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Sacha Barrera Oro |
HERMANITOS
DE
Sacha Barrera Oro
Nuevo email:
sachatustra@gmail.com
La obra se estrenó el 25 de junio de 2004 en la Enkosala, ubicada en calle San Juan de la ciudad de Mendoza. La ficha técnica correspondiente a este montaje es la siguiente:
Hermano
1: Carlos Suárez
Hermano
2: Rolando
Orduña
Hermano
3: Javier
Massi
Hermano
4: Sebastián
Lucero
Dramaturgia
y dirección: Sacha Barrera Oro
Asistencia
de dirección: Juan Comotti
Compaginación
musical: Héctor Castagnolo y Sacha Barrera Oro
Asistencia
técnica: Martín Bizzotto y Pablo Grosso
Producción: Carmona
Croche y Mauricio Astorga
En cada
uno de los cuadros, los hermanitos ingresan con los ojos cerrados y permanecen
así la mayor parte del tiempo. Sólo abren los ojos en los apartes con el
público, en cada uno de los monólogos individuales y en el monólogo grupal
hacia el final de la obra.
En el
hotel
Al
encenderse las luces, se ven cuatro sillas en hilera. El Hermano 1 y el Hermano
2 avanzan desde el fondo y se sientan.
Hermano
1- (Despierta sobresaltado) ¿Te
quedaste dormido?
Hermano
2- Sabés muy bien que cuando salimos no puedo pegar un
ojo.
Hermano
1- (Busca en el interior de un bolso. Da un alarido) Sabía
que me había olvidado algo. Te das cuenta, (Afectado) no la
traje.
Hermano
2- ¿Qué no trajiste?
Hermano
1- ¡La malla!
Hermano
2- ¿Para qué querés la malla, si salimos a tomar algo?
Hermano
1- Te das cuenta que cambiás de planes todo el tiempo
vos. ¿No me dijiste que salíamos a tomar el sol de la mañana y que de paso nos
refrescábamos un poco?
Hermano
2- Claro, pero no dije nada de ir a la playa y de usar
una malla.
Hermano
1- ¿Quién habló de la playa?
Hermano
2- Dejate de hablar cosas raras, ¿querés?
Hermano
1- Yo no hablo cosas raras. (Resentido) Si
hay un raro en la familia, ¡ese sos vos!
Hermano
2- ¡Ahhh, sí...! A ver... ¿Y por qué?
Hermano
1- No empecemos...
Hermano
2- ¡Empezá!
Hermano
1- No empiezo nada.
Hermano
2- Bueno.
Hermano
1- ¿Ya empezaste?
Hermano
2- Terminala. ¿Y
yo soy el raro?
Hermano
1- No sé cómo explicarte. Mirá, siempre fuiste
raro... (No encuentra la palabra justa) Te movés raro.
Hermano
2- Claro, mirá vos... Así que yo me muevo
raro. Decime. ¿Quién es el que se baña con papel picado los domingos? (Pausa) O
cuando no hablás por tres semanas... ¿Y yo soy el raro?
Hermano
1- Cómo te gustan los golpes bajos a vos, ¿no? Sabés
perfectamente que lo del papel picado es una costumbre artística que heredé de
Papá. (Afectado) Y que no hablo por una semana es cierto...
Pero sólo semana por medio o cada dos semanas, según lo que diga el
médico. (Avergonzado) Por lo de las operaciones, viste...
Hermano
2- Ves que sos mentiroso. (Con seriedad) ¡Vos mentís
mucho! Por eso yo a vos te creo la mitad de las cosas.
Hermano
1- ¡Sabes muy bien que lo de
las operaciones es verdad! El médico dijo que una cosa llevaba a la otra y
viceversa. Y que si seguía con lo del papel picado me tendrían que operar la
glotis para sacarme los residuos que se depositan allí después de cada
inmersión. Igual que a Papá.
Hermano
2- ¡No mientas, porque a
Papá nunca lo operaron!
Hermano
1- ¡Sí!
Hermano
2- ¡Te digo que no! Además es mentira. Yo estaba
cuando el médico dijo que si seguías con esas prácticas, ibas a terminar muy
mal. Es más, me acuerdo que te dijo que si no lo podías evitar, lo hicieras
tratando de cerrar la boca. ¡Pero no!, el señorito no hace caso... Y sigue
tragando... Y traga... Y traga... Traga... Tragás papel picado como una
palangana.
Hermano
1- Papá siempre cantaba en la
ducha.
Hermano
2- Ves que no sabes nada. Papá no se duchaba.
Hermano
1- Sí que se duchaba.
Hermano
2- (Nervioso) Bueno, pero no
cantaba. Ves que te inventás cosas.
Hermano
1- ¡Sí que cantaba! Aceptá que no sabés nada de Papá.
Además, te morís de envidia porque de los cuatro, yo soy el único que heredó su
sensibilidad artística.
Hermano
2- Eso no tiene nada que ver. Aceptalo. Aceptá que lo
de las operaciones te lo inventás, porque te encanta andar por la vida
intervenido quirúrgicamente y estar en la boca y en las miradas de todos.
Hermano
1- (Avergonzado) El
médico dijo…
Hermano
2- ¡Callate! Mitómano.
Pausa.
Entra el Hermano 3 y se sienta junto al Hermano 1. Hasta el final del cuadro se
quedará en silencio y –tal vez– sin ser percibido por los otros.
Hermano
1- (Ofuscado) ¡Y
no me toqués!
Hermano
2- ¿Pero quién te está
tocando?
Hermano
1- Vos...
Hermano
2- Pero si yo ni me moví.
Hermano
1- ¡Pero lo pensaste!
Hermano
2- ¿Me querés decir qué hacés?
Hermano
1- Estoy llamando a la chica.
¿No te das cuenta? (Pasa los dedos por el borde de la silla)
Hermano
2- ¿Y se puede saber qué estás tocando?
Hermano
1- ¡La mesa!
Hermano
2- La mesa... ¿Así que hay una mesa? ¿Y por qué tocas la silla?
¡Haceme el favor de levantar la mano como la gente normal!
Hermano
1- Ves que no estás actualizado. ¡Ves que sos un
fósil! En estos hoteles tienen sistema braile de llamadas desde las sillas. Y
con sólo rozar las yemas de los dedos en el borde, ellos ya saben que los
llamás. ¿Te das cuenta?
Hermano
2- Así que además estamos en un hotel.
Hermano
1- Claro... (Golpea los dedos sobre el borde
de la silla con violencia)
Hermano
2- ¿Y ahora qué haces?
Hermano
1- Le estoy pidiendo a la moza
que no traiga los licuados que pedí con leche en polvo, porque me caen de mal,
mirá... ¡Y que ni se le ocurra ponerle azúcar! Si no es con edulcorante, que
mejor no los traiga. ¡Ahhh! Y que los bizcochitos sean
caseros... A mí el poliéster me hace mal a las cuerdas vocales. Vos sabés cómo
sufro yo si no es algodón.
Hermano
2- (Lo “mira” perplejo) ¿Terminaste?
¡Ves cómo sos! ¿Te das cuenta? ¡Mirá que sos egoísta! Siempre pedís lo tuyo y a
mí que me parta un rayo, ¿no?
Hermano
1- Pero no, tonto, a vos te
pedí lo de siempre. (Pausa) ¡Nada!
Hermano
2- ¿Y si yo no quería nada?
Hermano
1- Siempre que salimos no querés nada...
Hermano
2- ¡Callate! (Pausa cargada de
bronca) Mirá, yo no salí para esto, eh.
Silencio.
Hermano
1- No grites.
Hermano
2- Sabés perfectamente que no me gusta que
decidas por mí.
Hermano
1- ¡Calmate!
Hermano
2- ¡No me calmo nada!
Hermano
1- ¡Calmate, te digo!
Hermano
2- ¡No me calmo nada!
Hermano
1- Te perjudicás vos. Dejame comer tranquilo. (Saca
algo comestible de su bolso y se lo pasa muy cerca de los párpados)
Hermano
2- ¿Ya empezaste a comer?
Hermano
1- Sí, pero yo lo hago por las cuencas de los ojos; no
hago la cochinada como vos.
Hermano
2- Después me preguntás por qué ya no te digo nada de
salir... Si seguís así, vas a terminar como...
Hermano
1- ¿Como quién? Hablá.
Hermano
2- ¡Callate! Que ahí nos traen las cosas. (Saca
algo comestible de uno de sus bolsillos)
Pausa.
Entra el Hermano 4 y se sienta junto al Hermano 2.
Hermano
1- (Se queda “mirando” al Hermano 2)
Cuando me gritás te ves de ordinario mirá...
Hermano
2- Sabés perfectamente que no
me puedo ver... Por eso lo decís...
Hermano
1- Comé despacio, ¿querés?
Hermano
2- (Traga algo que sacó del bolso) ¿Quién
está comiendo?
Hermano
1- Yo sé que sacaste algo del
bolso. ¡Guardá eso!
Hermano
2- Es la toalla.
Hermano
1- ¡Mentira! Yo sé que sacaste otra cosa. Te estás
baboseando...
Hermano
2- No me grités.
Hermano
1- (Grita) No te estoy gritando.
Hermano
2- (Ofendido) Sabés
que no me gusta que me gritonees delante de la comida...
Hermano
1- Mirame cuando te hablo.
Hermano
2- ¿Para qué? Si sabés que no
tiene sentido.
Hermano
1- Es un tema de respeto. La
gente en la mesa mira lo que está por comer.
Hermano
2- A mí me da lo mismo.
Hermano
1- ¡A mí no!
Hermano
2- Bueno, bueno... Está bien... (Gira la
cabeza hacia el lado opuesto al lugar donde esta el Hermano 1) Ya
te estoy mirando. ¿Estás contento? ¿Te cambió la vida en algo?
Permanecen
en silencio. El Hermano 1 mira hacia el público mientras los otros se tocan los
genitales.
Hermano
1- ¿Te estás tocando o me parece a mí?
Hermano
2- Qué decís. ¿Sos loco?
Dejan de
tocarse.
Hermano
1- (Serio) Te
estás tocando.
Hermano
2- ¿Ya empezaste?
Hermano
1- (Lo señala con el índice) Si
contestás así, de esa manera, es que te estás tocando.
Hermano
2- ¿Qué hablas? Si vos no ves nada.
Hermano
1- Pero lo siento.
Hermano
2- Así que yo me toco y el señorito lo siente.
Hermano
1- ¡Ah! Ves que sí te estás tocando.
Hermano
2- Lo digo de manera análoga.
Hermano
1- (Lo “mira” indignado) Mirá
que sos cochino.
Hermano
2- Si no hice nada.
Hermano
1- ¡Pero lo pensaste!
Hermano
2- ¡No pensé nada te digo!
Hermano
1- ¡Calmate!
Hermano
2- ¡No me calmo nada!
Hermano
1- ¡Calmate, te digo!
Hermano
2- ¡No me calmo nada!
Hermano
1- Te perjudicás vos.
Permanecen
un instante en silencio de frente al público.
Hermano
1- ¿Sabés una cosa? Vos deberías tocarte.
Hermano
2- ¿Qué decís?
Hermano
1- Te haría bien. Probá.
Hermano
2- Dejame tranquilo.
Hermano
1- El que se tocaba mucho era Papá.
Hermano
2- ¡Mentira! La abuela no se lo habría
permitido.
Hermano
1- ¿Y Mamá?
Hermano
2- Mamá ¿qué?
Hermano
1- ¿Mamá también se tocaba?
Hermano
2- ¡No! Bah, no sé... Lo que quiero decir es que
si Mamá se lo hubiera permitido.
Hermano
1-¿Y yo qué sé?
Hermano
2- (Burlón) ¿Y yo qué sé?
Hermano
1- A Mamá la agarraba y la zangoloteaba de una
forma... ¿Te acordás?
Hermano
2- ¿Quién? ¿La abuela?
Hermano
1- No. ¡Papá!
Hermano
2- Esa no era Mamá.
Hermano
1- Sí era.
Hermano
2- No era te digo. Además, Papá y mamá nunca se
tocaron.
Hermano
1- Vos porque no los veías.
Hermano
2- Vos tampoco.
Hermano
1- Yo los sentía.
Hermano
2- Estás inventando.
Hermano
1- Se amaban en silencio.
Hermano
2- Pero, ¿que decís? Si no eran mudos.
Hermano
1- ¡No importa! Ellos no creían en las palabras. Se
miraban en silencio.
Hermano
2- Callate, que me vas a hacer
llorar.
Hermano
1- Se pasaban horas en silencio. Uno frente al otro.
La abuela me dijo que llegaron a estar un año sin hablarse. (Pausa) Eso
es amor...
Hermano
2- Me vas a hacer llorar, tonto.
Hermano
1- (Se pone de pie) ¡Habría
que reivindicar el silencio!
Hermano
2- (Duda un momento) ¿Te parece?
Hermano
1- ¡Sshhh! ¡Callate!
Los dos
quedan en silencio.
fantasías
nutritivas
Hermano
3- (Mira al frente al público) ¿Cuántos
son?
Hermano
4- Muchos.
Hermano
3- Quiero un número. No seas malo, decime
cuántos son.
Hermano
4- Y... No sé... No se dejan... (Mira al
frente)
Hermano
3- ¿Son criaturas? ¿Humanos? (Temeroso) ¿Son
monstruos? ¿Se dejan comer? (Decidido) ¿Qué son?
Hermano
4- ¡Dejame tranquilo!
Hermano
3- (Saca un cepillo para el cabello) ¿Te...?
Hermano
4- Nooo...
Hermano
3- (Afectado) Mamá
te lo hacía.
Hermano
4- Mamá nunca me tocó el
cabello.
Hermano
3- ¿En serio? Yo creía que sí.
Hermano
4- No... Así que dejame
tranquilo.
Hermano
3- Mamá dijo que cuando ella no estuviera vos pasabas
a ser mi tutor. Lo dijo... ¿Sí o no?
Hermano
4- No sé.
Hermano
3- Así que...
Hermano
4- No quiero saber nada.
Hermano
3- Ella ya no está.
Hermano
4- Por eso mismo lo digo.
Hermano
3- Yo nunca la oí decir algo así.
Hermano
4- Vos nunca la oíste decir nada.
Hermano
3- ¡Mentira!
Hermano
4- ¡Verdad!
Hermano
3- Por mí se puede ir al diablo Mamá.
Hermano
4- ¿Y Papá?
Hermano
3- (Duda) También.
Hermano
4- ¿Y su recuerdo?
Hermano
3- No sé... No me acuerdo mucho de ellos.
Hermano
4- ¿De qué no te acordás? ¿De Mamá?
Hermano
3- De ella sí.
Hermano
4- ¿Y de Papá?
Hermano
3- También.
Hermano
4- Entonces, ¿de qué no te acordás?
Hermano
3- (Con naturalidad) De sus recuerdos.
Silencio
incómodo.
Hermano
4- Papá era ciego.
Hermano
3- ¿Y...? ¿A mí, justamente a mí me venís con
esto?
Hermano
4- Yo no te vengo con nada...
Hermano
3- Entonces, ¿qué hablás?, ¿qué decís? Si vos
nunca lo viste.
Hermano
4- ¿Y?
Hermano
3- ¿Cómo podés hablar de lo que nunca viste?
Ahhh... Te agarré... ¿Viste?
Hermano
4- Y eso qué tiene que ver. Vos hablás todo el tiempo
de mujeres, de la comida, de la honestidad en las relaciones humanas... Y que
yo sepa nada de lo que decís has visto nunca.
Hermano
3- ¡Sí, las he visto!
Hermano
4- ¿No mientas, eh? Es muy feo que andes
diciendo mentiras.
Hermano
3- (Entusiasmado por dar un ejemplo) En
la tele...
Hermano
4- En la tele, ¿qué?
Hermano
3- En la tele, algunas veces dicen muchas
mentiras.
Hermano
4- Mentira, porque vos no ves tele.
Hermano
3- ¡Sí veo!
Hermano
4- Te sentás frente a la pantalla y pegás la
cara durante horas y la empañás con tu respiración. Pero eso no es ver tele.
Hermano
3- Lo hago para saber qué se siente. Para saber
qué pasa.
Hermano
4- Pero si ni siquiera lo encendés...
Hermano
3- Y eso qué tiene que ver.
Hermano
4- ¿Cómo qué tiene que ver?
Hermano
3- Claro... No tiene nada que ver... Por
ejemplo: yo sé que la leña sirve para encender fuego y no por eso necesito
prender una fogata para comprobarlo.
Hermano
4- ¡Ahhf! Pero qué me pongo a discutir con
vos... Si ni siquiera tenemos tele...
Hermano
3- Sí tenemos.
Hermano
4- No tenemos.
Hermano
3- Esta mañana...
Hermano
4- Hablá.
Hermano
3- Nada.
Hermano
4- Decí lo que ibas a decir.
Hermano
3- Que yo, algunas veces pego la cara a la pantalla y
siento tanta comida...
Hermano
4- Ese es el microondas, ridículo.
Hermano
3- (Aparte con el público) Hay
noches en las que me levanto sin hacer ni un ruidito para no despertarlo y me
voy en puntas de pie, derecho a la pantalla, y me pego unos atracones de comida
bárbaros.
Hermano
4- (Aparte con el público) Yo
ya lo sabía, lo escucho todas las noches. Bueno, lo hace noche por medio cuando
le agarra la angustia visual. Y… Hace como todo el mundo, se desquita saciando
la angustia oral.
Hermano
3- ¡Mentira!, porque vos a esa hora dormís.
Hermano
4- ¡Yo no duermo!
Hermano
3- Sí dormís.
Hermano
4- Igual no sé de qué hablás. (Con
naturalidad) Si nosotros no tenemos microondas.
Hermano
3- ¿Y eso qué tiene que ver? Total, a mí lo único que
me gustan son los... (Piensa) los programas donde cocinan y
hacen cosas ricas para comer y... Te preparan zapallitos rellenos, bitel toné,
carne a la masa…
Hermano
4- (Lo interrumpe) No sé para qué
discuto con vos, si siempre estás hablando de lo mismo: de lo que te vas a
comer, de lo que te vas a dejar de comer, que te gusta esto, que te gusta lo
otro...
Hermano
3- Repollitos de Bruselas... Mmmmm. Lástima que no se
dejen...
Hermano
4- (Determinante) ¡Sos ciego!
Silencio
tenso.
Hermano
3- Vos también.
Hermano
4- Sí. ¡Igual que Mamá!
Hermano
3- Y Papá.
Hermano
4- ¡No me digás que Papá era ciego! Pobre, con
razón...
Hermano
3- Con razón ¿qué?
Hermano
4- Nada. No me hagas caso.
Hermano
3- (Melancólico) Yo nunca lo vi.
Hermano
4- Yo tampoco.
Hermano
3- Tal vez por eso mismo se casó con Mamá.
Hermano
4- ¿Qué querés decir con eso?
Hermano
3- Digo que por eso mismo se casaron.
Hermano
4- Un día no se vieron y empezaron a salir.
Hermano
3- Qué romántico.
Por
momentos representan un juego de roles familiares. El Hermano 3 hace el papel
del Padre y de la abuela. El Hermano 4, el de la Madre.
Hermano
4- (Sensibilizado) Estoy hablando en
serio, tonto.
Hermano
3- Yo también. Me los imagino a los dos en una esquina
diciéndose al oído: “Nos vemos mañana, mi amor.” (Ríen)
Hermano
4- O a Mamá diciéndole a la abuela: “¡Déjeme ir
a verlo, Mamá, déjeme ir a verlo, por favor!”
Hermano
3- Y la Abuela diciendo: “Ya vamos a ver m’hijita. Ya vamos a
ver…”
Hermano
4- Qué romántico...
Hermano
3- Te lo imaginás a Papá diciéndole a Mamá: “Cuando te
veo, se detiene el mundo, y si el mundo se detiene a vernos, ¿qué verán me
pregunto? Porque lo que es yo, no los veo” (Ríen)
Hermano
4- Y un buen día se casaron. Tuvieron cuatro hijos y
comieron perdices. Porque el amor es ciego, igual que ellos...
Hermano
3- Papá y Mamá no comían perdices. Es más, no
comían.
Hermano
4- Si comían.
Hermano
3- Te digo que no. Los vegetales no comen.
Hermano
4- Sí come.
Hermano
3- (Didáctico) Succionan nutrientes
y minerales de las capas inferiores de la biosfera.
Hermano
4- Succionar es una forma de comer, tarado. Si no,
mirá a los bebés cómo se comen a la madre.
Hermano
3- Eso es sexo explícito. ¿Ves que no entendés nada?
Sos un desubicado. (Didáctico) Los vegetales...
Hermano
4- ¡Sí comen!
Hermano
3- ¿Dónde viste a un alcaucil comiendo un asado con los amigos?
Hermano
4- ¿Tienen amigos los alcauciles?
Hermano
3- No sé. Pero sí tienen corazón.
Hermano
4- Papá era ciego, pero tenía un gran corazón. Eso
decía Mamá.
Hermano
3- Y Mamá era una repollito de Bruselas que perdió la
cabeza cuando lo conoció. Eso lo decía Papá.
Hermano
4- ¿Todos los vegetales son ciegos?
Hermano
3- No sé.
Hermano
4- Así como no se vieron nunca, Papá y Mamá se amaron
con locura... Como se aman los vegetales en el interior de las latas de
conservas... Como sólo lo pickles pueden hacerlo.
Hermano
3- ¿Y eso quién lo decía? ¿La abuela?
Hermano
4- ¡No, tonto! Eso lo digo yo.
Hermano
3- Cuando pienso en Papá y Mamá me da hambre.
Hermano
4- Terminala.
Hermano
3- Mmmm... Repollitos de Bruselas... (Se
relame)
Hermano
4- (Determinante) Somos ciegos. Y nos
guste o no, a la hora de comer uno come por los ojos.
Hermano
3- Yo me imagino. Y como... y cómo... Como...
¿Cómo? ¿Cómo, cómo como? ¡Como! ¡Y como! ¡Y como!
Hermano 4-
¡Basta!
Hermano
3- Pienso en una mesa puesta a la antigua, llena de
platos y cosas ricas... Pienso en Mamá y Papá... Y no me amargo como una fruta
ácida y pasada de estación... (Fastidiado) Como uno que yo
conozco.
Hermano
4- Sí, pero yo no ando como un lunático delirado
gritando a los cuatro vientos. Diciendo: “¡Como! ¡Y como! Que me voy a
comer esto... Que me voy a comer lo otro...”
Hermano
3- Yo, nenito, me...
Hermano
4- ¡Callate!
Hermano
3- (Pausa) ¿Cuántos son?
Hermano
4- ¡No te voy a decir nada!
Hermano
3- ¿Cuántos son te digo?
Hermano
4- Muchos...
Hermano
3- Quiero un número. No seas malo, decime.
¿Cuántos son?
Hermano
4- Y... No sé... No se dejan...
Hermano
3- ¿Son criaturas? ¿Humanos? (Temeroso) ¿Son
monstruos? ¿Se dejan comer? (Decidido) ¿Qué son?
Hermano
4- ¡Dejame tranquilo!
Silencio.
Hermano
3- ¿Qué tiene de malo tener fantasías nutritivas?
Primer
monólogo
Hermano
3- Los que no se ven se aman. ¿Será por eso que a mí
me cuesta tanto amarme? Yo no tengo a dónde escapar. Mire donde mire, siempre
estoy ahí, tratando de causarme una buena impresión a mí mismo. (Pausa) ¡Qué
estupidez!, ¿no? Papá decía que hay tres clases de no videntes. Están los
ciegos estatales que dependen del estado de ceguera de muchos otros ciegos
privados de subsidios, estatales y privados... Los privados... son privados...
Los estatales también quieren ser privados, pero no les da... Y terminan siendo
privados, pero privados de subsidios... Privados y estatales...
Entonces
un día se encuentran y uno le dice: “¿Y vos quién sos? Yo soy estatal, ¿y vos?
Ah, yo soy privado. ¿Querés que nos privemos? Dale, yo me privo, tú te privas,
nosotros nos privamos...
Y así se
va transformando todo en un maremágnum, un histeriqueo social tan, pero
tan... Bueno...
Y están
los ciegos privados, esos que se pelean por una tajada de ciegos que andan a la
deriva y que forman parte de nichos de mercados sin flores ni placas
recordatorias.
Y están
los otros ciegos... Los que podrían pasarse todo el día viendo películas mudas
para sentirse otra vez en casa.
Yo creo
que hay diferentes modos de no ver la vida.
vouyeristas
Hermano
2- (Despierta sobresaltado) ¿Te
quedaste dormido?
Hermano
1- No.
Hermano
2- ¿Qué hacías?
Hermano
1- Pensaba.
Hermano
2- ¿En qué?
Hermano
1- Yo creo que si me lo propongo podría ser
vouyerista.
Hermano
2- ¿Ah sí? No me digas...
Hermano 1- Sí, me
encantaría.
Hermano
2- A ver... ¿Y cómo?
Hermano
1- Y, me pondría detrás de una cortina mientras los otros se
tocan... (Piensa) Como en el teatro, ¿viste? O como en los
cibers.
Hermano
2- No te das cuenta que no podés.
Hermano
1- Vos siempre frustrándome la vocación.
Hermano
2- ¡No podés!
Hermano
1- ¡Sí puedo! Resentido.
Hermano 2- ¡No
entendés que si no podés ver, no tiene sentido!
Hermano 1- En el
chat no se ven y sin embargo la pasan re bien.
Hermano
2- No es lo mismo. Además se usa la webcam.
Hermano
1- Y los que no tienen, ¿qué?
Hermano
2- Los que no tienen se joden.
Hermano
1- ¡Mirá que sos reduccionista eh! (Se queda
en silencio)
Hermano
2- Cuidado con lo que vas a hacer. Mirá, que yo te conozco a vos...
Cuando te quedás callado después empezás a hablar cosas raras y siempre
terminamos mal.
Hermano
1- (“Mira”, sin ver, hacia una mujer del público) Si
me concentro en alguien, seguro que intuyo todo.
Hermano
2- ¡Dejá! No te concentrés tanto ¡Si te creo!
Hermano
1- Es como cuando apagás la luz. ¡Igual seguís viendo
todo!
Hermano
2- ¡Uhhh, sos un vouyerista bárbaro vos!
Hermano
1- Ves a esa chica que está allá.
Hermano
2- ¡No!
Hermano1- Lo digo
de manera figurada. Te hablo de esa chica. Esa que se tapa.
La que esta apoyada sobre el joven. ¡Ella! (Señala hacia un sector del
público. El hermano 2 busca en la misma dirección que señala el Hermano 1) Yo
obviamente tampoco la veo. Pero la intuyo. (Habla amablemente) No
te escondas, si ya sé dónde estás.
Hermano
2- (Señala hacia donde el hermano está apuntando) No
le haga caso, Señorita... Señora...
Hermano
1- ¡A vos te digo! (Se concentra) Vamos
a ver en qué estás pensando.
Hermano
2- Mire, le pido un favor... Podría reprimirse un
poquito, un poco nada más. Si no, éste se va de mambo y se pudre todo. (Pausa) ¡Claro!
Usted se ríe. Pero el que se lo tiene que aguantar después soy yo.
Hermano
1- (Concentrado) Sííí... (Deja
ver en su cuerpo señales de goce) Uhhh... (Sonríe) El
mar... La playa... Las palmeras en la orilla... Como a mí me gusta. Un par de
tragos. El agua azul en el fondo. Me esparcís bronceador por la espalda,
mientras la brisa marina despeina mis cabellos. (Muestra en el cuerpo
los efectos relajantes de los masajes)
Está un
poco fresco, pero el calorcito se lo ponemos nosotros... Sos tan linda... Tenés
una piel tan... (Cree que la chica se ha parado) ¿A dónde
vas? (Mira hacia un costado) Ahhh... (Sonríe) Ahí
viene una nativa. ¿Es una amiga tuya? ¡Está buena! Juguemos de a tres, me
gusta... (Se dirige a su hermano) Che, ¿te gustan las negras?
Hermano
2- ¡Dejame tranquilo!
Hermano
1- Mirá que está buena... Saludala. ¡Dale! (Lo
codea) Animate, decile algo.
Hermano
2- Dejá de meterte en la fantasía de la chica.
Hermano
1- (Señala con el índice hacia el frente) Si
la que empezó fue ella.
Hermano
2- (Le habla a la persona elegida) ¿Le
puedo pedir otro favor? Ignoreló, no le dé más letra.
Hermano
1- Vienen dos más ¡Esto se pone re hot!
Hermano
2- (Le reprocha) ¡También usted no
ayuda Señorita! Después, no se queje.
Hermano
1- (Se le hace difícil poder intuir con precisión. Al
darse cuenta de que son dos hombres los que se acercan, habla de ellos con
desprecio) ¡Ah! ¡Aahhh! Son dos nativos...
Hermano
2- ¿Y? (Burlón) Parece que la chica tiene otros
planes y vos estás en el medio interfiriendo. Aunque perfectamente podría ser
una orgía de cuatro. El famoso trío que se divierte mientras un ciego los mira.
Hermano
1- Es cuestión de organizarse... Si nos ordenamos un
poquito en una de esas hay para todos.
Hermano
2- Salí de ahí. Te va a ir mal.
Hermano
1- Todo porque a él no lo invitaron, ¡envidioso! ¿Te
das cuenta cómo sos?
Hermano
2- A ver... ¿Cómo soy?
Hermano
1- (Deja de lado la fantasía) Sos un
resentido.
Hermano
2- ¡Calmate!
Hermano
1- ¡No me calmo nada!
Hermano
2- ¡Calmate, te digo!
Hermano
1- ¡No me calmo nada!
Hermano
2- (Le da una bofetada) Te perjudicás vos.
Hermano
1- (Intenta retomar la fantasía desde donde la dejó) ¡Vos
me perjudicás! ¿Te das cuenta? Ya perdí el hilo. (Busca en todo el
frente. Después de hacer un paneo logra ubicarlos nuevamente) ¡Se
están tocando! ¡Ehhh, no me dejen afuera!
Hermano
2- (Mira a lo lejos) ¿Qué pasó?
Hermano
1- ¿Qué va a pasar? (Desconcertado) Se
cortaron solos.
Hermano
2- (Agudiza la vista hasta encontrar a la chica junto
a los dos nativos) ¡Ehhh! ¿Qué pasó? ¡Ojo, que éste no vino
solo! Está bien que es un asco... Pero es mi hermano y tampoco es para dejarlo
tirado por ahí como a un perro.
Los
Hermanos 3 y 4 se acercan al límite con los espectadores como haciendo causa
común con el Hermano 1.
Hermano
1- Dejá, no me ayudes más. Vos siempre el mismo. Mirá
a la hora que te acordás que vinimos juntos. ¿Te acordás de la amiga que vino
cuando la chica me hacía masajes? Seguro que se ofendió cuando no quisiste
saludarla y por eso se fue. Y yo, como siempre, terminé pagando tu desaire.
Hermano
2- Resulta que ahora yo tengo la culpa...
Hermano
1- No me dejás ni vivir mis fantasías tranquilo. Siempre hacés lo
mismo.
Hermano
2- Igual no las conocías.
Hermano
1- (Desolado) Si sigo con vos, seguro que al paso que voy
nunca voy a conocer a nadie.
Hermano
2- (Mira al frente por un instante) Che, a
todo esto, la morocha no estaba nada mal.
Hermano
1- Pero claro, tarado. No te dije que me gustaba
para vos...
Pegan
mejilla con mejilla y ubican con una “mirada” de ojos cerrados el mismo sector
alejado en el público.
Hermano
1- Siempre quise tener un sobrino de color. Los niños negros tienen
eso en la sangre. Una intensidad... Una alegría de vivir... ¡Así como era Papá!
Hermano
2- No me digas que Papá era negro...
Hermano
1- ¡Claro!
Hermano
2- No me había dado cuenta.
Hermano
1- ¿De dónde creés que sacamos esta alegría de vivir?
Hermano
2- ¡De Mamá!
Hermano
1- ¿Mamá era negra?
Hermano
2- ¡Ves que no entendés nada!
Hermano
1- Mirame cuando te hablo.
Hermano
2- ¡Dejame tranquilo!
Continúan
discutiendo pero se hace difícil entender lo que dicen.
Segundo
monólogo
Hermano
1- Los que no se intuyen no se aman. ¿Será por eso que a mí no me
cuesta tanto intuirme? Yo sí tengo a dónde escapar. Mire donde no mire, siempre
estoy ahí.
Tratando
de causarme una buena impresión a mí mismo. (Pausa) ¡Qué
estupidez!, ¿no?
Papá
decía que hay tres clases de intuitivos. Están los intuitivos naturales que
dependen del estado de intuición del momento. Ésos, decía, pueden pasarse toda
la vida intuyendo, ya que les sale naturalmente por los poros. A ésos muchas
veces lo que les cuesta es dejar la actividad intuitiva un segundo y ponerse a
realizar algo en lo concreto.
Después
están los intuitivos a la fuerza, ésos son los que se ponen colorados cada vez
que se mandan un intento de intuición. Papá decía que se los puede reconocer de
lejos ya que andan tratando de intuir cualquier cosa todo el tiempo. Sea la
hora que sea, se los ve con el ceño fruncido cargando casi siempre intuiciones
ajenas de acá para allá. Son especialistas en formar grupos de pseudointuitivos
que ayudan a otros, todavía más desgraciados que ellos, ésos que no dan pie con
bola en nada.
Papá
diría que ésos son pobres que se solidarizan con cualquier pobreza que esté a
la deriva.
Y por
último están los que Papá llamaba “inclasificables”.
Los que
no podemos ver, decía... Pero sabemos que están por todos lados creando mundos.
Los que no podemos ver... (Sonríe)
Apagón.
vamos
bien...
Luz.
Hermano 3- (Enervado) ¡Papá,
negro! A quién se le puede ocurrir semejante cosa. ¡Pero por favor!
Hermano 1- ¿Y vos cuándo
llegaste?
Hermano
3- Uhhh, hace bastante.
Hermano 1- ¿Pero en
qué momento? Si nosotros...
Hermano
3- (Serio) ¿Sabés
una cosa? Me das vergüenza. Es más, me das asco.
Hermano 2- Ehh,
esperá un poquito. Tampoco es para que lo tratés de esa manera.
Hermano
3-¿Y vos qué salís a defenderlo a este otro? A este porquería. ¿Acaso sos
el abogado? Vergüenza tendría que darles a los dos. ¿Qué clase de no videntes
son? Se supone que un ciego de verdad agudiza todos los demás sentidos y así de
alguna forma remplaza a los ojos.
Hermano 2- Bueno,
es cierto... Pero...
Hermano
4- ¡Pero nada!
Hermano
1- ¿Vos también?
Hermano 4- Y sí...
Hermano
2- (Burlón) Y sí...
Hermano 3- ¿Y sí
qué? ¿Mamá era negra?
Hermano
1- Claro.
Hermano 2- Nada que
ver.
Hermano
4- Y sí... Más vale que nada que ver. Si somos ciegos.
Hermano
3- ¡Mamá, negra! Pero por favor... ¿En qué cabeza cabe algo así?
Los tres giran sus cabezas para dirigirse al
Hermano 3 y se quedan en silencio.
Hermano 3- ¿Qué
dije?
El
Hermano 2 saca algo para comer.
Hermano
1- ¿Ya empezaste?
Hermano 3- ¿Y ahora
qué pasa?
Hermano
2- (Refiriéndose al Hermano 1) Éste,
que ya empezó a joder... Al final no se puede hacer nada, que ya se empieza a
quejar.
Hermano 4- ¡Terminala!
Dejate de pensar en comida.
Hermano
3- Si yo no pensé nada.
Hermano
1- Nooo... Si ahora resulta que nos vamos a pelear por
la comida.
Hermano 2- (Con la boca llena) Es
la toalla.
Hermano
1- No te digo yo... Ya empezaste a babosearte.
Hermano 3- ¿Quién
está comiendo? Mirame las manos.
Hermano
1- ¡Calmate!
Hermano 3- ¡No me
calmo nada!
Hermano
4- ¡Calmate, te digo!
Hermano
3- No me calmo nada...
Hermano 2- Te
perjudicás vos.
Hermano
4- Si estuviera Papá...
Hermano 2- Seguro
que también estaría Mamá.
Hermano
4- ¿Por qué?
Hermano
2- Porque eran inseparables.
Hermano
1- Como los siameses.
Hermano
3- No me digan que Papá y Mamá eran siameses…
Hermano 1- Como la
abuela...
Silencio
tenso.
Hermano
4- ¿Y el abuelo?
Hermano 1- No sé,
creo que no. Parece que el viejo apenas pudo irse se fue.
Hermano
2- No puede ser, porque los siameses andan de un lado
para el otro juntos y no pueden dejarse así como así.
Hermano 3- Yo nunca
los vi.
Hermano
1- Yo tampoco.
Hermano
2- Yo qué sé... Pero vamos bien.
Tercer
monólogo
Hermano
4- (Irónico) Vamos
bien... Vamos bien... ¿O ahora qué? Resulta que porque sale uno y dice “vamos
bien”, vamos bien. ¿Todo está bien? Nooo... Ahora nos vamos a olvidar que han
pasado seiscientos años de ceguera... Qué digo seiscientos, dos mil años...
Nooo... A mí no me van a venir con el cuento de que hay que dar un paso
adelante porque el futuro está para allá... (Señala hacia un sector del
público, y alguno de los otros hermanos intenta escaparse hacia el futuro) Nooo...
Yo me juego la retina que cuando dicen eso es porque hay un precipicio adelante
Y ojo, porque yo no voy a salir a buscar un futuro en otro país. A mí me dejan
acá, éste es mi país; éste es mi lugar y se terminó ¿O ahora qué? Me van a... (Murmura
en voz baja cosas que no se llegan a entender. Los tres giran sus cabezas para
dirigirse al Hermano 4 y se quedan en silencio por unos instantes)
Hermano
1- Y... No sé… Habría que ver...
en el
cuarto de baño
Hermano
3- Cuando me acuerdo de ellos me da un hambre...
Hermano 4- A vos
todo te da hambre.
Hermano
3- Y bueno... ¿Qué querés?
Hermano
4- A veces me pongo a pensar...
Hermano 3- Eso es
bueno, muy buen ejercicio.
Hermano
4- ¡Pienso! Pienso y no me canso de pensar... ¿Cómo
puede ser que algo como vos esté acá? Así como así. Digo yo, no entiendo cómo
puede ser que alguien, no sé, cualquiera, no se le ocurrió pegarte un tiro en
el jardín de infantes, cuando todos éramos niños. En algún recreo. ¡Si no
cuesta nada! Yo que sé... O tal vez algo menos cruel, en alguna escuela de
verano... Las piletas son peligrosas... En un mínimo descuido podrían haberte
ahogado... Yo no me explico... ¿Cómo puede ser que te dejaron llegar a esta edad
y que nadie haya hecho justicia con vos?
¡Qué
crueldad!
Hermano
3- Aunque... Fijate vos que una vez, si mal no recuerdo, Papá...
Hermano
4- ¡No te permito, eh! ¡No te permito que hables así
de Papá! Papá habrá sido lo que vos quieras. Pero si eliminarte hubiera estado
en sus planes, te aseguro que vos no estarías acá. Se puede decir de él
cualquier cosa, menos que era un inepto.
Hermano
3- No, si está bien.
Hermano 4- No, si
está bien. ¡No! No está nada bien.
Hermano
1- ¿Te acordás de Simona?
Hermano
2- Simona... (Piensa) Ah,
la prima de Marta.
Hermano
3- Pero no, tonto... ¡Simona! La que vivía enfrente de
la casa de la abuela.
Hermano
4- Pero si la Abu nunca tuvo casa propia.
Hermano
2- La abuela de Simona sí.
Hermano
1- Qué decís si la Abu toda la vida vivió con nosotros
en la casa.
Hermano
3- Pero si la Abuela de Simona
siempre vivió en su casa. ¿Qué decís?
Hermano
2- ¿Qué Simona?
Hermano
4- ¡Simona! La que tenía esos hijos tan lindos... ¿Te
acordás?
Hermano
2- (Da un alarido) ¡Ahh!
Simona... Que tenía dos hermanos... Claro, si me acuerdo que uno de ellos
jugando se sacó un ojo y que el otro también jugando se sacó la lotería. ¿Te
acordás?
Hermano
3- Ves que confundís todo.
Esos son los ahijados de la Agustina.
Hermano
1- La costurera. La que tenía el drugstore.
Hermano
2- Yo te hablo de Simona, la morochita. La que a vos
te gustaba. (Duerme)
Hermano
4- A todos nos gustaba. Pero de los cuatro te prestaba
siempre más atención a vos.
Hermano
3- A todos.
Hermano
1- ¡Calmate!
Hermano 3- ¡No me
calmo nada!
Hermano
1- ¡Calmate, te digo!
Hermano
3- No me calmo nada.
Hermano 1- Te
perjudicás vos.
Hermano 4- Sabés que no me gusta
verte así.
Hermano
3- ¿Así cómo?
Hermano 4- Así.
Hermano
1- A mí también me duele verte así. (Le da una
bofetada al Hermano 2)
Hermano
2- A mí también me duele. Pero para qué están los hermanos, sino para
recordarnos los dolores.
Hermano
1- Claro, hombre. Arriba ese ánimo. A ver esa boca
grande llena de dientes.
Hermano 3- ¡No
quiero!
Hermano
2- Vamos... Una sonrisita para el tío.
Hermano 3- (Tímido) No...
Hermano
1- Una solita. Vamos...
Hermano 3- ¡No, no
y no!
Hermano
2- ¿Qué va a decir la tía?
Hermano
4- Nada. ¿Qué va decir? ¡Nada! Si la tía se murió hace como veinte
años atrás. (En este momento el Hermano 3 mira hacia el público, como
si allí estuviera el espejo del baño, y muestra los dientes)
Hermano
2- Así me gusta... Que recuerde a la tía con cariño.
Hermano
3- ¿Es cierto que la tía era luchadora?
Hermano
1- Es cierto, la tía fue una mujer muy luchadora.
Los tres
le dan la espalda y debaten.
Hermano
1- No puedo verlo así.
Hermano
2- Es cierto. Está tan perjudicado el pobre. Lo peor
es que el tiempo pasa y él ni sabe defenderse solo.
Hermano
4- Y sí... Está cada vez más perdido.
Hermano
3- (Perplejo) ¿Qué
dije?
Hermano
1- Mírenlo, pobrecito... Si ni se acuerda lo que dijo
hace un segundo atrás. No sé cuánto tiempo más lo tengamos entre nosotros.
Hermano
2- Un día de estos lo vamos a perder y ahí nos quiero
ver...
Hermano
4- Se nos va a ir un día y ahí te quiero ver.
Hermano
1- Sí... Ahí te quiero...
Hermano
3- Yo también los quiero.
Hermano
1- La narcolepsia la heredamos de Mamá, pero la
amnesia no sé de dónde la sacamos.
Hermano
2- No sé, no me acuerdo.
Hermano
4- ¿Cómo es eso de la narcolepsia?
Hermano
1- ¿De la qué?
Hermano
2- De la qué ¿qué?
Hermano
3- Somos argentinos. (Sonríe y se va quedando
dormido. Se ve una sonrisa en sus labios)
Hermano
4- No sé de qué estás hablando.
Hermano
1- ¿Hablando? ¿Yo? ¿Hablando de qué?
Hermano
2- Mirá, ¿no es una ternura? Se durmió.
Hermano
4- No te digo... Si está sensible... Así se la pasa...
O se queda dormido, o le da por hablar de comida. Ya hace varios días que no
hace otra cosa.
Hermano
2- Aprovechemos ahora y le enseñamos algo de defensa
personal. Digo, por si uno de estos días nos deja. Por lo menos que se pueda
defender solo.
Hermano
1- Es cierto, yo cuando duermo me defiendo mucho
mejor.
Hermano
2- ¡Sí! ¿Sabés que tenés razón? Yo cuando duermo lo
hago mucho mejor.
Hermano
1- Levantalo. ¡Dale!
Hermano
2- ¡Che, levantalo, dale! Yo no puedo verlo así.
Hermano
4- Vamos hermano. ¡Arriba!
Los
Hermanos 1, 2 y 4 arengan al Hermano 3 para que se levante. Éste se va
incorporando lentamente y camina hacia uno de los laterales hasta perderse de
vista. Los tres lo siguen con las cabezas. La escena queda a oscuras. Mientras
levantan las sillas van caminando con ellas hasta armar el ring
side. Apagón.
el ring
side
Se da la
luz e ilumina de lleno al Hermano 3, mientras los demás quedan en la sombra,
cada uno en un rincón del ring. En la oscuridad se ven sus siluetas. Cada vez
que uno de los hermanos relata alguna indicación, el Hermano 3 ejecuta lo mismo
en el espacio.
Hermano
2- El ciego sale a la calle. Todo el mundo lo mira y
de a poco recorre uno a uno los lugares comunes a todos los ciegos.
Hermano
1- Su mano izquierda está levantada recordándole toda
su herencia histórica de los años 70. Está a punto de gritar un gol. Pero
recuerda que ha salido a la calle para otra cosa...
Hermano
3- Tiene hambre...
Hermano
2- Sí, sí, tiene hambre. (Molesto) ¡Concentrate!
Hermano
1- El resto del mundo lo mira por televisión y no
entiende cómo se puede tener hambre y ser así. (Sería preferible que el
Hermano 3 fuera de una gordura alarmante)
Hermano
4- La respuesta es que por ser así es que tiene hambre
y no al revés.
Hermano
1- Lo bueno es que ahora está organizado...
Hermano
3- Sí, claro... Muy organizado... ¡Pero tengo hambre!
Hermano
2- Los hermanos lo miran y van a darle una lección de
defensa personal...
Hermano
1- Para que nunca se olvide...
Hermano
2- Para que camine solo por la vida como el código de
convivencia lo indica.
Los
Hermanos dejan de dirigir al Hermano 3 y hablan entre sí por un momento.
Hermano
4- Yo no puedo verlo así.
Hermano
1- Yo tampoco, me da una pena... Me hace acordar a mí
cuando era chico.
Hermano
4- Si no hacemos algo ahora, creo que me mato.
Hermano
2- Si no hacemos algo ahora, él nos va a matar y eso
es mucho peor.
Hermano
4- Si le llegara a pasar algo, yo no sé, creo que me
volvería loco... Pero también es cierto que si no le pasara nada, pero nada
nunca, también me preocuparía. Por eso es mejor que, si le va a pasar algo, sea
ahora. (Vuelven al juego del ring)
Hermano
2- El ciego comienza a desplazarse mientras la mirada
atenta de los demás lo sigue.
Hermano
4- Además de ciego tiene amnesia, pero eso ahora no
importa, porque él sabe que es el protagonista de un cambio social sin
precedentes. Avanza dos pasos y...
Hermano
1- ¡Cuidado! Parece que algo pasa... Se detiene, no
avanza... Al parecer tiene miedo, vuelve a levantar su mano izquierda y mueve
los dedos lentamente sin hacer mucho ruido.
Hermano
4- Sabe que tiene otro brazo y por eso duda si
festejar con más efusividad.
Hermano
1- Algo anda mal. Cuidado.
Hermano
2- Es tarde... Ya es demasiado tarde... La mano
derecha se ha dado cuenta de los movimientos siniestros que pretende realizar
su otro brazo.
Hermano
1- El ciego cierra los puños con fuerza y no sabe con
qué mano debe dar el golpe.
Hermano
3- Tiene hambre.
Hermano
4- Claro... Por eso la mano derecha
lo golpea con fuerza.
Hermano
2- Una vez en el suelo comienza a despabilarse. Se
pone de pie y va a dar un paso... ¡Pero cuidado! Las dos manos con sus
respectivos brazos le impiden avanzar... La izquierda no lo deja... Le recuerda
los pro y los contra de moverse... Le sugiere hacer una votación para
determinar si debe mover primero el pie o...
Hermano
4- Antes de poder terminar, ya la derecha le hace muchas preguntas...
Le sacude el corazón y le vuelve a hablar... No lo deja avanzar... Lo
llena de miedos... El ciego se mira las manos con rabia y recuerda la
importancia de tener manos… No vaya a ser que se vuelva a caer al
suelo... Esto no me gusta nada, aunque parezca mentira, ese cuerpo es
demasiado chico para que convivan los dos brazos de hecho... (Entra
el Hermano 1 al ring)
Hermano
2- El choque de fuerzas es inminente.
Hermano
4- Los dos brazos armados están en posición de ataque.
Hermano
2- Se miden con recelo.
Hermano
4- Giran por todo el espacio y tiran golpes al aire.
Hermano
2- Despacito... Acordate que es tu hermanito...
Hermano
4- Medilo... Cuidate de la izquierda...
Hermano
2- Dale un derechazo a la cabeza ¡Dale!
Hermano
4- Hacele sentir quién manda, pegale...
Hermano
2- Movete, no lo dejés pensar... Hacé de cuenta que no
es tu hermano y pegale.
Hermano
4- Matalo, dale. ¡Hacete respetar! ¡Dale con todo!
Hermano
2- ¡Matalo! Rompele la cabeza con el borde de la
calle.
Hermano
2 y 4- ¡Dale, campeón! ¡Dale, campeón!
La luz
se va lentamente y se ve a los Hermanos 1 y 3 girando en el ring mientras los
demás los arengan. Después de unos momentos vuelve la luz
y están los hermanos 1, 2 y 4 sentados en sus sillas. La silla del Hermano 3
está vacía: él se encuentra en el suelo ensangrentado y con los ojos abiertos.
la
inseguridad
Hermano
1- Eso es lo bueno de enseñar a respetar las normas de
convivencia y dar amor sobre todas las cosas materiales del mundo. Ya que la
más importante de todas es el amor.
Hermano
4- Y la seguridad, claro... Si no, cómo podríamos
amarnos, si no estamos seguros...
Hermano
1- No hay amor sin seguridad.
Hermano
4- Con seguridad, ¿es amor?
Hermano
2- Los que están seguros, ¿se aman?
Hermano
1- No sé.
Cuarto
monólogo
Hermano
2- ¿Será por eso que a mí me cuesta tanto estar
seguro? Yo estoy seguro, pero no tengo a quién amar. ¿Será por eso que no tengo
para quién escapar?
Mire
donde mire, siempre estoy ahí, tratando de estar seguro ante mí mismo. (Pausa) ¡Qué
estupidez!, ¿no?
Papá
decía que había tres clases de seguridades. La primera es la seguridad que
armamos todos los días en nuestros cerebros apenas nos levantamos de la cama.
Esta seguridad la construimos tratando de convencernos de que la racionalidad
del mundo es idéntica a la nuestra...
Después
Papá decía que venía la seguridad sexual. Él decía que ésta estaba íntimamente
ligada a la comida... Aunque eso nunca lo entendí muy bien.
Por
último se quedaba en silencio y se zambullía al regazo de Mamá y se perdía
entre sus senos transformándose en un bebé de pecho. Después de un rato me
llamaba con la mano y me decía al oído que ese era el único lugar donde un
hombre se podía sentir totalmente seguro de que otro hombre no fuera a matarlo.
Al menos por ese día. (El Hermano 2 echa un vistazo
disimulado al Hermano 3, que cierra los ojos. Apagón)
Vuelve
la luz. El Hermano 3 está de pie al lado de su silla.
Hermano
3- Papá, un bebé... Pero por favor...
Hermano
1- ¿Qué es lo primero que te acordás de nosotros?
Hermano
3- Que somos hermanitos y que Papá era ciego.
Hermano
2- Igual que Mamá.
Hermano
4- No sé, yo nunca la vi.
Hermano
1- Yo tampoco. Pero la intuyo.
Hermano
3- ¿Se acuerdan de Simona?
Hermano
2- No, pero yo me acuerdo de un bebé negro que me
hablaba...
Hermano
1- Ya empezaste a comer... ¿Te estás baboseando?
Hermano
4- No, pero me encantaría.
Hermano
1- ¿Por qué no puedo dejar de pensar en el nombre de
alguien que no recuerdo?
Hermano
3- Tal vez esté tan dentro de nosotros que no podemos
decir una sola palabra sin dejar de nombrarla...
Hermano
2- Simona... Simona... No, no me dice nada.
Hermano
3- (Saca el cepillo y le habla al Hermano 1) Me... Me
podrías, digo... A mí me encantaría que vos me... ¿Querés?
¿Ah?
Hermano
1- Pero claro, mi negro, si sabés que me
encanta. (Comienza a peinarlo)
Hermano
4- ¿Qué es lo que te encanta?
Hermano
2- No empiecen... Yo sé cómo termina esto.
Hermano
1- Dejalo que se exprese... Dejalo.
Hermano
3- Lo peino porque me hace acordar a Mamá.
Hermano
4- ¡Mentira, porque vos nunca la viste!
Hermano
3- Sí la vi.
Hermano
4- No la viste.
Hermano
3- Bueno... No la vi, pero la peinaba.
Hermano
2- Pero si Mamá no tenía cabello.
Hermano
1- Sí tenía. Los dos teníamos casi el mismo cabello.
Hermano
2- No tenía, pobrecita... Pero hacía como que tenía y
así Papá la peinaba... Bueno no la peinaba... Hacía como que la peinaba y eran
felices... Bueno... O hacían como que eran felices... ¿Te acordás?
Hermano
3- No. No me acuerdo. Pero no importa... Yo igual te
peino, mi negro, si total no me cuesta nada. A mí...
Hermano
4- A vos siempre te encantaron los objetos de
funcionamiento simbólicos...
Hermano
1- Vos qué te metés, envidioso.
Hermano
4- ¿Qué me meto? Ya te voy a decir por qué me
meto. (Lo amenaza)
Hermano
1- Ahí está, ya salió el mafioso. Cómo te encanta
intimidar a vos, ¿eh? Desde que llegaste que no has parado de ejercer el
apriete. ¿Te das cuenta vos? Vos sos consciente, ¿no?
Hermano
2- ¿Yo mafioso?
Hermano
1- ¿Quién te está hablando a vos? ¿Qué te metés?
Hermano
2- ¿Que por qué me meto? Ya te voy a decir por qué me
meto. (Lo amenaza)
Hermano
4- No se peleen.
Hermano
1- (Burlón) No se
peleen. Ya te vamos a decir por qué nos peleamos. (Lo amenaza)
Hermano
2- Por algo será.
Hermano
3- (Deja de peinar al Hermano 1) ¡Bueno,
basta! No se dan cuenta que me hacen mal...
Hermano
4- Mal… Así que nosotros te hacemos mal…
Hermano
3- (Tímido) Si…
Hermano
2- Te hacemos mal...
Hermano
3- Si…
Hermano
1- Nosotros te hacemos mal...
Hermano
3- Si.
Hermano
1- ¿Y vos? ¿Se puede saber qué te pasa, qué tenés?
Hermano
3- Ya te voy a decir qué tengo. Esperá un minuto... Ya
vas a ver... (Lo amenaza)
En el
preciso momento en que el Hermano 3 va a golpear al Hermano 1 se va la luz.
Simona
Vuelve
la luz. Se puede ver a las cuatro hermanos sentados en hilera, de espaldas al
público.
Hermano
3- Yo tengo un agujero, negro.
Hermano
2- Se dice Mamá, negro.
Hermano
4- No, se debería decir agujero negro.
Hermano
1- Nada que ver, se dice Simona.
Hermano
2- ¿Simona?
Hermano
4- Sí, sí, sí. Simona.
Hermano
3- ¿Simona es Mamá?
Hermano
1- ¿Un agujero negro, Mamá?
Hermano
4- ¡Qué espanto!
Hermano
2- Claro que es un espanto, negro. Si de Simona
venimos y a Simona nos vamos...
Hermano
1- Nada que ver.
Hermano
3- Obvio que nada que ver, si somos ciegos.
Hermano
1- Qué decís... Si nada puede salir de un
agujero, negro.
Hermano
2- Claro, negro. No somos nada.
Hermano
4- Un agujero negro es negro... Negro... ¿Entendés,
negro?
Hermano
3- ¿Será cierto que la luz no puede salir de un
agujero, negro?
Hermano
1- Obvio, si es negro es porque se chupa… La luz.
Hermano
2- Más vale, más vale que es negro. Si es un agujero.
Hermano
3- O sea que vale más... ¿Y esto es porque es un
agujero o es porque es negro?
Hermano
2- Y, no… Me imagino que vale más porque... Porque el
negro es un agujero lleno de colores y...
Hermano
4- ¡Qué profundidad!
Hermano
2- Obvio, si es un agujero.
Hermano
1- ¡Qué cursi!
Hermano
3- Cuando hablamos de Mamá me da hambre...
Hermano
4- A mí me da miedo.
Hermano
2- ¿Por qué?
Hermano
3- ¿Por qué qué?
Hermano
1- ¿Por qué Simona nos hizo a algunos tan grandes?
Hermano
3- Y a otros tan pequeños...
Hermano
4- ¿Qué es Simona?
Hermano
2- Simona es Mamá. Pero también es...
Hermano
1- Es esa sensación que no podemos dejar de tener,
aunque no sabemos qué es...
Hermano
4- Ella es la nostalgia.
Hermano
2- Y nosotros todos los días no hacemos otra cosa que
recordar la nostalgia.
Hermano
3- ¿La nostalgia?
Hermano
2- Claro... Recordar la nostalgia para exorcizarla.
Hermano
1- Para recordar los momentos que aún no hemos vivido.
Hermano
3- ¿Qué aún no hemos vivido?
Hermano
4- ¿Quién no ha vivido?
Hermano
2- A mí alguna vez me gustaría recordar momentos
vividos.
Hermano
3- ¿Y cómo se hace eso?
Hermano
1- Y hay que empezar a ver.
Hermano
3- Y a ver...
Hermano
4- Pero si somos ciegos.
Hermano
2- No hay mejor ciego que el que no quiere ver.
Hermano
1- No hay mejores ciegos que nosotros.
Hermano
4- ¿Y Simona?
Hermano
3- (Aparece detrás de ellos, en el cielo, la luna) Y Simona
fue Mamá. Mirá, ahí está. Si la estoy viendo... Justo en el preciso instante en
que dio a luz a cuatro bebés.
Hermano
2- Simona es Mamá... y nos ve a los cuatro... ¡Qué
lindo!
Los
Hermanos comienzan a ponerse de pie, de a uno, y toman diferentes posiciones en
el espacio mientras contemplan en lo alto a Simona.
Hermano
1- Claro, porque la visión es femenina.
Hermano
4- La ceguera también, hermanito.
Hermano
3- Para ver hay que empezar por abrir los ojos.
Hermano
2- A mí me da miedo. Yo no estoy seguro...
Hermano
1- Yo pretendo seguir intuyendo todo.
Hermano
4- Somos ciegos y los ciegos tenemos miedo de abrir
los ojos y seguir viendo todo oscuro.
Hermano
3- Tengo miedo. Pero también tengo hambre.
Hermano
1- Entonces me dan ganas...
Hermano
4- Pero tengo miedo…
Hermano
2- Y estoy como un perro ciego que cruza la calle
porque sabe que una cuadra más allá hay una carnicería…
Hermano
3- Porque tiene hambre...
Hermano
4- Pero se acuerda del carnicero y su enorme
cuchillo y le da miedo.
Hermano
2- Entonces se queda congelado de miedo…
Hermano
1- No avanza ni retrocede…
Hermano
4- Se queda quietecito en el medio de la calle.
Hermano
3- Tiene tantos motivos para avanzar como para
retroceder...
Hermano
1- Pero se queda congelado…
Hermano
2- Pensando por qué le habrá tocado nacer perro
y no carnicero.
Hermano
4- Y entonces una sensación fría le corre de punta a
punta todo el espinazo.
Hermano
1- Y es que por un segundo se imaginó algo peor:
Hermano
3- Nacer como vaca y estar condenado a ser un bife.
Hermano
2- Sabe que algo se mueve más allá... Y se le viene
encima.
Hermano
1- Eso se está acercando con rapidez.
Hermano
4- Es un camión de la basura.
Hermano
3- Uno de esos que se lleva todo... Hasta los perros
muertos...
Hermano
1- Hasta los perros ciegos...
Hermano
2- Entonces sabe que si se queda ahí ya está muerto.
Hermano
4- No tiene nada... Sólo le quedan las ganas de saber
qué hay delante de la ceguera.
Hermano
3- El camión dobla la esquina y cuando se quiere
acordar ya está rodeado de empleados municipales.
Hermano
1- Entonces...
Hermano
2- Toma aire...
Hermano
3- Mucho aire... Y respira...
Hermano
4- Profundamente.
Monólogo
grupal
Los
Hermanos se van agrupando desordenadamente hasta quedar en línea, de frente al
público.
Hermano
1, 2, 3 y 4- Tengo hambre. Tengo ganas de matar a besos y a
mordiscones a los que no puedo ver. Tengo ganas de pescarme un resfrío de sol
jugando en tu panza, mientras que mis ojos se bañan desnudos en tus mares
oculares.
Tengo
ganas de saltar de un puente y romperme la cabeza contra un contingente de
jubilados de la mutual de luz y fuerza, y que de mi cabeza se escapen millones
de mariposas de azúcar impalpable.
Tengo
ganas de morirme de risa y olvidarme de una vez por todas de qué color es el
caballo blanco de San Martín, para levantarme temprano y poder ir de nuevo a la
escuela. Pero esta vez siendo yo el que le pregunte a la señorita si es preciso
tener los ojos cerrados durante nueve años seguidos sin decir ni siquiera
“MU”.
Preguntarle
si es parte del plan educativo repetir como un loro descerebrado todo eso que
sale en los libros. Preguntarle a la abuela si es posible enamorarse tantas
veces como uno quiera... Y que lo quieran, sí... Y que nos quieran... Jugando
al pisa pisuela zapato sin suela me dijo mi abuela que sí... que no... que
sí... que no... Que Papá era ciego, que Mamá era Simona. Pero que ella a pesar
de todo no tenía la culpa.
Que
cuando sea grande quiero ser perro y no chofer de camión recolector.
Que va a
ser mejor que abra los ojos... Porque ya soy grande.
Que Papá
Noel no es Papá Noé... Porque Noé. O sea, no existe. Así como los superhéroes
nunca vinieron a tomar la leche conmigo.
Así como
me doy cuenta de que cada vez tengo más miedo de abrir los ojos... Porque es
mucho más fácil hacerlo cuando se está soñando... Por eso durmiendo lo hace
cualquiera...
Por eso
sigo hablando y no me canso de saber que soy una cinta que se repite... Y se
repite... Todos los días. Como esos anhelos de Papá y Mamá se repiten en mí...
Hoy no
estoy tan convencido de que mis hermanos sean mis hermanos, de que tu país sea
tu país, de que tu Mamá se llame como se llamaba ayer y de que tus tíos de
Córdoba realmente sean de Córdoba y sean tus tíos.
Hoy sólo
sé que algo importante se llama Simona y que estoy ciego... Que todas estas
ecuaciones sirven para llevarme a algún lugar. Y que hay una guerra de hormonas
que me sacude desde antes de nacer y que me muero de ganas de bañarte en
silencio, mientras mis ojos se pierden en tus ojos y te veo tan bella y tan
negra caminando en el parque con tu cabellera roja flameando por la brisa
marina del lago.
Y yo sé
qué me vas a preguntar algo...
Se van
separando lentamente hasta que solamente existe un contacto mínimo entre
ellos.
Y la
respuesta es... Que sí, que tenés razón... Que detrás de todo siempre hay una
mujer que pregunta...
¡Hermanitos!
¡Hermanitos! Hermanitos...
¿Por qué
tienen unos ojos tan grandes?
Abren
los ojos lentamente hasta el punto de no poder abrirlos más. Reconocen por
primera vez todo lo que tienen a su alrededor. Tanto a sí mismos como al otro.
Luego miran detenidamente hacia donde se encuentra el público y avanzan.
¡Para
comerte mejor!
Justo
en el límite de la cuarta pared, se va la luz.
Fin
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Para más
obras: www.teatrovision.com.ar
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Sacha
Barrera Oro |
HERMANITOS
DE
Sacha Barrera Oro
Nuevo email:
sachatustra@gmail.com
La obra se estrenó el 25 de junio de 2004 en la Enkosala, ubicada en calle San
Juan de la ciudad de Mendoza. La ficha técnica correspondiente a este montaje
es la siguiente:
Hermano
1: Carlos Suárez
Hermano
2: Rolando
Orduña
Hermano
3: Javier
Massi
Hermano
4: Sebastián
Lucero
Dramaturgia
y dirección: Sacha Barrera Oro
Asistencia
de dirección: Juan Comotti
Compaginación
musical: Héctor Castagnolo y Sacha Barrera Oro
Asistencia
técnica: Martín Bizzotto y Pablo Grosso
Producción: Carmona
Croche y Mauricio Astorga
En cada
uno de los cuadros, los hermanitos ingresan con los ojos cerrados y permanecen
así la mayor parte del tiempo. Sólo abren los ojos en los apartes con el
público, en cada uno de los monólogos individuales y en el monólogo grupal
hacia el final de la obra.
en el
hotel
Al
encenderse las luces, se ven cuatro sillas en hilera. El Hermano 1 y el Hermano
2 avanzan desde el fondo y se sientan.
Hermano
1- (Despierta sobresaltado) ¿Te
quedaste dormido?
Hermano
2- Sabés muy bien que cuando salimos no puedo pegar un
ojo.
Hermano
1- (Busca en el interior de un bolso. Da un alarido) Sabía
que me había olvidado algo. Te das cuenta, (Afectado) no la
traje.
Hermano
2- ¿Qué no trajiste?
Hermano
1- ¡La malla!
Hermano
2- ¿Para qué querés la malla, si salimos a tomar algo?
Hermano
1- Te das cuenta que cambiás de planes todo el tiempo
vos. ¿No me dijiste que salíamos a tomar el sol de la mañana y que de paso nos
refrescábamos un poco?
Hermano
2- Claro, pero no dije nada de ir a la playa y de usar
una malla.
Hermano
1- ¿Quién habló de la playa?
Hermano
2- Dejate de hablar cosas raras, ¿querés?
Hermano
1- Yo no hablo cosas raras. (Resentido) Si
hay un raro en la familia, ¡ese sos vos!
Hermano
2- ¡Ahhh, sí...! A ver... ¿Y por qué?
Hermano
1- No empecemos...
Hermano
2- ¡Empezá!
Hermano
1- No empiezo nada.
Hermano
2- Bueno.
Hermano
1- ¿Ya empezaste?
Hermano
2- Terminala. ¿Y
yo soy el raro?
Hermano
1- No sé como explicarte. Mirá, siempre fuiste
raro... (No encuentra la palabra justa) Te movés raro.
Hermano
2- Claro, mirá vos... Así que yo me muevo
raro. Decime. ¿Quién es el que se baña con papel picado los domingos? (Pausa) O
cuando no hablás por tres semanas... ¿Y yo soy el raro?
Hermano
1- Cómo te gustan los golpes bajos a vos, ¿no? Sabés
perfectamente que lo del papel picado es una costumbre artística que heredé de
Papá. (Afectado) Y que no hablo por una semana es cierto...
Pero sólo semana por medio o cada dos semanas, según lo que diga el
médico. (Avergonzado) Por lo de las operaciones, viste...
Hermano
2- Ves que sos
mentiroso. (Con seriedad) ¡Vos mentís mucho! Por eso yo a vos
te creo la mitad de las cosas.
Hermano
1- ¡Sabés muy bien que lo de
las operaciones es verdad! El médico dijo que una cosa llevaba a la otra y
viceversa. Y que si seguía con lo del papel picado me tendrían que operar la
glotis para sacarme los residuos que se depositan allí después de cada inmersión.
Igual que a Papá.
Hermano
2- ¡No mientas, porque a
Papá nunca lo operaron!
Hermano
1- ¡Sí!
Hermano
2- ¡Te digo que no! Además es mentira. Yo estaba
cuando el médico dijo que si seguías con esas prácticas, ibas a terminar muy
mal. Es más, me acuerdo que te dijo que si no lo podías evitar, lo hicieras
tratando de cerrar la boca. ¡Pero no!, el señorito no hace caso... Y sigue
tragando... Y traga... Y traga... Traga... Tragás papel picado como una
palangana.
Hermano
1- Papá siempre cantaba en la
ducha.
Hermano
2- Ves que no sabes nada. Papá no se duchaba.
Hermano
1- Sí que se duchaba.
Hermano
2- (Nervioso) Bueno, pero no
cantaba. Ves que te inventás cosas.
Hermano
1- ¡Sí que cantaba! Aceptá que no sabés nada de Papá.
Además, te morís de envidia porque de los cuatro, yo soy el único que heredó su
sensibilidad artística.
Hermano
2- Eso no tiene nada que ver. Aceptalo. Aceptá que lo
de las operaciones te lo inventás, porque te encanta andar por la vida
intervenido quirúrgicamente y estar en la boca y en las miradas de todos.
Hermano
1- (Avergonzado) El
médico dijo…
Hermano
2- ¡Callate! Mitómano.
Pausa.
Entra el Hermano 3 y se sienta junto al Hermano 1. Hasta el final del cuadro se
quedará en silencio y –tal vez– sin ser percibido por los otros.
Hermano
1- (Ofuscado) ¡Y
no me toqués!
Hermano
2- ¿Pero quién te está
tocando?
Hermano
1- Vos...
Hermano
2- Pero si yo ni me moví.
Hermano
1- ¡Pero lo pensaste!
Hermano
2- ¿Me querés decir qué hacés?
Hermano
1- Estoy llamando a la chica.
¿No te das cuenta? (Pasa los dedos por el borde de la silla)
Hermano
2- ¿Y se puede saber qué estás tocando?
Hermano
1- ¡La mesa!
Hermano
2- La mesa... ¿Así que hay una mesa? ¿Y por qué tocas la silla?
¡Haceme el favor de levantar la mano como la gente normal!
Hermano
1- Ves que no estás actualizado. ¡Ves que sos un
fósil! En estos hoteles tienen sistema braile de llamadas desde las sillas. Y
con sólo rozar las yemas de los dedos en el borde, ellos ya saben que los
llamás. ¿Te das cuenta?
Hermano
2- Así que además estamos en un hotel.
Hermano
1- Claro... (Golpea los dedos sobre el borde
de la silla con violencia)
Hermano
2- ¿Y ahora qué haces?
Hermano
1- Le estoy pidiendo a la moza
que no traiga los licuados que pedí con leche en polvo, porque me caen de mal,
mirá... ¡Y que ni se le ocurra ponerle azúcar! Si no es con edulcorante, que
mejor no los traiga. ¡Ahhh! Y que los bizcochitos sean
caseros... A mí el poliéster me hace mal a las cuerdas vocales. Vos sabés cómo
sufro yo si no es algodón.
Hermano
2- (Lo “mira” perplejo) ¿Terminaste?
¡Ves cómo sos! ¿Te das cuenta? ¡Mirá que sos egoísta! Siempre pedís lo tuyo y a
mí que me parta un rayo, ¿no?
Hermano
1- Pero no, tonto, a vos te
pedí lo de siempre. (Pausa) ¡Nada!
Hermano
2- ¿Y si yo no quería nada?
Hermano
1- Siempre que salimos no querés nada...
Hermano
2- ¡Callate! (Pausa cargada de
bronca) Mirá, yo no salí para esto, eh.
Silencio.
Hermano
1- No grites.
Hermano
2- Sabés perfectamente que no me gusta que
decidas por mí.
Hermano
1- ¡Calmate!
Hermano
2- ¡No me calmo nada!
Hermano
1- ¡Calmate, te digo!
Hermano
2- ¡No me calmo nada!
Hermano
1- Te perjudicás vos. Dejame comer tranquilo. (Saca
algo comestible de su bolso y se lo pasa muy cerca de los párpados)
Hermano
2- ¿Ya empezaste a comer?
Hermano
1- Sí, pero yo lo hago por las cuencas de los ojos; no
hago la cochinada como vos.
Hermano
2- Después me preguntás por qué ya no te digo nada de
salir... Si seguís así, vas a terminar como...
Hermano
1- ¿Como quién? Hablá.
Hermano
2- ¡Callate! Que ahí nos traen las cosas. (Saca
algo comestible de uno de sus bolsillos)
Pausa.
Entra el Hermano 4 y se sienta junto al Hermano 2.
Hermano
1- (Se queda “mirando” al Hermano 2)
Cuando me gritás te ves de ordinario mirá...
Hermano
2- Sabés perfectamente que no
me puedo ver... Por eso lo decís...
Hermano
1- Comé despacio, ¿querés?
Hermano
2- (Traga algo que sacó del bolso) ¿Quién
está comiendo?
Hermano
1- Yo sé que sacaste algo del
bolso. ¡Guardá eso!
Hermano
2- Es la toalla.
Hermano
1- ¡Mentira! Yo sé que sacaste otra cosa. Te estás
baboseando...
Hermano
2- No me grités.
Hermano
1- (Grita) No te estoy gritando.
Hermano
2- (Ofendido) Sabés
que no me gusta que me gritonees delante de la comida...
Hermano
1- Mirame cuando te hablo.
Hermano
2- ¿Para qué? Si sabés que no
tiene sentido.
Hermano
1- Es un tema de respeto. La
gente en la mesa mira lo que está por comer.
Hermano
2- A mí me da lo mismo.
Hermano
1- ¡A mí no!
Hermano
2- Bueno, bueno... Está bien... (Gira la
cabeza hacia el lado opuesto al lugar donde esta el Hermano 1) Ya
te estoy mirando. ¿Estás contento? ¿Te cambió la vida en algo?
Permanecen
en silencio. El Hermano 1 mira hacia el público mientras los otros se tocan los
genitales.
Hermano
1- ¿Te estás tocando o me parece a mí?
Hermano
2- Qué decís. ¿Sos loco?
Dejan de
tocarse.
Hermano
1- (Serio) Te
estás tocando.
Hermano
2- ¿Ya empezaste?
Hermano
1- (Lo señala con el índice) Si
contestás así, de esa manera, es que te estás tocando.
Hermano
2- ¿Qué hablas? Si vos no ves nada.
Hermano
1- Pero lo siento.
Hermano
2- Así que yo me toco y el señorito lo siente.
Hermano
1- ¡Ah! Ves que sí te estás tocando.
Hermano
2- Lo digo de manera análoga.
Hermano
1- (Lo “mira” indignado) Mirá
que sos cochino.
Hermano
2- Si no hice nada.
Hermano
1- ¡Pero lo pensaste!
Hermano
2- ¡No pensé nada te digo!
Hermano
1- ¡Calmate!
Hermano
2- ¡No me calmo nada!
Hermano
1- ¡Calmate, te digo!
Hermano
2- ¡No me calmo nada!
Hermano
1- Te perjudicás vos.
Permanecen
un instante en silencio de frente al público.
Hermano
1- ¿Sabés una cosa? Vos deberías tocarte.
Hermano
2- ¿Qué decís?
Hermano
1- Te haría bien. Probá.
Hermano
2- Dejame tranquilo.
Hermano
1- El que se tocaba mucho era Papá.
Hermano
2- ¡Mentira! La abuela no se lo habría
permitido.
Hermano
1- ¿Y Mamá?
Hermano
2- Mamá ¿qué?
Hermano
1- ¿Mamá también se tocaba?
Hermano
2- ¡No! Bah, no sé... Lo que quiero decir es que
si Mamá se lo hubiera permitido.
Hermano
1-¿Y yo qué sé?
Hermano
2- (Burlón) ¿Y yo qué sé?
Hermano
1- A Mamá la agarraba y la zangoloteaba de una
forma... ¿Te acordás?
Hermano
2- ¿Quién? ¿La abuela?
Hermano
1- No. ¡Papá!
Hermano
2- Esa no era Mamá.
Hermano
1- Sí era.
Hermano
2- No era te digo. Además, Papá y mamá nunca se
tocaron.
Hermano
1- Vos porque no los veías.
Hermano
2- Vos tampoco.
Hermano
1- Yo los sentía.
Hermano
2- Estás inventando.
Hermano
1- Se amaban en silencio.
Hermano
2- Pero, ¿que decís? Si no eran mudos.
Hermano
1- ¡No importa! Ellos no creían en las palabras. Se
miraban en silencio.
Hermano
2- Callate, que me vas a hacer
llorar.
Hermano
1- Se pasaban horas en silencio. Uno frente al otro.
La abuela me dijo que llegaron a estar un año sin hablarse. (Pausa) Eso
es amor...
Hermano
2- Me vas a hacer llorar, tonto.
Hermano
1- (Se pone de pie) ¡Habría
que reivindicar el silencio!
Hermano
2- (Duda un momento) ¿Te parece?
Hermano
1- ¡Sshhh! ¡Callate!
Los dos
quedan en silencio.
fantasías
nutritivas
Hermano
3- (Mira al frente al público) ¿Cuántos
son?
Hermano
4- Muchos.
Hermano
3- Quiero un número. No seas malo, decime
cuántos son.
Hermano
4- Y... No sé... No se dejan... (Mira al
frente)
Hermano
3- ¿Son criaturas? ¿Humanos? (Temeroso) ¿Son
monstruos? ¿Se dejan comer? (Decidido) ¿Qué son?
Hermano
4- ¡Dejame tranquilo!
Hermano
3- (Saca un cepillo para el cabello) ¿Te...?
Hermano
4- Nooo...
Hermano
3- (Afectado) Mamá
te lo hacía.
Hermano
4- Mamá nunca me tocó el
cabello.
Hermano
3- ¿En serio? Yo creía que sí.
Hermano
4- No... Así que dejame
tranquilo.
Hermano
3- Mamá dijo que cuando ella no estuviera vos pasabas
a ser mi tutor. Lo dijo... ¿Sí o no?
Hermano
4- No sé.
Hermano
3- Así que...
Hermano
4- No quiero saber nada.
Hermano
3- Ella ya no está.
Hermano
4- Por eso mismo lo digo.
Hermano
3- Yo nunca la oí decir algo así.
Hermano
4- Vos nunca la oíste decir nada.
Hermano
3- ¡Mentira!
Hermano
4- ¡Verdad!
Hermano
3- Por mí se puede ir al diablo Mamá.
Hermano
4- ¿Y Papá?
Hermano
3- (Duda) También.
Hermano
4- ¿Y su recuerdo?
Hermano
3- No sé... No me acuerdo mucho de ellos.
Hermano
4- ¿De qué no te acordás? ¿De Mamá?
Hermano
3- De ella sí.
Hermano
4- ¿Y de Papá?
Hermano
3- También.
Hermano
4- Entonces, ¿de qué no te acordás?
Hermano
3- (Con naturalidad) De sus recuerdos.
Silencio
incómodo.
Hermano
4- Papá era ciego.
Hermano
3- ¿Y...? ¿A mí, justamente a mí me venís con
esto?
Hermano
4- Yo no te vengo con nada...
Hermano
3- Entonces, ¿qué hablás?, ¿qué decís? Si vos
nunca lo viste.
Hermano
4- ¿Y?
Hermano
3- ¿Cómo podés hablar de lo que nunca viste?
Ahhh... Te agarré... ¿Viste?
Hermano
4- Y eso qué tiene que ver. Vos hablás todo el tiempo
de mujeres, de la comida, de la honestidad en las relaciones humanas... Y que
yo sepa nada de lo que decís has visto nunca.
Hermano
3- ¡Sí, las he visto!
Hermano
4- ¿No mientas, eh? Es muy feo que andes
diciendo mentiras.
Hermano
3- (Entusiasmado por dar un ejemplo) En
la tele...
Hermano
4- En la tele, ¿qué?
Hermano
3- En la tele, algunas veces dicen muchas
mentiras.
Hermano
4- Mentira, porque vos no ves tele.
Hermano
3- ¡Sí veo!
Hermano
4- Te sentás frente a la pantalla y pegás la
cara durante horas y la empañás con tu respiración. Pero eso no es ver tele.
Hermano
3- Lo hago para saber qué se siente. Para saber
qué pasa.
Hermano
4- Pero si ni siquiera lo encendés...
Hermano
3- Y eso qué tiene que ver.
Hermano
4- ¿Cómo qué tiene que ver?
Hermano
3- Claro... No tiene nada que ver... Por
ejemplo: yo sé que la leña sirve para encender fuego y no por eso necesito
prender una fogata para comprobarlo.
Hermano
4- ¡Ahhf! Pero qué me pongo a discutir con
vos... Si ni siquiera tenemos tele...
Hermano
3- Sí tenemos.
Hermano
4- No tenemos.
Hermano
3- Esta mañana...
Hermano
4- Hablá.
Hermano
3- Nada.
Hermano
4- Decí lo que ibas a decir.
Hermano
3- Que yo, algunas veces pego la cara a la pantalla y
siento tanta comida...
Hermano
4- Ese es el microondas, ridículo.
Hermano
3- (Aparte con el público) Hay
noches en las que me levanto sin hacer ni un ruidito para no despertarlo y me
voy en puntas de pie, derecho a la pantalla, y me pego unos atracones de comida
bárbaros.
Hermano
4- (Aparte con el público) Yo
ya lo sabía, lo escucho todas las noches. Bueno, lo hace noche por medio cuando
le agarra la angustia visual. Y… Hace como todo el mundo, se desquita saciando
la angustia oral.
Hermano
3- ¡Mentira!, porque vos a esa hora dormís.
Hermano
4- ¡Yo no duermo!
Hermano
3- Sí dormís.
Hermano
4- Igual no sé de qué hablás. (Con
naturalidad) Si nosotros no tenemos microondas.
Hermano
3- ¿Y eso qué tiene que ver? Total, a mí lo único que
me gustan son los... (Piensa) los programas donde cocinan y
hacen cosas ricas para comer y... Te preparan zapallitos rellenos, bitel toné,
carne a la masa…
Hermano
4- (Lo interrumpe) No sé para qué
discuto con vos, si siempre estás hablando de lo mismo: de lo que te vas a
comer, de lo que te vas a dejar de comer, que te gusta esto, que te gusta lo
otro...
Hermano
3- Repollitos de Bruselas... Mmmmm. Lástima que no se
dejen...
Hermano
4- (Determinante) ¡Sos ciego!
Silencio
tenso.
Hermano
3- Vos también.
Hermano
4- Sí. ¡Igual que Mamá!
Hermano
3- Y Papá.
Hermano
4- ¡No me digás que Papá era ciego! Pobre, con
razón...
Hermano
3- Con razón ¿qué?
Hermano
4- Nada. No me hagas caso.
Hermano
3- (Melancólico) Yo nunca lo vi.
Hermano
4- Yo tampoco.
Hermano
3- Tal vez por eso mismo se casó con Mamá.
Hermano
4- ¿Qué querés decir con eso?
Hermano
3- Digo que por eso mismo se casaron.
Hermano
4- Un día no se vieron y empezaron a salir.
Hermano
3- Qué romántico.
Por
momentos representan un juego de roles familiares. El Hermano 3 hace el papel
del Padre y de la abuela. El Hermano 4, el de la Madre.
Hermano
4- (Sensibilizado) Estoy hablando en
serio, tonto.
Hermano
3- Yo también. Me los imagino a los dos en una esquina
diciéndose al oído: “Nos vemos mañana, mi amor.” (Ríen)
Hermano
4- O a Mamá diciéndole a la abuela: “¡Déjeme ir
a verlo, Mamá, déjeme ir a verlo, por favor!”
Hermano
3- Y la Abuela diciendo: “Ya vamos a ver m’hijita. Ya vamos a
ver…”
Hermano
4- Qué romántico...
Hermano
3- Te lo imaginás a Papá diciéndole a Mamá: “Cuando te
veo, se detiene el mundo, y si el mundo se detiene a vernos, ¿qué verán me
pregunto? Porque lo que es yo, no los veo” (Ríen)
Hermano
4- Y un buen día se casaron. Tuvieron cuatro hijos y
comieron perdices. Porque el amor es ciego, igual que ellos...
Hermano
3- Papá y Mamá no comían perdices. Es más, no
comían.
Hermano
4- Si comían.
Hermano
3- Te digo que no. Los vegetales no comen.
Hermano
4- Sí come.
Hermano
3- (Didáctico) Succionan nutrientes
y minerales de las capas inferiores de la biosfera.
Hermano
4- Succionar es una forma de comer, tarado. Si no,
mirá a los bebés cómo se comen a la madre.
Hermano
3- Eso es sexo explícito. ¿Ves que no entendés nada?
Sos un desubicado. (Didáctico) Los vegetales...
Hermano
4- ¡Sí comen!
Hermano
3- ¿Dónde viste a un alcaucil comiendo un asado con los amigos?
Hermano
4- ¿Tienen amigos los alcauciles?
Hermano
3- No sé. Pero sí tienen corazón.
Hermano
4- Papá era ciego, pero tenía un gran corazón. Eso
decía Mamá.
Hermano
3- Y Mamá era una repollito de Bruselas que perdió la
cabeza cuando lo conoció. Eso lo decía Papá.
Hermano
4- ¿Todos los vegetales son ciegos?
Hermano
3- No sé.
Hermano
4- Así como no se vieron nunca, Papá y Mamá se amaron
con locura... Como se aman los vegetales en el interior de las latas de
conservas... Como sólo lo pickles pueden hacerlo.
Hermano
3- ¿Y eso quién lo decía? ¿La abuela?
Hermano
4- ¡No, tonto! Eso lo digo yo.
Hermano
3- Cuando pienso en Papá y Mamá me da hambre.
Hermano
4- Terminala.
Hermano
3- Mmmm... Repollitos de Bruselas... (Se
relame)
Hermano
4- (Determinante) Somos ciegos. Y nos
guste o no, a la hora de comer uno come por los ojos.
Hermano
3- Yo me imagino. Y como... y cómo... Como...
¿Cómo? ¿Cómo, cómo como? ¡Como! ¡Y como! ¡Y como!
Hermano 4-
¡Basta!
Hermano
3- Pienso en una mesa puesta a la antigua, llena de
platos y cosas ricas... Pienso en Mamá y Papá... Y no me amargo como una fruta
ácida y pasada de estación... (Fastidiado) Como uno que yo
conozco.
Hermano
4- Sí, pero yo no ando como un lunático delirado
gritando a los cuatro vientos. Diciendo: “¡Como! ¡Y como! Que me voy a
comer esto... Que me voy a comer lo otro...”
Hermano
3- Yo, nenito, me...
Hermano
4- ¡Callate!
Hermano
3- (Pausa) ¿Cuántos son?
Hermano
4- ¡No te voy a decir nada!
Hermano
3- ¿Cuántos son te digo?
Hermano
4- Muchos...
Hermano
3- Quiero un número. No seas malo, decime.
¿Cuántos son?
Hermano
4- Y... No sé... No se dejan...
Hermano
3- ¿Son criaturas? ¿Humanos? (Temeroso) ¿Son
monstruos? ¿Se dejan comer? (Decidido) ¿Qué son?
Hermano
4- ¡Dejame tranquilo!
Silencio.
Hermano
3- ¿Qué tiene de malo tener fantasías nutritivas?
Primer
monólogo
Hermano
3- Los que no se ven se aman. ¿Será por eso que a mí
me cuesta tanto amarme? Yo no tengo a dónde escapar. Mire donde mire, siempre
estoy ahí, tratando de causarme una buena impresión a mí mismo. (Pausa) ¡Qué
estupidez!, ¿no? Papá decía que hay tres clases de no videntes. Están los
ciegos estatales que dependen del estado de ceguera de muchos otros ciegos
privados de subsidios, estatales y privados... Los privados... son privados...
Los estatales también quieren ser privados, pero no les da... Y terminan siendo
privados, pero privados de subsidios... Privados y estatales...
Entonces
un día se encuentran y uno le dice: “¿Y vos quién sos? Yo soy estatal, ¿y vos?
Ah, yo soy privado. ¿Querés que nos privemos? Dale, yo me privo, tú te privas,
nosotros nos privamos...
Y así se
va transformando todo en un maremágnum, un histeriqueo social tan, pero
tan... Bueno...
Y están
los ciegos privados, esos que se pelean por una tajada de ciegos que andan a la
deriva y que forman parte de nichos de mercados sin flores ni placas
recordatorias.
Y están
los otros ciegos... Los que podrían pasarse todo el día viendo películas mudas
para sentirse otra vez en casa.
Yo creo
que hay diferentes modos de no ver la vida.
vouyeristas
Hermano
2- (Despierta sobresaltado) ¿Te
quedaste dormido?
Hermano
1- No.
Hermano
2- ¿Qué hacías?
Hermano
1- Pensaba.
Hermano
2- ¿En qué?
Hermano
1- Yo creo que si me lo propongo podría ser
vouyerista.
Hermano
2- ¿Ah sí? No me digas...
Hermano 1- Sí, me
encantaría.
Hermano
2- A ver... ¿Y cómo?
Hermano
1- Y, me pondría detrás de una cortina mientras los otros se
tocan... (Piensa) Como en el teatro, ¿viste? O como en los
cibers.
Hermano
2- No te das cuenta que no podés.
Hermano
1- Vos siempre frustrándome la vocación.
Hermano
2- ¡No podés!
Hermano
1- ¡Sí puedo! Resentido.
Hermano 2- ¡No
entendés que si no podés ver, no tiene sentido!
Hermano 1- En el
chat no se ven y sin embargo la pasan re bien.
Hermano
2- No es lo mismo. Además se usa la webcam.
Hermano
1- Y los que no tienen, ¿qué?
Hermano
2- Los que no tienen se joden.
Hermano
1- ¡Mirá que sos reduccionista eh! (Se queda
en silencio)
Hermano
2- Cuidado con lo que vas a hacer. Mirá, que yo te conozco a vos...
Cuando te quedás callado después empezás a hablar cosas raras y siempre
terminamos mal.
Hermano
1- (“Mira”, sin ver, hacia una mujer del público) Si
me concentro en alguien, seguro que intuyo todo.
Hermano
2- ¡Dejá! No te concentrés tanto ¡Si te creo!
Hermano
1- Es como cuando apagás la luz. ¡Igual seguís viendo
todo!
Hermano
2- ¡Uhhh, sos un vouyerista bárbaro vos!
Hermano
1- Ves a esa chica que está allá.
Hermano
2- ¡No!
Hermano1- Lo digo
de manera figurada. Te hablo de esa chica. Esa que se tapa.
La que esta apoyada sobre el joven. ¡Ella! (Señala hacia un sector del
público. El hermano 2 busca en la misma dirección que señala el Hermano 1) Yo
obviamente tampoco la veo. Pero la intuyo. (Habla amablemente) No
te escondas, si ya sé dónde estás.
Hermano
2- (Señala hacia donde el hermano está apuntando) No
le haga caso, Señorita... Señora...
Hermano
1- ¡A vos te digo! (Se concentra) Vamos
a ver en qué estás pensando.
Hermano
2- Mire, le pido un favor... Podría reprimirse un
poquito, un poco nada más. Si no, éste se va de mambo y se pudre todo. (Pausa) ¡Claro!
Usted se ríe. Pero el que se lo tiene que aguantar después soy yo.
Hermano
1- (Concentrado) Sííí... (Deja
ver en su cuerpo señales de goce) Uhhh... (Sonríe) El
mar... La playa... Las palmeras en la orilla... Como a mí me gusta. Un par de
tragos. El agua azul en el fondo. Me esparcís bronceador por la espalda,
mientras la brisa marina despeina mis cabellos. (Muestra en el cuerpo
los efectos relajantes de los masajes)
Está un
poco fresco, pero el calorcito se lo ponemos nosotros... Sos tan linda... Tenés
una piel tan... (Cree que la chica se ha parado) ¿A dónde
vas? (Mira hacia un costado) Ahhh... (Sonríe) Ahí
viene una nativa. ¿Es una amiga tuya? ¡Está buena! Juguemos de a tres, me
gusta... (Se dirige a su hermano) Che, ¿te gustan las negras?
Hermano
2- ¡Dejame tranquilo!
Hermano
1- Mirá que está buena... Saludala. ¡Dale! (Lo
codea) Animate, decile algo.
Hermano
2- Dejá de meterte en la fantasía de la chica.
Hermano
1- (Señala con el índice hacia el frente) Si
la que empezó fue ella.
Hermano
2- (Le habla a la persona elegida) ¿Le
puedo pedir otro favor? Ignoreló, no le dé más letra.
Hermano
1- Vienen dos más ¡Esto se pone re hot!
Hermano
2- (Le reprocha) ¡También usted no
ayuda Señorita! Después, no se queje.
Hermano
1- (Se le hace difícil poder intuir con precisión. Al
darse cuenta de que son dos hombres los que se acercan, habla de ellos con
desprecio) ¡Ah! ¡Aahhh! Son dos nativos...
Hermano
2- ¿Y? (Burlón) Parece que la chica tiene otros
planes y vos estás en el medio interfiriendo. Aunque perfectamente podría ser
una orgía de cuatro. El famoso trío que se divierte mientras un ciego los mira.
Hermano
1- Es cuestión de organizarse... Si nos ordenamos un
poquito en una de esas hay para todos.
Hermano
2- Salí de ahí. Te va a ir mal.
Hermano
1- Todo porque a él no lo invitaron, ¡envidioso! ¿Te
das cuenta cómo sos?
Hermano
2- A ver... ¿Cómo soy?
Hermano
1- (Deja de lado la fantasía) Sos un
resentido.
Hermano
2- ¡Calmate!
Hermano
1- ¡No me calmo nada!
Hermano
2- ¡Calmate, te digo!
Hermano
1- ¡No me calmo nada!
Hermano
2- (Le da una bofetada) Te perjudicás vos.
Hermano
1- (Intenta retomar la fantasía desde donde la dejó) ¡Vos
me perjudicás! ¿Te das cuenta? Ya perdí el hilo. (Busca en todo el
frente. Después de hacer un paneo logra ubicarlos nuevamente) ¡Se
están tocando! ¡Ehhh, no me dejen afuera!
Hermano
2- (Mira a lo lejos) ¿Qué pasó?
Hermano
1- ¿Qué va a pasar? (Desconcertado) Se
cortaron solos.
Hermano
2- (Agudiza la vista hasta encontrar a la chica junto
a los dos nativos) ¡Ehhh! ¿Qué pasó? ¡Ojo, que éste no vino
solo! Está bien que es un asco... Pero es mi hermano y tampoco es para dejarlo
tirado por ahí como a un perro.
Los
Hermanos 3 y 4 se acercan al límite con los espectadores como haciendo causa
común con el Hermano 1.
Hermano
1- Dejá, no me ayudes más. Vos siempre el mismo. Mirá
a la hora que te acordás que vinimos juntos. ¿Te acordás de la amiga que vino
cuando la chica me hacía masajes? Seguro que se ofendió cuando no quisiste
saludarla y por eso se fue. Y yo, como siempre, terminé pagando tu desaire.
Hermano
2- Resulta que ahora yo tengo la culpa...
Hermano
1- No me dejás ni vivir mis fantasías tranquilo. Siempre hacés lo
mismo.
Hermano
2- Igual no las conocías.
Hermano
1- (Desolado) Si sigo con vos, seguro que al paso que voy
nunca voy a conocer a nadie.
Hermano
2- (Mira al frente por un instante) Che, a
todo esto, la morocha no estaba nada mal.
Hermano
1- Pero claro, tarado. No te dije que me gustaba
para vos...
Pegan
mejilla con mejilla y ubican con una “mirada” de ojos cerrados el mismo sector
alejado en el público.
Hermano
1- Siempre quise tener un sobrino de color. Los niños negros tienen
eso en la sangre. Una intensidad... Una alegría de vivir... ¡Así como era Papá!
Hermano
2- No me digas que Papá era negro...
Hermano
1- ¡Claro!
Hermano
2- No me había dado cuenta.
Hermano
1- ¿De dónde creés que sacamos esta alegría de vivir?
Hermano
2- ¡De Mamá!
Hermano
1- ¿Mamá era negra?
Hermano
2- ¡Ves que no entendés nada!
Hermano
1- Mirame cuando te hablo.
Hermano
2- ¡Dejame tranquilo!
Continúan
discutiendo pero se hace difícil entender lo que dicen.
Segundo
monólogo
Hermano
1- Los que no se intuyen no se aman. ¿Será por eso que a mí no me
cuesta tanto intuirme? Yo sí tengo a dónde escapar. Mire donde no mire, siempre
estoy ahí.
Tratando
de causarme una buena impresión a mí mismo. (Pausa) ¡Qué
estupidez!, ¿no?
Papá
decía que hay tres clases de intuitivos. Están los intuitivos naturales que
dependen del estado de intuición del momento. Ésos, decía, pueden pasarse toda
la vida intuyendo, ya que les sale naturalmente por los poros. A ésos muchas
veces lo que les cuesta es dejar la actividad intuitiva un segundo y ponerse a
realizar algo en lo concreto.
Después
están los intuitivos a la fuerza, ésos son los que se ponen colorados cada vez
que se mandan un intento de intuición. Papá decía que se los puede reconocer de
lejos ya que andan tratando de intuir cualquier cosa todo el tiempo. Sea la
hora que sea, se los ve con el ceño fruncido cargando casi siempre intuiciones
ajenas de acá para allá. Son especialistas en formar grupos de pseudointuitivos
que ayudan a otros, todavía más desgraciados que ellos, ésos que no dan pie con
bola en nada.
Papá
diría que ésos son pobres que se solidarizan con cualquier pobreza que esté a
la deriva.
Y por
último están los que Papá llamaba “inclasificables”.
Los que
no podemos ver, decía... Pero sabemos que están por todos lados creando mundos.
Los que
no podemos ver... (Sonríe)
Apagón.
vamos
bien...
Luz.
Hermano
3- (Enervado) ¡Papá, negro! A quién se le puede ocurrir
semejante cosa. ¡Pero por favor!
Hermano
1- ¿Y vos cuándo llegaste?
Hermano
3- Uhhh, hace bastante.
Hermano
1- ¿Pero en qué momento? Si nosotros...
Hermano
3- (Serio) ¿Sabés
una cosa? Me das vergüenza. Es más, me das asco.
Hermano
2- Ehh, esperá un poquito. Tampoco es para que lo
tratés de esa manera.
Hermano
3-¿Y vos qué salís a defenderlo a este otro? A este porquería. ¿Acaso sos
el abogado? Vergüenza tendría que darles a los dos. ¿Qué clase de no videntes
son? Se supone que un ciego de verdad agudiza todos los demás sentidos y así de
alguna forma remplaza a los ojos.
Hermano
2- Bueno, es cierto... Pero...
Hermano
4- ¡Pero nada!
Hermano
1- ¿Vos también?
Hermano
4- Y sí...
Hermano
2- (Burlón) Y sí...
Hermano
3- ¿Y sí qué? ¿Mamá era negra?
Hermano
1- Claro.
Hermano
2- Nada que ver.
Hermano
4- Y sí... Más vale que nada que ver. Si somos ciegos.
Hermano
3- ¡Mamá, negra! Pero por favor... ¿En qué cabeza cabe algo así?
Los tres
giran sus cabezas para dirigirse al Hermano 3 y se quedan en silencio.
Hermano
3- ¿Qué dije?
El
Hermano 2 saca algo para comer.
Hermano
1- ¿Ya empezaste?
Hermano
3- ¿Y ahora qué pasa?
Hermano
2- (Refiriéndose al Hermano 1) Éste,
que ya empezó a joder... Al final no se puede hacer nada, que ya se empieza a
quejar.
Hermano
4- ¡Terminala! Dejate de pensar en comida.
Hermano
3- Si yo no pensé nada.
Hermano
1- Nooo... Si ahora resulta que nos vamos a pelear por
la comida.
Hermano
2- (Con la boca llena) Es la toalla.
Hermano
1- No te digo yo... Ya empezaste a babosearte.
Hermano
3- ¿Quién está comiendo? Mirame las manos.
Hermano
1- ¡Calmate!
Hermano
3- ¡No me calmo nada!
Hermano
4- ¡Calmate, te digo!
Hermano
3- No me calmo nada...
Hermano
2- Te perjudicás vos.
Hermano
4- Si estuviera Papá...
Hermano
2- Seguro que también estaría Mamá.
Hermano
4- ¿Por qué?
Hermano
2- Porque eran inseparables.
Hermano
1- Como los siameses.
Hermano
3- No me digan que Papá y Mamá eran siameses…
Hermano
1- Como la abuela...
Silencio
tenso.
Hermano
4- ¿Y el abuelo?
Hermano
1- No sé, creo que no. Parece que el viejo apenas pudo
irse se fue.
Hermano
2- No puede ser, porque los siameses andan de un lado
para el otro juntos y no pueden dejarse así como así.
Hermano
3- Yo nunca los vi.
Hermano
1- Yo tampoco.
Hermano
2- Yo qué sé... Pero vamos bien.
Tercer
monólogo
Hermano
4- (Irónico) Vamos
bien... Vamos bien... ¿O ahora qué? Resulta que porque sale uno y dice “vamos
bien”, vamos bien. ¿Todo está bien? Nooo... Ahora nos vamos a olvidar que han
pasado seiscientos años de ceguera... Qué digo seiscientos, dos mil años...
Nooo... A mí no me van a venir con el cuento de que hay que dar un paso
adelante porque el futuro está para allá... (Señala hacia un sector del
público, y alguno de los otros hermanos intenta escaparse hacia el futuro) Nooo...
Yo me juego la retina que cuando dicen eso es porque hay un precipicio adelante
Y ojo, porque yo no voy a salir a buscar un futuro en otro país. A mí me dejan
acá, éste es mi país; éste es mi lugar y se terminó ¿O ahora qué? Me van a... (Murmura
en voz baja cosas que no se llegan a entender. Los tres giran sus cabezas para
dirigirse al Hermano 4 y se quedan en silencio por unos instantes)
Hermano
1- Y... No sé… Habría que ver...
en el
cuarto de baño
Hermano
3- Cuando me acuerdo de ellos me da un hambre...
Hermano
4- A vos todo te da hambre.
Hermano
3- Y bueno... ¿Qué querés?
Hermano
4- A veces me pongo a pensar...
Hermano
3- Eso es bueno, muy buen ejercicio.
Hermano
4- ¡Pienso! Pienso y no me canso de pensar... ¿Cómo
puede ser que algo como vos esté acá? Así como así. Digo yo, no entiendo cómo
puede ser que alguien, no sé, cualquiera, no se le ocurrió pegarte un tiro en
el jardín de infantes, cuando todos éramos niños. En algún recreo. ¡Si no
cuesta nada! Yo que sé... O tal vez algo menos cruel, en alguna escuela de
verano... Las piletas son peligrosas... En un mínimo descuido podrían haberte
ahogado... Yo no me explico... ¿Cómo puede ser que te dejaron llegar a esta edad
y que nadie haya hecho justicia con vos?
¡Qué
crueldad!
Hermano
3- Aunque... Fijate vos que una vez, si mal no recuerdo, Papá...
Hermano
4- ¡No te permito, eh! ¡No te permito que hables así
de Papá! Papá habrá sido lo que vos quieras. Pero si eliminarte hubiera estado
en sus planes, te aseguro que vos no estarías acá. Se puede decir de él
cualquier cosa, menos que era un inepto.
Hermano
3- No, si está bien.
Hermano
4- No, si está bien. ¡No! No está nada bien.
Hermano
1- ¿Te acordás de Simona?
Hermano
2- Simona... (Piensa) Ah,
la prima de Marta.
Hermano
3- Pero no, tonto... ¡Simona! La que vivía enfrente de
la casa de la abuela.
Hermano
4- Pero si la Abu nunca tuvo casa propia.
Hermano
2- La abuela de Simona sí.
Hermano
1- Qué decís si la Abu toda la vida vivió con nosotros
en la casa.
Hermano
3- Pero si la Abuela de Simona
siempre vivió en su casa. ¿Qué decís?
Hermano
2- ¿Qué Simona?
Hermano
4- ¡Simona! La que tenía esos hijos tan lindos... ¿Te
acordás?
Hermano
2- (Da un alarido) ¡Ahh!
Simona... Que tenía dos hermanos... Claro, si me acuerdo que uno de ellos
jugando se sacó un ojo y que el otro también jugando se sacó la lotería. ¿Te
acordás?
Hermano
3- Ves que confundís todo.
Esos son los ahijados de la Agustina.
Hermano
1- La costurera. La que tenía el drugstore.
Hermano
2- Yo te hablo de Simona, la morochita. La que a vos
te gustaba. (Duerme)
Hermano
4- A todos nos gustaba. Pero de los cuatro te prestaba
siempre más atención a vos.
Hermano
3- A todos.
Hermano
1- ¡Calmate!
Hermano
3- ¡No me calmo nada!
Hermano
1- ¡Calmate, te digo!
Hermano
3- No me calmo nada.
Hermano
1- Te perjudicás vos.
Hermano
4- Sabés que no me gusta verte así.
Hermano
3- ¿Así cómo?
Hermano
4- Así.
Hermano
1- A mí también me duele verte así. (Le da una
bofetada al Hermano 2)
Hermano
2- A mí también me duele. Pero para qué están los hermanos, sino para
recordarnos los dolores.
Hermano
1- Claro, hombre. Arriba ese ánimo. A ver esa boca
grande llena de dientes.
Hermano
3- ¡No quiero!
Hermano
2- Vamos... Una sonrisita para el tío.
Hermano
3- (Tímido) No...
Hermano
1- Una solita. Vamos...
Hermano
3- ¡No, no y no!
Hermano
2- ¿Qué va a decir la tía?
Hermano
4- Nada. ¿Qué va decir? ¡Nada! Si la tía se murió hace como veinte
años atrás. (En este momento el Hermano 3 mira hacia el público, como
si allí estuviera el espejo del baño, y muestra los dientes)
Hermano
2- Así me gusta... Que recuerde a la tía con cariño.
Hermano
3- ¿Es cierto que la tía era luchadora?
Hermano
1- Es cierto, la tía fue una mujer muy luchadora.
Los tres
le dan la espalda y debaten.
Hermano
1- No puedo verlo así.
Hermano
2- Es cierto. Está tan perjudicado el pobre. Lo peor
es que el tiempo pasa y él ni sabe defenderse solo.
Hermano
4- Y sí... Está cada vez más perdido.
Hermano
3- (Perplejo) ¿Qué
dije?
Hermano
1- Mírenlo, pobrecito... Si ni se acuerda lo que dijo
hace un segundo atrás. No sé cuánto tiempo más lo tengamos entre nosotros.
Hermano
2- Un día de estos lo vamos a perder y ahí nos quiero
ver...
Hermano
4- Se nos va a ir un día y ahí te quiero ver.
Hermano
1- Sí... Ahí te quiero...
Hermano
3- Yo también los quiero.
Hermano
1- La narcolepsia la heredamos de Mamá, pero la
amnesia no sé de dónde la sacamos.
Hermano
2- No sé, no me acuerdo.
Hermano
4- ¿Cómo es eso de la narcolepsia?
Hermano
1- ¿De la qué?
Hermano
2- De la qué ¿qué?
Hermano
3- Somos argentinos. (Sonríe y se va quedando
dormido. Se ve una sonrisa en sus labios)
Hermano
4- No sé de qué estás hablando.
Hermano
1- ¿Hablando? ¿Yo? ¿Hablando de qué?
Hermano
2- Mirá, ¿no es una ternura? Se durmió.
Hermano
4- No te digo... Si está sensible... Así se la pasa...
O se queda dormido, o le da por hablar de comida. Ya hace varios días que no
hace otra cosa.
Hermano
2- Aprovechemos ahora y le enseñamos algo de defensa
personal. Digo, por si uno de estos días nos deja. Por lo menos que se pueda
defender solo.
Hermano
1- Es cierto, yo cuando duermo me defiendo mucho
mejor.
Hermano
2- ¡Sí! ¿Sabés que tenés razón? Yo cuando duermo lo
hago mucho mejor.
Hermano
1- Levantalo. ¡Dale!
Hermano
2- ¡Che, levantalo, dale! Yo no puedo verlo así.
Hermano
4- Vamos hermano. ¡Arriba!
Los
Hermanos 1, 2 y 4 arengan al Hermano 3 para que se levante. Éste se va
incorporando lentamente y camina hacia uno de los laterales hasta perderse de
vista. Los tres lo siguen con las cabezas. La escena queda a oscuras. Mientras
levantan las sillas van caminando con ellas hasta armar el ring
side. Apagón.
el ring
side
Se da la
luz e ilumina de lleno al Hermano 3, mientras los demás quedan en la sombra,
cada uno en un rincón del ring. En la oscuridad se ven sus siluetas. Cada vez
que uno de los hermanos relata alguna indicación, el Hermano 3 ejecuta lo mismo
en el espacio.
Hermano
2- El ciego sale a la calle. Todo el mundo lo mira y
de a poco recorre uno a uno los lugares comunes a todos los ciegos.
Hermano
1- Su mano izquierda está levantada recordándole toda
su herencia histórica de los años 70. Está a punto de gritar un gol. Pero
recuerda que ha salido a la calle para otra cosa...
Hermano
3- Tiene hambre...
Hermano
2- Sí, sí, tiene hambre. (Molesto) ¡Concentrate!
Hermano
1- El resto del mundo lo mira por televisión y no
entiende cómo se puede tener hambre y ser así. (Sería preferible que el
Hermano 3 fuera de una gordura alarmante)
Hermano
4- La respuesta es que por ser así es que tiene hambre
y no al revés.
Hermano
1- Lo bueno es que ahora está organizado...
Hermano
3- Sí, claro... Muy organizado... ¡Pero tengo hambre!
Hermano
2- Los hermanos lo miran y van a darle una lección de
defensa personal...
Hermano
1- Para que nunca se olvide...
Hermano
2- Para que camine solo por la vida como el código de
convivencia lo indica.
Los
Hermanos dejan de dirigir al Hermano 3 y hablan entre sí por un momento.
Hermano
4- Yo no puedo verlo así.
Hermano
1- Yo tampoco, me da una pena... Me hace acordar a mí
cuando era chico.
Hermano
4- Si no hacemos algo ahora, creo que me mato.
Hermano
2- Si no hacemos algo ahora, él nos va a matar y eso
es mucho peor.
Hermano
4- Si le llegara a pasar algo, yo no sé, creo que me
volvería loco... Pero también es cierto que si no le pasara nada, pero nada
nunca, también me preocuparía. Por eso es mejor que, si le va a pasar algo, sea
ahora. (Vuelven al juego del ring)
Hermano
2- El ciego comienza a desplazarse mientras la mirada
atenta de los demás lo sigue.
Hermano
4- Además de ciego tiene amnesia, pero eso ahora no
importa, porque él sabe que es el protagonista de un cambio social sin
precedentes. Avanza dos pasos y...
Hermano
1- ¡Cuidado! Parece que algo pasa... Se detiene, no
avanza... Al parecer tiene miedo, vuelve a levantar su mano izquierda y mueve
los dedos lentamente sin hacer mucho ruido.
Hermano
4- Sabe que tiene otro brazo y por eso duda si
festejar con más efusividad.
Hermano
1- Algo anda mal. Cuidado.
Hermano
2- Es tarde... Ya es demasiado tarde... La mano
derecha se ha dado cuenta de los movimientos siniestros que pretende realizar
su otro brazo.
Hermano
1- El ciego cierra los puños con fuerza y no sabe con
qué mano debe dar el golpe.
Hermano
3- Tiene hambre.
Hermano
4- Claro... Por eso la mano derecha
lo golpea con fuerza.
Hermano
2- Una vez en el suelo comienza a despabilarse. Se
pone de pie y va a dar un paso... ¡Pero cuidado! Las dos manos con sus
respectivos brazos le impiden avanzar... La izquierda no lo deja... Le recuerda
los pro y los contra de moverse... Le sugiere hacer una votación para
determinar si debe mover primero el pie o...
Hermano
4- Antes de poder terminar, ya la derecha le hace muchas preguntas...
Le sacude el corazón y le vuelve a hablar... No lo deja avanzar... Lo
llena de miedos... El ciego se mira las manos con rabia y recuerda la
importancia de tener manos… No vaya a ser que se vuelva a caer al
suelo... Esto no me gusta nada, aunque parezca mentira, ese cuerpo es
demasiado chico para que convivan los dos brazos de hecho... (Entra
el Hermano 1 al ring)
Hermano
2- El choque de fuerzas es inminente.
Hermano
4- Los dos brazos armados están en posición de ataque.
Hermano
2- Se miden con recelo.
Hermano
4- Giran por todo el espacio y tiran golpes al aire.
Hermano
2- Despacito... Acordate que es tu hermanito...
Hermano
4- Medilo... Cuidate de la izquierda...
Hermano
2- Dale un derechazo a la cabeza ¡Dale!
Hermano
4- Hacele sentir quién manda, pegale...
Hermano
2- Movete, no lo dejés pensar... Hacé de cuenta que no
es tu hermano y pegale.
Hermano
4- Matalo, dale. ¡Hacete respetar! ¡Dale con todo!
Hermano
2- ¡Matalo! Rompele la cabeza con el borde de la
calle.
Hermano
2 y 4- ¡Dale, campeón! ¡Dale, campeón!
La luz
se va lentamente y se ve a los Hermanos 1 y 3 girando en el ring mientras los
demás los arengan. Después de unos momentos vuelve la luz
y están los hermanos 1, 2 y 4 sentados en sus sillas. La silla del Hermano 3
está vacía: él se encuentra en el suelo ensangrentado y con los ojos abiertos.
la
inseguridad
Hermano
1- Eso es lo bueno de enseñar a respetar las normas de
convivencia y dar amor sobre todas las cosas materiales del mundo. Ya que la
más importante de todas es el amor.
Hermano
4- Y la seguridad, claro... Si no, cómo podríamos
amarnos, si no estamos seguros...
Hermano
1- No hay amor sin seguridad.
Hermano
4- Con seguridad, ¿es amor?
Hermano
2- Los que están seguros, ¿se aman?
Hermano
1- No sé.
Cuarto
monólogo
Hermano
2- ¿Será por eso que a mí me cuesta tanto estar
seguro? Yo estoy seguro, pero no tengo a quién amar. ¿Será por eso que no tengo
para quién escapar?
Mire
donde mire, siempre estoy ahí, tratando de estar seguro ante mí mismo. (Pausa) ¡Qué
estupidez!, ¿no?
Papá
decía que había tres clases de seguridades. La primera es la seguridad que
armamos todos los días en nuestros cerebros apenas nos levantamos de la cama.
Esta seguridad la construimos tratando de convencernos de que la racionalidad
del mundo es idéntica a la nuestra...
Después
Papá decía que venía la seguridad sexual. Él decía que ésta estaba íntimamente
ligada a la comida... Aunque eso nunca lo entendí muy bien.
Por
último se quedaba en silencio y se zambullía al regazo de Mamá y se perdía
entre sus senos transformándose en un bebé de pecho. Después de un rato me
llamaba con la mano y me decía al oído que ese era el único lugar donde un
hombre se podía sentir totalmente seguro de que otro hombre no fuera a matarlo.
Al menos por ese día. (El Hermano 2 echa un vistazo
disimulado al Hermano 3, que cierra los ojos. Apagón)
Vuelve
la luz. El Hermano 3 está de pie al lado de su silla.
Hermano
3- Papá, un bebé... Pero por favor...
Hermano
1- ¿Qué es lo primero que te acordás de nosotros?
Hermano
3- Que somos hermanitos y que Papá era ciego.
Hermano
2- Igual que Mamá.
Hermano
4- No sé, yo nunca la vi.
Hermano
1- Yo tampoco. Pero la intuyo.
Hermano
3- ¿Se acuerdan de Simona?
Hermano
2- No, pero yo me acuerdo de un bebé negro que me
hablaba...
Hermano
1- Ya empezaste a comer... ¿Te estás baboseando?
Hermano
4- No, pero me encantaría.
Hermano
1- ¿Por qué no puedo dejar de pensar en el nombre de
alguien que no recuerdo?
Hermano
3- Tal vez esté tan dentro de nosotros que no podemos
decir una sola palabra sin dejar de nombrarla...
Hermano
2- Simona... Simona... No, no me dice nada.
Hermano
3- (Saca el cepillo y le habla al Hermano 1) Me... Me
podrías, digo... A mí me encantaría que vos me... ¿Querés?
¿Ah?
Hermano
1- Pero claro, mi negro, si sabés que me
encanta. (Comienza a peinarlo)
Hermano
4- ¿Qué es lo que te encanta?
Hermano
2- No empiecen... Yo sé cómo termina esto.
Hermano
1- Dejalo que se exprese... Dejalo.
Hermano
3- Lo peino porque me hace acordar a Mamá.
Hermano
4- ¡Mentira, porque vos nunca la viste!
Hermano
3- Sí la vi.
Hermano
4- No la viste.
Hermano
3- Bueno... No la vi, pero la peinaba.
Hermano
2- Pero si Mamá no tenía cabello.
Hermano
1- Sí tenía. Los dos teníamos casi el mismo cabello.
Hermano
2- No tenía, pobrecita... Pero hacía como que tenía y
así Papá la peinaba... Bueno no la peinaba... Hacía como que la peinaba y eran
felices... Bueno... O hacían como que eran felices... ¿Te acordás?
Hermano
3- No. No me acuerdo. Pero no importa... Yo igual te
peino, mi negro, si total no me cuesta nada. A mí...
Hermano
4- A vos siempre te encantaron los objetos de
funcionamiento simbólicos...
Hermano
1- Vos qué te metés, envidioso.
Hermano
4- ¿Qué me meto? Ya te voy a decir por qué me
meto. (Lo amenaza)
Hermano
1- Ahí está, ya salió el mafioso. Cómo te encanta
intimidar a vos, ¿eh? Desde que llegaste que no has parado de ejercer el
apriete. ¿Te das cuenta vos? Vos sos consciente, ¿no?
Hermano
2- ¿Yo mafioso?
Hermano
1- ¿Quién te está hablando a vos? ¿Qué te metés?
Hermano
2- ¿Que por qué me meto? Ya te voy a decir por qué me
meto. (Lo amenaza)
Hermano
4- No se peleen.
Hermano
1- (Burlón) No se
peleen. Ya te vamos a decir por qué nos peleamos. (Lo amenaza)
Hermano
2- Por algo será.
Hermano
3- (Deja de peinar al Hermano 1) ¡Bueno,
basta! No se dan cuenta que me hacen mal...
Hermano
4- Mal… Así que nosotros te hacemos mal…
Hermano
3- (Tímido) Si…
Hermano
2- Te hacemos mal...
Hermano
3- Si…
Hermano
1- Nosotros te hacemos mal...
Hermano
3- Si.
Hermano
1- ¿Y vos? ¿Se puede saber qué te pasa, qué tenés?
Hermano
3- Ya te voy a decir qué tengo. Esperá un minuto... Ya
vas a ver... (Lo amenaza)
En el
preciso momento en que el Hermano 3 va a golpear al Hermano 1 se va la luz.
Simona
Vuelve
la luz. Se puede ver a las cuatro hermanos sentados en hilera, de espaldas al
público.
Hermano
3- Yo tengo un agujero, negro.
Hermano
2- Se dice Mamá, negro.
Hermano
4- No, se debería decir agujero negro.
Hermano
1- Nada que ver, se dice Simona.
Hermano
2- ¿Simona?
Hermano
4- Sí, sí, sí. Simona.
Hermano
3- ¿Simona es Mamá?
Hermano
1- ¿Un agujero negro, Mamá?
Hermano
4- ¡Qué espanto!
Hermano
2- Claro que es un espanto, negro. Si de Simona
venimos y a Simona nos vamos...
Hermano
1- Nada que ver.
Hermano
3- Obvio que nada que ver, si somos ciegos.
Hermano
1- Qué decís... Si nada puede salir de un
agujero, negro.
Hermano
2- Claro, negro. No somos nada.
Hermano
4- Un agujero negro es negro... Negro... ¿Entendés,
negro?
Hermano
3- ¿Será cierto que la luz no puede salir de un
agujero, negro?
Hermano
1- Obvio, si es negro es porque se chupa… La luz.
Hermano
2- Más vale, más vale que es negro. Si es un agujero.
Hermano
3- O sea que vale más... ¿Y esto es porque es un
agujero o es porque es negro?
Hermano
2- Y, no… Me imagino que vale más porque... Porque el
negro es un agujero lleno de colores y...
Hermano
4- ¡Qué profundidad!
Hermano
2- Obvio, si es un agujero.
Hermano
1- ¡Qué cursi!
Hermano
3- Cuando hablamos de Mamá me da hambre...
Hermano
4- A mí me da miedo.
Hermano
2- ¿Por qué?
Hermano
3- ¿Por qué qué?
Hermano
1- ¿Por qué Simona nos hizo a algunos tan grandes?
Hermano
3- Y a otros tan pequeños...
Hermano
4- ¿Qué es Simona?
Hermano
2- Simona es Mamá. Pero también es...
Hermano
1- Es esa sensación que no podemos dejar de tener,
aunque no sabemos qué es...
Hermano
4- Ella es la nostalgia.
Hermano
2- Y nosotros todos los días no hacemos otra cosa que
recordar la nostalgia.
Hermano
3- ¿La nostalgia?
Hermano
2- Claro... Recordar la nostalgia para exorcizarla.
Hermano
1- Para recordar los momentos que aún no hemos vivido.
Hermano
3- ¿Qué aún no hemos vivido?
Hermano
4- ¿Quién no ha vivido?
Hermano
2- A mí alguna vez me gustaría recordar momentos
vividos.
Hermano
3- ¿Y cómo se hace eso?
Hermano
1- Y hay que empezar a ver.
Hermano
3- Y a ver...
Hermano
4- Pero si somos ciegos.
Hermano
2- No hay mejor ciego que el que no quiere ver.
Hermano
1- No hay mejores ciegos que nosotros.
Hermano
4- ¿Y Simona?
Hermano
3- (Aparece detrás de ellos, en el cielo, la luna) Y Simona
fue Mamá. Mirá, ahí está. Si la estoy viendo... Justo en el preciso instante en
que dio a luz a cuatro bebés.
Hermano
2- Simona es Mamá... y nos ve a los cuatro... ¡Qué
lindo!
Los
Hermanos comienzan a ponerse de pie, de a uno, y toman diferentes posiciones en
el espacio mientras contemplan en lo alto a Simona.
Hermano
1- Claro, porque la visión es femenina.
Hermano
4- La ceguera también, hermanito.
Hermano
3- Para ver hay que empezar por abrir los ojos.
Hermano
2- A mí me da miedo. Yo no estoy seguro...
Hermano
1- Yo pretendo seguir intuyendo todo.
Hermano
4- Somos ciegos y los ciegos tenemos miedo de abrir
los ojos y seguir viendo todo oscuro.
Hermano
3- Tengo miedo. Pero también tengo hambre.
Hermano
1- Entonces me dan ganas...
Hermano
4- Pero tengo miedo…
Hermano
2- Y estoy como un perro ciego que cruza la calle
porque sabe que una cuadra más allá hay una carnicería…
Hermano
3- Porque tiene hambre...
Hermano
4- Pero se acuerda del carnicero y su enorme
cuchillo y le da miedo.
Hermano
2- Entonces se queda congelado de miedo…
Hermano
1- No avanza ni retrocede…
Hermano
4- Se queda quietecito en el medio de la calle.
Hermano
3- Tiene tantos motivos para avanzar como para
retroceder...
Hermano
1- Pero se queda congelado…
Hermano
2- Pensando por qué le habrá tocado nacer perro
y no carnicero.
Hermano
4- Y entonces una sensación fría le corre de punta a
punta todo el espinazo.
Hermano
1- Y es que por un segundo se imaginó algo peor:
Hermano
3- Nacer como vaca y estar condenado a ser un bife.
Hermano
2- Sabe que algo se mueve más allá... Y se le viene
encima.
Hermano
1- Eso se está acercando con rapidez.
Hermano
4- Es un camión de la basura.
Hermano
3- Uno de esos que se lleva todo... Hasta los perros
muertos...
Hermano
1- Hasta los perros ciegos...
Hermano
2- Entonces sabe que si se queda ahí ya está muerto.
Hermano
4- No tiene nada... Sólo le quedan las ganas de saber
qué hay delante de la ceguera.
Hermano
3- El camión dobla la esquina y cuando se quiere
acordar ya está rodeado de empleados municipales.
Hermano
1- Entonces...
Hermano
2- Toma aire...
Hermano
3- Mucho aire... Y respira...
Hermano
4- Profundamente.
Monólogo
grupal
Los
Hermanos se van agrupando desordenadamente hasta quedar en línea, de frente al
público.
Hermano
1, 2, 3 y 4- Tengo hambre. Tengo ganas de matar a besos y a
mordiscones a los que no puedo ver. Tengo ganas de pescarme un resfrío de sol
jugando en tu panza, mientras que mis ojos se bañan desnudos en tus mares
oculares.
Tengo
ganas de saltar de un puente y romperme la cabeza contra un contingente de
jubilados de la mutual de luz y fuerza, y que de mi cabeza se escapen millones
de mariposas de azúcar impalpable.
Tengo
ganas de morirme de risa y olvidarme de una vez por todas de qué color es el
caballo blanco de San Martín, para levantarme temprano y poder ir de nuevo a la
escuela. Pero esta vez siendo yo el que le pregunte a la señorita si es preciso
tener los ojos cerrados durante nueve años seguidos sin decir ni siquiera
“MU”.
Preguntarle
si es parte del plan educativo repetir como un loro descerebrado todo eso que
sale en los libros. Preguntarle a la abuela si es posible enamorarse tantas
veces como uno quiera... Y que lo quieran, sí... Y que nos quieran... Jugando
al pisa pisuela zapato sin suela me dijo mi abuela que sí... que no... que
sí... que no... Que Papá era ciego, que Mamá era Simona. Pero que ella a pesar
de todo no tenía la culpa.
Que
cuando sea grande quiero ser perro y no chofer de camión recolector.
Que va a
ser mejor que abra los ojos... Porque ya soy grande.
Que Papá
Noel no es Papá Noé... Porque Noé. O sea, no existe. Así como los superhéroes
nunca vinieron a tomar la leche conmigo.
Así como
me doy cuenta de que cada vez tengo más miedo de abrir los ojos... Porque es
mucho más fácil hacerlo cuando se está soñando... Por eso durmiendo lo hace
cualquiera...
Por eso
sigo hablando y no me canso de saber que soy una cinta que se repite... Y se
repite... Todos los días. Como esos anhelos de Papá y Mamá se repiten en mí...
Hoy no
estoy tan convencido de que mis hermanos sean mis hermanos, de que tu país sea
tu país, de que tu Mamá se llame como se llamaba ayer y de que tus tíos de
Córdoba realmente sean de Córdoba y sean tus tíos.
Hoy sólo
sé que algo importante se llama Simona y que estoy ciego... Que todas estas
ecuaciones sirven para llevarme a algún lugar. Y que hay una guerra de hormonas
que me sacude desde antes de nacer y que me muero de ganas de bañarte en
silencio, mientras mis ojos se pierden en tus ojos y te veo tan bella y tan
negra caminando en el parque con tu cabellera roja flameando por la brisa
marina del lago.
Y yo sé
qué me vas a preguntar algo...
Se van
separando lentamente hasta que solamente existe un contacto mínimo entre
ellos.
Y la
respuesta es... Que sí, que tenés razón... Que detrás de todo siempre hay una
mujer que pregunta...
¡Hermanitos!
¡Hermanitos! Hermanitos...
¿Por qué
tienen unos ojos tan grandes?
Abren
los ojos lentamente hasta el punto de no poder abrirlos más. Reconocen por
primera vez todo lo que tienen a su alrededor. Tanto a sí mismos como al otro.
Luego miran detenidamente hacia donde se encuentra el público y avanzan.
¡Para
comerte mejor!
Justo
en el límite de la cuarta pared, se va la luz.
Fin
Nuevo
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