolo): Erni, me encantaría creer en todo esto.

ERNESTO: Amor, solo te pido paciencia. En breve las cosas se van a encaminar, ya vas a ver. Estoy trabajando en algo importante, cuando eso se dé, el resto va a tomar sentido.



MARIELA: ¿En qué estás trabajando? 


ERNESTO: No puedo hablar.


MARIELA: Erni, soy tu mujer.


ERNESTO: ¿Me prometés discreción? 


MARIELA: Obvio.


ERNESTO: El rayo paralizante


MARIELA: ¿El rayo paralizante? (reaccionando) ¡¿El rayo paralizante?!? 


ERNESTO: Bajá la voz, por favor.


Mariela, se pone a temblar, sufre una crisis de nervios, se agarra de la mesa como si estuviera a punto de caer, Ernesto la sostiene.


ERNESTO: Vení, sentate. Hoy estuviste todo el día muy tensa.


MARIELA: ¡¿El rayo paralizante?!? ¿Sabés?, no puedo creer que esté pasando esto: que vos estés así vestido, que hablemos de un rayo paralizante. Por momentos me digo “Mariela, es una pesadilla, a la cuenta de tres vas a despertar”, pero cuento uno, dos, tres y no despierto, nunca despierto (lloriquea)


ERNESTO: Es que no tenés que despertar. Esto es real.


Mariela lo observa y vuelve a lloriquear, se calma, señala hacia el maletín de Ernesto.


MARIELA: Vi ese libro en el maletín. ¿“10 Tips para el desarrollo del superhéroe moderno”? ¿Quién escribe ese tipo de cosas? Te lo dio ella, ¿no?


ERNESTO:



Mariela se incorpora, busca las palabras.



MARIELA: Erni, por si no te diste cuenta: tu mamá no está bien. 


ERNESTO: ¿Qué querés decir?


MARIELA: De la cabeza, digo. Tu mamá está re loca.



Ernesto reacciona y comienza a salir.




ERNESTO: Si vamos por ese lado me niego a seguir.


MARIELA: ¡No, esperá, perdóname! Lo que pasa es que yo pienso, le doy vueltas, trato de entender.


ERNESTO: ¿Y qué cosa no entendés?


MARIELA: Semejante cambio, Erni. Cuando yo te conocí estudiabas en la UADE. 


ERNESTO: Sí, Administración de Empresas.


MARIELA: No sé, eras ambicioso, tenías sueños. Y eras encantador. ¿Te olvidaste de eso?


ERNESTO (se sienta junto a Mariela, cambiando): ¿Cómo voy a olvidarme?


MARIELA: Nos íbamos a ver el amanecer a la Costanera, esperábamos a que abrieran los puestos de flores y me comprabas un ramo de fresias.


ERNESTO: Y desayunábamos en el bar de Aeroparque. Café con leche con churros. Y yo me iba durmiendo en la mesa mientras vos cantabas. ¿Qué cantabas?


MARIELA (canta): Memoria hostil de un tiempo de paz / sin paz / Narices frías de una noche atrás.


ERNESTO Y MARIELA (cantan a dúo): Besos por celular / las momias de este amor / piden el actor de lo que fui… *


ERNESTO: Y cuando te quedabas a dormir en casa, si llegaba mamá tenía que esconderte en el placard (ríen)


MARIELA: Yo me enamoré de ese chico, Erni, ¿dónde quedó?


ERNESTO: Acá, mi amor, ese chico y Súper Ernesto somos la misma persona.



Mariela se ensombrece, se incorpora.



ERNESTO: ¿Qué pasa?


MARIELA: Hoy hablé con mi hermana. Quiero que me digas algo y que, por favor, seas honesto. ¿Qué le dijiste a Mati?


ERNESTO: ¿A Mati?...


MARIELA: Sí, a Mati. ¿Qué le metiste en la cabeza?


ERNESTO: Ah, nada, estuvimos hablando. Me preguntó algunas cosas y… 


MARIELA: ¡Tiene seis años, Ernesto! ¡A vos evidentemente algo en la cabeza no te funciona! ¿Sabés que el domingo, en la pileta, tuvieron que hacerle reanimación durante cinco minutos porque casi se ahoga? Dijo que estaba entrenando para desarrollar el poder de Aquaman.


ERNESTO: No puede ser.


MARIELA: ¡Sí puede ser! Carla me dijo que tuvo que calmar a Andrés porque quería venir a cagarte a piñas. ¿Qué opinás de eso? Me dijo que no vuelvas a acercarte a Mati. Y que mientras yo esté con vos, tampoco (lloriquea) ¡Mati es mi ahijado, Erni!


Ernesto también se incorpora, vuelve al espejo, se estudia. Tiempo.


ERNESTO: Hay que ser fuertes, Mari. Hay que ser muy fuertes.


Se escucha el goteo en el baño.


APAGÓN




ESCENA 7

Ernesto está en el sofá recostado mirando el techo, toma cerveza, sobre la mesa hay un pack con más latas. Se escucha la voz del portero desde el baño.


OFF PORTERO: Unos pocos son los que tienen los contactos, las relaciones, se llenan los bolsillos, mientras que el resto está a la buena de Dios. ¿Es así o no es así? Bueno, usted debe trabajar para esos, Don Ernesto.


ERNESTO: Para todos.


OFF PORTERO: Sí, para todos. Pero sobre todo para esos.


Entra el portero limpiándose las manos con un trapo.


ELVIO: Era una pavada, le cambié el flexible.


Ernesto saca una lata del pack, la abre y se la da al portero.


PORTERO: Le acepto, pero una sola porque en un rato van a venir los del tanque de agua.


ERNESTO: Lo que yo digo es que no sé si voy a poder.


PORTERO: ¡Va a poder, va a poder! ¿Cómo no va a poder? Usted no se da cuenta de lo afortunado que es. Dígame, ¿quién no soñó alguna vez con ser alguien como usted, luchar contra los malhechores? ¿Cuántos se atreven a hacer algo así? Y usted se atrevió. Don Ernesto, usted es como el General, es la voz de los que nada tienen, su brazo ejecutor, ¿comprende?... Brindo por eso.


ERNESTO: Salud.


Toman ambos un largo trago de cerveza y eructan.



PORTERO: ¿No vio la caja con los mensajes? 


ERNESTO: Sí.



PORTERO: ¿Dónde la puso?



ERNESTO: La guardé. No quiero que la vea Mariela.


PORTERO: ¿Y por qué no? Las mujeres son desconfiadas. Así va a entender. ¿Los leyó con atención? Esa es la gente de la que le hablo, los laburantes, los tipos que se levantan cada mañana con un sueño, los que apuestan al trabajo, los que ayudan al vecino. Mire, yo había traído algo para darle (busca en sus bolsillos, saca un papel doblado) Usted sabe que yo estoy en la gremial de los encargados de edificio, les conté a mis compañeros lo que hace y lo trataron en la asamblea. Mire lo que le enviaron.


Se lo da, Ernesto lee, se conmueve.



PORTERO: Firmado por toda la junta directiva. ¿Se emocionó? Llore, Don Ernesto, que no es ninguna vergüenza, eso demuestra que usted es un ser especial, usted es un distinto. Brindo por eso.



ERNESTO: ¡Salud!


Toman ambos un largo trago de cerveza y eructan. Se mantienen pensativos. 

BREVE APAGÓN. 

Cuando vuelve la luz hay envases desparramados por el piso de la sala, transcurrieron un par de horas, se tomaron toda la cerveza del pack y están algo borrachos.


PORTERO: Totalmente enamorada. 


ERNESTO: ¿De quién?


PORTERO: ¿No le digo? De usted. 


ERNESTO: Ja ja ja. ¡Genial!





PORTERO: Es más, me preguntó cómo se llevaba con su señora. 


ERNESTO: Noooo. ¿Pero Doña Amparo qué edad tiene?


ERNESTO: Debe andar por los ochenta y cinco, ochenta y seis. Jajaja. Dice que usted es el calco del marido cuando se alistó en Marina Mercante. Me mostró el retrato. Y dice que no hubo más robos en ninguno de los locales de la galería y que desde que está usted pueden dejar abierto hasta tarde. Don Ernesto, ¿no se da cuenta? Usted despierta cosas en la gente.


ERNESTO: Brindo por eso. 


PORTERO: ¡Salud!


Toman un largo trago de cerveza, eructan. Llega Mariela proveniente de la calle, lleva puesto el ambo de médico. Ernesto y el Portero se sienten en falta.


ERNESTO: ¿Qué hacés, amor? Elvio acaba de solucionar la pérdida del baño.


Mariela los mira con expresión gélida, comienza a levantar las latas vacías del piso. Cohibido, el portero no sabe qué hacer con la suya, se la va a dar a Mariela, se arrepiente, la apoya sobre la mesa.



PORTERO: Bueno, yo ya me iba.



ERNESTO: Pará, cobrame el arreglo. ¿Mari, tenés algo de cambio? Elvio, ¿cuánto es?


PORTERO: Por favor, Don Ernesto, para alguien como usted invita la casa. Hasta luego, señora.


Mariela no responde. El portero sale.



MARIELA: ¿Adiviná quién me llamó a la clínica? 


ERNESTO: No sé.


MARIELA: Tu madre. Explicame, ¿qué es eso de que nos vamos a vivir a tu casa?



ERNESTO: Ah, ya te dijo.


MARIELA: ¿Me lo pensabas contar en algún momento? 


ERNESTO: Sí, obvio.


MARIELA: ¡Erni, olvidate! ¡Ni loca me voy a vivir a Haedo, y menos con tu madre! Después me dijo de algo de no sé qué cosa que está construyendo en el fondo. Tu mamá está cada vez peor, Ernesto, necesita algún tipo de ayuda psicológica. Y además me odia.


ERNESTO: ¡Qué decís!


MARIELA: Que no me quiere. Desde la primera vez que nos vimos. Tu madre no me quiere.


ERNESTO: Eso no es justo, a su modo, pero mamá te aprecia.


MARIELA: Mirá, hay formas y formas de intentar sacarse de encima a una nuera (lo señala) ¡Pero no esto!


ERNESTO (apartándose): ¿Qué querés decir? ¡Yo no soy un títere de nadie!


MARIELA: A esta altura no que sos. Pero de algo estoy segura: un superhéroe no sos.


ERNESTO: Sí soy.


MARIELA: ¡No sos!


ERNESTO: ¿Y si no soy un superhéroe, a ver, qué soy? 


MARIELA: ¿Querés que te lo diga?


ERNESTO: Por favor.


MARIELA: Sos un pelotudazo de treinta años, casado reciente, sin un trabajo fijo, que vive en un departamento alquilado y sin muebles, y que si no fuera por su mujer que se mata haciendo guardias, hace seis meses que viviría en una plaza.


Ernesto intenta asimilar el impacto, vuelve al espejo, se contempla.


MARIELA: ¿Podés dejar de hacer eso mientras hablamos? Escuchame bien: necesitamos plata. Yo tengo cuotas atrasadas de mi matrícula, necesito comprarme ropa.


ERNESTO: Me estás presionando.


MARIELA: No te estoy presionando, te hablo del mundo real. Necesitamos un auto para movernos, me quiero hacer socia de un club para ir a tomar sol los fines de semana. El mes que viene mis padres y Carla alquilan casa en Cariló, ¿por qué nosotros no podemos ir?


ERNESTO: Me estás presionando.


Ernesto rumbea hacia el dormitorio, Mariela lo persigue.


MARIELA: Quiero una vida normal, con planes, con ocupaciones normales (lloriquea) Si por lo menos siguieras usando la máscara.


ERNESTO: ¡Sabés que tengo la piel sensible y me irrita las mejillas!


MARIELA: ¡Pero no te reconocían, Ernesto! Cruzarnos con conocidos es tan vergonzoso. ¿Sabés las cosas que me dicen en el trabajo? En la Sala de Guardia me pegan carteles. La semana pasada tuve que ir a hablar con el Director del Servicio, me dijo que lamentaba mi situación familiar, que me ofrecía una licencia.


ERNESTO: ¡Basta, Mariela!


MARIELA: ¡Basta las pelotas! ¿Y nuestros hijos? ¿Recordás lo que planeamos? Yo en un año más quiero tener, primero una nena, después el varoncito (lo señala, el llanto casi le impide continuar) Te imagino yendo así a las reuniones de padres de la escuela, corro al baño y vomito.


ERNESTO: ¡Basta, Mariela! ¡Basta! ¡Mariela, mirame!



Mariela lo mira sin comprender, Ernesto se lleva los dedos a las sienes y le clava la vista.


ERNESTO: ¡Immobility!


Mariela queda paralizada. Estupefacto, Ernesto se acerca y la estudia.


ERNESTO: ¡Mierda! 


APAGÓN





ESCENA 8

Continuación de la escena anterior.



ERNESTO: ¡Funcionó, mierda! ¡Mariela! ¡Mari! ¡Reaccioná! (la apantalla) ¿La asesiné? ¡Mari, mi amor! (le apoya el oído en el pecho) El corazón le late y respira. ¿Y ahora cómo hago para hacerla volver? ¡El libro! (corre hasta el maletín y saca el libro, busca) En algún lado tiene que decir cómo des-paralizar. ¡Nada, no dice nada! (vuelve junto a Mariela, la sacude con desesperación) ¡Dios! ¡Mari, mi amor! Tengo que hablar con mamá (llama con el celular) ¡La puta, no contesta! ¿Dónde se metió?


Suena el portero eléctrico.



ERNESTO: Justo ahora, ¿quién será? (atiende) Hola… Ah sí, b-bueno, si quieren suban. ¡Los padres! ¿Qué hacen acá? Tengo que esconderte, Mari, tengo que ponerte en algún lado. ¡Mi amor, qué pesada estás!


Ernesto intenta alzar a Mariela para llevarla al cuarto pero no puede, tomándola por la espalda consigue ubicarla junto a la pared. Va hasta el baño, vuelve con un toallón, le da un beso en la mejilla y se lo pone en la cabeza.



ERNESTO: Perdoname, pero no quiero que te vean en este estado. Tus padres seguro que se van enseguida, ¿sabes? Vos despreocupate y descansá.


Suena el timbre, Ernesto va a abrirles.


JORGELINA: Hola Erni, ¿Mariela no vino? Íbamos a ver un departamento en alquiler. 


SIMÓN: Es raro, ya tendría que estar acá.


JORGELINA: Hablamos por teléfono y quedamos en encontrarnos. ¿No le habrá pasado algo? Tengo un mal presentimiento. ¿Qué le pasa Erni? Usted está raro.


ERNESTO: No, n-nada. Debe ser el trabajo.



Simón descubre a Mariela, va hasta ella y le saca el toallón de la cabeza.


SIMÓN: ¿Y esto?


JORGELINA: ¡Hija! ¡Hija, contestame! 


SIMÓN: ¿Qué le hizo, psicópata?



ERNESTO: No se alarmen, está bien. Fíjense que respira. Solo que está…. Simón, ¿recuerda lo que le comenté sobre el proyecto en el que estaba trabajando? Bueno era el rayo paralizante, y funcionó.


SIMÓN: Ya veo.


ERNESTO: Ahora solo hay que volverla al movimiento. 


SIMÓN: ¿Y qué espera? ¡Hágalo!


ERNESTO: En eso estoy. Justo estaba viendo cómo hacer cuando llegaron ustedes. Son unos segundos, ténganme paciencia (camina nervioso, habla para sí, vuelve al libro) Acá dice paso a paso todo lo que hay que hacer pero no explica nada de cómo volverla. Tengo que pensar en otra cosa. A ver, ¿qué dijo el tipo este Ronald? Decir dijo de todo pero apenas le entendí. Habló del poder, habló de la fe. ¿Qué tengo que hacer, ponerme a rezar? Es una estupidez. ¿Qué cosa distinta, qué cambio hice para que el rayo paralizante funcionara? ¡Pensá, pensá! ¡La cerveza! Cuando le lancé el rayo a Mariela con Elvio habíamos tomado cerveza. ¿Y saber eso para qué me sirve? No puedo pensar, necesito más tiempo.


Mientras Ernesto va de un lado para otro hablando solo, Jorgelina y Simón lo vigilan.


JORGELINA: ¡Ay, Simón, tengo miedo! 


SIMÓN: Te advertí que estaba loco.


JORGELINA: Por qué no sacás el teléfono disimuladamente y llamás al SAME. A la nena puede hacerle mal mantenerse así quieta tanto tiempo.


SIMÓN: ¡Al 911 voy a llamar! Este tipo es un peligro.



JORGELINA: ¿Por qué me discutís todo? ¡Llamá al SAME! Ahora lo importante es la salud de nuestra hija. Ay, acá viene. Guardá el celular y no le discutas a ver si tiene un brote psicótico.



Ernesto se acerca a Simón y a Jorgelina.



ERNESTO: Miren, ahora estoy algo complicado y comprenderán que tengo que solucionar esto, así que disculpen por lo que voy a hacer.


SIMÓN: ¿Qué va a hacer? ¿Va a salir volando? Tranquilícese. 


JORGELINA: Sí, Erni, no lo tome tan a pecho.


ERNESTO: ¡Jorgelina, míreme!


Ernesto se lleva los dedos a las sienes, la mujer se espanta y pega un grito.


ERNESTO: ¡Immobility


Jorgelina se paraliza.


SIMÓN: ¡Qué hacés, animal!



ERNESTO: No se preocupe. Le juro está todo bajo control. 


SIMÓN: ¡Qué va estar bajo control!


ERNESTO: Ahora míreme.


SIMÓN: ¡Ni loco! ¿Qué me viste, cara de idiota? (Simón corre hacia la puerta)   ¡Ayuda! ¡Socorro!



ERNESTO: ¡Simón, Immobility!



Simón también se paraliza.



ERNESTO: ¡Mierda! También a distancia. ¡Pero esto está mal! ¡Esto está muy mal!

¡Estoy Descontrolado! ¿Qué voy a hacer si no puedo volverlos?



Ernesto vigila el palier para constatar que no se escucho el pedido de auxilio, cierra la puerta, acomoda a Simón y a Jorgelina en un costado.


ERNESTO: Me desconozco, me transformé en un criminal, en el secuestrador de mi familia política. ¡Tal vez en un parricida!


Vuelve a llamar a la madre.



ERNESTO: Hola… Funcionó… ¡Que funcionó! El rayo paralizante funcionó, los paralicé y ahora no sé cómo volverlos. ¡Esto es un descontrol, mamá, estoy desesperado! ¿Me escuchás?... ¿Cómo a quién? A Mariela, al padre y a la madre. ¿No te digo? Les lancé el rayo y los paralicé… (cambiando) Sí, la verdad que sí. Tanto esfuerzo, tanto esfuerzo y al final... Y claro que estoy feliz. ¡No! ¡Qué me hacés decir, cómo voy a estar feliz si no sé si eliminé a mi propia mujer! ¡Soy un criminal, soy un parricida, mamá! ¡Yo no quería esto! ¡Vos me obligaste! (lloriquea, camina nervioso de un lado para otro)… ¿Desaparecer los cuerpos? ¡Cómo desaparecer los cuerpos, tiene razón Mariela, vos estás demente!... Ah, es un chiste. ¡Gracias, porque yo ahora estoy para chistes, viste! Escuchame, no sé si sirve de algo pero descubrí que para lanzar el rayo paralizante ayuda la cerveza… Sí, la cerveza, tomar cerveza. Se ve que la malta o el lúpulo tiene algún elemento potenciador que actúa en la sangre o en el cerebro. Vos que querías que la dejara, ¿te das cuenta? Pero ahora estoy mal, tengo taquicardia, estoy angustiado, no sé qué hacer. Tienen que volver en sí y en el libro de mierda ese no dice nada. ¿Cómo no van a poner algo tan importante?... ¿Gritarles? ¿Cómo gritarles? ¿Y qué les grito? Okey, okey, pruebo…. ¡Sí, sí, me acerco y les grito, no soy idiota!

Pruebo y te llamo, dale, chau, chau.


Ernesto guarda el celular y comienza a moverse en torno a los paralizados y a lanzar distintos tipos de gritos sin resultado, prueba con amenazas, simula patadas, distintos golpes. En un momento pasa delante de Mariela, aplaude frente a su rostro y esta vuelve en sí.


ERNESTO: ¡Ay, mi amor, qué susto, volviste! 


MARIELA (atontada): ¿Qué pasó?


ERNESTO: ¡Qué suerte, Mari, estás bien! Nada, nada, vení, sentémonos. 


MARIELA: Me siento rara.


ERNESTO: Sí, es probable que te sientas rara por un rato. ¿Te acordás que yo te hablé de que estaba trabajando en el rayo paralizante? Bueno, ¡felicitame! ¡Funcionó!


MARIELA: ¿Vos querés decir… que me paralizaste?


ERNESTO: Ajá. Y algo todavía más increíble, te hice reaccionar golpeando las manos. ¿No es loco? ¡Ay, mi amor, que susto me diste! (Ernesto la abraza)


MARIELA (soltándose, reacciona): ¡Vos sos un demente! ¡Ya estás más loco que tu madre! (de golpe repara en Jorgelina y Simón) ¡Papá! ¡Mamá!


ERNESTO: Ah, me olvidé de decirte que vinieron a visitarnos.


MARIELA: Y también…


ERNESTO: Sí. Pero tranquila, ahora los despierto como te desperté a vos. Mirá.


Ernesto se incorpora pero Mariela lo detiene.


MARIELA: Pará, no.


ERNESTO: ¿Qué pasa?


MARIELA: ¿Vos decís que les aplaudís en la cara…? 


ERNESTO: Y vuelven en sí.


MARIELA: Entonces esperá. 


ERNESTO: No entiendo.


Mariela se incorpora, va hasta el cuarto y vuelve con una valija, la abre sobre la mesa y comienza a poner ropa y libros.


MARIELA: Despertalos después.


ERNESTO: ¿Después de qué? ¿Qué hacés? 


MARIELA: Esto ya no funciona, Erni.


ERNESTO: ¿Te vas? ¿Estás loca?


MARIELA: Se acabó, no tiene sentido que sigamos de esta forma. 


RNESTO: Pero nosotros nos amamos.


MARIELA: Ya lo sé. Pero somos muy distintos, Erni. Y así no se puede vivir. 


ERNESTO: No es tan complicado, yo te acepto como sos, vos aceptame a mí.


MARIELA: No quiero que sigamos lastimándonos (lloriquea) Es doloroso, amor, pero tus misiones, esa capa absurda, el rayo paralizante. Yo no puedo competir con eso.


ERNESTO: Es que no tenés que competir, Mari, incorporalos a tu vida. Vos decís que es mi madre la que me convenció, pero no es así. Yo me levanto a la mañana, me pongo este traje y nunca soy más yo mismo. Es algo que está en mi naturaleza, es como el viento que sopla y mueve los árboles, como el agua que moja. ¡Por favor, no te vayas!


MARIELA: Discúlpame. No puedo (llorando, sale, pega la vuelta) Y te digo algo más, ese traje… te hace olor a transpiración.


ERNESTO (oliéndose las axilas): Uy, perdón, no me había dado cuenta. ¡Por favor, no te vayas, Mari, no me dejes! ¡Mari! ¡Mari!


Mariela sale.



APAGÓN




ESCENA 9

Se escuchan golpes a la puerta, esta se abre, vemos entrar al Portero. Hay latas de cerveza tiradas por el piso y un gran desorden. Los padres de Mariela aún siguen paralizados a un costado con una toalla en la cabeza cada uno. Siempre con el traje de superhéroe, Ernesto está tirado en el sofá. Su aspecto es de abandono, tiene el cabello revuelto.



PORTERO: Don Ernesto, su madre me volvió a llamar, dice que usted no atiende el teléfono. Don Ernesto, ¿se siente bien?


ERNESTO: Estoy bien. Me duele un poco la cabeza, nada más. Ahora la llamo.


PORTERO (entra una caja y la deja sobre la mesa): ¡Vamos con ese ánimo, hombre! Le traje algo que por ahí lo motiva, un obsequio del matrimonio de la fiambrería. Creo que son salamines tandileros.


ERNESTO: Gracias. Andá tranquilo, Elvio.


El portero sale. De golpe vemos materializarse a la Madre, parada sobre una silla, iluminada cenitalmente y con la túnica blanca.


MADRE: ¡No atiendas el teléfono, total yo estoy para perder el tiempo!


Ernesto no responde.


MADRE: ¿Me estás escuchando? 


ERNESTO: Sí, mamá.


MADRE: Y, ¿qué pasó?


ERNESTO: Se fue.


MADRE: ¡Levantate y vocalizá que no se te entiende! 


ERNESTO: ¡Qué se fue, que Mariela me dejó! ¿Estás satisfecha?


MADRE: ¡Bueno, bueno, bueno, a ver ese tonito! Lo único que falta que me culpes a mí de tu incapacidad emocional. ¿Y qué hacen tus suegros todavía acá?


ERNESTO: No sé.


MADRE: ¡Ernesto, dejá de comportarte como una criatura! ¿Qué hacen tus suegros acá? ¿Qué pensás hacer con ellos?


ERNESTO: ¡Te dije que no lo sé! Por ahí le pido a Elvio que me ayude y los llevamos al garaje, yo me voy y que él los despierte.


MADRE: ¿No pensás hablarles?


ERNESTO: En este momento es lo último que quiero hacer. Mamá, estuve pensando y te pido por favor que me dejes hablar y que no interrumpas. ¿Puede ser?


MADRE: Okey.


ERNESTO: Yo no sirvo para esto. Siempre repetís lo del sueño premonitorio. Bueno, te equivocaste. Los sueños son confusos, en ellos se mezcla todo, suceden cosas absurdas. Ahora mismo no sé si estoy hablando con vos o estoy soñando. Pero supongamos que lo de la revelación sucedió. ¿Y si la elegida era Marga y vos no lo supiste interpretar? Mi hermana siempre fue más inteligente, se recibió en la facultad con el mejor promedio, económicamente le va bien. Mamá, mirame, ¿qué cosa positiva hice yo?


MARGA: ¿Puedo hablar?


ERNESTO: Sí.


MARGA: Tu hermana es inteligente y todo lo que vos decís, pero es un ser egoísta y carente de sensibilidad. ¿Cuánto hace que no hablás con ella? ¿Vos sabés que desde que estamos con esto no me atiende más el teléfono? Tu querida hermana nos desconoce. La última vez me dijo que la avergonzamos, que tanto vos como yo tendríamos que estar en un neuropsiquiátrico y que yo soy la culpable de la temprana partida de tu padre. Decime, ¿con esa actitud te parece que puede ser ella?


ERNESTO: B-bueno...


MADRE (explotando): ¡Entonces, te pido por favor que no te metas con mis sueños premonitorios y -sobre todo- que no me digas a mí quién es y quién no es el elegido!


ERNESTO: Por favor, bajá la voz que me estalla la cabeza.


MADRE: Ahora te levantás, te tomás un ibuprofeno, te pegás una ducha y volvemos al trabajo. Decí la frase, es buen momento para ponerla en práctica.


ERNESTO: ¿Ahora?


MADRE: Ernesto, hace dos días que estás tirado en ese sofá emborrachándote. ¡Decí la frase!


Ernesto se incorpora pesadamente del sofá, cruza los puños por sobre la cabeza, dice la frase a desgano.


ERNESTO: ¡Súper Ernesto con la gente!



Y vuelve a derrumbarse.



MADRE: ¡No, así es imposible!



ERNESTO: Mamá, ahora no puedo. ¿No ves que estoy anímicamente destrozado? Y además no quiero que escuchen los vecinos


Tiempo.

MADRE: Muy bien. Hablemos del rayo paralizante. ¿Vos sos consciente de lo que lograste, no?


Ernesto se incorporará. A partir de aquí, poco a poco irá mejorando la actitud.


ERNESTO: Más o menos.


MADRE: ¿Cómo ‘más o menos’? ¿No lo ves? ¡Ahora definitivamente se abre otro panorama! ¿Vos sabías que podés agregar más poderes? ¿Qué cada súper héroe maneja un combo que va utilizando o combinando de acuerdo a la necesidad?


ERNESTO: Nada que tenga que ver con golpes, ni violencia, por favor. No sirvo para pelear.


MADRE: No necesariamente. ¿Qué te parece la velocidad del sonido? O volar. ¡Para sería maravilloso verte volar! Tengo que consultarlo con Ronald.


Ernesto va hasta el espejo, con más seguridad se acomoda el cabello, se estudia la cara. La madre lo contempla.



MADRE: Ponete derecho. ¿Y con el traje cómo vas?


ERNESTO: Creo que bien. Antes me apretaba en el pecho y la espalda, ahora lo siento más suelto.


MADRE: ¿Qué decías de la combinación de colores? 


ERNESTO: El rojo no termina de convencerme.


MADRE: El rojo tiene estar. Simboliza el poder y el coraje apasionado.


ERNESTO: Creo que lo que habías hecho con la gama del violeta tenía más onda. El problema ahora es la capa.


MADRE: ¿Qué hay con la capa?



ERNESTO: El calor. Fijate si la podés hacer de algo más liviano. Al mediodía, con el sol en la espalda transpiro como un chancho. Además, Mariela me dijo que esta tela produce olor a transpiración.


MADRE: Se podría probar con alguna fi…sint… con más al… dón… biar por un ras. terial más fino…



La luz cenital que ilumina la Madre comienza a titilar.


ERNESTO: ¿Qué decís? Se entrecorta, no te entiendo.



MADRE: Liamida o… serva la aireación…teniendo… sistencia. 


Su voz cesa, la luz finalmente se apaga y la madre desaparece. 


ERNESTO: ¡Hola! ¡Hola!... Se fue.


Tiempo, siempre frente al espejo Ernesto ensaya poses, le gusta cada vez más lo que ve. Se escucha una música épica de fondo que comienza a crecer, Ernesto se mira a los ojos con orgullo.



ERNESTO: Yo soy… quien vela por ti / yo soy el elegido / no soy un tipo distante / ni frio como el acero…


De golpe va hacia el frente y cruza los brazos por sobre la cabeza con los puños cerrados.


ERNESTO: ¡SÚPER ERNESTO, CON LA GENTE! 



APAGÓN FINAL



Celular, monólogo (Unipersonal) escrito por Pablo Albarello. (Argentina.)

 


 

 


  

CELULAR: Hasta el último pulso

Autor: Pablo Albarello


 

Introducción                                 

 

La obra de Pablo Albarello (Junín, Argentina, 1965) se inscribe en una tradición de la dramaturgia argentina contemporánea que utiliza el humor negro y el absurdo como herramientas de disección social. Albarello, heredero de la brevedad narrativa y el ritmo vertiginoso del teatro breve y el microteatro, construye en Celular una metáfora brutal sobre la alienación moderna.

 

En esta pieza, el dispositivo tecnológico deja de ser un objeto para convertirse en un órgano vital: el último hilo de Ariadna que une al sujeto con una realidad que ya no le pertenece. La obra dialoga con el existencialismo de Beckett (el "no-lugar", la espera, la incomunicación), pero lo actualiza mediante el consumo y la hiperconectividad. Bandi no es solo un alma en tránsito; es un consumidor que reclama sus "cien mangos de saldo" frente a la inmensidad de la muerte. La genialidad de Albarello reside en cómo lo cotidiano (el fútbol, una concesionaria de autos, los celos) choca contra lo trascendental, revelando la patética y humana resistencia al silencio final.


 

 

Sinopsis

 

Bandi, un hombre de unos 30 a 40 años, despierta en un entorno inhóspito, vacío y extraño. Está desnudo y solo posee un teléfono celular. A través de una serie de llamadas —a su socio, a su hermana, a su mejor amigo y a su novia— descubrimos que ha sufrido un accidente automovilístico fatal. En un estado de negación absoluta, Bandi intenta resolver conflictos triviales de su negocio de autos y sigue con pasión el resultado de una final de fútbol, mientras interactúa con una presencia misteriosa que parece evaluarlo. La obra es un unipersonal frenético donde la batería y el crédito del celular dictan el tiempo de descuento de una vida que se apaga.


 

 


 

 CELULAR



Hasta el último pulso


Unipersonal


Autor: Pablo Albarello




Esta obra ha sido publicada para su difusión libre y gratuita, si bien quedan reservados todos los derechos de propiedad intelectual. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y a fin de recabar la correspondiente autorización dirigirse a pablo_albarello@e-pol.com.ar o palbarello@argentores.org




Personaje

  

  • Bandi: (30 a 40 años).

 

I

Cuando da la luz Bandi está en escena, desnudo, tiene un celular en una mano. El lugar es absolutamente extraño, inhóspito, Bandi siente frío, se muestra shockeado, dominado por la angustia. Observa el entorno.

Bandi: La puta, ¿qué pasó? ¿Qué es ésto? (lloriquea, se calma) ¿Me secuestraron?... ¿Me golpearon? Si yo no hice nada. ¿Dónde estoy? ¡Qué garrón! (observa su desnudez, se cubre la entrepierna) ¡Me chorearon! ¡Sí, de cajón que me chorearon! (vuelve a mirar el entorno, lloriquea, se calma) No tienen paz, eh. ¿Dónde está la seguridad, me querés decir? Ya no se puede salir a la calle. (lloriquea, se calma) Hay que hacer algo urgente. Digo, ¿no? Qué sé yo, más patrulleros, endurecer las penas. Los chorros entran por una puerta y salen por la otra. (se toma el pulso en la muñeca y en la carótida, lloriquea) ¡No puede ser! (se calma) Más policías en las calles, controlar los puentes, las rutas de acceso. La única forma de que el chabón decente pueda laburar (lloriquea) Aparte ahora te salen pasados de merca, por un par de zapatillas capaz que te parten la cabeza. Se han roto los códigos, eso es lo que pasa. (lloriquea, se calma) Salgo del negocio, me subo al auto, voy por la Juan B. Justo, llego al club. No, del club no me acuerdo… ¡No puede ser! (lloriquea, se calma) Salgo del negocio, me subo al auto, voy por Fonseca, agarro la Juan B. Justo…. No, me tienen que haber golpeado en la cabeza, me tengo que haber desmayado o algo así…

Suena el celular que tiene en la mano, repara por primera vez en el aparato, se asusta, lo suelta, el celular cae al piso.

APAGÓN


II

Cuando vuelve la luz el celular sigue sonando, no se atreve a levantarlo, junta coraje, lo alza, atiende.

Bandi: ¡Hola, Cachi! ¡Qué hacés, titán!… Y yo acá (lloriquea, se calma) Decime, Cachi vos por casualidad no te enteraste de nada raro, ¿no?… No, por nada. Es que pasó algo… Quiero decir: a mí, me pasó algo... Salí de la concesionaria, viste, agarré la Juan B. Justo para irme hasta el club que teníamos la final del reducido de Papy y… (lloriquea) La cuestión es que estoy… ¡No sé dónde estoy, Cachi, y me dejaron en bolas!… ¡Sí, en bolas y con el celular en la mano! No sé si me chorearon, si choqué, si me chorearon y choqué… (se calma) No, por la Juan B. Justo. Lo único que recuerdo… Si me chorearon me tendrían que haber tirado del otro lado de la General Paz, o en una villa, ¿no? (mira el entorno, se desespera) ¡NO SÉ DÓNDE ESTOY, CACHI!… (cambiando) ¡Está, está! ¡Estoy tranquilo, estoy tranquilo! Me debo haber golpeado en la cabeza, nada más. ¡Averiguame qué pasó, papá, haceme esa gauchada!…. La Juan B. Justo, saliendo de la estación Liniers, ahí nomás en la subida ¿te ubicás?…. ¡Estoy, estoy, super tranquilo!... Dale, averiguá y te llamo. No, mejor llamame vos. ¡Chau, Cachi, chau, chau! (corta, lloriquea, se calma, se cubre la desnudez) Necesito un pucho. Debo haber sufrido, cómo se llama esto: conmoción cerebral. ¡De cajón, es conmoción cerebral! (estudia el entorno, por unos segundos se mantiene alerta ante cualquier sonido o movimiento, vuelve a lo suyo) La concesionaria, la Juan B. Justo, el camión del boliviano de la maderera, hasta ahí va bien. Subo por Fonseca, salgo a la Juan B. Justo, veo al camión del boliviano… ¿Entonces si no me chorearon choqué y me hice mierda? (vuelve a tomarse el pulso de una muñeca, luego de la carótida, lloriquea, se calma) ¡No, no puede ser! Tengo que llamar al negocio (marca el número) ¡Necesito fumar, la puta madre, me muero por un pucho!... Hola Marquitos. ¿Marquitos?… ¿Qué? ¡Pará, no grités!… ¿Algo terrible? ¡Me imagino! (lloriquea, se calma) ¡Digo que me imagino!... ¿Cómo que quién habla? ¡Yo, boludo, no me conocés la voz! ¡HOLA, HOLA! (Marquitos corta) ¡Pero, será posible! ¡Qué pelotudo es este pibe! (le tiemblan las manos, respira con fuerza como si no le llegara el aire a los pulmones, marca el número) ¡No lo puedo creer! ¡Un tipo lleno de vida, el futuro por delante!… Hola, Marquitos, pará, tranquilizate y no cortés. Respirá hondo, ahí está: aspirá, espirá, aspirá, espirá! ¿Te vas sintiendo mejor?... Soy yo, boludo... ¡Te digo que soy yo!... (perdiendo la paciencia) ¡TE DIGO QUE SOY YO Y PUNTO, MARQUITOS! (lloriquea) ¡Y qué sé yo! Escuchame: calmate y decime lo que sabés… En la Juan B Justo, sí… Juan B. Justo y Cortina, la esquina del Maxiconsumo, sí… ¡¿El boliviano?! (lloriquea) ¡Ahora recuerdo, sí, el hijo de mil putas se mandó sin mirar y no pude hacer nada! ¿Entonces me cagué muriendo? ¡Me cagué muriendo Marquitos! ¿No es increíble? (shockeado, para sí) ¡Me ca-gué mu-rien-do! (al celular, cambiando) ¿Qué?... ¡Y qué sé yo! Se ve que tenía el celular en la mano en el momento del…. (irritado) ¡NO ME LA COMPLIQUES, NO SÉ COMO TE LLAMÉ, NI CÓMO ESTAMOS HABLANDO AHORA VOS Y YO, DEBE HABER ALGUNA FALLA, UN ERROR, VOS MEJOR NO PENSÉS! ¿OKEY? (lloriquea) Pará que estoy teniendo una crisis de nervios (deja el celular en el piso, lloriquea, se muerde un dedo, tira piñas y patadas al aire, respira hondo para calmarse, camina un par de pasos, vuelve a levantarlo) ¿Estás ahí?... Bueno, escuchame, concentrate en lo que te voy a decir: dentro de un rato vas a tener que cerrar vos. No te pongas nervioso: vas a cerrar y a llevarte la llave y después se la das a mi hermana, haceme esa gauchada… ¡Y qué sé yo: un cartelito!… ¡No sé: ‘por duelo’! (para sí) ¡Qué pelotudo es este pibe, mi Dios! (al otro) Por ahora eso, Marquitos, estás a cargo, ¿okey? Yo tengo que hacer un par de llamados, después hablamos. Te corto, chau, querido, chau, chau (corta, murmura aturdido) ¡No lo puedo creer! ¡Es una pesadilla! ¡Necesito un cigarrillo! (cree escuchar algo, se cubre la entrepierna, husmea en el entorno) ¡Hola! ¡Hola! (se mantiene a la caza de algún sonido) Bandi Marcomini, mayor gusto… ¿Me escucha?... ¿Hay alguien?... Perdone que me presente así. Yo no hice nada, ¿eh? Y lo que dije del boliviano olvídelo. No tengo nada contra la comunidad boliviana. El muchacho este es muy buena gente, muy trabajador, lo que pasa que… ¡Hola! (vuelve a husmear el entorno) La puta madre, estoy hablando solo. Me voy calmar, ¿okey? Voy a pensar y a manejar la situación. A ver, asterisco ciento cincuenta y dos, ¿cuánto saldo tengo? (mira en el display del celular) ¿Cien mangos? ¡Yo estoy meado por los dinosaurios: no me alcanza ni para seis llamados! (lloriquea) Me cagué muriendo. Acá estoy: en bolas, muerto, finalizado y con cien mangos de saldo. Tengo que llamar a Vicky, sí, tengo que avisarle (llama, espera) No tiene el celular encima, clavado. Le dejo un mensajito (graba el mensaje) “Hola amor, soy yo, ni bien escuches el mensaje por favor llamame”. No, no, ¿Cuándo le dije amor, yo? Además si le pongo ‘ni bien escuches’ se va a asustar (lo descarta y vuelve a grabar) “Hola amor, llamame cuando puedas. Soy Bandi”. No, le aclaro que soy Bandi, ¿soy pelotudo? Quién voy a ser, Luis Miguel (ídem) “Hola, Vicky, necesito que hablemos. Beso” (lloriquea) ¿Y si llamo a la casa? (respira profundo para calmarse, vuelve a marcar) Hola, Stella Maris, ¿qué dice? Bandi, Stella Maris. ¿Está Vicky?... Ah, ¿y adónde? ¿No sabe?... ¡Qué problema!... No, por nada. En realidad sí, cómo le explico… Mire tengo que decirle algo bastante delicado, Stella Maris, quiero que no se asuste: ocurre que hace un rato tuve… Una cosa desafortunada, vio, la calle está terrible y la verdad que yo no tuve la culpa, pero hace un rato tuve… un accidente con el auto y… y digamos que fallecí… (pausita) ¡Que fallecí, Stella Maris, que tuve un accidente con el auto y que fallecí, que me morí! (aparta el celular porque la mujer pega un alarido) No, escuche, cómo voy a bromear con algo así, a usted le parece que... Me, me está ofendiendo, Stella Maris... Yo le estoy diciendo que… (la mujer grita, se niega a escucharlo) S-se, se está entrecortando, por favor, le, le hablo de larga distancia, Stella Maris. ¡Hola, hola! (la mujer le corta, se descontrola) ¡VIEJA DE MIERDA, VIEJA CHOTA, TENGO QUE HABLAR CON VICKY, NECESITO HABLAR CON VICKY! (se desespera, tira patadas y piñas al aire, camina en círculos, se calma, mira el entorno. Pausa. Vuelve a sonar el celular) ¡Hola, Ana! (lloriquea) Sí, viste… No llorés que me hacés llorar a mí… Si no llorás vos, yo no lloro, Ana … Es que si llorás vos, lloro yo también…. No llorés vos y no lloro yo, así no lloramos ninguno de los dos ¿dale?… (cambiando) ¿Marquitos?… Ajá, te puso al tanto de todo, me imagino. ¿And no te da impresión?... No es un chiste, tarada, si yo estuviera hablando con alguien que la acaba de palmar algo me daría. Escuchame, ¿mamá no sabe nada de nada, ¿no? (se irrita) ¡NO, ANA, SOS LA REINA DE LAS PELOTUDAS, NO VES QUE AHORA SE VA A PONER INSOPORTABLE!… ¿Está ahí?... ¡Ah! ¿No alcanzó a caerse, no?... ¿Dónde la acostaste?... Pará, aguantame un segundo (cree escuchar nuevamente algo, se cubre la desnudez, husmea el entorno) ¡Hola!... ¡Hola!... Como le decía, con la comunidad boliviana todo bien, eh. Por otro lado, en la agencia trabajamos todo en blanco, emitimos factura, impuestos al día. Nada que ver con el gitano de la otra cuadra que…¡Hola!... ¿Escucha lo que estoy diciendo? (vuelve a alzar el celular) No, nada, que de golpe escucho como que hay alguien y después como que ya no está más … Y qué se yo, Ana, estoy esperando, en algún momento tiene que venir alguien, ¿no? (mira el entorno) Ni lindo ni feo. Vacío, más bien… ¡COMO EL CULO, CÓMO ME VOY A SENTIR! En bolas, cagándome de frío, no hay ni un banquito para sentarse y encima necesito un pucho… ¿Se está encargando? (lloriquea) ¡Qué grande Cachi, que buen amigo! Es el hermano que nunca tuve. A ver si lo podés comparar con las taraditas esas con las que salís a bailar… No, no quiero pelear. Cuando corte con vos lo llamo. Ana, en otro orden, me tenés que hacer un favor. Viste que yo soy medio cuadrado, vos que estudiás en la facultad por ahí te las rebuscás mejor: necesito saber qué carajo viene a ser esto… Este lugar… Y no me salgas con todos esos cuentos de los curas y de la religión, yo te estoy hablando de otra cosa, ¿vos me entendés, no? (lloriquea) Necesito saber dónde estoy, por qué carajo estamos hablando vos y yo, ese tipo de cosas (se calma) ¡Y yo qué sé! Agarrá algún libro, buscá en Internet. ¿Me vas a averiguar? ¿Sí? (cambia abruptamente) ¡NO, NO ME PASES! ¡ESCUCHAME, NO ME PASES PORQUE NO LE VOY A HABLAR, ANA, NO LE VOY A HABLAR, ME ESCUCHAS!… ¡Hola, mamá! (lloriquea) Sí, yo tampoco. ¿Cómo te sentís?... Bueno, calmate… Y sí, son esas cosas. Siempre manejé rápido, lo sabés (va cambiando paulatinamente) No tiene nada que ver... No, me atrasé por el inútil de Marquitos, era la final del campeonato de Papy, estaba llegando tarde y... ¡Para nada! Yo no tuve la culpa… Manejo rápido, ya lo sé, pero no tuve la culpa. No… Y, me imagino que debe haber habido una pila de testigos. El estúpido ese de la maderera que se mandó a la Juan B. Justo y… ¡El estúpido, sí!… ¿Qué ese estúpido como yo digo está muy grave? ¿Vos me estás hablando en serio? ¡Y YO ESTOY MUERTO, MAMÁ, QUÉ TE PARECE! ¡QUÉ ESE BOLIVIANO INDOCUMENTADO DE MIERDA SE CAGUE MURIENDO, MAMÁ, PERO ANTES QUE SE LE ENGANGRENEN LAS DOS PIERNAS Y LOS DOS BRAZOS, QUE NO LE HAGAN EFECTOS LOS CALMANTES Y QUE SE LOS TENGAN QUE AMPUTAR DE A CACHITOS! ¡ASI QUE YO ME TENGO QUE COMPADECER DE ESA BESTIA CON PATAS! ¿TE DAS CUENTA CÓMO RAZONÁS? ¡VOS ESTÁS DESQUICIADA, ESTÁS RELOCA, MAMA! ¡RE-LO-CA! ¡HOLA, HOLA!… ¿Qué pasó? ¿Volvió a desmayarse? Atendela, andá. Yo ahora te llamo, trato de ubicar a Cachi y te llamo. O no, mejor llamame vos, así no gasto crédito, dale. ¡Chau, Ana, chau, chau! (corta, explora el lugar, cree escuchar algo, husmea, al acecho) ¡Hola!... (se enoja) ¡Hooooola!...

APAGÓN


III

Cuando vuelve la luz Bandi está en dónde quedó.

Bandi: ¡Y bué, qué se le va a hacer! (se estira, mueve los brazos como si hiciera gimnasia) Se apagó la luz. Se bajó la barrera. Sefiní.… ¡Necesito un pucho! (vuelve a tomarse el pulso de la muñeca y de la carótida, lloriquea) No lo puedo creer. (suena el celular, se sobresalta, mira en la pantalla) ¿Y éste, quién carajo? ¿Hola?... Sí, él habla… ¿Carpanetto? Qué dice Carpanetto. Sí, cómo no: el 147 cremita. Buena memoria y atención personalizada, los secretos de Marcomini Hermanos. ¿Y, cómo anduvo la máquina?... Motor cero ka eme, se lo anticipé… Y sí, un auto fiel, excelente mecánica (comienza a impacientarse) Escuche, Carpanetto, discúlpeme pero yo en este momento no estoy en la agencia, vio, estoy con otro asuntito y… (hinchado) A ver, cuénteme… Sí... Sí, sí, la compactera… El aparato ese en el que pone un CD y escucha música. ¿Qué tiene?... Usted pone el CD y lo empuja con el dedo, ajá… No, no lo empuja, ya sé, digamos que lo aproxima y apenas lo toca con el dedo. ¿Y?... ¿Se lo chupa y después no se lo escupe?... Y no sé, Carpanetto, que se lo chupe y espere, ya se lo va a escupir. Qué yo sepa cuando le hicimos entrega de la unidad estaba en perfecto… No, faltaba más, no dudo de su palabra, Carpanetto, lo que pasa que en este momento estoy con otro tema bastante urgente... Hagamos algo: yo me comunico con Marquitos, él ve qué puede hacer y lo llama. ¿Le parece bien?... Okey, no, faltaba más, hasta luego, Carpanetto, hasta luego, no es molestia, por favor, a sus órdenes, hasta luego (corta) ¡Viejo de mierda! ¡Fijate vos que venirme ahora a mí! ¡Al pedo en la vida, eso es lo que pasa! (busca en el celular un número, lo marca) ¿Marquitos? Atendeme, ¿lo ubicás a Carpanetto? El viejo rompepelotas que compró el 147. La compactera no le anda… No le anda, no sé, dice que le chupa y que no le escupe. Escuchame, no te pongas nervioso y respirá hondo: ponele otra, haceme esa gauchada… Cualquiera, decidí vos… (hinchado) Está bien: la del Fiat Uno rojo, Marquitos, el del viajante de Olavarría, ¿okey? Cuando lo tengas lo llamás, que lleve el auto e instalásela… No, sin novedad: sigo muerto… ¿Y MIRÁ LA PREGUNTA PELOTUDA QUE HACÉS? Escuchame, cuando te vayas pasá por casa y dejale la llave a mi hermana, ¿okey? Chau, Marquitos, después hablamos, chau, querido, chau. (corta, furioso) ¡PERO QUÉ CARAJO ESTOY HACIENDO! ¡NO ESTAS PENSANDO, BANDI! ¡QUÉ TE IMPORTA UNA COMPACTERA DE MIERDA! ¡QUÉ TE IMPORTA SI LA AGENCIA SE INCENDIA Y EXPLOTA POR EL AIRE! (mira en el display del celular) ¡MÁS BIEN TENÉS QUE PENSAR A QUIÉN VAS A LLAMAR CON SETENTA PESOS DE MIERDA! (respira profundo, se aprieta las órbitas de los ojos con dos dedos) A Cachi y a Vicky, a Cachi y a Vicky, a Cachi y a Vicky… (marca un nuevo llamado) Hola Cachi, ¿dónde?... ¡QUÉ DECÍS, ANIMAL! (lloriquea, para sí) Está en la morgue, podés creer. (a Cachi) Y decime ¿cómo estoy?... ¿Digo que cómo?... Hecho mierda, ¿no? No, no, dejá, no me contés… ¿La cara, cómo tengo la cara? No, dejá, no me contés... ¿Todo el costado izquierdo? Claro, el del lugar del impacto…. ¿DESPRENDIDO DEL CUERPO? No, no, dejá, no me contés. (lloriquea) ¡Me cagué muriendo! ¿Lo podes creer? ¡32 años, una vida por delante! ¡Stop! ¡Sefini! ¡Siamo fuori! ¿Puede ser así, tan fácil? (se tranquiliza, cambiando) ¿Te dijeron cómo es el trámite?... Ah. ¿Qué Juez interviene?... ¿Y de ahí adónde tenés que ir?... No, no, atendé, que debe ser un papelerío bárbaro y te estoy distrayendo. (pausita, cambiando) Fuimos al Comercial juntos, Cachi. ¿No es loco? ¿Te acordás la vez que te emborrachaste en el cumpleaños de la de Acervo y tuve que ir a sacarte de la comisaría? ¿Qué teníamos doce, trece años? ¿Me escuchás?... No, perdoname, atendé, atendé. (ídem) Y cuando íbamos a bailar a Ramos Mejía con el auto de Saúl. ¡El verso que le metíamos a mi vieja! Era otra época. Yo creo que había menos locura que ahora, Cachi, menos maldad. ¿Me escuchás? … Está, está, atendé, debe ser un trámite largo… (ídem) Vivimos lo que teníamos que vivir, más no se podía. Además, ¿te diste cuenta de algo?: éramos felices con nada, Cachi, no estaba toda esta locura: hacer guita, comprarte un BM, conquistarte a la mejor mina, hacer más guita. Hoy ya no sabés qué es lo importante y qué no, no hay tiempo para pensar. ¿Me estás escuchando?... ¿La última parte? No, no importa, boludeces. Mirá en el baile que te metí. Sos el hermano que nunca tuve, Cachi. Sabés, tenía que preguntarte algo y no me acuerdo… Ah, sí, estoy tratando de ubicar a Vicky y no tiene el celular, ¿la viste?... ¿Quién se lo dijo? (lloriquea, se calma) Me imagino... Le dejé, le dejé. Le llegaron pero no los vio. También llamé a la casa, me atendió la vieja de mierda, le conté y se puso a hacer un escándalo, no sé, como si le hablara Freddy Kruger. Ni bien la veas, decile que me llame. ¡La puta madre, casi no tengo saldo! ¡No sé qué voy a hacer, te corto, seguí con eso y después hablamos, chau, Cachi, chau! (corta, pausa, cree escuchar algo, explora el lugar) ¡Hola!...¡Hola!... Escuche, lo que dije del gitano tampoco me haga caso. No hay que discriminar. El muchacho hace lo que puede, además es otra cultura, otra concepción de los negocios, ¿se entiende?... Lo que quiero decirle es que yo… no soy alguien con malos sentimientos. Soy un pibe de barrio, trabajo desde los dieciseis, tengo mi novia, mis amigos. Algún exceso de vez en cuando, unas cervezas, un porrito, nada del otro mundo… ¿Me está escuchando?... ¡Hola!… (pausita, desde el techo caen unos volantes, sorprendido recoge uno, comienza a leerlo) ¡Esto es joda! (suena el celular, atiende) ¡Ana, qué decís hermanita! ¿Novedades? Sí, algo rarísimo, acaban de tirar unos volantes. Parece que marcando asterisco 766 y el número de cualquier tarjeta de crédito te acreditan 300 pesos que equivalen a 3 gigas para datos, wasap, sms y roaming libres viajes donde viajes… ¡En serio, boluda, tengo uno en la mano y te lo estoy leyendo!... ¡Y qué sé yo, Ana, tendrán un convenio con Telecom! Pasame los números de tu tarjeta… ¡PORQUE LA MÍA NO CORRE MÁS, GENIA!… ¿Cómo que no acostumbrás dar el número de tu tarjeta a cualquiera? ¿A vos te parece que estos chabones son cualquiera?... Y no sé, yo no me arriesgaría… ¡Yo no le voy a preguntar un carajo a nadie, olvidalo! ¿Me vas a dar o no me vas a dar el número de tu tarjeta?... Ahí me está entrando una llamada de Vicky, volvé a comunicarte vos porque casi no tengo saldo. ¡HOLA, HOLA VICKY, POR FIN! ¿Vos me escuchás bien?... ¿Qué pasa, por qué no contestaste los mensajes? Hola, hola, no te escucho casi nada. ¿Hablás de la calle? ¿Dónde estás? ¡Hola! Hola, se pierde. ¡HOLA! (se corta) ¡POR QUÉ! ¡POR QUÉ! (marca el número) “No se puede realizar esta llamada” ¡LA REPUTISIMA MADRE QUE LO PARIO A LAS ANTENAS, LOS SATÉLITES, A TELECOM Y AL SISTEMA NACIONAL DE TELECOMUNICACIONES! ¡NECESITO HABLAR CON MI NOVIAAAA!

Enfurecido, tira trompadas y patadas al aire. Lentamente se tranquiliza. Observa el entorno, cree percibir algo, de golpe un efecto de luces finalmente evidencia la presencia de alguien.

Bandi: ¡Hola! ¡Hola! Por fin... S-sí, sí, pero no se escucha bien. (la presencia, que a cada intervención titilará o variará la intensidad del haz de luz, le pide que cierre los ojos, Bandi obedece) ¡Ah, ahora sí! Sí, perfectamente. Fuerte y claro. (se cubre la desnudez) Disculpe pero todavía no me acostumbro a estar así, en bolainas, delante de otro. Bandi Marcomini, encantado. Perdóneme lo de recién, lo que pasa que estos celulares. Debe ser que desde el más allá un poco la señal se debilita, ¿no? Qué suerte que apareció. La verdad que estaba preocupado. ¿Escuchó todo lo que le dije antes? Lo que quería que ustedes supieran que en definitiva soy una buena persona. ¿Me explico? Estoy un poco ansioso, eso sí. ¿Usted acá que viene a ser? ¿Quiero decir cuál es su cargo? ¿Es una especie de recepcionista, de personal contratado?... Ah disculpe. (ahora, mientras hable va a girar, va a flexionar las rodillas una por vez, va a mostrar las plantas de los pies) Un lugar bastante fulero este, ¿no? Cómo se dice. “inhóspito”… (vuelve a ponerse de frente, extiende los brazos y muestra las palmas de las manos, los antebrazos) Je, me está haciendo acordar al apto físico del gym. ¿Qué hacen, una especie de ficha médica? (muestra la dentadura, abre la boca saca la lengua, dice aaaaaaa) Yo físicamente estoy impecable, ¿sabe? Juego una vez por semana al futsal, soy volante carrilero por derecha… (flexiona las piernas, se mantiene en cuclillas manteniendo el equilibrio, al tiempo que extiende los brazos) Y después me preocupo por mantenerme. Hago crossfits los martes y los jueves en un gimnasio que hay ahí enfrente del Coto San Martín. Son rutinas de alta intensidad … (flexiona las piernas, se mantiene en cuclillas manteniendo el equilibrio, al tiempo que extiende los brazos) Hay que hacer el mayor número posible de series combinadas de sentadillas, peso muerto, abdominales, pesas en banco, anillas y flexión de brazos. Es súper intenso. Dicen que es el entrenamiento que hacen los bomberos de California en los Estados Unidos. Perdone si hablo tanto, pero estoy algo ansioso y cuando estoy ansioso hablo. ¡Je! ¿Usted no es de hablar mucho, no?... ¿Qué cosa?... (incómodo) ¿Y eso no se podría?… Ah, okey, okey, donde manda capitán (se inclina, se separa las nalgas) ¡Cero ka eme, en 32 años ahí nunca estacionó nadie! Un chiste, disculpe... Es verdad, si para algo no estamos es para chistes. Pero si no me tomo la cosa así qué me queda, ¿no? (lloriquea, se calma) Ya que estamos en confianza, necesitaría preguntarle algo... ¡Hola!... ¡Hola!... ¡Hoooola! ¿Sigue ahí?. ¡Hola, cambio! (vuelve a abrir los ojos, busca en el entorno)

APAGÓN


IV

Cuando vuelve la luz Bandi está sentado en el piso en posición relajada, habla por el celular.

Bandi: Como si te hablaran directamente al cerebro. No sé, no me preguntes porque no entiendo nada… Tenía que cerrar los ojos porque sino no se escuchaba un soto. Una cosa rara, te lo cuento y me da como un cosquilleo en el estómago… ¡Le pregunté, le pregunté, Ana, no soy tarado! Pero era un chabón bastante cortante… Una revisación, un apto físico como el del gimnasio. Y al rato se las tomó. Entendí que se había ido, porque dejé de escucharlo. ¡Te juro que lo pienso y no lo puedo creer! (lloriquea) Estoy, estoy tranquilo. ¿Decime, me averiguaste?. Ya sé, ya sé, pero qué querés, yo no sé por cuánto tiempo más vamos a poder hablar… Ajá… ¿And de donde lo sacaste?. A ver, dale, leé… “En el Universo… varios niveles de organización, ajá”… “Materia viva… y materia no viva asociada a ¿nodos de energía?” ¿Y eso qué viene a ser?... “Energía psíquica que emprende un viaje” ¿un viaje qué?... ¿“Astral”? (desesperándose) ¡No, pará, pará! Es como si me hablaras en japonés, Anita (lloriquea, se calma) A ver, dale… “Electromagnética, okey”... Sí, ya sé, la de los imanes querés decir... “Materia en tránsito, ajá… asociada a nodos de energía espiritual electromagnética” (vuelve a desesperarse) ¡No, pará, pará! No, Ana, perdoname pero no. Eso es para científicos, decime algo para mí, con palabras más simples, tirame una soga, Ana (lloriquea, se calma) Dale… Dale y me llamás. ¿Mamá ya está en la casa velatoria?... Apurate, no la dejes sola, es capaz de hacer cualquier cosa. No te olvides de darle las pastillas para la presión. Ah, y gracias por lo de la tarjeta... Sí, ya me los acreditó. Cualquier cosa te digo, sí. Chau, Anita, chau, chau. (corta, pausita, se queda pensativo) ¿Por qué complicarla tanto? Tiene que ser algo más sencillo. Sí me morí, me morí, dejé de existir, no estoy más, y entonces lo de afuera tampoco está más. Por lo tanto este lugar no existe. Por eso el chabón ese te hace hablar con los ojos cerrados, no hay ni un banquito para sentarse, es como una ilusión óptica, un espejismo, no existe… Es más: por ahí está todo en mi cabeza, lo estoy imaginando, suponete, en los tres segundos posteriores a estamparme contra el camión del boliviano indocumentado de mierda. Como una especie de sueño veloz antes de palmarla por las lesiones internas, las fracturas, el estallido del cráneo, el desprendimiento de la masa encefálica (lloriquea) ¡Mierda! (se calma, suena el celular, como atontado, atiende) Hola, qué tal Carpanetto... ¿Yo bien y usted? ¿Solucionó?... Sí, vio, es un buen chico. ¿Qué notó?... (cambiando) ¡Pero cómo va a ser tapizado original, es un 147 modelo 86, Carpanetto! ¿Sabe cuántas veces le cambiaron el tapizado en treinta y tres años?… Mire, acabemos con esto, lo de la compactera digamos que es una atención de la casa, pero cuando usted compro la unidad tuvo tiempo de sobra para revisarla… ¡No, qué descuento, Carpanetto!… ¡Ningún descuento, Carpanetto! ¿Qué hablo en chino? Mire, tengo la cabeza en otro tema, no puedo seguir. Además le estoy hablando de larga distancia, la comunicación se dificulta. ¡Hola, hola! (aleja el celular, simula que la comunicación se pierde) ¡No lo escucho, Carpanetto, hola! (corta) ¡PERO QUÉ VIEJO ROMPEPELOTAS! ¡POR QUÉ ME TOCAN TODOS A MÍ, QUE CASTIGO, CHE! (se aprieta las órbitas de los ojos con los dedos de una mano) Son muchas cosas, tengo que pensar, estoy sobrepasado, tengo que pensar. Yo tenía que hablar con alguien. ¿Con quién tenía que hablar? ¿Con quién?... ¡LA FINAL! ¡LA PUTA MADRE, LA FINAL! ¡QUÉ BOLUDO, CÓMO NO ME ACORDÉ DEL PARTIDO! (marca) ¡Hola, hola Negro!... Negrito, qué hacés... (impaciente) Sí, sí, una verdadera tragedia. Sí, la verdad, terrible. ¿Decime, jugaron? (el otro no para de hablar) Sí, como raro es raro, Negro... Te permiten, te permiten, incluso si te quedás sin saldo podés recargar... No sé cómo hacen, deben tener un convenio. PERO ESCUCHAME, ¿JUGARON O NO JUGARON?... ¿Se retrasó una hora y están jugando? ¿Y cómo van?... ¿Seis a seis? ¿El Panda se comió seis? ¿Pero qué le pasa, se olvidó de llevar las manos?... No, está, está, era lo que esperábamos: partido complicado. ¿Ya están en el alargue?... ¿Y a quién pusiste en mi lugar?… No, está bien… ¿Metió tres? Buenísimo, entonces está encendido ¿Cómo está de la rodilla?... Perdoname, dale, atendé. (comienza a palpitar el partido) ¿Qué pasó? ¿Negro, qué pasó? ¿Qué cobró?... Te dije que nos iba a bombear, ese Aparicio es de terror, seguro que lo arreglaron… ¿ROJA? ¿LO ECHÓ? HIJO DE PUTA, ¿LO ECHÓ POR ESA BOLUDEZ? ¡HACELE QUILOMBO, NEGRO, ANDÁ, PREPOTEALO QUE APARICIO ES CAGÓN!... Está, te dejo, te dejo. (no puede contenerse) Acercale el celular, haceme esa gauchada. (grita al auricular) ¡APARICIO, LA CONCHA DE TU MADRE, QUÉ COBRASTE! ¡TE VOY A MATAR! ¿ME ESCUCHASTE? ¡SÉ DONDE VIVÍS, TE ESPERO EN LA PUERTA DE TU CASA Y TE PISO CON EL AUTO! (al Negro) Estoy, estoy tranquilo, Negro (vuelve a palpitar el partido, se come las uñas, para sí) Que se dé, que se dé. Tres años seguidos a la final, no podemos tener tanta mala leche. Que se dé (se sobresalta) ¿Qué fue eso? ¡Hola! ¿Negro? ¡NEGRO!... ¿Gol? ¿Gol de quién? ¿Nuestro? ¡GOOOOOL! ¡GOOOOOOOOOL! ¡GOOOOOOOOOL! ¡LA PUTA QUE LOS PARIÓ, VAAAAMOS! ¡GOOOOL! ¡Qué alegría, Negro! ¿Cuánto falta?... Escuchame, escuchame atentamente: mandalos a todos atrás, que se metan adentro del arco, andá vos también… (amaina) Está, está, discúlpame. El director técnico sos vos, vos dirigís, Negrito. Atendé, atendé… (para sí) Se tiene que hacer, que termine, que termine. Si ganamos me hago monaguillo, me voy caminando con los cachetes del culo hasta Luján... ¿Hola, Negro? ¡Hola! ¿Terminó? ¡CAMPEONES! ¡QUÉ GRANDE, NEGRO! ¡CAMPEONES! “DALE CAMPEÓN / DALE CAMPEÓN”… ¡SÍ, ESCUCHO, ESCUCHO! (salta, canta) “DALE CAMPEÓN / DALE CAMPEÓN / DALE CAMPEÓN / DALE CAMPEÓN”… ¡SI YO TAMBIÉN, YO TAMBIÉN! (lloriquea) Deciles que estoy con ellos. Negro, Negro, pasame al Panda… ¡Panda, somos campeones, Pandita! Viste que la tercera es la vencida. ¡Yo también te quiero! Dale, dale… ¡Hola, Juancho, grande, goleador! ¿Qué te pasó, te viste los videos de Cristiano Ronaldo?… ¡No boludo, dejate de joder!… Dejate de joder, hicieron bien, está perfecto, hermano: yo también lo hubiera jugado... Es un homenaje, claro que es un homenaje. Abrazalos a todos. Nos vemos en el velorio, chau, Juancho, chau titán, te quiero mucho, chau (lloriquea, se repone. Pausita, empieza muy bajo para terminar en un canto desaforado) “Olé, olé, olé / “Olé, olé, olé, olá / Olé, olé, olé / Y cada día te quiero más / Sooooy “Cascarudos”/ es un sentimiento / no puedo paraaar”…

APAGÓN


V

Cuando vuelve la luz, Bandi hablando por celular, camina nervioso. Esta última parte debe desarrollarse a un ritmo cada vez más apremiante.

Bandi: ¿‘PURGAR’? ¡MAMÁ, NO! ¡CORTALA! Ni sé ni de qué me estás hablando. ¿Qué tengo que purgar yo?... Sí que lo conozco, pero no voy a hablar con ningún cura. ¿Por qué no te serenás y pensás? Vos ahora me tenés que hablar de otra cosa, sos mi mamá, ¿es tan difícil?... (se interrumpe, lloriquea, cambiando) ¿Quién te hace quedar mal?... ¿Yo? ¿A ver y por qué te hago quedar mal?... ¡NO ES UNA GRASADA, LO DE LA CAMISETA ES UN HOMENAJE!… ¡Sí señor, un homenaje de los muchachos! Con esa camiseta, para que sepas, fui titular cinco años seguidos, dos temporadas goleador... (sacado) ¡NI SE TE OCURRA! ¡ME LA VAS A DEJAR PUESTA! ¡OIME! ¡ME LA VAS A DEJAR Y PUNTO! ¡QUE TRAJE AZUL NI TRAJE AZUL, QUIERO QUE ME DEJES ESA CAMISETA! ¡ES MI MUERTE, MAMÁ, MI VELORIO! ¡SABÉS QUÉ, HACÉ UNA COSA, ESCUCHAME ATENTAMENTE: DESMAYATE, MAMÁ, DESMAYATE! ¿ESCUCHASTE? ¡HOLA, HOLA!… ¿Se golpeó?... Bueno, recostala en un sillón y que alguien la vigile… No la trato mal, Ana, es la historia de siempre: me tiene podrido. (ansioso) ¿Ahora tiene que ser? Bueno, a ver, dale, leé… “El caudal informativo almacenado en los genes”, ajá… “Se trasvasa a ¿entidades espirituales energéticas?”¡Pará, pará! ¿And eso cómo se come?. “Espiritual”, okey. ¿And una vez que esta “entidad” está ahí yo adónde corno voy?... “La energía colectiva va recogiendo información biológica, conformando una ¿voluntad supra-QUÉ?” No, no, sabés qué: dejá, Anita, te agradezco en el alma pero no me puedo concentrar y para serte sincero no te entiendo un carajo. Decime: ¿hay mucha gente?... ¿Los de Córdoba también fueron? (lloriquea) ¡Qué increíble, decime vos, tenía tantos planes, Anita, tantas cosas por hacer! (alguien le habla a Ana del otro lado de la línea. Cambiando) ¿Y ese?... Claro que le conozco la voz: el tío Mario. ¿Tuvo la cara de aparecerse el tío Mario?... No, no quiero hablar. Rajale, Ana, no le des pelota. (se aprieta las órbitas de los ojos con los dedos de una mano, cada vez más ansioso) Pará, pará y escuchame esto que es importante: ¿viste en el doble fondo del aparador, donde guardaba las cosas el viejo? Ahí está la llave de la caja de seguridad y los papeles del negocio. Escuchame: ni el tío Mario, ni la tía pueden salirte con un martes trece. El viejo ya les compró su parte como tres veces y yo no los dejaba pisar la agencia. Que no te envuelvan, el buitre ese siempre se está haciendo la víctima, que no te envuelvan, ¿okey? ¿Me lo prometés, Anita?... ¡Hola, hola! ¡La puta madre! (se le liga la comunicación) ¿Quién?... ¿Carpanetto? Dígame, ¿usted no descansa, Carpanetto?... Acabemos con esto: cuando usted compró la unidad, tuvo tiempo de revisarla y no dijo esta boca es mía. No hay descuento… Le repito por si le anda mal el audífono: no-hay-des-cuen-to... (hinchado) Haga una cosa: se cancela la operación, Carpanetto, me pudrió, lleve el auto, le devolvemos el adelanto. ¡Usted es capaz de inflarle las pelotas al hijo de Tusám, final, se acabó! (corta, vuelve a marcar, para sí) Tengo que pensar, estoy perdiendo el tiempo, estoy perdiendo el tiempo... ¡HOLA VICKY! ¡HOLA AMOR, POR FIN!… (lloriquea) Ya sé, ya sé, pero entendeme vos a mí. Esperá, espera, yo igual necesito decirte… (busca las palabras) Yo… fui un tipo de mierda con vos… ¡NO, PARÁ, PARÁ, HOLA, VICKY! (Vicky le deja el celular a Cachi y escapa) ¿Cachi? ¿Adónde se fue?... Ya sé, ya sé, pero qué puedo hacer, hermano. Es todo tan raro: es como que cada cosa sigue su camino lo más campante y yo estoy acá pintado. Me quedé afuera, se acabó, ya no hay vuelta atrás, ¿entendés? ¡No sé qué hacer, Cachi! Andá a buscarla, haceme el favor (efecto de luces anuncian la presencia) ¡La puta, justo ahora! Aguantame un cachito, no cortés. (Bandi baja el celular de su oído, cierra los ojos, con apremio se dirige a la presencia) Escúcheme, usted no me esperaría que estoy en medio de un temita… No, claro. Pero es que justamente hay un par de cosas personales que estaba tratando de… Se atrasa, ya veo. (cambiando) Lo que también veo es que a usted no le importa un carajo de nadie. Hay que ser un poco más comprensivo, viejo, uno no viene acá de paseo, está cagado en las patas, necesita una palabra de afecto y usted tiene menos sensibilidad que un pedazo de telgopor… (la presencia se retira) ¡Hola, hoooola! ¡MA SÍ, TOMATELÁS!... (alza de nuevo el celular) ¡Hola Cachi!… ¿Quién habla?... ¡Ah, cómo le va Padre!… (impaciente) Sí, sí, ya se, mamá normalmente es de angustiarse... Me lo dijo, me lo dijo, pero para serle sincero, la verdad no creo que sirva de mucho. Padre, discúlpeme, pero yo ahora necesitaría hablar con…. (para sacárselo de encima) Me arrepiento, qué le parece, claro que me arrepiento… Póngale que me arrepiento ‘de todo’… No sé, qué le puedo decir: soy puteador, ahí está… Que puteo mucho… Eso, que insulto, que blasfemo. Escúcheme, no se ofenda pero me queda poca carga, cerremos con un arrepentimiento general, ¿qué le parece? (hace la señal de la cruz) ¿Ahora me puede pasar con Cachi? Gracias, nos vemos pronto, Padre, o no tan pronto si usted quiere, adiós. ¿Cachi, la ubicaste?... ¿A la casa?... Ya sé, ya sé, cuando puedas andá, qué sé yo, acompañala (lloriquea) Decile algo lindo, Cachi. Decile que fui una bestia, no sé, que nunca le dije nada por esa estupidez de que uno es hombre y esas cosas se callan. Decile que ella cerraba el círculo de todo lo que yo soñé en la vida, Cachi, que se me cerraba un puño en el pecho cuando pasaba más de un día sin verla. No sé, decile que íbamos a casarnos, que íbamos a tener una hija hermosa con sus ojos. (pausita, cambiando abruptamente) Cachi, ¿vos lo tenés a Walter?... ¿El flaco ese, medio rubión, que estuvo un par de meses trabajando en la agencia? Vas a decir que estoy loco, pero tengo la intuición de que se quiere coger a Vicky… ¡No, Cachi, no son fantasías, te lo aseguro! Desde que la vio se le cae la baba, se la quiere coger... Ya sé que ella tiene que continuar con su vida pero ese chabón es mala gente, Cachi... (cambiando) ¿Está ahí? ¡Me lo hubieras dicho antes, boludo! Pasame… ¡ES EL ÚLTIMO FAVOR DE AMIGO QUE TE PIDO, CACHI! ¡YA SÉ QUE ES UN VELORIO, NO VOY A HACER QUILOMBO, PASAME TE DIGO! (Cachi le pasa con Walter. Cambiando, con frialdad) Hola, qué decís... Una tragedia, sí. Mirá, tengo poco tiempo así que voy a ser concreto: alejate de Vicky… Lo que escuchaste. Vos estás ahí porque te querés voltear a mi novia y yo no voy a permitir que en el futuro ella esté con alguien como vos… No, te equivocás: vos no sos mi amigo. Vos nunca fuiste mi amigo, trabajamos juntos que es distinto... No señor, digo lo que es... ¡No señor, y bajá el tonito que yo te estoy hablando bien!…. (sacado) ¡ESTARÉ MUERTO, PERO ACÁ HICIERON UN CONVENIO CON TELECOM, LES DIGO QUE HAGAN OTRO CON UNA EMPRESA DE ASCENSORES, BAJO Y TE RECONTRACAGO BIEN A TROMPADAS, ¿ME ESCUCHASTE? ¡TE ALEJÁS DE VICKY O TE ROMPO TODOS LOS DIENTES! ¡HOLA, HOLA, CORTÁS, NO TE LA BANCÁS, GALLINA, CAGÓN! (pausa, desesperándose) ¿Pero qué estoy haciendo? ¿A quién amenazo? ¿Me volví pelotudo de golpe? Tengo que respirar profundo, serenarme. ¡La puta, cómo necesito un pucho!...

Observa el entorno, de golpe vuelve el efecto de luces, reconoce la presencia, cierra los ojos.

Bandi: Disculpe lo de recién… No, usted qué tiene que ver, soy yo. Le pido disculpas (con ansiedad) Cada vida es un mundo, ¿no? No sé en la suya, pero fíjese que en mi familia nunca fuimos de hablar las cosas. Mi viejo era un tipo callado, creo que por timidez, mi vieja en cambio nació hablando: nada sensato, todas boludeces. Mi hermana un carácter difícil. Pero qué se nos puede reprochar, estamos ocupados viviendo como para parar a decirnos lo importante. Entonces se cruza la barrera y uno entiende que ya es tarde (la presencia lo interrumpe) Ah, sí, disculpe. ¿And el apto físico cómo dio? No creo que haya aparecido nada, yo siempre fui más sano que el Nesquick. ¿Le dije que sólo tuve varicela? A los seis años me operaron las amígdalas y… (la presencia vuelve a cortarlo) Sí, claro, se atrasa, perdón. (lloriquea, se calma, comienza a salir) ¿Es para allá? Qué increíble, ¿no? En la flor de la edad, alguien tan lleno de vida (la presencia lo amonesta porque lleva el celular. Vuelve) ¡Está, está! Ya lo dejo. ¿Una última llamadita, imposible, no? Mire que yo recargué con ustedes y... Está, no se enoje. (apoya el celular en el piso, se incorpora) Alguien tan joven, con tanto por hacer. Qué picardía, ¿no? (de golpe se inclina, vuelve a tomar el celular y muestra el display) Igual no se preocupe, fíjese, también se agotó la carga.

APAGÓN