sábado, enero 11, 2020

LOCOS DE AMOR. Sam Shepard...

 


LOCOS DE AMOR

Sam Shepard

 

Esta es una de las obras más intensas y viscerales de Sam Shepard. El texto no solo pide intensa y vivencial actuación, sino una resistencia física casi atlética.


Sinopsis:

 Locos de Amor

(Fool for Love)

 

En los márgenes desolados del desierto de Mojave, en una habitación de hotel que parece más una jaula que un refugio, Eddie y May se reencuentran para reanudar una guerra emocional que parece no tener fin. Eddie, un imprudente doble de riesgo y vaquero, ha conducido miles de kilómetros para reclamar a May, quien intenta rehacer su vida y espera la llegada de una nueva cita.

La atmósfera se fractura con la presencia del Viejo, una figura espectral que habita solo en la mente de los protagonistas, observando y comentando el caos desde su mecedora. Entre botellas de tequila, espuelas que tintinean y el asedio externo de una celosa "Condesa" que dispara desde la oscuridad, la obra desentraña un vínculo que trasciende el deseo: una conexión fatal, posiblemente incestuosa, que los condena a un ciclo eterno de repulsión y dependencia. Es una danza de supervivencia donde el pasado es un fantasma que se niega a morir.


El Realismo Alucinatorio de Shepard

Sam Shepard, figura capital del teatro estadounidense contemporáneo, alcanza en Locos de Amor (1983) la cumbre de lo que la crítica ha denominado "Realismo Alucinatorio". Esta obra no solo cierra un ciclo de dramas familiares iniciados con Curse of the Starving Class y Buried Child, sino que destila la mitología del Oeste americano hasta convertirla en un veneno doméstico.

 

El Espacio como Campo de Batalla

El diseño escénico que Shepard detalla —paredes de color verde desvaído, muebles gastados y la ausencia de alfombras— no es mera ornamentación. Funciona como una caja de resonancia para la violencia física y verbal. La acotación inicial, "Esta obra deberá ser interpretada implacablemente sin descanso", establece un tempo dramático de alta presión que ignora las convenciones de la estructura en actos para favorecer una explosión continua.

 

El Viejo: El Testigo Meta-teatral

Un elemento analítico fundamental es la figura del Viejo. Operando en un plano liminal —físicamente presente para el público pero invisible para el mundo "real" fuera de la habitación—, personifica la memoria subjetiva y la herencia del trauma. Su presencia sugiere que el conflicto entre Eddie y May no es solo romántico, sino ontológico: son proyecciones de una historia compartida que no pueden editar ni borrar.

 

Temáticas Centrales

  • La Decadencia del Mito del Cowboy: Eddie representa el arquetipo del vaquero errante, pero despojado de heroísmo; es un hombre envejecido prematuramente, cuya "libertad" es en realidad una incapacidad patológica de arraigo.
  • La Circularidad del Trauma: La estructura de la obra es circular. El impulso de "irse" y "quedarse" se repite como un mecanismo de defensa neurótico, sugiriendo que los personajes están atrapados en un eterno retorno nietzscheano.
  • La Identidad y el Espejo: A través del diálogo, May y Eddie actúan como espejos deformantes el uno del otro, donde la verdad se pierde entre proyecciones de celos, fantasías de una vida campestre y la cruda realidad de su toxicidad magnética.
  •  

"Shepard utiliza el lenguaje no para comunicar, sino para marcar territorio. En este hotel de Mojave, las palabras son tan peligrosas como los disparos de una Magnum en el estacionamiento."

 


LOCOS DE AMOR

Sam Shepard

 

La habitación de un hotel barato al borde del desierto de Mojave. Paredes pintadas de yeso color verde desvaído. Suelo de linóleo marrón oscuro. No hay alfombras. Una única cama de hierro fundido con cuatro postes, ligeramente desplazada del centro hacia la derecha del escenario, colocada horizontalmente al público. La cama tiene una colcha de color azul desvaído. Mesa metálica con un tablero muy gastado de formica amarilla. Dos sillas metálicas haciendo juego con diseño en forma de S de los años 50 con asientos de respaldo plástico amarillo, también muy gastados. La mesa está situada en el extremo frontal de la izquierda (desde el punto de vista del actor). Las sillas están al fondo y a la derecha de la mesa. No hay nada encima de la mesa. Puerta que da al exterior, de color amarillo desvaído, en el centro de la pared izquierda del escenario. Cuando se abre esta puerta, en la habitación brilla una pequeña luz anaranjada que hay en el porche. Al fondo de la pared de la derecha está la puerta amarilla del baño, que, ligeramente abierta, deja ver parte de un anticuado lavatorio de porcelana, toallas blancas, algunos objetos femeninos y permite que en el escenario entre una luz amarillenta.

Hay una gran ventana en el centro de la pared del fondo, enmarcada por sucias cortinas de plástico largas, de color verde oscuro. A través de la ventana brilla la luz amarillenta-anaranjada de un farol de la calle. En el extremo frontal izquierdo, junto a la mesa y a las sillas, hay una pequeña plataforma al mismo nivel que el escenario. Su suelo es negro y está enmarcada por cortinas negras. El único objeto que hay en la plataforma es una vieja mecedora de madera de arce mirando hacia la derecha. En el asiento hay un almohadón sin funda, una vieja manta de caballo agujereada está atada al respaldo. El color de la manta deberá ser suave, en tonos grises y negros.

Las luces se apagan en el escenario. En la oscuridad se escucha la canción de Merle Haggard “Wake Up”, de su álbum The Way I Am. Las luces empiezan a encenderse lentamente al ritmo de la canción. El volumen aumenta ligeramente con las luces hasta que estas llegan a su punto máximo. La plataforma permanece a oscuras, solo con un pequeño reflejo de las luces del escenario.

 

Se ve a tres actores.

 

Esta obra deberá ser interpretada implacablemente sin descanso

 

 

PERSONAJES

EL VIEJO. Está sentado en la mecedora mirando a la pared de la derecha, con lo cual solo puede vérsele ligeramente de perfil. A su lado, en el suelo, hay una botella de whisky; toma la botella, sirve en una taza metálica y bebe. Tiene una corta barba roja y lleva un viejo y sucio sombrero Stetson de ala corta, una chaqueta desteñida por el sol con el forro saliéndose por los codos, pantalones a cuadros blancos y negros que le quedan demasiado cortos y unas botas vaqueras gastadas, oscuras, un viejo chaleco y una camisa de color verde pálido. Existe solo en las mentes de MAY y EDDIE, aunque ellos puedan hablarle directamente y puedan reconocer su presencia física. El viejo los trata como si todos existiesen en el mismo tiempo y lugar.

MAY. Está sentada al borde de la cama de cara al público con los pies en el suelo, las piernas separadas, los codos apoyados sobre las rodillas, las manos caídas y cruzadas sobre las rodillas, la cabeza echada hacia delante mirando al suelo. Está absolutamente quieta y permanece en esta misma actitud hasta que habla. Lleva una pollera de mezclilla azul, una amplia camiseta blanca y va descalza con una pulsera de plata en el tobillo. Tiene treinta y pocos años.

 

EDDIE. Está sentado junto a la mesa, en la silla del fondo, de frente a MAY. Lleva botas de cowboy destrozadas y llenas de barro, y unos jeans muy gastados, sucios, que huelen a sudor de caballo. Camisa vaquera marrón con botones de cierre automático; un par de espuelas le cuelgan del cinturón. Al andar cojea ligeramente y da la impresión de que casi nunca se baja del caballo. Su cuerpo, en general, posee una peculiar cualidad de abandono, como si hubiese envejecido antes de tiempo. Está en los últimos años de la treintena. En el suelo, entre sus pies, hay una correa de cuero como las que utilizan los domadores de caballos. En la mano derecha lleva un guante de montar y echa resina en el guante con una bolsita blanca. Mientras hace esto mira a MAY e ignora al VIEJO. Cuando la canción va llegando a su final, se inclina hacia adelante, agarra con la mano enguantada la correa y la retuerce de modo que produce un extraño sonido debido a la fricción del cuero y la resina. Acaba la canción. Las luces están completamente encendidas; retira la mano y se quita el guante.


ED: (Sentado, sacudiendo el guante contra la mesa) May, mirá. ¿May? No me voy a ninguna parte. ¿Lo ves? Estoy acá. No me fui. Mirame. (Ella no lo hace). No sé por qué no querés mirarme. Soy yo, ya lo sabés. ¿Quién te creés que soy? (Pausa). ¿Querés algo, un vaso de agua? ¿Eh? (Se levanta despacio, se acerca a ella cautelosamente, le acaricia la cabeza con suavidad, y ella sigue quieta). May, vamos... No podés quedarte así. ¿Cuánto tiempo llevás ahí sentada? ¿Querés que salga y te traiga algo? (Ella le agarra de repente la pierna que tiene más cerca y se aferra a ella con fuerza, enterrando la cabeza entre sus rodillas). No me voy a ir. No te preocupes. No me voy a ir, voy a quedarme acá, ya te lo dije. (Ella se aferra aún más a su pierna; él se queda ahí parado y le acaricia suavemente la cabeza). May, vamos, soltame. Voy a meterte en la cama, ¿querés? (Ella le agarra la otra pierna y se sujeta con fuerza a las dos). Vamos... voy a acostarte, te voy a preparar un té caliente o lo que quieras. ¿Querés té? (Ella agita violentamente la cabeza y sigue agarrada a sus piernas). ¿Con limón? ¿O un poco de Nesquik? May, soltame ya. (Pausa, y después ella lo empuja y vuelve a su posición inicial). Ahora acostate y tratá de relajarte.

(EDDIE intenta tumbarla sobre la cama suavemente mientras retira las mantas. Ella reacciona furiosa, saltando de la cama y golpeándole con los puños. Él se echa hacia atrás. MAY vuelve a la cama y lo mira furiosa, airada, cara a cara).

ED: (Después de una pausa) ¿Querés que me vaya? (Ella menea la cabeza).

MAY: ¡No!

ED: ¿Entonces qué querés?

MAY: Olés.

ED: Huelo.

MAY: Olés.

ED: Llevo varios días manejando.

MAY: Te huelen los dedos.

ED: A caballo.

MAY: A concha.

ED: Vamos, May.

MAY: Huelen como a metal.

ED: No empecemos con esas idioteces.

MAY: A concha de chica rica. Muy limpia.

ED: Sí, claro.

MAY: Sabés que es verdad.

ED: Vine a ver si estabas bien.

MAY: ¡No te necesito!

ED: Muy bien. (Se da la vuelta para irse, recoge su guante y la correa). Está bien.

MAY: ¡No te vayas!

ED: Me voy.

(Sale por la puerta izquierda dando un portazo).

MAY: (Grito de agonía) ¡No te vayas!

(Agarra la almohada, apretándosela contra el pecho y luego se tira boca abajo en la cama, gimiendo y moviéndose de un lado a otro, apoyada sobre los codos y las rodillas. Fuera de escena se oye a EDDIE que vuelve. Ella se levanta, aferrada a la almohada, y se queda de pie a la derecha de la cama frente a la puerta de la izquierda. EDDIE entra por esta puerta dando un portazo. Deja afuera el guante y la correa. Se quedan un segundo uno frente al otro. Él hace un movimiento hacia ella. May se retira hasta el rincón derecho del fondo de la habitación, apretando la almohada contra el pecho. EDDIE se queda contra la pared de la izquierda mirándola).

ED: ¿Qué pasa, eh? ¿Qué tengo que hacer?

MAY: Ya lo sabés.

ED: ¿Qué?

MAY: Vas a quitarme del medio.

ED: ¿De qué estás hablando?

MAY: Vas a quitarme del medio, o vas a hacer que alguien lo haga.

ED: ¿Y por qué iba a querer hacer eso? ¿Me estás jodiendo?

MAY: Porque soy un estorbo para vos.

ED: No seas estúpida.

MAY: Soy más viva que vos y lo sabés. Puedo oler tus pensamientos incluso antes de que vos los pienses.

(EDDIE se mueve junto a la pared hasta la esquina del fondo a la izquierda. May sigue manteniendo su territorio en la esquina opuesta).

ED: May, estoy tratando de cuidarte, ¿entendido?

MAY: Qué va. Te sentís culpable únicamente. Cobarde y culpable.

ED: Buenísimo. (Pausa).

MAY: (Tranquila en el rincón) Voy a matarla, ¿sabés?

ED: ¿A quién?

MAY: A quién...

ED: No me hables así.

(MAY empieza a moverse lentamente hacia la derecha mientras EDDIE se mueve simultáneamente hacia la izquierda).

MAY: Pienso hacerlo. La voy a matar a ella y después te voy a matar a vos. Sistemáticamente. Con cuchillos muy afilados. Con dos cuchillos distintos. Uno para ella y el otro para vos. (Golpea la pared). Para que la sangre no se mezcle. Aunque a ella voy a torturarla antes. A vos no. A vos te voy a matar de repente. En mitad de un beso, probablemente. Justo cuando creas que todo pasó, justo en el momento que pienses que conseguiste engatusarme. Entonces morirás.

ED: ¿Sabés cuántos kilómetros me aparté de mi camino solo para venir acá a verte? ¿Tenés idea?

MAY: Nadie te pidió que vengas.

ED: Dos mil cuatrocientos ochenta.

MAY: ¿Ah, sí? ¿Y dónde estabas, en Katmandú o algo así?

ED: Dos mil cuatrocientos ochenta.

MAY: ¿Y qué?

(EDDIE deja caer la cabeza, mira al suelo. Pausa. Ella lo mira fijamente. Él empieza a moverse lentamente hacia la izquierda mientras habla, pegado a la pared).

ED: Te extrañaba. De verdad. Te extrañé más que a nadie en toda mi vida. No paré de pensar en vos todo el rato mientras manejaba. Podía verte, todo el tiempo. A veces solo una parte de vos.

MAY: ¿Qué parte?

ED: El cuello.

MAY: ¿El cuello?

ED: Sí.

MAY: ¿Extrañabas mi cuello?

ED: Te extrañaba entera pero, por algún motivo, tu cuello volvía a mí una y otra vez. Por culpa de tu cuello no paré de llorar.

MAY: ¿Llorabas?

ED: Sí. Lloraba. Como un nene. No lo podía controlar. Empezaba a llorar de repente, y después paraba... y después otra vez, volvía a empezar. Durante kilómetros y más kilómetros. No podía parar de llorar. Me pasaban algunos autos y la gente me miraba. Tenía la cara desfigurada. No lo podía controlar.

MAY: ¿Eso fue antes o después de tu fiestecita con la condesa?

ED: (Golpea la cabeza contra la pared) ¡No hubo ninguna fiesta con ninguna condesa!

MAY: Sos un mentiroso.

ED: La invité una vez a cenar, ¿está bien?

MAY: ¡Ja! (Ella se mueve hacia el fondo).

ED: Dos veces.

MAY: ¡Te la estuviste tirando sin parar! No me vengas con esas historias.

ED: Podés creer lo que quieras.

MAY: (Se para junto a la puerta de baño) ¡Me voy a creer la verdad! Es menos confusa. (Pausa).

ED: Voy a llevarte conmigo, May.

(Ella tira la almohada contra la cama y se va al rincón del fondo a la derecha).

MAY: No pienso volver a esa casa rodante, si es lo que tenés pensado.

ED: Voy a trasladarla. Compré un terreno en Wyoming.

MAY: ¿En Wyoming? ¿Estás loco? Yo no pienso irme a Wyoming. ¿Qué es lo que hay allá? ¿Hombres Marlboro?

ED: No podés quedarte acá.

MAY: ¿Por qué no? Tengo un trabajo. Acá soy ahora una ciudadana normal.

ED: ¿Tenés un trabajo?

MAY: (Se mueve hacia la cabecera de la cama) Sí, ¿qué te habías creído, que soy una inútil?

ED: No, pero es que... hace mucho tiempo que no trabajás.

MAY: Soy cocinera.

ED: ¿Cocinera? Pero si ni siquiera sabés freír un huevo...

MAY: ¡No pienso volver a hablarte!

(Ella se da vuelta, corre al baño y cierra la puerta. EDDIE la sigue, intenta abrir la puerta, pero se ha encerrado).

ED: (En la puerta del baño) May, lo tengo todo pensado. Llevo semanas pensando en esto. Traslado la casa rodante de lugar. Construiré un potrero para los caballos. Tendremos una huerta grande y a lo mejor algunas gallinas.

MAY: (Desde el otro lado de la puerta) ¡Odio las gallinas! ¡Odio los caballos! ¡Odio toda esa mierda! Vos lo sabés. Debés confundirme con otra persona. Y seguís viniendo a verme con esa pobre vida campestre de ensueño, llena de gallinas y verduleras, y yo no puedo soportar nada de eso. Solo pensarlo me entran ganas de vomitar.

ED: (Mientras tanto EDDIE ha cruzado el escenario hacia la izquierda y se para junto a la mesa) Ya te acostumbrarás.

MAY: (Entra desde el cuarto de baño) ¡Sos increíble! (Cierra de un portazo la puerta del cuarto de baño y cruza hasta la ventana).

ED: Esta vez no te voy a dejar, May. (Se sienta en una silla, junto a la mesa).

MAY: Para empezar, jamás me has tenido. (Pausa). ¿Cuántas veces me has hecho esto?

ED: ¿El qué?

MAY: Engañarme con alguna fantasía idiota para dejarme luego tirada como un trapo. ¿Cuántas veces ha ocurrido eso?

ED: No es ninguna fantasía.

MAY: Todo es una fantasía.

ED: Y además, nunca te he dejado tirada.

MAY: ¡No, simplemente desapareciste!

ED: Ahora estoy aquí, ¿no?

MAY: Vaya... ¡alabado sea Jesucristo!

ED: Te voy a cuidar, May. De verdad. Voy a quedarme a tu lado pase lo que pase. Lo prometo.

MAY: Andate de acá. (Pausa).

ED: ¿Por qué tuviste que escaparte?

MAY: ¿Escaparme yo?

ED: Sí. ¿Por qué no pudiste quedarte quieta? Sabías que iba a volver a recogerte.

MAY: (Cruzando a la cabecera de la cama) ¿Cómo te pensás que es estar sentada durante semanas enteras dentro de una casa rodante de lata, con el viento soplando a través de las rendijas? Esperando que llegue el gas. Haciendo dedo bajo la lluvia para ir a la lavandería. ¿Te parece una vida muy excitante?

ED: (Sigue sentado) Te compré un montón de revistas.

MAY: ¿Qué revistas?

ED: Antes de marcharme te compré todas esas revistas de moda. Creí que te gustaban. Esas que son como francesas.

MAY: Sí, me gustó especialmente la que tenía a la condesa en la portada. Eso fue un buen detalle. (Pausa).

ED: Muy bien. (Se pone de pie).

MAY: ¿Muy bien qué?

(EDDIE se dirige a la puerta de la izquierda).

MAY: ¿Adónde vas?

ED: A sacar mis cosas del camión. Vuelvo ahora mismo.

MAY: ¿Estás pensando en venirte a vivir aquí?

ED: Bueno, pensaba quedarme a pasar la noche si te parece bien.

MAY: ¿Hablás en serio?

ED: (Abre la puerta) Entonces supongo que me marcharé.

MAY: (Se pone de pie) Esperá.

(Él cierra la puerta. Se quedan un rato mirándose. Ella va despacio hacia él. Se para. Él da algunos pasos hacia ella. Se para. Se acercan uno al otro. Se paran. Pausa, mientras se miran. Se abrazan. Se dan un beso largo y tierno. Se tratan con mucha dulzura. Ella se aparta ligeramente de él. Sonríe. Le mira directamente a los ojos y de pronto le da un rodillazo en los huevos con una fuerza tremenda. EDDIE se dobla por la mitad y cae al suelo como una roca. Ella se queda de pie encima de él. Pausa).

MAY: Puedes aguantarlo, ¿no? Sos doble de riesgo.

(Ella entra al cuarto de baño, dando un portazo. Eddie permanece en el suelo sujetándose el vientre, dolorido. Las luces del escenario bajan a media intensidad, mientras un foco se va encendiendo lentamente encima del VIEJO. Este le habla directamente a EDDIE).

VIEJO: Creía que vivías de la fantasía, ¿no es esa tu forma de ser fundamental? Sueñas las cosas, ¿no es cierto?

EDDIE: (Sigue en el suelo) No lo sé.

VIEJO: No lo sabés... Pues si tú no lo sabés, no sé quién carajo va a saberlo. Quiero enseñarte algo. Algo real. ¿Querés? Algo verdadero.

ED: Muy bien.

VIEJO: Echá un vistazo al cuadro que hay en esa pared. (Señala la pared derecha. No hay ningún cuadro, pero EDDIE mira la pared). ¿Lo ves? Miralo bien. ¿Lo ves?

ED: (Mirando la pared) Sí.

VIEJO: ¿Sabés quién es?

ED: No estoy seguro.

VIEJO: Barbara Mandrell. Es ella. Barbara Mandrell. ¿Oíste hablar de ella?

ED: Claro.

VIEJO: ¿Y me creerías si te dijese que estoy casado con ella?

ED: (Pausa) No.

VIEJO: Bien, verás, esa es la diferencia. Eso es realismo. En mi mente yo realmente estoy casado con Barbara Mandrell. ¿Lo podés comprender?

ED: Claro.

VIEJO: Bien. Me alegro de que nos entendamos.

(El viejo bebe de su taza. El foco se apaga lentamente mientras las luces del escenario recuperan toda su intensidad. May entra desde el baño y cierra la puerta silenciosamente. En las manos lleva un vestido rojo, unas medias y unos zapatos de tacón alto, un bolso negro colgado del hombro y un cepillo para el pelo. Cruza hasta los pies de la cama y tira la ropa sobre ella. Cuelga el bolso de un poste de la cama, se sienta a sus pies dando la espalda a EDDIE y empieza a cepillarse el pelo. Ed sigue en el suelo. May termina de cepillarse y tira el cepillo sobre la cama. Después empieza a quitarse la ropa y a ponerse la que trajo. Mientras le habla a Eddie y se pone la nueva ropa, se va transformando gradualmente en una mujer muy atractiva. Esto ocurre a lo largo de su parlamento).

MAY: (Voz muy fría, casi monótona, como si le estuviera escribiendo una carta) No comprendo mis sentimientos. De verdad que no. No comprendo cómo, después de tanto tiempo, puedo odiarte así. Cómo, a pesar de lo mucho que me gustaría no odiarte, te odio todavía más. El odio crece. Ahora ya ni siquiera puedo verte. Lo único que veo es una imagen tuya. Tuya y la de ella. Y ni siquiera sé ya si la imagen es real. Además, me da igual. Es una imagen inventada que invade mi cabeza... ustedes dos. Y esa imagen me hace muchísimo más daño que si realmente te hubiese visto con ella. Me hiere. Me hiere hasta lo más hondo y nunca podré superarlo. Pero tampoco puedo deshacerme de la imagen. Me viene sin buscarla. Es como una pequeña tortura. Y te culpo más por esta pequeña tortura que por todo lo que hiciste.

ED: (Levantándose despacio) Me iré.

MAY: Será mejor.

ED: ¿Por qué?

MAY: Es mejor simplemente.

ED: Creí que querías que me quedara.

MAY: Va a venir alguien a buscarme.

ED: (Breve pausa, de pie) ¿Aquí?

MAY: Sí, aquí... ¿dónde si no?

ED: (Se le acerca) ¿Estuviste saliendo con alguien?

MAY: (Se mueve rápidamente a la izquierda, cruza a la derecha) ¿Cuándo fue la última vez que estuvimos juntos, Eddie? ¿Eh? ¿Podés acordarte de algo tan lejano?

ED: ¿A quién estuviste viendo?

(Se acerca violentamente a ella).

MAY: ¡No me toques! Ni se te ocurra tocarme.

ED: ¿Cuánto tiempo hace que lo ves?

MAY: ¿Y eso qué te importa?


(Breve pausa. Él se queda mirándola, y súbitamente se vuelve y sale por la puerta de la izquierda, dando un portazo)

MAY: ¡Eddie! ¿Adónde vas? ¡Eddie!

(Breve pausa. Ella sigue a EDDIE con la mirada y luego se vuelve de prisa y va a la ventana. Separa las persianas, mira la ventana y se vuelve hacia la habitación. Corre hacia la cama, se pone en cuatro patas, saca una valija debajo de la cama, la tira encima de ella y la abre. Corre hacia el baño y desaparece, dejando abierta la puerta. Vuelve con varias prendas de ropa, las mete en la valija y se vuelve para ir otra vez al baño. Se para. Escucha a EDDIE fuera de escena. Cierra rápidamente la valija y vuelve a meterla debajo de la cama y se sienta en ella. Se para de nuevo, corre al baño, vuelve con un cepillo de pelo y cierra la puerta de un portazo. Empieza a cepillarse el pelo como si lo hubiese estado haciendo hace un rato. Se sienta en la cama, sin dejar de cepillarse. Eddie entra, da un portazo. Se queda ahí parado con una escopeta en una mano y una botella de tequila en la otra. Se acerca a la cama y tira la escopeta sobre ella, al lado de MAY)

MAY: (se levanta, da unos pasos, deja de cepillarse) Ah, maravilloso... ¿Qué vas a hacer con ese chiste?

ED: Limpiarlo (abre la botella) ¿Tenés vasos?

MAY: En el baño.

ED: ¿Y qué carajo hacen en el baño?

(EDDIE va hacia la puerta del baño con la botella)

MAY: Guardo todo en el cuarto de baño. Es más seguro...

ED: ¿Querés un poco?

MAY: Ya no bebo.

ED: Estupendo, ya era hora.

(Entra al baño. MAY vuelve hacia la cama, mira la escopeta)

MAY: Eddie, el que va a venir es muy simpático.

(pausa)

¿Eddie?

ED: (desde el baño) ¿Dónde están los vasos de mierda?

MAY: En el botiquín.

ED: ¿Y qué carajo hacen en el botiquín?

(Sonido de botiquín)

MAY: En el botiquín no hay microbios.

ED: Microbios...

MAY: Eddie, ¿me oíste?

(Eddie entra con un vaso, llenándolo lentamente de tequila, mientras cruza hacia la mesa)

MAY: ¿Escuchaste lo que te dije, Eddie?

ED: ¿De qué?

MAY: Del hombre que va a venir acá.

ED: ¿Qué hombre?

MAY: Dale...

(Eddie coloca sobre la mesa la botella de tequila y después se sienta en una silla. Bebe del vaso un sorbo largo. Ignora al Viejo)

ED: Para empezar, la cosa no puede ser muy seria...

MAY: ¿Ah, no? ¿Y por qué no?

ED: Porque lo llamaste “hombre”.

MAY: ¿Y cómo tendría que llamarlo?

ED: Tipo, o algo parecido. Si hubieras dicho que es un tipo, me preocuparía, pero como dijiste hombre, te delataste. Te pones en una situación ridícula con ese tipo llamándole hombre. Te pones por debajo de él.

MAY: ¿Qué vas a saber vos?

ED: Ese tipo debe ser un tarado. Debe ser un pobre imbécil vestido con un traje de dos mangos, o algo por el estilo.

MAY: Para vos todos los que no están a punto de matarse cayéndose de un caballo o subiéndose a un toro son unos tarados.

ED: Exacto.

MAY: ¿Y vos qué se supone que sos, un tipo o un hombre?

(Eddie baja lentamente el vaso. La mira, pausa. Sonríe y luego habla en voz baja y con intención)

ED: Te voy a decir una cosa. Vamos a esperar que venga ese hombre. Los dos juntos. Nos vamos a quedar acá esperando. Después voy a dejar que seas vos la que juzgue.

MAY: ¿Por qué para vos es todo una gran competición? Él no está compitiendo con vos. Ni siquiera sabe que existís.

ED: Podés presentarme.

MAY: No voy a presentarte. Definitivamente no voy a presentarte. Él se sentiría muy incómodo de encontrarme acá con otro. Además, acabo de conocerlo.

ED: ¿Incómodo?

MAY: Sí, incómodo. Es una persona muy sensible.

ED: ¿De verdad? Bueno, yo también soy una persona muy sensible. Resulta muy fácil herir mis sentimientos.

MAY: ¿Qué sentimientos?

(Eddie se queda en silencio, da un trago, luego se levanta despacio con el vaso en la mano, deja la botella sobre la mesa, cruza hacia la cama. Se sienta en ella, deja el vaso en el suelo, agarra la escopeta y empieza a desarmarla. May lo observa detenidamente)

MAY: No podés seguir así, metiéndote en líos. Me lo hiciste durante demasiado tiempo. Me enfermo cada vez que aparecés, y después cuando te vas me enfermo de nuevo. Para mí sos como un padecimiento. Además, no tenés derecho a estar celoso de mí, después de toda la mierda que te tuve que aguantar.

(Eddie tiene fija la atención en la escopeta mientras le habla)

ED: Tenemos un pacto.

MAY: Ay, Dios...

ED: Hicimos un pacto.

MAY: ¡Ahora ya no hay nada entre nosotros!

ED: Entonces ¿por qué estás tan excitada?

MAY: No estoy excitada.

ED: Estás fuera de vos.

MAY: Me estás volviendo loca. ¡Me estás volviendo completamente loca!

ED: Sabés que estamos conectados el uno al otro, May, y que siempre lo vamos a estar. Es algo que se decidió hace mucho tiempo.

MAY: ¡No se decidió nada! Tú lo inventaste todo.

ED: Vos sabés lo que pasó.

MAY: Me prometiste que se había acabado. No podés empezar otra vez con todo eso. Me lo prometiste.

ED: Una promesa no puede acabar con una cosa así. Simplemente pasó.

MAY: ¡No pasó nada! ¡Jamás pasó nada!

ED: Inocente hasta la última gota...

MAY: (pausa controlada) Eddie, ¿te quieres ir, por favor? Ahora.

ED: Vas a descubrirlo, de una manera u otra.

MAY: Quiero que te vayas.

ED: Antes no querías que me fuera.

MAY: Pero ahora quiero que te vayas. Y no es por este hombre. Es que...

ED: ¿Qué?

MAY: Imbécil. Eso lo deberías saber ya.

ED: Eso es lo que pensás, ¿eh?

MAY: Va a pasar lo mismo una y otra vez. Vamos a estar juntos durante algún tiempo, pero después vos te vas a ir.

ED: Yo me voy a ir...

MAY: Te vas a ir, lo sabés. Ahora me querés, solo porque estuve viendo a otro hombre. En cuanto todo eso se haya terminado, te vas a ir otra vez.

ED: ¡Yo no vine hasta acá porque vos estés saliendo con otro! ¡Me importa un carajo a quién veas! ¡Jamás me vas a poder reemplazar, y vos lo sabés!

MAY: ¡Andate!

(Largo silencio. Ed levanta el vaso y brinda por ella. Luego bebe despacio hasta la última gota. Deposita el vaso en el suelo lentamente)

ED: (le sonríe) Muy bien.

(Se levanta muy despacio, recoge las piezas de la escopeta. Se queda parado un segundo mirando las piezas. May se mueve ligeramente hacia él.)

MAY: Eddie...

(Él levanta la cabeza y la mira. Ella se para en seco.)

ED: Sos una traidora.

(Sale por la izquierda con la escopeta. Da un portazo. May corre hacia la puerta)

MAY: ¡¡Eddie!!

(Se abalanza sobre la puerta, alarga los brazos y acaricia las paredes. Llora y empieza a moverse lentamente a lo largo de la pared de la izquierda hacia la esquina del fondo abrazando la pared mientras avanza, sin dejar de llorar. El viejo empieza a contar su historia mientras May sigue absorta con su sentimiento de pérdida, y sigue moviéndose alrededor de la habitación, acariciando las paredes en el transcurso de la historia hasta que llega a la esquina frontal de la derecha. Cae al suelo de rodillas.)



(Lentamente, durante el lamento de May, el foco se enciende sobre el Viejo, y las luces del escenario vuelven otra vez a la mitad de su intensidad)

VIEJO: ¿Sabés?, hay una cosa que jamás voy a olvidar. No la voy a poder olvidar mientras viva... y ni siquiera sé exactamente por qué la recuerdo. Íbamos de viaje por el sur de Utah, me parece... vos, tu madre y yo, en aquel viejo Plymouth que teníamos. ¿Te acordás de aquel Plymouth? En el frente tenía un adorno de plástico blanco. Creo que era una copia del Mayflower. Bueno, era algún barco. Llevábamos toda la noche viajando y tú estabas completamente dormida en el asiento de adelante. De repente te despertaste llorando. Te quejabas de algo. Tenías una pesadilla, o algo por el estilo. Despertaste a tu madre, y ella te pasó al asiento de atrás para tratar de calmarte. Pero no te callabas por nada del mundo. No parabas de chillar. Así que paré el Plymouth al borde de la ruta, en la mitad de la nada. Te recogí del asiento de atrás y te llevé al campo. Pensé que el aire te iba a calmar un poco, pero seguías gritando. Y entonces, de repente, vi que algo se movía. Algo que era más grande que nosotros dos juntos. Empezó a moverse hacia nosotros despacito...

(May empieza a arrastrarse lentamente en cuatro patas desde el rincón frontal de la derecha hacia la cama. Cuando llega a la cama, agarra la almohada y la abraza todavía arrodillada. Se mece hacia atrás y adelante abrazando la almohada mientras el viejo continúa)

Y entonces empezaron a juntarse otras cosas iguales, con la misma forma y el mismo aspecto. Estaba tan oscuro que no podía ni siquiera verme la mano. Pero esas cosas empezaron a moverse hacia nosotros desde todas las direcciones en un gran círculo. Yo me quedé parado, y volví la vista hacia el auto para ver si tu madre estaba bien. Pero ya no podía ver el auto. Así que la llamé, gritando su nombre. Y ella me contestó desde la oscuridad con un grito. Y justo entonces esas cosas empezaron a hacer “muuu”, todas se pusieron a mugir.

(Hace el ruido de la vaca mugiendo)

Resultó que nos encontrábamos en el medio de un rebaño de vacas. Nunca en tu vida habrás visto callarse a una chica tan rápido. Después de eso no hiciste ni un solo ruido durante el resto del viaje.

(MAY deja bruscamente de mecerse. De pronto oye a Eddie afuera. Las luces del escenario vuelven a encenderse. El foco que hay encima del VIEJO se apaga. May se pone de pie de un salto abandonando por completo su pena, duda un segundo y luego corre a una de las sillas que están junto a la mesa y se sienta. Toma un trago directamente de la botella, la deja con fuerza sobre la mesa, se echa hacia atrás en la silla y mira a la botella como si hubiese estado sentada de esa forma desde que Eddie salió. Eddie entra de prisa llevando dos sogas. Da un portazo. Ignora a MAY por completo. Ella también lo ignora y sigue mirando la botella. Él va hasta la cama, tira sobre ella una de las cuerdas y empieza a hacer un lazo con la otra. Ahora empieza a prestar atención a MAY, mientras sigue jugando con la cuerda. Ella sigue mirando la botella de tequila.)

ED: Decidiste volver a tomar, ¿eh?

(Hace girar el lazo por encima de su cabeza atrapando el poste de la cama). Quita el lazo del poste, rehace el lazo, vuelve a tirar hacia otro poste y así, sin fallar ni una sola vez. May toma otro trago y deja la botella en la mesa.

MAY: (Todavía sin mirarle) ¿Qué estás haciendo?

ED: Practicar un poco. Hoy en día hay que estar entrenado. Hay unos chicos por ahí que te amarran un ternero en segundos. ¿Lo podés creer? En seis segundos... saltan de la montura como si fueran monos. Te voy a decir que están convirtiendo a esto en una ciencia. (Sigue echando el lazo a los postes de la cama recogiéndola en círculo).

MAY: (Neutra, mirando la botella) Creía que te ibas. ¿No dijiste que te marchabas?

ED: (Sigue con el lazo) Bueno sí, iba a irme. Pero ahí afuera, en el estacionamiento, de repente se me ocurrió que es probable que acá no vaya a venir ningún hombre. Probablemente no hay ningún tipo, ni ningún hombre, ni nadie que vaya a aparecer por acá. Lo inventaste vos todo.

MAY: ¿Y por qué iba a hacerlo?

ED: Para desquitarte.

(MAY se vuelve despacio hacia él, sentada, toma un trago, lo mira).

MAY: Jamás podré desquitarme con vos.

(Él se ríe, va a la mesa, toma un largo trago de la botella, echa la cabeza hacia atrás, hace unas gárgaras, traga, y luego da una pirueta hacia atrás cruzando el escenario para acabar estrellándose contra la pared de la derecha).

MAY: Así que ahora vamos a ser muy malos y muy traviesos, ¿no? Como en los viejos tiempos.

ED: Bueno, es que hace bastante tiempo que no suelto las riendas. Fui muy bueno, de verdad: nada de bebida, nada de juego, nada de mujeres, nada de nada. La verdad es que he sido un tipo bastante aburrido y creo que de vez en cuando me debo esto a mí mismo.

(Vuelve a tirar el lazo a los postes de la cama y May lo mira desde la silla).

MAY: ¿Por qué estás haciendo esto?

ED: Ya te lo dije, necesito entrenamiento.

MAY: No me refería a eso.

ED: Entonces explicame a qué te referís.

MAY: ¿Por qué volvés otra vez al mismo rollo, como si trataras de impresionarme o qué sé yo, como si acabásemos de conocernos? Son las mismas tonterías que me hacías en el colegio.

ED: (Sigue con el lazo) No es más que una pequeña muestra de mi amor. ¿No te das cuenta? Porque si dejara de intentar impresionarte, significaría que todo se habría acabado. ¿No?

MAY: Es que se acabó.

ED: Vos también tratás de impresionarme, ¿eh?

MAY: Me conocés perfectamente, no tengo nada nuevo que mostrarte.

ED: Está ese tipo que va a venir, el nuevo, eso es muy impresionante. Creía que a estas alturas no tenías ya nada que ver con nadie.

MAY: Vaya, muchas gracias.

ED: ¿Cómo es? ¿Un tipo joven o algo por el estilo?

MAY: No es asunto tuyo.

ED: ¿Te lo tiraste ya?

(Ella le lanza una mirada furiosa clavando los ojos en él).

ED: ¿Te lo tiraste? Es simple curiosidad. (Pausa). No tenés que decírmelo, yo ya lo sé.

MAY: Sos como un chico, ¿sabés? Como un niñito mimado y caprichoso.

(Eddie se ríe, escupe, pone cara de niño caprichoso y sigue echando el lazo).

ED: Espero que ese tipo venga. Te juro que tengo ganas. Quiero verlo entrar por esa puerta.

MAY: ¿Qué vas a hacer?

(Él deja el lazo, se vuelve hacia ella y sonríe).

ED: Voy a sentarlo de culo en el suelo. Sin más.

(De repente tira el lazo a la silla delantera, justo al lado de MAY. Tira de la soga y trae la silla violentamente hacia la cama. Pausa. Se miran. May se levanta de pronto, va a la cama, agarra su bolso, se lo cuelga del hombro y se dirige a la puerta de salida).

MAY: No pienso quedarme a ver todo esto.

(Sale por la puerta dejándola abierta. Eddie sale detrás de ella).

ED: ¿Adónde vas?

MAY: (Fuera) Quítame las manos de encima.

ED: (Afuera) Esperá un segundo, esperá un segundo. Solo un segundo. ¿De acuerdo?

(May grita. Eddie la trae a escena gritando y dando patadas. La deposita en el suelo y cierra la puerta. Ella se aparta de él arreglándose el vestido).

ED: Voy a decirte una cosa. Me voy a portar bien, voy a ser muy simpático. Te lo prometo. Voy a ser como un gatito. ¿Está bien? Podés presentarme como tu hermano o lo que quieras. Bueno... quizás no como tu hermano.

MAY: Quizás no...

ED: Tu primo. ¿Está bien? Seré tu primo. Solo quiero conocerlo, nada más. Después me voy. Te lo prometo.

MAY: ¿Por qué querés conocerlo? No es más que un amigo.

ED: Únicamente para ver en qué andás ahora. Puede saberse mucho de una persona por la gente a la que ve.

MAY: Escuchá, voy a salir. Voy al teléfono que hay del otro lado de la calle. Voy a llamarlo y a decirle que se olvide de la cita, ¿está bien?

ED: Estupendo, mientras tanto te hago la valija.

MAY: ¡No voy a irme con vos, Eddie!

(De repente, la luz de los faros de un auto cruza el escenario a través de la ventana. Recorren al público y se desvanecen hacia la izquierda).

MAY: Vaya, lo que faltaba.

(Corre hacia la ventana, mira por ella. Eddie se ríe y bebe un trago).

ED: ¿Por qué no salís corriendo? Dale, corré, echate en sus brazos o algo por el estilo. Tirale besitos a la luz de la luna.

(Eddie se ríe. Va a la cama y se saca del cinturón un par de viejas espuelas. Se sienta. Empieza a ponérselas. May entra en el cuarto de baño dejando la puerta abierta).

MAY: (Desde el baño) ¿Qué hacés?

ED: Estoy poniéndome las espuelas. Quiero tener buen aspecto para este hombre. Causarle una buena impresión, al fin y al cabo soy tu primo.

MAY: (Entrando) Si le hacés algo, Eddie...

ED: No voy a hacerle nada. Soy un tipo simpático y además muy sensible. Muy civilizado.

MAY: Solo voy a salir con él, es una cita normal y corriente, un amigo.

ED: ¡Un amigo! Pues pienso dejarlo hecho un higo.

(Empieza a reírse tanto de su chiste que rueda por la cama y se cae al suelo. Le entra un ataque de risa y golpea el suelo con los puños. May se mueve hacia la puerta, se para y se vuelve hacia Eddie).

MAY: ¡Eddie! Haceme un favor, solo por esta vez.

ED: (Riéndose mucho) Lo que quieras, May. Lo que quieras. (Sigue riéndose histéricamente).

MAY: (Alejándose de él) ¡Mierda!

(Va a la puerta de la izquierda y la abre. Afuera está todo oscuro y solo brilla la luz del porche. Se queda en el umbral mirando hacia la calle. Pausa, mientras Eddie recupera un poco el control de sí mismo, deja de reírse y mira a MAY).

ED: (Todavía en el suelo) ¿Qué hacés?

(Pausa. May sigue mirando hacia fuera). ¡May! ¿Qué hacés?

MAY: (Mirando por la puerta) No es él.

ED: ¿Así que no es él?

MAY: No.

ED: ¿Y quién es?

MAY: Otra persona.

ED: (Levantándose lentamente y sentándose en la cama) Bua... probablemente nunca va a ser él. ¿Por qué tratás de ponerme celoso? Sé que estuviste viviendo sola.

MAY: Es un Mercedes-Benz grande, enorme, superlargo y negro.

ED: (Pausa). Esto es un hotel, ¿no? La gente tiene derecho a estacionar enfrente de un hotel si está viviendo acá.

MAY: La gente que vive acá no maneja un Mercedes-Benz largo, enorme, superlargo y negro.

ED: Vos no, pero otra persona sí.

MAY: (Todavía en la puerta) Este no es un hotel de los Mercedes negros.

ED: Muy bien, entonces cerrá la puerta y volvé acá.

MAY: Me están mirando fijamente desde ese auto.

ED: (Se pone de pie de prisa) ¿Y qué hacen?

MAY: Qué hacen no, qué hace ella.

(Eddie se tira al suelo detrás de la cama).

ED: Bueno, ¿entonces qué hace ella?

MAY: Estar ahí sentada. Mirándome.

ED: Alejate de la puerta, May.

MAY: (Volviéndose lentamente hacia él) No conocerás por casualidad a alguien que tenga un Mercedes-Benz negro, ¿verdad?

ED: ¡Alejate de la puerta!

(De repente, los rayos blancos de los faros cruzan el escenario a través de la puerta abierta. Eddie se abalanza contra la puerta, la cierra y echa a May a un lado. Justo en el momento de cerrar la puerta, suena a la izquierda el disparo de una pistola mágnum de gran calibre, seguido inmediatamente del sonido de un cristal que se hace añicos. Después suena la bocina de un coche que se mantiene en una sola nota implacable).

MAY: (Gritando por encima del sonido de la bocina) ¿Quién es? ¿Quién es esa que está ahí afuera?

ED: ¿Y yo cómo voy a saber?

(Eddie apaga el interruptor que hay junto a la puerta de la izquierda. Las luces del escenario se apagan. La luz del baño sigue prendida).

MAY: ¡Eddie!

ED: ¿Te querés agachar? ¡Tirate al suelo!

(Eddie la agarra y trata de tirarla al suelo detrás de la cama. May lucha con él en la oscuridad. La bocina sigue sonando. Los faros empiezan a cambiar de luces cortas a largas, barriendo el escenario a través de la ventana).

MAY: ¿Quién es esa? ¿Vino con vos? ¡Hijo de puta!

(Empieza a pegarle a Eddie luchando contra él, mientras este trata de tirarla al suelo).

ED: ¡Yo no traje a nadie! ¡No sé quién es esa! ¡No sé quién es esa! No sé de dónde habrá salido. ¡Tirate al suelo! ¿Querés?

MAY: Te siguió hasta acá. ¿Verdad? Le dijiste adónde ibas y ella te siguió.

ED: No le dije a nadie adónde iba. Ni yo mismo lo sabía hasta que llegué acá.

MAY: ¡Esta me la vas a pagar! Te lo juro por Dios que me la vas a pagar.

(Finalmente Eddie consigue que se agache y se sube encima de ella para que no pueda levantarse. May deja de resistirse poco a poco mientras él la tiene pegada al suelo. La bocina se calla de pronto. Los faros se apagan. Larga pausa. Escuchan en la oscuridad).

MAY: ¿Qué crees que están haciendo?

ED: ¿Cómo querés que yo lo sepa?

MAY: No me vengas con que no la conocés. Ese es el tipo de auto que conduce una condesa. Ese es el tipo de auto en el que siempre me imaginé.

(Vuelve a debatirse. Eddie sujetándola).


 

viernes, enero 10, 2020

EL CONFIN Patricia Zangaro

EL CONFIN

Patricia Zangaro




A Sara Clérici y Juan Carlos Martini Real, amigos míos



PERSONAJES:
CORSO
LIDIA


EL ALBA

El esqueleto de un viejo almacén de ramos generales se recorta sobre la llanura. A foro, el horizonte. Amanece.

La luz crece sobre CORSO, que dormita sobre la carrocería quemada de un auto, abrazado a un fusil. Un astroso uniforme del ejército de frontera no alcanza a cubrirle el vientre, que asoma, colosal y lustroso, sobre las piernas.

Bajo el cartelón mugriento que anuncia: ALMACEN DE RAMOS GENERALES LA CAUTIVA aparece LIDIA, los ojos pringosos en la cara seca. Arrastra los pies hasta la bomba, y la acciona con resignación. El crujido del hierro oxidado despierta a CORSO.

CORSO: ¿Ya amaneció?...
LIDIA: ¡La gran puta!
LIDIA se sienta en el umbral del almacén. Saca de su bolsillo tabaco, se arma un cigarrillo, y fuma con desgano.
CORSO: Me pica el bagre...
LIDIA:... A carnear cuervos...
LIDIA fuma. CORSO se seca el sudor con la manga.
CORSO: Cuando suba el sol nos vamos a quemar vivos...
LIDIA se ríe y se atraganta con el humo.
LIDIA: ¡Ojalá!... A lo mejor ni el sol se digna a venir... y se queda quieto allá en el horizonte...
CORSO: El sol va a subir... Y el general también...
LIDIA (Escupiendo tabaco): ...Ese va a subir cuando seamos carroña...
CORSO vuelve a secarse el sudor.
CORSO: Un resplandor... anoche me despertó una luz... venía del otro lado del confín... es una señal...
LIDIA: Siempre me despierta un fogonazo... hay luz del otro lado del horizonte... pero no es una señal...
CORSO: Apenas vi la fogata agarré el fusil... (Ahuecando la voz) "No sea que caigan los bárbaros y lo encuentren desarmado, Corso".
LIDIA vuelve a reírse.
LIDIA: ¡La fogata!... En el circo no nos despedíamos de un pueblo sin hacer una fogata... Baigorria quemaba un diablo de trapo.... (Impostando la voz, como un galán de radioteatro) "Esto para que se divierta el piberío, Lidia "- me decía... parecía un dios en medio del fuego...
CORSO: ¿Ves esta chaqueta? ¿La ves bien? El general me la va a llenar de medallas: (Volviendo a ahuecar la voz) "una por cada pampa, Corso"... Porque no pienso dejar títere con cabeza....
LIDIA: Yo vi la luz... pero no era una señal... Baigorria no vino a buscarme...
CORSO: Cuando hay fuego baja el malón... y el general cruza el horizonte.
LIDIA se atraganta con el humo.
LIDIA: ...Ese va a venir por la carroña, como los cuervos...
CORSO se vuelve hacia LIDIA, con ojos implorantes.
CORSO: Me pica el bagre...
LIDIA: Rascate...
CORSO, con obediente desesperación, se clava las uñas en el vientre.
CORSO: Un día de estos te voy a carnear y a comer cruda... ¡Hacen bien los bárbaros, carajo! ¡A degüello el hembraje si no sirve ni para parar la olla!
LIDIA aspira su cigarro.
LIDIA: ...Un dedo de gasolina...
CORSO: ¿Te vas a prender fuego?
LIDIA: Un dedo de gasolina... y me rajaba al confín.
CORSO: ¡Cualquier día! La chata no se toca. Es un obsequio del general.
LIDIA apaga el cigarrillo y mira el horizonte, con obstinación.


EL MEDIODIA
Sol vertical. CORSO, el torso desnudo y llagado por la quemazón, está parapetado detrás de la chatarra. Apunta con el fusil hacia el horizonte. LIDIA, que ha buscado precario refugio bajo el alero, se apantalla
débilmente.

LIDIA: Estás en carne viva...
CORSO no contesta. Otea absorto el horizonte.
LIDIA se ríe con desgano.
LIDIA: Como el culo del pibe cuando lo cosiste a rebencazos...
CORSO no contesta.
LIDIA: Cuanto más lo despellejabas más rabioso te ponías... el cuero te silbaba en las manos... hasta que un chorro de sangre te salpicó el hocico...
CORSO se vuelve hacia LIDIA, pero calla.
LIDIA: ...entonces te chupaste la sangre y le arrancaste la piel con tus propias manos... el pibe gritaba, como los puercos cuando los carnean para hacer morcilla...
CORSO: ¡Gritaba porque le gustaba, mierda!
LIDIA calla. CORSO se incorpora y se limpia el sudor de los ojos.
CORSO: ¡Como a todos!... Se bajan los calzones cuando los pescan en falta: ¡Cágueme a rebencazos, general, me mamé! ¡Pegue sin asco, mis hijos se robaron la res, general! ¡Me quedé dormido, general, rájeme el culo hasta desangrarme!
LIDIA calla. CORSO eleva los ojos al cielo.
CORSO: Estoy ardiendo...
LIDIA: Le curé las heridas y se lo chupó el horizonte... Cuando el sol quema me parece que lo escucho gritar...
CORSO: Dame agua...
LIDIA se ríe y vuelve a apantallarse.
LIDIA: Ese va a traerte el agua... cuando baje al desierto por la carroña...
CORSO: ¿Ves aquella nube sobre el confín? Es la polvareda que levanta el malón cuando baja para alzar cautivas. ¡Les echan el lazo, y se las llevan a los toldos para arrancarles la lengua!
LIDIA se echa a reír con ganas.
LIDIA: ¡Qué calor! Nos estamos prendiendo fuego.


LA TARDE
CORSO, sentado bajo el alero, juega a las cartas. LIDIA se ha echado sobre el camino de tierra y remienda obsesivamente un disfraz de india enmohecido.
CORSO: (Como si jugara con un parroquiano) ¡Envido!
LIDIA: ¡Un piojo, mierda!
CORSO juega, en silencio.
LIDIA: ¡Todos los santos días despiojo la melena, y todos los santos días revientan las liendres!
CORSO: ¡Truco!
LIDIA: A Baigorria no le gusta la mugre... en Chascomús nos metió a todos en la laguna... una mañana de invierno... salí a la pista enloquecida de fiebre... los huesos me bailaban, los ojos me hervían en las cuencas... tenía la voz de un espectro... "¡Nunca te salió mejor el papel de la cautiva, Lidia!"... Esa noche conocí el carromato de Baigorria...
CORSO: ¡La gran puta!
CORSO arroja las cartas sobre la mesa y da por terminado el juego.
CORSO: Me van a estallar las tripas.
LIDIA: Tenés el cuero duro... todavía aguanta...
CORSO: Un fuego que me roe... adentro...
LIDIA: Duro como el pibe... le tuviste que arrancar el pellejo con las manos...
CORSO: ¡Los bárbaros no tienen piel!... Es una fibra arisca que hay que partir a rebencazos... Mi mama siempre me decía: "Pórtese bien, Corso, ¿o quiere que lo cosa a rebenque como a indio cerdudo?"
LIDIA: ...Y gritaba... como si lo carnearan vivo...
CORSO: ...Voy a llenar el desierto de cueros de pampa... como ropa tendida... secándose al sol...
LIDIA: ...Cuando se lo chupó el horizonte... empezó el silencio...
CORSO: ...Entonces el general va a cruzar el horizonte... y me va a llenar el pecho de medallas...
LIDIA: ...Le curé las llagas para empaparme las manos de su sangre...
CORSO: ...Y cuando alcance el otro lado del confín... voy a pasear por Florida con un carro lleno de bárbaros... para que los pibes les tiren piedras y la ciudad entera se ría de los apestados...
LIDIA: ...Todavía lo siento... un olorcito fresco... en las palmas...
CORSO: También voy a llevar cautivas, con las manos desolladas, por haber tocado sangre bárbara.
LIDIA se vuelve hacia CORSO y lo mira con atención.
LIDIA: Un día me voy a cansar... y voy a echar a andar... hasta que se me pudran las piernas... y me vas a ver chiquita como un piojo allá en el horizonte... y me voy a tirar de cabeza del otro lado del confín... ¡y chau, se terminó!
CORSO vuelve a doblarse sobre la mesa.
CORSO: Voy a reventar...
LIDIA: Es el calor... fermenta...


EL CREPUSCULO
Cae la tarde. El alero se llena de sombras.
LIDIA y CORSO están apartados. Ambos miran obsesivamente el horizonte.
LIDIA: (En voz baja, como un rezo) Cincuenta y seis, cincuenta y siete, cincuenta y ocho, cincuenta y nueve...siete y cuarto...uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis...
LIDIA Y CORSO miran el horizonte.
CORSO: (Cazando un mosquito) ¡Reventé otro, general! ..."Bravo, Corso"...Y van treinta y dos...
LIDIA: ¡Contá en silencio, me confundís! Cincuenta y ocho, cincuenta y nueve...¡siete y veinte!...uno, dos, tres, cuatro, cinco...
CORSO: (Cazando otro) ¡Je! ¡Treinta y tres!
LIDIA: Veintiuno, veintidós, veintitrés, veinticuatro, veinticinco...
CORSO: ¡La edad de Cristo! ¡Mírelo bien, general! ¡Las patas largas, grande, fornido... como el cacique aquel... ¿se acuerda del que emboscaron en la aguada...
LIDIA: (Contando rabiosamente) ¡Cuarenta y ocho, cuarenta y nueve, cincuenta, cincuenta y uno..!
CORSO: ...y después lo pasearon desnudo por Florida? Tenía bien puesta la lanza el muy guacho... y todo el hembraje porteño se juntó para verlo pasar...
LIDIA: (Frenética) Siete y veinticinco... baja el sol... uno, dos, tres, cuatro...
CORSO: ¡Me lo hubieran dejado a mí! Le arrancaba la lanza hasta desangrarlo... ahí nomás, delante de todas esas perras... Como a éste, mire cómo lo aplasté... grande el tipo... fuerte... seguro que de capitanejo no baja...
LIDIA: ¡Veintiocho, veintinueve, treinta... ya oscurece... treinta y uno, treinta y dos, treinta y tres...!
CORSO: ¡Treinta y tres no! Esa es mi cuenta...
LIDIA: ¡Callate! Treinta y tres... treinta y...
CORSO: ¡Yo maté treinta y tres, carajo!
LIDIA: ¡Que pierdo la hora! Treinta y cuatro... treinta y cinco...
CORSO: ¡Me clavo en treinta y tres y se acabó! ¡Son órdenes del general!
LIDIA se vuelve hacia CORSO, furiosa.
LIDIA: Eran las siete y media... y se iba a poner el sol...
CORSO: El sol no se va a poner. Antes tiene que bajar el general.
LIDIA niega con resignación.
CORSO: Anoche vi la fogata... era una señal... Primero el malón, después el general con las medallas... LIDIA: No era una señal... Siempre hay luz del otro lado del confín... Y casas llenas de gente que comen y chupan hasta hartarse... Después salen a la puerta para hacer la digestión... Y cuentan chistes, y ríen hasta el amanecer... Los hombres hacen sonar la bocina de sus autos... Y las mujeres los esperan con sus críos... Un chico de pellejo duro se ríe a carcajadas... Y Baigorria que baila... como un dios en medio del fuego..."¡Lidia, Lidia, he venido a buscarte!"... ¡Pero yo no puedo verlo! ¡Porque todo eso pasa allá atrás!... Y yo estoy aquí... como ciega...
CORSO: El general no me va a fallar...
LIDIA: ...Como si ése me hubiera arrancado los ojos cuando nos tiró en el desierto y se lo chupó el horizonte... y tuviera las cuencas vacías...como la carroña...
CORSO: Porque fui un hombre fiel... a rebencazo limpio... por pura lealtad... y eso tiene su recompensa...
LIDIA: ...Y sólo estuviese esperando que bajen los cuervos...
CORSO: ¡Eso tiene su recompensa, carajo!
LIDIA y CORSO callan. Miran obstinados el horizonte.
Crecen las sombras sobre las ruinas del almacén.
LIDIA se ríe.
LIDIA: ¡El sol se pone igual, te jodí!... Un día menos.
CORSO se encoge de hombros.
CORSO: Mañana vuelve a arder...
LIDIA se ríe con más ganas.
LIDIA: Y se te van a abrir las llagas... Y será otro día... menos.
CORSO aprieta el fusil.


LA NOCHE
Luz de luna sobre el almacén. LIDIA está sentada sobre el umbral, y fuma, como al comienzo. CORSO lloriquea como un niño sobre el fusil.

CORSO: Está oscuro, mama...
LIDIA: Ya falta poco.
LIDIA se ríe, amarga.
LIDIA: Si cruzara el confín... me haría actriz... pero no de carácter, como en el circo... bataclana... como ésas que se subían al trapecio con medio culo al aire, y Baigorria las miraba embobado... puta, eso me gustaría ser... puta de teatro...
CORSO: ¡Mama!... cuando se viene la noche bajan los indios cerdudos...
LIDIA: Aunque ya estoy vieja... en lugar de culo, un rabo de perro matungo... y las tetas hundidas en la clavícula... dicen que eso es por dar de mamar...
CORSO: ¡Y pensar que se me murió! Cualquier día me iba a dejar pasar hambre, pobrecita! Cinco kilos de ravioles amasaba, todos los domingos... El general se chupaba los dedos...
LIDIA: Un día de estos me llego hasta el confín y me tiro de cabeza... a atorrantear en las pasarelas... ¡y chau, se terminó!
CORSO: Si me parece escucharla: " Péguele un tiro a esa atorranta, Corso, y hágase un lindo estofado"... El general va a comprender...
LIDIA: ¡Hace años que se acabaron las balas!... Y yo tengo la carne desabrida como gallina vieja...
CORSO: Si estuviera mi mama...
LIDIA: Si pudiera arrastrarme hasta el horizonte... Baigorria debe de estar bailando... con las rodillas flojas... como yo...
CORSO: Siempre le tuve miedo a la noche... se me da por llorar, como los chicos...
LIDIA: Igual que el pibe... lo hacías gemir como un cordero... hasta que se fue... seguro que está bailando allá atrás... con Baigorria... él no me haría estofado por ser bataclana... a los pibes les gusta la vida del teatro...
CORSO: Aquella noche me mamé ... cuando la comadrona me entregó el crío y le vi las crines y el pelaje oscuro... me eché a llorar como una hembra... El general alzó el rebenque, y lo volvió a alzar hasta despellejarme... No le gustan los maricas... ¡Pero yo digo que hay que ser muy hombre para aguantar la noche en este páramo, minado por la sed y el hambre, y el ojo atento en el horizonte!
LIDIA: Ya falta poco... estamos cada día más cerca de la carroña...
CORSO: Mañana... seguro que baja mañana...
LIDIA: ¿Oís?... Graznan los cuervos... tal vez bajen antes de que amanezca...
CORSO: ...Y cuando cruce el llano... y vea la tierra limpia de intrusos hasta el horizonte... entonces me va a llenar el pecho de medallas...
LIDIA se echa a reír, lunática.
LIDIA: Revolotean sobre mi carne... y se relamen de gusto... como si fuera una puta... la mejor puta del bataclán.
CORSO se aferra al fusil.
CORSO: ¡Los maté a todos, mama!... ¡Mama!... No me deje solo...
LIDIA ríe mientras graznan los cuervos.

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