miércoles, febrero 18, 2015

BAJO EL BOSQUE BLANCO.

 


 

BAJO EL BOSQUE BLANCO

UNDER MILK WOOD

Dylan Thomas

(Silencio)



PRIMERA VOZ

(Muy suavemente)

Para empezar desde el principio: es primavera, una noche sin luna en el pequeño pueblo, sin estrellas y negra como la Biblia; las calles adoquinadas están en silencio y el bosque encorvado —refugio de amantes y conejos— avanza invisible y renqueante hacia el mar negro como la endrina: un mar lento, negro, negro como el cuervo, donde se balancean las barcas de pesca. Las casas están ciegas como topos (aunque los topos ven bien esta noche en los lodos de los muros y los valles de terciopelo) o ciegas como Captain Cat, allí en el centro amortiguado junto a la bomba de agua y el reloj del pueblo; las tiendas están de luto y el Welfare Hall viste ropas de viuda. Y toda la gente del pueblo, arrullada y atónita, duerme ahora.

Silencio: duermen los bebés, los granjeros, los pescadores, los artesanos y los pensionistas; el zapatero, el maestro, el cartero y el tabernero; el enterrador y la mujer elegante; el borracho, la modista, el predicador, el policía, las mariscadoras de pies palmeados y las esposas ordenadas. Las chicas yacen en camas suaves o se deslizan en sus sueños, entre anillos y ajuares, guiadas por luciérnagas a lo largo de los bancos de pino de las iglesias, donde los órganos resuenan como bosquecillos de viento de madera. Los chicos tienen sueños traviesos, o sueñan con los ranchos temblorosos de la noche y el mar embravecido. Y las estatuas de antracita de los caballos duermen en los campos, y las vacas en los establos, y los perros en los corrales con las narices mojadas; y los gatos duermen en las esquinas inclinadas o se mueven sigilosamente, arañando y erizando el lomo, bajo la única nube de los tejados. Se oye caer el rocío y la respiración silenciosa del pueblo.

Solo tus ojos están abiertos para ver la oscuridad y el pueblo plegado, rápido y despacio, dormido. Y solo tú puedes oír la caída invisible de las estrellas, el leve roce del mar negro y cubierto de humedad donde el Arethusa, el Curlew y el Skylark, el Zanzibar, el Rhiannon, el Rover, el Cormorant y el Star of Wales se inclinan y cabalgan sobre las olas. Escucha. Es la noche moviéndose por las calles, el viento lento y salino en procesión por Coronation Street y Cockle Row; es la hierba que crece en Llaregyb Hill, el rocío, la caída de las estrellas, el sueño de los pájaros en Milk Wood.

Escucha. Es de noche en la fría y baja capilla: himnarios cerrados, broches, bombací negro, cuellos de mariposa y lazos de cordón; feligreses que tosen como cabras, chupan mentas y duermen un aleluya de cuarenta guiños. Noche en la taberna Four-Ale, tan silenciosa como el Anno Domini; en los desvanes de Ocky Milkman, silenciosa como un ratón con guantes; en la panadería de Dai Bread, volando como harina negra. La noche está en Donkey Street, trotando en silencio, con algas sobre sus pezuñas, por los adoquines arqueados, pasando junto a las macetas de helechos cubiertas por cortinas, los textos bíblicos y las baratijas, el armonio, la cómoda sagrada, las acuarelas hechas a mano, el perro de porcelana y la caja de té de hojalata rosada. La noche muere entre los abrazos de los bebés.

Mira. Es de noche, avanzando tontamente, serpenteando con desgana entre los cerezos de Coronation Street; atravesando el cementerio de Bethesda con los vientos enguantados y plegados, y el rocío despojado; cayendo junto al pub Sailors Arms. El tiempo pasa. Escucha. El tiempo pasa.

Acércate ahora. Solo tú puedes oír a las casas durmiendo en las calles, en la lenta y profunda sal de la silenciosa noche negra y vendada. Solo tú puedes ver, en los dormitorios ciegos, las mudas y las enaguas sobre las chairs, las jarras y los lavabos, los vasos para la dentadura, el cuadro con el texto "No lo harás" en la pared, y las fotos amarillentas de los muertos observando a los vivos. Solo tú puedes oír y ver, tras los ojos de los durmientes, los movimientos, los países, los laberintos, los colores, las desilusiones, los arcoíris, las melodías, los deseos, el vuelo, la caída, la desesperación y los grandes mares de sus sueños. Desde donde estás, puedes oír sus sueños.

Captain Cat, el capitán de mar retirado y ciego, duerme en su litera en la cabina de Schooner House, rodeado de conchas y barcos embotellados. Sueña con...

SEGUNDA VOZ

...con mares nunca tan grandes como aquellos que inundaron las cubiertas de su S.S. Kidwelly, ahogándolo entre sábanas y medusas resbaladizas, succionándolo con sabor a sal hasta la oscuridad de Davy Jones, donde los peces le mordisquean y le muerden el hueso de los deseos, y los hombres ahogados hace mucho tiempo se acurrucan contra él.

FIRST DROWNED

¿Se acuerda de mí, capitán?

CAPITÁN CAT

¡Si eres Dancing Williams!

FIRST DROWNED

Perdí el paso en Nantucket.

SECOND DROWNED

¿Me ve, capitán? ¿Ve al hueso blanco hablando? Soy Tom-Fred, el maquinista del burro... Una vez compartimos a la misma chica... se llamaba Rosie Probert...

VOZ DE MUJER

Rosie Probert, del número treinta y tres de Duck Lane. Subid, chicos, estoy muerta.

THIRD DROWNED

Sienta mi presencia, capitán, soy Jonah Jarvis. Tuve un mal final... muy disfrutable.

FOURTH DROWNED

Fred Pomeroy Jones, picapleitos marino, nacido en Mumbles; cantaba como un pardillo, le coroné con una jarra de cerveza, tatuaba sirenas, sediento como una draga, muerto de ampollas.

FIRST DROWNED

Ese cráneo pegado a su oreja es...

FIFTH DROWNED

...Curly Bevan. Dile a mi tía que fui yo quien empeñó el reloj de ormolú.

CAPITÁN CAT

¡A la orden, Curly!

SECOND DROWNED

Mi mujer... ¡no, nunca!

THIRD DROWNED

Nunca hice lo que ella dijo, nunca.

FOURTH DROWNED

Ellos lo hicieron.

FIFTH DROWNED

¿Y quién trae ahora cocos, chales y loros?

FIRST DROWNED

¿Cómo está todo ahí arriba?

SECOND DROWNED

¿Siguen con ron y pan de algas?

THIRD DROWNED

¿Hay flores y petirrojos?

FOURTH DROWNED

¿Cerveza artesana?

FIFTH DROWNED

¿Suena la campana de Ebenezer?

FIRST DROWNED

¿Y las cebollas?

SECOND DROWNED

¿Y los gorriones y las margaritas?

THIRD DROWNED

¿Pececillos en un tarro de mermelada?

FOURTH DROWNED

¿Leche fría y galgos?

FIFTH DROWNED

¿Canciones de cuna?

FIRST DROWNED

¿Ropa tendida en la cuerda?

SECOND DROWNED

¿Y viejas sentadas en el porche?

THIRD DROWNED

¿Cómo están los tenores en Dowlais?

FOURTH DROWNED

¿Quién ordeña las vacas en Maesgwyn?

FIFTH DROWNED

Cuando ella sonríe, ¿se le forman hoyuelos?

FIRST DROWNED

¿Qué es ese olor... a perejil?

CAPITÁN CAT

¡Oh, mis queridos muertos!


El Amanecer en el Pueblo

PRIMERA VOZ

Desde donde estás puedes oír, en Cockle Row, en esta primavera de noche sin luna, a Miss Price, modista y dueña de la dulcería, soñar con...

SEGUNDA VOZ

...su amante, alto como la torre del reloj del pueblo, con una melena dorada como el jarabe de Sansón, de muslo firme y ardiente, pecho curtido de percebes, que agita los berberechos con sus ojos brillantes y la estrecha contra su cuerpo solitario y lleno de cálida pasión.

MR. EDWARDS

¡Myfanwy Price!

MISS PRICE

¡Mog Edwards!

MR. EDWARDS

Sí, soy yo, un comerciante de telas loco de amor. Te quiero más que a todas las camisas de franela y calicó, mechas de vela, estopillas, lonas y merinos, tusores, cretonas, crepones, muselinas, popelinas, cotís y sargas de todos los almacenes de ropa del mundo. He venido a llevarte a mi Emporio en la colina, donde zumban los cables de la Bolsa. Quítate los calcetines y tu chaqueta de lana galesa tejida; calentaré las sábanas como una tostadora eléctrica, me tumbaré a tu lado como el asado del domingo.

MISS PRICE

Te tejeré una cartera de color azul nomeolvides para que tu dinero esté cómodo. Calentaré tu corazón junto al fuego para que puedas metértelo bajo el chaleco cuando la tienda esté cerrada.

MR. EDWARDS

Myfanwy, Myfanwy, antes de que los ratones roan tu cajón de la ropa interior, ¿me darás el sí?

MISS PRICE

Sí, Mog, sí, Mog, sí, sí, sí.

MR. EDWARDS

Y todas las cajas registradoras del pueblo sonarán para nuestra boda.

(Ruido de cajas registradoras y campanas de capilla)

PRIMERA VOZ

Y ahora, déjate llevar por la oscuridad, sube por la calle oscura y marina; ahora, en la noche que va y viene como las olas, entra en el desván negro, bíblico y sin aire de Jack Black, el zapatero, donde duerme solo y salvajemente con una camisa de dormir atada a los tobillos con elástico, y sueña con...

SEGUNDA VOZ

...persigar a las parejas pecadoras por el doble silencio del bosque verde y los arbustos de grosella, limpiando el pueblo de saliva y serrín, expulsando a las chicas atrevidas de los bailes de seis peniques en mitad de sus pesadillas.

JACK BLACK

(En voz alta)

¡Ach y fi! ¡Ach y fi!

PRIMERA VOZ

Evans the Death, el enterrador...

SEGUNDA VOZ

...sonríe profundamente en su sueño y encoge los dedos de los pies al ver, despertando cincuenta años atrás, que la nieve yace profunda en el corral de las gallinas detrás de la casa dormida. Y sale corriendo al campo donde su madre está haciendo pasteles galeses en la nieve, roba un puñado de copos de nieve y grosellas y vuelve a la cama para comerlos fríos y dulces bajo la ropa blanca y cálida, mientras su madre baila en la cocina de nieve gritando por sus grosellas perdidas.

PRIMERA VOZ

Y en la pequeña cabaña de ventanas rosadas junto a la funeraria yace, solo, rompiendo el aire con diecisiete ronquidos suaves, Mr. Waldo: cazador de conejos, barbero, herbolario, veterinario de gatos y curandero; sus manos rosas y gordas, con las palmas hacia arriba sobre el borde de la colcha de retazos; sus botas negras ordenadas junto al lavabo, su bombín en un clavo sobre la cama, y una cerveza stout de leche con una rebanada de pudín de pan frío bajo la almohada. Y, goteando en la oscuridad, sueña con su infancia:

MADRE

Este cerdito fue al mercado, este cerdito se quedó en casa, este cerdito comió roast beef, este cerdito no tomó nada... Y este cerdito fue...

NIÑO

...¡pequeño, pequeño, mamá, todo el camino a casa!

ESPOSA

(Gritando)

¡Waldo! ¡Wal-do!

MR. WALDO

¿Qué pasa, Blodwen, mi amor?

ESPOSA

¡Ah! ¿Qué dirán los vecinos? ¿Qué dirán los vecinos?

FIRST NEIGHBOUR

Oh, la señora Waldo...

SECOND NEIGHBOUR

Lo que tiene que aguantar...

FIRST NEIGHBOUR

Nunca debió casarse con él.

SECOND NEIGHBOUR

No le quedó otra opción.

FIRST NEIGHBOUR

¡Soy su madre!

SECOND NEIGHBOUR

Vaya marido te ha tocado.

FIRST NEIGHBOUR

Y ya sabes dónde terminó...

SECOND NEIGHBOUR

En el manicomio.

FIRST NEIGHBOUR

Buscando a su madre.

SECOND NEIGHBOUR

Cualquier sábado.

FIRST NEIGHBOUR

No tiene dónde caerse muerto.

SECOND NEIGHBOUR

Y continúa igual...

FIRST NEIGHBOUR

...con esa Beattie Morris.

SECOND NEIGHBOUR

En la cantera.

FIRST NEIGHBOUR

Y yo vi a su bebé.

SECOND NEIGHBOUR

Tiene su misma nariz.

FIRST NEIGHBOUR

Me sangra el corazón.

SECOND NEIGHBOUR

Lo que hace por la bebida...

FIRST NEIGHBOUR

Vendió la pianola.

SECOND NEIGHBOUR

Y su máquina de coser.

FIRST NEIGHBOUR

En la cuneta.

SECOND NEIGHBOUR

Camino del bar.

FIRST NEIGHBOUR

Cantando a gritos...

SECOND NEIGHBOUR

Pobre señora Waldo.

ESPOSA

(Llorando)

¡Oh, Waldo, Waldo!

MR. WALDO

Silencio, cariño, silencio. Ahora soy el viudo Waldo.

MADRE

(Gritando)

¡Waldo, Wal-do!

NIÑOS

¿Mamá?

MADRE

Oh, ¿qué dirán los vecinos? ¿Qué dirán los vecinos?

THIRD NEIGHBOUR

Rompiendo chimeneas...

FOURTH NEIGHBOUR

Haciendo sonar timbres...

THIRD NEIGHBOUR

Apedreando ventanas...

FOURTH NEIGHBOUR

Pisoteando el barro...

THIRD NEIGHBOUR

Robando grosellas...

FOURTH NEIGHBOUR

Gritando palabrotas...

THIRD NEIGHBOUR

Escondido en los arbustos...

FOURTH NEIGHBOUR

¡Llévalo a la cama sin cenar!

THIRD NEIGHBOUR

Dale vainas de sen y enciérralo en la oscuridad.

FOURTH NEIGHBOUR

¡Al reformatorio con él! Dale con la zapatilla en el trasero.

ANOTHER MOTHER

(Gritando)

¡Waldo, Wal-do! ¿Qué le estás haciendo a nuestra Matti?

NIÑO

Dame un beso, Matti Richards.

NIÑA

Dame un penique primero.

MR. WALDO

Solo tengo medio penique.

PRIMERA MUJER

Un beso vale un penique.

PREDICADOR

¿Aceptas a esta mujer, Matti Richards?

SEGUNDA MUJER

¿A Dulcie Prothero?

TERCERA MUJER

¿A Effie Bevan?

CUARTA MUJER

¿A Illtud el Pegajoso?

QUINTA MUJER

¿A Elmira Flusher?

ESPOSA

A Blodwen Bowen.

PREDICADOR

Para que sea tu legítima y terrible esposa.

NIÑO

(Gritando)

¡No, no, no!

PRIMERA VOZ

Ahora, con su camisón de crinolina blanco como un iceberg, pulcramente lavado bajo virtuosas sábanas polares, en su dormitorio limpio y desinfectado (sin un gramo de aire, puro como la trigonometría), en Bay View —una casa para huéspedes de pago en la cima del pueblo—, Mrs. Ogmore-Pritchard, viuda por partida doble (de Mr. Ogmore, linóleo retirado, y de Mr. Pritchard, corredor de apuestas fracasado, enloquecido por la limpieza, el orden y el vapor del pulidor), se inquieta en su sueño desinfectado. Se despierta dentro de su propio sueño y empuja las costillas del difunto Mr. Ogmore y del difunto Mr. Pritchard, fantasmas a ambos lados de la cama.

MRS. OGMORE-PRITCHARD

¡Mr. Ogmore! ¡Mr. Pritchard! Es hora de inhalar el bálsamo.

MR. OGMORE

¡Oh, Mrs. Ogmore!

MR. PRITCHARD

¡Oh, Mrs. Pritchard!

MRS. OGMORE-PRITCHARD

Pronto será hora de levantarse. Decidme vuestras tareas, en orden.

MR. OGMORE

Debo guardar mi pijama en el cajón con la etiqueta de los pijamas.

MR. PRITCHARD

Debo tomar mi baño de agua fría, que me viene muy bien para la salud.

MR. OGMORE

Debo ponerme la banda de franela para evitar la ciática.

MR. PRITCHARD

Debo vestirme detrás de la cortina y ponerme el delantal.

MR. OGMORE

Debo sonarme la nariz.

MRS. OGMORE-PRITCHARD

En el jardín, por favor.

MR. OGMORE

En un trozo de papel de seda que luego quemaré.

MR. PRITCHARD

Debo tomar mis sales estimulantes, que son amigas de la naturaleza.

MR. OGMORE

Debo hervir el agua potable por culpa de los gérmenes.

MR. PRITCHARD

Debo preparar mi té de hierbas sin taninos.

MR. OGMORE

Y tomar una pastilla de carbón, que me asienta el estómago.

MR. PRITCHARD

Puedo fumar una pipa con la mezcla para el asma.

MRS. OGMORE-PRITCHARD

En el cobertizo, por favor.

MR. PRITCHARD

Luego debo sacudir el salón y rociar el canario.

MR. OGMORE

Debo ponerme los guantes de goma y buscar pulgas en el pequinés.

MR. PRITCHARD

Debo limpiar el polvo de las persianas y luego subirlas.

MRS. OGMORE-PRITCHARD

Y antes de dejar entrar el sol, aseguraos de limpiaros bien los zapatos.


Mañana de Primavera en Llaregyb

PRIMERA VOZ

En la casa de Butcher Beynon, su hija Gossamer Beynon, la maestra, sueña en lo más profundo; se esconde delicadamente bajo un montículo de plumas de gallina en un matadero decorado con cortinas de chintz y un juego de sofás, y encuentra, sin sorpresa, a un hombre pequeño y listo con una cola tupida que le guiña un ojo desde un portapapeles.

GOSSAMER BEYNON

¡Por fin, mi amor!

PRIMERA VOZ

...suspira Gossamer Beynon. Y la cola tupida se mueve de forma pícara y ella se sonroja.

ORGAN MORGAN

¡Socorro!

SEGUNDA VOZ

...grita Organ Morgan, el organista, en mitad de su sueño.

ORGAN MORGAN

¡Hay un desorden de música en Coronation Street! Todas las esposas graznan como gansos y los bebés cantan ópera. El agente Attila Rees ha sacado su porra y está tocando cadencias musicales junto a la bomba de agua; las vacas de Sunday Meadow llevan cascabeles como renos, y en el tejado de Handel Villa veo a la Sociedad de Mujeres con pezuñas y flores bajo la luna.

PRIMERA VOZ

En el extremo marítimo del pueblo, Mr. y Mrs. Floyd, los mariscadores, duermen tan tranquilos como la muerte, uno al lado del otro: arrugados, sin dientes, salados y marrones, como dos viejos arenques en una caja. Y muy arriba, en Salt Lake Farm, Mr. Utah Watkins cuenta, durante toda la noche, ovejas con cara de esposa mientras saltan las vallas de la colina: sonríen, tejen y balan exactamente igual que Mrs. Utah Watkins.

UTAH WATKINS

(Bostezando)

...treinta y cuatro, treinta y cinco, treinta Various, treinta y seis, cuarenta y ocho, ochenta y nueve...

MRS. UTAH WATKINS

(Balando)

Teje uno, desliza uno, teje dos juntos, pasa el punto deslizado...

PRIMERA VOZ

Ocky Milkman, ahogado en el sueño de Cockle Street, vacía idealmente sus cántaros de leche en el río Dewi.

OCKY MILKMAN

(Susurrando)

...sin reparar en gastos.

PRIMERA VOZ

...y llorando como si estuviera en un funeral.

SEGUNDA VOZ

Cherry Owen, en la casa de al lado, se lleva una jarra a los labios, pero no sale nada. Sacude la jarra. Se convierte en un pez. Se bebe el pez.

PRIMERA VOZ

P.C. Attila Rees se levanta bruscamente de la cama, desorientado en la oscuridad y rodeado por sirenas de niebla imaginarias; arrastra su casco de debajo de la cama, pero en lo profundo del jardín de su sueño, una voz cruel le murmura:

UNA VOZ

(Murmurando)

Te arrepentirás de esto por la mañana...

PRIMERA VOZ

...y él vuelve a la cama. Su casco se mece en la oscuridad.

SEGUNDA VOZ

Willy Nilly, el cartero, dormido en su cama, camina catorce millas para entregar el correo como hace cada noche de su vida, y se dirige a Mrs. Willy Nilly con tono firme y afilado.

MRS. WILLY NILLY

No me pegue, por favor, profesora...

SEGUNDA VOZ

...gime su esposa a su lado, pues cada noche de su vida matrimonial sueña que llega tarde al colegio.

PRIMERA VOZ

Sinbad Sailors, sobre la taberna del pub Sailors Arms, abraza su almohada húmeda cuyo nombre secreto es Gossamer Beynon. Un magnate atrapa a Lily Smalls en el lavadero.

LILY SMALLS

¡Oh, viejo magnate!

SEGUNDA VOZ

La hija mayor de Rose Cottage, Mae Rose Cottage, se desprende de su piel rosa y blanca dentro de un horno, en una torre, en una cueva, en una cascada en mitad del bosque, y espera allí, pelada como una cebolla, mientras Mr. Right salta entre las hojas ardientes como una trucha abrillantada.

MAE ROSE COTTAGE

(Muy cerca y suave, alargando las palabras)

Llámame Dolores. Como hacen en las historias.

PRIMERA VOZ

Soltera hasta el fin de sus días, Bessie Bighead, sirvienta, nacida en el hospicio y oliendo a establo, ronca profundamente en un jergón de paja en el altillo de Salt Lake Farm; recoge un ramo de margaritas en Sunday Meadow para ponerlo en la tumba de Gomer Owen, quien la besó una vez junto al chiquero cuando ella no miraba, y nunca la volvió a besar, aunque ella se pasó la vida mirándolo.

Y los Inspectores de la Sociedad Protectora de Animales vuelan al sueño de la esposa de Butcher Beynon para perseguir a su marido por vender carne de...

BUTCHER BEYNON

...ojos de perro y chuletas de hombre.

SEGUNDA VOZ

Mr. Beynon, con su delantal ensangrentado de carnicero, tacones de saltar por Coronation Street y un dedo (no el suyo) en la boca, serio en su astuto sueño, se burla de las leyes y dispara a los animales salvajes de sus pesadillas.

ORGAN MORGAN

(Alto y suave)

¡Socorro!

GOSSAMER BEYNON

(Suavemente)

Mi guapo querido.

PRIMERA VOZ

Ahora, detrás de los ojos y los secretos de los soñadores en las calles mecidas por el mar, contempla...

SEGUNDA VOZ

...los susurros, los fragmentos, los bobs y las camisetas, las bolsas y los huesos, la ceniza, la cáscara, las uñas y los jirones de los sueños; los restos de conchas, espinas de pescado, jugo de ballena y pequeños alevines salados arrastrados por el mar oculto.

PRIMERA VOZ

Los búhos están cazando. Mira, sobre las lápidas de Bethesda se escucha un silbido: un búho se lanza y atrapa un ratón sobre la tumba de "Hannah Rees, amada esposa". Y en Coronation Street, que solo tú puedes ver tan oscura bajo la capilla de los cielos, el Rev. Eli Jenkins, poeta y predicador, se vuelve en su profundo sueño hacia el amanecer y sueña con el Eisteddfodau gales.

SEGUNDA VOZ

Rima intrincadamente, con la música del crwth y el pibgorn, toda la noche con su camisón cutre de druida, vestido con el negro de las capillas galesas.

PRIMERA VOZ

Mr. Pugh, el maestro, se imagina despierto, espía como un zorro alrededor de su gorro de dormir y... ¡pssst!, le silba a su esposa:

MR. PUGH

Asesinato.

PRIMERA VOZ

Mrs. Organ Morgan, la tendera, enroscada y gris como un lirón, con las manos en las orejas, evoca a su marido:

MRS. ORGAN MORGAN

Silencio.

SEGUNDA VOZ

Duerme dulcemente en una colcha de lana, y a su lado, Organ Morgan ronca no más fuerte que una araña.

PRIMERA VOZ

Mary Ann Sailors sueña con...

MARY ANN SAILORS

...el Jardín del Edén.

PRIMERA VOZ

Ella entra allí vistiendo su bata y se aleja de la fría cocina adoquinada y fregada, lejos de los cuadros de la escuela dominical en la pared encalada, del almanaque de los granjeros y de los costados de tocino colgados en el techo. Camina por los senderos de conchas de ese manzanal, agachándose bajo las pinzas de la ropa de Gippo, enganchando su delantal en los arbustos de grosella, pasando junto a judías, cebollas y tomates que maduran en la pared, hacia el anciano que toca el armonio en el huerto. Se sienta en la hierba a su lado y desgrana los guisantes verdes que caen sobre su saya húmeda de rocío.

PRIMERA VOZ

En Donkey Street, tan lleno de sueño, Dai Bread, Polly Garter, Nogood Boyo y Lord Cut-Glass suspiran ante el amanecer inminente y sueñan con...

DAI BREAD

...panes.

POLLY GARTER

...bebés.

NOGOOD BOYO

...nada de nada.

LORD CUT-GLASS

...tic, tac, tic, tac.

PRIMERA VOZ

Amanece. Escucha. El tiempo pasa. Un búho vuela de regreso a casa pasando por Bethesda, hacia una cavidad en un roble. Y el alba avanza poco a poco.

(Una nota de campana lejana, reverberando débilmente)

Súbete a esta colina. Esta es Llaregyb Hill, antigua como el mundo, alta, fresca y verde; desde este pequeño círculo de piedras —hecho no por los druidas, sino por el hijo de Mrs. Beynon— puedes ver todo el pueblo bajo tus pies, despertando al amanecer. Se oye el arrullo de las palomas torcaces suspirando en sus nidos. Un perro ladra en sueños en una granja lejana. El pueblo ondula como un lago en la neblina matutina.

VOZ DE UNA GUÍA TURÍSTICA

Más de quinientas almas habitan las tres pintorescas calles, los pocos caminos estrechos y las granjas dispersas que constituyen este pequeño y decadente balneario que, de hecho, puede llamarse un 'remanso de la vida' sin faltar al respeto a sus nativos, que poseen, hasta hoy, una individualidad salada y propia. La calle principal, Coronation Street, consiste en su mayoría en casas humildes de dos plantas, muchas de las cuales intentan lograr cierta alegría decorándose con colores toscos y mediante el uso generoso del enlucido rosa, aunque aún quedan algunas casas del siglo XVIII de mayor pretensión, aunque en general en un triste estado de deterioro. Aunque hay poco que atraiga al alpinista, al amante de la salud, al deportista o al automovilista de fin de semana, el contemplativo puede encontrar en sus calles adoquinadas y en su pequeño puerto pesquero parte de ese pintoresco sentido del pasado. El único lugar de culto, con su cementerio descuidado, no tiene interés arquitectónico. Se dice que el río Dewi abunda en pesca, pero sufre de mucha caza furtiva.

(Un gallo canta)

PRIMERA VOZ

El firmamento se ilumina ahora sobre nuestra colina verde, dando paso a una mañana de primavera llena de alondras y campanas.

(Sonidos lentos de campana)

¿Quién tira de la cuerda en el ayuntamiento sino el ciego Captain Cat? Uno a uno, los durmientes se van despertando. Y pronto veréis el humo lento de las chimeneas mientras Captain Cat, con su gorra de marinero y sus botas de mar, anuncia el día con su campana.

SEGUNDA VOZ

El Rev. Eli Jenkins, en Bethesda House, se levanta de la cama para ponerse su traje negro de predicador; se echa hacia atrás el pelo blanco de bardo, se olvida de lavarse, baja descalzo, abre la puerta principal y, mirando hacia la colina eterna y oyendo romper el mar, recuerda sus propios versos y los recita suavemente a Coronation Street mientras suben las persianas.

REV. ELI JENKINS

¡Querida Gwalia! Sé que hay pueblos más hermosos que el nuestro, y colinas más altas y majestuosas, y bosques más llenos de flores y alegres con la primavera. Por Cader Idris, desgarrado por la tempestad, o la gloria de Moel yr Wyddfa, por Carnedd Llewelyn y Plinlimmon viejo en la historia; por las montañas donde sueña el Rey Arturo, Llaregyb Hill parece un grano de arena, un pigmeo ante un gigante. Por los ríos Sawdde, Senny, Dovey, Dee, Edw, Eden, Aled, Taff y Towy anchos y libres, nuestro pequeño río Dewi es solo un bebé en un lecho de juncos. Por Carreg Cennen, Rey del tiempo, nuestra Cabeza de Garza es solo un trozo de piedra con algas donde las gaviotas vienen a estar solas. Un pequeño rincón es Milk Wood, cerca de Golden Grove bajo Grongar, pero déjame elegir y ¡oh!, desearía amar toda mi vida y más tiempo pasear entre nuestros árboles, vagar por Goosegog Lane, en Donkey Down, y escuchar cantar al río Dewi todo el día, sin salir jamás del pueblo.

SEGUNDA VOZ

El Rev. Jenkins cierra la puerta principal. Su servicio matutino ha terminado.

(Suena la campana lenta)

PRIMERA VOZ

Ahora, despertada por fin por la campana, Lily Smalls, la sirvienta de la casa de Mrs. Beynon, baja de un sueño de realeza y pone la tetera en el hornillo de la cocina; se mira en el espejo de afeitar de Mr. Beynon sobre el fregadero y se habla a sí misma:

LILY SMALLS

¡Vaya cara! ¿De dónde sacaste ese pelo? Lo heredé de un viejo gato. Devuélvemelo entonces, cariño. ¡Oh, qué permanente! ¿De dónde sacas esa nariz, Lily? De mi padre, tonto. ¡La tienes al revés! ¡Mira tu piel! Necesita un poco de maquillaje. Necesita un velo. ¡Eso sí que es glamour! ¿De dónde sacaste esa sonrisa, Lil? No te preocupes, chica. Nadie te quiere. Eso es lo que tú piensas. ¿Quién es el que te quiere? No lo diré. Vamos, Lily. ¿Lo juras por tu corazón? Lo juro.

PRIMERA VOZ

Y muy suavemente, con los labios casi tocando su reflejo, pronuncia el nombre y empaña el cristal.

MRS. BEYNON

(En voz alta, desde arriba)

¡Lily!

LILY SMALLS

(En voz alta)

¡Sí, señora!

MRS. BEYNON

¿Está mi té, chica?

LILY SMALLS

(En voz baja)

¿Dónde cree? ¿En la caja del gato? (En voz alta) ¡Ya voy, señora!

PRIMERA VOZ

Mr. Pugh, en la escuela de enfrente, le lleva el té de la mañana a Mrs. Pugh y susurra en las escaleras:

MR. PUGH

Aquí está tu arsénico, querida. Y tu galleta con herbicida. He estrangulado a tu periquito. He escupido en los jarrones. He puesto queso en los agujeros de los ratones. Aquí tienes tu...

(La puerta chirría al abrirse)

...buen té, mi vida.

MRS. PUGH

Mucha azúcar.

MR. PUGH

Aún no lo has probado, querida.

MRS. PUGH

Mucha leche, entonces. ¿Ha recitado ya Mr. Jenkins su poesía?

MR. PUGH

Sí, mi vida.

MRS. PUGH

Entonces es hora de levantarse. Dame mis gafas. No las de lectura, quiero estar atenta. Quiero ver a...

SEGUNDA VOZ

...a Lily Smalls lavando el escalón de la entrada sobre sus rodillas rojas.

MRS. PUGH

Se ha metido el vestido por dentro de las bragas... ¡oh, qué desvergonzada!

SEGUNDA VOZ

P.C. Attila Rees, de barriga imponente y grandes botas, sale de Handcuff House resoplando, con su ceja negra bajo el casco húmedo...

MRS. PUGH

Hoy va a arrestar a Polly Garter, acuérdate de mi palabras.

MR. PUGH

¿Por qué, querida?

MRS. PUGH

Por tener tantos hijos.

SEGUNDA VOZ

...y baja pesadamente hacia la playa para comprobar que el mar sigue allí.

PRIMERA VOZ

Mary Ann Sailors, abriendo la ventana de su dormitorio sobre la taberna, le grita al cielo:

MARY ANN SAILORS

¡Tengo ochenta y cinco años, tres meses y un día!

MRS. PUGH

Tengo que admitir algo a su favor: nunca se equivoca en las fechas.

PRIMERA VOZ

Organ Morgan, en la ventana de su dormitorio, toca acordes imaginarios en el alféizar para las gaviotas matutinas. En Donkey Street, Dai Bread corre hacia la panadería abrochándose el chaleco:

DAI BREAD

¡Se saltó un botón! ¿Por qué no los coserán bien? No hay tiempo para desayunar, nada que desayunar, vaya esposas que tengo.

MRS. DAI BREAD ONE

Yo, Mrs. Dai Bread One, con mi gorra y mi chal, sin corsé (da gusto estar cómoda), saludando a la vecina. Oh, Mrs. Sarah, ¿puede darme un pan, cariño? A Dai se le olvidó. ¡Qué mañana tan bonita! ¿Cómo van tus forúnculos?

MRS. DAI BREAD TWO

Yo, Mrs. Dai Bread Two, gitana sensual con un chal de seda escarlata sobre mis rodillas bonitas y sucias; mira mi cuerpo a través de mi enagua marrón como una baya, zapatos de tacón a los que les falta un tacón, un peine de carey en mi brillante cabello negro, fumando mi pipa al sol y leyendo la fortuna en las hojas de té.

LORD CUT-GLASS

Yo, Lord Cut-Glass, con un viejo abrigo que perteneció a Eli Jenkins y unos pantalones del mercadillo de Bethesda, saliendo corriendo a vaciar los cacharros —¡atrás, Rover!— y volviendo a entrar corriendo, tic, tac.

NOGOOD BOYO

Yo, un chico que no hace nada bueno, perdiendo el tiempo en el lavadero.

MISS PRICE

Yo, Miss Price, con mi bata estampada, hábil con el tendedero, pulcra y elegante, regresando a mi huevo pasado por agua y a mis tostadas crujientes.

POLLY GARTER

Yo, Polly Garter, bajo el tendedero, dándole el pecho a mi preciosa bebé. Nada crece en nuestro jardín, solo la ropa tendida. Y los bebés. ¿Y dónde vive su padre, mi amor? Más allá de las colinas. Ahora me estás mirando. Sé lo que estás pensando: que no soy mejor de lo que debería ser, Polly, y con eso me basta. Oh, ¿no es la vida algo terrible, gracias a Dios?

(Acorde alto y largo en las cuerdas)


El Ritmo del Mediodía

PRIMERA VOZ

Ahora las sartenes chisporrotean y las teteras cantan en las cocinas. El pueblo huele a algas marinas y a desayuno; desde Bay View, donde Mrs. Ogmore-Pritchard, con bata y turbante, limpia el polvo meticulosamente y toma té con cáscara de limón, hasta Bottom Cottage, donde Mr. Waldo, con su bombín puesto, se come su bubble and squeak y sus arenques ahumados directo de la botella de salsa.

MARY ANN SAILORS

Alabado sea el Señor que creó las gachas de avena.

PRIMERA VOZ

Mr. Pugh...

MR. PUGH

...piensa en vidrio molido mientras prepara la tortilla para su esposa.

PRIMERA VOZ

Mrs. Pugh...

MRS. PUGH

...limpia con furia el salero.

PRIMERA VOZ

El cartero Willy Nilly...

WILLY NILLY

...se bebe su último tazón de té negro y sale al corral donde las gallinas cacarean.

PRIMERA VOZ

Mrs. Willy Nilly, llena de té hasta la doble papada, vigila las cazuelas en la cocina ardiente, siempre lista para abrir el correo al vapor. El Rev. Eli Jenkins...

REV. ELI JENKINS

...encuentra una rima y moja su pluma en el cacao.

PRIMERA VOZ

Lord Cut-Glass, en su cocina que hace tic-tac...

LORD CUT-GLASS

...corre de un reloj a otro con un manojo de llaves en una mano y una cabeza de pescado en la otra.

PRIMERA VOZ

Captain Cat...

CAPITÁN CAT

...ciego y de dedos finos, saborea su pescado frito.

PRIMERA VOZ

Mr. y Mrs. Cherry Owen, en su habitación de Donkey Street, se sientan a terminar la cena de anoche con cebollas hervidas y caldo de patatas.

MRS. CHERRY OWEN

¿Ves esa mancha en la pared junto a la foto de Aunt Blossom? Ahí es donde tiraste el sagú anoche.

(Cherry Owen ríe de alegría)

Por poco me das en la cabeza.

CHERRY OWEN

Siempre me ha caído mal Aunt Blossom.

MRS. CHERRY OWEN

¿Te acuerdas de anoche? Entraste tambaleándote, muchacho, borracho como una cuba, con un cubo mojado y una red llena de stout; me miraste y dijiste: "¡Dios ha vuelto a casa!", y luego te caíste sobre el cubo llorando, dejando el suelo lleno de anguilas.

CHERRY OWEN

¿Me hice daño?

MRS. CHERRY OWEN

Luego te quitaste los pantalones y dijiste: "¿Alguien quiere pelear?". Vaya viejo babuino estás hecho.

CHERRY OWEN

Dame un beso.

MRS. CHERRY OWEN

Y luego te pusiste a cantar "Bread of Heaven" a dos voces, tenor y bajo.

CHERRY OWEN

Siempre canto "Bread of Heaven".

MRS. CHERRY OWEN

Y luego te marcaste un bailecito sobre la mesa.

CHERRY OWEN

¿Yo?

MRS. CHERRY OWEN

¡Te lo juro! Y luego te pusiste a llorar como un bebé diciendo que eras un pobre borracho huérfano que solo tenía la tumba por hogar.

CHERRY OWEN

¿Y qué hice después, mi amor?

MRS. CHERRY OWEN

Te subiste otra vez a la mesa y dijiste que eras King Solomon Owen y yo tu Reina de Saba.

CHERRY OWEN

(Suavemente)

¿Y luego?

MRS. CHERRY OWEN

Luego te metí en la cama y te pasaste la noche roncando como una fábrica de cerveza.

(Mr. y Mrs. Cherry Owen ríen encantados juntos)

PRIMERA VOZ

En la carnicería de Butcher Beynon, en Coronation Street, el olor a hígado encebollado inunda el aire. En la oscura sala detrás de la tienda, Mr. y Mrs. Beynon desayunan mientras su gata negra se desliza bajo el mantel.

(La gata ronronea)

MRS. BEYNON

Le gusta el hígado, Ben.

MR. BEYNON

Faltaría más, Bess. Es de su hermano.

MRS. BEYNON

(Gritando)

¡Oh! ¿Has oído eso, Lily?

LILY SMALLS

Sí, señora.

MRS. BEYNON

¡Nos estamos comiendo al gatito!

LILY SMALLS

No, señora.

MRS. BEYNON

¡Oh, eres un carnicero de gatos!

MR. BEYNON

Era un gato de primera.

MRS. BEYNON

(Histérica)

¿Y eso qué tiene que ver?

MR. BEYNON

Ayer comimos topo.

MRS. BEYNON

¡Oh, Lily, Lily!

MR. BEYNON

Hoy toca nutria. El martes, musaraña.

(Mrs. Beynon grita)

LILY SMALLS

No le haga caso, señora Beynon. Es el mayor mentiroso del pueblo.

MRS. BEYNON

No tolero que hables así de Mr. Beynon.

LILY SMALLS

Todo el mundo lo sabe, señora.

MRS. BEYNON

Mr. Beynon nunca miente. ¿Verdad, Ben?

MR. BEYNON

No, Bess. Y ahora voy a salir a buscar unos corgis con mi cuchillo pequeño.

MRS. BEYNON

¡Oh, Lily, Lily!

PRIMERA VOZ

En la calle, en el pub Sailors Arms, Sinbad Sailors se toma una pinta en el bar iluminado por el sol. El reloj del barco marca las once y media. Las manecillas se detuvieron en esa hora hace cincuenta años. Siempre es la hora de apertura en el Sailors Arms.

SINBAD SAILORS

¡A vuestra salud!

PRIMERA VOZ

Los niños marchan a gritos al colegio, los pescadores arreglan sus redes y Nogood Boyo sale en su lancha Zanzibar, remando perezosamente en la bahía.

El cartero Willy Nilly sigue con su ronda:

WILLY NILLY

Buenos días, Mrs. Ogmore-Pritchard. Traigo una carta de Builth Wells. Un caballero quiere venir a estudiar las aves y pregunta si puede alojarse aquí quince días y si son vegetarianos. Con baño.

MRS. OGMORE-PRITCHARD

¡Jamás! No quiero gente extraña en mis habitaciones limpias respirando en mis sillas, pisando mis alfombras y trayendo plumas a la casa.

(Cierra la puerta de golpe)

CAPITÁN CAT

(Suavemente)

Y vuelve a la cocina a pulir las patatas.


Las Charlas junto a la Bomba de Agua

PRIMERA VOZ

Las mujeres se reúnen en torno a la bomba de agua del pueblo para cotillear sobre los asuntos de la semana:

FIRST WOMAN

¿Te has enterado de lo de Mrs. Ogmore-Pritchard?

SECOND WOMAN

Buenas costumbres, sí...

FIRST WOMAN

Iba a alojar a un hombre de Builth Wells...

THIRD WOMAN

...que usa un telescopio para mirar pájaros.

SECOND WOMAN

Willy Nilly lo dijo.

THIRD WOMAN

¿Te acuerdas de su primer marido? No necesitaba telescopio; las miraba desnudarse por la cerradura.

FIRST WOMAN

Pero Mr. Ogmore era un verdadero caballero, aunque colgara a su collie.

THIRD WOMAN

¿Y qué me dices de la esposa de Butcher Beynon? Dice que su marido mete perros en la máquina de picar carne.

FOURTH WOMAN

Hay gente muy desagradable viviendo aquí, si te lo pones a pensar. ¿Y has visto a Dai Bread con sus dos esposas? Una para el día y otra para la noche.

THIRD WOMAN

Los hombres son unos brutos. ¿Y cómo está Organ Morgan, Mrs. Morgan?

MRS. ORGAN MORGAN

¡Oh, soy una mártir de la música! Se pasa las noches tocando el órgano hasta la medianoche.

ORGAN MORGAN

(A lo lejos)

¡Bach, por supuesto! Bach siempre para mí.


El Ocaso y el Cierre del Círculo

PRIMERA VOZ

El sol comienza a ponerse sobre el pueblo. En Salt Lake Farm, la devota Bessie Bighead ordeña a las vacas de ojos de lago mientras el crepúsculo cae lentamente sobre el bosque. En Bay View, Mrs. Ogmore-Pritchard sella sus puertas y baja las persianas libres de gérmenes. Los fantasmas de sus dos maridos rezuman por la cerradura.

MR. PRITCHARD

Usted primero, Mr. Ogmore.

MR. OGMORE

Después de usted, Mr. Pritchard. La enviudó usted primero.

MRS. OGMORE-PRITCHARD

Os quiero a los dos. Ahora es hora de irse a la cama. Decidme vuestras tareas en orden.

MR. OGMORE Y MR. PRITCHARD

Debemos sacar el pijama del cajón con la etiqueta de los pijamas...

PRIMERA VOZ

En la puerta de Bethesda House, el Rev. Eli Jenkins recita a Llaregyb Hill su poema al atardecer:

REV. ELI JENKINS

Cada tarde al atardecer pido una bendición para el pueblo. No somos del todo malos ni del todo buenos los que vivimos bajo Milk Wood, y Tú, Señor, serás el primero en ver nuestro mejor lado. Bendícenos a todos esta noche, y mañana nos volveremos a saludar.

PRIMERA VOZ

Jack Black se prepara una vez más para combatir a Satanás en Milk Wood, avanzando con sombría alegría hacia el bosque pecador:

JACK BLACK

¡A Gomorra!

PRIMERA VOZ

Cherry Owen, borracho y feliz, regresa a casa con su esposa, quien lo acepta tal como es. Las luces de las lámparas en las ventanas se van encendiendo una a una, evocando a los muertos que partieron al mar. Mr. Mog Edwards y Miss Price, felizmente separados en extremos opuestos del pueblo, se disponen a escribir sus cartas nocturnas de amor idealizado.

Y Mr. Waldo, borracho en la oscuridad del bosque, abraza a su encantadora Polly Garter bajo la mirada de los pájaros nocturnos. Ella responde a sus abrazos y se entrega al amor, pero el nombre que susurra en la oscuridad no es el de él. A seis pies de profundidad en la fría tierra, ese nombre sigue cantando:

POLLY GARTER

(Cantando suavemente)

...pero siempre pienso, al caer en la cama, en el pequeño Willy Wee, que está muerto, muerto, muerto...

PRIMERA VOZ

La noche profunda se oscurece por completo. Una brisa nacida del agua arrugada suspira por las calles cerradas bajo Milk Wood. El bosque, cuyas raíces se hunden en la oscuridad, refugio de amantes y sermón de hojas verdes sobre la inocencia del hombre, se despierta por segunda vez en este día de primavera.


(Silencio final)

 

Tren hacia la dicha (1986) Amado del Pino



Tren hacia la dicha
(1986)
Amado del Pino





Estrenada por el Conjunto Dramático de Pinar del Río, bajo la dirección de Manuel Miranda, en el teatro Milanés, el 19 de mayo de 1987. Elenco: Herminio Marín, Úrsula Martínez, Gregorio Reina, Teresita Guerra y Filomena Morales.
Con el título de El que quiera azul celeste fue llevada a las tablas por Teatro de Arte Popular, dirigido por Pedro Ángel Vera, en la sala Antonín Artaud, del Gran Teatro de La Habana, el 23 de noviembre de 1989. Elenco: Charles Arencibia, Héctor Luis López, Héctor Pérez, Coralia Rodríguez, Juan Alberto Cepero, Jorge Félix Alí, Virgen Suárez, Cary Vera, Sonia Boggiano, Osmel Poveda, Rafael (Felito) Lahera, Bárbaro Marín, Jorge Perugorría y Polito Ibáñez.
Mario Morales realizó una versión, con el título original, el 24 de febrero de 2005, con su grupo Teatreros de Orilé. La temporada tuvo por sede la sala El Sótano. Elenco: Alexander Silva, Raissel Cruz, Yeney Hernández, Jorge Mederos, Darwins Valenzuela, Ramón Bermúdez y Jorge Luis Curbelo.

PERSONAJES

RECIÉN CASADO, poco más de 30 años. Lo más importante no es su edad ni su aspecto físico. El actor deberá buscar, sobre todo, su espíritu, su temperamento y sus contradicciones.

PASAJERO, no llega a los 40. En él coinciden la cultura libresca y una formación de origen popular.

PASAJERA 1, joven, sincera, atrevida, apasionada, bayamesa y hermosa.

PASAJERA 2, anciana, solitaria y sorpresiva.

CAMARERA, de una juventud en retirada y un tanto endurecida, que hace difícil precisar su edad.


La escena representará un coche de un tren en movimiento. No será necesario reproducirlo fielmente. Las soluciones escénicas deberán ser sencillas, entre la naturalidad y el desenfado. Por su estructura, número de personajes y hasta por el carácter de las reflexiones en juego, sería preferible asumir esta obra en un espacio que asegure el contacto cálido con el público, buscando una atmósfera de intimidad y cercanía.




Acto único

Coche del tren. Se percibe la inquietud que provoca un largo viaje. La PASAJERA 2 trata inútilmente de conciliar el sueño. La PASAJERA 1 parece aburrirse. Entra un hombre joven: el RECIÉN CASADO. El PASAJERO levanta la vista del libro que lee.

RECIÉN CASADO.- (A todos.) ¿Para qué dormir tanto? ¡Hay que vivir!
PASAJERA 2.- Si me imagino que va a montar un borracho, cojo otro tren.
RECIÉN CASADO.- Abuela, no hay que ser borracho para estar contento. (Al PASAJERO que pretende leer.) De todas formas usted y yo nos vamos a tomar una cerveza juntos.
PASAJERO.- Gracias, tengo que trabajar.
RECIÉN CASADO.- ¡Y yo tengo que ser feliz!
PASAJERO.- ¿Conoce a esa mujer?
RECIÉN CASADO.- ¿A la mía?
PASAJERO.- A la felicidad.
RECIÉN CASADO.- La mía es una maravilla.
PASAJERO.- ¡Tremenda boda! ¿No?
RECIÉN CASADO.- Todavía estamos en la boda...
PASAJERO 2.- ¿Y la novia?
RECIÉN CASADO.- Es muy linda. Ya la verán cuando salga del baño. Tiene tremendo embullo, este viaje es muy importante para ella. La voy a llevar a Coppelia, al zoológico, y aunque me digan guajiro voy a tirarme una foto en el Capitolio. (Trata de llamar la atención del Pasajero.) Mire, así, con el brazo por encima de los hombros y las cabezas junticas... (Pausa breve, pero incómoda.) ¡Dígame algo, hombre! Por lo menos que en Coppelia hay mucha cola o que en el Capitolio ya no tiran fotografías.
PASAJERO.- ¿Qué quiere que haga? Me lleva demasiada ventaja en el entusiasmo.
PASAJERA 1.- Tremendos compañeros de viaje. Una vieja, un intelectual y ahora... ¡El novio!
PASAJERO.- A mí no me gusta el helado y menos retratarme. Si le importa tanto La Habana, ¿por qué va para Santiago?
RECIÉN CASADO.- Menos mal que vamos mejorando. Así que yo creo que voy para La Habana, pero a lo mejor llego a Santiago. No se me ponga bravo, pero yo no creo mucho en su seriedad. (A la PASAJERA 1.) ¿No es verdad, mi amiga? (A la CAMARERA que se acerca.) Niña, compañerita, amorcito...
CAMARERA.- (Seca, mecánica.) Dígame, ¿qué desea?
RECIÉN CASADO.- ¿Tú podrías...? ¿Serías tan buena como para traerme (Mira alrededor, cuenta con los dedos.) unas siete cervezas? Ah, ¿y por lo menos una sonrisa?
CAMARERA.- Si no habla alto y se porta bien, puedo traerle dos.
RECIÉN CASADO.- ¿Dos sonrisas?
CAMARERA.- Dos cervezas y no muy frías.
RECIÉN CASADO.- ¿Tan poquito...? ¿Y qué hacemos tanto tiempo metidos en este tren, sin poder escaparnos?
CAMARERA.- Se me olvidaba, tiene que pedir bocaditos.
PASAJERO.- Creo que va a tener que suspender la boda.
RECIÉN CASADO.- Óigame, Camarera, ¿cuántas veces se ha casado usted? (La CAMARERA va a responderle, pero decide contenerse; hace algún gesto de impaciencia y desagrado.) ¡Yo me casé hoy!
CAMARERA.- Felicidades, pero los demás no tenemos la culpa.
PASAJERO.- Quiere que todo el mundo esté contento a la vez. (A la PASAJERA 1.) ¿No te parece demasiado difícil?
RECIÉN CASADO.- No sea mala, Camarera. Tráiganos, por lo menos, dos para mí y dos para acá, el compañero, a ver si se embulla.
CAMARERA.- (Cediendo ligeramente.) Y dos bocaditos...
RECIÉN CASADO.- ¡Perfecto! A la joven me le trae una cerveza y un bocadito.
PASAJERA 1.- Gracias y felicidades.
RECIÉN CASADO.- Para mí dos de cada cosa, que mi mujer es muy comilona.
CAMARERA.- Comerá mucho, pero no la veo.
RECIÉN CASADO.- Ya la verá; se parece a usted, pero es más...
CAMARERA.- Más bonita que yo es cualquiera.
PASAJERO.- Yo no soy tan halagador como acá el compañero, pero puedo decirte que no eres fea.
RECIÉN CASADO.- Y es la Camarera más amable que rueda por el mundo.
PASAJERA 1.- (Para sí.) No es para tanto.
PASAJERO.- (A la PASAJERA 1.) ¿Celosa?
RECIÉN CASADO.- A mi mujer le gustan mucho los dulces. (Como si descubriera en el momento las cosas que dice.) Hace unas panetelas riquísimas. ¿Usted sabe hacer dulces, camarera?
CAMARERA.- ¿Nada más?
RECIÉN CASADO.- (Señala a la PASAJERA 2.) A la señora me le pone un bocadito y una cerveza para que sueñe cosas alegres.
PASAJERA 2.- Gracias, joven, pero yo lo único que quiero es silencio y tranquilidad.
RECIÉN CASADO.- Un momento, Camarerita. (A la PASAJERA 2.) Seguro que usted tiene en la casa dos o tres gaticos.
PASAJERA 2.- Quince «misus» preciosos. ¿Por qué?
RECIÉN CASADO.- (Entusiasmado.) Traiga un bocadito para la señora y dos o tres para sus gaticos.
CAMARERA.- ¿Y no quiere una pastillita para los nervios?
RECIÉN CASADO.- No. Pero si por casualidad aparece la sonrisa, acuérdese que yo la pedí primero...

(La CAMARERA sale disimulando que le ha gustado la última frase del RECIÉN CASADO.)

RECIÉN CASADO.- (Al PASAJERO.) ¿Tú vienes de Santiago?
PASAJERO.- Voy para Santiago a trabajar; salí a las cinco de la mañana.
RECIÉN CASADO.- Eres tremendo. Así que el tren va al revés.
PASAJERO.- (Buscándole el costado humorístico.) Está bien, seré yo el confundido.
RECIÉN CASADO.- (Amistoso.) ¿Tú eres habanero?
PASAJERO.- Sí, ¿por qué?
PASAJERA 2.- Perdone, pero no me vaya a decir que es un Recién Casado regionalista.
RECIÉN CASADO.- ¡Qué va! Yo no caigo en eso. Ser habanero es un defecto como otro cualquiera, pero a, un buen amigo se le puede perdonar. (Más serio y sin poder evitar cierta nostalgia.) Yo soy casi que de Cuba entera, he dado muchas vueltas...
PASAJERO.- ¿Y no te gusta La Habana?
PASAJERA 1.- (Que ha seguido disimuladamente el diálogo.) Como hace tiempo que no voy a La Habana...
PASAJERO.- Tal vez un día te enamores de un habanero.
RECIÉN CASADO.- Mi mujer es tremenda. Seguro que se está arreglando para lucir bien y se demora y se demora. ¿No será más de la cuenta ya?
PASAJERO.- ¿Y si no vuelve?
PASAJERA 2.- ¿Quién ha visto una recién casada que no esté loca por estar al lado de su Recién Casado?
PASAJERA 1.- ¿Y si no vuelve?
RECIÉN CASADO.- ¡Ni jugando me hablen de eso!
PASAJERO.- A veces uno tiene en la mano la paloma de la felicidad y cuando viene a ver...
RECIÉN CASADO.- Sí, ya sé, vuela por la ventana y uno quiere correr detrás de ella, pero no tiene alas. ¿Y cómo hace un hombre sin alas para agarrar una paloma sin ponerle trampas?¿Y si me da la gana de cerrar todas las puertas y las ventanas para que vuele nada más que conmigo?

(Llega la CAMARERA con una bandeja repleta. El RECIÉN CASADO la ayuda.)

RECIÉN CASADO.- No se me desespere, Camarerita, póngalo todo ahí y ahora repartimos como buenos amigos. ¡Acuérdese que hoy es mi día!
CAMARERA.- ¿Y porque sea su día todo el mundo tiene que estar contento?
RECIÉN CASADO.- Claro, y cuando llegue mi mujer...
CAMARERA.- ¿La mujer invisible?
PASAJERA 2.- No sea tan incrédula. Nadie sabe lo que pueden tener los demás, pero últimamente parece que desconfiar es más fácil.
CAMARERA.- La vida se ha puesto que no se puede creer ni en lo que uno tiene delante de los ojos.
RECIÉN CASADO.- Yo lo que tengo delante de los ojos es una camarera preciosa y en eso creo.
CAMARERA.- (Halagada.) ¿Y su mujer?
RECIÉN CASADO.- Ella está detrás de mis ojos o dentro, quién sabe... (Repartiendo.) Arriba, que no se quede nadie fuera y el que no esté de acuerdo que levante la mano.
CAMARERA.- Enseguida les traigo el vuelto. Los dejo solos.
RECIÉN CASADO.- Olvídese del dinero y quédese un ratico. Mire que mi mujer no se come a nadie.
CAMARERA.- (Saliendo.) Pero el jefe de turno sí.
PASAJERA 1.- (Tímidamente coqueta. Al PASAJERO.) ¿Y su mujer también es celosa?
PASAJERO.- (Interesado.) ¿Para dónde vas?
PASAJERA 1.- ¿No me va a contestar?
PASAJERO.- Me gustaría enseñarte cómo preguntar.
PASAJERA 1.- Disculpe, Recién Casado. Déjense de disculpitas bobas y vamos a brindar.
PASAJERA 1.- ¿Por qué?
RECIÉN CASADO.- Por mi mujer. (Al PASAJERO.) Mira, yo no habré estudiado tanto como tú, pero conozco a las personas de mirarlas un par de veces y tú sirves para amigo mío.
PASAJERO.- (Complacido por la prueba de confianza.) Gracias. (Señala a la PASAJERA 1.) ¿Y esta muchacha que tal será?
RECIÉN CASADO.- Es sincera, divertida... (Se dirige a ella directamente.) Sí, me lo imagino... Pero no te preocupes por esas tristezas, que dentro de poco se te quitarán porque te lo mereces.
PASAJERA 1.- Gracias, pero yo sé que la única mujer interesante en este tren es la suya, aunque no se vea todavía. Yo soy de lo más aburrida.
PASAJERO.- ¿Y si no te lo creemos?
RECIÉN CASADO.- A ti no te pega la amargura.
PASAJERO.- Seguro que no tienes gaticos.
PASAJERA 1.- Ni perrito ni gatico.
PASAJERO.- Ella no tiene gatos porque tiene un niño.
PASAJERA 1.- ¿Adivino también? ¿Quiere que le enseñe la mano izquierda?
RECIÉN CASADO.- Eso es. Dale la mano izquierda, yo se la voy a dar a la abuela y con la derecha de cada uno nos empinamos la cerveza. (A la PASAJERA 2.) Sí, ya sé que a usted no le gusta, pero un buchito no hace nada.

(El RECIÉN CASADO organiza el brindis. La anciana prueba la cerveza con temor. El Pasajero trata de retener la mano de la muchacha, que le ofrece sólo un dedo.)

PASAJERO.- Yo no quería probarla, porque cuando arranco me cuesta trabajo parar.
RECIÉN CASADO.- ¿Y quién habló aquí de parar? ¡Hoy es el día más feliz de mi vida!
PASAJERA 2.- (Se le escapa.) ¿Te hace mucha falta?
RECIÉN CASADO.- (Evadiéndose.) Y no quiero que nadie saque un quilo. Ni hablar de dinero. Yo los invito y se lo agradezco porque me acompañan. No sé cómo hay gente que le gusta la soledad. Yo no la quiero ni de vecina.
PASAJERA 2.- ¿Y si se muda para enfrente de su cama?
PASAJERA 1.- O para abajo.
PASAJERO.- Si te rodea, si te provoca, si te acorrala...
RECIÉN CASADO.- (Para sí.) La boto. (Se va angustiando.) ¡La boto! ¡La boto! (Silencio incómodo. El RECIÉN CASADO busca cualquier tema que le sirva para salir del «bache». Al PASAJERO.) Cuando llegues a La Habana tu mujer te estará esperando como cosa buena (Trata torpemente de rectificar.) Aunque tú me habías dicho que eras divorciado, ¿no?
PASAJERA 1.- No se preocupen, yo sé desde chiquita que los hombres cambian de estado civil cuando doblan la esquina.
RECIÉN CASADO.- (Inventando con ingenuidad.) ¡Ya sé! ¡Eres divorciado y vives con tu madre!
PASAJERO.- (Hosco.) Vivo solo. (Breve y molesta pausa.) Y no he llegado a Santiago.
RECIÉN CASADO.- Discúlpame.
PASAJERO.- No tengas pena.
RECIÉN CASADO.- Si ya somos casi amigos...
PASAJERO.- Lo que no entiendo es cómo eres un Recién Casado y tu mujer no se ve por ninguna parte. Te encaprichas en que el tren va para La Habana y me parece que seguirás con La Habana en tu cabeza cuando estemos entrando a Santiago.
RECIÉN CASADO.- ¿Santiago? ¿Y ella? (Monologa.) Yo la dejé en el andén despidiéndose de las hermanas. Me dijo: «Voy enseguida, mi amor». Después montó en este tren. (Mira un momento a los demás como si sospechara que desconfian.) ¡Claro que montó! Pero no quiso entrar al coche sin pasar por el baño. ¿Cuándo entró al baño? (Angustiado.) ¡Ella entró! ¿Verdad?
PASAJERA 2.- No se desespere, ya verá que aparece.
RECIÉN CASADO.- ¿Y el tren?
PASAJERA 2.- Rueda. Ése es su oficio, rodar.
PASAJERA 1.- (Al RECIÉN CASADO.) ¿Tú vas para La Habana en serio?
RECIÉN CASADO.- (Luchando por levantar el ánimo.) ¿En serio? No. Voy tomando cerveza. (Va a buscar y se da cuenta de que ya no quedan.) ¡Coño, se acabaron! Voy contento de haberme encontrado con ustedes. (Al PASAJERO.) Tú eres un intelectual, un poeta casi, y yo soy un tipo que quiere estar siempre contento, pero tiene la mala maña de ser demasiado sentimental. ¿No es más o menos lo mismo?
PASAJERO.- Si vas para las estrellas no te hace falta pasaje.
PASAJERA 1.- Vamos para Santiago, pero cualquiera diría que no; ahora me entero de que también se puede ir a las estrellas y fácil... ¡sin pasaje! ¿En qué tren me he metido yo?
RECIÉN CASADO.- (Al PASAJERO.) ¿Tú eres periodista?
PASAJERO.- Sí, ¿y tú? ¿Adivino?
RECIÉN CASADO.- He hecho muchas cosas. Últimamente soy constructor.
PASAJERA 2.- ¿Por qué, si usted es periodista, no aprovecha y me le hace una entrevista a acá, al joven que se casó hoy? Así se entretiene mientras llega ella.
RECIÉN CASADO.- (Regresa a la angustia.) Le he dicho mil veces que yo no soporto las demoras. Hoy, el tren pitando, y ella chachareando con las hermanas. Luego dice que soy muy nervioso, que me desespero.
PASAJERO.- ¿Ya no quieres la entrevista?
RECIÉN CASADO.- ¡No puedo más! ¡Me voy a buscar a mi mujer!
PASAJERO.- Ahora no la vas a encontrar. Todavía no es el momento.
RECIÉN CASADO.- ¡La tengo que encontrar!
PASAJERA 2.- No te asustes, muchacho. Seguro que se escondió para ver qué tú hacías.
PASAJERA 1.- (Buscando salvar la situación.) Yo no soy periodista, pero voy a empezar a preguntar. ¿Cómo se llama?
RECIÉN CASADO.- Ernesto, Ernesto Cano.
PASAJERA 1.- ¿Cuándo naciste?
RECIÉN CASADO.- Hace un rato.
PASAJERA 1.- No juego más. Me están cogiendo la entrevista pa'l relajo.
PASAJERO.- Para nosotros, como Recién Casado, es verdad que nació hace un ratico. Te voy a ayudar. (Al RECIÉN CASADO.) ¿Cómo y cuándo conociste a tu mujer?
RECIÉN CASADO.- Yo trabajo ahora subido en un andamio.
PASAJERA 1.- ¿Y antes qué hacías?
PASAJERA 2.- Con dos periodistas a la vez no puede.
PASAJERO.- Es que mi alumna tiene que practicarse.
RECIÉN CASADO.- (Entrando progresiva y dulcemente en la atmósfera del pasado.) Ella pasaba todos los días vestida de blanco. Yo nunca me hice muchas ilusiones. Caminaba derechita, como si fuera para algún lugar, muy decidida. Yo, lo que sí hacía, era mirarla, mirarla siempre, encantarme con su manera de andar. Una vez, de tanto seguirla con la vista hasta que sé perdiera en la próxima esquina, casi me caigo y me rompo un hueso. ¿Tú te has subido alguna vez en un andamio?
PASAJERO.- Bueno, sí; es decir, hace mucho tiempo. Habrá que inventar algo para que el hombre no se arriesgue de esa forma. ¿No te parece, Recién Casado?
RECIÉN CASADO.- El trabajo duro hay que hacerlo de todas formas y nadie tiene la culpa de que mi mujer -cuando todavía ni era mi mujer- pasara todos los días frente a mi vista y yo me desconsolara. No te creas... Cuando uno le coge la vuelta, sudar la camisa es mejor que estar ocho horas trancao en una oficina; siempre en peligro de que te hagan perder el tiempo o de que se metan en tu vida.
PASAJERA 1.- (Animándose.) Su futura mujer pasaba y usted la miraba, ¿y qué más? Me parece a mí que si uno de los dos no se hubiera decidido, todavía estarían uno, en el andamio y la otra dando vueltas alrededor.
RECIÉN CASADO.- recién casado. Un día yo estaba trabajando de espaldas a la calle.
(Sube a uno de los asientos e imita la posición de trabajo. No se trata de una recreación naturalista de la acción concreta, sino de un frenético juego que tiene mucho de voluntaria teatralidad.)
Mire, así, ¿y a que no saben por qué supe que era ella la que venía por la calle?

(La CAMARERA entra rápidamente.)

CAMARERA.- Por eso a mí no me gusta despachar ni media cerveza más de la que les toca. Te dicen «mi vida», «mi cielo», «amorcito», «corazón de chocolate». Pero cuando la fría les calienta la cabeza, discuten altísimo, empiezan a meterse con las mujeres...
RECIÉN CASADO.- Nos estamos portando bien.
PASAJERA 1.- Ni la señora ha protestado.
RECIÉN CASADO.- Ella sabe que nosotros suspiramos por sus gaticos.
CAMARERA.- (Al RECIÉN CASADO.) Oiga, ¿su mujer no lo habrá dejado por subirse donde no debe?
RECIÉN CASADO.- Ella me adora.
PASAJERA 2.- (A la CAMARERA. Su posición ha ido evolucionando de la curiosidad al entusiasmo.) ¿Quiere enterarse de cómo la conoció?
CAMARERA.- Tengo que atender en el otro coche.
PASAJERO.- ¿De verdad? ¿O quieres escaparte?
RECIÉN CASADO.- ¿Tú eres casada?
CAMARERA.- No sé.
PASAJERA 1.- ¿No sabe?
PASAJERA 2.- ¡No puedo creerlo!
CAMARERA.- Se me olvida, se me olvida todo aquí arriba; sólo me importa que el tiempo vuele, que los cruces no se enmarañen, que no haya nada raro en medio de la vía, que el tren corra rápido para regresar a mi casa, o para llegar al albergue y reírme con las muchachitas; dar una vuelta, salir, coger un poco de aire de la calle. (Breve pausa. Se sorprende de su propia sinceridad.) Aquí no me importa nada ni me acuerdo de lo que pasa.
PASAJERA 2.- ¿Cómo que no se acuerda?
PASAJERO.- Y... (Con intención.) ¿Aquí arriba nunca se enamora?
CAMARERA.- No. Quiero decir, casi, pero no como allá afuera. Aquí no soy soltera ni casada; no tengo edad, ni dirección, ni teléfono, ni siquiera nombre.
PASAJERA 1.- ¿Entonces sube al tren vacía?
PASAJERO.- ¿Como si fuera plástica?
CAMARERA.- ¿Qué le vamos a hacer? ¡Tiene que ser así!
RECIÉN CASADO.- No, no tiene que ser así.
CAMARERA.- (A la ofensiva, como si hubiese recuperado el dominio de su territorio.) Si voy a hacerle caso a todo el que sube, me vuelvo loca.
PASAJERA 1.- Y si no le haces caso a nadie, ¿qué pasa?
CAMARERA.- Por lo menos, así es más fácil.
PASAJERA 1.- (Sin confundir la complicidad prematura con la vanidad o el paternalismo.) Yo también trabajo con personas, yo también me aburro de lo mismo, a mí también me mortifican a veces y me sacan de quicio, pero me preocupo por ellas.
CAMARERA.- (Sensibilizada por los argumentos de la PASAJERA 1.) Pero este tren es distinto, pasan cada cosas... Para que vean que no soy plástica ni de cartón: pueden hacer todas las historias y los cuentos que quieran, pero sin alborotar demasiado. Vaya, háganse la idea de que son unos pasajeros normales.

(Sale sin dar tiempo a ningún otro comentario.)

PASAJERO.- (Al RECIÉN CASADO.) ¿La oíste? Estás autorizado para contarnos cómo es tu mujer, dónde la encontraste, cómo se enamoraron. Vamos a ver, ella pasaba todos los días vestida de blanco.
RECIÉN CASADO.- No miraba a nadie. A las mujeres siempre les gusta un poco hacerse las difíciles. (A la PASAJERA 1, como buscando colectivizar definitivamente el viaje y el juego.) ¿Tú no crees?
PASAJERA 1.- A mí me parece que eso era antes. (A la PASAJERA 2, con ingenua picardía.) Ahora hay que aprender a tomar la iniciativa.
PASAJERA 2.- (Con la ingenuidad del público de las telenovelas.) Todavía no sé bien cómo ellos se conocieron. (Al RECIÉN CASADO.) Estás trabajando de espaldas a la calle, es decir, que no la has visto a ella, pero la adivinas.
RECIÉN CASADO.- ¿Por qué no aparece por esa puerta? ¡La necesito mucho!
PASAJERO.- Acércate a ella.
RECIÉN CASADO.- (Excitado.) ¿Dónde está?
PASAJERA 2.- Tráela tú con esa historia.
RECIÉN CASADO.- (Estimulado por la complicidad.) Claro, si somos capaces de coger un tren para las estrellas.
PASAJERA 1.- (Toma la caja de cervezas vacía y se la tiende. Ella también comienza a necesitar el juego.) Súbase.
RECIÉN CASADO.- Salía del hospital, con el lazo de enfermera detrás del pelo. Caminaba de una forma como si no pisara el suelo, o como si estuviera bailando unos pasillos muy corticos que sólo ella se inventó para salir del trabajo cada tarde o cada mañana. Bueno, yo no sé hacerlo como ella, y subido en este andamio requetemenos. Ya estamos terminando la pared de una escuela que está enfrente del hospital. Estoy pensando que cuando tire el último cucharazo de cemento, no la veré nunca más.
PASAJERO.- (A la PASAJERA 1.) ¿Por qué no camina como ella?
RECIÉN CASADO.- Sí, camina. Seguro que lo haces bien.

(Todos miran a la PASAJERA 1, en un movimiento que recordará el de una cámara cinematográfica.)

PASAJERA 1.- Pero, ¿qué sé yo? (Cediendo lentamente.) Da la casualidad que también soy enfermera, pero a esa mujer no la conozco. En mi vida la he visto, ni en fotografías.
RECIÉN CASADO.- Se llama Elena.
PASAJERA 1.- Yo necesito más.
RECIÉN CASADO.- Imagínate que es después de un turno de once a siete.
PASAJERA 1.- (Entrando en el universo de sus propias disyuntivas y referencias.) Y si es cuando falta una compañera y hay que doblar el turno...
PASAJERO.- (Adquiriendo matices de la teatralidad del RECIÉN CASADO.) Mira ahora a unos tipos dejar a un lado su trabajo y empezar a decirte cosas. Acuérdate que están subidos en un andamio, se están jugando la vida con tal de piropearte.
PASAJERA 1.- (Con un fingido «despiste».) ¿Y qué dicen?
PASAJERO.- (Entrando de lleno en el juego de la coquetería.) ¿Seguro que no sabes?
PASAJERA 2.- ¿Qué mujer no ha sentido eso?
PASAJERA 1.- (Alegre, juguetona. Al RECIÉN CASADO, pero con indirecta referencia al PASAJERO.) Póngame un ejemplo.
RECIÉN CASADO.- (Al PASAJERO.) Ayúdame, hermano.
PASAJERO.- Yo nunca he trabajado en la construcción. No sé bien las cosas que les dicen a las muchachas.
RECIÉN CASADO.- Los que se ensucian la ropa, hablan el mismo idioma de los que usan guayabera. Tú eres periodista, debes saber de todo. ¡Dale!
PASAJERO.- Si ella no camina...
PASAJERA 1.- Vamos a ver cómo sale.
(Comienza con cierta y estudiada timidez y torpeza. Rápidamente, se va soltando.)
¿Está bien así?
RECIÉN CASADO.- (Al PASAJERO.) Arriba, dile algo...
PASAJERO.- (Sobreactúa. Está realmente nervioso.) «Abusadora», «Doña Bárbara»...
PASAJERA 1.- (Disimulando la complacencia.) Ni que una estuviera siempre para eso.
PASAJERO.- «Cosa rica».
PASAJERA 2.- ¿Lo hizo bien? ¿Se parece a su verdadera mujer?
RECIÉN CASADO.- Caminando así... Las dos caminan como la gente que está dispuesta a luchar hasta el final.
PASAJERA 1.- (Deteniéndose. Casi con cariño.) Dime la verdad, ¿eres un Recién Casado al que la mujer se le demora cuando más falta le hace o...?
PASAJERA 2.- ¡Deja eso ahora, muchacha!
RECIÉN CASADO.- (Muy exaltado. Se baja del «andamio».) Si ella no existe, si no me casé, si no funciona... no tiene por qué existir este tren, ni la Camarera, ni siquiera los gaticos de la señora...
PASAJERA 2.- Deja tranquilo a mis gaticos y sigue con tu historia, que es muy linda y, para mí, muy verdadera. Cuando subiste, con aquel alboroto, me ericé. A mí los borrachos me sacan de quicio. Frente a mi casa hay un bar, y no hacen más que abrirlo para que yo esté poniéndoles seguro a las puertas y rodando muebles. Me atrinchero mucho antes de que se emborrachen. Al principio pensé que eras uno más. Pero estás enamorado, y al amor yo lo respeto mucho. Por favor, hazme creer en tu mujer. Yo también necesito que ella exista.
PASAJERO.- Eso es, mi vieja. (Buscando la atmósfera de la representación.) Ella pasaba todos los días vestida de blanco...
RECIÉN CASADO.- (Subiéndose al«andamio».) ¡No hay uniforme más lindo que ése!
PASAJERA 1.- Lo que es la vida. Yo siempre llevo mi pitusa, un pulóver y no hago más que marcar la tarjeta de salida para ir corriendo a cambiarme de ropa.
PASAJERA 2.- (Casi agresiva ante esta intromisión de la «realidad».) ¡Respeta las reglas del juego!
PASAJERA 1.- Está bien. Salí de doblar un turno. Son las siete y pico de la mañana, estoy muerta de sueño.
PASAJERO.- El amigo galán está vigilando, y en cuanto se acerca (Sobreactúa.) : «Niña», «Mamita...».

(La PASAJERA 1 juega a la muchacha distraída. El PASAJERO se queda como sin texto. El RECIÉN CASADO y la PASAJERA 2 son ahora un público completamente cómplice.)

RECIÉN CASADO.- («Soplándole» al PASAJERO.) «Criminal».
PASAJERO.- (Va a repetir mecánicamente, pero al final se decide por otra palabra.) «Bomboncito».
RECIÉN CASADO.- (En la situación del juego.) No me gustan las groserías con las damas, me parece que así se espantan.
PASAJERO.- Deja eso. (Falso, caricaturesco.) A mí no hay jeva que se me resista, asere...
RECIÉN CASADO.- ¡Caballo! Allá en mi pueblo dicen «caballo».
PASAJERO.- Pero este socio pasó el servicio militar, cuando terminó se quedó «pinchando» en la construcción. ¿No te gusta así?
RECIÉN CASADO.- (En su personaje.) Tú serás de La Habana y yo soy un guajiro, pero ni tú ni nadie me quita de la cabeza que «el pollo» se ablanda mejor con dulzura.
PASAJERA 1.- ¿Qué hago yo ahora?
PASAJERO.- (Entusiasmado con la variante que ve venir.) Una tarde tú, por cansancio, me respondiste los piropos y entablamos conversación. Entonces él se puso muy celoso. ¿Les gusta así?
PASAJERA 2.- Pero una muchacha de su casa no va a oír a un hombre con esos modales.
PASAJERO.- Usted verá, mi vieja. ¡Sss!, oyee, mírame, niña... No seas criminal y abusadora. Dime algo, cielo...
PASAJERA 1.- (Muy coqueta y sensual.) Hasta que no me diga bomboncito, no lo miro.
PASAJERO.- Ven acá, bomboncito, ¿tú me quieres matar del corazón?
PASAJERA 1.- ¡Qué va, compañero! Yo no quiero matar a nadie. Fíjese que mi oficio es curar.
PASAJERO.- Pues cúrame a mí, que estoy enfermo de ausencia, de tristeza y desesperación. A mí, que se me fracturó la alegría.
PASAJERA 2.- Si el amigo le habla tan bonito, me parece que ella se va con él.
RECIÉN CASADO.- (Un tanto ausente.) Es posible.
PASAJERO.- Vamos a tratar de arreglarlo. (A la PASAJERA 1, en situación.) ¿Por qué si tu trabajo es curar me haces sufrir de esta manera? ¿Por qué esa indiferencia con los hombres que te adoran?
PASAJERA 1.- (Señalando al RECIÉN CASADO.) ¿Y serán tantos los hombres que me adoran?
PASAJERA 2.- (Al RECIÉN CASADO.) Ahora le toca entrar, ¿no?
RECIÉN CASADO.- Yo estaba esperando mi oportunidad, me llegó un día en el que se acabó el cemento y paramos el trabajo. Me dije: «32 años que tengo yo, y unos 25 que tendrá ella, son cincuenta y siete años perdidos sin encontrarnos. ¡Está bueno ya, desde hoy voy a ser feliz... porque me da la gana!».
CAMARERA.- (Entrando. Su alarma es bastante exagerada.) ¡Qué clase de escándalo! Si sube un inspector, me busco un lío.
RECIÉN CASADO.- Los aburridos y los bobos son los únicos que no se buscan problemas.
PASAJERA 2.- Y esos que monten en otro tren.
CAMARERA.- Me divierto con ustedes, pero a mí no me convienen estas locuras.
PASAJERA 1.- No se preocupe. Yo soy la mujer de mentirita, sin mí no hay juego.
CAMARERA.- ¿Y la mujer de verdad? Esto parece una película de misterio.
PASAJERA 2.- (Apasionada.) Pero no lo es. Aquí todo el mundo se acuerda del amor, y si a alguien se le olvida, lo inventamos de nuevo.
PASAJERO.- Ven acá, Recién... Dime la verdad, Ernesto. ¿Tú te casaste hoy con firmas y mucha gente alrededor o te inventaste la boda contigo mismo?
RECIÉN CASADO.- (Después de una larga pausa en la que se respira cierto desasosiego.) No me entienden; tampoco ustedes me entienden, desconfían...
CAMARERA.- Pero si no vemos a su mujer...
PASAJERA 2.- Usted no ve nada... ¿No quedamos en que era plástica?
CAMARERA.- De hierro quisiera ser con los que se creen que tienen derecho a todo, porque dejan una propinita, con los que están vigilando al de al lado para robarle el maletín, con esos tipos que te miran con hambre, como si fueras un bocadito o una hamburguesa vestida de uniforme.
PASAJERA 1.- ¿Y todos son así?
CAMARERA.- No. Hay otros peores.
PASAJERA 2.- ¿Cuáles?
CAMARERA.- Los que hablan bonito, los que prometen, los que hacen recordar... (Breve silencio.)
RECIÉN CASADO.- (Súbitamente deprimido.) Pensaron que yo era un mentiroso que va de tren en tren comiendo bolas, inventando fiestas... ¡Y no es así, coño! (Casi melodramático.) Si ella no está, es porque le ha pasado algo.
PASAJERA 2.- Ni hables de eso.
PASAJERA 1.- Si su mujer existe, entonces...
PASAJERA 2.- ¡Claro que existe, niña!
CAMARERA.- Tengo que seguir trabajando. Después me cuentan...
RECIÉN CASADO.- ¡Oiga, Camarera!
CAMARERA.- ¿Quieren más cerveza?
RECIÉN CASADO.-
recién casado. (Apunto de gritar.) Quiero que me quieran un poquito. (La CAMARERA va a contestar, pero en el último momento decide escapar.)
PASAJERO.- Discúlpame, amigo, pero, ¿cómo no te das cuenta de que el tren va para Santiago?
RECIÉN CASADO.- (Con un destello de solemnidad.) Hoy se me juntaron las dos cosas que dan la borrachera ] más rica de la vida; pocos tragos y mucha esperanza de ser feliz. Hace un buen rato, me di cuenta de que el tren no va para La Habana, que yo estoy al revés. El problema es que yo quiero...
PASAJERA 1.- (Solidaria.) Bájate y coge otro tren.
RECIÉN CASADO.- ¿Y ustedes siguen para las estrellas sin mí? (Como aferrándose a una nueva ilusión.) Ya sé. Seguro que ella me vio subir y se escondió para darme la sorpresa.
PASAJERA 2.- (En tono confesional, pero con entera naturalidad.) La esperanza es muy linda. Yo salí de España cuando tenía 18 años, cuando llegó Franco. Dejé un hijo chiquito. Nunca más lo he visto. Sabe donde vivo ahora, puede venir a verme. Pero nada, ninguna noticia... ¡Y yo tengo mi esperanza! A pesar del tiempo y de lo sola que he vivido todos estos años. En el barrio algunos dicen: «Por ahí va la viejita de los gatos...», pero yo sigo en lo mío. Hasta el último día voy a vivir con mi esperanza.

(Silencio.)


RECIÉN CASADO.- ¡Vamos, mi vieja! Entre usted y yo ya verá que encontramos a mi mujer.
PASAJERA 2.- Por lo menos, para mí es posible.
PASAJERO.- Si no la encuentras...
RECIÉN CASADO.- ¡La tengo que encontrar!
PASAJERA 2.- (Recoge sus cosas, entusiasmada.) Aguántame los bocaditos. Si quieres cómete uno, debes tener hambre y cuando uno se casa se tiene que alimentar.
RECIÉN CASADO.- (Saliendo. A la PASAJERA 1 y al PASAJERO.) Traten de pasarla bien y extráñenme.

(El PASAJERO duda en llamarlo; cuando ya casi está al salir, grita.)

PASAJERO.- ¡Ernesto...! (Silencio. Regresa junto a la PASAJERA 1.) ¡Qué tipo! Nos ha hecho reír.
PASAJERA 1.- A mí casi me hace llorar. Me ha hecho pensar en mil cosas que no tienen que ver con este tren ni con su boda extraña. Lo que no me cabe en la cabeza es cómo pudo confundirse...
PASAJERO.- ¿No seremos nosotros los que vamos al revés? ¿Tú sabes lo que es tener una buena ilusión?
PASAJERA 1.- Ahora no se puede estar pensando en las musarañas. Yo soy una mujer práctica.
PASAJERO.- ¿Tú nunca te confundirías de tren?
PASAJERA 1.- (Retada.) ¡Qué va! Yo no me confundo fácil.
PASAJERO.- La vida es más compleja y más rica que las películas o las novelas de televisión.
PASAJERA 1.- Es verdad que hay muchas cosas raras. Tú mismo... Al principio pensé que eras muy aburrido. Cuando te vi con tu librito, mirando el paisaje, el Recién Casado, te «espabilaste» y empezaste a parecerme otra cosa.
PASAJERO.- ¿Qué es para ti... (Burlándose de la palabra.) un intelectual?
PASAJERA 1.- No sé, un hombre que sabe mucho, lee libros y eso. Que habla con palabras raras y bonitas.
PASAJERO.- ¿Y nunca dice «ricura» o «mamita»?
PASAJERA 1.- (Cómplice, regresando al juego.) Cuando jugamos a que yo era la mujer del Recién Casado, vi que te sabes unas cuantas palabritas de la calle. Hasta bomboncito...
PASAJERO.- Bomboncito fue la que más te gustó, pero también te dije «criminal», «asesina», y otros piropos más o menos sangrientos. Mira... (Se da cuenta de que no sabe su nombre.)
PASAJERA 1.- María Victoria.
PASAJERO.- Yo, Arturo. Mira, Vicky, esos intelectuales de bufanda, pipa para fumar, que toman té a las cinco, los muy... ingleses. Ésos sí son de películas y de películas malas.
PASAJERA 1.- (Seria.) Pero el nivel siempre influye. Si tú tienes mucha cultura, te gustará reunirte con gente que sea igual que tú. Tu mujer, tus amigos, seguro que también saben mucho.
PASAJERO.- Depende. Yo vivo en la Habana Vieja...
PASAJERA 1.- ¿En una barbacoa?
PASAJERO.- En la barbacoa viven los libros y la máquina de escribir, pero mi hijo, cuando viene, también juega barbacoa. A él le gusta.
PASAJERA 1.- (Sin poder disimular la curiosidad.) Ah, tienes un niño.
PASAJERO.- Sí. ¿Pensabas que los intelectuales tampoco...?
PASAJERA 1.- Yo no soy tan bruta. Martí fue tremendo intelectual y tuvo un hijo. Le hizo unos versos muy lindos, ¿no?
PASAJERO.- Ya ves. Te decía lo de la Habana Vieja, porque vivir en un barrio como ése te ayuda a estar más cerca de la gente. Un vecino cualquiera, el Chama, que se crió junto conmigo y que ya se ha dado dos o. tres buenos golpes en la vida, viene a verme para pedirme consejos, pero yo también aprendo de él.
PASAJERA 1.- ¿Aprendes a piropear como los guapos?
PASAJERO.- Tal vez. (Breve pausa. Crecimiento de la complicidad.)
PASAJERA 1.- Debimos haberle dicho a ese hombre desde él principio que el tren no iba para La Habana. Se hubiera bajado enseguida.
PASAJERO.- O dejarlo con su tren en la cabeza, y rodar nosotros en la misma dirección.
PASAJERA 1.- ¿Se te pegó la locura?
PASAJERO.- El miedo mío es que se desespere y haga alguna barbaridad.
PASAJERA 1.- Es un hombre alegre, no va a dejar la vida tan fácil.
PASAJERO.- (Sin demasiada gravedad.) A todos nos gusta la vida, pero a cada rato se suicida alguien.
PASAJERA 1.- Cuando llegan al hospital te piden de favor que no los dejes morir. Vamos ahora mismo detrás del Recién.
PASAJERO.- Tal vez no le guste que le caigan atrás como si fuera un muchacho. Me encanta que te preocupes; así por el Recién Casado, aunque haga nada más que un rato que lo conoces.
PASAJERA 1.- (Más relajada.) Ese hombre me cae bien y yo casi nunca me equivoco en eso de quién vale la pena y quién no sirve. Trabajar cinco años en un hospital da mucha vista para distinguir la amistad. Dice mi abuela que soy demasiado confianzúa, que le doy demasiado rápido entrada a la gente.
PASAJERO.- ¿Con todos a la misma velocidad?
PASAJERA 1.- Depende. (Silencio. Ligera incomunicación.) Estoy lejos de mi casa desde chiquita y he conocido malos, egoístas, hipócritas, oportunistas, descarados, pero siempre hay alguien que te devuelve la esperanza. Alguien que te da la mano para que salgas del hueco.
PASAJERO.- (Impresionado, por decir algo.) Los santiagueros son muy hospitalarios.
PASAJERA 1.- Yo no soy santiaguera. Nací en Bayamo.
PASAJERO.- Entonces eres una muchacha incendiaria.
PASAJERA 1.- ¿Por qué?
PASAJERO.- A Bayamo la quemaron hace mucho tiempo. ¿No te enteraste?
PASAJERA 1.- Claro, para saber eso no hay que ir a la universidad.
PASAJERO.- No te pongas brava. Mira, yo venía bastante deprimido y entre tú y Ernesto me quitaron la tristeza. (Se le ocurre de pronto.) ¿Cómo fue tu incendio, Vicky?
PASAJERA 1.- Se ve que eres periodista.
PASAJERO.- ¿Cómo te enteraste?
PASAJERA 1.- ¿Del incendio?
PASAJERO.- De mi profesión.
PASAJERA 1.- (Con franca coquetería.) Lo oí, las mujeres somos curiosas y tenemos buena memoria.
PASAJERO.- ¿Y tu incendio?
PASAJERA 1.- (Con añoranza.) La maestra habló en la clase de cuando los bayameses quemaron la ciudad para no entregársela a los españoles y se fueron para el monte. Llegué a la casa con la cabecita llena de humo.
PASAJERO.- ¿Hace mucho tiempo de eso?
PASAJERA 1.- ¡Averiguarme la edad con lo del incendio sí que no! (Breve pausa. Alegre.) Ahora me toca preguntar a mí.
PASAJERO.- ¿Me subo en el andamio y tú pasas con el uniforme muy blanco? (Breve pausa.) Primera respuesta: No soy casado.
PASAJERA 1.- Si tú supieras, eso es lo único que yo nunca pregunto. (Silencio.) ¿Por qué no buscamos al Recién? Tal vez se sienta mal.
PASAJERO.- ¿No te parece que una vez en la vida hay derecho al egoísmo?
PASAJERA 1.- ¡Qué va! No soporto a los egoístas. El pobre hombre se montó en su tren lleno de ilusiones... ¿Qué se hará ahora cuando se quede sin nada?
PASAJERO.- ¿Pero si yo no tengo fe, cómo voy a inculcársela a otro?
PASAJERA 1.- Tú no tienes problemas. Eres bastante joven, vives en La Habana, tienes un hijo, una mujer, o; muchas mujeres... ¡Qué sé yo!
PASAJERO.- Tenía una mujer, la quería mucho.
PASAJERA 1.- ¿Se fue?
PASAJERO.- Se escapó...
PASAJERA 1.- ¿Te dejó?
PASAJERO.- La perdí.
PASAJERA 1.- Disculpa.

(Silencio incómodo.)

PASAJERO.- No voy a echarme a llorar; no te preocupes. La vida sigue y uno con ella. Pasea, toma ron, se acuesta con otras mujeres, pero en el fondo siente un vacío muy grande.
PASAJERA 1.- La soledad es una cabrona. Yo era muy apegada a mi padre, y cuando lo perdí...
PASAJERO.- ¿Tuviste un hombro o un hombre donde recostar la cabeza?
PASAJERA 1.- Un rato.
PASAJERO.- ¿Por qué un rato?
PASAJERA 1.- ¡Porque estaba con un hombre casado! (Pausa escabrosa.) Es sencillo. Para él era cómodo y para mí también. Nos gustábamos, salíamos de vez en cuando, pero sin mucha complicación, sin celosa sin tragedias. Los domingos me aburría un poco. Me daba envidia ver a mis hermanas ir al cine o dar una vuelta con sus novios. Pero tampoco tenía obligación con nadie. (Silencio.) ¿A ti qué te importa todo esto?
PASAJERO.- Eso no me importa casi nada. Tus preocupaciones sí me importan; tus ojos, tu historia me importan muchísimo, Vicky.
PASAJERA 1.- Ahora en el tren, para pasar el rato. Cuando te bajes le dices lo mismo a la primera que te encuentres, se va contigo, y de mí ni te acuerdas más nunca.
PASAJERO.- Eso es lo normal, lo lógico.
PASAJERA 1.- ¡Es lo que siempre pasa!
PASAJERO.- ¿Y si nos proponemos que con nosotros sea distinto? Si ahora mismo (Hace algún gesto que recuerda la acción del RECIÉN CASADO al subirse al «andamio».) les grito a todas las lógicas del mundo: «¡Váyanse al diablo! ¡En este tren no entra la lógica!». (Pausa breve. Más suave.) ¿No tenemos derecho a eso?
PASAJERA 1.- Mi vida es muy complicada. Vivo en Contramaestre, trabajo en Santiago de Cuba y casi todos los días tengo que regresar a mi casa lo antes posible, porque mi madre está vieja y enferma.
PASAJERO.- A las cinco de la mañana tenía muy pocas ganas de venir, me parecía que casi nada valía la pena, y sólo me movió la idea de que, por muchos problemas que uno tenga, tiene que cumplir con su deber. Después empecé a sentir una cosa muy rara... ¿Parecía muy concentrado en la lectura? (Ella asiente muy interesada.) Apenas podía ver las letras. ¡Arriésgate, Vicky! Ya no me acuerdo de cómo es vivir sin tu compañía.
PASAJERA 1.- Todo es muy lindo... pero después se te olvida.
PASAJERO.- Todos los hombres no somos iguales. ¡Olvídate de esa vieja mentira! ¿Y Ernesto? ¿Puedes medir a un tipo como el Recién Casado con esa idea viejísima?
PASAJERA 1.- Es muy simpático, y su mujer, si es que por fin existe, debe quererlo mucho.
PASAJERO.- (Con pasión.) Él la quiere más. La quiere hasta antes de existir o después...
PASAJERA 1.- Pero si la encuentra, si la tiene cerca todo el tiempo, y se meten seis o siete meses a vivir juntos entre cuatro paredes...
PASAJERO.- ... A bajar la basura, ver la televisión y darle cuerda al mismo reloj todas las noches, para levantarse todos los días a la misma hora...
PASAJERA 1.- Entonces ya verás cómo se aburre, cómo empieza a mirar a otras mujeres.
PASAJERO.- Es verdad que a los hombres cubanos nos encanta la mujer ajena. Pero mientras más dulce es la de uno, menos se te ocurre fijarte en la compañera de trabajo o en la pepilla del barrio que va a la bodega con un short cada vez más corto.
PASAJERA 1.- ¡Ya ves!
PASAJERO.- ¡Pero no somos iguales! Al principio pensé, que eras una mujer arriesgada, dispuesta a luchar.
PASAJERA 1.- Tal vez, pero luchar por algo, no por gusto.
PASAJERO.- ¿Y si te pido que luches por lo más lindo, por lo más grande, por lo más importante? Perdóname, Vicky, pero estoy casi seguro de que tú y yo nos necesitamos.
PASAJERA 1.- (Defendiéndose de su propia ilusión.) Yo no necesito nada. Sé defenderme sola desde hace tiempo.
PASAJERO.- (Delirante.) Si quieres me bajo, llamo a Santiago, explico... Tú tienes que seguir conmigo.
PASAJERA 1.- Tengo 25 años y no estoy para marineros ni para periodistas. (Breve pausa. Más dulce que nunca.) A lo mejor me embullo, pasamos ratos muy sabrosos... Después me acostumbro a que me hables mucho y a oírte acostada con los ojos cerrados. Cuando venga a ver estamos enviciados a estar juntos. Sigue tú en lo tuyo y yo en lo mío, que para cosas de novela, con la historia del Recién Casado tenemos.

(Entra el RECIÉN CASADO.)

PASAJERA 1.- Ella...
RECIÉN CASADO.- Ella no está. Se fue, me dejó solo. (Angustiado.) Eso me pasa por dejar que todo le fuera facilito. ¡Qué comemierda soy!
PASAJERO.- No te pongas así. Ella no tiene la culpa de que tú te confundieras.
RECIÉN CASADO.- (Entre la amargura y la melancolía.) El tren, el tren... Así que yo me casé hoy y todo el mundo tiene que estar contento... Yo les dejaba que me creyeran un loco y hasta que se divirtieran conmigo. ¿Saben por qué? Confiaba en que ella iba a aparecer de un momento a otro por ese pasillo, pero no apareció, no está, no la tengo... ¡Todo es mentira!
PASAJERO.- No tienes derecho a hablar así. Nosotros te hicimos caso enseguida, nos dejamos arrastrar por ti.
PASAJERA 1.- ¿Es que no te importamos? Yo hice monerías y caminé como me dijeron. ¿Sabes por qué lo hice?
RECIÉN CASADO.- Sería para pasar el rato, para que tu pueblo llegara más rápido hasta ti.
PASAJERA 1.- Tal vez al principio. Pero si te hubiera creído un loco como otro cualquiera, no te hubiera prestado ningún interés. Parece mentira, pero empezamos a meternos en tu mundo, te sentimos cerca, y por eso pudimos jugar.
PASAJERO.- Para que no te importara que el tren fuera al revés, y no perdernos esa alegría. Y ni siquiera lo hacíamos por buenos... Tú sacaste la cara por nuestra cobardía, por nuestra sinceridad, por nuestra necesidad de abrazarnos...
RECIÉN CASADO.- Sí, pero ella no es mi mujer. Y la otra, la mía, va a pensar que yo soy un desastre.
PASAJERO.- ¿Tú conoces a alguien que sea perfecto?
PASAJERA 1.- A mí ni que me lo enseñen.
RECIÉN CASADO.- A todo el mundo le gusta mi carácter. Me llaman para que haga cuentos en las fiestas del trabajo. (Representa un poco.) «Donde está Ernesto está la alegría». En las asambleas, Ernesto es el único que se para, discute y no se deja pasar una. A las mujeres les caigo bien (Con una sonrisa picara y sensual, pero un tanto triste.) , se divierten, me buscan... ¿Pero qué he hecho con mi vida? Tengo 30 años y dos divorcios en las costillas. ¿No se dan cuenta de que ésta es mi última oportunidad para ser un poquito feliz?

(Silencio.)

PASAJERO.- No te voy a perdonar que no estés de acuerdo contigo. Eres de las pocas personas capaces de transformar a los demás.
PASAJERA 1.- Y en unos minutos.
RECIÉN CASADO.- ¿Y quién me cura a mí? ¿Quién me levanta? (Breve pausa.) Yo me alegro siempre de la felicidad. Dondequiera que veo a alguien contento, me río solo como un bobo. Me encanta ver a las parejas por el Malecón... Cien, doscientas, y siempre se creen que son ellos dos los únicos en el mundo. Lo que me fastidia, lo que me mortifica, lo que me jode, es que ni en este tren pueda estar todo el mundo contento a la vez.
PASAJERO.- Lo más triste es que nos alejamos unos de otros. El que está contento, goza de su felicidad como un niño egoísta y goloso. El triste, al que le fueron mal los planes, mastica solo su depresión.
PASAJERA 1.- (Como continuación orgánica de la idea anterior.) Se esconde en un libro, inventa una boda...
RECIÉN CASADO.- ¡Una boda nunca es mentira! Aunque no se firme ningún papel, ni nadie se entere. Los abuelos del campo nunca firmaban, pero hacían tremendas fiestas en silencio. Se ponían la mejor ropita para llevarse a sus muchachas.
PASAJERO.- (Al RECIÉN CASADO.) No puedes frustrarte por una bobería.
PASAJERA 1.- (Como quien recuerda algo absurdamente olvidado.) ¿Dónde dejaste a la señora de los gaticos?
RECIÉN CASADO.- ¡Pobre vieja! Le regalé mi saco. (Con triste ironía.) Total, ya yo no me voy a casar más nunca.
PASAJERA 1.- Quédate en mi pueblo conmigo! Te bañas y comes en mi casa, llamas por teléfono a tu mujer...
RECIÉN CASADO.- ¿A dónde la voy a llamar?
PASAJERA 1.- Al hotel...
RECIÉN CASADO.- (Es difícil precisar si está angustiado o cogido en falta.) No teníamos reservación. Íbamos a resolver con un pariente.
PASAJERA 1.- Pues llámala a casa del pariente, o a la terminal, no sé. ¡Ojalá todo fuera como eso! Ya verás que dentro de un tiempo los dos se ríen de todo esto.
RECIÉN CASADO.- Yo nunca me apartaba de ella. Todas las noches la iba a ver y le llevaba cinco o seis cartas. Se las hacía a la hora del almuerzo, o en cualquier otro rato que me sobrara en el trabajo. Me ponía a escribir como si estuviera muy lejos y ella me esperara en su portal bañadita y linda. Los amigos me decían: «Llévala recio». «No la malacostumbres». A veces cogía un poco de cuerda y me decía: «Tengo que apretarle la mano». ¡Pero no podía! Es que para mí ella es mi mujer y la niñita que todavía no he tenido. Las dos al mismo tiempo.
PASAJERO.- Uno da muchos consejos, pero cuando le toca su hora, malcría y requetemalcría, y hace bien; las mujeres son lo más lindo y lo mejor.
PASAJERA 1.- (Al PASAJERO.) Menos mal que no eres machista.
PASAJERO.- Hasta sé cocinar un poquito.
RECIÉN CASADO.- Si ella hubiera sufrido un poco por mí... Mi abuela lo decía: «El que quiera azul celeste, que le cueste». Todo le ha sido demasiado fácil.
PASAJERO.- Ya te lo dije, ni Vicky ni yo vamos a permitir que te desesperes. Y menos que abandones la lucha por lo que más quieres. Ella, tu mujer, existe.
RECIÉN CASADO.- Pero ustedes no creen en ella.
PASAJERA 1.- Sí creemos.
PASAJERO.- Vamos a brindar los tres, la vamos a encontrar y estar juntos, porque también tenemos la sonrisa de Vicky.
PASAJERA 1.- Cuando perdiste a tu mujer, ¿tuviste quien te hablara así?
PASAJERO.- No. Y muchos amigos me viraron la espalda. Me volví un solitario de mierda, uno de esos tomadores de bares donde nada más que hay tipos queriendo hacerse los duros, pero que van a esos lugares porque no tienen valor para salir a la calle y abrazar a la primera mujer que les guste o al primer amigo que se lo merezca. (Al RECIÉN CASADO.) No quisiera que a ti te pasara lo mismo.
PASAJERA 1.- Yo llevo muchos años fuera de mi casa. Sé lo que es no tener ni una sólita puerta donde tocar. (Sin melodrama ni grandilocuencia.) Muchas veces me cogí con un teléfono descolgado pensando en algún número -aunque fuera inventado-, pero que pudiera responderme una voz amiga. A veces uno se demora meses y hasta años en hacer una amistad. En un rato han logrado que me sienta muy cerca de ustedes. Ahora no quiero perderme esto.
RECIÉN CASADO.- (Conmovido. Al PASAJERO, tratando de recuperar la euforia del principio.) ¡Bájate con ella! Llévala cargada hasta la puerta de su casa. Di que te la robaste porque te dio la gana. Porque es linda y porque tiene unos sentimientos del carajo.
PASAJERO.- (Eufórico.) ¡Y porque tú nos convenciste! Ya eres el mismo tipo que formó una boda en medio del tren
PASAJERA 1.- Me gusta más el juego del andamio y la muchacha. (Al RECIÉN CASADO.) ¿Quieres que vuelva a caminar como tu mujer?
RECIÉN CASADO.- Deja eso ahora. Camina, camina alegre y simpática, abraza a tu hombre.
PASAJERA 1.- (Con un destello de rubor adolescente.) Pero es que yo casi no lo conozco a él...
RECIÉN CASADO.- Sí lo conoces. Y no puedes bajarte de este tren. (Ella va a contestar. Él no le da tiempo.) ¿Qué vas a hacer si te bajas? ¿Casarte con el enamoradito tonto de toda la vida, que no tiene temple para una hembra como tú? ¿O con el viejo que te recoge a veces en su carro y tiene hijos de tu edad?
PASAJERO.- ¿Adivinó?
PASAJERA 1.- (Serena.) Sí, y ya no tengo mano que dar. (Muy cerca del PASAJERO.) La mayoría de los hombres piensa nada más que en la cama. Por muchas vueltas que le den, siempre caen en lo mismo...
PASAJERO.- No se trata de darle vueltas a la cama, sino de dar muchas vueltas en la cama hasta emborracharte de felicidad.
RECIÉN CASADO.- Yo me embullo rápido con las cosas, pero cuando me desilusiono recibo un golpe grande. (Confidencial.) Lo que menos soporto es el engaño. Me he ido de algunos trabajos y he dejado tremendos sueldos por no engañarme. Para cuando me pare, ¡así!, delante de un espejo, poder decir: «¡Ése soy yo!», sin que me dé asco ni miedo. A veces siento que estoy en un cuarto cerrado y que me ahoga la incomprensión de los que me rodean. ¡Y esta manía de dolerme por todo! ¿Saben por qué logro salir y respirar? (El PASAJERO y la PASAJERA 1 parecen a punto de intervenir.) Porque salgo a la calle y me doy cuenta de que uno puede hasta equivocarse, hasta tener mala suerte, y si no sirvo para profesor de una escuela, puedo levantar una pared y que quede bonita, para que a los muchachos se les alegre la vista.
PASAJERA 1.- Porque eres capaz de querer a una mujer que no aparece y encontrar precioso un uniforme.
PASAJERO.- Tienes que venir con nosotros.
PASAJERA 1.- Es una lástima, pero el nosotros, se está acabando. El tren está a punto de parar en mi pueblo. La he pasado muy bien, pero la locura tiene su límite.
RECIÉN CASADO.- ¿Dónde están?
PASAJERO.- Ahora no puedes irte, olvídate de los límites.
PASAJERA 1.- ¿Por qué no puedo irme? Yo tengo que ayudar a mi mamá, tengo que luchar.
PASAJERO.- (Encarándosele, pero lleno de afecto.) ¡Luchar por ti!
RECIÉN CASADO.- ¿Y él? ¿Y los demás? ¿Y la viejita de los gatos que con nosotros se olvidó de que la muerte ya la tiene citada? (Pausa.) ¿Y yo? ¿Si no hay boda, ni amigos, ni mujer linda? ¿Cómo vivo si el tren no va para la dicha ni para las estrellas?
PASAJERA 1.- Un rato de compañía puede ser muy rico, pero no me va a quitar mis preocupaciones ni a resolver mis problemas. (Al RECIÉN CASADO, justificándose con dulzura.) Te voy a dar mi teléfono por si quieres llamarme y me necesitas. (Al PASAJERO, entre dos fuerzas, entre dos fuegos.) Como mismo me encantas a mí... (Casi en susurro, emocionada, apunto de abrazarlo.) , como mismo quisiera vivir en La Habana, tenerte cerca para ir haciéndote mío, puedes gustarle a muchas. Y dentro de un rato te habrás olvidado de esta guajirita atrevida y sincera.
RECIÉN CASADO.- Me voy. Ya no me queda nada de la cerveza encima, el dinero se me está acabando y mi saco debe ser una suave camita para los gatos de la abuela. Cuándo llegue al otro coche y me tire en un asiento (Desinflándose.) , como se tira uno cuando perdió el juego, nadie me va a decir Recién Casado. (Pausa. El pito del tren suena insistentemente.) Antes de irme, quisiera que supieran cuál es la segunda cosa que me deja respirar hasta en el peor momento; lo que me hace sacar la cabeza cuando quisiera esconderla y comerme solo mi gorrión, lo que me deja vivir cuando empieza a faltarme el aire.
PASAJERO.- (Toma a la PASAJERA 1 del brazo. Se acerca al RECIÉN CASADO y al público.) Vamos a hacer una cosa. Un juego. Cuando tú termines de poner sobre la mesa esa segunda razón, ya ella tendrá que haber decidido si se baja o se queda en este tren. Si se va, no habrá despedidas ni promesas para un después. Si se queda tampoco quiero palabras, sino... (Se interrumpe por la emoción. Al RECIÉN CASADO.) Me parezco más a ti de lo que supones y me gusta decidir rápido. ¡Arriba el juego! Por favor.

(Pausa breve. Le extiende al RECIÉN CASADO la caja de cervezas vacía que ya para todos es el «andamio». El RECIÉN CASADO se sube a su andamio.)

Yo me encanto de verla caminar. (A la PASAJERA 1.) Camina, anda...

(La PASAJERA 1 comienza a pasearse con coquetería, que por momentos desaparece, y su andar se convierte en vueltecitas de impaciencia.)

PASAJERO.- (Con ritmo que recuerda una caricia.) Bomboncito, bomboncito...
PASAJERA 1.- ¡Ya! Si sigues no me voy a ir nunca de tu lado. Te estás buscando ser el padre de mis hijos.
RECIÉN CASADO.- Lo que me deja reírme y hacer cuentos toda una noche; aunque después, cuando llegue a mi casa por la madrugada, llore como un niño desconsolado por algo que no me cabe en la cabeza... y que yo lo sufro por todos a los que les da lo mismo. Lo que me hace levantarme y volver a jugármela, aunque pueda volver a perder es la sospecha de que quedan otros iguales o parecidos, que me pueden querer... o por lo menos oírme. Y desde ahora sé una cosa mejor; sé que quedan muchachas como María Victoria, capaces de brindarle la casa al amigo, sin que haga falta que le enseñen un carné, un papelito o la foto de la mujer del hombre como si fuera un comprobante. Una muchacha que ahora mismo va a caminar...
PASAJERA 1.- Vestida de blanco, con un lazo detrás del pelo y el uniforme más lindo del mundo.
PASAJERO.- Y en los dos o tres minutos que faltan para que llegue tu mujer, voy a hacerte mi mejor entrevista. ¿Cómo te llamas?
RECIÉN CASADO.- Ahora mismo, y quiero seguir naciendo todos los días.
PASAJERO.- ¿Cuál es tu oficio?
RECIÉN CASADO.- Rodar.
PASAJERA 1.- Contéstame bien ahora. ¿Cómo te llamas?
RECIÉN CASADO.- ¡Recién Casado! ¿No la estás viendo a ella que viene corriendo hacia nosotros?

(El PASAJERO y la PASAJERA 1 miran junto con el público hacia el lateral que señaló el RECIÉN CASADO. Se oye un largo y muy agudo pitazo del tren.)





FIN


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