martes, mayo 22, 2018

Bardo, vigor en la atmósfera. Leonel Giacometto. Mónólogo para muchacho.
























Bardo, vigor en la atmósfera

Leonel Giacometto




"Bardo, vigor en la atmósfera"


"Bardo, vigor en la atmósfera", es una pieza teatral escrita por el autor argentino Leonel Giacometto. La obra tuvo su estreno en el año 2015 en la Facultad de Arte de la ciudad de Tandil, en la provincia de Buenos Aires, contando con la actuación de Lucas Máximo y la dirección de Mariano Espondaburu y Cecilia Gramajo.



La situación y el espacio

El texto presenta una estructura clara en cuanto a su ambientación y las acciones del protagonista:

  • El entorno: La acción se desarrolla en una habitación cerrada, sin ventanas ni conductos de ventilación, iluminada únicamente por una lámpara que pende del techo. Las paredes del lugar están cubiertas por diversos dibujos, textos y collages.

  • El personaje: El protagonista es un muchacho que se encuentra en una situación de espera. Su dinámica consiste en entrar y salir continuamente de la escena hacia un espacio contiguo (el off), desde donde habla con alguien que no se ve y transporta objetos, herramientas o alimentos.

  • Las referencias: A lo largo de su discurso, el joven menciona la convivencia con 23 figuras dentro de sí y evoca distintas referencias de la historia argentina, incluyendo una mención explícita a Juan Manuel de Rosas.

Hacia el final, la secuencia se concentra en el manejo de varios cuadros de próceres y una acción vinculada al fuego, cerrando la pieza con una cita de la escritora Sara Gallardo.




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Bardo, vigor en la atmósfera, de Leonel Giacometto, fue estrenada en la Facultad de arte de la ciudad de Tandil (Buenos Aires, Argentina) en 2015, con la actuación de Lucas Máximo y la dirección de Mariano Espondaburu, Cecilia Gramajo. www.alternativateatral.com/obra38671-bardo-vigor-en-la-atmosfera

El Congo es una región de la mente.
Graham Greene


Se ve una habitación, pero también hay otra. Y otra, quizás. Hay puertas, hay cosas dispersas por ahí. Hay posibles instrumentos musicales. Hay pulcritud, buen gusto, cosas útiles para ser tocadas. Lo de cosas es un decir. Podría haber cosas porque sí (podría no es a propósito el porque sí). No hay ventanas, ni ventilas; ni un ventiluz hay. Pero sí un techo de donde pende un cable, que sostiene una lámpara cromada (o similar), que da una especie de luz semi amarilla, en cono. Todo podría estar a propósito. O no. En las paredes hay dibujos, escritos y collages en los cuales es muy fácil perderse.

Muchacho, no hombre. Está en una espera; o acaso ése sea su estar. No está solo pero sólo se lo ve a él. Ahora no hay nadie a la vista.

El muchacho, desde el off, en el otro espacio, viene manteniendo una conversación. Alguien lo escucha del otro lado. Hay una especie de armado de algo. Entra, sale, vuelve a salir, se demora, reingresa, ensaya diferentes formas y partes de lo próximo; sale, se demora, vuelve a entrar. Pareciera no simular. Ve que hay gente del otro lado. Vuelve a salir. Todo esto muchas veces, a gusto; y a discreción. En sus entradas y salidas -se ve-, el muchacho transporta lo que podrían ser herramientas, sus objetos útiles. O comida. Del otro lado, al parecer, no sólo conversa. También repara algo. O lo prepara. O lo cocina.

Las pausas son algo. Algo es cualquier cosa, hasta un silencio.

Los raptos y trances no son, siquiera, resquicios ni desquicios de resabios farmacológicos. Son ámbitos sensoriales sosegados de efectos visuales, como un olor.

El muchacho fuma.

El muchacho podría hacer canciones algunas de sus palabras (no en off). Algunas.

La cuarta pared es una decisión de ritmo, simulación, suplantación y riesgo.

Muchacho (En off. Bajo. Ya viene hablando.): (…) La venganza de Hermes pensé yo en ese momento, te juro. Fue tan automático lo que se me vino, mirá, que no te puedo decir que lo pensé yo siquiera. (Pausa.) Oporto sazonado. (Pausa.) Digo que se me vino de golpe lo de Hermes cuando Lama me detallaba lo de los moretones. (Pausa.) Olé. (Pausa.) Con la culata de una Versa le pega cuando está por acabar. Eso dijo. (Pausa. Entra. Ensaya lo próximo. Gentil.) Me tuve que inventar meticulosamente una trama para poder estar acá. Y ahora que estoy acá no sé cómo decir esto que es la cortesía que la candidez me pasa, entera, por toda mi existencia. (Silencio. Pausa. Sale y vuelve a entrar, todo rápido. Ensaya lo próximo. Altivo.) Lo primero que hay que hacer, es aceptar lo que acá se está planteando. Esta es la primera contienda. O el primer error. (Sale. En off.) Salgo feo. (Silencio.) Salgo feo. Salgo feo. (Pausa. En off.) Salgo feo, salgo feo, salgo feo. (Pausa. En off.) Kazi Dawa. Algo así. (Pausa. En off.) A mí, sinceramente, me hubiera gustado negar todo el suceso y dar por cierto lo que yo te había dicho que Hermes me había contado sobre la frase ésa que me hizo notar que decía Helena sobre el suicidio de los escorpiones y yo no sé qué más sobre lo real porque no le presté la más mínima atención aquella vez. Ni nunca, en realidad. Ahora la invoco, mirá vos. (Pausa. En off.) Sí, salgo feo. (Pausa. Pareciera repensar.) Que deje, dijeron, ¿no? (Pausa. Reingresa. Ensaya lo próximo.) Que deje todas las luces encendidas, que retire todos los obstáculos, que no me resbale, que use los pasamanos, que me fije la temperatura del agua antes de bañarme. (Pausa.) Eso me dicen. (Pausa.) Ahora. (Pausa. Detención. Piensa en algo fuertemente por un instante, pero no lo dice. Sigue con lo suyo.) Que me evite de vez en cuando, me dicen, en realidad. (Pausa.) Y que me dimensione. Y que me dimensione en mis propias expectativas. (Pausa.) Que vea todos los parches me dicen. (Pausa. Sale. En off.) Afuera es un problema. (Pausa. Reingresa.) Ahora es todo. (Pausa.) Eso me dicen. (Pausa.) Esto es para mí. (Sale. En off. Irritado.) Acerca de qué, acerca de qué, acerca de qué, acerca de qué decime vos, acerca de qué podés hablar en una situación como la mía. (Pausa.) Estoy enmudeciendo, sin embargo. Digo pavadas. Pavadas. Pavadas. (Un golpe se escucha. O el arranqué de un motor.) Juan Manuel tenía siempre camisas celestes. Y andaba siempre de mangas arremangadas, como un colectivero en verano. (Pausa. Sonríe.) Qué sabrá de colectivos Juan Manuel. Lo llevaron a un borde. Gente vil hay en todas partes, te juro. Hermes compró un Shocklender. Acordate. (Pausa.) Tantas promesas que se pagan. (Se ofusca.) De qué. (Pausa.) De qué. (Pausa.) De qué escarbando dentro de qué, decime vos, de qué. (Vuelve a entrar. Otro. Podría ser una canción.) Acerca de lo cerca de todas las cosas juntas y desparramadas que hacen, de todos, que todo lo ajeno se haga propio. Y lo ajeno mío. (Pausa.) Mío. (Pausa.) Mío tan ajeno que a veces duele. (Pausa. Las pausas son algo. Algo es un decir.) Solitaria manifestación de estos tugurios donde yo soy su parte. (Pausa. El muchacho entra, sale, vuelve a salir, se demora, transporta o arrastra, arregla o cocina, reingresa, ensaya diferentes formas y partes de lo próximo; sale, se demora, vuelve a entrar. Ensaya lo próximo. O canta. Un decir, como actuar.) Yo esplendía. (Pausa.) Lo juro. (Pausa.) Y derrapé. (Pausa.) Lo voy a contar. (Pausa.) Corralones a cielo abierto. Lluvias amargas. Atracones. Salvajes sin procedencia. No anunciadas h… (Se interrumpe.) No anunciadas. (Pausa.) O tal vez sí. (Pausa. Rápido, a alguien.) Quisiera saltar hacia donde estás. (Pausa.) Atracones fueron decía yo a la vera de la hoy ruta 9. (Pausa.) No sé explicarlo. Perdón. (Pausa.) Pero están. (Pausa.) Ahora es todo. (Pausa.) Los atracones no son un estado discutible para vivir. El que se atraca es propenso a la disolución de las formas y al hastío emocional. (Casi en un rapto. Lúcido.) Costó entenderlo: venían de noche. (Pausa.) Esto cuesta. Esto cuesta. Esto cuesta. (Pausa. Bajo y algo raro.) Somoveintiré. (Pausa.) En demasía ellos querían acortar el trayecto hacia el amanecer. Pero amanecía. Y se iban. Eso hacían. Con la fuerza endeble quedaba yo, que esplendía. (Pausa.) Estelas de polvo y sandalias dejaban. Olor a pasto quemado, a crines, a semillas de veneno guardadas en las manos. (Pausa. Ido.) Filas de rodillas pintadas. (Pausa.) Oí que me llamaban por esto. (Pausa.) Esto es un secreto. (Pausa.) Lo cautivo entra en un valijín. (Pausa.) Lo juro. (Pausa.) Yo no sé si quise. (Pausa. Se excita.) Mador. Mador. Mador. (Pausa.) Me divorciaban de todo. Yo no lo podía creer. Yo no lo podía creer. (Pausa.) Y sin embargo, sucedía. (Pausa.) Sucede aunque me miren así. (Pausa. Vuelve.) Esto cuesta. Ya lo dije. (Pausa. Mira atentamente a alguien. Piensa en irse. Piensa en quedarse y seguir. Pausa.) Malformaciones tenía en todo el cuerpo. (Pausa.) Parecían eso. (Pausa.) Era dolor. (Pausa.) Podría dibujarlo. (Pausa.) Un dibujo de lo que dolía como algo que ejerce presión de adentro hacia afuera podría dibujar. (Se aburre de repente. Amaga con irse. Se queda.) Esto es serio. Era un dolor preciso y l… (Se interrumpe. La resignación o la congoja aparecen.) Era es un decir. Las malformaciones se hicieron zonas: tres. Cabeza, pecho, estómago. Se me hizo habitual. (Pausa. Insiste.) Esto es serio. Repito: es serio. Es el desfajase, la resequedad sin culpa ajena, la domesticación de la rabia, el no verte llegar, el viro errado de la cuestión, el inesperado misterio de no poder encontrarse, de repente, ante el peso del mundo. (Pausa.) Es serio y a pesar mío, esto es teatro. (Pausa. Algo se quebró y algo vino en él. En trance o similar.) Vienen. (Pausa.) Elásticos cuellos de quien… (Se interrumpe.) Me tocan. (Pausa.) Delgados no, delgaduchos y medio encorvados. La mayoría. Sus cuerpos. Cuerpos, cuerpos, cuerpos, cuerpos, cuerpos, cuerpos, fibras con más marcas que carne. Lampiños, extremadamente lampiños. Uno espera más pelo en esa gente. Sólo sus piernas y sus brazos. Mestizos, digamos, cuyas marcas estaban en sus pantorrillas –finas y evocativas de su origen. Eran fuertes gracias al incayuyo. (Pausa. Respira hondamente.) Hay un tropel dentro mío. (Pausa. Rápido, a alguien.) Quisiera saltar hacia donde estás. (Pausa.) Eso me dicen. Yo repito. Derrapé. Ya lo dije. (Pausa.) Y soy gentil. Creo. (Pausa.) Hablaban poco. Ahora no. Jamás opinaban. Ahora son todo. (Pausa.) Yeguarizo, Reumay, Tripailao, Coliqueo, Murena, Pincén. Pijudos. (Silencio.) Pijudos que rompían la regla de que todo pijudo es tonto. Vergas. Gruesas, como en gancho. Atravesaban los toldos. Y yo con ellos. (Pausa.) Fueron veintitrés. Me dijeron: “Has de suponer esto como algo preconcebido. Deberemos forzar hasta la proyección. Israel está en la cabeza, en el estómago y en los intestinos. Toda calumnia viene de adentro. Somos la última especie de nosotros mismos”. (Pausa.) Qué, qué, qué sólo atinaba a decir yo, pero más o menos dijeron otra cosa pero ahora el que habla me dice: “a troche y moche te dejaste comer la cabeza por cualquiera. Pudiste haberte defendido apenas notaste cómo te iban dando de relumbrón los acrílicos y los refucilos que, claro está, no brillan como el oro. Ni el cristal. Hemos sido ortodoxos. Como todo cristiano, como todo judío, como todo musulmán. (Pausa.) De estas tres sale todo”. (Pausa. Otro.) Dicen eso. Y es una indiada. Bruta. Resentida. La siento por las noches. (Pausa.) Te comieron la cabeza, entre tanto. (Pausa.) Me comieron la cabeza. (Pausa.) Entran y salen, a voluntad creo. (Algo sale.) Me humillo por esto. (Pausa.) Pero entran y salen. (Pausa.) Escotes, flojedades, tiranteces. Eso quedó. (Pausa.) Todo se escucha. (En trance o similar) Somos 23. (Pausa.) Estamos dentro de la forma. Eso dice el que habla. Somos 23 y hablamos como uno. (Sale y vuelve a entrar.) Comenzó con silbidos alrededor mío. Susurros no, silbidos. Me estaban llamando. (Pausa.) Llevo 23 indios brutos de Chapadmadal dentro. (Pausa.) Suelen hablar, es justo hacerlo notar. (Sale. En off.) ¿Qué? ¿¡De qué hablás?! ¡¿De qué hablás?! (Pausa. En off.) ¡¿De qué hablás?! Yo quiero que vos me mires. Yo quiero que vos te sientes acá y me mires así mientras yo amablemente te siento desde los hombros; y quiero que me escuches y me digas por qué dios se va a ocupar de un planeta donde mora el perdedor? (Pausa. Reingresa. A alguien en particular. Cierta violencia.) Decime. Esto no es una metáfora. (Pausa.) Esto no es una metáfora. Ni un sueño. Ni una alucinación. (Pausa. A alguien.) Toda convención es poco seria acá. Esto no lo pensás mientras grillos te intranquilizan el caminar. (Pausa.) No estás caminando. (Pausa.) ¿Lo ves? ¿Lo ves? Yo soy su parte. ¿Lo ves? (Pausa.) “En la desesperación, todo rincón es una ventanita. Un aire prometido. Un prodigio interno. Un ventiluz”. (Pausa. Silencio.) Ya escuché. (Pausa. Sigue con alguien. Cambia.) Son ganas, en realidad. Yo también necesito de lo agradable. ¿Lo ves? (Pausa.) Dejá eso. (Pausa.) Dejá eso. (Pausa.) Es de Isaías. (Pausa.) Lo mismo que Hermes, dijo. (Pausa.) Lexapro. (Pausa. Otro.) Está lo que se necesita sin pensar, y está lo que uno lleva a cuestas, ¿no? ¿No? (Pausa.) Uno tiene el cuerpo hinchado, malgastado y lastimado. Uno viene sobrellevando remordimientos; casi fresco, casi valiente. (Se va ampliando. Ensaya lo próximo ya es un decir. Lúcido. Repentino y rápido.) Veo una curva. La tomo. Veo una calle con paredes altas, grises, a ambos lados. Pienso en galpones. Claro, al final de la calle, un destello azul. Es de noche, muy de noche. No hay luna. Nunca entendí eso. Hace calor. El destello azul se opaca de a ratos si lo miro fijo. Pienso en algún efecto traslúcido. Camino y veo que lo azul es un charco de agua refractada. Agua estancada. Llovió. (Pausa. A alguien.) Quisiera saltar hacia donde estás. (Pausa.) Hordas agresivas. Machos brutales capaces. Aun no amanecía. No caminábamos. No corríamos. Ni reptábamos. No bailábamos. Otra cosa percibíamos. Danzábamos. El suelo estaba aún inclinado. El mundo aún no se comía. Ni era de juguete. Ni demasiado. Nosotros no éramos faltos. Lo emocional no fallaba aunque había intemperies. No soy dictado. Vigor en la atmósfera. Fortines ilusos. Baúles con próceres incapaces. Los Pasos. Aplomo sin embargo. No sobornarse. Esto tiene su principio. (Íntimo.) A pesar mío, sin ser tenido en cuenta es la sensación que quisiera sentir. Lejos el frenesí iluso de no estar obligado a ver de por vida esto. (Trance o canción.) En el fondo, estamos sin vueltas, más imposibles que ciertos, sin embrago, de ciertos sucesos. (Pausa. Entra.) Impotentes e inútiles. Esto es un decir. Me comieron 23. (Pausa. Sale. Se demora mientras habla, transporta o arrastra, arregla o cocina, reingresa, sale, se demora, vuelve a entrar. Alterna idas y venidas, siempre para salir y comenzar a ingresar cuadros con dibujos e imágenes de alto próceres para terminar entrando, últimos, el de la mujer de Juan Manuel de Rosas. Todos los próceres fueron visibles. Los rocía con algo líquido mientras habla, explica, medita sobre los cuadros que va viendo. A público.) No sabe lo que hace. Nunca saben. Él dice flotar. Poco criterio, indudablemente. Ni la mitad, ni por asomo la mitad de todo lo que se había propuesto. Y eso que fue recién. (Pausa. Va apilando cuadros.) La pose y el arrastre. (Pausa. Otro.) “Detengamos esto”, me dijo Hermes, “te lo pido lo más ciertamente posible, detengamos esto. Yo no quiero hacerlo, y tampoco quiero que vos lo hagas. No quiero”, me dijo, “yo no quiero. Vamos a tener problemas. Tengo los dientes apretados desde febrero. Detengamos esto. Lo voy a contar”. (Pausa. Trance.) Ahora estamos dentro de la forma que se nos ha sido dada. Soy el que me habla. Soy el que me dice ser 23. Soy el que retiene. O no querer. Cerca tuyo doblegar el horror. (Enciende una antorcha o similar. Va a quemar los cuadros.) No hay vuelta atrás. (Sólo la luz del fuego.)

Apagón rápido y total.


Me entregué al misterio. / ¿Qué era?
Un cambio de tiniebla
hacia una tierra que quizá no existe.
Soy fiel. Persevero.

Sara Gallardo

sábado, mayo 19, 2018

MONÓLOGO FEMENINO LOS CAMALEONES ÓSCAR LIERA




MONÓLOGO:

LOS CAMALEONES

ÓSCAR LIERA

MÉXICO


Introducción Crítica: "Los Camaleones" de Óscar Liera

El mimetismo de la identidad en la dramaturgia del silencio

La obra de Óscar Liera (1946-1990) se erige como una de las piezas fundamentales de la "Nueva Dramaturgia Mexicana", caracterizada por una profunda crítica a las estructuras de poder, la hipocresía social y la desmitificación de la vida cotidiana. En el monólogo de Laura, perteneciente a su pieza Los Camaleones, Liera nos sumerge en una atmósfera de realismo psicológico donde la frontera entre lo público y lo privado se desdibuja a través del recurso de la confesión.

La narrativa nos presenta a Laura, una joven estudiante de antropología cuya edad parece fluctuar según la parte del cuerpo que se observe —una metáfora visual de su fragmentación interna—. Desde la seguridad aparente de su hogar de clase media, Laura entabla un diálogo unidireccional con una figura paterna que, al final, se revela como un simulacro: un muñeco de trapo. Este dispositivo dramático subraya la incapacidad de comunicación y la soledad estructural del individuo frente a una sociedad que exige uniformidad.

Ejes temáticos del monólogo:

El Mimetismo Social: El título de la obra hace referencia a la capacidad de adaptación del camaleón. Para Laura, la homosexualidad no es solo una orientación, sino un ejercicio de supervivencia que la obliga a "cambiar de color" (fingir, mentir, silenciar) para no ser devorada por su entorno.

La Tesis como Espejo: La investigación académica de Laura sobre el comportamiento humano y la zoología funciona como un mecanismo de defensa y, a la vez, como una herramienta de disección. Al cuestionar lo que la sociedad tacha de "normal" frente a lo "aberrante", el personaje utiliza la lente antropológica para denunciar la violencia de la heteronormatividad.

La Crisis del Modelo Patriarcal: La presencia del padre (y su posterior revelación como objeto inanimado) simboliza la búsqueda de validación ante la autoridad. El discurso de Laura transita desde la vulnerabilidad del desamor hasta el sarcasmo más visceral contra el matrimonio tradicional, al que describe como una transacción de "objetos" desprovista de verdadera conexión humana.

El monólogo culmina en una catarsis agridulce. Al desarmarse el muñeco, se desarma también la ilusión de haber sido escuchada. Laura queda suspendida en el "algún día", recordándonos que el verdadero drama del camaleón no es cambiar de color, sino el agotamiento de no poder mostrar nunca su piel verdadera.


LOS CAMALEONES

ÓSCAR LIERA



Personaje unico:
Laura

Si la viéramos a los ojos, pensaríamos que Laura tiene 22 años, las manos reflejarían 32; pero su boca concedería solamente 25. Ella confesaba siempre 24.
Ahora se encuentra en su casa. El buen gusto con el que habian sido elegidos los muebles y la gran cantidad de libros hacen parecer una sala demasiado elegante, sin embargo, los habitantes de aquella casa pertenecen a lo que normalmente llamamos clase media. El decorado podría resumirse de la siguiente manera: un librero con muchos libros y algunos elementos decorativos, cuadros en las paredes, un sofá, una mesita con un teléfono, al fondo, un escritorio con un sillón de respaldo alto, en donde, según parece, alguien, que está de espaldas al público, se halla sentado. El telefono esta descolgado mientras Laura busca un libro.


LAURA.- Mitos y ritos, mitos y ritos, mitos y ritos...la rama...el principio de las religiones... la magia. (Gritando.) ¿Por qué se te metió en la cabeza que yo lo tenía?
¿Tan inspirada te sientes como para comenzar tu tesis justamente el día de hoy?
(Corre al teléfono.) ¿Me oíste lo que te dije? Sí, era a ti. Yo no tengo ese libro. ¿No se lo prestarías a Olivia? Pues trata de acordarte bien, yo no lo tengo. ¿Tienes que comenzar tu tesis precisamente hoy? Pues sí. ¿Tienes que reunir todo el material? Pues ficha otro libro. ¿Qué exhiben? ¡Qué padre! Pero no puedo ir, tengo que hablar con mi papá ahora mismo, no, no lo puedo dejar para mañana. Bueno, sí, muy bien, yo te llamo.
Adiós Luisa.
Con un sentimiento extraño, parecido al dolor que produce el vacío cuando cala en las profundidades de los huesos, cuelga el teléfono y lo presiona sobre la mesita por largo rato como para que no fuera a brincar en algún momento. Voltea a ver la silla de la que sólo ve el respaldo y el pelo de alguien que, según parece, está sentado. Duda un poco, y luego, aspirando con fuerza el aire, como una gran dosis de droga que la reconforta, comienza a sonreír con cierta inocencia y después, con decisión, suelta el aire convertido en palabras.
Papá, te pedí que te quedaras porque quiero hablar contigo. Ya te dije que no quiero que voltees a verme mientras no haya terminado de decirte lo que pienso. Lo que te voy a decir es como una confesión que me hago a mí misma, es como uninteriorizarme ante tu presencia, es como si de pronto comenzara a resbalarme hacia el interior de mi ser y quedara volteada al revés, como quien voltea una media y se encuentra con sus hilos y sus costuras. ¿Me pregunto por qué tú? ¿Por qué tú y no mi mamá, por ejemplo? ¿O mis hermanos? No lo sé, tal vez porque eres el que ha estado más cerca de mí, o por lo menos eso es lo que me has hecho sentir durante toda mi vida. Tú me has dicho muchas veces que quieres ser mi amigo, y en este momento te acepto la proposición porque ahora lo que necesito no es un padre, sino un amigo.
Déjame fumar un poco de tu cigarro, amigo. (Toma el cigarro que está sobre el escritorio y se queda con él.) Delante de mis amigos, a veces, fumo; delante de mis padres nunca. Ahora es cuando yo debería conocer también tus secretos, pero no permitiste que se adhirieran a la boquilla. Los camaleones. Todo tiene que ver con la tesis que he escogido: “Los Camaleones”. Si hubieras visto la cara que puso el doctor Campos cuando conoció el título de mi tesis. (Lo imita.) “Señorita ¿usted pretende alcanzar la licenciatura en antropología o en zoólogo o veterinario?”
Pues mire doctor, le dije yo, todo depende de la gravedad del asunto que pienso tratar; si usted considera que el problema de antropología social que voy a estudiar llega a ser tan patológico que coloque al hombre por debajo de los seres racionales, creo que sí me he equivocado de vocación y debí haber estudiado veterinaria o zoología.
Entonces él me preguntó cuál era ése tan grave problema que pensaba presentar en mi tesis y yo le respondí: el comportamiento homosexual en los humanos. ¿Te das cuenta papá de lo que pienso hablar? Mi mamá pondría el grito en el cielo y se tiraría al piso fingiendo cualquier ataque extraño, pero tú no. Tú te quedas en el reposo que te he impuesto, maquinando, cerrando algunas de tus ventanas, seguramente haciendo gestos grotescos con la cara. ¿Has tenido tú alguna experiencia homosexual?
Según algunos investigadores, en los hombres es más común que en las mujeres. No, no me digas nada hasta que haya terminado con mi plática; si algún día tú quieres contar tu vida íntima, me gustaría mucho conocerla. Me gustaría saber, por ejemplo, si eres sexualmente feliz con tu mujer... a veces pienso que solamente te has acostado con mi mamá las veces necesarias para engendrar los hijos. Alba me contó que sus padres han condenado con energía el placer sexual, y que cuando iban a hacer el amor era sólo con el fin de engendrar el hijo, y antes de hacerlo tenían mucho cuidado de rezar algunas oraciones y pedirle un hijo a Dios, avergonzándose del acto que tenían que cometer. ¿No crees que sea completamente ridículo?

El timbre de la puerta viene a interrumpir el hilo de la conversación, y como un nuevo personaje se coloca en medio de ellos. Laura no sabe si atender de inmediato al extraño personaje entrometido, duda un poco, el timbre insiste como si fuera una interrogación constante, constante. Por fin, Laura se decide a ver quién es y se encamina hacia la ventana, pero al llegar prefiere no contestar aquella insistente interrogación y regresa a retomar la conversación.
Perdóname papá, pero no pienso abrir. No sé si te moleste estar soportando por algunos momentos el berrido de ese timbre infecto, pero prefiero terminar de hablar contigo sin distraernos en anda antes de que lleguen los demás. (Pausa.) Quiero hacer una buena tesis, una importante investigación, quiero que tú sepas que lo hago porque desde algún tiempo me he venido asqueando del mundo, y cada vez, cada día me doy más cuenta de que la tierra no puede ser el mejor planeta, ni los terrícolas los seres
más perfectos del Universo.
Laura, como llena de ira, se pone a correr por toda la sala y a gritar como si anunciara algo en venta.
¡El hombre es el animal más promiscuo que existe! ¡Todos los hombres les son infieles a sus mujeres! ¡Todas las mujeres piensan en otro hombre cuando están con el marido o se acuestan con el amante en turno! (Continúa furiosa.) Existen grupos de mujeres que dedican su vida a cobrar para que un hombre las use sexualmente, todos los adolescentes van con estas mujeres o engañan a otras para obtener de ellas lo mismo.
Esto, dentro de los cánones socio-religiosos se llama: relaciones “normales”. Pero existen otros seres que prefieren las relaciones sexuales con personas de su mismo sexo, esto puede ser aberrante a los ojos de los que no ven más allá de sus narices, y perfectamente normal para los que no clasifican al ser humano por sus relaciones sexuales, ni les importa la vida íntima de los hombres frente a la grandeza interior y trascendente. De cualquier manera, en ninguno de los casos, casi nadie dedica actualmente su vida sexual a una sola persona. A veces la gente se enamora de otra gente, se realiza sexualmente con ella y se siente el ser más agraciado del mundo; pero un día la situación cambia y uno de los dos se marcha con alguna mujer o con algún hombre. Quiero que tú, papá, me convenzas de que no le ponga ese título a mi tesis, quiero que tú seas uno de los que se realizan sexualmente con la mujer que ha elegido para madre de sus hijos, para compañera de toda su vida, y quiero que me digas, además, que los jadeos que escucho por las noches cuando paso cerca de la recámara de ustedes y que a veces me he detenido a oírlos para codificarlos, no son ronquidos como siempre he creído; dime que por las noches la tocas y se aman y los dos jadean y gozan juntos; (Pausa.) Sin embargo, siempre los he oído roncar. Convénceme de que estoy equivocada, de que no es un buen tema para mi tesis. Todo dependerá de lo que tú me digas. Un día, uno de los dos deja de amar, si están casados, roncan juntos y si es una relación libre, ese uno puede irse. En uno el amor se agota de pronto porque es incapaz de amar, o porque ha concebido el amor como un valor relativo y lo ha acomodado dentro de esta mezquina circunstancia en que vivimos los humanos. Pero tal vez en el otro el amor perdure, y cuando ese uno se ha ido, el amor crece en el otro con desespero y con enfermedad, como un tumor canceroso que se acomoda entre los
pulmones y se alimenta de oxígeno y después no deja respirar con tranquilidad y sin dolor. El amor se enferma mortalmente en el que se queda y poco a poco tiene que irmatándolo con la conciencia clara y completa de que es lo que más desearía conservar; de que puede ser el único amor de la vida. (Pausa.) Cuando esto sucede en las relaciones “normales”, el sufrimiento se puede exteriorizar, la familia entera podrá compartir la pena y se tratará, en lo más posible, de ayudar a reenfrentarse a la vida al que sufre; pero cuando esto se da fuera de este tipo de relaciones, es decir, dentro de las relaciones homosexuales, ¿quién le puede ayudar? ¿Qué actitud toma el homosexual frente a la familia y qué otra en la soledad? Tienen que ser unos seres miméticos, como unos camaleones, y sólo dejarán salir el llanto cuando estén a solas. ¡Papá, Dolores, mi mejor amiga, mi amante desde hacía tres años, me dejó hace una semana porque cree estar enamorada de una pinche alemana bizca que vino como arqueóloga! ¡Y me está llevando el carajo! ¡Y desde hace ocho días que me estoy ahogando con mi cáncer! ¡Y quisiera matarla en mí o morirme yo con ella dentro!
Laura cae en la desesperación pero se siente libre al poder expresar lo que piensa en el fondo de sí misma. Pretende curar su espíritu confesando sus más íntimas relaciones. Ahora sí desearía que su padre se levantara de la silla y se acercara a ella, y la abrazara, y la besara y le deslizara por la oreja alguna palabra de aliento, cualquier cosa que la hiciera sentir que no estaba sola. Le gustaría que el padre le comunicara que él estaba con ella y que también lo estarían su madre y sus hermanos. Deseaba le contara algunas relaciones homosexuales de su juventud, eso la hubiera acercado más estrechamente a él. Pero le asaltó el problema de sentirse compadecida y se apresuró a hablar.
Recuerda que no quiero que te muevas de tu sitio, no quiero que digas una sola palabra hasta el final de mi exposición; si es que tienes ganas de hacerlo. (Pausa.) Y luego tú, preguntando a la hora de la comida por Dolores, y lo hacía mi madre también y querían que la invitara a comer el sábado con nosotros y yo destrozándome por dentro, y recordaba sus labios, su talle, su pelo. ¡Y tenía que comer!, y tenía que inventar alguna mentira. (Pausa.) Mimética, me he vuelto yo también mimética, como un camaleón. Yo te pido que entiendas este estado en que me encuentro y al cual yo no pedí llegar. Yo no pedí llegar a esto, sin embargo creo que siempre me han gustado las mujeres, desde los primeros días de mi vida, y no sé por qué pero así es. A mí me hubiera gustado ser como todas, tener un novio, y los padres del novio piden la mano de la novia como quien pide solamente el guante derecho en ceremonia familiar, y los padres la dan como una cosa...
Laura ha llegado con gran facilidad al sarcasmo, comienza a hablar entre risas, risas que salen de su interior cuando habla de las relaciones que ella siempre entrecomillaba como “normales”, las cuales tenían muchas cosas que a una antropóloga como ella le parecían ridículas.Y los novios se casan...
Ahora, sin perder su sarcasmo, canta la marcha nupcial e imita a una novia boba que cruza dentro de la iglesia por entre una valla de amigos y parientes.

...Después, la fiesta, y el novio, una vez cumplidos todos estos requisitos, puede llevársela, su cosa, a cualquier hotel y romperle el himen, y la pobre muchacha temerosa queda asquerosamente penetrada por un hombre.
Las últimas palabras se expresaron en un grito, iban dentro de un grito, envueltas en un grito que se escapó de las profundidades de Laura. Después del grito la voz se le quiebra en los límites de la garganta y la lengua y las palabras comienzan a escurrírsele impregnadas de una especie de llanto lastimoso, dolorido, que brota como la saliva.
...Asquerosamente penetrada por un hombre, con un sexo extraño al de ella, un sexo que ni siquiera se le asemeja, un falo vomitante y duro como un hierro que sin piedad rompe membranas y se va introduciendo sin clemencia entre las carnes más blandas y el macho ruge de placer, el macho posee “su cosa” y casi la estrangula con sus gritos y su baba. Y cuando el naciente gozo de la mujer aparece, el macho canta triunfal su himno eyaculativo, se limpia la boca y se voltea de nalgas. ¡Qué asco! ¡Qué asco! ¿Cómo puede ser normal todo esto?
Suelta el llanto, busca un pañuelo y se limpia los ojos y la nariz. Le gustaría enviarle a Dolores todos los pañuelos llenos de lágrimas que ha ido guardando, enviárselos con una nota; el chantaje melodramático es corriente, pero en la guerra y en el amor se vale todo. Dolores es una angustia, un desespero, una obsesión. Se acerca al teléfono y con
lentitud marca una serie de números y espera con paciencia, de pronto, alguien levanta el audífono del otro lado de la línea.
¿Dolores? Es Laura. ¿Cómo estás? ¿Te podré ver hoy? ¿Qué? No, no he salido en toda la tarde. ¿Tú? ¿Y tocaste el timbre varias veces? No abrí porque estaba contigo, no, no estoy loca. ¿Y te peleaste con ella, por eso veniste? ¿Qué? ¡Ah! Pero ya te habló, claro y tú la quieres. No, no me haces daño... (El timbre de la puerta suena dos veces.) Alguien llama a la puerta, déjame ver quién es.
Deja el teléfono y corre hacia la ventana y mira hacia abajo. Se sorprende al ver a su padre en la calle.
¡Papá, papá! ¿No traes llaves? ¿Dónde están los demás? ¿Te veniste solo? ¿Qué? Sí, en este momento bajo a recogerlas y las meto de inmediato al refrigerador; sí, déjamelas con Catalina, bueno no te tardes.
Regresa con alegría al teléfono. Bueno, Dolores, bueno, bueno, Dolores...
Cuelga con gran cansancio el teléfono, voltea hacia la silla en donde está el bulto del hombre, se va acercando con lentitud. Coge la silla por el respaldo y comienza a empujarla, hay allí un muñeco, hecho, seguramente con la ropa de su padre. Lo pasea por toda la sala. El muñeco empieza a desbaratarse y van cayendo al suelo los rellenos de toallas, sábanas, almohadas, mientras Laura le dice.
Algún día me atreveré a decírtelo papá, algún día me atreveré. No quiero seguir fingiendo delante de ustedes y llorando a solas, algún día tendré el suficiente valor, algun dia.

MIENTRAS, SE VA CERRADO EL TELÓN

EL CABALLERO DE OLMEDO

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